FILOSOF~A
DE
LA
APUESTA
Y
LA
SIMULACIÓN
Luis
FARRÉ
«No pensa como los o os nos coloca en una
si uación desag adable. No pensa como los de-
más quie e deci , simplemen e, que se piensa.
Los demás, que se hacen la ilusión de que pien-
san, adop an, en ealidad, sin e lexiona , los
slogans que ci culan, o bien se asimilan a las
pasiones abso ben es que ellos mismos se nie-
gan a analiza
.»
(Eugkne Ionesco.
)
Me ecen a ención
y
conside ación muchos de
los p oblemas
y
consiguien es e lexiones de los
denonlinados
nue os ilóso os
anceses. E iden-
cian un agudo sen ido c í ico, p es os a aplica lo
a la ac ualidad cul u al que les pa ece ing a a
y,
en múl iples opo unidades, deg adan e. Ala -
dean de su discon o midad y la exp esan ecia y
abie amen e, sin miedo a equí ocas in e p e-
aciones de quienes plácidamen e descansan con-
o mes en lo habi ual. Anida en ellos un espí i u
de ebelión que me ece in e p e ación adecuada,
pues con iene di e encia en e ebeldía
y
e o-
lución. La úl ima puede se umul uosa, esca-
samen e e lexi a e incluso des uc i a po
obedece a impulsos momen áneos o pasionales;
la ebeldía, en cambio, esponde a un hondo
y
ama go desag ado anímico. La ebeldia nace a
eces po exigencias del espí i u en en ado al
ilipendio o manoseo de ele ados alo es i e-
nunciable~. Va ios de es os nue os ilóso os, si
no odos, deben se más bien clasi icados como
ebeldes, no como e oluciona ios.
F ancia, a a és de su ica his o ia, o ece
modelos de es a noble ebeldía. Sis emas ilosó-
icos
y
polí icos, quizá ideados en o os países,
asen ados en F ancia, pie den
su
igidez, so-
me idos a se e os análisis c í icos que los desme-
nuzan
y
en esacan lo ap o echable o digni-
ican e, pa a luego demos a la exis encia de
endencias que amagan pelig os deshumanizan-
es; oz de ala ma con a la excesi a sis ema-
ización que amu alla
y
apenas ole a el uelo
libe ado . Así han p ocedido con el idealismo,
el ma e ialismo, el exis encialismo
y
el psico-
análisis.
Es a modalidad, digamos es a noble ebeldía,
c eo dis ingue muy eciamen e a los in e-
g an es de la nue a iloso ía. No encajan en la
común clasi icación de de echas e izquie das, in-
sumisos a ideologías que p e enden habe ace -
ado con soluciones de ini i as. Siemp e cabe,
así opinan, el in e ogan e de la duda. Admi i án
y se adecua án a lo quizá pe en o iamen e nece-
sa io; pe o conse an el de echo
y
la posibilidad
de ul e io es in e ogaciones, a su pa ece más
ap opiadas, que las pueden hace as abilla
y
has a descali ica . Es a ac i ud, exp esa en lo
mo al, polí ico
y
ilosó ico, equi ale a la con-
clusión a que hab ía llegado la ciencia en los
iempos mode nos: no disponemos sino de hipó-
esis ac ualmen e a endibles y p ác icas, pues la
ida debe p osegui , expues a a u u os cambios
más con incen es
y
ap opiados. Exis i íamos en
un mundo de segu idades p o iso ias. El hom-
b e, en o os é minos, eacciona desde la i me-
za de su espí i u con a lo ex e no y sensible
que de ini i amen e in en a encauza lo.
Desde el siglo pasado, sob e odo con el posi-
i ismo y el ma e ialismo, p edomina la ex e-
io idad, el encan o de lo sensible. El homb e,
expues o a icisi udes con o madas po enden-
cias conside adas ilosó icas, pie de i meza,
en egado, po lo an o, al manoseo mo al
y
polí ico. Jacques De ida, en e o os, des aca e
impone la di e encia
(di é ence)
que descabeza
p incipios, desa icula amodo amien os peca os
y o ece soluciones apa en emen e imposibles.
In i a al encuen o de la indi idualidad, de
aquello único que dis ingue lo humano de cuan-
o lo odea e in en a subyuga lo. No a ibuye
la c isis a que es amos some idos culpando a la
economía o a la polí ica; es adicalmen e hu-
mana. La educación se ha cen alizado en el
desa ollo de la in eligencia
y
en el ap endi-
zaje de un sabe enciclopédico, bas an e ajenos
al pensa
y
al comp ende . Lo mismo que no
hace poco dije a en nues o país (A gen ina)
Jean Fou as ié, cuando a i maba ap ecia la
educación no po el ma e ial didác ico que p o-
po ciona a, sino más bien como eje cicio pa a
alcanza un buen en enamien o de las unciones
men ales.
Guy La d eau
y
Ch is ian Jambe , al analiza
la unción de la in eligencia, sin nega su nece-
sidad, la no an insu icien e. No la inquie an los
p ime os p incipios ni los ines úl imos. Demo-
ada en lo isible
y
expe imen able anscu e
en e las cosas
y
los acon ecimien os, ca en e de
p o undidad. Al o o ga le un p edominio exce-
si o, quedamos expues os al balanceo incons-
an e, íc imas de cuan o o ezca el momen o
en cualquie o den de la cul u a. La in eligencia
lo a en e las olas de una ac ualidad que quizá
encan a, pe o cuyos male icios igno amos. La
umul uosa y mul i acé ica ida ac ual se ía en
g an pa e su ob a y con e i ía a la mayo ía de
los homb es, sin da nos cuen a de ello, en sus
íc imas. La in eligencia a solas deslumb a, pe o
sus ulgo es no pe du an.
CONTRA FREUD
Y
MARX
Es os ilóso os apun an con sus c í icas a los
ismos
con que los adoc ina on, p incipalmen e
el ma xismo y el eudismo; o ma on o p e en-
die on o ma nues o ambien e cul u al, a o-
iando la capacidad pensan e. Jean Ma ie Benois
y Co nelius Cas o iadis, sob e odo el úl imo,
desa iculan a ondo el ma xismo. Se ía una
ideología más, a pesa de odas sus a i maciones
en con a io, es o es, un conjun o de ideas que
no escla ecen la ealidad, sino que la ocul an.
Po de p on o, des ían la acción au ónoma de
las masas, al a icula las e ins i ucionaliza las,
imp egnándolas de au oalienación. El a án cien-
i icis a del ma xismo, a i ma Jean-Paul Dollé,
muy p esen e en Lenin y o os exposi o es de
Ma x, e a da la exp esión de lo genuinamen e
humano: sen i se suyo en la au osa is acción de
i i . Que no nos hablen de es uc u as y su-
pe es uc u as. P ecisamos un en en amien o
o al pa a ali ia el desencuen o del homb e
consigo mismo
y
con el ipo de cul u a que nos
han impues o. And é Glucksmann a i ma, quizá
con exage ación, que no exis e di e encia en e
nues a ci ilización y los campos de concen a-
ción, sean nazis o so ié icos. Nues a ci il;-
zación ac úa como una máquina mons uosa que
es á pul e izando idas humanas.
Me pa ece menos ace ada la c í ica que, es-
pecialmen e Gilles Deleuze y Jean-F ancois Lyo-
a d, o mulan al eudismo. A su pa ece no
hab ía di e encia undamen al en e F eud y
Ma x, ambos clasi icados en e los op eso es de
lo humano. Cie amen e ep imen al homb e;
pe o ¿ello signi ica que debe da se ienda suel a
a odo deseo? Indica ía, con muy escasa di e-
encia, educi se al dominio de los ins in os. En
al caso, desapa ece lo humano. Ya Hen i Be g-
son, po quien Gilles Deleuze sien e simpa ía,
enseñaba que el ins in o es g ega io, aglu inan e,
mien as que el pensamien o singula iza.
Y
el
pensamien o debe se capaz de eje ce la ep e-
sión, de lo con a io queda á con undido
y
anu-
lado en lo común y mul i udina io.
Hay acie os en las c í icas que o mulan a
las más conocidas co ien es ideológicas con-
empo áneas, aunque, a eces, o ecen soluciones
que inciden o amenazan incidi en los mismos
pelig os. Con a la ep esión, p opician la ex-
pansión. Pe o una expansión incon olada co e
pelig o de anula la an ensalzada di e encia.
Si
damos ienda suel a al deseo subconscien e insa-
is echo, <no cae emos en algo simila a la náu-
sea desc i a po Jean-Paul Sa e: una iscosi-
dad que se es á expandiendo, uni o me y e-
pugnan e? Lo humano desciende a ege al o a
pu amen e animal. Acie an, en pa e, en sus
c í icas a de e minados aspec os de la cul u a,
sin exclui a los san ones más ene ados. Tal ez
los es udios de Paul Ricoeu los hubie a adoc i-
nado pa a una he menéu ica más ponde ada, li-
b ada de decae , sin da se cuen a de ello, en
pelig os simila es a los que condenan en Ma x,
F eud y sus seguido es.
UNA CR TICA
A
FONDO
Imponíase, po lo an o, una econside ación
c í ica del mo imien o; de alguien que, simpa i-
zan e, e i a a decae en un aquie amien o anula-
do . Ce cano, pe o que oma a dis ancias pa a
en e e , en el análisis de palab as y concep os,
pelig osas concesiones a lo ep obado. Guy La -
d eau
y
Ch is ian Jambe en su lib o
L'Ange
asu-
men es a di ícil a ea. Exhiben una igilancia
c í ica muy dinámica, con inua búsqueda y, en
a ios casos, supe ación. Voz aguda y ale an e,
dice uno de sus exposi o es anceses, cIaman e
desde el desie o de Auxe e. Fi man sus p opias
con ibuciones, sin que ello obs e a que adi ine-
mos un plan conjun o e iden e en cada uno de
sus apo es.
La mayo ía de los sis emas ienden a la uni i-
cación; no escapan a es a endencia incluso quie-
nes con iesan animosidad a los p opósi os de ini-
i amen e sal ado es de eó icos mode nos.
Como si en ellos inaliza a la lucha po la bús-
queda de lo mejo , plácidamen e aquie ados el
en endimien o y la olun ad. Equi ale a enca-
silla y endu ece el dinamismo humano. Guy
La d eau y Ch is ian Jambe , sin abusa del o-
cablo di e encia, señalan la necesidad de man e-
ne la en e a odo p opósi o o doc ina que
quisie a nubla la. Conside an u ópico espe a
un momen o en el que quizá consegui emos so-
luciones de ini i as. La ini ud, di íamos en o os
é minos, i e en lo ansi o io, ale a pa a
lo
mejo que aho a, y quizá siemp e, nos ocul a el
po eni .
La ida es lucha, pues debemos ab i nos paso
en e eclamos, a acciones y op esiones ecuen-
emen e indignas. La di e encia del homb e an e
lo ege a i o y lo animal es iba en su pode de
esis encia y oposición al ins in o. Debe se ca-
paz de maneja con plena ene gía el
si
y el
no,
según sean las ci cuns ancias. Es a capacidad
queda debili ada y, a eces, aun anulada po
sis emas muy en boga que a o ecen lo ins in-
i o o nos uni ican en lo sociológico: endencias
que exage an la anihilidad p esen e en el hom-
b e o la necesidad de la con i encia. En ambos
casos p edomina la uni icación con innegables
pelig os pa a la di e encia.
Dos ocablos, ausen es en la iloso ía adi-
cional, so p enden de con inuo en el lib o: se-
ño y ebelde. El seño , mai e en ancés, aba -
ca una capacidad exp esi a ausen e en la e sión
cas ellana: abaja pa a la o al deshumanización,
an o en los ac os que impone como ambién en
el manejo del sen imien o y del pensamien o.
Aspi a a la educción comple a, pues nzaj e, ade-
más de dueño
y
seño , signi ica ambién maes o,
educado ; nos asimila a sus p opósi os en ac os
y pensamien os. Lo egula
y
o dena odo, a a-
és del iempo
y
de los cambios sociales, pues
el seño coque ea muy halagado amen e an o
con las izquie das como con las de echas. Los
cambios son sólo apa en es; el seño ío p e alece.
Su oposi o es el ebelde (~ebelle) con p opó-
si os mucho más cla os y decididos que los im-
plicados en el ocablo e olución. La ebeldía
es enaz, pe sis en e, p o unda. «Es necesa io,
a i man, lle a a cabo odo lo con a io de lo
que nos dicen en los discu sos de libe ación, p e-
cisamos sepa a o almen e el seño y la ebe-
lión». Muchos in elec uales azonan, ajus an, in-
mo ilizan; el pensado , en cambio, sos iene
y
i e la libe ación. No hay acue do posible en e
el seño ío a asallan e y la ebelión igilan e.
La in ínseca maldad del seño ío queda mani-
ies a en el hecho de que sólo excepcionalmen e
exhibe sus in enciones; sob e odo, en los iem-
pos mode nos, u iliza el ocabula io y los ges os
de la ebeldía. La apa iencia, le semblan , le es
imp escindible. T iun a, pe o jamás con pala-
b as
y
hechos de since idad. La e olución e ó-
ica, p opiciada po F eud y manejada po el
seño ío, a ajo y some ió; in i a a que lo emos
sexualmen e en un mundo de apa iencias enga-
ñosas. Jacques Lacan es abiliza y amodo a, con
su eo ía del lenguaje, al a i ma que sólo hay
un lenguaje posible a nues a elección. U ilizan
ademanes y ocablos abs ac os; expe os en
casuís ica emb ollan con su cha la.
Con a la o alidad uni o man e del seño ío
se ye gue el desa ío de la apues a (pa i) ebelde,
luchado a, desenmasca an e. Cuando hay apues-
a, exis e dualidad; comp omiso pleno a a o
de uno en con a de o o. Niega las p e ensiones
seño iales; in oduce el con lic o, inmune a sus
engaños. Desga a apa iencias, conculca sis emas
y polí icas pa a guia
a
la libe ación plena.
No hay solución, opinan, en la an inomia en-
e seño y ebelde, apa iencia y apues a. Se ían
coe e nos. La ebeldía ha apos ado a a o de
la libe ad del homb e, cues ionada an o po el
eudismo como po el ma xismo. La libe ad
es un p oblema que, no menos en el que la a i -
ma como en el que la niega, conse a siemp e
esiduos de duda. Si pudié amos esol e la eó-
icamen e, nos se ía e iden e la condición hu-
mana. La humanidad ha decidido de hecho a
a o de la libe ad, aunque no siemp e p ocedió
en consecuencia; po eso ha p og esado y se ha
dis anciado de la pu a animalidad. El a alismo
y el de e minismo engend an ine cia y con o -
mismo.
INTIMIDAD
Y
CRITICA INSUFICIENTES
Me ece a en a conside ación el plan eamien o
de nues os dos pensado es. No ahincan la cau-
sa de la deshumanización en es uc u as, supe -
es uc u as y o os aspec os pa icula es de la
cul u a. El homb e, ya al nace , a c eciendo
en un mundo o ganizado, admi iendo mucho,
pues debe con i i ; pe o ambién, si quie e o -
ma se dignamen e, esis iendo y oponiéndose.
Si piensa
y
compa a, no deja á de obse a y
dis ingui lo admisible
y
lo echazable; homb e,
y
no un se pu amen e ins in i o, asume la e en-
ualidad de su exis encia.
Nues os au o es, sin emba go, no eclean en
lo supe icial, común
y
co idiano. Adop an una
decisión básica, que no puede sino se apues a,
pues ca ece de e idencia: ac ua en libe ad,
esencia de la homb ía, con a el a alismo de e -
minis a. P oclaman su indi idual di e encia es-
ponsable y apues an de ini i amen e po
su
li-
be ad en e a insinuosas y sinuosas cap aciones
de oda índole que in en an desna u aliza .
Recon o a es a hidalga decisión en medio de
cie a in elec ualidad que psicológica
y
socioló-
gicamen e p opicia un homb e educido y con-
dicionado. Saben Guy La d eau
y
Ch is ian Jam-
be , y debe ían sabe lo ambién los p opulso es
de sis emas de e minis as, que nos ha sido nega-
da la e idencia de nues o se . Más allá de oda
muy azonada sis ema ización, asoma siemp e
el diablillo de la duda. Eje ci amos el más un-
damen al ac o humano cuando decidimos p o-
cede y elegi como lib es, azonamien os apa -
e. In e esa la i encia, el goce de i ealizán-
donos, siendo adminis ado es de nues os
ac os.
Ve um ipsum ac um,
lo e dade o es á en
la ac icidad, enseñaba Vico. La acción epe i-
da y ené gica engend a la con icción.
Kan , en su
C i ica
de
la azón p ác ica,
en-
e ió como p esupues o no e iden e a la a-
zón, pe o indispensable a la condición humana,
el se lib e, pues los p ime ísimos y úl imos
p incipios escapan al in elec o humano. Exigen,
enseña Heidegge , un i aje comple o, simila
a la decisión de e. Una e ac i a, decidida, sin-
ce a que sedimen a la con icción. Nues os dos
au o es anceses u ilizan a eces, pa a explica -
se, el ocablo con e sión, sal o audaz y deci-
dido an e las en aciones del acomodo, la de-
jadez o la sumisión. Algunos homb es y cie a
cul u a ienden, a eces con las mejo es in en-
ciones, a en ol e nos y asimila nos; desna u a-
lizan nues o yo en un
noso os
que opina, ha-
bla y ac úa impulsado po eso es ajenos. Con-
a las oscilan es a acciones de lo isible, la
espi i ual decisión de lo in isible.
A
Guy La d eau
y
Ch is ian Jambe les due-
le la a iga de nues o mundo de alladamen e
ecni icado y, íc ima de una publicidad que se
impone po slogans
y
un cansancio epe i i o.
Cuando quie en o ece nos modelos disco dan-
es con es a índole de mundanidad acuden a mo-
delos de un echazo o al, apa amien o, e i o
al desie o donde, así pa ecen c ee lo, no exis-
e la en ación. De allan las ac i udes
j1
con ic-
ciones de los cenobi as y anaco e as c is ianos!
quienes abominaban los halagos de Bizancio
y
Alejand ía, lejos en la soledad, pa a el encueil-
o de sí mismos en Dios. Pa ecen igno a , sin
emba go, que Pacomio, el cenobi a, en e mu-
chos o os, luchaba de con inuo con a los e-
cue dos sensuales
y
luju iosos de la desp eocu-
pada Alejand ía. La mundanidad echazada se
nos ha me ido an aden o que sólo podemos
man ene la a aya median e el eje cicio de una
libe ad i me.
Guy La d eau y Ch is ian Jambe dudan con-
side a a Jesús como el más excelso modelo, a
mi pa ece , de una libe ad indoblegable a los
halagos
e
injus icias de la cul u a, mo al, polí-
ica y cualquie o o aspec o. Una mejo exége-
sis, c eo, les hubie a e idenciado que Jesús apos-
ó de ini i amen e en con a de una humanidad
deshumanizan e; aunque no p e i ió el desie -
o. Sólo se imponía espacios ansi o ios de ais-
lamien o pa a a i a una au en icidad que en-
en aba al a iseísmo hipóc i a, a la polí ica
op esi a
y
a la inmo alidad deg adan e. Vi ía
una libe ad au én ica, adoc inaba
y,
sob e
odo, ac uaba en e a las apa iencias de pode-
es ansi o ios. Po eso lo c uci ica on: po se
y i i esponsablemen e digno
y
enseña a la
humanidad a segui es a u a, abie a a la as-
cendencia in isible, pe o espi i ualmen e ac uan-
e en la in imidad. Sin emba go, bien analiza-
dos los pun os p incipales de la ob a de Guy
La d eau y Ch is ian Jambe , c eo que pod ía-
mos conside a los c is ianos e gonzan es dis-
azados de laicismo. En caso de que acie e,
¿no equi ald ía ello a una concesión lamen able
a las engañosas apa iencias de una cul u a que
iende a e ena los impulsos abie os y gozo-
sos de una au én ica libe ad que en en a al
mundo?
An e el ad enimien o del Angel, los sis emas
mues an sus debilidades y comp omisos; o
comp ueban su ansi o iedad. Pe manece el
homb e, conscien e y esponsable de sí mismo
y de los demás.
Ho no uia o ,
homb e en án-
si o, como decían los medie ales, que debe ea-
liza se en el anscu so de su co a exis encia.
Dis anciándose de aquéllos a los cuales Pablo
ep ochó «comamos y bebamos que mañana
mo i emos», el Angel de Guy La d eau y Ch is-
ian Jambe apues a con a u opías ado mece-
do as o con a el some imien o a deseos que no
son sino ins in os p opios de una na u aleza de-
g adada. Pues o que el dualismo exis e en no-
so os, hay que sabe nega se pa a comp ome-
e se con lo más noble. C eo que ahí es á la
apues a con a las apa iencias que quie en do-
mina nos. «He enido a ae uego sob e la
ie a y cuán o desea ía que es u ie a encendi-
do..
.»
(Lucas 12:40).
ACLARACIONES
El p esen e ensayo, con le es co ecciones,
ha sido publicado en la sección cul u al del
dia io
La
Nación (Buenos Ai es, 26 de ma zo
de 1978). La denominada nue a iloso ía an-
cesa concen ó mi a ención p ecisamen e po -
que, en pa e, espondía a endencias e inquie-
udes mías, p esen es en mi labo docen e y
esc i a. La e lexión y el a en o es udio, debi-
li ado quizás un inicial en usiasmo, me abando-
naba a un dejo de insa is ac o ia duda, anhe-
lan e de más ecien es y con incen es búsque-
das. Mi aquie amien o in elec ual nunca ha
sido demasiado i me, ya en los años de mis es-
udios secunda ios y supe io es en España. Ac-
i ud que me acumuló se ios ep oches, sob e
odo en las ins i uciones eligiosas donde me
o ma a. Es a discon o midad me impulsó a bus-
ca , oda ía jo en, más amplias pe spec i as en
A gen ina. Aquí ambién, mi ac i ud agudamen-
e
c í ica desag adó con ecuencia; aunque
nadie me ha eplicado se iamen e.
Y
debo eco-
noce , ag adecido, que en a ios cí culos uni-
e si a ios y cul os he encon ado amplia com-
p ensión y simpa ía.
Mi esis doc o al, Teo ia de los alo es
y
i-
loss ia an igua (Uni e sidad Nacional de Tu-
cun~án, 1957) ealizada bajo la di ección del
eminen e helenis a, D . Rodol o Mondol o,
cuando oda ía pe du aba el e o po la
asiología es, a la ez, c í ica de eo ías, a mi
pa ece insu icien es, y de una p esun a no e-
dad doc inal, según opinaba José O ega y Gas-
se , a pesa de es a muy explíci a, a mi pa e-
ce , en los g andes pensado es de la an igüedad.
En una beca que se me o o gó pa a ealiza
es udios en Es ados Unidos me in e esó el pen-
samien o del ilóso o hispanoame icano Jo ge
San ayana, a quien más adelan e conocí pe sonal-
men e en Roma. Elegan e y su il, comp ueba la
p eca iedad de los g andes sis emas ilosó icos
( éase mi lib o Vida y pensamien o de Jo ge
San ayana, Ediciones Ve dad y Vida, Ma-
d id, 1953). En el P ime Cong eso Nacional
A gen ino de Filoso ia, celeb ado en Mendoza,
en 1949, algunos colegas me es imula on a que
esc ibie a sob e endencias y e olución de la
iloso ía en A gen ina du an e el p esen e si-
glo, has a 1950 (Cincuen a años de iloso ia en
A gen ina, 1900-1950, Peuse , Buenos Ai es,
1958). El lib o desag adó, aunque jamás me e-
plica on se iamen e, a quienes se c eían depo-
si a ios de una p esun a i meza ilosó ica, a
pesa de es a encasillados en una ac ualidad
pasaje a. En una nue a edición de la ob a, sin
enuncia a sus p opósi os c í icos, ampliamos
el con enido desde los inicios del iloso a , en
la época colonial, has a la mode nidad, con an-
do con la muy e icaz colabo ación de la doc o a
Celina
A.
Lé o a-Mendoza (La Filoso ía en AY-
gen ina, Cinae, Buenos Ai es, 198 1).
C eo que el iloso a es un p oceso con an-
si o ios descansos aquie an es. F ecuen emen e
lo que conside amos o iginal, no es sino epe i-
ción, con nue o ocabula io, de sis emas an i-
guos; aunque admi o que pueden exis i a is-
bos no edosos que es imulan a p osegui . Pe o
me pa ece no di ícil, sino imposible, que el e -
dade amen e aman e de la iloso ía se en egue al
descanso con el p e ex o de habe ya log ado lo
de ini i o. Es a ac i ud dubi a i a me ha man-
enido muy ale a en los úl imos años, sob e
odo desde que me jubilé como p o eso uni e -
si a io. No es desánimo, sino con inuo impulso
pa a un más ele ado escla ecimien o, c í ica,
depu ación, búsqueda incesan e, es ímulo: ho i-
zon e a izo ado, jamás de ini i amen e log ado.
No es pesimismo que desalien e, sino since o
econocimien o de la p opia ini ud.
Es a ac i ud an e la iloso ia me ha inci ado
a análisis que he enido exponiendo en es os
úl imos años. Es e iden e en mi lib o Libe ad
y
Riesgo (La Au o a, Buenos Ai es, 1976). Im-
pulso que desa ollo en a ios ensayos, sob e
odo en uno p óximo a apa ece en La Nación,
«Yo y ci cuns ancias». Es e iden e en mi An-
opologia Filosó ica, en las dos p ime as edi-
ciones españolas; y muy explíci amen e en la
e ce a que se p esen a á en la Exposición In-
e nacional del Lib o en Buenos Ai es, en el
p óximo ab il, po Edi o ial T es Tiempos de
la misma ciudad. Di ec amen e me e ie o al
ema en un lib o que quizá i ule
T ansi o ie-
dad
y
Espi i u.
La e ce a edición de mi
An o-
pologia Filosó ica
inaliza con el siguien e pá-
a o:
«Con azón ha podido a i ma se que el hom-
b e es un se oda ía no acabado. Igno amos lo
que aho a esencialmen e es, po que no sabemos
donde apun a
y
lo que se á el día de mañana.
Aunque sí conje u amos, po las lecciones del
pasado, la ayec o ia que, más o menos, de-
be á segui .
Ha
llegado al se ac ual no po
acaso
o
po una se ie de o ui as coincidencias,
sino g acias a un i mo de es ue zo
y
p og eso
cons an es, aunque u bado po decadencias
y
acasos. Ha ido conquis ando siemp e mayo
acionalidad, más dominio del mundo
y
una cla-
i icación más pu a de la ascendencia,»
Buenos Ai es, eb e o de
1984.