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Filosofía de la apuesta y la simulación

Farré, Luís

Abstract

Farré, Luís

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FILOSOF~A DE LA APUESTA Y LA SIMULACIÓN Luis FARRÉ «No pensa como los o os nos coloca en una si uación desag adable. No pensa como los de- más quie e deci , simplemen e, que se piensa. Los demás, que se hacen la ilusión de que pien- san, adop an, en ealidad, sin e lexiona , los slogans que ci culan, o bien se asimilan a las pasiones abso ben es que ellos mismos se nie- gan a analiza .» (Eugkne Ionesco. ) Me ecen a ención y conside ación muchos de los p oblemas y consiguien es e lexiones de los denonlinados nue os ilóso os anceses. E iden- cian un agudo sen ido c í ico, p es os a aplica lo a la ac ualidad cul u al que les pa ece ing a a y, en múl iples opo unidades, deg adan e. Ala - dean de su discon o midad y la exp esan ecia y abie amen e, sin miedo a equí ocas in e p e- aciones de quienes plácidamen e descansan con- o mes en lo habi ual. Anida en ellos un espí i u de ebelión que me ece in e p e ación adecuada, pues con iene di e encia en e ebeldía y e o- lución. La úl ima puede se umul uosa, esca- samen e e lexi a e incluso des uc i a po obedece a impulsos momen áneos o pasionales; la ebeldía, en cambio, esponde a un hondo y ama go desag ado anímico. La ebeldia nace a eces po exigencias del espí i u en en ado al ilipendio o manoseo de ele ados alo es i e- nunciable~. Va ios de es os nue os ilóso os, si no odos, deben se más bien clasi icados como ebeldes, no como e oluciona ios. F ancia, a a és de su ica his o ia, o ece modelos de es a noble ebeldía. Sis emas ilosó- icos y polí icos, quizá ideados en o os países, asen ados en F ancia, pie den su igidez, so- me idos a se e os análisis c í icos que los desme- nuzan y en esacan lo ap o echable o digni- ican e, pa a luego demos a la exis encia de endencias que amagan pelig os deshumanizan- es; oz de ala ma con a la excesi a sis ema- ización que amu alla y apenas ole a el uelo libe ado . Así han p ocedido con el idealismo, el ma e ialismo, el exis encialismo y el psico- análisis. Es a modalidad, digamos es a noble ebeldía, c eo dis ingue muy eciamen e a los in e- g an es de la nue a iloso ía. No encajan en la común clasi icación de de echas e izquie das, in- sumisos a ideologías que p e enden habe ace - ado con soluciones de ini i as. Siemp e cabe, así opinan, el in e ogan e de la duda. Admi i án y se adecua án a lo quizá pe en o iamen e nece- sa io; pe o conse an el de echo y la posibilidad de ul e io es in e ogaciones, a su pa ece más ap opiadas, que las pueden hace as abilla y has a descali ica . Es a ac i ud, exp esa en lo mo al, polí ico y ilosó ico, equi ale a la con- clusión a que hab ía llegado la ciencia en los iempos mode nos: no disponemos sino de hipó- esis ac ualmen e a endibles y p ác icas, pues la ida debe p osegui , expues a a u u os cambios más con incen es y ap opiados. Exis i íamos en un mundo de segu idades p o iso ias. El hom- b e, en o os é minos, eacciona desde la i me- za de su espí i u con a lo ex e no y sensible que de ini i amen e in en a encauza lo. Desde el siglo pasado, sob e odo con el posi- i ismo y el ma e ialismo, p edomina la ex e- io idad, el encan o de lo sensible. El homb e, expues o a icisi udes con o madas po enden- cias conside adas ilosó icas, pie de i meza, en egado, po lo an o, al manoseo mo al y polí ico. Jacques De ida, en e o os, des aca e impone la di e encia (di é ence) que descabeza p incipios, desa icula amodo amien os peca os y o ece soluciones apa en emen e imposibles. In i a al encuen o de la indi idualidad, de aquello único que dis ingue lo humano de cuan- o lo odea e in en a subyuga lo. No a ibuye la c isis a que es amos some idos culpando a la economía o a la polí ica; es adicalmen e hu- mana. La educación se ha cen alizado en el desa ollo de la in eligencia y en el ap endi- zaje de un sabe enciclopédico, bas an e ajenos al pensa y al comp ende . Lo mismo que no hace poco dije a en nues o país (A gen ina) Jean Fou as ié, cuando a i maba ap ecia la educación no po el ma e ial didác ico que p o- po ciona a, sino más bien como eje cicio pa a alcanza un buen en enamien o de las unciones men ales. Guy La d eau y Ch is ian Jambe , al analiza la unción de la in eligencia, sin nega su nece- sidad, la no an insu icien e. No la inquie an los p ime os p incipios ni los ines úl imos. Demo- ada en lo isible y expe imen able anscu e en e las cosas y los acon ecimien os, ca en e de p o undidad. Al o o ga le un p edominio exce- si o, quedamos expues os al balanceo incons- an e, íc imas de cuan o o ezca el momen o en cualquie o den de la cul u a. La in eligencia lo a en e las olas de una ac ualidad que quizá encan a, pe o cuyos male icios igno amos. La umul uosa y mul i acé ica ida ac ual se ía en g an pa e su ob a y con e i ía a la mayo ía de los homb es, sin da nos cuen a de ello, en sus íc imas. La in eligencia a solas deslumb a, pe o sus ulgo es no pe du an. CONTRA FREUD Y MARX Es os ilóso os apun an con sus c í icas a los ismos con que los adoc ina on, p incipalmen e el ma xismo y el eudismo; o ma on o p e en- die on o ma nues o ambien e cul u al, a o- iando la capacidad pensan e. Jean Ma ie Benois y Co nelius Cas o iadis, sob e odo el úl imo, desa iculan a ondo el ma xismo. Se ía una ideología más, a pesa de odas sus a i maciones en con a io, es o es, un conjun o de ideas que no escla ecen la ealidad, sino que la ocul an. Po de p on o, des ían la acción au ónoma de las masas, al a icula las e ins i ucionaliza las, imp egnándolas de au oalienación. El a án cien- i icis a del ma xismo, a i ma Jean-Paul Dollé, muy p esen e en Lenin y o os exposi o es de Ma x, e a da la exp esión de lo genuinamen e humano: sen i se suyo en la au osa is acción de i i . Que no nos hablen de es uc u as y su- pe es uc u as. P ecisamos un en en amien o o al pa a ali ia el desencuen o del homb e consigo mismo y con el ipo de cul u a que nos han impues o. And é Glucksmann a i ma, quizá con exage ación, que no exis e di e encia en e nues a ci ilización y los campos de concen a- ción, sean nazis o so ié icos. Nues a ci il;- zación ac úa como una máquina mons uosa que es á pul e izando idas humanas. Me pa ece menos ace ada la c í ica que, es- pecialmen e Gilles Deleuze y Jean-F ancois Lyo- a d, o mulan al eudismo. A su pa ece no hab ía di e encia undamen al en e F eud y Ma x, ambos clasi icados en e los op eso es de lo humano. Cie amen e ep imen al homb e; pe o ¿ello signi ica que debe da se ienda suel a a odo deseo? Indica ía, con muy escasa di e- encia, educi se al dominio de los ins in os. En al caso, desapa ece lo humano. Ya Hen i Be g- son, po quien Gilles Deleuze sien e simpa ía, enseñaba que el ins in o es g ega io, aglu inan e, mien as que el pensamien o singula iza. Y el pensamien o debe se capaz de eje ce la ep e- sión, de lo con a io queda á con undido y anu- lado en lo común y mul i udina io. Hay acie os en las c í icas que o mulan a las más conocidas co ien es ideológicas con- empo áneas, aunque, a eces, o ecen soluciones que inciden o amenazan incidi en los mismos pelig os. Con a la ep esión, p opician la ex- pansión. Pe o una expansión incon olada co e pelig o de anula la an ensalzada di e encia. Si damos ienda suel a al deseo subconscien e insa- is echo, <no cae emos en algo simila a la náu- sea desc i a po Jean-Paul Sa e: una iscosi- dad que se es á expandiendo, uni o me y e- pugnan e? Lo humano desciende a ege al o a pu amen e animal. Acie an, en pa e, en sus c í icas a de e minados aspec os de la cul u a, sin exclui a los san ones más ene ados. Tal ez los es udios de Paul Ricoeu los hubie a adoc i- nado pa a una he menéu ica más ponde ada, li- b ada de decae , sin da se cuen a de ello, en pelig os simila es a los que condenan en Ma x, F eud y sus seguido es. UNA CR TICA A FONDO Imponíase, po lo an o, una econside ación c í ica del mo imien o; de alguien que, simpa i- zan e, e i a a decae en un aquie amien o anula- do . Ce cano, pe o que oma a dis ancias pa a en e e , en el análisis de palab as y concep os, pelig osas concesiones a lo ep obado. Guy La - d eau y Ch is ian Jambe en su lib o L'Ange asu- men es a di ícil a ea. Exhiben una igilancia c í ica muy dinámica, con inua búsqueda y, en a ios casos, supe ación. Voz aguda y ale an e, dice uno de sus exposi o es anceses, cIaman e desde el desie o de Auxe e. Fi man sus p opias con ibuciones, sin que ello obs e a que adi ine- mos un plan conjun o e iden e en cada uno de sus apo es. La mayo ía de los sis emas ienden a la uni i- cación; no escapan a es a endencia incluso quie- nes con iesan animosidad a los p opósi os de ini- i amen e sal ado es de eó icos mode nos. Como si en ellos inaliza a la lucha po la bús- queda de lo mejo , plácidamen e aquie ados el en endimien o y la olun ad. Equi ale a enca- silla y endu ece el dinamismo humano. Guy La d eau y Ch is ian Jambe , sin abusa del o- cablo di e encia, señalan la necesidad de man e- ne la en e a odo p opósi o o doc ina que quisie a nubla la. Conside an u ópico espe a un momen o en el que quizá consegui emos so- luciones de ini i as. La ini ud, di íamos en o os é minos, i e en lo ansi o io, ale a pa a lo mejo que aho a, y quizá siemp e, nos ocul a el po eni . La ida es lucha, pues debemos ab i nos paso en e eclamos, a acciones y op esiones ecuen- emen e indignas. La di e encia del homb e an e lo ege a i o y lo animal es iba en su pode de esis encia y oposición al ins in o. Debe se ca- paz de maneja con plena ene gía el si y el no, según sean las ci cuns ancias. Es a capacidad queda debili ada y, a eces, aun anulada po sis emas muy en boga que a o ecen lo ins in- i o o nos uni ican en lo sociológico: endencias que exage an la anihilidad p esen e en el hom- b e o la necesidad de la con i encia. En ambos casos p edomina la uni icación con innegables pelig os pa a la di e encia. Dos ocablos, ausen es en la iloso ía adi- cional, so p enden de con inuo en el lib o: se- ño y ebelde. El seño , mai e en ancés, aba - ca una capacidad exp esi a ausen e en la e sión cas ellana: abaja pa a la o al deshumanización, an o en los ac os que impone como ambién en el manejo del sen imien o y del pensamien o. Aspi a a la educción comple a, pues nzaj e, ade- más de dueño y seño , signi ica ambién maes o, educado ; nos asimila a sus p opósi os en ac os y pensamien os. Lo egula y o dena odo, a a- és del iempo y de los cambios sociales, pues el seño coque ea muy halagado amen e an o con las izquie das como con las de echas. Los cambios son sólo apa en es; el seño ío p e alece. Su oposi o es el ebelde (~ebelle) con p opó- si os mucho más cla os y decididos que los im- plicados en el ocablo e olución. La ebeldía es enaz, pe sis en e, p o unda. «Es necesa io, a i man, lle a a cabo odo lo con a io de lo que nos dicen en los discu sos de libe ación, p e- cisamos sepa a o almen e el seño y la ebe- lión». Muchos in elec uales azonan, ajus an, in- mo ilizan; el pensado , en cambio, sos iene y i e la libe ación. No hay acue do posible en e el seño ío a asallan e y la ebelión igilan e. La in ínseca maldad del seño ío queda mani- ies a en el hecho de que sólo excepcionalmen e exhibe sus in enciones; sob e odo, en los iem- pos mode nos, u iliza el ocabula io y los ges os de la ebeldía. La apa iencia, le semblan , le es imp escindible. T iun a, pe o jamás con pala- b as y hechos de since idad. La e olución e ó- ica, p opiciada po F eud y manejada po el seño ío, a ajo y some ió; in i a a que lo emos sexualmen e en un mundo de apa iencias enga- ñosas. Jacques Lacan es abiliza y amodo a, con su eo ía del lenguaje, al a i ma que sólo hay un lenguaje posible a nues a elección. U ilizan ademanes y ocablos abs ac os; expe os en casuís ica emb ollan con su cha la. Con a la o alidad uni o man e del seño ío se ye gue el desa ío de la apues a (pa i) ebelde, luchado a, desenmasca an e. Cuando hay apues- a, exis e dualidad; comp omiso pleno a a o de uno en con a de o o. Niega las p e ensiones seño iales; in oduce el con lic o, inmune a sus engaños. Desga a apa iencias, conculca sis emas y polí icas pa a guia a la libe ación plena. No hay solución, opinan, en la an inomia en- e seño y ebelde, apa iencia y apues a. Se ían coe e nos. La ebeldía ha apos ado a a o de la libe ad del homb e, cues ionada an o po el eudismo como po el ma xismo. La libe ad es un p oblema que, no menos en el que la a i - ma como en el que la niega, conse a siemp e esiduos de duda. Si pudié amos esol e la eó- icamen e, nos se ía e iden e la condición hu- mana. La humanidad ha decidido de hecho a a o de la libe ad, aunque no siemp e p ocedió en consecuencia; po eso ha p og esado y se ha dis anciado de la pu a animalidad. El a alismo y el de e minismo engend an ine cia y con o - mismo. INTIMIDAD Y CRITICA INSUFICIENTES Me ece a en a conside ación el plan eamien o de nues os dos pensado es. No ahincan la cau- sa de la deshumanización en es uc u as, supe - es uc u as y o os aspec os pa icula es de la cul u a. El homb e, ya al nace , a c eciendo en un mundo o ganizado, admi iendo mucho, pues debe con i i ; pe o ambién, si quie e o - ma se dignamen e, esis iendo y oponiéndose. Si piensa y compa a, no deja á de obse a y dis ingui lo admisible y lo echazable; homb e, y no un se pu amen e ins in i o, asume la e en- ualidad de su exis encia. Nues os au o es, sin emba go, no eclean en lo supe icial, común y co idiano. Adop an una decisión básica, que no puede sino se apues a, pues ca ece de e idencia: ac ua en libe ad, esencia de la homb ía, con a el a alismo de e - minis a. P oclaman su indi idual di e encia es- ponsable y apues an de ini i amen e po su li- be ad en e a insinuosas y sinuosas cap aciones de oda índole que in en an desna u aliza . Recon o a es a hidalga decisión en medio de cie a in elec ualidad que psicológica y socioló- gicamen e p opicia un homb e educido y con- dicionado. Saben Guy La d eau y Ch is ian Jam- be , y debe ían sabe lo ambién los p opulso es de sis emas de e minis as, que nos ha sido nega- da la e idencia de nues o se . Más allá de oda muy azonada sis ema ización, asoma siemp e el diablillo de la duda. Eje ci amos el más un- damen al ac o humano cuando decidimos p o- cede y elegi como lib es, azonamien os apa - e. In e esa la i encia, el goce de i ealizán- donos, siendo adminis ado es de nues os ac os. Ve um ipsum ac um, lo e dade o es á en la ac icidad, enseñaba Vico. La acción epe i- da y ené gica engend a la con icción. Kan , en su C i ica de la azón p ác ica, en- e ió como p esupues o no e iden e a la a- zón, pe o indispensable a la condición humana, el se lib e, pues los p ime ísimos y úl imos p incipios escapan al in elec o humano. Exigen, enseña Heidegge , un i aje comple o, simila a la decisión de e. Una e ac i a, decidida, sin- ce a que sedimen a la con icción. Nues os dos au o es anceses u ilizan a eces, pa a explica - se, el ocablo con e sión, sal o audaz y deci- dido an e las en aciones del acomodo, la de- jadez o la sumisión. Algunos homb es y cie a cul u a ienden, a eces con las mejo es in en- ciones, a en ol e nos y asimila nos; desna u a- lizan nues o yo en un noso os que opina, ha- bla y ac úa impulsado po eso es ajenos. Con- a las oscilan es a acciones de lo isible, la espi i ual decisión de lo in isible. A Guy La d eau y Ch is ian Jambe les due- le la a iga de nues o mundo de alladamen e ecni icado y, íc ima de una publicidad que se impone po slogans y un cansancio epe i i o. Cuando quie en o ece nos modelos disco dan- es con es a índole de mundanidad acuden a mo- delos de un echazo o al, apa amien o, e i o al desie o donde, así pa ecen c ee lo, no exis- e la en ación. De allan las ac i udes j1 con ic- ciones de los cenobi as y anaco e as c is ianos! quienes abominaban los halagos de Bizancio y Alejand ía, lejos en la soledad, pa a el encueil- o de sí mismos en Dios. Pa ecen igno a , sin emba go, que Pacomio, el cenobi a, en e mu- chos o os, luchaba de con inuo con a los e- cue dos sensuales y luju iosos de la desp eocu- pada Alejand ía. La mundanidad echazada se nos ha me ido an aden o que sólo podemos man ene la a aya median e el eje cicio de una libe ad i me. Guy La d eau y Ch is ian Jambe dudan con- side a a Jesús como el más excelso modelo, a mi pa ece , de una libe ad indoblegable a los halagos e injus icias de la cul u a, mo al, polí- ica y cualquie o o aspec o. Una mejo exége- sis, c eo, les hubie a e idenciado que Jesús apos- ó de ini i amen e en con a de una humanidad deshumanizan e; aunque no p e i ió el desie - o. Sólo se imponía espacios ansi o ios de ais- lamien o pa a a i a una au en icidad que en- en aba al a iseísmo hipóc i a, a la polí ica op esi a y a la inmo alidad deg adan e. Vi ía una libe ad au én ica, adoc inaba y, sob e odo, ac uaba en e a las apa iencias de pode- es ansi o ios. Po eso lo c uci ica on: po se y i i esponsablemen e digno y enseña a la humanidad a segui es a u a, abie a a la as- cendencia in isible, pe o espi i ualmen e ac uan- e en la in imidad. Sin emba go, bien analiza- dos los pun os p incipales de la ob a de Guy La d eau y Ch is ian Jambe , c eo que pod ía- mos conside a los c is ianos e gonzan es dis- azados de laicismo. En caso de que acie e, ¿no equi ald ía ello a una concesión lamen able a las engañosas apa iencias de una cul u a que iende a e ena los impulsos abie os y gozo- sos de una au én ica libe ad que en en a al mundo? An e el ad enimien o del Angel, los sis emas mues an sus debilidades y comp omisos; o comp ueban su ansi o iedad. Pe manece el homb e, conscien e y esponsable de sí mismo y de los demás. Ho no uia o , homb e en án- si o, como decían los medie ales, que debe ea- liza se en el anscu so de su co a exis encia. Dis anciándose de aquéllos a los cuales Pablo ep ochó «comamos y bebamos que mañana mo i emos», el Angel de Guy La d eau y Ch is- ian Jambe apues a con a u opías ado mece- do as o con a el some imien o a deseos que no son sino ins in os p opios de una na u aleza de- g adada. Pues o que el dualismo exis e en no- so os, hay que sabe nega se pa a comp ome- e se con lo más noble. C eo que ahí es á la apues a con a las apa iencias que quie en do- mina nos. «He enido a ae uego sob e la ie a y cuán o desea ía que es u ie a encendi- do.. .» (Lucas 12:40). ACLARACIONES El p esen e ensayo, con le es co ecciones, ha sido publicado en la sección cul u al del dia io La Nación (Buenos Ai es, 26 de ma zo de 1978). La denominada nue a iloso ía an- cesa concen ó mi a ención p ecisamen e po - que, en pa e, espondía a endencias e inquie- udes mías, p esen es en mi labo docen e y esc i a. La e lexión y el a en o es udio, debi- li ado quizás un inicial en usiasmo, me abando- naba a un dejo de insa is ac o ia duda, anhe- lan e de más ecien es y con incen es búsque- das. Mi aquie amien o in elec ual nunca ha sido demasiado i me, ya en los años de mis es- udios secunda ios y supe io es en España. Ac- i ud que me acumuló se ios ep oches, sob e odo en las ins i uciones eligiosas donde me o ma a. Es a discon o midad me impulsó a bus- ca , oda ía jo en, más amplias pe spec i as en A gen ina. Aquí ambién, mi ac i ud agudamen- e c í ica desag adó con ecuencia; aunque nadie me ha eplicado se iamen e. Y debo eco- noce , ag adecido, que en a ios cí culos uni- e si a ios y cul os he encon ado amplia com- p ensión y simpa ía. Mi esis doc o al, Teo ia de los alo es y i- loss ia an igua (Uni e sidad Nacional de Tu- cun~án, 1957) ealizada bajo la di ección del eminen e helenis a, D . Rodol o Mondol o, cuando oda ía pe du aba el e o po la asiología es, a la ez, c í ica de eo ías, a mi pa ece insu icien es, y de una p esun a no e- dad doc inal, según opinaba José O ega y Gas- se , a pesa de es a muy explíci a, a mi pa e- ce , en los g andes pensado es de la an igüedad. En una beca que se me o o gó pa a ealiza es udios en Es ados Unidos me in e esó el pen- samien o del ilóso o hispanoame icano Jo ge San ayana, a quien más adelan e conocí pe sonal- men e en Roma. Elegan e y su il, comp ueba la p eca iedad de los g andes sis emas ilosó icos ( éase mi lib o Vida y pensamien o de Jo ge San ayana, Ediciones Ve dad y Vida, Ma- d id, 1953). En el P ime Cong eso Nacional A gen ino de Filoso ia, celeb ado en Mendoza, en 1949, algunos colegas me es imula on a que esc ibie a sob e endencias y e olución de la iloso ía en A gen ina du an e el p esen e si- glo, has a 1950 (Cincuen a años de iloso ia en A gen ina, 1900-1950, Peuse , Buenos Ai es, 1958). El lib o desag adó, aunque jamás me e- plica on se iamen e, a quienes se c eían depo- si a ios de una p esun a i meza ilosó ica, a pesa de es a encasillados en una ac ualidad pasaje a. En una nue a edición de la ob a, sin enuncia a sus p opósi os c í icos, ampliamos el con enido desde los inicios del iloso a , en la época colonial, has a la mode nidad, con an- do con la muy e icaz colabo ación de la doc o a Celina A. Lé o a-Mendoza (La Filoso ía en AY- gen ina, Cinae, Buenos Ai es, 198 1). C eo que el iloso a es un p oceso con an- si o ios descansos aquie an es. F ecuen emen e lo que conside amos o iginal, no es sino epe i- ción, con nue o ocabula io, de sis emas an i- guos; aunque admi o que pueden exis i a is- bos no edosos que es imulan a p osegui . Pe o me pa ece no di ícil, sino imposible, que el e - dade amen e aman e de la iloso ía se en egue al descanso con el p e ex o de habe ya log ado lo de ini i o. Es a ac i ud dubi a i a me ha man- enido muy ale a en los úl imos años, sob e odo desde que me jubilé como p o eso uni e - si a io. No es desánimo, sino con inuo impulso pa a un más ele ado escla ecimien o, c í ica, depu ación, búsqueda incesan e, es ímulo: ho i- zon e a izo ado, jamás de ini i amen e log ado. No es pesimismo que desalien e, sino since o econocimien o de la p opia ini ud. Es a ac i ud an e la iloso ia me ha inci ado a análisis que he enido exponiendo en es os úl imos años. Es e iden e en mi lib o Libe ad y Riesgo (La Au o a, Buenos Ai es, 1976). Im- pulso que desa ollo en a ios ensayos, sob e odo en uno p óximo a apa ece en La Nación, «Yo y ci cuns ancias». Es e iden e en mi An- opologia Filosó ica, en las dos p ime as edi- ciones españolas; y muy explíci amen e en la e ce a que se p esen a á en la Exposición In- e nacional del Lib o en Buenos Ai es, en el p óximo ab il, po Edi o ial T es Tiempos de la misma ciudad. Di ec amen e me e ie o al ema en un lib o que quizá i ule T ansi o ie- dad y Espi i u. La e ce a edición de mi An o- pologia Filosó ica inaliza con el siguien e pá- a o: «Con azón ha podido a i ma se que el hom- b e es un se oda ía no acabado. Igno amos lo que aho a esencialmen e es, po que no sabemos donde apun a y lo que se á el día de mañana. Aunque sí conje u amos, po las lecciones del pasado, la ayec o ia que, más o menos, de- be á segui . Ha llegado al se ac ual no po acaso o po una se ie de o ui as coincidencias, sino g acias a un i mo de es ue zo y p og eso cons an es, aunque u bado po decadencias y acasos. Ha ido conquis ando siemp e mayo acionalidad, más dominio del mundo y una cla- i icación más pu a de la ascendencia,» Buenos Ai es, eb e o de 1984.