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La mujer como fuente del mal ; el maleficio

Abstract

Partiendo del mundo clásico y medieval, la autora traza el camino recorrido por determinadas figuras femeninas caracterizados por ser consideradas fuentes del mal, centrándose finalmente en la fixura de Doña María de Padilla y su papel en la magia amorosa de la Epoca Moderna.

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La mujer como fuente del mal ; el maleficio

Author: Sánchez Ortega, María Helena
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 1991
Source: https://ddd.uab.cat/pub/manuscrits/02132397n9/02132397n9p41.pdf
MANUSCRITS,
n",
Ene o
1991.
págs.
41-81
La muje como uen e del mal; el male icio
Ma ía-Helena Sánchez O ega
Du an e siglos -en ealidad se ia mejo deci du an e milenios-
el p oblema del o igen del mal ha p eocupado hondamen e a odos los
homb es. Sace do es, ilóso os y sesudos cien í icos se han plan eado
desde di e en es pun os de is a las aíces de es e p oblema. Po
supues o ambién los indi iduos más modes os han padecido las
consecuencias de las de iciencias a las que es á some ida la na u aleza
humana
y
han p ocu ado explica se las aíces de sus a a a es
ad e sos. La isión mágica del mundo, como ya supond á el lec o ,
les acili ó mucho las cosas. Al igual que ocu e con o as ac i udes, la
e en la magia puede con e i se en un a ma de dos ilos.
A
eces, sus
conclusiones aca ea on la desg acia y el su imien o, no sólo pa a
aquellos que c eye on se obje o de los supues os pode es, siendo
incomp ensible pa a la mayo pa e de los habi an es de es e
enigmá ico mundo. La muje , según e emos a con inuación, ue con
mucha ecuencia la supues a deposi a ia de acul ades ex ao dina ias
elacionadas con la magia y la capacidad pa a hace mal. Su posición a
es e espec o e olucionó len anien e desde una pos u a casi
p i ilegiada en la época g eco-la ina, pa a desliza se poco a poco po
el sende o de la demonización, especialmen e después del iun o y la
len a pene ación del c is ianismo.
A
pa i de es e momen o, el
p i ilegio emenino de es ablece con ac o con las ue zas supe io es o
de la p opia na u aleza adqui i án oscu as dimensiones que lle a on a
muchas muje es -y ambién homb es- has a la o u a
y
la mue e.
Las muje es, sin emba go
-
y
a deci e dad- u iliza on la
c edulidad de su en o no en sus supues os pode es pa a es ablece una
mu alla de ensi a, una es a egia simila a la del ino ensi o calama
que desp ende su in a cuando se sien e a acado. El p ecio,
desg aciadamen e, ue con ecuencia demasiado ele ado,
especialmen e cuando la isión más di e si icada del mundo del
pe íodo g eco-la ino empezó a dilui se en la nue a in e p e ación del
uni e so in oducida po el c is ianismo. En e ec o, la adición g eco-
la ina nos ha apo ado igu as emeninas de eno me a ac i o y ue za
que nos pe mi en comp ende a la pe ección el ol a ibuido a la
muje espec o al p oblema de la magia. El iaje de Ulises en su
eg eso a I aca es á jalonado po el encuen o del hé oe con pe sonajes
emeninos do ados de an a ue za poé ica que a a és de ellas esul a
posible pe ila desde aho a los dis in os papeles a ibuidos a la muje
en su ace a de seduc o a y hechice a, ca ac e ís ica an emida como
anhelada po el a ón que llega a en en a se con ellas. Sin luga a
dudas, el pe sonaje mágico po excelencia de la odiesa es la diosa-
maga que cap u a a los amigos
y
compañe os de Ulises
y
los
an o ma con sus pode es. Ci ce es el p o o ipo po excelencia de la
muje do ada de pode es ex ao dina ios, cuyo alan e
y
compo amien o a a deja as de sí una la ga he encia li e a ia. Desde
mi pun o de is a, no esul a posible epasa las páginas de la Odisea
en omo
a
Ci ce sin e oca las igu as emeninas que en épocas muy
alejadas ya de es a e apa cul u al pa ecen habe quedado imp egnadas
po su ac i ud hacia los homb es y el en o no. Ci ce, en ealidad, es
una hada maligna que no sien e simpa ía po los homb es. Cuando los
compañe os de Ulises desemba can en la isla, su p ime a eacción es
ans o ma les en animales: ce dos, caballos y oda clase de bes ias
ocupan sus cuad as g acias a es e p ocedimien o. Es e es, po
consiguien e, el p ime iesgo que co e un homb e -en la epopeya
no se habla pa a nada de las muje es a es e espec o-
al
en en a se
con una muje ené gica y con pe sonalidad p opia. Sus ins in os más
p o undos a lo an a la supe icie
y
ponen al descubie o su e dade a
pe sonalidad.según algunos au o es, es e es, en ealidad, el
signi icado de la me amo osis que deja a Ulises sin aliados y
abandonado a me ced de la maga. Ci ce, sin emba go, puede se
encida con la as ucia y la ue za. He mes en ega a Ulises una hie ba
especial, «moly», que le pe mi e en e is a se con ella y supe a la
p ueba del banque e en enenado que es a muje supe io le ha
p epa ado. Cuando Ulises no se deja ado mece po las a es de la
hechice a, la mal a a
y
la amenaza, la a i a con que ella con i ió a
sus compañe os en bes ias queda inú il, y es la p opia maga quien
pasa a se conquis ada. Ci ce se inde amo osamen e a Ulises
y
con ice con él un año. En el ondo, según emos, Ulises es de o ado
ambién po los encan os de es a muje que le dis ae demasiado
LA
MUTER
COMO
FUENTE
DEL
MAL..
.
43
iempo de su obje i o p incipall. Ci ce iun a, desde mi pun o de
is a, po pa ida doble. P ime o como pode osa hechice a que
humilla
y
obliga a pe de la consciencia. En segundo luga , como
muje que seduce
y
dis ae de su camino a los hé oes.
Pe o el iaje de Ulises es ico en igu as emeninas según he
señalado an es,
y
o os p o o ipos del mismo sexo en e iene ambién
al iaje o
y
dejan en él la huella de los iesgos que pueden acecha a
un a ón en su camino. Calipso, la diosa-seduc o a, le de iene an es
que Ci ce simplemen e con su a ac i o más allá de lo co idiano. Su
a acción po él es an ue e que incluso aspi a a con e i le en su
esposo
y
es Zeus quien debe o dena le que le deje ol e a su país.
Nausica, sin emba go, sólo cuen a con la escu a de una belleza
ju enil
y
su alan e sumiso pa a en e ene le ambién du an e bas an e
iempo a su lado2. La gale ía de muje es a las que debe p ocu a e i a
Los agmen os que co esponden exp esamen e
al
pe sonaje de Ci ce no son
muy ex ensos, pe o su encuen o con Ulises ca ac e iza muy cla amen e el comba e
que se lib a en e los dos y con iene eco da lo: «ya pisaba el umb al de la diosa de
he mosos cabellos; (Ulises) me de u e y g i é desde allí y, al sen i mi llamada,
as ab i las espléndidas pue as salió e in i óme a que en a a: seguía angus iado
en mi alma, y ya den o me sen ó en un sillón achonado con cla os de pla a, bien
lab ado y he moso; a mis pies colocó un escaíiuelo y mezcló en una copa de o o
un
b ebaje ag egando enenoso lico : medi aba en su ánimo el c imen. Me lo dio y
lo apu é, pe o el il o no pudo hechiza me: me pegó con la a a y
a
un iempo me
habló de es e modo: 'anda allá a las zahu das y iénde e igual que los o os'. Tal me
dijo, mas yo, del cos ado sacando el cuchillo pun iagudo a la diosa asal é cual
que iendo ma a la; lo esqui ó po debajo chillando, ab azó mis odillas y me habló
suplican e en aladas palab as: '¿Quién e es? ¿De qué gen e y país? ¿Dónde son u
ciudad y us pad es y po qué ma a illa bebiendo el b abaje no uis e hechizado?
Jamás un a ón esis ióse a es a d oga una ez que bebida pasaba el alla de los
dien es; mas sin duda en u en aña se encie a una men e indomable.
¿O
po caso
e es ú aquel Ulises mañe o que siemp e me augu ó el A gi on e, el de a a de o o
que hab ía de llega en su neg o, lige o bajel al e o no desde Ilión? Vamos, pues,
con la espada en la aina y aho a sin a danza a mi lecho subamos los dos po que
unidos en descanso y amo con iemos el uno en el o o". Home o,
Odisea.
In oducción de Manuel Fe nández Galiano. T aducción de José Manuel Pabón.
Mad id, G edos 1986 (págs. 254-255, can o
X,
310-335).
La
Odisea
esuel e con la misma na u alidad y es ilo g á ico el ínculo en e
Nausica y Ulises: «Cuando a A e a escuchó el g an Ulises, de he oica paciencia,
ajus ando la apa ce óla con una mañosa a adu a que un iempo de Ci ce ap endió,
la de a dides sobe anos. En es o llamábalo el ama que uese y omase su baño,
mi ó con ag ado en su alma aquel baño humean e, pues no ecibía
al
cuidado desde
el día que dejó la mansión de la diosa Calipso, la de he mosos cabellos: allí
p odigóselo ella como a un Dios. T as el baño las si ien as lo ungie on de acei e
un homb e decidido a no apa a se de su des ino ya es á, po an o,
diseñada, y en adelan e la li e a u a sólo debe ecu i a ellas en
unción de las ci cuns ancias na a i as, po supues o, pe o ambién
de los pe íodos his ó icos en que la na ación se desa olle. En
ealidad, odas son pelig osas, odas son capaces de in lui demasiado
en el ánimo de un homb e y pe judica le. En adelan e, los hé oes
debe án gua da se po igual de la muje que le con ola a a és de la
magia, de los pode es ocul os, y de los que son capaces de eje ce
sob e ellos una a acción excesi a.
La a acción ísica, al y como lo su e Ulises, es á siemp e
en uel o en una a mós e a ue a de lo común que lo con ie e en un
condicionan e especial. Calipso y Nausica oda ía no son
sospechosas de habe u ilizado pa a domina le pod es especiales, pe o
los mo alis as -y con ellos la li e a u a- no e án siemp e con la
misma bene olencia es e ipo de elaciones. Como es lógico, los
p opios p o agonis as de es as his o ias ampoco. En las páginas
sucesi as e emos ans o ma se len amen e los p o o ipos li e a ios
de la Odisea en hadas mis e iosas, muje es con conocimien os que les
pe mi en e ene a un homb e más allá de oda lógica, apa iciones
mal adas que sólo buscan el pe juicio de sus enemigos, y b ujas
espan osas capaces de c ímenes abominables.
El pe ído g eco-la ino ambién nos ha legado una impo an e igu a
que con iene analiza b e emen e an es de eco da la in luencia de
o as cul u as en el p oblema que nos ocupa. Me e ie o, como ya
hab á adi inado el lec o , a la supues a sob ina de la p opia Ci ce, la
igu a ágica de Medea. Hija de una oceanida y nie a del Sol, Medea
no es, sin emba go, una diosa-maga, como la seduc o a de Ulises.
Medea es una muje expe a en il os, p ocedimien os mágicos y
sace do isa de la p opia Héca e, deidad p o ec o a de las p opias
hechice as.
A
pesa de sus conocimien os y pode es, Jasón seduce a Medea,
simplemen e con su p esencia ísica, la i ilidad que desp ende, y su
a ojo3. El homb e, al pa ece , no es á necesi ado de il os. Con la
y
cine on la única en o no, el espléndido man o,
y
salió pa a uni se a los
homb es que es aban bebiendo en la mesa, Nausica, la he mosa po don de los
dioses apos ada en la pue a del ico salón admi aba con los ojos bien ijos a Ulises
y
al
cabo, dejando que escapase su oz, di igióle palab as aladas: ' e ex anje o, con
bien; cuando es és en los campos pa e nos no
e
ol ides de mi, pues p ime o que a
nadie me debes u esca e1».
Odisea,
ed.
ci . pág. 221 can o
VIII,
446-462.
El ca ác e casi i esis ible de la a acción que Jasón inspi a a Medea es
ambién pa en e: «luego
poco
después, él se le apa eció cuando ya le espe aba
ansiosa. Se ap esu aba hacia la al u a. Como Si io desde el Océano, he moso
y
LA
MUJER
COMO
FUENTE
DEL
MAL..
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espe anza de pode desposa se con el amado, Medea aiciona a su
país y se en ega a la desespe ación
y
el c imen más pa a compensa
su hono aicionado que po a án de enganza. La igu a de Medea
posee una ue za poé ica de la que ca ece Ci ce. Es la muje de ca ne y
hueso, enamo ada y en egada a pesa de la supe io idad de sus
ue zas in elec uales y conocimien os. La sace do isa de Héca e
ep esen a a la pe ección oda la g andeza y la mise ia de la muje
en egada a las a es mágicas an o en el aspec o li e a io como en la
ida co idiana que e emos des ila en los p ocesos. Medea con ola
las ue zas de la na u aleza, pe o no posee ningún dominio sob e sus
p opias pasiones.
El mundo clásico, según acabamos de e , nos p opo ciona una
gale ía de e a os emeninos an ica y a iada que casi nada al a ya
pa a pode comp ende los pe iles emeninos de ca ne
y
hueso que
pudie on es a en su o igen, y a los que e emos pe du a has a los
siglos XVI, XVII y XVIII. Nos al a añadi les, sin emba go, una
inquie an e igu a que p ocede de mis lejos, de una cul u a an e io
y
mucho menos p óxima al mundo occiden al que los p o o ipos
emeninos que acabamos de e isa . Me e ie o, como es lógico, a las
posibles apo aciones que la adicibn judía ha pe mi ido pene a en
Occiden e desde echas ambién muy emp anas. Las igu as
emeninas de la li e a u a judía no iene demasiados pun os en común
con las he oínas de la adición del mundo clásico. La muje encuen a
en la Biblia un a amien o que la sepa a ne amen e de las
pe sonalidades di e enciadas
y
ela i amen e independien es de las
igu as g eco-la inas. Po lo gene al, son éminas de o as del hoga ,
en egadas a los alo es del esposo, some idas a la olun ad de sus
amilias. Sólo cuando se a a de he oínas ajenas de alguna mane a, a
la adición cul u al judía eapa ece la igu a de empe amen o
di e enciado cuya in luencia se eme y se elaciona con la magia. La
muy b illan e a la is a su ge y aca ea una densa calamidad sob e el ebaño. Así
an e ella llegó con he moso aspec o el Esónida, y al apa ece p o ocó una pena de
unes os deseos.. .
»El Esónida se dio cuen a de que ella había caído en una u bación de causa
di ina, y empezó a habla halagándola..
.
»Así habló elogiándola. Ella que le lanzaba de soslayo su mi ada, son eía
dulcísimamen e. En su in e io se le de e ía el co azón al sen i se adulada po el
elogio, y le mi ó de en e a los ojos.
Y
no sabía qué palab as deci le an es, pues a
un
iempo ansiaba deci le odas jun as. De p on o, en un ap o de gene osidad, sacó
del pe umado ceñido el il o. Enseguida, Jasón lo ecogió en sus manos gozoso».
Apolonio de Rodas,
El iaje de los A gonau as.
Edición p epa ada po Ca los
Ga cía Gual. Mad id, Edi o a Nacional,
1975
(can o e ce o, pág.
162
y
164).

eina de Saba y Dalila son el mejo ejemplo a es e espec o. La eina
de Saba ep esen a en e la gale ía de pe sonajes emeninos de la
adición judía el equi alen e de la pode osa Ci ce. No sólo es una
muje in luyen e y sabia, que adop a inicia i as, an o humanas como
polí icas. Saba es ambién una igu a ambigua desde el pun o de is a
de su p opia na u aleza.
A
medio camino, en cie o modo, en e lo
simplemen e humano y el mundo sob ena u al4. El p opio Salomón se
sien e imp esionado po su pe sonalidad y cuando la ecibe oma las
p ecauciones adecuadas pa a asegu a se de que no co e el iesgo de
cae bajo los pode es de una hemb a que pueda sob epasa le
y
suje a le a a és de pode es que no es án en manos de se es
e dade amen e mo ales. Sólo cuando comp ueba que se a a de una
muje de las mismas ca ac e ís icas que las demás pe mi e que el
encuen o adquie a ca ac e ís icas ín imas. La pe sonalidad de Saba
iene, sin emba go, un a oma de mis e io que no se disipa nunca del
odo.
Dalila, po el con a io, es comple amen e ca nal. Pe sonaje
elogiado en la adición con a ia5, ha llegado has a noso os odeado
de las conno aciones peyo a i as que le p opo ciona la e sión de sus
íc imas. Dalila, a pesa de odo, es una he oína capaz de seduci a un
a ón, empeñado en g andes emp esas, engaña le y apa a le de sus
obje i os g acias a su «magia» pu amen e emenina. El a ac i o de
Dalila, al ma gen de sus ca ac e ís icas de «muje a al», es á, sin
emba go, más ce ca de Nausica que de las muje es con pode es
ex ao dina ios a las que debe e i a casi cons an emen e Ulises.
La li e a u a judía posee, sin emba go, una igu a de muje
inquie an e y de eno mes epe cusiones. Lili h, la segunda muje de
Adán, es según unos,
un
demonio emenino seduc o y engañoso.
Según o as e isones, Lili h, en ealidad, es la igu a del pan eón
sume io Lili u6, un espí i u noc u no cuya e imología e oca el
ambien e en que gus a mo e se, «she o he nig h». En ealidad, se
a a de una especie de an asma, que dis u a chupando la sang e de
sus íc imas. Como es lógico, el buho e a el animal que le es aba
Sob e las elaciones de
la
eina de Saba
y
Salomón puede e se el esumen de
L. Ginzbe g,
The legends o he jews
(1925)
T ansla ed om he ge man
nanusc ip by Hen ie a Szuld.
Philadelphia. The Jewish publica ion Soc. o
Ame ica. 1968.
7
ols.
Dalila es, lógicamen e, una he oína pa a los ilis eos, pe o no cuando su
igu a pasa a se ecogida po la adición judía. Según la adición con a ia, el
mons uo de ue za sob ena u al es, lógicamen e, el indes uc ible Sansón. Ci . po
E.
F enzel, op. ci .
Man ed Lu ke ,
Dic iona y o Gods and Goddesses, de ils and Demons.
London
&
New Yo k, Rou ledge
&
Kegan Paul 1984.
LA
MUJER
COMO
FUENTE
DEL
MAL..
.
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consag ado. La adición almúdica, sin emba go, conside a a Lili h,
undamen almen e, como una muje capaz de seduci y engaña a los
homb es, lo que la con ie e en el pe sonaje emenino más pelig oso
de cuan os acabamos de desc ibi . Pa a algunos au o es, la p opia
eina de Saba es á elacionada con
Lili h.
Según acabamos de e , la adición cul u al de Occiden e nos
p opo ciona du an e la an igüedad las cla es undamen ales pa a
comp ende algunos aspec os esenciales del emo que podía inspi a ,
en ocasiones, la pe sonalidad emenina. El a ón eme, al pa ece ,
opeza se con alguna de las igu as cuyos p o o ipos más
signi ica i os acabamos de e isa .
La
muje -mad e no se encuen a
en e ellos, como ya hab á obse ado el lec o . Na u almen e, no se
a a de ninguna casualidad. Ci ce, Medea, Saba, Lili h son muje es
capaces de e ene a un homb e, e igaña le, seduci le. Sus pode es
son an ue es que es án más allá de los conocimien os ulga esa. La
magia es su sec e o y su ue za. Nausica, Dalila, dos igu as
apa en emen e muy di e en es en e
sí,
y
comple amen e al ma gen de
las an e io es, poseen, sin emba go, muchos asgos en común con
ellas. De la misma o ma que las hechice as, son capaces de dis ae a
un homb e de sus obje i os, e ene le y pone le en pelig o, en es e
caso simplemen e con su a ac i o ca nal. La ue za de nues as
p o agonis as eside, po an o, en
un
elemen o sumamen e simple y
mis e ioso a la ez: la a acción ísica. La ene gía sexual que pa ecen
posee algunas muje es de o ma especial y al ma gen de la
ma e nidad. Es a capacidad, emida desde la An igüedad, i á
adqui iendo con el de eni cul u al una conno ación cada ez más
peyo a i a, y de epe cusiones más pelig osas. Cuando el
c is ianismo se con ie a en la eligión p edominan e en occiden e,
es as an iguas igu as, inculadas muchas eces a deidades c ónicas,
emidas pe o espe adas, en a án en
un
p oceso de demonización y
je a quización con impo an es consecuencias pa a la muje es de ca ne
y hueso que podían queda iden i icadas de una mane a u o a con las
he oínas li e a ias que e ocaban las adiciones de una isión del
mundo en el que sólo una muje i gen
y
mad e es conside ada con
espe o, y ocupa un luga de p es igio7.
La igu a de la muje hechice a pa ece su i
un
eclipse du an e una
la ga e apa de la Edad Media. Si excep uamos al hada mal ada que
seduce y encan a al p opio Me lín, --Vi iana o Niniane- en algunas
La isión nega i a ace ca de la na u aleza emenina de los p ime os
pensado es del c is ianismo, undamen almen e a causa de su elación con la
pelig osa sexualidad, es un ema demasiado ex enso como pa a en a aho a en él,
pe o bas a con una some a lec u a de la palns ica pa a pode comp oba lo.
e siones de la his o ia, las muje es pa ecen habe quedado elegadas
a un luga mucho más co idiano y con olable que en el uni e so
g eco-la ino, a pesa de que la li e a u a y la adición no igno an que
exis en pelig osos il os capaces de enajena las olun ades, como el
que encan a a T is an e Isolda, o ascinaciones ex añas simila es a las
que causa on la agedia de Lancelo y Gineb a. La magia no ha
despa ecido o almen e, pe o queda exp esada desde
un
pun o de is a
de o ma di e en e. Las muje es a quienes se acusa de p o oca daños
a a Cs de pode es malé icos ya no son pe iles di inidos y
a que ípicos, sino se es anónimos y co idianos muy a menudo
a ec ados po la «en e medad» de la ejez*. El enómeno aho a es
in e so y lo deja emos, po an o, pa a mejo ocasión.
La
somb a de
Lili h ha ex endido sus alas sob e es a nue a e apa de la pe sonalidad
emenina y la si uación psicológica espec o a ellas es á elacionada
con la in e ilidad. Es el emo de ambos sexos a la decadencia ísica
y
la p oximidad de la Mue e, cuya ep esen ación iconog á ica es a
menudo emenina. La muje , según pa ece, con iene en su cue po un
po encial de ene gía nega i a de doble sen ido y di e en e ayec o ia,
cuya on e a es á ma cada po la llegada de la menopausia. La muje
puede lle a en onces den o de sí un se que necesi a alimen a se de
sang e humana pa a ecupe a las ue zas pe didas*. La ascinación se
con ie e en epulsión, y la adición o al y la ealidad his ó ica nos
han llegado abundan es es imonios de ambos aspec os.
*
Ace ca de la elación en e la ejez emenina y el emo que inspi an, que
liega a elaciona se con mucha ecuencia an o con pode es diabólicos como con la
b uje ía, me ocupé hace iempo en «La muje en el An iguo Régimen: ipos
his ó icos y a que ipos li e a ios» (compilado con o os abajos en
La muje
y
la
sexualidad.
La
pe spec i a inquisi o ial.
Mad id,
Akal
1990).
*
Es e iden e que la igu a de Lili h y sus suceso as, las muje es que chupan
la
sang e y ealizan iajes noc u nos, al y como se las desc ibe en el Canum
Espiscopi es án en la base del mi o decimonónico de D ácula. Du an e los siglos
XVI y XVII exis en ambién di e sos es imonios de demonios de o ma oscu a
que se apa ecen a las muje es y no sólo las ampi izan sino que man ienen con
ellas elaciones sexuales -puede e se a es e espec o mi a iculo «Usos y
cos umb es e ó icas en el An iguo Régimen», ecogido ambién en
La muje
y
la
sexualidad..
.
La masculinización del mi o pa ece gua da una es echa elación con la
ep esión sexual de es as muje es. S oke . po an o, ecogió y c is alizó
li e a iamen e una la ga adición cuyo con enido es muy e iden e: el echazo po
pa e de la isión c is iana del mundo a las elaciones sexuales no di igidas a la
p oc eación, que quedan iden i icadas con ínculos diabólicos. Un mi o, po an o,
« ic o iano» ya desde los siglos XVI y XVII que indica de nue o las eno mes
posibilidades de los seguido es de F eud a la ho a de analiza el con ex o
psicológico de
la
época que nos ocupa.
LA
MUJER
COMO
FüENTE
DEL
MAL..
.
49
El emo a la ene gia sexual emenina, sin emba go, esul a mucho
más e iden e y apa en e que la ace a epulsi a. Du an e la Edad
Media, los iempos han cambiado y los homb es se en en an aho a al
p oblema de o ma más adical. La his o ia de la «bella I ene» o la
judía Raquel nos p opo cionan du an e es a e apa cul u al el a que ipo
del emo masculino an e el enigma de la a acción ísica. La bella
I ene o Raquel son somb as desdibujadas desde el pun o de is a
humano, pe o log an un ue e impac o psicológico a a és de sus
ágicos des inos.
La bella I ene8 es simplemen e una cau i a c is iana en egada al
sul án u co después
de
la caída de Cons an inopla. Su belleza y pode
de seducción en e iene al líde gue e o y le e ienen
al
ma gen de la
con ienda du an e el iempo su icien e pa a p o oca la inquie ud de
sus compañe os de a mas. Pa a demos a a odos que su debe es á
po encima de sus pasiones, el sul án mues a a la muchacha desnuda
a los soldados y después de habe deimos ado de o ma i e u able la
capacidad de pe suasión de I ene, decapi a a su escla a delan e de
odos pa a p oba que su debe es á po encima de cualquie necesidad
humana.
La ayec o ia de la judía Raque19 es muy simila . Como I ene
,
es
ambién la p o agonis a muda de un episodio gue e o. Aman e del ey
de Cas illa Al onso
VI11
(1158-1214) los nobles empiezan a
conside a la esponsable de la dis acción del líde de la con ienda
con a la España musulmana. La « azón de es ado* debe an epone se,
po consiguien e, a las debilidades de los homb es, y Raquel mue e
asesinada po los pa ida ios
de
obliga
al
ey a con inua la gue a.
En ambos casos es amos, po an o, an e igu as emeninas cuya
única culpa eside en habe dis aído a los p o agonis as masculinos
del d ama de sus debe es p o esionales. Son las «seduc o as
inocen es», muje es que sólo han come ido el deli o de posee un
a ac i o ísico supe io al de la mayo pa e de sus compañe as de
sexo. Su magia es pu amen e ca nal, pe o siguen ep esen ando el mal
du an e una e apa en que los alo es bélicos es án po encima de
cualquie o a conside ación.
EX
lecho del gue e o no debe
La
his o ia de la bella I ene apa ece en la colección de cuen os de Bandello
(1554)
Maome o Impe a o de Tu chi c udelmen e ammazza una sua donna (ci ado
po Elisabe h F enzel,
Dicciona io de a gumen os de la Li e a u a Uni e sal.
Mad id, G edos
1976).
9
Los amo es del ey cas ellano -de los que habla é de o ma po meno izada a
con inuación-
se
mencionan po p ime a ez en la «C ónica Gene al». Según es a
e sión, el ey con i ió du an e sie e a los con su aman e, abandonando a su
esposa y a su eino, has a que los nobles decidie on asesina a la supues a
esponsable.
cas ellanos. La ca ne y el espí i u, de acue do con las de iniciones
eligiosas, ue on en ando len amen e en colisión, al y como a a é
de demos a a con inuación, has a desemboca en nue as e siones
de las muje es «malé icas» que pobla on la imaginación de nues os
an epasados g eco-la inos. Es as nue as e siones de la pe idia
mágica en la muje co esponden, en ealidad, a pe iles pa alelos a
los de Ci ce o Medea, pe o el opaje malé ico con que se las e is e
depende en cada momen o de causas que es p eciso ma iza a a és
de la e olución socio-polí ica del pe íodo.
Según esul a p e isible, las elaciones en e los eyes y sus
aman es u ie on las consecuencias lógicas po lo que a la
descendencia se e ie e, y el papel de es as muje es a a se
in e p e ado de muy di e en es mane as según ayan e olucionando
las cos umb es y las ci cuns ancias socio-polí icas a es e espec o.
El pad e Flo ez da cuen a pun ual en su lib o sob e las einas de
Cas illals de las aman es de los mona cas, inclusión que jus i ica
p ecisamen e en unción de pode explica con la debida cla idad los
á boles genealógicos a que die on luga los descendien es legí imos e
ilegí imos de los eyes: «No es pu a cu iosidad la no icia his ó ica de
nues as Reynas. La Ch onologia de oda casa Real no se puede
a e igua po o os medios..
.
»
Es necesa ia, asegu a, «po que
pe mi e conoce el iempo de los casamien os de los eyes, los
nomb es de los eyes, los años de los eynados,la sucesión que
u ie on, el iempo del nacimien o de los hijos, los casamien os
y
mue e de los in an es, y aún la sucesión que los eyes u ie on ue a
del ma imonio, po se muchas las amilias ilus es que p o ienen de
la pe sona eal, sin ene descendencia de las Reynasd6.
La cues ión de la descendencia, legí ima o no, es el pun o
undamen al que p e ende des aca , y en es e aspec o quedan
igualadas las einas o iciales y las que sólo lo ue on con ca ác e más
o menos o iciosos. Su papel en an o que p oc eado as casi las
equipa a, pues o que es la unción undamen al que incumbe a
cualquie muje , an o si se ha casado con un mona ca como si no.
Flo ez mismo lo econoce en su lib o: «de aquí nace que se deban
p opone en es a ob a las «amigas» que u ie on algunos eyes..
.
(po que) no hay en e o conocimien o de la casa Real sin descub i
l5
Hennque Fio ez,
Memoe ias de las eynas ca holicas. His o ia Genealógica
de la Casa Real de Cas illa y de Lebn, odos los in an es, ages de las Reynas en
es ampas
y
nue o aspec o de la His o ia de Espaiia.
Mad id,
MDCCLX,
2
ols
(Mad id, Biblio eca Nacional).
l6
Op.
ci . «Razón de la ob an.

57
l
LA
MUJER
COMO
DEL
MAL..
.
odos los hijos de los Reyes y al ez han usu pado es os la
1
Co ona~17.
En consecuencia, cabe supone que an espe able his o iado sólo
se ocupó de aquellas muje es que ue on capaces de deja huella a es e
espec o, y que la lis a se inc emen a ía conside ablemen e si se
u ie a alguna memo ia de o o ipo de encuen os sen imen ales. Aun
así, Flo ez menciona «amigas eales» en el caso de Be mudo
11
(985-
999), Rami o
11
(931-951), Al onso
VI
(1040-1109), Al onso
VI1
(1 105-1 157), Al onso
VI11
(1 155-1214), Al onso
IX
(1 171-1230) y
Al onso X. Es deci , p ác icamen e en odos los caso de la sucesión
de la co ona de Cas illals.
Al onso X, que einó en e 1252 y 1284, u o ambién iempo,
en e sus muchas ocupaciones de es ado y cul u ales, pa a lle a a
cabo una in ensa ida amo osa. Flo es explica que, po lo menos, dos
muje es -doña Danalda
y
doña Ma ía Guillén- ayuda on al ey con
su compañía a sopo a la du a a ea de gobe na Cas illa.
Las elaciones del ey sabio no plan ea on ningún p oblema, ni en
el o den social ni en el polí ico, y pasan casi desape cibidas en la
mayo pa e de sus biog a ías. La ac i ud social espec o a es e ipo de
ínculos pe mi ía oda ía si uaciones muy lexibles, en pa e
segu amen e g acias a las leyes p omulgadas po el au o de alguna
que o a can iga de amo , que, po o a pa e, no ca eció de
inspi ación di ec a en es os emas.
Las elaciones de los eyes con sus concubinas no ue on causa de
escándalo du an e es e pe íodo, de acue do con odos los da os
conse ados en las c ónicas, has a la Baja Edad Media. Al onso
X
l7
Ibid.
1
l8
Ro ez comienza su ela o de las einas españolas a pa i de Ingunde, esposa
de San He menigildo (c.
579)
y
da
cuen a de las siguien es «amigas» eales: Jus a
y
Sol, he manas
y
a su ez amigas de Beimudo 11; A igossa u O iga, amiga de
Rami o 11; «Sol»
y
Velasqui a, en e o as, amigas de Be mudo 111; Gimena Núñez
y
la mo a Zaida, amigas de Al onso VI, quien además se casó cinco eces. La
elación en e Al onso
y
Zaida, que
se
enamo ó de él
y
se con i ió pa a consegui
se su esposa, iene un ca ác e peculia
y
no e mina de queda cla o si se la debe
conside a como esposa legí ima - al ez con ca ác e «mo ganá ico»- o
concubina; Gon oda, D. Sancha Femándex de Cas o, concubinas de Al onso VII;
Aldonza Ma ínez de Sil a, Inés Iñíguez de Mendoza, doña Ma ina, amigas de
Al onso IX; la judía Raquel, amiga de Al onso VIII; doña Dalanda o Aldonza, doña
Ma ía Guilíen de Guzman, en e o as, amigas de Al onso
X;
la amiga de Sancho
IV e a p ima de lejana de la p opia eina doña Ma ía
y,
según pa ece, casi la
o alidad de es as damas e an de noble cuna
y
sus amilias no
se
sen ían
dehon adas
po la elación pública que man enían con los mona cas.
econoce en las Pa idas que la Iglesia no au o iza a los homb es a
desposa más que a una única muje , pe o las con empla con
ole ancia conside ándolas como
un
mal meno l9. De hecho, los
nomb es y da os de que disponemos ace ca de las concubinas eales
demues an que pe enecían, po lo gene al, a la al a nobleza, e an
pa ien es p óximas de los p opios mona cas,
y
siemp e ue on
espe adas y acep adas, al pa ece , de buen g ado po las cónyuges
o iciales. Po lo menos, has a ines del siglo XIII. En con apa ida,
las Pa idas señalan con oda pun ualidad qué ipo de muje es pueden
se econocidas como concubinas o ba aganas, a ando de impedi
las uniones con las que han enido «o icios iles» -jugla esca,
ega e a, e c.» las p os i u as o aquellas que no son de buen linaje.
Aunque la ley no especi ica es e ex emo esul a cla o que las
di e encias é nicas cons i uían una ba e a que sólo se anqueaba con
el bau ismo, como en el caso de la concubina-esposa de Al onso
VIII,
la mo a Zaida,p incesa musulmana que se enamo ó de él, según la
adición, a causa de su epu ación,
y
con enció a su pad e pa a que
conce a a la unión.
Los ínculos ex a-ma imoniales egulados de acue do con la
cos umb e del concubina o o la ba aganía es aban, en consecuencia,
es ic amen e egulados, pe o esul aban ep ochables cuando se
anqueaba la ba e a eligiosa o social, según hemos is o en las
páginas an e io es en la e sión li e a ia de las elaciones en e
Al onso
VIII
(1 1
15-
1214)
y la judía Raquel:
Mas como amo es
an
ciego
al
Rey había engañado
Pagose de una judía;
D'ella es aba enamo ado
Fe mosa habia po nomb e
Cuád ale el nomb e llamado
Ol idó el Rey a
la
Reina,
l9
Al onso
X
no habla explíci amen e de las concubinas, sino «de las o a
muge es que ienen los omes que non sen de bendiciones», e i iéndose a las
ba aganas, ace ca de las cuales señala: «Ba aganas de iende san a iglesia que non
enga ningún ch is iano po que biuen con ellas en pecado mo al. Pe o los sabios
an iguos que izie on las leyes consin ie on que algunos las pudiessen aue sin
pena empo al, po que ouie on que e a menos mal de aue na que muchas».
Las
sie e
Pa idas,
glosadas po el Ldo. G ego io López.
Salamanca
1555
(ed. acsímil
del B.O.E. s.a.) Cua a Pa ida, í ,
XIV
in oducción. El ey señala a
con inuación, sin emba go, que las ba agans no deben se sie as, ni de il linaje
o il luga , ni «mala de su cue po». Tampoco puede se i gen ni meno de doce
aííos.
LA
MUJER
COMO
FUENTE
DEL
MAL..
.
Con aquella
se
ha
ence ado
Sie e aiios es aban jun os
Que no se habían apa ado
Y
an o la amaba el Rey
Que su eino había ol idado
De si mismo no
se
acue da
Los suyos han aco dado
De
pone
ecabdo
en ello
En echo an eo
y
malo
Acue dan
de
ma a
Po e su seAo cob ado
Po que lo ienen pe dido
Y
les se á bien con ado20..
.
. . .
Los eyes de la co ona de A agón no u ie on ac i udes más
aco des con la monogamia p opugnada po la Iglesia. Aunque las
c ónicas dedican menos a ención que en el caso del eino de Cas illa a
es as cues iones, es e iden e que los p oblemas suceso ios ela-
cionados con los «de aneos» eales causa on ambién p eocu-
paciones a las conso es eales. Ribe es especialmen e no elescos,
que si en pa a ilus a es e aspec o, apa ecen en el omance que ela a
la concepción del hijo de Ped o
11
de A agón (1 1 17- 12 13), Jaime 1:
Angus iada es a la Reina
Y
no sin mucha azón
Po que su ma ido el Rey
Don Ped o, ey de A agón,
No hacia caso de ella
Más que si ue a a ón,
Ni le pagaba la deuda
Que enia obligación
An es
con muchas muje es
E a su delec ayción
Lo que más
la
a igaba
Y
le daba más pasión
No e a po el delei e
De
la
al
con e sación
Romance o Gene al o Colección de lPomances cas ellanos an e io es al siglo
XVIII.
Recogidos y ano ados po
A.
DURAN.
Mad id, Biblio eca de Au o es
Españoles,
1945
( omo
11
n.
928,
pág.
11).
--
-
-
Sino que de su ma ido
No enía gene ación21.
P eocupada po el echazo que le impide con e i se en mad e del
u u o ey -el p opio omance se enca ga de sub aya que la dama no
busca «el delei e» ni la con e sación, sino cumpli con su obligación
de con ibui a la sucesión del ono- doña Ma ía de Mon pellie
acude a una a gucia. Al sabe que el ey es aba encap ichado e
in en aba consegui a una de e minada dama, se pone de acue do con
uno de sus pajes y le con ence pa a que sea quien sus i uya a la muje
que el ey desea posee . El si ien e se p es a a la ampa, y explica al
ey que la dama pone como condición pa a pasa la noche con él que
no le ea el os o ni haya ninguna luz en el cua o.
La
Reina ino a la noche
Y
u o ec eación
Con el Rey a su place
Con g an disimulación
El Rey cuando io qu'el dia
Venia sin de ención
Dijo -SeAo a, le an a,
Ve e en paz, pues hay sazón-
La
Reina en onces le dijo
No soy
la
que pensais, no
Na u almen e,
al
llega el día, doña Ma ía se e obligada a pone de
elie e an e don Ped o que es ella misma quien ha compa ido su
lecho, pues o que, de o o modo, se comp ome e ía a sí misma y a su
posible descendencia si no pudie a demos a , sin ningún géne o de
dudas de quién e a el hijo que había podido concebi du an e aquel
encuen o. A pesa de que la eina no log ó e ene sexualmen e al ey
después de es a expe iencia, Jaime
1
nació, según se supone, como
consecuencia de ella en 1208. El p opio Jaime
1
(1208-1276),
con empo áneo casi de Al onso
X,
man u o ambién una ida
amo osa casi an in ensa como el ey cas ellano. Después de casa se
es eces con muje es de su p opio ango -Leono de Cas illa,
Violan e de Hung ía
y
Te esa Gil- u o a ios hijos con sus
sucesi as aman es y mu ió en b azos de o a cas ellana, Be enguela
Al onso, sob ina de Fe nando
111.
En el caso de Jaime
1
los
-
--
21
Ibid. omo 11, n.
1124,
pág.
207.
LA
MUJER
COMO
FUENTE
DEL
MAL..
.
61
p oblemas que podían aca ea las elaciones eales espec o a la
sucesión
al
ono se plan ean ya cla amen e. La posibilidad de di idi
la he encia en e el á ea insula y la peninsula lib ó, p obablemen e al
eino de A agón de las sang ien as consecuencias de las que
habla emos a con inuación en Cas illa22.
La aman es eales, de hecho, no son una simple anécdo a.
Cons i uyen la pun a isible del icebe g de la men alidad que p olonga
du an e g an pa e de la Edad Media la ins i ución del concubina o,
admi ida
y
egulada du an e el impe io Romano, y no sup imida po
los empe ado es c is ianos, que au oi izaba a los homb es casados
y
a
los sol e os a man ene a su lado a una esposa que no ue a la legí ima
econocida po la ley, y a la que se acep aba, sin emba go, casi con la
misma dignidad y espe o de una segunda esposa, excep o po lo que
se e e ía a los hijos que pudie an nace de es a unión. Conside ados
como «na u ales» sólo podían he eda la sex a pa e de los bienes del
~ad e.
Los eyes medie ales de es a p ime a e apa pa ecen segui las
cos umb es de sus an epasados, a pesa de la condena que ya había
ecaído sob e es as ac i udes po pa e de esc i o es c is ianos como
San Agus ín23.
En el caso de los mona cas, sus aman es eje cían una unción
ica ia espec o a la p oc eación .-según se obse a con mucha
cla idad en el caso de casi odas las «segundas conso es>+ cuando
la esposa, po alguna azón, no
podíii
a ende sa is ac o iamen e a es e
papel undamen al pa a la sucesián al ono. En es e sen ido, en
22
El p o eso A. GARCIA GALLO es udió el p oblema de la sucesión en el
eino de A agón. A.GARCIA GALLO, «El De echo de sucesión al ono en la
Co ona de A agónn.
Anua io de His o ia del De echo español.
Mad id,
1966,
págs.
7
a
187.
Según Ga cía Gallo exis e en la Co ona de A agón y Ca aluña
un
de echo
consue udina io espec o a la sucesión al ono que en a en colisión con ecuencia
con los es amen os eales, a
pesa
de que siemp e el de echo consue idina io iende
a p e alece . En casi odos los casos, la eliminación de la sucesión de los hijos
ilegí imos es la endencia gene alizada, aunque hay casos aislados de he encia po
pa e de es os. En Cas illa, la exclusión de los «hijos nau ales» pa ece la egla.
23
Después de la expansión del c is ianismo Jus iniano seguía cali icándola de
«lici am consue udinem». San Agus ín, si 1 emba go, se p onunciaba abie amen e
en con a de ellas, y el Concilio de T en o dec e a inalmen e la pena de
excomunión con a los que con i an con o a muje que no sea la esposa
econocida como legí ima. Hay, pues, un pe íodo in e medio en el que los pad es
de
la
Iglesia se p onuncian en con a, pe o la cos umb e
se
man iene
y
es ole ada
po las au o idades ci iles. Ba aganas
y
mancebas no son, en consecuencia, más
que la nue a e sión del an iguo concubina o .J. ESCRICHE,
Dicciona io
azonado de Legislación
y
Ju isp udencia.
Pa is, Lib. Ga nie Hnos,
1868
( oces
«adul e io», «amancebados», «concubina» y «ba agana»).

e ec o, pa ece posible habla de una cla a di isión de unciones en e
la cónyuge o icial y la «amiga» -al deci de Flo ez- que dibuja
cla amen e pe iles de muje con conduc as y ac i udes di e en es: las
unciones públicas de la eina, y las muy p i adas y e ó icas de la
aman e, po o a.
La muje es legí imas co esponden a menudo a pe iles humanos
bien di e enciados24. Po lo gene al, las esposas se compo an como
hemb as ecias, capaces de maneja y decidi en los asun os de
es ado. Las cónyuges o iciales, an o en ida de sus ma idos como
du an e la mino ía de sus hijos, in e ienen ac i amen e en la polí ica:
man a ados, concie an acue dos, lle an a cabo nomb amien os,
de enes aciones de pe sonajes públicos y, con mucha ecuencia,
amplias in igas. No ol idemos a es e espec o que la «malé ica» Lady
Macbe h es un pe il emenino ípicamen e medie al.
Doña Ma ía de Molina (1265-1321), esposa de Sancho IV, es,
p obablemen e, uno de los mejo es ejemplos a es e espec o.Hija de
un he mano de Fe nando 111, casada con su p imo, el he ede o de
Al onso
X,
sin habe ob enido la co espondien e dispensa pon i icia.
Doña Ma ía, a quen Flo ez apela la g ande, da p uebas desde es a
p ime a e apa de su ida como conso e eal, de impo an es do es en
an o que diplomá ica, es o zándose po consegui la dispensa y lle a
a Cas illa al bando pa ida io de la alianza con F ancia que ella
apoyaba. Después de la mue e de Sancho IV se hace ca go de la
co ona y de la u o ía de su hijo en medio de eno mes di icul ades que
supe a con ac o y
un
amplio despliegue de diplomacia y alen o
polí ico, en e a una nobleza u bulen a
y
las ambiciones de A agón
y
Po ugal, con a quienes se e obligada a emp ende acciones bélicas
que log a salda con a ados a o ables. Flo ez no le esca ima los
elogios que su alen o me ece, aunque su análisis adolece siemp e de
un
ono que hoy denomina íamos «machis a». Doña Ma ía se
compo a como una muje ex ao dina ia, pe o Flo ez no ol ida nunca
que, al in y al cabo, es sólo una muje : « odo el o izon e mos aba
lob egueces -dice a p opósi o de su en en amien o con Po ugal-
amenazando empes ad po odas pa es: mas la Reyna, cuyo co azón
no conocía demayos, mani es ó
un
espí i u no sólo supe io a su
sexo, sino lab ada en el yunque y o icina de los Hé oes». Cuando
doña Ma ía ecibe p esiones po pa e del in an e Ped o de A agón
pa a que con aiga nue o ma imonio, a cambio del cual e i a ía sus
24
Ma ga e WADE LABARGE hacía ambién alusión
a
es e ca ac e de
«muje es bíblicas» de las einas
y
nobles medie ales eu opeas en su es udio sob e
la
galena de e a os emeninos del pe iodo.
La
muje
en
la Edad Media.
Ne ea,
1988.
LA
MUJER
COMO
FLJENTE
DEL
MAL..
.
63
opas de Cas illa, Flo ez asegu a: «Pe o la hones ísima seño a, aun
ce cada de an g a es angus ias no quiso espi a po aquel medio.
Escogió segui el más laudable egemplo de las que gua da on la e del
p ime ma imonio, p o es ando que aunque su hijo hu ie a de
consegui o as an as Co onas, no al a ía ella a su deco o..
.»25.
A
pesa de es a apa en e idelidad a la memo ia de su ma ido, doña
Ma ía ampoco se io lib e mien a Sancho
IV
i ía de la p esencia de
o as muje es al bo de mismo del i ono. Sancho
IV,
a pesa de su
co a ida, u o iempo su icien e pa a man ene elaciones con una al
doña Ma ía Al onso Uce o, pa ien e lejana de la p opia eina. La
na u alidad con la que se con emplaban es as elaciones se comp ueba
cuando Flo ez da cuen a sin ningún escándalo que la p opia doña
Mm'a ac uó como mad ina de la niña.
En un pe íodo más ce cano al que nos a ec a en es e caso, doña
Ma ía de Po ugal in e ino ac i amen e en la polí ica cas ellana a lo
la go de odo el einado de su hijo has a que se
ió
obligada a e i a se
a su país de o igen, obligada po su p opio hijo. Sus ac i udes y
ayec o ia con as an i amen e con el compo amien o de su i al
Leono de Guzmán, quien no sólo
di6
al ey ocho hijos en e al único
he ede o que ella ue capaz de concebi . Sin emba go, la concubina
eal gozó de p es igio
y
espe o mien as i ió Al onso
XI.
Pa adójicamen e, y aunque po azones dis in as ambién ue
asesinada po el único a ón conside ado como legí imo.
F en e a es e despliegue de ene gía y i meza de ca ác e
,
las
aman es eales desempeñan, po lo menos en apa iencia, el papel de la
muje -obje o, pasi a y some ida a su po en e dueño. Pe sonajes
li e a ios como el de la «bella I ene» o la judía Raque1 esul an
insepa ables de es a p ime a e apa medie al en que la concubina es
única y exclusi amen e «el eposo del gue e o» y sólo llegan a se
pelig osas cuando el seño se emboba demasiado y se apa a de sus
obligaciones o iciales.
Po lo que se e ie e a la elación e ó ica en e los eyes y sus
egias cónyuges, las c ónicas no suelen se muy explíci as, como es
lógico, a es e espec o, pe o pa ece e iden e que las ecias hemb as
que compa en legalmen e el lecho de los mona cas sólo es án
in e esadas en el aspec o suceso io, al y como se sub aya en el caso
de doña Ma ía de Mon pellie , pa a que no haya ninguna duda ace ca
de su « i ud». A pesa de que pocos his o iado es se deciden a
acep a las esis de Denis de Rougemon , las c ónicas y los p ocesos
25
H.
FLOREZ,
ob.ci . Dona Ma ía
(<La
G ande»,
.11
págs.549
a
567
(pág.
557).
inquisi o iales pa ecen eni en ayuda de las opiniones del ilóso o
suiz026.
No esul a ex año, po an o, que las p e e encias de los a ones
einan es se o ien en hacia muje es apa en emen e menos inhibidas en
el aspec o e ó ico que unas esposas más p eocupadas po las
cues iones de es ado que po o o ipo de elaciones. Las p e e encias
de los mona cas a es e espec o no pa ecen deja luga a dudas si
enemos en cuen a el núme o de hijos que u ie on con sus aman es y
con sus esposas legí imas.
Es as p e e encias, sin emba go, comienzan a plan ea p oblemas
suceso ios
y
polí icos a ines del siglo XIII. Los pad es de la Iglesia
se habían p onunciado siemp e, según imos, con a la cos umb e de
las concubinas
y
ba aganas, pe o en 12 12 el Concilio de Valladolid
condena exp esamen e a los clé igos que compa en su ida con una
muje , y a pa i de aquí comienza una co ien e que lle a inalmen e a
la p ohibición o al de es e ipo de elaciones en las co es de B i iesca
de
138727.
Es muy p obable, desde mi pun o de is a, que es a nue a
si uación es u ie a de e minada en g an pa e po los con lic os a que
daba luga la exis encia de una p ogenie que debía se medida po
dis in os ase os, al ma gen de los sen imien os pa e nos hacia ellos
y
de las ci cuns ancias que pudie an p esen a se en el caso de la
26
En o os abajos -«Magic and E o ism: Lo e magic» en
The impac o
Spanish Inquisi ion on Spain and he New Wo ld..
M.E.Pe y
&
A.
J.
C uz eds.,
Uni . o Cali omia
,
Los Angeles (en p ensa)- me he e e ido con ecuencia
a
las
esis del ilóso o suizo Denis DE ROUGEMONT en
Lámou
e I'Occiden
que no
han sido muy ap eciadas po medie alis as como
Le
GOFF, pe o cuya isión de la
apa ición del amo a a és del adul e io pa ece queda con iiada a a és de es e
i abajo, po lo menos en lo que se e ie e a las uniones legales pe o no acep adas
po
la
iglesia que es amos obse ando.
27
La p ime a p ohibición e dade amen e se ia de la ba aganía, an o pa a
clé igos como pa a laicos p ocede de las Co es de B i iesba en en 1300, momen o
a pa i del cual pa ece que se puede obse a una cla a in lexión en las cos umb es
no sólo a es e espec o sino ambién en o as muchas cues iones. Juan
1
p ohibe a
pa i
de las Co es de B ibiesca man ene a o a muje que no
sea
la acep ada po la
iglesia, «O denamos que ningún homb e casado sea osado de ene ni enga
manceba publicamen e; y qualquie que la u ie e de qualquie es ado y condición
que sea que pie da el quin o de sus bienes has a en quan ia de diez mil ma a edís
po cada egada que se la halla en».
Nue a Recopilación,
lib.8, i .19, ley
5.
A
pa i de es e momen o se obse a un cambio o al de alan e espec o a las
elaciones de los homb es sol e os o casados con o as muje es a excepción hecha
de aquella con la que es én en disposición de con ae ma imonio delan e de la
iglesia.
LA
MUJER
COMO
FUENTE
DEL
MAL..
.
65
sucesión al ono, los hijos de la «amigas» empiezan a plan ea
p oblemas se ios que conducen a un nue o o den de cosas.
A es e espec o, sin duda, la his o ia de Inés de Cas o, can ada po
los poe as y ema a o i o de la época omán ica, ilus a mejo que
ninguna o a es e papel de la aman e pasi a que
da
ida en las c ónicas
a las «seduc o as inocen es» como la bella I ene y o as damas
simila es. Inés de Cas o (c. 1320-1355) llega a la co e po uguesa
como dama de hono de doña Cons anza de Cas illa, u u a esposa del
in an e don Ped o (1320-1367), pe o p on o suplan a a su seño a en
el co azón del he ede o del ono. El ey y la nobleza deciden elimina
el iesgo que ep esen a pa a las buenas elaciones con Cas illa,
y
la
dama uel e a su país, pe o su aman e no acep a es a decisión y no
abandona sus elaciones con la muje que ha sabido a ae le mejo que
su esposa. Los amo es e minan ágicamen e. Después de habe
delibe ado el asun o en Consejo de Es ado, el ey o dena la mue e de
la muje que pone en pelig o la sucesión al ono de los he ede os
legí imos. Cuando Ped o sube inalmen e al ono hace desen e a el
cadá e de su amada y decla a en 1360 que había es ado casado con
ella en sec e o, obligando a odos que la econozcan como eina. La
enganza con a sus asesinos, po o a pa e, ue c uel e impla~able2~.
La elación de Inés de Cas o y Ped o de Po ugal anscu e en
un
momen o a pa i del cual se obse a un cambio de alan e espec o a
las elaciones ex a-conyugales de los eyes. Po azones polí icas
y
cul u ales las alianzas ma imoniales adquie en el ango de pac o de
es ado que no habían llegado a alcanza con cla idad has a aquí y po
o a pa e, la p opia conduc a de los homb es obligados a una
monogamia que has a aquí no había enido un ca ac e an exclusi o
pa ecen que e suble a se con a ella lle ando has a el lecho,
y
después a la sucesión eal, a los hijos habidos en uniones menos
con encionales. A pa i del siglo XIII el echazo que ya expe imen ó
doña Ma ía de Mon pellie po pa e de Ped o de A agón da luga a
d amas amilia es muy simila es siemp e al de Inés de Cas o y el ey
de Po ugal.
En es e con ex o his ó ico
y
en
un
momen o en que la
semi ole ancia ace ca de las cos umb es amilia es de los eyes
a a iesa po una e apa de ansició i anscu e el d ama amilia que
iene como p o agonis as a Al onso XI y su hijo Ped o
1,
y
que nos
in e esa especialmen e a causa del p o agonismo que adquie e en él
un
LOS da os his ó icos ace ca de la agedia amo osa de Ped o de Po ugal e Inés
de
Cas o
pueden e se en
La
C ónica de ei don Ped o
I
de Femao
LOPES
(p incip. del XVI)
y
en la de
RUY
DE
PINA,
Ch onica de el ei
D.
AI onso el
elemen os «nega i os» pa a unos a is óc a as que se sen ían
lesionados en sus in e eses explicaba y enneg ecía al mismo iempo la
igu a de un ey cuyas medidas les pe judicaban. No esul a
descabellado, a mi modo de e , in e p e a es a adición como un
umo polí ico que pudo ab ica se en o no
a
los p o agonis as de la
his o ia y que los omances hicie on co e de boca en boca,
ans o mándolo en lo que pod íamos cali ica como «opinión pública
del pe íodo~37.
Los desconocidos au o es de las leyendas elacionadas con Ped o
1
simpa izan abie amen e con la inocen e digu a de doña Blanca de
Bo bón, la esposa pos e gada y sac i icada sin ninguza culpa38 y
a ibuyen a las malas a es de la aman e las desg acias de la esposa
legí ima.
Doh
Blanca
es á
en Sidonia
Con ando su his o ia ama ga
A
una due ia se la cuen a
Que en
la
p isión
la
acompaña
De Bo bón, dice, soy hija
De Ca los Del ín cuñada
Y
el Rey de
la
Flo de Lis
Pone en su escudo mis a mas
De
ancia ine a Cas illa
¡Nunca deja a yo F an~ia!~9
En o o omance en el que doña Blanca oma ambién la palab a
pa a da cuen a de sus desg acias se acusa di ec amen e a Ma ía de
Padilla de habe emb ujado al ey con la ayuda del hechice o judío:
Cáseme en Valladolid
Con don Ped o. Rey de España;
El semblan e iene he mosos
Los hechos de
ig e
Hi cana
Diome el sí, no el co azón
i
Ale osa es su palab a!
...
Dile una cin a
a
Don Ped o
37
Romance o del Rey Don Ped o
(1
368-80)
in oducción, bibliog a ía de
A.
PEREZ
GOMEZ.
Valencia,
1954.
38
Op.
ci ., omance
IX,
pág.
133.
39
Op.
ci ., omance
IX,
pág.
133.

LA
MUJER
COMO
FUENTE
DEL
MAL..
.
7
3
De
mil diaman es semb ada,
Pensando enlaza con ella
Lo
que
amo
bas a do enlaza;
Húbola
doi a
Ma ía
Que cuan o p e ende
alcanza
En egola a
un
hechicen>
De
las
heb eas sanp ing a a
Hizo pa ece culeb as
Las
que e an p endas del alma
Y
en es e pun o acaba on,
La
o una y mi e e anza40
Aunque en algún omance41 se ecue da ambién cómo doña
Ma ía
impidió al ey
da
mue e a doña Blanca, el omance o p e ie e can a
sus desg acias y llega, incluso, a a ibui a la aman e eal el ágico in
de la p incesa ancesa:
No con en o el ey don Ped o
De ene ap isionada
A
doi a Blanca en Sidonia
Sin azón ni causa jus a
A
pe ición de Padilla
Bella ig e de la Hi cania
Pe mi e el Rey que la Reina
Acabe
su
ida
ama ga
La
cual le dice -Se lo
Si ale
ues a
palab a
Ya es iempo que me cumplais
La
que a mi
me
eneis
dada
Median e la cual me hubis eis
Vi iendo en mi casa hon ada
Y codiciada de muchos
Seño es de ues a España
Dis eme nomb e de amiga
Con el que el ulgo me dis ama
Pues po deshon a me dice
Que solo el nomb e me bas a
Y hubie a ya de bas a
Que es oy de hijos ca gada
Vues os que po que lo son
40
Op. ci ., omance IX,.pág.
133.
41
Op. ci ., omance XIV, a, b, c.
Vi o yo
an
deshon ada-
Mo ie on
al
ciego Rey
La
halagüei as
palab as
Que la
ma ona
le
dice
Fingidas y bien llo adas42
La
belleza de doña Blanca, su linaje, su p isión y is e inal ganan
las simpa ías de los au o es de los omances y del pueblo que los
can a. Aunque doña Ma ía de Padilla y doña Inés de Cas o
ep esen an dos igu as pa alelas, no sólo en el iempo, sino el
de eni his ó ico, esul a undamen al, a mi modo de e , ene en
cuen a el papel que co esponde a cada una de ellas en sus espec i as
his o ias.
En Cas illa, doña Ma ía allece de mue e na u al después de habe
con i ido con el ey du an e oda su ida, y don Ped o obliga a la
nobleza a econoce la como eina después de habe con aído dos
ma imonios consecu i os, habe man enido algún que o o de aneo,
y cuando él mismo se encuen a al inal de sus días. El
compo amien o d ás ico del cas ellano con sus enemigos no puede
se in e p e ado a causa del dolo que le ha p oducido la desapa ición
de su amada a manos asesinas, pues o que odo su einado es á
ma cado po enganzas sang ien as, la p ime a de las cuales es á
di igida con a la aman e de su p opio pad e. Ped o de Po ugal, po
el con a io, se desposa con Cons anza de Cas illa mien as es el
he ede o del ono y po o den de su pad e. Unicamen e a
con inuación se enamo a a almen e de la dama de compañía. Inés de
Cas o, po o a pa e, es asesinada c uelmen e po o den del ey. No
esul a muy di ícil, po consiguien e, comp ende que a Inés de
Cas o co esponde el papel de « íc ima» en la his o ia po uguesa,
mien as que en Cas illa es e ca ác e lo adquie e doña Blanca de
Bo bón, cuyo is e des ino sólo puede a ibui se a alguna in luencia
malé ica. La p incesa que ha llegado desde F ancia pa a uni se al ey,
a pesa de que él ya con i ía con Ma ía de Padilla, padece an as
mise ias que incluso los a isos del cielo ad ie en a Ped o de las
desg acias que puede aca ea le su mal compo amien o. De acue do
con uno de los omances que oman pa ido po doña Blanca, un
pas o hab ía acudido «milag osamen e» has a el ey pa a eclama le
que ol ie a al lado de su esposa:
Mo i ás,
el Rey
Don
Ped o
Que ma as e sin jus icia
42
Op.
ci ., omance
XVIII,
pdg.
179.
LA
MUJER
COMO
FUENTE
DEL
MAL..
.
75
Los mejo es de u eino
.
.
.
A
Dios da ás cuen a d'ello
Tienes
p esa
a do ia Blanca
Enojas e a Dios po ello
Que si uel es a que e la
Da e ha Dios
un
he ede o
Y
si no po cie o sepas
Que end á desmán po ello
...
Mo i ás a
puÍíaladas
Tu
casa
se á el i i iemo
Todo es o econ ado
Desapa eció el bul o neg o43
Los di e en es papeles que ep esen an doña Inés de Cas o y doña
Ma ía de Padilla en sus espec i as his o ias explican en pa e, desde
mi pun o de is a, la dis in a ayec o ia li e a ia de dos igu as
emeninas an p óximas psicológlca y ci cuns ancialmen e, sin
emba go. Mien as Inés sigue siendo una « íc ima» con emplada de
o ma muy simila an o po los au o es del Siglo de O o como po los
con empo áneos, doña Ma ía en ó p on o a a és del omance o
-al
igual que la poé ica Mesuline- en un p oceso de demonización que
no desapa ece o almen e en el ea o que se ocupa de las a en u as de
su ma ido en la misma época en que nues as enamo adas in ocaban
su nomb e como sinónimo de pode es in e nales. Don Ped o apa ece
en el ea o de Lope, Ti so, Ruiz de Ala cón y o os muchos44.
G acias a la «opinión pública» ep esen ada po los omances
ace ca de don Ped o, Ma ía de Padilla se con ie e len amen e en una
igu a nega i a que ha causado la mue e de su i al de o ma
indi ec a. Las ci cuns ancias socio-cul u ales e his ó icas a p opósi o
de la sucesión al ono a las que he aludido an es ans o man a la
compañe a de Ped o 1, desc i a po Ped o López de Ayala como una
muje que no se di e encia demasiado de las concubinas eales de
o os iempos, en una igu a mal ada, do ada con pode es mágicos,
de ca ác e casi in e nal a la que in ocan las a icionadas a la «magia
amo osa».
43
Op. ci ., omance XIIIa, pág.
146.
44'~nés de Cas o a ajo ambién la a ención de los au o es españoles del Siglo
de O o español que obse an su igu a con e nu a
y
compasién. En e o os,
Ga cilaso de
La
Vega le
dedicó
dos baladas
y
Vélez de Gue a a can ó su agedia en
Reina después de mo i .
La adición popula some e a nues a p o agonis a a al
me amo osis que de nue o nos encon amos con el a que ipo de la
muje -hechice a, con pode es ex ao dina ios muy simila es a los de
las seduc o as mágicas del mundo g eco-la ino que imos al p incipio.
Su ama se ex iende y aumen a du an e los siglos XV, XVI, XVII y
XVIII.
La igu a de Ma ía de Padilla
en
la «magia amo osa»
La igu a de Ma ía de Padilla que apa ece en la c ónica de Ped o 1,
la muje a la que López de Ayala desc ibe como «de buen linage e
pequeña de cue po,
é
de buen en endimien o»45 se con ie e a a és
de la adición o al en
un
pe sonaje do ado de pode es mágicos
ex ao dina ios.
Las muje es despechadas, abandonadas o en busca de amo líci o o
ilíci o acuden a ella en busca de ayuda y le a ibuyen acul ades pa a
hechiza aman es y con ola olun ades.
San a Ma a y doña Ma ía compa en en el epe o io de la «magia
amo osa» el pa ocinio de los amo es desca iados y los deseos
nis ados, pe o la o ma en que se la in oca ae a la memo ia, en
cie o modo, la igu a de la lejana Héca e, la igu a sob ena u al que
iene bajo su p o ección a las hechice as. En la memo ia de las
muje es de los siglos XVI y XVII que p ac ican la «magia amo osa»
doña Ma ía es, sin emba go, una igu a de ca ne y hueso, de la que
ienen una imagen bas an e conc e a a a és del omance o y del
ea o de
Lope
de Vega, Ti so de Molina, e c., -que enían a menudo
an e sus ojos- donde la igu a de su some ido aman e sigue igen e.
Los conju os en que se in oca a la aman e de un ey que oda ía
conse aba su popula idad a a és de las ep esen aciones ea ales de
los au o es más epu ados de la época demues an la adical
ans o mación que ha su ido a a és de la adición o al una muje
de cme y hueso que en la ida eal se limi ó en g an pa e a su papel
de esposa ilegí ima y mad e. El p oceso de demonización es muy
simila al de la poé ica igu a de Melusine, aunque po azones
dis in as.
Resul a bas an e lógico, po consiguien e, que Ma ía de Padilla
pase de los omances a es e o o géne o de poesía popula que son los
conju os, y las muje es que p ac ican la «magia amo osa* empiezan a
in oca la a causa de es a nue a pe sonalidad mágica, uniendo su
45
P.
LOPEZ
DE
AYALA.
Op..ci .
año
doceno,
1361, cap.
VI
pág.513.
LA
MUJER
COMO
FUENTE
DEL
MAL..
.
77
nomb e al de Sa anás, Luci e , Bmabás, el Diablo Cojuelo y oda la
co e
&
se es in e nales.
He aquí po consiguien e,
a
la concubina de Ped o
1
con e ida en
una semi-diablesa malé ica, casi una nue a Héca e.
Espe anza Badía, Hechice a alenciana p ocesada en 1655, la
in oca en compañía del ma qués de Villena, el único pe sonaje de
ca ne y hueso omado ambién de la his o ia del país más inmedia a.
En es e caso, la in e ención del ma qués que gozó muy
jus i icadamen e an o i o como mue o de ama de alquimis a y
nig oman e esul a muy comp ensible:
Yo e conju o
con doiía
Ma ia
de Padilla
y
oda
su cuad illa
con el
ma qub
de Villena
y
oda
su gen e46
Lo
p onunciaba mien as sos enía
un
osa io en la mano que se ía
pa a deduci la espues a. Si se mo ía, e a señal de que su i ía buen
e ec o.
Los conju os en los que apa ece como ue za emenina de ca ác e
in e nal no son muy nume osos,
y
suelen se bas an e simila es. Po
lo gene al es án elacionados ambién con el uego o la sal. El conju o
se p onuncia casi siemp e mien as se echa al uego un puñado de sal
o se pone a he i algún ecipien e. El colo de la llama ada si e
como base pa a la p edicción.
En e los p ocesados en 1618 en el ibunal de Co e encon amos
uno de es os i os en los que es p eciso u iliza la sal, que se ía en
es e caso pa a ade eza unas na anjas a las que ade ezaba ambién con
pimien a y ce a, después de co a les la «co ona». En el conju o de
Ma ía de Mo ales nues a p o agonis a apa ece asociada con o os dos
pe sonajes emeninos de ca ác e legenda io:
Conjú a e
con la eyna Salayna
y
con la eina Napoli ana
y
con doiía Manda de Padilla
si es que
Fulana
ine quie e
quie e bien
que enga donde es oy47
46
A chi o His ó ico Nacional (Mad id),.sección Inquisición, lib. 942 ol.
47
A.H.N.
Inq. leg. 3092. Ci ado po
J.
BLAZQUEZ MIGUEL,
E os
y
Tana os. B uje ía, hechice ía
y
supe s ición en España.
P ólogo de
J.
CARO

Al igual que en casi odos los i uales en que in e iene doña
Ma ía, las na anjas se a ojaban a con inuación al uego
y
se
obse aba el colo que adqui ía.
La
6 mula más log ada pa a ejecu a
es e i o en el que se combina la sal
y
el uego la conocía la epu ada
hechice a doña An onia Mexia de Acos a, a icionada a las a es
ama o ias
y
au én ica p o esional que eje cía su o icio ambién en
Mad id, a la que se p ocesó en
163348.
En el i o de ines simila es que se p ac ica u ilizando un osa io
como ins umen o de apoyo, Ma ía es mencionada jun o
al
ma qués
de
Villena, lo que pe mi e supone que se la concedía
un
ango simila
al
de es e pe sonaje,
un
siglo pos e io a nues a p o agonis a, po lo
que se e ie e a la expe iencia
y
pode es mágicos:
No bengo a quema
sal
ni bengo
a
ab asa
sal
el co apn de ulano
bengo
a
quema
y
ab asa po mi amo
Conjú a e
sal
con Sa anás, con Ba abás,
con
Be cebú
con Luci e , con el diablo Cojuelo
con doña
Ma ía
de
Padilla
y
con cuan os diablos es án en el in ie no
bau ipdos
y
po bau ip .
Todos se pond án en el co qon de Fulano
y
pa a que no pueda pa a
y
sosega
y
me le ae án49
El conju o que omaba a Ma ía de Padilla como igu a p incipal e a
an conocido
y
di ulgado en es a época que cuando los inquisido es
BAROJA. Toledo, A cano
1989.
364
págs. Pág.
280.
Blázquez hace una co a
e e encia a pie de página
a
p opósi o de la iden idad del pe sonaje de Ma ía de
Padilla ci ado en el conju o, eco dando las hipó esis de J. Ca o Ba oja,
y
señalando
que segu amen e se a aba de
la
aman e del
ey
don Ped o.
48
El p oceso de An onia Mexia de Acos a a ajo
la
a ención en p ime luga de
S. Ci ac Es opañan
(Los p oceos po hechice ía en Cas illa la Nue a.Toledo
y
Cuenca.
Mad id). J. Ca o Ba oja le dedicó
a
con inuación un es upendo capí ulo en
sus
Vidas mágicas
e
Inquisicibn,
op. ci .
(
.
11 c.XVI
).
Se a a en e ec o de una
p o esional sumamen e in e esan e, pe o no es en absolu o la única que me ece la
pena obse a con an o de enimien o. Tan o en Toledo como en Cuenca apa ecen
ambién o as expe as an suge en es como ella.
49
A.H.H. Inq. leg.
90,
n.9.
LA
MUJER
COMO
FWNTE
DEL
MAL..
.
79
ano an el epe o io de conocimien os mágicos de doña An onia
señalan el «conju o de doña Ma ía de Padillaw. Aunque el conju o
comple o no igu a ya en es a pa e del p oceso segu amen e es e no
es o o que el que acabamos de e .
En Valencia, el conju o de doña Ma ía se p ac icaba con un
ecipien e que había que pone a he i en el uego. Las hechice as y
los p opios inquisido es suelen conwe lo como el «de las cazole as».
Ge óni na González, p ocesada en el au o
de
1655
pone y la in oca en
compañía de los diablos más pode osos:
Po Ba abás, Sa anás y Luci e
po
do ía
Ma ía
de Pa iilla
y oda su compailia
que así como hie e es a cazole a
ye ba el co azón de Fulano
que no pueda sosega
ni
eposa
has a que a Fulana enga a buscdO
Ma ía de Padilla adquie e en los conju os de las hechice as de oda
España una pe sonalidad casi sa ánica. Con mucha ecuencia, y
siemp e con ines amo osos de oda índole, se la in oca uniendo su
nomb e a los demonios más conocidos. En el mismo conju o que
acabamos de e , la expe a con inuaba:
po
la
muje de Sa anás
po la muje de Ba abás
po la muje de Be cebú
assí como es os es es aban eñidos
y enian jun as con paz
enga el co azon de Fulano
a ado, p eso y ena no addl
En el conju o en el que se pide la ayuda del diablo de o ma
simbólica denominándole «g an se io de la calle», Ma ía apa ece de
nue o inculada a se es cuyas almas han caído en la condenación
e e na. La hechice a alenciana Espe anza Badía enume aba las almas
de los se es desespe ados po causas amo osas en e las que, al
pa ece , einaba ambién es a nue a Héca e que supo encadena a su
olun ad a uno de los eyes más p esen es en la adición popula
du an e los siglos XVI y XVII.
50
A.H.N. Inq. lib.
942
ol.
194
.
A.H.N. Inq. ibid.
Vecino y compad e
G an
Se io
de
la Calie..
.
yo e conjum 6
con
es
almas de
moci os
enamo ados
con
es
almas desespe adas
con el alma de dona
Ma ía
de Padilia
con
oda
su
cuad illa52
Bien en ado ya el siglo
XVIII
la igu a de Ma ía de Padilla seguía
siendo u ilizada pa a in oca a los pode es in e nales y a o ece los
amo es no co espondidos. F ancisca Rome o, cuya ayec o ia
humana, como la de Celes ina, había anscu ido p ime o po los
caminos de la p os i ución pa a e mina en la p o esión mágica,
echaba las ca as a sus clien es con el apoyo de la aman e de Ped o
1,
siglos después de su mue e. La in ocación con la que p epa aba la
sue e e a muy simila a los conju os que ya conocemos:
Yo engo miedo y e conju o
con Ba abás, con Sa anás
y
Ma ía
de Padilla y
oda
su
cuad illa
y el Diablo Cojuelo,
po se más lige o,
le mando un pelo
po que
se
me diga
la
e dad53
Después de es a ó mula colocaba los ece naipes de la ba aja en
o ma de cí culo y el que hacía el núme o ca o ce en el cen o. La
p edicción se ha ía de acue do con la ca ac e ís icas de los cinco
naipes que apa ecían en p ime luga .
Según acabamos de e , la igu a de Ma ía de Padilla sob e i e
du an e odo el An iguo Régimen g acias a las p ác icas de las muje es
que se dedica on al eje cicio ac i o de la «magia amo osa». Su
epu ación se ex endió po oda la península ibé ica
y
llegó a pene a
ambién en los i os de las muje es que habi aban en las á eas
insula es e incluso en odos los e i o ios que, de una mane a
u
o a,
es u ie on en con ac o con la cul u a cas ellana. La an igua concubina
de Ped o
1
ha sido capaz, incluso, de c uza el océano
y
ex ende su
52
A.H.N. Inq. lib.
942
ol.
27
.
53
A.H.N. Inq. leg.
3732
n.
32,
ci ado po
BLAZQUEZ,
ob. ci .
pág.
303.
LA
MUJER
COMO
FUENTE
DEL
MAL..
.
8
1
mano has a las muje es en busca de amo es más o menos «ilíci os» en
oda ibe oamé ica.
La elación que imos es ablece al p incipio en e la muje y los
pode es malé icos no se limi ó, sin emba go, a es e aspec o. Du an e
los mismos siglos un g upo ela i amen e nume oso de muje es
ue on acusadas po sus ecinos de posee ambién pode es simila es
a los de doña Ma ía y casi con la misma ecuencia encon amos a
homb es que asegu an an e los inquisido es que han sido íc imas de
pode osos male icios que les a an sexualmen e a sus aman es. Ci ce y
Medea, al pa ece se han alejado mucho en el iempo y el espacio,
pe o los p ocesos inquisi o iales pa ecen que e demos a nos que lo
único que se ha modi icado son los dis aces de los pe sonajes y la
o ma en que se exp esan. En cuan o a las muje es con pode es
mágicos, cuya igencia e ó ica las ha ans o mado en hadas
malé icas, los mismos ex os siguen dando cuen a de la e y el emo
que seguían inspi ando en e sus ecinos.
MARIA-HELENA
SÁNCHEZ
ORTEGA
P o eso a de His o ia Mode na. UNED, Mad id
Resumen:
pa iendo del mundo clásico y medie al, la au o a aza
el camino eco ido po de e mi& igu as emeninas ca ac e izadus
po se conside adas uen es del mal, cen ándose inalmen e en la
ixu a de Doña Ma ía de Padilla y su papel en la magia amo osa de la
Epoca Mode na.
Summa y:
s a ing om he clussical and medie al wo ld, he
au ho designs he way c ossed by se e al eminine igu es hu a e
conside ed sou ces o e il, and she inally emphasizes he igu e o
Doña Ma ía de Padilla and he ole in he lo ing magic in he Mode n
Age.
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