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La mujer como fuente del mal ; el maleficio

Sánchez Ortega, María Helena

Abstract

Partiendo del mundo clásico y medieval, la autora traza el camino recorrido por determinadas figuras femeninas caracterizados por ser consideradas fuentes del mal, centrándose finalmente en la fixura de Doña María de Padilla y su papel en la magia amorosa de la Epoca Moderna.

Full text

MANUSCRITS, n", Ene o 1991. págs. 41-81 La muje como uen e del mal; el male icio Ma ía-Helena Sánchez O ega Du an e siglos -en ealidad se ia mejo deci du an e milenios- el p oblema del o igen del mal ha p eocupado hondamen e a odos los homb es. Sace do es, ilóso os y sesudos cien í icos se han plan eado desde di e en es pun os de is a las aíces de es e p oblema. Po supues o ambién los indi iduos más modes os han padecido las consecuencias de las de iciencias a las que es á some ida la na u aleza humana y han p ocu ado explica se las aíces de sus a a a es ad e sos. La isión mágica del mundo, como ya supond á el lec o , les acili ó mucho las cosas. Al igual que ocu e con o as ac i udes, la e en la magia puede con e i se en un a ma de dos ilos. A eces, sus conclusiones aca ea on la desg acia y el su imien o, no sólo pa a aquellos que c eye on se obje o de los supues os pode es, siendo incomp ensible pa a la mayo pa e de los habi an es de es e enigmá ico mundo. La muje , según e emos a con inuación, ue con mucha ecuencia la supues a deposi a ia de acul ades ex ao dina ias elacionadas con la magia y la capacidad pa a hace mal. Su posición a es e espec o e olucionó len anien e desde una pos u a casi p i ilegiada en la época g eco-la ina, pa a desliza se poco a poco po el sende o de la demonización, especialmen e después del iun o y la len a pene ación del c is ianismo. A pa i de es e momen o, el p i ilegio emenino de es ablece con ac o con las ue zas supe io es o de la p opia na u aleza adqui i án oscu as dimensiones que lle a on a muchas muje es -y ambién homb es- has a la o u a y la mue e. Las muje es, sin emba go - y a deci e dad- u iliza on la c edulidad de su en o no en sus supues os pode es pa a es ablece una mu alla de ensi a, una es a egia simila a la del ino ensi o calama que desp ende su in a cuando se sien e a acado. El p ecio, desg aciadamen e, ue con ecuencia demasiado ele ado, especialmen e cuando la isión más di e si icada del mundo del pe íodo g eco-la ino empezó a dilui se en la nue a in e p e ación del uni e so in oducida po el c is ianismo. En e ec o, la adición g eco- la ina nos ha apo ado igu as emeninas de eno me a ac i o y ue za que nos pe mi en comp ende a la pe ección el ol a ibuido a la muje espec o al p oblema de la magia. El iaje de Ulises en su eg eso a I aca es á jalonado po el encuen o del hé oe con pe sonajes emeninos do ados de an a ue za poé ica que a a és de ellas esul a posible pe ila desde aho a los dis in os papeles a ibuidos a la muje en su ace a de seduc o a y hechice a, ca ac e ís ica an emida como anhelada po el a ón que llega a en en a se con ellas. Sin luga a dudas, el pe sonaje mágico po excelencia de la odiesa es la diosa- maga que cap u a a los amigos y compañe os de Ulises y los an o ma con sus pode es. Ci ce es el p o o ipo po excelencia de la muje do ada de pode es ex ao dina ios, cuyo alan e y compo amien o a a deja as de sí una la ga he encia li e a ia. Desde mi pun o de is a, no esul a posible epasa las páginas de la Odisea en omo a Ci ce sin e oca las igu as emeninas que en épocas muy alejadas ya de es a e apa cul u al pa ecen habe quedado imp egnadas po su ac i ud hacia los homb es y el en o no. Ci ce, en ealidad, es una hada maligna que no sien e simpa ía po los homb es. Cuando los compañe os de Ulises desemba can en la isla, su p ime a eacción es ans o ma les en animales: ce dos, caballos y oda clase de bes ias ocupan sus cuad as g acias a es e p ocedimien o. Es e es, po consiguien e, el p ime iesgo que co e un homb e -en la epopeya no se habla pa a nada de las muje es a es e espec o- al en en a se con una muje ené gica y con pe sonalidad p opia. Sus ins in os más p o undos a lo an a la supe icie y ponen al descubie o su e dade a pe sonalidad.según algunos au o es, es e es, en ealidad, el signi icado de la me amo osis que deja a Ulises sin aliados y abandonado a me ced de la maga. Ci ce, sin emba go, puede se encida con la as ucia y la ue za. He mes en ega a Ulises una hie ba especial, «moly», que le pe mi e en e is a se con ella y supe a la p ueba del banque e en enenado que es a muje supe io le ha p epa ado. Cuando Ulises no se deja ado mece po las a es de la hechice a, la mal a a y la amenaza, la a i a con que ella con i ió a sus compañe os en bes ias queda inú il, y es la p opia maga quien pasa a se conquis ada. Ci ce se inde amo osamen e a Ulises y con ice con él un año. En el ondo, según emos, Ulises es de o ado ambién po los encan os de es a muje que le dis ae demasiado LA MUTER COMO FUENTE DEL MAL.. . 43 iempo de su obje i o p incipall. Ci ce iun a, desde mi pun o de is a, po pa ida doble. P ime o como pode osa hechice a que humilla y obliga a pe de la consciencia. En segundo luga , como muje que seduce y dis ae de su camino a los hé oes. Pe o el iaje de Ulises es ico en igu as emeninas según he señalado an es, y o os p o o ipos del mismo sexo en e iene ambién al iaje o y dejan en él la huella de los iesgos que pueden acecha a un a ón en su camino. Calipso, la diosa-seduc o a, le de iene an es que Ci ce simplemen e con su a ac i o más allá de lo co idiano. Su a acción po él es an ue e que incluso aspi a a con e i le en su esposo y es Zeus quien debe o dena le que le deje ol e a su país. Nausica, sin emba go, sólo cuen a con la escu a de una belleza ju enil y su alan e sumiso pa a en e ene le ambién du an e bas an e iempo a su lado2. La gale ía de muje es a las que debe p ocu a e i a Los agmen os que co esponden exp esamen e al pe sonaje de Ci ce no son muy ex ensos, pe o su encuen o con Ulises ca ac e iza muy cla amen e el comba e que se lib a en e los dos y con iene eco da lo: «ya pisaba el umb al de la diosa de he mosos cabellos; (Ulises) me de u e y g i é desde allí y, al sen i mi llamada, as ab i las espléndidas pue as salió e in i óme a que en a a: seguía angus iado en mi alma, y ya den o me sen ó en un sillón achonado con cla os de pla a, bien lab ado y he moso; a mis pies colocó un escaíiuelo y mezcló en una copa de o o un b ebaje ag egando enenoso lico : medi aba en su ánimo el c imen. Me lo dio y lo apu é, pe o el il o no pudo hechiza me: me pegó con la a a y a un iempo me habló de es e modo: 'anda allá a las zahu das y iénde e igual que los o os'. Tal me dijo, mas yo, del cos ado sacando el cuchillo pun iagudo a la diosa asal é cual que iendo ma a la; lo esqui ó po debajo chillando, ab azó mis odillas y me habló suplican e en aladas palab as: '¿Quién e es? ¿De qué gen e y país? ¿Dónde son u ciudad y us pad es y po qué ma a illa bebiendo el b abaje no uis e hechizado? Jamás un a ón esis ióse a es a d oga una ez que bebida pasaba el alla de los dien es; mas sin duda en u en aña se encie a una men e indomable. ¿O po caso e es ú aquel Ulises mañe o que siemp e me augu ó el A gi on e, el de a a de o o que hab ía de llega en su neg o, lige o bajel al e o no desde Ilión? Vamos, pues, con la espada en la aina y aho a sin a danza a mi lecho subamos los dos po que unidos en descanso y amo con iemos el uno en el o o". Home o, Odisea. In oducción de Manuel Fe nández Galiano. T aducción de José Manuel Pabón. Mad id, G edos 1986 (págs. 254-255, can o X, 310-335). La Odisea esuel e con la misma na u alidad y es ilo g á ico el ínculo en e Nausica y Ulises: «Cuando a A e a escuchó el g an Ulises, de he oica paciencia, ajus ando la apa ce óla con una mañosa a adu a que un iempo de Ci ce ap endió, la de a dides sobe anos. En es o llamábalo el ama que uese y omase su baño, mi ó con ag ado en su alma aquel baño humean e, pues no ecibía al cuidado desde el día que dejó la mansión de la diosa Calipso, la de he mosos cabellos: allí p odigóselo ella como a un Dios. T as el baño las si ien as lo ungie on de acei e un homb e decidido a no apa a se de su des ino ya es á, po an o, diseñada, y en adelan e la li e a u a sólo debe ecu i a ellas en unción de las ci cuns ancias na a i as, po supues o, pe o ambién de los pe íodos his ó icos en que la na ación se desa olle. En ealidad, odas son pelig osas, odas son capaces de in lui demasiado en el ánimo de un homb e y pe judica le. En adelan e, los hé oes debe án gua da se po igual de la muje que le con ola a a és de la magia, de los pode es ocul os, y de los que son capaces de eje ce sob e ellos una a acción excesi a. La a acción ísica, al y como lo su e Ulises, es á siemp e en uel o en una a mós e a ue a de lo común que lo con ie e en un condicionan e especial. Calipso y Nausica oda ía no son sospechosas de habe u ilizado pa a domina le pod es especiales, pe o los mo alis as -y con ellos la li e a u a- no e án siemp e con la misma bene olencia es e ipo de elaciones. Como es lógico, los p opios p o agonis as de es as his o ias ampoco. En las páginas sucesi as e emos ans o ma se len amen e los p o o ipos li e a ios de la Odisea en hadas mis e iosas, muje es con conocimien os que les pe mi en e ene a un homb e más allá de oda lógica, apa iciones mal adas que sólo buscan el pe juicio de sus enemigos, y b ujas espan osas capaces de c ímenes abominables. El pe ído g eco-la ino ambién nos ha legado una impo an e igu a que con iene analiza b e emen e an es de eco da la in luencia de o as cul u as en el p oblema que nos ocupa. Me e ie o, como ya hab á adi inado el lec o , a la supues a sob ina de la p opia Ci ce, la igu a ágica de Medea. Hija de una oceanida y nie a del Sol, Medea no es, sin emba go, una diosa-maga, como la seduc o a de Ulises. Medea es una muje expe a en il os, p ocedimien os mágicos y sace do isa de la p opia Héca e, deidad p o ec o a de las p opias hechice as. A pesa de sus conocimien os y pode es, Jasón seduce a Medea, simplemen e con su p esencia ísica, la i ilidad que desp ende, y su a ojo3. El homb e, al pa ece , no es á necesi ado de il os. Con la y cine on la única en o no, el espléndido man o, y salió pa a uni se a los homb es que es aban bebiendo en la mesa, Nausica, la he mosa po don de los dioses apos ada en la pue a del ico salón admi aba con los ojos bien ijos a Ulises y al cabo, dejando que escapase su oz, di igióle palab as aladas: ' e ex anje o, con bien; cuando es és en los campos pa e nos no e ol ides de mi, pues p ime o que a nadie me debes u esca e1». Odisea, ed. ci . pág. 221 can o VIII, 446-462. El ca ác e casi i esis ible de la a acción que Jasón inspi a a Medea es ambién pa en e: «luego poco después, él se le apa eció cuando ya le espe aba ansiosa. Se ap esu aba hacia la al u a. Como Si io desde el Océano, he moso y LA MUJER COMO FUENTE DEL MAL.. . 45 espe anza de pode desposa se con el amado, Medea aiciona a su país y se en ega a la desespe ación y el c imen más pa a compensa su hono aicionado que po a án de enganza. La igu a de Medea posee una ue za poé ica de la que ca ece Ci ce. Es la muje de ca ne y hueso, enamo ada y en egada a pesa de la supe io idad de sus ue zas in elec uales y conocimien os. La sace do isa de Héca e ep esen a a la pe ección oda la g andeza y la mise ia de la muje en egada a las a es mágicas an o en el aspec o li e a io como en la ida co idiana que e emos des ila en los p ocesos. Medea con ola las ue zas de la na u aleza, pe o no posee ningún dominio sob e sus p opias pasiones. El mundo clásico, según acabamos de e , nos p opo ciona una gale ía de e a os emeninos an ica y a iada que casi nada al a ya pa a pode comp ende los pe iles emeninos de ca ne y hueso que pudie on es a en su o igen, y a los que e emos pe du a has a los siglos XVI, XVII y XVIII. Nos al a añadi les, sin emba go, una inquie an e igu a que p ocede de mis lejos, de una cul u a an e io y mucho menos p óxima al mundo occiden al que los p o o ipos emeninos que acabamos de e isa . Me e ie o, como es lógico, a las posibles apo aciones que la adicibn judía ha pe mi ido pene a en Occiden e desde echas ambién muy emp anas. Las igu as emeninas de la li e a u a judía no iene demasiados pun os en común con las he oínas de la adición del mundo clásico. La muje encuen a en la Biblia un a amien o que la sepa a ne amen e de las pe sonalidades di e enciadas y ela i amen e independien es de las igu as g eco-la inas. Po lo gene al, son éminas de o as del hoga , en egadas a los alo es del esposo, some idas a la olun ad de sus amilias. Sólo cuando se a a de he oínas ajenas de alguna mane a, a la adición cul u al judía eapa ece la igu a de empe amen o di e enciado cuya in luencia se eme y se elaciona con la magia. La muy b illan e a la is a su ge y aca ea una densa calamidad sob e el ebaño. Así an e ella llegó con he moso aspec o el Esónida, y al apa ece p o ocó una pena de unes os deseos.. . »El Esónida se dio cuen a de que ella había caído en una u bación de causa di ina, y empezó a habla halagándola.. . »Así habló elogiándola. Ella que le lanzaba de soslayo su mi ada, son eía dulcísimamen e. En su in e io se le de e ía el co azón al sen i se adulada po el elogio, y le mi ó de en e a los ojos. Y no sabía qué palab as deci le an es, pues a un iempo ansiaba deci le odas jun as. De p on o, en un ap o de gene osidad, sacó del pe umado ceñido el il o. Enseguida, Jasón lo ecogió en sus manos gozoso». Apolonio de Rodas, El iaje de los A gonau as. Edición p epa ada po Ca los Ga cía Gual. Mad id, Edi o a Nacional, 1975 (can o e ce o, pág. 162 y 164). eina de Saba y Dalila son el mejo ejemplo a es e espec o. La eina de Saba ep esen a en e la gale ía de pe sonajes emeninos de la adición judía el equi alen e de la pode osa Ci ce. No sólo es una muje in luyen e y sabia, que adop a inicia i as, an o humanas como polí icas. Saba es ambién una igu a ambigua desde el pun o de is a de su p opia na u aleza. A medio camino, en cie o modo, en e lo simplemen e humano y el mundo sob ena u al4. El p opio Salomón se sien e imp esionado po su pe sonalidad y cuando la ecibe oma las p ecauciones adecuadas pa a asegu a se de que no co e el iesgo de cae bajo los pode es de una hemb a que pueda sob epasa le y suje a le a a és de pode es que no es án en manos de se es e dade amen e mo ales. Sólo cuando comp ueba que se a a de una muje de las mismas ca ac e ís icas que las demás pe mi e que el encuen o adquie a ca ac e ís icas ín imas. La pe sonalidad de Saba iene, sin emba go, un a oma de mis e io que no se disipa nunca del odo. Dalila, po el con a io, es comple amen e ca nal. Pe sonaje elogiado en la adición con a ia5, ha llegado has a noso os odeado de las conno aciones peyo a i as que le p opo ciona la e sión de sus íc imas. Dalila, a pesa de odo, es una he oína capaz de seduci a un a ón, empeñado en g andes emp esas, engaña le y apa a le de sus obje i os g acias a su «magia» pu amen e emenina. El a ac i o de Dalila, al ma gen de sus ca ac e ís icas de «muje a al», es á, sin emba go, más ce ca de Nausica que de las muje es con pode es ex ao dina ios a las que debe e i a casi cons an emen e Ulises. La li e a u a judía posee, sin emba go, una igu a de muje inquie an e y de eno mes epe cusiones. Lili h, la segunda muje de Adán, es según unos, un demonio emenino seduc o y engañoso. Según o as e isones, Lili h, en ealidad, es la igu a del pan eón sume io Lili u6, un espí i u noc u no cuya e imología e oca el ambien e en que gus a mo e se, «she o he nig h». En ealidad, se a a de una especie de an asma, que dis u a chupando la sang e de sus íc imas. Como es lógico, el buho e a el animal que le es aba Sob e las elaciones de la eina de Saba y Salomón puede e se el esumen de L. Ginzbe g, The legends o he jews (1925) T ansla ed om he ge man nanusc ip by Hen ie a Szuld. Philadelphia. The Jewish publica ion Soc. o Ame ica. 1968. 7 ols. Dalila es, lógicamen e, una he oína pa a los ilis eos, pe o no cuando su igu a pasa a se ecogida po la adición judía. Según la adición con a ia, el mons uo de ue za sob ena u al es, lógicamen e, el indes uc ible Sansón. Ci . po E. F enzel, op. ci . Man ed Lu ke , Dic iona y o Gods and Goddesses, de ils and Demons. London & New Yo k, Rou ledge & Kegan Paul 1984. LA MUJER COMO FUENTE DEL MAL.. . 47 consag ado. La adición almúdica, sin emba go, conside a a Lili h, undamen almen e, como una muje capaz de seduci y engaña a los homb es, lo que la con ie e en el pe sonaje emenino más pelig oso de cuan os acabamos de desc ibi . Pa a algunos au o es, la p opia eina de Saba es á elacionada con Lili h. Según acabamos de e , la adición cul u al de Occiden e nos p opo ciona du an e la an igüedad las cla es undamen ales pa a comp ende algunos aspec os esenciales del emo que podía inspi a , en ocasiones, la pe sonalidad emenina. El a ón eme, al pa ece , opeza se con alguna de las igu as cuyos p o o ipos más signi ica i os acabamos de e isa . La muje -mad e no se encuen a en e ellos, como ya hab á obse ado el lec o . Na u almen e, no se a a de ninguna casualidad. Ci ce, Medea, Saba, Lili h son muje es capaces de e ene a un homb e, e igaña le, seduci le. Sus pode es son an ue es que es án más allá de los conocimien os ulga esa. La magia es su sec e o y su ue za. Nausica, Dalila, dos igu as apa en emen e muy di e en es en e sí, y comple amen e al ma gen de las an e io es, poseen, sin emba go, muchos asgos en común con ellas. De la misma o ma que las hechice as, son capaces de dis ae a un homb e de sus obje i os, e ene le y pone le en pelig o, en es e caso simplemen e con su a ac i o ca nal. La ue za de nues as p o agonis as eside, po an o, en un elemen o sumamen e simple y mis e ioso a la ez: la a acción ísica. La ene gía sexual que pa ecen posee algunas muje es de o ma especial y al ma gen de la ma e nidad. Es a capacidad, emida desde la An igüedad, i á adqui iendo con el de eni cul u al una conno ación cada ez más peyo a i a, y de epe cusiones más pelig osas. Cuando el c is ianismo se con ie a en la eligión p edominan e en occiden e, es as an iguas igu as, inculadas muchas eces a deidades c ónicas, emidas pe o espe adas, en a án en un p oceso de demonización y je a quización con impo an es consecuencias pa a la muje es de ca ne y hueso que podían queda iden i icadas de una mane a u o a con las he oínas li e a ias que e ocaban las adiciones de una isión del mundo en el que sólo una muje i gen y mad e es conside ada con espe o, y ocupa un luga de p es igio7. La igu a de la muje hechice a pa ece su i un eclipse du an e una la ga e apa de la Edad Media. Si excep uamos al hada mal ada que seduce y encan a al p opio Me lín, --Vi iana o Niniane- en algunas La isión nega i a ace ca de la na u aleza emenina de los p ime os pensado es del c is ianismo, undamen almen e a causa de su elación con la pelig osa sexualidad, es un ema demasiado ex enso como pa a en a aho a en él, pe o bas a con una some a lec u a de la palns ica pa a pode comp oba lo. e siones de la his o ia, las muje es pa ecen habe quedado elegadas a un luga mucho más co idiano y con olable que en el uni e so g eco-la ino, a pesa de que la li e a u a y la adición no igno an que exis en pelig osos il os capaces de enajena las olun ades, como el que encan a a T is an e Isolda, o ascinaciones ex añas simila es a las que causa on la agedia de Lancelo y Gineb a. La magia no ha despa ecido o almen e, pe o queda exp esada desde un pun o de is a de o ma di e en e. Las muje es a quienes se acusa de p o oca daños a a Cs de pode es malé icos ya no son pe iles di inidos y a que ípicos, sino se es anónimos y co idianos muy a menudo a ec ados po la «en e medad» de la ejez*. El enómeno aho a es in e so y lo deja emos, po an o, pa a mejo ocasión. La somb a de Lili h ha ex endido sus alas sob e es a nue a e apa de la pe sonalidad emenina y la si uación psicológica espec o a ellas es á elacionada con la in e ilidad. Es el emo de ambos sexos a la decadencia ísica y la p oximidad de la Mue e, cuya ep esen ación iconog á ica es a menudo emenina. La muje , según pa ece, con iene en su cue po un po encial de ene gía nega i a de doble sen ido y di e en e ayec o ia, cuya on e a es á ma cada po la llegada de la menopausia. La muje puede lle a en onces den o de sí un se que necesi a alimen a se de sang e humana pa a ecupe a las ue zas pe didas*. La ascinación se con ie e en epulsión, y la adición o al y la ealidad his ó ica nos han llegado abundan es es imonios de ambos aspec os. * Ace ca de la elación en e la ejez emenina y el emo que inspi an, que liega a elaciona se con mucha ecuencia an o con pode es diabólicos como con la b uje ía, me ocupé hace iempo en «La muje en el An iguo Régimen: ipos his ó icos y a que ipos li e a ios» (compilado con o os abajos en La muje y la sexualidad. La pe spec i a inquisi o ial. Mad id, Akal 1990). * Es e iden e que la igu a de Lili h y sus suceso as, las muje es que chupan la sang e y ealizan iajes noc u nos, al y como se las desc ibe en el Canum Espiscopi es án en la base del mi o decimonónico de D ácula. Du an e los siglos XVI y XVII exis en ambién di e sos es imonios de demonios de o ma oscu a que se apa ecen a las muje es y no sólo las ampi izan sino que man ienen con ellas elaciones sexuales -puede e se a es e espec o mi a iculo «Usos y cos umb es e ó icas en el An iguo Régimen», ecogido ambién en La muje y la sexualidad.. . La masculinización del mi o pa ece gua da una es echa elación con la ep esión sexual de es as muje es. S oke . po an o, ecogió y c is alizó li e a iamen e una la ga adición cuyo con enido es muy e iden e: el echazo po pa e de la isión c is iana del mundo a las elaciones sexuales no di igidas a la p oc eación, que quedan iden i icadas con ínculos diabólicos. Un mi o, po an o, « ic o iano» ya desde los siglos XVI y XVII que indica de nue o las eno mes posibilidades de los seguido es de F eud a la ho a de analiza el con ex o psicológico de la época que nos ocupa. LA MUJER COMO FüENTE DEL MAL.. . 49 El emo a la ene gia sexual emenina, sin emba go, esul a mucho más e iden e y apa en e que la ace a epulsi a. Du an e la Edad Media, los iempos han cambiado y los homb es se en en an aho a al p oblema de o ma más adical. La his o ia de la «bella I ene» o la judía Raquel nos p opo cionan du an e es a e apa cul u al el a que ipo del emo masculino an e el enigma de la a acción ísica. La bella I ene o Raquel son somb as desdibujadas desde el pun o de is a humano, pe o log an un ue e impac o psicológico a a és de sus ágicos des inos. La bella I ene8 es simplemen e una cau i a c is iana en egada al sul án u co después de la caída de Cons an inopla. Su belleza y pode de seducción en e iene al líde gue e o y le e ienen al ma gen de la con ienda du an e el iempo su icien e pa a p o oca la inquie ud de sus compañe os de a mas. Pa a demos a a odos que su debe es á po encima de sus pasiones, el sul án mues a a la muchacha desnuda a los soldados y después de habe deimos ado de o ma i e u able la capacidad de pe suasión de I ene, decapi a a su escla a delan e de odos pa a p oba que su debe es á po encima de cualquie necesidad humana. La ayec o ia de la judía Raque19 es muy simila . Como I ene , es ambién la p o agonis a muda de un episodio gue e o. Aman e del ey de Cas illa Al onso VI11 (1158-1214) los nobles empiezan a conside a la esponsable de la dis acción del líde de la con ienda con a la España musulmana. La « azón de es ado* debe an epone se, po consiguien e, a las debilidades de los homb es, y Raquel mue e asesinada po los pa ida ios de obliga al ey a con inua la gue a. En ambos casos es amos, po an o, an e igu as emeninas cuya única culpa eside en habe dis aído a los p o agonis as masculinos del d ama de sus debe es p o esionales. Son las «seduc o as inocen es», muje es que sólo han come ido el deli o de posee un a ac i o ísico supe io al de la mayo pa e de sus compañe as de sexo. Su magia es pu amen e ca nal, pe o siguen ep esen ando el mal du an e una e apa en que los alo es bélicos es án po encima de cualquie o a conside ación. EX lecho del gue e o no debe La his o ia de la bella I ene apa ece en la colección de cuen os de Bandello (1554) Maome o Impe a o de Tu chi c udelmen e ammazza una sua donna (ci ado po Elisabe h F enzel, Dicciona io de a gumen os de la Li e a u a Uni e sal. Mad id, G edos 1976). 9 Los amo es del ey cas ellano -de los que habla é de o ma po meno izada a con inuación- se mencionan po p ime a ez en la «C ónica Gene al». Según es a e sión, el ey con i ió du an e sie e a los con su aman e, abandonando a su esposa y a su eino, has a que los nobles decidie on asesina a la supues a esponsable. cas ellanos. La ca ne y el espí i u, de acue do con las de iniciones eligiosas, ue on en ando len amen e en colisión, al y como a a é de demos a a con inuación, has a desemboca en nue as e siones de las muje es «malé icas» que pobla on la imaginación de nues os an epasados g eco-la inos. Es as nue as e siones de la pe idia mágica en la muje co esponden, en ealidad, a pe iles pa alelos a los de Ci ce o Medea, pe o el opaje malé ico con que se las e is e depende en cada momen o de causas que es p eciso ma iza a a és de la e olución socio-polí ica del pe íodo. Según esul a p e isible, las elaciones en e los eyes y sus aman es u ie on las consecuencias lógicas po lo que a la descendencia se e ie e, y el papel de es as muje es a a se in e p e ado de muy di e en es mane as según ayan e olucionando las cos umb es y las ci cuns ancias socio-polí icas a es e espec o. El pad e Flo ez da cuen a pun ual en su lib o sob e las einas de Cas illals de las aman es de los mona cas, inclusión que jus i ica p ecisamen e en unción de pode explica con la debida cla idad los á boles genealógicos a que die on luga los descendien es legí imos e ilegí imos de los eyes: «No es pu a cu iosidad la no icia his ó ica de nues as Reynas. La Ch onologia de oda casa Real no se puede a e igua po o os medios.. . » Es necesa ia, asegu a, «po que pe mi e conoce el iempo de los casamien os de los eyes, los nomb es de los eyes, los años de los eynados,la sucesión que u ie on, el iempo del nacimien o de los hijos, los casamien os y mue e de los in an es, y aún la sucesión que los eyes u ie on ue a del ma imonio, po se muchas las amilias ilus es que p o ienen de la pe sona eal, sin ene descendencia de las Reynasd6. La cues ión de la descendencia, legí ima o no, es el pun o undamen al que p e ende des aca , y en es e aspec o quedan igualadas las einas o iciales y las que sólo lo ue on con ca ác e más o menos o iciosos. Su papel en an o que p oc eado as casi las equipa a, pues o que es la unción undamen al que incumbe a cualquie muje , an o si se ha casado con un mona ca como si no. Flo ez mismo lo econoce en su lib o: «de aquí nace que se deban p opone en es a ob a las «amigas» que u ie on algunos eyes.. . (po que) no hay en e o conocimien o de la casa Real sin descub i l5 Hennque Fio ez, Memoe ias de las eynas ca holicas. His o ia Genealógica de la Casa Real de Cas illa y de Lebn, odos los in an es, ages de las Reynas en es ampas y nue o aspec o de la His o ia de Espaiia. Mad id, MDCCLX, 2 ols (Mad id, Biblio eca Nacional). l6 Op. ci . «Razón de la ob an. 57 l LA MUJER COMO DEL MAL.. . odos los hijos de los Reyes y al ez han usu pado es os la 1 Co ona~17. En consecuencia, cabe supone que an espe able his o iado sólo se ocupó de aquellas muje es que ue on capaces de deja huella a es e espec o, y que la lis a se inc emen a ía conside ablemen e si se u ie a alguna memo ia de o o ipo de encuen os sen imen ales. Aun así, Flo ez menciona «amigas eales» en el caso de Be mudo 11 (985- 999), Rami o 11 (931-951), Al onso VI (1040-1109), Al onso VI1 (1 105-1 157), Al onso VI11 (1 155-1214), Al onso IX (1 171-1230) y Al onso X. Es deci , p ác icamen e en odos los caso de la sucesión de la co ona de Cas illals. Al onso X, que einó en e 1252 y 1284, u o ambién iempo, en e sus muchas ocupaciones de es ado y cul u ales, pa a lle a a cabo una in ensa ida amo osa. Flo es explica que, po lo menos, dos muje es -doña Danalda y doña Ma ía Guillén- ayuda on al ey con su compañía a sopo a la du a a ea de gobe na Cas illa. Las elaciones del ey sabio no plan ea on ningún p oblema, ni en el o den social ni en el polí ico, y pasan casi desape cibidas en la mayo pa e de sus biog a ías. La ac i ud social espec o a es e ipo de ínculos pe mi ía oda ía si uaciones muy lexibles, en pa e segu amen e g acias a las leyes p omulgadas po el au o de alguna que o a can iga de amo , que, po o a pa e, no ca eció de inspi ación di ec a en es os emas. Las elaciones de los eyes con sus concubinas no ue on causa de escándalo du an e es e pe íodo, de acue do con odos los da os conse ados en las c ónicas, has a la Baja Edad Media. Al onso X l7 Ibid. 1 l8 Ro ez comienza su ela o de las einas españolas a pa i de Ingunde, esposa de San He menigildo (c. 579) y da cuen a de las siguien es «amigas» eales: Jus a y Sol, he manas y a su ez amigas de Beimudo 11; A igossa u O iga, amiga de Rami o 11; «Sol» y Velasqui a, en e o as, amigas de Be mudo 111; Gimena Núñez y la mo a Zaida, amigas de Al onso VI, quien además se casó cinco eces. La elación en e Al onso y Zaida, que se enamo ó de él y se con i ió pa a consegui se su esposa, iene un ca ác e peculia y no e mina de queda cla o si se la debe conside a como esposa legí ima - al ez con ca ác e «mo ganá ico»- o concubina; Gon oda, D. Sancha Femándex de Cas o, concubinas de Al onso VII; Aldonza Ma ínez de Sil a, Inés Iñíguez de Mendoza, doña Ma ina, amigas de Al onso IX; la judía Raquel, amiga de Al onso VIII; doña Dalanda o Aldonza, doña Ma ía Guilíen de Guzman, en e o as, amigas de Al onso X; la amiga de Sancho IV e a p ima de lejana de la p opia eina doña Ma ía y, según pa ece, casi la o alidad de es as damas e an de noble cuna y sus amilias no se sen ían dehon adas po la elación pública que man enían con los mona cas. econoce en las Pa idas que la Iglesia no au o iza a los homb es a desposa más que a una única muje , pe o las con empla con ole ancia conside ándolas como un mal meno l9. De hecho, los nomb es y da os de que disponemos ace ca de las concubinas eales demues an que pe enecían, po lo gene al, a la al a nobleza, e an pa ien es p óximas de los p opios mona cas, y siemp e ue on espe adas y acep adas, al pa ece , de buen g ado po las cónyuges o iciales. Po lo menos, has a ines del siglo XIII. En con apa ida, las Pa idas señalan con oda pun ualidad qué ipo de muje es pueden se econocidas como concubinas o ba aganas, a ando de impedi las uniones con las que han enido «o icios iles» -jugla esca, ega e a, e c.» las p os i u as o aquellas que no son de buen linaje. Aunque la ley no especi ica es e ex emo esul a cla o que las di e encias é nicas cons i uían una ba e a que sólo se anqueaba con el bau ismo, como en el caso de la concubina-esposa de Al onso VIII, la mo a Zaida,p incesa musulmana que se enamo ó de él, según la adición, a causa de su epu ación, y con enció a su pad e pa a que conce a a la unión. Los ínculos ex a-ma imoniales egulados de acue do con la cos umb e del concubina o o la ba aganía es aban, en consecuencia, es ic amen e egulados, pe o esul aban ep ochables cuando se anqueaba la ba e a eligiosa o social, según hemos is o en las páginas an e io es en la e sión li e a ia de las elaciones en e Al onso VIII (1 1 15- 1214) y la judía Raquel: Mas como amo es an ciego al Rey había engañado Pagose de una judía; D'ella es aba enamo ado Fe mosa habia po nomb e Cuád ale el nomb e llamado Ol idó el Rey a la Reina, l9 Al onso X no habla explíci amen e de las concubinas, sino «de las o a muge es que ienen los omes que non sen de bendiciones», e i iéndose a las ba aganas, ace ca de las cuales señala: «Ba aganas de iende san a iglesia que non enga ningún ch is iano po que biuen con ellas en pecado mo al. Pe o los sabios an iguos que izie on las leyes consin ie on que algunos las pudiessen aue sin pena empo al, po que ouie on que e a menos mal de aue na que muchas». Las sie e Pa idas, glosadas po el Ldo. G ego io López. Salamanca 1555 (ed. acsímil del B.O.E. s.a.) Cua a Pa ida, í , XIV in oducción. El ey señala a con inuación, sin emba go, que las ba agans no deben se sie as, ni de il linaje o il luga , ni «mala de su cue po». Tampoco puede se i gen ni meno de doce aííos. LA MUJER COMO FUENTE DEL MAL.. . Con aquella se ha ence ado Sie e aiios es aban jun os Que no se habían apa ado Y an o la amaba el Rey Que su eino había ol idado De si mismo no se acue da Los suyos han aco dado De pone ecabdo en ello En echo an eo y malo Acue dan de ma a Po e su seAo cob ado Po que lo ienen pe dido Y les se á bien con ado20.. . . . . Los eyes de la co ona de A agón no u ie on ac i udes más aco des con la monogamia p opugnada po la Iglesia. Aunque las c ónicas dedican menos a ención que en el caso del eino de Cas illa a es as cues iones, es e iden e que los p oblemas suceso ios ela- cionados con los «de aneos» eales causa on ambién p eocu- paciones a las conso es eales. Ribe es especialmen e no elescos, que si en pa a ilus a es e aspec o, apa ecen en el omance que ela a la concepción del hijo de Ped o 11 de A agón (1 1 17- 12 13), Jaime 1: Angus iada es a la Reina Y no sin mucha azón Po que su ma ido el Rey Don Ped o, ey de A agón, No hacia caso de ella Más que si ue a a ón, Ni le pagaba la deuda Que enia obligación An es con muchas muje es E a su delec ayción Lo que más la a igaba Y le daba más pasión No e a po el delei e De la al con e sación Romance o Gene al o Colección de lPomances cas ellanos an e io es al siglo XVIII. Recogidos y ano ados po A. DURAN. Mad id, Biblio eca de Au o es Españoles, 1945 ( omo 11 n. 928, pág. 11). -- - - Sino que de su ma ido No enía gene ación21. P eocupada po el echazo que le impide con e i se en mad e del u u o ey -el p opio omance se enca ga de sub aya que la dama no busca «el delei e» ni la con e sación, sino cumpli con su obligación de con ibui a la sucesión del ono- doña Ma ía de Mon pellie acude a una a gucia. Al sabe que el ey es aba encap ichado e in en aba consegui a una de e minada dama, se pone de acue do con uno de sus pajes y le con ence pa a que sea quien sus i uya a la muje que el ey desea posee . El si ien e se p es a a la ampa, y explica al ey que la dama pone como condición pa a pasa la noche con él que no le ea el os o ni haya ninguna luz en el cua o. La Reina ino a la noche Y u o ec eación Con el Rey a su place Con g an disimulación El Rey cuando io qu'el dia Venia sin de ención Dijo -SeAo a, le an a, Ve e en paz, pues hay sazón- La Reina en onces le dijo No soy la que pensais, no Na u almen e, al llega el día, doña Ma ía se e obligada a pone de elie e an e don Ped o que es ella misma quien ha compa ido su lecho, pues o que, de o o modo, se comp ome e ía a sí misma y a su posible descendencia si no pudie a demos a , sin ningún géne o de dudas de quién e a el hijo que había podido concebi du an e aquel encuen o. A pesa de que la eina no log ó e ene sexualmen e al ey después de es a expe iencia, Jaime 1 nació, según se supone, como consecuencia de ella en 1208. El p opio Jaime 1 (1208-1276), con empo áneo casi de Al onso X, man u o ambién una ida amo osa casi an in ensa como el ey cas ellano. Después de casa se es eces con muje es de su p opio ango -Leono de Cas illa, Violan e de Hung ía y Te esa Gil- u o a ios hijos con sus sucesi as aman es y mu ió en b azos de o a cas ellana, Be enguela Al onso, sob ina de Fe nando 111. En el caso de Jaime 1 los - -- 21 Ibid. omo 11, n. 1124, pág. 207. LA MUJER COMO FUENTE DEL MAL.. . 61 p oblemas que podían aca ea las elaciones eales espec o a la sucesión al ono se plan ean ya cla amen e. La posibilidad de di idi la he encia en e el á ea insula y la peninsula lib ó, p obablemen e al eino de A agón de las sang ien as consecuencias de las que habla emos a con inuación en Cas illa22. La aman es eales, de hecho, no son una simple anécdo a. Cons i uyen la pun a isible del icebe g de la men alidad que p olonga du an e g an pa e de la Edad Media la ins i ución del concubina o, admi ida y egulada du an e el impe io Romano, y no sup imida po los empe ado es c is ianos, que au oi izaba a los homb es casados y a los sol e os a man ene a su lado a una esposa que no ue a la legí ima econocida po la ley, y a la que se acep aba, sin emba go, casi con la misma dignidad y espe o de una segunda esposa, excep o po lo que se e e ía a los hijos que pudie an nace de es a unión. Conside ados como «na u ales» sólo podían he eda la sex a pa e de los bienes del ~ad e. Los eyes medie ales de es a p ime a e apa pa ecen segui las cos umb es de sus an epasados, a pesa de la condena que ya había ecaído sob e es as ac i udes po pa e de esc i o es c is ianos como San Agus ín23. En el caso de los mona cas, sus aman es eje cían una unción ica ia espec o a la p oc eación .-según se obse a con mucha cla idad en el caso de casi odas las «segundas conso es>+ cuando la esposa, po alguna azón, no podíii a ende sa is ac o iamen e a es e papel undamen al pa a la sucesián al ono. En es e sen ido, en 22 El p o eso A. GARCIA GALLO es udió el p oblema de la sucesión en el eino de A agón. A.GARCIA GALLO, «El De echo de sucesión al ono en la Co ona de A agónn. Anua io de His o ia del De echo español. Mad id, 1966, págs. 7 a 187. Según Ga cía Gallo exis e en la Co ona de A agón y Ca aluña un de echo consue udina io espec o a la sucesión al ono que en a en colisión con ecuencia con los es amen os eales, a pesa de que siemp e el de echo consue idina io iende a p e alece . En casi odos los casos, la eliminación de la sucesión de los hijos ilegí imos es la endencia gene alizada, aunque hay casos aislados de he encia po pa e de es os. En Cas illa, la exclusión de los «hijos nau ales» pa ece la egla. 23 Después de la expansión del c is ianismo Jus iniano seguía cali icándola de «lici am consue udinem». San Agus ín, si 1 emba go, se p onunciaba abie amen e en con a de ellas, y el Concilio de T en o dec e a inalmen e la pena de excomunión con a los que con i an con o a muje que no sea la esposa econocida como legí ima. Hay, pues, un pe íodo in e medio en el que los pad es de la Iglesia se p onuncian en con a, pe o la cos umb e se man iene y es ole ada po las au o idades ci iles. Ba aganas y mancebas no son, en consecuencia, más que la nue a e sión del an iguo concubina o .J. ESCRICHE, Dicciona io azonado de Legislación y Ju isp udencia. Pa is, Lib. Ga nie Hnos, 1868 ( oces «adul e io», «amancebados», «concubina» y «ba agana»). e ec o, pa ece posible habla de una cla a di isión de unciones en e la cónyuge o icial y la «amiga» -al deci de Flo ez- que dibuja cla amen e pe iles de muje con conduc as y ac i udes di e en es: las unciones públicas de la eina, y las muy p i adas y e ó icas de la aman e, po o a. La muje es legí imas co esponden a menudo a pe iles humanos bien di e enciados24. Po lo gene al, las esposas se compo an como hemb as ecias, capaces de maneja y decidi en los asun os de es ado. Las cónyuges o iciales, an o en ida de sus ma idos como du an e la mino ía de sus hijos, in e ienen ac i amen e en la polí ica: man a ados, concie an acue dos, lle an a cabo nomb amien os, de enes aciones de pe sonajes públicos y, con mucha ecuencia, amplias in igas. No ol idemos a es e espec o que la «malé ica» Lady Macbe h es un pe il emenino ípicamen e medie al. Doña Ma ía de Molina (1265-1321), esposa de Sancho IV, es, p obablemen e, uno de los mejo es ejemplos a es e espec o.Hija de un he mano de Fe nando 111, casada con su p imo, el he ede o de Al onso X, sin habe ob enido la co espondien e dispensa pon i icia. Doña Ma ía, a quen Flo ez apela la g ande, da p uebas desde es a p ime a e apa de su ida como conso e eal, de impo an es do es en an o que diplomá ica, es o zándose po consegui la dispensa y lle a a Cas illa al bando pa ida io de la alianza con F ancia que ella apoyaba. Después de la mue e de Sancho IV se hace ca go de la co ona y de la u o ía de su hijo en medio de eno mes di icul ades que supe a con ac o y un amplio despliegue de diplomacia y alen o polí ico, en e a una nobleza u bulen a y las ambiciones de A agón y Po ugal, con a quienes se e obligada a emp ende acciones bélicas que log a salda con a ados a o ables. Flo ez no le esca ima los elogios que su alen o me ece, aunque su análisis adolece siemp e de un ono que hoy denomina íamos «machis a». Doña Ma ía se compo a como una muje ex ao dina ia, pe o Flo ez no ol ida nunca que, al in y al cabo, es sólo una muje : « odo el o izon e mos aba lob egueces -dice a p opósi o de su en en amien o con Po ugal- amenazando empes ad po odas pa es: mas la Reyna, cuyo co azón no conocía demayos, mani es ó un espí i u no sólo supe io a su sexo, sino lab ada en el yunque y o icina de los Hé oes». Cuando doña Ma ía ecibe p esiones po pa e del in an e Ped o de A agón pa a que con aiga nue o ma imonio, a cambio del cual e i a ía sus 24 Ma ga e WADE LABARGE hacía ambién alusión a es e ca ac e de «muje es bíblicas» de las einas y nobles medie ales eu opeas en su es udio sob e la galena de e a os emeninos del pe iodo. La muje en la Edad Media. Ne ea, 1988. LA MUJER COMO FLJENTE DEL MAL.. . 63 opas de Cas illa, Flo ez asegu a: «Pe o la hones ísima seño a, aun ce cada de an g a es angus ias no quiso espi a po aquel medio. Escogió segui el más laudable egemplo de las que gua da on la e del p ime ma imonio, p o es ando que aunque su hijo hu ie a de consegui o as an as Co onas, no al a ía ella a su deco o.. .»25. A pesa de es a apa en e idelidad a la memo ia de su ma ido, doña Ma ía ampoco se io lib e mien a Sancho IV i ía de la p esencia de o as muje es al bo de mismo del i ono. Sancho IV, a pesa de su co a ida, u o iempo su icien e pa a man ene elaciones con una al doña Ma ía Al onso Uce o, pa ien e lejana de la p opia eina. La na u alidad con la que se con emplaban es as elaciones se comp ueba cuando Flo ez da cuen a sin ningún escándalo que la p opia doña Mm'a ac uó como mad ina de la niña. En un pe íodo más ce cano al que nos a ec a en es e caso, doña Ma ía de Po ugal in e ino ac i amen e en la polí ica cas ellana a lo la go de odo el einado de su hijo has a que se ió obligada a e i a se a su país de o igen, obligada po su p opio hijo. Sus ac i udes y ayec o ia con as an i amen e con el compo amien o de su i al Leono de Guzmán, quien no sólo di6 al ey ocho hijos en e al único he ede o que ella ue capaz de concebi . Sin emba go, la concubina eal gozó de p es igio y espe o mien as i ió Al onso XI. Pa adójicamen e, y aunque po azones dis in as ambién ue asesinada po el único a ón conside ado como legí imo. F en e a es e despliegue de ene gía y i meza de ca ác e , las aman es eales desempeñan, po lo menos en apa iencia, el papel de la muje -obje o, pasi a y some ida a su po en e dueño. Pe sonajes li e a ios como el de la «bella I ene» o la judía Raque1 esul an insepa ables de es a p ime a e apa medie al en que la concubina es única y exclusi amen e «el eposo del gue e o» y sólo llegan a se pelig osas cuando el seño se emboba demasiado y se apa a de sus obligaciones o iciales. Po lo que se e ie e a la elación e ó ica en e los eyes y sus egias cónyuges, las c ónicas no suelen se muy explíci as, como es lógico, a es e espec o, pe o pa ece e iden e que las ecias hemb as que compa en legalmen e el lecho de los mona cas sólo es án in e esadas en el aspec o suceso io, al y como se sub aya en el caso de doña Ma ía de Mon pellie , pa a que no haya ninguna duda ace ca de su « i ud». A pesa de que pocos his o iado es se deciden a acep a las esis de Denis de Rougemon , las c ónicas y los p ocesos 25 H. FLOREZ, ob.ci . Dona Ma ía (<La G ande», .11 págs.549 a 567 (pág. 557). inquisi o iales pa ecen eni en ayuda de las opiniones del ilóso o suiz026. No esul a ex año, po an o, que las p e e encias de los a ones einan es se o ien en hacia muje es apa en emen e menos inhibidas en el aspec o e ó ico que unas esposas más p eocupadas po las cues iones de es ado que po o o ipo de elaciones. Las p e e encias de los mona cas a es e espec o no pa ecen deja luga a dudas si enemos en cuen a el núme o de hijos que u ie on con sus aman es y con sus esposas legí imas. Es as p e e encias, sin emba go, comienzan a plan ea p oblemas suceso ios y polí icos a ines del siglo XIII. Los pad es de la Iglesia se habían p onunciado siemp e, según imos, con a la cos umb e de las concubinas y ba aganas, pe o en 12 12 el Concilio de Valladolid condena exp esamen e a los clé igos que compa en su ida con una muje , y a pa i de aquí comienza una co ien e que lle a inalmen e a la p ohibición o al de es e ipo de elaciones en las co es de B i iesca de 138727. Es muy p obable, desde mi pun o de is a, que es a nue a si uación es u ie a de e minada en g an pa e po los con lic os a que daba luga la exis encia de una p ogenie que debía se medida po dis in os ase os, al ma gen de los sen imien os pa e nos hacia ellos y de las ci cuns ancias que pudie an p esen a se en el caso de la 26 En o os abajos -«Magic and E o ism: Lo e magic» en The impac o Spanish Inquisi ion on Spain and he New Wo ld.. M.E.Pe y & A. J. C uz eds., Uni . o Cali omia , Los Angeles (en p ensa)- me he e e ido con ecuencia a las esis del ilóso o suizo Denis DE ROUGEMONT en Lámou e I'Occiden que no han sido muy ap eciadas po medie alis as como Le GOFF, pe o cuya isión de la apa ición del amo a a és del adul e io pa ece queda con iiada a a és de es e i abajo, po lo menos en lo que se e ie e a las uniones legales pe o no acep adas po la iglesia que es amos obse ando. 27 La p ime a p ohibición e dade amen e se ia de la ba aganía, an o pa a clé igos como pa a laicos p ocede de las Co es de B i iesba en en 1300, momen o a pa i del cual pa ece que se puede obse a una cla a in lexión en las cos umb es no sólo a es e espec o sino ambién en o as muchas cues iones. Juan 1 p ohibe a pa i de las Co es de B ibiesca man ene a o a muje que no sea la acep ada po la iglesia, «O denamos que ningún homb e casado sea osado de ene ni enga manceba publicamen e; y qualquie que la u ie e de qualquie es ado y condición que sea que pie da el quin o de sus bienes has a en quan ia de diez mil ma a edís po cada egada que se la halla en». Nue a Recopilación, lib.8, i .19, ley 5. A pa i de es e momen o se obse a un cambio o al de alan e espec o a las elaciones de los homb es sol e os o casados con o as muje es a excepción hecha de aquella con la que es én en disposición de con ae ma imonio delan e de la iglesia. LA MUJER COMO FUENTE DEL MAL.. . 65 sucesión al ono, los hijos de la «amigas» empiezan a plan ea p oblemas se ios que conducen a un nue o o den de cosas. A es e espec o, sin duda, la his o ia de Inés de Cas o, can ada po los poe as y ema a o i o de la época omán ica, ilus a mejo que ninguna o a es e papel de la aman e pasi a que da ida en las c ónicas a las «seduc o as inocen es» como la bella I ene y o as damas simila es. Inés de Cas o (c. 1320-1355) llega a la co e po uguesa como dama de hono de doña Cons anza de Cas illa, u u a esposa del in an e don Ped o (1320-1367), pe o p on o suplan a a su seño a en el co azón del he ede o del ono. El ey y la nobleza deciden elimina el iesgo que ep esen a pa a las buenas elaciones con Cas illa, y la dama uel e a su país, pe o su aman e no acep a es a decisión y no abandona sus elaciones con la muje que ha sabido a ae le mejo que su esposa. Los amo es e minan ágicamen e. Después de habe delibe ado el asun o en Consejo de Es ado, el ey o dena la mue e de la muje que pone en pelig o la sucesión al ono de los he ede os legí imos. Cuando Ped o sube inalmen e al ono hace desen e a el cadá e de su amada y decla a en 1360 que había es ado casado con ella en sec e o, obligando a odos que la econozcan como eina. La enganza con a sus asesinos, po o a pa e, ue c uel e impla~able2~. La elación de Inés de Cas o y Ped o de Po ugal anscu e en un momen o a pa i del cual se obse a un cambio de alan e espec o a las elaciones ex a-conyugales de los eyes. Po azones polí icas y cul u ales las alianzas ma imoniales adquie en el ango de pac o de es ado que no habían llegado a alcanza con cla idad has a aquí y po o a pa e, la p opia conduc a de los homb es obligados a una monogamia que has a aquí no había enido un ca ac e an exclusi o pa ecen que e suble a se con a ella lle ando has a el lecho, y después a la sucesión eal, a los hijos habidos en uniones menos con encionales. A pa i del siglo XIII el echazo que ya expe imen ó doña Ma ía de Mon pellie po pa e de Ped o de A agón da luga a d amas amilia es muy simila es siemp e al de Inés de Cas o y el ey de Po ugal. En es e con ex o his ó ico y en un momen o en que la semi ole ancia ace ca de las cos umb es amilia es de los eyes a a iesa po una e apa de ansició i anscu e el d ama amilia que iene como p o agonis as a Al onso XI y su hijo Ped o 1, y que nos in e esa especialmen e a causa del p o agonismo que adquie e en él un LOS da os his ó icos ace ca de la agedia amo osa de Ped o de Po ugal e Inés de Cas o pueden e se en La C ónica de ei don Ped o I de Femao LOPES (p incip. del XVI) y en la de RUY DE PINA, Ch onica de el ei D. AI onso el elemen os «nega i os» pa a unos a is óc a as que se sen ían lesionados en sus in e eses explicaba y enneg ecía al mismo iempo la igu a de un ey cuyas medidas les pe judicaban. No esul a descabellado, a mi modo de e , in e p e a es a adición como un umo polí ico que pudo ab ica se en o no a los p o agonis as de la his o ia y que los omances hicie on co e de boca en boca, ans o mándolo en lo que pod íamos cali ica como «opinión pública del pe íodo~37. Los desconocidos au o es de las leyendas elacionadas con Ped o 1 simpa izan abie amen e con la inocen e digu a de doña Blanca de Bo bón, la esposa pos e gada y sac i icada sin ninguza culpa38 y a ibuyen a las malas a es de la aman e las desg acias de la esposa legí ima. Doh Blanca es á en Sidonia Con ando su his o ia ama ga A una due ia se la cuen a Que en la p isión la acompaña De Bo bón, dice, soy hija De Ca los Del ín cuñada Y el Rey de la Flo de Lis Pone en su escudo mis a mas De ancia ine a Cas illa ¡Nunca deja a yo F an~ia!~9 En o o omance en el que doña Blanca oma ambién la palab a pa a da cuen a de sus desg acias se acusa di ec amen e a Ma ía de Padilla de habe emb ujado al ey con la ayuda del hechice o judío: Cáseme en Valladolid Con don Ped o. Rey de España; El semblan e iene he mosos Los hechos de ig e Hi cana Diome el sí, no el co azón i Ale osa es su palab a! ... Dile una cin a a Don Ped o 37 Romance o del Rey Don Ped o (1 368-80) in oducción, bibliog a ía de A. PEREZ GOMEZ. Valencia, 1954. 38 Op. ci ., omance IX, pág. 133. 39 Op. ci ., omance IX, pág. 133. LA MUJER COMO FUENTE DEL MAL.. . 7 3 De mil diaman es semb ada, Pensando enlaza con ella Lo que amo bas a do enlaza; Húbola doi a Ma ía Que cuan o p e ende alcanza En egola a un hechicen> De las heb eas sanp ing a a Hizo pa ece culeb as Las que e an p endas del alma Y en es e pun o acaba on, La o una y mi e e anza40 Aunque en algún omance41 se ecue da ambién cómo doña Ma ía impidió al ey da mue e a doña Blanca, el omance o p e ie e can a sus desg acias y llega, incluso, a a ibui a la aman e eal el ágico in de la p incesa ancesa: No con en o el ey don Ped o De ene ap isionada A doi a Blanca en Sidonia Sin azón ni causa jus a A pe ición de Padilla Bella ig e de la Hi cania Pe mi e el Rey que la Reina Acabe su ida ama ga La cual le dice -Se lo Si ale ues a palab a Ya es iempo que me cumplais La que a mi me eneis dada Median e la cual me hubis eis Vi iendo en mi casa hon ada Y codiciada de muchos Seño es de ues a España Dis eme nomb e de amiga Con el que el ulgo me dis ama Pues po deshon a me dice Que solo el nomb e me bas a Y hubie a ya de bas a Que es oy de hijos ca gada Vues os que po que lo son 40 Op. ci ., omance IX,.pág. 133. 41 Op. ci ., omance XIV, a, b, c. Vi o yo an deshon ada- Mo ie on al ciego Rey La halagüei as palab as Que la ma ona le dice Fingidas y bien llo adas42 La belleza de doña Blanca, su linaje, su p isión y is e inal ganan las simpa ías de los au o es de los omances y del pueblo que los can a. Aunque doña Ma ía de Padilla y doña Inés de Cas o ep esen an dos igu as pa alelas, no sólo en el iempo, sino el de eni his ó ico, esul a undamen al, a mi modo de e , ene en cuen a el papel que co esponde a cada una de ellas en sus espec i as his o ias. En Cas illa, doña Ma ía allece de mue e na u al después de habe con i ido con el ey du an e oda su ida, y don Ped o obliga a la nobleza a econoce la como eina después de habe con aído dos ma imonios consecu i os, habe man enido algún que o o de aneo, y cuando él mismo se encuen a al inal de sus días. El compo amien o d ás ico del cas ellano con sus enemigos no puede se in e p e ado a causa del dolo que le ha p oducido la desapa ición de su amada a manos asesinas, pues o que odo su einado es á ma cado po enganzas sang ien as, la p ime a de las cuales es á di igida con a la aman e de su p opio pad e. Ped o de Po ugal, po el con a io, se desposa con Cons anza de Cas illa mien as es el he ede o del ono y po o den de su pad e. Unicamen e a con inuación se enamo a a almen e de la dama de compañía. Inés de Cas o, po o a pa e, es asesinada c uelmen e po o den del ey. No esul a muy di ícil, po consiguien e, comp ende que a Inés de Cas o co esponde el papel de « íc ima» en la his o ia po uguesa, mien as que en Cas illa es e ca ác e lo adquie e doña Blanca de Bo bón, cuyo is e des ino sólo puede a ibui se a alguna in luencia malé ica. La p incesa que ha llegado desde F ancia pa a uni se al ey, a pesa de que él ya con i ía con Ma ía de Padilla, padece an as mise ias que incluso los a isos del cielo ad ie en a Ped o de las desg acias que puede aca ea le su mal compo amien o. De acue do con uno de los omances que oman pa ido po doña Blanca, un pas o hab ía acudido «milag osamen e» has a el ey pa a eclama le que ol ie a al lado de su esposa: Mo i ás, el Rey Don Ped o Que ma as e sin jus icia 42 Op. ci ., omance XVIII, pdg. 179. LA MUJER COMO FUENTE DEL MAL.. . 75 Los mejo es de u eino . . . A Dios da ás cuen a d'ello Tienes p esa a do ia Blanca Enojas e a Dios po ello Que si uel es a que e la Da e ha Dios un he ede o Y si no po cie o sepas Que end á desmán po ello ... Mo i ás a puÍíaladas Tu casa se á el i i iemo Todo es o econ ado Desapa eció el bul o neg o43 Los di e en es papeles que ep esen an doña Inés de Cas o y doña Ma ía de Padilla en sus espec i as his o ias explican en pa e, desde mi pun o de is a, la dis in a ayec o ia li e a ia de dos igu as emeninas an p óximas psicológlca y ci cuns ancialmen e, sin emba go. Mien as Inés sigue siendo una « íc ima» con emplada de o ma muy simila an o po los au o es del Siglo de O o como po los con empo áneos, doña Ma ía en ó p on o a a és del omance o -al igual que la poé ica Mesuline- en un p oceso de demonización que no desapa ece o almen e en el ea o que se ocupa de las a en u as de su ma ido en la misma época en que nues as enamo adas in ocaban su nomb e como sinónimo de pode es in e nales. Don Ped o apa ece en el ea o de Lope, Ti so, Ruiz de Ala cón y o os muchos44. G acias a la «opinión pública» ep esen ada po los omances ace ca de don Ped o, Ma ía de Padilla se con ie e len amen e en una igu a nega i a que ha causado la mue e de su i al de o ma indi ec a. Las ci cuns ancias socio-cul u ales e his ó icas a p opósi o de la sucesión al ono a las que he aludido an es ans o man a la compañe a de Ped o 1, desc i a po Ped o López de Ayala como una muje que no se di e encia demasiado de las concubinas eales de o os iempos, en una igu a mal ada, do ada con pode es mágicos, de ca ác e casi in e nal a la que in ocan las a icionadas a la «magia amo osa». 43 Op. ci ., omance XIIIa, pág. 146. 44'~nés de Cas o a ajo ambién la a ención de los au o es españoles del Siglo de O o español que obse an su igu a con e nu a y compasién. En e o os, Ga cilaso de La Vega le dedicó dos baladas y Vélez de Gue a a can ó su agedia en Reina después de mo i . La adición popula some e a nues a p o agonis a a al me amo osis que de nue o nos encon amos con el a que ipo de la muje -hechice a, con pode es ex ao dina ios muy simila es a los de las seduc o as mágicas del mundo g eco-la ino que imos al p incipio. Su ama se ex iende y aumen a du an e los siglos XV, XVI, XVII y XVIII. La igu a de Ma ía de Padilla en la «magia amo osa» La igu a de Ma ía de Padilla que apa ece en la c ónica de Ped o 1, la muje a la que López de Ayala desc ibe como «de buen linage e pequeña de cue po, é de buen en endimien o»45 se con ie e a a és de la adición o al en un pe sonaje do ado de pode es mágicos ex ao dina ios. Las muje es despechadas, abandonadas o en busca de amo líci o o ilíci o acuden a ella en busca de ayuda y le a ibuyen acul ades pa a hechiza aman es y con ola olun ades. San a Ma a y doña Ma ía compa en en el epe o io de la «magia amo osa» el pa ocinio de los amo es desca iados y los deseos nis ados, pe o la o ma en que se la in oca ae a la memo ia, en cie o modo, la igu a de la lejana Héca e, la igu a sob ena u al que iene bajo su p o ección a las hechice as. En la memo ia de las muje es de los siglos XVI y XVII que p ac ican la «magia amo osa» doña Ma ía es, sin emba go, una igu a de ca ne y hueso, de la que ienen una imagen bas an e conc e a a a és del omance o y del ea o de Lope de Vega, Ti so de Molina, e c., -que enían a menudo an e sus ojos- donde la igu a de su some ido aman e sigue igen e. Los conju os en que se in oca a la aman e de un ey que oda ía conse aba su popula idad a a és de las ep esen aciones ea ales de los au o es más epu ados de la época demues an la adical ans o mación que ha su ido a a és de la adición o al una muje de cme y hueso que en la ida eal se limi ó en g an pa e a su papel de esposa ilegí ima y mad e. El p oceso de demonización es muy simila al de la poé ica igu a de Melusine, aunque po azones dis in as. Resul a bas an e lógico, po consiguien e, que Ma ía de Padilla pase de los omances a es e o o géne o de poesía popula que son los conju os, y las muje es que p ac ican la «magia amo osa* empiezan a in oca la a causa de es a nue a pe sonalidad mágica, uniendo su 45 P. LOPEZ DE AYALA. Op..ci . año doceno, 1361, cap. VI pág.513. LA MUJER COMO FUENTE DEL MAL.. . 77 nomb e al de Sa anás, Luci e , Bmabás, el Diablo Cojuelo y oda la co e & se es in e nales. He aquí po consiguien e, a la concubina de Ped o 1 con e ida en una semi-diablesa malé ica, casi una nue a Héca e. Espe anza Badía, Hechice a alenciana p ocesada en 1655, la in oca en compañía del ma qués de Villena, el único pe sonaje de ca ne y hueso omado ambién de la his o ia del país más inmedia a. En es e caso, la in e ención del ma qués que gozó muy jus i icadamen e an o i o como mue o de ama de alquimis a y nig oman e esul a muy comp ensible: Yo e conju o con doiía Ma ia de Padilla y oda su cuad illa con el ma qub de Villena y oda su gen e46 Lo p onunciaba mien as sos enía un osa io en la mano que se ía pa a deduci la espues a. Si se mo ía, e a señal de que su i ía buen e ec o. Los conju os en los que apa ece como ue za emenina de ca ác e in e nal no son muy nume osos, y suelen se bas an e simila es. Po lo gene al es án elacionados ambién con el uego o la sal. El conju o se p onuncia casi siemp e mien as se echa al uego un puñado de sal o se pone a he i algún ecipien e. El colo de la llama ada si e como base pa a la p edicción. En e los p ocesados en 1618 en el ibunal de Co e encon amos uno de es os i os en los que es p eciso u iliza la sal, que se ía en es e caso pa a ade eza unas na anjas a las que ade ezaba ambién con pimien a y ce a, después de co a les la «co ona». En el conju o de Ma ía de Mo ales nues a p o agonis a apa ece asociada con o os dos pe sonajes emeninos de ca ác e legenda io: Conjú a e con la eyna Salayna y con la eina Napoli ana y con doiía Manda de Padilla si es que Fulana ine quie e quie e bien que enga donde es oy47 46 A chi o His ó ico Nacional (Mad id),.sección Inquisición, lib. 942 ol. 47 A.H.N. Inq. leg. 3092. Ci ado po J. BLAZQUEZ MIGUEL, E os y Tana os. B uje ía, hechice ía y supe s ición en España. P ólogo de J. CARO Al igual que en casi odos los i uales en que in e iene doña Ma ía, las na anjas se a ojaban a con inuación al uego y se obse aba el colo que adqui ía. La 6 mula más log ada pa a ejecu a es e i o en el que se combina la sal y el uego la conocía la epu ada hechice a doña An onia Mexia de Acos a, a icionada a las a es ama o ias y au én ica p o esional que eje cía su o icio ambién en Mad id, a la que se p ocesó en 163348. En el i o de ines simila es que se p ac ica u ilizando un osa io como ins umen o de apoyo, Ma ía es mencionada jun o al ma qués de Villena, lo que pe mi e supone que se la concedía un ango simila al de es e pe sonaje, un siglo pos e io a nues a p o agonis a, po lo que se e ie e a la expe iencia y pode es mágicos: No bengo a quema sal ni bengo a ab asa sal el co apn de ulano bengo a quema y ab asa po mi amo Conjú a e sal con Sa anás, con Ba abás, con Be cebú con Luci e , con el diablo Cojuelo con doña Ma ía de Padilla y con cuan os diablos es án en el in ie no bau ipdos y po bau ip . Todos se pond án en el co qon de Fulano y pa a que no pueda pa a y sosega y me le ae án49 El conju o que omaba a Ma ía de Padilla como igu a p incipal e a an conocido y di ulgado en es a época que cuando los inquisido es BAROJA. Toledo, A cano 1989. 364 págs. Pág. 280. Blázquez hace una co a e e encia a pie de página a p opósi o de la iden idad del pe sonaje de Ma ía de Padilla ci ado en el conju o, eco dando las hipó esis de J. Ca o Ba oja, y señalando que segu amen e se a aba de la aman e del ey don Ped o. 48 El p oceso de An onia Mexia de Acos a a ajo la a ención en p ime luga de S. Ci ac Es opañan (Los p oceos po hechice ía en Cas illa la Nue a.Toledo y Cuenca. Mad id). J. Ca o Ba oja le dedicó a con inuación un es upendo capí ulo en sus Vidas mágicas e Inquisicibn, op. ci . ( . 11 c.XVI ). Se a a en e ec o de una p o esional sumamen e in e esan e, pe o no es en absolu o la única que me ece la pena obse a con an o de enimien o. Tan o en Toledo como en Cuenca apa ecen ambién o as expe as an suge en es como ella. 49 A.H.H. Inq. leg. 90, n.9. LA MUJER COMO FWNTE DEL MAL.. . 79 ano an el epe o io de conocimien os mágicos de doña An onia señalan el «conju o de doña Ma ía de Padillaw. Aunque el conju o comple o no igu a ya en es a pa e del p oceso segu amen e es e no es o o que el que acabamos de e . En Valencia, el conju o de doña Ma ía se p ac icaba con un ecipien e que había que pone a he i en el uego. Las hechice as y los p opios inquisido es suelen conwe lo como el «de las cazole as». Ge óni na González, p ocesada en el au o de 1655 pone y la in oca en compañía de los diablos más pode osos: Po Ba abás, Sa anás y Luci e po do ía Ma ía de Pa iilla y oda su compailia que así como hie e es a cazole a ye ba el co azón de Fulano que no pueda sosega ni eposa has a que a Fulana enga a buscdO Ma ía de Padilla adquie e en los conju os de las hechice as de oda España una pe sonalidad casi sa ánica. Con mucha ecuencia, y siemp e con ines amo osos de oda índole, se la in oca uniendo su nomb e a los demonios más conocidos. En el mismo conju o que acabamos de e , la expe a con inuaba: po la muje de Sa anás po la muje de Ba abás po la muje de Be cebú assí como es os es es aban eñidos y enian jun as con paz enga el co azon de Fulano a ado, p eso y ena no addl En el conju o en el que se pide la ayuda del diablo de o ma simbólica denominándole «g an se io de la calle», Ma ía apa ece de nue o inculada a se es cuyas almas han caído en la condenación e e na. La hechice a alenciana Espe anza Badía enume aba las almas de los se es desespe ados po causas amo osas en e las que, al pa ece , einaba ambién es a nue a Héca e que supo encadena a su olun ad a uno de los eyes más p esen es en la adición popula du an e los siglos XVI y XVII. 50 A.H.N. Inq. lib. 942 ol. 194 . A.H.N. Inq. ibid. Vecino y compad e G an Se io de la Calie.. . yo e conjum 6 con es almas de moci os enamo ados con es almas desespe adas con el alma de dona Ma ía de Padilia con oda su cuad illa52 Bien en ado ya el siglo XVIII la igu a de Ma ía de Padilla seguía siendo u ilizada pa a in oca a los pode es in e nales y a o ece los amo es no co espondidos. F ancisca Rome o, cuya ayec o ia humana, como la de Celes ina, había anscu ido p ime o po los caminos de la p os i ución pa a e mina en la p o esión mágica, echaba las ca as a sus clien es con el apoyo de la aman e de Ped o 1, siglos después de su mue e. La in ocación con la que p epa aba la sue e e a muy simila a los conju os que ya conocemos: Yo engo miedo y e conju o con Ba abás, con Sa anás y Ma ía de Padilla y oda su cuad illa y el Diablo Cojuelo, po se más lige o, le mando un pelo po que se me diga la e dad53 Después de es a ó mula colocaba los ece naipes de la ba aja en o ma de cí culo y el que hacía el núme o ca o ce en el cen o. La p edicción se ha ía de acue do con la ca ac e ís icas de los cinco naipes que apa ecían en p ime luga . Según acabamos de e , la igu a de Ma ía de Padilla sob e i e du an e odo el An iguo Régimen g acias a las p ác icas de las muje es que se dedica on al eje cicio ac i o de la «magia amo osa». Su epu ación se ex endió po oda la península ibé ica y llegó a pene a ambién en los i os de las muje es que habi aban en las á eas insula es e incluso en odos los e i o ios que, de una mane a u o a, es u ie on en con ac o con la cul u a cas ellana. La an igua concubina de Ped o 1 ha sido capaz, incluso, de c uza el océano y ex ende su 52 A.H.N. Inq. lib. 942 ol. 27 . 53 A.H.N. Inq. leg. 3732 n. 32, ci ado po BLAZQUEZ, ob. ci . pág. 303. LA MUJER COMO FUENTE DEL MAL.. . 8 1 mano has a las muje es en busca de amo es más o menos «ilíci os» en oda ibe oamé ica. La elación que imos es ablece al p incipio en e la muje y los pode es malé icos no se limi ó, sin emba go, a es e aspec o. Du an e los mismos siglos un g upo ela i amen e nume oso de muje es ue on acusadas po sus ecinos de posee ambién pode es simila es a los de doña Ma ía y casi con la misma ecuencia encon amos a homb es que asegu an an e los inquisido es que han sido íc imas de pode osos male icios que les a an sexualmen e a sus aman es. Ci ce y Medea, al pa ece se han alejado mucho en el iempo y el espacio, pe o los p ocesos inquisi o iales pa ecen que e demos a nos que lo único que se ha modi icado son los dis aces de los pe sonajes y la o ma en que se exp esan. En cuan o a las muje es con pode es mágicos, cuya igencia e ó ica las ha ans o mado en hadas malé icas, los mismos ex os siguen dando cuen a de la e y el emo que seguían inspi ando en e sus ecinos. MARIA-HELENA SÁNCHEZ ORTEGA P o eso a de His o ia Mode na. UNED, Mad id Resumen: pa iendo del mundo clásico y medie al, la au o a aza el camino eco ido po de e mi& igu as emeninas ca ac e izadus po se conside adas uen es del mal, cen ándose inalmen e en la ixu a de Doña Ma ía de Padilla y su papel en la magia amo osa de la Epoca Mode na. Summa y: s a ing om he clussical and medie al wo ld, he au ho designs he way c ossed by se e al eminine igu es hu a e conside ed sou ces o e il, and she inally emphasizes he igu e o Doña Ma ía de Padilla and he ole in he lo ing magic in he Mode n Age. - -