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"Pesar" la tierra : test newtoniano y origen de un anacronismo

Abstract

The measure G, the universal gravitational constant, is attributed to Henry Cavendish. Nevertheless, the intention of the English physicist was to measure the density of the earth, which at that time was necessary in order to decide between different theories about the composition of this planet. G was measured much later. In this article I will try to explain how Cavendish accomplished the famous experiment and what his results were. Likewise, I will consider the problems that can arise in the scientific training of students from maintaining anachronisms such as this.

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"Pesar" la tierra : test newtoniano y origen de un anacronismo

Author: Moreno González, Antonio
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 2000
DOI: 10.5565/rev/ensciencias.4049
Source: https://ddd.uab.cat/pub/edlc/02124521v18n2/02124521v18n2p319.pdf
Y EPISTEMOLOGÍA
DE LAS CIENCIAS
HISTORIA
ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 2000, 18 (2), 319-332 319
«PESAR» LA TIERRA: TEST NEWTONIANO
Y ORIGEN DE UN ANACRONISMO
MORENO GONZÁLEZ, ANTONIO
Depa amen o de Didác ica de las Ciencias Expe imen ales. Uni e sidad Complu ense de Mad id.
Rec o Royo Villano a, s/n. 28040 Mad id.
E-mail: [email protected]
SUMMARY
The measu e G, he uni e sal g a i a ional cons an , is a ibu ed o Hen y Ca endish. Ne e heless, he in en ion o
he English physicis was o measu e he densi y o he ea h, which a ha ime was necessa y in o de o decide
be ween di e en heo ies abou he composi ion o his plane . G was measu ed much la e .
In his a icle I will y o explain how Ca endish accomplished he amous expe imen and wha his esul s we e.
Likewise, I will conside he p oblems ha can a ise in he scien i ic aining o s uden s om main aining
anach onisms such as his.
Al amigo y p o eso Albe o Galindo, de quien
he ap endido a alo a el igo cien í ico.
En los lib os de ex o hemos ap endido, y así se con inúa
enseñando, que el ísico inglés Hen y Ca endish (1731- 1810) ealizó un expe imen o legenda io u ilizando una
balanza de o sión «pa a medi la cons an e G de la
HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS
320 ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 2000, 18 (2)
g a i ación uni e sal». De aquello hace doscien os años,
y has a echas ecien es no se ha epa ado, al menos no
se ha di undido, que no ue ése el esul ado del expe i-
men o de Ca endish, quien lo que ealmen e hizo ue
de e mina la densidad media de la Tie a. Quizá en los
p ime os ex os de ísica del siglo XIX, cuando se inicia
la o mulación de la ley de la g a i ación como una
igualdad y no en o ma p opo cional al como la enun-
cia a New on, no se oma on demasiado en cuen a las
au én icas medidas de Ca endish y, como quie a que,
conocida la densidad de la Tie a, ácilmen e se ob iene
G, pudo p e e i se a ibui el cálculo de G al amoso
expe imen o y así simpli ica las explicaciones. Si és a
ue a la jus i icación y si hubie a cons ancia que así es,
no hab ía po qué ala ma se, pe o a juzga po los
múl iples lib os consul ados, pasados y ac uales, no se
p ecisa en qué momen os ue on hechas las medidas de
ambas magni udes –densidad de la Tie a y G– y, po lo
an o, sí que debe co egi se el e o . Al no acla a cómo
ue on las cosas, la con usión se ha con e ido en doc i-
na, a ibuyéndosele a Ca endish un in e és po el cálculo
de una cons an e uni e sal que ni u o él ni en su iempo
pudo ene nadie, po que és e es un asun o elacionado
con las unidades de medida y la homogeneidad de las
leyes ísicas que no se p ac ica sis emá icamen e en la
ísica has a bien mediado el siglo XIX, como consecuen-
cia de la aplicación a las magni udes ísicas del concep o
de dimensión (Palacios, 1964) in oducido po Jean
Ba is e Fou ie (1768-1830) en su Théo ie analy ique de
la Chaleu (1822), en la que po p ime a ez se plan ea
la necesidad de u iliza sis emas de unidades ap opiados
en las ecuaciones asociadas a los enómenos ísicos; de
mane a que la g a ui a a ibución de la medida de G a
Ca endish es un au én ico anac onismo. De él p e endo
ocupa me aquí has a donde pe mi e la documen ación-
consul ada en es a indagación aún inconclusa.
SUPOSICIONES, DUDAS Y CONTROVERSIAS
En e las publicaciones del siglo XVII que ponían de
mani ies o que algo nue o se es aba ges ando (Rossi,
1997), la más ele an e es sin duda Philosophiae Na u-
alis P incipia Ma hema ica de Isaac New on (1642-
1727), publicada po la Royal Socie y londinense en
1687 a expensas de Edmund Halley (1656-1742), con-
encido de la genialidad de aquel a ado que supuso la
p ime a g an uni icación de la ísica, acabando con los
dis ingos me a ísicos de los an iguos en e el a amien o
de los enómenos celes es y los e es es.
«Es a admi able ob a –esc ibe Pie e Simon Laplace
(1749 -1827)– con iene los gé menes de odos los g an-
des descub imien os que han sido hechos después sob e
el sis ema del mundo: la his o ia de su desa ollo po los
suceso es de es e g an geóme a se ía a la ez el comen-
a io más ú il sob e su ob a y la mejo guía pa a llega a
nue os descub imien os.» (Laplace, 1904).
Y en o a de sus p ecisas publicaciones sob e la ley de
New on, dice el as ónomo y ma emá ico ancés:
«No exis e pun o en la ísica de e acidad más incon es-
able y mejo demos ado, de acue do con la obse ación
y el cálculo, que el de: « odos los cue pos celes es
g a i an los unos sob e los o os». New on, au o de es e
descub imien o, el más impo an e hecho jamás en la
iloso ía na u al, encuen a que los mo imien os obse -
ados de los plane as no pueden subsis i sin una enden-
cia hacia el Sol, p opo cional a su masa, y ecíp oco al
cuad ado de su dis ancia a ese as o» (Laplace, 1773).
La base de los P incipia se asien a, po an o, sob e los
que en onces se conside a on e ec os de a acción, e e-
idos al cue po hacia el que o o es a as ado, y de
g a i ación, espec o al cue po que es a as ado; si de la
g a i ación e es e se a aba, el é mino con enido ue
g a edad. La a acción en e pa ículas de ma e ia se
denominó cohesión. Y aunque ni New on ni muchos de
sus epígonos hicie an hipó esis sob e las causas de ales
ue zas, p e i iendo deja en manos de la olun ad di ina
los designios del mundo, sí in en a on medi las. Dándo-
se po hecho que g acias a la g a i ación uni e sal se
man enía el o den celes e –la keple iana «a monía de las
es e as»– se a aba de comp oba , y a se posible medi ,
esa misma supues a a acción g a i a o ia en e obje os
co idianos o en e obje os y la misma Tie a, sob e odo
pa a co obo a la oda ía dudosa pe o, a su ez, e sá il
ley in e sa del cuad ado de la dis ancia, p on o asociada
ambién a los enómenos elec os á icos y a los magné-
icos.
En endida po New on la a acción como acción a dis-
ancia, undamen o de su mecánica, supuso un se io
epa o pa a acep a la eo ía de la g a i ación po la
comunidad cien í ica de la Eu opa con inen al, más
a ec a al mecanicismo ca esiano, de enso de las accio-
nes po con ac o en un mundo donde –pa a René Desca -
es (1596-1650) y sus seguido es– no e a concebible el
acío y en el que los o bellinos del é e , ma e ia su il que
odo lo llenaba, ansmi ía cualquie in e acción en e
cue pos dis an es. La con o e sia susci ada po ambas
isiones del mundo llegó a con e i se en un p oblema
nacionalis a, especialmen e en F ancia (La uen e, Del-
gado, 1984a), donde la Academia de Ciencias, los salo-
nes ilus ados –sedes de exhibiciones y polémicas cien-
í icas– y el p opio Es ado demanda on una espues a
con incen e pa a la causa de la a acción, aunque el
mismo New on hubie a deses imado ocupa se de ales
causas, pe o que a los ojos de los ca esianos con enci-
dos de ene muy cla a la explicación de las in e accio-
nes, la p opues a new oniana es aba más p óxima a las
cualidades ocul as de las ísicas a is o élica y medie al,
o al menos de las causas me a ísicas pa a explica el
mo imien o, que de las sólidas y con as ables azones
que ya se exigía al conocimien o cien í ico.
A c i e io de la Academia de Ciencias de Pa ís, la
de e minación de la igu a de la Tie a pod ía se conclu-
yen e pa a decidi en e las con apues as eo ías ca e-
siana y new oniana. Sob e la o ma de la Tie a, New on,
en el eo ema XVI ace ca de que los ejes de los plane as
son meno es que los diáme os azados pe pendicula -
men e a los ejes (p oposición XVIII) del e ce lib o de los
P incipia, conje u a:
HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS
ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 2000, 18 (2) 321
«La igual g a i ación de las pa es si uadas en odos los
lados de los plane as les da ía una o ma es é ica si no
ue a po su e olución diu na en cí culo. Ese mo i-
mien o ci cula hace que las pa es que se alejan del eje
pugnen po ascende ce ca del ecuado ; como conse-
cuencia de ello, si la ma e ia es á en es ado luido, al
ascende hacia el ecuado , aumen a á allí los diáme os
y, al descende hacia los polos, aco a á el eje. Po an o,
el diáme o de Júpi e (po obse aciones coinciden es
de los as ónomos) esul a se más co o en e polo y
polo que de es e a oes e. Y, a eno de la misma a gumen-
ación, si nues a Tie a no ue a más al a en el ecuado
que en los polos, el ma se hundi ía en las p oximidades
de los polos y, ele ándose hacia el ecuado , anega ía
cuan o allí hubie a» (New on, 1982).
Combinado el p incipio de a acción con la medida de la
ue za cen í uga es ablecida po el holandés Ch is iaan
Huygens (1629-1695) en su Ho ologium oscilla o ium
(1673), New on pos ula que la Tie a es un es e oide con
un acha amien o en los polos espec o al ecuado como
229 es a 230. Pa a compa a la cu a u a de la supe icie
e es e en luga es de dis in a la i ud se p ocedió a la
medida de las espec i as longi udes de un g ado de
me idiano en dichos luga es, dedicándose a al emp esa
g andes es ue zos (Todhun e , 1873). Si la Tie a ue a
es é ica, el adio de cu a u a del a co de me idiano,
cualquie a que uese el pun o elegido, se ía el mismo, el
adio de la Tie a; las di e encias en la longi ud del g ado
de me idiano, es deci , del a co cuyas la i udes ex emas
di i iesen un g ado, se ía an o mayo cuan o meno
uese la cu a u a, o sea, cuan o más acha ada uese la
zona conside ada (Ta on, 1988).
Po o a pa e, a lo la go del siglo XVIII, las con o e sias
sob e la cons i ución de la Tie a se pola iza on en o no
a dos pos u as, an adicalmen e de endidas que incluso
pusie on en pelig o la c edibilidad en la incipien e geo-
logía como ciencia de la na u aleza; dispu as an ehe-
men es como las sos enidas en e an iguos y mode nos o
clásicos y omán icos. El p usiano Ab aham Go lob
We ne (1750-1817) conside aba que el océano e a la
uen e de odas las o maciones e es es; la acción
ísica y química del agua e a el undamen o del eino
mine al. A es a eo ía nep uniana se opuso la plu oniana
o olcanis a del escocés James Hu on (1726 -1797) que
a ibuía al uego o calo cen al las o maciones geoló-
gicas básicas de la Tie a. Aunque su ob a (Hu on,
1795) ue poco ap eciada en su iempo, la labo de sus
seguido es, especialmen e John Play ai (1748 -1819),
au o de Illus a ions o he Hu onian heo y (1802), y
la adhesión de los alemanes Alexande on Humbol y
Leopold on Buch, consiguió implan a las eo ías de
Hu on sob e las de We ne , g acias ambién al apoyo
dispensado desde la ecién c eada Sociedad Geológica
de Lond es en 1807, que op ó po los plu onianos si bien
econociendo la inexo able acción geológica del agua.
El espalda azo de ini i o al plu onismo lo dio el geólogo
escocés Cha les Lyell (1797-1875) en The P inciples o
Geology: being an a emp o explain he o me changes
o he Ea h’s su ace, by e e ence o causes now in
ac ion (1830-1833), esc i o bajo la in luencia de la
sín esis new oniana y con idén icas aspi aciones
uni icado as a las expues as en los P incipia (Bowke ,
1995).
Si la medida del a co de me idiano se acep ó pa a
dilucida la o ma de la Tie a, medi su densidad ue la
a ea emp endida pa a decidi sob e la luidez o solidez
del plane a, in en os ambos asociados a la admisión o no
de la supues a a acción new oniana.
A LA BÚSQUEDA DE SOLUCIONES:
TANTEOS Y REPETICIONES
La p ime a ope ación geodésica pa ocinada po la Aca-
demia de Ciencias de Pa ís ue la medida de un g ado de
la i ud en e Mal oisine y Sou don ealizada po el
as ónomo y aba e Jean Pica d (1620-1682), colabo a-
do de Gassendi en sus comienzos, au o de La mesu e de
la Te e (Pa ís, 1671), donde da un alo de 39.801 km
pa a la ci cun e encia e es e, con ándose en e los
p ime os en epa a que la a iación, con la la i ud, de la
longi ud del péndulo que ba e segundos podía se i pa a
la de e minación de la igu a de la Tie a. En la p ime a
edición de los P incipia, New on u ilizó el alo del
g ado de la i ud de Pica d. En 1722 la Academia de
Ciencias de Pa ís dio cuen a de las medidas geodésicas
ealizadas en e Dunke que y Pe pignan (F ancia) po
Jacques Cassini (1677-1756), quien concluye que la
Tie a es un elipsoide de e olución ala gado po los
polos. Es a in e p e ación de una Tie a oblonga, p on o
desechada po los cien í icos, incluso los más ca esia-
nos, ue man enida po o os au o es como una eacción
a la in luencia de New on en el con inen e.
Una p ime a decisión a oma en las ope aciones geodé-
sicas e a op a en e las medidas de longi udes de g ados
de pa alelo o de me idiano (Lamon agne, 1964b). El
i aliano Gio anni Poleni (1683 -1761) ganó el p emio de
la Academia de Pa ís en 1733 con un abajo en el que
demues a que, pa a de e mina la igu a de la Tie a,
e an más iables las medidas hechas sob e el me idiano
que sob e el ecuado . Pie e L.M. de Maupe uis (1698-
1759), ancés y new oniano has a el ex emo de se
cali icado po Vol ai e como el Galileo de F ancia en la
ba alla po in oduci el new onianismo en Pa ís, adop ó
la p opues a de Poleni y la puso en p ác ica en la
expedición geodésica a Laponia que, pa ocinada po la
Academia pa isina, di igió en 1736 asis ido, en e o os,
po Alexis Claude Clai au (1713-1765) y el as ónomo
sueco Ande s Celsius (1701-1744). Un año an es, había
pa ido pa a Pe ú o a expedición auspiciada ambién
po la Academia con el mismo p opósi o de apo a da os
escla ecedo es en la polémica sob e la igu a de la
Tie a; expedición en la que, en e o os, pa icipa on el
geóg a o Cha les-Ma ie de la Condamine (1701-1774),
el p o eso de hid og a ía de la Uni e sidad de Le Ha e,
Pie e Bougue (1698-1758) y los cosmóg a os y ma i-
nos españoles Jo ge Juan (1713-1773) y An onio de
Ulloa (1716-1795), nomb ados a al e ec o po el Conse-
jo de Indias. A pesa de los desacue dos en e los esul-
ados ob enidos en las expediciones a Laponia y Pe ú
(donde hubo sonadas disc epancias en e La Condamine
HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS
322 ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 2000, 18 (2)
y Bougue ), la con on ación de los mismos con los
ealizados años an e io es en F ancia hizo duda a algu-
nos académicos sob e la exac i ud de es os úl imos, lo
que condujo a nue as mediciones y expediciones
(Maheu, 1966).
En las expediciones mencionadas, la medida del iempo
se hacía con el péndulo que ba e segundos, ya que has a
mediados del siglo XVIII no se dispuso de elojes iables.
A al e ec o, en odas las expediciones, y en las sucesi as
la i udes donde se encon a an, medían la longi ud del
péndulo. Asimismo, pa a la de e minación de la e ical
de un luga , omando como e e encia las posiciones de
las es ellas, se u ilizaba un ins umen o en el que el
elemen o básico e a una plomada. Pe o se plan ea on,
especialmen e los expediciona ios a Pe ú, si una ez
suspendida la plomada po su cen o pe manece ía inde-
ec iblemen e señalando la e ical, con el in de consi-
de a las co ecciones pe inen es an o en la medida del
iempo como en el es ablecimien o de la la i ud de los
luga es elegidos como obse a o ios. La e idencia de al
des iación, en las p oximidades a g andes masas, como
las mon añas, ue una con i mación más de la ley new o-
niana de la a acción.
Admi ida la in luencia g a i a o ia de las mon añas
sob e la oscilación del péndulo y sob e el peso de los
cue pos, Bougue acome ió a ios expe imen os pa a
de e mina la elación en e la densidad de la mon aña,
el Chimbo azoo en su caso1, y la densidad media de la
Tie a. Ob u o dos esul ados muy dispa es: po una
pa e, que la Tie a debe ía se unas cua o eces más
densa que la mon aña; po o a, doce eces más
(Poyn ing, 1894). A pesa de lo e óneo de sus esul a-
dos, es des acable la conclusión de que la Tie a ue a
más densa en su conjun o que en la supe icie, deses i-
mando o as con o e idas p opues as como que la
Tie a e a un eno me casca ón hueco o un globo lleno de
agua. (Reco demos que New on, en la p oposición X,
eo ema X del lib o e ce o de los P incipia conje u a que
la densidad de la Tie a es cinco o seis eces la del agua).
Es digno de mención el caso de Bougue , en lo ocan e a
las comen adas e icencias ancesas hacia las eo ías
new onianas, ya que siendo un de enso de la o odoxia
ca esiana, cuando se en en ó a la ealidad y de ella
hubo de ex ae medidas y conclusiones, u o que ecu-
i necesa iamen e a los plan eamien os del caballe o
New on, econociendo «la comple a su iciencia del sis-
ema de la g a i ación new oniana, lo que supone un
g an iun o pa a la iloso ía inglesa» (Lamon agne,
1964a).
En Ingla e a, año de 1714, se o malizó el B i ish
Go e nmen ’s Longi ude Ac , que con aba con 20.000
lib as des inadas a la ealización de obse aciones, me-
didas, expe imen os y diseño de ma e ial pa a la mejo a
de la as onomía y la na egación. Los miemb os, ami-
lia men e conocidos como Boa d o Longi ude, p esidi-
dos po el p ime lo d del Almi an azgo, e an almi an es,
p o eso es de ma emá icas y as onomía de Camb idge,
el P esiden e de la Royal Socie y y el as ónomo eal. En
1765 ue nomb ado as ónomo eal, el e e endo Ne il
Maskelyne (1732-1811), quien en 1772 leyó en la Royal
Socie y el a ículo i ulado A P oposal o measu ing he
A ac ion o some Hill in his Kingdom by As onomical
Obse a ions2. Si el expe imen o de Bougue se epi ie-
a, dice el e e endo, no sólo p opo ciona ía una p ueba
expe imen al i e u able de la g a i ación uni e sal,
como ya habían admi ido los anceses, sino que ambién
«se i ía pa a da nos una idea mejo de la masa o al de
la ie a y la densidad p opo cional de la ma e ia ce ca de
la supe icie compa ada con la densidad media de la
ie a en su conjun o» (Howse, 1989). Conside aba que
al expe imen o, además de con ibui al escla ecimien-
o de la con o e sia sob e la cons i ución in e na de la
Tie a, se ía un hono pa a la nación que lo hicie a y pa a
la Sociedad que lo ejecu a a. El Consejo de la Royal
Socie y puso en ma cha inmedia amen e un Commi ee
o Measu ing he A ac ion o Hills, compues o po
Maskelyne, Ca endish, F anklin, el hono able Daines
Ba ing on, y el e e endo Samuel Ho sley. Con es a
nue a c eación, los expe imen os pa a «pesa » la Tie a,
como ambién ue on denominados los asociados con la
«a acción de las mon añas», cob a ían ele ancia en e
los new onianos ingleses. En el e ano de 1773, el
as ónomo Cha les Mason (1730-1787) ue enca gado
de busca una colina ap opiada en las ie as al as de
Escocia pa a la éplica del expe imen o de Bougue que
había p opues o Maskelyne. La mon aña elegida ue
Pe hshi e, en el cen o de Escocia, llamada po los
habi an es ecinos Schehallien (el nomb e con que suele
ci a se es Schiehallion).
Figu a 1
Esquema del expe imen o de Maskelyne.
HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS
ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 2000, 18 (2) 323
Sin en a en los po meno es del expe imen o (Maskely-
ne, 1775), que se encuen a minuciosamen e de allado
en la biog a ía de Maskelyne (Howse, 1989) en a ículos
(Leads one, 1974) y en lib os de ex o (Poyn ing e al.,
1924; Galindo e al., 1998), la disposición de los ins u-
men os se hizo en oposición, en las ca as no e y su
de la mon aña espec i amen e, como se indica en la
igu a 1. Las p incipales ope aciones a ealiza ue on:
a) encon a median e obse ación celes e la di e encia
apa en e de la i ud en e las dos es aciones; b) encon-
a po iangulación la e dade a di e encia de la i-
ud en e dichas es aciones; c) de e mina la igu a y
dimensiones de la colina, de la cual, conociendo la
des iación ob enida de la di e encia en e a y b,
puede de e mina se la densidad media de la Tie a. El
análisis de los esul ados y su a amien o ma emá i-
co (Hu on, 1779) co ió a ca go de Cha les Hu on
(1737-1823), p o eso de ma emá icas de la Real
Academia Mili a inglesa, quien, en su in o me, dice
habe u ilizado pa a esol e an complicados cálcu-
los ma emá icos el mé odo de análisis debido p inci-
palmen e a Ca endish.
La des iación de la plomada debida a la mon aña ue
es imada en 12”. Pe o, según los cálculos, si la mon aña
u ie a la misma densidad que la Tie a en su conjun o,
la des iación debe ía habe sido de 21”, es deci 1,8
eces la can idad obse ada. Hu on y Maskelyne consi-
de a on que esa can idad (1,8) e a la elación en e las
densidades Tie a-mon aña. A pa i de mues as de la
oca, es ima on su densidad como unas 2,5 eces la del
agua, siendo po an o la de la Tie a unas 4,5 eces la
densidad del agua. Años más a de, el ma emá ico y
minis o p esbi e iano escocés John Play ai (1748-1812),
alo ando la ele ancia de la densidad de la Tie a pa a
la as onomía ísica, hizo un de allado es udio li ológico
de Schehallien, ob eniendo pa a la densidad de la Tie a
4,713 (Play ai , 1811). El p opio Hu on, a sus 84 años,
publicó una e isión del abajo hecho con Maskelyne
(Hu on, 1821). También hubo in en os pa a medi la
densidad media de la Tie a compa ando el pe íodo de
ib ación de un péndulo en la supe icie e es e con el
de o o si uado en el in e io de una mina. Tal es el caso
de la emp esa acome ida en el e ano de 1826 en la mina
de ca bón de Co nwall (Todhun e , 1876) po William
Whewell (1794-1866), a la sazón p o eso de mine alo-
gía en el T ini y College de Camb idge, y po el en onces
p o eso de ma emá icas del mismo cen o, después
as ónomo eal, Geo ge B. Ai y (1801-1892) (Ospo a ,
1978).
Una ez admi ida casi sin discusión la o ma acha ada de
la Tie a, p oli e a on, como amos iendo, las medidas
de su densidad pa a zanja la con o e sia sob e su
composición geológica. Laplace, que ue p esiden e
de la Jun a de Longi udes ancesa, comienza así el
a ículo ya ci ado: «Uno de los pun os más cu iosos de la
geología es la elación en e la densidad media del
es e oide e es e y la de una sus ancia conocida»
(Laplace, 1904). Y dedica pa e de su Mécanique céles e
(1799-1825) a la igu a de los plane as, e u ando las
ideas sob e la homogeneidad de la Tie a como bien
esume en es as palab as:
«A pesa de las i egula idades que p esen an los g ados
medidos de los me idianos, indican, sin emba go, un
aplas amien o meno que el que co esponde ía a una
Tie a homogénea; y la eo ía p ueba que es e aplas a-
mien o exige en las capas e es es una densidad c e-
cien e de la supe icie al cen o. Pa alelamen e, las
expe iencias del péndulo, más p ecisas y conco dan es
que las medidas de los g ados, indican un c ecimien o de
la pesan ez, del ecuado a los polos, más g ande que en
el caso de la homogeneidad e es e.»
EXPERIMENTO CRUCIAL: EL DE CAVENDISH
Los expe imen os aludidos has a aho a son geodésicos,
as onómicos o li ológicos, cuando no men ales, como el
caso de New on. La medida de la densidad de la Tie a
en el labo a o io ue iniciada po Ca endish, aunque la
ideación del expe imen o no ue a debida a él, sino al
e e endo John Michell (1724-1793), as ónomo y p o-
eso de geología en Camb idge, au o , en e o as, de las
siguien es publicaciones: Conjec u es conce ning he
cause and Obse a ions upon he phaenomena o Ea h-
quakes (1760), P oposal o a Me hod o measu ing
Deg ees o Longi ude upon Pa allels o he Equa o
(1766), mues as de sus in e eses geológicos y geodési-
cos. De «bella expe iencia» ue cali icada po Laplace
(1898) la de Ca endish. Poyn ing (1852-1914), en The
Ea h: I s Shape, Size, Weigh and Spin (1913), conside-
a que el expe imen o ue hecho «de mane a an admi a-
ble que ma ca el p incipio de una nue a e a en la medida
de ue zas pequeñas».
«El expe imen o pa a pesa el mundo o, lo que es igual,
la de e minación de la densidad de la ie a enía un
inmenso a ac i o pa a Ca endish. Unía el p incipio de
la g a i ación uni e sal –pun o ijo de su iloso ía new o-
niana– con las ciencias de la geología y la as onomía,
in e eses que llega on, muy p obablemen e po su amis-
ad con Michell, a ocupa el p ime plano en sus in es-
igaciones de inales de 1780 en adelan e», esc ibe Mc-
Co mmach (1968) en un documen ado a ículo sob e la
elación pe sonal y cien í ica en e aquellos dos amigos
y compañe os de la Royal Socie y, elegidos ambos el año
1760. En la co espondencia c uzada en e ellos, se pone
de mani ies o el in e és po la as onomía en e 1783 y
1784, y po la geología en 1788. La dedicación de
Michell y Ca endish a los es udios g a i acionales es
conside ada como una des acable con ibución a la i-
sión del mundo uni icado desde una pe spec i a new o-
niana. Además del expe imen o sob e la densidad e es-
e, Michell diseñó un plan en 1784 pa a pesa las
es ellas median e el e aso g a i acional de la luz
emi ida po ellas, sugi iendo incluso la hipó esis de que
una es ella de la misma densidad que el Sol, pe o con un
diáme o quinien as eces mayo , no pe mi i ía que su
luz escapase has a el in ini o. Si bien no me ocupa é de
es e asun o, me ece se mencionado po que es amos
hablando de lo que más de una cen u ia después se
exp esó como que la «luz pesa», con i mando las p edic-
ciones hechas po Albe Eins ein (1879-1955) en su
p incipio de ela i idad gene al, y apo ando a su ez un

HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS
324 ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 2000, 18 (2)
an icipo de lo que hoy se conoce como aguje os neg os.
No obs an e, espec o al in e és de Ca endish po la
densidad de la Tie a, hubo opiniones di e sas, como la
del as ónomo y me eo ólogo inglés F ancis Baily (1774-
1844), quien, a juzga po el núme o de expe imen os
ealizados, sólo 23, en e a los 2.153 que hizo el p opio
Baily, opina que «el obje i o de Ca endish al edac a su
Memo ia e a más la desc ipción de una mues a de lo que
él conside aba se un excelen e mé odo pa a esponde a
an impo an e cues ión que la ob ención de un esul a-
do»3. Heilb on (1994), as ci a ambién es e comen a-
io de Baily, apun a que, a pesa de los esul ados
sa is ac o ios de Ca endish p obando que la ue za de la
g a edad sigue la misma ley an o pa a g andes como
pa a co as dis ancias, no había conseguido con ence a
los con empo áneos de que oda ía enían sus dudas
sob e la uni e salidad de la ley de New on. En cualquie
caso, el expe imen o de Ca endish no a dó en con e -
i se en una e e encia pa adigmá ica pa a cuan os, en lo
sucesi o, se ocupa on en medi la densidad de la Tie a.
El ya mencionado Ai y (1834) esc ibe: «[...] la más
no able demos ación expe imen al de la a acción ecí-
p oca de los cue pos consis e en una se ie de expe imen-
os hechos al inal del siglo pasado po Ca endish»4.
Como dice McCo mmach (1968), «pesa las es ellas y
pesa el mundo e an dos p oyec os ambiciosos» que
con a on, a su ez, con dos p o agonis as idóneos: Mi-
chell, conside ado como uno de los más ingeniosos
ilóso os na u ales del siglo XVIII y Ca endish, a quien se
a ibuían habilidades compa ables con las de New on.
«Los dos –esc ibe McCo mmach– o maban g upo apa -
e de sus colegas en el dominio an o de las ma emá icas
como de las ciencias expe imen ales». Se supone que la
amis ad en e ambos su gió en Camb idge. P obable-
men e, a aído Ca endish po la ama de «excelen e
ilóso o» de que gozaba Michell, y ya inclinado hacia la
iloso ía na u al, debió asis i a algunas de las lecciones
del e e endo. En 1760, año de sus espec i os nomb a-
mien os como Fellows de la Royal Socie y, Ca endish
ue admi ido en el Royal Socie y Club, una sociedad
cien í ica muy limi ada en la que sus miemb os se eunía
semanalmen e a cena . En sus ecuen es iajes a Lon-
d es, Michell e a un huésped habi ual del Club. No
obs an e, no hay cons ancia de su elación has a más
a de, cuando se ca ean du an e el pe íodo 1783-88. De
los di e sos mo i os cien í icos con enidos en la co es-
pondencia des aca el g an in e és compa ido po los
ins umen os de p ecisión, con la aspi ación de ex ende
los log os de New on siguiendo los pasos de la iloso ía
legada po an ilus e compa io a. Se ocupa on no sólo
de las ue zas cons a adas ya como dec ecien es con el
in e so del cuad ado de la dis ancia (g a i a o ias, eléc-
icas y magné icas), sino ambién de las ue zas de co o
alcance, como mues an los abajos no publicados de
Ca endish5, in es igando las p opiedades ma emá icas
de las mismas en dinámica, calo y neumá ica, aunque
no llega an a p onuncia se sob e una iloso ía de la
ma e ia como hoy pensamos que hubie a sido espe able
y cohe en e.
«Cuando las in es igaciones de Ca endish se con em-
plan en conjun o, cie os hechos ienen una ca ac e ís i-
ca p edominancia; des aca un amplio ango de in e eses,
una pasión po la exca i ud y un sob esalien e alen o
pa a la elección adecuada de aliosos asun os a in es i-
ga . Aunque sus ac i idades se desa ollan casi odas en
el siglo XVIII, su isión pa ecía ex ende se hacia el
u u o. Las palab as de Si Edwa d Tho pe son signi ica-
i as: “En la mayo ía de sus abajos, su endencia de
pensamien o pa ece habe sido di igi el cu so del subsi-
guien e p og eso de la ciencia.”»
Así e mina Be y (1960a) la biog a ía de aquel a is ó-
c a a inglés del que, en el año de su mue e, Humph y
Da y dijo: «Desde la mue e de New on, si se me pe mi e
da mi opinión, Ingla e a no ha padecido una pé dida
cien í ica an g ande como la de Ca endish. Como su
g an p edeceso , ha mue o sa is echo de años y de
glo ia» (Be y, 1960b).
Pe o ol amos al his ó ico expe imen o: «Si su salud no
le deja con inua con es o [se e ie e a la cons ucción de
un elescopio], espe o que al menos le pe mi a la más
ácil y menos labo iosa a ea de pesa el mundo», así se
di ige po ca a (27-5-1783) Ca endish a Michell, la-
men ando la en e medad de és e, en un asgo de buen
humo que, en opinión de McCo mmach, es el único
jocoso ejemplo conocido de su enigmá ica ida. Y añade
Ca endish: «po mi pa e, no sé si hubie a p e e ido oí
que us ed había hecho el expe imen o, una e dade a
p ueba de que ya hab ía e minado el g an elescopio».
El expe imen o a que Ca endish se e ie e es el plan de
«pesa el mundo», que iempo ha le había expues o el
e e endo, a ealiza cuando acaba a la cons ucción del
elescopio en el que enía g an empeño. El elescopio al
in ue e minado, y adqui ido po el as ónomo William
He schel (1738-1822) a la mue e de Michell. Sin em-
ba go, el «peso del mundo» queda ía como un legado
glo ioso pa a su con e ulio, amigo y con iden e, el
Hono abilis Hen icus Ca endish, i i Hono a issimi
Domini Ca oli Ca endish Filius na u maximus, como
ue a insc i o en el lib o de admisión del Pe e house de
Camb idge, el 18 de diciemb e de 1749, a los 18 años de
edad.
La balanza de o sión que Michell cons uyó pa a medi
la densidad de la Tie a, median e la obse ación de la
a acción en e pequeñas can idades de ma e ia, se basa-
ba en un p incipio suge ido y usado po él hacia 1768
(Me z, 1896-1914). E a el mismo que Cha les A.Coulomb
(1736-1806) empleó pa a medi pequeñas a acciones y
epulsiones eléc icas6. Al pa ece , Michell, cuando ideó
su expe imen o, desconocía la balanza y los mé odos
expe imen ales de Coulomb, según a i ma Ca endish en
el a ículo en el que da a conoce el céleb e expe imen o
que ha pasado a la his o ia con su p opio nomb e (Ca en-
dish, 1798) y po casi lo único que es conocido. Asimis-
mo, en sus abajos de ju en ud, Michell, in e esado po
el p incipio new oniano de la a acción, llegó a es able-
ce , po p ime a ez (Ha din, 1966), la ley in e sa del
cuad ado de la dis ancia pa a la a acción y epulsión
magné icas.
A la mue e de Michell, la balanza pasó a manos del
e e endo F ancis John Hyde Wollas on, que desempe-
HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS
ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 2000, 18 (2) 325
ñaba la cá ed a jacksoniana de as onomía en Camb idge
y quien iempo a ás había p opo cionado da os a Ca en-
dish pa a su es udio sob e la al u a de la au o a bo eal.
No conside ándose dicho p o eso en condiciones de
emp ende el expe imen o de Michell, le pasó la balanza
a Ca endish, quien, a pa i de la de Michell, de o mada
y con algunos incon enien es de diseño y de ma e iales,
cons uyó o a que ins aló en un edi ico del ja dín de su
casa en Clapham, donde se dice que sólo en una ocasión
en ó una muje , y po cuyos al ededo es paseaba al
a a dece an ex año ecino, siemp e soli a io y po en
medio del camino pa a e i a el encuen o con o os
pasean es (Ayk oyd, 1935).
Figu a 2
Balanza de Michell y Ca endish.
P eocupado po consegui la mayo p ecisión posible en
sus medidas, las modi icaciones hechas iban encamina-
das a e i a pe u baciones debidas, especialmen e, a
co ien es de ai e, cuya eliminación cons i uía la p inci-
pal di icul ad del expe imen o, pe o ambién a e i a
cambios de empe a u a, de p esión, e ec os magné icos,
incluso enómenos de elec ización. Pa a aisla la del
ambien e ex e io , la in odujo en un a mazón de made a
GGHHGG (Fig. 2) y calculó el posible e ec o g a i acio-
nal que aquella caja de caoba pudie a eje ce sob e las
masas suspendidas. La balanza de Ca endish cons aba
de dos masas me álicas lige as x, acopladas en los ex e-
mos de una es uc u a ígida de made a ghmh, suspendi-
da del hilo lh que a lo la go del p oceso expe imen a la
o sión. Las masas me álicas g andes W, ex e nas a la
balanza, eje cen la a acción g a i a o ia sob e las me-
no es x, pudiéndose cambia de posición las W median e
la polea M. Pa a obse a los gi os de la balanza empleó
las uen es de luz L, los espejos n si uados en los
ex emos de la ba a gi a o ia hmh y los elescopios T.
El p incipio del mé odo consis e en medi el ángulo de
o sión expe imen ado po la ba a ho izon al ghmh.
«Pa a de e mina a pa i de es o la densidad de la ie a,
es necesa io a e igua qué ue za se equie e pa a des-
ia la ba a un espacio dado. Michell in en ó hace lo,
poniendo la ba a en mo imien o y obse ando el iempo
de sus ib aciones.»
Así plan ea Ca endish su a ea, as 17 omas de medi-
das, iniciadas el 5 de agos o de 1797 y inalizadas el 30
de mayo de 1798 y, hechos los cálculos pe inen es
incluidos en el apa ado «On he Me hod o compu ing
he Densi y o he Ea h om hese Expe imen s», cuyo
desa ollo excede los obje i os de es e abajo7, conclu-
yo que: «la densidad de la ie a es unas 5,48 eces
mayo que la del agua».
Repe idas las medidas con o o hilo de o sión ob u o
esul ados análogos.
A pesa de lo p eca ido que ue Ca endish en e i a
pe u baciones y espe uoso con los esul ados ob eni-
dos po sus p edeceso es en al emp esa, concluye: «De
acue do con los expe imen os hechos po el D . Maske-
lyne, sob e la a acción de la colina Schehallian, la
densidad de la ie a es 4,5 eces la del agua; que di ie e
bas an e más de lo que yo espe aba con la de e minación
p eceden e. Pe o no en a é en ninguna conside ación
sob e qué de e minación es la más ace ada has a que no
haya examinado más cuidadosamen e cuán o –la de e -
minación p eceden e– ha sido a ec ada po i egula ida-
des cuya can idad no he podido medi ». Desconozco si
Ca endish epi ió las medidas, mejo ando las condicio-
nes expe imen ales como pa ecía se su p opósi o. En
sus Scien i ic Pape s (no a 5), que incluyen abajos no
publicados has a en onces (1921), no hay ninguno ela-
i o a la densidad de la Tie a, ni quienes se han ocupado
de su ida y ob a mencionan que aquel p opósi o de
e isión ue a lle ado a cabo.
EL ANACRONISMO: LA MEDIDA DE G,
CONSTANTE DE LA GRAVITACIÓN
UNIVERSAL
«New on no comp endió oda la noción de g a edad de
golpe; pe o ue es o lo que le indujo a emp ende un la go
y complejo iaje ma emá ico que e minó con su ley de
la g a i ación. Incluso habiendo llegado has a aquí,
end ía que pasa un siglo an es de que el excén ico
ísico Ca endish se las a eglase pa a de e mina el
alo de G , la cons an e de g a i ación. Sin emba go, el
que la ó mula es u iese incomple a no impidió que
New on eclama a oda la a ención posible pa a su ó -
mula.» Es o se dice en una ecien e publicación
(S a he n, 1999), como en o as muchas de las que ci a é
algunas. Es deci , se a i ma que Ca endish de e minó el
alo de la cons an e G de la g a i ación uni e sal,
llamándola en ocasiones «cons an e de Ca endish», cuando
la ealidad de su abajo ue, como acabamos de e ,
apo a un nue o mé odo pa a medi la con o e ida
densidad de la Tie a. Es e mé odo, de al epu ación,
despe ó el in e és de la comunidad cien í ica de mane a
que, a lo la go de los siglos XIX y XX, han sido muchas las
epe iciones del mismo, si no idén icamen e, con a ia-
ciones que no des i ua on en lo undamen al la idea
o igina ia8.
HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS
326 ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 2000, 18 (2)
La inclusión de la cons an e en la exp esión de las
ue zas g a i acionales new onianas, la he encon ado
po p ime a ez en la 4a. edición de Cou s élémen ai e
de Physique de Nicolás Deguin (Pa ís, 1844); la 1a.
edición de 1836 no la incluye. Sin emba go, debió se
enida en cuen a en alguna edición in e media po que la
aducción que de aquella ob a hizo al cas ellano Venan-
cio González Valledo , ca ed á ico de ísica en los Es u-
dios de San Isid o de Mad id, Cu so elemen al de Física
(Mad id, 1841), u iliza la cons an e pa a calcula las
densidad de la Tie a, deno ándola po , sin asigna le
alo numé ico alguno, y a la que de ine como «a ac-
ción de la unidad de masa a la unidad de dis ancia». Pe o
oda ía no esc ibe la ó mula new oniana en la o ma
comple a que conocemos, sino de mane a pa cial, en la
exp esión M / R2 pa a lo que en onces se denominaba
ue za a ac i a, simbolizada po g y que co esponde a
«la elocidad adqui ida al cabo de la p ime a unidad de
iempo po un cue po que cae» e imp imida po la
pesan ez del mismo.
La esc i u a comple a de la ley de New on, así como la
p ime a medida del alo de , po lo que has a aho a
puedo a i ma , da a de 1873, en una memo ia p esen ada
a la Academia de Ciencias de Pa ís –«Dé e mina ion
nou elle de la cons an e de l’a ac ion e de la densi é
moyenne de la Te e»– po Co nu y Baille (Comp es
Rendus, 1873, 76 [15], pp. 954-958)9. Dicen los mencio-
nados au o es:
«Después del descub imien o de la ley de la a acción
uni e sal po New on, un p oblema expe imen al de una
g an impo ancia se les plan eó na u almen e a as óno-
mos y ísicos, a sabe : la de e minación del alo numé-
ico de la cons an e que exp esa la a acción ecíp oca de
dos unidades de masa si uadas a la unidad de dis ancia
[...] La de e minación de es a cons an e designada po
iene un in e és especial en as onomía. En e ec o, la
e ce a ley de Keple pe mi e ob ene di ec amen e el
alo de la masa o al de dos cue pos ac uando uno sob e
o o, as el conocimien o de dos elemen os de su mo i-
mien o, el semieje mayo a de la ó bi a y el iempo T de
una e olución si se conoce con p ecisión el alo de ;
pues se iene la elación10:
a
3
T
2
= m+m
’
( )
4π
2
A al a de conoce es a cons an e con una exac i ud
su icien e, los as ónomos sólo de e minan las elacio-
nes en e masas de di e en es elemen os del sis ema
sola , sea po una doble aplicación de es a ó mula a los
plane as acompañados de sa éli es, sea median e el cál-
culo de pe u baciones. El alo absolu o de las masas de
los cue pos celes es, necesa ia pa a el conocimien o de
su densidad, no es posible más que po la de e minación
de la masa absolu a o de la densidad media D de la Tie a
ligada a la cons an e de a acción po la ó mula:
ƒ∆ = 3
4
g2
R»
En la deducción de es a exp esión aplican la ley de
New on esc i a ya como la igualdad de odos conocida:
F = ƒ
mm’
2
Admi iendo que la densidad de la Tie a sea 5,48, la
ob enida po Ca endish, a quienes los au o es se e ie en
como «el ilus e ísico inglés», deducen que « : g2 = 0,
014682 ( omando como unidades el me o y el g amo)»11.
Después de e e i se, Co nu y Baille, a las medidas de la
densidad de la Tie a hechas po Reich (1838, 1849) y
Baily (1843), in o man que: «la impo ancia de la cues-
ión, an o en ísica como en mecánica y en as onomía,
nos pa ece me ece un nue o es udio, de mane a que el
mé odo expe imen al sea aplicable no sólo a la medida
de la cons an e de a acción sino ambién a un conjun o
de o as de e minaciones ísicas [...] Hemos comenzado,
po an o, un es udio comple o de la balanza de o sión,
sob e odo desde el pun o de is a de las medidas
absolu as».
Es as medidas absolu as sólo pueden ob ene se a pa i
de igualdades ma emá icas y no de p opo ciones, como
New on p opuso su ley g a i acional. El misán opo Si
Hen y no podía plan ea se la inclusión de G, es deci , la
ue za g a i a o ia en e unidades de masa a la dis ancia
unidad, en la p opo cionalidad new oniana –«ce ándo-
la»– y conclui así en la igualdad que la con ie e el
conocimien o de G, po que és a desempeña un papel
dimensional no con emplado en las leyes ísicas de
en onces, cuando oda ía no se habían de inido siquie a
unidades pa a la magni ud ue za.
Pues o que no es mi p opósi o ocupa me de la cons an e
de la g a i ación uni e sal, simbolizada a inales del
siglo XIX po G12, y así la denomina é en lo sucesi o, sino
del anac onismo que supone a ibui le a Ca endish su
medida, no p ocede abunda en la cons an e misma. Me
limi a é, pa a e mina , a hace algunos comen a ios
sob e el a amien o e óneo que suele da se al «expe i-
men o de Ca endish» en lib os de ex o y o as publica-
ciones ela i as a la g a i ación uni e sal. Tampoco es
necesa io mos a demasiados ejemplos de al anac o-
nismo; bas a con echa una ojeada a los lib os de ísica
a nues o alcance pa a comp oba cómo en muy pocos se
menciona la medida de la densidad de la Tie a po
Ca endish, y en muchos la in o mación se da al con a-
io de cómo ue on los hechos, es deci , a ibuyen al
amoso expe imen o la medida de G como paso p e io
pa a calcula la masa de la Tie a. «Una ez de e minado
el alo de G, puede u iliza se pa a hace el cálculo de lo
que se llama a menudo pesa la ie a», se lee en Hol on,
Rolle (1972). Es e expe imen o se ha llamado pesa la
ie a. Ca endish a i mó que es aba pesando la ie a,
pe o lo que él medía e a el coe icien e G de la ley de la
g a edad. És e es el único modo en que se de e mina
la masa de la ie a. G esul ó se 6,670·10-11
n m2 / kg2», dicen Feynman, Leig hon, Sands (1971).
«El esul ado de es e abajo p opo cionó la cons an e de
la g a i ación uni e sal que comple a la ley de New on
HISTORIA Y EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS
ENSEÑANZA DE LAS CIENCIAS, 2000, 18 (2) 327
sob e el in e so del cuad ado de la dis ancia, calculando
con es a cons an e la acele ación de la g a edad g,
podemos encon a la densidad media de la Tie a»,
esc ibe Seg é (1983). Ejemplos como és os pueden en-
con a se en abundancia, aunque una ez en endida la
doble lec u a que debe hace se de los mismos no hay que
eme e o es de comp ensión y el anac onismo queda
acla ado. Según imos en la Memo ia de Co nu y Baille,
la elación en e la densidad de la Tie a y G pe mi e
calcula la una si la o a es conocida13. Quizá haya sido
es a ácil iden i icación lo que induje a a habla casi
indis in amen e de ambas, p e i iendo la mayo ía de los
au o es e e i se a G , ob iando la densidad de la Tie a.
Si así ue a, y haciendo cons a al ad e encia, no hab ía
po qué p eocupa se14.
Incluso, hecha la acla ación, puede esol e se la con u-
sión aun mayo , en cuan o a la p io idad de que goza
Ca endish, a que se p es a la placa que las Royal Socie y
londinense y As onomical Socie y, en 1982, coloca on
en Schiehallion pa a conmemo a el 250 ani e sa io del
nacimien o de Maskelyne, en la que se lee, a p opósi o de
aquel expe imen o: «[...] con el iempo, és e ue llamado
“la a acción de las mon añas”. De hecho, és a llegó a se
la p ime a de e minación de la cons an e de la g a i a-
ción uni e sal de New on». Ello es li e almen e also y,
de habe se p e endido calcula G a pa i de la densidad
de la Tie a ob enida de es e expe imen o, 4,5 eces la
del agua, hubie a sido deses imada en e al de i ado de
las medidas de Ca endish.
Aunque se asuma que habla de densidad de la Tie a es
equi alen e a habla de G, iden i icación que compa o
si se deja cla o el signi icado y momen o his ó ico en que
ambas ue on de e minadas, hay casos en que, p e en-
diendo simpli ica an o los de alles, se ansmi en in o -
maciones inadmisibles. Po ejemplo: «Ca endish en-
con ó pa a K (así deno a el au o la cons an e g a i acional)
el alo 6,7·10-8 dinas» (Ál a ez de Ron, 1932); «La
p ime a de e minación expe imen al de la cons an e G la
hizo Hen y Ca endish en 1798 [...] u ilizó la ley de la
g a i ación uni e sal y ob u o pa a G un alo ce cano
a 10-10 N m2 / kg2» (Ce o, 1991); «Él [a Ca endish se
e ie e] encon ó que la a acción g a i a o ia en e dos
masas de un kilog amo sepa adas un me o es 6,67·10-11
new ons. Ca endish de e minó el alo de G menciona-
da en el úl imo pa ág a o. Después del éxi o de Ca en-
dish midiendo la ue za g a i a o ia, ue posible encon-
a la masa de la ie a» (Blanc, Fischle , Ga dne ,
1967); «Teniendo a su disposición un alo con iable
pa a G, Ca endish lo empleó en la ecuación G = gR2/M y
esol ió pa a M : M = gR2/G. Su esul ado pa a la masa de
la Tie a ue casi an exac o como su medición de G»
(O ea , 1989).
Asimismo, se pueden p opone conclusiones igualmen e
anac ónicas inducidas po el anac onismo sob e la medi-
da de G, ales como la siguien e: «Reconside emos la
ecuación de la g a i ación de New on a la luz de es a
discusión. Ca endish, más de una cen u ia después de
New on, ealizó un expe imen o pa a medi la ue za de
a acción en e pa es de es e as me álicas y con i mó la
elación F = GMm/R2. Desde es e expe imen o, elaciona-
dos median e medidas ope acionales di ec as los é mi-
nos de la elación misma, pa ece azonable, pues, llama
a la elación ley (en luga de eo ía) de la g a i ación de
New on» (Ga dne , 1975). Es a idea, asociada con el
hecho ob io, ya comen ado, que la de e minación de G
comple a la exp esión de la ley de la g a i ación, homo-
geneizando las dimensiones de la igualdad, puede se
cie a en sí misma, si se admi en las p emisas p opues as
po Ga dne sob e la dis inción en e leyes y eo ías,
pe o es á desubicada en el iempo. Y es o es un e o que
debe acla a se. Si ua en el mismo iempo asun os que no
ue on coinciden es y que ni siquie a e a p opicio plan-
ea se es un alseamien o de la his o ia que, como emos,
a su ez, mul iplica los e o es; e o es que pueden
as oca , como en el caso que nos ocupa, aspec os
epis emológicos de las ciencias ísicas.
ESCOLIO
A p opósi o del anac onismo expues o, de ec ado du an-
e la búsqueda de documen ación pa a da una o ien a-
ción his ó ica a la unidad didác ica «In e acción g a i a-
o ia» del lib o Física 2º Bachille a o LOGSE an es
mencionado, son pe inen es algunos comen a ios.
En p ime luga , echemos un b e e is azo a la conside-
ación que de la his o ia de la ciencia se ha enido y iene
eniéndose en las enseñanzas cien í icas. Aunque sea
casi anecdó ico, con iene apun a que el Plan Pidal de
1845, edac ado po Gil de Zá a e, Re illa y Guillén,
polí icos a ines a la ideología libe al p og esis a, inclu-
yó His o ia de las Ciencias como asigna u a obliga o ia
de doc o ado. Reco demos que de dicho plan p ocede la
c eación de los ins i u os de segunda enseñanza y que ue
enido en su iempo, y así ha pasado a la his o ia, como
uno de los más a anzados en el p oceso de secula iza-
ción de las enseñanzas15. Cie o es que es e caso, elacio-
nado con la es imación cu icula de la his o ia de la
ciencia, es pun ual como algunos o os que le sucedie-
on. Más sólida ue la p opues a hecha en los Cues iona-
ios de los Cu sos del G ado P o esional de las Escuelas
No males del Magis e io P ima io (Bole ín, 1932), en la
que a p opósi o del Cues iona io de Me odología de las
Ma emá icas, se dice:
«Tampoco puede p escindi se de inclui algo sob e his-
o ia de la ciencia que es udiamos, ya que la e olución
expe imen ada po la ma emá ica a a és de los siglos
ha sido la misma que a su iendo en nues o espí i u
según la amos adqui iendo; es imando, po an o, el
concimien o de la his o ia de la ma emá ica, además de
un g ado de ampliación de cul u a en nues os alumnos,
una base p ecisa pa a el es udio de su me odología».
Es a disposición desciende del ni el doc o al an edicho
al de la o mación de los maes os, y después llega á al
del alumnado p ima io y secunda io como puede e se,
po ejemplo, en los p og amas eno ados de EGB (1981)
o en los ac uales diseños cu icula es p opues os en la
LOGSE, sob e odo pa a bachille a o.