Reflexiones sobre la relación entre lugar y comunidad
Abstract
La vinculación entre lugar e identidad ha sido un tema central para la geografía humanista. No obstante, a la luz de desarrollos recientes de las ciencias sociales en general, resulta adecuado insistir en la problematización del primer concepto, ahora centrando la atención en torno a las formas en que los lugares se constituyen, en función de la relevancia que dicha conceptualización tiene en los discursos políticos asociados con la cuestión del desarrollo local.
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Resumen La vinculación entre lugar e identidad ha sido un tema central para la geografía humanista. No obstante, a la luz de desarrollos recientes de las ciencias sociales en general, resulta adecuado insistir en la problematización del primer concepto, ahora centrando la atención en torno a las formas en que los lugares se constituyen, en función de la relevancia que dicha conceptualización tiene en los discursos políticos asociados con la cuestión del desarrollo local. Palabras clave: lugar, desarrollo local, comunidad, geografía humanística, teoría de la estructuración. Resum. Reflexions sobre la relació entre lloc i comunitat La qüestió del lloc vinculat amb la identitat va ésser el tema central per la geografia humanista. Encara, tenint en compte els desenvolupaments recents de les ciències socials, resulta adequat insistir en la problematització d’aquest concepte centrant l’objectiu cap a l’estudi de les formes en què els llocs es construeixen, especialment si tenim en compte la seva revifalla en els discursos polítics associats amb el tema del desenvolupament local. Paraules clau: lloc, desenvolupament local, comunitat, geografia humanística, teoria de l’estructuració. Résumé. Réflexions sur les liens entre lieu et communanté Les liens entre lieu et communauté ont été un sujet central pour la géographie humanistique. En tout cas, suivant les développements récents des sciences sociales, c’est bon d’insister sur la problematique du prémier concept, méttant l’attention autour des formes constituées par les lieux, en fonction de l’importance que cette conceptualisation a pour les discourses polítiques associés avec la question du développement local. Mots clé: lieu, développement local, communanté, géographie humanistique, théorie de la structuration. 1. Agradezco a Marcelo Escolar la lectura crítica de una primera versión de este trabajo. También a Perla Zusman y a Javier Nastri por sus oportunas observaciones. Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 81-94 Reflexiones sobre la relación entre lugar y comunidad1 Claudia Barros Universidad Nacional de Luján. División de Geografía Int. Ruta, 5 y 7. 6700 Luján. Argentina [email protected] Data de recepció: febrer 2000 Data d’acceptació: maig 2000 DAG 37 001-174 22/5/2001 19:36 Página 81
Abstract. Considerations on the relation between place and community The issue of place linked with the identity has been a central topic in humanistic geography. Notwithstanding, by the light of new developments in the social sciencies in general, it would be interesting to stress in the problematization of these concept, now putting the focus in the ways places are constructed, taking into acount the re-arrise of places into political dicourses about local development. Key words: place, local development, community, humanistic geography, structuration theory. Introducción Las propuestas de desarrollo local que, especialmente desde la década de 1980, vienen adquiriendo protagonismo en el debate político, contribuyeron a traer nuevamente a escena un viejo concepto: el de lugar. Pronto se vio que para cumplir los objetivos vinculados con dichas propuestas resultaba imprescindible, además de la creación de nuevas instituciones, definir un área de un tamaño apropiado como para convertirla en la unidad territorial de los procesos de desarrollo local. Esa unidad territorial frecuentemente comenzó a ser identificada con el «lugar». Tradicionalmente, tanto desde la geografía como desde las ciencias sociales en general, se ha identificado al lugar con ámbitos de residencia a través de los cuales, tanto individuos como comunidades, construyen su identidad. Esta concepción del lugar se encuentra a menudo en la base de los discursos políticos centrados en la cuestión del desarrollo local, al que se observa como legítimo, democratizante y como una opción frente a las tendencias globalizantes. Resulta funcional a estas concepciones la importancia otorgada en la discusión en ciencias sociales al proceso de globalización, lo que ha motivado la reaparición del lugar y de lo local como objeto de estudio en clave de visualizaciones nostálgicas que asocian el desarrollo de nuevas tecnologías de comunicación e información a la despersonalización de las relaciones sociales, por medio de las cuales se reemplazaría la sociabilidad basada en la copresencia por la fría comunicación mediática. Así las cosas, es objetivo de este trabajo revisar la noción de lugar identificando diferentes tradiciones. Como se dijo, la relevancia de esta revisión crítica reside en el renovado interés con el que las políticas de desarrollo local 82 Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 Claudia Barros Sumario Introducción Lugares, comunidades, identidades. Geografía humanista y perspectiva sociológico-valorativa Lugar, espacio y escalas de análisis Teoría de la estructuración y conceptualización del lugar Comentarios finales Bibliografía DAG 37 001-174 22/5/2001 19:36 Página 82
consideran al lugar. Si bien no es objetivo de este trabajo agotar el análisis de las implicancias políticas de las diferentes conceptualizaciones del lugar, sí lo es examinar un escenario en el cual diferencias teóricas con respecto a un concepto geográfico poseen implicancias respecto de eventuales acciones políticas. De acuerdo con este objetivo general, se pasará revista a algunas caracterizaciones del lugar que se consideran claves para la problemática en cuestión. Así, se comentarán algunas reflexiones realizadas desde una tradición geográfica de raíz fenomenológica, en las que los conceptos de identidad y de sentido de lugar ocuparon un papel central. Vinculados en parte con esta tradición, se hará referencia a discursos provenientes de una visión sociológico-valorativa, en la que aparece adjetivado positivamente el sentimiento de pertenencia y de identificación con un lugar, por oposición al sentimiento de deslocalización, del que se subrayan los aspectos negativos. Como opción a estas concepciones, se presentará un segundo grupo de abordajes relacionados con la teoría de la estructuración, que, proveniente de un campo distinto del geográfico, vino a revalorizar una visión en la que el lugar, lejos de aparecer como algo dado, es abordado a partir del esclarecimiento de la forma en que se constituye. También, dentro de este grupo, se destacarán las posibilidades de las perspectivas que subrayan la importancia que, en la construcción de lugares, tienen las relaciones con «el afuera». Debido a su potencial crítico, se considera a este último grupo de abordajes como el más pertinente para el análisis de los lugares, teniendo en cuenta sus posibles implicancias para el desarrollo de propuestas políticas. El modo en que estas perspectivas encaran el análisis de los lugares permite observar la compleja y cambiante gama de situaciones «particulares» que, a diferencia de lo que podría haber ocurrido algunas décadas atrás, caracterizan a los ámbitos locales de la actualidad, en los que es posible identificar superposiciones cada vez más notables de tiempos, de formas y de dinámicas que contribuyen a que los «lugares» de nuestro tiempo disten notablemente de ser esos ámbitos geográficos en los cuales es posible descubrir significados fijados a territorios. Lugares, comunidades, identidades. Geografía humanista y perspectiva sociológico-valorativa Si bien han existido, durante la segunda mitad del siglo XX, cierto número de tradiciones, tanto vinculadas con la geografía como con otras disciplinas, en las que el concepto del lugar ha tenido un papel central (geografía social francesa, escuela de los Annales de historia social, geografía cultural e histórica norteamericana, entre otras), éstas han ocupado un sitio marginal con respecto al debate en ciencias sociales, centrado en un análisis universalizador y globalizante y, al decir de Wallerstein, profundamente etnocéntrico. Poco espacio quedaba para las perspectivas «localistas» durante la Pax Americana de los años cincuenta y sesenta (Agnew, 1987). Sin embargo, desde mediados de la década de 1970 y especialmente en el mundo anglosajón, con el desarrollo de la Reflexiones sobre la relación entre lugar y comunidad Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 83 DAG 37 001-174 22/5/2001 19:36 Página 83
geografía humanista de raíz fenomenológica, se puso el acento en el análisis del mundo vivido con especial énfasis en la cuestión del lugar (García Ramón, 1985; Moraes, 1987)2. Para esta geografía, el lugar es centro de significado y foco de vinculación emocional para las personas, a la vez que puede ser identificado con un área delimitada y discreta de la superficie terrestre. Para esta corriente, el lugar es concebido como una porción concreta del espacio con una especial carga simbólica y afectiva. Sintéticamente y desde este punto de vista, la idea de espacio lleva una carga abstracta e indiferenciada, mientras que la de lugar está asociada a significados y valores determinados. De este modo, a medida que un espacio concreto se carga de significados y valores específicos, se va convirtiendo en un lugar (Nogué, 1989). Al respecto, el geógrafo chino-americano Yi-Fu Tuan, quien ha producido «la más original y coherente contribución» de la geografía humanista (Agnew y otros, 1996), considera que: […] lugares son localizaciones en las que las personas tienen larga memoria, enriqueciendo, con las indelebles impresiones de su propia niñez, al sentido común de las generaciones futuras. Se puede sostener que los ingenieros pueden crear localizaciones, pero que el tiempo es necesario para crear lugares. (Tuan, 1996: 455) Resulta sugerente el hecho de que «lugar» aparezca incluido dentro del género «localizaciones», del cual puede ser aislado por poseer una diferencia específica: el lugar está cargado de significados ganados a través del tiempo; así, una esquina puede ser un lugar, mientras que una calle comúnmente no lo es, salvo que se transforme en centro de una festividad, según un ejemplo del autor. Tuan sugiere una distinción fundamental entre dos tipos de lugares: public symbols y fields of care. Los primeros son portadores de una alta representatividad y motivan atención e incluso temor; los segundos, en cambio, se encuentran «disimulados» visualmente, no resultan obvios para los extraños y motivan afecto en sus residentes. Un monumento es, claramente, un public symbol, mientras que una esquina barrial es la imagen más nítida de un field of care. Es posible observar, entonces, cómo el concepto de lugar aparece ligado al de comunidad por una especie de magia simpática, por medio de la cual un concepto de raíz antropológica —comunidad— se asimila a uno de raíz geográfica —lugar— (Escolar, 1996), a los que luego se le sumará, como consecuencia lógica de la existencia de una comunidad, la identidad, que pasa así de ser un concepto que relaciona individuos particulares con comunidades de referencia, a ser un concepto que relaciona individuos con lugares como ámbi84 Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 Claudia Barros 2. Vale aclarar que existen diferencias en cuanto al posicionamiento de la geografía humanística. Mientras que, por ejemplo, para García Ramón (1985) constituye una clara alternativa frente a la geografía de raíz neopositivista, Moraes (1987) engloba a ambas bajo la denominación común de «geografías pragmáticas». DAG 37 001-174 22/5/2001 19:36 Página 84
tos geográficos diferenciados. Anne Buttimer se refiere del siguiente modo a la relación entre lugar e identidad: Cualquiera que sean sus fuentes de explicación, los estudios sobre el sentido del lugar analizan varios temas que se repiten constantemente. Parece que el sentido de identidad personal y cultural de la gente está íntimamente unido al de identidad del lugar. La pérdida de la tierra natal o «la pérdida del lugar de uno» puede con frecuencia desencadenar una crisis de identidad. (Buttimer, 1985: 228) La idea de comunidad, si bien no se encuentra explicitada aquí, subyace en la concepción de la autora, quien, por otra parte, propone que se abandone el énfasis puesto en la oposición «los que están adentro» versus «los que están afuera» y que se reflexione en torno al lugar a partir de la dualidad hogarcampo de movimiento, como una distinción útil para georreferenciar dos movimientos recíprocos existentes en la mayoría de las formas de vida. En este sentido, Buttimer adopta una visión mucho menos estática y esquemática que Relph, quien se refiere a actitudes auténticas e inauténticas respecto del lugar, asegurando que «el sentido del lugar puede ser auténtico y genuino o puede ser inauténtico, inventado o artificial» (Relph, 1976: 63). Caracterizando lo que considera actitudes auténticas e inauténicas hacia el lugar, Relph sostiene que: Una auténtica actitud hacia el lugar comprende una directa y genuina experiencia de la identidad del lugar, no mediada ni distorsionada a través de una serie de arbitrarias modas sociales e intelectuales acerca de cómo debe ser experimentado, ni a través de convenciones estereotipadas. (Relph, 1976: 64) Abundando en su distinción conceptual, este autor considera que los pueblos «primitivos» poseían una actitud auténtica hacia el lugar que se fue perdiendo a medida que ha transcurrido la historia, especialmente a partir del Renacimiento. Como buenos ejemplos de lugares creados auténticamente, Relph propone a la Atenas helénica, a la catedral de Chartres o a los asentamientos coloniales de América del Norte, donde los nuevos pobladores que habían roto con sus raíces europeas, debieron construir unas nuevas3. Además de creados, los lugares pueden ser experimentados con diversos «grados de autenticidad», constituyendo una expresión de gran «inautenticiReflexiones sobre la relación entre lugar y comunidad Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 85 3. Una perspectiva muy distinta, si bien se refiere a la reconstrucción y no a la construcción de un lugar, presenta M. de Oliver cuando comenta la reconstrucción de la misión hispánica The Alamo, San Antonio, Texas, en la cual la identificación con la hegemonía anglo ha tenido un papel fundamental. Si bien no es el caso extendernos sobre el particular, resulta notable la forma en que la construcción de «raíces» con que Relph asocia a los establecimientos europeos en América, pueden ser objeto de una visión mucho menos idealista y mucho más centrada en la construcción de un discurso políticamente intencionado (de Oliver, 1996). DAG 37 001-174 22/5/2001 19:36 Página 85
dad» la actitud kitsch relacionada con el consumo turístico de lugares. Lo más común en la sociedades actuales, dice Relph, es encontrar actitudes inauténticas transmitidas por los medios masivos, los que, directa o indirectamente, alientan la «deslocalización». Ciertas aristas de la postura de este autor revelan similitudes con afirmaciones cercanas a la teoría rousseuniana del buen salvaje, la cual ha sido largamente discutida. Lo que sin duda resulta riesgoso es el hecho de suponer que existen formas auténticas de construir o de experimentar un lugar, frente a otras que no lo son, ya que esto implicaría la existencia de individuos con cualidades superiores o más adecuadas que las de otros, es decir que, mientras algunos serían el «genio del lugar», «el guardián “no consciente” de la socialidad» (Maffesoli, 1990: 218), otros carecerían de este sentimiento auténtico. De acuerdo con la perspectiva de Maffesoli, el proceso de agregación social alrededor de un espacio determinado, constituye un dato básico para entender las formas de proceder social (Maffesoli, 1990). Para este autor, la materialidad generada por el «estar juntos» es un condicionante de peso a la hora de considerar las cuestiones relativas a la sociabilidad. Maffesoli identifica a la sociabilidad de nuestros días con un movimiento de vaivén masas-tribus en el que resulta hegemónica la actitud de «revolotear» de un grupo a otro, con una fluidez característica de lo que él denomina «neotribalismo», en la que es menos importante la finalidad perseguida por cada uno de los grupos constituidos que la energía incorporada a la constitución de los mismos. Sin embargo, cabe hacer la aclaración de que los microgrupos no pueden ser entendidos si no es en el interior de un conjunto social mayor, dentro del cual, los distintos microgrupos pueden atraerse o repelerse (Maffesoli, 1990). Hasta aquí, la relación proxemía-tribalismo contemporáneo. Pero el autor llega más allá, ya que considera que la constitución de microgrupos nos remite a la vieja noción de comunidad y, desde allí, Maffesoli identifica comunidad con «barrio» y, en definitiva, con un lugar. Es así como Maffesoli pasa de una proxemía en clave antropológica —vinculada con la idea de comunidad— a una proxemía en clave geográfica —vinculada con la idea de lugar— (Escolar, 1996). Un ejemplo en que los procesos de formación de una comunidad y asentamiento en un lugar son entendidos recíprocamente —o por lo menos en íntima relación— lo constituye el análisis de pequeñas comunidades que realizaron Elías y Scotson (1994) como una versión miniaturizada de un tema que consideran universal. En un caso analizado, existía un grupo hegemónico y uno periférico, lo cual no tendría nada de particular si no fuera que ambos grupos no podrían ser distinguidos por su situación de clase (los dos estaban constituidos por obreros), ni étnica ni política, sino sólo, al decir de los autores, por el tiempo de residencia en el lugar, lo que aparecía traducido en un diferente grado de cohesión. Para Elías y Scotson, el caso ofrece la posibilidad de delinear un «paradigma empírico» que permitiría distinguir lo que ellos denominan established de los outsiders (Elías y Scotson, 1994). 86 Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 Claudia Barros DAG 37 001-174 22/5/2001 19:36 Página 86
La crítica central que puede hacerse a las posturas hasta aquí presentadas es que en ellas los argumentos que reivindican al lugar, por lo general, se valen de una asociación con el concepto de comunidad, en la que no se explicita el mecanismo asociativo. A partir de esta situación, la vinculación entre lugar y comunidad provee un concepto —el de lugar— que es visto como sólido y desproblematizado, a la discusión académica y al debate político; es en éste último donde todo el sentido común asociado con el lugar suele convertirse en operativo para la acción política. Sin embargo, una mirada algo más cuidadosa, muestra que la relación mencionada no tiene por qué ser necesaria, lo que implica que, si bien en ciertos casos puede observarse una identificación entre los dos términos, sería incorrecto suponer que se encuentran siempre asociados, ya que si bien un lugar, en su proceso de diferenciación con respecto a otros, puede convertirse en un objeto dador de identidad para un sujeto determinado, esto no tiene por qué implicar, necesariamente, la existencia de una comunidad con un alto grado de intimidad personal derivado de la copresencia. Identificar una categoría de origen espacial, en este caso el lugar, con una de origen antropológico-social, como la comunidad, produce de hecho un efecto de «fetichización» de lo espacial (Urry, 1996). De esta forma, la dimensión social, portadora de una tradición en la que la problematización de conceptos ha sido moneda corriente, termina por adherirse a la espacial, que aparece como una dimensión mucho más desproblematizada. Así, los lugares se convierten en cuerpos sociales y, muchas veces, en cuerpos políticos de las democracias representativas. Es posible vincular esta crítica con otra que tiene que ver con situaciones coyunturales: de acuerdo con Massey, dentro de la literatura académica y también más allá de ella, existe una orientación continuada que tiende a identificar a los lugares con sitios de nostalgia y con ámbitos de opción frente al progreso y la historia. En este sentido, y especialmente desde finales de la década de 1980, muchos reclamos nacionalistas, regionalistas y localistas dirigieron sus esfuerzos a dotar a sus lugares de referencia con identidades fijas, significados particulares y reclamos propios. La visión del lugar en que descansan estas posiciones políticas, pero también muchas aproximaciones académicas, tiende a delimitar a los lugares y a otorgarles características de autenticidad, singularidad, fijeza y no problematicidad en lo que se refiere a su identidad. A diferencia de lo comentado hasta aquí, diferentes visiones de los últimos tiempos se han ocupado del modo en que un área dada es considerada un lugar, y lo han hecho sin apelar de modo central al concepto de comunidad. Entre ellas, se destacan algunas provenientes de la geografía, como las propuestas de Massey, y otras que, como la teoría de la estructuración, desde un campo distinto del geográfico, rescatan construcciones teórico-metodológicas arraigadas en una tradición geográfica, como lo es la time-geography. El potencial que encierran estas propuestas motiva que sea conveniente considerarlas en detalle. Reflexiones sobre la relación entre lugar y comunidad Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 87 DAG 37 001-174 22/5/2001 19:36 Página 87
Lugar, espacio y escalas de análisis Respondiendo a Harvey, Massey (1993; 1994) propone una perspectiva para el análisis del lugar que supere la visión reaccionaria de quienes observan en él una especie de refugio a la inseguridad que provoca el proceso de comprensión espacio-temporal, en la medida en que aquél se constituiría en sede de identidad no problemática y de estabilidad. La noción de lugar con que operan gran parte de los trabajos académicos y casi todo el sentido común, es asimilada, por Massey, a una raíz heideggeriana; ésta resulta problemática básicamente porque ve al lugar como un dador de identidad basada en su historia interna y porque requiere, para la identificación de un lugar, del trazado de fronteras que delimiten claramente y en forma discreta un área. Como alternativa, la autora ofrece una caracterización del lugar en la que es posible reconocer a la identidad del mismo a partir de un proceso producido dentro de una constelación de relaciones que involucran al lugar en sus relaciones con el afuera. La perspectiva de Massey posee varias ventajas: permite la superación del inmovilismo con que se identifica habitualmente a los lugares, no necesita del establecimiento de fronteras precisas para la identificación de los mismos (los lugares podrían, en parte, superponerse o estar formados por áreas no necesariamente contiguas), considera la posibilidad de conflictos en el interior de los lugares (la identidad no es necesariamente única ni armónica) y concibe a la identidad como factible de reproducirse y modificarse a partir de diferentes fuentes: […] la especificidad del lugar deriva también del hecho de que cada lugar es un foco de una mixtura distinguible, para amplias y supralocales relaciones sociales, sumado a que la yuxtaposición de esas relaciones pueden producir efectos que no tendrían lugar en otra parte. [...] Esto es el sentido del lugar, una comprensión de su carácter, que sólo puede ser edificado a través de la relación del lugar con lo que está más allá de él. Un progresivo sentido del lugar reconocería, sin ser amenazado por esto, que existe precisamente en la relación entre lugar y espacio. (Massey, 1993: 68) La «estetización de la política» criticada por Harvey, puede así ser superada a través de esta perspectiva en la que la identidad de un lugar deriva menos de una historia internalizada que de su especificidad de relaciones con «el afuera» (Massey, 1994). Es posible observar algunos puntos de contacto entre esta propuesta y el esquema de Taylor, diseñado en base a la existencia de tres escalas: la economía-mundo, o escala de la realidad; el Estado-nación, o escala de la ideología, y lo local, o escala de la experiencia (Taylor, 1994). El contacto puede apreciarse sobre todo si se tiene en cuenta que ambos autores4no conciben a 88 Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 Claudia Barros 4. También Agnew incorpora la consideración de escalas extralocales. A este autor se hará referencia más adelante. DAG 37 001-174 22/5/2001 19:36 Página 88
lo local como un mundo en sí mismo y, en cambio, acentúan sus relaciones constitutivas con escalas más abarcativas5. Podemos concluir que este tipo de posturas contribuyen a la necesaria problematización del concepto de lugar, a la vez que operan en la dirección de superar las limitaciones de perspectivas que enfatizan las actitudes nostálgicas propias de las líneas de pensamiento comentadas anteriormente. Resulta útil, en este punto, hacer referencia a la teoría de la estructuración y a sus vinculaciones con el discurso geográfico, principalmente porque constituye una aproximación teórico-metodológica con un gran potencial para una reconsideración crítica del modo en que los lugares se construyen a través de prácticas sociales. Teoría de la estructuración y conceptualización del lugar La teoría de la estructuración6se ha valido de algunos postulados de la time-geography de origen sueco, identificada con la escuela de Lund y con Hägerstrand, su principal referente. Con la recuperación, por parte de Giddens, de la producción de Hägerstrand, fue promovida una reproblematización del concepto de lugar: en vez de decidir que los lugares «están allí» y que son portadores de identidades comunitarias, quienes trabajan con la teoría de la estructuración comenzaron a hacerse preguntas referidas a los lugares y a su constitución como tales. En líneas generales, la teoría de la estructuración propone la superación de un dualismo histórico: el que existe entre las características estructurales y las prácticas sociales. Dado que la teoría de la estructuración no contempla la posibilidad de existencia de inevitabilidades, necesidades ni mecanismos de cambio transhistóricos (Cohen, 1995), el concepto de prácticas sociales se convierte en central en el momento de abordar el proceso de estructuración (esto incluye tanto a la reproducción como a la alteración) del sistema de relaciones sociales. De este modo: El interés de la time-geography para la teoría de la estructuración es evidente. La time-geography se ocupa de las restricciones infraestructurales que dan forma a las rutinas de la vida cotidiana y comparte con la teoría de la estructuración el énfasis puesto en el significado del carácter práctico de las actividades diarias, en circunstancias de copresencia para la constitución de una conducta social. (Giddens, 1985: 269) Reflexiones sobre la relación entre lugar y comunidad Doc. Anàl. Geogr. 37, 2000 89 5. En Taylor es posible derivar cierto «tamaño» territorial asignado a lo local, en tanto éste sería de menor magnitud que el Estado-nación. En Massey, en cambio, el lugar podría poseer diversos órdenes de magnitud. 6. Las primeras referencias a la estructuración aparecieron en 1927, en la obra de Gurvitch, quien introdujo los términos desestructuración y reestructuración en el uso corriente; sin embargo, las actuales menciones a la teoría de la estructuración hacen referencia a las formulaciones expuestas, principalmente, por Anthony Giddens (Cohen, 1995). DAG 37 001-174 22/5/2001 19:36 Página 89