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Las ONG y la cultura de la solidaridad : la ética mínima de la acción humanitaria

Author: Picas Contreras, Joan
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 2003
DOI: 10.5565/rev/papers/v71n0.1150
Source: https://ddd.uab.cat/pub/papers/02102862n71/02102862n71p65.pdf
Resumen
En los úl imos años, las ONG han alcanzado eno mes co as de popula idad. Sin duda ha
con ibuido a ello la di usión, po los medios de comunicación de masas, de algunas ca ás-
o es que han cas igado a di e sas poblaciones del plane a (léase —en o den c onológi-
co— E iopía, Somalia, Ruanda o los desas es ocasionados po el hu acán Mi ch en
Cen oamé ica), que han causado un conside able impac o en la opinión pública. Co iendo
un upido elo sob e la e icacia de la ayuda que se p es a y sob e sus consecuencias, la
acción humani a ia, desplazándose del ámbi o o igina io de los impe a i os é icos, ha pasa-
do a o ma pa e de lo que se conside a polí icamen e co ec o.
En es e a ículo se esi úa el signi icado de la solida idad en los pa áme os de la pos-
mode nidad pa a llega a la conclusión de que és a se plan ea no ya en é minos de debe ,
sino de deseo; y, asimismo, de que el humani a ismo es á más imbuido po una é ica de la
compasión que po una au én ica é ica de la jus icia. El pe il é ico de la acción humani a-
ia se comple a con una e lexión ace ca de las condiciones que o o gan legi imidad mo al
a la ayuda, lo que obliga a abo da el asun o siemp e con o e ido del de echo de inje en-
cia. La je a quización de las ac uaciones en unción de elemen os ajenos a la na u aleza del
su imien o del p ójimo lle a a pensa que la mo al de la u gencia no es más que una mo al
de la p e e encia.
Palab as cla e: ONG, solida idad, ayuda humani a ia, é ica.
Abs ac . NGO and solida i y cul u e: he minimal e hics o humani a ian ac ion
In he las yea s, NGO’s ha e eached eno mous le els o popula i y. Ce ainly, he di u-
sion by mass media o some ca as ophes punishing di e se popula ions o he plane ( ha
is —in ch onological o de — E hiopia, Somalia, Rwanda o he disas e s caused by hu i-
cane Mi ch in Cen al Ame ica) and i s conside able impac in he public opinion ha e
mean a big con ibu ion o i . D awing a disc ee eil o e he e ec i eness o he aid and
i s consequences, he humani a ian ac ion has shi ed om he o iginal scope o he e hi-
cal conside a ions o he sphe e o he poli ically co ec a ai s.
In his pape , he meaning o solida i y is econside ed unde he pa ame e s o pos -
mode ni y. The conclusion is ha solida i y has le o be posed in e ms o du y, and now
is a ques ion o desi e; and, also, ha humani a ianism is mo e imbued wi h an e hics o
compassion han an au hen ic e hics o jus ice. The e hical p o ile o he humani a ian
ac ion is comple ed wi h a e lec ion abou he condi ions ha g an mo al legi imacy o
he aid, which akes us o unde ake he always con o e sial subjec o he in e e ence
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Las ONG y la cul u a de la solida idad:
la é ica mínima de la acción humani a ia
Joan Picas Con e as
Uni e si a de Ba celona. Depa amen d’An opologia Cul u al
Baldi i Reixac, s/n. 08028 Ba celona
[email p o ec ed]
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igh . The hie a chical o de ing o pe o mances acco ding o conside a ions beyond he
na u e o people’s su e ing leads us o hink ha he mo al o he u gency is no mo e han
a mo al o he p e e ence.
Key wo ds: NGO, solida i y, humani a ian aid, e hics.
De un iempo a es a pa e, la acción humani a ia y la coope ación pa a el desa-
ollo se han pues o de moda en odos los países de Occiden e, ambién en
España1. Si hay un asgo no edoso que si a pa a ca ac e iza el pensamien o
cí ico-social de es os úl imos años es lo que algunos llaman —adop ando la
designación que iden i ica a dis in as o ganizaciones humani a ias— «sin-
on e ismo», que se ía algo así como un comp omiso y un eje cicio cosmo-
poli a de solida idad que desa olla la sociedad ci il.
Pe o el impe a i o é ico del «sin on e ismo» a menudo queda pos e gado
po el impe a i o de la acción, que alo a más la in ención que las conse-
cuencias. La misma necesidad de ac ua , el i mo acele ado de la ayuda e inclu-
so, en alguna medida, el p agma ismo de las acciones, ans o man e hipo ecan
el ca ác e de unas p ác icas que no debe ían se en exclusi a humani a ias (sal-
ación de idas), ni sólo económicas (dis ibución de ondos), ni sólo asis en-
ciales (educa i as, sani a ias…), sino an e odo un eje cicio de jus icia social.
Asimismo, la ins umen ación polí ica y come cial de lo humani a io, la p opia
manipulación del mundo de los sen imien os y de las emociones que ealizan
unos medios de comunicación cuya conduc a ambién se ige po la lógica
me can il o po la lógica polí ica, así como o os condicionan es ajenos a lo
que cons i uye la esencia de la coope ación, no sólo hacen duda de la legi i-
midad é ica de la coope ación pa a el desa ollo, sino que ambién di icul an
el es ablecimien o de los lími es p ecisos del campo de la solida idad2.
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1. El hecho de que la solida idad es é de moda e incluso el hecho de que la gen e pueda lle-
ga a se muy gene osa y solida ia an e acon ecimien os pun uales o si uaciones de eme gencia,
no supone en ningún caso, al como e lejan algunas encues as, que és e sea un alo domi-
nan e en nues a sociedad.
2. Es de des aca que el discu so de los alo es adquie e igo co ela i amen e al ago amien-
o de los g andes p oyec os polí icos (los alo es se esg imen como algo au én ico, incólu-
me, opues o a la p esencia espú ea del Es ado). Pe o si la acción ca i a i a ha sus i uido la
labo social del Es ado, lo humani a io —como apun a B uckne (1995: 266)— co e el
iego de p esc ibi la polí ica a cos a de se manipulado po és a.
Suma io
El signi icado de la solida idad
Ayuda humani a ia
y de echo de inje encia
Bibliog a ía
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Pa a deba i la legi imidad é ica de la coope ación es p eciso, an e odo,
di igi la mi ada a las ac uaciones que se lle an a cabo y a las elaciones de
in e dependencia que gene an. Pe o no bas a, en el calo del deba e, analiza
la pe inencia de es as ac uaciones desde un pun o de is a écnico, ni siquie-
a bas a p opone —al modo, po ejemplo, de C ocke (1996)— una nue a
é ica del desa ollo supe ado a de la ilan opía ca i a i a, que si úa a la pobla-
ción ayudada en una posición pasi a3. Aunque en sen ido es ic o solida idad
y jus icia —como apun a de Sebas ián (1996: 24)— no son equi alen es (la p i-
me a se ía «más p o ana y menos me a ísica», a la pa que «más a e ida y
gene osa» que la segunda), no obs an e no debe ía se posible en ende el con-
jun o de p ác icas solida ias que con o man la coope ación más que bajo el
con enido p eciso que p opo ciona una é ica de la jus icia que capaci e, en los
é minos de una é ica del cuidado, pa a a on a y epa a las desigualdades
en e los homb es.
El signi icado de la solida idad
El sus an i o solida idad de i a e imológicamen e de la exp esión la ina solida ius,
que designa un ipo especial de obligaciones ju ídicas compa idas po una
plu alidad de suje os. Es a exp esión, a su ez, iene su o igen en la locución in
solidum, que signi ica li e almen e «ín eg amen e».
Pe o más allá de las eminiscencias ju ídicas, el é mino de algún modo se
elaciona, en la cul u a g iega, con el equilib io y la a monía que debe exis i
en e el odo y las pa es, en e el yo indi idual y el noso os social unidos po
el ínculo de la ilía. En A is ó eles es á p esen e un cie o ipo de solida idad
que se ía equi alen e a una amis ad cí ica que no es á o denada únicamen e
pa a la ida en común, sino ambién pa a la ealización de buenas acciones.
Asimismo, en el mundo la ino, Cice ón y Séneca se e ie en a una sociabili-
dad na u al en endida como una endencia a la ayuda mu ua en el ma co de un
uso común de los bienes. En o o sen ido, los concep os de pie as y humani-
as, u ilizados en la escolás ica, pasa án a o ma pa e del pensamien o de la
Iglesia bajo la o ma de mise ico dia y de comunión uni e sal con Dios.
Las ONG y la cul u a de la solida idad: la é ica mínima de la acción humani a ia Pape s 71, 2003 67
3. Aunque los concep os de solida idad y de ca idad si an pa a designa o mas de acción
ilan ópica que Casado (1992: 65-71) cali ica como «he e oayuda» (es o es, donaciones
de bienes o se icios o de es ue zo pe sonal sin con apa ida obliga o ia) pa a dis ingui las de
la «ayuda mu ua» (cuyos bene icios e ie en en los p opios au o es), el segundo é mino,
que e oca una i ud eologal consis en e en ama al p ójimo po compasión y que ha aca-
bado con undiéndose con la sopa boba que epa ían en el pasado algunas ó denes eligio-
sas a los indigen es, p og esi amen e ha pe dido acep ación en de imen o del p ime o, que
se juzga como su sus i u o laico y un paso adelan e en la conciencia de las gen es. Sin emba -
go, pa a Sánchez Fe losio (1998), que analiza el espec o semán ico de una y o a palab a,
ca idad ha conse ado un ca ác e a e no mucho más amplio (el p opio é mino ilan o-
pía, que en su o igen g iego signi ica «amo al géne o humano», se ha homologado al de
ca idad). Así, obse a que ca idad admi e pe ec amen e «ca idad con el enemigo», mien-
as que «solida idad con el enemigo» conno a de inmedia o elonía o aición.
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En la edad mode na, el Es ado (el hecho de compa i la nacionalidad) y la
in e dependencia que gene a la di isión del abajo se con ie en en el p in-
cipal nexo de unión en e los ciudadanos, lo que supone la pé dida del íncu-
lo social que nacía de una a e nidad undada en un o igen común y unas
mismas c eencias4. En es e con ex o, la solida idad, cuando no apa ece como
una obligación impues a, de iene una cues ión de simpa ía, una opción ya no
es ic amen e necesa ia, sino deseable. Mien as que la azón de Es ado si úa la
solida idad a ni el polí ico (polí ica social), jun o al eje cicio de la p ác ica del
pode , sin emba go la azón u ópica, que ambién c ece con la mode nidad,
desea á amplia el ho izon e de la a e nidad o eciéndose a odos los hom-
b es sin dis inciones e in oduciendo un componen e libe ado 5.
Po o a pa e, si la adición ilosó ica a is o élica desconocía cualquie
o a p axis que no ue a la acción eleológica de pe sonas indi iduales, Kan
plan ea el p imado de una azón p ác ica uni e sal no suje a a p incipios ina-
lis as. Pa a él, la é ica dic a la necesidad de ac ua en unción de una obliga-
ción que nace del de echo de los o os (es e ac o de simpa ía con los se es
humanos no es á inducido po la conmise ación an e el dolo o el emo di-
mien o po la c ueldad, sino que es una espues a pe sonal al impe a i o ca e-
gó ico).
Pese a que el uni e salismo é ico, de honda aigamb e kan iana, se á pues-
o en ela de juicio en la posmode nidad desde los pa áme os de un ela i is-
mo que p opone su sus i ución po las dis in as concepciones y adiciones
mo ales p opias de cada cul u a, pocos discu en que exis e una obligación
na u al (es o es, que nace de la p opia condición humana) que exige con i-
bui al bienes a de los demás. De al modo, se suele acep a que sólo o e-
ciendo una espues a desde una esponsabilidad solida iamen e asumida es
posible soluciona los g andes p oblemas de desigualdad que hoy en día se
plan ean a la humanidad (Co ina, 1985; Apel, 1985)6.
En el con ex o de la ayuda al Te ce Mundo, el concep o de solida idad,
en eo ía, su gi ía como una ca ego ía mo al p esidida po una lógica de equi-
alencia, que exige o dena la sociedad equi a i amen e, y po un p incipio de
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4. Du kheim (1893) a gumen ó que la «solida idad mecánica», en la que la cohesión social
se undamen aba en la iden i icación común de los indi iduos, e a g adualmen e eempla-
zada po una «solida idad o gánica», p opia de la sociedad indus ial y que obedecía a las nece-
sidades de la di isión del abajo, en la que la cohesión social se basaba en la in e depen-
dencia.
5. En el sen ido de unidad en la acción ei indica i a, la noción de solida idad apa ece en
Ingla e a a mediados del siglo XIX (de i ando de la o ma ancesa solida i é, u ilizada en la
e minología legal a inales del siglo XVIII) al con e i se en un concep o cen al, elacio-
nado con la idea de clase social, en el desa ollo del mo imien o ca is a y sindicalis a
(Cas ellanos, 1998: 97).
6. Pa a Apel, en an o que los p oblemas que se plan ean son de ci ilización y no de na u a-
leza écnica, es la azón p ác ica —y no la azón écnica— la que debe esponsabiliza se del
desa ío pe echándose en una é ica uni e salmen e álida (lo que no impide que los idea-
les conc e os de ida de cada pueblo o cul u a puedan esol e se desde las dis in as con-
cepciones mo ales).
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gene osidad o g a uidad, que se insc ibe en el ámbi o de la é ica social y que se
exp esa, a a és de la acción, en una «adhesión a la causa de o os», en en-
diendo siemp e que es os «o os» poseen mayo es necesidades que quienes
p ac ican la solida idad (E xebe ía, 1997: 248)7.
Algunos han llegado a elaciona —acaso con excesi a p ecipi ación— el
auge de las ONG con un nue o esu gi de los alo es mo ales as un la go
pe íodo de a onía ma e ialis a. Sea como sea, la solida idad ca ac e ís ica de
la posmode nidad, de la que es as ONG son un pa adigma, pa adójicamen e
no se dis ingue po un e ue zo del debe . Apela a la esponsabilidad, en nin-
gún caso a la imposición impe a i a ni, po supues o, a obligaciones de con-
enido ju ídico; ampoco se exigen sac i icios pe sonales, ni consag a la ida
a ines supe io es a uno mismo, ni ningún ipo de enuncia que no sea olun-
a iamen e elegida.
Lipo e sky (1992: 209) de alla la si uación del siguien e modo:
El p incipio de esponsabilidad apa ece como el alma misma de la cul u a pos-
mo alis a. Si bien las llamadas a la esponsabilidad no pueden sepa a se de la
alo ación de la idea de obligación mo al, ienen la ca ac e ís ica de no p edi-
ca en absolu o la inmolación de uno mismo en el al a de los ideales supe-
io es: nues a é ica de la esponsabilidad es una é ica « azonable», animada
no po el impe a i o de abandono de los p opios ines, sino po un es ue zo de
conciliación en e los alo es y los in e eses, en e el p incipio de los de echos
del indi iduo y las p esiones de la ida social, económica y cien í ica. El obje-
i o no es o o que con a es a la expansión lógica indi idualis a legi iman-
do nue as obligaciones colec i as.
La é ica de la solida idad, libe ada del en o no eligioso, no gene a sen i-
mien os de culpa; el al uismo de iene indolo o. Es a mo al secula izada
—apun a el p opio Lipo e sky (op. ci .: 47)— acaba ans o mada en «con-
sumo in e ac i o y es i o de buenos sen imien os», eciclada y con e ida en
una sue e de espec áculo (incluso el mal se espec acula iza) ehiculado po
unos medios de comunicación que son la única en ana desde la que se e y
se explica el mundo y sus in o unios. Ellos, en su condición de c eado es de
opinión, o ien an una moda de la gene osidad que es imula una conciencia
é ica ligh , empo al y pun ual que sólo se mani ies a an e las g andes ad e -
sidades humanas8. Cuan o más se debili a la ue za del debe , con menos epa-
os consumimos solida idad9.
Las ONG y la cul u a de la solida idad: la é ica mínima de la acción humani a ia Pape s 71, 2003 69
7. De Sebas ián (1996: 16-17) acla a que la solida idad no sólo es un discu so o un sen i-
mien o, sino ambién —y an e odo— una cualidad de la acción que, en cuan o al, sólo en
la misma acción puede ealiza se.
8. Baud illa d (1978: 9-80) sugie e que el dominio de la simulación po pa e de los medios
de comunicación e osiona los e e en es y lle a al colapso de aquellas pola idades discu si-
as que sos enían el signi icado: imagina io/ eal, subje i o/obje i o, p i ado/público,
ida/mue e.
9. Cada cual, según sus p e e encias, puede pa icipa sin es ue zo en lo que B uckne (1995:
261) cali ica como la «g an ies a del co azón». El p opio ac o de consumo ans o ma al
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Pa a Lipo e sky (op. ci .: 138-139), la cul u a mediá ica y hedonis a de
es a sociedad que de ine como del «pos debe » «ha pe mi ido supe a an o la
cul u a del impe a i o ca egó ico como la del in e és bien en endido».
Des alo iza el ideal de la abnegación, el espí i u de disciplina y, en cambio,
anima la sa is acción de deseos inmedia os. La especulación al ededo del
dilema puedo/no puedo (si puedo, en onces debo ayuda les) se a enúa y se plan-
ea en é minos de deseo. En ega se al p ójimo con de oción deja de se un bien
en sí mismo. E idenciando el p edominio del ges o ex e no sob e la i ud p i-
ada, de los hechos que pueden se exhibidos, el humanismo sin on e is a no
quie e a los homb es, sino que lo que desea es p esencia pública pa a ocupa -
se de ellos. Como a i ma B uckne (1995: 260), «el ilán opo mode no se
ans o ma no en amigo de los pob es, sino en amigo de la pob eza» (a aqué-
llos, a lo sumo, se los compadece mien as sigan siendo desg aciados; pe o a
la que se ebelan se los eme). O, exp esándolo con o as palab as, «en el indi-
gen e sólo se pe cibe al indigen e, no al homb e» (B uckne , op. ci .: 255)10. No
exis e aquí una iden i icación con el «o o» pa iendo de lo que es, «o o-yo»:
se con unde el se con el ene . Como con i ma Finkielk au (1996: 125-126),
la «p edilección po los menes e osos anónimos es más u o del p incipio de
p ecaución que del a eba o a e nal. En el plano in elec ual al menos, es a
mo al de la u gencia ex ema es una mo al del con o ex emo».
En nues a sociedad —enseña Ro y (1989: 210)— no hay espacio pa a
una solida idad que se legi ime en g andes eo ías me a ísicas, que se apoye en
el econocimien o de un yo nuclea —la esencia humana— compa ido po
odos los se es humanos (po o a pa e, ello ampoco debe ía se en sí mismo
deseable, ya que la idea de un componen e humano cen al y uni e sal pod ía,
a su juicio, es a libe ad al indi iduo). La solida idad, como la conciencia, es
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ciudadano en mecenas (bas a oma una aza de «ca é solida io», paga con una a je a de c é-
di o de una en idad inancie a que des ine algún po cen aje del alo de la comp a a sub-
enciona a una ONG o asis i a un concie o de ock con a el hamb e en el mundo). La
solida idad no sólo adop a o mas indolo as, sino ambién lúdicas: el agen e mo al se com-
p ome e en a o de una buena causa al iempo que se lo pasa bien. La ca idad se con ie -
e en di e sión; el dolo ajeno de iene espec áculo ( eali y show). En las llamadas «ma a o-
nes ele isi as» des inadas a ecauda ondos, que combinan gene osidad, ai es de es i al
y ma ke ing, las donaciones se con abilizan y se ba en éco ds como si se a a a de emula
una ges a depo i a.
10. Pues o que una solida idad con una humanidad anónima o, po analogía, un humanismo
sin homb e gene a una idelidad pu amen e u ina ia (se apoyan con igual en usiasmo las
causas más dispa es: ibe anos, somalíes, hu us, bosnios, ku dos o koso a es an ocupan-
do sucesi amen e la ca ego ía de íc imas me ecedo as de nues o in e és, quedando des-
ca adas o as de o ma a bi a ia) que co e el iego de consumi se, B uckne (ibídem)
acaba cons a ando que la gene osidad, pa a ea i ma se, necesi a «[d]e ol e a los menes-
e osos una iden idad y un os o humano, [selecciona ] en e la masa de los deshe edados
unos cuan os ejempla es ep esen a i os. De es e modo la es ella (o el bene ac o ) p es a
su nomb e a quien no lo iene, obliga a las mi adas a posa se sob e él». Las o mas de apa-
d inamien o o cie o ipo de esponso ización, que iden i ican al bene icia io, sacan p o e-
cho de es a ci cuns ancia.
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pu a con ingencia, es á suje a al iempo y al aza . Pe o, sin emba go, el indi i-
dualismo ex emo bajo el que se concibe el comp omiso y la c í ica de las ilu-
siones ideológicas del pasado pueden habe nos lle ado a acep a una sue e de
é ica que, aunque isible, no deja ampoco de se una ilusión é ica. En dicho
sen ido, el alcance limi ado de la solida idad sin on e is a pa ece se más el u o
de es a é ica de mínimos que de una imposibilidad ác ica de lle a la a cabo.
Si el ac o é ico —como man iene Baj in (1924)11— iene una na u aleza
on ológica, en onces se puede coincidi con Bilbeny (1997: 41) en que a la
« e olución en la é ica» de la posmode nidad, que ha modi icado el ma co de
las pe cepciones, los hábi os y las c eencias que nos se ían has a hoy pa a
habla de mo al, se le ha sumado la «c isis de la é ica».
Ayuda humani a ia y de echo de inje encia
La ayuda humani a ia o de eme gencia (a menudo ambos é minos se sola-
pan), en cuya ges ión las ONG han adqui ido un p o agonismo des acado, es
una espues a u gen e a una si uación de ca ás o e, a un desas e p o ocado
po heca ombes na u ales (sequías, inundaciones, ciclones…) o po acon eci-
mien os singula es de aíz polí ica o social (con lic os bélicos, desplazamien-
o de e ugiados, desas es económicos…), cuyas consecuencias (hamb e, epi-
demias, iolencia…) suponen un iesgo g a e pa a los se es humanos que las
padecen12. Aunque la mayo ía de los ac o es econozca que és a no debe ía
sepa a se de la ayuda al desa ollo, las acciones a la go plazo quedan pos e ga-
das13. La denuncia de las injus icias que es án en el o igen de la ad e sidad
ambién se si úa en un plano secunda io. Sólo ale sal a idas anónimas sin
demo as: la misma acción monopoliza oda la mo al. Como pun ualiza
Finkielk au (1996: 122), no impo a quién es el indi iduo que su e, cuál es
su azón de se , los mo i os de su pe secución o de su agonía: sólo in e esa sal-
a lo sin más.
Las ONG y la cul u a de la solida idad: la é ica mínima de la acción humani a ia Pape s 71, 2003 71
11. Pa a Baj in el ac o é ico, como mecanismo de cons i ución, a i mación y supe i encia del
«yo» en su elación con el «o o», es á basado en una idea de esponsabilidad, ineludible
pa a cada pe sona, que no es de na u aleza ju ídica, sino on ológica, y que de i a de las o -
mas con que se pe cibe el mundo a a és de la elación con es e «o o». Cada ac o que se
lle a a cabo cambia algo en la es uc u a del mundo, en la posición del «o o» y en noso os
mismos.
12. Cuando se habla de desas e cada ez hay mayo consenso en limi a las e e encias a su
condición de agen e ísico y en ponde a sus ca ac e ís icas sociales. A pesa de que en ci -
cuns ancias puedan exis i desas es p oducidos po elemen os na u ales que, al menos pa -
cialmen e, se desa ollan con independencia de la acción humana (los e emo os o los
ciclones ienen un cie o componen e de aza ), sin emba go el daño que ocasionan se expli-
ca po la si uación de p eca iedad en que i en las poblaciones a ec adas (Qua an elli, 1998).
13. Pa a Mendiluce (1997: 173-176), «no se puede con inua con una di isión cada día más
a i icial, con adic o ia e ine icaz, al a a de clasi ica nues a acción en e eme gencia y
desa ollo». La p opia ac i ud de muchas ONG, que «ac úan o dan la imagen de bombe os
apagaincendios», es en pa e esponsable del e o . Como ecue da Kabunda (1999: 78),
p ecisamen e aquélla en a en uncionamien o cuando alla la ayuda al desa ollo.
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En es a línea, Domingo Mo a alla (1997: 247) señala que el humani a ismo
«más que una é ica de la jus icia, quie e pone en p ác ica una é ica de la com-
pasión, donde además de sal a la ida se busca e i a el dolo . An e la impo-
sibilidad de la jus icia, no queda más emedio que la compasión». En e ec o, el
agen e humani a io obse a el su imien o que es á al alcance de la is a, pe o
en gene al —sin apenas dis ancia se de la posición adop ada his ó icamen e
po la C uz Roja— echaza se belige an e, enuncia a dis ingui en e lo que
es un acciden e y lo que supone una ag esión e incluso, como se puso de mani-
ies o as la c isis de Ruanda de 1994, en e íc ima y e dugo14. Todos los
in o unados son conside ados, sin ma ices, como se es obje o de conmise a-
ción, incapaces de hace en e po sí solos a sus p oblemas. De es e modo, la
é ica mínima de la acción humani a ia nos aslada a las pue as de una é ica
mínima de la acción polí ica.
La o ma en que las ins i uciones humani a ias exp esan la necesidad de
ayuda es, en es e sen ido, su icien emen e e elado a. Po ejemplo, desde
Médicos Sin F on e as, al ez la en idad con la que mejo se asocia hoy en
día, desde un pun o de is a mediá ico, la «ayuda de eme gencia», se nos p e-
sen a un pano ama de ca ás o e pe manen e ex emadamen e simplis a, en el
que dicha ONG —como se ad ie e en el siguien e agmen o publici a io,
echado en 1996— pa imonializa la é ica del comp omiso y se o ece como
única espe anza de sal ación:
Más de 50 millones de e ugiados en odo el mundo lo han pe dido odo
huyendo de la gue a, la pob eza o la en e medad. Noso os les p opo ciona-
mos a ención médica, acunación, o mación del pe sonal local, nu ición,
suminis o de agua po able, saneamien o ambien al, e c.
En 1984 ue E iopía. En el 91, Yugosla ia. Somalia en el 92. Ruanda en el
94. Y hoy la egión de los G andes Lagos (Zai e, Ruanda, Bu undi), donde
1.200.000 e ugiados y desplazados se en en an a la gue a, el hamb e y la
en e medad. En los úl imos años, en MSF hemos acumulado la expe iencia
necesa ia pa a soco e a las poblaciones en pelig o en sólo 24 ho as. Se encuen-
en donde se encuen en.
Los d amas se suceden unos a o os al i mo de las no icias, a la elocidad
de las imágenes que ansmi e la CNN (los medios de comunicación poseen la
acul ad an o de c ea como de desgas a el acon ecimien o)15. Del mismo
72 Pape s 71, 2003 Joan Picas Con e as
14. Bas a eco da que las o ganizaciones humani a ias se hicie on ca go de la a ención de cam-
pos de e ugiados en el ex-Zai e con olados po las milicias hu u que habían pe pe ado
acciones genocidas y desde los que con inuaban hos igando al enemigo. És e y o os casos
semejan es in i an a e lexiona en o no a las con adicciones en que incu e la asis encia
humani a ia, en en ada al pelig o pe manen e de que sea ap o echada po una de las pa -
es o po un gobie no au o i a io pa a a i a un con lic o que se p e ende apacigua .
15. Ben hall (1993: 26-29) llega al pun o de a i ma que los desas es son, en buena medida, una
cons ucción de los medios de comunicación, ya que sin ellos no se ían conocidos y, po
an o, no exis i ían, sal o pa a las íc imas. La ac uación de las p opias o ganizaciones huma-
ni a ias es á suje a a las exigencias de los medios de comunicación (és os inspi an las conduc as
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modo, cada nue a c uzada elega al ol ido a la an e io . Si la inalidad de la
acción ue a en e dad sal a al mundo, nos halla íamos an e una ges a he oi-
ca y ex enuan e. Pe o el des ile e iginoso de las ca ás o es acaba a enuando
no ya la a ención que se les p es a, sino ambién el p opio g ado de comp omiso.
En de ini i a, el « ela o mo al» y el « ela o polí ico» —en palab as de Igna ie
(1998: 376)— acaban ans o mándose en «espec áculo humani a io».
Comple a el pe il é ico de la ayuda humani a ia obliga a e lexiona ace -
ca de las condiciones que pueden hace mo almen e legí ima la ayuda y, como
consecuencia de ello, a deba i ace ca de la legi imidad del de echo de inje-
encia, que Mendiluce (1997: 124) llega al ex emo de de ini «como la posi-
bilidad o el debe de llega al uso de la ue za pa a de ende el de echo a la
asis encia y a la ida de las poblaciones en iesgo»16. Pa a A e a (1999: 63-64),
és e se ía un de echo que « a a de educi la al e idad en e los que p es an su
ayuda y los que la eciben, que esul a acen uada po su pe enencia a Es ados
di e en es».
El econocimien o de que los de echos de las íc imas no pueden se con-
ingen es, es deci , sólo acep ables en unción de de e minadas ci cuns ancias,
apa ece como el p incipal a gumen o jus i ica i o del de echo de inje encia,
que se impone como un impe a i o. El discu so é ico ela i o a los de echos
del homb e se in ie e en discu so de las obligaciones humanas, en e las que
es á la de soco e a las poblaciones en pelig o. Así, el p opio Kouchne (1991)
eclama que las ins i uciones in e nacionales, asis idas de un «de echo de inje-
encia» indiscu ible, ienen que asumi lo como debe («debe de inje encia»).
De al modo, abaja en nomb e y en a o de las íc imas jus i ica la ans-
g esión de aquellas eglas que impiden que se pueda ac ua lib emen e. No
obs an e, y pues o que a pesa de odo la acción humani a ia, a ni el p ác i-
co, halla lími es en el impe io de la ley (p ohibición explíci a de iola las on-
e as de los es ados)17, de hecho no se ía adecuado e e i se, en p opiedad, a
Las ONG y la cul u a de la solida idad: la é ica mínima de la acción humani a ia Pape s 71, 2003 73
a segui y, a su ez, obligan a las o ganizaciones a adop a es a egias que les pe mi an ene
p esencia en ellos). De un modo pa alelo, Kouchne (1991: 194), undado de Médecins Sans
F on iè es (MSF) y de Médecins du Monde, man iene que «sin imagen no hay indigna-
ción: la desg acia sólo se aba e sob e los desg aciados». Pe o aún siendo cie a es a esis, es
indiscu ible que la p o usión de imágenes acaba p o ocándonos has ío y haciéndonos ole-
a lo que en sí mismo es in ole able.
16. La au o ía de la exp esión «inje encia humani a ia» se a ibuye po lo gene al a Kouchne ,
que la emplea en 1968 pa a indica la ayuda p es ada po médicos anceses a las íc imas
del con lic o bélico de Bia a. La esolución núm. 43/131 de la ONU, e e ida al Nue o
O den Humani a io In e nacional, que da a de 1988, quiso aslada la doc ina de la inje-
encia humani a ia al de echo in e nacional. Sin emba go, en la p ác ica el uso de la ue -
za sigue ecibiendo jus i icación cuando se p oducen amenazas pa a la paz y la segu idad
in e nacional, pe o no cuando exis e su imien o de la población.
17. Rubio Llo en e (1999) esc ibe que pa a jus i ica la legalidad del de echo de inje encia ( io-
lación de la sobe anía de un país al no con a con el consen imien o del gobie no a ec a-
do) se aducen a gumen os semejan es a los empleados po pensado es escolás icos como
Suá ez en elación con la «gue a jus a». Pe o la apelación a la ieja idea de la «causa jus a»
supone, de hecho, un abandono del De echo (una ulne ación de las no mas que egulan
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