scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Cultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales

Bouzada Fernández, Xan

Abstract

En el presente trabajo, pretendemos defender la idea de que, frente a la clara prevalencia de la mirada económica en el reciente análisis e implantación de los proyectos y programas de desarrollo local, la perspectiva sociológica se halla en condiciones privilegiadas de aportar líneas teóricas de investigación que nos permitan avanzar más allá del economicismo y del descriptivismo que caracteriza a una gran parte de las monografías que, sobre este asunto, han sido publicadas en nuestro país a lo largo de los últimos años. Para ello, nos detendremos en aplicar algunas de las propuestas metodológicas referenciadas en este trabajo, tales como el análisis estratégico y la teoría del actor-red al análisis de la implantación de los programas Leader I y II puestos en marcha en Galicia (Arzúa-Portodemouros, Ancares y Monterrei) durante la segunda mitad de la década de los noventa. Este análisis nos permitirá constatar que la utilidad de la perspectiva metodológica de dominante individualista de Crozier-Friedberg, la cual subraya la capacidad estratégica del actor, puede ser complementada tanto con las aportaciones de Callon-Latour acerca de la relevancia de la dimensión grupal de la acción reflejada en una estructura de redes capaz de encarnar y articular los modos de acción de los actores, como también con los planteamientos de G. Vautrin, P. Teisserenc o M. Woolcock, sobre todo en lo relativo a su apuesta por no relegar la dimensión cultural y social en el estudio de las dinámicas de desarrollo local.

Full text

Resumen En el presente trabajo, pretendemos defender la idea de que, frente a la clara prevalencia de la mirada económica en el reciente análisis e implantación de los proyectos y programas de desarrollo local, la perspectiva sociológica se halla en condiciones privilegiadas de aportar líneas teóricas de investigación que nos permitan avanzar más allá del economicismo y del descriptivismo que caracteriza a una gran parte de las monografías que, sobre este asunto, han sido publicadas en nuestro país a lo largo de los últimos años. Para ello, nos detendremos en aplicar algunas de las propuestas metodológicas referenciadas en este trabajo, tales como el análisis estratégico y la teoría del actor-red al análisis de la implantación de los programas Leader I y II puestos en marcha en Galicia (Arzúa-Portodemouros, Ancares y Monterrei) durante la segunda mitad de la década de los noventa. Este análisis nos permitirá constatar que la utilidad de la perspectiva metodológica de dominante individualista de Crozier-Friedberg, la cual subraya la capacidad estratégica del actor, puede ser complementada tanto con las aportaciones de Callon-Latour acerca de la relevancia de la dimensión grupal de la acción reflejada en una estructura de redes capaz de encarnar y articular los modos de acción de los actores, como también con los planteamientos de G. Vautrin, P. Teisserenc o M. Woolcock, sobre todo en lo relativo a su apuesta por no relegar la dimensión cultural y social en el estudio de las dinámicas de desarrollo local. Palabras clave: desarrollo local, actor social, red social, capital social, cultura. Abstract In this work we argue that against the present popularity of the economic point or view on the analysis and implementation of local development projects and programmes, the sociological perspective is on the privileged position of offering theorical tracks of investigation that let us overtake the economicism and descriptivism which are usual features of a great deal of monographs on this topic. In order to do this we are applying to the analysis of the implementation of the Leader Programmes I and II in Galicia in the late nineties some methodological proposals, such as the strategic analysis and the network actor theories. This analysis will allow us to confirm that Crozier-Friedberg methodological perspective, which emphasises the actor´s strategic capability, may be completed both by *En la elaboración del presente trabajo hemos recurrido a datos y casos extraídos de las investigaciones «Análisis sociológico de los programas Leader I y II en Galicia» (Xunta de Galicia) y «Migraciones de retorno y procesos de Desarrollo Local» (MCYT), en los cuales hemos contado con la estrecha colaboración del Dr. D. Alberto Saco Alvarez así como de la del Dr.D.Xesús Laxe Picos, en la segunda de ellas. Papers 71, 2003 131-170 Cultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales* Xan Bouzada Fernández Universidad de Vigo. Departamento de Sociología [email protected] Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 131 Callon-Latour suggestions on the relevance of the group dimension of the action reflected on a network structure able to articulate the actors action, and by G. Vautrin, P. Teisserenc or M. Woolcock proposals which aim not to forget the cultural and social dimension on studying local development dynamics. Key words: local development, social actor, social network, social capital, culture. El concepto de desarrollo local disfruta hoy, como campo de análisis, de un estimable eco, no sólo en el ámbito de la sociología, sino también en el de la geografía y la economía. Hay que decir, no obstante, que la perspectiva económica es intensamente deudora de las tradiciones de la economía regional o incluso de la economía social; la geografía conecta con ese tema básicamente a través de sus previos intereses —vía geografía humana y «nueva geografía»— en la ordenación del territorio, mientras que, en el ámbito de la sociología, resultan múltiples los nexos que la vinculan con tradiciones afines como puedan ser la del desarrollo comunitario o la de la intervención social globalizada. La acuñación del término disfruta, no obstante, de un origen fundamentalmente sociológico, amparado en las preocupaciones teóricas y sociales del sociólogo bretón Paul Houée a comienzos de los años setenta. En el presente trabajo, pretendemos defender la idea de que, frente a la clara prevalencia de la mirada económica en el reciente análisis e implantación de los proyectos y programas de desarrollo local, la perspectiva sociológica se halla en condiciones privilegiadas de aportar líneas teóricas de investigación que nos permitan avanzar más allá del economicismo y del descriptivismo que caracteriza a una gran parte de las monografías que, sobre este asunto, han sido publicadas a lo largo de los últimos años. Para ello, nos detendremos en aplicar algunas de las propuestas metodológicas referenciadas en este trabajo, tales como el análisis estratégico y la teoría del actor-red al análisis de la implantación de los programas Leader I y II puestos en marcha en Galicia (ArzúaPortodemouros, Ancares y Monterrei) durante la segunda mitad de la década de los noventa. Este análisis nos permitirá constatar que la utilidad de la perspectiva metodológica de dominante individualista de Crozier-Friedberg, la 132 Papers 71, 2003 Xan Bouzada Fernández Sumario Acerca de la génesis y los orígenes del desarrollo local Acerca de los planteamientos metodológicos Memoria, cultura e identidad en los procesos de desarrollo local Galicia: algunos datos básicos Los sistemas de acción de los Leader I y II de Galicia: algunas reflexiones Acerca de los actores y sus estrategias Redes, sistemas de acción local y traducciones Acerca de los actuantes no humanos Cultura, memoria y desarrollo local A modo de conclusión Bibliografía Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 132 cual subraya la capacidad estratégica del actor, puede ser complementada tanto con las aportaciones de Callon-Latour acerca de la relevancia de la dimensión grupal de la acción reflejada en una estructura de redes capaz de encarnar y articular los modos de acción de los actores, como también con los planteamientos de G. Vautrin, P. Teisserenc o M. Woolcock, sobre todo en lo relativo a su apuesta por no relegar la dimensión cultural y social en el estudio de las dinámicas de desarrollo local. Acerca de la génesis y los orígenes del desarrollo local Mientras la tradición dominante de la economía clásica se formuló ignorando las dimensiones sociales del desarrollo, lo cierto es que, desde un ámbito heterodoxo como el de la economía social, durante años siguió madurando una línea de acción más sensible a las dimensiones sociales de la vida económica que estaría llamada a dar amplios frutos en las economías europeas1. Estos frutos se han hecho también visibles incluso en la reciente tradición socioeconómica española, en la cual resultan particularmente reconocibles algunos itinerarios como el recorrido por iniciativas como la del grupo cooperativo Mondragón2, que han visto trascendidos ampliamente los márgenes territoriales del municipio vasco en el que se inició esta experiencia. Pero no es solamente este sector de la economía el que ha puesto en evidencia una vitalidad de lo social y territorial que no se resigna al confinamiento en los estrechos límites de la estricta lógica del mercado. En todo caso, durante los últimos años, la aproximación entre sociología y economía, y en paralelo la recuperación del interés de la economía por el contenido social inherente a los procesos de desarrollo, ha traído consigo un auge notable de la perspectiva regulacionista que postula una recuperación del institucionalismo sociológico en relación con los procesos de carácter socioeconómico. En este aspecto, un número creciente de interpretaciones económicas contemporáneas rechazan la idea de que el capitalismo sea una simple sociedad de mercado libre, subrayando la importancia crucial de las diferentes formas de regulación características de las sociedades organizadas (Hodgson, 1988; Polanyi, 1989, 1992). Este reenfoque halló también, en la obra fundadora del economista inglés Alfred Marshall (1890-1948), un referente inspirador particularmente sensible a las dimensiones territoriales, sociales y culturales del desarrollo (Sforzi, 1999). En este aspecto, si los autores italianos que estudiaron los procesos de desaCultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales Papers 71, 2003 133 1. Según la Comisión Europea, este sector, que acoge a cooperativas, mutualidades, asociaciones y fundaciones, representa ya un 6% del PIB en Europa. 2. La experiencia cooperativa de Mondragón fue tomando cuerpo a partir de los años cincuenta. En sus inicios fue promovida por el padre Arizmendiarrieta. Esta experiencia, que hoy cuenta en su haber con iniciativas empresariales tales como el grupo Ulgor-Fagor o las empresas Eroski y Consum, ha atraido la atención de diversos estudiosos de la economía social (Bardley y Gelb, 1985; Sharryn, 1993) y, entre otros, la de W. Foote Whyte Jr. (1990), cuyo padre fuera autor de Street Corner Society, una de las obras clásicas de la sociología de la comunidad urbana. Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 133 rrollo localizados en la Terça Italia (Bagnasco, 1988; Beccattini, 1987) han puesto sobre el tapete la vitalidad que la economía puede alcanzar en ámbitos locales en virtud de su capacidad para facilitar la convergencia de recursos humanos, sociales e institucionales favorables, entre nosotros no han estado tampoco totalmente ausentes algunos diagnósticos de características semejantes, los cuales, en torno a los años ochenta, han dado cuenta de la existencia, también aquí, de este tipo de dinámicas. En este sentido, resulta representativa la obra de Vázquez Barquero (1988), la cual nos aportó en su momento, y desde una perspectiva de vocación socioeconómica, el análisis de un grupo de experiencias de desarrollo local que habían ido tomando forma en España durante las décadas anteriores. En una dirección similar y desde una perspectiva más decantadamente sociológica, el trabajo de López-Casero Olmedo (1989) sobre el desarrollo local en las agrociudades mediterráneas representó asimismo una aproximación atenta a las dimensiones de la estructura social de las comunidades investigadas, la cual en muchos aspectos resulta también paralela a las que en esos mismos momentos se llevaron a cabo en Italia. Por otro lado, la sociología, en particular la anglosajona, ha mantenido desde sus orígenes como disciplina, y de manera particular con base en la tradición de la Escuela de Chicago, un interés central en el estudio de las comunidades no sólo urbanas, sino también rurales, el cual le condujo de modo recurrente a ocuparse tanto de analizar como de racionalizar los modos de intervenir en este tipo de procesos locales de desarrollo. En algunos casos la relación es estrecha. Si la socióloga norteamericana C.F. Ware fue una de las primeras autoras en ocuparse, en el estudio del campo de la sociología, de la comunidad con su clásico Greenwich Village, ella misma fue también pionera en el desarrollo de manuales orientados al desarrollo comunitario (Ware, 1935, 1986), del mismo modo, los sociólogos de la comunidad ingleses C.M Arensberg o H. Newby han transitado ese doble itinerario que los llevó de la interpretación y comprensión de los procesos a la aplicación de sus conocimientos al ámbito del desarrollo de comunidad. Si Peter Willmott inició sus labores investigadoras con M. Young estudiando las dinámicas sociofamiliares de la comunidad urbana del este de Londres, en los últimos tiempos avanzó en la revisión y en la apertura de líneas de trabajo (1963, 1989) orientadas hacia la aplicación de estrategias de desarrollo comunitario y local. El mismo Selznick (1949), con su pionero trabajo sobre la experiencia fundadora de TVA (Tennessee Valley Authority), promovida al amparo del renovador New Deal de F. D. Roosevelt, constituye un buen ejemplo también de cómo una perspectiva institucionalista nos puede permitir aprehender esa doble tensión entre análisis y aplicacabilidad, la cual forma parte de la sustancia misma de este campo teórico. No se ha comportado de un modo diferente el área de la antropología. Ejemplos como el itinerario investigador de G.M. Foster (1974, 1988) y su fecunda bibliografía, nos permiten observar el tránsito de ese doble itinerario en sus investigaciones antropológico-culturales que lo llevaron del análisis de las lógicas de funcionamiento de las sociedades campesinas tradicionales a los modos de orientar sus procesos locales de modernización y desarrollo. 134 Papers 71, 2003 Xan Bouzada Fernández Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 134 En el eje de la crisis ideológica, social y económica de los años setenta y ochenta, varios fueron los autores que se plantearon incisivas preguntas sobre la orientación del desarrollo y la exigencia de volver la vista sobre el territorio local privilegiando la accesibilidad de su escala: Schumacher (1980), Friedman y Weaver (1979), Stöhr y Taylor (1981) o, más recientemente, Krugman (1996) o Lummis (1996) no han dejado de plantear la recurrente cuestión del sentido y la escala humana del desarrollo. También en ese mismo momento la obra de Piore y Sabel (1984/1990) vino a llamar la atención sobre las profundas transformaciones sociales contextuales que se estaban produciendo en el escenario socioeconómico, las cuales, al amparo de unas dinámicas económicas más flexibles, proporcionaban una oportunidad favorable para la aparición de iniciativas económicas locales. Si tenemos en cuenta el importante peso relativo de la sociología de la comunidad en las tradiciones inglesa y norteamericana, no es raro que, en el ámbito anglosajón, se haya acuñado un término mestizo Community Economic Development para denominar este tipo de dinámicas que allí estaban llamadas a evocar y a inspirarse en la propia tradición del Community Development. En este aspecto, la obra de autores como Pell (1994) y Twelvetrees (1998) refleja esta solución de engarce y compromiso con el legado específico a la propia tradición anglosajona. De todos modos, el honor de haber acuñado el concepto de desarrollo local le cabe a un intelectual bretón con los pies bien ubicados en tierra y que en su momento puso en marcha, en la comarca de Le Mené, cerca de Rennes, una experiencia de intervención socialmente planificada que, en muchos aspectos, resultaría inspiradora para los programas de desarrollo local que algunos años más tarde acabarían siendo asumidos y promovidos desde la Unión Europea: Paul Houée (1985, 1989, 1999). Este sociólogo investigador del INRA, sacerdote y, en su momento, también alcalde de un pequeño ayuntamiento bretón, formuló esta propuesta y acuñó su concepto, amparándose en un legado crítico en el que la perspectiva económica humanista de F. Perroux chocaba con otra perspectiva también humanista, la de J.L. Lebret, interesada en pensar la dimensión humana de la economía no sólo orientada hacia el hombre, sino más sustantivamente concebida desde, con y para el hombre. Por todo ello, y dentro de la aportación de la escuela francesa a este ámbito, Houé representa, con su modo de concebir el desarrollo local, un modo natural de acceso desde la propia tradición de intervención social, concretable por ejemplo en la tradición del cooperativismo católico, hacia esa dimensión emergente del desarrollo. Un acceso que tuvo lugar en un contexto de oportunidad particularmente favorable para este tipo de desarrollo como aquél que se hacía palpable en la Francia de los años sesenta y setenta. En ese momento, a una situación económica dinámica y flexible se le unía la aparición en los ámbitos locales de nuevos actores con niveles de preparación y capacidades de movilización hasta ese momento inusitados. Más tarde, y en una dirección en muchos aspectos complementaria, otros autores como P. Coulmin (1986) van a reflejar la densificación desde la perspectiva sociológica y territorial de la mirada particular de Cultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales Papers 71, 2003 135 Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 135 la geografía humana, mientras que Pecqueur (2000) y su grupo de Grenoble, por su parte, van a hacer efectiva una contextualización teórica y socioeconómica más ambiciosa de la idea de desarrollo local dotándola de un mayor grado de elaboración. Para ello, y frente al fordismo que había estado llamado a promover la normalización y la uniformización de las trayectorias de desarrollo, el desarrollo local va a valorizar la riqueza de la diversidad como factor de desarrollo, lo que provoca una multiplicación de las vías y de las estrategias de acción económica. El agente económico deviene actor, es decir, éste no reduce su ámbito de acción al exclusivo intercambio mercantil, sino que va a procurar su inserción en redes complejas que le permitan mantener y reproducir sus modos de relación social y económica. Entre nosotros, y sobre todo en el entorno de la perspectiva sociológica, se ha venido produciendo una cierta convergencia terminológica en torno al concepto de desarrollo local. Hoy en día se le asigna esa denominación a actividades y dinámicas tradicionalmente ubicadas en el entorno de los movimientos sociales urbanos y, si acaso en líneas de acción incluibles en la rúbrica del desarrollo comunitario (Rodríguez Villasante, 1998), en el ámbito tradicional de los estudios campesinos (Newby y Sevilla Guzmán, 1983) o en el del desarrollo rural (Etxezarreta, 1988; González, 2001), tanto como en la reciente tradición del desarrollo local de dominante económica (Vázquez Barquero, 1988) o aún en las nuevas articulaciones que han sido propuestas desde el campo de la intervención cultural para el desarrollo local (Bassand, 1992; Bianchini y Parkinson, 1993). Durante los últimos años y entre nosostros hemos visto una cierta eflorescencia de líneas de investigación y de perspectivas metodológicas diversas sobre el desarrollo local que, según sus campos y ámbitos respectivos, han anclado en líneas y orientaciones diversas. La tesis doctoral de Mar Giménez, promovida desde el IESA de Cordoba, abordó el desarrollo local desde la perspectiva de la teoría clásica de las redes sociales. La asunción de la teoría del capital social para el análisis de los procesos de desarrollo local ha sido elaborada teóricamente por Eduardo Moyano (2001) y a nivel empírico por A. Morales Gutiérrez (2001) de la Universidad de Córdoba. La perspectiva constructivista y la crítica posmoderna son perceptibles en la obra de M. González (2001) sobre la construcción del desarrollo rural en el valle de Liébana. Javier Esparcia, Almudena Baciega y Joan Nogueira (2002) han abordado las dinámicas de desarrollo rural local como procesos determinados por las dinámicas de innovación, así como por el hecho procesual y estructural de la gobernabilidad. De todos modos, deberíamos recordar aquí que lo que se ha publicado en España durante los últimos años bajo el término de desarrollo local han sido, de manera muy mayoritaria, monografías elaboradas para dar cuenta de estudios aplicados al desarrollo local de comarcas o ciudades (Carrero, 1998; Gómez, 1999; Barroso, 2000; Sánchez, 2001; Molina, 2002) o bien obras de recopilación de experiencias derivadas frecuentemente de congresos y jornadas (Rodríguez, 2001; VVAA, 2002), así como manuales generalmente enfocados desde una 136 Papers 71, 2003 Xan Bouzada Fernández Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 136 perspectiva de dominante socioeconómica (Pérez y Carrillo, 2000; Becattini, 2002). En cualquier caso, y desde luego en términos cuantitativos, al acercarnos a la producción teórica elaborada sobre esta temática resulta constatable la prevalencia de análisis y diagnósticos de carácter descriptivo, ya sean de dominante económica o incluso de carácter sociológico. Desde una perspectiva sociológica, los estudios realizados desde la óptica del desarrollo local han consistido también tradicionalmente en la elaboración de monografías, en las cuales, y a la manera clásica como actuó la sociología de la comunidad, se daba cuenta en ese ámbito local acotado de la situación sumaria a nivel social, cultural, demográfico y socioeconómico en la que se hallaba esa comunidad concreta analizada. Últimamente hemos visto como han ido tomando forma una serie de aproximaciones más recientes de vocación sociológica, en las cuales se daba paso ya a un intento por abrirse a propuestas metodológicas más sensibles hacia el análisis de las características y modos de acción de los actores en juego, así como también respecto de algunas de las problemáticas más ostensibles derivadas de las relaciones sociopolíticas existentes3. En todo caso, y desde la sociología de vocación aplicada, se mantuvo un interés estable, evidenciado ya en la tradición del desarrollo comunitario, por concretar los momentos susceptibles de definir el proceso de implementación de un proyecto local de desarrollo. Tal y como afirmaban Brunet y Chassagne (1992), la preocupación central sobre la que giraban las propuestas metodológicas inspiradoras del desarrollo local era simple: se trataba básicamente de identificar los proyectos, estudiar su viabilidad técnico-económica, hacer factible su financiación y acompañar su despegue. La complejidad de las interacciones de lo económico con lo social, el papel jugado por el tiempo y la evolución general de la sociedad no resultaron legibles sino posteriormente, a medida que se fueron evidenciando las limitaciones de las perspectivas de dominante técnica y económica. Estos fracasos, tal y como apuntan los citados autores, son los que han permitido ir elaborando una serie de ideas fuerza capaces de ayudarnos a entender algunas de las principales encrucijadas teóricas y prácticas a las que hoy se enfrentan las investigaciones acerca del desarrollo local. A entender mejor este nuevo tipo de inflexiones han colaborado ideas, que se han ido extendiendo entre técnicos e investigadores, tales como la de que un proyecto de desarrollo local debe tener raíces en el territorio y promover solidaridades fuertes entre sus componentes económicos, sociales y culturales; o el hecho de que un proyecto local de desarrollo está forzado a realzar la importancia de todas las redes y soportes locales para poder facilitar el aprovechamiento de sus potencialidades. Asimismo, ha resultado constaCultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales Papers 71, 2003 137 3. En este sentido, resultan reseñables obras tales como TEISSERENC, P. (1994), Les politiques de développement local, París: Económica; BACHELARD,P. (dir.) (1993), Les acteurs du développement local, París: L’Harmattan. Así como el número 136 de la revista francesa Pour, publicado en 1992. Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 137 table el hecho de que entre las funciones propias de los agentes de desarrollo, las de acogida y apoyo técnico han ocupado a menudo casi todo su esfuerzo, relegando de manera determinante a un segundo plano la función de coordinación de los actores sociales, así como la animación de terreno o la promoción de proyectos. Por todo ello se ha evidenciado como conveniente la emergencia de nuevos itinerarios de desarrollo precisos para movilizar a los diferentes actores. El desarrollo concertado surge así como un conjunto de proyectos individuales o colectivos, sociales, económicos o culturales, vinculados todos a una finalidad común de desarrollo. Nosotros, por nuestra parte y en trabajos anteriores, habíamos ido dando forma a algunas preocupaciones teóricas surgidas al amparo del análisis de diferentes experiencias gallegas de desarrollo social local4, en los cuales, y a través de problemáticas tales como la de las tipologías comunitarias o la de la diferenciación entre los conceptos de «comunidad implícita» y «comunidad explícita», se nos fue haciendo evidente la trascendental importancia que, al lado de los marcos culturales contextuales de tipo tradicional o moderno, planteaba la presencia de los actores sociales y de sus peculiares modos de interacción para poder entender los niveles de incidencia y eficacia alcanzable en los procesos de desarrollo social y comunitario. En todo caso, la importancia determinante de los juegos actoriales pasaba a asumir, a nuestro modo de ver, un protagonismo ostensible que, en perspectivas metodológicas anteriores, se había visto acaparado por el interés asignado casi exclusivamente a las características de la estructura social o a las variables socioeconómicas de la comunidad a analizar. El análisis de las lógicas que servían de soporte a las interacciones entre los diferentes actores intervinientes en este tipo de procesos se nos evidenciaba, por lo tanto, como un nuevo eje sobre el cual hacer girar un análisis específicamente sociológico que no hiciese tampoco abstracción del modo de inserción contextual en la cultura concreta en la cual este proceso acontecía. Acerca de los planteamientos metodológicos En este empeño nos íbamos a encontrar con autores que, desde enfoques próximos, habían optado por itinerarios semejantes5. El reto siguiente era el de establecer un marco de interpretación que nos ayudase a entender el modo de articulación del sistema local originado en ese peculiar juego actorial constituido por los procesos organizados de desarrollo local. Con base a este tipo de presupuesto, acudimos a algunos autores6en los que identificamos aportacio138 Papers 71, 2003 Xan Bouzada Fernández 4. BOUZADA, X. (1995). «Elementos teóricos relativos al desarrollo comunitario local y a su práctica en la Comunidad Autónoma de Galicia». Papers de Sociología, n.º 45, Barcelona. 5. FILATRE,D. (1992). Autonomie locale et décentralisation. Tesis para el doctorado en Sociología. Universidad de Toulouse Le Mirail. 6. REYNAUD,J.D. (1993). Les règles du jeu. L’action collective et la régulation sociale. París: Armand Colin. CROZIER, M.; FRIEDBERG, E. (1977). L’acteur et le système. París: Seuil. Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 138 nes que nos permitieron avanzar hacia una perspectiva metodológica que tuviese la doble condición de resultar pertinente y aplicable a este ámbito. Llegados a este punto, hemos de decir que la propuesta metodológica que consideramos aportaba una mejor respuesta a ese tipo de preocupaciones era aquélla que Erhard Friedberg recogía y desarrollaba en su obra sobre El poder y la regla. Esta propuesta, que avanzaba sobre un trabajo previo realizado por Friedberg y Crozier en su obra El actor y el sistema (1977), se presentaba como una sugerencia metodológica abierta al análisis no sólo de estructuras organizacionales estables tales como empresas u organizaciones, sino también como un método útil para un abordaje interpretativo de otros tipos de sistemas de acción concretos de carácter local, tales como los configurados por aquellas comunidades en las cuales se ponía en marcha un proyecto o programa de desarrollo local. La perspectiva de este autor parte del establecimiento de una vinculación estratégica entre actor y sistema. Considera Friedberg que, en tanto que actores que forman parte del sistema, éstos intervienen en su regulación, identificándose con ella y a través de ella. Al mismo tiempo, estos actores disponen de un mínimo de autonomía, es decir, de distancia y de posibilidad de retraimiento respecto de esta regulación, así como respecto del conjunto de actores que aparecen vinculados a través de esa estructuración específica de relaciones que forma el sistema (Friedberg, 1993: 223). Hay también que dejar dicho aquí que, para este autor, el concepto de sistema se halla muy lejos de todo determinismo funcional y que en realidad no viene a ser sino una convención para auxiliar el proceso de investigación. Esta propuesta metodológica resulta tan realista en su esfuerzo por acotar un ámbito de investigación abordable como modesta en sus planteamientos epistemológicos. Ésta se constituye como una ciencia de lo específico y de la regulación local, una ciencia de las mediaciones específicas que imponen, a los grandes y menos grandes determinantes del conjunto social, los constructos políticos a través de los cuales los actores regulan localmente su necesaria cooperación. Una propuesta, en fin, antitecnocrática que, carente de la obsesión por demostrar nada y actuando en base a «conjeturas», ejerce como una ciencia procedural con el objetivo de contribuir a mejorar el conocimiento que los hombres tienen de ellos mismos y sus formas de acción en unos contextos de acción limitados (p. 309-313). La reflexión acerca de los modos de cooperación, de las dinámicas específicas de acción o sobre los tipos de apuestas estratégicas de los diferentes actores constituirían algunos de los ejes de análisis susceptibles de ser elucidados por medio de esta perspectiva. Esta metodología remite a un análisis político de la dinámica endógena de los procesos de interacción entendiéndolos como procesos de relación, negociación y de poder, Cultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales Papers 71, 2003 139 FRIEDBERG, E. (1993). Le pouvoir et la règle. París: Seuil. Asimismo, deseamos dejar citadas aquí las obras también relevantes al efecto. FRIEDBERG, E.; MUSSELIN, C. (1989). En quête d’universités. París: L’Harmattan. GIRAUD,C. (1993). L’action commune. Essai sur les dynamiques organisationnelles. París: L’Harmattan. CHAZEL,F. (1993). Action collective et mouvements sociaux. París: PUF. Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 139 se propone su recuperación o la sugerencia de promover una actividad de ocio como la caza, por ejemplo, podrían actuar como inscripciones con capacidad de incidir en este tipo de procesos, suplantando o complementando a otras previas tales como la inscripción prevalente de los programas europeos Leader relativa a la rehabilitación de viviendas de acogida orientadas hacia el turismo rural. Otra de las ideas centrales postuladas por el modelo de Callon-Latour es la idea de la red. La asunción de la idea de red no solamente tiene consecuencias internas, sino en gran medida, y según lo que se investigue, también externas. Por otro lado, considera también que la tendencia del proceso es la de la constitución de un auténtico actor-red con capacidad para catalizar todo el proceso, erigiéndose, al cabo, en su auténtico protagonista. En todo caso, en su opinión, el corolario de las cuatro fases del proceso de traducción lo constituye el hecho de que al final unos cuantos investigadores pueden discutir un problema mediante la ayuda de diagramas, tablas y textos en una sala aislada, aunque sus conclusiones comprometan a una numerosa población de actores silenciosos. La capacidad de poder de esta red así constituida se caracterizaría también por el hecho de que si entre ellos apareciese algún disidente, éste sería siempre conducido al arbitraje de los puntos de paso obligados. En virtud de ello, la teoría del actor-red y el trabajo empírico que ésta ha desarrollado resultan de particular relevancia para el estudio del poder, puesto que atienden principalmente a las estrategias de los distintos actores que luchan por imponer su versión específica de la realidad sobre la de sus competidores. Por este motivo, las explicaciones manejadas por esta línea de investigación establecen una analogía entre el mundo científico y el político que no está exenta de derivaciones metodológicas a nivel del análisis de otro tipo de procesos sociopolíticos tales como aquéllos que enmarcan las dinámicas de desarrollo local. En congruencia con esta perspectiva, podemos subrayar el hecho de que (Lamo de Espinosa, González y Torres, 1995: 566) nunca nos enfrentamos de manera aislada a la ciencia, la tecnología o la sociedad, sino a una gama de asociaciones más o menos sólidas, en base a las cuales comprender que la posibilidad de llegar a entender qué son los hechos y las máquinas es lo mismo que comprender quiénes son las personas. Por ello, solamente después de haber analizado las redes se podrá empezar a hablar de factores cognitivos. Constatación ésta acorde con la afirmación de Latour de que la historia de la tecnociencia es también, en gran medida, la historia de los recursos dispersos por las redes capaces de acelerar la movilidad, la fiabilidad, la combinación y la cohesión de los indicios que hacen posible la acción a distancia. Por otro lado, la prudencia axiológica de su propuesta implica una neutralidad que evita la introducción en el análisis de aquellos actores externos sin protagonismo directo, al mismo tiempo que renuncia a toda predeterminación ideológica que introduzca sesgos desorientadores en el proceso de análisis, así como a la reducción de las posiciones de los actores al marco reducido de una interpretación sociológica excluyente (1986: 201). En su propuesta, 146 Papers 71, 2003 Xan Bouzada Fernández Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 146 Callon sugiere la conveniencia de que el sociólogo escoja de entre los puntos de vista presentes aquél que él considera el mejor adaptado a sus propósitos, al tiempo que le recomienda ejercer en la labor de convencer a sus colegas de la pertinencia de su elección. Concluyendo, podemos afirmar que las orientaciones de Callon evidencian la virtud de un esquematismo teóricamente pulcro aunque en ocasiones un poco críptico, que realza dimensiones como la de la socionaturaleza que hasta ahora habían permanecido, en una estimable medida, opacas a la mirada sociológica. Por otro lado, su enfoque va a poner el acento en la existencia de una deriva institucionalista-organizacional tendente a la consolidación de formas de poder a distancia encarnadas en el actor-red. Por todo ello, la propuesta de Callon y Latour al relegar aspectos tales como la contextualización cultural puede resultar en muchos casos empobrecedora, ya que un «sistema de acción concreto» configurado como actor-red difícilmente podría sustraerse al condicionamiento de tradiciones y rasgos socioculturales contextuales y esto tanto desde el punto de vista sociológico y político como respecto de los valores o modas teóricas impregnadoras características de cada momento histórico puntual. Por su parte, Gerard Vautrin (1992: 261), y desde una posición que en gran medida dialoga y avanza sobre las dos anteriores, nos hace la propuesta de que la particularidad del desarrollo local es la de presentar una amplia diversidad de configuraciones que una teoría de la transacción podría ayudar a interpretar de un modo más claro. De hecho, se trataría de explicar cómo un número de actores suficiente consigue transformar una situación preliminar en una nueva situación en su opinión más pertinente, y en qué medida el resultado de los diferentes tipos de interacciones transaccionales acontecidas entre ellos puede provocar cambios en la estructuración de las relaciones entre los implicados en el desarrollo. Una teoría de la transacción social implicaría, por lo tanto, en opinión de Vautrin, la teorización de una dinámica social que pudiese analizar los efectos múltiples de las prácticas implementadas en el territorio y comprobar cómo los actores acaban transigiendo a fin de alcanzar, por medio de la búsqueda de una solución negociada y calculada, un sistema de relación diferente que resulte duradero. Un aspecto relevante de los planteamientos de Vautrin es la importancia que éste otorga al potencial sinérgico incrementador de los efectos del proceso de desarrollo. Este autor considera que el diseño coherente de éstos los hace operativos y que los efectos de la acción pueden frecuentemente superar las esperanzas puestas en ellos por sus líderes y promotores (1992: 266). Para Vautrin, el proceso de desarrollo local sería un sistema de juegos a suma no nula ya que, en virtud de éste y de los retos que el mismo provoca, se desplegaría toda una dinámica de nuevos desafíos que daría lugar a que incluso los actores más renuentes y refractarios al proceso acabasen de un modo u otro aproximándose e interviniendo en él. Por esta vía acaba Vautrin proponiendo la idea de que la aparición de un nuevo actor colectivo se consuma a medida que el proyecto cobra forma, avanza y se consolida. Y eso acontece en paralelo con Cultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales Papers 71, 2003 147 Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 147 una transformación que reconvierte al grupo inicial de «concertación» en un nuevo grupo de «pilotaje» que controlará el proceso. En aras de consumar ese tipo de dinámica, nuestro autor propone la elucidación de tres momentos clave para el análisis: 1. Análisis de liderazgo y redes. 2. Análisis de los desafíos y las lógicas transformadoras de la situación local. 3. Captación de la dimensión cultural del proyecto de desarrollo local. En opinión de Vautrin, y en sintonía aquí con la mayoría de los técnicos que trabajan en este ámbito, la cultura y la identidad constituyen un referente y un marco relevante para la comprensión y la potenciación de este tipo de procesos. Quizás por ello, en algún momento (1986: 267) se refiere al hecho de que la «recomposición del medio social acontece a través de una especie de mestizaje social enriquecedor entre viejos y nuevos actores sociales». En esta misma dirección y compartiendo el mismo marco de reflexión del desarrollo local, el profesor Teisserenc (1994: 122) nos recuerda que en estos procesos la renovación del sistema social se opera al precio de una modificación de las relaciones de poder, así como en virtud también de una adaptación de las mentalidades colectivas, otorgando al aprendizaje colectivo, en tanto que medio de interpelación de los valores antiguos y de producción de nuevos valores capaces de transformar las identidades colectivas, un lugar central, al tiempo que sitúa en la creación institucional y en la emergencia de nuevos actores su consumación y sus logros. Otra de las perspectivas teóricas actuales que hace hincapié en la capacidad de las dimensiones socioculturales y relacionales de las comunidades para actuar como marcos de referencia susceptibles de ayudarnos a comprender los procesos de desarrollo local (Moyano, 2001), es la corriente del capital social. En esta corriente inspirada en la idea inicial de corte institucionalista de Karl Polanyi (1989) defendida en su obra sobre la gran transformación, que más tarde sería difundida por Mark Granovetter (1985), se postulaba, frente a lo mantenido por el modelo dominante dentro de la economía clásica, la afirmación de que la economía no era otra cosa que una institución insertada (embedded) en un lecho de relaciones sociales. En sintonía con ella, y tras los trabajos iniciales de Robert Putnam (1993, 2002) o James Coleman (1988), entre otros, el marco conceptual elaborado por Woolcock (1998) nos va a permitir definir cuatro de los factores típico-ideales caracterizadores de la vertebración comunitario-local. De acuerdo con sus planteamientos, los cuatro ejes que sería preciso complementar para el logro de un modelo eficiente de capital social serían: a nivel micro, los rasgos de inserción e integración (embeddedness, integration), además de los autonomía y vinculación extracomunitaria (autonomy, linkage); a nivel macro, serían los de inserción y sinergia cooperativa interinstitucional (embeddedness, synergy), además de autonomía e integridad fundamentadoras de la legitimidad y eficiencia organizacional (autonomy, integrity). El modelo elaborado por Woolcock resulta, en nuestra opinión, de una gran utilidad como 148 Papers 71, 2003 Xan Bouzada Fernández Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 148 herramienta para interpretar el tipo de procesos que nos ocupan, aunque tiende a relegar, en virtud de su vocación estructuradora y referenciadora a nivel típico-ideal, las casuísticas de variabilidad que acontecen al nivel micro derivadas de las rupturas, heterogeneidades e innovaciones actoriales que en muchas ocasiones, como en el caso de la presencia de emigrantes retornados o de neolocales, resultan imprescindibles para calibrar el tipo de composición actorial de una red, tanto como las oportunidades de desarrollo derivables del sistema de acción local existente. Estos enfoques teóricos reseñados hasta aquí consideramos que pueden permitirnos avanzar en una propuesta de carácter complementario, al resultar éstos simultáneamente respetuosos con la constatación de la relevancia analítica de las estrategias actoriales, los modos de organización de las redes y los procesos, al tiempo que sensibles también a los marcos culturales y valorativos contextuales. Esta constatación nos permite volver la vista sobre nuestro ámbito concreto de análisis en la Galicia interior, en el cual se nos revela una condición culturalmente dual que exige la toma en consideración de un marco cultural complejo (en situaciones de inserción diferentes y con capacidades de autonomía variables, por ejemplo), en el cual pugnan y negocian maneras distintas de entender los actuales desafíos económicos y sociales por parte de las comunidades locales. Las diferentes maneras de entender estos retos sociales y económicos locales se funden en modos actoriales diversos y en fórmulas organizacionales heterogéneas, las cuales se hallan en condiciones de influir de un modo u otro en el alcance tanto como en el modo de producirse las dinámicas de desarrollo comunitario local. Desde estas propuestas metodológicas, podemos recoger una triple caracterización de los individuos estrategas (Crozier-Friedberg), los grupos: sistema de acción-red (Friedberg y Callon-Latour) y los marcos culturales contextuales (Vautrin, Teisserenc, Woolcock), capaces de permitirnos abordar una lectura compleja de los procesos de desarrollo local insertados en sus marcos territoriales (cuadro 1). Cultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales Papers 71, 2003 149 Cuadro 1. Friedberg Callon-Latour Vautrin-Teisserenc-Woolcock Estrategias actoriales Red: interesamiento, Análisis de liderazgo y redes. y sistema de acción enrolamiento, concreto. Cooperación portavocías y conflicto. y disidencias. Modos de regulación local Proceso de traducción Define desafíos y lógicas y cambios en su forma. y puntos de paso de transformación social. obligado. La dimensión cultural Se relega la dimensión Se subraya la relevancia sólo interesa ex post. cultural y se enfatiza de la dimensión cultural la socionaturaleza. en el proceso. Elaboración propia. Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 149 En todo caso, estos métodos, los concebimos como guías orientativas para la comprensión de este tipo de dinámicas de acción y no al modo de rígidas camisas de fuerza llamadas a aherrojar y a oscurecer con sus terminologías un posible análisis. Más bien de lo que se trata es de utilizarlos para articular los distintos momentos sociológicos del proceso o para realzar aspectos, novedosos en algunos casos, que hasta ahora permanecían opacos o relegados en este tipo de análisis. De lo que se tratará será de aprehender unos procesos de desarrollo fundamentados en dinámicas de cambio orientadas hacia unos principios que aspiran a la revalorización y a la diversificación de los recursos, a la movilización de los actores en torno a un proyecto, así como a la transformación de sus potencialidades en recursos. Unos procesos que estarían fundamentados, entre otros aspectos, en la capacidad de integrar contribuciones externas al territorio, así como en la aspiración de lograr una proyección globalizada en el territorio en cuanto a sus efectos y resultados. Memoria, cultura e identidad en los procesos de desarrollo local Sabemos que cultura e identidad evocan un marco de referencia doble conveniente a la vida en sociedad de los individuos y que, por una parte, nace naturalmente como secuela derivada de sus procesos relacionales y que, por otra, se configura como un referente simbólico que alimenta espiritualmente y da sentido a su vida y a sus acciones colectivas8. Además, esa exigencia parece presentar una considerable capacidad de permanencia incluso en la sociedad de los individuos, tal como han puesto en evidencia no sólo trabajos harto citados al respecto como la conocida obra de Maffesoli sobre el tiempo de las tribus, sino también tal y como defienden algunos teóricos desde otras órbitas ideológicas ajenas a su sociología de las formas; por ejemplo la escuela de Birmingham9o la misma tradición teórica del desarrollo comunitario. La vieja intuición de Halbwachs acerca de la capacidad de los lugares para erigirse en portadores del legado de la memoria nos ayuda a desvelar hoy cómo, en el ámbito local, los lugares, el tiempo, las costumbres y la memoria texto confluyen en un cobijo privilegiado en el que hallan acomodo el individuo actor, la memoria, la comunidad y la cultura. Evidentemente, en el ámbito local, y tal como resulta comprobable en muchos procesos de desarrollo local, la memoria aparece integrada en su cultura como un trazo de agravios, de viejos problemas, los cuales en ocasiones desaniman y desactivan el potencial de 150 Papers 71, 2003 Xan Bouzada Fernández 8. BARTH, F. (1976). Los grupos étnicos y sus fronteras. México: FCE; BELLAH, R. y otros (1985). Habits of the hearth. University of California Press. 9. HALL, S.; DUGAY,P. (eds.) (1997). Questions of Cultural Identity. Londres: Sage; GILCHRIST,A. (1998). «A more excellent way: Developing coalitions and consensus Through informal networking». Community Development Journal, vol. 33, n.º 2. Oxford: Oxford University Press. Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 150 iniciativa de la comunidad y otras veces emergen como una fuerza estimuladora de un nuevo capital social tanto como al modo, también de una herida o estigma que obliga a, haciendo de necesidad virtud, remontar obstáculos con apariencia de insoslayables. Fracasos anteriores en iniciativas cooperativas o solidarias, estigmas derivados del ejercicio de un poder rutinizado y carente de horizontes comunes por parte de notables locales o de funcionarios delegados, pueden actuar en ese memorial de agravios y olvidos como la espoleta que alimente esa fuerza identitaria de carácter resistencial. El juicio de vocación desmitificador que, en la tradición de la vieja polémica entre Redfield y Lewis, intentaba cuestionar las virtualidades del hecho comunitario parece ignorar que la resistencia identitaria que la alimenta con todo ese conjunto de componentes que aisladamente pueden adquirir una coloración mítica: geografía, historia, patrimonio, folklore, cultura, en fin…, no son sino la evidencia de formas de comunidad que se resisten a disolverse, de lo social que pugna por afirmarse más allá de los estrechos límites del individuo y sus intereses. Más recientes son las polémicas que al abordar, la primera de ellas, el origen de la reivindicación cultural identitaria de las comunidades locales rurales pone su fuente originaria principal en una inflexión compensadora y dominante derivada de las carencias unidimensionales del marco de vida urbano, frente a la voluntad local de constituirse en espacio autodefinido10. Junto a ella, aquella otra que enfrenta hoy con raíces recientes en las tesis constructivistas, actoriales y aún en las teórico-críticas el sentido posible de una identidad esencia frente a la reconocible verosimilitud de la identidad proyecto como obra o constructo germinado con la intervención de actores sociales de uno u otro signo. Como afirmaba Manuel Castells en una obra11 reciente, las identidades conforman un peculiar mosaico, relativamente intercambiable y amigo de mestizajes, en el cual pueden eventualmente discernirse formas tales como la identidad legitimadora, la identidad de resistencia o la identidad proyecto.Si la primera puede comportar y aún derivar de formas institucionales de dependencia y dominación, la segunda y la tercera de sus formas convergen con frecuencia fecundándose como motores en los procesos de desarrollo local. Y en esas comunidades pueden, como reconoce Castells (1998: 90), surgir nuevos agentes transformadores, con lo que resulta verosímil la construcción de nuevos sentidos de lo social en torno al hecho antiesencialista de la identidad proyecto. En todo caso, las identidades hoy recurren, mantienen y se inspiran en el legado cultural de la memoria en un movimiento reflejo que, de manera más o menos consciente, se fundamenta más en el devenir que en el ser, y al cual interesa más no el «de donde venimos», sino más bien «qué podemos llegar a ser», Cultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales Papers 71, 2003 151 10. SOULET, M.H. (1986): «Identité collective, resistance au changement et rapports de sociabilité dans les sociétés rurales». En TAP, P. Identités collectives et changements sociaux. Toulouse: Privat, p. 157-160. 11. CASTELLS, M. (1998): El poder de la identidad. Madrid: Alianza. Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 151 cómo hemos sido representados y cómo podemos representarnos a nosotros mismos12. Sin duda, de lo que se trata aquí es de reconocer que los conceptos de cultura e identidad, con todas las legitimaciones que la crítica sociológica actual impone, constituyen conceptos de referencia, contextual y auxiliar, útiles en la comprensión y aún en la promoción de los procesos de desarrollo local13. Galicia: algunos datos básicos Galicia es una comunidad autónoma del Estado español que cuenta con una población aproximada de 2.700.000 habitantes repartidos en 315 ayuntamientos y en 32.000 entidades de población, dato éste que resalta el carácter rural, atomizado y disperso de su población, lo cual significa que, disponiendo Galicia de un siete por ciento de la población total de España, cuenta sin embargo con el 50% de sus entidades de población. Este país de antigua vocación migratoria, hoy ya desactivada, vive en la actualidad un acentuado declive demográfico, cuyo vacío tenderá en parte a ser colmado tanto por procesos emergentes de retorno migratorio e inmigración, como por la mayor vitalidad natalicia de sus vecinas, las regiones norteñas de Portugal. Asimismo, en Galicia resalta también el dato de que casi un sexto de su población activa permanece aún ocupada en el sector primario, hallándose en estas magnitudes lejos de la media del Estado español, en el cual este sector no acoge a más de un 6% del total de la población ocupada. Durante los últimos treinta años, los cambios sociales en el país han sido de una extraordinaria intensidad, lo que nos permite observar cómo se ha ido disolviendo el modelo dominante de la organización tradicional en «casas» en el que se garantizaba el acomodo a la población en una estructura económica de subsistencia a través del autoconsumo. De todos modos, en la actualidad, la mayoría de las explotaciones tienen extensiones menores de cinco hectáreas divididas en parcelas de menos de una hectárea. La mitad de las explotaciones pueden considerarse de supervivencia y un 30% trata de mantener su actividad mediante algunas inversiones en mejoras tecnológicas y complementando con trabajo en otra actividad (p. e. el trabajo de las mujeres en el textil). De entre el conjunto de las explotaciones agrarias, solamente un 2% tienen una clara vocación competitiva. En todo caso y en su conjunto, el sector agrario tiene aún hoy en 152 Papers 71, 2003 Xan Bouzada Fernández 12. HALL, S. (1997). «Who needs Identity?». En HALL, S. y otros. Questions of Cultural Identity. Londres: Sage, p. 1-18. 13. En todo caso, este planteamiento no se contradice necesariamente ni siquiera con aquéllos que, como G. Agamben (The Coming Community. Minneapolis: University of Minnessota Press, 1993), sostienen que en las comunidades actuales puede darse una pertenencia sin sentido de identidad, una forma de aceptar al «otro» sin «identificarse» con él. Esta línea de reflexión puede ser entendida como el corolario de un modo estratégico de entender la acción común por parte de los actores y, en congruencia con ello, como el modo de producirse hoy un nuevo tipo de actores en una comunidad sin duda diferente a la antigua y uniforme comunidad tradicional. Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 152 la economía gallega una presencia sobredimensionada, lo cual da lugar sin duda al hecho de que el éxodo rural siga teniendo una presencia constante y recurrente. Por su parte, la costa y el mar disfrutan también de un extraordinario protagonismo en la sociedad gallega secularmente volcada en la pesca dentro y fuera de sus aguas, así como, y de manera progresiva, en el aprovechamiento y cultivo de sus recursos marisqueros. En todo caso, a nivel demográfico, el protagonismo está en la costa. Las dos ciudades más grandes del país, Vigo y A Coruña, son ciudades costeras y en una gran medida toda su costa de norte a sur se asemeja a un gran corredor habitado, aparentando una peculiar y abigarrada urbe en forma de ciudad lineal donde todo convive, el pueblo, la ciudad, la aldea, la casa con la huerta, el gran edificio con la residencia turística, el almacén con la fábrica o la lonja, la viña, en fin, con el pinar o el prado. En su conjunto, cuenta hoy ya Galicia con la mitad de su población definida por unas características y una cultura claramente urbana sobre la cual gira el eje de su capacidad de reacción, tanto en los sectores socioeconómicos emergentes de la nueva industria del automóvil o de las empresas de comercialización de confección como en la reconversión de los tradicionales sectores de la pesca, construcción naval, conserva o química, etc. Su situación se define hoy por una serie de hechos relevantes y recientes, tales como el logro de un amplio margen de autonomía, su inserción económica y política en Europa, así como por la reticulación progresiva de las comunicaciones con Portugal y el centro de España. A nivel cultural, el país vive una situación marcada por su condición bicultural escindida entre la cultura y el idioma gallego tradicional y autóctono frente al idioma castellano, propio del Estado español y dominante entre las capas de población medias y altas. No obstante, la reacción cultural del país ha conducido a que exista hoy una política importante de recuperación de la lengua y la cultura local que ha provocado hechos tales como que en el ámbito de la edición de libros en Galicia el idioma propio sea prácticamente la lengua de la cultura, así como el que se haya creado un canal de televisión y una importante cantidad de emisoras de radio que emiten en lengua gallega. Los últimos años, asimismo, han posibilitado una importante reacción social y económica que ha conducido al desarrollo de una serie de planes de gran trascendencia, entre ellos, el Plan de Carreteras, el Plan de Comarcalización, el Plan Forestal o la creación del Sistema Universitario de Galicia, además del importante Sistema Gallego de Salud. La inserción de Galicia en Europa ha resultado favorable en diversos aspectos (es necesario reconocer que ha provocado también graves desajustes en algunos sectores tales como el lácteo, el pesquero o el de la construcción naval) en virtud de los diversos programas de apoyo al desarrollo económico y social que le fueron otorgados a Galicia por su condición de zona objetivo prioritaria. Entre los programas de concepción y promoción europea concedidos se encuentra el programa Leader, a cuyo análisis aplicamos, en su fase I y II, las reflexiones que incluimos en el siguiente apartado. Cultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales Papers 71, 2003 153 Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 153 Los sistemas de acción de los Leader I y II de Galicia: algunas reflexiones De cara a la presentación de un balance de los resultados globales de nuestra investigación, llevada a cabo en las tres zonas de Galicia en las que se gestionaron programas Leader de desarrollo local (Monterrei, Arzúa-Potodemouros y Ancares), resulta pertinente el realizar una referencia al marco administrativo del programa europeo en el que estas iniciativas se encuadran. Es preciso indicar que este programa determina modos de gestión de los recursos muy pautados que limitan los márgenes de variabilidad de los procesos, facilitando el acceso a las líneas de apoyo a aquellos emprendedores pequeños y medianos dotados de unos recursos y capacidades más maduros y consolidados. Por otra parte, debemos indicar que este programa ha aportado un modo de gestión contractual entre partes que resulta novedoso a nivel de nuestra comunidad autónoma y que es susceptible de provocar reajustes y nuevos posicionamientos originales por parte de los diferentes actores que ejercen en nuestros territorios y comunidades. Acerca de los actores y sus estrategias Uno de los primeros problemas al que nos ha confrontado nuestra investigación ha sido el de dirimir entre la condición de «actores» o la de simples «clientes» de los participantes implicados de un modo u otro en los citados programas Leader14. Esta aclaración resulta conveniente por dos motivos: primero, por el hecho de que la concepción «gestionista» y «tecnocrática» del programa podría favorecer relaciones muy acotadas y limitadas por el marco normativo entre el equipo gestor Leader y los distintos emprendedores susceptibles de entrar en relación con él. Y, segundo, porque la condición de actor o cliente, a nuestro modo de ver, serviría para diferenciar a aquellos implicados en el programa con una visión globalizada del desarrollo local respecto de aquellos otros promotores, miembros o no de la comunidad, que se dirigirían al equipo gestor como unos simples clientes que solicitan una subvención puntual a un proyecto. En nuestra opinión, y a la vista de los datos obtenidos, se puede postular que la presencia prevalente de los actores sobre los clientes en un proyecto de DL puede significar su solidez y su mantenimiento frente a su condición coyuntural, a su fragilidad e incluso a su eventual declive15. 154 Papers 71, 2003 Xan Bouzada Fernández 14. Tenemos que reconocer aquí que las consideraciones que a continuación vayamos desglosando agradecerían una aclaración previa sobre las características de los programas Leader, así como acerca de la configuracións sociológica, económica y cultural de las tres zonas que hemos estudiado. Ante la imposibilidad material de hacerlo en el marco limitado de un artículo de estas características, nos contentaremos con indicar simplemente que el programa Leader viene predefinido en su modelo de gestión por parte de la Unión Europea, entidad que realiza una supervisión bastante rigurosa de cada uno de ellos y que las zonas de Galicia en las cuales se desarrollaron programas Leader I y II fueron todas ellas zonas rurales del interior: comarca de Monterrei, comarca de Arzúa-Portodemouros y comarca de Ancares. 15. Consideramos aquí como hipótesis que la eliminación del cuarto de los programas Leader I otorgados a Galicia en la primera fase, el de la Comarca do Baixo Miño, puede, indirectamente, haber declinado y desaparecido por este motivo. Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 154 Este eje de atención metodológica nos ha permitido detenernos en el interés que presenta un posible esbozo de una tipología de actores del desarrollo que, partiendo de los dos tipos arriba apuntados, matizase y graduase los niveles de implicación en los procesos de desarrollo local. En ese intento existen dos datos que, sin ser determinantes ninguno de ellos, resultan significativos y éstos son precisamente la mayor proximidad o lejanía de los individuos respecto de un ethos rutinario tradicional y, sobre todo, la existencia o no de una experiencia sociorrelacional externa a la comunidad, que hubiese permitido conocer y experimentar, normalmente a través de la emigración, otras sociedades, otras culturas y otros modos diferentes de organización social. Pero uno de los aspectos transversales que más determinante ha resultado en este diagnóstico, además del ya apuntado, ha sido el del papel jugado por las tradiciones cívicas y asociativas locales, las cuales poseen la virtualidad de poder llegar a sustanciar auténticas culturas locales susceptibles de fomentar la capacidad de iniciativa de sus miembros, sin que ello vaya en menoscabo de la posible adscripción a los marcos culturales de referencia. Estableciendo un cruzamiento de estos factores, resulta posible, en nuestro caso, discriminar útilmente una tipología actorial orientadora de los programas de desarrollo (cuadro 2). Respecto de los tipos actoriales apuntados, hemos de indicar que el primer tipo de cliente puro no ha sido muy frecuente, de modo que ha constituido un porcentaje muy minoritario de entre los actores emprendedores contactados por nosotros. Sin embargo, el tipo segundo, actor potencial, de carácter menos previsible y más azaroso que el tercero, está presente en los tres programas aunque lo haga de forma irregular apareciendo con mayor intensidad, por ejemplo, en Arzúa-Portodemouros que en Monterrei; de la misma manera que el tercer tipo de actor pleno evidencia un mayor peso y una presencia relativa más importante en una zona como la de Monterrei (Leader I y II), en la cual se evidenció la existencia de una tradición cívica sociocomunitaria más intensa que en la de los otros dos programas. Conviene subrayar aquí que los modos de implicación e interesamiento de estos actores en los programas de desarrollo local han, en general, evidenciaCultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales Papers 71, 2003 155 Cuadro 2. Clientes Actores potenciales Actores plenos Pragmatismo, Niveles irregulares Experiencia sociorrelacional rutina. de experiencia (interna y externa). sociorrelacional. Horizontes sociales Elementos de formación Posesión de niveles relevantes limitados. cultural y actitudinales de capital sociorrelacional positivos. y cultural. Capacidad de autonomía Capacidad de autonomía Capacidad de autonomía alta. baja. media. Elaboración propia. Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 155 de una subvención a la cooperativa ganadera de S. Román de Cervantes, o bien en relación con algunos aspectos de funcionamiento derivados de los «estilos» específicos de implantación propios de cada uno de los equipos. Las críticas que se le realizan a éstos, salvo en el caso de los déficits democráticos, los cuales frecuentemente están relacionados con el modelo de liderazgo e incluso con las exigencias normativas del mismo programa Leader, suelen tener más que ver con las limitaciones financieras del proyecto (por ejemplo en Ancares los promotores de casas de turismo rural criticaban el escaso apoyo técnico y logístico recibido para su adecuada concepción y diseño) que con una falta de eficiencia en el aprovechamiento de los recursos por parte de los técnicos y los grupos de acción local. Algo que posiblemente no sea ajeno al hecho de que el alto interés por la labor a desarrollar formase parte también de la actitud de fondo de unos jóvenes técnicos, contratados temporales, sin duda doblemente interesados en alcanzar el éxito al final de su labor. Interés que incluso en algunos momentos pudo haber provocado premuras, acaso inexorables, en el modo de incorporación de los emprendedores, viéndose compelidos, ellos y los grupos de acción local, a favorecer el acceso de aquellas personas más idóneas de entre las más accesibles y próximas. Un riesgo éste que sin duda se veía favorecido en los inicios del Leader I por el desconocimiento, por parte de los miembros de la comunidad, acerca de cómo se desarrollarían estos nuevos programas europeos, tanto como, a causa también, de la explicable prudencia del mundo rural ante las iniciativas novedosas y desconocidas (cuadro 3). 162 Papers 71, 2003 Xan Bouzada Fernández Cuadro 3. Ancares Monterrei Arzúa-Portodemouros Problematización Modelo mixto de motor Concebido desde y con Modelo técnico político municipal local la tradición local promovido desde una y equipo técnico. de desarrollo comunitario. entidad especializada. Interesamiento/ Los actores se dejaron La tradición comunitaria El carácter técnico enrolamiento seducir desde una red local facilitó la implicación y político institucional comunitaria reactiva de actores motivados del modelo favoreció de base político-social. y cualificados. el acople de actores. Red y sistema Implicativo-populista. Implicativo-red Estructura gestionista de acción local comunitaria. de actor-red. Puntos de paso Opción por un modelo Opción a favor Se opta por un modelo obligado/ de microindustria de un desarrollo de desarrollo centrado Regulamientos agraria y turismo rural. local diversificado. en el turismo rural. Lógicas Derivadas del marco Provocadas por retrasos Desacuerdos relativos de la disidencia normativo y regulador en la percepción a aspectos de y del déficit de recursos de las transferencias. funcionamiento. del programa. Transformaciones Apoya la creación de una Afianza un sector Se crea un sector turístico y traducciones nueva microelite económico local rural con forma económica local. empresarial y cooperativo. jerarquizada de actor-red. Elaboración propia. Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 162 Si nos detenemos a realizar alguna estimación acerca de las lógicas de los conflictos que han ido aflorando en los distintos programas, podemos comprobar como en el caso de Monterrei éstas tienen que ver exclusivamente con los regulamientos normativos externos del Leader o bien con retrasos (en el caso del Leader II) en el cobro de las subvenciones, provocadas a su vez por un retraso previo en las fechas establecidas desde Europa y el Gobierno autónomo para el traspaso de los recursos financieros. En el caso de Ancares, el nudo conflictual, como ya apuntamos, derivaba de una doble tensión política y técnica. El azar provocó que se superpusiesen dificultades normativas con lógicas desavenencias políticas que, en el contexto de comunidades locales fuertemente semantizadas, pueden provocar y provocan tensiones diversas. En relación con Arzúa, las disidencias fueron asimismo funcionales, debidas básicamente a dos tipos de motivos, primero, a causa de diversos malestares puntuales con una técnica a la cual se le asignó inicialmente, y con carácter de exclusividad, la labor de restauración de las casas de turismo rural y, en segundo lugar, en relación con los modos de entender la gestión de los programas. En ocasiones, al cuestionarse la forma más o menos participativa de éstos y en otras, y por derivación de lo anterior, en relación con determinadas tomas de decisión que para algunos actores resultaban discutibles. En lo que hace referencia a las dinámicas de cooperación, y sin desear entrar de manera sistemática en el nudo de la cuestión, nos parece pertinente establecer, a modo de recapitulación, algunas breves consideraciones al respecto; en primer lugar, que el programa Leader, tal y como se presenta desde sus inicios, provoca unas dinámicas de implicación y participación muy regladas y por lo tanto bastante limitadas en sus modos y formas posibles de producirse, en segundo lugar, que la experiencia ha demostrado que los distintos líderes y gestores han atraído hacia el proyecto, en el mejor de los casos (Monterrei) a entidades y actores que a lo largo de los años habían evidenciado ya un claro interés y vocación por el desarrollo local de su zona, mientras que, en otros, la posible participación ha estado condicionada por el grado de efectividad de los canales de difusión implementados, y en el peor de los casos por las premuras y el miedo al fracaso de técnicos y gestores obligados a alcanzar un determinado número de actores captados y de proyectos presentados. Lo que sí resulta observable en las fases actuales de desarrollo de los programas es que algunos de ellos (Monterrei en especial y también de un modo u otro Ancares y Arzúa) han alcanzado un prestigio en su ejecución, que podría provocar aquello que un actor de Monterrei nos definió en su momento como la posibilidad de que el «propio éxito del programa, acabase por matarlo». El proceso de traducción operado por el programa en los tres casos analizados presenta unos resultados diferentes. En Ancares el hecho de que segmentos de una protorred de carácter popular se vea, en virtud de su fragilidad, compelida a maximizar su relación natural con la estructura del poder municipal va a provocar que esta misma red se redefina, al hilo del desarrollo del programa, como una estructura reticular de carácter implicativo-populista. Su afianzamiento va a provocar, entre otras cosas, la posibilidad de que la red Cultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales Papers 71, 2003 163 Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 163 social reconvierta alguno de sus efectivos a modo de una nueva microelite económica local. Bien entendido que este concepto resulta relativo, dado el hecho de que en este momento la única posibilidad sensata de sobrevivir dignamente en la montaña lucense consiste en hallar una actividad económica, frecuentemente empresarial, alternativa ante el declive del modelo de actividad tradicional. Por otro lado, la estructura reticular de llegada avanza en la dirección de un modelo de actor-red llamado a confirmar el protagonismo social del nódulo municipal local. La traducción operada en la zona de Monterrei tiene como específico el rasgo de haberse producido en un área en la que preexistía una red de iniciativa para el desarrollo de la comunidad de carácter horizontal y participativo en la que prevalecía un protagonismo en la forma de un poder difuso y democrático. En este sentido, el programa confirmó y potenció este modelo preexistente, al mismo tiempo que sirvió también para reforzar una red de actores socioeconómicos locales caracterizados por una contrastada eficiencia previa. Lo acontecido en Arzúa-Portodemouros presenta, a su vez, un perfil original en la medida en que en este caso el proceso de traducción ha estado influido por el hecho de que el claro protagonismo desplegado por el equipo técnicogestor responsable de la implantación del programa favoreció su conversión en un auténtico actor-red. Este actor-red plasmó un modelo de vertebración territorial en base al turismo rural a partir de dos centros organizadores: el Centro de Iniciativas Turísticas, encargado de coordinar la relación de la red con el exterior (clientes y comunicación), y el complejo deportivo del embalse de Portodemouros llamado a ser el eje de la actividad turístico-rural de la zona. Acerca de los actuantes no humanos Si retomamos el presupuesto de Latour y Callon sobre el desvelamiento de la capacidad de los entes materiales para ejercer de actores (actuantes, en su terminología) no humanos, resulta también relevante el hecho de que durante los últimos años han existido en los procesos de desarrollo local determinados productos que han disfrutado de una particular capacidad para catalizar e incluso orientar procesos de desarrollo, los cuales, en diferentes momentos, han propiciado o acompañado problematizaciones o dispositivos de interesamiento que han sido capaces de provocar sistemas de alianzas o redes organizacionales de signo diverso. Probablemente, en este sentido, dos de los casos más paradigmáticos a nivel de desarrollo local en Galicia hayan sido los de dos productos: el mejillón de batea y el pollo de cría intensiva. El primero provocó una auténtica revolución antropológica entre sectores de los hasta aquel momento pescadores, convirtiéndolos en cultivadores y empresarios compelidos a asociarse como productores y a defender un producto, una estrategia de mercado y una marca. La experiencia de Eulogio Gómez Franqueira, con el proyecto orensano COREN, le llevó a replantear en su momento todo el sistema de relaciones sociales y de producción de la sociedad rural orensana en torno a productos tales como los huevos y los pollos de granja, lo que provocó una 164 Papers 71, 2003 Xan Bouzada Fernández Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 164 profunda transformación en el perfil y en la mentalidad de los agricultores tradicionales al cambiar sus ritmos de trabajo y al insertarlos en el mundo de la empresa y el mercado, entre otros cambios mayores, en torno a un auténtico actor-red de corte, en opinión de algunos, neoclientelar. Con otras palabras, el proceso de en-rolamiento del sistema precedente se vio sometido a un replanteamiento o traducción en virtud de la incidencia de estos nuevos actuantes. Por otro lado, estos actores no humanos se insertan en una red compleja o, si se prefiere, en un sistema de acción en el cual pasan a ejercer una influencia protagónica y determinante hasta el punto en el que, al interactuar con humanos, les obligan a crear nuevas inscripciones (normas de mercado, venta, marketing) así como a cualificarse y organizarse conformando nuevos puntos de paso obligado y nuevas alianzas, y lo que es más trascendental, a cambiar cultural y antropológicamente para adaptarse al ritmo de las nuevas interacciones acontecidas con los actuantes no humanos. Es por esto que, también en los distintos proyectos Leader analizados, puede rastrearse la capacidad de estos actuantes no humanos para modular e influir de modo relevante en los procesos organizacionales de desarrollo local. El caso de la castaña o las setas en Monterrei han abierto camino a la comercialización internacional de los productos agrícolas, el pato, en virtud de los requerimientos tecnológicos requeridos para su transformación, ha provocado intercambios en red de tipo también internacional, al mismo tiempo que ha promovido la recuperación de viejos cultivos en relativo abandono como el maíz. La empresa Xuntoira de Arzádegos, importadora de madera de roble americano para la elaboración de sus muebles de cocina, observa como esos mismos muebles se erigen en activadores también de un posible cambio en los modos recientes de la silvicultura local (de pino y eucalipto) a favor de una recuperación de las más nobles especies caducifolias tradicionales. Por su parte, este cambio implica a su vez importantes reajustes en las estrategias de ciertas entidades asociativas así como en las de algunos de los actores sociopolíticos responsables de dinamizar los recursos posibilitadores. Otras veces, como en Portodemouros, se busca, a través de una nueva inscripción, domesticar el río para que éste alivie los rigores veraniegos de las tierras interiores y acepte la humanización de sus orillas, creando formas nuevas de socialidad lúdica y de aprovechamiento económico-turístico en torno al embalse y los deportes náuticos. En muchos de estos casos, el actuante no humano pasa a protagonizar, orientar y catalizar un proceso de transformación que puede afectar a las dimensiones sociales, culturales y organizacionales tanto como a las dinámicas de carácter económico y a los modos de inserción de esa comarca en el mercado. Cultura, memoria y desarrollo local Como últimas reflexiones de este trabajo, apuntaríamos hacia la peculiar relación existente entre memoria, cultura popular y actores en las dinámicas de desarrollo local, haciendo hincapié en el papel determinante como motor, Cultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales Papers 71, 2003 165 Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 165 cemento aglutinante y cimiento de enraizamiento que la memoria, productora y retroalimentadora de autoestima, ha tenido en alguno de los procesos y sobre todo en aquél que hemos ido pergeñando como el más denso diversificado e implicativo de los tres, el de Monterrei. En este programa, la memoria y la cultura popular actuaron doblemente, la comunidad trabajó en su desarrollo socioeconómico y en promover su identidad, al mismo tiempo que trabajó y labró su desarrollo socioeconómico, con cooperativas unas veces, con pequeñas empresas otras, pero siempre con un horizonte global de desarrollo y compromiso compartido en una labor común. Desde la memoria herida de los tiempos de la dictadura, inspirado en una voluntad anticaciquil y tras recorrer el periplo migratorio, un actor pleno de Ancares, carpintero de oficio, logró, con el apoyo del programa Leader, crear una pequeña fábrica de carpintería en una aldea próxima a As Nogais. Desde la emigración en Euzkadi buscando sus raíces volvieron también a una aldea alejada en la montaña verinesa de la «raya seca» con Portugal, un grupo de artesanos retornó para crear Xuntoira, una fábrica cooperativa de producción de muebles. Sin querer tampoco eludir las ambivalencias que el recurso a la cultura y a la memoria plantea, nos parece pertinente, como colofón del apartado, hacer aquí una referencia a la idea apuntada por E. Urfalino18 de que «La cultura requiere, tanto la fidelidad a la memoria como la traición de las culturas anteriores». La memoria de la cultura popular puede estar ahí en la forma de cultura cívica o de capital social, los actores actúan en, desde y sobre ella. En ocasiones le son fieles, frecuentemente la utilizan, muchas veces la traicionan, pero en todo caso siempre actúan bajo su influencia. Eso sí, muchas veces ese proceso, como sucede en el caso del desarrollo local, puede también dar lugar a una inversión y a una ruptura profunda con la situación preexistente. A modo de conclusión Una de las conclusiones centrales de este trabajo remite a la convicción de que la proposición de una mirada sociológica integradora y compleja respecto de las diferentes dimensiones socioorganizacionales, que según la presente propuesta metodológica entrarían en juego en las dinámicas de desarrollo local, evidencia una particular pertinencia como herramienta útil al proceso investigador, al permitirnos avanzar en la detección tanto de algunos de los factores de resistencia que pueden dificultar su desarrollo como para ayudarnos a desvelar aspectos que puedan actuar como factores de oportunidad. La propuesta de una lectura sociológica que integre las virtualidades de una perspectiva individualista-actorial, reticular-grupal y cultural sociorrelacional nos ha permitido detenernos a estimar, de acuerdo con esta taxonomía metodológica, dife166 Papers 71, 2003 Xan Bouzada Fernández 18. URFALINO, Ph. (1996). L´invention de la politique culturelle. París: La Documentation Française, p. 46. Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 166 rentes escalas y momentos de la acción social organizada para el desarrollo. Las tipologías actoriales existentes han evidenciado una doble relación, tanto con el modelo de redes como con el contexto sociocultural o, si se prefiere, con el tipo de capital social prevalente. En general, el haber planteado el proceso de desarrollo local en varias etapas nos ha permitido establecer una secuencia desde el momento de problematización (concepción y diseño de un proyecto de desarrollo local) hasta el estadio final de traducción o transformación de la situación previa. Esa evaluación nos ha permitido observar como el modo de producirse cada etapa depende del marco contextual de tipo cultural (identidad cultural, capital social y tradiciones de gobernabilidad) y de qué manera la forma de constituirse o de redefinirse (en algún caso) las redes ha tenido un efecto favorecedor o no del desarrollo del programa. Por otro lado, la fluidez y la aplicabilidad de los marcos reguladores, y su eventual reorientación, evidencian su dependencia de los niveles de participación de los actores y de su modo de inserción en las redes, y en ese aspecto, si bien la existencia de un grado de cooperación alto, favorecido por el contrastado diseño de partida del programa europeo Leader, ha sido la norma, no debe ignorarse tampoco el hecho de que, de manera desigual y dependiendo en gran medida del tipo de redes existentes, se han producido tensiones respecto del marco regulador en varios de los casos reflejadas en la existencia de divergencias entre actores y gestores relativas a los criterios de funcionamiento. En conjunto, y centrándonos en el efecto de traducción producido, podemos afirmar que el resultado de transformación alcanzado más o menos positivo se halla en relación muy directa con factores tales como: la presencia de actores plenos (normalmente vinculada al legado de tradiciones sociales previas), la existencia de redes sociales implicativas y democráticas, así como la prevalencia de liderazgos abiertos y eficientes. Cuando estos factores se han conjugado, el funcionamiento ha sido más fluido, la cooperación, más intensa y la eficiencia alcanzada por el programa, mayor. En conclusión, los modelos de referencia del análisis estratégico, la propuesta del actor-red o los enfoques de tipo culturalista nos han ayudado a ir trazando un mapa del itinerario seguido en los programas que hemos analizado, el cual nos aporta un esquema secuencial que subraya sus dimensiones más relevantes así como sus momentos más significativos. No obstante, debe decirse también que en este ámbito constataciones divergentes en lugares a su vez diferentes, tales como las registradas en las tres zonas seleccionadas, pueden no ser sino efecto de situaciones heterogéneas que representan modos distintos de dar respuesta a unos mismos objetivos de desarrollo local, el cual en su momento había sido definido por P. Houée (1992) como un proceso dinámico y global de puesta en marcha y sinergia de los actores locales para valorizar los recursos humanos y materiales de un territorio dado y en relación negociada con los centros de decisión del conjunto económico, social y político en el que se insertan. Cultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales Papers 71, 2003 167 Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 167 Bibliografía AGLIETTA, M. (1979). Regulación y crisis del capitalismo. Madrid: Siglo XXI. BACHELARD, P. (dir.) (1993). Les acteurs du développement local. París. L’ Harmattan. BAGNASCO, A. (1988). La construzione sociale del mercato. Studi sullo sviluppo di piccola impresa in Italia. Bolonia: Il Mulino. BAGNASCO, A.; SABEL, Ch. (ed.) (1994). PME et développement économique. París: La Decouverte. BARDLEY, K.; GELB, A. (1985) Cooperativas en marcha: el caso de Mondragón. Barcelona: Ariel. BARROSO, Mª. (2000). Modelos de planificación estratégica y desarrollo local aplicados a la ciudad de Huelva. Huelva: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Huelva. BARTH, F. (1976). Los grupos étnicos y sus fronteras. México. FCE. BASSAND, M. (1992). Cultura y regiones de Europa. Barcelona: Diputación de Barcelona. BECATTINI, G. (1987). Mercato e forze locali: il disttretto industriale. Bolonia: Il Mulino. BECATTINI, G. y otros (2002). Desarrollo local: teorías y estrategias. Madrid: Civitas. BELLAH, R. y otros (1985). Habits of the hearth. University of California Press (existe traducción en Alianza Editorial). BIANCHINI, F.; PARKINSON, M. (eds.) (1993). Cultural policy and urban regeneration. Manchester: Manchester University Press. BOUZADA,X. (1995). «Elementos teóricos relativos al desarrollo comunitario local y a su práctica en la Comunidad Autónoma de Galicia». Papers de Sociología, 45, Barcelona. —(ed.) (1999). O desenvolvimento comunitario local. Vigo: Galaxia. —(ed.) (2001). Cultura e desenvolvimento local. Santiago de Compostela: Consello da Cultura Galega. BRUNET y CHASAGNE (1992). «Valoriser l’homme sur un territoire: de l’idée au projet». Pour, n.º 136. CALLON, M. (1986). «Eléments pour une sociologie de la traduction». L’Année Sociologique, 36, p. 169-208. París. CALLON, M.; LATOUR, B. (comps.) (1991). La science telle qu’elle se fait. París: La Decouverte. CARRERO, A.J. (1998). Valverde del Camino y el desarrollo local: el calzado. Ayuntamiento de Valverde del Camino. CHAZEL,F. (1993). Action collective et mouvements sociaux. París: PUF. COLEMAN, J. (1988). «Social capital in the creation of human capital». American Journal of Sociology, 94, p. S95-S120. COULMIN, P. (1986). La décentralisation: la dynamique de développement local. París: Syros-Adels. CROZIER, M.; FRIEDBERG, E. (1977). L’acteur et le système. París: Seuil. DYENS, O. (2001). Metal and Flesh. The Evolution of Man: Technology Takes Over. Cambridge, Massachusetts: MIT Press. ESPARCIA, J.; BACIEGA, A.; NOGUEIRA, J. (2002). «Las agrupaciones locales de desarrollo rural como instrumentos de desarrollo, cambio y nueva gobernabilidad en los territorios rurales». Cooperativismo e Economía Social, n.º 24, p. 59-77. ETXEZARRETA, M. (1988). Desarrollo Rural Integrado. Madrid: MAPA. FILATRE,D. (1992). Autonomie locale et décentralisation. Tesis para el doctorado en Sociología. Universidad de Toulouse Le Mirail. FOSTER, G.M. (1974). Antropología aplicada. México: FCE. —(1986). Las culturas tradicionales y los cambios técnicos. México: FCE. 168 Papers 71, 2003 Xan Bouzada Fernández Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 168 FRIEDBERG, E. (1993). Le pouvoir et la règle. París: Seuil. FRIEDBERG, E.; MUSSELIN,C. (1989). En quête d’universités. París: L’Harmattan. FRIEDMANN, J.; WEAVER, C. (1979). Territory and Function. Berkeley: University of California Press. GIRAUD, C. (1993). L’action commune. Essai sur les dynamiques organisationnelles. París: L’Harmattan. GÓMEZ, M.L. (1999). La diversificación económica de Antequera, proceso de desarrollo local. Málaga: Diputación de Málaga. GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, M. (2001). Sociología y ruralidades (La construcción social del desarrollo rural en el Valle de Liébana). Madrid: MAPA. GRANOVETTER, M. (1985). «Economic action and social structure: the problem of embeddedness». American Journal of Sociology, 91, p. 493. HALBWACHS, M. (1950). La mémoire collective. París: 1950. HODGSON, G.M. (1988). Economics and Institutions. Cambridge: Polity Press. HOUÉE, P. (1985). Le Mené un pays qui se prend en main. Rennes: Comité d’Expansion du Mené. —(1989). Les politiques de développement rural: des années de croissance aux temps d’incertitude. París: Económica. —(1999). «A Bretaña e as súas comarcas: unha experiencia rexional de desenvolvemento local», p. 21-37. En BOUZADA, X. O desenvolvemento comunitario local, un reto da sociedade civil. Vigo: Galaxia. KRUGMAN, P. (1996). The Self-Organising Economy. Oxford: Blackwell. LATOUR, B. (1992). Ciencia en acción. Barcelona: Labor. LÓPEZ-CASERO OLMEDO, F. (ed.) (1989). La agrociudad mediterránea. Madrid: MAPA. LUMMIS, C.D. (1996). Radical Democracy. Ithaca y Londres: Cornell University Press. MARSHALL, A. (1890/1948). Principios de economía. Madrid: Aguilar. MOLINA, I. (2002). El desarrollo local en Cuéllar. Dos Soles. MORALES, A.C. (2001). «La construcción de capital social a través de la economía social. Evaluación de la política de fomento mediante los programas de desarrollo rural». Comunicación presentada al VII Congreso Español de Sociología. Salamanca, septiembre de 2001. MOYANO, E. (2001). «El concepto de capital social y su utilidad para el análisis de las dinámicas de desarrollo». Revista de Fomento Social, n.º 56, 2001, p. 35-63. NEWBY, H.; SEVILLA GUZMÁN, E. (1983). Introducción a la sociología rural. Madrid: Alianza. PECQUEUR, B. (2000). Le développement local: pour une économie des territoires. París: Syros. PELL,D. (1994). «Promotion of Community Economic Development». En GALAWAY,B.; HUDSON, J. (eds.). Community Economic Development. Toronto: Thompson Educational Pub., p. 249-258. PÉREZ RAMIREZ, B.; CARRILLO BENITO, E. (2000). Desarrollo local: manual de uso. Madrid: ESIC Editorial. PIORE, M.J.; SABEL, Ch.F. (1984/1990). La segunda ruptura industrial. Madrid: Alianza. POLANYI, K. (1989). La gran transformación. Madrid: La Piqueta. —(1992). The Economy as an Institued Process. En GRANNOVETER, M.; SWEDBERG, R. The Sociology of the Economic Life. Boulder: Westview Press. PUTNAM, R. (1993). Making democracy Work. Princeton: Princeton University Press. —(2002). Sólo en la bolera. Colapso y resurgimiento de la comunidad norteamericana. Barcelona: Galaxia Gutenberg. Cultura, actores y desarrollo en contextos comunitarios locales Papers 71, 2003 169 Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 169 REYNAUD, J.D. (1993). Les règles du jeu. L’action collective et la régulation sociale. París: Armand Colin. RODRÍGUEZ, M. (coord.) (2001). Experiencias prácticas de desarrollo local. Barcelona: Bayer Hnos. RODRÍGUEZ VILLASANTE, T. (1998). Del desarrollo local a las redes para mejor-vivir. Buenos Aires: Humanitas. SÁNCHEZ, R. (2001). Dinámica socio-cultural y desarrollo local en la provincia de Zaragoza. Zaragoza: Institución Fernando el Católico. SCHUMACHER, E.F. (1980). El buen trabajo. Madrid: Debate. SELZNICK, Ph. (1949). TVA and the grassroots. A study of politics and organization. Berkeley: University of California Press. SERRES, M. (1987). Statues. París: François Burin. SFORZI, F. (1999). «La teoría marshalliana para explicar el desarrollo local». En RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ, F. Manual de desarrollo local. Oviedo: Trea. SHARRYN, K. (1993). El mito de Mondragón: cooperativas, política y clase trabajadora en una ciudad del País Vasco. Tafalla: Txalaparta Argitaletxea. STÖHR, W.; TAYLOR, F. (1981). Development from Above or Below? Nueva York. TEISSERENC, P. (1994). Les politiques de développement local. París: Económica. TWELVETREES, A. (ed.) (1998). Community Economic Development. Londres: Community Development Foundation. VAUTRIN,G. (1992). «Développement local et transaction sociale». En BLANC, M. Pour une sociologie de la transaction sociale, p. 260-271. París: L’Harmattan. VÁZQUEZ BARQUERO, A. (1988). Desarrollo local, una estrategia de creación de empleo. Madrid: Pirámide. VV.AA. (2002). Economía Social. Nuevos yacimientos de empleo y desarrollo local. VitoriaGasteiz: Xabide. WARE, C.F. (1935). Greenwich village 1920-1930. Boston: Houghton Mifflin Co. —(1986). Estudio de comunidad. Buenos Aires: Humanitas. WHYTE, W.F. (1990). Mondragón, más que una utopía. San Sebastián: Txertoa. WILLMOTT, P. (1963). The Evolution of a Community. A Study of Dagenham after Forty Years. Londres: Routledge and Kegan Paul. —(1989). Community Initiatives. Londres: Policy Studies Institute. WOOLCOCK, M. (1998). «Social capital and economic development: toward a theoretical synthesis and policy framework». Theory and Society, 27, p. 151-208. 170 Papers 71, 2003 Xan Bouzada Fernández Papers 71 001-188 8/9/04 10:51 Página 170