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¿Quién teme al individualismo metodológico? : un análisis de sus implicaciones para la teoría social

Abstract

Los puntos de vista individualistas y holistas se han opuesto durante mucho tiempo a la teoría social. El presente artículo trata de definir con claridad y explorar con detalle las implicaciones teóricas del individualismo metodológico (IM), con el fin de argumentar que los científicos sociales deberían adoptarlo como un correctivo antimetafísico. Un primer paso será, entonces, delimitar con precisión a qué podemos referirnos cuando hablamos de IM, para ello, se pasa revista a varias connotaciones posibles que se han asociado a ese término y que deberían descartarse como inadecuadas. Seguidamente, se exploran algunas implicaciones del IM: en concreto, el tipo de explicaciones que considera legítimas, el tipo de sujetos cuya existencia admite, la posibilidad de la libertad o la cuestión de la cosificación y la utopía. Finalmente, se abordan algunas críticas al IM, discutiendo hasta qué punto socavan la plausibilidad e inteligibilidad de este supuesto.

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¿Quién teme al individualismo metodológico? : un análisis de sus implicaciones para la teoría social

Author: Noguera, Jose A.
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 2003
DOI: 10.5565/rev/papers/v69n0.1285
Source: https://ddd.uab.cat/pub/papers/02102862n69/02102862n69p101.pdf
Pape s 69, 2003 101-132
¿Quién eme al indi idualismo me odológico?
Un análisis de sus implicaciones pa a la eo ía social
José An onio Nogue a
Uni e si a Au ònoma de Ba celona. Depa amen de Sociologia
[email p o ec ed]
Resumen
Los pun os de is a indi idualis as y holis as se han opues o du an e mucho iempo a la
eo ía social. El p esen e a ículo a a de de ini con cla idad y explo a con de alle las
implicaciones eó icas del indi idualismo me odológico (IM), con el in de a gumen a
que los cien í icos sociales debe ían adop a lo como un co ec i o an ime a ísico. Un p i-
me paso se á, en onces, delimi a con p ecisión a qué podemos e e i nos cuando habla-
mos de IM, pa a ello, se pasa e is a a a ias conno aciones posibles que se han asociado a
ese é mino y que debe ían desca a se como inadecuadas. Seguidamen e, se explo an algu-
nas implicaciones del IM: en conc e o, el ipo de explicaciones que conside a legí imas, el
ipo de suje os cuya exis encia admi e, la posibilidad de la libe ad o la cues ión de la cosi-
icación y la u opía. Finalmen e, se abo dan algunas c í icas al IM, discu iendo has a qué
pun o soca an la plausibilidad e in eligibilidad de es e supues o.
Palab as cla e: indi idualismo me odológico, holismo, eo ía social.
Abs ac . Who is a aid o me hodological indi idualism? An analysis o i s implica ions o
social heo y
Indi idualis ic and holis ic iews ha e been opposing each o he o a long ime in social
heo y. This a icle aims o de ine clea ly and o explo e in some de ail he heo e ical
implica ions o me hodological indi idualism (MI), in o de o a gue ha sociologis s
should accep i as an an i-me aphysical de ice. A i s s ep is, he e o e, o delimi p e-
cisely wha a e we e e ing o when we speak o MI: se e al possible meanings which ha e
been usually associa ed o ha e m a e e iewed and ejec ed as misleading ones. Nex ,
some implica ions o MI o social heo y a e explo ed, namely which kind o explana-
ions should be conside ed as legi ima e ones, which kind o subjec s should be ega ded
as eal ones, he possibili y o eedom, o he issue o ei ica ion and u opian hinking.
Finally, some c i icisms o MI a e add essed, and i is discussed o wha ex en do hey
unde mine he in elligibili y and enabili y o his assump ion.
Key wo ds: me hodological indi idualism, holism, social heo y.
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Las cosas pasan en el mundo social po que los indi iduos hacen
y dejan de hace cosas, y ellos son las únicas cosas que hacen y
dejan de hace cosas. Todas las p oposiciones que a ibuyen un
«hace » a o as cosas pueden, en p incipio, si no en la p ác ica,
se aducidas sin pé dida a p oposiciones sob e indi iduos
haciendo cosas.
Pe e Abell (1992)
1. In oducción: indi idualismo y holismo en la eo ía social
La oposición en e el pun o de is a holis a y el indi idualis a ha sido p oba-
blemen e una de las más impo an es y discu idas en la eo ía social clásica y con-
empo ánea. Desde una cie a adición sociológica, el indi idualismo se ha
conside ado más p opio de la economía o la psicología que de la sociología,
mien as que desde el pun o de is a con a io, se ha enido sos eniendo como
un supues o básico de cualquie ciencia social.
Una eo ía indi idualis a es la que a i ma que las únicas en idades eales
y e icaces en la ida social son los indi iduos, o bien que odos los enóme-
nos sociales pueden educi se en úl ima ins ancia a enómenos e e en es a
indi iduos, p opiedades de indi iduos o elaciones en e indi iduos: és a es
la de inición del indi idualismo me odológico que da Els e (1982) y la que
me pa ece más p ecisa (aunque a buen segu o exis an o as). El indi idua-
lismo suele conduci a e la eo ía social como la elabo ación de modelos
de acción basados en el es udio de las mo i aciones, azones o p e e encias de
los indi iduos, así como de los e ec os ag egados, conca enaciones o com-
posiciones de esas acciones indi iduales, e ec os que no necesa iamen e son
buscados o que idos po esos mismos indi iduos. Se asume, po an o, el e-
duccionismo como es a egia me odológica deseable pa a hace a anza la
ciencia social. Ejemplos de eo ías indi idualis as se ían las de Spence , Pa-
e o, los u ili a is as o las eo ías de la acción acional (la inclusión de We-
be en es a ca ego ía, aunque a mi juicio de endible, esul a algo más p o-
blemá ica).
102 Pape s 69, 2003 José An onio Nogue a
Suma io
1. In oducción: indi idualismo y holismo
en la eo ía social
2. ¿Qué es el indi idualismo me odológico?
P ecisiones concep uales sob e como
no c i ica lo
3. Excu so: Los eó icos sociales clásicos y el
indi idualismo me odológico
4. Implicaciones del indi idualismo
me odológico
5. Algunas posibles c í icas
al indi idualismo me odológico
6. Conclusión
Bibliog a ía
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En cambio, una eo ía holis a iende a p esen a la sociedad como una o a-
lidad que consis e en «algo más» que la me a suma de sus pa es in eg an es, o
de los indi iduos que la componen. Lo que suele sos ene el holismo es que
la in e acción social gene a p opiedades y enómenos que son i educibles a
enómenos indi iduales (o a cualquie o a ins ancia p esocial). Ejemplos de
plan eamien os holis as se ían la sociología de Du kheim, el ma xismo dia-
léc ico en a ias de sus e siones, el es uc u alismo o el uncionalismo sis émico.
El holismo iende a eces a de ende la «au onomía de lo social», echazando
cualquie plan eamien o no holis a como «psicologis a»; se opone, po an o,
al educcionismo como obje i o me odológico deseable de las eo ías en cien-
cias sociales. Es e pun o de is a ha enido una ue e in luencia en la eo ía
social del siglo XX, especialmen e en el uncionalismo y el es uc u alismo, aun-
que ambién en algunas co ien es del ma xismo. Sin emba go, hoy se encuen-
a ue emen e cues ionado po el desa ío que han ep esen ado pa a él la eo-
ía social analí ica, el indi idualismo me odológico e incluso las ciencias
cogni i as y la psicología e oluciona ia.
Hay algunos ejes concep uales es echamen e elacionados con la dico omía
indi idualismo-holismo: es el caso del eje psicologismo-sociologismo ( éanse, po
ejemplo, c í icas clásicas a Pa sons como la de W ong, 1961), el eje mic o-
mac o (c . los in en os de in eg ación de Coleman, 1990; Hube , 1991; Ale-
xande y o os, 1987; Sciulli, 1992) o, sob e odo, la dispu a sob e acción s.
es uc u a; ninguno de ellos coincide necesa iamen e con la dico omía holis-
mo-indi idualismo: el e ce o, po ejemplo, más bien hace e e encia a si
la ida social es á dominada po la olun ad y ac i idad de agen es di e sos,
o bien de e minada po ac o es causales que escapan a la olun ad, el con ol o
la conciencia de cualquie agen e, sea indi idual o colec i o (po pone un
ejemplo, el jo en Lukács o G amsci se si ua on del lado de la acción, pe o no
adop a on una pe spec i a indi idualis a).
Una ez de inidos así los é minos, y an es de pasa a mayo es p ecisiones,
cab ía ad e i que, sin duda, el indi idualismo en ciencias sociales puede se
de di e sos ipos (Vila , 1992; Lukes, 1973a; Hollis, 1994). Podemos dis ingui
de momen o, pa a simpli ica , es g andes ipos de indi idualismo:
— El indi idualismo on ológico a i ma ía que los únicos en es eales de que
se compone la sociedad son los indi iduos, siendo cualquie o a en i-
dad sup aindi idual una me a ag egación de indi iduos o de sus p o-
piedades.
— El indi idualismo me odológico (IM, en lo sucesi o) end ía que e con el
ipo de explicaciones que las ciencias sociales deben busca , a sabe , aqué-
llas cuyos é minos sean educibles a acciones o p opiedades indi iduales
y sus conca enaciones o composiciones.
— El indi idualismo é ico-polí ico sos end ía esis no ma i as ales como que
los indi iduos son los únicos suje os mo ales o po ado es de de echos, o
que cons i uyen el sup emo alo é ico y polí ico.
¿Quién eme al indi idualismo me odológico? Pape s 69, 2003 103
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Deja emos aquí de lado es a úl ima acepción no ma i a del indi idualis-
mo pa a cen a nos p e e en emen e en el IM. Sin emba go, sal a a la is a
que la conexión en e és e y el indi idualismo on ológico esul a muy es e-
cha: ¿ end ía sen ido un indi idualismo me odológico que no uese al mismo
iempo on ológico?; a poco que lo pensemos, al cosa sólo se ía plausible al
p ecio de una epis emología al amen e i ealis a, que conside ase como cosas
o almen e independien es las unidades me odológicas de análisis y las en i-
dades ealmen e exis en es en el mundo. Pa ece más azonable supone lo con-
a io: el IM se basa, en la mayo ía de los casos, en una c eencia lógicamen e
p e ia en el indi idualismo on ológico1. La ci ada de inición del IM de Els-
e , así como su pe spec i a gene al (o las de Webe , Poppe , Boudon, Cole-
man o Sea le), implican un cie o g ado de indi idualismo on ológico.
2. ¿Qué es el indi idualismo me odológico? P ecisiones concep uales
sob e como no c i ica lo
Insis amos en la que a mi juicio es la de inición más cla a y aba cado a del IM,
la de Els e (1982): el IM es la esis según la cual odos los enómenos sociales
deben se explicados en é minos de indi iduos, p opiedades de esos indi iduos
( ales como c eencias, deseos, o os es ados men ales o acciones) o elaciones
en e esos indi iduos. Dicho de o o modo, cualquie explicación sociológica,
pa a se in eligible, debe pode se « educida» o en endida en é minos de esos
es ipos de en es, y únicamen e de ellos.
Así concebido, pa ece e iden e que el IM iene una en aja: la de se i de
co ec i o an ime a ísico pa a la eo ía social y la sociología, p ohibiendo sis e-
má icamen e excesos especula i os como los del es uc u alismo, la eo ía de sis-
emas, la dialéc ica ma xis a o la eo ía posmode nis a. Se pod ía pensa que,
en es e caso, el IM es un p incipio i ial que aplican la inmensa mayo ía de los
cien í icos y eó icos sociales, es o es, que al de inición incluye an as cosas
(indi iduos, p opiedades de los mismos, elaciones en e ellos) que esul a di í-
cil pa a el cien í ico social no susc ibi el IM; sin emba go, sos engo que lo
impo an e es p ecisamen e lo que excluye: en idades y p opiedades que no
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1. Así pa ece c ee lo, po ejemplo, Bunge (2000), un c í ico con el indi idualismo de cual-
quie especie. También es de es e pa ece , desde una posición más ce cana al IM, Hollis
(1994: 117): «No cabe duda de que, en úl imo análisis, la dispu a es on ológica». Pod ía
a güi se que el IM no iene po qué implica el indi idualismo on ológico siemp e que se
u ilice únicamen e como una «he amien a» pa simoniosa p o isional, an e nues a igno ancia
ac ual ace ca de si los indi iduos «exis en ealmen e» o son me os e ec os apa en es de, po
ejemplo, desca gas elec oquímicas en el ce eb o. Pe o, como se e á, los supues os on o-
lógicos que el IM necesi a espec o de lo que sea un «indi iduo» no son an exigen es como
pa a hace muy pe en o io es e g ado ex emo de p ecaución.
A la in e sa, pod íamos pensa en un indi idualismo on ológico que no supusie a
necesa iamen e el IM, como pa ece ocu i con au o es como Giddens (1982) o Le ine,
Sobe & W igh (1986-87), o como el que algunos c een que sos u o Du kheim (Lukes,
1973b). Vol e emos sob e es a cues ión a p opósi o del g ado de educcionismo que el IM
conlle a.
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siemp e se han excluido de las explicaciones sociológicas, y an e las cuales el
IM a a de es ablece un il o de in eligibilidad. El es udio de la his o ia de la
eo ía social mues a que po en es y ex endidas adiciones eó icas han dado
po álidas «explicaciones» no o muladas ni o mulables en ales é minos.
An e los muy ex endidos p ejuicios y con usiones que exis en sob e el IM,
conside o que es impo an e es ablece con p ecisión cuáles son sus implica-
ciones, qué dice y qué no dice, cómo se le puede y cómo no se le puede c i i-
ca . Po an o, más que expone c onológicamen e su desa ollo en la eo ía
social, abo da é a con inuación algunas de las p incipales acusaciones in un-
dadas que ha susci ado.
2.1. IM, e ec os «mac osociales» y «p opiedades eme gen es»
El IM ha sido acusado po casi odos los holis as desde Du kheim de igno-
a que en la ealidad social hay p opiedades «mac osociales» que no son edu-
cibles a las p opiedades indi iduales, o, dicho de o o modo, que la sociedad
es «algo más» que la suma de los indi iduos que la in eg an. Sin emba go, lo
que ealmen e quie e signi ica al a i mación es, en cie o sen ido que hemos
de explici a , pe ec amen e compa ible con el IM; es más, el IM hace esa
esis más in eligible que cualquie holismo, pues, en e ec o, en la in e acción
social se p oducen esul ados gene ados po la conca enación o ag egación de accio-
nes indi iduales, esul ados que esas mismas acciones po sepa ado no p oduci-
ían; pe o ello no implica en absolu o un holismo an i educcionis a à la
Du kheim, pues son acciones indi iduales las que a la pos e p oducen un
e ec o ag egado que es, po an o, explicable en é minos de los mic o unda-
men os que lo han p oducido (Els e , 1982; Le ine, Sobe & W igh , 1986-87;
Boudon, 1977, 1998a; Coleman, 1990), del mismo modo en que los biólo-
gos explican la o mación de células en base a sus componen es molecula es
(Els e , 2000c).
Hay en es e sen ido, un pun o en el que la esis del IM es muy ue e: nin-
guna eo ía social holis a ha log ado aún explica cómo, po qué o en i ud
de qué mecanismos su ge ese «algo más», esas p opiedades supues amen e
«eme gen es» que las ealidades sociales end ían y que no pueden se edu-
cidas a indi iduos, sus p opiedades o sus elaciones; dicho en es palab as, el
holismo iene algo de inin eligible, el IM no. El holismo debe supone enun-
cia a la explicación causal de ese «algo más» o bien adsc ibi lo a ue zas des-
conocidas (o a algún ipo de eleología). El IM, po an o, pa ece un pun o de
is a mucho más azonable en ausencia de una explicación plausible de cuál
es la sus ancia, el o igen y la na u aleza on ológica de ese «algo más» cuya
exis encia el holismo a i ma (y si no a i ma eso, en onces es plenamen e com-
pa ible con el educcionismo y con el IM). El concep o webe iano de «e ec-
os pe e sos» o «no que idos» de la acción (o el equi alen e de «subp oduc-
os» que u ilizan las eo ías de la elección acional) debe se i , según el IM,
p ecisamen e pa a hace in eligible el su gimien o de muchas de las p opie-
dades mac osociales que los holis as dan po supues as y enuncian a expli-
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ca 2. En es e sen ido, y como sos iene Boudon (1998a), el IM p opo ciona
explicaciones « inales», dado que las in enciones, decisiones y conduc as indi-
iduales en que se basan se nos apa ecen como mecanismos ácilmen e in eli-
gibles o comp ensibles, mien as que el holismo ecu e a explicaciones «no
inales» (basadas, po ejemplo, en concep os del ipo «caja neg a» como la
«socialización», la «cul u a» o la «es uc u a»), de modo que siemp e pod ía-
mos segui p egun ando po las causas de ales enómenos, que no esul an
inmedia amen e in eligibles ( éase, sin emba go, in a, secciones 5.5 y 5.6)3.
Es necesa io, en onces, dis ingui con cla idad un pun o de is a p opia-
men e holis a de uno que, simplemen e, admi a la posibilidad de «p opieda-
des eme gen es» (o «e ec os de ag egación» o «de composición») en la ealidad
social, es o es, de e ec os «mac osociales» de de e minadas conca enaciones de
acciones indi iduales que no se ían p oducidos po esas acciones sepa ada-
men e, sino que son la « esul an e» de su ag egación. Resul a bas an e cla o
que el p ime pun o de is a (el holismo) excluye el IM, mien as que el segun-
do (la admisión de «p opiedades eme gen es» así de inidas) no lo hace nece-
sa iamen e, al menos mien as las p opiedades ci adas puedan se in eligible-
men e explicadas como e ec os de de e minadas composiciones de acciones
indi iduales (Boudon, 1998a, 1987, 1979 y 1977). Po an o, aunque pocos
cien í icos sociales niegan que los enómenos sociales ienen p opiedades no
educibles a los enómenos psíquicos aislados, esas p opiedades pueden se pe -
ec amen e compa ibles con el IM4.
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2. Como a i ma Hollis (1994: 116), «la idea de los sis emas inobse ables que eje cen una p e-
sión eleológica sob e sus pa es es, po lo menos, sumamen e p oblemá ica. Es muy ulne a-
ble a la objeción que la acusa de mís ica a al a de un mecanismo de e oalimen ación, y se
hace ociosa cuando se le p opo ciona». Véase ambién De F ancisco (1997: 118): «una pe spec i a
indi idualis a no supone necesa iamen e deja en el ol ido los ag egados mac osociales: son a
un iempo el inpu y el ou pu del p oceso social pues o en ma cha po la acción indi idual», lo
que de ningún modo implica que dejen de se «ag egados» de acciones o p opiedades indi iduales.
3. En igo , el IM es un equisi o de la ausencia de «cajas neg as», pe o no la ga an iza, pues o
que las decisiones o conduc as indi iduales no ienen po qué se in eligibles si no se añade
algún supues o más, como po ejemplo el de acionalidad, o algún supues o mo i acional.
4. Mandelbaum (1955: 115), po ejemplo, u iliza e óneamen e el a gumen o de la «eme -
gencia» con a el IM: una p opiedad eme gen e, según él, iene como condición on ológi-
ca alguna en idad p e ia, pe o «no se educe» a ella; se a a del mismo a gumen o alaz
que u ilizaba Du kheim (1898), po ejemplo, al deci que la conciencia psicológica «no se
educía» a la biología, y po an o ampoco la conciencia social se educía a la psicológica.
Es cie o que una ez que exis e una p opiedad eme gen e, és a iene una e icacia causal
p opia. Pe o, como ad i ió Pa e o con lucidez (1901: 121), «la esul an e de a ias cosas
no es necesa iamen e la suma de és as. Si un cue po es empujado po dos ue zas […], és e
se mue e como si ue a inducido po una ue za […]. ¿Se pod ía obje a que es a ue za
no es la esul an e de las dos p ime as po que no es igual a su suma? Nadie niega que los
homb es que o man una mul i ud piensan y ac úan de modo di e en e de lo que lo ha ían
es os mismos homb es omados aisladamen e, pe o no es menos cie o que los ca ac e es
de la masa esul an de los ca ac e es de sus pa es». Véase ambién lo que decía Webe
(1903-1906: 63) sob e la idea de Wund de la «c ea i idad psíquica» como enómeno
«eme gen e» y especí ico de las «ciencias del espí i u»: «El agua, po ejemplo, conside ada en,
su peculia idad cuali a i a, iene p opiedades que no es án “con enidas” po comple o en
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2.2. IM y acción colec i a
El IM ha sido acusado ambién de se incapaz de explica las acciones colec i-
as; la acusación es in undada: p ecisamen e algunas de las ideas más po en es
de que dispone hoy la eo ía social pa a explica dichas acciones es án o mula-
das desde el supues o del IM, como las de Olson (1965), Hi schman (1970),
Coleman (1973, 1986), Ha din (1982), Axel od (1984) o Taylo (1987, 1990).
Sin emba go, más allá de las eo ías de la acción colec i a, Sea le (1995) ha
supe ado es a acusación desde un pun o de is a on ológico, mos ando que
la p opia sociedad es esul ado de lo que denomina in encionalidad colec i a, y
de la acción basada en ella, lo que es plenamen e compa ible con el IM.
La in encionalidad colec i a es lo que de ine según Sea le a los hechos socia-
les, an o en el se humano como en las demás especies animales: se a a de
un es ado men al in encional (es o es, con un con enido que se e ie e a algún
es ado de cosas ex e no5) que se iene únicamen e en an o que compa ido con
o os indi iduos. Sea le se es ue za, sin emba go, po sos ene que es e concep o
es plenamen e compa ible con el IM: no se a a de que haya es ados men a-
les sup aindi iduales, sino de que hay es ados men ales indi iduales que no
exis i ían si no exis iesen ambién en o os indi iduos (es o es, si o os indi i-
duos no albe gasen exac amen e el mismo con enido in encional). Po ejem-
plo, una manada de hienas cazando un león o a ios se es humanos jugando un
pa ido de ú bol, son mues as de in encionalidad colec i a y, po an o, hechos
sociales. La objeción con a el IM basada en impu a le una supues a «con-
cepción a omis a» del indi iduo queda así supe ada6.
2.3. IM, egoísmo y elección acional
También suele supone se de o ma in undada que el IM implica au omá ica-
men e el supues o psicológico mo i acional de que los indi iduos sólo ac úan
de o ma egoís a. Pe o es o es ambién inadecuado: incluso aunque suponga-
mos indi iduos maximizado es, és os pueden maximiza p e e encias al uis as
exac amen e igual que egoís as; el IM es de hecho compa ible con cualquie
supues o mo i acional, no p ejuzga necesa iamen e los con enidos conc e os de
las p e e encias de los indi iduos o de sus acciones (Sobe , 1998; Hollis, 1994;
Els e , 1997, 2000b, 2000c).
El IM, según o os c í icos, sólo conside a ía el caso de indi iduos que
ac úan según un cálculo de cos es-bene icios. Pe o en ealidad el IM no iene
¿Quién eme al indi idualismo me odológico? Pape s 69, 2003 107
sus elemen os. […] no exis e ningún p oceso de la na u aleza que no con enga p opiedades
especí icamen e “nue as” espec o a sus “elemen os”». No hay nada so p enden e ni «especí ico»
de las ciencias humanas, po an o, en la exis encia de «p opiedades eme gen es».
5. No cabe con undi , po an o, es e sen ido del é mino «in encional» con el de « ene la
in ención de».
6. Como ad ie e Boudon (1984), el IM no equi ale al a omismo, no excluye las p opiedades
elacionales ales como «se pode oso» o «se pa ien e» ( ecué dese la de inición de Els e
expues a más a iba).
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po qué supone es e ipo de comp omisos: un eó ico como John Sea le, po
ejemplo, asume el IM sin necesidad alguna de hace supues os de es e ipo
(Sea le, 2000). Po un lado, las p e e encias de los indi iduos pueden ene
cualquie con enido (incluido el de no hace un cálculo y decidi «espon á-
neamen e»); po o o, aunque se adop a a el modelo del «cálculo», muchos eó-
icos no a i man que los indi iduos ealicen ese cálculo, sino simplemen e
que ac úan como si lo ealizasen (es o es, que el modelo es una «simulación
e osímil» de la ealidad; c . Bae , 1998; Aguia y De F ancisco, 1999). En
cualquie caso, es a con usión iene su uen e en la iden i icación e ónea del
IM con las eo ías de la elección acional (TER en lo sucesi o). No exis e,
sin emba go, un ínculo concep ualmen e necesa io en e TER e IM: las
explicaciones de las TER pod ían aplica se de igual modo a suje os sup ain-
di iduales si se asumie a de en ada que exis en (como hacen algunos mode-
los de eo ía de juegos que se aplican a la in e acción en e clases sociales,
pa idos polí icos o es ados); a la in e sa, el IM no iene po qué implica
necesa iamen e la u ilización de las TER o de odos sus supues os e ins u-
men os eó icos (es el caso de la eo ía social de Sea le, de Els e o del p o-
pio Webe ).
2.4. ¿Un indi iduo «p esocial» y «lib e»?
Se acusa con ha a ecuencia al IM ( éase, po ejemplo, Bou dieu, 1980, 1994,
1997 o 2000) de adop a un concep o ei icado del indi iduo como ealidad
«p esocial» o «na u al», como ins ancia de decisión «au ónoma» y «lib e», igno-
ando que es amos an e una cons ucción social y cul u al occiden al, y que
odo se humano ac úa bajo cons icciones es uc u ales.
La noción del indi iduo como algo posible sólo en colec i idad, como p o-
duc o de la sociedad y de e minado po ella, puede as ea se po oda la eo-
ía social de los siglos XIX y XX, desde Ma x y Du kheim has a Habe mas o
Bou dieu pasando po Mead o Pa sons; las c í icas de Ma x (en sus ex os de
ju en ud y en los G und isse: c . Ma x, 1843, 1844 o 1857-58) con a las
« obinsonadas» de la economía polí ica o con a la idea de un «indi iduo abs-
ac o» p opia de las eo ías del con a o social se han u ilizado muchas eces
pa a a eme e con a el IM. Sin emba go, cabe duda se iamen e de que le
a ec en en absolu o.
En e ec o, hay a ias mane as en que el IM pod ía esponde a es as acu-
saciones:
a) Pod ía a i ma se que el IM, en el peo de los casos, sólo necesi a supone a
los indi iduos como unidades psico ísicas de acción, y que, en es os é mi-
nos, los indi iduos indudablemen e exis en en odas las cul u as y en odas
las épocas de la humanidad. I ónicamen e, la acusación de e nocen ismo
ecae ía más bien sob e quien a i me que no exis en indi iduos humanos
ue a de la cul u a occiden al, en endidos como unidades psico ísicas capa-
ces de juicio, acción y decisión.
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No obs an e, algunos an opólogos como Lé y-B uhl (1927) p e enden
habe p opo cionado ejemplos de cómo el indi iduo « al y como lo cono-
cemos» no exis e en o as cul u as. En los pueblos es udiados po Lé y-
B uhl, el indi iduo sólo e a ap ehendido en an o que elemen o de un g upo,
el cual cons i uía la « e dade a» unidad social. Sin emba go, no pa ece que
es o implique deja de hace , si es necesa io, la dis inción in ui i a en e
indi iduo y g upo o en e di e en es indi iduos den o del mismo: «También
en e los p imi i os cada pe sona elaciona consigo misma los es ados de
conciencia, sus miemb os y sus ó ganos» (ci .: 95). Las on e as del indi-
iduo son asimismo di usas en dichas cul u as, dándose enómenos como
la «ex ensión de la pe sonalidad» a sus alimen os, luidos co po ales o es idos,
a su somb a, su imagen, su e lejo o su eco; o como la dualidad y la bip e-
sencia (imaginadas, po supues o): se «es» a un iempo uno mismo y o o
animal (como un lobo o un ig e). Pod ía pensa se que no exis i ía en es os
casos un concep o de indi idualidad uni a ia, cuyas on e as es én de ini-
das con p ecisión. Pe o, es o sólo a ec a a la «idea» del indi iduo que ienen
es os pueblos, no a la exis encia de unidades psico ísicas de acción: ningún
na i o pod á ac ua po el ig e, po mucho que c ea «se » el ig e.
Así, en es e sen ido an poco exigen e, puede deci se que en odas las
cul u as y épocas exis e algún ipo de conciencia de indi idualidad, pa en-
e como mínimo en el hecho de p onominaliza , pone nomb es p opios a
los se es humanos o conside a les capaces de acciones simples. El indi iduo
«bu gués» y «occiden al» es una c eación «bu guesa» y «occiden al» (a i -
mación au ológica donde las haya), pe o no po ello deja de habe indi i-
duos «no bu gueses» y «no occiden ales». La p opia humanidad es incom-
p ensible sin alguna idea in ui i a del indi iduo como unidad psico ísica
capaz de acción y comunicación (Da idson, 1984).
b) En segundo luga , el IM no implica en modo alguno ni la «libe ad» ni la
«au onomía» de los indi iduos: és os pod ían ac ua cons eñidos o i a-
cionalmen e, pe o ello no obs a pa a que la explicación deba se exp esable
en é minos de indi iduos, sus p opiedades y sus elaciones. El IM no iene
po qué implica que los indi iduos sean conscien es de oda la ida social
y la con olen sin cons icción alguna: el supues o indi idualis a no impli-
ca supues os de omnisciencia ni de omnipo encia de los indi iduos, que esul-
a ían inde endibles.
c) Finalmen e, pod ía a güi se ambién, como ya hizo Webe , que la acusación
es sencillamen e i ele an e, pues aunque los indi iduos es én social y cul u-
almen e «cons uidos», ello no iene po qué es a les e icacia como ins an-
cia explica i a (e incluso el p oceso de «cons ucción social y cul u al de indi-
iduos» debe ía pode explica se en é minos de IM). Po ejemplo, el hecho
de que una p opiedad de un indi iduo sea de o igen social o na u al es i e-
le an e cuando de lo que se a a es de explica o os enómenos en é mi-
nos de esas p opiedades (y no de explica el o igen de la p opiedad misma).
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más que una me á o a acien í ica, y en el peo , o es una au ología uncionalis a
o supone una a i mación no ma i a que puede de i a en ideas o ali a ias
(Giddens, 1981; Els e , 1983). Si el holismo uese sos enible, se ía posible que
las sociedades humanas ac uasen como ho migue os, e adicando la indi i-
dualidad como uno de sus asgos esenciales. Una de las lecciones del IM es
que —a o unadamen e, y excep uando la ciencia- icción— no es posible una
«sociedad in eligen e» más allá de la in eligencia de los p opios indi iduos.
4.3. La libe ad y la esponsabilidad como emas sociológicos
En e ce luga , y aunque ya hemos dicho que el IM no supone la au onomía
o la libe ad o al po pa e de los indi iduos, sí que implica necesa iamen e
algún g ado de libe ad, es o es, algún ma gen de elección pa a la decisión y la
acción indi iduales, excluyendo cualquie ipo de de e minismo. En e ec o, el
de e minismo —la ausencia o al de libe ad o de ma gen de elección indi i-
dual— excluye necesa iamen e el IM, pues o que implica ía un ac o sup a
o in aindi idual que explica ía según leyes mecánicas la conduc a indi idual,
con lo que el indi iduo no se ía una unidad ele an e pa a la explicación de
los enómenos sociales. Pa a se ele an e on ológica y me odológicamen e, el
IM debe implica la exis encia de libe ad, de un cie o ma gen de decisión y
de ac uación indi idual, po pequeño que sea.
Si el de e minismo uese cien í icamen e sos enible, en onces en buena
lógica debe íamos eximi de esponsabilidad a los indi iduos po sus acciones,
ue an és as cuales ue an (y, po ejemplo, aboli el de echo penal, o pone cali-
icaciones escola es o dis ibui empleos según la ca ego ía social o cualquie
o o asgo colec i o que se conside ase como ealmen e explica i o de la con-
duc a). Un de e minismo de es e eno en el e eno cien í ico nos aboca ía a
una incohe encia p agmá ica masi a, o bien a una cohe encia que iola ía algu-
nas de nues as in uiciones no ma i as más p o undas y uni e sales. Algunos
au o es como Al husse (1970) in en aban explica lo poco dispues os que
es a íamos a hace ales cosas median e el manido ecu so de a la «ideología»,
que «in e pelaba» a los indi iduos como suje os, p oduciendo la ilusión de una
indi idualidad au ónoma donde sólo había un e ec o es uc u al (y oda ía
hoy el poses uc u alismo u iliza es a idea). Hay dos se ios p oblemas con es e
plan eamien o, que hablan en a o del IM:
1) En p ime luga , Sea le (2000, 2002) ha mos ado b illan emen e cómo la
libe ad es coex ensi a con la acionalidad y la acción humana, debido al
enómeno de la «b echa». La idea de la b echa puede o mula se así: los
con enidos in encionales de un es ado men al nunca son causalmen e su i-
cien es pa a p oduci una acción cohe en e con los mismos. Mi es ado
men al de que e saluda a mi ecino, o a al pa ido X o comp a unos
zapa os nunca es causalmen e su icien e pa a que yo salude a mi ecino,
o e a ese candida o o comp e los zapa os; en odas es as si uaciones me
en en o a una b echa causal: no puedo sen a me y espe a a e qué es
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lo que causa mi es ado men al; debo ac ua yo —sea lo que sea es e «yo»—.
Una acción in encional es siemp e lib e en algún g ado y iene on ología
de p ime a pe sona: no podemos sen a nos y espe a que nues a in en-
ción cause la acción. Po el con a io, sólo las pu as eacciones e lejas
es án causadas es ic amen e po es ados men ales como in enciones o
deseos (como ocu e en el caso de la adicción; c . Els e , 2001). La idea
de la b echa causal iene dos impo an es implicaciones: a) que la «debi-
lidad de la olun ad» que han es udiado au o es como Els e , Da idson
o F ank u no es una excepción, sino un enómeno consus ancial a la
p opia acción humana: ence la es p ecisamen e supe a la b echa; b) que
el indi iduo, si cons i uye una unidad psico ísica capaz de es ados men ales,
de acción y de delibe ación in e na, iene, po lo gene al, e icacia causal
p opia en la ealidad social.
2) A la an e io objeción lógica o ilosó ica al de e minismo podemos añadi
una segunda más sociológica o his ó ica, p o enien e de los análisis de au o-
es como An hony Giddens, Ul ich Beck o Sco Lash (Beck, Giddens y
Lash, 1997; Beck y Ge nsheim, 2001; Giddens, 1991, 1992 y 2000) ace ca
de los p ocesos de indi idualización e lexi a en las sociedades de la mode -
nidad a día. Es os análisis mues an cómo los má genes de acción y deci-
sión conscien e se es án ampliando pa a cada ez más indi iduos en ales
sociedades, y que ello implica c ecien es ni eles de delibe ación in e na y
e lexi idad a la ho a de oma decisiones que an es enían asegu adas po
a eglos adicionales. E iden emen e, el g ado de libe ad indi idual y los
ámbi os en los que és a se puede eje ce cons i uyen en sí mismos enómenos
his ó icos; pe o esa a iabilidad his ó ica excluye de po sí cualquie de e -
minismo. Como ha is o Giddens, es o iene implicaciones muy p o undas
pa a la ciencia social: «Los cien í icos sociales ol idan que la mayo ía de lo
que hacemos como se es humanos lo hacemos in encionalmen e, y que somos
conscien es de las azones pa a hace lo. […] y ese conocimien o no es con-
ingen e sino cons i u i o de lo que hacemos» (Giddens, 2000: 24).
En suma, si se acep a el IM, se sigue po ue za que el g ado de libe ad y
de esponsabilidad indi idual que his ó ica y socialmen e exis a cons i uye un
ema sociológico undamen al, y ello con a quienes, sea desde el de e minis-
mo como Al husse , o sea desde o os pun os de is a como Be ge (1963:
169), han que ido exclui lo de esa conside ación.
4.4. La cosi icación y la imposibilidad de la u opía
La imposibilidad de suje os sup aindi iduales uni icados y la necesidad de la
libe ad nos lle an au omá icamen e a una cua a implicación eó ico-social
del IM: la imposibilidad de la descosi icación y el con ol acional o al de la
ealidad social, es o es, la imposibilidad de cualquie u opía (si de inimos és a
como una si uación en la que se hab ían e adicado el con lic o social, la insa-
¿Quién eme al indi idualismo me odológico? Pape s 69, 2003 117
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is acción social p o unda y las uen es es uc u ales de ales males). Los ma -
xis as analí icos, po oma un ejemplo ecien e, han ad e ido con cla idad
que la adopción del IM lle a a e o mula p o undamen e las espe anzas u ó-
picas y polí icas del ma xismo del siglo XX u o os p oyec os simila es8(O e-
je o, 1989; Pa amio, 1990; Els e , 1985; Van Pa ijs, 1993).
E iden emen e, y según las eo ías conc e as, el IM sigue siendo compa i-
ble con la c í ica de la dominación, la explo ación y la alienación de los indi-
iduos en la sociedad capi alis a o en cualquie o a (y el ma xismo analí ico es
un buen ejemplo de ello); es pe ec amen e compa ible con la esis de que la
gen e (o mucha gen e) su e dominación, no es dueña de su des ino o iene
una alsa conciencia o pe cepción de los enómenos sociales que la en uel en.
Aho a bien, el IM nos aleja po ue za de las «u opías emancipa o ias» que
había dibujado el ma xismo, al hace pa en e que nunca exis i á una sociedad
sin con lic o, sin in e eses pa ciales, sin desigualdades de algún ipo y sin in e-
licidad (y si pudiese exis i se ía al p ecio de un con ol social y psíquico más
o ali a io que cualquie a de los que la his o ia ha conocido).
Hay una azón eó ica de ondo pa a que ello sea así: que no puede exis i
mecanismo ins i ucional alguno capaz de coo dina odas las acciones de los se es
humanos hacia un esul ado socialmen e óp imo pa a odos. Y no puede exis i
po a ias azones:
a) Po que los se es humanos no son absolu amen e maleables: hay cons ic-
ciones psicológicas, mo i acionales y quizá ambién biológicas a lo que se
puede hace con ellos. En es e sen ido, las expe iencias his ó icas de las e o-
luciones comunis as en Rusia o China o ecen ejemplos de lo di ícil que
esul a c ea un «se humano nue o», que ope e como una célula en un o ga-
nismo, an eponiendo su unción pa a el « odo social» a sus p e e encias y
deseos indi iduales. Los in en os de e adica el indi idualismo en odos los
sen idos y de ins au a un holismo polí ico colec i is a han desembocado
in a iablemen e en con au opías de di e so signo (Lukes, 1973a: 84; Els-
e , 1983; Figes, 1996: 797 s.)9.
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8. Pa a se jus os, cabe eco da que o os eó icos no ma xis as (como Poppe , Hayek o A on,
po no emon a nos a Webe ) lle aban ya iempo ad i iendo al cosa (y siendo denos a-
dos po ello po buena pa e de la in elec ualidad de izquie das).
9. Figes (1996: 797 s.), po ejemplo, documen a el en usiasmo de Lenin y T o ski con los expe-
imen os de Pa lo y su eo ía del e lejo condicionado, debido a la posibilidad de «elabo-
a una psicología que elimina a de una ez la dis unción indi idualis a en el compo a-
mien o humano». Se a a de una cla a mani es ación de hos ilidad al indi iduo ípica de
casi odas las u opías. Lenin a i mó en 1919, as isi a a Pa lo : «Había demasiado indi-
idualismo en Rusia en el pasado. El comunismo no ole a las endencias indi idualis as.
Son dañinas. In e ie en con nues os planes. Tenemos que aboli el indi idualismo. […] El
homb e puede se co egido. El homb e puede se con e ido en lo que deseamos que sea»
(ci ado po Figes: 797). Asimismo, Alexande Bogdano , ilóso o bolche ique, especuló con
una «sociedad ma xis a ma ciana» de icción donde odo es igio de indi idualidad había
sido des e ado. Po supues o, odos ellos opa on con el hecho de que «los sis emas sociales
son mucho más maleables que los indi iduos que los cons uyen» (Els e , 1983: 132).
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b) En segundo luga , las si uaciones de in e acción no son absolu amen e mane-
jables ni p e isibles, de modo que, como ad i ió Webe , siemp e exis i án
e ec os pe e sos, ex e nalidades o subp oduc os: la eo ía de juegos y las
TER han mos ado que la in e acción iene su lógica p opia, que no iene
po qué esponde a los obje i os buscados po los agen es.
Sin emba go, el sueño de una sociedad «descosi icada» sin e ec os pe -
e sos de ningún ipo ha sido una cons an e en muchos ma xis as del siglo XX,
como po ejemplo el jo en Lukács (1923), quien sucumbió al sueño hegeliano
de la « eap opiación» inal del obje o po el suje o, eliminando así no ya la cosi-
icación sino la p opia cosidad del mundo, eliminando la p opia exis encia
de una ealidad ex e na a la conciencia humana. Una ez supe ada la o ga-
nización capi alis a de la p oducción, la cosi icación desapa ece ía, y con ella
el p opio p oblema de la obje i idad del conocimien o, que sólo e a la con-
secuencia his ó ica de unas de eminadas condiciones sociales en las que el
se humano no e a dueño de su exis encia; una ez supe adas és as, pensaba
Lukács, pensamien o y se coincidi ían siemp e, de al o ma que la misma
dis inción en e ambos pe de ía su sen ido. El sueño de la descosi icación o al
del mundo e a el sueño de una sociedad anspa en e, sin ideología, de una
ealidad social que coincide o almen e con la conciencia social, po que es
única y exclusi amen e el p oduc o de la misma.
La esis webe iana de los e ec os pe e sos esul a demoledo a pa a las
espe anzas de una descosi icación del mundo social que sos u ie on Ma x o
Lukács, y en gene al pa a odo plan eamien o de aíz ilus ada o posi i is a
sob e la posibilidad de un con ol écnico o al de lo social-his ó ico (c .
Poppe , 1944 y 1945; Hayek, 1944; Boudon, 1977; Lamo de Espinosa,
1990). Es on ológicamen e imposible es ablece ese con ol acional de nues-
a exis encia social, imp imi esa di ección acional a la his o ia con la que
soñaban ilus ados y ma xis as, pues nunca pod emos con ola o almen-
e los e ec os pe e sos de nues as acciones. Es o in oduce ambién cie -
o escep icismo espec o de cualquie e o ma social a g an escala e inspi a
lo que Poppe (1944, 1945) llamaba «ingenie ía social agmen a ia», con su
p oceso de «ensayo y e o ». Lo cie o es que odos los in en os de c ea
sociedades «plani icadas», capaces de cons ui lib e y conscien emen e la
his o ia como un «suje o colec i o», se han es ellado con a el mu o de la
«pa adoja de los e ec os» webe iana. La conclusión que hoy podemos saca
es que aunque la ealidad social, a di e encia de la na u al, sea p oduc o de
nues a acción, de ello no se sigue necesa iamen e que se pueda descosi ica o al-
men e ni que pueda se pues a bajo nues o con ol (y menos, como ha is o
Habe mas, en sociedades que han alcanzado un g ado ele ado de comple-
jidad y di e enciación in e nas). En es e pun o se ha hecho e iden e hace
ya iempo que Webe enía azón y Ma x, no10.
¿Quién eme al indi idualismo me odológico? Pape s 69, 2003 119
10. Como a i ma Lindblom (2000: 173), «cualquie a que sea el sis ema social en que se i a,
oda in e dependencia social gene a ineludiblemen e una abundancia de e ec os ex e -
nos. […] Incluso en una u opía quizás se pe mi ie an muchos ipos de ex e nalidades
pape s-69 9/11/2004 20.29 Página 119
c) Po úl imo, puede habe con adicciones o incompa ibilidad en e di e-
en es obje i os no ma i os incluso aunque ue an comunes, como la libe -
ad, la igualdad o de e minados alo es comuni a ios, de mane a que las
ganancias en uno de ellos se paguen a cos a de alguno de los demás (Van
Pa ijs, 1996; Domènech, 1996). Se necesi a ía algún mecanismo ins i u-
cional pa a pode es ablece un equilib io óp imo acep able pa a odos,
algo que esul a impensable. Pa a empeza , se ía imposible euni y p oce-
sa adecuadamen e oda la in o mación necesa ia pa a pode es ablece
dicho mecanismo (Hayek, 1944). Pe o aunque al cosa uese posible, el
eo ema de imposibilidad de A ow (1951) supuso g a es di icul ades pa a
nociones como las del «bien común» o el «in e és gene al», en endidas de
o ma holis a11. Como a gumen ó Hayek, el con enido conc e o de es as
nociones siemp e iene que acaba siendo de e minado, i emisiblemen e,
po algunos indi iduos, con lo que sólo hay dos opciones abie as: o bien la
i anía, o bien el abandono del holismo, en endiendo en odo caso el «in e-
és gene al» como un ag egado de p e e encias indi iduales, incluso aun-
que se exija que se hayan o mado de una cie a mane a (como hacen Els-
e , Habe mas o Rawls).
En suma, dada la exis encia de di e en es escalas de alo es y p e e encias,
nunca pod emos consegui un mecanismo ins i ucional que pe mi a a mo-
niza odos esos dis in os conjun os de p e e encias indi iduales en una sola
esul an e a mónica, como el «in e és común» o la « olun ad gene al» de
Rousseau. Pe o si pudié amos, da íamos luga a una sociedad o ali a ia
donde la mayo ía de los indi iduos hab ían desapa ecido como ales. Y, a
di e encia de lo que pudie an pensa algunos ma xis as como Ma cuse, una
hipo é ica si uación de abundancia ma e ial no ha ía las cosas di e en es:
segui ían exis iendo deseos con luyen es en busca de bienes inma e iales
como el econocimien o o el p es igio —que son escasos po de inición—
o de bienes posicionales (Hi sch, 1976), es o es, aquéllos cuyo alo depen-
de de que no sean dis u ados po odos los demás. Supone que cambian-
do las condiciones sociales cambia ían los deseos de los indi iduos en al
sen ido equi ale a anula o almen e la e icacia causal de los mismos en la ea-
lidad social.
120 Pape s 69, 2003 José An onio Nogue a
impo an es, pues o que di ícilmen e pod ía se deseable una sociedad en la que las gen-
es es u iesen an aisladas como pa a que nunca, inad e idamen e, se pe judicasen unas
a o as». El «mal social», sea és e lo que sea, es á ligado i emisiblemen e a la con i encia
en común.
11. El eo ema de imposibilidad de A ow mues a ma emá icamen e que no exis e mecanis-
mo de elección social alguno capaz de espe a a un mismo iempo una se ie de condicio-
nes azonables, en e las que se cuen an la democ acia, la consis encia o la conside ación
de odas las escalas indi iduales de p e e encias. Es cie o, sin emba go, que en los úl imos
cincuen a años muchos ilóso os y economis as han a ado de eplica al mismo (c . Domè-
nech, 1996: 207 s.), aunque ninguno de ellos desde nociones ingenuamen e holis as del
«in e és gene al».
pape s-69 9/11/2004 20.29 Página 120
En de ini i a, el IM esul a demoledo pa a las adiciones ingenuamen e
«descosi icado as», «plani icado as» o «colec i izado as» de la ida social, al
implica que siemp e hab án isiones dis in as de la «buena ida» y es uc u-
as si uacionales que p omo e án esul ados no buscados. Es o es lo que ha
impulsado a los ma xis as analí icos a hace p opues as de e o ma social que
puedan se iables écnica, económica, polí ica y psicológicamen e, en luga
de ia sus espe anzas a en elequias como la «dialéc ica his ó ica», el «homb e
nue o» o la « e olución pe manen e».
Añadamos, pa a e mina es a sección, que el holismo, a di e encia del IM,
no es incompa ible con la u opía, y, de hecho, se pod ía deci que cualquie
u opía necesi a de alguna clase de holismo pa a unciona eó icamen e. El
indi idualismo, incluso el libe al, nunca ue u ópico: nunca des e ó el con-
lic o, el pode y la insa is acción de su imagen ideal de la sociedad. Incluso
cab ía a i ma que una u opía indi idualis a es un absu do eó ico y concep ual,
una con adicción en los é minos. La posibilidad de la libe ad y la idea de un
indi iduo (pa cialmen e) au ónomo —que son implicaciones del IM— depen-
den p ecisamen e de abandona cualquie ipo de u opía12.
5. Algunas posibles c í icas al indi idualismo me odológico
T as habe dado cuen a de las p incipales implicaciones del IM, p ocede é a
con inuación a discu i b e emen e algunas de las p incipales c í icas unda-
men adas que se le han hecho, alo ando su adecuación y plausibilidad, así
como has a qué pun o soca an la solidez del IM como supues o básico de la
ciencia social.
5.1. Las de e minaciones sociales
En p ime luga , una de las c í icas más ecuen es al IM consis e en ae a
colación su escasa idoneidad pa a es udia las de eminaciones sociales o «es uc-
u ales» de la acción, algo que ha cons i uido adicionalmen e una de las p in-
cipales ocupaciones de los sociólogos. Con iene p ecisa en qué debe ía con-
sis i es a acusación pa a ene algún undamen o a la luz de odo lo que hemos
is o: no se a a de acusa al IM po que no enga en cuen a la exis encia de
de e minaciones o cons icciones a la acción indi idual; ya imos que el IM
no implica pa a nada el supues o de omnipo encia o de o al libe ad o au o-
nomía de los indi iduos; le bas a con algún g ado de libe ad o algún ma gen
de elección, po pequeño que sea. La c í ica consis e más bien en que la exis-
encia y apa iencia «solidi icada» de dichas cons icciones o de e minaciones
ha sido adicionalmen e muy di ícil de explica y o mula en é minos con-
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12. Incluso el ana quismo, como posible u opía indi idualis a, a menudo p esupone dogmá-
icamen e la con e gencia de los indi iduos hacia un óp imo social: en la medida en que
lo haga, es en onces also indi idualismo, pues p esupone cuáles se án los esul ados ag e-
gados de las acciones indi iduales en una sociedad «lib e».
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sis en es con el IM (es o es lo que ha dado luga al amoso deba e acción-es uc-
u a en la eo ía social del siglo XX).
Aunque al deba e no es é aún ce ado del odo, sí que pod íamos suge i
que los ecu sos a disposición del IM no le si úan de en ada como pe dedo
en el mismo. Pa a empeza , muchos cien í icos sociales que adop an el IM han
in en ado explica la o mación e in luencia de ales de e minaciones en é -
minos consis en es con és e; po ejemplo, Els e (1979, 1983, 2000a) ha explo-
ado los p ocesos de o mación de las p e e encias a pa i de la es uc u a de
la si uación, o cómo la debilidad de la olun ad puede es a más o menos de e -
minada po el conjun o de opo unidad, o incluso la p oducción ins i ucio-
nal de cons icciones di igida p ecisamen e a e i a esa debilidad. Asimismo,
Boudon (1977, 1979, 1984) nos ha o ecido muchos ejemplos de explicación
de cons icciones es uc u ales a pa i de conca enaciones de acciones indi i-
duales. Incluso un au o c í ico con el IM como An hony Giddens (1984) ha
mos ado cómo las de e minaciones o cons icciones no ope an nunca inde-
pendien emen e de la agencia humana —y po an o, añadi íamos, necesi an
de algo como el IM pa a se explicadas, aunque Giddens no lo econozca—. En
es e sen ido, las ins i uciones o «es uc u as» siemp e son, a la pos e, p ác icas
de indi iduos, incluso aunque es én pa cialmen e coaccionadas po las de o os
indi iduos (que, a su ez, es án coaccionadas po las de o os, y así sucesi a-
men e). En de ini i a, y como a gumen ó Boudon (1979), es á lejos de se
e iden e que la sociología sea sólo la ciencia de las de e minaciones sociales
(como a eces pa ece suge i Bou dieu).
5.2. El lenguaje
¿Cómo explica el lenguaje en é minos de IM? Dicho enómeno, cen al pa a
la ida social, es p obablemen e uno de los que más se han esis ido adicio-
nalmen e a se explicados desde ales plan eamien os, y eó icos como Habe -
mas, Mead o Wi gens ein han in en ado abo da lo desde una pe spec i a
holis a. El lenguaje p eexis e a cualquie indi iduo, nadie lo c ea in encional-
men e, no exis en lenguajes p i ados y sus eglas e an aplicadas co ec amen-
e aun an es de que exis iesen a ados de g amá ica. Incluso así, y nue amen-
e, no odo es á pe dido pa a el IM si a endemos a la eo ía de los ac os de
habla de Sea le (2002), a la iloso ía del lenguaje de Da idson (1984) o a la
biología y la psicología e oluciona ias y las eo ías con empo áneas de la e o-
lución cul u al (Shennan, 2002; Ba kow, Cosmides y Tooby, 1992; Fiske,
1991). De hecho, el lenguaje pod ía conside a se como un ipo especí ico de
eglas o no mas sociales seleccionadas e olu i amen e (González, 2000),
e incluso, pa a deci lo con las palab as de Sea le, como una clase especial de
«asignación de unción de es a us» (donde los sonidos o las insc ipciones ísi-
cas son «hechos b u os» a los que p ác icas y decisiones indi iduales asignan
un de e minado «signi icado»). E iden emen e, y a pesa de lo que se haya
podido pensa , pa ece di ícil explica el lenguaje como algo di e en e de una
capacidad o p opiedad de indi iduos humanos, y ello aunque explica su e o-
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lución y sus asgos como esul ado de las conca enaciones de ac os de habla
indi iduales esul e una a ea ingen e y ma e ialmen e i ealizable.
5.3. El educcionismo
Teó icos como Bunge (2000a y 2000b), Be ge y O e (1982) o Le ine, W igh
y Sobe (1986-1987) han echazado el IM po se excesi amen e educcionis-
a en cuan o a las en idades o unidades que deben admi i se como explica i as
en ciencias sociales. Todos ellos adop a ían así pos u as an i educcionis as
pe o no holis as, po las cuales se ía posible u iliza concep os como «ins i u-
ciones» o «clases sociales» como legí imamen e explica i os, sin necesidad de
ene que o mula sus mic o undamen os en é minos de IM.
En ealidad, la espues a a la cues ión de si odos los hechos sociales se
deben (o se pueden) educi a hechos sob e indi iduos (o a sus p opiedades,
elaciones o es ados men ales) depende en g an pa e de lo que en endamos
po « educi a», es o es, del c i e io de educibilidad que usemos. Es ácil ad e -
i que hay al menos dos c i e ios posibles:
1) Un c i e io me amen e lingüís ico o semán ico, según el cual pa a desc ibi lin-
güís icamen e muchas p ác icas o enómenos sociales necesi amos hace uso
de é minos que no se e ie en es ic amen e a indi iduos (como « eglas»,
« oles», «es a us», «ins i uciones», e c.), y cuya de inición obliga o ia en é -
minos de IM nos pod ía lle a mucho más iempo y es ue zo del que se ía
azonable. Además, ales é minos poseen muchas eces e icacia causal en
la explicación de las in enciones o deseos de los p opios indi iduos (po
ejemplo «la ley», o «un banco», o «la in lación» pueden ac ua causalmen e
sob e mis p e e encias y decisiones de acción, sin necesidad de que enga
p esen e que no son más que ag egados de acciones indi iduales); luego,
lingüís icamen e hablando, un IM « adical» o «es ic o» no pa ece dema-
siado sos enible13 (Mandelbaum, 1955; Lukes, 1967 y 1973a; Giddens,
1984: 220-21).
2) Un c i e io on ológico, ya de inido más a iba, según el cual no exis en obje-
i amen e en la ealidad social en es sup aindi iduales independien es de
los indi iduos y que sean acep ables como explica i os: una clase social (o una
ins i ución) no es on ológicamen e más que la suma de indi iduos que la
componen, sus p opiedades, elaciones y es ados men ales. En es e sen ido,
13. Así, Webe ad e ía que la in e p e ación sociológica de la acción «se e obligada con e-
cuencia a abaja con concep os semejan es [es o es, con concep os «sup aindi iduales»
como los de «es ado», « undación» o «emp esa»] […] con el in de log a una e minología
in eligible» (1922: 12), ya que «aunque se ía posible, no sin cie a pedan e ía y p olijidad,
que la e minología de la sociología elimina a es os concep os del lenguaje usual» (ci .: 13),
aun así queda ía el hecho de que los ac o es indi iduales se los ep esen an como en ida-
des eales que pueden ene e icacia causal sob e su conduc a.
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odos los hechos sociales se ían on ológicamen e —si no lingüís icamen e,
po mo i os p agmá icos— educibles a indi iduos, sus acciones y es ados
men ales, con lo que el IM queda ía a sal o. E ec i amen e, hablamos de
un «banco» o de la «in lación» como de algo con e icacia causal sob e nues-
os ac os, pe o: a) on ológicamen e sólo son ag egados de acciones indi i-
duales y obje os ísicos; b) deben pode se ep esen ados men al y lingüís-
icamen e po (al menos algunos) indi iduos pa a pode ene alguna e icacia
causal (Sea le, 1995).
En es e sen ido, los an i educcionis as como Le ine, Sobe y W igh pa e-
cen adop a únicamen e un c i e io de educibilidad lingüís ico y p agmá i-
co, no on ológico, con lo que su dis ancia espec o del IM no se ía de hecho an
amplia. Al IM le bas a que se sal e el educcionismo en é minos on ológi-
cos14.
Hay sin emba go una úl ima cues ión a es e espec o, una cues ión que
explica g an pa e del echazo que el IM ha su ido po pa e de los sociólogos
desde Du kheim: ¿supone el IM que la sociología pe de ía su especi icidad
como ciencia, quedando educida a una a iedad de la psicología, o incluso
disuel a en ella? No se ol ide, en es e sen ido, la ci a de Du kheim que se ajo
a colación más a iba, según la cual la sociología e a en el ondo una «psico-
logía especial». Sin emba go, cabe de ende —i ónicamen e, con a Du kheim—
que el IM no iene po qué disol e la sociología en psicología, y que el ámbi o
enoménico que la sociología a a de explica excede con c eces el mundo de
los es ados men ales: es o es así po que, como se ha ido epi iendo en es e
ex o, lo sociológicamen e in e esan e es cómo las conca enaciones de accio-
nes p oducen e ec os pe e sos o no que idos, cómo o man «ins i uciones» y
cómo se ag egan gene ando di e sas «lógicas si uacionales» (Boudon, 1979;
Sea le, 1995; O eje o, 1989; Poppe , 1944, 1945)15. Cla amen e, és e es un
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14. El in en o de Le ine, Sobe y W igh de de ende un «an i educcionismo» a medio camino
en e el holismo y el IM acasa además po o a azón: si el «an i educcionismo» a i ma que
exis e «algo» que esul a on ológicamen e i educ ible en é minos de IM —a sabe , las «p o-
piedades de las en idades sociales globales»—, en onces ¿qué le aleja del holismo que pos u-
laba un mis e ioso «algo más» en los enómenos sociales? Le ine, Sobe y W igh sucumben,
una ez más, a la c eencia e ónea ya comen ada de que las «p opiedades eme gen es» o «e ec-
os de composición» suponen una e u ación del IM (c . 2.1, sup a); pe o, si eso uese cie o,
no se e cómo e i a el ecu so a la «mano di ina» y a la me a ísica. Los au o es a i man que
«las educciones ipo [en ciencias sociales] se ían posibles si la elación en e los enómenos
sociales y las p opiedades indi iduales ue a como la elación en e el agua y el H2O» (1986-
1987: 147); pe o el caso es que así es ( ecué dense las obse aciones de Webe o Pa e o que
se ecogían en la no a 4, más a iba). Po el con a io, sos ienen la ex aña esis de que cual-
quie «mues a» o ejemplo conc e o de un « ipo» concep ual, sí que puede se educible: pe o
en onces o bien ol emos a un c i e io de educibilidad pu amen e lingüís ico o bien, sim-
plemen e, el ipo es aba mal cons uido, de inido o aplicado, po que no pa ece posible que
odas sus «mues as» sean educibles y el ipo mismo no lo sea.
15. Ya Webe (1903-1906) a i maba que la in e p e ación sociológica de la acción no equie e
ni un ápice de psicología; éase, sin emba go, Els e (2000c) pa a una isión más in e dis-
ciplina ia, aunque ampoco psicologis a.
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campo de análisis especí ico pa a los sociólogos, quienes no debe ían po an o
eme que el IM les haga pe de su empleo o les obligue a ecicla se p o esio-
nalmen e como psicólogos (po o o lado, los economis as a ines al IM nunca
han sen ido —y con azón— ese emo ).
5.4. Las no mas sociales
Una acusación mucho más se ia es, en cambio, la de que el IM iene di icul ades
pa a explica las no mas sociales y la acción egulada po és as (Giddens, 1982;
Habe mas, 1992, 1988), y iende, po an o, a igno a su papel en la ida
social; el su gimien o y man enimien o de las no mas sociales es un p oblema
pa a la eo ía social en gene al, pe o pa ece que el IM impone mayo es exi-
gencias pa a esol e lo que o os supues os me odológicos. Aunque es o sea
cie o, ambién lo es que, en los úl imos años, eó icos como Els e (1989,
1997) o Sea le (1995, 2000) han a ado de in eg a la cues ión de las no mas
sociales den o del pa adigma analí ico y del IM, con esul ados sumamen e
in e esan es (c . ambién Coleman, 1988; González, 2000; Ande son, 2000;
He e os y De F ancisco, 2001). En p incipio, y dado que, como se dijo, el
IM no implica necesa iamen e el acionalismo o la elección acional, no debe-
ía habe ningún p oblema eó ico pa a que las acciones o ien adas no ma i-
amen e —sean és as lo que sean— ue an es udiadas en é minos de IM.
Los pa ida ios del IM pod ían eplica a es a acusación, con Wi gens ein
o Sea le —y con a Bou dieu—, aduciendo que pa a que una conduc a pueda se
desc i a como «siguiendo una no ma», quien la ejecu a debe se conscien e de
que hace al cosa, pues de o o modo su conduc a pod ía se semejan e a la de un
lo o que epi e palab as sin sabe po qué o po casualidad. Segui una no ma
(como algo di e en e de un compo amien o acional-es a égico o de una me a
eacción o conduc a e leja) exige conoce la conscien emen e y ac ua con el
obje i o deon ológico de segui la, no como esul ado de una in luencia causal: y
en ese caso es necesa io que la conduc a haya sido gene ada in encionalmen e
po los indi iduos, siendo po an o su explicación consis en e con el IM. Algu-
nos eó icos analí icos han in en ado explo a es a ía de de ensa:
— Así, Els e (1997, 1989) a i ma que las no mas son un p incipio gene a-
do de la acción sólo cuando pasan a a és de la conciencia pa a gene a
esa acción (de o o modo no hab ía acción sino eacción, y no se ía posible
desobedece las o aplica las inco ec amen e, ni end ía sen ido alguno san-
ciona a quienes las incumplen).
— Pa a Sea le (2000), po su pa e, la aplicación de no mas in oluc a que
ope en azones independien es del deseo o «mo i ado es ex e nos», que son
consis en es con el IM debido a su ca ác e de azones. Sea le busca así e i-
a la zombie iew de que podemos hace habilidosa o i uosamen e algo
(como aplica no mas) sin se conscien es en absolu o de que lo es amos
haciendo (algo que, po ejemplo, pa ece implica el ex emadamen e ambi-
guo concep o de habi us de Bou dieu). Las no mas sólo son seguidas —en
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