Rita Miliūnaitė. „Dabartinės lietuvių kalbos vartosenos variantai“
Full text
RITA MILIŪNAITĖ
VARIANTES DE USO DEL LITUANO ACTUAL
Vilnius: Lietuvių kalbos institutas, 2009, 248 p.
El libro reseñado de Rita Miliūnaitė, segunda monografía de la autora, es, diríamos, una continuación deliberada de la primera (Fundamentos de la normalización de la gramática de la lengua lituana, 2003). Ya en aquella monografía se analiza el concepto de variante gramatical, la clasificación de dichas variantes; se distinguen las variantes formales y funcionales, se describen las relaciones distribucionales y los grados de valoración de las variantes; ya allí se definen las variantes desde la perspectiva del uso de la lengua estándar, y no del sistema lingüístico, es decir, en un sentido muy amplio (véase Miliūnaitė 2003: 38, n. 17). Ahora esa concepción queda fijada en el término variantes de uso, que abarca todos los tipos de variantes. Al abordar la cuestión de si las variantes son un fenómeno de la lengua o del habla, la autora considera aceptable la perspectiva de que la variación está codificada en el sistema y, cuando es necesario, se realiza en la estructura (se apoya en la postura de Aldonas Pupkis); de ahí se deriva la concepción del fenómeno estudiado: «Esta perspectiva permite separar en cierta medida la variación, como característica de la lengua, de su relación directa con el sistema y la norma, y considerar las variantes como manifestaciones concretas de esa característica en el uso.» (p. 124; énfasis de la autora).
El objeto de estudio es sumamente actual, pues abundan las variantes (sobre todo las entendidas en sentido amplio) en todos los niveles de la lengua viva, y aparecen continuamente otras nuevas. La escuela necesita las conclusiones y los datos de la investigación sobre las variantes; es necesario familiarizar a los alumnos con las variantes de uso más características de su entorno y enseñarles a valorarlas y elegir entre ellas: «Una clasificación de variantes más amplia es importante no solo para los estudios del uso, sino también para la metodología de la enseñanza de la lengua estándar, pues en las escuelas todavía se habla más de errores lingüísticos que de cómo valorar, en general, las distintas manifestaciones de la variación en el uso» (p. 176). El carácter y el propósito de los estudios descritos en la monografía se expresan con bastante precisión en las siguientes afirmaciones: «En este trabajo, la variación se relaciona principalmente con las normas lingüísticas y su funcionamiento en el uso: con los cambios, las fluctuaciones y las transgresiones de las normas. Sin embargo, cabe subrayar que lo que se tiene en cuenta no es la variación de las normas lingüísticas, sino la variación entendida en un sentido más amplio, que abarca tanto fenómenos normativos como no normativos que var-
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ían en el uso» (pp. 119–120); «el estudio exploratorio realizado sobre el uso y sus variantes constituye la base para elaborar, a partir de los datos disponibles en esta ficha, un repertorio de variantes» (p. 219). La ficha mencionada en la última oración es la Ficha del uso actual, que la autora de la monografía y su familia llevan varias décadas recopilando (de forma más sistemática, desde 1988) a partir de medios de comunicación escritos, fuentes de internet y otros ámbitos del uso público (pp. 92–113, 156). El libro también se basa en los datos de esa ficha. Aunque la autora señala que el funcionamiento de las variantes en el uso y sus relaciones no son objeto directo de esta monografía, sino de una investigación posterior (pp. 160, 220), ya en esta obra presenta los rasgos funcionales generales de las variantes que se ponen de manifiesto en el uso (ella misma los califica de hipotéticos, p. 160), describe los conjuntos de variantes que se forman en el uso (pp. 197–199) y vuelve a plantear la problemática de las relaciones distribucionales entre variantes (pp. 199–201).
El libro consta de dos partes: «El uso actual y sus fenómenos» (pp. 15–113) y «Variantes del uso» (pp. 115–214). La primera parte (4 capítulos) aborda el concepto de uso, las características del uso actual de la lengua lituana, la naturaleza de la investigación sobre los fenómenos del uso y su registro; la segunda (3 capítulos) presenta la concepción de la variación, analiza sus manifestaciones y examina las relaciones entre las variantes. Todos los capítulos concluyen con recapitulaciones, y la monografía, con unas observaciones finales. El libro incluye 17 figuras (en su mayoría, esquemas) y 9 tablas. Estas muestran claramente cómo la autora busca no solo una clasificación coherente de los fenómenos lingüísticos, sino también que las conclusiones y generalizaciones científicas sean evidentes.
Al examinar diversas cuestiones teóricas de la variación, la autora tiene siempre presente el repertorio de variantes del uso actual de la lengua lituana, que ha elaborado y está preparando para su publicación; por ello, es razonable considerar la monografía un sólido fundamento teórico para dicho repertorio (la propia autora señala que las cuestiones teóricas de la variación en el uso se examinan esencialmente en la segunda parte). El capítulo 1.4 de la primera parte («Registro de los fenómenos del uso», pp. 92–113) constituye una descripción preliminar de ese repertorio, una especie de introducción al repertorio futuro: aquí se analiza su índice y se incluye un extracto del mismo (pp. 108–109). La base para elaborar el repertorio es la forma de las variantes y sus rasgos estructurales (p. 177).
¿Cómo se entiende el objeto principal de estudio de la obra, las variantes de uso? «La monografía se basa en la concepción más amplia de la variación, que permite abordar objetivamente los fenómenos variables del uso, sin una postura valorativa, necesaria más adelante, en el trabajo normativo, una vez establecidas las propias relaciones entre los fenómenos variables en el uso» (p. 217). Siau-
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Para ilustrar una concepción estrecha y amplia de la variación, resulta especialmente ilustrativo el ejemplo de variantes derivativas voveruška: voveraitė. Tras mostrar cómo fue cambiando la valoración del híbrido voveruška en las distintas ediciones del Dabartinės lietuvių kalbos žodynas (en la edición de 1954 voveruška todavía se consideraba una norma sinónima; en 1972 se vinculó mediante una referencia con voveraite, y desde la edición de 1993 el híbrido ya se considera inadecuado para la lengua estándar, con la marca ntk.), la autora afirma: «En el uso público, voveraitė con este significado [de hongo] es ahora también una norma ejemplar evidente. Así pues, según la concepción estrecha de variante, voveruška ir voveraitė fueron variantes al mismo tiempo, pero luego desapareció la relación de variación entre ellas. Según la concepción amplia de variante, voveruška ir voveraitė se consideran variantes de uso». (p. 152). La autora incluye entre las variaciones muchos elementos lingüísticos de igual significado, tradicionalmente considerados sinónimos (léxicos o gramaticales), por ejemplo: procentas ir nuošimtis, leidykla „Versmė“ ir „Versmės“ leidykla (p. 207; entre las variantes morfológicas, por ejemplo, se cuentan las construcciones en singular y plural en competencia piešinio: piešinių [concurso] (p. 172); entre las variantes sintácticas, las expresiones sprogusi bomba sugriovė [sandėlį]: sprogo bomba ir sugriovė [sandėlį] (p. 173).
Se distinguen dos tipos de variantes: de forma y de significado (p. 214). Se denominan variantes formales los casos en que varía la forma de una misma unidad lingüística, pero el significado no cambia; estas variantes pueden diferir en sus rasgos funcionales (estilísticos). Esto, podríamos decir, constituye la concepción estrecha de las variantes lingüísticas, que cuenta con cierta tradición en nuestra lingüística. Los lingüistas que siguen este uso del término procuran delimitar las variantes con la mayor claridad posible frente a los sinónimos. Se denominan variantes de significado las distintas unidades lingüísticas que sistemáticamente tienen el mismo significado o función (por ejemplo, sinónimos absolutos), o bien unidades en las que una de ellas, además de su significado propio, adquiere en el uso el significado de la otra. Las variantes del segundo tipo amplían considerablemente el concepto de variación. No puede pasarse por alto que la autora habla también de variantes léxicas de significado cercano: «Sobre la base de significados iguales o muy cercanos varían las unidades léxicas: palabras o combinaciones de palabras lexicalizadas, a menudo fijadas». (p. 164), y resume así sus planteamientos: «se consideran variantes del uso actual de la lengua lituana los fenómenos lingüísticos que tienen el mismo significado o uno muy cercano y se repiten regularmente, entre los cuales se establecen en el uso relaciones de variación, es decir, la posibilidad de sustituirse mutuamente.» (p. 177; énfasis de la autora).
La concepción de variante adoptada permite a la autora vincular la labor tradicional de normativización lingüística con el enfoque sociolingüístico de los fenómenos de variación en el uso.
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(pp. 151–153, 215). El carácter sociolingüístico de la investigación se fundamenta en varios pasajes del libro. Por ejemplo, se señala que «en la labor de normativización de la lengua lituana estándar, al aspecto evaluativo le han faltado precisamente hasta ahora vínculos más estrechos con los estudios del uso real» (p. 217); también se muestra la relación entre la sociolingüística, la planificación lingüística y la cultura de la lengua (pp. 121–122). A la autora le ayudan a buscar y encontrar esos vínculos no solo su conocimiento de los trabajos sociolingüísticos contemporáneos de otros países, sino también su profundización en la tradición de normativización de la lengua lituana estándar (a ello se dedicó esencialmente la primera monografía) y su atención a los trabajos antiguos y actuales de lingüística lituana. Esta es una cualidad especialmente valiosa hoy, cuando más de un lingüista lituanista de las generaciones jóvenes (con mayor frecuencia, una lingüista lituanista) es capaz de mirar su lengua materna solo con ojos ajenos.
Una característica destacable de la monografía es el esfuerzo por ordenar la terminología lingüística variable y, cuando hace falta, proponer términos nuevos. Se revisa ligeramente la terminología de los estilos funcionales. El estilo que en la lingüística lituana recibe distintas denominaciones —kasdieniniu buitiniu, šnekamosios kalbos stiliumi, simplemente buitiniu o šnekamuoju— se denomina en la monografía kasdienis (p. 42); cabe recordar que precisamente este término le parecía más cómodo a Bronius Savukynas que kasdieninis buitinis (véase Savukynas 1977: 19, n. 2). Se propone un término para denominar los miembros de un conjunto de variantes: «A todos los demás miembros del conjunto de variantes, salvo el principal, se los podría llamar variantes atliepiamaisiais»; en este caso no sería adecuado el término šalutiniai variantai, pues será necesario en una etapa posterior del estudio de las variantes «para describir la desigualdad de las variantes con respecto a las normas» (p. 198). Se procura construir un sistema terminológico coherente, ante todo para los términos que en nuestra lingüística se usan con significados parecidos, a menudo indistintamente. En la sección «Manifestaciones de la variación» se analizan términos que expresan conceptos afines (variantai, dubletai, sinonimai, konkurentai, atitikmenys ir pakaitai) y los distintos conceptos que designan (pp. 140–196). Como es natural, el examen más exhaustivo se dedica al concepto de variante: sus acepciones más estrecha y más amplia, los rasgos estructurales y funcionales de las variantes y su clasificación (pp. 140–177; véase también pp. 201–211 sobre los tipos de variación). La realización de un invariante —un conjunto de variantes y las relaciones que se establecen entre ellas— se denomina variacija (p. 163, n. 98; 201). La autora define la variantiškumą como «la propiedad más general de los fenómenos lingüísticos de presentar regularmente, en un mismo contexto, un significado idéntico o muy similar, o de cumplir una función idéntica o parecida; en otras palabras, la posibilidad de sustituirse mutuamente.» (p. 192; énfasis de la autora).
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Las manifestaciones más importantes de la variación son las variantes y los sinónimos; se exponen distintas perspectivas sobre la relación entre estos conceptos (p. 132). El rasgo principal de los sinónimos y de las variantes entendidas en sentido amplio es la comunidad de significado entre unidades lingüísticas de expresión distinta (p. 181). La autora examina a fondo la cuestión de la diferencia entre sinónimos y variantes (pp. 180–188), llega a ciertas conclusiones, pero, tras subrayar que se trata de una cuestión difícil de desenredar (p. 183), no se propone «desenredarla» por completo. Una cosa está clara: las variantes de uso entendidas en sentido amplio abarcan parte de los fenómenos lingüísticos que hasta ahora solían adscribirse a la sinonimia (p. 128); los sinónimos «se incluyen en el ámbito de las variantes esencialmente en la medida en que guardan relación con la normatividad» (p. 194). También forman parte de las variantes los fenómenos no normativos, pero no sería apropiado considerarlos sinónimos sistemáticos, pues son manifestaciones de otros sistemas, no del de la lengua estándar. De ahí que se afirme: «Fenómenos no normativos semejantes [se habla de la construcción dėti ant keptuvės, empleada con el significado de “poner en la sartén”] plantean la cuestión de si pueden considerarse objeto de estudio de la sinonimia sintáctica». (p. 185). La autora opina que en este caso estaría justificado el término sinonimų, «[s]i entendemos los sinónimos en sentido amplio —como fenómeno del uso general (no solo de la lengua estándar)—, entonces, con respecto a las normas de la lengua estándar, los sinónimos pueden relacionarse como norma y uso motivado no normativo» (p. 193, n. 112). Desde luego, los recursos lingüísticos no codificados pueden considerarse sinónimos contextuales o situacionales. La autora parece desarrollar la afirmación de Aldonas Pupkis de que «la variación y la sinonimia no son fenómenos estrictamente autónomos y completamente separados; en ciertos puntos se cruzan, se entrelazan, y en la evolución de la lengua unos pueden convertirse en otros» (p. 132), y afirma: «Con el tiempo, algunas variantes adquieren ciertos matices y rasgos adicionales, y dejan de ser variantes en competencia para convertirse en recursos expresivos sinónimos» (p. 90). A propósito de los sinónimos, cabe señalar un pequeño detalle. La monografía recuerda que en la lingüística lituana los grupos de sinónimos suelen llamarse sinonimų eilėmis o sinonimų eilutėmis; entre los lingüistas que emplean el último término solo se menciona a Alvydas Umbrasas (2004) (p. 197). Sé bien que este término fue propuesto por Stasys Keinys, quien lo prefiere, en comparación con la expresión sinonimų eilė (véase también el artículo suyo titulado sinonimų eilutė; la referencia a este artículo aparece junto al término sinonimų eilė en KTŽ 1990: 183).
En la primera monografía de la autora, la competencia entre recursos lingüísticos apenas se mencionaba (véase Miliūnaitė 2003: 40; 57, n. 32; 167), mientras que ahora se ha convertido en uno de los conceptos centrales de la variación (pp. 188–190); se habla de la competencia entre variantes y de sus grados (pp. 211–213). Los lingüistas lituanos emplean los términos kon-
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la alternancia, la competencia se utilizan sobre todo al tratar el cambio lingüístico, casos en los que un medio de expresión desplaza a otro del uso, especialmente cuando, en lugar de la variante recomendada para la lengua estándar, se emplean variantes no recomendables y no codificadas. Así pues, se trata de una perspectiva claramente diacrónica. Precisamente esa perspectiva expuso en su día Aleksas Girdenis: el término competencia «se usa ampliamente en la lingüística diacrónica <...>. <...> normalmente, algunos fenómenos lingüísticos compiten durante cierto tiempo. Por ejemplo, existía una construcción de dativo con participio, el dativus absolutus, y luego cedió su lugar a la construcción de gerundio. Esta es una competencia en sentido verdaderamente diacrónico»; los fenómenos de competencia entendidos sincrónicamente «podrían describirse mediante una oposición estilística. Me imagino casos como estos: La gente llegó cantando y La gente cantó al pasar» (citado de la transcripción taquigráfica de la intervención de Aleksas Girdenis en la reunión del comité de habilitación de la Universidad de Vilna, el 8 de febrero de 1996).
Rita Miliūnaitė no es tan categórica; considera que los mismos términos de competencia pueden designar conceptos algo diferentes en la cultura lingüística y en la estilística: «en estilística, la competencia se desplaza de las relaciones entre fenómenos lingüísticos, que se desarrollan en el uso a lo largo de un período prolongado, a la competencia entre recursos expresivos en el momento de elegirlos» (p. 189); «a diferencia de lo que ocurre en estilística, las variantes no se consideran competidoras en el momento de elegirlas para su uso, sino cuando, en el uso y en un contexto definido, se emplean regularmente de manera alternada, sin tener en cuenta su relación con la codificación» (p. 190). Conviene recordar aquí brevemente, basándonos en publicaciones más recientes, la concepción de la competencia en la lingüística checa, pues de ella se adoptó esta concepción en la estilística lituana. Los lingüistas checos también entienden la competencia de dos maneras: como un proceso en el que un recurso sinonímico desplaza a uno o varios recursos expresivos, o como la preferencia por un recurso expresivo frente a otros sinonímicos. Así pues, la competencia se entiende como un fenómeno dinámico que puede estudiarse como proceso de cambio o a partir de sus consecuencias y manifestaciones «en el corte sincrónico de la lengua». Por eso se distingue entre competencia y paralelismo (paralelnost) de los recursos lingüísticos. Los lingüistas que adoptan este punto de vista no hablan de competencia cuando se refieren a evidentes coexistencias de recursos dobles (paralely) que expresan cierto significado o cumplen cierta función. En la lingüística checa actual, por lo general ya no se distinguen competencia y paralelismo; la competencia se define como el uso de recursos diferentes para expresar el mismo contenido y como una posibilidad desde el punto de vista del sistema, es decir, como el conjunto de recursos lingüísticos que el sistema pone a disposición para un acto comunicativo o para distintos tipos de comunicación (véase Martincová 1997: 161; Jelínek 2002: 223).
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Al desarrollar la idea de la competencia entre recursos expresivos, también convendría reflexionar sobre el conjunto de términos de trabajo derivados del verbo «competir». Ya se han asentado y no suscitan dudas los términos «competidores», «que compiten» (variantes), «competencia», y quizá también «competitiva» (expresión). Sin embargo, en la tabla «Características de las variantes» (p. 161) encontramos el adjetivo «competitivo» y el sustantivo «competitividad». ¿No sería entonces «competitividad»? ¿O bien «competencial» y «competencialidad»? Dado que el término «competencia» se tomó metafóricamente de la economía u otras ciencias sociales, todos los términos de este grupo que surjan en lingüística podrían basarse en la codificación establecida en esas disciplinas1.
La relación de las variantes con otras manifestaciones de la variación se resume así: «Los sinónimos revelan posibilidades más diversas de uso de las variantes; los dobletes indican que la variación es redundante y quizá deba eliminarse; los competidores muestran las relaciones de consolidación de las variantes en el uso» (p. 193).
A lo largo de la monografía, en numerosos pasajes, la autora distingue y destaca el nivel estilístico del estudio de la variación. Una de las características del uso, según el modo de emplear la lengua, se describe atendiendo a los llamados estilos de uso; sobre esta base se distinguen el uso informal (no oficial) y el oficial (pp. 34–47). «El criterio quizá más importante pasa a ser el de formalidad–informalidad. En este eje, el uso actual del lituano ha alcanzado cierto equilibrio: los recursos expresivos de la lengua se diferencian cada vez más según este criterio, tanto en su forma escrita como oral»; «ya no sirven los criterios antes bastante fiables de lengua escrita–oral y de carácter público–privado»; «el uso de la lengua estándar está cada vez más determinado por el propósito y el destinatario» (pp. 216–217); «el uso informal se configura como un estilo lingüístico independiente» (p. 47). A la estilística se le atribuye el estudio de las transgresiones de la norma cuando están motivadas (p. 196). Por ejemplo, en el contexto presentado en las pp. 194–195, la expresión «poner en marcha lavar la autopista <...> infringe las normas lingüísticas» (p. 195), pero esa metáfora parece estar estilísticamente motivada (compárese con Llegaron lluvias de larga duración, empaparon y azotaron Vilna durante toda una semana]. Balt. LKŽ X 583). (Sobre el nivel estilístico de la lengua, véanse también las pp. 50; 90; 112; 173, n. 105; 195.)
En algunos pasajes, la autora corrige sus planteamientos y formulaciones anteriores. Así, se afirma que «el estilo publicístico, debido a su heterogeneidad, debe dividirse al menos en dos partes: la informativa y la expresiva. En los consejos lingüísticos esto
1 Pavyzdžiui, Rūtos Vainienės Ekonomikos terminų žodyne (Vilnius: Tyto alba, 2005) yra konkurencija, konkurencingumas ir konkurencinis pranašumas (p. 139–140). Žodyne skaitome padėkė neįvardytiems kalbininkams, bet jame, deja, nėra įrašo apie aprobaciją Valstybinėje lietuvių kalbos komisijoje, tad nieko negalima pasakyti apie žodyne pateikiamų terminų kodifikacijos lygį.
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se ha hecho de manera no del todo precisa, al denominar estilo publicístico únicamente a su parte expresiva y separarla de la informativa» (p. 41, n. 22; la autora de la monografía es compiladora y coautora de varios manuales de consejos lingüísticos). Aunque en esencia estoy de acuerdo con esta precisión, debo decir que al separar el estilo informativo del publicístico no se cometió ningún error: simplemente se eligió otro enfoque para dividir los estilos. Por ejemplo, en la tradición estilística inglesa, el estilo periodístico (es decir, informativo) se distingue del publicístico (véase Galperin 1971: 306–318; el autor de la subsección «Estilo periodístico» es V. L. Najeras (Nayer)), mientras que en la estilística rusa el estilo periodístico se entiende como el núcleo del estilo publicístico y se emplea incluso la denominación doble estilo periodístico-publicístico (газетно-публицистический) (véase Стилистика 2007: 116). Durante mucho tiempo, bajo la influencia de la estilística rusa y al tener periódicos y publicaciones publicísticas similares desde el punto de vista del estilo y los géneros, dividimos los estilos del mismo modo; así, a lo largo de varias décadas se consolidó una tradición lituana de clasificación de los estilos lingüísticos y sus variedades (subestilos y géneros) igual a la rusa. Hasta la recuperación de la independencia, este enfoque lingüístico-estilístico correspondía, por supuesto, a la realidad estilística de la lengua. Es posible que incluso ahora sea demasiado pronto para adoptar los planteamientos de la estilística inglesa o de otras tradiciones occidentales. Solo se podría modificar con mayor decisión la clasificación establecida de los estilos tras estudiar a fondo el uso actual desde el punto de vista estilístico (es decir, reuniendo datos fiables) y formular claramente los criterios de división de los estilos.
Algunas palabras sobre la distinción entre las unidades de la lengua (sistema) y las del habla. En los trabajos de nuestros lingüistas, las mismas denominaciones de unidades se entienden de manera diferente. La autora es coherente en este aspecto, pero al lector le sería útil una explicación de por qué se ha elegido precisamente este enfoque. A partir de los Fundamentos de la ciencia del lenguaje de Jonas Palionis (1985), se afirma que «los fonemas y los morfemas son unidades de la lengua, mientras que las palabras, los sintagmas y las oraciones son unidades del habla» (pp. 153–154). En cambio, en los trabajos de otros autores encontramos un tratamiento algo distinto del término oración. Por ejemplo, el Diccionario de términos lingüísticos ofrece una definición transicional peculiar: «La oración es una unidad lingüística concreta fundamental que expresa el pensamiento y, por ello, es una unidad de la lengua; por sí misma pertenece al habla. <...> Sin embargo, los tipos de estructura sintáctica de la oración pertenecen a un nivel más abstracto: el de la lengua» (KTŽ 1990: 175). Una relación algo distinta (me parece que la formulación más precisa) es la que expresó Vitas Labutis (1994: 57): «El verdadero hecho comunicativo es una oración individual del texto, estrechamente vinculada al contexto y a la situación en que se emplea. Actualmente, a esa oración textual se le aplica el término “enunciado” o “frase”. <...> Lo más importante,
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que hacemos una distinción entre el enunciado como unidad de comunicación y la oración como unidad del sistema lingüístico.» (Énfasis añadido en todos los casos al citar). Aquí, las declaraciones públicas de uno u otro de nuestros lingüistas sobre la situación actual de la lengua lituana y el lugar que ocupan sus diversas variedades muestran que existen puntos de vista no solo distintos, sino incluso opuestos, acerca de la lengua estándar y del cambio lingüístico. Todo depende del papel que se atribuya a la lengua materna. Se oyen voces que sostienen que todas las variedades de la lengua (¿incluidos los argots?) son iguales, que el lituano cambia de manera natural, pues lo más importante es satisfacer las necesidades de comunicación, y que cierto desvanecimiento de la expresividad, el carácter libresco (por un lado) y la coloquialización (por otro) son normales. Rita Miliūnaitė ve de otro modo la situación de nuestra lengua; no cree que todo vaya a resolverse por sí solo y se opone a los intentos de adoptar el igualitarismo, es decir, la postura según la cual todas las variedades y modalidades lingüísticas son iguales (p. 131). Afirma que el desarrollo de la lengua estándar ha perdido continuidad, que sus ámbitos de uso disminuyen y que aumentan los recursos expresivos no codificados; que la lengua escrita ha perdido «el estatus de una formación lingüística homogénea y bien organizada» (p. 83), y concluye: «Así pues, ya está claro que la intensificación de los fenómenos periféricos, así como la penetración directa en el uso de elementos extranjeros (de distintos niveles lingüísticos), diluye la singularidad del lituano» (p. 85). Se expresa una opinión ponderada sobre quienes imitan la corrección política en Lituania: no hay ninguna necesidad de adoptar las modas impuestas por otras lenguas en cuanto al uso o la prohibición de determinadas palabras; hay que atender a las tradiciones de uso de esas palabras y al sistema de significados de la propia lengua. Esta no es solo la opinión de una lingüista que ha acumulado una valiosa experiencia como investigadora de la lengua actual, sino también la postura de una usuaria de la lengua materna que asume la responsabilidad y se preocupa por su destino, su presente y su futuro.
Al leer la nueva monografía de Rita Miliūnaitė, no se pueden pasar por alto ciertos rasgos peculiares o sencillamente agradables a la vista de la etiqueta lingüística de una obra científica. Por ejemplo, estamos acostumbrados a encontrar al final del prólogo de los libros los agradecimientos del autor a los revisores, editores, impresores y otras personas, mientras que aquí Agradecimientos constituye una sección independiente del libro (como a veces vemos en las obras científicas de autores occidentales). No existe una tradición única para mencionar en el texto a un autor al que aludimos, citamos o en quien nos apoyamos de algún otro modo cuando no nos conformamos con la referencia bibliográfica habitual (la abreviatura apellido, año, página entre paréntesis): o bien escribimos solo la inicial del nombre junto al apellido, o bien, cuando lo mencionamos por primera vez, indicamos su nombre completo y, a partir de entonces, usamos únicamente el apellido, como solemos referirnos en la conversación cotidiana a una tercera persona ausente —un vecino, un compañero de trabajo, incluso alguna persona importante—. Mo-
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En la monografía, sin temor a las repeticiones, cada vez que se menciona en el texto a un autor se lo identifica de manera uniforme, a lo largo de todo el libro, por su nombre y apellido. Diríase que con un estilo más elevado y formal, y con mayor respeto. Ningún autor citado es objeto de críticas, denigración o burla cuando la autora de la monografía sostiene razonadamente un punto de vista distinto. Por ejemplo, en las publicaciones sobre didáctica del lituano se encuentra a veces la propuesta, carente de fundamento, de llamar a la lengua expresada mediante sonidos o mediante letras, respectivamente, hablada o escrita, aunque contamos con una tradición bastante sólida de emplear en este caso los términos lengua oral y lengua escrita. La autora de la monografía se atiene a estos últimos términos, pero no reprende a las autoras de aquellas propuestas algo extrañas; se limita a señalar que también existen otras interpretaciones de esos términos y cita esa opinión distinta (p. 34, nota 11). La valoración de las posturas con las que la autora discrepa o sobre las que duda se matiza elegantemente mediante la atenuación: «trasladar este rasgo [se habla de las normas codificadas de la lengua estándar] al uso general y buscar errores lingüísticos en los dialectos o sociolectos es u n m a l e n t e n d i d o d e c i e r t a e n v e r g a d u r a» (p. 23); «hablar del uso general como fundamento de la normativización p a r e c e d e m a s i a d o a u d a z» (p. 21; énfasis añadido al citar).
Al lector de la reseña puede parecerle que la obra reseñada se cita mucho. Y así es. Las afirmaciones esenciales, las definiciones y las síntesis de la monografía que parecía necesario comentar en la reseña están formuladas por la autora con tal precisión y claridad que, al parafrasearlas en vez de reproducirlas literalmente, temí faltar a la verdad científica. El libro está escrito en un estilo científico y expositivo ejemplar. Por otra parte, como ya se ha dicho, la autora no es únicamente una investigadora objetiva y fría de los fenómenos lingüísticos: es muy consciente de que estudia la lengua materna, por lo que, junto al discurso expositivo, se abre paso una palabra más emotiva, una expresión más vívida, y encontramos un periodo de mayor fuerza expresiva. Por eso también quisiera concluir la reseña con otra cita de la monografía de Rita Miliūnaitė, una que pasa de las constataciones a los imperativos dirigidos a los lingüistas: «Qué fácil lo tienen los sociolingüistas del mundo para estudiar toda clase de minucias lingüísticas variables en las más exóticas áreas periféricas del uso <...>, cuando la metodología ya está perfeccionada, cuando hay experiencia, cuando se ha acumulado cierta cantidad de investigaciones y se dispone de un contexto estadístico que permite comparar los usos de distintas lenguas. Por ahora no podemos permitirnos el lujo de malgastar esfuerzos en asuntos menores e inútiles, aunque quizá llamen la atención a primera vista; la investigación sociolingüística no debería ser un fin en sí mismo, realizada únicamente por el interés de la propia investigación. La situación actual del lituano nos impulsa a concentrarnos en los cambios lingüísticos de importancia vital, para que podamos no solo comprender qué ocurre en el uso, sino también aplicar los resultados de la investigación a la planificación lingüística» (p. 138).
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KAZIMIERAS ŽUPERKA
Šiaulių universitetas
P. Višinskio g. 38, LT-76352 Šiauliai
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