Ką žada kalbai postmodernizmas?
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DEBATES
PRANAS KNIŪKŠTA
¿QUÉ PROMETE EL POSMODERNISMO A LA LENGUA?
Confieso que hasta ahora había oído poco sobre el posmodernismo de la lengua y de la lingüística. Supe de qué se trataba al leer el artículo de Loreta Vaicekauskienė, «El bilingüismo posmoderno: las lenguas nacionales y el inglés en la publicidad», publicado en Kalbos kultūroje (KK, t. 82, pp. 110–125).
El tema del artículo es interesante, actual e intrigante. Al tomar en las manos un texto así, uno espera encontrar ideas concretas sobre la publicidad actual de nuestro país, sus particularidades lingüísticas y consejos sobre cómo armonizar el lenguaje publicitario con el uso general y, lo más importante, cómo regular las relaciones del lituano con el inglés que se extiende en la publicidad. Lamentablemente, allí no encontraremos respuestas a preguntas como estas; ni siquiera se plantean.
Se examina la publicidad de otros países (en términos de la autora del artículo, el «dominio publicitario») y la relación del inglés con las lenguas de esos países. A decir verdad, no se analizan fenómenos lingüísticos, sino que se reseña y comenta la bibliografía sobre ese tema. En primer lugar, se buscan datos sobre el inglés. Se subraya que se extiende por la publicidad de todos los países y que su predominio es cada vez mayor. Se ofrecen cifras y porcentajes tomados de fuentes de numerosos países. También hay algunos ejemplos concretos, pero no demuestran el predominio del inglés. Este se recuerda mediante afirmaciones generales, por ejemplo: «el bilingüismo o el código mixto con el inglés se ha convertido en una norma universalmente vigente en el dominio publicitario» (p. 121). La afirmación citada aparece en las conclusiones, por lo que expresa la opinión de la autora del artículo, o bien ideas que comparte y desea difundir. La expresión «se ha convertido en una norma universalmente vigente» indica que esta y otras afirmaciones semejantes se aplican también a la publicidad de Lituania y a las lenguas que se usan en ella. Se explica que «la identidad lingüística no debería vincularse únicamente con fronteras étnicas, territoriales o estatales» (p. 111).
La publicidad de Lituania también se compara directamente con la de otros países. Se repite que la publicidad «tanto en Lituania como en otros lugares se vuelve cada vez más mixta» (p. 111), y que
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«tanto en Lituania como en otros lugares hay una gran variedad de nuevas manifestaciones en la publicidad» (p. 122). Incluso se pretende demostrar con cifras que, en cuanto al uso del inglés, la publicidad de la televisión lituana apenas se queda atrás respecto a la de otros países. Según se afirma, casi el 50 por ciento de los anuncios emitidos por las cadenas de televisión lituanas en 2009 contenía elementos del inglés (p. 113). Sería interesante saber de dónde salen esos porcentajes y cuáles son esos elementos del inglés: cuánto corresponde a verdaderos fragmentos de texto en inglés y qué proporción representan las marcas, los nombres, etc. La autora del artículo expresa abiertamente sus dudas sobre la política lingüística aplicada en Lituania. Tras enumerar los instrumentos jurídicos que regulan el lenguaje publicitario, resume así dicha regulación: «Así pues, en las leyes lituanas se procura limitar por medios jurídicos el uso de otras lenguas en el espacio público y reforzar la posición del lituano» (p. 111). Y acto seguido se apresura a explicar que tal regulación no sirve de nada: «Al mismo tiempo, el ámbito de la publicidad se vuelve cada vez más mixto tanto en Lituania como en otros lugares»; «los dominios multilingües se han convertido en una norma en el mundo posmoderno actual, que traspasa los límites de las valoraciones habituales» (p. 111). Se proclama con toda tranquilidad que se permite traspasar «los límites de las valoraciones habituales».
L. Vaicekauskienė también expresa dudas sobre los lingüistas, en concreto sobre las lingüistas Irena Smetoniene y Rita Miliūnaite, que consideran que la publicidad puede influir negativamente en el uso general de la lengua. Según se afirma, eso no lo demuestra una encuesta a telespectadores, aunque en realidad esa encuesta no aclara nada. No queda muy claro qué piensa la propia autora del artículo sobre si se ejerce o no tal influencia. No le importa demasiado que la haya o no; lo importante es mostrar la postura de que no hay por qué preocuparse por el uso de las lenguas ni por la influencia que se ejerce sobre él.
Esta postura se expone con mayor claridad en la sección de conclusiones del artículo. De una se deducen dos conclusiones. Primero se declara que «el código mixto con el inglés se ha convertido en una norma universalmente vigente» (p. 121); después se pronostican también cambios posmodernistas en el uso de la lengua común: «La presión de la nueva norma es tan grande que no se teme infringir los requisitos oficiales de pureza y corrección lingüísticas y cambiar la concepción de la lengua aceptable en el uso público» (p. 122). Y no hay observación ni explicación alguna, ni la menor duda. ¡Totalmente de acuerdo!?
El artículo se presenta como una nueva «interpretación de los cambios en la normalización de la lengua lituana y en la política lingüística» (cito tal como está escrito), y se propone tenerla en cuenta y aplicar conforme a ella «medidas de planificación lingüística». Es interesante saber cómo piensa aplicar ese principio la propia autora del artículo. ¿Incluye también el permiso para «infringir los requisitos oficiales de pureza y corrección lingüísticas»?
Recibido el 15-12-2010
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KALBOS KULTŪRA | 83