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„Standartinė kalba?“

Aldonas Pupkis

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ALDONAS PUPKIS ¿LENGUA ESTÁNDAR? En la revista científica en línea Lietuvių kalba, en 2016 se publicó el artículo de Irena Smetonienė, Antanas Smetona y Audrius Valotka «Sobre el término lengua estándar» (en adelante: Smetonienė et al. 2016). Allí se plantea la cuestión de «si no sería conveniente empezar a usar el término lengua común en lugar de lengua estándar» (p. 1). Dado que en las conclusiones del artículo se resume que «debemos usar el término lengua estándar» (énfasis mío. — A. P.), conviene indagar por qué y con qué argumentos se propone en la terminología lingüística lituana tomar una decisión bastante revolucionaria. En la introducción del artículo se indica por qué se plantea esta cuestión. A los autores les parecen más importantes las razones externas, derivadas de la comunicación con investigadores extranjeros: supuestamente hemos empezado a no entendernos con ellos debido a términos que no se han debatido en la lingüística de nuestro país (por su concepción y por la sinonimia terminológica). También se ofrecen ejemplos concretos de términos que, en opinión de los autores, no se han debatido (y que quizá sean la causa de la falta de entendimiento): cómo entendemos los términos préstamo y extranjerismo, neologismo léxico, neologismo y neologismo; cómo explicamos las relaciones entre la política lingüística y la planificación lingüística1; si, al hablar de cuestiones morfológicas, es mejor usar los términos marcador o marcador; y qué hacer con los términos burocrático, especializado y estilo administrativo, que compiten en el ámbito de la estilística. También se expresa la orientación de uso que se desea: «[c]ada vez más se tiende a elegir el término internacional en lugar del lituano, porque así es más fácil entenderse con investigadores de otros países» (Smetonienė et al.: 2016: 1). Supuestamente ocurre algo parecido con los términos lengua común y lengua estándar. En opinión de los autores, «el término lengua estándar refleja mejor el carácter normativo de una determinada variedad lingüística, su estatus estatal y oficial, así como el conocimiento sistemático y regular del sistema lingüístico y la aplicación de los resultados de ese conocimiento en los procesos de estandarización y política lingüísticas» (Smetonienė et al. 2016: 1). Respecto de estos últimos términos —lengua común y lengua estándar— se razona así: «Está claro que, sin cambiar el contenido, cualquier término puede sustituirse fácilmente por otro (es solo una cuestión de acuerdo y conveniencia 1 Es difícil entender con qué lógica se incluyeron las relaciones entre la política lingüística y la planificación lingüística en el grupo de ejemplos de términos no debatidos: no hace mucho, uno de los coautores del artículo en cuestión publicó un artículo exhaustivo (véase Valotka 2015) sobre las relaciones entre el contenido de esos conceptos. BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351–7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 2 ), <...>, [y] la práctica internacional muestra que un término local sigue siendo local y causa problemas al traducirlo a otras lenguas» (Smetonienė et al. 2016: 1). Los autores intentan discernir también una «diferencia de contenido entre ambos términos, que se manifiesta en la denominación de distintas etapas del desarrollo lingüístico». También les parece importante el argumento de que la lengua común, según los autores, se traduce en trabajos científicos y documentos como common language en inglés, pero refleja «una fase temprana del desarrollo de la lengua estándar, que aún no ha alcanzado la etapa de la lengua moderna» (Smetonienė et al. 2016: 2); por tanto, este sería el estadio precodificatorio. Sin embargo, al menos en lo que respecta a los términos empleados en trabajos científicos, esta afirmación carece por completo de fundamento (véase la tabla). TABLA. Datos de uso (traducción) de los términos lengua común, lengua estándar en las secciones de palabras clave de la base de datos en línea Lituanistikos2 Palabra clave en lituano Traducción inglesa de la palabra clave Número de casos 1. lengua común standard language 1503 2. lengua común common language 64 3. lengua estándar lengua literaria 45 4. lengua estándar lengua estándar 56 Por otra parte, si traducimos lengua estándar como standard language, seguirá sin estar clara la relación de esta última con common language. Así pues, sin darle muchas vueltas, pero manipulando las afirmaciones de otro artículo (Cizikaitė 2002), los autores escriben en la p. 2 que bendrinė kalba / common language designa la fase anterior a la codificación de la lengua, aunque Dalia Cizikaitė sostiene que precisamente common language, es decir, lengua común, se refiere a esa fase anterior a la codificación. Esto se aprecia en las citas de ambos artículos que se presentan a continuación. 2 Consultado del 1 al 4 de junio de 2017. 3 Esta cifra no incluye casi 20 casos en los que solo se menciona la lengua estándar, y no aparece el equivalente del término inglés ni entre las palabras clave ni en los resúmenes (aquí y en otros lugares, el recuento puede contener un error insignificante). 4 Este término aparece de manera asistemática; no siempre está claro quién lo incorporó a la base de datos (por ejemplo, en los artículos publicados de TerminologijaTerminologijoje (2000), de Jonas Klimavičius, y Gimtasis žodisGimtajame žodyje (2004), de Arnoldas Piročkinas, ni siquiera se indican palabras clave; otros artículos se publicaron en Polonia o en publicaciones poco conocidas en el ámbito académico lituano). 5 Los términos se utilizaron de manera casual y no son sistemáticos (cf. nota 4). 6 Entre ellos se encuentran también las palabras clave lengua estándar (común) indicadas en un artículo de Giedrius Subačius publicado en la colección de 2002 Res Balticae <...>. En la base de datos de Lituanistikos no se incluye otro texto de Subačius, publicado en 2004 en la revista Metmenų; el título de ese artículo dice algo parecido: «Cronología de la historia de las lenguas estándar (comunes)» (t. 84, pp. 97–115). BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351–7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 3 (1) Smetonienė y otros 2016: 2: Sin embargo, si tradujéramos bendrinę kalbą como Standard language, también persiste el problema de su relación con common language. La «fase lingüística» designada por Bendrinė kalba / common language podría denominarse precodificadora. Es una de las primeras etapas del desarrollo de la lengua estándar, cuando aún no existen obras universalmente reconocidas (gramáticas, diccionarios) que fijen códigos lingüísticos (normas) uniformes (Cizikaitė 2002: 274; debería ser p. 275. – A. P.). (2) Cizikaitė 2002: 274–275: El término common language (lengua común), a diferencia de literary y national language <...>, es bastante raro. <...> common language reflejaba la fase temprana de la lengua estándar, que aún no había alcanzado la etapa moderna de su desarrollo, pero que ya se diferenciaba claramente del dialecto <...>. Tal fase de la lengua podría denominarse precodificadora. Es una de las primeras etapas del desarrollo de la lengua estándar, cuando aún no existen obras universalmente reconocidas (gramáticas, diccionarios) que fijen códigos lingüísticos (normas) uniformes. Al interpretar así, de manera inexacta, las afirmaciones ajenas y al presentar datos falsificados a los autores, surge la idea de concluir que «al presentarnos así ante el mundo parecemos bastante extraños (a decir verdad, atrasados)» (Smetonienė y otros 2016: 2). Desentrañar la gimnasia retórica de estas afirmaciones no es sencillo, ni tampoco resulta fácil orientarse en el revoltijo de ideas que se resume en la última palabra del párrafo: estamos atsilikę. Por tanto, hay que aclarar en qué estamos atrasados: ¿en la incapacidad de traducir, en la confusión de términos o en alguna otra razón? En la primera sección del artículo (por alguna razón se la llama parte, aunque después se habla de secciones), «Uso de los términos en otros países», se parafrasea un artículo de la estudiosa de la literatura (no lingüista) Cizikaitė, publicado en una revista científica hace casi quince años, sobre la historia del término inglés bendrinės kalbos y sus equivalentes en lituano (Cizikaitė 2002: 273–284). Cabe preguntarse por qué los autores del artículo reseñado primero dirigen la mirada a otros países anglófonos, no directamente, sino a través de un único intermediario, en lugar de atender al legado de la historia de su propia lingüística. Por otra parte, podrían haber investigado por sí mismos el contenido y las definiciones de los términos tratados no solo en los idiomas mencionados por Cizikaitė, sino también en los de otros países (se echa especialmente en falta un análisis de la evolución del término en alemán, pues este podría haber tenido —¡y tuvo!— una influencia considerable, quizá incluso decisiva, en la terminología lituana de este ámbito; también falta una revisión de los términos en estonio, finés, noruego, húngaro y otros idiomas). El artículo de Cizikaitė no tiene nada de particular, pero merece una breve reseña, puesto que los autores mencionados se basan en él como única fuente. BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351–7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 4 No se puede dejar de estar de acuerdo con la afirmación de la autora de que el término lengua estándar desplazó a los términos anteriores en inglés (Cizikaitė 2002: 280); cada vez se adopta más también en la práctica de otras lenguas europeas y en más de un lugar se convierte en el término principal. Aquí cabe añadir asimismo las afirmaciones de otra autora: que «el término lengua estándar representa “un concepto occidental específico, difundido por una tradición cultural”» (Birštonaitė 2002: 266), y que «los conceptos de lengua nacional o lengua común <...> no se corresponden en absoluto con la situación lingüística del antiguo Imperio británico» (Birštonaitė 2002: 265). Las conclusiones del artículo de Dalia Cizikaitė están formuladas de manera bastante contradictoria. Al hablar del término lituano en este ámbito, la autora sostiene que «la lengua común, a diferencia del inglés common language, es un término plenamente válido» (Cizikaitė 2002: 280), y que «en sus definiciones encontramos casi todos los semas más importantes y los mismos que posee la lengua estándar inglesa: nacional, normalizada, estándar, común, con formas escrita y hablada, modélica y usada en muchos ámbitos. Así pues, lo que en la lingüística inglesa se denomina standard English, en la lingüística lituana se expresa mediante el término lengua común. Este era el término más adecuado para describir la nueva etapa de la lengua lituana y la nueva concepción de la lengua, surgida a comienzos del siglo XIX» (Cizikaitė 2002: 281). Sin embargo, en la conclusión final ya se afirma que «los términos lengua escrita, lengua común y lengua literaria son demasiado estrechos para designar la lengua lituana codificada y normativa. El término lengua común resulta especialmente incómodo cuando se comparan las historias de varias lenguas» (Cizikaitė 2002: 281–282). En el segundo capítulo del artículo reseñado se repasa la evolución de los términos en cuestión en Lituania. El repaso es breve, incompleto y selectivo. A veces da la impresión de que se han empleado trucos sofísticos: solo se citan los casos que convienen a los autores, y el repaso de esa evolución termina en 1980 (más exactamente, en 1972). En primer lugar, sorprende que no se haya reseñado en absoluto un artículo del profesor Arnoldas Piročkinas (1970), uno de los que con mayor amplitud describen la evolución de este término, en el que se señala que Frydrichas Kuršaitis fue probablemente el primero en empezar a utilizar el término lengua escrita —y añadiré por mi parte que el término Schriftsprache aparece en los escritos lituanísticos de Augustas Schleicher—, y no Jonas Jablonskis, como podría inferirse del artículo reseñado. Además, en un trabajo académico, al mencionar a Jablonskis, debería haberse indicado dónde estableció esa elección y esa separación consciente de la lengua hablada. Por otra parte, al «olvidar» el artículo de Piročkinas, se omite mucha información sobre la aparición del término en cuestión, la evolución de su forma y otros términos; en definitiva, tampoco llegamos a conocer la postura del autor del artículo, Piročkinas. BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351–7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 5 Tras mencionar brevemente el término lengua escrita, pero sin explicar su contenido, se dedica bastante espacio al término lengua común, creado por Pranas Skardžius en 1927 e introducido en el uso. En esta ocasión se intenta recurrir a una suerte de metodología basada en rasgos distintivos. Tanto al citar a Skardžius como al parafrasearlo, se recalca especialmente la característica (el rasgo) de la c o m u n i d a d de esa variedad lingüística: «... para quien acuñó el término era importante destacar la comunidad de la lengua, como aspecto que une al Estado <...>. En efecto, entonces era la mejor elección, pues respondía tanto al espíritu político como al histórico de la Lituania de la época» (Smetonienė ir kt. 2016: 6; énfasis mío. – A. P.). A continuación, se habla del término ruso lengua literaria, que en 1950 sustituyó al término lengua común (=traducido del ruso. – A. P.). Se afirma que no era en absoluto mejor (probablemente que lengua común, aunque no se explica por qué) y que no tenía ninguna tradición en Lituania (aunque su uso, y el de sus equivalentes, se remontaba incluso a cien años atrás; véase Piročkinas 1970: 31). Ni los lingüistas de Lituania ni los que vivían en el extranjero estaban satisfechos con un cambio tan absurdo: Pranas Skardžius y Petras Jonikas habían escrito sobre ello en varias ocasiones, y los lingüistas de Lituania también habían debatido activamente la cuestión (desconozco en la bibliografía este último dato; las discusiones no comenzaron hasta casi veinte años después). El término lengua común empezó a recuperarse en 1969; se indica dónde comenzó a utilizarse primero. No todos los lingüistas estuvieron de acuerdo, y se publicaron varios artículos polémicos. Entre ellos merece especial atención la opinión de Jonas Palionis (1975): además de que el término se afianzara, lo especialmente importante era que «al traducir el término lituano lengua común a otras lenguas, sobre todo a las de los pueblos soviéticos, habría que emplear los equivalentes del término lengua literaria de esos pueblos, o explicar en cada caso el concepto designado por el término lengua común» (Palionis 1975: 32). Los autores del artículo reseñado admiten que estas palabras de Palionis se convirtieron precisamente en el leitmotiv de su artículo: «es imposible usar correctamente en otras lenguas el término lengua común, aunque ahora se trate de las lenguas occidentales» (Smetonienė ir kt. 2016: 7). Pero, a pesar de las discusiones (=y de la resistencia ideológica y burocrática. – A. P.) el término lengua común se afianzó, y aquello fue «una gran victoria ideológica, que demostraba la firmeza de los lingüistas lituanos» (Smetonienė ir kt. 2016: 7; énfasis mío. – A. P.). Más adelante, el término recuperado habría adquirido «otros semas» (se menciona la afirmación de Jonikas (1972: 1) de que la lengua común «puede denominarse variedad lingüística cultural y civilizatoria destinada a toda la nación»); pero, en opinión de Jonikas, el término también tenía defectos: supuestamente, era difícil precisar el concepto de «comunidad», puesto que también las hablas de una familia, una aldea o una parroquia tienen carácter común. Aleksas Girdenis (1973: 45) definió la lengua común como la lengua de la vida pública de la nación; el «sema de lo público» se incorporó también a la Enciclopedia de la lengua lituana (1999, 2008). Sin embargo, aquí mismo se concluye que ese enriquecimiento del contenido del término (como si fuera una BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351–7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 6 excepción en la práctica terminológica) y su aproximación al término lengua estándar, que se difunde por el mundo, «no es acertado, porque en otros países se considera la lengua estándar como una etapa avanzada (? – A. P.); por tanto, también nosotros deberíamos abordar esta cuestión teniendo presente que la lengua lituana tampoco permanece inmóvil, que la lengua común fue asimismo cierto período de su evolución, pero que este, como en otros países, ha llegado a su fin» (Smetonienė ir kt. 2016: 8). El tercer capítulo se titula «¿Por qué debe usarse hoy en Lituania el término lengua estándar?». En él deberíamos encontrar una explicación clara y lógica de por qué no se puede enriquecer con nuevos semas el término tradicional ya afianzado lengua común; de por qué la evolución de todas las lenguas, o al menos de muchas (eso podría inferirse del contexto del artículo), ya ha llegado (o ha pasado a) una nueva etapa de desarrollo y de cómo habría que caracterizarla; de por qué en el inglés, en las lenguas de los países postsoviéticos y de otros países poscoloniales, así como en las de los Estados en desarrollo, ha terminado o está terminando la antigua etapa de desarrollo de la lengua común, y en qué se manifiesta. Así pues, se habría producido en todo el mundo una ruptura en la evolución de las lenguas (una auténtica revolución), que los autores del artículo reseñado quizá fueron los primeros en advertir en Lituania (o tomaron prestada esta idea de Cizikaitė (2002), o quizá del artículo de Giedrius Subačius de 2002, aunque no lo incluyeron en la bibliografía), y decidieron que nosotros tampoco deberíamos quedarnos rezagados en esos procesos; por ello, deberíamos avanzar al mismo ritmo que el inglés (la tradición del Imperio británico) y adoptar el término tan extendido en esa lengua. Es más, ese nuevo término reflejaría también «un conocimiento coherente y sistemático del sistema lingüístico y la aplicación de ese conocimiento en los procesos de estandarización lingüística y política lingüística» (Smetonienė ir kt. 2016: 1). Es, en efecto, una idea innovadora: que el cambio de un término podría estimular sustancialmente la investigación de todo un campo de la lingüística, pues, al parecer, el término lengua común no puede hacerlo. Por desgracia, el artículo no ofrece explicaciones más detalladas sobre este ni sobre otros asuntos. Solo abunda en razonamientos difíciles de entender, expresados sobre todo mediante citas de diversas fuentes y autores; por tanto, no queda más que formular algunas observaciones derivadas de esas consideraciones e intentar evaluar la propuesta de los autores del artículo. Me pareció más que extraño leer en el artículo reseñado que precisamente yo, ya en 1980, en mis Fundamentos de la cultura lingüística, había aproximado la concepción del término lengua común al término lengua estándar que ya se usaba entonces en Europa (¿significa eso que ya había advertido la nueva etapa de evolución de la lengua común lituana que estaba comenzando?). Es más, los autores incluso encuentran en ese libro mi propuesta sobre el uso del término «lengua estándar» en Lituania (Smetonienė ir kt. 2016: 8; énfasis mío. – A. P.). Tras leer semejantes descubrimientos, es preciso recordar cómo formulé realmente esa idea en mis Fundamentos de la cultura lingüística: «La lengua común se diferencia ante todo de otras variedades lingüísticas (dialectos, jergas, sociolectos) en que está normalizada y elaborada en mayor o menor medida BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351-7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 7 sistema. Este rasgo distintivo se manifiesta en la codificación, es decir, en la existencia de reglas fijas. Otras características de la lengua estándar mencionadas por diversos autores pueden no ser absolutas, ser propias de determinadas lenguas y no de todas, o de ciertas épocas y no de todas» (Pupkis 1980: 7). De los varios términos utilizados para denominar esta variedad lingüística, que presentan diversos inconvenientes, «[e]l que mejor reflejaría la especificidad de la lengua estándar es el término standartinės kalbos (standartas se explica en el *Diccionario de palabras internacionales* como “norma, modelo”; esa palabra también puede significar “patrón, plantilla”: la lengua estándar no es una lengua hecha de patrones ni de plantillas), pero no tiene ninguna tradición en la lingüística lituana» (Pupkis 1980: 8). Así que no logro ver aquí ningún «acercamiento» ni «sugerencia». Al hablar de los términos que señalé para la lengua estándar y de sus características, los autores presentan todo esto mediante una paráfrasis libre y afirman que, en aquel momento, yo distinguía cuatro rasgos de la lengua estándar: 1) un sistema lingüístico normalizado y elaborado en mayor o menor medida; 2) codificación: reglas fijas; 3) forma escrita y monólogo; 4) función principal: la comunicativa. Sin embargo, en el libro estos rasgos (características) aparecen en un orden algo distinto, y no están organizados exactamente como los autores los reconstruyen. Ya se ha mencionado que la interpretación peculiar que hacen los autores de las ideas ajenas es una de las particularidades de este artículo que lleva a dudar también de muchas otras de sus afirmaciones y conclusiones. Al seguir leyendo, por ejemplo, podría parecer que solo he hablado una vez de la lengua estándar y del término que la designa, y que esa es mi opinión definitiva. Pero mis puntos de vista, como los de más de un lingüista, no son un bloque de hormigón inmutable incapaz de cambiar con el tiempo. ¿Por qué, por ejemplo, no se menciona ni una palabra mi descripción de la lengua estándar (del concepto y del término) en Kalbos kultūros studijose (2005)? Allí, me parece, sin alejarme demasiado de la concepción de 1980, avancé en cierto sentido y escribí que la lengua estándar no es solo una variedad de la lengua nacional elaborada conscientemente, sino también configurada históricamente, utilizada para satisfacer las necesidades de comunicación e interacción de toda la nación, de pensamiento y de vida política, económica y cultural, así como para expresar la identidad y la representación nacionales (Pupkis 2005: 30). Me atrevería a decir que aquí se destacan con mayor claridad precisamente las funciones de la lengua estándar, entre las cuales son especialmente importantes las de identidad y representación nacionales. Es evidente que los autores no consideraron necesario estudiar tampoco los libros y artículos de otros lingüistas lituanos sobre la lengua estándar: su término, características, definiciones, formación, historia, etc. El artículo ni siquiera menciona los libros de los más destacados historiadores de la lengua lituana, Jonas Palionis y Zigmas Zinkevičius, ni los términos utilizados en ellos, su periodización, etc.; tampoco los artículos más antiguos de Pranas Kniūkšta y Albertas Rosinas, ni los trabajos de principios de este siglo de Jonas Klimavičius, Rita Miliūnaitė y otros, en los que se examinan de una u otra manera muchas cuestiones relacionadas con el artículo en cuestión. BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351–7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 8 Volviendo a la característica de la comunidad de la lengua estándar, que los autores recalcan una y otra vez y que, según dicen, no comprenden del todo (conviene recordar que Cizikaitė 2002: 280 considera la comunidad un rasgo social, no lingüístico, de la lengua estándar), cabe recordar que creen haber encontrado dudas al respecto también en épocas anteriores (recuérdense las dudas ya mencionadas de Jonikas, aunque él (1972: 1) no dudó en llamar a la lengua estándar «una modalidad lingüística cultural y civilizatoria destinada a toda la nación»). Esa «comunidad», su carácter cultural y civilizatorio, se correlaciona directamente con la «publicidad» de la lengua estándar según Girdenis (2000: 316): «La lengua estándar (literaria) es la lengua de la vida pública de la nación (la escritura, la escuela, la literatura y los medios de comunicación de masas)». Lo mismo se subrayó también en mis Kalbos kultūros studijose (2005). Y es precisamente aquí donde los autores, aunque indirectamente y apartándose de las citas mencionadas, expresan lo que realmente pretenden: «En realidad, las tradiciones las creamos nosotros mismos y hoy ya no existe la necesidad ni el sentido de destacar únicamente la comunidad o de enumerar los ámbitos en los que debe usarse la lengua normativa» (Smetonienė y otros 2016: 8); proponen destacar las características que mencioné en 1980, en las que la comunidad de la lengua estándar no se presenta como su rasgo más importante. Pero si consideramos la comunidad un fenómeno lingüístico y no social, tendremos que reconocer que la esencia misma de la lengua estándar, como escribe Giedrius Subačius (2003: 63), se basa en la idea de integración de las formas lingüísticas, es decir, en la expresión de su convergencia y uniformización, necesarias para consolidar a la sociedad o comunidad que utiliza esa lengua. Así pues, la característica de la comunidad no es un defecto ni un constructo carente de contenido, sino una idea que cohesiona y une a la sociedad, algo que hoy en día no encaja en absoluto con las ideas de desintegración del neoliberalismo. Siguiendo el camino de la síntesis, es preciso abordar algunas cuestiones esenciales más. En primer lugar, como ya he señalado, lo más importante para los autores parece ser que, con el término bendrinės kalbos, supuestamente nos hemos quedado rezagados con respecto a Europa occidental, que ha avanzado mucho en el desarrollo de las lenguas. Aquí se diría que se intenta resolver las necesidades internas de cambio terminológico, pero la confusión es total. Se afirma que los distintos términos designan diferentes etapas del desarrollo lingüístico, que indican el nivel de calidad de esas lenguas. Tal razonamiento podría ser lógicamente posible, pero en el artículo no se explican dos elementos esenciales del tema: 1) cuáles son las etapas del desarrollo de la lengua lituana que se examinan aquí ni cuáles son sus límites cronológicos; 2) con qué se mide (o se ha medido ya) la calidad de la lengua lituana (sobre este último punto no se dice absolutamente nada; ni siquiera se explica qué se quería decir ni cuál es el contenido de esa afirmación). BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351–7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 9 Si el término bendrinės kalbos refleja una fase de la lengua estándar que aún no ha alcanzado la etapa de la lengua moderna, ¿cuándo hay que trazar el límite de esa lengua moderna? ¿A partir de cuándo se puede considerar moderna la lengua lituana sometida a normalización: desde la época de Aušros, desde la de Varpo? ¿O quizá desde el comienzo de la independencia de Lituania, restablecida en 1918, cuando la lengua se convirtió en estatal y comenzó a desarrollar rápidamente sus estilos funcionales? Pero entonces aún no existía el término bendrinės kalbos. ¿Quizá, entonces, desde 1927, cuando apareció el término bendrinės kalbos? ¿O se refieren a la época anterior a Jablonskis, o incluso a otra más antigua (en la que no se encuentra ni con linterna el término bendrinės kalbos)?7 Por otro lado, se confunden las fechas históricas: había que indicar con precisión cuándo comenzó esa nueva etapa de la lengua estándar (en Europa occidental y en Lituania), si ya en 1980 yo, según escriben los autores, estaba acercando la concepción del término bendrinės kalbos en *Kalbos kultūros pagrindai* «al término lengua estándar que ya se utilizaba entonces en Europa» (Smetonienė y otros 2016: 8)8. Así pues, si la elección del término tuviera que depender del «nivel de calidad de la lengua», ¿quién nos explicará de qué nivel se habla aquí y nos convencerá de que los términos examinados por los autores y los niveles mencionados no se contradicen entre sí? Estoy convencido de que no habría habido tal confusión si los autores hubieran recurrido a las fuentes de la lingüística lituana para abordar su terminología, en vez de basarse ante todo en la práctica extranjera. En nuestra lingüística, los términos de este campo están asentados desde hace tiempo; habría bastado con consultar, por ejemplo, los trabajos de Palionis para que todo quedara claro. Así, en el libro Rašomosios kalbos istorija, Palionis (1995) denomina rašomąja kalba a la lengua de los textos del llamado período prenacional; trata ampliamente la formación de la bendrinės rašomosios kalbos lituana a finales del siglo XIX y principios del XX, y a lo largo de todo el libro utiliza únicamente este último término (Palionis 1995: 3–5). Además, subraya que en este caso, «ateniéndose a la tradición anterior y a las tendencias del uso actual, se ha abandonado el término literatūrinės kalbos (aunque, a su juicio, no es muy malo), y en su lugar se han restablecido los términos rašomosios kalbos y bendrinės kalbos. Sin embargo, este último término se usa solo con el sentido de lengua escrita y hablada común a toda la nación lituana (“estándar”), surgida desde la época de Aušros» (Palionis 1995: 7). Si también se hubiera leído con atención el artículo de Cizikaitė, habría sido fácil entender que el término que menciona, common language, traducido entre paréntesis como «lengua común» y explicado después como simplemente “cualquier 7 Kiek anksčiau Smetonienės (2014) buvo pasakyta aiškiau: svarbiausiais standartinės kalbos (pradžios) metais laikytini 1922 m., kai Konstitucijoje lietuvių kalba paskelbta valstybine, Švietimo ministerija Jablonskio gramatiką pripažino standartu, o Kaune buvo įsteigtas universitetas. Klausimą dėl šio teiginio čia reikėtų formuluoti kitaip: ar kalbos istorijos periodizacija priklauso nuo istorinių politinių, socialinių ar kultūrinių aplinkybių, kad ir labai svarbių visuomenės gyvenime, ar nuo kokybinių ir (ar) kiekybinių pačios kalbos struktūros (sistemos) ir vartosenos pokyčių? 8 También se podría haber recurrido, por ejemplo, al esquema del desarrollo actual de la lengua lituana codificada que presenté en mi libro Kalbos kultūros studijos, o haberlo debatido (véase Pupkis 2005: 45–46). BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351–7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 10 bendra kalbá (Cizikaitė 2002: 274, 275), kuri Palionio knygoje atitinka rašomąją kalbą, bent ikijablonskinį jos laikotarpį. En segundo lugar, al cambiar los términos no se puede perder de vista los términos vecinos de ese ámbito, que abarcan toda la microsistema de ese grupo. Hay que dar la razón a los autores del artículo cuando afirman que la terminología de este ámbito (la teoría y la práctica de la lengua común) no está plenamente ordenada ni debidamente debatida. Sin embargo, los autores se desentienden de revisar toda la microsistema y dejan a otros la tarea de organizarla. Se limitan a concluir que «los términos lengua común y lengua estándar están confusos en el contexto del pensamiento lingüístico lituano: el primero implica ambos períodos de desarrollo de la lengua común (el nacional y el prenacional? – A. P.), mientras que el segundo se evita por alguna razón» (Smetonienė et al. 2016: 11). Aquí hay que añadir que no se evita por alguna razón, sino porque, de hecho, apenas se usa; entonces, ¿cómo pueden estar confusos esos términos? Así pues, aunque el término lengua estándar no se usa ampliamente, su introducción «permitiría desenredarse de la telaraña de términos que se usan y se proponen actualmente» (Smetonienė et al. 2016: 11). ¿O acaso no es precisamente una propuesta así la que teje esa telaraña? Al parecer, esa telaraña habría surgido porque actualmente se emplean los términos lengua lituana, lengua común, lengua estatal, lengua oficial, y se oye proponer que se introduzca además la lengua común normativizada, pues, según se dice, algunos lingüistas consideran que la noción de lengua común abarca también los dialectos, etc. Hablar así en un artículo científico sin citar fuentes (sobre todo en este último caso) es una afirmación vacía. En vez de debatir en qué se diferencian los términos aquí mencionados, que son más o menos claros para la mayoría de los investigadores y usuarios de la lengua común, habría sido conveniente al menos delimitar el marco de la microsistema en cuestión. Por ejemplo, si sustituimos lengua común por lengua estándar, ¿no habría sido conveniente explicar brevemente cuál sería entonces la relación entre los términos norma y estándar, si deberíamos sustituir la normativización (es decir, la formación de una lengua común) por la estandarización, cuál sería entonces su relación con la normalización, etc. (la tabla de la p. 10 del artículo no aclara esencialmente nada al respecto). Además, no se distingue entre la codificación de la lengua común y su uso. ¿Qué lugar ocuparía en este esquema el término pronunciación estándar? ¿Cómo deberíamos valorar la competencia entre variantes que existe en el uso (no solo en la pronunciación), que difícilmente podría darse en una lengua estándar? Surgen más preguntas que respuestas posibles. Y los razonamientos según los cuales la confusión terminológica habría surgido de mezclar, en la definición del término lengua común, los períodos nacional y prenacional del desarrollo de la lengua común son, por decirlo suavemente, insignificantes, pues no se han aclarado ni los límites de esos períodos ni la esencia de los términos empleados en ellos. Por cierto, BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351–7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 11 habría sido mejor que los autores formularan sus conclusiones no de la nada, sino, por ejemplo, intentando debatir incluso los términos que empleo en mi libro (Pupkis 2005: 30 y ss.), formación de una lengua común, codificación, etc. El cambio de los términos en cuestión no puede debatirse al margen de los problemas de estilística de la lengua lituana. Ya en mi libro de 1980 se señalaba que el término lengua estándar, que contiene la palabra estándar, que significa no solo «norma, modelo», sino también «plantilla, carácter estereotipado», conduce a la opinión de que la lengua común puede entenderse como una lengua formularia, estereotipada (Pupkis 1980: 8). Los propios autores citan al lingüista ruso Leonid Krysin, quien afirma que en Rusia la implantación del término lengua estándar se ve obstaculizada por la connotación negativa de la palabra estándar, pues su significado se asocia con las nociones de «plantilla» y «cliché» (Smetonienė et al. 2016: 3). Pero quizá lo más importante aquí sea cómo vincular (o no vincular en absoluto) la lengua estándar con la función poética (artística) del lenguaje, en la que todo tipo de clichés y estándares son indicios de la escasa calidad de esos textos. O, si aceptamos que existe un estilo coloquial (cotidiano), ¿cómo valorar entonces en él la abundancia de elementos no estándar? Así pues, la cuestión es mucho más compleja de lo que puede parecer a primera vista, y debemos comprender que no se puede proponer sin más sustituir un término por otro sin tener en cuenta el amplio contexto terminológico de ese campo científico. En tercer lugar, al no quedar ventajas externas ni internas de unos términos frente a otros, hay que recurrir a argumentos extralingüísticos. Uno de ellos es la traducción. Resulta extraño leer que en otras lenguas se empleará el término lituano (¿y no su traducción?) bendrinė kalba. Como ya se ha mencionado, Palionis escribió en la época soviética que había dificultades para traducir el término lengua común a otras lenguas, en particular a las de los pueblos soviéticos (Palionis 1975: 32), mientras que ahora se afirma que «[e]l término lengua común resulta especialmente incómodo al comparar la historia de varias lenguas. Naturalmente, no habría que crear términos nuevos, pues crear ex novo lo que ya existe como modelo consolidado desde hace tiempo es un inútil derroche de energía <...>. Cuando sea necesario, se puede recurrir a la experiencia de otras lenguas (quizá del inglés)» (Cizikaitė 2002: 281–282). Las ideas de ambas autoras conducen a la pragmática del uso de la lengua: la primera, hacia Oriente; la segunda, hacia Occidente; en este último caso, con una clara deferencia a la tradición anglófona. Es bastante sintomático que coincidan las posturas de dos orientaciones distintas. Recordaré que, en la época soviética, la política lingüística de Moscú (los trabajos de los sociolingüistas y las resoluciones de las conferencias de Tashkent) orientaba enérgicamente a los lingüistas de los pueblos soviéticos a crear un fondo común de palabras internacionales (términos) lo más amplio posible para todos los pueblos soviéticos (naturalmente, basándose en el uso del ruso), con el fin de acelerar el acercamiento entre los pueblos soviéticos, cuyos gobernantes se habían fijado el objetivo de promover lo más rápidamente posible al homo sovieticus. Ahora, nuestros propios lingüistas ya nos animan activamente a BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351–7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 12 fomentar la formación de otro grupo de cosmopolitas mankurt homo liberalis, para quienes las palabras internacionales pasarían a formar parte de su identidad (en su propia lengua) y desplazarían del uso tantos buenos términos tradicionales autóctonos como fuera posible. A mi parecer, no es la traducción de los términos en cuestión lo que dificulta la comunicación con los colegas extranjeros. Más bien lo que nos condiciona hasta lo más profundo es un complejo de inferioridad, del que nace la inclinación a copiar humildemente a los demás en vez de crear de manera independiente. Que es perfectamente posible desenvolverse con términos lituanos lo muestran no solo las citas anteriores del artículo de Cizikaitė, sino también numerosas líneas del mencionado artículo de Palionis (1970). En cuarto lugar, la misma autora, Cizikaitė, subraya en su artículo que «[e]n los trabajos de los lingüistas lituanos, el equivalente de standard language, standartinė kalba, aún no se emplea [en 2002]» (Cizikaitė 2002: 280). De sus explicaciones podría deducirse que el término de origen inglés pudo empezar a introducirse en lituano por obra de Subačius9, influido, sin duda, por el entorno anglófono (estadounidense). Es comprensible que sus doctorandas Cizikaitė y Birštonaitė intentaran atenerse a la opinión de su director cuando este se la comunicaba. Sin embargo, ese calco inglés, que asomó hace más de una década, parece que después no tuvo un uso extendido; solo en los últimos años lo recordaron los autores del artículo sometido a revisión y se pusieron a difundirlo en sus escritos y en las clases a sus estudiantes. Incluso presentan una pequeña lista de partidarios de su opinión (Smetonienė et al. 2016: 12): además de Subačius10 y Birštonaitė, ya mencionados, incluyen a Smetonienė, Jūratė Lubienė y Dalia Pakalniškienė, Daiva Aliūkaitė y Audrius Valotka. También hay investigadores de la Universidad de Vilna que usan este término de origen inglés en artículos dirigidos al público general, conferencias públicas y debates. Incluso calcularon que el 26 de agosto de 2016, mediante el buscador Google se encontraron 1 784 usos del término en distintos casos gramaticales. La cifra, desde luego, impresiona, pero no se indica con qué significado se emplea el término (¿quizá también con el de «formularia»?); por otra parte, cuando no se compara con ningún otro (en este caso, con el término lengua común), ese estudio no es más que un simple engaño11. 9 El propio Subačius suele emplear en sus artículos el término lengua común, mientras que lengua estándar aparece rara vez, sobre todo en artículos anteriores escritos en Estados Unidos (véase la Base de datos de lituanística). 10 Véase la nota 9. 11 El buscador de Internet Google arrojó los siguientes resultados al buscar las frases «bendrinė kalba» y «standartinė kalba»: la primera se encontró 19 600 veces y la segunda, 1 030. Cabe señalar que standartinė kalba se emplea aquí también al hablar de otras lenguas (por ejemplo, el chino), de los estándares aplicados en tecnologías de la información y de la estandarización del lenguaje administrativo, es decir, de su carácter formular o estereotipado, etc. (consulta realizada el 19/06/2017). BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351–7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 13 Los autores del artículo, al leer estas líneas y oír las críticas al término lengua estándar, cuya implantación acaba de iniciarse, pueden replicar fácilmente que Girdenis y Pupkis actuaron exactamente así cuando, en aquellos tiempos, empezaron a recuperar el término lengua común. Pero hay varias diferencias esenciales: entonces recuperábamos el término de preguerra condenado por los soviéticos, procurábamos abandonar el término lengua literaria impuesto por las autoridades y no había que crear nada nuevo; ahora, en cambio, se está implantando un término sin una tradición prolongada. No hay que olvidar que entonces eran tiempos muy distintos: ningún término (diccionarios, gramáticas...) se codificaba oficialmente, mientras que ahora, en un Estado de derecho, la lengua común está consagrada como término principal y único en el Banco de Términos de la República de Lituania12, cuya creación contó también con la participación de Irena Smetonienė, entonces presidenta de la Comisión Estatal de la Lengua Lituana. A quien más le debería constar la condición del término lengua común es, precisamente, a la antigua presidenta de la Comisión de la Lengua, mucho más que a otros miembros de la sociedad (en ese banco no figura el término lengua estándar). Más lamentable aún es que un término no ponderado ni debatido, contrario a las decisiones de la Comisión de la Lengua, se haya incluido en el texto del manual de lengua lituana que esta prepara para sexto curso. Quinto. La Comisión Estatal de la Lengua Lituana ha declarado en repetidas ocasiones uno de los principios más importantes de la codificación y el uso de la lengua común: la estabilidad de las normas lingüísticas. En este sentido, la lengua común, como término de la lingüística, es uno de los hechos más estables del uso lingüístico en lituano. Además, tiene importancia como término (y fenómeno) sociocultural. Es el único que se emplea en las enciclopedias publicadas durante la etapa de la Lituania independiente restaurada (en especial, la Enciclopedia de la lengua lituana y la Enciclopedia universal lituana), en la legislación, la bibliografía escolar y la práctica educativa, los medios de comunicación y muchos otros ámbitos. Es muy importante que el término lengua estándar, propuesto recientemente, no tiene ningún arraigo en la conciencia de los hablantes. Hay incluso lingüistas que han afirmado que, hoy, en el siglo XXI, la lengua común se ha generalizado, aunque supuestamente estén surgiendo nuevas variantes de esa lengua (Kalėdienė 2013: 22). Si eso fuera realmente así, los autores del artículo en cuestión podrían (=deberían, tendrían que) haber relacionado al menos esa afirmación con la opinión que expresan y no haberla silenciado, sino comentarla, evaluarla y quizá intentar incorporarla a su esquema (por ejemplo, incluso considerar si el comienzo del siglo XXI no podría considerarse el inicio de una nueva etapa en el desarrollo de la lengua lituana). 12 Se indica en las siguientes fuentes: 1) Diccionario de términos de lingüística aplicada / Meilutė Ramonienė, Jelena Brazauskienė, Nida Burneikaitė, Jurga Daugmaudytė, Eglė Kontutytė, Joana Pribušauskaitė. Vilna: Universidad de Vilna, Editorial de la Universidad de Vilna, 2012; 2) Proyecto de ley de modificación de la Ley sobre la Lengua Estatal de la República de Lituania n.º XP-1320(3) (consultado el 14-06-2017). BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351–7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 14 Como ya se ha mencionado, con esta propuesta los autores del artículo sometido a revisión ignoran manifiestamente el principio de estabilidad de las normas de la lengua común, y tampoco siempre lo respetan en algunos de sus otros trabajos (por ejemplo, las propuestas de abolir la escritura de letras nasales en las raíces de algunas palabras; la insistente e incluso impertinente presión para incorporar las letras W, X, Q al alfabeto lituano; la implantación de una puntuación opcional, que hasta hoy provoca confusión en las escuelas y repercute en los medios de comunicación; no impedir la revisión del sistema tradicional de apellidos femeninos, etc.). Tales medidas no contribuyen en absoluto a estabilizar las normas de la lengua común; algunas incluso las han desestabilizado considerablemente y han causado bastante confusión en más de un grupo social. Esa desintegración de las normas lingüísticas no une a las personas ni a sus comunidades, sino que las divide. Cabe añadir que, de acuerdo con la antigua tradición del Departamento de Lengua Lituana de la Universidad de Vilna, la tarea más importante del profesorado no era anunciar reformas de las normas lingüísticas, sino escribir obras fundamentales de investigación sobre la lengua común, de las que hasta hace no mucho se enorgullecía toda la comunidad de humanidades. Sexto. Sin pretender examinar aquí en detalle todas las afirmaciones del artículo en cuestión, he querido mostrar que esa obra sometida a revisión no supera ningún examen crítico de calidad científica. Es un conjunto de citas y pensamientos parafraseados de artículos de varios lingüistas, convertido en un verdadero collage textual. El silenciamiento de las afirmaciones y los problemas planteados por muchos otros autores, la manipulación de diversos hechos lingüísticos y citas, y el uso exiguo de la bibliografía revelan un conocimiento escaso, sencillamente superficial, del tema investigado, una importancia desmedida atribuida a afirmaciones circunstanciales, pobreza general del pensamiento científico y otros defectos propios de un trabajo inmaduro. Esto se parece a una simulación de la ciencia, no a una resolución de la cuestión bien meditada y sustentada con argumentos lógicos. Séptimo, también hay que mencionar aspectos formales del artículo: las citas, el aparato científico y la corrección de pruebas. Lo primero que llama la atención son las diversas alteraciones de las citas y, en particular, el hecho de no respetar sus tipos de letra. Por ejemplo, en la p. 6, en una cita del artículo de Pranas Skardžius (Skardžius 1997: 631–632), el término lengua común aparece en letra redonda normal (en el original, en cursiva; también común, general, hablada, escrita lengua), mientras que las palabras manzana y paja, que en el texto de Skardžius aparecen en letra redonda normal, aquí aparecen en cursiva. Además, después de la palabra entero se ha omitido una elipsis. En otra cita de los escritos de Skardžius (p. 6; véase Skardžius 1997: 35), las palabras espaciadas aparecen sin espaciado; aquí, en lugar del original vaidinim, se escribe vadinam. En este contexto, no puedo dejar de mencionar también la cita de mi libro de 1980 incluida en el artículo (véase p. 8). En ella BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351–7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 15 Los dos primeros términos de la expresión «lengua estándar» aparecen en cursiva en el original, pero en la cita, en letra redonda; la conjunción pero se sustituye en la cita por la conjunción sin embargo. En el artículo y en otros lugares varía la tipografía de los términos tratados. En algunos casos, además, las citas no son del todo exactas; por ejemplo: «literary language —es la variante considerada la mejor (“as the best”), utilizada también en textos literarios» (Cizikaitė 2004: 277; énfasis mío. – A. P.), frente a la cita de los autores: «variante utilizada en textos literarios» (Smetonienė ir kt. 2016: 2). No siempre se procede correctamente con otros aspectos. Así, el artículo de Girdenis que figura en la bibliografía se titula «Lengua común», no «Lengua común (literaria)». ¿Por qué se citan varios artículos de Skardžius a partir de sus Obras completas (t. II, p. 34 y ss., 587–599, 631–632), mientras que uno de ellos, publicado en el mismo tomo (p. 337–368), se referencia en la bibliografía únicamente a partir de una versión en línea (¿quizá porque solo se buscaron citas, en vez de estudiar las obras de manera sistemática)? Tuve que devanarme los sesos para averiguar qué era la Enciclopedia soviética mencionada en la nota 11. Supuse que quizá se refería a la llamada Gran enciclopedia soviética (en ruso), pero no se indican ni la edición (¿cuál?), ni el año, ni el tomo, ni la página. En algunas otras notas (3, 5) habría sido conveniente indicar la fecha de consulta de las fuentes citadas. Tampoco se prestó atención a la corrección de pruebas del propio artículo. En la p. 2, después de la palabra (Queens [debe decir: Queen’s language), no hace falta una coma; en la parte superior de la p. 10 debe decir lengua, no lengu. Cuesta creer que a los especialistas en lengua común les parezca apropiado emplear en un trabajo científico, y no en algún texto periodístico, la palabra šiomkart (p. 1; ni siquiera aparece en DŽₑ), declinar los apellidos no solo de Dantės, sino también de Petrarkos (p. 3), y calificar de unánime, en lugar de uniforme, común, concordante, la postura de los lingüistas (p. 7). ¿O acaso se está siguiendo el camino de otra reforma lingüística: ignorar las recomendaciones que actualmente ofrecen los diccionarios y los manuales de lengua? Así lo sugeriría también una frase de la Introducción del artículo de los autores: la práctica internacional muestra que un término local sigue siendo local (p. 1). Hasta ahora, ese uso del caso instrumental se consideraba incluso un grave error lingüístico, pero aquí se emplea como si nada. Así pues, el artículo en cuestión no se ha preparado conforme a los requisitos exigidos a los artículos científicos, ni en cuanto al contenido ni en cuanto a la forma. Por tanto, surge naturalmente la pregunta de cómo se puede confiar en textos como estos, plagados de inexactitudes de contenido, todo tipo de distorsiones y una corrección deficiente. Publicaciones de este tipo también ponen en tela de juicio la competencia científica de los revisores de esta revista y, en general, no honran a la propia revista científica. BENDRINĖ KALBA 90 (2017) www.bendrinekalba.lt ISSN 2351–7204 ALDONAS PUPKIS. Standartinė kalba? | 16 LITERATŪRA Birštonaitė R. 2002: Kai kurie anglų, slovakų ir lietuvių šnekamųjų standartinių kalbų formavimosi bruožai. – Archivum Lithuanicum 4, 265–272. Cizikaitė D. 2002: Anglų kalbos terminai common language, national language, literal language, King’s language, standard language ir jų lietuviški atitikmenys. – Archivum Lithuanicum 4, 273–282. Girdenis A. 1973: Bendrinė kalba. – Mūsų kalba 3, p. 45–47. – Tas pats: Aleksas Girdenis. Kalbotyros darbai 1, 2000, 316–318. Jonikas P. 1972: Lietuvių bendrinės rašomosios kalbos kūrimasis antrojoje XIX a. pusėje. Čikaga: Pedagoginis lituanistikos institutas. Kalėdienė L. 2013: Urnėžiūtė R., Valskys V. Dvidešimtoji Jono Jablonskio konferencija. – Gimtoji kalba 10, 21–24. Palionis J. 1975: Literatūrinė kalba, bendrinė kalba ar kaip kitaip? – Kalbos kultūra 29, 28–32. Palionis J. 1995: Lietuvių rašomosios kalbos istorija. Vilnius: Mokslo ir enciklopedijų leidykla. Piročkinas A. 1970: Literatūrinės kalbos terminas ir jo analogai. – Kalbos kultūra 19, 25–32. Pupkis A. 1980: Kalbos kultūros pagrindai. Vilnius: Mokslas. Pupkis A. 2005: Kalbos kultūros studijos. Vilnius: Gimtasis žodis. Skardžius P. 1997: Rinktiniai raštai 2. Vilnius: Mokslo ir enciklopedijų leidybos institutas. Smetonienė I. 2014: Kalbos vieta valstybių politikoje: standartinių kalbų susikūrimas. – Parlamento studijos 16. Prieiga internete: http://www.parlamentostudijos.lt/Nr16/16_kalba_2.htm. 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