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J. Balčikonio vertimų pragmatika ir stilistika

Rūta Marcinkevičienė

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LIETUVIŲ KALBOS SANDAROS TYRINĖJIMAI LIETUVIŲ KALBOTYROS KLAUSIMAI, XXVI (1987) RŪTA MARCINKEVIČIENĖ PRAGMÁTICA Y ESTILÍSTICA DE LAS TRADUCCIONES DE J. BALČIKONIS Las traducciones pueden analizarse desde diversos puntos de vista: literario, lingüístico, psicológico y social. El aspecto que el crítico de la traducción elige depende de las características de la traducción que le interesen. Sin embargo, la elección del enfoque analítico no está determinada únicamente por las pretensiones del crítico, sino también por la propia traducción y por una o varias de sus tendencias más destacadas. Las traducciones de J. Balčikonis podrían estudiarse desde el punto de vista de la traducción y la norma de la lengua literaria, la adecuación, el efecto en el lector y otros aspectos; sin embargo, lo que más destaca es uno de sus rasgos: la pragmática, que abarca también los aspectos de evaluación mencionados. Desde este punto de vista, todos los trabajos de J. Balčikonis son interesantes, pero nos hemos limitado a una de sus últimas traducciones: Los viajes de Gulliver, de J. Swift. Este libro no se eligió por casualidad: está más adaptado que las otras traducciones y, además, fue traducido por varios traductores y publicado en varias ocasiones. La novela de J. Swift fue traducida por primera vez al lituano en 1924 por un traductor desconocido, que solo firmó con sus iniciales — L. D.; en 1936, por P. Mašiotas. Durante la época soviética, Los viajes de Gulliver se tradujo dos veces: en 1947, por S. Tomonis, y en 1957, por J. Balčikonis. En 1975 apareció la segunda edición de la traducción de P. Mašiotas. Analizamos la traducción de J. Balčikonis comparándola con el original de la obra y con las traducciones de S. Tomonis y P. Mašiotas. Desde el punto de vista pragmático, la traducción se analiza de tres maneras: se examina si se transmiten los significados pragmáticos de las palabras (la información de los signos lingüísticos, denominada por los investigadores de diversas maneras: connotativa, emocional, social, estilística, expresiva, funcional, entre otras), si se resuelve correctamente algún problema pragmático concreto y si la adaptación de la traducción es adecuada1. En el primer caso, cuando toda la atención del traductor se centra en los significados pragmáticos de las palabras, la traducción no se aleja del original, pues su objetivo es transmitir con la mayor adecuación posible los significados pragmáticos de los signos lingüísticos del original. Sin embargo, toda traducción tiene una naturaleza dual. Como resultado de la interacción entre dos lenguas, está orientada hacia el original; como obra autónoma en la lengua de traducción, se dirige a un destinatario concreto2. A menudo esta dualidad no se hace patente, porque la situación no lingüística, es decir, la del proceso de comunicación, no contradice la lingüística: la transmisión de los significados pragmáticos. Dicho de otro modo, al traductor le interesa más el original de la obra que el lector. Sin embargo, también puede tener otros objetivos, directamente relacionados con el objetivo principal de la traducción: la adecuación. Estos objetivos adicionales pu- 1 Ambrasas-Sasnava K. Vertimo tyrinėjimai. – V., 1984, p. 75. 2 Комиссаров В. Н. Лингвистика перевода. – М., 1980, с. 109. 48 … diversos: propagandísticos, didácticos, pedagógicos. El traductor puede reorientar la obra hacia algún grupo de lectores, definido por criterios sociales, profesionales o de edad. También puede ofrecer al lector una valoración de las ideas del autor y de los acontecimientos representados. A menudo, el traductor intenta influir no solo en el público, sino también en la propia lengua de traducción, encauzarla en la dirección deseada. Esta relación del traductor con la traducción y los objetivos que se plantea contradicen el propósito de traducir. Así pues, la pragmática de la traducción, entendida como la realización de objetivos adicionales no relacionados directamente con el original de la obra traducida, provoca que la traducción se aleje del original. En este caso, el traductor no traduce, sino que crea de nuevo, adaptándose a nuevas circunstancias y a objetivos específicos. Y el objetivo, como es sabido, determina el resultado de la actividad. Cómo se alcanza tal resultado —la traducción adaptada de «Los viajes de Gulliver» de J. Balčikonis— lo descubrimos al profundizar en los objetivos del traductor y examinar los medios para alcanzarlos. Conocemos los objetivos del traductor a través de la selección de sus traducciones. Pues, aparte de J. Swift y J. Verne, J. Balčikonis tradujo sobre todo cuentos: árabes, de Hauff, Perrault, Andersen y los hermanos Grimm. Le preocupaba que los niños y los jóvenes pudieran leer en lituano el mayor número posible de obras maestras de la literatura universal y que aprendieran de esos libros un lituano correcto y hermoso. Por eso, al traducir, J. Balčikonis «… buscaba la expresión más lituana, más popular. Muy a menudo, la traducción se alejaba considerablemente del original, pues Balčikonis no traducía palabras ni frases, sino la idea misma, y quería transmitirla de tal modo que la entendieran no solo los eruditos, sino también los niños del campo»3. Así pues, las motivaciones didácticas, pedagógicas y educativas impulsaron a Balčikonis a traducir. Y no fueron las únicas. El traductor trabajó con mayor intensidad cuando la lengua literaria lituana aún no se había estabilizado, sus normas fluctuaban mucho y las malas traducciones encaminaban la lengua por una senda equivocada. Tales circunstancias exigían que el traductor fuera también un normativizador de la lengua. Por eso, al traducir, «… la atención principal no se dirigía tanto a transmitir las características individuales de la lengua y el estilo del autor original como a lograr que la lengua de la traducción lituana fuera sencilla, clara, expresiva, popular y correcta. Con estas traducciones se pretendía, ante todo, cultivar y normativizar la lengua literaria lituana, elevar la cultura lingüística»4. J. Balčikonis procuraba que las traducciones contribuyeran a estabilizar las normas de la lengua escrita y cultivaran en los lectores el sentido de una lengua viva y expresiva. Este fue el segundo objetivo del traductor, que determinó el rasgo principal de la lengua de sus traducciones: su carácter popular. Los alumnos recuerdan que el único criterio con el que Balčikonis evaluaba las traducciones era «si así hablaría la gente». Para el traductor, el habla popular era una medida fiable para comprobar las normas de la lengua literaria. Los cuentos que tradujo, así como otras lecturas destinadas a los jóvenes, escribe D. Urbas, precisamente afianzaron el vínculo entre la lengua de los libros y la lengua viva de la gente5. Así pues, la normalización de la lengua lituana y la reorientación del libro hacia los jóvenes fueron los dos objetivos principales que determinaron la naturaleza de la traducción de la novela. 3 Pupkis A., Mažiulis V. Juozas Balčikonis. — Kn.: J. Balčikonis. Rinktiniai raštai. V., 1978, t. 1, p. 13. 4 Kruopas J., Ulvydas K. Įžymus lietuvių kalbininkas akademikas J. Balčikonis. — Kalbos kultūra, 1965, sąs. 8, p. 4. 5 Urbas D. Apie J. Balčikonio vertimus. — Kalbotyra, 1966, t. 14, p. 41. 49 Las tres versiones lituanas de «Los viajes de Gulliver» mencionadas anteriormente son muy diferentes. La traducción de S. Tomonis es minuciosa y, en la medida en que lo permiten las normas de la lengua materna, muy precisa y fiel al original. El traductor recurrió a procedimientos de adaptación externa —notas— sin modificar el texto de la traducción. Su objetivo era familiarizar al lector culto con la sátira política de Swift y transmitir fielmente el género y el estilo del autor. En términos relativos, esta traducción podría llamarse literal, escrita en una lengua correcta, aunque excesivamente libresca. Muy distinta es la traducción de P. Mašiotas, reeditada con la indicación «Para la edad escolar temprana». En esta traducción se resumen brevemente solo las dos primeras partes de la novela y se omiten los pasajes más difíciles de entender. Por ello, no sería exacto llamar traducción al trabajo de P. Mašiotas. Es únicamente un relato de la trama de la novela para niños, que no pretende representar el original en toda su amplitud. Entre estas dos traducciones se sitúan los «Viajes de Gulliver» traducidos por J. Balčikonis. Están destinados, según indica la anotación, a niños de edad escolar media y avanzada. Al abordar a continuación la pragmática y la estilística del texto traducido de la novela, lo compararemos con el original y analizaremos los métodos de adaptación según los niveles de la lengua. Tomaremos como referencia literal la traducción de S. Tomonis. La traducción fonémica se ilustra mejor mediante la representación de los sustantivos propios ingleses —nombres de personas y de lugares—. Muchos de ellos fueron inventados por el autor, por lo que no existe una tradición de traducirlos al lituano. Esto permite elegir los métodos de traducción con mayor libertad. Así, S. Tomonis translitera y transcribe al lituano, letra por letra, los nombres largos y complejos, añadiendo terminaciones solo de vez en cuando. J. Balčikonis transcribe los nombres propios y sustituye las combinaciones de sonidos más difíciles de pronunciar por otras más sencillas. En la segunda parte, Gulliver viaja a Brobdinag, y no a Brobdingnag, como en el original y en la traducción de S. Tomonis. El título de la cuarta parte difiere especialmente. J. Balčikonis no se conformó, como su predecesor, ni con la transliteración del país de los Houyhnhnms ni con la transcripción, apenas distinta, de esa palabra ilegible. Recurrió a un equivalente funcional y llamó al país cuyos habitantes son caballos Yagagų kraštas, usando una onomatopeya lituana. Así pues, en la traducción de Balčikonis los nombres propios se lituanizan. La evolución de la lengua influyó en ello. En la década que separó las traducciones, las normas del lituano cambiaron considerablemente. Sin embargo, la transcripción de los nombres propios no se debió únicamente a los nuevos requisitos de la traducción. También influyó mucho la postura del traductor respecto a quién iba dirigida la traducción. J. Balčikonis lituaniza no solo los nombres propios, sino también los nombres comunes que designan unidades de medida y capacidad, y objetos domésticos y militares. En la novela de Swift aparecen dos tipos de realidades: inglesas e inventadas. J. Balčikonis recrea las realidades inglesas, las sustituye por equivalentes lituanos o las explica mediante descripciones. Así, en lugar de «yardas y pulgadas», «cables y leguas», transcritos en la traducción de S. Tomonis, aparecen «siekstai» y «coliai», «pėdos» y «millas». «Pinta» se sustituye, según la situación —por desgracia, no siempre de manera uniforme ni exacta—, unas veces por «vaso» y otras por «un cuarto de nuestra taza para beber». J. Balčikonis renuncia a la precisión propia de J. Swift, semejante a la de un protocolo, y traduce de forma generalizadora los pasajes minuciosos que parodian las descripciones de viajes; por ejemplo: «... and about four yards from me, over against my right ear, I heard a knocking for above. 50 una hora, como la de las personas que trabajaban…“6 — «…a unos cuatro yardas, a la altura de mi oreja derecha, oí durante más de una hora unos golpes, como si unas personas estuvieran trabajando en algo…»7 — «Cerca de mi oído se oyó un ruido parecido al de los carpinteros trabajando, que duró casi una hora8. Así, en la traducción de J. Balčikonis se evitan realidades incomprensibles para el lector —los “yardas”—, pero también se pierden los destellos de la sátira de J. Swift: la parodia del estilo científico. Otro grupo de realidades lo constituyen las creaciones de la fantasía del autor, exotismos que designan elementos de la vida cotidiana, la cultura, la religión y las costumbres de los países que visitó Gulliver. En el original de la novela aparecen en cursiva y se explican en inglés entre paréntesis. Los traductores de la novela hacen algo parecido. No “traducen” las realidades, sino que las explican, porque estas palabras cumplen tanto en el texto original como en el traducido una función no nominativa, sino estilística: crean el color local. J. Balčikonis evita con muy buen criterio el uso de palabras internacionales. En el original aparecen «civilized», «prognosis», «jargon», «exist», «patient», pero él las traduce como «ilustrado», «suponer», «una lengua determinada», «se mantiene» y «enfermo». S. Tomonis conservó las palabras internacionales. En inglés estas palabras ya se han asimilado al léxico neutro, mientras que en lituano siguen siendo propias del lenguaje libresco. En las traducciones destinadas a los jóvenes conviene evitar las palabras internacionales también por otra razón: su significado no siempre está claro. Al comparar el original con la traducción, encontramos además otras transformaciones léxico-semánticas. En muchos pasajes, J. Balčikonis concreta la descripción o la narración, sustituyendo los sustantivos abstractos ingleses «cause», «food», «people» por sus sinónimos contextuales «ira», «comida y bebida», «enemigos». En otros lugares ocurre lo contrario: sustituye palabras concretas por otras abstractas. Una palabra de significado amplio que el traductor utiliza con especial frecuencia es «cosa», empleada en lugar de «cuestión», «producto», «motivo», «causa» e «imagen». Aunque las transformaciones mencionadas —la generalización y la concretización— son opuestas, cumplen el mismo propósito: hacer el texto más comprensible y cercano al lector. El traductor eligió dónde, qué y cómo cambiar, teniendo presente al destinatario de la traducción, a quien conocía bien. La modificación estilística es también un fenómeno frecuente en las traducciones de J. Balčikonis. Sustituye una palabra neutra del original por un equivalente lituano más expresivo y gráfico. Esto es especialmente característico de los verbos. En la traducción, las palabras «crowd», «fight», «imprizon», «obstinate», «steal off» del original corresponden a «se agolparon», «se pelearon», «metió en la cárcel», «cruel», «se largó», en vez de «se reunieron», «combatieron», «encarceló», «obstinado», «huyó». Así pues, a J. Balčikonis le gustan los sinónimos con connotaciones emocionales. Muchas parejas de sinónimos ingleses y lituanos difieren no tanto en expresividad como en su pertenencia a distintos estilos funcionales; dicho de otro modo, la diferencia reside en la connotación funcional, no en la expresiva. La dirección de la modificación estilística es siempre la misma: J. Balčikonis traduce al lituano coloquial palabras inglesas neutras o más propias de la lengua escrita. La traducción de S. Tomonis, más inclinada al lenguaje libresco, no hace sino resaltar este 6 Swift J. Gulliver’s Travels. — Moscow, 1973, p. 34. 7 Swift J. Guliverio kelionės / Vertė S. Tomonis. — K., 1947, p. 64. 8 Sviftas Dž. Guliverio kelionės / Vertė J. Balčikonis. — V., 1957, p. 16. 51 contraste entre el original y la traducción de J. Balčikonis, por ejemplo: «... we labour under two mighty evils: a violent faction at home, and the danger of an invasion of a most potent enemy from abroad»9 — «...nos vemos obligados a enfrentarnos con dos grandes males: luchar contra poderosos enemigos internos y prepararnos para repeler el ataque de un enemigo poderoso del extranjero»10 — «...en realidad nos devoran dos terribles enfermedades: desde dentro, las eternas disputas entre partidos; desde fuera, el peligro de un enemigo poderoso»11. La traducción de J. Balčikonis podría llamarse una doble traducción: Los viajes de Gulliver se tradujeron no solo del inglés al lituano, sino también de la variedad escrita de esta lengua a la hablada. La impresión de una lengua gráfica y flexible también se ve reforzada por las figuras retóricas, empleadas en lugares donde no hay ni rastro de ellas en el pasaje correspondiente del original. En la traducción de J. Balčikonis, Gulliver no lucha contra «los enemigos de la isla de Blefuscu», sino «contra la isla de Blefuscu». Aquí se ha transferido metonímicamente el significado sobre la base de una relación espacial: de las personas que viven en la isla a la isla misma. Hay también otros ejemplos de traducción metonímica, en particular, el uso de partes del cuerpo para designar ciudades en lugar de su función o sus características: «vista» se sustituye por «ojos», «ternura» por «buen corazón». En el original, la acción se expresa con una sola palabra, «vadear» o «nadar», mientras que en la traducción encontramos «vadear y vadear», «nadar y nadar». La traducción abunda también en litotes, paráfrasis de palabras gráficas del original y metáforas. Todas estas figuras retóricas hacen que el lenguaje sea gráfico y emocional. Además, «permiten omitir en el texto cosas que de todos modos están claras y, por tanto, condensan la expresión»12. Conviene hablar por separado de las comparaciones, que J. Balčikonis adaptó considerablemente. Esto es especialmente aplicable a las comparaciones objetivas, en las que se equiparan literalmente dos fenómenos atendiendo a su calidad o cantidad. J. Balčikonis compara las cuerdas, que no eran más gruesas «que un cordel inglés corriente», con una cincha, y «los panecillos del tamaño de una bala de fusil» con huevos de gorrión. Esta adaptación de la traducción es necesaria, pues ¿qué valor tiene una comparación cuando el elemento con el que se compara (rema) es menos conocido para el lector que el elemento comparado (tema)? Así pues, la modificación estilística es un rasgo característico de las traducciones de J. Balčikonis. A este respecto, conviene recordar la opinión del traductor D. Urbas sobre el lugar de las figuras retóricas en la traducción: «... no es necesario que el traductor se atenga pedantemente a colocar necesariamente cada recurso estilístico, como un modismo, un chiste o una palabra gráfica (...), exactamente en el mismo lugar que ocupa en el original; eso sería señal de literalismo y servilismo. Lo importante es que el conjunto de los recursos estilísticos sea equivalente y que se mantengan sus relaciones dialécticas internas»13. Por supuesto, al comparar traducciones, debemos tener en cuenta no tanto las palabras, oraciones o párrafos considerados por separado, sino la relación entre ambos textos. Sin embargo, incluso al evaluar de este modo el original y las traducciones, la versión lituana de J. Balčikonis supera al original en abundancia de recursos estilísticos. 9 Swift J. Min. veik., p. 56. 10 Swift J. Guliverio kelionės / Vertė S. Tomonis, p. 95. 11 Sviftas Dž. Guliverio kelionės / Vertė J. Balčikonis, p. 42. 12 Župerka K. Lietuvių kalbos stilistika. — V., 1983, p. 68. 13 Urbas D. Art. cit., p. 43. 52 La sintaxis de la traducción analizada también se acerca más al estilo de la lengua hablada. Las frases de J. Swift son largas, divididas en períodos por punto y coma; las de J. Balčikonis, más breves. El traductor divide una frase del original en dos, tres o incluso cuatro, eligiendo libremente qué información dejar en la primera y cuál trasladar a las siguientes. J. Balčikonis no solo divide las frases, sino que también sustituye las construcciones pasivas inglesas por construcciones activas lituanas, los grupos nominales por verbales y las oraciones impersonales por personales. Las frases así traducidas son fáciles de leer tanto en silencio como en voz alta, y resulta sencillo comprenderlas, memorizarlas y volver a contarlas. Las transformaciones sintácticas dan vida y dinamismo al relato objetivo y sereno de J. Swift. Esta impresión se ve reforzada por la elección del traductor de la primera persona narrativa en lugar de la tercera utilizada en el original. De este modo, el traductor crea una ilusión de verosimilitud, tan importante para el lector joven. J. Balčikonis omite por completo muchas frases. En las traducciones, las omisiones suelen ser un fenómeno censurable. Suprimen mucha información y deforman la idea de la obra. ¿Qué se omite en la traducción que estamos analizando y por qué? J. Balčikonis no transmite al lector aquellos pasajes de la novela que muestran los vicios de la vida en Inglaterra: la infidelidad, la prostitución y la mentira. También omite las descripciones de métodos de tratamiento, los «asuntos naturales» de Gulliver y otros episodios en los que Swift no respeta las normas del decoro y su sátira es groseramente naturalista. Al omitir uno u otro pasaje, el traductor expresa su postura ante lo representado y actúa como un moralista. La historia de la traducción conoce muchos casos semejantes de reelaboración de obras. En nuestros tiempos, estas modificaciones solo son permisibles y necesarias cuando un libro destinado a los adultos se adapta para los jóvenes. Al evaluar la traducción de «Los viajes de Gulliver» de J. Balčikonis, habría que guiarse no por la adecuación entre el original y la traducción, sino por el valor pragmático de esta última como criterio principal de evaluación. Así pues, hay que examinar cuáles eran los objetivos del traductor y en qué medida logró alcanzarlos. El valor pragmático de la traducción de Balčikonis es doble: lo constituyen la adaptación de la obra, su reorientación hacia los jóvenes y la corrección, sencillez y carácter popular de la lengua de la traducción. PRAGMÁTICA Y ESTILÍSTICA DE LAS TRADUCCIONES DE J. BALČIKONIS Resumen En el presente artículo se examinan los principios de adaptación traductora a partir de la novela de J. Swift «Los viajes de Gulliver». El traductor perseguía dos objetivos: hacer la novela accesible a los adolescentes y enseñarles una lengua coloquial, popular y rica en imágenes. Se analizan los procedimientos de adaptación en distintos niveles de la lengua (fenómenos fonéticos, léxicos, sintácticos y textuales). Se estudia la modificación estilística como método principal de la práctica traductora de J. Balčikonis. La autora del artículo concluye que «Los viajes de Gulliver» en la traducción de Balčikonis es una traducción pragmáticamente adecuada.