scieee Science in your language
[ot] (orig)

Chimamanda Ngozi Adichie, una Scheherazade africana1 Reseña. Adichie, C. N. (2018). El peligro de la historia única. Barcelona: Penguin Random House

Author: Romo, Mateo
Year: 2021
DOI: http://dx.doi.org/10.14718/CulturaLatinoam.2021.33.1.14
Source: http://elea.unisa.it/xmlui/bitstream/10556/6313/5/Romo%2c%20M.%20Cultura%20Latinoamericana%2c%202021.pdf
277
Chimamanda Ngozi Adichie, una Schehe azade a icana1
Reseña. Adichie, C. N. (2018). El pelig o de la his o ia única.
Ba celona: Penguin Random House.
Ma eo Romo *
Uni e sidad Lib e
DOI: h p://dx.doi.o g/10.14718/Cul u aLa inoam.2021.33.1.14
A la pa de las isiones de mundo dominan es, siemp e hay un
abanico de his o ias eme gen es que ecupe an la oz del silenciado
y do an de p o agonismo al desclasado, al nadie, al encido, al pa ia.
Son muchas las pe sonas que han con apun eado los ela os hege-
mónicos y nos han ad e ido sob e los pelig os de la his o ia esc i a
con h mayúscula. Hoy quie o habla sob e una de ellas. Su nomb e
es Chimamanda Ngozi Adichie, hija de Nige ia y nie a de Á ica, dos
ie as his ó icamen e colonizadas, cazadas y dominadas.
Chimamanda nació en la aldea de Abba. Tiene 43 años. Es la quin-
a hija del ma imonio con o mado po James Nwoye Adichie y G ace
I eoma. Su pad e e a p o eso ; su mad e, adminis a i a. Se a aba
1. Tex o adsc i o al G upo de In es igación Filoso ía y Teo ía Ju ídica Con empo ánea, de la
Uni e sidad Lib e.
Re e encia: Ma eo, R. (2021). Chimamanda Ngozi, una Schehe azade a icana. Reseña.
Ngozi Adichie, Chimamanda (2018). El pelig o de la his o ia única. Ba celona: Penguin
Random House. Cul u a La inoame icana, 33(1), pp. 277-282. DOI: h p://dx.doi.
o g/10.14718/Cul u aLa inoam.2021.33.1.14
* Abogado, especialis a y es udian e del p og ama de Maes ía en Filoso ía del De echo de la
Uni e sidad Lib e. Es udian e de C eación Li e a ia en la Uni e sidad Cen al. Ac ualmen e,
se desempeña como in es igado auxilia del Doc o ado en De echo de la Uni e sidad Lib e.
Co eo: [email p o ec ed]
278
de una « amilia nige iana con encional, de clase media» (p. 6). A los
diecinue e años iajó a Es ados Unidos. Es udió en la Uni e sidad
D exel, con una beca po dos años. Ob u o un í ulo en Comunica-
ción y Ciencias Polí icas en la Uni e sidad Es a al del es e de Con-
nec icu . Pos e io men e, ing esó a la Uni e sidad Johns Hopkins,
Bal imo e, donde hizo una maes ía en Esc i u a C ea i a (p. 19).
Chimamanda es una con ado a de his o ias, y con es o quie o de-
ci que si un día el mundo ue a gobe nado po un emido ey como
Shah ia , ella end ía an os ela os po con a le que pod ía e i a que
el sul án nos co a a la cabeza: Chimamanda es, con odo lo que es o
implica, una Schehe azade a icana. Los emas que ha abajado en
sus ob as son a iados y icos en complejidad: acismo, sexismo, e-
minismo, inmig ación2… Su mi ada poé ica le pe mi e e lo que pasa
desape cibido, po co idiano, ol idado o de o mado. Su capacidad
pa a hace del lenguaje un amasijo la acul a pa a c ea imágenes que
dan ho ma a lo que, de o a o ma, se ía inimaginable. Desocul a lo
ma ginado, u o de una mi ada poé ica (zaho í), y da cue po a lo
e é eo: dos dis in i os c ea i os que es a esc i o a, d ama u ga, no e-
lis a y eminis a nige iana emplea al se icio del equilib io de his o ias.
Uno de esos ela os capaces de pone con a las cue das a los sim-
pa izan es de la « e dad o icial» es El pelig o de la his o ia única. Se
a a de un discu so3 híb ido, que iene de ensayo y de au obiog a ía,
de na a i a y de dia io ín imo. Chimamanda comienza con ándonos
su p ecoz encuen o con la lec u a y la esc i u a. Na a sus i encias
como inmig an e en Es ados Unidos y, en é minos gene ales, nos e-
la a el camino que eco ió pa a con e i se en esc i o a. No obs an e,
como pasa con oda g an con ado a de his o ias, es o solo es á en
la supe icie del ela o. Bajo la pun a del icebe g hay un mani ies o
poé ico de esis encia an icolonial. Chimamanda mues a los pelig os
de los discu sos dominan es de una o ma sui géne is: a pa i de sus
p ime as expe iencias li e a ias.
Cuen a que sus pe sonajes e an iguales a los de las his o ias que
leía: «blancos de ojos azules, jugaban en la nie e y comían manzanas»
2. Algunas de sus ob as más céleb es son las no elas La lo pú pu a, Medio sol ama illo y Ame ica-
nah, po las que ha ecibido di e en es econocimien os y gala dones: el Commonweal h W i e s’
P ize y el Hu s on / W igh Legacy Awa d, el O ange P ize o Fic ion, el Chicago T ibune Hea -
land P ize y el Na ional Book C i ics Ci cle Awa d. Su ensayo Todos debe íamos se eminis as ha
sido acogido y discu ido a ni el mundial, al igual que su mani ies o p esen ado en modo epis ola :
Que ida Ijeawele. Cómo educa en el eminismo.
3. TED Talk asc i o a más de 40 lenguas. Hoy, 8 de eb e o del 2021, cuen a con más de ein i-
cinco millones de ep oducciones: h ps://www. ed.com/ alks/chimamanda_ADICHIE_ he_dan-
ge _o _a_single_s o y/ ansc ip ?language=es
MATEO ROMO
Cul u a La inoam. Volumen 33, núme o 1, ene o-junio 2021, pp. 277-282
279
(p. 5). Incluso, «bebían mucha ce eza de jengib e, po que los pe so-
najes de los lib os b i ánicos que leía la bebían» (p. 5). Chimamanda
ec eaba mundos iccionales en los cuales no habi aba. Había un ple-
no abismo en e la au o a y la ob a. En lo que esc ibía no se sen ía
iden i icada; es aba desalojada po su p opia li e a u a.
La li e a u a, sin emba go, nos pe mi e encon a lo no pensado,
i i esa expe iencia que, como en o o con ex o bien desc ibió Co -
áza , consis e en anda po el mundo sin busca nos, «pe o sabiendo
que andábamos pa a encon a nos». Pues bien, la se endipia de las
le as hizo de las suyas, y Chimamanda encon ó la li e a u a a icana.
Desde en onces, se descolonizó como na ado a y comp endió que
en la li e a u a ambién exis en «chicas con la piel de colo chocola e
cuyo pelo izado no caía en colas de caballo» (p. 5); aho a esc ibe so-
b e emas que econoce y en los que se econoce. ¿Que la li e a u a no
cambia la ida? A eces no solo eso, que ya es ex ao dina io; a eces
con la li e a u a inicia la ida. Eso le pasó a Chimamanda luego de da
con esc i o es como Chinua Achebe y Cama a Laye.
Las le as ec ean uni e sos y un lib o puede hace sali el sol
po el oes e. Igualmen e, si la li e a u a es con e ida en monopolio
discu si o, puede pe o ma de odio, disc iminación y menosp ecio
cualquie ealidad habi ada. La céleb e esis de que podemos hace
cosas con palab as es una máxima que no debe deja de pe sis i en
nues a memo ia. «El adje i o cuando no da ida, ma a», esc ibió Vi-
cen e Huidob o. Pues bien, imaginemos el pode del e bo… No. Es
ilimi ado.
In e p e ación y a gumen ación son dos ca as de la misma mone-
da: ambas con o man el ne io del lenguaje que, a su ez, an ecede el
pensamien o, y es e, la acción y la(s) ealidad(es) conocida(s). La ida
es un lib o hecho de lib os, y la in e p e ación puede da siemp e un
nue o gi o a la his o ia. Un ejemplo de da luz a un nue o sen ido lo
podemos encon a en la no ela O a uel a de ue ca, de Hen y Ja-
mes. Imaginémonos po un ins an e como sus lec o es. Cen émonos
aho a en la ins i u iz. Pues bien, de noso os, que emos el mundo
a a és de ella, ambién depende que haya (o no) an asmas en la
casa. ¿Los hay en la nues a? En e más in e p e aciones, más uel as
de ue ca; cuando se impone un ela o único, un sen ido único, una
in e p e ación uní oca, dejamos de se lec o es y pasamos a se leídos.
Según Chimamanda, «la his o ia única de Á ica en úl ima ins an-
cia p o iene […] de la li e a u a occiden al» (p. 7). En es a línea, la
con ado a de his o ias ecupe a una ci a de un me cade londinense,
NOTAS Y DISCUSIONES
280
John Lok4, «que na egó al Á ica occiden al en 1561 y esc ibió un
ascinan e ela o del iaje. Después de llama a los a icanos neg os
bes ias sin hoga , esc ibe: También hay gen e sin cabeza, con la boca y
los ojos en el pecho» (p. 7).
Chimamanda, al iempo que e ela el pelig o de la his o ia úni-
ca de mane a gene al, lo hace ambién en p ime a pe sona. Rela a
que mien as cu saba sus es udios en Es ados Unidos la isión es e-
eo ípica que los demás enían sob e ella, en an o nige iana, asumía
múl iples os os. El p ejuicio es camaleónico. Puede se on al o
camu la se de alsa conmise ación y lás ima pa e nalis a. Anécdo as
como la que u o con una compañe a de habi ación, que se so p en-
dió de que habla a inglés (pese a que el inglés es el idioma o icial de
Nige ia), y con un p o eso , que ase e ó que su no ela no e a «au én-
icamen e a icana» (pp. 6 y 7), lle a on a Chimamanda a ahonda
en la cues ión del exilio nige iano. Lo hizo desde su p opio lec o :
Es ados Unidos. F u o de es e esc ibi desde el se -leído, quedó su
colección de ela os b e es Algo al ededo de u cuello.
Muchas eces, de o ma más o menos inconscien e, mien as con-
on amos la his o ia única la ep oducimos y pe pe uamos en o os
ámbi os. La misma Chimamanda cuen a que es o le pasó cuando, en
medio de un clima polí ico de ensiones du an e su es adía en Es a-
dos Unidos, el concep o de «inmig ación se con i ió en sinónimo de
mexicanos» (p. 8), y sob e los mexicanos la his o ia única había e i-
gido una na a i a de iolencia y ecelo. Como consecuencia de es a
a mós e a de a as y p ejuicios, Chimamanda quedó «inme sa en la
cobe u a mediá ica de los mexicanos» (p. 8). En su cabeza, los mexi-
canos «se habían con e ido en una sola cosa: el abyec o inmig an e»
(p. 8). Al iaja a Guadalaja a, su expe iencia desmi i icó el discu so.
Halló nue as his o ias, y odas e an diame almen e opues as a la «o i-
cial», que pa ecía esc i a po un John Lok hollywoodense.
Re a a la his o ia única, a di e encia de lo que pod ía pensa se, no
es una discusión ne amen e académica y nebulosa, de eo ías sin piso
y ex os sin con ex os; es un pulso mismo a la es uc u a. Sob e es o,
Chimamanda dice:
Es imposible habla de ela o único sin habla de pode . Exis e una pa-
lab a, una palab a igbo, que me iene siemp e a la cabeza cuando pienso
en las es uc u as de pode del mundo: nkali. Es un nomb e que pod ía
aduci se po «se más g ande que o o». Igual que en el mundo polí ico
4. Hace pa e del á bol genealógico del ilóso o John Locke (1632-1704).
MATEO ROMO
Cul u a La inoam. Volumen 33, núme o 1, ene o-junio 2021, pp. 277-282
281
y económico, las his o ias ambién se de inen po el p incipio de nkali: la
mane a en que se cuen an, quién las cuen a, cuándo las cuen a, cuán as se
cuen an… odo ello en ealidad depende del pode .
Pode es la capacidad no solo de con a la his o ia de o a pe so-
na, sino de con e i la en la his o ia de ini i a de dicha pe sona.
El poe a pales ino Mou id Ba ghou i esc ibe que, si quie es desposee
a un pueblo, la o ma más simple de consegui lo es con a su his o ia y
empeza po «en segundo luga ». Comienza la his o ia con las lechas de
los na i os ame icanos y no con la llegada de los b i ánicos y ob end ás un
ela o comple amen e dis in o. Comienza con el acaso del Es ado a i-
cano y no con la c eación colonial del Es ado a icano y end ás un ela o
comple amen e dis in o (p. 8).
En la a en u a po conquis a «un equilib io de ela os» es án de
po medio las luchas po el econocimien o, y en el ne io de es as, los
clamo es po la dignidad, la igualdad ma e ial y la libe ad en odas
sus o mas. En cambio, dice Chimamanda, «la consecuencia del ela o
único es la siguien e: p i a a las pe sonas de su dignidad. Nos di icul a
econoce nues a común humanidad. En a iza en qué nos di e encia-
mos en luga de en qué nos pa ecemos» (p. 9)5.
Una de las elices coincidencias de odos los pueblos y cul u as es
la de poe iza la ida. La de hace li e a u a o al o esc i a, con in a y
papel, acciones y silencios. Cada pueblo o ja su his o ia, su o igen,
sus dioses y ges as, los cul os y i os que hab án de acompaña lo pa a
ali iana su dolo y ec ea sus dichas. El d ama, jun o con la agedia
y la comedia, así como la épica y la epopeya, es deci , la ida misma,
han enido como amiz la li e a u a. Cada pueblo, a a és de ella, le
da sen ido a la ida colec i a. Lo p opio pasa en el ámbi o ín imo:
cada pe sona p o agoniza su ob a i a al iempo que la esc ibe, la
enmienda y la eesc ibe, en cla e de ensayo y e o .
El hecho de que haya una his o ia p opia no quie e deci que es a
no pueda dialoga con o as; si espon áneamen e se da el in e cambio,
hay un en iquecimien o en doble ía6. Incluso, puede que no solo se
5. El pelig o de la his o ia única se cie a con un epílogo de Ma ina Ga cés. Allí, la ilóso a dice:
«El impe io de la his o ia única, en cambio, pa ece no deja nada ue a. No se econocidos po
ella o no acep a su econocimien o nos condena a no exis i . A no pe enece . A no se . Todas las
exclusiones, las op esiones, los desp ecios y los expolios se de i an de es a expulsión de la his o ia
única. Pe o ambién las he ejías y las disidencias, la c í ica y la c eación de mundos insumisos. Los
sin his o ia son an o los que son expulsados po ella como los que se esis en a la uni ocidad de
su cap u a» (p. 16).
6. En palab as de la ilóso a Ma ina Ga cés: «Cada his o ia ilumina un sende o den o de lo que
no sabemos al iempo que amplía los má genes de los que nos queda po sabe» (p. 15).
NOTAS Y DISCUSIONES

282
complemen en, sino que se comple en. El p oblema su ge cuando la
imposición media la expe iencia, cuando el legado es obliga o io, aun-
que los he ede os hubie an p e e ido hace bene icio de in en a io.
Finalmen e, quisie a e mina con una sue e de e lexión de con-
no ación colec i a: el hallazgo de la li e a u a a icana ue pa a Chi-
mamanda, gua dando las p opo ciones, lo que pa a los pueblos es un
p oceso de emancipación, de despe a público. Cuando las gen es
del común co en el elo y desocul an las na a i as ma ginadas, se
opan con la eliz expe iencia de que la his o ia con ada no es la única;
descub en que hay muchas o as en las que sí se econocen; incluso,
llegan a sen i , po ejemplo, que en ez de se pe sonajes que oman
«ce eza de jengib e», deben se los p o agonis as de su iempo y, po
qué no, de ez en cuando oma gua apo y chicha, bebida de comune-
os, elixi de independencia.
MATEO ROMO
Cul u a La inoam. Volumen 33, núme o 1, ene o-junio 2021, pp. 277-282