Paulo Freire: historia y utopía (homenaje en el cen-tenario de su nacimiento)
Abstract
Presented are some ideas of Paulo Freire about history and specifi-cally his criticism of postmodernism with his ideology of the end of his-tory, the end of socialism, the end of utopia and the end of ideologies. Emphasis is placed on the critical and liberating position of Brazilian educators beliefs.
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182 Cultura Latinoam. Volumen 35, número 1, enero-junio 2022, pp. 182-196 PAULO FREIRE: HISTORIA Y UTOPÍA (HOMENAJE EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO) Resumen Se presentan algunas ideas de Paulo Freire sobre la historia y específicamente su crítica al posmodernismo con su ideología del fin de la historia, el fin del socialismo, el fin de la utopía y el fin de las ideologías. Se enfatiza la posición crítica y liberadora de las creencias de los educadores brasileños. Palabras clave Historia, posmodernismo, fin de la historia, fin de la utopía Abstract Presented are some ideas of Paulo Freire about history and specifically his criticism of postmodernism with his ideology of the end of history, the end of socialism, the end of utopia and the end of ideologies. Emphasis is placed on the critical and liberating position of Brazilian educators beliefs. Keywords History, posmodernism, end the history, end the ideologies, end the utopia. Referencia: Rojas Osorio, C. (2022). Paulo Freire: historia y utopía (homenaje en el centenario de su nacimiento). Cultura Latinoamericana, 35 (1), pp. 182-196. DOI: http:// dx.doi.org/10.14718/CulturaLatinoam.2022.35.1.10
183 PAULO FREIRE: HISTORIA Y UTOPÍA (HOMENAJE EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO) Carlos Rojas Osorio* Universidad de Puerto Rico DOI: http://dx.doi.org/10.14718/CulturaLatinoam.2022.35.1.10 La proclamada muerte de la Historia que significa, en última instancia, la muerte de la utopía y de los sueños, refuerza, indiscutiblemente, los mecanismos de asfixia de la libertad. De allí que la pelea por el rescate del sentido de la utopía, de la cual no puede dejar de estar impregnada de la práctica educativa humanizante, tenga que ser una constante de esta. Paulo Freire1 En las últimas décadas de su vida, su praxis y su producción intelectual, Paulo Freire (1921-1997) escuchó las voces de sirena del posmodernismo que predicaban el fin de la historia, el fin de la utopía, la muerte del socialismo y el final de las ideologías. Pero no se taponó sus oídos como Ulises, sino que escuchó a los vociferantes de dichas predicaciones y no perdió oportunidad alguna en responderles de modo claro y concluyente. El presente ensayo reúne esas sabias respuestas que el gran pensador y educador latinoamericano ofreció ante tales desafíos. Abordamos, pues, los temas de la crítica a la idea del final de la historia, de la muerte del socialismo, del final de las ideologías 1. Paulo Freire, (2002, p. 111). * Profesor jubilado de la Universidad de Puerto Rico. Su línea de investigación es la filosofía latinoamericana y el posmodernismo. Carlos Rojas Osorio es profesor emérito de la Universidad de Puerto Rico. Se desempeñó como catedrático de Filosofía y Humanidades en el Recinto de Humacao. Es autor de Hostos, apreciación filosófica, Pensamiento filosófico Puertorriqueño, Latinoamérica: cien años de filosofía, La filosofía moderna en el Caribe hispano, Filosofía de la educación. De los griegos a la tardomodernidad. Fecha de recepción: 24 de marzo de 2022; fecha de aceptación: 30 de abril de 2022.
184 CARLOS ROJAS OSORIO Cultura Latinoam. Volumen 35, número 1, enero-junio 2022, pp. 182-196 y del final de la utopía. Toda esta temática está dispersa en sus últimas obras, pero de modo especial en Pedagogía de la autonomía y Pedagogía de la esperanza. Crítica de la idea del fin de la historia El tema de la historia, y de la historicidad de todos los fenómenos humanos, está presente en Freire desde su primera obra La educación como práctica de la libertad. Y persiste a lo largo de la totalidad de su pensamiento y de su escritura. En Pedagogía del oprimido la base de la Historia radica en el carácter inacabado e incompleto del ser humano. “El hombre se reconoce como ser en devenir, incompleto, inconcluso, en la realidad, la cual por ser histórica es también incompleta. Tiene la conciencia de su inconclusión”. (Freire, 1971, p. 50) Y en Pedagogía de la autonomía escribe: “Así llegamos al punto del que quizá deberíamos haber partido. El del inacabamiento del ser humano. En verdad, el inacabamiento del ser o su inconclusión es propio de la experiencia vital. Donde hay vida, hay inacabamiento. Pero sólo entre hombres y mujeres el inacabamiento se tornó consciente”. (2002, p. 50) Por su inacabamiento los seres humanos crearon un mundo, un soporte. “El soporte se fue haciendo mundo, y la vida, existencia, al paso que el cuerpo humano se hizo cuerpo consciente, captador, aprendedor, transformador, creador de belleza y no ´espacio´ vacío para ser llenado de contenidos”. (p. 51) La incompletud humana nos motivó al aprendizaje, a la cultura, la creación de la historia, al arte y a la ética. La educación tiene como base, dice de modo explícito Freire, la incompletud humana. Freire se opone a toda concepción mecánica y determinista de la historia. En cambio, concibe la Historia como posibilidad. “La Historia como posibilidad y no como determinación. El mundo no es. El mundo está siendo”. (Freire, 2002, p. 75) La historia es devenir, cambio, transformación. “En el mundo de la Historia, de la cultura, de la política, compruebo, no para adaptarme, sino para cambiar”. (2002, p. 75) Y continúa: “Al comprobar, nos volvemos capaces de intervenir en la realidad, tarea incomparablemente más compleja y generadora de nuevos saberes que la simple adaptación a ella”. (p. 75) En la mera adaptación vivimos la historia de modo pasivo; Freire dice que la experimentamos como objetos, no como sujetos. “Porque histórico, vivo la historia como tiempo de posibilidad, y no de determinación”. (p. 73) La historia es un proceso abierto, no cerrado. Apertura a la posibilidad de un futuro diferente, no mera repetición del pasado.
185 PAULO FREIRE: HISTORIA Y UTOPÍA (HOMENAJE EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO) Hay dos concepciones de la historia que Freire, con mucha razón, rechaza: el determinismo y el subjetivismo. “Por un lado, la concepción mecanicista de la Historia, que reduce la conciencia a ser mero reflejo de la materialidad, y por otro, el subjetivismo idealista, que hipertrofia el papel de la conciencia en el acontecer histórico. Nosotros, mujeres y hombres, no somos seres simplemente determinados ni tampoco estamos libres de condicionamientos genéticos, culturales, sociales, históricos, de clase, de género, que nos marcan y a los cuales estamos referidos”. (p. 95) Al educador brasileiro le gustaba repetir una frase del biólogo francés F. Jacob: “seres programados, pero para aprender”. (p. 26) En el determinismo histórico no hay lugar para la decisión: “En esta manera mecanicista de comprender la Historia no hay lugar para la decisión humana. Así como en la desproblematización del tiempo, de lo que resulta el porvenir ora es la perpetuación del hoy, ora algo que será porque está dicho que será, no hay lugar para la elección, sino para el acomodamiento bien adaptado a lo que está allí o a lo que vendrá”. (p. 110) El determinismo, que Freire denomina también mecanicismo, es un fatalismo2. “La ideología fatalista, inmovilizadora, que anima el discurso liberal anda suelto por el mundo. Con aires de posmodernidad3, insiste en convencernos de que nada podemos hacer contra la realidad histórica y social que, de histórica y cultural, pasa a ser o a tornarse casi natural”. (p. 21) Como cuando decimos la “realidad es así, qué podemos hacer?”. “De allí la crítica permanente que siempre llevo en mí de la maldad neoliberal, al cinismo de su ideología fatalista y a su rechazo inflexible al sueño y a la utopía”. (p. 16) Hay, para Freire, un fatalismo de derecha, la inmovilidad de la no-acción, que atribuye al neoliberalismo; y un fatalismo liberador, pero fatalismo. Él rechaza ambos. El determinismo o fatalismo supuestamente liberador coincide con ciertas interpretaciones del marxismo según las cuales las leyes inflexibles de la historia llevan al final del capitalismo, supuestamente sin la intervención de la conciencia, la voluntad y la acción humanas. 2. Pablo Guadarrama califica de reduccionismo esta lectura determinista y economicista de la historia. “Un nuevo tipo de reduccionismo se propagó en algunas de las interpretaciones dogmáticas y simplificadoras, propiciado por el privilegiado lugar que tuvo el estudio de las relaciones capitalistas de producción en la obra cumbre de Marx, El Capital, Si no se toma en consideración ese importante aspecto, puede degenerar en la hiperbolización del papel del factor económico y caer en el reduccionismo economicista” (2018, p. 60). 3. Nótese que en este texto Freire usa el término “posmodernidad” en el sentido usual de las décadas finales del siglo XX, como final de la historia, muerte del socialismo, final de las ideologías y de la utopía. En algunos pocos pasajes de Pedagogía de la esperanza usa el término “posmodernidad” en un sentido muy suyo, pero positivo. La posmodernidad en el primer sentido la rechaza y la denomina posmodernidad conservadora. La Dra. Liliana Cotto ofreció una ponencia sobre el sentido positivo de “posmodernidad” en Freire.
186 CARLOS ROJAS OSORIO Cultura Latinoam. Volumen 35, número 1, enero-junio 2022, pp. 182-196 En cambio, Freire es enfático en su idea del ser humano como sujeto de la historia, que en modo alguno es pasivo. “Haciéndose y rehaciéndose en el proceso de hacer la historia como sujetos y objetos, mujeres y hombres, convirtiéndose en seres de inserción en el mundo y no de la pura adaptación al mundo, terminan por tener en el sueño también un motor de la historia. No hay cambio sin sueño, como no hay sueño sin esperanza”. (Freire, 2017, p. 116) Como veremos más adelante, la recuperación del sentido de la utopía, que aquí Freire denomina también “sueño”, es parte fundamental de la respuesta a la posmodernidad conservadora que da por fenecida la utopía. El determinismo histórico fatalista minimiza la presencia de la subjetividad en la historia y por ende, de la educación. La historia como posibilidad, en cambio, establece que la acción humana “si bien no puede todo, sí puede algo”. (p. 117) Su pensamiento, recalca Freire, parte de cierta comprensión o visión del ser humano gestando su naturaleza en su propia historia, de la que necesariamente se torna sujeto”. (p. 123) Como bien escribió Marx: “los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y transmite su pasado”. (2003, p. 15) En el siguiente texto, Freire alude directamente a la tesis posmoderna del final de la historia. “Cuanto más me dejo seducir por la aceptación de la muerte de la Historia, tanto más admito que la imposibilidad de un mañana diferente implica la eternidad del hoy neoliberal que está allí, y la permanencia del hoy mata en mí la posibilidad de soñar. Una vez desproblematizado el tiempo, la muerte de la Historia decreta el inmovilismo que niega al ser humano”. (Freire, 2002, p. 111)4 El ser humano es un ser histórico, y como tal activo, no un juguete de fuerzas implacables. Tanto el mecanicismo histórico de leyes inflexibles como el posmodernismo conservador conducen al inmovilismo, a la inacción, o como también reitera Freire, a la mera adaptación. Critica de la idea de la muerte del socialismo Una de las críticas que Freire hace al posmodernismo es su idea según la cual no existen clases sociales, ni lucha de clases. “Los discursos neoliberales, llenos de ´modernidad´ no tienen fuerza suficiente 4. Para un estudio amplio del tema del final de la historia, ver: Perry Anderson, 1996.
187 PAULO FREIRE: HISTORIA Y UTOPÍA (HOMENAJE EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO) para acabar con las clases sociales y decretar su inexistencia de intereses diferentes entre ellas, como no tienen fuerza para acabar con los conflictos y la lucha entre ellas”. (p. 64) “Lo que ocurre es que la lucha es una categoría histórica y social. Tiene por lo tanto historicidad. Cambia de tiempo-espacio a tiempo espacio”. (p.61) Nótese que de paso Freire ubica al neoliberalismo en la “Modernidad”. Para Freire resulta paradójico que a su pensamiento liberacionista se le haya criticado de silenciar las clases sociales y la lucha de clases. “Una de las críticas al menos aparentemente más formal, mecanicista, no dialéctica, se sorprendía de que yo no hiciera referencia a las clases sociales, y sobre todo de que no afirmara que ´la lucha de clases es el motor de la historia´. Le parecía raro que en lugar de las clases sociales yo trabajaba con el concepto vago de oprimido”. (p. 114) Freire responde de forma clara y contundente: “Ayer hablaba de clases sociales con la misma independencia y conciencia del acierto con que hablo hoy”. (p. 115) Un poco más adelante aclara: “Nunca entendí que las clases sociales, la lucha de clases pudieran explicarlo todo, hasta el color de las nubes un martes al atardecer, de ahí que jamás haya dicho que la lucha de clases en el mundo moderno, era o es el motor de la historia. Pero, por otra parte aún hoy, y posiblemente por mucho tiempo, no es posible entender la historia sin las clases sociales, sin sus intereses en choque”. (p. 116) Y concluye: “La lucha de clases no es el motor de la historia, pero ciertamente es uno de ellos”. (116) Debemos notar que la categoría sociohistórica más general que Marx usa en el Manifiesto comunista es la de opresores-oprimidos. “Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en suma, opresores y oprimidos, siempre estuvieron opuestos entre sí, librando la lucha ininterrumpida”. (Marx, 1998, p. 31) Ciertamente en cada formación social es preciso identificar quiénes son los opresores y quiénes los oprimidos, y Marx lo hace, como también lo hace Freire. Así, pues, “oprimido” no tiene que ser un concepto vago. “Por último las relaciones entre las clases son un hecho político que genera un saber de clase, que exige una lucidez, indispensable en el momento de la elección de las mejores tácticas a utilizar y que, variando históricamente, deben estar en constancia con los objetivos estratégicos”. (Freire, 2002, p. 118) No solo hay clases sociales, sino que hay lecturas de la realidad desde los intereses de clase social. Con Freire nos referimos más adelante precisamente al tema de las ideologías. En la actualidad se habla de la muerte del socialismo. “La efervescencia latinoamericana, la presencia cubana -hoy igual que siempre
188 CARLOS ROJAS OSORIO Cultura Latinoam. Volumen 35, número 1, enero-junio 2022, pp. 182-196 amenazada por las fuerzas reaccionarias que hablan con arrogancia de la muerte del socialismo”. (p. 63) Freire critica el determinismo histórico de algunas interpretaciones del marxismo según la cual el socialismo llega necesariamente, por fatalidad. “En realidad el clima preponderante entre las izquierdas era el del sectarismo que, al mismo tiempo que niega la historia como posibilidad, genera y proclama una especie de ´fatalismo libertador´. El socialismo llega necesariamente”. (p. 71) Consecuencia del determinismo fatalista es la negación de la lucha. “La comprensión de la historia como fatalismo libertador hasta sus últimas consecuencias, prescindiremos de la de la lucha, del empeño de la creación del socialismo democrático como empeño histórico, desaparecen así la ética y la lucha y la belleza de la pelea”. (p. 71) Freire rechaza de modo concluyente la tesis posmodernista según la cual “Marx ha muerto”. “Sin pretender, ni siquiera de lejos, parecerme a Marxno porque ahora de vez en cuando digan que ya está superado, sino por el contrario, precisamente porque para mí no lo está, y sólo es preciso revisarlo-, me siento inclinado a citar una de sus cartas, aquello en que, irritado con inconsecuentes ´marxistas´ franceses, dice: “Lo único que sé es que no soy marxista”. (p. 113) Y en La educación en la ciudad reitera: “Debo dejar claro que no me siento, por un lado, entre los que hasta recientemente mitifican a Marx, endiosándolo, ni por el otro, entre los que ahora afirman que Marx ya nada tiene que decir”. (Freire, 2007, p. 162) Contra el concepto mecanicista de la historia, Freire invoca la dialéctica. “En la concepción dialéctica, y por lo mismo no mecanicista, de la historia, el futuro hace eclosión a partir de la transformación del presente como algo dándose. De ahí viene el carácter problemático y no inexorable del futuro. El futuro no es lo que tiene que ser, sino lo que hagamos con y en el presente”. (Freire, 2007, p. 162) A continuación, el educador brasileiro pasa a cuestionar la idea posmoderna del fin de las clases sociales. “Por eso cuando dicen que estamos viviendo otra historia, en la que las clases sociales están desapareciendo, y con ellas sus conflictos, y que el socialismo se pulverizó en los escombros del muro de Berlín, yo por lo menos no lo creo”. (2017, p. 118) Para los defensores del final del socialismo no hay otro socialismo que el que cayó con la implosión de la Unión Soviética y los países del Este europeo. Freire contradice dicha tesis y defiende nuevas versiones del socialismo, sin dejar de apercibirse de las falencias que llevaron al colapso del socialismo real. Asimismo, contra la muerte de las ideologías y un pretendido discurso neutro se pronuncia Freire. “La afirmación de que el ´discurso
189 PAULO FREIRE: HISTORIA Y UTOPÍA (HOMENAJE EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO) ideológico es una especie de incompetencia natural de las izquierdas, que insisten en hacerlo cuando ya no hay ideologías y además, según dicen, ya nadie quiere oírlo, es un discurso ideológico y mañoso de las clases dominantes. Lo superado no es el discurso ideológico, sino el discurso fanático, inconsecuente, repetición de lugares comunes, el discurso que se pierde en la retórica agotadora que ni siquiera tiene sonoridad y ritmo”. (p. 119) Si en algo es enfático Freire es en rechazar la supuesta neutralidad del educador, del científico social o del intelectual. La tesis del fin de las ideologías, dice Freire, es una tesis ideológica. Finalmente: “Me siento absolutamente en paz al entender que el desmoronamiento del llamado ´socialismo realista´ no significa, por un lado, que el socialismo en sí haya demostrado ser inviable y, por el otro, que la excelencia del capitalismo haya quedado demostrada”, (p. 119) ninguna excelencia puede mostrar el capitalismo cuando hay millones de seres humanos en la miseria y la pobreza, no solo en los países llamados subdesarrollados, sino también en los bolsones de miseria de las grandes urbes capitalistas. El capitalismo opera de modo discriminatorio por razones de raza, sexo, clase social, etc. “Como si negar lo diferente, humillarlo, ofenderlo, despreciarlo, explotarlo, fuese un derecho de los individuos o de las clases, de las razas o de un sexo en relación de poder sobre el otro”. (p. 120) Lo que sí había, concluye Freire, en el socialismo realista era un marco autoritario que dominaba en dicho sistema. Pero es necesario seguir soñando, “y luchando por el sueño socialista, depurándolo de sus distorsiones autoritarias, de sus disgustos totalitarios, de su ceguera sectaria”. (p. 122) Y recordando un pasaje de Pedagogía del oprimido concluye: “Es por esto por lo que sólo los oprimidos, liberándose, pueden liberar a los opresores. Éstos en tanto clase (el énfasis es actual) que oprime, no puede liberar, ni liberarse”. (p. 122) No es vago lo que yo decía, remarca Freire, sobre opresores y oprimidos; como se me ha criticado. Crítica de la idea del fin de la utopía “Cuando mucha gente hace discursos pragmáticos y defienden nuestra adaptación a los hechos. Acusando al sueño y a la utopía no sólo de ser inútiles, sino también de ser inoportunos en cuanto elementos que necesariamente forman parte de toda práctica educativa que desenmascare las mentiras dominantes, puede parecer extraño que yo escriba un libro llamado Pedagogía de la esperanza: un reen-
190 CARLOS ROJAS OSORIO Cultura Latinoam. Volumen 35, número 1, enero-junio 2022, pp. 182-196 cuentro con la Pedagogía del oprimido” (p. 23). Estas son las primeras palabras de este libro escrito en 1993 cuando ya toda la ideología posmodernista del fin de la utopía, del fin de la historia y del fin del socialismo estaba en plena efervescencia. Paulo Freire no se deja llevar por estos cantos de sirena, no se tapa los oídos como Ulises, sino que escucha y responde. Nótese que denomina “pragmáticos” estos discursos que predican la mera “adaptación a los hechos”. Nada más contrario al pensamiento freiriano que siempre nos invita e incita a problematizar la realidad, a no contentarse con lo real dado. Frente a la mentira dominante, el educador brasileiro invoca la develación o “desocultamiento de la verdad”. (p. 23) Denuncia el utilitarismo de pretender quedarse en lo útil y no extender la mirada más allá de los hechos; contrario a la mera adaptación es el pensamiento utópico, la mirada puesta en el presente en vistas a un futuro mejor, “el sueño” como dirá muchas veces a lo largo del libro, o la “esperanza” hilo conductor de la obra. “Sin un mínimo de esperanza no podemos siquiera comenzar el embate, pero sin el embate la necesidad ontológica de la esperanza se desordena, se tuerce y se convierte en desesperanza que a veces se alarga en trágica desesperación.” (p. 25) La lucha es contra la mentira dominante, contra el utilitarismo de ver solo lo eficiente, contra el régimen económico y social del neoliberalismo y por una educación liberadora. La lucha es contra los que niegan la esperanza porque niegan toda alternativa: “no future” es la falsa consigna del posmodernismo. El “no hay futuro” conduce al inmovilismo. “Desesperanza y desesperación consecuencia y razón de ser de la inacción y del inmovilismo”. (p. 25) El educador comprometido debe poder ayudarnos a buscar posibilidades y formas de superar los obstáculos que se puedan presentar ante esas nuevas posibilidades. Debemos pensar en lo “inédito viable”; este libro, concluye Freire, está escrito “con rabia, con amor, sin lo cual no hay esperanza”. (p. 26) La idea según la cual el amor es lo que inspira al revolucionario la reitera Freire citando al Che Guevara. “Déjeme decirle que el verdadero revolucionario es animado por fuertes sentimientos de amor. Es imposible pensar un revolucionario auténtico sin esta calidad” (p. 64). Carlos Rama nos recuerda que Ramón Emeterio Betances tenía también esta noble idea, que la revolución es una obra de amor. “Si se me permite conciliar dos términos que parecen incompatibles, diría más bien, la revolución del amor”. (2013. T. IV, p. 165) Betances evocaba una idea de José Martí: “la guerra sin odio”. Sus críticos, afirma Freire, prefieren el discurso pragmático del neoliberalismo al discurso suyo de la utopía. “De ahí que el lenguaje