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Apuntes sobre la revista Criterios en el panorama intelectual cubano de las primeras décadas de la revolución

González Mederos, Yeniselis

Abstract

The present article proposes a look at the political and cultural horizon of revolutionary Cuba to examine the conditions in which intellectual pro-duction develops on the Island. Ideological relations between intellectu-als and the revolutionary leadership in the context of the construction of socialism, as well as in the work of scientific dissemination carried out by the Criterios magazine from the seventies to the nineties and from which theoretical-methodological alternatives are proposed to the Marxist line of thought of Soviet Stalinist orientation that was widely circulated in Cuba during those decades.

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Resumen El presente articulo propone una mirada al horizonte político y cultural de la Cuba revolucionaria para examinar las condiciones en que se desarrolla la producción intelectual en la Isla. Indaga sobre las relaciones ideológicas entre los intelectuales y la dirección revolucionaria en el contexto de la construcción del socialismo, así como en la labor de divulgación científica realizada por la revista Criterios, a partir de la década del setenta hasta los noventa, desde la cual se proponen alternativas teórico-metodológicas a la línea de pensamiento marxista de orientación soviético estalinista de amplia circulación en Cuba por esas décadas. Palabras clave Intelectuales, Revolución, marxismo soviético de orientación estalinista, Criterios, divulgación. Abstract The present article proposes a look at the political and cultural horizon of revolutionary Cuba to examine the conditions in which intellectual production develops on the Island. Ideological relations between intellectuals and the revolutionary leadership in the context of the construction of socialism, as well as in the work of scientific dissemination carried out by the Criterios magazine from the seventies to the nineties and from which theoretical-methodological alternatives are proposed to the Marxist line of thought of Soviet Stalinist orientation that was widely circulated in Cuba during those decades. Keywords Intellectuals, Revolution, Stalinist-oriented Soviet Marxism, Criterios, divulgation. NOTES ON THE MAGAZINE CRITERIOS IN THE CUBAN INTELLECTUAL PANORAMA OF THE FIRST DECADES OF THE REVOLUTION Referencia: González Mederos, Y. (2021). Apuntes sobre la revista Criterios en el panorama intelectual cubano de las primeras décadas de la revolución. Cultura Latinoamericana, 34(2), pp. 210-224. DOI: http://dx.doi.org/10.14718/CulturaLatinoam.2021.34.2.9 211 APUNTES SOBRE LA REVISTA CRITERIOS EN EL PANORAMA INTELECTUAL CUBANO DE LAS PRIMERAS DÉCADAS DE LA REVOLUCIÓN Yeniselis González Mederos* Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas DOI: http://dx.doi.org/10.14718/CulturaLatinoam.2021.34.2.9 Cuba hacia la década de los setenta es un país abocado a la construcción del socialismo. Al librar un proceso revolucionario triunfante hacia fines de los años cincuenta, que define gradualmente la base de su proyecto social en las ideas de José Martí y el marxismo1, la práctica de las acciones del nuevo gobierno revolucionario, tendieron en la década de los sesenta, a la maduración de ese ideal en el pueblo cubano. En el orden ideológico, los años sesenta fueron determinantes en el establecimiento de la orientación política, social e ideológica de la Revolución. Un esbozo retrospectivo de la política cultural cubana de esta década nos muestra el posicionamiento del gobierno revolucionario ante el fenómeno de la cultura en las conocidas “Palabras a los intelectuales”, discurso pronunciado por Fidel Castro en 1961; 1. Aquí se hace referencia a la concepción según la cual el marxismo es un fenómeno intelectual en estrecha vinculación con el movimiento obrero y comunista internacional que se fundamenta en las ideas de Marx, Engels y Lenin y a partir del cual se han desarrollado diversas formas históricas de pensamiento que toman como base la interpretación total o parcial de la doctrina de estos tres pensadores. El pensamiento marxista resultó ser la teoría que, dada la formación cultural de izquierda de los líderes revolucionarios y las proyecciones sociales que se proponían, se avenía más al sentido revolucionario que tomaban los cambios sociales que se desarrollaban en el país desde la llegada de la Revolución al poder. * Licenciada. Profesor auxiliar. Contacto: [email protected] El presente artículo es resultado de un proyecto de investigación desarrollado en la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas. Fecha de recepción: 20 de julio de 2021; fecha de aceptación: 30 de agosto de 2021. 212 YENISELIS GONZÁLEZ MEDEROS Cultura Latinoam. Volumen 34, número 2, julio-diciembre 2021, pp. 210-224 reconocido como la base de la política cultural de la Revolución y en las que se dejan planteadas cuestiones esenciales. Primeramente, que la Revolución no era una tarea terminada sino un proceso en desarrollo que implicaba el acompañamiento de todos los sectores de la sociedad. Segundo, que el intelectual que desarrolla su obra desde las condiciones del proceso revolucionario debía tener una comprensión histórica y política de su realidad. Tercero, que el gobierno revolucionario no limitaba las libertades de expresión de los intelectuales, pero que tenía derechos en el ejercicio de sus funciones a proyectar, orientar y regular en la cultura una política institucional que velase por los intereses de la Revolución. Se apuesta por una proyección inclusiva de la cultura, a la vez que se visibiliza el matiz político que tiene el ejercicio de la producción intelectual; así como la necesidad de que se reconstruya el concepto mismo que guía dicha producción. Queda claramente expuesto que, si bien la actividad intelectual tiene rasgos y funciones propias, es necesario que estas tengan una trasformación orgánica en la sociedad socialista. Estos presupuestos generales son reafirmados por el presidente del país Osvaldo Dorticós Torrado en el discurso de apertura del Primer Congreso de Escritores y Artistas en el propio año 1961 (Dorticós, 2011). En este discurso expone los deberes de los intelectuales con la Revolución y, a su vez, el deber del gobierno revolucionario de crear una política cultural que tenga como protagonista a la intelectualidad cubana (Dorticós, 2011, p. 53). Dorticós llama a la intelectualidad nacional a la creación de un arte y cultura propios, que se nutra de las traiciones culturales cubanas y de la sabia popular (p. 50). Llama a los creadores «a definir de manera integral su vinculación absoluta, directa y amorosa con el pueblo» (p. 50) para renovar su comunicación con él y desterrar el “hermetismo intelectual” (p. 50) que en épocas anteriores caracterizaba a la producción cultural. En líneas generales, en varios discursos revolucionarios de los años sesenta puede apreciarse el interés de fomentar el compromiso de la intelectualidad con el hecho mismo que era la Revolución y, especialmente, con la lucha contra el imperialismo como fenómeno de dominación económica y cultural (Congreso Cultural de La Habana, 1968). Estas ideas se sintetizan en el discurso pronunciado por Fidel Castro en la clausura del Congreso Cultural de La Habana en 1968. Allí Fidel valora positivamente el que la intelectualidad, tanto nacional como internacional, fuera capaz de enfocar su acción más allá de sus necesidades específicas, hacia la lucha contra el colonialismo cultural. Parecía que se lograba concretar ese llamado que hacía Fidel en 213 APUNTES SOBRE LA REVISTA CRITERIOS EN EL PANORAMA INTELECTUAL CUBANO DE LAS PRIMERAS DÉCADAS DE LA REVOLUCIÓN 1961, para que los intelectuales enfocaran su acción más allá del acto estético hacia la acción liberadora del hombre. Uno de los hechos más interesantes que tiene el estudio cultural de la Revolución es el cambio que se produce en la dinámica de relaciones entre la intelectualidad y la dirección revolucionaria. Si en el Congreso Cultural de La Habana (1968), Fidel Castro alaba el desarrollo revolucionario que alcanza este sector; en el discurso de clausura del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura, en 1971, critica a una intelectualidad enajenada que es incapaz de ver los problemas reales que afronta Cuba para alcanzar su proyecto social. Fidel cuestiona la falta de visión y compromiso político de cierto sector intelectual, que no valora con justicia la connotación social de los problemas económicos que enfrenta la Revolución; intelectuales que quieren hacer ver las cuestiones de la cultura como el centro de los problemas del proyecto social cubano. Desde la crítica política, Fidel enjuicia la concepción de la producción artística como producto cultural del socialismo. En “Palabras a los intelectuales” (1961) cuando habla sobre la producción artística, Fidel no limita la forma ni la temática que puede adoptar dicha producción, aunque sí impulsa a que debe existir una mirada política del arte por parte de la dirección de la revolución. El ejercicio creativo, la libertad formal y de contenido tienen como límites solamente la nueva realidad cubana. Este nuevo momento histórico tiene derecho a ser representado en el arte, porque es el resultado de la voluntad de la mayoría de los cubanos que apuestan por la construcción de una sociedad de nuevo tipo. De ahí que fuera legítimo que la dirección del país velara, a través de sus instituciones, por el tratamiento artístico que dan los intelectuales a la temática social. Hacia 1971, en el Congreso de Educación y Cultura estos planteamientos adquieren una formulación ideológica más precisa: Para nosotros, un pueblo revolucionario en un proceso revolucionario, valoramos las creaciones culturales y artísticas en función de la utilidad para el pueblo, en función de lo que aporten al hombre, en función de lo que aporten a la reivindicación del hombre, a la liberación del hombre, a la felicidad del hombre. Nuestra valoración es política. No puede haber valor estético sin contenido humano. No puede haber valor estético contra el hombre. No puede haber valor estético contra la justicia, contra el bienestar, contra la liberación, contra la felicidad del hombre. ¡No puede haberlo! Para un burgués cualquier cosa puede ser un valor estético, que lo entretenga, que lo divierta, que lo ayude a entretener sus 214 YENISELIS GONZÁLEZ MEDEROS Cultura Latinoam. Volumen 34, número 2, julio-diciembre 2021, pp. 210-224 ocios y sus aburrimientos de vago y de parásito improductivo. Pero esa no puede ser la valoración para un trabajador, para un revolucionario, para un comunista. Y no tenemos que tener ningún temor a expresar con toda claridad estas ideas. Si los revolucionarios hubieran tenido temor por las ideas, ¿dónde demonios estarían? (…) Por algo una revolución es una revolución y existe y se desarrolla. Y por algo existen los revolucionarios. Y esas son y tienen que ser y no puede haber otras valoraciones (Castro, 1961, p. 9). La valoración necesariamente política que debe tener el arte es una premisa necesaria en el contexto creativo del socialismo cubano. El intelectual que no tiene esa perspectiva no ha cambiado verdaderamente su visión de la cultura y no es un intelectual consecuente con el socialismo. Como dijera Fidel Castro en “Palabras a los intelectuales” (1961), la cuestión de la relación del arte y las revoluciones es un problema que se ha presentado a la humanidad en muchas ocasiones por las disimiles contradicciones que expresa esta relación. Estas relaciones contradictorias entre el arte y la revolución expresan la necesidad de una articulación orgánica entre el proyecto social y la intelectualidad. El intelectual convertido en sujeto revolucionario se une a la causa social sin renunciar a su capacidad creativa ni a su reflexión crítica, sino que las pone en función del proyecto social. Esto debiera complementarse con la existencia de una política cultural lo suficientemente flexible para que, al mismo tiempo que el intelectual pueda ser sujeto político, se realice autónomamente como sujeto creativo, reflexivo, crítico. Debe conjugarse en el contexto revolucionario un sentido político de la libertad con condiciones y espacios para hacer ejercicio de ella. El problema en la práctica es cómo superar las formas de reproducción espiritual del capitalismo, en el proceso de construcción del socialismo, donde aún no se eliminan las contradicciones sociales propias de la sociedad burguesa. Este problema esencial entronca en una relación dialéctica entre las condiciones que tienen los diversos sectores sociales para superar material y espiritualmente las formas de organización de una sociedad clasista que se sustenta en la división social del trabajo —en el caso particular de la cultura, en la división entre el trabajo físico y el intelectual— y la orientación ideológica bajo las cuales se gestionan esas condiciones movilizadoras para el cambio social. Igualmente, que exista en las aspiraciones sociales de los diversos sectores una unidad con el proyecto social. En los inicios de la década de los setenta en Cuba el proyecto re- 215 APUNTES SOBRE LA REVISTA CRITERIOS EN EL PANORAMA INTELECTUAL CUBANO DE LAS PRIMERAS DÉCADAS DE LA REVOLUCIÓN volucionario enfrenta contradicciones inherentes a un proceso social en desarrollo. La complejidad de la situación radicaba en determinar cuál era el emplazamiento ideológico idóneo en el que se debía situar la intelectualidad revolucionaria, ya que si bien existía un sector de la intelectualidad que no está de acuerdo con el proyecto político de la Revolución, existían otros que, considerándose revolucionarios, tenían diferentes visiones sobre la realización del proyecto políticocultural de la Revolución. En este sector, marcadamente heterogéneo, podemos encontrar a intelectuales que apoyan las directrices políticas e ideológicas que se quieren implementar por parte de la dirección de la revolución en la esfera cultural, y otros que no están de acuerdo con el esquema de pensamiento marxista en concreto que se escoge para realizar el programa cultural en Cuba. Esta diversidad de posicionamientos al interior de la intelectualidad, no siempre entendida como una postura revolucionaria, expresó una contradicción entre la dirección del país con parte del sector intelectual. La forma que adquirió esta contradicción se expresó en la crítica por parte de la dirigencia revolucionaria al carácter burgués que detecta en ciertos sectores de la intelectualidad (Fidel, 1971), así como en la crítica de una parte de la intelectualidad a determinados esquemas ideológicos que adopta la Revolución en las prácticas de las instituciones culturales (Navarro, 2009). La base de estas fuertes tensiones responde al propio proceso de movimiento social que se da en la segunda década de la Revolución. La idea de los años sesenta de crear una cultura nueva deviene en cómo ser sujeto activo de esa cultura. En ese sentido, los intelectuales cubanos se unieron a inicios de esa década a la causa revolucionaria y, desde su condición de trabajadores intelectuales, actuaron y reflexionaron socialmente en torno al proyecto revolucionario. En una primera etapa esa reflexión encontró una posibilidad de imbricarse con la concepción marxista que se manejaba en cuanto proyecto político2, pero una vez que detectan que las formas de ese proyecto político tienden en la práctica de sus instituciones a imitar al marxismo-leninismo soviético3, el sector de la intelectualidad que 2. En la década de los sesenta en Cuba en los espacios de debate intelectual se da una fuerte polémica relacionada con las formas que adquiriría el fundamento del marxismo como base del proyecto social cubano. Coexistían, como posibles fundamentos, una orientación que se apegaba al estudio del marxismo clásico y a las ideas políticas de la lucha de izquierda y otra, que apostaba por la interpretación de esta doctrina desarrollada por el marxismo soviético de orientación estalinista. En los sesenta, aunque circularon ambos enfoques, predominó el tratamiento de las problemáticas sociales más apegados al espíritu libertario de la izquierda internacional y al marxismo elaborado por Marx, Engels y Lenin. 3. El término “marxismo-leninismo soviético” se asocia a varios significados: 1.) Como sinónimo 216 YENISELIS GONZÁLEZ MEDEROS Cultura Latinoam. Volumen 34, número 2, julio-diciembre 2021, pp. 210-224 no concomitaba con este sistema de ideas, reacciona negativamente. A su vez, la forma que adquiere la crítica a la Revolución por parte de este sector intelectual genera que se le critique duramente como falto de compromiso revolucionario y por su incapacidad para superar su condición profesional. Una nueva etapa con rasgos bien precisos y definidos se desarrolla a partir de 1970 en la historia de la Revolución. Esta etapa está marcada por el enfoque orientador que, sobre la base del esquema teórico e ideológico expresado en la circulación manualesca del marxismo4, se proyecta en las acciones en el sector cultural y por las reacciones intelectuales a este modelo de pensamiento marxista que se considera funcional a los errores del estalinismo. Es conveniente precisar que gran parte de la reacción intelectual no es en contra del marxismo como sistema de ideas, sino en contra de la adopción de la forma histórica del marxismo soviético de tendencia estalinista. Martínez Heredia (2007, p. 11) considera que las proyecciones sociales, políticas e ideológicas de esta nueva etapa estuvieron mediadas por el fortalecimiento de una concepción política en el país, que «influida por la ideología soviética y del movimiento comunista; creía que Cuba debía organizar su economía, su vida social, su sistema político y su estrategia de acuerdo con la etapa de desarrollo que le asignara aquella ideología». Esta concepción que «buscaba sus fundamentos en el llamado “marxismo-leninismo», se impuso a la noción que había dominado durante la década de los sesenta, que «provenía del proceso insurreccional, de su ideología de liberación y su triunfo práctico» (pp. 11-12). de marxismo dogmático, una forma de expresión ideológica limitada a la circulación manualesca del marxismo (Herbert Marcuse en “El marxismo soviético”) En él, más allá de la validez de determinada forma de exponer el marxismo (de las que puede haber una diversidad), los libros de textos o llamados “manuales” funcionan, en la práctica, como una especie de límite ideológico al pensamiento.; 2.) como lo entienden los intelectuales soviéticos: un tipo de marxismo cuya perspectiva de desarrollo fue puesta por V. I. Lenin, en el sentido de no abandonar la causa del socialismo, el partidismo político y la transformación de la sociedad capitalista, (léase enfoque de clases, y problema del poder político); de ahí que Labriola, Gramsci, Luckas, entran entre sus desarrollos; también el marxismo crítico latinoamericano y europeo y ya en menor medida los marxistas posteriores como los de la 2da internacional. . En ese sentido, es contrario al revisionismo y, por tanto, a ciertas consecuencias de la primera definición del término que hemos referido. Cuando se estudian las valoraciones que hace cierto sector de la intelectualidad cubana sobre el esquema de pensamiento marxista que se adopta en las políticas culturales de los años setenta, puede apreciarse como tendencia más general la referencia al primer significado, y a los problemas que este planteaba a la construcción del socialismo en Cuba. 4. Aquí usamos la expresión “circulación manualesca del marxismo” para referirnos al conjunto de fórmulas empleadas en la masificación docente del marxismo, la cual llegó a tener un impacto ideológico en la aceptación acrítica de los problemas del socialismo en la URSS y en otros contextos geográficos; no así a toda la producción teórica del marxismo soviético la cual tiene otros desarrollos y exponentes. 217 APUNTES SOBRE LA REVISTA CRITERIOS EN EL PANORAMA INTELECTUAL CUBANO DE LAS PRIMERAS DÉCADAS DE LA REVOLUCIÓN En este sentido, Navarro (2009) plantea que el proceso de acercamiento al campo socialista tuvo como peculiaridad el hecho de que no conllevó una apertura a toda la producción científica de la Europa Socialista, sino más bien, hacia la forma específica de la producción teórica de la Unión Soviética (p. XIII), especialmente, a la de los manuales. Este autor, deslindándose de las posturas de algunos intelectuales que asumen que en Cuba hay una sobresaturación de la producción teórica soviética o una imposición soviética de un modelo cultural, afirma que en Cuba se produce una recepción activa (p. XV) del acervo cultural ruso, del que se escoge un tipo de pensamiento que sirve para la implementación de un modelo de cultura y sociedad. Así, los años setenta se configuran en la memoria colectiva cubana de formas muy diversas. A la vez que en el orden económico la cercanía con la Unión Soviética genera un crecimiento económico de más de un 10% del producto social global (s/a, 1978, p. 50), lo que propicia considerables desarrollos en varios sectores del país, el redireccionamiento de políticas institucionales cubanas bajo el enfoque del marxismo soviético (de orientación estalinista) encarna a la atmósfera cultural bajo un sello sombrío, dogmático y cerrado. No obstante, el reclamo de la posibilidad del ejercicio crítico por parte del sector intelectual, la consideración de la pertinencia y condición revolucionaria del mismo, impulsó a que en determinados espacios culturales se comenzara a difundir, al margen de la línea oficial, enfoques de pensamiento que se desmarcaban de los desarrollados desde este esquema de pensamiento. En el año 1972 aparece en la revista “La Gaceta de Cuba”, órgano de divulgación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) una sección denominada “Criterios” dirigida por Desiderio Navarro5, que consta con un formato de dos páginas aproximadamente. Según refiere Navarro (2002), esta sección de “La Gaceta de Cuba” tiene como particularidad que trae al panorama cultural cubano autores tanto de Europa Occidental, del Este, Asia y Oriente, que eran poco traducidos a la lengua española y que estaban siendo considerados 5. Desiderio Navarro (Camagüey, 1948 – La Habana, 2017) fue un investigador, crítico y ensayista cubano que realizó una amplia labor de traducción y divulgación científica en temas relacionados a la teoría literaria, las artes plásticas y la cultura. Su labor acercó al público cubano y de habla hispana en general, a una serie de textos rusos y euro-orientales (en su mayoría traducidos de sus lenguas originales) que actualizaron a especialistas sobre métodos y teorías de la investigación científica vinculadas al campo de la cultura. Creador, director y sostenedor casi absoluto de la revista Criterios y del centro teórico-cultural del mismo nombre, la labor de Desiderio Navarro sobresale no solo por la calidad y representatividad teórica que se evidencian en sus publicaciones, sino por su propósito de diversificar el panorama intelectual cubano en una época donde la apertura a las teorías científicas se restringía en su mayoría a la producción soviética. 218 YENISELIS GONZÁLEZ MEDEROS Cultura Latinoam. Volumen 34, número 2, julio-diciembre 2021, pp. 210-224 como personalidades destacadas en sus disciplinas de investigación, sobre todo en la esfera humanística. “Criterios”, devenida en 1978 Boletín de la UNEAC y en 1982 en “Criterios. Revista de teoría literaria, estética y culturología” logra sortear, no sin obstáculos, las líneas oficiales de la política editorial en Cuba (Navarro, 2009). Según su creador (Navarro, 2007), la publicación de estos textos en Cuba se produce: gracias a la docta ignorancia inicial de las “vacas sagradas”, del pavonato6sobre el currículum vitae y status oficial de esos autores, y a su ingenua suposición de que la política cultural en la vida académica de esos países en esos momentos era tan dogmática y dada a la represión administrativa como la que ellos estaban implantando aquí. (p. 16) “Criterios” se proyecta «por una actividad divulgativa independiente de las coyunturas político-culturales nacionales y de las valoraciones oficiales sobre tendencias teóricas o autores en Cuba y en los respectivos países de origen» (Navarro, 2002, s/p). Declara que «no se vincula de manera exclusiva a ninguna tendencia, escuela o moda teórica y que sus principales criterios eran la representatividad informativa, la calidad científica y la posibilidad de un aprovechamiento crítico local» (Navarro, 2002, s/p). La revista desarrolla una labor divulgativa de diversos enfoques de pensamientos nacidos en su mayoría en el contexto del socialismo. El carácter heterogéneo de estos enfoques se enfrenta no solo teórica y metodológicamente al divulgado oficialmente en Cuba, sino que propone alternativas cosmovisivas al modelo cultural que desde la orientación estalinista se impone. Navarro (2009) plantea: Criterios publicó decenas de textos rusos (y eurorientales) no solo por el valor intrínseco de sus abordajes teóricos y metodológicos a viejos y nuevos problemas y por su utilidad práctica para el desarrollo de la investigación, la crítica y la docencia nacional, sino también, y a veces sobretodo, especialmente en los años 70 y 80, por su capacidad para impugnar y contrarrestar con sus argumentos y capital simbólico tendencias políticos-culturales muy dañinas que, primero durante su hege6. “Pavonato” (palabra usada en el argot intelectual cubano, derivada del nombre de Luis Pavón, quien ejerció como director del Consejo Nacional de Cultura durante parte de la década del sesenta) Este término junto con otros como Quinquenio Gris se designa para describir el período de tiempo que va desde 1970 hasta la creación del Ministerio de Cultura en 1976, el cual estuvo caracterizado por la implementación de políticas culturales en las instituciones culturales cubanas bajo la influencia ideológica del marxismo soviético (de orientación estalinista).