h p:// e is a.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº26 diciemb e 2021, págs. 309-336
DOI: h ps://doi.o g/10.35072/CABAS.2021.44.14.020
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La Filoso ía en La Magdalena, 1966-1969
Philosophy in La Magdalena, 1966-1969
José An onio Ricondo To e
(CEIP Ped o Vela de) (España)
Esc ibi es un ac o de amo . Si no lo es, es solo esc i u a
Jean Coc eau
In oducción
El ol ido que ha sopo ado lo que signi ica on -y siguen signi icando- los es udios eclesiás icos de
Filoso ía de la Diócesis de San ande en las Caballe izas Reales del Palacio de La Magdalena en
San ande (España), no iene pa angón. Y no lo iene po la a iable iempo, ya que han pasado
cincuen a y cinco años desde que, en 1966, ab ió sus pue as ese singula edi icio pa a albe ga
es os es udios que, po la diáspo a o zada de odos los alumnos que allí los cu samos, hubo de
ce a las cuando habían pasado solamen e es años desde su ape u a. Al cabo de no mucho
iempo, muchos de los que cu sa on allí esos es udios se con i ie on en excelen es p o esionales,
como médicos, maes os, p o eso es, abogados, sace do es, di ec o es écnicos de emp esa, esc i-
o es, c í icos ea ales, edi o es, pe iodis as, sindicalis as, polí icos, banca ios, en e me os…
Pe o, an es de empeza , debemos si ua ápidamen e es e ela o -que sí encaja ía en es e apa ado
de Cabás de “Rela o escola ” siemp e que se en ienda lo de “escola ” en un sen ido amplio- indi-
cando que has a la echa señalada de 1966 los denominados es udios de Filoso ía se es udiaban en
o o edi icio si uado en el o o ex emo de la ciudad de San ande , en conc e o en Co bán, jun o
con los pos e io es de Humanidades y de Teología, con o mando odos ellos el Semina io Dioce-
sano de San ande . La di isión en es as di e en es secciones obedecie on a la idea del que e a po
en onces el nue o obispo de la diócesis, Vicen e Puchol Mon is, de pone nos bajo la u o ía y
di ección de unos p o eso es, señalados más adelan e, que enían el obje i o de que la o mación
de los u u os sace do es que de allí salie an gozasen de una amplia isión del mundo, con una
iloso ía más es imable y ecunda que la adicionalmen e impa ida que bene iciase y e e iese
cie amen e en una Iglesia aco de con los iempos que iban a llega de una mane a casi inopinada.
Pa alela a la Filoso ía que es udiamos allí, aún seguía igen e en la mayo pa e de los cen os
simila es la denominada escolás ica que, en cuan o a la memo ia, po ejemplo, decía que e a una
más de “las po encias del alma”. Noso os ap endimos, como dice Emilio Lledó, que somos me-
mo ia y que, como es imposible e ene odo, esa unción ce eb al su ge como u o de la ans e-
encia y conexiones sináp icas que se epi en en e las células del ce eb o. Lo cual exp esa que
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quie o, en es e ela o, despega , pe o que aún no sé de qué mane a puedo ap o echa es as edes
neu onales, lo que signi ica un camino di ícil po que odo lo que se a a de i a de aho a en ade-
lan e en las líneas que siguen es u o de la comunicación o al y, solo en mínima pa e, de la esc i a.
Se suele habla del pa imonio como la he encia debida (el su ijo “monio” indica “debido”) po la
pe enencia a una amilia, como "lo ecibido po línea pa e na". Pe o el pa imonio ambién in-
cluye, con más pode , a la cul u a, a lo inma e ial. Hablamos de una o ma ex ensa del pa imonio
cul u al, de la educación, que es el mo i o y p e ensión de es e ela o po que, e iden emen e, los
pa imonios no se echan a pe de , sino que es amos obligados a conse a los po ley posi i a o
na u al a las siguien es gene aciones; de ahí que el ela o de esos años de la educación que un
g upo de jó enes ecibimos en La Magdalena -su espí i u- sea nues o pa imonio.
Y, sin emba go, como en odo, siemp e subyacen en ecue dos de es a guisa e lexiones e ideas
menos elices que las de aquel p ime momen o, pe o que enacen po que es aban la en es en nues-
o in e io , en nues o magín y pensamien o. Son huellas de lo ocu ido, de nues a lozanía e
inexpe iencia, de unos años de ans o maciones y, ambién, de esos os os do midos de los que
aho a no amos su ausencia en la lec u a de es as páginas y sen imos pena y pesa po ello; cómo
desea íamos pode aga po en e los huecos, ejidos y en ículos de nues o ce eb o. Que íamos
conse a inhe en es o al menos muy p óximos esos es igios, con unos ho izon es su icien e-
men e abundan es, pa a echa nos un cable y pe cibi con la máxima in ensidad aquellos años do-
ados y memo ables -hay quien ha adje i ado esos años como glo iosos-, po que solo somos la
memo ia que podemos ap o echa e incluso el más simple ecue do que deseamos ol ida , y po -
que son ac eedo es de conside ación y de juicio después de once lus os.
El o igen de odo
El cu so 1966-67 ue el comienzo en el que echa a anda una expe iencia y una nue a ida de unos
alumnos, de un equipo di ec i o y de unos p o eso es inol idables. Iba a cambia pa a un puñado
de jó enes san ande inos diame almen e la educación, la enseñanza, las cos umb es y los hábi os
has a en onces igen es po o os oda ía desconocidos en su en o no, más na u ales, educa i os y
educado es, azonables y en p og eso. Sabíamos de dónde eníamos y con iábamos en el luga
hacia el que nos di igíamos. Y el empeño y el ánimo en el camino ya e a en sí una g an ayuda, a
al a de iempo quizás pa a su desa ollo. Se eda a io yo aho a en es e ela o de aquella expe ien-
cia an undamen al en nues a ida, después del iempo anscu ido, es un iesgo, pe o c eo que
ambién una necesidad.
Sí puedo da e, y en eso es a íamos odos los que los i imos de acue do, en que los es años de
los cu sos de Filoso ía -en La Magdalena, en Villa Ma celina y las clases lib es en la calle Rualasal
núme o 5- nos apo a on los su icien es ins umen os y ma e iales de conciencia y azonamien o
c í icos pa a ayuda nos a con o e i y a obje a an o cualquie a ibución po de echo di ino
como odo o den cons uido y cimen ado po las c eencias. Ap endimos a pensa sin es ue zo. Así
e a, po que en endiendo mejo lo que nos odeaba, e lexionábamos mejo y é amos más a o u-
nados. Cla o es á que ese espí i u nunca se quedó ahí. En más de medio siglo, ha pe i ido de una
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mane a al en cada uno de los que uimos los p o agonis as de aquellos es cu sos que aún hoy
muchos nos seguimos iendo y coincidimos en lo que es oy diciendo.
En la elación que sigue, hemos enido en cuen a lo que nos ha acili ado la memo ia y el apoyo
de los amigos. Una memo ia con as ada con ellos y, pun ualmen e, con o os que, aunque no
ue on p o agonis as di ec os, sí conocie on las enseñanzas que ecibimos en esos es años. Sí es
cie o que ha pasado mucho iempo como pa a pode comple a una se iación o al de los alumnos
de es os años. Po eso, sin in ención ni desidia algunas, pod emos encon a lagunas injus as, como
oda laguna u omisión. De ahí que es a in o mación y ela o sean abie os, a expensas de que o os
lo puedan comple a más adelan e, quizás has a en es a misma e is a. Nada puede es a ce ado.
Nada que sea en añable.
Así que decidí o bi a me en la línea o en la ayec o ia de lo que signi icó aquel soplo de ai e
esco, pudiendo es a segu o de que el úl imo año de Filoso ía allí impa ido, en el cu so 1968-
69, ue an denso como cualquie a de los dos que le p ecedie on -po mi elación an e io con
muchos compañe os mayo es, po mis isi as y po mi pos e io es ancia allí-. Po o a pa e, la
epe cusión que siemp e u ie on esos es años en la ealidad sociopolí ica de la ciudad de San-
ande ue más que no able -según la ac ual e minología clasi ica o ia al uso-. Sob esalien e am-
bién po el con ex o cul u al de la capi al de San ande , que e a du mien e. Pod ía explica se es o
úl imo po el e ial que compo aba una capi al de p o incia pequeña y de pocos habi an es, en
donde lo más signi ica i o en aquel año de 1966 ue su P ime o de Mayo -del que luego habla é-
iolen o y sang ien o po pa e de la embes ida policial, lo cual pa ecía oda una imagen y un
simulac o de lo mismo que sucedió en la ealidad socio eligiosa y cul u al. Aunque sea un pe-
queño a ance de lo que oy a deci más adelan e que signi icó el obispo Vicen e Puchol Mon is
pa a San ande y su p o incia, su allecimien o el 8 de mayo de 1967 en acciden e de á ico uncó
sus apoyos al mo imien o ob e o y la len a desapa ición de la eno ación del cle o en la diócesis.
El segundo da o cul u al, es e de 1968, lo ci o en la II Semana Na al, en donde los muelles de
San ande es u ie on, eso sí, muy animados. Y no hubo más. Una ciudad, San ande , que es aba
ajena a lo que es aba naciendo en ella, en una península, la de La Magdalena, a apenas es kiló-
me os del cen o de la ciudad, y a su incidencia.
Al comenza a es udia y aloja nos allí, nos dimos cuen a el g upo de jó enes que nos jun amos
pa a empeza Filoso ía que nues as casas no enían pa ecido alguno con el edi icio de las Caba-
lle izas Reales de La Magdalena, que con aba con cincuen a y cua o habi aciones dobles y que
e a una cons ucción diseñada po los a qui ec os san ande inos, como el conocido palacio de la
pa e supe io de la península, Ja ie González de Riancho Gómez y Gonzalo B ingas Vega. El
edi icio de las Caballe izas es aba ambién cons uido en es ilo inglés y poseía un pa io -con una
o e que con iene un eloj- que unía las dos hile as de habi aciones.
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Ta je a pos al de los años 20 (A chi o del Cen o de Recu sos, In e p e ación y Es udios de la Escuela de Polanco, Regis o 3587)
Es a singula esidencia, con una playa anexa y unos paseos al lado den o de la ege ación boscosa
de solemne iqueza a bó ea, se con i ió en un luga p i ilegiado pa a aquellos muchachos que
que íamos es udia y o ma nos. Más a de, en conc e o en 1982, se decla a ía odo el complejo
de la península de La Magdalena Monumen o His ó ico A ís ico.
Bas en es as líneas pa a deci que es án esc i as en nomb e p opio, que son pe sonales y no son
o iciales ni o iciosas. Han sido o iginadas solo en mi lige a memo ia y con el acica e de Juan
González Ruiz, que ue a inspec o je e de Educación de Can ab ia, que me animó a pone lo odo
es o po esc i o, jun o a la colabo ación en usias a de los esponsables de la e is a Cabás. No deja
de se , quizás solo en apa iencia, nos álgico po esa is eza y pesa que ae la memo ia de aquella
elicidad al ez aho a ausen e, y eencon ada a a és del ela o, po que, sob e odo, quie e se
una oma y una de ensa a gumen a i a que eclama la ecupe ación de aquellos años bellos, con-
enien es y é iles. Bajo o os pa áme os y a iables, siemp e es posible ein en a un p esen e
más aco de con el signi icado del se humano que nunca cambia y pe manece in ini o.
“(...) Aunque nada pueda hace
ol e la ho a del esplendo en la hie ba,
de la glo ia en las lo es,
no debemos a ligi nos,
po que la belleza subsis e siemp e en el ecue do.”
William Wo dswo h, Oda a la inmo alidad (1807)
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Algunos es udian es
A la lis a siguien e, le sob a pa ece se a un bando, no necesi a el equí oco segu o de in en a que
sean odos los que es án esc i os ni que al e alguno que sí es u o… po lo que el adje i o del í ulo
de es e epíg a e esul a cuando menos supe luo, pe o no he encon ado o a mane a. E iden e-
men e, no oy a a a de enume a los de una mane a ígida, po ni eles, como si se a a a de un
in o me o una ce i icación. La pe ección a a esidi en la e sa ilidad, en el cambio y en la
di e sidad, po que nomb a , nomina , ci a , incluso llama con su p opia pe sonalidad a pe sonas
que ue on suje os y p o agonis as de aquellos años y en aquel luga bien lo me ece. Como epi o,
hace muchos años que han pasado y no quie o ni debo esis i me a ello; po supues o que, po esas
ausencias, es as páginas es án abie as, como ya he señalado, a cualquie comen a io, añadido e
ideas que al an en ellas. Ob iamen e, lo más esco que engo son los de mi cu so, y con los que
coincidí. Con independencia del ni el que es udiamos cada cual, ag upo a los compañe os según
el cu so académico en el que se inco po a on a La Magdalena:
P ime cu so (1966-1967)
1) Rica do Bedia Roqueñí
2) Ru ino Casuso Ca ia
3) Nicolás Céspedes Ruiz
4) Ezequiel Fe nández Gu ié ez
5) Jaime de la Fuen e Ma ínez
6) Miguel Ga cía Ga cía
7) Vicen e Ga cía de Juan
8) Fe nando Jesús López Celada
9) Ja ie López Linage
10) Ca los Nie o Blanco
11) Felipe Nie o Blanco
12) José Ma ía O dás Me ino
13) Luis O ega López
14) Moisés Pé ez Co e illo
15) Alejand o Ri as Ba eda
16) Tomás Rod íguez Fe nández
17) Miguel Ángel Velázquez San iago
18) Manuel Villa He án
Segundo cu so (1967-1968)
1) Ra ael Be zosa Hoyos
2) San iago Bolado Ba badillo
3) Ángel Ca los Cá coba Alonso
4) Beni o Es alayo Cosío
5) Ángel Fe nández Villalba
6) Fe mín Emiliano Ga cía Ga cía
7) Miguel Ángel Ga cía de Juan
8) F ancisco Hoyos Ceballos
9) José Ramón Lisaso Real
10) Juan F ancisco López López -Pancho-
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11) Manolo Machón Sáez
12) José Manuel Ma ínez Vázquez -Pepo-
13) Baldome o Maza Aja
14) Juanjo Mie Cá a es
15) An onio Mo eno León
16) José Miguel de la Ri a Rod íguez -Chemi-
Te ce cu so (1968-1969)
1) Ja i Be mejo
2) Ángel Luis Bo ge He e o
3) Hila io Cas esana Es ada
4) Edua do B aulio Ga cía Muñoz -Baí o-
5) Cecilio Gómez Fe nández
6) José Manuel Gómez Pacheco
7) Ja ie Iglesias González
8) F ancisco I us a
9) Leona do Pé ez Luengo
10) José Luis Polanco Alonso
11) Ángel Regaliza Alonso
12) José An onio Ricondo To e
13) Juan Ma ía Valle Sobe ón
G upo de compañe os de La Magdalena (José An onio Ricondo To e)
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Las asigna u as
La siguien e e e encia no iene po qué coincidi desde los inicios, en el año 1966. Lo no mal es
que sí coincida. Se e ie e conc e amen e a los años y asigna u as de mis cu sos académicos y los
de mis compañe os -1968-69, 1969-70 y 1970-71-. El de 1968-69 iba a se el úl imo que es udia-
íamos en La Magdalena. El pos e io cu so se impa ió en el chalé llamado Villa Ma celina, en el
Paseo de Menéndez Pelayo núme o 61 de San ande . Y el úl imo cu so ya cada uno esidía en su
casa, asis iendo a las clases en la calle Rualasal núme o 5, en el cen o de San ande , y con las
mismas ac i idades an e io es. Las asigna u as ue on:
1º (1968-69)
- His o ia de la Sal ación
- Pensamien o Filosó ico
con empo áneo
- Pensamien o polí ico y
social
- Li e a u a y a e
con empo áneos
- His o ia de la Ciencia
- In oducción a la His o ia
Con empo ánea
2º (1969-70)
- Sociología
- An opología Filosó ica
- His o ia de las Religiones
- Fenomenología de la
Religión
- É ica
- His o ia de la Filoso ía
3º (1970-71)
- Psicología
- Sociología
- É ica
- His o ia de la Filoso ía
- P oblemas de la ma e ia y de
la ida
La calle Rualasal de San ande en 1964 ( o og a ía de Pablo Hojas Llama. Fondo Pablo Hojas Llama, Cen o de Documen ación
de la Imagen de San ande , CDIS, Ayun amien o de San ande . R. 2508 D. Ph3/2006)
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No podemos ol ida ampoco las clases de Inglés, que nos impa ía a ios días a la semana José
Luis Elizalde Espa za en la academia que lle aba su nomb e. Ni al eache Diego Gue e o, que
nos impa ía F ancés e Inglés en esa misma academia de idiomas que enía con su socio Elizalde
y que pasa ía a llama se, más a de, Ca ilmo. Es u imos con clases de idiomas dos densos y e-
cundos cu sos, de 1969 a 1970.
Ap endimos mucha pedagogía y didác ica, y sus conocimien os llega ían a ene ascendencia
an o en la me odología como globalmen e, y especí icamen e en la exp esión y comp ensión o al
con nues os escola es, y ambién con el idioma español. Las clases de F ancés e an de con e sa-
ción y coloquio sob e cualquie ema ac ual de España o del en o no eu opeo, siemp e en ancés.
Cuando salíamos los e anos al país ecino o a Gineb a, nos aco dábamos de es os p o eso es, de
los que nunca ol ida íamos el ace o del que nos p o eye on, así como de su didác ica y me odo-
logía.
Los p o eso es
Fal an muchos y buenos po ci a . Sin emba go, es de cajón -po se concluyen e o e iden e, es-
ando lejano de oda cues ión o, mejo , con adicción- que es oy e i iéndome solo a los de mi
cu so, desconociendo si en los an e io es ue on los mismos o cambia on:
San iago Díez Llama
Deme io Es ébanez Calde ón
Joaquín González Echega ay
Jesús Hu ado Cubillas
F ancisco Pé ez Gu ié ez
F ancisco Susinos Ruiz
El Equipo Di ec i o
E an los esponsables y, po ex ensión, nues os o mado es, con quienes más iempo con i ía-
mos:
Albe o del Campo He nández
Manuel Díez Cas añeda
Au elio Vigo Fe nández
El obispo Vicen e Puchol Mon is (1915-1967): nues a alma ma e en
la aplicación del Concilio Va icano II en Can ab ia, el conduc o de la
u gen e eno ación eclesial
No hay academia sin académicos. Sí es posible que sin di ec o es. No sin asigna u as, con enido,
ma e ias. Y no puede habe con enidos sin conocimien o. Puede habe o mación en Filoso ía o
cualquie o a idea sin di ec o es, y sin ins ancias supe io es a es os. Sin emba go, la p esencia de
Vicen e Puchol Mon is, en es e caso, se hizo poco menos que indispensable. T ajo un cambio más
que no ma i o.
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El equipo de di ección y el elenco de p o eso es conocían la idea y se ajus a on con acilidad a la
que aía el obispo alenciano Vicen e Puchol pa a la diócesis de San ande (1965-1967) y pa a la
o mación de sus semina is as que, una ez acabado es e amo, iban a inicia la Teología, aunque
es a empo alidad no enía po qué se inalis a. Vi íamos el día a día como si uese odo un cu so,
y ice e sa. Sin p isas, sin pausas. Los es udios de Filoso ía e an básicos, na u ales y undamen-
ales pa a la o mación y educación de los es udian es, según c i e ios cien í icos, aunque no es u-
iesen diseñados es ic a y exp esamen e pa a los es udios eológicos pos e io es. E a un momen o
c í ico en el que la Filoso ía iba a abandona la ieja escolás ica, c eciendo según las ideas y mé-
odos mode nos, humanis as y ealis as, y abocados a una o mación in eg al, o al y comple a; así
lo concebía Vicen e Puchol.
Visi a del obispo de San ande Eugenio Bei ia Aldazábal al Semina io de Co bán, 10 de mayo de 1962 ( o og a ía de Pablo Hojas
Llama. Fondo Pablo Hojas Llama, Cen o de Documen ación de la Imagen de San ande , CDIS, Ayun amien o de San ande . R.
1935 D. PH 695)
Tan o es e obispo como su laman e diócesis san ande ina ue on uno de los sonidos y de las e-
pe cusiones del Concilio Va icano II (1962-1965) que, con ocado po el papa Juan XXIII, el papa
ecuménico, el "papa bueno", el papa social y comp ome ido con los más deshe edados, ha sido el
concilio que ha pasado a la his o ia como el hecho o suceso que más ha seducido e imp esionado
a la humanidad en el siglo pasado. La Iglesia española podía mi a se en el espejo del aggio na-
men o, su “ac ualización” y adecuación a los signos de los iempos. Al deci del papa en la ape u a
en 1962 del concilio,
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iempo que necesa iamen e al de la Filoso ía C í ica; y al del es uc u alismo como o ma de cual-
quie análisis, econociendo que exis e siemp e una es uc u a que es á más lejos de lo que es el
indi iduo, es uc u a que siemp e lo supe a.
Es udiábamos El miedo a la libe ad y El a e de ama , de E ich F omm, y El homb e unidimen-
sional y E os y Ci ilización, de He be Ma cuse. En cuan o al mé odo cien í ico del es uc u a-
lismo, no al aban las ob as de Claude Lé i-S auss Las es uc u as elemen ales del pa en esco y
T is es ópicos.
Si pudié amos con abiliza el paso del iempo de nues a ida en La Magdalena, de mayo a meno ,
esul a ía que la mayo pa e e a la dedicada al es udio -clases, es udio y o mación pe sonal-;
olun a iado social -más ecuen emen e, con jó enes y o ganizaciones ju eniles como la JOC-;
la e lexión, sob e odo g upal; la p epa ación de la Re is a hablada "La Rueda" y del Tea o "La
Rueda", sin descuida el Cine ó um "La Rueda"; y el depo e -el enis, el hockey en el p opio
campo del Si io de La Magdalena y el Fú bol Playa en la denominada playa de los Bikinis-.
La expe iencia de La Filoso ía en La Magdalena ue el luga y el sen imien o cuya ele ancia nos
pe mi ió acep a y edi a los ecue dos e ideas que nos impo aban y podían in e esa a nues a
sociedad más inmedia a, nues o espacio de ac i idad.
La sociedad más ce cana que de e minaba cualquie a o a ac i idad no e a p ecisamen e la de la
esidencia, sino la si uación sociolabo al de la egión y del país en el inal de los sesen a. Tu ie on
una ex ensa y ap eciable epe cusión en e noso os las eclamaciones, demandas, c í icas, decla-
aciones y huelgas, a caballo en e 1966 y 1967, p ác icamen e en odo el no e de la Península,
desde As u ias has a Guipúzcoa.
Especialmen e, la huelga de la emp esa Laminaciones de Bandas en F ío de Eche a i, de no iem-
b e de 1966 a mayo de 1967. T es años an es, mili an es c is ianos con ibuye on a conce a y a
modula Comisiones Ob e as en Vizcaya, ac i idad básica pa a es a la ga huelga en la que ocho-
cien os abajado es de un o al de no ecien os sesen a pa icipa on. Un mes an es del inal de la
huelga, F anco dec e a en el País Vasco el úl imo es ado de excepción que i mó en España. El
apoyo a los abajado es en huelga ue de ob e os de o as indus ias y emp esas, de es udian es
del municipio de Bilbao, de sindica os, de mo imien os ca ólicos y de pa e del cle o asco.
El inal de los sesen a e a iempo agi ado y a nadie se le ocu ió pone se de pe il. Como decía una
panca a de aquellos ob e os, «nues a escol a es la conciencia del debe ».
En 1968, la Masac e de Tla elolco, en México, el 2 de oc ub e, cuyo saldo ue on más de escien-
os cincuen a es udian es mue os mien as celeb aban un mi in en la Plaza de las T es Cul u as;
una unidad, llamada Ba allón Olimpia, o mada po ue zas especiales de la Gua dia P esidencial,
ab ió uego desde los edi icios que odeaban la plaza3 .
En un campo o al y diame almen e opues o, como el del a e, pudimos ap ecia , po ejemplo, a
la Nou elle ague del cine ancés, nacida a inales de los cincuen a: Chab ol, Goda d, Rohme ,
T u au , Resnais..., que, en la siguien e década, no sé de qué mane a, eíamos y isionábamos en
el Cine ó um La Rueda.
La P ima e a de P aga y su “socialismo con os o humano”; los momen os y pasos con ulsos y
comp ome idos del 68, como los asesina os de Ma in Lu he King y el de su de enso Bobby
Kennedy; la gue a de Vie nam, que du ó ein e años en una c uel masac e, como son odas las
gue as; y el Mayo ancés, que ue un sueño, una me á o a de los anhelos de la ju en ud y de los
in elec uales comp ome idos con la ida y con un o den más acional y humano.
3 En h ps://www.np .o g (All Things Conside ed, 14 de eb e o de 2002)
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En cuan o a nues o equipo de hockey, jugamos en la liga egional. Hubo algunos, acos umb ados
a o os depo es, que desconocían las eglas de es e y abandona on; o os que lanzaban la bocha
po encima de las cabezas, con c aso pelig o de odos los jugado es y del á bi o. Aun así, y a pesa
de no ene mucha écnica, ísicamen e nues os jugado es e an muy supe io es a los o os. Al i i
al lado del campo, el en enamien o e a p ác icamen e dia io, siendo el p ime a que o o po e o
Ezequiel, sus i uido después po Ja i Iglesias. É amos ue es y nada nos de enía. Po eso, Jaime
de la Fuen e, co iendo po la banda ompió un s ick que le a a esa on en e los pies y siguió su
ma cha, en apa iencia sin pe ca a se del suceso. É amos jó enes dedicados solo al es udio.
El equipo de hockey (José An onio Ricondo To e)
Ac i idad sociocul u al de La Rueda
En es a e apa de la Filoso ía en La Magdalena, se decidió a on a y a os a una supe io y más
con enien e educación y ap endizaje de los semina is as, su comp omiso con las co ien es secu-
la es y la capi al, San ande . Nues a es ancia en las Caballe izas ue ya la c is alización de ese
a ance social, de esa ap oximación a los sec o es de población más abs inen es sociocul u almen e.
En los es cu sos que pe manecimos en La Magdalena, es u o uncionando La Rueda, que com-
p endía nues a que ida Re is a hablada La Rueda, el Tea o La Rueda y el Cine ó um La Rueda.
En las es e ien es se conside aban con los espec ado es los emas de in e és gene al y social de
en onces, de cada si uación. Además de los es udios y de nues a con i encia, es a o ma de co-
municación llegó a se el aglu inan e asomb oso que comp ome ió el ace camien o y la con luencia
de pa icipan es c is ianos y ob e os, en una con i encia de a ance y de p og eso.
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El Pa anin o, o Audi ó ium, anexo a la esidencia, iba a se el luga de encuen o con odos los
g upos in e esados con ese sueño, con ese soña despie o del que habla el ilóso o alemán E ns
Bloch, que no es sino esa disposición que nos acili a c ee y admi a , concibiendo con ex os y
ma cos pocas eces acos umb ados de a monía, de echo, au ode e minación y ce eza. Esa capa-
cidad, como él a i ma, de espe a lo inespe ado.
La ida in e na de la esidencia se eía agi ada y emo ida, los sábados al e nos al anochece , po
una oleada de asis en es, un alu ión humano que llegaba desde San ande y los ayun amien os
aledaños. La capacidad del Pa anin o -de escien as cincuen a pe sonas- no malmen e se sa u aba,
quedando muchos de los p esen es de pie. P oducía asomb o y admi ación e una ila incesan e
de g upos de pe sonas hablando en e sí que, a paso lige o, apa ecían muy p on o, lib ando la
dis ancia de casi un kilóme o desde la en ada has a el Pa anin o en donde se iba a deci , comu-
nica o hace una ep esen ación inédi a en aquel iempo.
É amos muy jó enes, con una edad de en e diecisie e y ein e años. Esa i alidad, con una o -
mación cul u al, pe sonal, social y eligiosa, y el desa ollo de las compe encias básicas en la co-
municación lingüís ica, en la in e acción y espe o con el medio, en nues a sociabilidad y ciuda-
danía, en la cul u a y en el a e, en e dade o ap endizaje y en la madu ez de la au onomía y la
inicia i a pe sonal, ue es imulada sin duda alguna po nues os u o es y p o eso es, o ien ándose,
con segu idad, a unas ac i udes an e lo que ap eciábamos y e lexionábamos sob e cómo debía
e oluciona en el país y sob e lo que ue a más p e e ible en odos y en cada uno de sus campos.
Espo ádicamen e, nos conducíamos con e iden e audacia y iesgo, y con apidez, como es menes-
e a la edad que eníamos. Desconozco si lle ábamos algo adelan e sin es a pe spec i a o en oque.
Nues a que ida Re is a hablada "La Rueda"
La Re is a hablada nace en el cu so 1966-67 con el mensaje de Vicen e Puchol de ape u a a la
sociedad, de cambio y p og eso. Amigos de la Filoso ía en La Magdalena hicie on que la Re is a
apa eciese; como San iago Pé ez Ob egón, el impulso y p omo o , un homb e p og esis a, siem-
p e a en o a los cí culos democ á icos, que ecién ob enida la licencia u a en De echo ue muy
sensible a de ende las causas de los abajado es y los juicios jus os. Llega ía más a de a se
magis ado del T ibunal Supe io de Jus icia de Can ab ia, conseje o de T abajo, Sanidad y Bie-
nes a Social del p ime Gobie no de Can ab ia y concejal po el PSC-PSOE en el Ayun amien o
de San ande . Y gozaba de una g an a ición po el ea o, la escena o la d amá ica.
En los men ide os, y po el hecho de que nada su ge de la nada -exp esión a ibuible a Pa ménides-
, siemp e se especuló que la Re is a -y las demás ac i idades como la del Tea o y el Cine ó um-
su gie on al se San iago Pé ez Ob egón uno de los p incipales p omo o es. Se mani es ó po la
inicia i a de descub i algo que ans o mase sociocul u almen e -demasiado al o obje i o en el
que nadie pensaba- a los que allí es udiábamos y al en o no de San ande , y de que la idea de
p og eso y cambio del obispo y de nues os di ec o es y p o eso es nunca se agos ase.
En es e sen ido, jun o con el sace do e Ángel Alonso, que luchaba pa a que una sociedad mejo
uese posible, el ca ed á ico de G iego Edua do Ob egón Ba eda y Paco Pé ez, uno de nues os
p o eso es, ue on ambién impulso es y colabo a on en La Rueda.
La e is a hablada se edi aba los sábados al e nos al anochece y de una mane a egula cada
quince días. Tomando el nomb e de La Rueda, se c ea on ápidamen e el ea o y el cine. Así, po
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su plani icación, mon aje y ealización se al e naba es e medio ambién con las ac i idades y
euniones del Cine ó um "La Rueda" y con el Tea o "La Rueda". E incluso con los eci ales mu-
sicales. Todos los o ma os e an un espacio de pensamien o a ís ico y sociocul u al, un ejido
colec i o siemp e pensado en la e lexión c í ica.
La me odología de la Re is a e a sencilla. Cada uno de noso os olun a iamen e p epa aba un
a ículo de ac ualidad, un pensamien o lib e, que leíamos de ca a al público. Al é mino de cada
ac i idad o unción, e a en e is ada una pe sona ele an e en cualquie campo, con la di ección,
gene almen e, de Luis O ega, que e a el p esen ado y quien conducía el desa ollo de la en e-
is a. Los ex os y p egun as se las p epa ábamos no malmen e noso os. Reco damos, po ejem-
plo, al ilólogo Víc o Ga cía de la Concha -más a de, di ec o de la RAE- y al di ec o de cine
Ma io Camus, en los comienzos de su ca e a; las p egun as y espues as no es aban suje as a
censu a alguna po nues a pa e. De ahí que, en e los asis en es, siemp e encon ábamos a una
pa eja de la B igada Polí ico-Social (BPS) in es igando quiénes asis ían a los ac os. No nos im-
po aban. Aun así, hubo cien os de en e is ados in e esan es.
Allí, epan ingados en sus espec i as bu acas, en un la e al, y más ce ca que lejos de la a ima y
del p oscenio, husmeaban los dos de la BPS sin igo y p es os a nada, pues el Conco da o en e
el Es ado español y la San a Sede de 1953 aún seguía igen e. Quie os, solos an e una inmensa
mayo ía que comulgaba c í icamen e con lo que allí se decía y hablaba, y de los que igno o si la
pa eja podía ap ende algo. E a lo que había. No sucedía lo mismo con los incipien es g upos
sindicales y pa idos o zosamen e clandes inos, que ambién asis ían sin ene ese pa aguas. La
Re is a du ó has a el cu so 1970-71 con la misma di ección y cobe u a con la que empezó. Los
dos úl imos años, en el Salón de Ac os de la calle Rualasal, 5.
La en ada de la música en la Re is a hablada "La Rueda" u o luga con la asis encia de dos
can au o es -Manolo Díaz (O iedo, 1941) y Pa xi Andión (Mad id, 1947 - Cubo de la Solana,
So ia-, 2019)-, que ya e an enomb ados en el mundo de la canción comp ome ida. En di e en es
echas, inie on a es a con noso os un iempo jun os y a can a en la Re is a. Manolo incluso
pasó la noche en la esidencia con noso os, en una elada ag adable en la que el in i ado de p o
ue Albe o Pico, el cu a del Ba io Pesque o, un homb e ue a de lo común, cuya e lexión que le
hizo al as u iano y que más nos lle ó a pensa y ap ecia a odos, ue: “Voso os, con ues as
canciones, llegáis a más gen e que cualquie ins i ución, y ues o comp omiso es mayo .”
Luego ue en e is ado, expues o con algunas de las nume osas p egun as. Unas, in e esan es e
in eligen es; o as, muy on as y capciosas. Y los del PC, colocados es a égicamen e de pie y en
di e en es pun os del salón -quizás pa a da sensación de a e y aza-, le p egun a on al as u iano
qué que ía deci en la canción Sie as y alles la es o a que dice:
“(...) Can a on jun os
una ieja canción,
una is e canción,
una que hablaba
de un abajado (...)”
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E iden emen e, Manolo salió con lo que podía en aquellos días de 1969, de incones sin ja dín, de
cielos oscu os y g ises. Y con es ó: “Cuando acaben odas las p egun as, e con es o a i en el baño”
(sic). Pa a algunos, odo e a pesca en ío e uel o. Una posible explicación a esa su ileza del
composi o es lógica, dado que la policía es aba allí y los que nunca se comp ome ían in oluc aban
a los demás en “su comp omiso”. Lo que quiso deci le al que se le dio la palab a e a, más o menos,
que "aquí y aho a no puedo con es a e, po la si uación de igilancia. Después, sin público, lo
hago".
Al poco iempo, con Pa xi Andión la es uc u a ue la misma. El can au o a ípico, apa en emen e
áspe o y du o pa a cae en la nos algia, can ó con su oz de ueno, con su sello a eces con pe-
queñas es ías, una oz que se compo aba como una denuncia ín eg a, una decidida exigencia,
una ei indicación llana y cla a. Y los mismos de siemp e -me igu o que, sin ánimo alguno de
o pedea la en e is a, sino po no habe o o “medio pa ecido” y pode euni se allí odos- ol-
ie on a que e se p o agonis as del eci al. Y el mad ileño, asco de sen imien o, le con es ó a
uno que que ía en eda se con su p opia p egun a: “Re oluciona io hijo de papá, ienes como única
lec u a 'El Jaimi o' debajo de la cama” (sic).
Es una ci a a la que alude Miguel Ángel Ga cía de Juan, del mismo modo que con el siguien e
análisis: “(...) el comunismo había a aigado en la Escuela de Caminos y algunos es udian es pijos
que ían posee en exclusi a el ca né de e oluciona ios ma xis as. Más de una ez in en a on e-
en a La Rueda”.
Y puede deci se que, cuando llegó nues o cu so a los es udios de Filoso ía en La Magdalena, nos
encon amos con que el de 3º, el senio , enía un bagaje an undamen al que les hacía espe ables.
E a un cu so cohesionado, no able y que siemp e nos causó admi ación, an o po sus ideas como
po sus c eaciones o iginales. Algunos de ellos, que des acaban en lo que hacían, son los campu-
ianos Miguel Ga cía Ga cía y Ezequiel Fe nández Gu ié ez, los meneses Vicen e Ga cía de Juan
y Luis O ega López, el asme ano de Ped eña Rica do Bedia Roqueñí y el de Lo edo José Miguel
de la Ri a Rod íguez -Chemi-, los san ande inos José Ma ía O dás Me ino y Felipe Nie o Blanco
y los ma apo que os Tomás Rod íguez Fe nández y Ja ie López Linage. Y o os más que la me-
mo ia con unde po ese in e alo de dos años.
El Tea o “La Rueda" y Moisés Pé ez Co e illo
Uno de los pione os de es e mon aje, jun o con el del Tea o “La Rueda” ue el menicense Moisés
Pé ez Co e illo - ambién del 3e cu so-, siendo el pa amen o y los deco ados de ambas ac i idades
esponsabilidad del menés Vicen e Ga cía de Juan, una de sus almas po lo que co esponde a su
e sa ilidad, de inida en la a iculación es é ica, la u ilización de la oz, del mo imien o y de la
idea pa a imagina los pe sonajes y hace un ela o c eíble de la na ación, en la que ambos se
complemen aban, o mando un ándem en el que p imaba la ilusión y la ocación po es a ac i i-
dad.
El a e casi inaudi o y sensacional de Moisés pa a el ea o su gió de mane a e ec i a en La Mag-
dalena. Y la a iculación es é ica, con ampli ud, de Vicen e luía po los deco ados, la amoya, la
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iluminación. Vicen e e a odo inspi ación. También en la lec u a de los a ículos de la Re is a
hablada. En los deco ados, asimismo es inol idable José Ramón Lisaso, un e ec i o colabo ado .
De mane a escue a, eamos quien e a Moisés Pé ez Co e illo (Miengo, Can ab ia, 1946 - Mad id,
1997). E a Moisés un enamo ado del ea o y del pe iodismo. La p ime a ocación -el ea o- le
su ge en La Magdalena, en el cu so académico 1966-67. Es la “mad e nu icia” del Tea o "La
Rueda", que a a pe du a dos años más en el Pa anin o de nues a esidencia y aún dos más bajo
nues a esponsabilidad en el Salón de Ac os de la calle Rualasal, 5 de San ande ; y, sin emba go,
mi cu so no coincidió con Moisés ningún año; cuando él pa e hacia Mad id, noso os llegábamos
a La Magdalena.
Es lo que pa ece se , pa a Moisés, el culmen de la ida y de la belleza. Y a pesa de su amo po
el ea o y de su i alismo, su segunda ocación ue el pe iodismo, el basamen o pa a su ea o.
Llegó a se di ec o del Cen o de Documen ación Tea al, dependien e del Minis e io de Cul u a,
undado y di ec o de las e is as Pipi ijaina y El Público, e e en es en España en la mi ad de
los años se en a de la his o ia del ea o. Fue pe iodis a y c í ico, y au o de di e sas publicaciones;
luchó po ele a el ea o español a ni eles eu opeos, po la se iedad y el igo en las elaciones
con los demás; y no epa ó ni un ápice en pone a quien uese menes e en el luga ap opiado,
uese es e nomb ado, enomb ado o desconocido.
Ejemplo de ello es la ca a "A abal mien e"4 publicada en El País, en con es ación a los lamen os
de Fe nando A abal po e se injus amen e a ado po Moisés y e gi e sa a sabiendas la eali-
dad. Es e a desg anando, con a gumen os, odo el a amien o que han enido sus ob as: en diez
ocasiones publica on epo ajes sob e sus es enos den o y ue a de España; y en el Anua io Tea-
al -en las es ediciones habidas- se eseñan once p oducciones suyas en España; además, el a o
ecibido po el melillense esiden e en Pa ís Fe nando A abal en el In en a io ibe oame icano,
escena ios de dos mundos es el mismo que el de An onio Bue o Vallejo o de Al onso Sas e.
Pipi ijaina publicó ob as de Je ónimo López Mozo, Joan B ossa, Al onso Sas e, Fe nando A a-
bal, Da ío Fo, Ángel Ga cía Pin ado y de muchos o os. La e is a e a undamen al, al ecoge los
deba es más capi ales en el cambio de la dic adu a a la democ acia.
Pe o ¿po qué iene a cuen o es a e is a, que es pos e io al pe íodo de La Magdalena? Sencilla-
men e, po que sus con enidos de inían las p eocupaciones y las inquie udes que había enido desde
su ju en ud Moisés Pé ez Co e illo, quien siemp e soñó con el ea o.
Moisés comp endió, desde el iempo de La Magdalena, que los ecue dos son lojos y enues, an o
en el escena io o en e bambalinas como en la p opia ida, pe o ambién que el lenguaje, la exp e-
sión, la idea, la imaginación, la imagen y la e lexión, jun o al juicio y al análisis, son los alimen os
exclusi os que los equilib an, obus ecen y eju enecen. En La Magdalena he edamos la
4 El País, 20 de julio de 1989. [en línea] h ps://elpais.com/dia io/1989/07/20/opinion/616888808_850215.h ml [consul a:
29 sep iemb e 2021]
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cu iosidad me ódica en odo lo que hacíamos; un bien, legado de nues os di ec o es y p o eso es;
y ambién del p opio g upo, po simple obse ación.
Y, cuando alguien enía -como Moisés y sus compañe os de cu so- econocidos el p es igio y la
au o idad po su jaez o po su capacidad, e a ácil a los demás ap ende de su c i e io. Y el ambien e
de la esidencia e a de o al eno ación y cambio, una isla -como decíamos al p incipio- de pensa-
mien o y alega o a a o del ingenio y del a e. Moisés, desde su en ada en La Magdalena, siemp e
man u o en es e sen ido una ayec o ia cali icable de lexible, de espe o a las opiniones ajenas y
ag adable.
Dejó hué anas muchas cosas, muchos puen es, po ejemplo, con Hispanoamé ica; in ensas y pa-
no ámicas euniones con expe os; y mues as, como el Fes i al Ibe oame icano de Tea o de Cá-
diz -FIT-, del que ue su men o ; y un des elo cons an e po el ecue do y la e dad. E an unas
condiciones inna as, suscep ibles -como él lo demos ó- de encon a su yacimien o la en e de la
escena y de la ep esen ación desde La Magdalena que más a de lo desa olló median e unos
colosales y ex ao dina ios acie os.
En La Magdalena, oda nues a p esencia -y ac i idades públicas- pod ía deci se que e a “en e
bas ido es”, bas an e lejana a la idea que la concu encia pudie a e en nues as ci cuns ancias y
con ex o. Al inal, se mon a on c eaciones de Becke , de M ozeck y de Ga cía Lo ca.
Moisés dejó una p o echosa e ines imable he encia cul u al, no solo en el ea o hispanoame icano
y español sino en sus compañe os. No así en sus paisanos, que le han elegado a un inacep able
ol ido. En onces, an es de i a Mad id a licencia se y a segui desa ollando algo que ya e a su
p o esión, deja en San ande odo acaldado. Mad id a a se su a alaya, y desde esa posición él
sabe que a a ap ecia algo mejo la e dad de la d ama u gia, pa a la que ya es á pe ec amen e
p epa ado.
El menicense le había ido encomendando habi ualmen e el papel de p o agonis a a Vicen e Ga cía
de Juan en las ob as que se ep esen aban; ni que deci iene que con inuamen e en las del ea o
leído. Y en cuan o al cine, una de las p incipales inclinaciones de Vicen e -jun o con la música, la
pin u a y las lenguas i as que man iene oda ía-, Paco Pé ez le enca gó di igi el ó um de alguna
película que se p oyec ó. Debo hace mención asimismo a An onio Mo eno León, con el que hici-
mos en Villa Ma celina, en el Paseo Menéndez Pelayo, 61, ea o leído con Ta u o o el impos o ,
que Moliè e esc ibió con e sos alejand inos.
Todos nos hicimos olun a iamen e ac o es. Nos gus aba. Y, po descon ado, las ob as escogidas.
Rep esen amos, en e muchas más, las más comp ome idas y ac uales en aquel momen o. Con una
o ganización impecable, la publicidad la hacíamos calle a calle, ijándola en las pa edes del cen o
de San ande con pasquines:
La camisa (1962), de Lau o Olmo, que e leja la c ucial si uación social de aquella España de los
cincuen a y sesen a median e el ela o del pequeño uni e so en el que una amilia humilde de
inmig ados en Mad id se hacina en su chabola. A pesa de la camisa nue a de Juan -el ma ido-,
es e no log a un abajo, po lo que su ge el plan eamien o de Lola, su muje , de segui mig ando
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a cualquie o o luga con mejo es salidas. La ob a abo da la exclusión social, el alcoholismo y el
pa o. ¿Han cambiado los iempos?
El in e o (1961), de Ca los Muñiz. La angus ia i al y las inquie udes de C ock, que lucha pa a
impone cósmicamen e la jus icia an e las ue zas malignas inco egibles. ¿Po quiénes es án e-
p esen adas? E iden emen e, po los supe io es de C ock en su o icina. ¿Qué nos dice la ob a?
Que hay que ebela se con a la ac i ud co de ina de cualquie a época, a pesa de los es ue zos y
el pode de los pocos que han a isado y han señalado el camino.
La pe eza (La iaca) (1967), de Rica do Talesnik. La ida monó ona de Nés o Vignale, su ida
is e al lado de Ma a, su muje , y de su abso ben e y dominan e mad e, hace que el p o agonis a
decida, po pe eza, que no a a ol e al abajo ni hace nada en casa, es deci , quie e se di e en e.
Po in, a a se lib e siendo un ago, sin a ea alguna, y con la p e ensión de no se como los
demás. El juego y la di e sión an a se su p og ama. Es e enómeno an insóli o a a hace que la
ele isión con ibuya ambién a la di ulgación de lo que p ime o e a un umo y más a de se
con i ió en no icia. En de ini i a, la co du a hace mella en él y llega al desenlace de que el ins in o
de supe i encia no le a a acili a pa a nada segui e e namen e con es a absu da pos u a.
Espe ando a Godo (1952), de Samuel Becke . Segu amen e, la c eación más conside able y esen-
cial del llamado ea o del absu do. De modo signi ica i o, los asis en es a la ob a nunca alcanzan
a pe cibi quién es el p o agonis a. Al menos apa en emen e, su nomb e es á en el í ulo, Godo ;
qué his o ia se aen en e manos quienes lo espe an... En odos y cada uno de los ac os de la
ep esen ación, se anuncia como una so lama y cie amen e una pe o a a de que “hoy Godo no a
a eni , pe o mañana segu o que sí". Es una u dimb e delibe adamen e sin ninguna escena des a-
cada y en ex emo ei e a i a, pe o que enca na la desgana y el dé ici de alcance de nues a ida
humana. Es el ema epe ido del pu o exis encialismo. O a cosa es la des eza di ec a de nues a
exis encia indi idual. Es el expe imen alismo que Samuel Becke supo lle a al mundo li e a io
en el siglo pasado.
Escuad a hacia la mue e (1953), de Al onso Sas e. Es amos en una imagina ia Te ce a Gue a
Mundial. Los cinco soldados de un escuad ón, al os de alma cas ense, se qui an de en medio a
Gobán, el cabo que les di igía. Pe cibían que e a un a asco y una di icul ad pa a su du a exis encia.
Además, en ocasiones señaladas, un g upo de noso os esc ibía el guion de una pe o mance, que
hacía e lexiona y comp ome ía al espec ado y a noso os mismos. Y nadie se quedaba sin ac ua .
Aunque, como siemp e, había una cohe encia muy di ec a con el público. Muy pocas eces dimos
pas o a la imp o isación en los papeles. Lle ábamos ambién a las ablas las piezas únicas de au o
que ya habíamos es enado en el Pa anin o. Y los espec ado es e an ambién muy allegados, pues
Reinosa, po ejemplo, no dejaba de se una plaza muy he manada con noso os, a la que iajába-
mos en en y nos quedábamos a do mi en las casas de los amigos. E an los egalos de la Na idad,
iempo en que más podían a ecia las con adicciones de desigualdad y de injus icias humanas.
h p:// e is a.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº26 diciemb e 2021, págs. 309-336
DOI: h ps://doi.o g/10.35072/CABAS.2021.44.14.020
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El Cine ó um "La Rueda"
Finalmen e, una ac i idad que no pasaba desape cibida, ya que no e an iempos pa a que p oli e-
ase en pa e alguna, e a la del cine ó um. Inexo ablemen e, cada sábado po la a de y sin sola-
pa se con el Tea o ni la Re is a hablada, se p oyec aba una película de angua dia o de cine de
au o . Nos euníamos pa a comen a la después de e su p oyección. Quizás, es a ac i idad e a la
más complicada po el abajo que lle aba su p epa ación.
Aún eo a los incansables compañe os que se ajaban los sábados a p ime a ho a de la a de yendo
a la es ación de en pa a ecoge los eno mes y pesados ollos de las películas, mien as o os se
quedaban limpiando el p oyec o . Dos décadas más a de de aquella expe iencia, la película Ci-
nema Pa adiso me de ol ió los ecue dos del Cine ó um "La Rueda". Aquel mundo mágico de la
sala de p oyección que p esenciamos po p ime a ez, los d amas que solo es aban, quizás, en las
bu acas y no en el pequeño habi áculo, suponen aún hoy en día una ep esen ación omán ica y
a ec i a de aquel iempo pasado y una demos ación del amo que eníamos al cine.
El abajo y la a esanía del mon aje e an silen es, muy p ecisos; y si la película es aba muy de e-
io ada, momen áneamen e ediosos. Muchas eces, más de las sopo ables. Todo consis ía en ol-
e a empeza , en eanuda la e isión de cada o og ama con la espe anza de no ene que ealiza
nue os empalmes.
Y, sin emba go, eíamos y ap endíamos cine, y comen ábamos películas y a sus di ec o es. Quizás
la p ime a película que p esen ó el Cine ó um "La Rueda" ue El muchacho de los cabellos e des
(1948), de Josep Losey. Es una his o ia an i acis a, al mismo iempo que un alega o paci is a, una
alego ía sob e un muchacho hué ano de gue a condenado al aislamien o cuando su pelo mis e-
iosamen e se uel e e de.
Dis u amos, en e o os, con los ciclos de Luis Buñuel -Un pe o andaluz (1929), Vi idiana
(1961) y Los ol idados (1950)-, de Luis Ga cía Be langa y Juan An onio Ba dem -Esa pa eja eliz
(1951) y Bien enido, M . Ma shall (1952), de Be langa en soli a io -No io a la is a (1953)-, de
O son Welles -Ciudadano Kane (1941), El Cua o Mandamien o (1942) y El Ex año (1946)-, de
F ançois T u au -Los 400 golpes (1959), Dispa en sob e el pianis a (1960) y Jules y Jim (1962)-
, de Ingma Be gman -K is (1945), Llue e sob e nues o amo (1946) y Muje sin os o (1947)-,
de John Fo d -Jus Pals, Solo amigos (1920), Cameo Ki by, So a, caballo y ey (1923) y The I on
Ho se, El caballo de hie o (1924) y de Hen y Ha away -He i age o he Dese , El legado de la
es epa (1932), The Thunde ing He d, La ho a maldi a (1933) y Now and Fo e e , Aho a y siemp e
(1934)-.
Miguel Ga cía Ga cía ue el p ime di ec o del Cine ó um "La Rueda" y José Ma ía O dás Me ino
y Ezequiel Fe nández Gu ié ez o ma on pa e de su equipo. En la medida en que los alumnos
pasábamos de cu so y inalizábamos los es udios y la o mación en La Magdalena, los esponsa-
bles de cada ac i idad pasaban el es igo a los que pe manecían allí. Los equipos se iban eempla-
zando, sucediendo. De es a mane a, Hila io Cas esana Es ada di ige al inal el Cine ó um, in e-
g ando su equipo Manuel Machón Sáez y Ja ie Iglesias González. Debemos econoce el abajo
de odos ellos.
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Se enca gaban de ealiza los p og amas a ciclos il, con una b e e sinopsis de odo lo undamen al
de cada película. E an un equipo. Llamaban a las emp esas dis ibuido as de Bilbao, Mad id o
Ba celona, ecogían las películas, abajaban el mon aje, cob aban las en adas, lle aban las cuen-
as. El local e a la sala de cine de Rualasal, 5.
Ag adecimien os
Muchas han sido las pe sonas que han con ibuido a que es as líneas hayan salido adelan e, y cada
una en un campo di e en e. Nomb o a unos cuan os, los que más se han enganchado a es e p o-
yec o, a es e pensamien o de hace cincuen a y cinco años, a es as ideas que o ma on y siguen
o mando una buena pa e de la cimen ación de lo que somos y que seguimos ag adeciendo a
nues os educado es, a nues os p o eso es y a nues o obispo Vicen e Puchol Mon is.
Pe o, como hemos ido a isando en odo el ela o, es e ayec o no deja de se un bo ado , y sabe-
mos lo que signi ica un boce o, lo que ep esen a un deseo, o un esquema. En cualquie caso, algo
abie o, incluyen e, nada ce ado o excluyen e. Mi obje i o undamen al ha sido, since amen e,
ae a la memo ia aquellos años, que si an pa a algo a quien lo lea, y como he amien a -pa a
quienes es u imos y quie an- de uso y dis u e ac ual de aquel iempo an p óspe o.
En educación, es soco ida la p egun a “¿ ol e ías a epe i ... un hecho, una expe iencia, e c.?”,
pa a e cómo nos han ido ales des ezas, cuales es udios y años de o mación. Ve dade a y pe -
sonalmen e, yo ol e ía a pedi ( epe i ) aquellos años an densos en La Magdalena pa a dis u a
esa expe iencia de nue o.
Debo hace , o a ez, una acla ación. La Magdalena no es solo un si io, un luga , una esidencia.
Es un espí i u y un ambien e, un iempo y sen imien o eco dados in ensamen e que, en nues o
caso, una ez nos asladamos desde ese luga a o os de San ande , conseguimos man ene en
ellos la misma iloso ía, la Filoso ía en La Magdalena5. Si pensa on en algún momen o los máxi-
mos esponsables de la é ea censu a anquis a en aquellos años, como el nume a io del Opus
Dei Flo en ino Pé ez Embid, ec o de 1968 a 1974 de la Uni e sidad In e nacional Menéndez
Pelayo -y sus mensaje os de acá, que le nubla on aún más el sen ido- que o denando po necesi-
dades del se icio que nos ué amos de La Magdalena -po necesidades polí icas ambién- iban a
acaba con esa iloso ía, se equi oca on. No pudie on en e e que las ideas nunca descansan y
que iban a segui igen es en Villa Ma celina, en la calle Menéndez Pelayo, 61, y en la calle Rua-
lasal, 5, p osiguiendo aquel es adio cul u al y a ís ico gigan esco y cu iosamen e “magdale-
niense”. Y, sob e odo, igen es en nues os co azones, en nues a ideología y en nues o i i .
5 Conc e amen e, como ya he ci ado en es e esc i o, “la expe iencia de La Filoso ía en La Magdalena ue el luga y el sen imien o
cuya ele ancia nos pe mi ió acep a y edi a los ecue dos e ideas que nos impo aban y podían in e esa a nues a sociedad más
inmedia a, nues o espacio de ac i idad.”