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La Kantujira de Donostia. El placer de cantar en grupo en la calle como identidad cultural y forma lúdica de resistencia

Author: Esteban Galarza, María Luz
Publisher: AIBR
Year: 2023
DOI: 10.11156/aibr.180206
Source: https://addi.ehu.eus/bitstream/10810/69921/1/2023-AIBR-Mari%20Luz%20Esteban-La%20Kantujira%20de%20Donostia.pdf
AIBR
Re is a de An opología
Ibe oame icana
www.aib .o g
Volumen 18
Núme o 2
Mayo - Agos o 2023
Pp. 311 - 333
Mad id: An opólogos
Ibe oame icanos en Red.
ISSN: 1695-9752
E-ISSN: 1578-9705
La Kan uji a de Donos ia. El place de can a en g upo
enla calle como iden idad cul u al y o ma lúdica
de esis encia
Ma i Luz Es eban
AFIT-G upo de In es igación en An opología Feminis a
Uni e sidad del País Vasco (UPV/EHU)
[email p o ec ed]
Recibido: 08.06.2020
Acep ado: 11.06.2021
DOI: 10.11156/aib .180206
312
LA KANTUJIRA DE DONOSTIA
RESUMEN
La Kan uji a es una inicia i a que con oca una ez al mes a decenas (a eces cien os) de
pe sonas pa a in e p e a canciones popula es en euske a po las calles de la Pa e Vieja de
Donos ia, así como en dis in os ba ios de la ciudad. Hay inicia i as simila es en pueblos y
ciudades de odo el País Vasco. En es e a ículo analizo las múl iples dimensiones de la
Kan uji a que, además de se un e en o cul u al y una o ma de conse ación del pa imonio,
iene un papel signi ica i o en la sociabilidad y en la con o mación de la iden idad colec i a,
al iempo que es una o ma de esis encia y de p o es a; pe o una esis encia que iene un
asgo pa icula , que se cons i uye y se exp esa desde el place compa ido, el place de
can a en g upo en la calle, po lo que podemos conside a la como una o ma lúdica de
esis encia. El obje i o es mos a que no podemos en ende la sa is acción que epo a es a
expe iencia sin aludi a odas esas o as dimensiones. Pa a ello me baso en la in o mación
ecopilada du an e mi pa icipación e nog á ica en la Kan uji a desde comienzos del año
2017 has a la ac ualidad.
PALABRAS CLAVE
Place , esis encia, música, can o, Kan uji a, País Vasco.
THE KANTUJIRA OF DONOSTIA. THE PLEASURE OF SINGING IN A GROUP IN THE STREET AS A
CULTURAL IDENTITY AND PLAYFUL FORM OF RESISTANCE
ABSTRACT
The Kan uji a is an ini ia i e which, once a mon h, con okes a subs an ial numbe o people
in o de o sing adi ional songs in Basque in he s ee s o he Old Qua e o Donos ia (as
well as in di e en neighbou hoods in he ci y). The e a e simila ini ia i es in owns and
ci ies h oughou he Basque Coun y. In his pape , I analyse he mul iple dimensions o he
Kan uji a, which is much mo e han a cul u al e en and a way o main aining adi ion,
since i plays a signi ican ole in sociabili y and in shaping collec i e iden i y, while a he
same ime i is a o m o esis ance and o p o es ; a esis ance wi h a pa icula ea u e, ha
i is made up and exp essed on he basis o sha ed pleasu e, he pleasu e o singing in a g oup
in he s ee , so we can conside i as a play ul o m o esis ance. My aim is o show ha
we canno unde s and he sa is ac ion o g oup singing wi hou alluding o all hese o he
dimensions. In o de o achie e ha , I base he s udy on in o ma ion ga he ed du ing my
e hnog aphic pa icipa ion in he Kan uji a since ea ly 2017 o p esen .
KEY WORDS
Pleasu e, esis ance, music, song, Kan uji a, Basque Coun y.
313MARI LUZ ESTEBAN
P eámbulo: El e ce sábado de cada mes
Son casi las 12:00 del mediodía. Me di ijo a pie a la Pa e Vieja de
Donos ia, una de las capi ales del País Vasco. En o po la calle San
Je ónimo y ue zo a la de echa po Fe mín Kalbe on. La gen e ya ha co-
menzado a ag upa se en el si io de cos umb e, delan e de la lib e ía Elka .
Hay muje es y homb es de odos los ba ios y al ededo es. Gen e adul a
y ieja, muy pocos jó enes; en apa iencia, al menos, gen e sin apu os
económicos, bien es idos.
A las 12:00 en pun o I zia Zamo a, la pe sona que guía la Kan uji a
( é mino que en euske a signi ica ía «pasacalle can ando») le da comien-
zo a un eco ido de dos ho as. Nues as canciones sacan a los balcones
a las y los u is as que due men en las pensiones ce canas. Alguna gen e
que anda a esa ho a po la calle, paseando o de comp as, se pa a a escu-
cha nos. Algunos can an dos o es canciones con el g upo y con inúan su
umbo.
La Kan uji a cambia una y o a ez de escena io: dos o es canciones
en un si io y al siguien e, en un o al de quince-dieciocho canciones en seis
o sie e pa adas; canciones popula es1, algunas muy an iguas, o as más
mode nas, seleccionadas cada ez de en e las 126 canciones del cuade -
no2. Se can a a capella, pe o de un luga a o o nos acompaña la música
de la iki ixa, el pande o, el a abal, el xis u y/o la dulzaina, dependiendo
del mes. El epe o io es muy a iado: hay canciones is es, melancólicas,
aleg es, di e idas, comba i as; se e ie en a emas uni e sales (amo ,
mue e, libe ad, gue a, na u aleza…) o a o os más locales. Las dos úl-
imas canciones son siemp e las mismas, ambas muy conocidas:
Xalbado en he io zean [En la mue e de Xalbado ], compues a po
Xabie Le e en 1978, en homenaje al be sola i Xalbado (Fe nando Ai e
E xa , Baja Na a a, 1920-1976), una canción que ha sabido pe du a ;
la o a canción es Boga-Boga [Rema ema], un can o de o igen descono-
cido dedicado a los pescado es.
El place como enómeno múl iple
Es e a ículo se inse a en un monog á ico en o no a la an opología del
place y el deseo, un campo disciplina ela i amen e nue o, en cons uc-
1. Po «popula » me e ie o a lo que escapa a la supe isión de las éli es, a una c eación «de
pa icipación colec i a en p oceso donde ni la au o ía ni la o ma esc i a son lo ele an e»
(Díaz Viana, 2011: 822).
2. I zia Zamo a es la enca gada de hace cada mes la selección de las canciones. An e io -
men e la hacía Jose a Beloki, uno de los miemb os del g upo que impulsó la Kan uji a.
314
LA KANTUJIRA DE DONOSTIA
ción, en el que se es án explo ando nue as ías pa a el es udio de la cul-
u a, y que se undamen a eó icamen e en plan eamien os muy di e sos,
pe o con una apo ación especí ica de la an opología del cue po y de las
emociones.
Siguiendo a Lau a Muelas (2015: 36-46), que se apoya, a su ez, en
au o as como Susie Jolly, And ea Co nwall y Ka e Hawkins (2013), en-
iendo el place como una i encia enca nada que oma la o ma de p ác-
icas muy di e en es que p oducen sensaciones ag adables, posi i as, de
dis u e y di e sión, p ác icas que conlle an pleni ud y conexión; una
g a i icación y un bienes a que, una ez que se ha expe imen ado, se
desea e i i de nue o. Además, los imagina ios elacionados con el place ,
los dis in os o ma os que adquie e nos pueden da mucha in o mación
sob e el con ex o en el que se p oducen dichas p ác icas, ya que lo que es
placen e o o no, se con o ma y de ine en unción de las coo denadas so-
ciales, cul u ales y polí icas en las que su ge (Muelas, 2015). Como e e-
mos más adelan e, odo es o es pe ec amen e aplicable al hecho de can a
en g upo en la calle, como es el caso de la Kan uji a. Po o a pa e, la
capacidad de sen i place , inhe en e a odos los se es humanos, iene que
e di ec amen e con la senso ialidad. Pa a aseando a Alexand a-Ode e
Kyp io aki (Fe nández-Sa a e , 2012), pod íamos deci que can a p odu-
ce nue os e enos senso iales, emocionales y esis en es que in luyen di-
ec amen e en el sen ido de sí, en la iden idad indi idual y colec i a.
Asimismo, deci que el place su ge en con ex os sociales, cul u ales, po-
lí icos y biog á icos de e minados es sub aya que es á a a esado po
a iables como el géne o, la clase social o la edad. En el caso de la
Kan uji a no pod íamos en ende debidamen e el bienes a elacionado
con la música y el can o sin ene en cuen a odas esas dimensiones.
Los p o agonis as son muje es y homb es de una media de edad al a
y un es a us socioeconómico acomodado, la g an mayo ía pe sonas jubi-
ladas cuya ayec o ia labo al se ha desa ollado en campos múl iples,
desde la adminis ación, la banca, el come cio o la indus ia, has a dis in-
os espacios elacionados con la enseñanza o la cul u a, que es el pe il
mayo i a io. En e los elemen os que ienen en común odas es as pe so-
nas, hay que ci a en p ime luga la a ición a can a y el conocimien o
que poseen del cancione o y la cul u a musical, pe o ambién que una g an
p opo ción han es ado y siguen es ando implicados/as en asociaciones o
inicia i as muy a iadas elacionadas con la lengua asca o la cul u a, así
como en asociaciones locales y ecinales. Un a ac i o añadido es la opo -
unidad que o ece de conoce gen e y amplia el cí culo de amis ades,
incluso la posibilidad de encon a pa eja. El can o colec i o les pe mi e
asimismo a sus pa icipan es e oca a a és de las canciones ecue dos e
315MARI LUZ ESTEBAN
hi os signi ica i os de su ida que es a án siemp e en elazados con la
his o ia de la sociedad asca. Es deci , la Kan uji a es ambién un eje cicio
de iden idad y memo ia colec i a, una memo ia en la que el cue po «eme -
ge como eje a iculado de la dimensión senso ial del ecue do» (Del Valle,
1997: 60).
Que la media de edad sea al a le da ambién un ca ác e especial po
la al a de isibilización pública de las pe sonas mayo es en nues a socie-
dad, menos aún como suje o colec i o. La edad a anzada p o oca am-
bién que la Kan uji a se haya con e ido en un espacio de elación con la
en e medad y la mue e, momen os especiales pa a el ecue do y la des-
pedida cuando alguien allece, imp egnados de dolo , pe o ambién de
dulzu a y e nu a.
O o aspec o signi ica i o es el ela i o al géne o. Como e emos, las
ensiones p oducidas po las di e encias de géne o imp egnan la dinámica
gene al de la Kan uji a y, de un modo no siemp e explíci o, la cons i uyen.
Más aún, pod íamos deci que el géne o es hoy día un elemen o cla e en
las ans o maciones que se es án dando en la Kan uji a y, po an o, en
la con inuidad de la misma. A odo es o con ibuye, aunque no solo, que
la coo dinado a sea especialmen e sensible a las desigualdades en e mu-
je es y homb es y conscien e de su papel a es e ni el.
En de ini i a, la Kan uji a es un e en o cul u al, un espacio de socia-
bilidad y una o ma de conse ación del pa imonio, en conc e o del can-
cione o popula , que iene un papel signi ica i o en la ec eación de la
iden idad colec i a asca. Pe o, al mismo iempo, es una o ma de esis-
encia; no en ano la Kan uji a comenzó su andadu a en eb e o de 2003
como acción en con a del cie e del Euskaldunon Egunka ia (el único
pe iódico ín eg o en euske a en aquel momen o), o denado po la
Audiencia Nacional en eb e o de 20033. Es a decisión p o ocó un echa-
zo unánime en la población y lle ó a un g upo de gen e que solía jun a se
pa a can a en un ba io de Donos ia (In xau ondo) a hace una con o-
ca o ia en un luga cén ico de la ciudad como o ma de p o es a. Vis o
el éxi o de la con oca o ia decidie on segui con la p opues a, que ha
con inuado has a el p esen e, solo in e umpida po la pandemia, que ha
obligado a suspende la empo almen e. Es una o ma de esis encia que
iene un asgo pa icula , que se cons i uye y se exp esa desde el place
compa ido, el place de can a y can a en g upo en la calle. Así, en es e
caso, iden idad, esis encia y place quedan es echamen e unidos y no
3. El juez Juan del Olmo, basándose en un in o me de la Gua dia Ci il, o denó ce a el
pe iódico Euskaldunon Egunka ia po su supues a inculación con ETA, y sus di ec i os
ue on de enidos, incomunicados y o u ados. En 2010, sie e años después, la Audiencia
Nacional sen enció que había sido una decisión e ónea.

316
LA KANTUJIRA DE DONOSTIA
pueden en ende se de o ma sepa ada. De modo que en iendo la Kan uji a
como un hecho social o al a pequeña escala, que nos habla de muy dis-
in as cues iones, pe o que equie e pa a su comp ensión un ma co eó i-
co igualmen e plu al.
En cuan o a la o ganización del a ículo, en el siguien e apa ado
explica é la es a egia me odológica seguida, pa a aden a me después en
el es udio de la dimensión senso ial y a ec i a del place de can a ; pos e-
io men e, me e e i é a la cons ucción de la iden idad y a la p oyección
de la esis encia, pa a pasa después a explica algunas dispu as y elabo-
aciones de géne o, y ce a el a ículo con un in e ogan e inal sob e el
u u o de es a inicia i a, poniendo siemp e el oco en la Kan uji a como
p ác ica de place .
Aspec os me odológicos
Pa a es e análisis me baso p incipalmen e en la ecogida de in o mación
du an e mi pa icipación mensual en la Kan uji a desde ene o de 2017
has a la ac ualidad, de modo que man engo en la misma una doble posi-
ción, como pe sona a icionada a can a y como an opóloga que lle a a
cabo un ipo de e nog a ía, pa a la que en un es udio an e io había u i-
lizado el cali ica i o de «pe manen emen e ac i ada» (Es eban, 2011).
Dado el ap endizaje que ha conlle ado es a pa icipación, se pod ía a i -
ma que en mi caso se cumple el plan eamien o del e nomusicólogo
Man le Hood (1960), cuando apun a que la o mación musical es básica
pa a la in es igación en es e campo. Aunque pa a se pa e de la Kan uji a
no es p eciso can a bien, muchos/as kan uji ala is des acan po su al o
ni el ocal. Can a a su lado e pe mi e mejo a la écnica y las habilida-
des exp esi as y e pone en una buena disposición pa a dis u a y anali-
za la expe iencia en su conjun o.
Du an e es os cua o años he ido ecogiendo mes a mes en un dia io
de campo mis obse aciones, así como los con enidos de las con e sacio-
nes in o males (al ededo de emas muy di e sos elacionados con la mú-
sica o no) que se han ido p oduciendo an es, du an e y después de cada
ocasión, una ez inalizada la Kan uji a, cuando bas an es de sus pa ici-
pan es con inúan can ando mien as oman alguna bebida, o después de
come jun os. De algunas de es as con e saciones he sido es igo y o as
las he p o ocado yo misma. He ecopilado ambién o og a ías p opias o
ajenas y g abaciones de canciones o momen os conc e os. De modo que
se a a de un p oceso e nog á ico in enso y la go en el iempo, donde se
ha ido dando un juego múl iple, en espi al: pa icipa / con e sa / oma
dis ancia / e lexiona / esc ibi / pa icipa … que me ha pe mi ido a an-
317MARI LUZ ESTEBAN
za en el análisis. Al iempo, he ido con as ando mis pe cepciones con
algunas pe sonas que pa icipan en la Kan uji a, que desempeñan o han
desempeñado labo es de coo dinación desde sus comienzos y que, a modo
de in o man es p i ilegiados, han enido un papel cómplice; eso sí, siemp e
c í ico espec o a mi es udio.
Asimismo, y con el obje i o de pode sis ema iza y o maliza la
in o mación ob enida, he lle ado a cabo dos en e is as en p o undidad
con dos pe sonas que ienen o han enido un papel ele an e en la
Kan uji a: I zia Zamo a, que iene una la ga expe iencia como in é p e-
e y p o eso a de música, y coo dina y di ige la Kan uji a en la ac ualidad,
y Jose a Beloki, implicado en ac i idades elacionadas con la música
popula desde hace muchos años, y uno de los miemb os del g upo un-
dado . Y he con as ado oda es a in o mación con análisis de di e en es
uen es: páginas web y en e is as y epo ajes en o no al can o, la mú-
sica asca, y la p opia Kan uji a4.
Sonidos, emociones, ib aciones, a ec os
En el desa ollo de la Kan uji a iene un papel undamen al la di ección
de I zia Zamo a. Si uada en el cen o del g upo, nos anima a ace ca nos.
En la mano izquie da sos iene el cuade no con las le as que mucha gen e
ambién lle a; el suyo iene ya algunas hojas dobladas y es á eple o de
ano aciones y códigos musicales. En la mano de echa, el diapasón c omá-
ico que u iliza al comienzo de cada canción. Da el ono, lo gua da en un
bolsillo y su mano comienza a mo e se en el ai e, sube, baja, hace cí culos,
se ab e, se cie a, y nos lle a, mos ándonos cuándo can a len amen e o
más ápido, cuándo epe i el es ibillo, cuándo pa a ; unos mo imien os
sua es pe o i mes, elegan es, que conocemos muy bien. Can a, nos mi a,
y le a dando un i mo, una modulación a cada canción, imp imiéndole
una his o ia, una his o ia que puede incluso cambia de un día a o o,
dependiendo de las ci cuns ancias.
Las pe sonas que cuidan la Kan uji a se suelen queja ca iñosamen e
de que no odo el mundo sabe las le as. Yo soy una de ellas, po lo que
engo que mi a el cuade no, pe o es oy a en a ambién a la mano de
I zia : mi o al lib o y a su mano, al lib o y a su mano… Y ese mo imien-
o p o oca en mí un e ec o semihipnó ico, que me pe mi e concen a me,
egula y sabo ea la emoción, y deja me in adi po las o as oces, se
4. Ve , po ejemplo, la web de Euskal kan uzaleen elka ea - Asociación de a icionados
ascos al can o (h ps://ehkan uz.blogspo .com/), donde se o ece in o mación sob e dis in-
os luga es del País Vasco en el que exis e un enómeno simila a la Kan uji a.
318
LA KANTUJIRA DE DONOSTIA
una con ellas. Se p oduce así, sábado a sábado, mes a mes, una econ igu-
ación senso ial de las pe sonas que can amos jun as, una capacidad de
ab i se al g upo que segu o in lui á después en nues a pa icipación en
o os escena ios sociales.
Hay mucha a monía en e los kan uji ala is e I zia , de modo que en
las ocasiones en que es o a pe sona la que nos guía se susu an quejas si
nos lle a de o a mane a. Cuando acaba el eco ido, un g upo de en e
10-20 pe sonas se suelen queda omando algo en los ba es de al ededo .
Y siguen can ando. Como si el can o no u ie a in, como si la ida ue a
solo can o.
La música, en gene al, y el can o, en pa icula , ienen una ca ac e ís-
ica undamen al: la capacidad de p oduci /exp esa /de eni emoción,
bienes a , de conmo e . En mi pa icipación en la Kan uji a, me ocu e
ecuen emen e que ya con la p ime a o la segunda canción me conmue o.
Me conmue o po la melodía, po la le a, pe o ambién po el e ec o
acús ico que p o oca el sonido de nues as oces en las calles es echas de
la Pa e Vieja. Es como si las pa edes de las casas ambién can a an, como
si oda la ciudad can a a con noso os. Aunque en ese impac o in luye
ambién, cómo no, cómo me encuen o ese día, la conexión en e lo que
es amos can ando y lo que me/nos es á sucediendo.
Pe o, como ya se ha señalado en la an opología de las emociones,
un campo de es udio que se inició con Michelle Rosaldo (1980), que ha
con inuado de la mano de au o as/es como Ca he ine Lu z (con Geo ey
Whi e, 1986) o Da id Le B e on (2012), y que ha enido un g an desa o-
llo en las úl imas décadas den o, ambién, del llamado gi o a ec i o5, las
emociones no son p ocesos indi iduales, sino p ác icas sociales, cul u ales
y polí icas p oducidas en la in e acción6. La capacidad de se a ec ado o
a ec a que iene el cue po humano le pe mi e (in e )ac ua , comp ome-
e se o conec a , en e sí y con los o os cue pos, los obje os y el mundo
que le odea (Macon, 2014: 170-171).
La expe iencia emocional en una p ác ica como la de la Kan uji a es
amplia y siemp e abie a, en cons ucción, con un abanico muy di e so
de es ados emocionales, que se an ans o mando en el espacio y en el
iempo; no en ano los a ec os son, po de inición, «sociales, ines ables,
dinámicos, pa adójicos» (Macon, 2014: 169). Así, en algunas canciones,
5. El gi o a ec i o es pa a Cecilia Macon (2014: 168) «un p oyec o des inado a indaga en
o mas al e na i as de ap oxima se a la dimensión a ec i a, pasional o emocional —y dis-
cu i las di e encias que puede habe en e es as es denominaciones— a pa i de su ol en
el ámbi o público». Aunque, en es e ex o, es amos omando como sinónimos emoción y
a ec o. La apo ación eminis a puede consul a se en Macon (2014).
6. Ve , po ejemplo, Ahmed (2004).
319MARI LUZ ESTEBAN
sob e odo las más aleg es o animadas, se p oducen momen os de a eba-
o, de éx asis colec i o, mien as que o as e hacen ecoge e y/o e inun-
da la melancolía o incluso la is eza; muy pocas e dejan indi e en e. Una
expe iencia, po an o, que se cons uye en el «cue po a cue po». Y es e
despliegue es un eje cicio que epo a place ; pe o un place que pe mi e
ambién el desahogo y que no es ajeno al dolo que puede e oca o p o-
oca una le a, una melodía o el allecimien o de una pe sona a la que
es amos eco dando; place y dolo , belleza y dolo , cons i uyéndose a la
ez, en el sen ido plan eado en su día po Simone Weil7. El obje i o p in-
cipal es can a , pe o el can o se uel e gozo, se uel e iaje, se uel e
lujo de ida. No es que al can a se exp esen emociones, es que el mismo
ac o de can a es exp esión emocional, exp esión emocional o al, pod ía-
mos añadi , pues o que eúne odas las dimensiones: la social, la polí ica,
la cul u al, la his ó ica, la i ual, la es é ica, la e ó ica… Una o alidad a
la que se e ie e Philipp Tagg (2000) cuando señala que la música es capaz
de a icula iden idades, a ec os, ac i udes y pa ones de compo amien o
(González, 2009: 196).
Es e eje cicio emocional que se p oduce al can a nos pe mi i ía dis-
cu i la opinión ex endida den o y ue a del País Vasco de que nues a
cul u a se ca ac e iza po una con ención de las emociones, un ema que
suele se elacionado incluso con con lic os sociales o polí icos especí icos
de la sociedad asca. Es un asun o que me p eocupa y sob e el que he
e lexionado p e iamen e8. En e los dis in os aspec os de es e deba e,
des aca ía dos: que la e sa ilidad humana no solo nos pe mi e sen i , sino
que unas emociones se puedan con e i o mu a en o as en muy poco
iempo y en elación di ec a con el medio; y que no siemp e es ácil en en-
de cómo o po qué; y, en segundo luga , que odos los colec i os humanos
lle an a cabo egulaciones especí icas de lo emocional que, de en ada, no
debe íamos alo a como mejo es o peo es, sino in en a en ende las en
su con ex o.
F ancisco C uces (2002) de iende una an opología de la música
como «es udio de la di e sidad de las o mas de escucha» (2002: 1), des-
de la idea de que la música ope a con la escucha, y que es a escucha es la
que pe mi e que los sonidos puedan ehicula el mundo social i ido.
Habla, así, de la capacidad del oído de «pensa », y di e encia en e oí ,
escucha , en ende y comp ende (2002: 2). Su plan eamien o me pa ece
in e esan e, pe o mi p opues a si úa el análisis en la dimensión có po o-
emocional-a ec i a de la expe iencia. De alguna mane a, C uces ya iene
en cuen a es o cuando sub aya la impo ancia de la sines esia, que nos
7. Ve ambién Muelas (2015: 41-43).
8. Ve , po ejemplo, Es eban (2016).
326
LA KANTUJIRA DE DONOSTIA
plazas, 11M, mo imien os Occupy…). Todo es o en unas coo denadas de
ea me del capi alismo y desdemoc a ización gene alizada. Un eplan ea-
mien o de los diagnós icos y las o mas de o ganización que implican un
pensa en común (Gil, 2011), un hace conjun o (Es eban, 2015 y 2019).
Además de lo ya dicho, la Kan uji a euni ía algunas de las ca ac e-
ís icas que A kai z Le amendia (2018) ha iden i icado en su es udio de
las ans o maciones en la o ma social de la p o es a en la sociedad as-
ca en el pe iodo 1980-2010. Cambios elacionados con es ipos de ac-
o es: c ea i idad en el ac i ismo, ep esión po pa e de las au o idades
y es e ización de las p ác icas sociales (2018: 2-3). Así, se hab ía dado una
« ansición en las úl imas décadas de unos epe o ios de p o es a di ec os
y con on a i os hacia o os más simbólicos y au oexp esi os» (2018: 1).
Coincido con su análisis, aunque conside o ambién que debe íamos in-
clui la Kan uji a en la la ga genealogía de acciones no iolen as del País
Vasco (O mazabal, 2009).
En o o o den de cosas, conside o que se puede aplica ambién a es e
análisis el plan eamien o en o no a la esis encia que hace Lila Abu-
Lughod (1990) en su es udio de la sociedad beduina, una sociedad nóma-
da, pa ilineal y pa ia cal. Es a an opóloga conside a que en dicha cul-
u a la ec eación del sen imien o amo oso median e poemas can ados en
los espacios de elación en e muje es, una cos umb e que i ía en con a
del hono y la modes ia, alo es cen ales en dicha cul u a, con ie e el
amo en un discu so sub e si o, un discu so de esis encia. Abu-Lughod
da un paso más con su p opues a espec o a la idea oucaul iana de que
donde hay pode hay esis encia, a i mando que el análisis de las esis en-
cias nos pe mi e conoce mejo cómo se con o man las elaciones de pode
en un con ex o conc e o. Pues bien, inspi ándonos en es a au o a, pod ía-
mos deci que la ei indicación lingüís ica y social implíci a en la Kan uji a
con ie e al can o en g upo en una mani es ación lúdica de esis encia
cul u al y polí ica, y que es a mani es ación nos puede ayuda a conoce
mejo los cambios en las coo denadas polí icas del momen o p esen e en
la sociedad asca.
Pa a e mina es e apa ado nos pod íamos hace la p egun a de qué
luga ocupa el place en odo es o. Pa a esponde a la misma me inspi o
en el análisis que lle a a cabo Muelas (2018) de las elaciones en e el
eminismo y el place y, en conc e o, en su a gumen ación de que la bús-
queda del dis u e en las p ác icas eminis as iene un in cla amen e ans-
o mado , es deci , que el place es un mo o de cambio, an o indi idual
como colec i o. Un plan eamien o que se puede hace ex ensi o a la
Kan uji a, en la que el place de can a puede se in e p e ado no como

327MARI LUZ ESTEBAN
algo secunda io a la acción e e ida a la p omoción del euske a o a o os
ines sociales o polí icos, sino como algo in ínseco a la misma.
Las dispu as de géne o como alimen o y ga an ía
de con inuidad
En la Kan uji a es á implíci o el deseo de man ene i o un pa imonio,
el de las canciones en euske a, un pa imonio que se cuida, se di unde, se
ans o ma y se dis u a al mismo iempo.
Guadalupe Jiménez-Esquinas ecue da que con e i algo en pa imonio
es «una cons ucción, en la que algunos elemen os del pasado se je a qui-
zan, se ac i an y se hacen ci cula » (2018: 71) y que las elaciones al ede-
do del pa imonio siemp e es án poli izadas e in luidas po el géne o, la
clase social y o as clasi icaciones (2018: 73); y al e és, que cualquie
pa imonio —en es e caso, can a — cons uye y econs uye las elaciones
de géne o, de clase, de e nia, de edad o de cul u a.
Un ema elacionado con las desigualdades de géne o es, p ecisamen-
e, quién cuida el pa imonio, ya que sin ese cuidado no hay ansmisión
ni ein ención; de la misma mane a que, en gene al, sin cuidado no hay
ida, como iene p oclamando el eminismo desde hace décadas. En el
caso de la Kan uji a, la pa icipación po sexos es bas an e equilib ada e,
incluso, hay una lige a mayo p esencia de muje es, y el cuidado es á
ambién bas an e epa ido; al in y al cabo, la Kan uji a es una ac i idad
pública y con p es igio, y el cuidado de los homb es, cuando se da, suele
se di ec amen e p opo cional a la isibilidad pública de la ac i idad de
la que se a e.
De odas o mas, en la Kan uji a hay muje es (y algunos homb es)
con una p eocupación ac i a po las cues iones de géne o. Y a es o con-
ibuye, como ya he apun ado, que la coo dinado a sea eminis a. I zia
Zamo a le da mucha impo ancia a que sea una muje la que di ija la
sesión y, en las con adas ocasiones en que ella no es á, suele busca una
pa a sus i ui la. Y al e a sob e la ma cha el géne o de algunas de las le-
as16, aliéndose posi i amen e de la legi imidad adqui ida. Pe o, a pesa
de odo es o, hay ensiones que se mani ies an en momen os conc e os, y
que nos hablan de que la Kan uji a es ambién un espacio de dispu a de
géne o. Da é un ejemplo.
16. Un ejemplo es la canción Iza en hau sa [El pol o de las es ellas] (Xabie Le e, Mikel
Laboa), donde se can a: «Gizonen lana jakin za dugu» [El abajo de los homb es es su
sabidu ía]; o la canción Langile ba en semea (Xabie Le e), que comienza así: «Langile ba en
semea naiz ni, / ai a bezela langile» [Yo soy hijo de un abajado , abajado como mi pad e].
328
LA KANTUJIRA DE DONOSTIA
Una de las canciones que se can a habi ualmen e es T apu Zaha ak (T apos
Viejos), c eada en 1856 po Jose Ma ía Ipa agi e en hono de Ramon Ba is-
a, ape o de Alegia (Gipuzkoa). La le a inco po a en el es ibillo el g i o que
hacían los ape os pa a llama la a ención de la gen e. Desde que yo pa icipo
en la Kan uji a es e g i o ha sido in e p e ado en gene al po un homb e, el
mismo siemp e. Un día, una muje ambién can ó, solapándose las oces de
ambos, algo que bas an es i imos como una compe ición en e ellos. A la ho a
de la comida con un g upo pequeño de gen e salió es e ema y se encendió el
deba e. Una muje de endía que las muje es ambién ienen de echo, añadien-
do que la que había can ado ya lo había hecho en el pasado. Un homb e a mi
lado opinaba que los ape os han sido adicionalmen e a ones y que es ló-
gico que lo haga un homb e. O a muje a gumen aba que no hay que e
como p oblema que algunas cosas las hagan solo los homb es o solo las mu-
je es, siemp e que haya un equilib io; y en la Kan uji a hay algo que hacen
siemp e las muje es, como es echa i in zis17 en medio de algunas canciones,
lo que si e pa a in ensi ica la emoción del momen o. Pe o de ahí de i ó la
discusión a o o ema que me pa ece undamen al, como es que algunos hom-
b es con oz po en e iendan a can a muy al o, sob esaliendo espec o al
es o18. Hay gen e que se queja po lo bajo, pe o en gene al se sopo a sin más.
Solo algún kan uji ala i con conciencia eminis a suele di igi se al homb e de
u no pa a que baje la oz. El hecho de que los a ones hagan p e alece su
oz, e incluso lleguen a compe i en e ellos, debe se in e p e ado, en mi opi-
nión, como un signo conscien e o inconscien e de dominio de géne o, una ex-
p esión de ue za que i ía, además, en con a de la iloso ía gene al de la Kan-
uji a, donde se en iende que can a es una acción coope a i a, lo cual exige
como condición básica la escucha mu ua.
Pe o no hab ía que en ende es e ipo de escenas como me as anéc-
do as. El géne o es hoy día un elemen o que si e pa a explica algunas
de las dinámicas co idianas de la Kan uji a, pe o con ibuye ambién a su
p oyección social. La pandemia ha conlle ado la imposibilidad de can a
en la calle y la eanudación de la ac i idad depende de la lexibilización
de las es icciones. Pe o es e pa ón obligado po la si uación sani a ia se
ha ap o echado pa a eac i a una a ea que es aba pendien e, la ac ua-
lización del ca álogo, que implica la e isión del epe o io y la inclusión
de canciones popula izadas en los úl imos años. Uno de los p incipales
obje i os que guía es a a ea se e ie e p ecisamen e al géne o: lle a a
cabo la adap ación de algunas le as que oman lo masculino como uni-
17. El i in zi es un g i o sono o, que se p olonga y modula en una sola espi ación. Hay
e siones simila es en o os luga es del mundo. En el País Vasco pa ece que se u ilizaba como
o ma de comunicación en e pas o es, pe o hoy día es p ac icado pa a exp esa aleg ía o
in undi ánimo en en o nos y ocasiones muy di e sas (can os, celeb aciones, mani es acio-
nes…).
18. Respec o al ema de la oz y el géne o, e Villa e de (2016).
329MARI LUZ ESTEBAN
e sal, ans o mando el géne o del discu so, e inco po a canciones o
le as c eadas po muje es. Hay que ene en cuen a que, de las 126 can-
ciones del ac ual cancione o, muchas de o igen desconocido, solo en es
casos can amos e siones de muje es de canciones o iginalmen e de au o-
es masculinos19. Pa a ello, un g upo de pe sonas en e las que me encuen-
o hemos lle ado a cabo una búsqueda de canciones c eadas en los úl i-
mos años, en e las que se ha hecho una selección eniendo en cuen a el
géne o, la calidad y popula idad de las canciones, y el p es igio de sus
c eado es/as. Aunque la ac ualización del ca álogo, y con ella la de la
misma Kan uji a, no es á inalizada, y además debe á se con i mada po
la mayo ía de las y los pa icipan es habi uales, c eo que no es exage ado
a i ma que el géne o es á de iniendo un ac o cla e en odo el p oceso,
desde la idea in e io izada po bas an es kan uji ala is de que el éxi o hoy
día de cualquie enómeno cul u al equie e sí o sí de la adecuación a los
iempos ac uales y a las ans o maciones gene ales que se es án p odu-
ciendo en la sociedad asca, incluido lo que iene que e con las elacio-
nes de géne o. A es e espec o, no es di e en e la Kan uji a de lo que es á
ocu iendo en el conjun o de los mo imien os sociales en nues a socie-
dad, en los que el eminismo es un eje undamen al de su uncionamien o,
alimen o y conciencia c í ica a la ez (Es eban, 2020b).
La Kan uji a como place p oyec ado al u u o
El géne o es, po an o, un elemen o del p esen e y del u u o. Pe o, ¿qué
pasa con la edad?
Llego al inal del a ículo e omando la idea de que las y los kan uji-
ala is somos adul os y iejos (aunque algunos/as hijos/as de miemb os
de la Kan uji a son ambién asiduos de la misma). La esc i o a Ana
Malagón ha exp esado de modo muy bello que «la Pa e Vieja de Donos ia
es un ba io demog á icamen e a ugado»20. Como las a ugas en nues os
os os.
Has a hace poco iempo, cuando le con aba a alguien que pa icipa-
ba en la Kan uji a, añadía siemp e que e a una pena que no hubie a
19. En los úl imos años se es á haciendo un g an es ue zo de ecopilación de la música
hecha po muje es. Ve , po ejemplo, Lopez Agi e (2015) o el enlace con canciones c eadas
e in e p e adas po muje es elabo ado po Ema ock, un p oyec o impulsado, en e o as,
po Saioa Cabañas: h ps://www.you ube.com/playlis ?lis =PLZ_ou J0WM1FEbbQ6dy8-
ogW 0NRYQxFW). También se es án eesc ibiendo muchas le as y p oli e an e en os sob e
música, eminismo y géne o.
20. T aducción p opia: Ve : h ps://www.be ia.eus/pape ekoa/2326/030/003/2018-01-28/
go pu ze ik_kanpoko_bidaiak.h m.
330
LA KANTUJIRA DE DONOSTIA
gen e jo en. ¿Se acaba á la cos umb e de can a en la calle?, me p egun-
aba. Al pone me a esc ibi sob e la Kan uji a me di cuen a de que es ló-
gico que la gen e jo en no pa icipe; les gus an o o ipo de canciones y
no suelen mezcla se con las pe sonas mayo es. De odas o mas, en el caso
de Donos ia, la escasa p esencia de jó enes se explica ambién po el ho-
a io: el hecho de que sea un sábado al mediodía no les anima a pa icipa .
Los kan a is de o as localidades se suelen o ganiza a úl ima ho a de la
a de y eso ayuda a que se ean más ca as jó enes. En Donos ia, hay
ocasiones en las que se unen pe sonas de menos edad. Po ejemplo, coin-
cidiendo con la As e Nagusia (Semana G ande, en el mes de agos o), un
g upo de jó enes de una de las co adías es i as, denominada Kan au i,
nos acompañan du an e oda la mañana con sus oces y sus ins umen os
musicales. Y la in e gene acionalidad se e ela ambién cuando se in i a
a la gen e de la Kan uji a a ameniza e en os o celeb aciones al ma gen
de los encuen os del e ce sábado de cada mes.
No sabemos segu o qué pasa á cuando se aya e i ando la gen e
de más edad, si se inco po a á gen e nue a y/o se eno a á el o ma o.
Pe o no es ácil que una cos umb e an implan ada en la sociedad asca,
como es la de can a en g upo en la calle, que se desa olla en espacios
y con o ma os y p o agonis as muy di e en es, que da luga siemp e a
momen os a ec i os in ensos, y que ha sob e i ido a ci cuns ancias muy
dis in as, se pie da. Aunque es segu o que se ans o ma á. Po o a
pa e, como ya he comen ado, el que hoy día se a e de un g upo de
edad a anzada haciendo algo en el espacio público es siemp e in e esan-
e socialmen e. Pe o, sob e odo, cuando «me quejaba» de que no había
gen e jo en exp esaba una cie a esis encia po mi pa e a que se me
iden i ica a con gen e mayo . Po an o, pa a mí, pa icipa en la
Kan uji a es ambién un eje cicio de edad, me pone en mi edad, y eso me
deja a eces un sabo ag idulce.
Y concluyo es e a ículo sub ayando que la Kan uji a no es solo una
opo unidad de goza , de a ec a y se a ec ados, una uen e de e o ismo;
no es solo un capi al cul u al que se quie e man ene , una mane a colec-
i a de con ibui a cons ui la iden idad, o una o ma de p o es a, e-
sis encia y ei indicación, a a esada po ac o es como la edad, el es a-
us social o el géne o… Como si odo es o ue a poco. Es ambién un
eje cicio abie o al u u o, un eje cicio de u u o: el place como p oce-
so que se i e en el p esen e y se p oyec a y con ibuye (o puede con i-
bui ) a cons ui un u u o colec i o, donde el hace conjun o —can a
en es e caso— y la escucha mu ua —el can o colec i o— sean unda-
men ales.
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