LAS TRAMAS SECRETAS DEL CONOCIMIENTO
ESTÉTICO
Ra ael Cuñado Ruiz
Di ec o es:
Luís Ga agalza A izabalaga y Celso Sánchez Capdequí
Depa amen o de Filoso ía
2022
(cc) 2022 Ra ael Cuñado Ruiz (cc by-nc-nd 4.0)
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LAS TRAMAS SECRETAS DEL CONOCIMIENTO
ESTÉTICO
Ra ael Cuñado Ruiz
Di ec o es:
Luís Ga agalza A izabalaga y Celso Sánchez Capdequí
Depa amen o de Filoso ía
2022
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A mis que idas Es he y Jone
La g an mayo ía de las o og a ías que acompañan el ex o son ob as de Chema Madoz. Se complemen an con
me á o as isuales de Joan B ossa. También apa ecen ep oducciones de ob as de Edua do Chillida, Albe o
Giacome i, Jaume Plensa, John Dyks a, René Mag i e, así como una ins an ánea de La ma e ia del iempo de
Richa d Se a y algunos o og amas de a ias películas: “24 ames” de Abbas Kia os ami, “El espí i u e la colmena”
de Víc o E ice y “Tiempos mode nos” de Cha les Chaplin.
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ÍNDICE
In oducción 9
Capí ulo 1. De las con icciones a las p opues as 33
Fondo é ico y gobie no de la ida 34
Vida buena, mundo habi able y dignidad humana 37
Po encialidades y lími es del manda o “conóce e a i mismo" 46
El sen ido de esponsabilidad 54
Capí ulo 2. Cons i ui se a sí mismo. Se cons i uido po o os 63
La ida. Una cadena de coyun u as y si uaciones 64
El ol que el pasado juega en el p esen e 69
El ol de nues o u u o en el p esen e 72
La ida como exis encia en el iempo 76
El mundo es un en que ya ha salido 91
P ime oco. Mi ada que busca sen ido en lo ya pensado 98
Un ideal – ipo. El suje o suje ado 101
P oducción de subje i idades he e odi igidas 107
Segundo oco. La concepción dinámica de la ida. La ida como p oyec o 112
El ideal – ipo del suje o in e esado en amplia su au onomía pe sonal 122
P opone se una ida pe sonal 128
Elogio de lo singula e sus e siones limi an es 129
Capí ulo 3. P ime a es e a. Acon ecimien os do ados con un al o po encial e elado 135
Unos pa icula es ipos de p egun as lími e 136
Pasos y p uebas que la ida pone 139
La gos pe iodos de iempo apa en emen e uni o mes 140
El sen ido y el sinsen ido de lo no edoso 147
Aden a se po sende os inexplo ados 149
Acon ecimien os econ o an es y acon ecimien os a lic i os 150
Los acon ecimien os exis enciales cla e y la cons ucción de la a qui ec u a pe sonal 153
Comp ensión del sen ido. Necesidad de cla es in e p e a i as 158
Necesidad de da o den y sen ido a la ida 164
Espí i u subje i o y necesidad de ex e io ización 171
Imaginación al se icio de la búsqueda de o den y de sen ido en la p opia ida 178
Expe iencia di ec a y ap endizaje 181
Capí ulo 4. Segunda es e a. Pensamien o imagina i o de ca iz poé ico- ilosó ico 185
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Las “ amas aé eas de la men e” 186
Depósi o de o mas simbólicas y me a ó icas 199
Las me as cosas y lo cósico de las ob as de a e 207
A e ac o singula y sensible. Reno ación de nues a isión y comp ensión del mundo . 210
Ace camien o comp ensi o a la noción de a is icidad 215
Múl iples o mas ins i ucionalizadas de en ende el alo de la a is icidad 218
No odas las ob as ealizadas con hechu a a ís ica son genuinas 225
Ob as de a e genuinas. Singula es ías pa a el conocimien o de la condición humana 230
Capí ulo 5. Ob as de a e, mediación simbólica y au ocomp ensión 247
La eme gencia enac i a del sen ido 248
La cul u a obje i a como caldo de cul i o de la signi ica i idad 250
Los disposi i os a ís ico-simbólicos y su e ien e cogni i a 257
Expe iencia es é ica. Momen o sensible, emocional y cogni i o 262
El alcance de los símbolos a ís icos 270
Los mundos posibles que las ob as de a e c ean 278
In e p e ación he menéu ica e in e ención de la subje i idad 282
Capí ulo 6. Me á o as pa a la ida. A inidades asomb osas 291
La me á o a del iaje 292
La ida como a esía po un sin ín de pasajes 296
La hondu a ilosó ica de la me á o a del iaje 305
Viajes e sus u ismo 308
Messne . La me á o a del escalado . Complemen o a la me á o a del habi an e del alle 318
La me á o a del camino. Habla de caminos es un habla uni e sal 329
El caminan e de An onio Machado 331
Me á o a del camino. Amplia ape u a in e p e a i a 332
La me á o a del camino. Pensamien o é ico y palab a poé ica 336
El p o e bio y can a XXIX. Poema pa a la e e nidad 343
El binomio camino-caminan e 351
Racionalidad ilosó ico-poé ica de la me á o a del camino 359
El poema de Machado y su econocimien o del po encial humano 367
Lo poé ico a más allá de las palab as 370
Dibuja algunas de las más impo an es líneas en el mapa de la ida 376
La b e edad y ini ud de la ida 381
Conclusiones 387
BIBLIOGRAFÍA 401
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In oducción
¿Y ha de mo i con igo el mundo mago
donde gua da el ecue do
los háli os más pu os de la ida,
la blanca somb a del amo p ime o,
la oz que ue a u co azón, la mano
que ú que ías e ene en sueños,
y odos los amo es
que llega on al alma, al hondo cielo?
¿Y ha de mo i con igo el mundo uyo,
la ieja ida en o den uyo y nue o?
¿Los yunques y c isoles de u alma
abajan pa a el pol o y pa a el ien o?
(LXXVIII)
1
El p esen e ex o p e ende se una indagación sob e el sen ido y las signi icaciones que
o o gamos en p ime a pe sona del singula a una ida humana que, en e o as cosas, se
ca ac e iza po anscu i po un mundo ini o y al o de ce ezas.
Todos enemos cons ancia de que en excepcionales pe iodos exis enciales aquello que nos
pasa lo i imos de un modo an inusual que nos lle a a sen i nos desconec ados de lo que
c eíamos que es aba bajo nues o dominio. En las ocasiones más pe u bado as queda
desencajada la elación que se es ablece en e nues as expe iencias i as y la de inición áci a y
p e ia que enemos de cuál es nues o luga en la ealidad. Esa o ma dislocada de sen i la
exis encia nos aboca a o mula nos p egun as po el sen ido de nues o modo de es a en la ida.
Nos emos en onces impelidos a explo a en los eco ecos de la memo ia y a pone en ma cha
odo ipo de ecu sos simbólicos con el in de a ma nue as espues as con las que sa is ace lo
que ales p egun as nos eclaman. Es e es uno de los o ígenes del pensa ilosó ico. Su impulso
nos empuja a pone en ma cha una espi al ascenden e de medi aciones en las que el sen ido que
cada quien o o ga a su ida oma un luga nuclea . Así inicia el camino e lexi o un suje o
cualquie a que se comp ome e consigo mismo, alguien que emp ende un camino hacia el mañana
1
Machado, (2019), Soledades. Gale ías. O os poemas, Ed. Cá ed a, pág. 204, Mad id
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«Si se supie a al empeza un lib o lo que se iba a
deci al inal, ¿c ee us ed que se end ía el alo pa a
esc ibi lo? Lo que es e dad de la esc i u a y de la
elación amo osa ambién es e dad de la ida. El
juego me ece la pena en la medida en que no se sabe
cómo a a e mina »
7
.
Exis e un hilo conduc o que de pa e a pa e a a iesa es a esis. Con él p e endo pone de
elie e los pun os de in e sección que unen y en e sí comunican dos es e as sob e las que más
adelan e e lexiona é con mayo p o undidad. Po el momen o di é que la p ime a de esas dos
es e as albe ga en su in e io an sólo unos acon ecimien os exis enciales que con el iempo
llega án a cob a una pode osa p esencia en el desa ollo de nues a biog a ía. ¿Qué ha é pa a
e e i me a ellos? Pa a i conc e ando lo que a o de mos a p ocedo a da un p ime paso. De
epen e, nos sucede algo que ni espe ábamos ni eníamos p og amado. Un súbi o encuen o con
lo eal humano se o na en acon ecimien o ma cadamen e conmo edo . Así ocu e cuando la
con undencia de su pe cusión nos haya p o ocado un es ado anímico/somá ico de una no able
discon inuidad y con usión. La ue za disol en e y al mismo iempo eno ado a del enómeno
exis encial sob e enido es la que p epa a las condiciones a o ables pa a que más a de pensemos
e lexi amen e sob e eso que nos ha pasado. Nos pone de mani ies o la necesidad de busca un
eajus e con el que eubica nos en lo eal y, como consecuencia, hace que nos ep egun emos qué
nos supone la deses abilización y los desplazamien os de nues os lími es men ales, po muy
lige os que hubie an sido.
Pe o, cuando cualquie a de esos acon ecimien os exis enciales al e a has a sus aíces
nues os es ados de conciencia su gen inspi ado as ocasiones en las que la ascinación, el
asomb o o el es upo ocupan el escena io de nues o cue po-men e. Ha i umpido algo
enigmá ico y oscu amen e signi ica i o que an es no pa icipaba abie amen e en el campo de lo
que é amos capaces de pe cibi y pensa . Man engo la hipó esis de que los impac os que nos
p oducen ac úan como un a ilado ins umen o que ab e g ie as en nues a men e. Po ales luga es
7
Foucaul , M., (1991), Tecnologías del yo y o os ex os a ines, Ed. Paidós, pág. 142, Ba celona
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17
se in il a has a lo más hondo de nues a psique lo que esos acon ecimien os engan pa a deci nos.
Lo que en i ud de su in luencia sen imos es algo singula , desigual y único. Nos ha alcanzado
algo que a cada quien le mues a una nue a de las incon ables ca as de la ida.
Examina sus epe cusiones a pos e io i y con la su icien e dis ancia empo al se á el modo
como pod emos e idencia la impo ancia que u o su i upción pa a, en alguna medida, in lui
en el umbo que más a de omó nues a ida. En e ec o. Ve i ica la signi ica i idad y la
ascendencia adqui ida po sus e ec os sob e noso os es un eje cicio que end á luego, una ez
que hayamos comp obado el eno del impac o y la icción causada en lo que nos es más ín imo.
Pod emos deci que los cambios o iginados son ele an es si la secuela que ese algo no edoso
nos gene a ac úa como una sue e de a acción magné ica que po momen os desba a a el o den
con el que has a en onces es aban a iculadas nues as dimensiones espi i uales. Lo que hace
única la expe iencia es sen i que, po su in lujo, eso que nos ocu e queda además in es ido con
una enigmá ica e incisi a po encia que po a en sí algún ge men de sen ido pendien e de se
in e p e ado. En cada ocasión que esa signi ica i idad ansi i a se despliega su adiación y
es ímulos a ec an a cada quien de un modo que an o es hondo como singula . Siendo innegables
sus e ec os, po lo gene al son acon ecimien os que pa a los demás se es humanos ascu en sin
un es uendo, o lo hacen como ocu e con el dolo o con el place ajeno que se pe cibe pe o que
es di ícil comp oba . Habida cuen a de la dis in a ulne abilidad que a cada quien le dis ingue y
ca ac e iza, la na u aleza, el ono y la in ensidad de esas expe iencias, así como la no o iedad que
pa a un suje o dado adquie e eso que le pasa esul a se un obje o adicalmen e di ícil de se
ap eciado desde la ex e io idad en la que se encuen an los demás. Po lo gene al, son
acon ecimien os que nos ad ienen disc e amen e.
De un modo gené ico me e e i é a ellos como los acon ecimien os exis enciales que se
ca ac e izan po es a do ados con un al o po encial e elado . En p incipio des acan po da
o igen a expe iencias
8
de g an i eza a ec i a y emocional
9
. Habiéndonos sob e enido en el
con ex o i al en el que se juega la dinámica de las cosas que nos a añen, esos acon ecimien os
8
«La expe iencia es lo que nos pasa, o lo que nos acon ece, o lo que nos llega. No lo que pasa, o lo que acon ece, o
lo que llega, sino lo que nos pasa, nos acon ece o nos llega. Cada día pasan muchas cosas, pe o, al mismo iempo,
casi nada nos pasa. […]» (La osa, J., (2003a), En e las lenguas. Lenguaje y educación después de Babel, Ed.
Lae es, pág. 168, Ba celona)
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9
Me in e esa especialmen e des aca algunos de los asgos undamen ales que es os acon ecimien os compa en en
aquello que en noso os desencadenan. El p ime o de ellos es el de su pe enencia a un o den de enómenos cuya
singula idad nos apa ece en es ado b u o. Son mani es aciones de un modo de se de lo eal que concie ne y que es á
ín imamen e unido al o den de la expe iencia, ese alo del que Benjamin dice que su co ización ya había comenzado
a baja en el p ime e cio del siglo pasado después de la G an Gue a. (Benjamin, W., (1973), Discu sos
in e umpidos I, Ed. Tau us, pág. 167, Mad id)
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se ca ac e izan en p ime é mino po es imula i amen e el o den de nues a emocionalidad y
senso ialidad. Dicho o den iende a es a p e igu ado po ob a del complejo senso ium exis en e
en un aquí y un aho a. En cada época queda o ganizado po las condiciones cul u ales, simbólicas
e imagina ias exis en es. Todas ellas jun as son las que aho man o modulan los modos con los
que los suje os nos encon amos p edispues os a sen i y a concebi esa senso ialidad y
emocionalidad. No obs an e, esa capacidad an inculada con la p oducción de las subje i idades
nunca posee un pode absolu o. No so oca po comple o nues a acul ad de sen i y de ama , de
imagina el mundo, de in e ac ua con él, con uno mismo y con o os de una mane a de la que
pueda deci se que en alguna modes a medida se esis e a e se abso bida po esa lógica. A juicio
de Cas o iadis, la imaginación c eado a a la que se suma el sen ido de a e nidad y de ayuda
mu ua, la empa ía, la e nu a, el asomb o y o os alo es a ines que al imaginación alien a y
p o undamen e con oca son los disposi i os humanos que o man la pied a angula de lo que
de ine nues a singula idad i epe ible y que al mismo iempo nos iguala como especie
10
. En la
psique de cada suje o siemp e hay un núcleo ín imo que se escapa de queda en e amen e
a apado po las de e minaciones del senso ium epocal p e alecien e. En al núcleo se encuen a
el ge men de la p opia singula idad. En e ec o. Cada suje o ambién iene en sí la capacidad de
da ienda suel a a un impulso que le ins a a da se pe miso pa a sen i y emociona se de unos
modos que son dis in os a los que es á llamado, ins ancia a pa i de la cual puede cons ui pa a
sí un p oyec o ans o mado . Esa dimensión emocional y sensible a ec a y es á unida de un modo
subsidia io con el o den de la comp ensión y del en endimien o desde el que ese suje o es capaz
de in e p e a lo nue o que le ad iene. E ige modos pa a la (au o)comp ensión que, en un cie o
g ado, le son genuinos, pa icula es y dis in os a odos los que desde un a ue a le acceden an
pode osamen e.
Quie o pone de mani ies o que, de ez en cuando, la expe iencia nos o ece opo unidades
c i icas pa a que e inemos y econ igu emos el sis ema de signi icados que p oyec amos sob e
esos dos g andes e e en es que de modo cons an e ponemos en elación, a sabe , el sen ido de
ealidad y el sen ido de la ida. Cuando nos sob e ienen, los aludidos acon ecimien os
exis enciales dan o igen a un complejo o mado po pe cepciones, sensaciones, emociones,
imágenes y pensamien os cuyo es allido llega a al e a algunos de los ejes que o denan nues o
mundo. Lo pe u ban po un incie o pe iodo y en algún g ado, po mínimo que és e sea. Esos
10
"«(…) no puede exis i se humano cuyo inconscien e haya sido conquis ado po lo conscien e, cuyas pulsiones
es én some idas a un comple o con ol po pa e de las conside aciones acionales, que haya dejado de an asea y
soña . (…) lo que hace de noso os se es humanos (…) no es la acionalidad sino el su gimien o con inuo,
incon olado e incon olable de nues a imaginación adical c eado a en y po el lujo de las ep esen aciones, los
a ec os y los deseos.» (Cas o iadis, C., (2008), El mundo agmen ado, Ed. Te ama , pág. 117, Buenos Ai es)
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acon ecimien os en an en con ac o con nues os aden os dejando allí p o undas epe cusiones
anímico- somá icas cuyo sen ido queda pendien e de se esc u ado y escla ecido. Ab en una
b echa po la que se in oduce algo enigmá ico y nue o que ac úa sob e lo que nos es más sensible
y sen ido. En consecuencia, los acon ecimien os que es a p ime a es e a admi e son aquellos cuya
in luencia desencadena cambios en el o den de lo emocional y de lo sensible has a el pun o de
que consiguen modi ica la pe spec i a de la que nos alemos pa a ap ehende lo eal humano.
Son los que c ean las condiciones p opicias que nos inclinan a pone en duda la c eencia en un
mundo igual a sí mismo del que se nos diga y asegu e que nos iene dado de una ez po odas.
Es os gi os nos disponen a pensa de un modo dis in o. Mue en a la imaginación pa a que gene e
salidas al e na i as po las que abandona la clausu a de lo que hay. Los acon ecimien os que
ubico en es a p ime a es e a nos dan pie pa a queb a en nues a men e la línea de lo con encional
que nos habi a. Su inspi ación nos ab e imagina ias en anas a las que asoma nos pa a descub i
nue as y e osímiles posibilidades de in e eni en la ida.
En e o os disposi i os de un o den dis in o y complemen a io, conside o que odo lo que
iene de echo de en ada en es a p ime a es e a es una sue e de ma e ia p ima cla e que, en
po encia, odo suje o iene a su alcance pa a moldea se a sí mismo y pa a ap ende a i i de un
modo é ico. En de ini i a, pa a hace que el camino hacia una ida buena se le haga p ac icable.
Sin sabe a ciencia cie a cómo, las expe iencias y i encias a las que me e ie o son las que en
un p oceso que se ealiza paso a paso nos b indan paula inamen e nue as opo unidades pa a
ap ende de la ida y pa a mi a el mundo de o os modos. Además, el pe sis en e egue o que
esas expe iencias inco po an a nues a memo ia co obo a la ilimi ada capacidad de la men e
pa a encaja y en el mejo de los casos pa a inco po a pa a sí ca ac e ís icas insóli as del i i .
De lo dicho se deduce algo que es ob io: de odas las cosas que nos ocu en en la ida an
sólo un es ingido y he e ogéneo g upo de acon ecimien os cumple los equisi os exigibles pa a
se admi idos en el ámbi o de es a p ime a es e a. Se di e encian ne amen e del es o de cosas
que nos pasan a lo la go de esa mul i ud de días insigni ican es en los que lo banal o lo u ili a io
pa ecie an se sus únicas señas de iden idad. En muchas de sus ases, nues a ida o dina ia es
ei e a i a en sumo g ado. Son incon ables los días que nos pa ece que a nues o de edo nada
signi ica i o pasa a. Pe o, aún si es una ida que se nos p esen a insulsa, dado que ambién la
sen imos desp o is a de g andes con lic os y po ende bajo un supues o con ol, de modo
pa adójico, endemos a desea que esa ine cia pe du e. Rogamos que nada au én icamen e
disco dan e llegue a ocu i nos, como si en el ondo ampoco espe ásemos o a ida dis in a y
mejo , algo nue o pa a nues o bien. En e ec o, la sensibilidad de nues o cue po-men e iende a
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pensa es os amos de la ida co idiana como si ue an los más deseables. Engañado o no, nues o
cue po-men e se sien e inclinado a sob e alo a los pues los incula con un a ac i o sen imien o
de segu idad que po momen os nos aleja del emo que causan las sensaciones de ince idumb e,
é igo y angus ia. Incluso llegamos a c ee que la sumisión a ese e ec o, aún si nos sume en la
anes esia, es á llamada a se un con o able uelo a as de supe icie. No obs an e, esos pasajes
de la ida, iguales a pesa de su dispa idad, quedan ue a de la p ime a es e a po su bajo ono.
Pe o aún así, cons i ui ían una deseada y a la la ga imposible p olongación lineal en la que los
habi uales modos de es a y de sen i se epe i ían de un modo inde inido y uni o me. Además,
y dicho lo dicho, casi al os de cualidades y de p opósi o de ascendencia, esas ases de la ida
suelen se incompe en es pa a gene a p ocesos de signi icación. Ca ecen de la su icien e
po encia pa a hace que eso que nos pasa jus o en el momen o en el que nos pasa adquie a luego
ele ancia o in luencia. Los le es sucesos dia ios, omos pa a la e ocación nacen condenados a
no deja es igio alguno, a des anece se en el ol ido. Sus insu iciencias explican que no posean
el de echo de en ada en es a p ime a es e a. Todo lo que oca esa na có ica mane a de sen i y
i i queda ex amu os. Si acaso, lo así ca ac e izado pasa a ocupa una sue e de cajón de sas e
donde se gua dan los episodios al os de elie e pa a pensa en el sen ido de la ida.
Una ez que hayamos clasi icado y ubicado en es a p ime a es e a los elemen os con
de echo de admisión en ella, inmedia amen e nos pe ca a emos de la amplia gama y a iedad que
in e namen e ca ac e iza es e g upo. Pueden se acon ecimien os que descalab an el o den del
sen i , hondamen e a lic i os po su ca ác e ab asi o y amenazan e pa a el i i . Son po ado es
de dolo y de o as ad e sidades que con el iempo piden se epa adas. Asimismo, o man pa e
de es a p ime a es e a los que gené icamen e denomino acon ecimien os benignos o
econ o an es po su ca ác e ex á ico o luminoso. Allí ambién se encuen an an o las
calamidades meno es como las pequeñas en u as que dan luminosidad a los g andes días cuya
enida an o p e endimos. Todos ellos son los pasajes p o undamen e signi ica i os que ma ca án
nues a memo ia. Una buena pa e de ellos ad ienen cuando no es aba p e is o. La ex añeza de
lo que nos aen, sea cálida como en el amo o sea ab up a como en la desg acia epe cu e
ne amen e en nues o se psíquico y somá ico.
Pongo el én asis en lo que a mi juicio odos ellos ienen en común. Sus modos de se y de
mani es a se se plan an an e el din el de nues a pue a como po so p esa. Una ez la aspasan,
es imulan cambios en el ono, en el sabo y en la ex u a de como nos sen imos. Su p opia
dinámica les hace independien es y dis in os de lo que el pensa ilosó ico elucub a sob e ellos.
O de lo que la olun ad basada en un consolidado cue po de c eencias diseña pa a a apa su
azón de se . A la la ga, sus secuelas pe sis en como un egus o en la memo ia. Tienen su p opio
!
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modo de du a y de me amo osea se en o a cosa. Si se me pe mi e la me á o a, di é que el
ad enimien o de cualquie a de ellos ac úa como si se a a a de las ondas p opagadas po un
mo imien o sísmico. Su p ime impac o sacude la modo a que insensibilizaba nues o ánimo.
Puede que ese emblo nos lle e a p egun a nos si al como pa ecía eníamos bajo con ol las
cosas que nos sucedían. En el momen o en el que nos pasan comienza un pe iodo c í ico en el
que nos su gen dudas ace ca de de e minados p ecep os que el eino de los hábi os había
es ablecido pa a noso os. Si el p oceso pe du a, comenzamos a e las p ime as
esqueb ajadu as en el suelo en el que nos sos eníamos, enlad illado po con enciones y o os
modos p e-dados de ep esen a y de da signi icados y sen ido a nues a dimensión exis encial.
De un modo desconocido, el cue po de nues as con icciones al que endemos a concede el alo
de lo pe manen e da unos p ime os sín omas de ines abilidad. Lo inédi o que hacen eme ge
in e ie e o incluso suspende aquel ei e a i o modo de discu i o denado po el que nues as
idas pa ecían a anza . Se ab en isu as en las zonas más ágiles o espu ias de un sen ido común
al que es ábamos acos umb ados a cede la inicia i a y en el que deposi ábamos la con ianza. Es
p obable que en onces se demues en es é iles los plan eamien os discu si os con los que
habi ualmen e (nos) explicamos o as dimensiones de nues o mundo. En ales ocasiones
especiales se ab e an e noso os un pe iodo ansi o io que disloca nues a mane a habi ual de
e , de o dena y de alo a las cosas. Aquella línea única, monó ona y al ez placida po la que
nues os días ansi aban queda en e idencia. Los onos y ma ices de las insóli as expe iencias
espi i uales con ibuyen a que caigamos en la cuen a de que el apego a de e minadas c eencias
nos esul a á i ecupe able a pa i de en onces.
Cuando somos e ados a en ende po qué el hilo de nues a exis encia ha quedado en edado
lo ece en noso os un obje o pa a la e lexión. P ecisamen e con es a esis p e endo comp ende
la in luencia y el papel que juegan las ib as sensibles con las que esos dispa es acon ecimien os
nos imp egnan. Y luego busca líneas na a i as con las que con ecciona el ela o ocul o y
since o que nos con amos. Aspi o a en ende los modos como en noso os se desencadenan unos
p ocesos de los que pod íamos deci que pa icipan en la p oducción de nues a subje i idad, a
la la ga imp escindibles pa a en pa e ees ablece y eo dena nues a más ín ima a qui ec u a.
En ese sen ido esos acon ecimien os se con e i ían en nu ien es del núcleo más hondo de
nues o espí i u. Se ían elemen os cla e pa a in e p e a , pa a llega a comp ende o pa a o o ga
sen ido al lui de nues a exis encia. Todos ellos o man la más in ima ama que a icula nues a
pequeña his o ia. Son ellos los que de modo paula ino ejen la isonomía ín ima de ese se humano
que somos.
!
!
22
En esumen. Po e ec o de ales acon ecimien os, en nues a imaginación asoma una
bi u cación de i uales caminos a conside a po el suje o. Cada coyun u a de nues a exis encia
es un c uce de caminos y cada bi u cación es un p esen e que an ecede a un u u o incie o. Cada
aquí y aho a es un espacio de posibilidades. Vis os a pos e io i y desde una pe spec i a global y
de la go alcance, los elemen os que habi an en es a p ime a es e a son los que jalonan el
aden amien o en el cla oscu o de lo que a siendo la pa icula senda po la que ansi a la ida
de cada uno. Los encuen os con ellos los expe imen amos en p ime ísima pe sona. Cada uno de
ellos, a su mane a, nos da la posibilidad de que descub amos de un modo ín imo algún asgo de
la compleja y plu al condición humana a la que sin duda pe enecemos.
* * *
En nues as ap oximaciones al conocimien o de lo eal humano hacemos uso de los
ecu sos que el medio cul u al en el que habi amos pone a nues o alcance. Con su concu so
e lexionamos y cuando conside amos que p ocede es udiamos la posibilidad de modula
nues as ac i udes y conduc as. De an o en cuan o nos llegan en ajosas ocasiones pa a ap ende
de la expe iencia. Pasa las concienzudamen e po el amiz de la c í ica es la o ma de inc emen a
nues a in eligencia pa a i i . En odo caso, nues os modos de obse a o los pensamien os que
iniciemos son ac i udes o acciones que nunca pa en de ce o ni se e ec úan en el acío. Nos esul a
imposible conoce la ealidad ex e io o cap a lo que ín imamen e ocu e en nues os aden os
con el único concu so de los ac os de una supues a pe cepción di ec a de las cosas. Imagina la
posibilidad de la exis encia de una comp ensión in ui i a y ca en e de mediaciones, que además
log e su unción sin la necesidad de busca semejanzas con algo ya conocido, sin ecu i a lo
he edado o a lo que o os nos aconsejen, en de ini i a, sin la exigencia de habe p e iamen e
a mado unos p ocedimien os pa a a icula lo buscado con lo encon ado y con lo sabido an sólo
es una an asía. En consecuencia, pa a ap ehende y elabo a los e ec os que sob e noso os
p oducen los acon ecimien os encuad ados en la an es e e ida p ime a es e a, nues a men e
desa olla oda sue e de ope aciones que se p e enden egidas po algún ipo de acionalidad. En
esas maniob as in e ienen eje cicios de selección y de mediación a iculados po ideas e
!
!
23
imágenes simbólicas p e ias
11
. En e ec o. Pa a que las cosas adquie an pa a noso os un o den
y un sen ido o pa a mejo in e p e a las emociones y sen i es que ales expe iencias nos aca ean
ecu imos a la mediación que las o mas simbólicas
12
nos o ecen. Todas sin excepción son
cons ucciones humanas. En ende qué es lo que queda insc i o en el mundo que nos ha ocado
en sue e, o dilucida cuál pudie a se el mejo modo de ap ehende lo que hondamen e nos a añe
nos obliga a ecu i a lo simbólico-cul u al. No podemos p escindi de los «sis emas de signos,
de o mas simbólicas, de adiciones cul u ales»
13
que igen o que se dispu an los ela os inse os
en el espacio de lo imagina io colec i o
14
. Son disposi i os cla e pues a cada paso con ie en un
de e minado o den e in eligibilidad a lo que somos capaces de cap a de lo eal humano.
A pa i de lo dicho cen a é mi a ención en las posibles salidas que podemos oma pa a i
al encuen o de una oz que aun si nos es desconocida, no obs an e, nos espe a pa a que en algún
momen o la elabo emos, la demos un luga haciéndola p opia. Es una explo ación que comienza
po ob a de un golpe in ui i o que es imula nues a capacidad c ea i a y simbólica pa a e-pensa
y e-o o ga un sen ido y unos signi icados al mundo más pe sonal. Resul a pa adójico que unas
expe iencias an i amen e palpi an es pa a el sen i sean, al mismo iempo, an escu idizas pa a
los moldes de exp esión e in e p e ación homologados. Es e hia o en e lo que senso ialmen e
hemos sen ido y espi i ualmen e nos ha acon ecido, po un lado, y nues as acul ades que
enmudecen incapaces de da e de esa expe iencia, po o o lado, nos impulsa a busca ecu sos
exp esi os en o as ins ancias. Si median e una minuciosa conco dancia de imágenes, palab as,
e c. la senso ialidad y el pensa imagina i o-poé ico se alían de un modo adecuado, al eunión
es ablece inspi ado as ías en las que la signi ica i idad simbólica en a en conexión y
( e)signi ica aquello que nos esul aba indecible. Pa a empeza , si el pensa senso ial e
11
No cabe duda de que los da os de la pe cepción, es o es, la in o mación que ecibimos de nues as expe iencias
sensibles son ma e ia p ima pendien e de se a mada po alguna eo ía. Como dice Cassi e , «la in e p e ación de
los hechos expe imen ales depende siemp e de cie o concep o undamen al que debe se escla ecido an es de que
el ma e ial empí ico pueda p oduci sus u os.» (Cassi e , E., (1945), An opología ilosó ica, Ed. F. C. E., pág. 52,
México, D. F.)
12
Las o mas simbólicas se cons i uyen en conjun os o mados po unos lenguajes, po imágenes y signos, po
mi os, eo ías cien í icas, doc inas eligiosas, ob as de a e, e c. Según Cassi e , en e a la na u aleza de las cosas,
cada una de esas o mas simbólicas es ablece su p opio mundo signi ica i o. Todas ellas se con ie en en ó ganos
que c ean ealidad, «pues o que sólo po medio de ellas lo eal puede con e i se en obje o de cap ación in elec ual
y, como al, esul a isible pa a noso os» (Cassi e , E., (1973), Mi o y lenguaje, Ed. Nue a Visión, pág. 14, Buenos
Ai es)
13
Gee z, C., (1996), Los usos de la di e sidad, Ed. Paidós, págs. 80-81, Ba celona
14
Como Lizcano señala, «el imagina io es á an es que las imágenes, haciendo posibles unas e imposibles o as. El
imagina io educa la mi ada, una mi ada que no mi a nunca di ec amen e las cosas: las mi a a a és de las
con igu aciones imagina ias en las que el ojo se alimen a». (Lizcano, E., (2006), Me á o as que nos piensan. Sob e
ciencia, democ acia y o as pode osas icciones, Ed. Bajo Ce o. T a ican es de Sueños, pág. 42, Mad id)
!
!
24
imagina i o ha encon ado la mane a de desplega sus alas nos pe mi e sob e ola nues as
b umosas ealidades. Es más p obable que ales uelos se den sob e odo en aquellas ocasiones
que momen áneamen e desa endemos las p eocupaciones y las obligaciones o dina ias. Pone
en e pa én esis los in e eses de la ida p ác ica y en a en un cie o es ado men al medi a i o
mejo a las condiciones pa a es e modo de pensa . El es ado anímico al e ado po el impac o de
las emociones a o ece la posibilidad de que p enda en noso os un pensa que an o es poé ico
como ilosó ico. P opicia la en ada en escena de las inspi ado as amas sec e as del conoce
es é ico y de la capacidad pa a da que pensa de la que hacen ala de. A lo la go de los capí ulos
de es e ex o man end é la idea de que esas amas son he amien as auxilia es imp escindibles
pa a ap oxima nos a escla ece cualquie a de los g andes in e ogan es exis enciales
15
emo idos
que han salido a la luz po ob a de la conmoción o del asomb o. Son signi icados abie os y
ambiguos ca ac e izados po una g an plas icidad a la ho a de se in e p e ados y asladados a
o as dimensiones de la ida. Lo dicho nos da a en ende que hemos en ado en un es ado en el
que nues as men es se mues an más sensibles, con una más aguda y su il c ea i idad pa a ende
asociaciones de imágenes e ideas que, de epen e, nos hacen islumb a un eu eka. Más a de, si
la cu iosidad nos aguijonea es posible que empecemos a indaga e incluso a descub i en noso os
algo di e en e que nos esul e especialmen e signi ica i o. Si así ue a, esa no edad inspi ado a
p o oca ía en algún g ado un cambio ans o mado aun si es e ue a le ísimo en el p oceso de
i haciéndonos. És e es un p oceso que siemp e es á en ías de cons ucción y en el que odos y
cada uno es amos emba cados. T as el paso y la supe ación de es os pe iodos c í icos de nues a
ida se disol e ían algunas de las con icciones y c eencias que conside ábamos an p opias. En
ales ocasiones podemos ap o echa la posibilidad de i ab iéndonos caminos secunda ios que,
en los casos más impac an es, ienden a di igi se en un sen ido opues o a cualesquie a que sean
las di ecciones que de un modo pa icula men e i e lexi o nos enían dadas e incluso impues as.
Si las expe iencias habidas en esos especiales iajes supusie an un nue o alien o eno ado que
ampliase nues a isión del mundo y de la ida, con oda la azón di íamos que hemos eg esado
a nues o camino p incipal con esul ados ecundos. Si nues as explo aciones oman ías
é icamen e ace adas, lo que esos iajes nos apo an ende ía a se nos singula men e p opio y
do ado de sen ido.
Cuando la ue za del pensa simbólico es ge mina i a nos pe mi e es ablece nue as
asociaciones en e di e en es dimensiones de la condición humana. Lo hace al menos en el c uce
15
«Deci el acon ecimien o, exp esa lo, es de ene en la palab a el mo imien o de lo que es á siendo, hace del
ins an e, ugaz e inap ensible, una imagen pa a la memo ia. Exp esa el ins an e es aiciona el mundo en su
acon ece , pe o es a la ez c ea lo en su de e minación po que al exp esa lo se hace epe ible y, po ello
cognoscible». (Mailla d, Ch., (1998), La azón es é ica, Ed. Lae es, pág. 193, Ba celona)
!
!
25
que se da en e dos ámbi os. Po un lado, cualquie ace a de la ealidad ác ica. Y, po o o lado,
las o mas simbólicas con las que cada suje o a a de ep esen a men almen e esa ace a. Siendo
c ea i as, ales o mas simbólicas siemp e es án dispues as a o ece algún gi o inno ado a la
pe spec i a desde la que an es mi ábamos esa ace a. Y lo mismo se puede deci en un sen ido
más amplio. Median e esa ue za del pensa , simbólica y ge mina i a, pasamos a o a dimensión
desde la que emos el mundo de o as mane as. En es e sen ido, se puede deci que se a a de
una ue za imagina i a. Como esc ibe Eisne , «la imaginación nos o ece imágenes de lo posible
que cons i uyen una pla a o ma pa a e lo eal, y al e lo eal con o os ojos, podemos c ea
algo que se encuen e más allá de ello»
16
.
* * *
En la segunda es e a se ubica una minúscula mino ía de ob as u o de la imaginación poé ica
que despun an en la inmensa co dille a que o man las innume ables p oducciones de hechu a
a ís ica que inundan el mundo. Son a e ac os poé ico-a ís icos que poseen una p odigiosa
capacidad pa a que sus ecep o es asocien de un modo lib e y signi ica i o mundos que en e sí
son muy he e ogéneos. Reco demos que no hay ob as de a e sin ecep o es
17
. La misión de una
ob a de a e culmina y se comple a en el ac o de su ecepción. Es cie o que las g andes ob as de
a e es án do adas con una au onomía ela i a, con un o den y unas eglas p opias. Pe o ambién
lo es que los enómenos es é icos que p ocu an es án do ados con una ansi i idad capaz de
ende puen es con e e en es eales ex a-lingüís icos (ex a-cinema og á icos, …) c eando así
pa a nues as men es e osímiles mundos de icción.
De e minadas ealizaciones a ís ico-poé icas son algo más que piezas de hechu a a ís ica.
Sean e bales o de o o ipo, esas ob as son o mas de o ganización de un lenguaje
18
cuya
16
Eisne , (2004), El a e y la c eación de la men e. El papel de las a es isuales en la ans o mación de la
conciencia, Ed. Paidós, pág. 20, Ba celona
17
En es as ope aciones, Duchamp, pa a quien es i al el alan e ac i o del ecep o , concede «al que mi a an a
impo ancia como al que hace» (Cabanne, P., (1984), Con e saciones con Ma cel Duchamp, Ed. Anag ama, pág.
110, Ba celona)
!
18
Aquí el é mino lenguaje queda en endido al como lo hace Benjamin, es o es, como un «p incipio encaminado
a la comunicación de con enidos espi i uales». (Benjamin, W., (1986), Sob e el p og ama de la iloso ía u u a, Ed.
Plane a – Agos ini, pág. 139, Ba celona) Es un p incipio que iene dos e ien es: además de comunica lo que es
comunicable es « ambién símbolo de lo no comunicable». (Benjamin, W., (1986), Op. ci ., pág.153)
!
!
!
32
pa icipación en la condición humana. En es a segunda es e a los eje cicios del lenguaje
imagina i o es án más pa icula men e asociados con las c eaciones poé ico-a ís icas. A pa i
de lo que nos asomb a y de lo que al in en a pone le palab as hace que no podamos más que
emi i en eco ados balbuceos encon amos ó mulas compensa o ias en el campo de lo a ís ico.
En algunas de las singula es ob as a las que denominamos poemas, imágenes a ís icas o ilmes
genuinos descub imos nue as e indi ec as ías de exp esión. Son a e ac os imagina i os que nos
ap oximan al descub imien o de nue as imágenes e ideas con las que exp esa eso que nos pasa
27
.
27
Las esonancias p o undas que un ex o li e a io poblado de igu as me a ó icas i adia sob e noso os es án
o madas po un compues o de ac o es lingüís icos, sono os y de o os asgos casi senso iales que as una cuidadosa
escucha libe an en la men e del lec o imágenes ca gadas de sen ido. T aigo aquí una e lexión de Zamb ano:
«Mas las palab as dicen algo. ¿Qué es lo que quie e deci el esc i o y pa a qué quie e deci lo? ¿Pa a qué y pa a
quién? Quie e deci el sec e o; lo que no puede deci se con la oz po se demasiado e dad; las g andes e dades
no suelen deci se hablando. La e dad de lo que pasa en el sec e o seno del iempo, es el silencio de las idas, y que
no puede deci se. «Hay cosas que no pueden deci se», y es cie o. Pe o es o que no puede deci se, es lo que se iene
que esc ibi » (Zamb ano, Ma ía, (2011), No as de un mé odo, Ed. Tecnos, pág. 144, Mad id)
!
!
!
33
Capí ulo 1. De las con icciones a las p opues as
!
!
34
Fondo é ico y gobie no de la ida
(…) en los con lic os susci ados po la mo alidad
sólo un ecu so al ondo é ico sob e el que des aca
la mo alidad puede susci a la sabidu ía del juicio
en si uación.»
28
Es e capí ulo lo dedico a pone de mani ies o el que conside o que es el núcleo de
con icciones, alo es e ideas ma ices que se i á de anclaje a odos los capí ulos de es a esis.
La a iculación de ideas y a gumen os en ex os como el p esen e, luga es donde se e lexiona
sob e el sen ido a o o ga a unas idas que ascu en po un mundo an al o de ce ezas, nunca
es una emp esa ajena al conjun o p imo dial de c eencias, con icciones y eo ías man enidas po
su au o .
En odo p oceso e lexi o sob e lo eal humano, el pensado que in en e a oja luz sob e
alguna de las dimensiones espi i uales que se esis en a su comp ensión debe á, en p ime luga ,
implica se, in en a habla since amen e desde lo más hondo de sí. Sin con adicción con lo dicho,
debe á ascende las cua o pa edes de su pequeño mundo pa a que aquello que desea apo a
man enga alguna posibilidad de e dad que sea acep able pa a los demás. Pues o es e p ime
escalón, subi el siguien e peldaño implica pone en juego los p opios p esupues os ilosó icos
de pa ida necesa iamen e ca gados de c eencias y p ejuicios
29
. Aun si in en a a deja los a un
28
Ricœu , P., (1996), Sí mismo como o o, Ed. Siglo XXI, pág. 270, Mad id
!
29
Más en pa icula me e ie o al componen e posi i o que eje cen los p ejuicios legí imos inc us ados en sus bases
de pa ida pa a pensa lo humano:
«Los p ejuicios no son necesa iamen e injus i icados ni e óneos, ni dis o sionan la e dad. Lo cie o es que, dada
la his o icidad de nues a exis encia, los p ejuicios en el sen ido li e al de la palab a cons i uyen la o ien ación
p e ia de oda nues a capacidad de expe iencia. Son an icipos de nues a ape u a al mundo, condiciones pa a
que podamos pe cibi algo, pa a que eso que nos sale al encuen o nos diga algo.» (Gadame , H.-G., (2013), Ve dad
y mé odo II, Ed. Sígueme, pág. 218, Salamanca)
!
!
35
lado, siemp e le llega un momen o en el que a du as penas sab ía qué hace pa a desba a a los
condicionamien os que ales disposi i os eje cen sob e su pensa pues cons i uyen el núcleo más
ín imo de su posición an e el mundo
30
. Máxime si abo da la enigmá ica na u aleza humana en la
que ine i ablemen e es á incluido
31
. En de ini i a, la pe spec i a del pensado
32
es la que egula
los usos del lenguaje median e los que concibe las nociones que sos iene. Ellas son las que en su
uso y combinación o denan su men e y le pe mi en pensa del modo como lo hace. En cada
ocasión en la que le sea eque ida, la implíci a escala de alo es que un suje o cualquie a de en a
se á la que iman e de un modo signi ica i o su pe spec i a pa a pensa
33
. Como la b újula que en
la mano o ien a los pasos de la ida, esa pe spec i a oscila y apun a hacia un ho izon e de ines.
El sis ema de alo es pe sonales o ece un es ímulo pa a la acción, o o ga un sen ido y un
pa icula ono emocional a la e lexión. O ece un luga más o menos ele an e a cada cosa y a
cada hecho.
Asciendo al siguien e peldaño. Conside o que el comp omiso in elec ual y é ico del
in es igado es un alo adhe en e a su abajo, un equisi o indispensable pa a sus p ocesos de
búsqueda. Es oy en la c eencia de que al ac i ud pa icipa de modo di ec o en el alo de los
hallazgos que se ob engan. Máxime, en unas e lexiones que abo dan un á ea del conocimien o
de lo humano cuya na u aleza en buena medida esul a subje i a, enigmá ica, con o e ida y
abie a a in e p e aciones en dispu a. Es p o echoso cae en la cuen a de que el posicionamien o
30
Wi gens ein explica como llega un pun o en el que la au oc í ica no da más de sí pues el eje cicio encuen a una
esis encia p o unda y di ícilmen e supe able. Lo hace median e la siguien e me á o a: «Si he ago ado los
undamen os, he llegado a oca du a y mi pala se e ue ce.» (Wi gens ein, L. (2002), In es igaciones ilosó icas,
Ed. C í ica, pa ág a o, 217, pág. 211, Ba celona) Las ideas-mad e se si úan en los lechos de oca donde la pala de la
c í ica y au oc í ica se dobla. Lo hace cuando choca con los e e en es úl imos desde los que los se es humanos
damos un p o undo sen ido al mundo. T ías u iliza el é mino cons elación pa a, p ecisamen e, e e i se a es e
undamen o mo iz, al «p incipio básico cosmo isional que ac úa con el ca ác e y la ue za de un p ejuicio
incues ionable»; p ecisa y pa icula men e, sob e es a idea ambién cabalga el pun o de is a es é ico «desde la
cual se o ganiza o eo ganiza la o alidad de la e lexión es é ica.». (T ías, E., (1982), Lo bello y lo sinies o, Ed.
Seix Ba al, págs. 161-162, Ba celona)
31
No sólo cada indi iduo sino ambién, omada en su conjun o, «cada época es ciega a los undamen os de lo que
oma po cie o y e iden e.» (Ma u ana, H., Va ela, F., (2003), De máquinas y se es i os, Ed. Lumen, pág. 38,
Buenos Ai es)
!
32
Cada in é p e e habla desde su «pe spec i a de suje o» o «pe spec i a del pensado ». Con esa exp esión,
Mannheim se e ie e a «la o ma o al de concebi las cosas que iene el suje o y que es á de e minada po su inse ción
his ó ica y social». (Mannheim, K., (1973), Ideología y u opía. In oducción a la Sociología del conocimien o, Ed.
Aguila , pág. 269, Mad id)
!
33
En e is ado sob e el comp omiso de su esc i u a con la ida y con el desci amien o de sí, E. T ías con iesa lo
siguien e:
«Un ilóso o no hace sino ol e , una y o a ez, sob e lo mismo; sob e aquello que cons i uye su p opues a
ilosó ica, en la que se ci a su p opio p oyec o de ida (ya que pa a el ilóso o esa p opues a, o p oposición, compone
y cons i uye el algo i mo que da sen ido y signi icación a su p opia ida).» (Alemán, J. y La ie a, S., (2004),
Filoso ía del lími e e inconscien e. Con e sación con Eugenio T ías, Ed. Sín esis, pág. 32, Mad id)
!
!
!
36
é ico an e los p opios p esupues os ilosó icos es á en la base de la inquie ud po des ela una
cie a dosis de e dad o una mejo a del conocimien o en lo que se busca
34
.
De ende la unción que eje ci an las con icciones de las que cada quien pa e exige el
pe manen e p opósi o de disc imina las que demues an se genuinas pa a en esaca las de las
que pa eciendo ac edi adas se han e elado inalmen e pensamien os impensados. Incluso, odo
ipo de ideas pos izas e inconsis en es que demues an se lo po no habe esis ido las p uebas a
las que los igu osos il os de la (au o)c í ica las han some ido. Me e ie o a aquellos
plan eamien os que implíci amen e omamos como pun os de pa ida y que damos po supues os
sin epa a en que se sos ienen sob e a enas mo edizas. E igi y es uc u a un discu so que se
p e enda bien a mado exige el deseo de de ec a las in e p e aciones au omá icas que nos inducen
a condescende de un modo pe ezoso con unas nociones iden i a ias o con unas e siones del
mundo que únicamen e p e enden que las men es no salgan de los ci cui os pa a ellas
p epa ados
35
.
Sos ene se sob e las p opias c eencias y p ejuicios es una decla ación de in enciones. Es
un enunciado que en es a esis queda e e ido a a las con icciones é icas y es é icas que han sido
ya e inadas, una y o a ez, po el eje cicio de la c í ica. Son los disposi i os men ales que nos
lle an a o o ga un alo y a asen i la exis encia de unos ínculos simbólicos que enlazan unas
de e minadas p oposiciones con los e e en es a los que aluden, a pesa de que la e idencia de al
ligazón esul e di ícil de es ablece de un modo in eligible y uní oco. Aún no siendo ga an ías de
e dad, no obs an e, cada quien las oma como base pa a ealiza el p oyec o de ( e)conoce se o
34
A endamos lo que Haack expone pa a, p ecisamen e, cae en la cuen a de cómo es e posicionamien o é ico an e
los p opios p esupues os ilosó icos es á empa en ado con la inquie ud po encon a en la in es igación una cie a
dosis de e dad:
«Aunque debemos con en a nos con una ce idumb e meno que la que espe aba encon a Desca es, no hay po
qué abandona la búsqueda o la espe anza de la e dad misma.» (Haack, S. (1997), E idencia e in es igación. Hacia
la econs ucción en epis emología, Ed. Tecnos, pág. 304, Mad id)
!
35
Cabe aquí eco da que el uso del pensa más ecuen e y habi ual es el que consis e en se i nos de una se ie de
enunciados encapsulados en ó mulas que p ác icamen e ya es aban con eccionadas desde mucho iempo an es de
que salie an de nues a boca. Esos modos mediados de pe cibi , pensa y juzga la ealidad los hemos ido
inco po ando len amen e a nues o ue o in e no. De un modo casi in olun a io, los hemos hecho nues os. Con el
iempo, se han apode ado de los mecanismos básicos que u ilizamos pa a pensa y pa a sen i . Nues o sis ema de
c eencias es ablece e in e pone una compleja usión de imágenes men ales y de ca ego ías concep uales en la acción
del conoce . Siéndonos an p óximo y amilia , nues o sis ema de c eencias condiciona nues o pensa de un modo
in olun a io. Lo hace has a al pun o que, en una medida más o menos oscilan e, in e iene como condición de
posibilidad pa a pe cibi , pensa y conoce la ealidad. En consecuencia, a lo la go de la ida, nos inclina a elegi y
a decidi en un de e minado sen ido. Repa emos en las ci cuns ancias en las que esa oz que nos habla no es
genuinamen e nues a. Hagamos un eco ido men al en e odas las c eencias y enunciados que man enemos
insu icien emen e asimilados y dige idos. Fijémonos si el que piensa es uno mismo o, po el con a io, son unos
p ejuicios en es ado b u o y de un o igen mani ies amen e ajeno los que piensan po noso os. En ese iaje, a emos
de de ec a aquellas di ec ices que habiendo sido cla amen e gene adas y pensadas en un a ue a al inal se han
con e ido en e siones p e ab icadas des inadas a que noso os las epi amos como si hubie an nacido en un
aden o.
!
!
37
ans o ma se a sí mismo. En es a esis me e ie o más pa icula men e a las que des inamos a
es uc u a la comp ensión de lo que a uno le pasa en los más ín imos con ines de sí mismo
36
.
Seguidamen e en esaco y pongo de mani ies o algunas de las con icciones básicas que
juegan un papel de e minan e en el desa ollo de es a esis doc o al. Aun si pe manecen en un
segundo plano, conside o que son unas c eencias básicas pues a mi juicio sos ienen y p opulsan
las inicia i as pe sonales necesa ias pa a da cu so y pa a comp ende y a gumen a el sen ido
emancipado a da a nues a ida.
!
!
Vida buena, mundo habi able y dignidad humana
Somos se es pe cep i os y sin ien es, emocionales y a ec i os, pasionales y exp esi os.
También somos se es pensan es, ac uan es y p oduc o es. Todos esos modos de se es án en odos
y en cada uno de noso os en una pa icula y abiga ada mezcla y p opo ción. Es amos insc i os
en un en o no que es na u al, cul u al y social. Nos dis inguimos del es o po se animales
36
«El asen imien o a cualquie Idea de eso que somos iene, en p incipio, un idén ico pode (au o) ans o mado -
nos en endamos como hijos de Dios o como monos con sue e. Lo que cuen a es p ecisamen e el asen imien o, la
c eencia y no la e dad posi i a, po o a pa e indecidible, de unos enunciados que sien an el sen ido de nues o
p oyec o.» (Mo ey, M., (1987), El homb e como a gumen o, Ed. An h opos, pág. 49, Ba celona)
!
!
!
38
incomple os o inconclusos
37
. Nues a condición humana es hablan e y social
38
, é ica
39
,
imaginan e
40
, e lexi a y iende a do a de sen ido
41
al mundo, a las cosas y a la ida. Po lo
demás, nues a exis encia y nues a expe iencia
42
discu en en un cosmos cul u al
43
que es una
37
Gee z dice «que nos comple amos o e minamos po ob a de la cul u a, y no po ob a de la cul u a en gene al
sino po o mas en al o g ado pa icula es de ella (…). La g an capacidad de ap ende que iene el homb e, su
plas icidad, se ha señalado con ecuencia; pe o lo que es aún más impo an e es el hecho de que dependa de mane a
ex ema de cie a clase de ap endizaje: la adquisición de concep os, la ap ehensión y aplicación de sis emas
especí icos de signi icación simbólica.» (Gee z, C., (2003), La in e p e ación de las cul u as, Ed. Gedisa, pág. 55,
Ba celona)
!
38
El se humano i e en mu ua ga an ía con o os, asgo ca ac e ís ico que implica la «pa icipación en la ida de
un o o y es a simpa ía sólo es e dade amen e ealizada y posibili ada po el lenguaje». (Cassi e , E. El lenguaje y
la cons ucción del mundo de los obje os, en VV. AA, (1972), Psicología del lenguaje, Ed. Paidós, pág. 38, Buenos
Ai es)
39
«Decididamen e nada es ajeno a la é ica. Somos animales mo ales no p og amados, al menos no o almen e
p og amados, condenados a elegi o, al menos, a oma algunas decisiones.» (Guisán, E., (1995), In oducción a la
é ica, Ed. Cá ed a, pág. 46, Mad id)
!
40
La imaginación es una capacidad o ganizado a y dado a de sen ido. En los sueños se mani ies a de un modo
espon áneo. Pe o ambién es á impulsada conscien emen e po la in encionalidad, a) po un deseo de llega a se
más allá de lo que se ha alcanzado a se , b) po una olun ad de asg edi los lími es que ienen dados o impues os.
«Es a elación en e imaginación y olun ad se deja e (…) del lado de los esul ados: hay que pode imagina o a
cosa que lo que es pa a pode que e , y hay que que e o a cosa que lo que es pa a libe a la imaginación.»
(Cas o iadis, Mª N., (2004), Suje o y e dad en el mundo his ó ico-social. Semina ios 1986-1987. La c eación
humana I, Ed. F. C. E., pág. 109, Buenos Ai es) Esos deseos y olun ades son mani es aciones de la libe ad y de la
esponsabilidad. En p ime a ins ancia nacen en el eino de la icción median e la in ención de nue as posibilidades
de se , es a o sen i el mundo. Se ponen en ac o cuando alguien se p opone ans o ma lo que hay en su medio
social y/o los modos como ha sido con igu ada su p opia subje i idad. «Se ansg eso , se imaginan e signi ica
ambién se -en un sen ido – lib e.» (Lapoujade, M. N., (1988), Filoso ía de la imaginación, Ed. Siglo XXI, pág.
230, México, D. F.)
41
A es e espec o Le B e on esc ibe lo siguien e:
«No pe cibimos o mas, e lu ios indi e en es, sino de en ada da os a ec ados po un sen ido. La pe cepción es una
oma de posesión simbólica del mundo, un desci amien o que si úa al homb e en posición de comp ensión espec o
de él. El sen ido no es á con enido en las cosas como un eso o ocul o; se ins au a en la elación del homb e con ellas
y en el deba e que es ablece con los demás pa a su de inición, (…)» (Le B e on, D., (2007), El sabo del mundo.
Una an opología de los sen idos, Ed. Nue a Visión, págs. 22 a 24, Buenos Ai es)
!
42
Gadame dice que la expe iencia es «un p oceso i al his ó ico, y su modelo no es la cons a ación de hechos sino
la peculia usión de ecue do y expec a i a en un odo que llamamos expe iencia y que se adquie e en la medida en
que se hacen expe iencias. Lo que p e igu a el modo de conocimien o de las ciencias his ó icas es en pa icula el
su imien o y la enseñanza que de la dolo osa expe iencia de la ealidad esul a pa a el que madu a hacia la
comp ensión. Las ciencias his ó icas an sólo con inúan el azonamien o empezado en la expe iencia de la ida.»
(Gadame , H.-G., (1977), Ve dad y mé odo I. Fundamen os de una he menéu ica ilosó ica I, Ed. Sígueme, pág. 281,
Salamanca)
!
43
El cosmos de la cul u a es á compues o po odo ipo de c eencias, p oyec os y ealizaciones. El an opólogo Augé
sos iene que « odos los g upos humanos ienen cosmologías, ep esen aciones del uni e so, del mundo y de la
sociedad que apo an a sus miemb os pun os de e e encia pa a conoce su luga , sabe lo que les esul a posible e
imposible, au o izado y p ohibido» (Augé, M., (2004), ¿Po qué i imos?, Ed. Gedisa, pág. 15, Ba celona) En an o
que compa amos, de una mane a su icien e y digna, las o mas de ida ins au adas en una de e minada comunidad
humana, así se pod án desplega las mani es aciones más solida ias que ca ac e izan nues a na u aleza cul u al. En
e ec o. Tan o nues a ida indi idual como la colec i a ambién se desa ollan en el in e io de ese o o cosmos, un
cosmos humanizado supe pues o al ecológico-biológico. Esa es la segunda na u aleza de la condición humana. En
el in e io de la ci ada y compleja supe posición de medios, - el na u al, el social y el cul u al -, somos elemen os
i os do ados con una po en e capacidad pa a la adap ación. Pe o, al mismo iempo, en an o que se es his ó icos
c eado es de cul u a e in en o es de odo ipo de ingenios, ambién es amos acul ados pa a modi ica adicalmen e
las condiciones del hábi a del que a du as penas nos podemos sus ae .
!
!
39
inmensa p oducción colec i a e his ó ica a cuyos esul ados la humanidad no es aba p edes inada.
Vi imos en el lenguaje y den o de un iempo his ó ico, en los ecue dos y en las p oyecciones
men ales, en los sueños y en las an asías. Todas ellas son dimensiones que nos ca ac e izan como
miemb os de la especie humana.
Los se es humanos i imos a me ced de las condiciones que nos dispensa el mundo que
nos en uel e. En sus ilones nos abas ecemos de odo ipo de ecu sos. Tan o de ecu sos
ma e iales y sociales como cul u ales e imagina ios. Los dos p ime os son la base sob e la que se
sos iene cualquie p oyec o que p e enda alcanza una ida buena dado que exis e una es echa
in e dependencia en e el de echo al espe o y a la dignidad pe sonal y las condiciones ma e iales
y sociales necesa ias pa a que lo ezca. Las dos úl imas, las cul u ales e imagina ias, son las
uen es p incipales pa a el desa ollo de mi esis. Las a a é más adelan e sin desgaja las de las
elaciones de in e dependencia que man ienen con las disponibilidades ma e iales y sociales a las
que engamos acceso.
Vi imos en mundos con ingen es, men almen e concebidos e his ó icamen e ealizados.
Sob e la compleja y dinámica base que o man esos mundos se despliega un cla oscu o mo al,
un espacio en el que mues an su p esencia unas ambi alen es pulsiones humanas de ca ác e
con adic o io. En e ellas, las más pe e sas ipi ican la «o a ca a de la cul u a», el lado oscu o
de lo humano que an as eces ha sido ep esen ado po «la sang e, la o u a, la mue e y el
e o ».
44
Quié ase o no, la inclinación humana que po encia el desa ollo de la ba ba ie
45
, la
ajena y la p opia, o ma pa e consubs ancial de nues a condición humana. Obse adas desde
una pe spec i a gene al, son pulsiones indi iduales y colec i as que su gen o uel en con ue za
en épocas en las que una sue e de (des)ánimo colec i o nos insensibiliza o incluso nos in i a a
desa ende los de echos más básicos de los o os has a el pun o de condena les al miedo, la
humillación, e incluso al ex e minio
46
. Se án pulsiones aun más só didas si las ganancias
44
Jameson, F., (1996), Teo ía de la pos mode nidad, Ed. T o a, pág. 27, Mad id
A es e espec o, dice Eagle on que «la adición y la expe iencia no son solamen e deposi a ios del alo ; ambién
son ehículos de la iolencia y la op esión» (Eagle on, T., (2010), Cómo lee un poema, Ed. Akal, pág. 27, Mad id)
45
«Cuando se a i ma conscien emen e que el ex anje o es un bá ba o», a gumen a Fe nández Buey, «el esul ado
ha acabado siendo la plani icación de la p opia ba ba ie, la implan ación del in ie no sob e la ie a (…)».
(Fe nández Buey, F., (1998), “Ba ba ie, ole ancia, igualdad en la di e sidad” en (VV.AA.), Tole ancia o ba ba ie,
Ed. Gedisa, pág. 108, Ba celona)
!
46
Son pulsiones eneb osas en un sen ido mo al. Me ecen al cali ica i o po que es án es echamen e inculadas
con ac i udes p opias de quienes eniendo en la p ác ica la posibilidad de elegi op an po la iniquidad, po la pulsión
de la ba ba ie. Todo o señala que la ba ba ie es un asgo de la condición humana «del que pa ece iluso io espe a
que algún día llegue a e adica se de ini i amen e». Añade que «ningún pueblo ni indi iduo es á inmunizado con a
la posibilidad de lle a a cabo acciones bá ba as». Es a lac a nos lle a a no econoce en los o os el es a u o de
humanidad que les dé «el de echo a accede a las mismas en ajas y a los mismos bienes de los que quisié amos
dis u a noso os» (Todo o , T., (2014), El miedo a los bá ba os, Ed. Galaxia Gu enbe g, págs. 35 y ss., Ba celona)
!
!
!
40
ob enidas y los su imien os p o ocados es án a i ados po el odio o po el place an e el daño
ajeno. Las que apenas enuncio son endencias que acili an una de i a que nos ha ía descende
en el pozo de lo inhumano
47
. Son pulsiones que gobie nan el espí i u de aquel ipo de se humano
que en e odas sus posibilidades es á dispues o a elegi un calami oso a án que le lle a a p e e i
«se emido a se amado (…)»
48
.
En el lado opues o b illan las pulsiones solida ias y amo osas
49
. Son deseos que nos ins an a
desa olla las emp esas más al uis as en las que «el asco an e la indignidad indica a la
humanidad el camino de su p og eso mo al»
50
. Cuando se con agian con su iciencia expanden
una ida en común en la que no somos conside ados ni como cosas ni como me cancías. En e
las p e ensiones más nobles que e luyen de nues a adsc ipción a la condición humana des aca el
empeño po conquis a unas o mas de o ganización de la ida ma e ial, social, espi i ual o
psíquica que pe mi an a odos y a cualquie a maneja su icien es posibilidades pa a i as una
ida buena. La subsiguien e p egun a es és a:
¿Cuáles son los mé i os y las cualidades que ac edi an que un modo de i i es digno de
se conquis ado y compa ido?
Comp ende en p o undidad la noción de ida buena y a la pa conside a cuáles se ían los
caminos pa a su consecución son come idos que admi en una plu alidad de espues as. Desde mi
pun o de is a, pensa en esa noción compo a el comp omiso de examina en pa alelo o as
cues iones concomi an es que la acompañan. Requie e que espondamos a p egun as ales como
las siguien es: ¿cuáles han de se los c i e ios con los que juzga cuali a i amen e la ida y pode
ase e a con alguna ce eza si una de e minada p axis es á inspi ada ealmen e po la in eligencia
47
Siguiendo a T ías, ales impulsos o mo i aciones eneb osas, así ca ac e izadas, es án ausen es del mundo animal.
Se a a de un ipo de compo amien oa cuyo monopolio únicamen e es a ibuible al se humano:
«Nada hay, en e ec o, más humano que el compo amien o inhumano.» (T ías, E., (2009), C eaciones ilosó icas I.
É ica y es é ica, Ed. Galaxia Gu enbe g, pág. 871, Ba celona)
!
48
Russell, B., (2007), La conquis a de la elicidad, Ed. Debolsillo, pág. 27, Ba celona
!
49
Ma u ana man iene que los humanos somos animales é icos, animales cul u ales p eocupados po el o o. En es e
con ex o de sen ido, el au o cen a su a ención en la que denomina la biología del amo . Ma u ana no en iende el
é mino amo ni como i ud ni como sen imien o. Man iene que el amo es una emoción solida ia y al uis a que
posee unas aíces biológicas. Es la p o unda emoción que mue e a los miemb os ya ins alados en el mundo a la
acogida de los nue os. Es po es a azón po la que Ma u ana conside a que la a abilidad es un componen e sine que
non pa a pode coexis i . Es la ue za de ondo que pe mi e que se den los p ocesos de ap endizaje median e los que
a los ecién llegados al mundo se les da la opo unidad de c ece has a con e i se en adul os. En ese de eni , «la
o a, el o o, o lo o o, su ge como legí imo o o en con i encia con uno». (Ma u ana, H., (2002), Fo mación humana
y capaci ación, Ed. Dolmen, pág. 10, San iago de Chile)
50
Gomá, J., (2019), Dignidad, Ed. Galaxia Gu enbe g, pág. 39, Ba celona
!
!
!
41
pa a comba i la mise ia, la deg adación y la co upción mo al?
51
¿Cuáles son las acciones con
sen ido y cuáles los alo es de los que se pueda deci que ienden hacia la búsqueda de una ida
buena? Se a a de lle a a cabo paula inamen e una pe manen e indagación y
(au o)in e p e ación pa a pode es ima si con nues as ac i udes, conduc as y acciones nos
ap oximamos o, po el con a io, nos alejamos de la clase de ida buena a la que me e ie o.
P es a é a ención a dos de las e ien es más impo an es po las que se expande la noción de
ida buena que es á p esen e en es e abajo de esis.
Una p ime a ap oximación a es e é mino compues o nos lle a a en ende que la exis encia
de una ida buena es la log ada en un mundo habi able. No exis en posibilidades de imagina
una ida buena sin al mismo iempo ene en cuen a odos aquellos las es que de ac o hacen
que la ida sea di ícilmen e sopo able en cualquie a de sus ó denes pa a uno mismo y pa a los
demás. En consecuencia, las p egun as que indagan sob e cuáles son las bases y las condiciones
que hacen habi able el mundo y digna a la ida o man pa e de una e iden e cues ión de
p incipios y de alo es.
La segunda de las dos an es ci adas e ien es es á ep esen ada po unos suje os que oman
inicia i as, que ienen expe iencias signi ica i as que más a de elabo a án e lexi amen e pa a
pone los esul ados habidos al se icio del desa ollo de sus p opias po encialidades o
capacidades
52
. Son suje os que ienen una mani ies a olun ad de amplia el á ea de su au onomía
pe sonal.
53
El a ance paula ino en el p oceso del i i se a icula con la apa ición de nue as
posibilidades de se , de sen i o de pensa
54
. Po es a aún en ge men, algunas de ellas oda ía
no se de ec an ácilmen e en el campo isual de las men es de homb es y muje es de ca ne y
51
Pa a Ricœu , asumi la exis encia de la pe e sión humana inculada con el mal uso del lib e albed ío es una idea
impo an e a oma en conside ación. En consecuencia, «(…) el obje i o de la “ ida buena” debe asumi la p ueba
de la obligación mo al, que pod íamos eesc ibi en los siguien es é minos:” ob a únicamen e según la máxima que
hace que puedas que e al mismo iempo que no sea lo que no debe ía se , a sabe , el mal”». (Ricœu , P., (1996),
Op. ci ., pág. 231)
!
52
T ías sos iene que el des ino del se humano es di igi sus pasos hacia el acoplamien o de su ida con su p opio
lími e on e izo. I hacia el ajus e de «(…) la ma iz humana con su plena consecución (o inalidad), que es la ida
buena que a la humanidad le co esponde. Lo é ico no es o a cosa que la o mación de lo que en el homb e subyace
como po encia y i ualidad.» (T ías, E., (2009), Op. ci ., págs. 884-885)
53
El se humano ac ualiza sus po encialidades en el es ue zo po alcanza «la máxima con e gencia y con luencia
posibles de esa libe ad que le de ine y de esa buena ida que cons i uye su in e e ado e inex inguible anhelo»
(T ías, E., (2009), Op. ci ., pág. 860)
54
Man iene Russell que la ida buena ambién es á conce nida po un «a án de pe eccionamien o pe sonal» que
en cada quien deja espacio pa a que eme jan sus mejo es «pensamien os, sen imien os e impulsos». (Russell, B.,
(1949), Au o idad e indi iduo, Ed. F. C. E., pág. 110, México D.F.)
!
!
!
48
genuino. Tal ipo de p ocesos no son de aneos men ales. Son eales ya que ocu en den o de los
lindes del con ex o epocal en el que ascu e el alien o de la ida. Eje cen p esión a los exis en es
en un espacio y luga que iende a queda ep esen ado y ijado po los imagina ios colec i os en
igo . De un modo mes izo, es o es, aco ado e incluso suje ado, po un lado, y, de modo
con adic o io, lib e al mismo iempo, el deseo de comp ende lo enigmá ico nos exige en a en
el p oceso de ap ende a pensa . Y en algún momen o el pensa se ans o ma en una habilidad o
en un a e que sigue un mo imien o espi al y c ea i o que a a la búsqueda de salidas. A cada
paso dado, el pensa e lexi o hace p uebas en colabo ación con el pensa imagina i o que es el
que a cada quien le «pe mi e llega a sabe lo que puede llega a se »
66
. Con ambos pensa es
elabo amos lo posible. Jun os y en conco dancia nos lle an a desecha unas ías y a discu i
hacia o as. Cada espues a que cada quien oma en conside ación es una sue e de ela o que se
p ocu a a sí mismo y que, du an e un mien as an o, cob a alidez siemp e que haya a ojado
alguna luz sob e las expe iencias i as insinuándonos así algo sob e aquello que (nos) pasa. Los
p ocesos p opiamen e e lexi os se abo dan más a de, en un con ex o demo ado, di e en e y
pa alelo al des ello de comp ensión que esplandece en las i encias di ec as. En de ini i a, a lo
la go de su exis encia, las espues as que cada suje o se o ezca a sí mismo siemp e se án
p o isionales pues o man pa e de un inacabable e ines able p oceso que nunca llega á a se
de ini i o. En el in e io del mencionado ela o ín imo despun an especiales p ocesos ilosó icos.
Pa a las p egun as ilosó ico-exis enciales que comienzan a b o a , cada quien dispone, hace uso
y combina algunos de los ma e iales cul u ales que el uni e so simbólico que le acoge pone a su
alcance. Cada o mación epocal delimi a y alien a lo que se conside a lo azonable y lo no mal,
ealís ico, canónico, e c. Pe o, al mismo iempo y den o de unos lími es di usos, el imp eciso
de eni de las cosas nos pe mi e c ea o as espues as posibles y inculables con ales p egun as.
Todo suje o iene en su mano la opción de emp ende ese in e minable y ecundo p oceso
delibe a i o si se a iene a oma como guías es os dos impe a i os clásicos: a) el p opósi o de
( e)conoce se a sí mismo y b) el de i más allá de si mismo en el deseo de llega a se quien es.
En el eco ido de su ida, el juicio que me ezcan o las cualidades a ibuidas a los pasos dados
juegan un ol decisi o en cualquie p oceso de emancipación pe sonal. En ese e eno, cuen a lo
que cada suje o elige, hace, e i a o elude. De modo conscien e y en p ime a pe sona del singula
el suje o puede e alua la cong uencia que gua dan los pasos que da con el p oyec o pe sonal
que escalonadamen e descub e en el e o de oma en buena medida las iendas de la p opia ida.
¿Pa a qué nos si e esa au onomía? A anzo un p ime a isbo de espues a. Caminando en medio
de un denso banco de niebla en el que abundan las limi aciones y las dudas, nos si e pa a co-
66
B e on, A., (1995), Mani ies os del su ealismo, Ed. Labo , pág. 19, Ba celona
!
!
49
elabo a el sen ido de nues a p opia ida del modo más lib e que nos sea posible, asumiendo lo
ap endido y ambién sub i iéndolo.
Las p egun as-lími e que nos o mulamos en el ondo de la conciencia nos exigen un
pe manen e epaso de las p opias ac i udes y conduc as. El au oconocimien o y el deseo de llega
a se y a sabe quien es uno es un ho izon e al que ap oxima se, es o es, una me a inalcanzable
as la que se a. Pa o de la con icción de que cada se humano, siemp e en p oceso de i
haciéndose, iene en po encia la posibilidad de ensancha , de p o undiza y de ama al se humano
que él puede llega a se . P egun ándose po sí mismo, en la men e de cada suje o eme ge una
bo osa y cambian e imagen de su p opio de eni que nunca llega a desplega se del odo. Esos
dos p ocesos pa alelos pe sis en has a que llegada la mue e se cie en pa a siemp e odos los
capí ulos.
Du an e ese eco ido y en una p ime a ins ancia, una ac i ud comp ensi a y bene olen e
nos lle a a acep a el hecho de que odos y cualquie a debamos de ende con en usiasmo nues as
p opias con icciones. O, dicho de o o modo: pa ece sensa o admi i que cualquie a se sien a
lib e pa a a gumen a de un modo i me la de ensa de la posición que en ese momen o conside e
bien es ablecida. Sin emba go, en medio de lo dicho no esul a di ícil econoce un iesgo
e iden e. Den o de es e plan eamien o, odos y cualquie a podemos combina dos de ec os, a
sabe , a) no de ene nos a e lexiona sob e lo conc e o que hemos obse ado, sen ido y
expe imen ado y, al mismo iempo, b) empecina nos en una de ensa in ansigen e que sea la pu a
sal agua da de nues os esquemas e e enciales de pa ida, máxime si además los conside amos
incon o e ibles. Como consecuencia de es a combinación, an es que después cae íamos de
b uces en nues a p opia obcecación. Dis in o es es a dispues os a epensa los p opios pun os
de is a a aíz del hallazgo de con ap uebas que nos aconsejen a umba odas aquellas
con icciones que se nos mues en in undadas y a eno a la ac i ud co dial pa a que nues o
modo de camina con inúe o aleciéndose.
Ensancha y p o undiza el e i o io de la au onomía pe sonal equie e que eje zamos una
disciplina olun a ia des inada a ac ecen a unos sabe es que en cada ida singula se sus ancian
de un modo especí ico. También pide ija la a ención en la econ o an e a ea de descub i y
a aja los p opios excesos y e o es
67
. El p opósi o é ico de co egi los exige que desechemos
espues as p ema u as, deducciones impe inen es y c eencias mal sus en adas. Fo mulado más
o menos así, és e es el alan e de la denominada hones idad in elec ual.
67
«Si no u iésemos de ec os, no encon a íamos an o place en co egi nos, en alaba en los o os aquello que nos
al a.» (Ducasse, I., [conde de Lau éamon ], (1970), Los can os de Maldo o , Ed. Ba al, pág. 278, Ba celona)
!
!
!
50
En es e con ex o e lexi o, el cons an e juego que se da en e p egun a y a en u a
espues as se demos a á c ea i o siemp e y cuando en momen os elices hayan eme gido unos
hallazgos que cob an un hondo sen ido pa a nues o se más ín imo. Las no edades in en adas o
encon adas se án inspi ado as siemp e y cuando nos p opo cionen opo unidades pa a eno a
la comp ensión del mundo p opio, el de los o os e, incluso, el de o os mundos posibles.
* * *
La insc ipción dél ica "conóce e a i mismo" pasa po se uno de los más des acados
p incipios sob e los que se asien a la iloso ía occiden al. A día de hoy y pasados an os siglos
sigue siendo un manda o cuyo pode de in e pelación sigue i o. Da que pensa e in i a a
desci a los enigmas que nos a a iesan. El emblo de es e manda o pe sis e en un
inde e minado núcleo de nues a psique. Es el i esis ible impulso hacia la (au o)comp ensión
que no cesa. En e ec o. Aunque no siemp e seamos conscien es de ella exis e una disposición de
la psique que nos induce a cul i a y expandi nues as posibilidades de c ecimien o pe sonal y
de (au o)conocimien o. Es una pulsión o endencia que posee dis in os g ados de igo . Su alien o
puede i desde el pun o más bajo en el que su in ensidad es mo ecina has a o o pun o ealmen e
no able. En cualquie a de sus mani es aciones, es una ac i ud que nos in i a a la e lexión.
Cuando la des inamos al se icio de la cons ucción del p oyec o c eado de nues as o mas de
se más incon undibles puede llega a se una ía hacia la lucidez. Su p esencia en noso os es
una condición sin la cual no nos ace ca íamos a expe imen a nues o modo de se más genuino
68
.
En esa emp esa ambién colabo a nues a necesidad de ali io an e la ince idumb e o an e la
zozob a. Es un impe a i o que sigue dando pie a que se mani ies e una pulsión in e oga i a
inculada con el sen ido a o o ga a la ida.
El p ecep o soc á ico se e ie e a la elación que se es ablece en e la subje i idad y la
búsqueda de la e dad, azón po la que implíci amen e nos exige un pe manen e cues ionamien o
de la insu iciencia del p opio sabe
69
. También eclama el econocimien o de las limi aciones de
68
La lección soc á ica es «un comp omiso insupe able, que enlazaba de o ma segu a la exis encia con la
e lexión.» (Slo e dijk, P., (2003), C í ica de la azón cínica, Ed Si uela, pág. 749, Mad id) Dice Slo e dijk que en
la G ecia clásica aun se pa ía del con encimien o de que el au oconocimien o egula ía en úl imo é mino la misma
posibilidad de cualquie o o conoce . Una ida buena implica una e lexión pe manen e y c í ica as el encuen o
con la mismidad. Implica sal a los diques que o man los p ejuicios in undados que en o pecen nues o desa ollo
pe sonal.
!
69
La lección soc á ica es «un comp omiso insupe able, que enlazaba de o ma segu a la exis encia con la
e lexión.» (Slo e dijk, P., (2003), Op, ci ., pág. 749, Mad id) Dice Slo e dijk que en la G ecia clásica aun se pa ía
del con encimien o de que el au oconocimien o egula ía en úl imo é mino la misma posibilidad de cualquie o o
conoce . Una ida buena implica una e lexión pe manen e y c í ica as el encuen o con la mismidad. Implica sal a
los diques que o man los p ejuicios in undados que en o pecen nues o desa ollo pe sonal.
!
!
51
nues as bases de pa ida, in elec uales y o as, y la huida de las alsas apa iencias con las que el
engaño se dis aza. E iden emen e, no en iendo es a idea en el sen ido que habi ualmen e le
p o ee la subcul u a de la moda. Al con a io, pienso en su ca ác e como esa olun ad de sabe
que hace que unos indi iduos únicos e insus i uibles pe sis an en se y en sabe quiénes son. El
descub imien o y el conocimien o exhaus i o de cuáles sean los a ibu os de la singula idad de
cada quien o man pa e de una misión imposible de log a se del odo. Esa singula idad no es
esencial ni nos iene p edes inada. Es un esul ado al que se a llegando; es como un acimo de
peculia idades idiosinc á icas que, abie o e inconcluso, e oluciona y mu a con el paso de la ida.
Pe o, pa a una mi ada en enada, la unicidad que a cada quien le hace i epe ible se a a de una
cualidad que nos hace dis inguibles en e millones de se es humanos, algo simila a lo que ocu e
con las huellas digi ales. Más impo an e si cabe es la siguien e idea complemen a ia: la
singula idad i epe ible es esa ca ac e ís ica común que a odos nos iguala.
La pulsión po cap a el sen ido p o undo a da a la p opia ida b o a en un ín imo luga .
En cada suje o se mani ies a de un modo que es pasional-emocional- espi i ual. El mo imien o
gene ado po esa pulsión podemos imagina lo como si se a a a del que desa olla una pa ícula
elemen al que nacida en la p opia psique del suje o se mani ies a a pa i de unos impulsos
in e oga i os. Es una ene gía que se o igina en los aden os de un suje o cualquie a que desea
en ende se en algo que hondamen e le ap emia. Esa pulsión desencadena una co ien e de
p egun as de co e exis encial seguida po odos los in en os po esponde las.
Nues o ue o in e no es un e i o io en pe manen e cons ucción. Po añadidu a, posee
zonas en oscadas sob e sí mismas que po su esis encia a la mi ada pa ecie an no exis i o no
pe enece nos. No obs an e, en lo más p o undo de nues o se enemos la necesidad de
ilumina las. Dado que llega di ec amen e has a an ecóndi os luga es no es posible ecu imos
a ab i o o ipo de ías. Me e ie o a unas o mas de mi a , sen i y pensa lo eal humano que
son indi ec as, simbólicas o me a ó icas; y a eces je oglí icas y p e-lógicas. El deseo de o o ga
un sen ido a la ida es á g abado en el an e so en el que la olun ad abaja. Y en su e e so
in e ienen los dos ci ados manda os alen ado es: a) conóce e a i mismo y b) llega a se el que
e es. Esas pulsiones son el o igen que explica que el suje o ab a caminos pa a encon a modos
con los que exp esa eso que p o undamen e sien e y pa a lo que, sin emba go, le al an
p ocedimien os adecuados con los que isualiza lo y nomb a lo. Una ez que la exp esión
"conóce e a i mismo" se haya ans o mado en oz in e io nos pide an ea , casi a ciegas, en los
cimien os de lo que somos. Es e manda o dél ico nos pide que sin cesa busquemos un espacio
de econciliación en e aquél que somos en cada época de la ida y aquél a quien endemos y que
!
!
!
52
pod íamos llega a se . Como si ué amos espeleólogos de nues os aden os nos exho a a elegi
algunos de los dis in os caminos que descienden hacia nues as zonas más abismales. Po
inicia i a p opia y de un modo ap oxima i o
70
nos ins a a descub i cuáles son los lími es que
nues o deseo de au oconocimien o encuen a. La mo i ación de ales explo aciones es la de
de ec a en lo que somos lo que nos es p opio y genuino y en jus a co espondencia a umba lo
que pa eciéndolo no lo es. En de ini i a, se a a de ap oxima se a sabe cómo es nues a
«di e encia i epe ible»
71
pa a pode llega a comp ende la y ab aza la. Dicho de o o modo, es
el incesan e in en o pa a que cada quien acep e de buen g ado su singula idad en el discu i de
lo que a siendo. Las cualidades que ap eciamos en cualquie a de esas complejas inme siones
es án elacionadas inconscien emen e con la in uición. En cada ase del p oceso y a pesa de es a
suje a a e o , la capacidad in ui i a, desa ollada y a inada, pe mi e de ec a como si ue a un
a oma men al el luga dónde se encuen an nues as e dades subje i as. Cuando la inspi ación
c eado a se a icula elizmen e sus esul ados insinúan espues as p ome edo as pa a el p oceso
de (au o) conocimien o. De p on o y de un modo que pa ece o ui o, nos sob e iene una
sensación ce cana a la in ención o a la del hallazgo de un eliz auxilio. En cada época de la
humanidad, esa pulsión o pa ícula pasional y espi i ual elemen al exis e y aunque pa ecie a
epe i se se sus ancia de di e sos modos. El suje o que e lexiona sob e la exis encia sale de sí,
na ega po la ex e io idad de los uni e sos simbólicos, po aquellos que al mismo iempo han
hecho de él lo que es. A a iesa y busca inspi a se en el in e io de una cons elación de
pe spec i as colec i as que son his ó icas y cul u ales. Es un iaje ineludible pa a ap ende a
i i dado que esos uni e sos simbólicos o man una sue e de líquido amnió ico que en cada
época su e de signi icancia y nu e los p ocesos men ales conscien es e inconscien es de los
exis en es.
Con el in de adqui i y mejo a los c i e ios exis enciales con los que conduci se con
acie o, p udencia y co du a hacia una ida buena i ida jun o con o os, pa a desa olla las
p opias po encialidades y, en consecuencia, pa a juzga a cada paso con mejo ino y co du a qué
hace o qué omi i , conóce e a i mismo es un p ecep o mo al que sugie e lo imp escindible que
70
«En e la ce idumb e que engo de mi exis encia y el con enido que a o de da a es a segu idad hay un oso
que nunca se llena á. Se é siemp e ex año a mí mismo. En psicología, como en lógica, hay e dades, pe o no e dad.
El “conóce e a i mismo” de Sóc a es ale an o como el “sé i uoso” de nues os con esiona ios. Re elan una
nos algia al mismo iempo que una igno ancia. Son juegos es é iles sob e g andes emas. No son legí imos sino en
la medida exac a en que son ap oxima i os.» (Camus A., (1963), El mi o de Sísi o, Ed. Losada, pp. 22-23, Buenos
Ai es)
!
71
En con as e an i é ico con el indi idualismo ca esiano, Taylo p opone a Mon aigne pa a deci de él que su
pensamien o ep esen a «la búsqueda de la o iginalidad de cada pe sona». (Taylo , Ch. (2006), Fuen es del yo. La
cons ucción de la iden idad mode na, Ed. Paidós, págs., 253-254, Ba celona)
!
!
53
es cul i a se al calo de la escucha a en a de las expe iencias habidas que demues en se las más
signi ica i as. Es una labo cons an e y pa alela al i i e ec i o. De modo implíci o pide
examina lo que a uno le pasa, ap ende de las elaciones con los semejan es, descub i lo que los
acon ecimien os exis enciales nos dicen y examina de modo (au o)c í ico los esul ados de las
acciones de las que a lo a y se e ina el a e de i i . En un sen ido con a io, se opone a los
disposi i os del pode que p e enden hace pasa como si ue an e dades e e nas unas o mas
cul u ales inmanen es que han c is alizado en el imagina io colec i o en uno u o o momen o de
la his o ia. Sea que nos engan desde an año o bien lleguen a noso os desde el p esen e más
p óximo, el lema conóce e a i mismo nos in i a a comba i odos aquellos mandamien os que
habiendo quedado deposi ados en nues as men es demues en en la p ác ica se aciagas
esis encias pa a ese c ecimien o pe sonal al que nos ins a la dinámica adquisición de aquellos
c i e ios exis enciales. Es a p oposición pone de elie e que odo lo noci o que de endemos
sos enido en la igno ancia es p eciso e adica lo de nues a men e y sus i ui lo po lo que un
eap endizaje emancipado nos apo e.
En una de sus e ien es p ác icas, conóce e a i mismo es un impe a i o que nos anima a
desa olla una isión más pene an e, a emplea el alen o pa a ap ende a i i jun o con o os
en el con ex o his ó ico conc e o en el que habi amos. P egun a nos a qué cosas hemos de da
p io idad pa a lle a una ida buena, alejada de cualquie ipo de ba ba ie, es una idea
complemen a ia. También lo es la pe manen e p egun a y elabo ación de cuál haya de se el
ejemplo mo al a da , po lo gene al, a los más p óximos. Las espues as que susci a des elan la
ín ima unión que Sóc a es es ablece en e lle a una ida buena y el eje cicio y desa ollo de la
i ud, noción que aquí la en iendo de un modo simila a Wol .
72
En de ini i a, pa a odos y pa a
cada uno de los indi iduos his ó icos, se a a de un eso o he edado. Nos señala un camino que
es p eciso o ja si deseamos ap oxima nos, más y más, a la sabidu ía de aquellos que lle an
iempo a anados en la a ea de ap ende a i i .
* * *
Cada quien puede examina cómo con el anscu i de los años ha de enido en el suje o
que aho a es. Además, en odo momen o puede examina que algunos de los asgos que iden i ica
como p opios y que apa en an se de una de e minada o ma, sin emba go, en ealidad exis en de
72
Pa a es a au o a, i ud no «se mani ies a en las no mas mo ales con encionales, sino en el se ealmen e bueno,
que se exp esa en que uno hace lo e dade amen e bueno (a di e encia de lo sólo enido po al)» (Wol , U., (2002),
La iloso ía y la cues ión de la ida buena, Ed. Sín esis, pág. 50, Mad id)
!
!
54
o a o ma bien dis in a y no an pe sonal. De ec a an engañosa suplan ación es azón su icien e
pa a depu a los y cambia los, es o es, decons ui los, desap ende los y, en ese luga que queda
desocupado, a i a y desplega algo que el yo hondo que somos emana de po sí. Es a posibilidad
de cambio es luminosa si se une con el p opósi o de con lui de un modo más é ico y es é ico con
el se humano que p o undamen e podemos llega a se . Todos y cada uno podemos hace lo a
pa i de lo que en cada aho a únicamen e somos en cie nes o en po encia. Como asis en e pa a
una emp esa que nunca se consegui á comple a del odo, el pode me a ó ico-simbólico- poé ico
cob a especial alo cuando se pone al se icio de la medi ación sob e la p opia exis encia. Po
esa azón nos inspi a pa a imagina de un modo e osímil lo que un suje o cualquie a pudie a
llega a se si ahonda a y desa ollase los asgos que le hacen se , con cada paso lib e que da, un
suje o más singula . Con es a úl ima idea, esal o el adical ca ác e que alcanzan quienes co-
labo an en el azado de su p opio camino y p osiguen con enacidad. Pa adójicamen e, esa
po encia pa a alcanza una singula idad adical es una de las cualidades básicas que compa imos
con el es o de los suje os. Jun os, el pode me a ó ico, simbólico, poé ico de algunas ob as de
a e y los suje os ecep o es que les p es an a ención es ablecen las amas sec e as de un
conocimien o es é ico que en cada encuen o se despliegan y o man un pasaje. La i ud más
des acable de ese puen e consis e en alen a el deseo de que en el ue o in e no de cada quien
lo ezcan genuinos modos de llega a se uno mismo.
El sen ido de esponsabilidad
Lo que en la ida hago o lo que omi o hace no sólo me a ec a a mí, en p ime a pe sona. Las
implicaciones é icas de mis decisiones conlle an consecuencias que ascienden el pu o ámbi o
de mi indi idualidad. En los casos en los que mis acciones, conduc as o ac i udes a ec en de pleno
a mis semejan es puede se que el eco ido de ales e ec os se descon ole de un modo al que a
p io i me hubie a esul ado di ícil p e e o an icipa con igo dado que, de an emano y po
!
!
55
p incipio, nunca enemos las ga an ías absolu as ni el su icien e con ol sob e lo que
desencadenamos.
* * *
An e la p egun a de qué hace , los suje os esponsables de sí con ían en sus posibilidades
de explo ación, se esme an en hace un camino que iene como me a aumen a «la po encia de
su se has a el umb al máximo de la indi iduación»
73
.
Lo hacen po el hecho de eclama su de echo a lle a la inicia i a en el gobie no de las
cosas que les a añen. Allí donde oda ía no exis an caminos, ab i los se con ie e pa a ellos en
un e o que, además, les exige ocupa se de la conquis a de un mundo habi able. An e cada una
de las enc ucijadas de su ida, eje ci a esa ac i ud o alece su con ianza en sí cuando se a a de
u di las más adecuadas en e las soluciones posibles. El pensa é ico sob e nues o sen ido de
esponsabilidad y sob e el paula ino descub imien o de nue as ías pa a la emancipación
pe sonal se asume an e la p opia conciencia
74
y an e la colec i idad a la que pe enecemos.
Quienes aspi an ac i a y lib emen e a pa icipa en la elabo ación del guion de sus idas albe gan
un p opósi o que al menos p esen a dos e ien es. Una de ellas es la disposición a p egun a se
con un ánimo comp ensi o y ans o mado po lo que a uno mismo le pasa y po lo que pasa en
su con ex o. La o a consis e en oma decisiones en las que a anca de sí y desac i a los
ope a i os y discu sos ajenos que ope an y que sub ep iciamen e a an de condiciona las
men es. La aspi ación a una o ma de i i que p e enda libe a se de la sujeción a las
imposiciones y con o midades siemp e se ha de ab i paso en e obs áculos. Fo ma pa e de una
emp esa en la que hemos de ap ende a in e p e a y a e alua an o el sen ido de las eglas que
empleamos como el de las me as que escogemos. Y en esas lides odos necesi amos la guía y el
consejo ajeno. En e ec o. Es cie o que siemp e dependemos de la comunidad que o mamos con
o os. Desde que en amos en el mundo que nos acoge has a que salimos de él, aun en medio de
odo ipo de con lic os, con i imos con los demás y de un modo u o o y po lo gene al, lo
hacemos en ga an ía mu ua. No obs an e, pa a ap ende qué hace con nues a ida exis en unas
pocas pe sonas que nos esul an imp escindibles. Mi ando hacia el dis an e pasado, son aquellas
que más a de econoce íamos como los e e en es o men o es de lo que luego llega íamos a se .
Po mo i os di e sos, se p es a on a ayuda nos a encon a nues o luga en el mundo sin
73
Pa do, J. L., “El suje o ine i able”, en VV. AA., (1996), Tiempo de subje i idad, Ed. Paidós, pág. 148, Ba celona
74
A end nos ecue da que la palab a con-ciencia signi ica «” conoce conmigo y po mí mismo”, un ipo de
conocimien o que se ac ualiza en cada p oceso de pensamien o.» (A end , H., (1995), De la his o ia a la acción, Ed.
Paidós, pág. 110, Ba celona)
!
!
!
56
exigi nos con ap es aciones in e esadas. Pe o luego es á el campo de decisiones que nadie puede
oma po cada uno de noso os. La olun ad y la de e minación pa a ocupa nos en decidi qué
hace se ensa pues en de e minadas ocasiones la acción equie e es a a la al u a de lo que la ida
nos plan ea. Lo hacemos a pa i de una disposición del ánimo que gua da una es echa elación
con el p opósi o de cons ui un «p oyec o c eado indi idual»
75
.
Es de econoce que el omen o del sen ido de la esponsabilidad es una misión ca gada
con las es limi an es. Pensemos si no en las di íciles condiciones ma e iales que a eces nos
depa a la ida. O en las de e minaciones que nos ienen exigidas po unas isiones del mundo
que nos empujan a asumi asgos o medidas abs ac as que en absolu o las hemos sopesado ni
decidido. O en los ángulos ciegos ob u ados po ue zas que se agi an en nues a psique más
p o unda. En consecuencia, esos suje os en los que pienso i en sin aside os segu os, sin
ga an ías ni ce ezas. Sin emba go, son pe sonas que se a anan en c ea en su de edo un ámbi o
ela i amen e p opio pa a la mi ada c í ica. Una de las señas de iden idad de esa asunción es á
p opulsada po un deseo de sabe que nunca acaba de sacia se con lo que ecibe. Como esul a
lógico, el o iginal alen o desa ollado po los suje os que p ac ican su au onomía pe sonal les
p edispone a za a se de las demandas de sumisión que eciben.
En momen os c í icos oman decisiones que pa a muchos o os esul a ían di íciles de
acep a e incluso casi incomp ensibles. Es a clase de esponsabilidad é ica con la ida iene
mayo es p obabilidades de mani es a se en las ci cuns ancias que son más di íciles y
excepcionales. El comp omiso con uno mismo les ap emia a eacciona pa a a a de sali del
á ea de a as e incon olado al que en onces se en exigidos. Pensemos po ejemplo en los
momen os en los que de ec an un pelig oso de eni en los au oma ismos espon áneos que an
adqui iendo las cosas que suceden a su al ededo . Pa iendo de las posibilidades que su
au onomía pe sonal les o ezca oman la inicia i a en un medio an cambian e como es el de las
condiciones ma e iales, sociales y e lexi as que odean sus idas. En muchas ocasiones, elegi
«la di ección ace ada en la di ección opues a»
76
p o iene de la p o unda ac i ud de quienes se
esponsabilizan con la c eación de un c i e io pe sonal pa a pensa po ellos mismos el sen ido
de lo que han de decidi . Esa es p ecisamen e la condición de posibilidad que los suje os deben
sa is ace pa a conse a su au onomía pe sonal. Ese es el impulso que a cualquie a le puede
saca del e iginoso emolino que ac úa como si ue a el sumide o que pode osamen e a as a
hacia su cen o odo lo exis en e. La igu a del suje o en la que me inspi o y a la que me e ie o
75
Pa ís, C., (1994), El animal cul u al. Biología y cul u a en la ealidad humana, Ed. C í ica, pág. 293, Mad id
!
76
Be nha d, Th., (1985), El só ano, Ed. Anag ama, pág. 107, Ba celona
!
!
!
57
en es a esis se a e a a un con ingen e p oyec o singula que siemp e es á eesc ibiéndose. La
ac i ud y la olun ad que ese suje o adop a son los mo o es que le pe mi en escapa de la espi al
del emolino. Algo asomb oso que hizo el ba ón de Munchhausen se con ie e aquí en me á o a
pa a el modo de p ocede del suje o en p oceso de emancipación. En el campo de la icción, aquel
caballe o se sacó a sí mismo y a su caballo de las aguas del pan ano i ando de su p opia cabelle a
con la única ue za de su b azo.
En el con ex o de es a esis y desde un pun o de is a desmi i icado , una mi ada eno ada
se ía la que pe mi iese de ec a , pone nomb e y c ea las igu as que señala an cuáles son los
obs áculos y las dependencias que nos impiden comp ende quiénes somos. O de ec a lo que
has a un momen o dado han hecho de noso os unas de e minadas o mas de p oducción de la
subje i idad en las que apenas hemos omado pa e ac i a. La cons ucción de un p oyec o
pe sonal en el que ob ene en ajas emancipado as equie e es a dispues o a descub i has a qué
pun o de e minadas signi icaciones ajenas hablan po nues a boca, en nues o nomb e y
ep esen ación. Sin se lo, las enemos como p opias has a el pun o de que incluso les endimos
homenaje. Han sido ope aciones in asi as que sin emba go nos han pasado inad e idas.
P o enien es de un a ue a ins i uido, esul an se ilegí imas ideas p ejuiciosas que una ez que se
ins ala on en nues os aden os con ibuye on de un modo decisi o a la p oducción de nues a
subje i idad.
A o unadamen e, exis en o as isiones mí icas y poé icas que nos ayudan a concebi unos
modos de ida a mónicos que en el ondo se he manan con el p opósi o de alcanza una madu ez
en el pensa . Es án ahí pa a esca a a nues as men es del des ino al que unas supues as
p edes inaciones les abocan. En las pa idas del juego de la ida, los suje os que p e enden una
ida más lib e juegan a inadamen e sus bazas si ab en camino hacia unos ho izon es en los que
se econoce ían a sí mismos de un modo que ex ensa y p o undamen e se ía más digno. Es á cla o
que la ida ambién nos da opo unidades pa a a a esa po escena ios i i ican es. Habla é del
modo de se de esas expe iencias en el capí ulo en el que a o de la eme gencia enac i a del
sen ido. A pa i de ella, pensa é en los mundos posibles que expe imen amos po ob a de la
mane a de se simbólica del pensa imagina i o. Asimismo, e lexiona é ace ca de la e ien e
cogni i a que nos p ocu a. Me cen a é sob e odo en la acionalidad ilosó ico-poé ica de las
me á o as pa a la ida y del alo que pa a noso os cob an cuando se ansmu an en a e ac os
inspi ado es que nos p ocu an excepcionales o mas de comp ensión de las cosas. En la
pe manen e a ea de examina el umbo que como caminan es omamos hacia el ho izon e al que
pacien emen e nos di igimos, algunas p oducciones de la imaginación poé ica agi an las men es
de noso os sus ecep o es. Las ob as de a e genuinas, po ejemplo, nos o ecen indicios que en
!
!
64
La ida. Una cadena de coyun u as y si uaciones
La e ce a acepción del é mino coyun u a que p esen a D.R.A.E. queda enunciada del
siguien e modo: coyun u a es la «combinación de ac o es y ci cuns ancias que se p esen an en
un momen o de e minado». Pa a el é mino si uación, ese mismo dicciona io oma como quin a
acepción la siguien e de inición: si uación es el «conjun o de ac o es o ci cuns ancias que
a ec an a alguien o algo en un de e minado momen o». A poco que se epa e, inmedia amen e se
encuen an es echos ínculos en e ambas acepciones. No esul a complicado da se cuen a de
su complemen a iedad en unos usos del lenguaje en los que ambos é minos, si uación y
coyun u a, se combinan con na u alidad. Ambas acepciones con luyen y jun as e igen un ce co
espacio- empo al. El mu uo nexo y el encla e conc e o al que da luga a cada encuen o se
mani ies a de un modo sob esalien e en aquellas enc ucijadas de la ida en las que eme gen las
expe iencias
80
más pe sonales. En especial, en los ex ao dina ios momen os en los que nos
sen imos a ec ados po ellas en lo más ín imo.
La expe iencia, es o es, aquello que nos pasa, in oduce el ac o subje i o en el in e io
del escena io que o ma esa combinación de coo denadas espacio- empo ales. Ese ac o
subje i o inco po a la noción de sen ido, la noción de iempo i ido, pe cibido y pensado.
Es a o ma de en ende el iempo es di e en e de la que ma can los elojes. O, si se p e ie e,
es la noción de expe iencia la que hace que el escena io an es aludido deje de ep esen a se como
80
Aquí omo la noción de expe iencia en la acepción que La osa le da: expe iencia es aquello que nos pasa,
en endido «como algo a lo que debemos a ibui un sen ido». Pa a cumpli con es e obje i o, es o es, pa a que
podamos a ibui un sen ido a los que nos pasa, es imp escindible una po en e ac i ud de escucha. Se necesi a p es a
una a inada a ención a eso que nos pasa en los di e en es a a a es de la ida. El p opio La osa indica que su mane a
de en ende la noción de expe iencia gua da una es echa a inidad con el siguien e ex o de Heidegge :
«Cuando hablamos de 'hace ' una expe iencia eso no signi ica p ecisamen e que noso os la hagamos acaece ; 'hace '
signi ica aquí: su i , padece , oma lo que nos alcanza ecep i amen e, acep a , en la medida que nos some emos a
ello. Hace una expe iencia quie e deci , po an o: deja nos abo da en lo p opio po lo que nos in e pela, en ando
y some iéndonos a ello. Noso os podemos se así ans o mados po ales expe iencias, de un día pa a o o o en el
anscu so del iempo». (Heidegge , M., en La osa, J., (2003b), Op. ci , págs. 19-20)
!
!
65
un en amado ex e io a noso os. Todo lo con a io. Habla de la expe iencia de i i es un habla
del suje o. Tan o del suje o agen e como del suje o pacien e. Es e es un impo an e ma iz que, de
un modo simbólico, as oca la p opia noción de escena io. En cada enc ucijada de la ida no
somos espec ado es ex e nos que obse an desde ue a lo que ocu e en el escena io. Es cie o
que en cada in e alo de la ida es p eciso ene p esen e la in e sección de ac o es y
ci cuns ancias que concu en pa a que se es ablezca cada si uación conc e a. És a se o ma en un
plano siemp e a ec ado po odo lo que ocu e al ededo . Po odo lo que es á en elación o en
conexión con ella. Pe o, si expe iencia es eso que nos pasa, en onces exige una in e p e ación de
algo que no solo son ci cuns ancias en ol en es y pun os sucesi os en la línea de un iempo
c onológico. Además, y, sob e odo, pide in e p e a el sen ido de lo que nos ocu e pa a
men almen e si ua nos en el luga más adecuado posible en el oda de nues o pa icula de eni .
Al pensa en un suje o cualquie a que haya quedado bajo los e ec os de un shock debido a
ci cuns ancias de índole di e sa, si p e endemos e e i nos a alguien que ansi o iamen e se haya
is o p ecipi ado en momen os i ales dis up i os, independien emen e de o as conside aciones,
podemos deci en é minos gene ales que ese suje o ha en ado en un especial es adio de cosas
que le o ece un «pun o de encuen o con el mis e io»
81
. Panikka conside a que ales «momen os
de discon inuidad» «nos e elan una enc ucijada» en la que puede que apa ezca de un modo
escla ecedo la necesidad de p ac ica un cambio de umbo en la ida. Son pasajes ex ao dina ios
que es án asociados con el sen ido que pa a cada uno de noso os adquie e an o el a oma de lo
i ido como la conmoción an e la ini ud de la exis encia hecha ealidad, po ejemplo, en la
pé dida de las pe sonas amadas. En de ini i a, son enc ucijadas que ab en la posibilidad pa a que
agüemos, modi iquemos y esigni iquemos nues a isión del mundo.
A cada suje o le incumbe comp ende en qué le a ec a esa sín esis a pa i de la expe iencia
conc e a de lo que le pasa. Re lexiona sob e ella le se i á pa a a on a de un mejo modo las
nue as acciones que, sin duda, más a de debe á impulsa . En e ec o. En e las obligaciones que
a cada suje o le a añen se encuen a la de diagnos ica sus p opias expe iencias i ales. Hace lo
del modo más ce e o que le sea posible. Cada suje o debe ap ende a e alua cuál es la mane a
de des ela la clase de elaciones que es ablece de ac o con las complejas ealidades que o man
an o el mundo de su subje i idad como el en o no den o del que i e. En al diagnós ico es á
comp ome ido un eje cicio que consis e en de ec a qué elaciones ealmen e exis en es son las
ap opiadas pa a su ida. Las debe á deslinda de las que, pa eciéndolo, en el ondo no lo son.
Asimismo, qué po encialidades pe sonales no ha desplegado, aunque de ellas pudie a p esumi
81
!Panikka , R., (2001), Iconos del mis e io. La expe iencia de Dios, Ed. Península, pág. 153, Ba celona
!
!
!
66
de un modo cabal que, aun no dándose oda ía, de p esen a se las condiciones a o ables, no
sólo se ían iables y suscep ibles de sus ancia se, sino que, además, se ían ealmen e las que le
p es a ían una pe spec i a más lúcida y emancipado a.
Más adelan e ex ende é mi análisis y e lexiona é sob e el p o e bio y can a XXIX de A.
Machado. No obs an e, pa a ilus a lo que en es e apa ado deseo a i ma , adelan o aquí una
pa e sus ancial del mismo en la que el poe a decla a que en nues a ida « odo pasa y odo
queda». Sob e la idea poé ica que nu e es e e so, Ce ezo sos iene que es un impulso po
«con e i el iempo biológico en iempo de conciencia»
82
. Tiempo biológico o iempo
c onológico, odo pasa, di e enciado del iempo subje i o, odo queda. En es e úl imo, la
conciencia juega un papel en el p opio in e io de es de las ases en las que podemos di idi el
iempo de conciencia. Del iempo que somos, del iempo del que inimos y del iempo que nos
queda. Den o del conjun o que o man los se es i os, esa con e sión del sen ido del iempo a
la que Ce ezo alude, solamen e la puede hace el se humano. El humano es el único se capaz
de imagina , c ea y ep esen a su p opia si uación. Esa es nues a en aja.
De cada aquí y aho a, singula e i epe ible, podemos ex ae un plano. En el dinámico lui
de la ida, cap u a un plano exige ealiza un co e. Es una o o ija en la que se cap u a, se ena
y se combina la coyun u a y la si uación de ese p esen e. El eje cicio de in e p e ación de la igu a
esul an e de ese co e no es o a cosa que la elabo ación de un diagnós ico y una na ación. Esa
in e p e ación se sus ancia en una ep esen ación simbólica de un iempo de conciencia que habla
de noso os, en un aquí y en un aho a, inme sos en las ci cuns ancias a o ables y en las
di icul ades exis en es. Es a u ilidad iene sus iesgos. El iempo luye sin cesa . De ene un
ins an e con el in de es udia lo sólo puede se ob a de un p ocedimien o c ea i o de la
imaginación humana. De ene un ins an e es congela lo. Es co a una ebanada de iempo y de
sensibilidad que sólo se puede sepa a a i iciosamen e de la co ien e de la ida. Desde es e
pun o de is a, ese ins an e ex aído es un i eal aquí y aho a. En la ealidad, el discu i de la
ida nunca se de iene sal o en su lími e in anqueable, cuando llega la mue e. Es cie o que en
odo análisis que hagamos sob e enómenos y acon ecimien os i ales siemp e hay un momen o
en el que hemos de de ene el p oceso. En onces cen amos la mi ada sob e una de e minada
si uación en una coyun u a dada de nues a ida. De algún modo, seccionamos y de enemos
a i iciosamen e una po ción de un odo que es dinámico, un odo que segui á ci culando a a és
de sucesi as ases. Pe o, la imagen que elabo emos de cualquie si uación coyun u al co e el
pelig o de asemeja se a la de un o og ama e íme o, desgajado de un ilm. Es un elemen o mínimo
82
(Ce ezo, P., (1975), Palab a en el iempo. Poesía y iloso ía en An onio Machado, Ed. G edos, pág. 70, Mad id
!
!
67
y sin capacidad pa a ep esen a la o alidad de un p oceso que ha enido un an es y que p osigue
hacia el u u o. Nues a biog a ía no puede se comp endida como si ue a la su u a de
incon ables o og amas que se yux apusie an en e sí. Además, de una compa imen ación
es anca no se puede ele a una ep esen ación que aba que odas las posibilidades, dimensiones
y ma ices. El o og ama es un ins an e congelado de una secuencia que jun o con o as o ma ían
la cin a de nues a ida.
Pe o nues a na e se desplaza lomos de un de eni que es luido y cambian e. Recibe el
in lujo de odo ipo de ue zas e ine cias his ó icas y cul u ales que ienen de lejos. Y en
complejas si uaciones esa na e ecibe impe uosos emba es que en alguna medida nos empujan a
co egi el sen ido. Algunos acon ecimien os dis up i os, –pensemos en ompien es y en
descon olados emolinos–, pueden hace nos nau aga o, po el con a io, pueden con e i se en
expe iencias do adas con el pode ans o mado con el que se nu en nues os p oyec os
emancipado es. En cada uno de noso os es á p esen e en po encia el pode de la c ea i idad pa a
imagina salidas hacia un mundo mejo , pa a elabo a imágenes e ideas que se il en e imp egnen
ese singula discu i p ác ico que somos. Pe o, en un sen ido con a io, ambién juegan su papel
unos disposi i os más cáus icos en los que nues a na egación se de iene.
Calma chicha, no hincha el ien o
las elas del albed ío;
se e ha co ado el alien o
y con el alien o el b ío.
Calma chicha, due me el alma
y con el alma la ida,
y has a la calma se ol ida,
mo al calma…
83
Como complemen o a lo dicho, es p eciso ambién deci que el sen ido de la ida no es un
epi enómeno espi i ualis a que se agüe de espaldas a las expe iencias p ác icas de los suje os
his ó icos ealmen e exis en es.
* * *
En cada p esen e, el o den coexis e con las pe u baciones. En un mismo momen o jun o a
la de e minación y a los con oles más so is icados exis e una compleja combinación de
con ingencias aza osas. La incidencia de lo inespe ado sob e el de eni de las cosas que nos
concie nen hace que se es ume cualquie an asía en la que soñamos ene las cosas bajo nues o
83
Unamuno, M., (2002), Ob as comple as, V. Cancione o. Poesías suel as. T aducciones, Ed. Fundación José
An onio de Cas o, pág. 589, Mad id
!
!
!
68
dominio. De imp o iso, algunos condicionan es cuya exis encia desconocíamos o que
inopinadamen e se ha mudado pa a nues a conciencia son los que juegan sus bazas. En e esos
condicionan es se encuen an ue zas di ícilmen e p e isibles o calculables. In en emos pensa
en el caos, en el aza o en odo lo que en un momen o dado se nos escapa o que endemos a pensa
que es i acional. Vis o así, el juego de las in e p e aciones y de las diagnosis ilosó icas que
hagamos sob e nues a si uación exis encial ha de a ende una g an a iedad de a iables y
esul ados. Los hechos y acon ecimien os a in e p e a an b o ando en un enso y pe manen e
diálogo que se es ablece en e odo ipo de ac o es e in luencias p oceden es de muy a iados
planos, económicos, polí icos, e c.
Con mayo azón si cabe, se puede deci que la eme gencia de un sen ido de la ida al que
pe manen emen e aludi é en es e abajo de esis no es solamen e el u o de la mu ua elación de
aquellos elemen os que se mues an a nues a mi ada de un modo más conscien e, más diu no o
más isible. Los elemen os que en cada p esen e juegan su papel y que además se di isan de
o ma más diá ana sob e el escena io de la ida son impo an es. Pe o no son los únicos. Sólo
son las ue zas que se encuen an en la supe icie que apa ece an e nues os ojos. Son la pa e del
icebe g que asoma. No obs an e, exis en y ac úan o as ue zas ubicadas en la pa e sume gida de
la men e, en el légamo en el que odo lo inconscien e se zambulle. Exis en y no se obse an a
simple is a. Sin emba go, juegan un impo an e papel. En cada si uación y coyun u a, esas
ue zas que no se mues an a nues o mi a , sin emba go, in luyen pode osamen e en la
p oducción y en la in e p e ación que hacemos del sen ido de nues a ida. Dicho de o o modo.
El sen ido esul an e siemp e eme ge y se e-con ex ualiza en cada combinación en e coyun u a
y si uación. Desde el pun o de is a pa icula en el que cada indi iduo es é ubicado, la si uación
p esen e, aquella en la que es á ins alado, es el complejo esul ado de la mu ua elación
en ol en e que se es ablece en e odos los aludidos ac o es.
!
!
69
El ol que el pasado juega en el p esen e
¿Po qué es más ácil conoce el pasado que el p esen e? El p esen e se nos p esen a como
algo in o me y luido, como si no acaba a de decan a se. Muy el con a io, a poco que pensemos
ace ca de cualquie pasado, inmedia amen e nos asal a á la idea de que es una ealidad hace
iempo sedimen ada. Es o es así a pesa de que, pa adójicamen e, cuan o más emo a sea una
si uación pasada menos ó mulas nos o ece á. Menos ecu sos di ec os end emos pa a conoce
algo que ya es i e e sible. En el pasado, lo mismo que en el p esen e, asis imos a la combinación
de adiciones con inno aciones y discon inuidades. Tal ez se pueda a i ma que el
conocimien o del p e é i o es más iable, en la medida en la que condensa unos elemen os
simbólicos y unos alo es pe enecien es a p ocesos ya concluidos. Po el con a io, ¿quién puede
adi ina po donde discu i á en el u u o la p oyección del p esen e?
Exp esado en los é minos empleados po Cas o iadis
84
, «[…] el p esen e es á siemp e
cons i uido po un pasado que lo habi a y po un u u o al que an icipa».
Sin desconside a que somos se es biológicos, al e e i se a la na u aleza humana,
Cas o iadis des aca, po un lado, que los humanos somos «psyche, alma, psique p o unda,
inconscien e». Po o o lado, añade que ambién somos se es socializados: «[…] el homb e es
sociedad, es en y po la sociedad, su ins i ución y las signi icaciones imagina ias sociales que
hacen ap a a la psique pa a la ida».
Las a iculaciones que se pueden es ablece en e la psique p o unda, po un lado, y, po
o o lado, esas signi icaciones imagina ias sociales que hacen ap a a la psique pa a la ida se
sus ancian de unos de e minados modos y no de o os en cada época y en cada suje o. En cada
p esen e, pe sis en y se mani ies an odo ipo de mi os y c eencias, conno aciones simbólicas,
es uc u as cogni i as y ca ego ías concep uales. En e apas an e io es, esas signi icaciones
imagina ias se es ablecie on como un sus a o, an o en la sensibilidad y en la men alidad
84
Cas o iadis, C., (1998a), El ascenso de la insigni icancia, Ed. Cá ed a, pág. 112, Mad id
!
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!
70
colec i as como en la o mación de las psiques indi iduales. Me e ie o a odas aquellas
signi icaciones cul u ales que imp egna on el espí i u de los suje os exis en es, es o es, las que
en su combinación pa icipa on en la o mación del modo singula que ue cob ando cada quien.
También hago alusión a los alo es y a las c eencias que los suje os asimila on en sus idas con
obje o de comp ende y es ablece un de e minado o den en sus mundos. Muchos de esos alo es,
ca ego ías y c eencias aspasa on los lími es de la época de su eme gencia his ó ica y de su
consolidación cul u al. Lo hicie on po ob a de la pa icula ine cia que las sucesi as
gene aciones les imp imie on. Al econoce y espalda su au o idad, les siguie on dando c édi o
y ida. En cada pe iodo de iempo y en las acciones de ca ác e colec i o, esos alo es, ca ego ías
y c eencias ue on siendo esigni icados. Se cons a a así que las con icciones iajan a a és de
las décadas e incluso de los siglos. Como aquellos b azos de ma que pene an p o undamen e
en la cos a, sob epasan su época y acceden has a el p esen e. Habiendo nacido en un pasado
incluso emo o, esas signi icaciones imagina ias se apa ean de un modo p odigioso con odas
aquellas no edades y ans o maciones que nacen en cada aho a.
En e o os modos posibles, el pasado lo podemos en ende como el o den de cosas que
u o igo en o o iempo de nues a ida. Nues a memo ia, no desp o is a de in en i a, accede
a él y lo ec ea cada ez que lo in oca. Pe o lo hace de un modo ambalean e. Finalmen e, al y
como dice Ricœu , ese iaje al pasado «desemboca en una si uación i esoluble: po un lado,
pe sis e el deseo de idelidad de la memo ia y, po o o, se impone la al a de iabilidad de és a»
85
.
En el plano e olu i o indi idual, la memo ia es un i ual luga donde se asien an los es os
p opo cionados po las expe iencias que acumulamos a lo la go de la ida. La na e de nues o
pasado, le ada con oda una ca ga de signi icados y c eencias, a iba has a nues o p esen e. Se
il a has a alcanza el ins an e más p óximo en el iempo. Llega has a el aquí y aho a. Pene a
en la si uación ac ual y, po algún compendio de ac o es, acon ecimien os que nos pasa on
iempo ha siguen in luyéndonos pode osamen e.
La mayo ía de las cosas que nos sucedie on en el pasado caye on en el ol ido. En el es o
que aun pe manece en la memo ia abunda un ipo de signi icaciones imagina ias que se ajus a on
y se asen a on en nues o se , enga zadas a los pa áme os cul u ales que nos ue on ans e idos
en un inin e umpido p oceso de socialización
86
. Po lo gene al, con ales signi icaciones
85
Ricœu , P., (1999), Op. ci ., pág. 84 y ss.
!
86
«Se socializado signi ica, en p ime luga y sob e odo, in es i la ins i ución exis en e de la sociedad y las
signi icaciones imagina ias inse as en es a ins i ución. Es as signi icaciones imagina ias son: los dioses, los
espí i us, los mi os, los ó ems, los abúes, la amilia, la sobe anía, la ley, el ciudadano, la el Es ado, la me cancía,
el capi al, el in e és, la ealidad, e cé e a. La ealidad es, e iden emen e, una signi icación imagina ia, y su con enido
pa icula es á ue emen e code e minado, pa a cada sociedad, po la ins i ución imagina ia de la sociedad».
!
!
71
imagina ias uimos dando espues as p e-con eccionadas a las g andes p egun as exis enciales.
A pesa de que se e igie on en épocas alejadas del iempo p esen e, esa dis ancia no es óbice pa a
que aún sos engamos de un modo esigni icado alguna pa e de aquellos an iguos alo es. Se
consolida on en o ma de c eencias. Tiempo a ás, esas signi icaciones imagina ias se adhi ie on
a nues as cos umb es y u inas de un modo an consolidado, que aún siguen en amando en
alguna medida el sen ido que o o gamos a nues as idas. Lo siguen haciendo, a pesa de que
muchas en e ellas son ideas y i uales que hace iempo deja on de ene una igencia de p ime
o den pa a la o mación de nues o sen ido común. Con el paso de los años, ue zas p opias de
la dinámica de la ida social a as a on muchos de es os disposi i os de sen ido hacia los
má genes dado que al inal, las no edades y cambios que sob e ienen en la his o ia siemp e se
ab en paso. La ue za de lo nue o a as a muchas de las igu as y o mas que es as
signi icaciones imagina ias sociales adqui ie on iempo a ás. En algunos casos lo hacen has a
su o al a umbamien o. Las o mas adqui idas po algunas en e esas signi icaciones imagina ias
se demues an anac ónicas hoy. Pe o, a pesa de su apa en e obsolescencia aún son adop adas
como guías pa a la p opia exis encia en e ex ensas capas de la población. En gene al, me e ie o
a odos aquellos alo es sociales y cul u ales, a odo ipo de modos de ep esen ación de la
ealidad, p esupues os ilosó icos, e c. que en un pasado pa ecie on es a colmados de sen ido.
En iempos p e é i os, es e impo an e ac o les pe mi ió log a un es a us de econocimien o.
Pasa on a o ma pa e del a mazón que sos enía al sen ido común de la época
87
.
En e ese conjun o de disposi i os ambién se encuen an las expec a i as a ibuibles al
« u u o co espondien e a las gene aciones pasadas; con más concisión, al u u o pasado»
88
.
(Cas o iadis, C., (2001), Figu as de lo pensable. Las enc ucijadas del labe in o VI, Ed. F. C. E., pág. 187, México
D.F.)
!
87
«Ese inconscien e colec i o, que oda ía esul a de buen ono desp es igia , cons i uye el a mazón del sen ido
común. Es como una especie de sus a o mí ico que su ge, de di e sas mane as, po odos los po os del cue po social.
Cons i uye la expe iencia de lo i o a aigándose muy lejos en la memo ia de la humanidad». (Ma esoli, M., (1997),
Op. ci ., págs. 231-232)
!
88
Koselleck, R., (1993), Fu u o pasado. Pa a una semán ica de los iempos his ó icos, Ed. Paidós, pág. 23,
Ba celona
!
!
!
72
El ol de nues o u u o en el p esen e
Fo jada en la p opia in imidad, la idea que nos hacemos del que se á nues o u u o indi idual
puede se concebida como una plu alidad de igu as que los eje cicios de la imaginación c ea i a
no dejan de an icipa en nues a pan alla men al. Es la e ocación de un mañana me a ó icamen e
ap ehendido po la e ina de nues a conciencia. Las imágenes que en ella p oyec amos son una
sue e de sín esis mo ediza, un p ecipi ado esul an e de la in e acción c ea i a en e:
• Unos ideales in eg ados po odo ipo de sueños, aspi aciones, deseos y expec a i as;
• Todo lo que la memo ia a ec i a nos hace e i i y a su modo nos sugie e en cada
p esen e;
• Lo que hoy somos y lo que es capaz de llega a se aquel se humano en el que c eemos
que nos hemos con e ido.
En consecuencia, desde el plano de la p oducción de la p opia subje i idad debe ene se en cuen a
y se ponde ado odo aquello que cada suje o indi idual iende a se . También odo lo que
conside a que debe adminis a p opulsado an o po sus deseos e in enciones como po la mejo
o peo pe cepción que enga de sus p opias posibilidades. Asimismo, juega un ol nada
desdeñable aquello que cada suje o c ee, i memen e y de un modo ín imo, que es á llamado a
se .
Con la excepción de la al a de al e na i as con las que nos limi a nues a condición mo al,
en cada p esen e la ealidad suele o ece a cada se humano indi idual más de una salida. Los
homb es y muje es his ó icos enemos la esponsabilidad de esponde a las exigencias que nos
plan ean aquellos mundos que nos en uel en y a añen en la cadena de si uaciones que componen
el de eni de nues as idas.
!
!
73
An es o después, hemos de oma decisiones imp escindibles. A menudo, sob e asun os
que en buena medida no con olamos y sob e los que ni siquie a podemos hace diagnós icos o
p onós icos iables. No sabemos hacia dónde nos conduci án los acon ecimien os dado que, como
apun a Cas o iadis, «cada sociedad es á sume gida en una dimensión empo al indominable, un
u u o que es á po hace se, ela i o al cual no solo hay eno mes ince idumb es, sino decisiones
que deben se omadas»
89
.
Como ha quedado indicado, las igu as con las que hoy o mamos cómo se á nues a
au oimagen en el u u o son unas es imaciones o cons ucciones men ales que, bien encaminadas,
es án des inadas a au o-comp ende nos mejo . Cada una de ellas se á p oduc o de pe manen es
y con inuos diálogos es ablecidos en e dos polos.
En el p ime polo in e locu o se si úa el conjun o de imágenes e ideas consolidadas que,
en una u o a de e minada e apa de nues a ida, man enemos con cie a i meza ace ca de cómo
es nues a iden idad pe sonal. Aquí y aho a, me e ie o a las que p ocesamos a pa i de las
de iniciones y modelos cul u almen e consolidados en la sociedad en la que nos hemos o mado.
La au o idad y el pode de pe suasión que sob e noso os eje cen los ma cos simbólicos
es ablecidos en la época y luga en los que habi amos nos inducen a ep oduci un de e minado
conjun o es uc u ado de c eencias. Ese conjun o es á o mado po un p ecipi ado de
ep esen aciones men ales en e las que se hallan an o las de p opia elabo ación como las
ealizadas po o os que, bajo su in luencia, hemos me abolizado. Son la suma e hib idación de
ace as de lo que has a un momen o dado p esen imos que somos o que hemos llegado a se .
En el o o polo del diálogo se ubican las p oyecciones c ea i as en las que lo imagina i o
se hib ida con lo in elec ual y lo sensible. F en e a las de iniciones con las que unos es echos
en oques ilosó icos nos hacen pensa y e el mundo como si és e ue a una ealidad
esencialmen e ce ada, dichas p oyecciones hacen eme ge en noso os unos indicios
cuali a i amen e dis in os desde la ex e io idad que siemp e ocupa oda ecunda icción. Como
esc ibe Ricœu , en e «lo ac ualmen e ealizable y lo imposible exis e en p incipio un ma gen
in e medio (…)»
90
. Es en ese ma gen donde podemos explo a posibilidades. Es un i ual
espacio en el que islumb amos lo que aún no somos y a un iempo ap eciamos que es á en
noso os en po encia, lis o pa a se sondeado. Si el in en o uc i ica desbo da á los limi es de
89
Cas o iadis, C., (1997), pág. 196.
!
90
Ricœu , P., (1994), Ideología y u opía, Ed. Gedisa, págs. 317 y ss., Ba celona
!
!
!
80
es capaz de p oduci imágenes y igu as lúcidas. És as nos pe mi i án amplia el campo de lo eal
que somos capaces de a ende .
Conside o aho a necesa io pone algún con apeso con el que con abalancea lo expues o.
A i ma que el camino se hace al anda es econoce que el u u o no es á ni esc i o ni
i emediablemen e de e minado. Es á abie o al aza . Y al cambio que pueda se p o ocado po
las supe io es ins ancias que nos en uel en. Es á some ido a ue zas de las que no podemos
sus ae nos. Cuando es udia las a en u as de don Quijo e, To en e Balles e cen a su a ención,
po un momen o, en el choque en e el pe sonaje que camina y los aza es que le an su giendo a
cada paso en el camino:
«Desde el emo o ejemplo de la Odisea, la na ación de a en u as esul a de la combinación
de dos elemen os es uc u an es: un caminan e y el aza , de al sue e o ganizados que, siendo uno
el caminan e, sean muchos los aza es. Cada uno de ellos, según el sis ema de ci cuns ancias, puede
ac ua de dos mane as básicas: o pa a esol e la si uación c eada po el an e io , o pa a c ea una
nue a, sin que al en ejemplos de ambas unciones ealizadas po un solo aza »
101
.
Con obje o de ex ende el hilo a gumen al que eco e el ex o has a aho a expues o, y
omado como ejemplo pa a pensa , plan eo aquí la siguien e cues ión. Acaso an es de que en la
his o ia sucedie an los acon ecimien os al y como sucedie on, ¿alguien pudo p e e que lo que
po ejemplo ocu ió en el campo de ex e minio de Auschwi z
102
llega a a se ideado, o ganizado
y legi imado po unas men es que ie on en ese ne ando c imen un ac o de g andeza?
Sin necesidad de esponde a lo o mulado en esa p egun a, se puede conclui con una
ama ga cons a ación. La c ea i idad pa a el mal ambién o ma pa e del eno me pode de diseño
y de p oyección de o os mundos posibles. Sin emba go, an e la ca a pe e sa que la imaginación
de los humanos ha mos ado en de e minados momen os de la his o ia, me eo obligado a insis i :
¿alguien pudo an icipa lo que Auschwi z simbólicamen e ep esen a hoy pa a amplia nues o
conocimien o de la condición humana? Desde ese doble ondo de nues a ealidad en el que se
si úan las ábulas y los mi os
103
que o ien an nues o p ocede , ¿es desca able que puedan ol e
a eme ge p oyec os simila es a la que sus pe pe ado es denomina on solución inal?
* * *
101
To en e Balles e , G., (2004), El Quijo e como juego y o os abajos c í icos, Ed. Des ino, pág. 15, Ba celona
!
102
Sa amago se e ie e a la esonancia que p oduce la palab a Auschwi z de la que dice que ep esen a «la
quin aesencia del ho o en el siglo XX». (Halpe ín, J., (2002), Con e saciones con Sa amago, Ed. Ica ia, pág. 90,
Ba celona)
!
103
G ass, G., (1996), Op. ci ., pág.65
!
!
81
Cada se humano exis e en una época de e minada y du an e un iempo limi ado. Como
queda dicho, pa a cada indi iduo his ó ico el in e alo empo al de su ida es una o alidad
singula . En cie o modo, es el segmen o empo al que e idencia su es ancia y su paso po el
mundo. Esa o alidad singula es á poblada po una inusi ada a iedad de si uaciones
exis enciales. Dicho a g andes asgos, es azonable admi i que en el ascu so de odos los
a a a es que a ec an a la ida humana coexis en y se al e nan dos g andes modos de habi a en
el iempo exis encial.
Nos encon amos en p ime luga con un iempo c onológico o iempo común pa a odos.
Lo expe imen amos de al modo que llegamos a c ee que es cons an e, con inuo y homogéneo
dado que es amos an e el iempo es e eo ipado de las agujas del eloj. Es medible y di isible en
días, ho as y minu os. Nues as men es lo conciben luyendo linealmen e
104
como la lecha que
se di ige hacia el u u o. Queda inculado con el uni e so de ci cuns ancias en ol en es del
mundo de la ida. Ellas son en su conjun o las que ma can pa a la olun ad de los suje os
exis en es el ho izon e de posibilidades que se les ab e en una u o a época. Esas ci cuns ancias
exigen un cumplimien o ca ac e izado po su ex e io idad, po su cla a condición
sup aindi idual, común y social. Ése es el iempo indi e enciado que p eponde a en cada
p esen e. Es el iempo echado, el p opio de una ida que es á es uc u ada po el cumplimien o
de oles sociales y a menudo anegada po océanos de u ina
105
.
En lo más inmedia o, el mundo de la expe iencia o dina ia es á ma cado po la necesidad.
Es un ma co en el que expe imen amos oda clase de di icul ades i ales que hemos de i
esol iendo. En ese día a día, es amos ap emiados a da p e e encia a odo aquello que
pe en o iamen e equie e nues a a ención e ec i a. La mayo pa e de ese iempo hemos de
abo da los múl iples ámi es con los que esol e las icisi udes co idianas. He ahí las
p io idades que nos ma can la pau a pa a las u inas básicas. En ese mundo o dina io p ecisamos
de un o den de pensamien o p ác ico que nos habili e pa a acopla nos al mundo de escasez o de
abundancia que nos haya ocado i i .
En una ealidad así desc i a, nos encon amos an e el que Blumenbe g denomina el
104
Mailla d se e ie e a «la linealidad inexo able de lo eal an e la que el homb e de ca ne y hueso nada puede,
ejempli icada en el iempo lógico de la his o ia». (Mailla d, M. L., (1997), Ma ía Zamb ano. La li e a u a como
conocimien o y pa icipación, Ed. Uni e si a de Lleida, pág. 145, Lleida)
105
A gullol, R., (2002), El cazado de ins an es. Cuade no de a esía 1990-1995, Ed. Des ino, pág. 11, Mad id
!
!
!
82
inmedia o mundo de la expe iencia común y co idiana. Pa a la mayo ía de la población mundial
las necesidades más ap emian es e inmedia as sob e-de e minan la conciencia de lo que es la
ida. En esa ineludible dimensión de la co idianeidad se impone la ía e inmedia a ealidad de
lo ác ico. No es exage ado pensa que una inmensa mayo ía de la humanidad ha es ado y es á
supedi ada a i i den o de los lími es de unas expe iencias co idianas que son in olun a ias
dado que ni son comple amen e elegidas, ni comp endidas, ni conscien emen e de inidas. Y, po
lo gene al, ampoco son del odo lib emen e asumidas o acep adas. Conocido el pequeño mundo
de sus expe iencias, cada indi iduo his ó ico y conc e o, como cualquie a de los habi an es de la
alego ía de la ca e na pla ónica
106
, en p incipio, sólo e lo que hay den o de un medio que le
enco se a. Todo con ibuye a que se haga posible la que B.-Ch. Han denomina la alienación de
sí mismo. De alguna mane a, ese co sé obliga a los indi iduos a lle a una ida aquí ica en las
sociedades de adical escasez. Sin emba go, esa au oalienación ambién exis e, pe o impe a de
o o modo en las sociedades de la abundancia
107
.
Las aspi aciones de los habi an es de unos mundos así de inidos únicamen e pueden
islumb a se y se sus anciadas den o de los condicionamien os que cada sociedad dada impone
a las posibilidades indi iduales. En las mode nas sociedades an o los lími es como el
encauzamien o de esas aspi aciones es án di igidos y gobe nados po disposi i os de dominación
c eados pa a la p oducción de subje i idades sumisas. Son disposi i os que i adian su in luencia
en el in e io del uni e so en el que las idas discu en, allí donde las sucesi as di icul ades de
la ida de cada día ap emian a los se es humanos de ca ne y hueso. Les p edisponen pa a igno a
la posibilidad de o as opciones al e na i as que la in en i a de los suje os únicamen e
comenza ía a di isa las si cambia a adicalmen e la pe spec i a desde la que piensa. Algo
pa adójicamen e compa able sucede an o en las sociedades sumidas en la escasez como en
aquellas adicalmen e dis in as en las que sob eabundan las cosas y los es ímulos pa a
consumi las. En las ac uales sociedades de la abundancia des aca un enómeno polí ico y
an opológico de p ime o den. En ellas se p oduce una acele ada y p og esi a pene ación de
oda sue e de disposi i os que el pode des ina a la sujeción de las idas de las gen es. Es un
pode eple o de au oma ismos ecnológicos, adminis a i os, legisla i os, e c. que iene a su
disposición pa a o ganiza las idas al ededo del alo ins umen al y del endimien o
106
A i ma Blumenbe g que «[l]a ca e na es un mundo de la ida en el sen ido de que la pe iodicidad de los
enómenos que se p oducen no sólo es ini a, sino que además es an exigua como pa a cumpli con la ipología del
ho izon e de expec a i as de los p isione os de la ca e na y no deses abiliza la». (Blumenbe g, H., (2013), Teo ía
del mundo de la ida, Ed. F.C.E., pág. 166, Buenos Ai es)
107
«La ano exia, la bulimia o el as o no de sob einges a compulsi a son sín omas de una p og esi a alienación de
si mismo. AI inal uno ya no sien e su p opio cue po». (Han, B.-Ch., (2017), La expulsión de lo dis in o, Ed. He de ,
pág. 65, Ba celona)
!
!
83
económico. Sob e la base de unos medios ecnológicos a su se icio que cada ez son más
so is icados, e icaces y homogeneizado es, ese pode impac a una y o a ez sob e las
conciencias de los exis en es con el i me p opósi o de alinea las, homogeneiza las y hace las
compa ibles con sus p opios ines. Con una impecable cons ancia ho adan y deshacen incluso los
luga es más ín imos del «alma», aquéllos que siemp e habíamos endido a conside a como pa e
de una «es e a pu a, apa ada de las elaciones legales, de pode y posesión de la me a ida»
108
.
Sus es a egias pa a la me can ilización de la ida incluyen la p oducción de las subje i idades
de los suje os his ó icos. Así, el denominado ci cui o de la me cancía pene a y se ap opia del
gobie no de zonas cada ez más p o undas e ín imas de nues as psiques
109
. Hace iempo que
hemos en ado en el ci cui o del homo consumens, suje o- ipo que en las ac uales sociedades
occiden ales llega a se pe cibido como un suje o consumido. Va imo lo concibe así. Ese suje o,
en azón de «su ac i ud hacia la p opia condición his ó ica, pa ece incapaz de o ece
“ esis encia”: es és e el p ime sen ido en el que, me pa ece, puede habla se de un suje o
“consumido”»
110
. Po lo an o, en el iempo que nos ha ocado en sue e, es amos an e un «suje o
a apado y sie o, (…) consumido consumido de la lógica neolibe al.»
111
Has a hace unos años, exis ían á eas de la subje i idad que no e an obje o di ec o del
in e cambio me can il. Hoy odo ha cambiado. Pocas ac i idades sociales quedan ya en las que
no se conjuguen los e bos comp a y ende , o de las que se pueda deci que en su seno no se
ealicen ansacciones económicas. Bauman ha ca ac e izado la sociedad de consumido es, «po
e unda las elaciones in e humanas a imagen y semejanza de las elaciones que se es ablecen
en e consumido es y obje os de consumo»
112
. En sin onía con lo dicho, en nues as ac uales
ealidades sociales, es e enómeno es una espues a y una ealidad acele ada. Cons i uye una
demos ación cada ez más in ensa y subo dinada a los p ecep os que impone la «colonización
de la ida po pa e de los me cados»
113
. Así, en la sociedad del exceso, den o de la ab umado a
108
Han, B.- Ch., (2016), Topología de la iolencia, Ed. He de , pág. 62, Ba celona
109
«De ahí la sensación que a eces nos in ade de que el capi alismo ha ganado de ini i amen e, de que se ha
impues o en el cen o de los sis emas polí icos y que, pene ando muy p o undamen e en los modos de ida de las
poblaciones, ha conseguido cambia el co azón y el alma de la gen e, colmando así los deseos de Ma ga e Thache .»
(La al, Ch. y Da do , P., (2015), Común. Ensayo sob e la e olución en el siglo XXI, Ed. Gedisa, págs. 650-651,
Ba celona)
!
110
Va imo, G., “El consumido consumido”, en VV. AA., (1990), El suje o eu opeo, Ed. Pablo Iglesias, pág. 35,
Mad id
111
Alemán, J., (2019), Capi alismo. C imen pe ec o o emancipación, Ed. Nue os Emp endimien os Edi o iales,
pág. 30, Ba celona
!
112
Bauman, Z., (2007), Vida de consumo, Ed. F. C. E., pág. 24, México D.F.
!
113
Bauman, Z., (2007), Op. ci ., pág. 89
!
!
84
abundancia ci cundan e, el se humano llega a se conside ado como «una c ia u a insa is echa
abocada al consumo masi o»
114
.
Los se es humanos así desc i os no suelen o ece se a sí mismos un iempo dedicado a una
pausada e lexión. O simplemen e, en e an as obligaciones y ex a íos, ese iempo no cabe en
sus agendas. Ese es el signo de la ac ualidad al que B.-Ch. Han se e ie e cuando habla del
«impe a i o del abajo, que deg ada a la pe sona a animal labo ans». El iempo en las ac uales
ci cuns ancias pie de su a oma. La que denomina hipe kinesia co idiana, añade B.-Ch. Han, es
la ue za que «a eba a a la ida humana cualquie elemen o con empla i o, cualquie capacidad
pa a demo a se. Supone la pé dida del mundo y del iempo»
115
.
Hoy es habi ual e cómo se da la espalda a la p egun a y a la dedicación a pensa ace ca
de qué pudie a habe ue a de lo que mues a un cegado oco, más allá de ese cí culo habi ado
po ac i udes, cosas y alo es que el s a u quo quie e in ensamen e iluminado. Es a o ma de
ep esen ación de la ealidad hace que sea complicado pa a se a pensa ace ca de odo lo que es á
si uado en la penumb a. Lo que es á ue a pa ecie a no exis i o ca ece de peso. En consecuencia,
la p egun a es la siguien e: ¿Qué es lo deseable en lo que exis e ue a de la luz cegado a que
p oyec a el oco de la lógica del me cado? Hoy y siemp e, pensa ue a de oco implica imagina
qué ipo de ida se adi ina ex amu os de la hipnó ica y deslumb an e ealidad que el pode
p e ende que sea la única.
El sen ido común hoy dominan e es á o ganizado en o no a un modelo de mundo
conside ado como el único posible. Él es el que imp ime su ca ác e a la mayo ía de los espacios
en los que nos desen ol emos. Tiende a p opicia en ellos la exis encia de un iempo con inuo y
acío pues es «el único en el que odo se uel e medible.»
116
La i encia de ese iempo es el de
las cons a aciones u ina ias que pasan sin deja poso alguno. Es un sen ido común que da cue po
a esa alsa pe o ineludible ealidad de somb as que es la ca e na o, acompasándome con lo dicho,
ei e a á únicamen e lo que queda bajo ese oco de luz cegado a. Cualquie a isbo de cu iosidad
po cualquie o a ealidad imaginada iende a queda debili ado. Conocemos incon ables
biog a ías de los que emen pe de aquello que ienen, po g ande o pequeño que ue a su caudal.
En consecuencia, caben muchas posibilidades de que a pa i de al sen ido común se conside e
114
Sánchez Capdequí, “Lo imagina io en la ci ilización de la imagen”, en VV. AA., (2008), Las posibilidades de
lo imagina io, Ed. del Se bal, pág. 64, Ba celona
115
Han, B.-Ch., (2018), El a oma del iempo. Un ensayo ilosó ico sob e el a e de demo a se, Ed. He de , págs.
10-11, Ba celona
116
Gadame , H.-G., (1998c), Op. ci ., pág. 300
!
!
!
85
inú il, incluso pelig oso pensa ilosó icamen e en o as salidas. Es muy posible que se le ache
de quijo e o enajenado a quien p oponga una explo ación o una uga más allá. A quien piense
que el iempo pa a la ida es á en o o luga en el que es p eciso pone las espe anzas. Ende en
su ob a Momo hace e e encia a los homb es g ises, lad ones del iempo de ida de los demás.
«¿No pod ías o ganiza lo de al mane a –p egun ó Momo– que los lad ones de iempo no
pudie an oba más a los homb es?
- No, eso no puedo hace lo –con es ó el maes o Ho a–, po que lo que los homb es hacen
con su iempo, ienen que decidi lo ellos mismos. También son ellos quienes han de de ende lo.
Yo sólo puedo adjudicá selo»
117
.
* * *
Nos encon amos con un segundo modo de habi a en o a pode osa dimensión del iempo,
muy dis in a de la an e io . De ez en cuando en la ida, apa ecen unas pa icula es y
di e enciadas expe iencias del i i . Me e ie o a una sucesión de ins an es y i encias singula es
que es án más acá, o que an más allá de los a a a es de la que Mo in denomina la banda media
de la exis encia
118
. Al deci de B.-Ch. Han, esa o a dimensión del iempo de au én ica ida,
«comienza a ene a oma cuando adquie e una du ación, cuando cob a una ensión na a i a o
una ensión p o unda, cuando gana en p o undidad y ampli ud, en espacio»
119
.
Mien as su cu so du a, ese o o modo de i i el iempo p esen a unas ca ac e ís icas
adicalmen e dis in as a las de un iempo empob ecido. Cuando nos encon amos implicados en
él expe imen amos una aguda ecep i idad men al. Es un in enso igo sensible, in elec ual y
espi i ual. De ez en cuando y en con adas ocasiones, en esa sucesión de ins an es pa ecie a
asoma un cla o en el camino. An e nues a mi ada se islumb a una e osímil p omesa de
eno ación pe sonal. En ese o o modo de es a en el iempo, las a ecciones ocasionadas en cada
uno de noso os ac úan como semillas que, en condiciones p opicias, bien pudie an o na se en
«los é ices decisi os de nues a exis encia […], [en nues a] edad de o o […]»
120
.
117
Ende, M., (1984), Momo, Ed. Al agua a, pág. 152, Mad id
118
Mo in, E., (2003), El Mé odo V. La humanidad de la humanidad, Ed. Cá ed a, pág. 142, Mad id
!
119
Han, B.-Ch., (2018), Op. ci ., pág. 38.
120
A gullol, R. (2002) Op. ci ., págs. 11 y ss.
!
!
86
Así, omados aquí como ejemplos, an e de e minadas ob as a ís icas, li e a ias, e c. puede
que hayamos enido la ocasión de i i unos ins an es «de al modo plenos que ue on iempo
desbo dado, al a ma ea que desbo dó los diques de la sucesión empo al»
121
.
De ez en cuando en la ida de cada quien, en momen os y en si uaciones en las que
i imos den o de la ida (Riechmann) eme ge inopinadamen e una sue e de llamada
pa icula men e inspi ado a. Es u o de ese o o ipo de iempo con a oma al que B.-Ch. Han se
e ie e. En su du ación, quienes han sabo eado lo que ese iempo o ece es án más p epa ados
pa a p oclama la exis encia de nue as opo unidades pa a segui comple ando ese singula puzle
que es el ín imo ela o de la p opia ida. En cada una de esas ocasiones el iempo si e pa a
p o undiza . Pa a iaja hacia la expe iencia. Nos o ece la opo unidad de ap opia nos de alguna
nue a pieza con la que segui comple ando un ela o que es mí ico y al mismo iempo pe sonal.
En de ini i a, nos in i a a sali de la ca e na o del oco de luz cegado a. Nos da la opo unidad
de ap oxima nos a quiénes p o undamen e podemos llega a se .
* * *
Esas posibilidades, así iluminadas, equie en, y es án suje as a cons an es in e p e aciones.
Dice A gullol que en ci cuns ancias de pleni ud espi i ual «conoce […] es elee nues o sec e o,
ol e una y o a ez a aquellos momen os áu eos que siendo nues os pun os de uga hacia el
enigma son, simul áneamen e, las iluminaciones que dan cla idad a nues o des ino»
122
.
Median e el empleo de un lenguaje poé ico y ilosó ico, A gullol señala que la
ep esen ación del p ime o de los modos de i i el iempo se hace den o del que él denomina
ela o o icial. En es e ela o y sob e el es o de ace as se sub aya una e sión de la na u aleza
humana en la que se hace más palpable el papel que cada suje o juega en an o que se compo a
como un pe seguido de segu idades. Po con a, en el segundo modo de i i el iempo
escuchamos, de un modo más sensible y pe sonal, una sue e de oz in e io que nos ins a a
encon a y a segui el p opio camino.
En el discu so de A gullol, esos ins an es p opios del segundo modo de i i el iempo se
121
Paz, O., (1986), Op. ci ., pág. 2
122
A gullol, R. (2002), Op. ci ., págs. 18 y ss.
!
!
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87
con ie en en la ma e ia p ima con la que elabo amos más c ea i amen e una pa icula ama de
signi icados exis enciales. El au o iene a deci que esa ama de signi icados es la que es uc u a
nues o ela o sec e o. Ese segundo ela o, una ez que ha cob ado una no able in luencia sob e
la p opia ida, iende a ans o ma se en ela o sub e si o. Ese ela o sec e o ambién se elabo a
en los pasajes de la ida en los que se da una dis o sión o consciencia ans igu ada del iempo.
En ci cuns ancias especiales y po la ue za de lo e ó ico, oní ico, é ico, c ea i o, e c., el se
humano se con ie e en un cazado de ins an es. En un ap endiz imagina i o que desea concilia
la i alidad de lo sensual y de lo espi i ual.
Ese ela o sec e o necesa iamen e se inca dina con oda una se ie de me aca ego ias que
usamos pa a en ende y ap ende de la ida. Laing mani ies a que «la cons ucción que
supe ponemos a nues a expe iencia es, en sí, pa e de la ama de odo aquello que
expe imen amos»
123
. Esa cons ucción supe pues a nace en la es e a de lo imagina io. Es á
p esen e en los modos cómo in e nalizamos y usamos los signi icados apo ados po los mi os,
po las ideas acionales, po los poemas, po las ob as a ís icas, e c. En de ini i a, po las igu as
y o mas simbólicas de odo ipo que con ibuyen a que con igu emos en nues a men e el o den
de lo eal. Su huella la encon a emos en el alcance, en la ex ensión y en la ue za que cob an en
noso os los signos lingüís icos, isuales, las nociones de iempo y espacio. O en las di e en es
o mas de sen i las emociones
124
en un en o no social y cul u al de e minados.
G acias a la e inada iqueza de los sabe es ob enidos en esas ocasiones en las que el iempo
conse a su a oma, podemos in e eni más ce e amen e en nues a ida. C ece nues a
sabidu ía. Además, nos damos el iempo p eciso pa a imagina cómo pudie an se los caminos
que hemos de segui . Los momen os especiales con los que se encuen a ese cazado de ins an es
se pueden me a o iza como si ue an islas en el iempo. De ese modo cons uimos ela os que
se supe ponen a nues a me a ida dándole un ono y un es ilo pe sonales.
Los signi icados que e luyen de la me á o a que denomina é a chipiélago de ins an es
es án bien alejados de los que pudie a ep esen a esa o a me á o a que imagina esas islas en el
iempo como si ue an unos idílicos domingos de la ida. T a o en odo momen o de man ene
que los momen os de descub imien o pe sonal no es án incomunicados de la es e a de la
co idianeidad. Muy al con a io. No es án con inados en una o e de ma il. Ni sepa ados de la
123
Laing, R.D, (1980), Los locos y los cue dos, Ed. C í ica, págs. 36-37, Ba celona
124
Dice T ías que, «[e]n azón de nues as emociones, pasiones y usos lingüís icos, do amos de sen ido y
signi icación al mundo de ida en que habi amos» azón po la cual nues o mundo se puede conside a un «uni e so
de sen ido». (T ías, E., (2000a), É ica y condición humana, Ed. Península, págs. 12-13, Ba celona)
!
!
!
88
que, pa a esa o a concepción de la condición humana, se ía los días de labo que pa a ellos
compond ían la ida eal y e ec i a. Conside o aquí lo con enien e que esul a pensa que nues a
ida es á amada po odo lo que somos y hacemos. Tan o po lo que nos pasa cuando es amos
inme sos en uno como en o o modo de se del iempo que somos.
No obs an e, la inmedia a in ensidad de esos ins an es, el modo en el que in laman nues a
sensibilidad, hace que las i encias ex ao dina ias en ellos sob e enidas, des aquen
sob emane a en el ue o in e no de cada suje o. Lo hacen de al modo que pa ecie an adqui i luz
en un ins an e que se ans o ma en expe iencia. Se cincelan an i memen e en la memo ia que
llegan a cob a un sen ido ela i amen e au ónomo. Sean expe iencias gozosas o sean
desdichadas gene an un sen ido pe sonal que con ibuye a que el suje o lab e su p opio u u o,
de un modo más madu o. Al deja enunciada es a unción p e endo sub aya la idea de que la
ida no es á o mada po compa imen os es ancos. Así, las expe iencias áu eas a las que
A gullol alude no son ealidades aisladas. Son expe iencias di ec as con uno mismo que
indi ec amen e iñen y modulan el es o de la ida. La inspi an o eciéndonos unas sa is acciones
que son simbólicas.
Una expe iencia adquie e esa cualidad áu ea en an o que el suje o singula que pasa po
ella queda in ensamen e conce nido. Se sien e a apado en las ci cuns ancias conc e as en las que
esa expe iencia u o luga . Al menos po un iempo. A pa i de un momen o, lo que de un modo
agudo sin ió en su ondo exis encial comenzó a adqui i un sen ido pendien e de se des elado
que, sin emba go, y en alguna medida, o iginó pe u baciones en su conciencia. Más a de, al
ez se le ab a la posibilidad de busca las palab as con las que exp esa los signi icados que esa
expe iencia libe ó en él. Pa icula men e, aquellos de los que iene la espe anza de ex ae algún
sabe pa a la ida. Pues bien, lo que de al modo ap enda a conoce se e e á e incidi á sob e el
iempo y sob e el con ex o de su ida o dina ia. Las expe iencias áu eas son acon ecimien os
especiales que apa ecen a lo la go de la ida. Aisladas en e sí. Pe o, en su discon inuidad se
sien en como un odo. Fo man una ealidad que pa ecie a si ua se más allá de la conca enación
de momen os sucesi os y con inuos que o ma el anscu so de la ida o dina ia. Sin emba go,
son ida in ensa. Esas expe iencias i aces es án unidas al discu i i al «po un des ino y un
simbolismo sec e o»
125
. Son o mas expe ienciales que se adi inan en la elación amo osa, sea
gozosa o sea desdichada. También en la a en u a, en el su imien o o en los es ados mís icos. O
en el poso que dejan algunos iajes. Más en pa icula , no amos su p esencia en el modo como
algunos de los esul ados de la acción a ís ica nos in luyen has a modi ica en pa e nues os
125
Simmel. G. (1999) “La a en u a” en Cul u a emenina y o os ensayos, Ed. Alba, pág. 21, Ba celona
!
!
!
89
es ados de ánimo. Tales o mas de au odescub imien o man ienen algo en común. La medida del
iempo que mues an es una exp esión compa able con «la exis encia doble de con enidos
espi i uales que apa ecen únicamen e en la ugacidad del p oceso psíquico, en el c isol siemp e
en mo imien o de la conciencia, pe o cuyo sen ido lógico posee una alidez a empo al, un
sen ido ideal, independien e de aquel momen o conscien e en que se hace ealidad pa a
noso os»
126
.
* * *
En los di e en es es a os del apa a o psíquico humano, allí donde se elabo an las
ep esen aciones men ales de las expe iencias humanas, se con igu a y cons an emen e se
ans o ma una labe ín ica ama. En p ime luga , o man pa e de esa ama los es a os más
supe iciales. Son los que podemos iden i ica con las capas más conscien es de la men e en los
que an o la in ención y la olun ad, como la u ina y la ine cia juegan un impo an e papel.
Exis en una se ie de es a os in e medios has a llega a los es a os más sume gidos de la psique
p o unda. Es en esas hondu as donde se elabo an sin cesa los p ocesos psíquicos más
inconscien es. Jus amen e, odas las pa es cons i u i as de es a ama se in e elacionan en e sí.
Además, cada una de ellas se o ganiza de una mane a ela i amen e di e en e y especí ica.
Cons i uyen las he e ogéneas oces o capas de la psique. Jun as o man un odo, singula en cada
indi iduo. Cada una de ellas impulsa a ac ua de dis in os modos. Se di e encian en e sí po las
dis in as o mas que ienen de conec a se y de expe imen a las di e sas á eas de lo eal. Así, los
es a os más ín imos del se , las capas más insondables del ce co en el que la conciencia es á
p óxima al inconscien e es án inculados con la c ea i idad imagina i a y con el pensamien o
inspi ado al que se e ie e Pen ose.
127
Po unos momen os, concen emos la a ención en ealidades psíquicas ubicadas en las
lade as somb ías de la men e, allí donde la azón lógica a du as penas llega. Allí mo an
insondables enigmas inculados con la na u aleza humana. Se esis en a se des elados po
medio de las ca ego ías empleadas po cualquie análisis lógico-concep ual. An e una mi ada
126
Simmel. G. (1999), Op. ci . pág. 27
!
127
«¿Cuál es en onces mi opinión sob e el papel del inconscien e en el pensamien o inspi ado? […] Es a es un á ea
en la que el inconscien e pa ece desempeña un papel esencial, y debo coincidi en la opinión de que los p ocesos
inconscien es son impo an es. Debo concede , asimismo, que no puede a a se simplemen e de que la men e
conscien e gene e ideas alea o iamen e. Debe habe un p oceso de selección eno memen e pode oso que pe mi e
que la men e conscien e sea pe u bada sólo po ideas que " ienen alguna posibilidad". En mi opinión, es os c i e ios
de selección — p incipalmen e los "es é icos" de alguna especie — han sido ya ue emen e in luidos po las
deside a as conscien es (como la sensación de ealdad que acompaña a las ideas ma emá icas incompa ibles con los
p incipios gene ales ya es ablecidos)». (Pen ose, R., (1996), La men e nue a del empe ado . En o no a la
cibe né ica, la men e y las leyes de la ísica, Ed. F. C. E., pág. 375, México, D. F.)
!
!
96
li e alidad de las mencionadas p esc ipciones, no mas y eglas. Bou dieu alude a la noción de
habi us, a la adquisición de una especie de sen ido del juego que iene odas las apa iencias de
una acción acional. Todos u ilizamos ese sen ido del juego pa a diagnos ica y esol e cada
si uación que se nos p esen e. Es un sen ido p ác ico. Es la enencia de un p incipio-guía, de un
conocimien o adqui ido que nos p epa a pa a sabe lo que hay que hace . Es «el a e de an icipa
el desa ollo u u o del juego»
142
.
En el con ex o eó ico ocupado po los p ocesos his ó icos de p oducción y ep oducción
de la subje i idad, p es a é una especial a ención a una sue e de binomio que, en e o os muchos
au o es, ha sido abo dado po Bauman. An e el able o de la ida, des acan dos g andes modos
de juga . Jun os, o man una unión de con a ios en una pe manen e pa ida. Son dos es ilos de
ida que quedan esumidos en la o mulación que omo p es ada de Bauman, a sabe , «la a ea
de cons i ui se a sí mismo y el hecho de se cons i uido po o o»
143
. En las siguien es páginas
abo da é sucin amen e las consecuencias que es os dos g andes es ilos de juego ienen
cen almen e en la p oducción de la subje i idad.
Comenza é diciendo que su mu ua e e encia, así como la lucha o la colabo ación en e
una y o a, son complejas elaciones que admi en g ados. Tan o la na u aleza de esa a ea como
la de ese hecho, es o es, cons i ui se a sí mismo o se cons i uido po o o, son cues iones que en
cada época y en cada pe sona se con igu an de unos modos pa icula es. Ambas a eas o man
dos pode osos ec o es que siemp e es án p esen es en el ue o in e no de cada cual. A a iesan
nues a subje i idad de a iba abajo. Como si ue an dos ue zas ac o as, ambas a as an
nues a de e minación en una u o a di ección. De mane a desigual, el mo imien o de ambos
ec o es abaja en la p epa ación de un u u o. En an o que p oyec os de cons ucción de nues a
subje i idad, cada uno de es os dos es ilos se sos iene sob e di e en es bases. Sob e unos
undamen os é icos o sob e unos plan eamien os polí icos y ilosó icos. que son adicalmen e
dis in os en e sí. En esa emp esa comple a que es la cons ucción de un es ilo pe sonal pa a la
ida, ambos ec o es esponden de un modo bien dis in o.
142
Bou dieu, P., (1997), Razones p ác icas, Ed. Anag ama, pág. 40, Ba celona
!
143
Bauman, Z., (2002), Op. ci ., pág. 26.
!
!
!
97
Esa di e encia se es ablece en los ines que nues a olun ad se p opone. En los modos
como ac uamos y nos conducimos. También en el peso que damos a las emociones y sen imien os
inculados con unos u o os alo es é icos. En las mane as en las que nos pe cibimos y nos
sen imos. En los modos con los que nos elacionamos con los o os y en las mane as que
asumimos una u o a iden idad, indi idual o colec i a.
Po lo gene al, ambos ec o es cohabi an en una mu ua y ensa elación. En úl ima
ins ancia, son la base pola que iman a una buena pa e de odos los pa adigmas cul u ales y
é icos que concie nen a la an opología de la subje i idad mode na. In en o se i me de es a
unión de con a ios pa a desa olla a g andes asgos dos modelos eó icos. Pa a cada suje o,
cons i uyen dos g andes líneas o ien ado as que coexis en en él. En una pe enne dispu a, ambas
ue zas juegan sus bazas. A cada uno nos p oponen dos g andes obje i os que en e sí son
con adic o ios. Exigen pau as opues as pa a el pensamien o y pa a la acción. Lo que en de ini i a
uno y o o a an es de sabe y ap ende a i i . A con inuación, los enuncia é de un modo
esumido.
1. En p ime luga , es amos an e un en oque es a égico que nos p opone asen a un
es ilo de ida, a pa i de los p eceden es que cada cual haya he edado. En e odas las
co ien es de pensamien o exis en es en un iempo y luga , en e sí en mu ua lucha, es e
p ime obje i o aconseja segui las pau as ecibidas de las isiones de la ealidad que en
esa época y luga sean hegemónicas. Básicamen e, su manda o consis i ía en a ende los
modos de se , de pensa y de sen i más asen ados. Los que de un modo ab umado
pe cibimos a a és de los il os in e pues os po los sis emas simbólicos dominan es.
Es e es ilo pe sonal se cons i uye median e la obediencia al p incipio de ealidad en la
o ma en la que en cada época se conc e e. En lo undamen al, se a a de un es ilo
pe sonal que ha sido con eccionado po olun ades ajenas.
2. El segundo obje i o pe sigue que eno emos el es ilo pe sonal es ánda que nos
ha sido p es ado. Incluso si p ocede, pide emo e de nues o ue o in e no las
expec a i as que o os ienen deposi adas en noso os. P esc ibe una mayo dosis de
c ea i idad. Exige una ape u a hacia la ince idumb e. Un alo pa a oma iesgos en
explo aciones po e i o ios desconocidos. Un mayo núme o de ensayos pa a encon a
nue as soluciones pe sonales y especí icas con las que esponde a los p oblemas
exis enciales. En úl imo ex emo, es e segundo obje i o p opone i i desde uno
!
!
98
mismo
144
. Incluso i a con aco ien e. So eando condicionamien os de odo ipo, impulsa
a cada indi iduo hacia la conquis a de su au onomía pe sonal. Es e p opósi o se sos iene
sob e un ma gen de maniob a pe sonal que siemp e es limi ado.
Inicio aquí pues, una e lexión en la que a a é de analiza los dos g andes ocos que es án
p esen es en la c eación y o mación de la subje i idad. Un p ime oco en el que la mi ada busca
sen ido en lo ya pensado. Un segundo oco en el que la ida iende a en ende se como un p oyec o
pe sonal.
P ime oco. Mi ada que busca sen ido en lo ya pensado
Las cues iones y dudas ilosó icas que nues o paso po la ida susci a, y las espues as que
han me ecido en la his o ia, o man dos uni e sos que ecíp ocamen e se lanzan mu uos puen es
le adizos. Son dos uni e sos que se necesi an mu uamen e.
En el p ime uni e so se si úan algunas p egun as ilosó icas exis en es en odas y en cada
una de las épocas. En cada p esen e que ad iene, los en onces con empo áneos siguen ei e ando
y abo dando unas cues iones exis enciales simila es en e sí. En lo undamen al se p egun an po
cuál pueda se el sen ido a da a la ida humana y o as que le son adlá e es.
El segundo uni e so es á ocupado po una a iada gama de ela os que e san ace ca de
los di e en es aspec os que con o man la condición humana. Aludo a un uni e so que, en cada
sociedad, es á con igu ado po un conjun o de p oducciones inma e iales, ins i uidas y
p o undamen e en aizadas en el imagina io colec i o.
144
S. Panike man iene que i i desde uno mismo es «en a en el p opio ma gen, es no pe mi i que los demás se
apode en de uno, es no es a «poseído», es pone se a i i po cuen a p opia». (Panike , S., (1983), Ap oximación
al o igen, Ed. Kai ós, pág. 372, Ba celona)
!
!
!
99
Pa a empeza , epa o en la exis encia de una p ime a ue za que nos llega desde di e sos
y a eces di usos pasados. Nos ae espues as elabo adas en dis in as épocas. P oceden de
iempos que, en ocasiones, son inmemo iales. Esas espues as se siguen conside ando álidas
pa a sa is ace las p egun as que an es o os se hacían y que noso os nos seguimos haciendo en
el iempo ac ual. En los p ime os años de nues as idas y en un con ex o social y cul u al dado,
es a p ime a ue za es la que i iga nues a men e con símbolos, imágenes e ideas. P opo ciona
las igas maes as que sos ienen la a qui ec u a de nues a psique. A a és de esa p ime a ue za
se moldean y di unden unas e siones de la ealidad que se in il an en nues as men es. Nos
p opo cionan así caminos que ya es aban hollados.
Dice Bauman que demasiado a menudo el é mino cul u a « ep esen a una soi-disan
es ación de se icio de la es uc u a, un ins umen o de con inuidad, ep oducción de la
uni o midad y esis encia al cambio». Luego añade que «cul u a e a lo que hacía que la gen e
desea a hace lo que debía hace […]»
145
. Aun cuando no se p esen en bajo la o ma de un
obligado cumplimien o, las pau as cul u ales ence adas en esos ela os, o ien an, o ganizan y
cons uyen algunas de las e e encias y de los alo es más impo an es que cualquie o den social
necesi a.
Me in e esa pone de elie e la g an a iedad de ela os, inse os en la adición, que es a
p ime a ue za aslada. Rela os ca gados de modos de se y de es a ; de p o o ipos y de igu as
des inadas a amolda las di e sas idiosinc asias que exis en en cada época. Re is en un especial
in e és los que e san sob e el sen ido a da a la ida y o as cues iones a ines. De un modo más
o menos indi ec o, o ecen o mas conc e as, casi acabadas, pa a que los indi iduos his ó icos
puedan dispone de espues as pa a sus p egun as exis enciales. Los mencionados ela os es án
en amados po he e ogéneos ecu sos simbólicos que, jun os, o man los con enidos cul u ales
obje i os que son p eponde an es en una época de e minada. En sí encie an unas isiones y unas
concepciones de lo humano que, en lo undamen al, se asen a on en iempos p e é i os.
T ansmi en igu as que ienen como in que los indi iduos de las sucesi as gene aciones se
iden i iquen y o ganicen sus idas al ededo de lo que p esc iben los con enidos cul u ales de
ocación no ma i a. En esumen, con ales igu as simbólicas se in en a si no p ede e mina sí
o ien a a la población en los modos de pensa , sen i y ep esen a la ealidad.
Es a p ime a ue za hacia la que aho a señalo sopo a unciones ales como la ansmisión
simbólica de los alo es más básicos y p o undos que a iculan el o den impe an e. En p incipio,
145
Bauman, Z. y Tes e , K, (2002b), La ambi alencia de la mode nidad y o as con e saciones, Ed. Paidós, pág.
51, Ba celona
!
!
100
las o ien aciones que o ecen es án concebidas pa a apacigua dudas y emo es. Pe o, sob e odo,
apo an un ma co men al e e encial que o ece a la psique humana o den y equilib io.
Repa emos en la unción que cumplen los mi os, las ábulas, las máximas y e anes. O las
leyendas adicionales, sean es as p opues as de co e laico o las denominadas e elaciones
eligiosas. En cada gene ación, es a p ime a ue za deposi a en la men e de cada uno de noso os
unos sedimen os cul u ales ca gados de sen ido. Como ocu ió con el a did del caballo de T oya,
unas ideas y unos plan eamien os ajenos se p esen an a nues as pue as en o ma de a ac i os
ela os. Pe o en su in e io encie an unos sis emas de alo es y unos p ede e minados ecu sos
ep esen a i os, o ien a i os e in e p e a i os. Lo que i adian se in e na en cada p esen e. Lo que
iene del pasado ecob a sen ido cada ez que es eu ilizado. Al esuci a su sen ido pe mi imos
que su núcleo de sen ido se conse e. Que siga es ando disponible pa a se ansmi ido, a su ez,
a los se es humanos del u u o. En an o que se emplean una y o a ez, son p opues as que aún
se siguen conside ando ele an es pa a un iempo y unos nue os con ex os. La in luencia
ansmi ida po es os esquemas e imágenes nos alcanza desde el ex e io de nues as conc e as
subje i idades. Nos sob e ienen p e-in e p e adas po o os, ca gadas con c eencias y p ejuicios
cul u ales.
Aun si son ambi alen es y polisémicas, las in enciones que pa a odos y pa a cada uno de
noso os albe gan esos ela os se pueden esumi en un plan eamien o básico. Su expec a i a es
la que insis e en que ep oduzcamos lo más ielmen e posible las cla es y los mensajes he edados.
Que a i iquemos el sen ido de los signi icados es ablecidos en ellos. Que nos hagamos ca go de
sus p esc ipciones. Dichas in enciones p e enden que el mundo ín imo del indi iduo se
acompase con un hegemónico o den men al de ondo. O den men al que, dicho sea de paso,
nunca es á exen o de con adicciones. Po muy he mé icos que sean en un caso ex emo, o po
muy illados que esul en en el ex emo con a io. Esa es su mane a de sos ene se, de
ep oduci se y de in en a pe pe ua se. Vis os desde una pe spec i a esquemá ica, nues a
inicia i a cogni i a di igida hacia ellos, po muy aquí ica que uese, consis i ía en pa icipa
como si ué amos una sue e de ecipien e. En e ec o. En lo undamen al, esa p ime a ue za
alimen a nues a dimensión ecep i a que, a pesa de odo, como una y o a ez emos en la
p ác ica, nunca es o almen e pasi a.
!
!
101
Un ideal – ipo. El suje o suje ado
Colec i a e indi idualmen e, los se es humanos nos encon amos cada día con la pe manen e
a ea de in e p e a lo que i imos o expe imen amos. An e el abiga ado espeso de
acon ecimien os que o man el mundo compa ido en el que hoy i imos, no esul a ácil
desen ol e se con cohe encia den o de unos escena ios an múl iples y cambian es. Aun así,
necesi amos oma en conside ación los pa ones no ma i os que es én es ablecidos. Conoce
cuáles son los alo es que es án insc i os en los sis emas cul u ales que igen cada escena io
pa icula , así como los alo es gene ales que nos han de se i de e e encia. En su ob a, La
obje i idad. Un a gumen o pa a obliga , al a a sob e la o ganización de las sociedades humanas,
Ma u ana insis e en que «los sis emas sociales son sis emas conse ado es. Los nue os miemb os
de un sis ema social ap enden en él la conduc a que se á p opia de ellos en an o ellos con ibuyan
a su cons i ución a a és de su pa icipación en él»
146
. Y su pa icipación es a á eglada po
signi icaciones cons uidas y enca nadas en esquemas de adap ación pensados pa a la
supe i encia o pa a la ep oducción de ese medio social. El sis ema p esc ibe el aca amien o o la
acomodación a las no mas sociales es ablecidas. A los se es humanos nos queda un es echo
ma gen pa a la elección pues el peso de los lími es impues os nos asigna ex ensas á eas de lo que
debemos hace y de lo que no.
Bodei denomina moldes sociales a «las o mas abs ac as de in e io ización de las
elaciones de pode , el uncionamien o de los o denamien os no ma i os y de los apa a os de
donación de sen ido»
147
. Todos ellos son mecanismos a los que los se es humanos his ó icos
es amos supedi ados. Desde la pe spec i a del sen ido, es án des inados a que los suje os
encon emos sis emas de signi icación a da a las expe iencias habidas, o pa a in e p e a los
modos de ida exis en es. En e esos moldes sociales se incluyen los pa ones cul u ales, las
146
Ma u ana, H., (1997), La obje i idad. Un a gumen o pa a obliga , Ed. Dolmen, págs. 90-91, San iago de Chile
!
147
Bodei, R., (2006), Des inos pe sonales. La e a de la colonización de las conciencias, Ed. El cuenco de pla a,
pág., 23, Buenos Ai es
!
!
!
102
habilidades in e p e a i as conside adas legí imas, los p incipios mo ales, así como la
adquisición de unas compe encias écnicas y p ác icas. Los indi iduos somos p oducidos y a la
pa ep oducimos unas c eencias, un sen ido común, unos sabe es colec i os que se con ie en
en agen es ac i os en la con igu ación de oda conduc a humana compleja.
Nos emos ap emiados a caompasa nos con el o den de cosas compa ido, ins i ucionalizado
y socialmen e conside ado legí imo. Necesi amos ap ende a i i , es o es, domina las su icien es
cla es in e p e a i as; disce ni cuáles son los c i e ios de alo que nos ayuda án a ajus a y
eajus a sin cesa nues a o ma de i i en ese o den. En es a línea incide Augé, quién p osigue
su a gumen ación diciendo que «cuan o más ue e es la adhesión a es os modelos, meno es la
libe ad, pe o mayo el sen ido; los indi iduos no ienen o a elección que hace lo que se les
p esc ibe o asigna; saben lo que ienen que hace y aún mejo lo que no deben hace . Su mundo
ca ece de libe ad, pe o es á ca gado de sen ido. Los mi os desa ollan es as cosmologías y los i os
las aplican. Las idas indi iduales se o denan en p incipio sob e el modelo así de inido»
148
.
Los modelos a los que Augé se e ie e son los disposi i os con los que la cul u a nos p o ee
pa a que do emos de sen ido a nues as expe iencias, pe cepciones senso iales, emociones, e c.
Lo hacemos median e el il o que in e ponen los p incipios o ganizado es de la acción o habi us
(Bou dieu), las ca ego ías pe cep i as, los c i e ios de alo , las pau as a usa pa a disce ni lo
que es eal y de lo que no lo es, o pa a de ec a lo que se conside a e dad y alsedad, e c. En
ealidad, en ende cómo se con igu a y qué signi ica i as unos modelos de ida u o os
p esupone admi i que las uen es simbólicas de las que bebemos son decisi as pa a ese in. Ese
in no es o o que ec ea en nues a men e las ideas e imágenes con las que ep esen amos qué
es pa a cada uno de noso os el sen ido de la ida que nos iene p esc i o.
Desde su pe spec i a an opológica, Gee z se plan ea el p opósi o de encon a es uc u as
de signi icación que si an pa a in e p e a y comp ende los a e ac os cul u ales. Den o de una
de e minada comunidad, las o mas simbólicas con las que cons uimos nues as e siones del
mundo o los modos como se o ganiza la ida social es án en amados po unas es uc u as de
signi icación que nos ienen designadas. Las asimilamos e inco po amos a lo la go de nues a
ida. Pensemos si no en el alcance y en la ue za que cob an en noso os las palab as, los ela os
y las na aciones que hemos llegado a en ende .
Algo semejan e acon ece en el desci amien o que hacemos de las igu as isuales. O a pa i
de la p ime a in ancia, como si ue a po ósmosis, nos amilia izamos y ap opiamos de los modos
148
Augé, M., (2004), ¿Po qué i imos?, Ed. Gedisa, pág. 15, Ba celona
!
!
!
103
de exp esión de las emociones colec i amen e asumidos y p omocionados en un en o no social y
cul u al de e minado. En de ini i a, esos ma e iales simbólicos se con ie en en los pila es básicos
a pa i de los que o o gamos sen ido a nues as expe iencias. Así ocu e po que con ienen y
anspo an unas amas de signi icaciones cul u almen e obje i adas que hemos ap endido a
in e p e a y a aplica de unos de e minados modos.
En a ención a lo que Gee z expone, pa a comp ende el sen ido o el sinsen ido que nues o
mundo enga, nues o o den men al depende en g ado sumo de la asunción que hagamos de las
di ec ices que nos ienen dadas desde las es uc u as cul u ales del medio en el que i imos,
o ganizadas en sis emas de símbolos signi ica i os
149
.
El acen o no debe ía se pues o an o en la p eexis encia de esas es uc u as y de esos
sis emas como en los modos pa icula es con los que cada gene ación, en un ni el y cada
indi iduo en o o, se adap an a ellos y los eac ualizan. Pa a en ende nues o encaje en esos
mecanismos hay que oma en conside ación la g an plas icidad que iene la na u aleza humana.
Tan o pa a el cambio como pa a la adap ación al o den social exis en e.
Son p ecisamen e los sis emas de símbolos signi ica i os a los que Gee z se e ie e, los que
nos pe mi en comp ende las dis in as e siones de cuál es nues o papel en el mundo. En
de ini i a, son las es uc u as cul u ales en igo las que nos apo an una pa e sus ancial de los
ma e iales simbólicos con los que do amos el sen ido que nues a ida adquie e. Gee z da un
paso más allá cuando ase e a que odos los se es humanos, desde el p ime o al úl imo, somos
a e ac os cul u ales. A es e espec o esc ibe lo siguien e:
«Nues as ideas, nues os alo es, nues os ac os y has a nues as emociones son, lo mismo que
nues o p opio sis ema ne ioso, p oduc os cul u ales, p oduc os elabo ados pa iendo cie amen e
de nues as endencias, acul ades y disposiciones con que nacimos, pe o ello no obs an e, p oduc os
elabo ados»
150
.
Si admi imos lo dicho, ambién podemos a i ma que nues o en endimien o se mue e en
el in e io de los má genes que pa a pensa nos pe mi en esos sis emas de símbolos signi ica i os.
És a ambién es pa e esencial y cons i u i a de nues a condición humana. Además de los
con oles cul u ales con los que nues a ida es adminis ada, es undamen al en ende que, en
una g an medida, nues as men es es án cul u almen e con oladas y gobe nadas.
Complemen a iamen e ambién es p eciso eco da que siemp e queda un es o, un ma gen pa a
149
Gee z, C., (2003), Op. ci ., págs. 52 y ss.
!
150
Gee z, C., (2003), Op. ci ., pág. 56.
!
!
!
104
cons a a o pa a p edeci que al dominio nunca llega a se absolu o.
* * *
Siendo cie o que a g andes asgos es así cómo se cons uye nues o modo de se humano,
ambién lo es que con los pasos señalados comienza a es uc u a se la condición del
suje o/suje ado p opia de odos y de cada uno de los indi iduos. J. Ibáñez explica es a condición
en los siguien es é minos:
«El o den social es ascenden e a los indi iduos, los indi iduos es án en deuda con el sis ema
social– en cuan o suje os de debe es es án suje ados»
151
.
A pa i de es a ci a y dicho al modo webe iano, in en a é diseña la imagen de un ipo ideal
152
con la que imagina mejo algunos asgos sob esalien es que, en una o o a medida, nos
ca ac e izan a odos los se es humanos. En pa icula , a los indi iduos que se si úan en el más
ex emo luga de esa sujeción limi an e. Esos indi iduos an desmedidos se ían aquellos cuyo
espacio espi i ual se encuen a anegado con odo ipo de elemen os de o igen ex e no. Es a ían
ab umado amen e con o mados po odos aquellos ap endizajes que, en lo sus ancial, no
p o ienen di ec amen e de la capacidad c ea i a au ónoma que la expe iencia i al
153
suminis a.
* * *
En cualquie momen o de la ida de un indi iduo, apa ece án de un modo inespe ado
si uaciones ca ac e izadas po la inde e minación y po la duda. El p esen e es el momen o en el
que las posibilidades de elección quedan abie as. En consecuencia, en ocasiones especiales, el
p esen e es la coyun u a en la cual es p eciso oma una u o a enc ucijada. Es en cada p esen e
cuando pueden apa ece los in e ogan es an opológicos que pueblan el campo de lo imagina io.
151
Ibáñez J. (1985), Del algo i mo al suje o. Pe spec i as de la in es igación social, Ed. Siglo XXI, pág. 91, Mad id
!
152
P opongo aquí la con ección de un ipo-ideal con el que en ende mejo la noción de suje o suje ado. Como en
odos los ipos ideales, su papel e elado es el que pe mi e alguna o ma de ace camien o a los casos eales. Digo
es o a sabiendas de que, a odas luces la in o mación que de ellos o ece á no llega á a se exac a pues, como
mani ies a Max Webe , odo ipo-ideal « a a ez se da en la ealidad». (Webe , M., (2001), La é ica p o es an e y el
«espí i u» del capi alismo, Ed. Alianza, pág. 112, Mad id) Aunque así sea, espe o que es e in en o si a pa a cumpli
con uno de los p opósi os que es e mismo au o asignaba a los ideales ipo. Su misión consis e en auxilia al
in es igado en su ace camien o a los obse ables de su obje o de análisis pa a ayuda le a o mula hipó esis. Dicho
de o o modo, se a a de con ecciona un caso-ejemplo o un caso-lími e que, a ando de e i a cae en es e eo ipos,
se des ina á a p es a ayuda «pa a comp ende la gama de conduc as eales que el ipo ideal pe mi e obje i a ,
obje i ando su dis ancia di e encial al ipo pu o». (Bou dieu, P., Chambo edon, J.-C., Passe on, J.C., (1989), El
o icio de sociólogo. P esupues os epis emológicos, Ed. Siglo XXI, pág. 75, Mad id)
153
La expe iencia y lo que de ella se ap ende es el ac o ac i o de p ime a mano con el que se desa olla el
conocimien o. «Expe iencia», apun a Lledó, «no es, po consiguien e, la pasi a acep ación de una ealidad ex e io ,
sino una elabo ación». (Lledó, E., (1999), El silencio de la esc i u a, Ed. Espasa-Calpe, pág.17, Mad id)
!
!
!
105
Asimismo, es el momen o en el que las disyun i as han de ecibi unas u o as espues as.
También sabemos que apa ece án coyun u as pa a las que no disponemos de ó mulas
p e iamen e ap endidas como la si uación ealmen e equie e.
An e es e ipo de momen os an an i é icos, un au o del siglo XVI como La Boë ie
154
ya
enunciaba lo siguien e. Si bien el se humano no puede pensa se al ma gen de la libe ad o sin el
deseo de se lib e, sin emba go, po asun os ales como la doblez que la educación le da o po
o o ipo de azones, muchos indi iduos pueden mos a se comp ome idos con su p opia
sujeción. Dicho con o as palab as. Son muchos los indi iduos que deciden oma el camino de
la obediencia incondicional. Tales suje os se ca ac e izan po su inclinación a iden i ica se sin
esis encia con los pos ulados que o os les p oponen. Pos ulados ajenos que ellos, pasi amen e,
in e io izan y hacen suyos. De hecho, llegan has a el ex emo de implica se y de colabo a en su
p opia dominación. P esen an una disposición olun a ia que los lle a a acep a sumisamen e las
di ec ices con las que o os les some en. O, en sen ido con a io, a admi i condescendien emen e
que o os les impidan ealiza algo que, en un momen o dado, hubie an pensado o deseado hace .
El eó ico indi iduo- ipo que aquí a o de pe ila es á ca ac e izado po esa ac i ud a la
que La Boë ie se e ie e, la se idumb e olun a ia. Se a a de un modo de incula se o de
apega se a ec i amen e a aquellas ins ancias o a aquellas pe sonas, ins i uciones, e c., de las que
uno depende. Es la asunción de una disposición psíquica que in e namen e le pide al suje o que
se pliegue a las demandas que un pode ex e io le haga. Es un asen imien o que se hace sin
necesidad de que en al ac o medie coacción inmedia a alguna
155
. Es un modo de acep a con
no malidad que el con ol sob e las di ec ices de uno mismo se maneje desde el ex e io . Es e
indi iduo- ipo no sólo admi e esa de inición de su si uación, sino que ambién la in e io iza. La
hace ca ne de su ca ne. Incluso puede llega a asumi gus osamen e el dominio ajeno sob e su
pe sona. En un sen ido con a io, desis e de pone a p ueba las signi icaciones y el sen ido que le
engan dados. Dicho po pasi a, lo que ealmen e hace es enuncia a lib a , jun o con o os,
ba allas a a o de al e na i as más apegadas a una isión de la ida más emancipado a
156
. Es e
154
La Boë ie, E. de, (1995), Discu so de la se idumb e olun a ia o el Con a uno, Ed. Tecnos, pág. 28, Mad id
!
155
«Es e que os domina an o no iene más que dos ojos, no iene más que dos manos, no iene más que un cue po,
y no iene ni una cosa más de las que posee el úl imo homb e de en e los in ini os que habi an en ues as ciudades.
Lo que iene de más sob e odos oso os son las p e oga i as que le habéis o o gado pa a que os des uya. […]
¿Cómo iene algún pode sob e oso os, si no es po ob a de oso os mismos?» (La Böé ie, E. de, (1995), Op. ci .,
pág. 14)
!
156
Bilbeny en iende que se o sen i se lib e es á é eamen e inculado con el es a o sen i se i o:
«Es poco deci que se lib e es se independien e: es es a plenamen e i o. Los que i en sumisos y agachados po
miedo a las amenazas o a pe de sus con encionales segu idades se pie den la mayo de las segu idades: la ce eza
de es a i os, y de no hace lo po cuen a de o os o de quién sabe qué banales impe a i os». (Bilbeny, N., (2003),
É ica pa a la ida. Razones y pasiones, Ed. Península, pág. 138, Ba celona)
!
!
!
112
ga an izan de un modo absolu o el sos enimien o de las e siones que los pode es o ecen de la
ealidad. Dicho de o o modo, en el o o lado, nunca exis en unos suje os his ó icos que
ep oduzcan, en el la go plazo y con una idelidad ce cana a la li e alidad
167
, las expec a i as con
las que el pode les equie e. La complejidad que p esen an las o mas simbólicas que nos
p o een de signi icados y de sen ido, nunca debie a se concebida como si ue a el mecanismo
de un eloj po muy so is icado que és e uese.
Segundo oco. La concepción dinámica de la ida. La ida como p oyec o
Recapi ulemos. La cues ión has a aquí a ada bien pudie a se o mulada del siguien e
modo esquemá ico: o ma se o se o mado. He aquí una unidad cons i uida po dos elemen os
an i é icos que po el momen o queda exp esada de un modo ex emadamen e esquemá ico. Pa a
abo da es a disyun i a, J. Alemán
168
p opone la siguien e o mulación. Man iene que son dos
ealidades on ológicas opues as que es p eciso dis ingui de un modo ajan e. Po un lado,
es amos an e un p oceso que se di ige hacia la cons ucción de un suje o ca ac e izado po una
«Cons i uye un sis ema de ideas ope a i as, de ideas que mandan, que esuel en, que inspi an eacciones. Son
ambién ideas alo a i as y no ma i as. Condicionan es de los juicios de alo sob e las conduc as. Las opiniones
sob e lo que es bueno y lo que es malo, an cambian es según los iempos, se apoyan en ac i udes di usas pe o
a aigadas y gene an no mas que di igen la acción del g upo». (Rome o, J. L., (1987), Es udio de la men alidad
bu guesa, Ed. Alianza, pág. 16, Mad id)
!
167
El é mino compues o «inconscien e especí ico» al que Du and se e ie e en su ob a Lo imagina io, en e o as
cosas, emplaza a la o mación de los papeles a juga po los di e en es ac o es sociales. Du and se e ie e a la «zona
de las es a i icaciones sociales en que, según las clases, las cas as, los angos de edad, los sexos, los g ados de
pa en esco, se modelan los papeles epa idos, […] en papeles alo izados y en papeles ma ginales. […] mien as
que las imágenes de papeles alo izados posi i amen e ienden a ins i ucionaliza se en un conjun o ue emen e
cohe en e, eniendo sus códigos p opios, los papeles ma ginados pe manecen en un Unde g ound más dispe so […]
Pe o son es as imágenes de papeles ma ginados las que son el e men o, bas an e aná quico, de cambio social y de
cambio de mi o di ec o ». (Du and, G., (2000), Lo imagina io, Ed. del B once, págs. 113-114, Ba celona)
!
168
Alemán, J., (2016), Ho izon es neolibe ales en la subje i idad, Ed. G ama, págs. 46 y ss., Buenos Ai es
!
!
!
113
singula idad i educ ible dado que man iene y omen a «aquello que hace de cada uno alguien
incompa able, no e aluable, i epe ible»
169
. Y, po o o lado, ese suje o es á bajo el pe manen e
in lujo de unas ue zas cuya in ensidad le a as a hacia la di ección con a ia, es o es, le emba ca
en un p oceso enden e hacia la p oducción de subje i idades homogéneas, sumisas po queda
educidas a se i a las necesidades que enga el pode o el me cado. O a se una me cancía más.
En e es as dos a i maciones median di e encias decisi as. En la p ime a de ellas, en el suje o
in e iene una olun ad emancipado a. El p o agonis a sos iene el deseo de oma decisiones
delibe adas y esponsables. Va as la consecución de un p oyec o pe sonal ans o mado . Un
p oyec o con el que p e ende ealiza lo que en po encia puede da de sí. Pa a lle a lo a cabo, es
un plan en el que el suje o no ha de obedece de un modo pasi o una ó mula o un p og ama que
exis ie a a p io i. Po el con a io. La singula idad es en endida como un algo que ad iene. No
iene dada, sino que eme ge en la acción. Ese el modo con el que cada cual con ibuye en la
cons ucción de un yo obus o. Paula inamen e a adqui iendo un ca ác e i educ ible en la
ayec o ia pe sonal de cada suje o. Esa singula idad se cons i uye al ededo de un algo que bien
pudie a se el yo hondo machadiano que más adelan e menciona é. O, como lo exp esa Simmel,
al ededo del «núcleo in e no más cén ico» de cada suje o, así como de «su o alidad
enoménica» pues ambos « ienen la imp on a de lo incompa able (…)»
170
Es un núcleo pe sonal que a cada paso es más i me y es á más lis o pa a eje ce la
esis encia. O pa a ecupe a legados his ó icos emancipado es. O pa a se c ea i o con la p opia
ida. La mencionada singula idad i educ ible es aquello que «nos hace se a cada uno quienes
somos». Esa singula idad se expande a pa i de un núcleo ín imo que es inap opiable pa a la
lógica del pode , es «aquello que el discu so del capi al no puede cap u a »
171
. Es la
(au o)cons ucción del sí mismo que no se puede p oduci desde una ex e io idad como si ue a
una me cancía más. En con as e, en el segundo caso, es o es, en la p oducción de la subje i idad,
ese b o e a pa i del cual se desa olla ía la singula idad, ende ía a queda disuel o. J. Alemán
se e ie e a las di e en es igu as que su gen a pa i de las lógicas implíci as con las que el pode
in e iene en los p ocesos de p oducción de la subje i idad. En e ellas esal a la igu a del
emp endedo de sí, la p oducción del homb e endeudado, e c. Alemán menciona el in en o de
bo a las singula idades pe sonales den o de la lógica de la me cancía. Con esos in en os, el
169
Alemán, J., (2016), Op. ci ., pág. 55
!
170
Simmel, G., (2003), La ley indi idual y o os esc i os, Ed. Paidós, pág. 102, Ba celona
!
171
Alemán, J., “El e o no de lo polí ico”, El Dia io, 19/09/2015
!
!
114
pode p e ende adueña se de odas las exis encias a ándolas «como si ue an luidas, líquidas,
olá iles»
172
.
* * *
En odos los disposi i os de socialización en los que nos emos in oluc ados
inde ec iblemen e es á p esen e un de e minado e his ó ico o den simbólico. Do ado siemp e con
un peso ab umado in e iene ac i amen e en el p oceso de p oducción de las subje i idades:
«El suje o es e ec o no causa del o den simbólico. El o den simbólico p eexis e a los indi iduos:
cuando nacen iene ya p epa ado, pa a cada uno, su luga (en el conjun o de las elaciones sociales).»
173
La cons a ación de an o unda a i mación desba a a las concepciones idealis as que
cons uyen a que ipos como el que ep esen a el Robinson C usoe de De oe, símbolo de alguien
que se bas a a sí mismo. Pone de elie e la in e osímil exis encia de un suje o que aun si se
encon a a adicalmen e aislado, no obs an e, es a ía p o is o de una al cla i idencia y sobe anía
pe sonal que le ha ían au osu icien e pa a conquis a cualquie a que uese el des ino que se
p opusiese. También us a las na a i as que pa ecen nacidas pa a sos ene el mi o
indi idualis a que p oclama la posibilidad de que un suje o con el único concu so de su ené gica
olun ad se haga a sí mismo deshaciendo a su paso la o alidad de las limi aciones y de los
condicionan es de sen ido con los que se encuen a en el mundo en el que habi a.
No se debe nega que los p ocesos socializado es o man pa e de una sue e de incubación
cul u al en la que se p ocede a un p oceso de ab icación social de los indi iduos. Cas o iadis
plan ea que es a ab icación consis e en «una doma de la psique». Cada p oceso la conduce a
«c ea un es a o psíquico pe ec amen e con o me a las exigencias de la sociedad, pe ec amen e
ap opiado al uncionamien o de lo que se á el indi iduo en es a sociedad, es deci , a un o den
social y lógico de las cosas». No obs an e, Cas o iadis con abalancea su an e io a i mación
cuando expone la o a ca a de la condición humana:
«[…] hay siemp e un esiduo no domado de la psique, una esis encia pe pe ua de los es a os
psíquicos más p o undos a es e o den lógico y social de las cosas, al o den diu no, que emos en
o maciones que no ienen alcance social di ec o, como el sueño, pe o ambién en la exis encia de
la ansg esión, en odas pa es y siemp e, incluso en las sociedades más a caicas»
174
.
172
Alemán, J., (2016), Op. ci ., pág. 55
!
173
Ibáñez, J., (1988), Nue os a ances en la in es igación social. La in es igación social de segundo o den I, Ed.
P oyec o A, pág. 56, Ba celona
!
174
Cas o iadis, C., (2004), Op. ci ., pág. 51
!
!
115
En cualquie a que sea la sociedad, además de las exigencias de obediencia y de la necesidad
de acomodo al o den de cosas es ablecido, en odo suje o exis e siemp e un esiduo. Se a a de
un « es o, lo que en el suje o no es cap u ado po el o den simbólico (lo no semio izable) (…)»
175
La exis encia de ese esiduo no domado, de ese es o no cap u ado es un p ime e ín imo
pun o de apoyo pa a que los suje os impulsen la c ea i idad imagina i a con el in de p epa a
pa a sí unas condiciones de posibilidad a o ables. Pa icula men e, en aquello que les incumbe
de un modo di ec o en sus p opias idas. Incluso en los pasajes más ex emos de la his o ia de la
humanidad, o en aquellas ases de la ida de los suje os pa icula es que han i ido bajo algún
some imien o i ánico, siemp e queda un pequeño espacio pa a la enacidad. Siemp e exis e un
es o que no se deja o ganiza po la sujeción que las expec a i as y las exigencias es ablecidas
eje cen sob e los exis en es.
Tomado po ac i a, ese es el elemen o p imo dial pa a la conquis a de una au onomía
ela i a en lo más pe sonal. En e ec o, ese es o o esiduo indómi o es la pied a angula sob e la
que se asien a y le an a la apo ación con la que cada quien con ibuye desde sí mismo a su
p opia au ocons ucción. Vis o po pasi a, ac úa como un e ugio en el que a inche a se y desde
el que o ece esis encia a cualesquie a de las se idumb es dominado as y homogeneizado as
que nos engan impues as. La po encialidad c ea i a de nues a psique es la g an ía de escape
que poseemos pa a i más allá de lo que hay. Es la posibilidad que iene el pode de la imaginación
pa a ompe el cí culo o mado po odo aquello que se epi e y se ep oduce sin cesa . Es a ía
de escape que en la his o ia an as eces se ha omado a con aco ien e, si e pa a en ende po
qué los se es humanos llegan a a e e se a pensa po sí mismos. Es la base en la que se sus en an
los in en os habidos pa a elabo a y pa a asumi los p opios e os, a pa i del pe sonal campo de
conciencia
176
. Da pie pa a que los se es humanos exis en es demanden pa a sí el de echo a oma
pa e ac i a en el diseño de sus p opios p oyec os i ales. O en un sen ido adyacen e, omen a la
eclamación del de echo a la c í ica y a la libe ad e alua i a. Y en los casos más ex emos, el
de echo a eludi o a sub e i los p ecep os, indicaciones y no mas que sean mani ies amen e
injus as u o ensi as al juicio sensa o al que llegue cada suje o. Pensemos en aquellas
175
Ibáñez, J., (1988), Nue os a ances en la in es igación social. La in es igación social de segundo o den II, Ed.
P oyec o A, pág. 56, Ba celona
!
176
Sob e la noción de c ea i idad, aunque sea p o isionalmen e, omemos la de inición o ecida po A. Moles. Es e
au o en iende que c ea i idad es «esa ap i ud pa icula del espí i u pa a eo dena los elemen os del campo de
conciencia de una mane a o iginal y capaz de da luga a cie as ope aciones en un campo enoménico cualquie a».
(Moles, A.A. (1978) Sociodinámica de la Cul u a, Ed. Paidós, pág. 90, Buenos Ai es)
!
!
116
cons ucciones men ales que nos in i an a i i bajo los auspicios de un único e ine i able des ino
que no es o o que el que nos aboca a se unos suje os injus amen e suje ados
177
.
El idea io y el conjun o de no mas que ca ac e izan a los dis in os pode es exis en es, así
como la implemen ación y la egulación de las p ác icas a endidas po los disposi i os ins i uidos
de los que aquellos pode es se alen son p ecisamen e el núcleo en el que se insc ibe la po encia
pa a obliga o pa a pe suadi a que los homb es y muje es eales me abolicen lo que se les
p opone. En di ec a co espondencia con el g ado de ape u a y con la pe misi idad que en cada
sociedad exis an así se mos a á cuál es la cualidad p eponde an e de las ías que los dis in os
pode es despliegan pa a ales ines. Sal o en condiciones ex emas, los suje os no es amos
i emisiblemen e condenados al descalab o absolu o. Desde ese esiduo no domado siemp e
busca emos algún esquicio, alguna posibilidad po mínima que ue a, pa a de ende nos o pa a
in en a bu la o asg edi las eglas que conside emos injus as. Po es echo que sea, siemp e
exis e pa a cada se humano un ma gen de maniob a pa a la c eación de posibilidades, incluso
en las ci cuns ancias más ad e sas en las que el eje cicio del pensa po cuen a p opia se
encon ase casi en el pun o de as ixia. De es a i emisiblemen e suje ados nos hab íamos
con e ido en una sue e de jugue e o o cuya olun ad hab ía quedado secues ada pa a siemp e.
Al menos en el ue o in e no de cada indi iduo siemp e exis e un oco esis en e que se lib a. A
los se es humanos, po insensibles o ca en es de c ea i idad que pudié amos llega a pa ece ,
siemp e nos queda alguna opción de des incula nos del pode oso in lujo de un núme o limi ado
de pa ones de compo amien o a noso os des inados. Po pode osa que ue a una ins ancia
polí ica, po ígido que llega a a se un o den simbólico ninguno puede ahoga po comple o la
luencia del señalado esiduo cuando nues o deseo se obs ine en des ina su po encial a imagina
caminos hacia una ida buena. A i ma Sibilia que la «capacidad de opone esis encia es á
siemp e p esen e». Siemp e queda algún esquicio pa a la libe ad. P osigue es a an opóloga
diciendo que la desobediencia «es un componen e undamen al de odos es os p ocesos; es
inhe en e a las elaciones de pode , po de inición»
178
. El uncionamien o y el dominio que
eje cen los dis in os pode es no pueden pone pue as al campo. La ue za de sus dic ados, po
177
Galeano, en un a ículo que a a sob e el hondo oso de injus icias que cada día sepa a más y más al No e y al
Su , hace el siguien e escla ecedo comen a io:
«Hemos sido educados pa a c ee que la desg acia es consecuencia del des ino, como el ipo que, pa a obedece a
las leyes de la g a edad, se a ojó desde un decimo piso». (Galeano, E., “Los media jus i ican los ines”, ecogido
en VV. AA., (1998), Pensamien o c í ico s. Pensamien o único, Ed. Deba e, pág. 245, Mad id)
178
Sibilia, P., (1999), El homb e pos o gánico. Cue po, subje i idad y ecnologías digi ales, Ed. F. C. E., pág. 31,
Buenos Ai es
!
!
!
117
muy i esis ible que pudie a pa ece , nunca es i e ocable ni man iene el mismo igo pa a
siemp e. Las no mas mo ales o las expec a i as que c ea el pode no pueden se las únicas que
amen el es ilo o el ca ác e pe sonal. O las mane as idiosinc á icas de cómo los indi iduos se
conducen en la ida. La ue za de los dic ados del pode no puede e o ce po comple o los
modos de pensa y sen i de los suje os que es án bajo su in luencia. Po muchas p og amaciones
a las que los se es humanos eales se ie an some idos, sus ideas, deseos y compo amien os,
siemp e dis a án de hace lo como si ue an los eng anajes de un a e ac o mecánico.
En un sen ido con a io, el campo de juego se ensancha y p o undiza cuando a cada quien
se le o ezcan condiciones y opo unidades pa a que en una u o a medida pueda desa olla sus
po encialidades pe sonales. Emp ende un camino emancipado es oma pa e ac i a en el diseño
de unos p incipios abie os y c ea i os y guia se po ellos an o en la es e a pública como en la
p i ada. Si uese así, an a el suje o eme gen nue os ho izon es hacia los que di igi se de un
modo más c ea i o. Es cie o que cualquie o ma de conduc a, o cualquie ac o cogni i o
indi idual se es uc u an den o de las condiciones de posibilidad que engan dadas en la
sociedad en la que se i e. Pe o ambién es e dad que, a di e encia de los animales, el se
humano es mucho más lib e en e a lo que le ci cunda [pues es un se que] es á abie o al
mundo».
179
Hoy en día, esul a una ob iedad a i ma que odo se humano debe ía ene no sólo el
de echo, sino ambién y, sob e odo, la posibilidad eal de ap ende a pensa po sí mismo. E
incluso, las condiciones e ec i as de hace lo de un modo di e gen e. Desde una pe spec i a é ica,
debié amos pode adqui i , madu a y e ina con libe ad y medios su icien es los c i e ios con
los que e lexionamos los ines que hemos de pe segui en la ida. En especial, es exigible pode
hace nues os y u iliza aquellos c i e ios que hab án de se i nos pa a ap ende de la p opia
expe iencia. En de ini i a, pa a oma decisiones en odas o en cualquie a de las si uaciones de
nues a exis encia. Suje o ela i amen e au ónomo se ía en onces aquel que po medio de su
capacidad pa a e lexiona a iende y se elaciona con unos p incipios é icos que, en un uso
con inuado, le de inen y le cons i uyen como suje o. Esa ela i a au onomía es una disposición
inculada con una « isión de la ida como p oyec o c eado indi idual»
180
. En consecuencia, las
condiciones de posibilidad pa a la c ea i idad, ma ca ían el ma gen de maniob a conc e o que
cada suje o dispone, pa a gobe na sus decisiones, en una u o a ase de su ida.
179
Schele , M., (1980), El pues o del homb e en el cosmos, Ed. Losada, pág. 55, Buenos Ai es
!
180
Pa ís, C., (1994), Op. ci ., pág. 29
!
!
118
En los acon ecimien os exis enciales ascenden ales pa a cada uno de noso os, la ei e ada
p egun a sob e qué hace nos ad iene ca gada con una g an esponsabilidad. Pues bien. En una
sociedad que hubie a ganado pa a sí el cali ica i o de sociedad jus a, a cada quien se le o ece án
sensa amen e las ocasiones que p ecise pa a e igi su pa icula modo de abo da esa p egun a.
Complemen a iamen e, cada suje o debe ía ene la po es ad e ec i a de esponde la en la
p ác ica, undando y cuidando su p opio p oyec o pe sonal. Incluso la de disc epa y pode
enuncia sin un cos e inasumible a lo que le aconsejen o le dic en unas p ede inidas y
sac osan as mane as de pensa , de se y de i i .
Po lo demás, es con enien e esal a que se un suje o ela i amen e au ónomo no se opone
a se solida io. Ni qui a impo ancia a los debe es con los que es á comp ome ido en la sociedad
de la que o ma pa e
181
. Se un suje o ela i amen e au ónomo no iene que e con las eleidades
del egocen ismo, ni con los excesos del na cisismo, ni con el place de quien se ec ea ence ado
en su o e de ma il.
En esumen. No son e osímiles las eo ías que a an de explica que las pau as de
conduc a indi iduales o sociales se mo ilizan sin con apeso alguno desde los manda os del
pode . Tampoco son c eíbles aquellas que conciben el plano espi i ual que a odos nos a a iesa
como si ue a un simple e lejo de pode osas es uc u as ex e nas. Po lo an o, en los dominios
del pensamien o y de la acción, no se puede silencia la exis encia de unas ue zas c ea i as que
se sos ienen sob e bases dis in as.
* * *
Dice Bou dieu que ins i uciones como la escuela con ibuyen a la ep oducción del o den
social. De mane a que la que denomina « iolencia simbólica» es «exac amen e la acción
pedagógica que impone signi icaciones y las impone como legí imas»
182
. Pe o el iempo luye, y
muchas cos umb es desapa ecen. Cambian las o mas de iden i ica los p oblemas, así como la
discusión sob e las ó mulas que se deben a bi a pa a soluciona los. Nada es pe pe uo. Las
o mas que nos dicen qué cosas nos con ienen c ee es án inculadas con el o den social desde
el que nos ue on dic adas. Pe o los sis emas sociales no son e e nos. Todo cambia. Muchas
181
«El eino del homb e no es el es echo y angus ioso e i o io de su p opio yo, ni el abs ac o dominio de la
colec i idad, sino esa ie a in e media en que suele acon ece el amo , la amis ad, la comp ensión, la piedad. Sólo
el econocimien o de es e p incipio nos pe mi i á unda comunidades au én icas, no máquinas sociales». (Saba o,
E., (2004), Homb es y eng anajes. He e odoxia, Ed. Alianza, pág. 96, Mad id)
!
182
Bou dieu, P., (1996), La ep oducción. Elemen os pa a una eo ía del sis ema de enseñanza, Ed. Fon ama a,
pág. 18, Ba celona
!
!
!
119
pau as que ue on admi idas sin e lexión se con ie en en piezas de museo, en humo que se
des anece. Llega un momen o en el que dejan de se i como guía de lo que se emos. Las ece as
o los au oma ismos in elec uales, psíquicos, e c., aquellos que o ien aban nues os an e io es
modos de ida, llega un momen o en el que dejan de es a en igo . Pie den su sen ido no ma i o.
Su in luencia a ec i a y social se debili a. Incluso llegan a se desaconsejables. A pa i de un
momen o, demues an se ó mulas obsole as. Ya no ep esen an las aspi aciones ac uales ni
sos ienen las nue as pe spec i as. Incluso llegan a causa pe juicios a odas aquellos que siguen
es uc u ando su compo amien o en o no a ellas. Han pe dido su alo . Ya no cuen an en an o
que in e p e an el es ado p esen e en el hoy, bajo los dogmas dominan es o jados en el aye . Las
adhesiones a las espues as de ini i as que “ya conocen odo” ace ca del camino de la ida, se
con ie en en un es o bo. Apega se a ellas, no pe mi e o mula las p egun as adecuadas pa a los
iempos incie os en los que los caminan es se aden an.
De cualquie modo, siemp e es obligado e alua la calidad de las espues as. Po modes a
que sea, oda espues a hay que analiza la y, si es el caso, p es igia la en la medida en la que lo
me ezca. Especialmen e cuando su al u a alcance a se la éplica adecuada a p egun as que
demues en es a plenas de sen ido. Me e ie o a las p egun as mo ices que se ab en paso
o illando las demás. Esas p egun as equie en espues as es udiadas e imagina i as.
Pa a pensa de un modo al e na i o, epa emos en la exis encia de las eno mes
posibilidades con las que el pensa ilosó ico y el imagina poé ico nos su en. Los modos de
a on a la ealidad que nos p opo cionan ab en ías c ea i as que son al e na i as a las que nos
dic an los mandamien os del pensamien o único
183
. La imaginación ilosó ico-poé ica demues a
su pode , sob e odo, cuando nos emos ín imamen e obligados a hace nos p egun as
exis enciales. Es e modo de pensa da de sí esul ados admi ables cuando se mue e po los
ámbi os más p opios de la condición humana. És os son ámbi os que es án ca ac e izados, más
que o os, po la duda y po la ince idumb e. Cuando se a a de p oblemas espinosos o
i esolubles, como es el de la mue e, en noso os p ende en p ime a ins ancia una endencia a
pos e ga y ol ida sine die la adicalidad del p oblema. Así lo expone Pascal:
183
En mayo de 1996, Ramone comienza la edi o ial de Le Monde diploma ique del siguien e modo:
«A apados. En las democ acias ac uales, cada ez son más los ciudadanos que se sien en a apados, empapados en
una especie de doc ina iscosa que, insensiblemen e, de uel e cualquie azonamien o ebelde, lo inhibe, lo
pe u ba, lo pa aliza y acaba po ahoga lo Esa doc ina es el pensamien o único, el único au o izado po un in isible
y omnipo en e policía de la opinión». (Ramone , I., “El pensamien o único”, ecogido en De esis encia y de i a, Le
Monde diploma ique en español, 2010, pg. 12, Valencia)
!
!
120
«Los homb es, al no habe podido emedia la mue e, la mise ia, la igno ancia, se han pues o
de acue do, pa a se elices, en no pensa en ello»
184
.
En caso con a io, cuando nos emos compelidos a abo da de en e las p egun as-lími e,
el pensamien o imagina i o de base ilosó ica y poé ica se mue e con mayo sol u a. An e
p egun as ales como es la del sinsen ido que enga la mue e, o sob e el sen ido que debamos
da a la ida, las espues as o ecidas po el pensamien o cien í ico comienzan a mos a sus
lími es. Allí donde la e icacia de esas espues as acaba, comienza su labo la unción me a ó ica
del lenguaje. O el pode es é ico de las p opues as ealizadas desde la poesía y el a e. Nos
pe mi en aspasa las on e as de aquellos disposi i os des inados a suje a las men es de los
suje os. P epa an a la men e pa a desbo da el co sé al que nos some e el uni e so que o man
las espues as ce adas.
* * *
Repasa é aho a algunas ideas o muladas po a is as, po poe as y po ilóso os de la
educación cuando, cada uno de ellos a su modo, se plan ean es e ipo de cues iones.
Comencemos po escucha a Chillida. En sus Esc i os, en conc e o en el capí ulo
Mi adas
185
, el a is a deja las siguien es e lexiones:
«Lo que sé hace es segu o que ya lo he hecho,
de ahí que engo que hace siemp e lo que no
sé hace ».
En o o pasaje apo a el siguien e poema-idea:
«Guiado po un a oma. Cada ob a un paso en e
lo conocido y lo igno ado. Nunca lo es ablecido
pod á ce a el paso de lo que nace».
184
!Pascal, B., (1981), Pensamien os, Ed. Alianza, pág. 56, Mad id
!
185
Chillida, E., (2005), Esc i os, Ed. La Fáb ica, págs. 19 y 38, Mad id
!
!
!
121
El p opio Chillida
186
en sus e lexiones sob e el lími e y el espacio, se e ie e a la necesidad
de abo da la ince idumb e de lo que no sabemos, de sal a el hia o que se da en e lo que
igno amos y lo que deseamos conoce , haciéndonos p egun as c ea i as:
«[…]
Se p egun a cuando no se sabe.
No hay p egun a hon ada
Cuando se sabe la espues a.
Nunca se conoce bas an e
Ya que lo conocido ocul a, en su in e io
Lo desconocido.
[…]».
En la e lexión de Chillida encuen o es echas a inidades con la idea que Gadame insc ibe
en el mo imien o del pensa , cuando el suje o decide a en u a se a explo a en lo desconocido:
«P egun a no es pone sino p oba posibilidades»
187
Asimismo, en un consejo que An onio Machado o ece en los «Apun es inédi os», –esc i o
añadido a su ob a Juan de Mai ena–, encuen o consonancias con es e hilo a gumen al. En ese
ex o, Machado pone el acen o, sob e odo, en la impo ancia de hace se p egun as:
«Seguid p egun ando, nunca os canséis de p egun a , sin p eocupa os demasiado de las
espues as»
188
.
Recogido en la ob a Pedagogía de la p egun a, P. F ei e en con e sación con A. Faúndez,
ambién si úa las p egun as esenciales en un excelso luga :
186
Chillida, E., “El lími e y el espacio, VV. AA., (1992), Symposium Chillida. IX Cu sos de e ano, 1990, Ed.
Euskal He iko Unibe si a ea, pág. 25, San Sebas ián
!
187
Gadame , H.-G., (1977), Op. ci ., pág. 453.
188
Machado, A., (2009), Juan de Mai ena, Alianza Ed., pág.320, Mad id
!
!
!
128
P opone se una ida pe sonal
P opone se una ida pe sonal y singula , y po eso mismo i emplazable, es un p opósi o
que equie e la enencia y la p ác ica de un sabe é ico. Ese sabe si e pa a dis ingui unas
acciones de o as. Si e pa a disc imina las o mas de i i que sean dignas y adecuadas,
sepa ándolas de aquellas que no lo sean. En ese eje cicio, se combinan aquellos sabe es que son
u o de nues a in eligencia c ea i a, con aquellos o os de los que nos podemos ale una ez
los hemos ecibido po ansmisión. Pues bien. Desde esas nue as a alayas que de ez en cuando
se ab en a nues a mi ada, es posible que nos imaginemos a noso os mismos de una mane a más
é ica y más comple a. Di isamos opciones di e en es pa a nues a ida. Lo que nos pasa, nos
ins a a e lexiona sob e qué hace y sob e cómo ace ca nos a ese nue o ho izon e. Asimismo,
su ge la p egun a ace ca de cuál sea la mane a más p opia de la que disponemos pa a di igi nos
hacia ese con ín.
Lo islumb ado en un e íme o des ello nos pe mi e ansi a hacia lo que po p ime a ez
con emplamos deslumb ados
199
. Ese momen o puede o na se en opo unidad. En esas
ci cuns ancias ex ao dina ias, la in eligencia pa a la ida ambién debe ap ende a juga su ol.
En esos inde e minados momen os a los que me e ie o, lo que esul a p ome edo pa a la
in uición del suje o puede que se ansmu e en b újula. Se á una guía que necesi a emos pa a
sabe di igi la mi ada hacia una expec a i a que aun no es á bajo con ol. Luego, en una siguien e
ins ancia, cada quien debe á sopesa qué hace con esa no edad. Pa a que al ipo de expe iencias
se agüen y p opicien algo consis en e, es p eciso que el suje o ome una decisión on ológica.
Es en onces el momen o en el que el impulso de la olun ad pe sonal juega ac i amen e su papel.
Es cuando ese suje o se ap es a a ab i un nue o camino allí donde oda ía no exis ía.
199
Zamb ano nos emi e a es e enómeno del siguien e modo.
«El suceso que decidió el deja en suspenso la sabidu ía pa a p egun a se po el se de las cosas, de la ealidad, ue
el asomb o. En el asomb o hay un queda se ine me an e algo, algo que se ha is o y que se c eía conocido pe o que
en un ins an e se mues a como absolu amen e nue o, dejando al que lo con empla en una especie de cegue a y de
mudez.» (Zamb ano, Mª, (2011), Op. ci ., págs. 139-140, Mad id)
!
!
129
Elogio de lo singula e sus e siones limi an es
Al pensa en las pa icula idades de lo que ales acon ecimien os exis enciales nos hacen
sen i y nos pe mi en e , podemos cae en una en ación limi an e. Uno de los iesgos que ienen
las de iniciones gene ales consis e en a a de ag upa lo que les es común al conjun o o mado
po los elemen os de una de e minada clase de enómenos, ol idándose de lo que les es pa icula
a cada uno de esos mismos elemen os. De ese modo, queda o illada la plu alidad que o ma el
es o de asgos que i amen e ambién la en de un modo p i a i o, en odos y en cada uno de los
casos pa icula es.
Exis en modos de abo da es os acon ecimien os cla e que son u o de una mi ada dis an e
que a a de se obje i a. Quien así p ocede co e el iesgo de ol ida se de lo que en ellos es más
adicalmen e poé ico y i o
200
. Una mi ada excesi amen e ía y abs ac a es la p opia de quienes
únicamen e en en ales enómenos exis enciales una en ol u a concep ual común. Jus amen e,
aquélla con la que han sido e es idos cul u almen e. Responde a un modo de mi a las cosas
humanas que las descon ex ualiza y las despoja del pulso i o de lo que es singula y subje i o.
Las abo da desapasionadamen e. Es una mane a de pensa la condición humana que la simpli ica
y la educe a una o ma de se desca nada. Todo lo que en la ealidad pudie a habe de e dad
palpi an e co e el iesgo de queda educido a se una elemen al y pob e enume ación de asgos
desc ip i os.
200
«¡Qué elie e iene en nues o lenguaje una imagen poé ica! Si pudié amos habla en ese lenguaje ele ado, subi
con el poe a en es a soledad del se pa lan e que le da un sen ido nue o a las palab as de la ibu, es a íamos en un
eino donde no en a el homb e ac i o pa a el cual el homb e de la ensoñación ʺno es más que un soñado ʺ y pa a el
que el mundo de la ensoñación ʺno es más que un sueño. ʺ
¡Qué nos impo a a noso os, ilóso os del sueño, los desmen idos del homb e que uel e a encon a , después del
sueño, los obje os y los homb es! La ensoñación ha sido un es ado eal, a pesa de las ilusiones denunciadas a
des iempo. Es oy segu o de que yo ui el soñado . Yo es aba allí cuando odas esas cosas bellas es aban p esen es
en mi ensoñación. Esas ilusiones han sido bellas y, po lo an o, bienhecho as.» (Bachela d, G., (1982), Op ci ., pág.
240)
!
!
!
130
Como enunciado b e e que esume lo que queda dicho, es ele an e ae aquí la mue e
omada como uno de los más ca ac e ís icos acon ecimien os exis enciales. A la is a de lo
ins uc i as que esul an, ale la pena lee las e lexiones que a es e espec o esc ibe Mo ey:
«[…] la mue e de un se humano es siemp e uno y el mismo hecho — pe o nunca es el
mismo acon ecimien o. No es el mismo mo i el agónico que el epen ino, el p óximo que el
lejano, el p ema u o que el a dío. Po supues o que pa a los sabe es posi i os se á el mismo
hecho, en su de e minación global, sean cuales ue en las ci cuns ancias que lo singula icen —
pe o no así pa a el ela o que de ello se haga la conciencia empí ica. Y an e el acon ecimien o del
mo i , ¿qué impo a el hecho?»
201
.
An e el p oblema ilosó ico que susci a la mue e de cualquie se humano, a ende la como
si únicamen e ue a un hecho, es poco más que una cásca a acía. Quienes así p oceden,
deses iman los enigmas y el mundo emocional que inaugu a la mue e a su al ededo . Ni
conside an ni es án en disposición de o ece cla e alguna con la que da cuen a de los
signi icados del mundo desconocido de lo que oda mue e pa icula nos a isa. Esa pe spec i a
ía y neu al, dis an e y despe sonalizada ni se p egun a ni esponde po el sen ido. No se ace ca
un ápice al p oblema más adical de la ida como es la ineludible exis encia de la mue e. No se
p egun a po lo que cada pe sona conc e a sien e an e la llegada de esa úl ima ho a. Su modo de
hace mención a al acon ecimien o palidece aún más una ez que lo con as amos con la
exp esi idad que las a es apo an
202
.
Po consiguien e, an e ealidades que a ec an y con ulsionan nues as in e io idades an
pode osamen e, la pe spec i a eó ica a la que hago alusión, aún si es in olun a ia, mues a a las
cla as su endencia a educi lo eal humano. Quien sos enga al isión y a e de pone la po
encima de las demás o mas de ap oximación a al enómeno exis encial deja ue a del campo de
su isión los se es humanos singula es. Se ol ida del é igo que p oduce sen i an ágil el
mundo en el que odos y cada uno de noso os habi amos.
Ese modo de mi a las cosas de lo eal humano nos hu a la complejidad. Pasa de pun illas
an e el mis e io de lo que e ec i amen e nos sucede cuando de e minados acon ecimien os
201
Mo ey, M., (1988), Op. ci ., pág. 42.
202
En el guion del ilm Dublineses, no ela de Joyce que Hous on lle a al cine, el p o agonis a del ilm man iene un
monólogo inal en el que exp esa así el acon ecimien o de la mue e:
«(…) Piensa en odos los que alguna ez han i ido desde el p incipio de los iempos. Y en mí, anseún e como
ellos, luc uando ambién hacia su mundo g is. Como odo lo que me odea. Es e mismo sólido mundo, en el que
ellos se c ia on y i ie on, se desmo ona y se disuel e. Cae la nie e. Cae sob e ese soli a io cemen e io en el que
Michael Fu ey yace en e ado. Cae lánguidamen e en odo el Uni e so. Y lánguidamen e cae como en el descenso
de su úl imo inal. Sob e odos los i os y los mue os». (Quigley, W. J., Schulz-Keil, W. & Sie e nich, Ch.
(p oduc o es) y Hus on, J. (di ec o ), (1987), Dublineses (Los mue os) [cin a cinema og á ica], Reino Unido:
Channel 4, Del a Film, Li ey Films, Ves on Pic u es, Zeni h En e ainmen )
!
!
!
131
sacuden nues as idas. Los que hacen suyo y sos ienen es e modo de ap oximación a las
ealidades más su iles de la condición humana b indan ece as pa a lo que en sí es un g an
mis e io.
* * *
Pa a se comp endidos, esos acon ecimien os exis enciales p ecisan que les apliquemos
cla es in e p e a i as. Cla es que ayan más allá de lo que las conside aciones me amen e
lógicas son capaces. Necesi amos c ea alguna ep esen ación elabo ada median e la a iculación
de imágenes simbólicas y de me á o as e bales. Luego, se á nues o pensa e lexi o el
esponsable de in e p e a y pone palab as con las que con a lo que nos ha ocu ido y con las
que exp esa su sen ido.
En el iloso a es p eciso despeja los aspec os más anecdó icos de la exis encia pues es
una a ea que pide desp ende se de las es. I más lige o de peso, acili a encon a o in en a
pun os de apoyo espi i uales con los que da cohe encia y sen ido a las p opias expe iencias de
la ida. También solici a esis en es anclajes con los que asegu a se y pode so ea los abismos
que se ab en en los bo des del camino. Es a necesidad exis encial más delicada nace
especialmen e en los momen os c í icos.
Además de se un e i o io deambulado po el pensamien o eligioso, ambién es p opicio
pa a encon a algún aside o p o ano al que aga a se cuando uno se encuen a en la más desnuda
soledad. O cuando es íc ima de injus icias que lace an su dignidad. Ya que no es amos
des inculados de los demás, no sólo es amos conce nidos cuando los acon ecimien os amenazan
la p opia conside ación. También lo es amos cuando es á en pelig o la dignidad de los o os. Al
mi a lo que ocu e en el mundo y cons a a que la in eg idad de la dignidad humana es á
humillada o en iesgo de se lo, es uno mismo el que es á conce nido. Pa a ep esen a esas
ealidades, además de lo que los ilóso os y o os pensado es apo an, los poe as y a is as
ambién lo hacen lanzando sus bengalas en medio de la oscu idad.
Simila a lo que les sucede a los poe as, algo den o de noso os nos impulsa a busca y a
elabo a nue os signi icados. De cuando en ez, nos emos en la esi u a de eo ien a la
di ección hacia la que di igi nues os pasos. En ese con inuado mo imien o exis encial que es
la ida, impulsado po el deseo de encon a ce idumb es, cada suje o busca den o y ue a de sí
los asgos con los que iden i ica se. De ese modo, ensancha y hace más compleja su iden idad
pe sonal. Pe o, en el in e s icio que se ab e en e, po un lado, la nos algia y la ememo ación de
lo pe dido y, po o o lado, las conje u as en las que uno se imagina a sí mismo en un u u o,
!
!
132
apa ecen el p esen e y con él, una sue e de neblina espesa que, en ocasiones, anega la men e.
* * *
En el es udio de las cosas que nos concie nen, hay que mi a más allá de lo que nos o ece
la lógica del cálculo. Hay que de ec a y señala las limi aciones que, de pa ida, apo an aquellas
pe spec i as que ci cunsc iben el mundo de lo humano a lo que esul e con able o calculable
203
,
ins umen al, e i icable en su li e alidad, e c.
Realidades an opológicas como po ejemplo son la angus ia o el amo son expe iencias
que se i en subje i amen e. Se sien en ín imamen e, pe o no las podemos obje i a adicalmen e
sin su i alguna pé dida en el in en o. En la o alidad de las dimensiones que poseen, algunas
en e ellas p esen an eno mes esis encias a se obje i adas. No cabe la posibilidad de
encapsula las en el in e io de una ó mula que c eyé amos de ini i a. Ni se las puede medi ni
se las puede pone p ecio. Pe o con ellas, sí podemos es ablece una elación cognosci i a. Sabe
ace ca de ellas es un camino que comienza po la p egun a y po la e lexión ace ca de lo que
son.
Así, a modo de ejemplo, esul a complicado ansmi i a los demás la in ensidad de un
de e minado dolo que en un momen o dado se sien e. A cualquie a le desbo da «cuan i ica si
un de e minado dolo de muelas su ido el mes pasado es más o menos moles o que una ce alea
padecida la úl ima p ima e a […]»
204
. Po consiguien e, la a ea de pone palab as que expliquen
exhaus i amen e unas nebulosas ealidades así plan eadas es un obje i o inalcanzable.
Únicamen e son ac ibles aquellas modes as ap oximaciones que, po indi ec a e in ini esimales
que nos pa ecie an, son las lle adas a cabo po unos in é p e es que pacien emen e a an de
abo da su sen ido. Sí. Podemos ace ca nos paso a paso a ap ehende y comp ende cuál sea el
sen ido que b o a de sus mani es aciones. Es un sen ido que, a la pos e, es p eciso hace
in eligible median e un con inuado eje cicio de p egun as, espues as e in e p e aciones.
203
S. Mas ele a una c í ica a la calculabilidad en an o que po al noción se en ienda la abusi a p ác ica que
conlle a apa ejada, de modo i emisible, una educción del ámbi o de lo eal. El conglome ado de nociones e
imágenes que a iculan la noción de calculabilidad, en endida como una cons ucción socialmen e imagina ia,
únicamen e oman en cuen a, lo que es con able, medible, calculable. De lo expues o se desp ende que lo que no se
a iene a se some ido a esos pa áme os, esul a poco menos que in isible. (Mas, S., P ólogo a (Simmel, G., (1986),
Op. ci ., pág. 15)
204
Made uelo, J., “Flexiones C í icas”, e is a Lápiz, nº 106 oc /no . 1994, [pp.92-97], pág. 95
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133
El p opósi o de obje i a lo que es subje i o admi e pasos in e medios. Pe o ca ece de odo
in e és y iabilidad insis i en que el conocimien o exhaus i o de la condición humana pueda se
adicalmen e educible a da os empí icos.
(…) si analizamos las ilusiones po medio de los concep os, aquéllas se dispe san al p ime choque.
¿Pe o exis en oda ía en nues o siglo, p o eso es de e ó ica que analicen los poemas con ideas?
205
Tal es é il p e ensión pudie a espe a se de los ep esen an es de algunas disciplinas
posi i is as aplicadas al es udio del exis i humano. Me e ie o a aquellas disciplinas que sólo
acep an y sólo aplican mé odos con los que a a los hechos empí icos que, de un modo u o o,
han de deja se obje i a ín eg amen e.
En jus a co espondencia di é lo siguien e. Cuando es os pensado es no consiguen obje i a
asgos que son p opiamen e humanos, el sólo hecho de pensa en p escindi de odas aquellas
e ien es de lo eal exis en e que p esen an al esis encia es un g a e e o . Es a exigen e y a la
ez pob e expec a i a en ningún caso puede se exigible a la iloso ía o al pensamien o
ín imamen e eligioso. Tampoco al pensamien o imagina i o-poé ico cuyos con o nos siemp e
quedan abie os.
* * *
A pa i de aho a e lexiona é sob e lo que nos pasa en los acon ecimien os y expe iencias
ca gadas con un al o con enido e elado : sob e la i encia del lui del iempo que pasa po
noso os y sob e los signi icados que a ibuimos a la ida. En úl imo é mino, odas son
cues iones que hacen alusión a unos e e en es exis enciales que nos obligan a mi a lo que se
halla en lo más p o undo de noso os mismos. Apun an, sob e odo, a descub i algo que se
encuen a más allá de lo que en cada con ex o epocal se conside e uncional, luc a i o, ú il o
p o echoso.
205
Bachela d, G., (1982), Op ci ., pág. 240
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134
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135
Capí ulo 3. P ime a es e a. Acon ecimien os do ados con un al o po encial
e elado
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136
Unos pa icula es ipos de p egun as lími e
An es o después comenzamos a en en a nos con los enigmas de la ida. Cada se humano
se opa á algún incie o día y de un modo no p e is o con algún mis e io exis encial. Ese mismo
día comenza á a da se cuen a de sus p opios lími es pa a des ela lo. Ese encuen o que se i e
en p ime a pe sona, al ez con desasosiego, da luga a que en cada quien se desencadenen las
p egun as exis enciales. An e la in ensidad de lo que nos pasa en de e minadas si uaciones, los
se es humanos necesi amos e algo más allá de lo que emos y en ende algo más de lo que
en endemos. Pa a dilucida lo enigmá ico que nos sob e iene en esos pasajes y pa a esponde a
las p egun as que se susci an hemos de busca modos de conoce adecuados, así como pone en
ma cha algunos mecanismos con los que ba aja espues as. Una c eencia undamen al en la que
se sos iene mi esis queda sub ayada en la a i mación de que pa a ales ines disponemos de la
capacidad de asociación imagina i a que os en an algunos a e ac os poé icos. Ellos a ojan luz
y o o gan sen ido a los su iles es ados emocionales que a lo an en ales si uaciones:
Su na u aleza i a y al mismo iempo sec e a nos in i a a una incesan e econside ación de
los signi icados que es án implicados en ella. Dice Tie no Gal án que el apa en e absu do de
p egun as «que no se pueden con es a y sin emba go o mula las se da como una exigencia de
la azón» no nos debe a oja a la desespe anza. Al con a io. Su exis encia, «se p e ende que sea
una explicación plena y sa is ac o ia pa a la azón en an o cuan o explica sa is ac o iamen e la
p esencia necesa ia de lo inexplicable como cons i u i o de la azón humana sin que deje de se
inexplicable»
206
.
Las p egun as lími e han sido o muladas po los miemb os de odas las gene aciones
humanas habidas en el mundo. La p ime a ez que cada uno de noso os se p egun ó po el
sen ido de su ida puso en ma cha un p oceso del pensa que ya nunca se ago a ía ni se sacia ía.
206
Tie no Gal án, E., (1955), Sociología y si uación, Ed. Aula, pág. 100, Mu cia
!
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137
En e ec o. Son p egun as que e o nan incansablemen e. Nunca se abandonan po que es án
inculadas con el mis e io que, al como lo plan ea Nicol, ha de se en endido «como incógni a
insoluble». No obs an e, y de acue do con lo que el p opio Nicol sos iene, odo mis e io
exis encial « ambién es obje o de comunicación y pa icipación simbólica»
207
. Pa adójicamen e,
la cla e de su pe manen e epe ición es iba en que siemp e admi en ap oximaciones simbólicas
y me a ó icas mo idas po nues o anhelo de islumb a algún sen ido con la al ez ana
espe anza de que nos sa is aga de una ez po odas. Las p egun as lími e se einician una y o a
ez pues o que los enigmas po los que se in e esan nunca acaba án po se des elados.
Cualquie a que sea la espues a «no sa is a á nunca po comple o a quien las hace, de mane a
que és e pod á con inua haciendo la misma p egun a aún después»
208
. No obs an e, jun o a esa
limi ación insal able, las espues as conc e as que se ob engan se án co ec as a la ez que
ecundas en an o en cuan o amplíen el ho izon e de lo que en cada opo unidad seamos capaces
de e y comp ende en lo que espec a a quiénes somos o a cuál pudie a se nues o luga en el
mundo.
En cada ocasión que se susci an, la sabidu ía apo ada po las expe iencias i ales
acumuladas, así como las o mas p opias de la época o cul u a con las que se p esen an a a iadas
in oducen gi os y ma ices pa icula es en nues os modos de abo da esas p egun as. No
obs an e, odas ellas ienen en lo undamen al un ca ác e uni e sal. De un modo u o o, son las
mismas que los miemb os de la especie humana se han hecho a sí mismos desde los albo es de
la ci ilización.
Julián Ma ías
209
e i iéndose al pensamien o li e a io de An onio Machado dice que «no
p ueba nada, no in en a ninguna demos ación concep ual […] se limi a a la in e ogación. No
hay “conclusión”, po que no hay un azonamien o. La espues a es la p egun a misma». F en e a
la obligación de esponde a las p egun as adicales que la iloso ía p opone, Ma ías a iende lo
peculia es que llegan a se las espues as que el pensamien o poé ico y la li e a u a o ecen:
«[…] el pensamien o li e a io puede deja las colgando, di íamos emblando,
es emeciéndose en la ib ación de la p egun a que con su misma o mulación lí ica pos ula una
espues a emocional, una mane a de con icción que no es eó ica, que no se jus i ica, pe o puede
se jus a».
Las p egun as a las que me e ie o ienen una p esencia indiscu ible en la condición
207
Nicol, E., (2001), C í ica de la azón simbólica, Ed. F.C.E., pág. 269, México D.F.
!
208
Toulmin, S., (1979), Op. ci ., pág. 230.
209
Ma ías, J., “An onio Machado y el pensamien o (y III)”, dia io ABC, 25/07/1996
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144
que pe dimos. En cualquie a que sea el caso, es un mundo que an o es ma e ial como inma e ial.
Nues a ida es mul idimensional. Como queda dicho, los obje i os as los que amos ni
empiezan ni acaban con la adquisición de un compendio de habilidades básicas pa a soluciona
los ap emian es p oblemas de la ida p ác ica. Como dice M. Be man, en el momen o de
con ecciona el in en a io de las dimensiones y de las i udes que con o man nues a ida
hemos de oma en conside ación muchas más des ezas que las exis en es en la «limi ada […]
gama de ac i idades humanas […] que esul an en ables»
216
.
En la mayo ía de las ocasiones de la ida co idiana, segui de e minadas pau as
simpli icado as nos esul a uncional. Su exis encia nos pe mi e economiza muchos es ue zos.
Pe o ambién es cie o que nos an icipan algunos e ec os dis o sionan es. En más ocasiones de
las que since amen e es a íamos dispues os a admi i , se in e ponen como obs áculos. Nos
di icul an la comp ensión p o unda o la acep ación de aquellas cosas humanas que a causa de su
no edad o de su di e encia nos pa ecen ajenas y di ícilmen e asumibles. Pensemos en las
di e en es ine cias a las que nos pueda conduci un pensamien o posi i is a y unidimensional,
pe echadas con la i anía de sus p opios lími es. Los ma cos men ales ce ados. Los sis emas
de c eencias consolidados. En de ini i a. Todas las ep esen aciones que manan de esa o ma de
concebi lo eal son limi an es. Suponen impedimen os y es icciones pa a nues o pensa y
ac ua . Pensemos en la co edad de las c eencias que a i man que la e dad es á en los hechos
mondos y sólo en ellos. O que exis a un conocimien o ob enido sob e la ealidad humana que sea
o almen e independien e del obse ado . O que es é lib e de oda alo ación subje i a. O que las
ideas son independien es de la o ma en las que hayan sido exp esadas o plasmadas. O la al a de
en idad que os en an aquellas conje u as sob e lo eal humano que se a en de sos ene
únicamen e con lo que sea e i icable bajo pa áme os ales como la medida, la cuan i icación o
la obse ación empí ica.
Los e e en es con los que la condición humana cuen a y despliega despie an la cu iosidad
y el pensa de los obse ado es más medi a i os. Sin emba go, esos mismos e e en es son
p ecisamen e los que desbo dan odos los cauces que les ponen aquellos plan eamien os que
únicamen e se basan en la calculabilidad de odo. Los posicionamien os posi i is as siemp e
co en el iesgo de mo e se o pemen e si ni siquie a llegan a oma en cuen a aquello que exis e
más allá de las ci as
217
. A ende la complejidad de lo humano implica una p edisposición c í ica
216
Be man, M., (1988), Todo lo sólido se des anece en el ai e. La expe iencia de la mode nidad, Ed. Siglo XXI,
pág. 88, Mad id
217
!Sain Exupé y e i iendo su p opia mi ada in an il incula esa miopía con un ipo de mi ada que es común en e
los adul os:
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145
e alua i a. In i a a ela i iza un sen ido común que sólo sea capaz de gi a al ededo de un único
eje cen al. Pide a umba algunos plan eamien os unidimensionales. Po ejemplo, aquellos que,
en e nues as acciones, únicamen e juzgan dignas de elogio las que es án ges ionadas y di igidas
hacia la ob ención de ecompensas ins umen ales y p ác icas.
* * *
An es o después y en ci cuns ancias ex ao dina ias, apa ece á en nues a ida la pe en o ia
necesidad de delibe a sob e el sen ido a da a nues a exis encia. Resona á en nues o in e io
una oz pa icula , que es la ía de exp esión que oman las inquie udes exis enciales. En onces,
queb ado el o den de u inas que un suelo i me nos p es aba nos ha emos p egun as ace ca del
des ino que nues a ida debie a oma . Pa icula men e en si uaciones de p o undos cambios, la
hoja asca o mada po la g an mayo ía de los hechos y sucesos de odos los días apenas nos
o ece elemen os pa a pensa . Si dejá amos el es o de los acon ecimien os i ales ex ao dina ios
ue a de es a ecuación sob e la que aho a medi amos, en onces ápidamen e comp oba íamos lo
i ele an es e insigni ican es que esul an nues as idas. Se ía un lag an e desacie o a on a
el desa ío de nues o i i si únicamen e colocásemos en el pues o de mando nues as ac i udes
más planas. Po ejemplo, pe geña el de eni de nues os días, gobe na nues os pasos bajo unos
p incipios ec o es excesi amen e adhe idos a esas u inas co idianas. O asumi sin
complemen os la lógica de la u ilidad o la p ac icidad inmedia a como el g an ó em que se o ece
como si ue a la más al a c eencia. O oma la lógica que impe a en los me cados como la más
p o unda azón de se pa a i i . Es un e o de ap eciación cae en el exceso de iguala la
o alidad de la ida con an sólo una de sus pa es, que p ecisamen e es la que es á sa u ada de
expe iencias deg adadas
218
. Conside a que ida plena es la ocupada po los ámi es que nos
«Las pe sonas mayo es aman las ci as. Cuando les habláis de un nue o amigo, no os in e ogan jamás sob e lo
esencial. Jamás os dicen: “¿Cómo es el imb e de su oz? ¿Cuáles son los juegos que p e ie e? ¿Colecciona
ma iposas?” En cambio, os p egun an: “¿Qué edad iene? ¿Cuán os he manos iene? ¿Cuán o pesa? ¿Cuán o gana
su pad e? Sólo en onces c een conoce le». (Sain Exupé y, A., (1984), El p incipi o, Ed. Alianza, págs. 23-24,
Mad id)
218
Benjamin habla sob e la pé dida del alo de la expe iencia. Sob e la deg adación de su e dad y de su sen ido.
Lo hace después de mi a al pasado y compa a lo que de él eco daba con un enómeno nue o. El empob ecimien o
de una ida que ya dejaba de oma en cuen a la expe iencia como uen e de conocimien o en la ida de las gen es
a p incipios del siglo XX:
«En nues os lib os de cuen os es á la ábula del anciano que en su lecho de mue e hace sabe a sus hijos que en su
iña hay un eso o escondido. Sólo ienen que ca a . Ca a on, pe o ni as o del eso o. Sin emba go, cuando llega
el o oño, la iña apo a como ninguna o a en oda la egión. En onces se dan cuen a de que el pad e les legó una
expe iencia: la bendición no es á en el o o, sino en la labo iosidad. Mien as c ecíamos nos p edicaban expe iencias
pa ejas en son de amenaza o pa a sosega nos: «Es e jo enci o quie e in e eni . Ya i ás ap endiendo». Sabíamos
muy bien lo que e a expe iencia: los mayo es se la habían pasado siemp e a los más jó enes. […] ¿Pe o ¿dónde ha
quedado odo eso? […] (¿Quién in en a á habé selas con la ju en ud apoyándose en la expe iencia?)» (Benjamin,
W., (1973), Op. ci ., pág. 167)
!
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146
emos obligados a esol e en nues a co idianeidad es un sín oma de pob eza espi i ual. Ese
acío no lo llena una complemen a ia ida pa a el consumo y el en e enimien o en el iempo
lib e.
En jus a ecip ocidad, ambién se á desa inado man ene cualquie concepción ilosó ica
que minus alo e lo ú il y lo p ác ico. No esul a sensa o desp ecia el peso que de hecho iene
pa a noso os odo lo que a añe a la ealidad ma e ial y angible
219
. En e ec o. Los in en os po
comp ende la condición humana siemp e exigen i más allá de la ap eciación y del análisis de
una sola de las g andes dimensiones que con o man lo exis en e. Como complemen o a lo dicho,
pensa ace ca de los enigmas exis enciales es una acción que siemp e a más allá. Desbo da el
campo de explicaciones, en sí mismas pa ciales, que de modo casi exclusi o p o ienen de los
mundos especí icos que o ganizamos al ededo de la ida ma e ial.
En las ocasiones ex ao dina ias de la ida, es a necesidad de sen ido nos pide con ecciona
un in en a io, dibuja una pano ámica engloban e o con ecciona un ela o. En de ini i a,
e lexiona pa a oma inicia i as ace ca de lo que debamos hace de un de e minado momen o
en adelan e. Si debemos segui con el umbo an e io . O si, po el con a io, después de sopesa
una se ie de ac o es, la decisión deba se oma un des ío hacia un nue o ho izon e. Pa a a ende
es as demandas es p ecisa una cie a ape u a men al. En odo caso, un cie o g ado de madu ez,
en an o que lo que esa oz nos demanda es enjuicia y elegi en e opciones que hab án de
gua da una cie a cohe encia con un en oque i al que hayamos p oyec ado a la go plazo.
An e la duda y las p egun as po lo que debamos hace o cambia en nues a ida, una
elemen al p udencia nos aconseja pasa po el cedazo de la c í ica odo lo que a es e espec o
ba aja nues a men e. Con as a lo con una plu alidad de c i e ios p opios y ajenos con obje o de
e i a a bi a iedades y e o es. Cuando de lo que se a a hunde sus aíces en el sen ido a da a
la ida, el buen umbo a oma debe se mi ado con los ojos que la iloso ía nos p es a. La labo
consis e en con inua a endiendo de un modo e lexi o, a en o y sosegado, lo que hemos in uido
en un p ime momen o in ospec i o. La u ilidad de esa mi ada ilosó ica nos si e pa a ex ae
la mena y deja la ganga desca ada. Y pa a hace un balance. P ecisamos examina
cuidadosamen e y sopesa lo que hemos sido y lo que hemos hecho en nues a es ancia en el
mundo. Ponde a odos y cada uno de los hechos y de las si uaciones que has a un de e minado
momen o han en amado nues a ida e ec i a. Con ese in, la men e e lexi a comienza haciendo
una dis inción cuali a i a undamen al. Recu e an o a la memo ia como a la medi ación.
219
«Dos e o es. 1. Toma odo li e almen e. 2. Toma odo espi i ualmen e». (Pascal, B., (1981), Op. ci , pág. 90)
!
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147
Nues a azón de se nunca se limi a a la adhesión a las e ien es más pasi as o a las
ac i idades de espa cimien o más i iales en el cu so de una exis encia des i alizada. La ida de
los se es humanos siemp e es mucho más. A lo la go de la ida siemp e exis en posibilidades de
que nos sob e engan coyun u as colmadas po un caudal de expe iencias ex ao dina ias e
ín imamen e pe sonales. Una ez han hecho ac o de p esencia, pa ecie a que hubie an es ado
espe ándonos con algún enigmá ico p opósi o, al acecho, a la uel a de cualquie ecodo del
camino. En ocasiones quedamos emba gados po la in ensa i eza emocional y espi i ual de las
cosas que en ales ci cuns ancias nos ocu en. Es as complejas y a un mismo iempo singula es
expe iencias, ienden a pone en ela de juicio las imágenes ex e io es que nos enían p es adas.
Es en onces cuando nos damos cuen a de que necesi amos o as, más densas y más consis en es.
El sen ido y el sinsen ido de lo no edoso
J. L. Pa do ecue da que lo p opio de algo que se e po p ime a ez es su sinsen ido en
una doble acepción. Sinsen ido, po un lado, po que no puede inse a se en un modelo de
comp ensión de lo que aquello sea. La azón es iba en que siendo la p ime a ez que se es á an e
algo nunca an es sen ido, is o u oído, no lo podemos ubica ácilmen e en una p ede e minada
es uc u a de pensamien o. Así ocu e, debido a su ca ác e inaugu al o adicalmen e no edoso.
Y sinsen ido, po o o lado, po que ese algo an e el cual uno es á po p ime a ez, es muy posible
que se nos pase desape cibido. Como dice Pa do, «sólo se pe cibe algo cuando es ap endido a
pe cibi lo, es o es, cuando se ha con aído de e minado hábi o […]»
220
. En es a úl ima pa e de
la a gumen ación, Pa do se e ie e al iempo de la e lexión. Viene a deci que el p oceso de
elabo ación eó ica únicamen e comp ende y asimila lo que se ei e a. Lo que ya conocíamos
p e iamen e. Al mismo iempo, habla ace ca de nues a ca encia de un pa adigma eó ico p e io
que nos pe mi a comp ende o que nos sea ú il cuando es amos an e lo que nos esul a
220
Pa do, J. L., (1991), Sob e los espacios. Pin a , esc ibi , pensa . Ed. Del Se bal, pág. 46, Ba celona
!
!
148
adicalmen e no edoso. Esa di icul ad nos indispone pa a ep esen a lo que nos es
absolu amen e desconocido y que, no obs an e, nos ha pasado.
En de e minadas ci cuns ancias especiales quedamos mudos an e lo que hemos sen ido
di ec a y singula men e. De un modo complemen a io, pa a comp ende esa si uación no edosa
necesi amos el uso o la c eación ex p o eso de un modelo men al inclusi o. Nos u ge un ma co
men al adecuado. Un ma co que acoja en su in e io lo que los p ocesos po los que se
desen uel e habi ualmen e nues o pensa son incapaces de ap ehende . Una cadena de
e lexiones nos pe mi i á o mula p egun as e inicia espues as. Lo que al inal del p oceso
esul e, o ma á una nube de signi icados nue os. Es os signi icados se ponen al se icio de la
comp ensión de algo que además de habe nos ocu ido, ha conmocionado nues as emociones.
Es a es una a ea eó ico- e lexi a que equie e una p edisposición co pó eo-men al bien
dis in a a la que mani ies a la ía mi ada de un obse ado ajeno y dis an e. Las expe iencias
di ec as y no edosas son aliosas. P ecisamen e lo son po que siendo desconocidas nos apo an
nue os indicios su iles y mis e iosos. Es p eciso demo a se en ellas. De ene se a pensa las pa a
llega a comp ende lo que ín imamen e nos dicen. En algún pun o, pudie an con e i se en una
opo unidad de di isa un nue o ho izon e de posibilidades.
Pa a lle a con un cie o acie o esa especial a en u a que es la ida al ez exis an unos
es ados de ánimo más adecuados. O bien unos suje os más decididamen e dispues os que o os a
con ibui al log o de su p opio ensanchamien o pe sonal. De odos modos, en algunas especiales
coyun u as, a odos y a cada uno de noso os se nos o ece la opo unidad de a isba la eme gencia
de nue as posibilidades de sen ido y de signi icado. También es po es a ía po la que en an en
nues o campo isual los acíos y las amenazas que sob enadan a nues o de edo enseñándonos
sus auces. Una a o unada conexión en e ambos ac o es, el subje i o y las bazas que apa ecen
en el eco ido, sin duda da á luga a unas expe iencias di ec as y adicalmen e singula es.
En algún pun o y ho a ex ao dina ios, es amos expues os a que nos pase algo que a la
pos e se demos a á luminoso. Puede que apa ezca algo singula en el que se islumb e que o o
modo de ida más pleno esul a iable. Desde el luga y momen o en el que en onces nos
encon emos, pod emos cons a a que esa no edad es á en o a pa e. Además, en un de e minado
aquí y aho a, jun o a oda una cons elación de in luencias, es amos expues os a que de epen e
algo a lo que llamamos aza haga ac o de p esencia. En los acon ecimien os cla e a los que me
e ie o, puede que ese aza nos aca ee alguna incie a sue e de inspi ación a o unada.
!
!
149
Aden a se po sende os inexplo ados
«Hay que ab i la en ana. Pe o sabiendo que lo que
se e cuando la en ana se ab e nunca es lo que
habíamos pensado, o soñado, nunca es del o den de
lo p e- is o.»
221
R. Panikka dis ingue los acon ecimien os exis enciales cla e a los que aludo en es a esis
a i mando que son los «momen os especiales en la ida de cada homb e»
222
. A gullol los
denomina los « é ices decisi os de nues a exis encia»
223
. También los llama los «momen os
áu eos»
224
de la ida. Pa a T ías, pe enecen a al g upo aquellos acon ecimien os que, en su
mane a de se , lle an apa ejada «esa súbi a i upción de lo insóli o o de lo imp e is o en la ida
humana»
225
. En ales ances quedamos in oluc ados en una sue e de uelco o de agi ación
221
!La osa, J., (2010), "He ido de ealidad y en busca de ealidad. No as sob e los lenguajes de la expe iencia" en
(VV. AA.), In es iga la expe iencia educa i a, Ed. Mo a a, pág. 88, Mad id
!
222
Escojo a R. Panikka como au o que pone nomb e a es os especiales acon ecimien os, a es os momen os
c uciales de la ida:
«Hay momen os especiales en la ida de cada homb e, así como momen os de un mayo peso en la misma ida
humana.
El nacimien o, una mue e, la iniciación, el ma imonio, una en e medad, un encuen o, un amo , el descub imien o
deslumb ado de una expe iencia es é ica o in elec ual y an os o os acon ecimien os en la ida humana nos
despie an a una dimensión que a eces pa ecía ado mecida en lo más ecóndi o de nues o se . No imaginábamos
que pudié amos i i con an a in ensidad y p o undidad.» (Panikka , R., (2001), Op. ci ., pág. 152)
223
A gullol se e ie e al ins in o de conciencia que odos poseemos:
«Como al ins in o ope an e en el ejido del iempo la memo ia saca a lo e, inc us ándolos en nues o p esen e, los
é ices decisi os de nues a exis encia. Poco impo a que es os é ices hayan quedado apa en emen e sume gidos
en océanos de u ina, pues acaban p e aleciendo siemp e, incluso con a nues a olun ad». (A gullol, R., (2002),
Op. ci ., pág. 11)
!
224
A gullol pone de elie e la exis encia de un iempo de ida do ado con una cualidad di e en e al iempo de lo
acos umb ado. Man iene que «hay o o iempo en noso os que nos con igu a de una mane a adicalmen e dis in a
[…] [Es] o o iempo, median e el que econocemos el ela o sec e o de nues a exis encia. […] [Tales ins an es]
[…] acceden a noso os lib emen e y nos sugie en un pode insupe able. […] no podemos escapa a ellos po que
ep esen an, no lo mejo o peo de noso os mismos, sino lo que ha g abado en nues a iden idad una señal
impe ecede a. […] [son] los momen os esenciales de nues a exis encia, aquellos que en azón de su je a quía sob e
los demás pod ían muy bien se cali icados como nues os momen os áu eos.» (A gullol, R., (2002), Op. ci ., págs.
12 a 14)
225
T ías, E., (2001b), Pensa en público, Ed. Des ino, pág. 206, Ba celona
!
!
150
men al que ambién es sensi i a y a ec i a. En cada caso, eso excepcional que nos pasa se asocia
de un modo ca ac e ís ico con unas u o as e ien es de lo humano. No obs an e, es bueno
eco da que son disposi i os que nos acompañan desde nues os o ígenes como especie.
Acon ecimien os econ o an es y acon ecimien os a lic i os
Con la espe anza de que sean lo su icien emen e elocuen es, he elegido algunos ejemplos
pa a ilus a lo que a o de expone . Po un lado, en esa p ime a es e a se si úan unos
acon ecimien os i ales que pudié amos conside a espi i ualmen e bené icos o econ o an es.
En e ec o. En e los mencionados acon ecimien os exis enciales con pode e elado , algunos
pueden es a ca gados de econ o an es emociones que pa ecie an esplandece . P opagan una
con agiosa co dialidad en el suje o que las sien e. Le despie an gozosos e in ensos es ados de
ánimo, emociones p ocli es a inspi a imágenes men ales en las que se mues a la espe anza en
un u u o más luminoso. Al suje o que las i e en p opia ca ne le animan a explo a nue os
espacios de posibilidades pa a su c ecimien o pe sonal.
En es a p ime a es e a se encuen an aquellos acon ecimien os en los que se exal a el gozo
de i i : el amo -pasión, el enamo amien o, el e o ismo, la imaginación inculada con la
ensoñación poé ica
226
o la apacible lucidez que algunas medi aciones apo an. Todas ellas son
po encias que despie an nues a sensibilidad al iempo que nos o ecen una inspi ado a y dulce
conciencia de noso os mismos. Son acon ecimien os que ac i an una ac i ud apasionada que nos
impulsa hacia un pensa e lexi o. También pe enecen a es a p ime a es e a los g andes
226
Bachela d dice que la ensoñación poé ica «es una ape u a hacia un mundo he moso, hacia mundos he mosos»;
(…) «la ensoñación eje en o no al soñado dulces lazos, que es una a gamasa, que, en esumen, en oda la ue za
del é mino, la ensoñación “poe iza” al soñado » (Bachela d, G., (1982), Op ci ., págs. 28 y 32)
!
!
!
151
momen os compasi os o solida ios, emociones que cuando son al amen e in ensas quedan
asociadas con los alo es más nobles del alma humana. También se localizan allí los alo es
exp esi os y es é icos. Jus amen e ocu e así cuando lo que ienen pa a deci nos adquie e un
no able g ado de i adiación sob e nues a sensibilidad y en endimien o. En ese mismo luga se
encuen an los e ec os que nos p o oca el diálogo con ob as de a e genuinas en el que más
adelan e cen a é la a ención. Es as ob as con ibuyen a la apa ición de expe iencias e elado as
y eo ganizado as de la isión que engamos del mundo. Des aca la ca a sis emocional y con ella
los alo es inspi ado es que la música p o oca
227
. Su p esencia en dicha es e a se explica po su
con ibución a la c eación de í idas sensaciones que dan o igen a unas pa icula es expe iencias.
Aun si son pasaje as, esas expe iencias ocan p o undas ib as exis enciales. Po ello, Ba enboim
conside a que con la música se puede «c ea la sensación de e e nidad median e el sonido en un
pa de segundos»
228
. La in ensidad emocional es é ica es imulada po la música no se apaga como
un ós o o del que nada quedase. Sus e ec os pe manecen como huella en algún luga de la
psique.
Algunos acon ecimien os a lic i os ambién son c uciales en nues as idas. En nues a
mane a de pe cibi lo eal, és os úl imos in e ponen, po ejemplo, el il o del miedo. El emo
po las posibles consecuencias que nos pudie an aca ea amenazas de odo ipo. Po esa azón,
sus consecuencias pueden se ambi alen es. An e la desolación ine i able o an e la ca ás o e
pe sonal el males a nos puede induci a la pa álisis. O, po el con a io, nos puede ac i a
ac i udes ale osas y esis en es. Po de p on o, es a clase de acon ecimien os i ales nos pe mi e
ap ecia y ap ende lo minúsculos que somos. Luchamos en adical des en aja an e los
di ícilmen e eludibles enemigos. Y, sob e odo, en e a ine i ables des inos a los que es amos
condenados. Nues a conciencia a a iesa po si uaciones en las que se encuen a ca a a ca a con
dilemas exis enciales an e los que no puede hui .
227
A es e espec o, Ba enboim hace el siguien e comen a io a p opósi o de la música de Bee ho en:
«C eo que la música de Bee ho en y, sob e odo, la an ás ica Sin onía co al, a an de cie o ipo de a i mación,
ue emen e inculada con la a i mación social del se humano, la espe anza de la sa is acción, la libe ación, la
he mandad. O sea, odas las cosas posi i as que que emos deci sob e la exis encia humana es án con enidas de
o ma implíci a - sal o en el úl imo mo imien o, donde la emos explici a - en esa an ás ica co ien e de música
ib an e, conec ada o gánicamen e y que pa ece deci nos: «La a en u a humana ale la pena». (Said, E. y
Ba enboim, D., (2002), Pa alelismos y pa adojas. Re lexiones sob e música y sociedad, Ed. Deba e, pág. 154,
Ba celona)
!
228
Said, E. y Ba enboim, D., (2002), Op. ci ., pág. 171
!
!
152
Pa a comp ende esas expe iencias, a menudo ca ecemos de las palab as p ecisas, de las
imágenes adecuadas con las que ep esen a las. Sin emba go, g acias lo que en ellas nos pasa, la
ida nos da la opo unidad de p ocesa di usos sabe es con los que con igu a emos una isión
ágica de la ida. Es a p esencia de lo ágico se empa en a con la a alidad de la ini ud humana.
O con o as e oces di icul ades. Nace de nues o en en amien o con un des ino más ue e que
noso os. En ales lides, apenas disponemos de o os pe echos que ayan más allá de la o aleza
que la espe anza y la olun ad de lucha nos apo an. Al in y a la pos e, nues a ue za siemp e
demues a sus limi aciones en e a ue zas que doblan nues o b azo.
Pensemos en el inconsolable dolo asociado con odas aquellas expe iencias que nos
ansmi en un ine i able sen imien o de pé dida. Es un sen imien o o iginado po di e sos
ac o es que se conc e a de muchas y di e en es o mas. En esas expe iencias despun a una
ca ac e ís ica adical como es la ulne abilidad humana, es o es, nues a agilidad cons i u i a.
Nos a ec a sob e odo cuando se despliega la mue e como una ealidad absolu amen e
incon es able. Se i e la expe iencia en lo injus i icado e i epa able que nos esul a la mue e a
des iempo, pa icula men e cuando golpea den o de nues o cí culo de empa ía. Aún y odo, an e
lo ine i able de ales dilemas exis enciales, siemp e queda la humana ac i ud de la ebeldía
229
.
El emo po los males que un u u o nos pudie a depa a ambién es uno de nues os más
aciagos ag eso es. Examinemos sino lo que sen imos an e la ca ga penosa con la que una c uel
en e medad nos amenaza o ab uma. Asimismo, o man pa e de es e luga de la p ime a es e a
acon ecimien os exis enciales a a esados po el empob ecimien o de la expe iencia co idiana,
po el aba imien o o po la dep esión.
Las palab as y las ó mulas de consuelo se c ean pa a mi iga la desespe ación y el
sinsen ido. Pe o si el desenlace inal es ágico, su alo pa a el ali io siemp e esul a insu icien e.
El é igo que el uelco que nues a exis encia ha p o ocado es el que ocupa el p o agonismo.
No obs an e, en cualquie a que sea el caso en el que lo ágico nos isi e, la ida sigue. En a en
una nue a y bien dis in a e apa en la que es p eciso, de nue o, eencon a la senda a segui .
229
Leamos a es e espec o las palab as de Camus:
«El ebelde no pide la ida, sino las azones de la ida. Rechaza la consecuencia que ae consigo la mue e. Si nada
du a, nada es á jus i icado; lo que mue e es á p i ado de sen ido. Lucha con a la mue e equi ale a ei indica el
sen ido de la ida, a comba i en a o de la egla y de la unidad». (Camus, A., (1963), Op. ci ., Buenos Ai es)
!
!
!
153
Los acon ecimien os exis enciales cla e y la cons ucción de la a qui ec u a pe sonal
El humano nace como se ini o e inacabado. Po mucho que a ance, po más que madu e
en la consecución de su p opio p oyec o de ida, es un se que in a iablemen e es a á po hace se.
Po muchos log os que haya ob enido en la ida, siemp e es un se ca en e y pendien e de co ona
sus me as. En a ención a esa esencial incomple i ud es á impulsado a busca lo que
on ológicamen e sien e que le al a. Es a inquie ud p omue e en él la apa ición de al menos dos
p egun as cla e que se le p esen an ín imamen e unidas. En p ime luga , la in e ogación po los
ines de su ida. Y, en consecuencia, po las posibilidades de o o ga le un sen ido y de imp imi le
una o ien ación adecuada, pa a mejo gobe na se en ella. En segundo luga , se p esen a o a
p egun a que nos susci a la necesidad de sabe quiénes ealmen e somos
230
.
Con la mencionada unidad de p egun as, es oy e i iéndome al p oyec o que a a de
inqui i uno de los asgos más sob esalien es de la c eación de la subje i idad. Filoso amos
po que necesi amos p o undamen e sabe de noso os. Pa a ealiza amaña emp esa, hemos de
en a en el ecin o cla oscu o donde se ubican nues os p esupues os ilosó icos básicos.
También se exige pene a en el e i o io men al donde se cons uye nues a au oconciencia y
nues as e siones del mundo. En es e descenso a lo p o undo de uno mismo, algunas de las
ocupaciones y de los deseos que en la supe icie es aban en un p ime plano de nues a a ención,
en esa in ospección, se o nan insigni ican es.
230
Foucaul elaciona es echamen e es a necesidad de sabe de uno mismo con la in luencia di ec a eje cida po el
c is ianismo en el mundo de las ideas de las que pa icipamos. En cuan o c eencia y pensamien o eligioso y
ilosó ico, el c is ianismo conside a que és a es una de las dos uen es de búsqueda de la e dad. La p ime a uen e
la si úa en las e dades dogmá icas de los ex os sag ados. La segunda uen e es aquella que mana a pa i de las
p egun as que cada uno se hace mi ándose a sí mismo:
«El c is ianismo a ó al indi iduo a la obligación de a e igua , en el ondo de sí mismo y a pesa de odo lo que esa
e dad pueda ocul a , cie o sec e o, cie o sec e o cuyo des elamien o, cuya mani es ación debe ene , en su umbo
hacia la sal ación, una impo ancia decisi a. […] En es a obligación de busca la e dad de uno mismo, desci a la
como condición de sal ación y mani es a la a o a pe sona, me pa ece que enemos un ipo de obligación de e dad
muy di e en e de esa que incula a un indi iduo con un dogma, un ex o o una enseñanza». (Foucaul , M., (2014),
Ob a mal, deci la e dad, Ed. Siglo XXI, pág. 108, Buenos Ai es)
!
!
256
a ibuye un in en a io de signi icados que, es ando enca nados en la a e ac ualidad de cada una
de ellas, sin emba go, apun an hacia algo que es á más allá. Esa capacidad pa a signi ica se
con ie e en nexo de unión en e el a e y la ida comuni a ia a la que p o een de o mas y
alo es. Es as unciones, así enunciadas, demues an que el ámbi o del a e es un inago able
manan ial pa a ans e i ecu sos de sen ido, imp escindibles pa a e lexiona ace ca de o os
ámbi os.
De las p emisas an e io men e enunciadas se colige la empo alidad que acompaña al igo
de las espues as. Dado que el humano es un se his ó ico y cul u al, no es á p ede e minado po
algún ipo de esencia ija y e e na. Si se pudie a mi a hacia delan e en el iempo, o si exis ie a
un únel po el que iaja hacia un igno o po eni en el que odo ipo de ci cuns ancias hubie an
cambiado diame almen e, en onces no se ía en absolu o desca able que el consenso en o no al
al o alo que en o os momen os me eció una de e minada e sión de lo que se en iende po
condición humana llega a a disipa se como e dad compa ida. Un abismo abie o en e
con ex os epocales puede llega a co a los hilos que unían al e sión con algunos de los
impo an es mo i os y juicios que en el pasado le a ibuye on la posesión de una sublime e dad
bajo una ó mula enuncia i a ce e a. Vis o así, es más ácil en ende que las signi icaciones de
amplio calado ambién pueden disipa se. Queda así plasmado un in en o po a gumen a que el
alo de lo sólidamen e cons uido po el se humano ambién puede mengua o llega has a el
pun o de cae en el ol ido
431
. Po es e ipo de azones las p egun as ilosó icas ace ca de la
condición humana siemp e quedan abie as. Nos esul a inasible la posibilidad de llega a
comp ende con segu idad y en oda su p o undidad cues iones an a duas como es la de a e igua
cómo damos sen ido a la ida y al mundo.
Po consiguien e, la dialéc ica que se es ablece en e, po un lado, las p egun as ilosó icas
que nos in e pelan ace ca de qué sea la condición humana y, po o o lado, odos los in en os po
esponde las, así como las espues as ans o mado as que se asladan en ales in en os,
cons i uyen una a ea que nunca llega a su in. La in e minable a ea que iene el pensa ilosó ico
gua da su iles concomi ancias con el núcleo cen al del mi o ágico de Sísi o. De es e mi o
431
Eagle on nos lo ecue da así: «“Valo ” es un é mino ansi o io, signi ica lo que algunas pe sonas ap ecian en
ci cuns ancias especí icas, basándose en de e minados c i e ios y a la luz de ines p ees ablecidos. Es po ello muy
posible que si se ealiza a en nues a his o ia una ans o mación su icien emen e p o unda, pod ía su gi en el
u u o una sociedad incapaz de ob ene el meno p o echo de la lec u a de Shakespea e. Quizá sus ob as le
esul asen desespe adamen e ex añas, plenas de o mas de pensa y sen i que en la sociedad en cues ión se
conside a ían es echas o ca en es de signi icado. En esas ci cuns ancias Shakespea e no ald ía más que los le e os
mu ales – g a i i - que hoy se es ilan». (Eagle on, T., (1998), Una in oducción a la li e a u a li e a ia, Ed. F. C.
E., pág. 11, Buenos Ai es)
!
!
257
Camus des aca el «suplicio indecible en el que odo el se se dedica a no acaba nada»
432
. Pe o
Camus en iende que a al o men o le nace un con apun o a pa i del momen o en el que la
conciencia de Sísi o despie a. En onces es cuando encuen a que empuja pa a siemp e la ca ga
de esa oca no es un abajo o almen e es é il
433
. Es un abajo dichoso.
Re lexiona ace ca de nues a condición humana es una mane a de mani es a una de las
con adicciones que nos a a iesa. Filoso a puede que pa ezca la inú il dedicación que nunca se
acaba. Filoso a siemp e es el in en o nunca o almen e log ado de es ablece conexión con
escu idizas dimensiones de la exis encia. Pe o, po o o lado, iloso a es uno de los impulsos
más genuinos con los que el co azón del homb e se mani ies a en su máximo esplendo .
Los disposi i os a ís ico-simbólicos y su e ien e cogni i a
Siguiendo el hilo que a a iesa la p esen e esis doc o al, a o de mos a los modos con
los que las que denomino ob as de a e genuinas es ablecen ías de acceso al conocimien o y al
au oconocimien o median e la génesis de expe iencias sensibles e ín imas. En e ec o. Las ob as
de a e genuinas, a pa i de su p opio se a e ac ual, sea és e e bal, sónico, cósico, … se o nan
en o mas simbólicas y, po an o, en o mas do adas de la acul ad de p oyec a se ue a de sí
434
.
La po encia p oyec i a del simbolismo de ales ob as iene un ca ác e e elado . En o no a es a
unción e elado a su ge mi obje o de indagación. De la mano de las e lexiones de an os
432
És e es el esumen con el que A. Camus expone es e mi o: «Los dioses habían condenado a Sísi o a oda sin
cesa una oca has a la cima de una mon aña desde donde la pied a ol ía a cae po su p opio peso. Habían pensado
con algún undamen o que no hay cas igo más e ible que el abajo inú il y sin espe anza». (Camus, A., (1963),
Op. ci ., págs. 83 y ss.)
433
«Cada uno de los g anos de es a pied a, cada ozo mine al de es a mon aña llena de oscu idad, o ma po sí solo
un mundo. El es ue zo mismo pa a llega a las cimas bas a pa a llena un co azón de homb e. Hay que imagina se a
Sísi o dichoso». (Camus, A., (1963), Op. ci ., pág. 86)
434
Como dice Ricœu , «[l]a a ea de la he menéu ica (…) es doble: econs ui la dinámica in e na del ex o y
es i ui la capacidad de la ob a pa a p oyec a se al ex e io median e la ep esen ación de un mundo habi able».
(Ricœu , P., Na a i idad, enomenología y he menéu ica, Anàlisi 25, 2000 [pp. 189-207] pág. 205)
!
!
258
es udiosos que han illado es e campo, a o de comp ende cómo la no edad que la ía de
conocimien o es é ico-a ís ico des ela nos si e, ac o seguido, pa a pensa ace ca de noso os
mismos y pa a despe a en noso os un cae en la cuen a. Es un pa icula modo de ace camien o
a la comp esión de asgos de lo eal, dis in o del que o os ecu sos nos o ecen
435
.
El eje cicio que consis e en encon a espues as pa a las p egun as de Bachela d que a
con inuación expond é ambién o ien a mi e lexión sob e las elaciones eales y posibles que se
es ablecen en e el a e y la ida:
«¿Cómo una imagen, a eces muy singula puede apa ece como una concen ación de odo
el psiquismo? ¿Cómo, ambién, ese acon ecimien o singula y e íme o que es la apa ición de una
imagen poé ica singula , puede eje ce acción -sin p epa ación alguna- sob e o as almas, en o os
co azones, y eso, pese a odas las ba e as del sen ido común, a odos los p uden es pensamien os,
complacidos en su inmo ilidad?»
436
.
* * *
Sean a e ac os con más escu a in en i a
437
, o sean más espi i uales y exp esi os, pa a
llega a la e ec i idad que de ellos se espe a, pa imos de la idea que asegu a que los disposi i os
simbólicos de ca ác e a ís ico-poé ico poseen sus p opios modos de gene a expe iencias i as
y signi ica i as. Así lo explica y así los incluye Cassi e en su ob a, Esencia y e ec o del concep o
de símbolo:
«[…] El mi o, el a e, el lenguaje y el conocimien o se con ie en en símbolos, no po que
designen alguna ealidad p esen e o eciendo una imagen, una alego ía indicado a y explica i a,
sino en el sen ido de que cada uno de ellos c ea y despliega de sí un mundo p opio de sen ido».
438
Pa a alcanza el obje i o que consis e en ap oxima se a la comp ensión de la p opia ida, odos
esos disposi i os simbólicos son « ue zas que c ean y es ablecen, cada una de ellas, su p opio
mundo signi ica i o»
439
. Esos mundos signi ica i os, una ez que los hayamos p oyec ado y
en ec uzado con las igu as men ales que disponemos pa a ep esen a el mundo de lo eal se
con ie en en ge men de ías al e na i as a pa i de las cuales islumb amos o as posibilidades
e osímiles de concebi lo.
435
En e o os au o es, el a e (la poesía, …) como ía au ónoma e incambiable de conocimien o ha sido a ado po
J. A. Valen e: «La poesía apa ece así, de modo p ima io, como e elación de un aspec o de la ealidad pa a el cual
no hay más ía de acceso que el conocimien o poé ico. Ese conocimien o se p oduce a a és del lenguaje poé ico y
iene su ealización en el poema.» (Valen e, J. A., (1994), Las palab as de la ibu, Ed. Tusque s, pág. 25, Ba celona)
!
436
Bachela d, G., (1975), La poé ica del espacio, Ed. F.C.E., págs. 9-10, Mad id
!
437
Ga cía Leal, J., (1985), A e y conocimien o, Ed. Uni e sidad de G anada, pág. 172, G anada
!
438
Cassi e , E., (1975), Op. ci ., pág. 84.
439
Cassi e , E., (1973), Op. ci ., pág. 14.
!
!
!
259
Como es de espe a , he cen ado mi e lexión en los mundos c eados po el pensa
imagina i o poé ico-a ís ico. Po ob a de las amas sec e as del conocimien o es é ico que el
a e genuino gene a, algunos a e ac os poé icos y a ís icos o ecen sen ido a aquello que
pa ecie a no ene lo. De un modo indi ec o, me a ó ico y simbólico, el a e p opo ciona cla es
con las que escla ece los enigmas que algunos dispe sos acon ecimien os de nues a ida hacen
asoma . Me p opongo des aca la capacidad e ocado a del a e genuino que inc us ada en sus
o mas sensibles hace lo ece signi icados inculados con nues as dimensiones más ín imas.
Los a is as con sus ob as p ime o y los ecep o es después piensan median e unas
imágenes que pueden se lingüís icas o pu amen e isuales. Pa a los poe as y pa a los a is as,
son imágenes cuyo p opósi o inal consis e en que los asgos obje i ados de su p opia calig a ía
pe sonal queden a disposición de los demás en o ma de ob a
440
. Cuando es genuina, impulsa a
sus des ina a ios a pensa de un modo exis encial- ilosó ico. Un de e minado a e ac o a ís ico
se es ablece como genuino cuando gua da alguna i ud es é ica que, a apada en su ma e ialidad
y o malidad, es ap ehendida po el ecep o como si le p opusie a algún ipo de cla e o de e dad
exis encial. Cuando es o ocu e, los símbolos a ís icos se con ie en en ingenios con los que
descub imos algún g ado de comp ensibilidad en los a a a es po los que discu e nues a
condición humana.
Ma cuse en iende que la a ís ica es una e dad i ealis a
441
. Así la conside a en la medida
en la que no pe enece al o den es ablecido po el p incipio de ealidad. Una ez admi ido el
alo de es a e lexión, sin emba go, conside o que es p eciso de ende que las a ís icas son unas
e dades pe enecien es a o o o den. En su elación con nues a exis encia, demues an se unas
e dades ac i as. Lo son en an o que p o ocan expe iencias ín imas que an o son nue as y
singula es como eales. Su po encia queda e idenciada en las incon ables expe iencias de an as
gen es que así lo con i man. Son unas e dades que se mues an ú iles pa a desb oza nue os
ámbi os de lo posible. Ensanchan lo eal. En e ec o. Exis en e ien es de lo eal o ecidas po el
440
Dice Gadame que en el a e mode no el es ilo no exis e: «(…) el a is a ac ual, p i ado de una adición álida,
encuen a su p opia calig a ía pe sonal, p ecisamen e la suya (…) debe se legible (…) pa a el lec o , que debe
amilia iza se, po así deci lo, con esa calig a ía y con lo que dice». (Gadame , H.-G., (1990), Op. ci ., pág. 75)
441
En su ob a E os y ci ilización, Ma cuse exp esa es a idea en los siguien es é minos: «Ob iamen e, la dimensión
es é ica no puede hace álido ningún p incipio de la ealidad. Como la imaginación que es su acul ad men al
cons i u i a, el campo de la es é ica es esencialmen e "i ealis a": se ha conse ado lib e en elación con el p incipio
de la ealidad al p ecio de ca ece de e ec i idad en la ealidad». Añade el au o que el sen ido o iginal y la unción
de la es é ica aspi an a o ma un campo «que p ese a la e dad de los sen idos y econcilia en la ealidad de la
libe ad, las acul ades "in e io es" y "supe io es" del homb e: la sensualidad y el in elec o, el place y la azón».
(Ma cuse, H., (1971), Op. ci ., pág. 164)
Tal como añade Bü ge , el «a e conse a alo es como humanidad, amis ad, e dad, solida idad que en cie o
modo han sido b uscamen e apa ados dé la ida eal». (Bü ge , P., (1987), Op. ci ., pág. 104)
!
!
260
a e que poco ienen que e con los p oduc os espu ios de la an asía. Además, son e ien es
que desbo dan los es echos cauces que enuncian que lo eal sólo se mani ies a bajo un modelo
en el que únicamen e cabe lo que es consis en e, palpable, isible, … es o es, lo que di ec amen e
en a en nues a men e po la ía de los ó ganos de la pe cepción, dicho g osso modo.
Las a ís icas y poé icas son modalidades del e , bien dis in as de odas aquellas ins ancias
que a an de «comp ende de modo ealis a a pa i de las cosas».
442
Como apun a O ega y
Gasse , «una o ma de lo eal es lo imagina io y en oda pe spec i a comple a hay un plano donde
hacen su ida las cosas deseadas»
443
. Pa o de la conside ación de que la ue za cen í uga de lo
imagina io es uno de los más impo an es mo o es con los que los humanos ampliamos el campo
de lo eal. El pode de la imaginación c ea i a con ibuye, en e o as cosas, al desmemb amien o
de las c eencias, a queb a la sensación de e idencia que la ulga ización de las isiones
hegemónicas de la ealidad habi ualmen e p o oca. El acon ecimien o es é ico que las ob as de
a e genuinas acili an en onca de o ma di ec a con la idea que Lange sos iene cuando dice que
en él se p oduce algo nue o, a sabe , «la imp egnación de la ealidad co ien e con la
signi icación de la o ma c eada»
444
. Es e especial acon ecimien o nos pe mi e, de un modo
especial, «a apa un mundo de ealidades no pe cep ibles»
445
.
Cap u a indicios de sen ido en e las o mas simbólicas de cualquie ob a de a e es un
p opósi o que equie e un con inuado eje cicio de exégesis. Los hallazgos ap esados en su ed de
mallas han de se suscep ibles de se as asados a un lenguaje in eligible y suscep ibles de se
compa idos. Asimila emos el sen ido suge ido en ellos a medida en la que sigamos
p o undizando en un inago able eje cicio in e p e a i o. En el ámbi o de lo poé ico y de lo
a ís ico, los esul ados y la na u aleza de lo encon ado dis an mucho de pa ece se a los
ap ehendidos en el desa ollo pa icula de esas o as o mas simbólicas que son las cien í icas.
És as siemp e es án cons i uidas bajo un lema que les obliga: la supedi ación a la búsqueda de un
conocimien o igu oso, obje i o y e i icable. Ricœu epa a en que an o el lenguaje o dina io
como el cien í ico «es án limi ados po los hechos, los obje os empí icos y las es icciones
lógicas de nues as o mas de pensa es ablecidas»
446
.
442
Cassi e , E., (1975), Op. ci ., pág. 86.
!
443
O ega y Gasse , J., (1966c), El espec ado , en Ob as Comple as, Tomo II (1916-1934), Ed., Re is a de
Occiden e, pág. 20, Mad id
444
Lange , S., (1966), Los p oblemas del a e, Ed. In ini o, pág. 78, Buenos Ai es
!
445
Fe nández Alba, A., (1990), La me ópoli acía: Au o a y c epúsculo de la a qui ec u a en la ciudad mode na,
Ed. An h opos, pág. 119, Ba celona
!
446
Ricœu , P., (2006), Op, ci . XXI, pág. 72.
!
!
!
261
Po el con a io, los p ocesos del pensamien o simbólico poé ico, a ís ico, e c. se mue en
«siemp e en el mundo del a isbo y del ba un o»
447
. Pensemos en el plano en el que
enomenológicamen e se mani ies an los qualia sensibles (lo plás ico, lo c omá ico, lo musical,
…), es o es, las o mas isuales, sono as o angibles de las ob as de a e
448
. Allí queda
con igu ado el polo de las apa iencias de cualquie obje o a ís ico. En ese mic omundo sensible
se condensa lo ma é ico, lo cósico y lo apa encial. De un modo enigmá icamen e c ea i o lo que
es ísico-senso ial se o na en una sue e de médium que desencadena co espondencias más
p ima ias con los ó ganos de los sen idos. Las imp esiones pe cep i as p opician en los
ecep o es unas expe iencias es é icas, emocionales y cogni i as. Además, el simbolismo
a ís ico-poé ico no queda cap u ado en e los lími es que le impone el impe io de los hechos.
Tampoco en los del mundo que el sen ido común es uc u a. No es á supedi ado a las o mas de
es a en el mundo con las que queda obligado an o el lenguaje o dina io como el cien í ico. Los
caminos de ap oximación al sabe que la poesía y el a e en gene al eco en son dis in os a los
cien í icos. Las ciencias deambulan po unas p ecisas e edas. Cons an emen e han de ac ua con
un ino igo y un g ado no able de exac i ud en el cálculo y en la medida. A cada paso, deben
desc ibi y explica con p ecisión los hechos y sus elaciones, llegando a unos esul ados
obligados a ga an iza la ausencia de p oyecciones subje i as. En consecuencia, la e eda que las
ciencias eco en iene en sus má genes odo ipo de des ilade os o mados po eglas es ic as y
po una adecuación en las in e p e aciones que cons an emen e han de e i a lo ago, lo con uso,
lo psicológico. No obs an e, los sabe es que el a e nos p opo ciona no son in e io es a los
apo ados po el pensamien o cien í ico, en e o as azones, po que en e sí son incompa ables.
En ese con ex o, no debemos ob ia la que el p opio N. Goodman conside a una de las p incipales
esis de su lib o Mane as de hace mundos, cuando exp esamen e señala que:
«[…] el a e no debe oma se menos en se io que las ciencias en an o o ma de
descub imien o, de c eación y de ampliación del conoce , en el sen ido más amplio de p omoción
del en endimien o humano»
449
.
447
Ma dones, J. Mª, (2003), Op. ci ., pág. 99.
448
Sou iau, É., (1965), La co espondencia de las a es. Elemen os de es é ica compa ada, Ed. F.C.E., pág.100,
México, D.F.)
449
Goodman, N., (1990), Mane as de hace mundos, Ed. Viso . La balsa de la Medusa, págs. 140-141, Mad id
!
!
262
Expe iencia es é ica. Momen o sensible, emocional y cogni i o
«En una epen ina iluminación, odo su pasado ya no
se le apa ece como una a en u a sublime, ica en
acon ecimien os d amá icos y únicos, sino como la
minúscula pa e de un opel de acon ecimien os
con usos que a a esa on el plane a a al elocidad
que no pudo dis ingui se sus asgos, (…)
(…) aje a colación la a chiconocida ecuación de uno
de los p ime os capí ulos del manual de la ma emá ica
exis encial: el g ado de elocidad es di ec amen e
p opo cional a la in ensidad del ol ido.»
450
En las ac uales sociedades, en medio de la p isa y de la dispe sión men al, abundan unos
modos de ida óxicos, sa u ados con una sob eabundancia de mensajes y con oda sue e de
es ímulos ce canos a lo compulsi o. O as eces se en anegados po un edio cuya somb a se
expande po ob a de la cons ancia de unos hábi os escasamen e p o echosos. Todos ellos son en
sí mismos dislocaciones que impiden que nos llegue la ma e ia nu icia con la que sí podemos
o ece un sen ido a la ida y al mundo. Nos lanzan hacia una ida a omizada, con o mis a, so da
pa a el espí i u. De un modo simila a lo que ocu e con el mo imien o de las cin as
anspo ado as en los no luga es
451
, –ae opue os, e c.–, así exis en espacios y épocas de
nues as idas po las que ansi amos como si ué amos emi idos a un des ino sin que en la
a esía nada signi ica i o ocu iese, como si ué amos sob e los aíles de una c onología lineal
que nos iene o ganizada. Son idas que ci culan po conduc os de un o den que pod íamos
ca ac e iza como unidimensional y banal. Es un uni e so co idiano en el que se agolpa oda
sue e de di icul ades pa a ap ende a i i . En esa dinámica de lujos, las salidas a ías
450
Kunde a, M., (1995), La len i ud, Ed. Tusque s, págs. 146-147, Ba celona
!
451
Augé hace e e encia a los no luga es como «espacios que no son en sí luga es an opológicos» (Augé, M.,
(1995), Los no luga es. Espacios del anonima o, Ed. Gedisa, pág. 83, Ba celona), es o es, espacios en los que no
c ece la iden idad, uni e sos que no son p opiamen e elacionales ni his ó icos:
«Los no luga es son an o las ins alaciones necesa ias pa a la ci culación acele ada de pe sonas y bienes ( ías
ápidas, empalmes de u as, ae opue os) como los medios de anspo e mismos o los g andes cen os come ciales,
o ambién los campos de ánsi o p olongado donde se es acionan los e ugiados del plane a. (…)» (Augé, M.,
(1995), Op ci ., pág. 41)
!
!
!
263
al e na i as que en p incipio p ome en la ob ención de expe iencias
452
de calado y iqueza nos
pasan desape cibidas. B.-Ch. Han se e ie e a unos suje os a los que mil ci cuns ancias les han
despojado de la expe iencia exis encial, con i iéndola en una escoba o a
453
. Dice que es
«imposible demo a se con de enimien o an e una sucesión eloz de acon ecimien os o
imágenes»
454
. En nues as sociedades ac uales, «los acon ecimien os se desp enden con apidez
los unos de los o os, sin deja una ma ca p o unda, sin llega a con e i se en una
expe iencia»
455
. En e ec o. Den o de los modos de ida o dina ios, a los homb es y muje es de
ca ne y hueso nos esul a di ícil accede a campos de dedicación en los que encon a es ados de
sosiego. Necesi a íamos más a menudo dispone del iempo p eciso pa a que en noso os llega an
a madu a las opo unidades de encon a sabe es que sean un-da se-cuen a. Me e ie o a unos
p ocesos men ales al e na i os que pa adójicamen e llegan a pa ece ex ao dina ios pa a
nues os ac uales es ilos de ida y que podemos concebi los como si ue an los p ecipi ados
des ilados de una esme ada elabo ación alquímica. Cuando las ci cuns ancias son especialmen e
p opicias podemos des ia el umbo y aden a nos po pasajes que i imos como una sucesión
de expe iencias ca á icas, e elado as. En ese iempo i ido de o o modo descub imos unas
es ancias ín imas que an es nos esul aban desconocidas o adicalmen e enigmá icas.
Conclui íamos es e pun o diciendo que la o peza que nos imposibili a e nos o sabe lo que
somos, en sí misma, no nos es esencial. Me e ie o a esa sue e de a o ia pe cep i a o de sucesión
con inua de es ados men ales a ascados que nos incapaci an pa a da con las lla es o pa a
desce aja las incon ables ce adu as que nos pe mi i ían la in ospección.
Chul Han p opone una cla e pa a que emi a la de i a que nos aboca a la pob eza de
expe iencias. A i ma que las cosas «solo se ab en en un demo a se con empla i o»
456
. La mi ada
452
«La palab a "expe iencia" nos ha se ido, y nos si e, pa a si ua nos en un luga , o en una in empe ie, desde la
que deci no: lo que no somos, lo que no que emos. Pe o nos ha se ido ambién pa a a i ma nues as ganas de
i i . Po que si la expe iencia es lo que nos pasa, ¿qué es la ida sino el pasa de lo que nos pasa y nues as o pes,
inú iles y siemp e p o isionales en a i as de elabo a su sen ido, o su al a de sen ido? La ida, como la expe iencia,
es elación: con el mundo, con el lenguaje, con el pensamien o, con los o os, con noso os mismos, con lo que se
dice y lo que se piensa, con lo que decimos y lo que pensamos, con lo que somos y lo que hacemos, con lo que ya
es amos dejando de se . La ida es la expe iencia de la ida, nues a o ma singula de i i la.» (La osa, J., (2010),
Op. ci ., págs., 87-88)
!
453
Agamben desc ibe la pob eza de la expe iencia ac ual del siguien e modo: «(…) la expe iencia común no es más
que una escoba o a, un p ocede a ien as como quien de noche ue a me odeando aquí y allá con la espe anza de
ace a el camino jus o, cuando se ía mucho más ú il y p uden e espe a el día, encende una luz y luego da con la
calle». (Agamben, G., (2007), In ancia e his o ia. Des ucción de la expe iencia y o igen de la his o ia, Ed. Ad iana
Hidalgo, pág. 15, Buenos Ai es)
454
Han, B.-Ch., (2018), Op. ci ., pág. 103
!
455
Han, B.-Ch., (2018), Op. ci ., pág. 45.
!
456
Han, B.-Ch., (2018), Op. ci ., pág. 103.
!
!
!
264
hacia el in e io que en cada caso nos esul e posible; el acceso a las sec e as gale ías del alma
457
o los la gos eco idos po esos ín imos labe in os se án opo unidades ap o echadas pa a
descub i lo nu icio. Es a obse ación es cla e pa a en ende qué ocu e en el ac o de ecepción
es é ica.
La p esencia de cualquie ob a de a e genuina siemp e dice algo pa icula a un suje o que
ha de «ap ende a oí »
458
. ¿Qué hace an e la p omesa que o ecen algunos ecundos
acon ecimien os exis enciales cuyo calado se igno a olun a iamen e o incluso se desp ecia o se
eme? Una ac i ud de au én ica escucha, di á La osa, es aquélla en la que «uno es á dispues o a
oí lo que no sabe, lo que no quie e, lo que no necesi a. Uno es á dispues o a pe de pie y a deja se
umba y a as a po lo que le sale al encuen o. Es á dispues o a ans o ma se en una di ección
desconocida»
459
.
* * *
El in e és que susci an las ob as de a e debe i más allá de la simple admi ación o del pu o
asomb o. Abo da el pode y la in luencia que sob e noso os ienen las ob as de a e genuinas
ambién a más allá de lo que exige conside a las me as imp esiones o la pu a emocionalidad
que despie an. Las g andes ob as a ís icas des acan po habe culminado algún log o que pide
que le p es emos una más de enida a ención.
Así, la música, omada como ejemplo de cualquie a e en gene al, si e pa a algo más que
pa a elaja o pa a anquiliza los ne ios. Es e ipo de ines meno es, si bien complacen, es án
lejos de se una exp esión simbólica de la na u aleza humana. Es p eciso conside a que, además
457
Y nada impo a ya que el ino de o o
ebose de u copa c is alina,
o el ag io zumo en u bie el pu o aso...
Tú sabes las sec e as gale ías
del alma, los caminos de los sueños,
y la a de anquila donde an a mo i ... Allí e agua dan
las hadas silenciosas de la ida,
y hacia un ja dín de e e na p ima e a
e lle a án un día. (LXX)
(Machado, A., (2019), Soledades, Gale ías, O os poemas, Ed. Cá ed a, pág. 195, Mad id)
En la in oducción que G. Ribbans p epa a pa a es a ob a, se e ie e al delicado mundo de la gale ía, a una idea en
la que se unden «la imagen de c ip a o de g u a, no a de mis e io, de enclaus amien o y el concep o de mo imien o
que se encuen a ya en el símbolo del camino.» (Ribbans, G. In oducción a Machado, A., (2019), Op. ci ., pág. 42
458
Gadame , H.-G., (1991), Op. ci ., pág.94.
!
459
La osa, J., (2003b), La expe iencia de la lec u a. Es udios sob e li e a u a y o mación, Ed. F.C.E., pág. 30,
México, D. F.
!
!
!
265
del mencionado ac o emocional o del senso ial, juegan un papel insus i uible las sec e as
signi icaciones de ca ác e simbólico que apa ecen en las si uaciones es é icas. El ipo de
emoción que su ge es un impo an e ac o que pide se pensado con mayo p o undidad.
J. Cohen habla de una poé ica de la música, de una poé ica de la pin u a o, en gene al, de
una poé ica de las cosas
460
. Se a ana en dis ingui las emociones comunes que se sien en en la
ida co idiana de o as que denomina emociones poé icas. En las p ime as, la is eza o cualquie
o o ipo de a ec o es una emoción que se conside a p opia de un es ado ín imo del suje o. Sin
emba go, las emociones poé icas son las que se cap an como «una cualidad del mundo». Son una
cualidad inhe en e o «imagen a ec i a del obje o». Es as úl imas imágenes ienen como e ec o la
i adiación de algo que incide en la conciencia del lec o . Cohen apun ala es a idea diciendo que
an o la e ien e a ec i a como la cualidad exp esi a del acon ecimien o poé ico son di ícilmen e
desc ibibles o clasi icables. Pa a da el máximo de sus u os, los buenos poemas equie en de
unos lec o es u oyen es que han de es a do ados an o con una su icien e capacidad de escucha
a en a, como de una po en e espues a emocional. Son unos suje os que es án p epa ados pa a
cap u a en sus mallas los e ec os que los a e ac os poé icos les emi en, y lo hacen como si
maneja an unas edes de pesca que lo an a la de i a.
Cohen ecu e a la cegue a como imagen me a ó ica. La emplea con a aquellos que
p e enden nega el pode simbólico inse o en las cualidades exp esi as y sono as de cie os
ex os poé icos pa a ensancha el pensa y el sen i cogni i o de los lec o es
461
. Cohen conside a
que es os de ac o es nada p ueban, si su negación p o iene de una «cegue a poé ica», es deci ,
si son incapaces de e más allá del sen ido más li e al de las palab as. Compa a es e enómeno
con la imposibilidad que padece quien su e de cegue a senso ial, ya que nada impugna lo que
p edique de buena e ace ca de la inexis encia de los colo es. Dicho es o, ambién es cie o que a
pesa de los que quie an es ingi o minus alo a sea el pode de e elación de los poemas, o
sea el peso e impo ancia de nues a ida in e io , no po ello es án en disposición de demos a
esa acuidad que p oclaman. Cie os poemas hacen sen i y al mismo iempo e elan algo
462
.
Pe mi en ol e a mi a las cosas con nue os ojos. Pe o cada ez que se ponen en acción, en cada
lec u a apa ecen ma ices o iginales. Sus e ec os di ie en, según sean los lec o es y sus
460
Cohen, J., (1974), Es uc u a del lenguaje poé ico, Ed. G edos, págs. 201 y ss., Mad id
!
461
Es e enómeno que se sus ancia «a a és de las palab as y de las imágenes lle adas a su más al o g ado de
empe a u a a ec i a». (Cohen, (1982), El lenguaje de la poesía. Teo ía de la poe icidad, Ed. G edos, pág. 153,
Mad id)
!
462
«Si “deci ” es ambién mani es a algo más, el os o emocionan e del mundo, el es a o de exp esi idad, el
pa e ismo de las cosas y de los se es, en onces sólo iene pode cie o lenguaje, el lenguaje de los e sos y de las
igu as que llamamos poesía». (Cohen, J., (1982), Op. ci ., pág. 153)
!
!
272
desencadena y llega a ealiza o ac ualiza lo que en po encia con iene si se le p esen a an las
condiciones que necesi a. En consecuencia, solo nos ape cibimos de lo eal que e a su posibilidad
una ez que lo posible se ha sus anciado amplía el mundo de lo que se conside a eal. Lo ensancha
en la p opia medida de lo apo ado po su con ibución.
Podemos cons a a cómo algunos de los mundos c eados po la imaginación ponen en ela
de juicio de e minadas p édicas ace ca del es a u o de lo eal. Así, las isiones poé icas
emancipado as si bien nunca se sus ancia án en el mundo de la ida al cual son en la icción, no
obs an e, «nos hablan siemp e, de mane a más o menos explíci a de noso os mismos, pe o no
simplemen e al cual somos, sino como apa ecemos idealmen e en el espacio de la icción. Po
ello, en odas las expe iencias es é icas se despliegan dinámicamen e imágenes del homb e en
las que nos podemos mi a como espejos simbólicos, como isiones de un mundo posible no
exis en e nunca en la ida eal»
476
Nos hemos de p egun a , en p ime luga , po lo que ocu e en esas expe iencias an
in ensas, es é icas y es ésicas, en el p eciso y i o momen o en el que ocu e el ac o ecep i o,
en aquellas si uaciones en las que el pensamien o lógico a gumen al se a enúa y apenas
in e iene. Las expe iencias es é icas habidas con los p oduc os de la c eación a ís ica nacen en
un imagina io espacio de diálogo. Eme gen en el luga en el que el mundo de la ob a y el mundo
del ecep o con e san de un modo imagina io. En esas si uaciones, el a e ac o a ís ico genuino
se p esen a en su isicidad lis o pa a se ap ehendido pe cep i amen e. De es e p ime
in e locu o , deseo des aca i amen e su po encialidad pa a deci y su ca ác e o mado .
Es ando silen es en el a e ac o, son desempeños que en an en uncionamien o y e i en en cada
ac o ecep i o po mediación del alien o que les in unden los espec ado es, lec o es, e c.
Cada ob a es á p o is a con una mayo o meno capacidad pa a in lui en la mi ada y
ansmu a la. Me e ie o a su pode simbólico. En un cie o g ado, po mínimo o e íme o que
és e sea, al e a algo en la subje i idad de sus ecep o es. No es p eciso insis i que es os úl imos
son los que ocupan el o o luga cla e en es e diálogo. Más en conc e o, des aca en ellos su
imagina io indi idual, así como su capacidad pa a pensa sin iendo y pa a sen i pensando.
A pesa de lo dicho, y como señala Ga cía Leal, «una ob a se sien e y dis u a, an es de se
pensada»
477
. El ac o de ecepción es p ecisamen e el momen o en el que la ob a de a e sale de
su silencio. Resu ge; sale de sí misma. Y noso os, en an o que sus ecep o es, amos hacia ella.
476
Jiménez, J., (1992), Imágenes del homb e. Fundamen os de es é ica, Ed. Tecnos, pág. 53, Mad id
477
Ga cía Leal, J., (2002), Op. ci ., pág. 15
!
!
273
En el ac o de ecepción es é ica de la ob a de a e genuina a a esamos un umb al. C uzamos un
pe íme o. Dejamos a ás la on e a que sepa a el mundo o mado po las sensaciones que
enemos bajo con ol. Se pudie a deci que pene amos en la cáma a de esonancia senso ial y
espi i ual en la que se p oduce el enómeno es ésico-es é ico. Una ez allí, se a enúan los ecos
que nos llegan de los modos o dina ios de es a en la ida. Pasamos a una es ancia dis in a. En
ese nue o luga , a lo an en noso os unos especiales modos de sen i , de pe cibi y de imagina .
Nos emba gan con una i a in ensidad. Es e enómeno cuaja y se sus ancia cuando nos dejamos
cau i a po la expe iencia es é ica con la que esa ob a nos ascina. Es o a mane a de deci que
algunas ob as de a e ienen una g an capacidad de signi ica , de deci y de es ablece
co espondencias con quien iene un encuen o ín imo con ellas.
Las ob as nos hablan con un deci simbólico, me a ó ico. De ese modo indi ec o nos
enseñan, en e o as cosas, «la dis ancia que media en e lo que somos y lo que quizá pudié amos
llega a se »
478
. Lo que cada suje o descub e de un modo sensible y emocional, se en ama con
lo que la es uc u a ma e ial y o mal de la ob a haya sido capaz de deci le
479
. De ese modo la
ob a de a e sacude el mundo de cada ecep o . Lo hace de un modo dis in o y pa icula en cada
caso.
Pa a desa olla los eje cicios de in e p e ación de lo que ocu e en las expe iencias
es é icas. Pa a da cuen a de las p egun as que allí se susci an, es el pensamien o e lexi o el que
ha de pone se al mando. En p incipio nos encon amos con una ealidad pa icula : con la
plu i ocidad del sen ido y con la plu alidad de signi icados que, po ejemplo, un cuad o o un
poema son capaces de desplega . In e p e a y desci a el enigma que se ab e es un p oblema
escu idizo. Comp ende los mo i os que explican lo que a los lec o es o a los espec ado es les
ha ocu ido emocionalmen e ambién es un eje cicio complejo y labo ioso. No obs an e, son
nume osas las pe sonas de odo o igen y condición que sin cesa dejan es imonio de sus
especiales expe iencias es ésicas y es é icas habidas con el a e. Sí esul a opo uno deci que po
medio de la senso ialidad las ob as de a e genuinas ansmi en in ensamen e algo lúcido que al
mismo iempo esul a con uso
480
.
478
Jiménez, J., (1992), Op. ci ., pág. 223.
!
479
Seel en su Es é ica del apa ece di á que los «obje os es é icos son obje os en una si uación pa icula de la
pe cepción, o pa a una si uación semejan e; son ocasiones u opo unidades pa a una o ma de e minada de la
pe cepción sensible». (Seel, M., (2010), Es é ica del apa ece , Ed. Ka z, pág. 42, Mad id)
!
480
«La poé ica del asomb o, del ingenio, de la me á o a, iende en el ondo, […] a es ablece es a a ea in en o a
del homb e nue o que e en la ob a de a e no un obje o undado en elaciones e iden es pa a goza lo como he moso,
sino un mis e io a in es iga , una a ea a pe segui , un es ímulo a la i acidad de la imaginación». (Eco, U., (1990),
Ob a abie a, Ed. A iel, pág. 78, Ba celona)
!
!
274
Cada ob a de a e genuina en su aislado eposo, «pe manece como idea que no es pensada
y que se halla como deposi ada en algunos signos, espe ando que una conciencia enga a
eanima la»
481
. La chispa se enciende en el ac o ecep i o. En onces, lo que la ob a enga pa a
ansmi i nos, al ez log e il a se en nues as in e io idades. Ese iaje es á p opulsado, po un
lado, po el i mo y el dinamismo ínsi os en la ob a. Y, po o o lado, po la a ención demo ada
que le b indemos. S eine hace e e encia a la «masa c í ica» de las ob as a ís icas. A «sus
pode es implosi os en el in e io de las cáma as de eco del yo»
482
. En e ec o. La inmedia ez de
es e ipo de expe iencias ocu e cuando una ob a de a e genuina nos o ece alguna e dad i a
y plausible. En el ac o de ecepción es é ica, cuando p ende el acon ecimien o es é ico, queda
ac i ada la es uc u a in encional de la dimensión simbólica de una ob a de a e conc e a. Es a
acción queda p opiciada po ob a de una apasionada lec u a, de un a en o isionado, o de la
sensible disponibilidad de quien escucha. Po encialidad que has a ese momen o p eciso subyacía
la en e. Cuando el enigma do mido en ella se pone en acción lo ecen a ios enómenos. Se pone
en ma cha y se ansmi e esa signi ica i idad la en e. En a en acción la a qui ec u a de sen ido
implicada en su dimensión simbólica
483
. El suje o que con ac a con esa signi ica i idad ocul a
queda en uel o po ella. En ese imagina io diálogo, la azón y la sensibilidad del ecep o , su
memo ia, sus c eencias p o undas, en de ini i a, sus azas más biog á icas o man una unidad
in e namen e plu al. Esa unidad con adic o ia es la que con e sa con el obje o a ís ico. En
úl ima ins ancia, los signi icados que en cada ac o dialógico esul en se án pa a cada lec o o pa a
cada espec ado pa icula la apo ación capi al que esa ob a le b inda. De modo que, en e al
me o consumo de ob as de a e o de cualquie o o p oduc o cul u al, se puede esumi lo dicho
omando p es adas las siguien es palab as de Ado no:
«[…] la conduc a co ec a espec o del a e se conse a el momen o subje i o: cuan o más
se es ue za el suje o en acompaña a la ob a en su p opia dinámica es uc u al, cuan o más pene a
en su medi ación, an o más pe cibe ese suje o ol idado de sí mismo su obje i idad; en el mismo
hecho de su ecepción, la subje i idad es mediado a de obje i idad»
484
.
En una p ime a ins ancia, lo que la ob a de a e enga pa a ansmi i llama y en a en el
espacio in e io del ecep o . Los signi icados y el sen ido que p oclama se anspo an an o a la
men e como al co azón de ese suje o. Cuando una singula ob a p ende en esas cáma as
demues a habe se con e ido en un eac i o, en un ehículo de sen ido. El acon ecimien o
481
Du enne, M., (1982), Op. ci ., pág. 54.
!
482
S eine , G., (1991), Op. ci ., pág. 22.
!
483
Ricœu , P., (2004b), F eud: una in e p e ación de la cul u a, Ed. Siglo XXI, pág. 20, México, D. F.
484
Ado no, Th. W., (1980), Op. ci ., pág. 347
!
!
!
275
es é ico que allí sucede es una demos ación de la mencionada simbolicidad. Según la hipó esis
de Du enne, en los a e ac os li e a ios, musicales, pic ó icos, e c. hay una cualidad a ec i a que
el ecep o e i e al lee , al escucha , e c. Es algo que «sólo puede se conocido po una especie
de simpa ía, y si un suje o se ab e a él» […] «lo ho ible de El Bosco, la aleg ía de Moza , lo
ágico de Macbe h, lo i ónico de Faulkne designan an o una cie a ac i ud del suje o como una
cie a es uc u a del obje o; y es en el ondo po que es a es uc u a y es a ac i ud son
complemen a ias»
485
.
En el mencionado diálogo, un e ce in e inien e es el con ex o. En endido en un sen ido
amplio, cada con ex o si uacional puede que a o ezca o que no nos p opo cione las condiciones
adecuadas pa a saca pa ido a la ecepción de una ob a de a e. Pensemos po ejemplo en la
capacidad que algunos poemas ienen pa a an icipa y p oduci sen ido. Aún y odo, pa a
desplega los ni eles de signi icación que el poe a inco po ó necesi an se leídos o escuchados
en unas condiciones a o ables. Todos podemos ene la expe iencia de habe leído un poema en
un ambien e uidoso. O en un es ado men al dispe so que nos a anca del ex o. Pongamos o o
ejemplo. Es e iden e que no es lo mismo escucha música en un ea o que en unos g andes
almacenes. Toda ob a de a e equie e de las mejo es condiciones pa a da de sí odo lo que
encie a, pa a a apa la a ención c ea i a de unos ecep o es que siemp e son indi iduos
singula es e his ó icos.
En el ac o ecep i o, en esa e íme a unión que se es ablece en e el pensamien o
imagina i o y el decu so que allí oman las cosas de la ida, la men e del ecep o en a en un
es ado simila al de la medi ación. En ese encuen o, la dimensión que adop a ese suje o ol idado
de sí mismo al que Ado no se e ie e, lejos de desapa ece , eadquie e una posición de cen alidad
di e en e. Ese suje o en a en una sue e de es ado de demo a con empla i o. Fo mulado así,
pudie a pa ece que se a a de un es ado de pasi idad. Pe o es a p ime a imp esión no debe
con undi nos. No exis e un co e adical. En cie o sen ido, sí se puede pensa que ese es ado de
a ención es pasi o en an o que el suje o es abo dado po un cúmulo de imp esiones con las que
esul a i adiado. Pe o al mismo iempo ocaliza su a ención que no deja de se un eje cicio ac i o
en el que se p oduce ese diálogo imagina io. Es a pa i de esas condiciones cuando oma cue po
en él una sue e de conjunción en e sensaciones-emociones, imágenes e ideas. Es a sín esis
ocupa el luga acío que un pensamien o excesi amen e abs ac o y des inculado no supo
ocupa . Le emi e a ín imas y bo osas ealidades que es án a la espe a de se explo adas. Ese
espec ado , lec o , e c. puede se cualquie a. Podemos se odos.
485
Du enne, M., (1983), Op. ci ., pág. 130
!
!
276
El ecep o ealiza un p oceso de de ección y selección de asgos signi ica i os. A su modo,
econ igu a lo que e u oye. Y, si aún es poco conscien e, esboza un p ime eje cicio
in e p e a i o. En ese es ado, a ibuye unas p imigenias p oyecciones de signi icación y unas
a ibuciones de alo a pa i de lo que la ob a hace esona en él. Su men e p oduce imágenes
que ienden a busca elaciones con o as ep esen aciones in e nas, es o es, iden i icaciones y
pa ecidos con igu as de su memo ia. De ese modo, cada ez que lee un poema lo ec ea de un
modo pe sonal. En consecuencia, es con enien e sub aya que en la con emplación el suje o
eje ci a una ac i ud ac i amen e a en a. Ese de enimien o con empla i o es un modo de
mani es a se de alguien que amablemen e acep a que odo iene su du ación
486
. Cen ando su
a ención en la ob a, es el modo como «el con emplado se lib a de sus ínculos con la p axis
co idiana median e lo imagina io»
487
.
En el ue o in e no del lec o , del oyen e o del espec ado , lo que la ob a apo a se
ansmu a en e dad subje i a. En ese suje o eme ge una expe iencia de e osimili ud. Esa
e dad subje i a se asien a en las igu as signi ica i as que se han asladado de un ecóndi o
luga de su psique a un p ime plano de su conciencia. La conmoción espi i ual que sien en los
suje os ecep o es, po ejemplo, an e un poema o una melodía, p oduce en ellos un mo imien o
que es co po al y men al. Pe o, si esa ob a de a e iene además alo es an opológicos pa a
ansmi i , en el ac o ecep i o apa ece una p edisposición que iende a lle a a la men e a con lui
con un en oque ilosó ico de la ida. Esa conmoción se con ie e pa a esos suje os en una
so p esa. Su ho izon e de expec a i as se modi ica en algún g ado
488
. Po unos momen os, en la
e íme a ce canía de lo que ocu e en el ac o de ecepción es é ica, comienza a des ela se un
bo oso sabe .
T as la inmedia ez de la expe iencia es é ica-es ésica, algo i o queda en el espí i u del
ecep o . De algún mis e ioso modo, las amas sec e as del conocimien o es é ico con ibuyen a
la a ea que consis e en que esos suje os se ap oximen a los enigmas de lo que p o undamen e
son. A o as ca as de sí mismos que ambién les pe enecen y en las que has a en onces no habían
epa ado. En e ec o. An e de e minadas ob as de a e y sin sabe bien cómo, los suje os ecep o es
486
Han, B. Ch., (2018), Op. ci ., pág. 162.
!
487
Jauss, H.R., (2002), Pequeña apología de la expe iencia es é ica, Ed. Paidós, pág. 40, Ba celona
488
L. Bloom se e ie e en su caso a las que denomina g andes ob as canónicas de la li e a u a uni e sal y, en
pa icula , a su pode pa a p o oca expe iencias ca gadas de «un ex año y mis e ioso asomb o»: «Recién leídas,
La di ina comedia, El pa aíso pe dido, Faus o. Segunda pa e, Hadji Mu ad, Pee Gyn , Ulises y Can o gene al
ienen en común esa cualidad mis e iosa, esa capacidad de hace e sen i ex año en u p opia casa». (Bloom, H.,
(1995), El canon occiden al. La escuela y los lib os de odas las épocas, Ed. Anag ama, pág. 13, Ba celona)
!
!
277
en an en un pa icula es ado de súbi o asomb o. La ascinación con la que algunas ob as de a e
ienden a p edispone a sus espec ado es les encamina hacia algún nue o ap endizaje i al.
Ese es o que pe manece decan ado en el suje o le habla de unos mundos que, si bien es án
en él, aún no han ecibido o ma. Toda ía no han cob ado un cue po es able, aducible o
in e p e able. Esas expe iencias inmedia as comienzan a hace se e osímiles a pa i del
momen o en el que el ecep o se dedica a conside a lo que le es á ocu iendo. En esas
ci cuns ancias, lo que en el suje o se ans o ma ha es ado mo ido po la in luencia del diálogo
con una ob a de a e. G acias a lo que ese con ac o le ha pe mi ido comp ende , sen i y i i , en
su in e io comienza a esona algo nue o.
Una ez se haya aguado el enómeno es é ico, la inspi ación en él ecibida al ez le
impulse al lec o , al oyen e o al espec ado a es ablece ínculos imagina ios de sen ido. Son
puen es he menéu icos con los que pode es ablece conexiones en e, po un lado, lo que le ha
pasado y, po o o lado, cualquie an e io pasaje exis encial que le concie na i amen e. Una
ez que «lo ecibido se ha sedimen ado como ecue do»
489
, el p opio ecep o end á en sí el
ma e ial que necesi a pa a in en a in e p e a lo que le ha ocu ido. Como la ob a de a e genuina
«nunca e mina de da que deci », ese eje cicio he menéu ico nunca iene in. A la pos e, lo que
busca el in é p e e de cualquie ob a de a e es llega a man ene una «coo dinación sec e a con
la palab a»
490
. Se a a de e baliza , de hace comunicable lo que se ha llegado a comp ende
con su concu so. Tal ez sea ese p eciso mo i o el que le mue e a deci a Ricœu que, «[…] al
in e p e a , podemos de nue o en ende ; de esa o ma, en la he menéu ica es donde se anuda la
donación de sen ido po el símbolo y la inicia i a in eligible del desci amien o»
491
. En
consecuencia, po ob a de unas lec u as bien asimiladas, el lec o inco po a pa a sí nue os
c i e ios. Más a de, cuando sea el momen o, al ez los ponga en acción pa a llega a comp ende
los acon ecimien os exis enciales que le emba gan. Reco demos que pa a Ricœu ése es el
p oblema he menéu ico undamen al a desen aña . Bajo el eje cicio in e p e a i o la e un
impulso que nos pe enece, el deseo y la cu iosidad po e-descub i o e-desc ibi la ealidad
p opulsados po lo dado en un ex o de icción o en un poema. En p ime a pe sona, Ricœu a i ma
que lo que en un poema dado le hace conec a se de un modo especial con la ealidad es su
p opues a de o o mundo, «de un mundo habi able pa a p oyec a allí uno de mis posibles más
489
S ie le, K., “¿Qué signi ica « ecepción» en los ex os de icción?”, en VV. AA., (1987), Es é ica de la ecepción,
Ed. A co-Lib os, pág. 139, Mad id
490
Gadame , H.-G., (1991), Op. ci ., pág.97
!
491
Ricœu , P., (2004), Fini ud y culpabilidad, Ed. T o a, pág. 484, Mad id
!
!
!
278
p opios». Po esa azón «la ealidad co idiana es me amo oseada g acias a lo que pod ía llama
las a iaciones imagina i as que la li e a u a ope a en lo eal»
492
.
Los mundos posibles que las ob as de a e c ean
En el ámbi o de la iloso ía del conocimien o N. Goodman es udia el uncionamien o de los
sis emas simbólicos y su incidencia sob e nues as o mas de pe cibi y de comp ende el
uni e so de lo eal. En sus ensayos nos encon amos con una impo an e idea-ma iz que
pos e io men e ha alcanzado una no able ex ensión. Esa idea enuncia que g acias a los símbolos
el espí i u humano posee la capacidad de c ea mundos posibles
493
. Los se es humanos
u ilizamos una plu alidad de símbolos que nos si en pa a pe cibi , pa a elaciona nos y pa a
ac ua sob e lo eal de múl iples e inusi ados modos.
El pensamien o imagina i o a a iesa la cos a del eino de lo conocido. Cuando se aplica a
la c eación de o mas simbólico-a ís icas deja a ás lo eal más e iden e. Ab e una isu a en la
ep oducción de las igu as o de las ideas embalsamadas y de las o mas es anda izadas que
aponan el pensa -sen i . Va más allá de lo apa en e, de lo ya pensado, de lo ya is o o lo ya oído
en exceso. P ecisamen e lo hace po que su misión es la de c ea mundos nue os que
simul áneamen e quieb an lo que impone un pensamien o simple, lineal y de un solo sen ido. En
de ini i a. «La ue za de la imaginación c ece has a con e i se en un umb al del iloso a »
494
.
Bajo pe spec i as inédi as, hace eme ge y pone en ma cha un modo de pensa nue o con el que
eelabo a lo ya dado. A i ma Ga dne que cuando « emos po p ime a ez una ob a de Cézanne,
es posible que comencemos a con empla con nue os ojos el mundo de odos los días»
495
. O
492
Ricœu , P., (2002), Op. ci ., págs.107-108
493
N. Goodman ma iza su pe spec i a de la inclusión en los mundos eales de los que denomina mundos posibles:
«No hablamos aho a de múl iples al e na i as posibles a un único mundo eal, sino, po el con a io, de múl iples
mundos eales, y la p egun a subsiguien e a añe á a cómo in e p e a é minos ales como « eal», «i eal», « ic icio»
o «posible»» (Goodman, N., (1990), Op. ci ., pág. 19)
494
Lapoujade, M.N., (1988), Op. ci ., pág., 114
495
Ga dne , H., (1997), A e, men e y ce eb o. Una ap oximación cogni i a a la c ea i idad, Ed. Paidós, pág. 84,
!
!
279
descub amos lo que aún es á pendien e de se is o, exp esado o dicho. Los a e ac os a ís icos
con mayo po encia simbólica inaugu an nue as expe iencias. Po medio de a i icios
lingüís icos, pic ó icos, musicales, …, los p oduc os inales de la imaginación c ea i a si en,
en e o as cosas, pa a indaga en «ese inmenso campo de ealidad expe imen ada pe o no
conocida»
496
. Ese inmenso campo es el luga p opicio pa a que el poema, el ilme, e c.,
p o oquen un «g an cae en la cuen a», una sue e de conocimien o que a lo a con apa en e
espon aneidad en el p oceso c ea i o. Tan o en el que le co esponde al hacedo como en el que
luego, einicia el ecep o .
Dice Mailla d que la mediación que eje cen las ob as de a e no consis e en ae nos e dades
desde un mundo ascenden e, sino en «mos a las posibilidades en su posibilidad y hace lo en
lo que ya es, en lo que ya se nos mues a con cie as de e minaciones». Hacia es e ecundo
e i o io apun a la que Mailla d denomina acionalidad poé ica, cuyo come ido consis e en lo
siguien e:
«Des ui los p ejuicios de la isión, desnuda los ojos que con emplan pa a que puedan
con empla en lo que hay odo lo que puede se . Deja de econoce o eco da lo iejo en lo p esen e
pa a ob ene la pleni ud de la i encia ac ual»
497
.
El po encial simbólico de las ob as de a e es o o «modo cogni i o de es a " en con ac o"
con la ealidad»
498
. En e ec o, en e las unciones que les son econocidas o a ibuidas al a e
sob esale la que le econoce su con ibución a la ape u a de nue as o mas de signi ica y da
un sen ido a las expe iencias humanas.
* * *
El pode c ea i o de los a is as, una ez ha quedado enca nado en el ma e ial sensible
sedimen ado en sus ob as, consigue inaugu a icciones simbólicas. A los a is as se les econoce
la c eación de mundos pa alelos. A pesa de que sus ealizaciones son en idades imagina ias, en
el sen ido de es a ejidas po icciones e imágenes men ales, dila an las po encialidades de lo
eal exis en e. Feye abend
499
se e ie e a la impo ancia que hab ía que da a los homb es y
muje es del ea o y del cine po el empleo que hacen de los medios que ienen a su disposición
Ba celona
!
496
Valen e, J. A., (1994), Op. ci ., págs. 19 y ss.
!
497
Mailla d, Ch., (1998), Op. ci ., pág. 77.
498
Buck-Mo ss, S., (2005), Op. ci ., pág. 190.
499
Feye abend, P. (1985) ¿Po qué no Pla ón?, Ed. Tecnos, págs. 17 y ss., Mad id
!
!
!
280
(imágenes, sonido, mímica, ecnologías di e sas, e c.). Con el uso de esos medios, los buenos
a is as consiguen ace ca se a exp esa lo que desean ep esen a , supe ando las limi aciones de
los discu sos más es ic amen e concep uales. Cuando a an en p o undidad cualquie aspec o
de la condición humana, lo hacen sin la necesidad que ienen o os pensado es de mo e se den o
de la es e a que o man los ensayos y las in es igaciones e udi as. Así, Koes le , cuando compa a
icción y ciencia social dice lo siguien e: «[…] Las sá i as de Swi y O well ienen una isión
más p o unda que oda una biblio eca de ob as sob e an opología social»
500
.
Las ob as de a e ab en unos mundos que se o ecen al in elec o y a la sensibilidad de sus
des ina a ios. Lo hacen como si ue an ealidades habi ables. Es como si lo sucedido en el
momen o de la expe iencia es é ica aspi ase a p olonga se en el iempo, a se in eg ado en las
dimensiones sensibles de la ida. En an o que espec ado es (lec o es, …), en p ime luga , y
según el ipo de palada pa a el a e que cada ecep o posea, así se á lo opo unidad que se le
b inda pa a degus a los. En segundo luga , aunque sea de o ma di usa, los des ina a ios, cada
quien, a su o ma, al ez ad ie an que esa ob a iene algo capaz de imp egna su en endimien o
y sensibilidad. En e ce y úl imo luga , con un mecanismo simila al de la cu iosidad, algunos
de esos des ina a ios in en an a e igua qué es ese algo insc i o en la ob a que ac úa sin deja se
a apa , pues sospechan que ahí es á la cla e que pe mi e comp ende lo que gene a esa
expe iencia.
* * *
Pé ez Ca eño ecalca que la magia de la ob a de a e «nos coloca delan e de un mundo, o
mejo , nos in oduce en él, como si ue a eal»
501
. Esa magia se nos mani ies a como un susu o.
Es un susu o ce cano que nos oca hondamen e. Y al mismo iempo es u bio pues nunca
acaba emos de esol e del odo en qué consis e su pode pa a in ensi ica nues o espí i u. Así
se e idencia que la ob a de a e dispone de más sen ido del que as una p ime a mi ada
supe icial pa ecie a con ene . Posee un «exceden e de sen ido que a más allá del signo
lingüís ico»
502
, azón po la que ebasa cualquie in e p e ación li e al. Pa a desen aña lo
necesi amos del eje cicio de una in e minable exégesis que dé cuen a de lo que ese exceden e
a eso a. Los u os de ese inacabable eje cicio in e p e a i o, siemp e ap oxima i os, los
500
Koes le , A. (1983), Op. ci ., pág. 46.
501
Pé ez Ca eño, F., “A e e ilusión”, en VV. AA., (1999), His o ia de las ideas es é icas y de las eo ías a ís icas
con empo áneas. Volumen II, Ed. Viso , pág. 261, Mad id
!
502
Ricœu , P., (2006), Op. ci ., pág. 58.
!
!
!
281
necesi amos pa a aslada los luego al dominio del habla. Dicho de o o modo, con obje o de
comp ende y adueña nos de la e dad que la ob a inci a a conoce , es o es, pa a hace nos con la
ilusión e elado a de lo que la ob a (nos) ansmi e, es p eciso pasa la po la luz de la palab a.
Comen a Pé ez Ca eño que esa ilusión e elado a es la que «pe mi e que los signos se hagan an
anspa en es que a a és de ellos pene amos un mundo»
503
.
Al deci de O. Paz, lo que espe amos del obje o a ís ico en pa icula y de odo obje o
mágico en gene al es encon a el sec e o del cambio pe sonal:
«El obje o mágico ab e an e noso os su abismo elampaguean e: nos in i a a cambia y a se
o os sin deja de se noso os mismos»
504
.
Es os ienen a se algunos ca ac e es de la magia de la isión poé ica. Una ez abandonadas
las lige ezas del es e icismo, el obje o a ís ico comienza a ope a cuando cu sa una in i ación
pa a que sus des ina a ios se sume jan en las más p o undas aíces de su se . Ahí p ecisamen e
se encuen a el pode ans o mado del a e. A sus ecep o es les p opone una sue e de iaje
sec e o en el que, de un modo ic icio, el iaje o oma a esías que le alejan de lo que an es e a
en apa iencia. Cada ob a es capaz de descub i le alguna posibilidad de me amo osis. Le
aleccionan a eno a se, a explo a o as ías pa a que, en de ini i a, llegue a se más quien
p o undamen e es. Así lo exp esa Gadame cuando se e ie e al ca ác e simbólico de la ob a de
a e lle ado al lenguaje:
«[…] la ob a de a e […] es p esen e absolu o pa a cada p esen e espec i o y, a la ez, man iene
su palab a dispues a pa a odo u u o. La in imidad con que nos a ec a la ob a de a e es a la ez, de
modo enigmá ico, es emecimien o y desmo onamien o de lo habi ual. No es sólo el «ese e es ú»
que se descub e en un ho o aleg e y e ible. También nos dice: «¡Has de cambia u ida!»
505
503
Pé ez Ca eño, F., en VV. AA., (1999), Op. ci ., pág. 261.
504
Paz, O., (1984), Las pe as del olmo, Ed. Seix Ba al, pág. 154, Ba celona
505
Gadame , H. G., (1998b), Op. ci ., pág. 62.
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ac i ados con el impulso de la acción imagina i a que cada lec o imp ime. En onces se empiezan
a da unas nue as ci cuns ancias.
Lo que un ex o dado alcanza a deci no depende i emisiblemen e de ningún monopolio
ni de ninguna o odoxia que dic e cómo haya de se in e p e ado. E i ando cae en
sob ein e p e aciones o en o os excesos abusi os, la disponibilidad de los ex os poé icos o
li e a ios pa a que lleguen a se comp endidos demues a una g an ape u a. Dicho a g andes
asgos, admi en se en endidos de o os modos a los que lo hicie on sus au o es o sus p ime os
c í icos. Una ez publicado, el ex o se c uza con el pa icula uni e so de cada lec o . En un
mu uo diálogo, cada suje o puede encon a pa icula idades pe inen es con las que da una nue a
di ección al sen ido del ex o. Vis o desde una pe spec i a más gene al, en las lec u as a en as de
un mismo poema se p oducen unas discon o midades. Eme gen unas di e en es e siones que
son debidas al en en amien o en e las a iadas in e p e aciones que el ex o es capaz de susci a
en e sus lec o es.
La des iación o zada po el uso me a ó ico se di ige al encuen o de nue os signi icados,
es o es, hacia algún eno ado ipo de e dad. Es un ipo de e dad del que Ricœu mani ies a que
es á inculado con el pode pa a ans igu a nues a ap ehensión de lo eal que posee la icción.
Es p eciso sub aya aquí que se a a de una acepción alejada de lo que en ienden las o mas
con encionales de e dad. És as es án más alineadas o más subo dinadas a la búsqueda de la
cohe encia lógica en la e i icación empí ica.
En esumen. Ricœu desea que el cen o de g a edad de los es udios que la me á o a me ece
se desplace de la semán ica de la palab a a la semán ica de la ase o al o den del discu so. En
su opinión, el pode me a ó ico es un ecu so del ex o que se aleja an o de la me a unción
deno a i a de los signi icados usuales como de la deco a i a. T asciende «la nomencla u a de las
imágenes que ilus an sus ideas, […], [sus e ec os desbo dan la me a unción que consis e en]
ado na una idea con una imagen»
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. Jus amen e, la me á o a si e pa a exp esa y mos a lo
eal de o o modo. Se hace ú il como ehículo que nues a imaginación p oduc i a anspo a
hacia una de e minada e dad poé ica. Lo li e a io c ea sen ido y signi icados. Las me á o as
i as que en aman un ex o poé ico e elan analógica e indi ec amen e dimensiones de lo eal
que de o o modo pe manece ían escondidas. Mues an su e dad poé ica po ob a de una
pa icula unción e e encial p opia de lo que es simbólico. El lenguaje me a ó ico es á eple o
de in enciones. No nacen ni se es ablecen di ec amen e po la ía pe cep i a en a ención di ec a
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!Ricœu , P., (2008a), Op. ci ., pág. 25
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