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Trabajadores. Lenguaje y experiencia en la formación del movimiento obrero español

Author: de Felipe-Redondo, Jesús
Publisher: Zenodo
DOI: 10.5281/zenodo.14855495
Source: https://zenodo.org/records/14855495/files/csh05_De-Felipe-Redondo_Trabajadores.pdf
T abajado es
Lenguaje y expe iencia en la o mación
del mo imien o ob e o español
Jesús de Felipe Redondo
Colección
Ciencias Sociales y
Humanidades, 5
T abajado es. Lenguaje y
expe iencia en la o mación
del mo imien o ob e o
español
T abajado es. Lenguaje y
expe iencia en la o mación
del mo imien o ob e o
español
Jesús de Felipe Redondo
2012

Di ec o de la colección: Ciencias Sociales y Humanidades
Ja ie Mo eno Luzón
Consejo cien í ico
An onio Apa icio Pé ez Isido o Regue a
M.ª Begoña A úe Uga e Juan Ignacio Palacio Mo ena
Jaume Roselló Manuel Suá ez Co ina
Leona do Rome o Toba
Diseño de la colección y de la cubie a: Genue e Ediciones po J. A. Pe ona
Digi alización: emeao
© Jesús de Felipe Redondo
© de es a edición: Genue e Ediciones
I.S.B.N.: 978-84-8317-926-0 (PDF)
I.S.B.N.: 978-84-938557-7-2 (RÚSTICA)
D.L.: AS 400-2012
h ps://doi.o g/10.5281/zenodo.14855495
Hecho en España (U. E.) - Made in Spain
FELIPE REDONDO, Jesús de
T abajado es: lenguaje y expe iencia en la o mación del mo imien o ob e o español / Jesús
de Felipe Redondo. – [O iedo, e c.]: Genue e Ediciones, 2012.
416 p.; 24 cm – (Ciencias Sociales y Humanidades; 5)
ISBN: 978-84-8317-926-0 (pd )
ISBN: 78-84-938557-7-2 ( ús ica)
1. T abajado es. 2. Iden idad colec i a. 3. Lenguaje. 4. Mo imien o ob e o. 5.
His o ia. 6. España. 7. Siglos XIX-XX. I. Tí ulo. II. Se ie
327.321“18/19”
HBJD – IBIC 1.1
1DSE – IBIC 1.1
3JH – IBIC 1.1
3JJ – IBIC 1.1
Licencia C ea i e Commons A ibución/Reconocimien o-
NoCome cial-SinDe i ados 4.0 In e nacional
7
Índice
Ag adecimien os ................................................................................................ 9
In oducción ....................................................................................................... 11
P ime a Pa e
EL SURGIMIENTO DEL MOVIMIENTO OBRERO
Capí ulo 1. T ans o maciones ma e iales y lenguaje co po a i o .................... 19
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo ............................................................. 49
Capí ulo 3. Resis encia ...................................................................................... 109
Capí ulo 4. La ex ensión de las asociaciones de esis encia .............................. 137
Capí ulo 5. La comunidad de ciudadanos p oduc o es ..................................... 163
Segunda Pa e
LAS LUCHAS OBRERAS EN LA DÉCADA MODERADA Y EL BIENIO
PROGRESISTA
Capí ulo 6. Las elaciones en e el mo imien o ob e o y las co ien es
polí icas libe ales ................................................................................ 199
Capí ulo 7. Los con lic os labo ales y las nue as ei indicaciones ob e as ...... 245
8
Jesús de Felipe Redondo
Te ce a Pa e
EL MOVIMIENTO OBRERO ENTRE EL BIENIO Y EL SEXENIO
DEMOCRÁTICO
Capí ulo 8. Las luchas ob e as desde 1857 has a el Sexenio ............................. 285
Capí ulo 9. Las luchas ob e as y la cues ión del abajo emenino ................... 303
Capí ulo 10. Coope a i ismo y colec i ismo ...................................................... 331
Conclusiones ...................................................................................................... 363
Re e encias bibliog á icas .................................................................................. 371
Índice emá ico ................................................................................................... 405
9
Ag adecimien os
He podido ealiza es e abajo g acias a la colabo ación de un amplio
g upo de pe sonas. Mi di ec o de esis, Miguel Ángel Cab e a, ealizó un
a duo y pacien e abajo de c í ica y aseso amien o y me ayudó a e o za
mis a gumen os. Jo ge Sánchez y Elisa Bonne me anima on cons an e-
men e. Pa icia A oyo, Inmaculada Blasco y Blanca Di assón me hicie on
ú iles ecomendaciones. Robe o González Zalacaín me ayudó con la bi-
bliog a ía y Ana Belén Ve a, Ve ónica Gómez y Juan E a is o Fe nández
u ie on la amabilidad de lee y co egi la edacción. Asimismo, ecibí
la ines imable ayuda de Manuel Pé ez Ledesma, Jo di Canal, Ma ia de
Fá ima Sá, Genís Ba nosell, Juan P o, Jesús Izquie do, Flo encia Pey ou,
Da ina Ma ykáno á y o os in es igado es del Depa amen o de His o ia
Con empo ánea de la Uni e sidad Au ónoma de Mad id. Los posibles
acie os de es e abajo se deben a los suge en es comen a ios de es as
pe sonas, mien as que los e o es son de mi exclusi a esponsabilidad.
Quisie a econoce ambién la ayuda p opo cionada en la ase de in-
es igación po a ios his o iado es e ins i uciones académicas que me
ab ie on sus pue as: Angel Smi h, Richa d Cleminson y sus colegas del
Depa men o Spanish, Po uguese and La in Ame ican S udies; Ra ael
C uz y el Depa amen o de His o ia del Pensamien o y de los Mo i-
mien os Sociales y Polí icos de la Uni e sidad Complu ense de Mad id,
y Ja ie La iña y el Depa amen o de An opología Social e His o ia de
Amé ica y Á ica de la Uni e si a de Ba celona. Además, sin el espaldo
16
Jesús de Felipe Redondo
los sala ios y las mejo as en las condiciones labo ales, la libe ad de aso-
ciación, la c eación de ju ados mix os y la ex ensión de las sociedades de
esis encia. Dedico la segunda al es udio de es as luchas en e inales de la
década de 1840 y el Bienio P og esis a (1854-56), así como de las elacio-
nes cambian es en e el mo imien o ob e o y las co ien es polí icas libe-
ales. La e ce a pa e aba ca desde los años inales de la década de 1850
has a el Sexenio Democ á ico (1868-74). En ella analizo el su gimien o de
nue as demandas labo ales elacionadas con la egulación y limi ación del
abajo emenino, así como la pene ación y el impac o en el mo imien o
ob e o de las nue as co ien es socialis as eu opeas. Las implicaciones
eó icas gene ales que puedan se i pa a o mula las bases de una nue a
explicación del mo imien o ob e o se exponen en las conclusiones inales.

PRIMERA PARTE
EL SURGIMIENTO DEL
MOVIMIENTO OBRERO
19
Capí ulo 1
T ans o maciones ma e iales y
lenguaje co po a i o
Pa a explica la apa ición del mo imien o ob e o es necesa io conside a
p e iamen e dos asun os: en p ime luga , la e olución de las condiciones
y elaciones labo ales en las ciudades hispanas en el ánsi o a la sociedad
con empo ánea, y en segundo luga , la mane a en que las concibie on los
indi iduos que labo aban an es de que se iden i ica an como abajado es.
Abo da é ambas cues iones con el obje i o de inicia la discusión de una
cues ión cla e que se a a á en los capí ulos siguien es: la elación en e
las condiciones ma e iales de ida y abajo y los signi icados que es as
adquie en pa a los indi iduos.
I. La sI uacIón Labo aL de Los abajado es u banos en eL ánsI o
aL mundo con empo áneo
Siguiendo las líneas in e p e a i as exis en es en o os países, en
los abajos de in es igación ealizados en e las décadas de 1960 y
1980, que in luye on pode osamen e en la mayo pa e de los es u-
dios pos e io es, el mo imien o ob e o español se concibió y explicó
como la consecuencia de la apa ición de un g upo social especí ico: la
clase ob e a. Los his o iado es señala on que dicha clase eme gió de
la p og esi a sepa ación en e el abajo y la p opiedad de los medios
de p oducción, de i ada de la implan ación de la economía de me -
cado capi alis a y el desa ollo de los p ocesos de indus ialización y
20
Jesús de Felipe Redondo
p ole a ización4. El mo imien o ob e o e a la exp esión ei indica i a
de los in e eses de es a nue a clase social, pues dicho mo imien o se
mani es aba «cuando el géne o de p oducción capi alis a (que es el que
c ea la clase ob e a) se ha desa ollado en un país» e implicaba necesa-
iamen e la «exis encia de un p ole a iado cuyo único o undamen al
medio de ida es la en a de su ue za de abajo; que ese p ole a iado
enga conciencia de clase […]; que esa conciencia se mani ies e […] en
una lucha po mejo a o ans o ma la sociedad»5.
Es e ínculo causal en e capi alismo, clase ob e a y mo imien o ob e o
se anudó de una mane a an sólida que la apa ición del úl imo se con i ió
en la p ueba de la necesa ia exis encia de los dos an e io es. Así, se ha
supues o que el mo imien o ob e o en aña, o zosamen e, el p oceso de
p ole a ización c eado de la clase ob e a. Los his o iado es que de ec-
a on enómenos habi ualmen e elacionados con el mo imien o ob e o
en el siglo xix —en e ellos, la ealización de huelgas que mo ilizan a
empleados de o icios dis in os; la apa ición de los sindica os; la exp esión
pública de los con lic os labo ales a a és de ó ganos de p ensa y mani-
es aciones, o la lucha po los de echos polí icos—, los explica on emi-
iéndose al impac o de la p ole a ización y la indus ialización, a pesa de
la escasa impo ancia que es os p ocesos u ie on en el mundo hispano
de los siglos x iii y xix. De ahí que se a i mase que «nega la e olución
indus ial se ía nega la apa ición del p ole a iado, y po consiguien e, del
mo imien o ob e o»6. Como es e úl imo no podía nega se, su cons a ación
empí ica se con i ió en la p ueba del desa ollo de la indus ialización y
la p ole a ización, conside ados sus ac o es causales.
Es a in e p e ación conlle a una concepción especí ica de la elación
en e las condiciones ma e iales de ida y abajo y las acciones de los
indi iduos, según la cual las condiciones y elaciones sociales con o man
4 Tuñón de La a 1977, 9.
5 La p ime a ci a en Tuñón de La a 1966, 10 (mi aducción); la segunda en Cale o
1974, 15.
6 Sanz 1996, 321-22.
21
Capí ulo 1. T ans o maciones ma e iales y lenguaje co po a i o
la ealidad obje i a, es deci , una es uc u a de elaciones ma e iales (so-
cioeconómicas) do ada de signi icados p opios e independien es, los cuales
de e minan o condicionan causalmen e las iden idades, las expe iencias y
los in e eses de los indi iduos y encaminan sus acciones. Desde es e pun o
de is a, el suje o del mo imien o ob e o es, o zosamen e, la clase ob e a,
es deci , aquel g upo social dis inguido po su posición en la es uc u a
de las elaciones de p oducción. Así, Manuel Tuñón de La a conside ó el
hecho de no posee los medios de p oducción y abaja po cuen a ajena
como la esencia de la «na u aleza ob e a», lo que lo lle ó a exclui del mo-
imien o ob e o a quienes abajaban po cuen a p opia o eje cían algún
con ol sob e los medios y el p oceso de p oducción, como los campesinos
y los a esanos7.
De es a concepción se ex ae una consecuencia undamen al pa a
la explicación de la o mación de los suje os his ó icos: esa «na u aleza
ob e a» no solo es algo independien e de la mane a en que el ope a io
se concibe a sí mismo, sino que, en úl ima ins ancia, acababa de e mi-
nando esa concepción. La apa ición de la iden idad de abajado se
explicó como el esul ado de un p oceso de oma de conciencia de es a
na u aleza ob e a. Únicamen e cuando «el ob e o se sien e como al»,
es deci , como «pe enecien e a una clase in e eses y ines p opios», es
cuando se o ganiza con o os de su clase pa a «el log o de odos esos
ines»8. Dicho de o a mane a, la apa ición y e olución del mo imien o
ob e o español e a la consecuencia de un doble p oceso: la p og esi a
o mación de la clase ob e a en la es uc u a social, que do aba a los
ob e os de unos in e eses p opios, y la paula ina adquisición de concien-
cia de es os in e eses a a és de las expe iencias co idianas de i adas
del p oceso an e io .
Ello nunca implicó supone que es a de e minación causal ue a di ec a
o au omá ica. En palab as de Tuñón, había ac o es cul u ales y subje i os
que mediaban en la elación en e el «condicionamien o ma e ial» y la
7 Tuñón de La a 1977, 10-11.
8 Ibídem. Sub ayado mío.

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Jesús de Felipe Redondo
conciencia9. Es a idea, que Tuñón y o os au o es de las décadas de 1970
y 1980 apenas aplica on a la in es igación empí ica, se explo ó y desa o-
lló p olijamen e en algunos abajos publicados en las décadas de 1990 y
2000, en los que la apa ición del mo imien o ob e o se concibe como un
complejo p oceso de o mación de una iden idad en el que in e ienen
ac o es subje i os y cul u ales. Sin emba go, en las nue as in es igaciones
el condicionamien o ma e ial con inúa siendo el ac o causal undamen al
del mo imien o ob e o.
En los capí ulos siguien es expond é con más de alle las di icul ades
que, desde mi pun o de is a, iene es a úl ima in e p e ación cul u al
o sociocul u al. Pe o aho a es necesa io señala que los pila es unda-
men ales de es a in e p e ación comenza on a esqueb aja se a inales
de la década de 1970, a pa i de los nue os abajos ealizados sob e las
elaciones labo ales y la indus ialización en España y o os países como
G an B e aña, F ancia o Alemania. En ellos se mos ó que los p ocesos de
indus ialización y p ole a ización de los siglos x iii y xix no solo habían
sido más débiles de lo que se había pensado, sino que no habían c eado
una clase ob e a indus ial, p ole a izada y homogénea. Dichos abajos
no negaban que no se p oduje an cambios en las condiciones y elaciones
labo ales, pe o es os no ue on an amplios y p o undos ni conlle a on las
consecuencias labo ales que se habían supues o. A inales del siglo xix, las
masas abajado as españolas con o maban un g upo social he e ogéneo
y complejo que di ícilmen e puede cali ica se como «p ole a iado indus-
ial», como ocu ía en o os países.
Po an o, el pe il de quienes pa icipa on en el mo imien o ob e o
español no se ajus aba al del p ole a io ab il. En ez de ello, se a aba
de ope a ios que enían una amplia au onomía labo al y que con olaban
cues iones cla e del p oceso p oduc i o, como el i mo de abajo, la
cuan ía de sus sala ios y la con a ación de nue os ope a ios. Incluso un
9 Según Tuñón, «la ecuación condición de ida ob e a-con lic i idad es alsa po esquema-
ismo, ya que odo posible condicionamien o se ealiza po mediación y no di ec amen e;
se ealiza a a és del homb e como p o agonis a de la his o ia (el abajado en es e caso)»
(Ibíd., 14-15. Sub ayado en el o iginal).
23
Capí ulo 1. T ans o maciones ma e iales y lenguaje co po a i o
pequeño sec o de ellos poseía pa e de los medios de p oducción10. Es o
implicaba, a su ez, que los é minos en que se en endía la elación en e
las ans o maciones socioeconómicas y las luchas ob e as debían se ob-
je o de una nue a e lexión. La explicación de la génesis del mo imien o
ob e o que se expone en es e abajo su gió inicialmen e como un u o de
es a necesidad his o iog á ica.
Pa a que el lec o pueda hace se una idea de las condiciones labo ales
en España en es e pe iodo, a con inuación expongo b e emen e su e o-
lución y ca ac e ís icas. La indus ialización de la economía española se
desa olló a un i mo muy len o en compa ación con o os países occi-
den ales y du an e mucho iempo solo a ec ó a amas p oduc i as especí-
icas11. A p incipios del siglo xx, el sec o p edominan e de la población
ac i a e a el p ima io, que englobaba dos e ce as pa es de los ope a ios.
En las ciudades, la mayo pa e de los empleados abajaba en alle es de
pequeñas dimensiones, en o icios a esanos cuyas écnicas y o mas de
o ganización seguían pau as simila es a las de pe iodos an e io es. Se-
gún un censo o icial de 1887, ca pin e os, ebanis as, cajis as de imp en a,
zapa e os, sas es y cos u e as y ope a ios del sec o de la alimen ación
ep esen aban a más de 820 000 indi iduos en e a los 243000 ope a ios
indus iales y de la mine ía12.
La si uación labo al de es os ope a ios no a ió sus ancialmen e en e
los siglos x iii y xix, si bien hubo cambios no ables en el ma co legal que
egulaba su abajo. Así, en la década de 1830 las no mas co po a i as
que habían egido las elaciones labo ales en el An iguo Régimen, y que
analiza é en el apa ado siguien e, ue on abolidas y sus i uidas po la
libe ad de indus ia13. A es e espec o, la ansición al égimen libe al
pe mi ió a los dueños de alle ( ambién a los abajado es) ompe el con-
10 Pé ez Ledesma 1997, 202-4; Juliá 1981-82.
11 Nadal 1975, 23; Ca e as y Ta unell 2004, 123-76.
12 Censo de la población de España según el empad onamien o hecho en 31 de diciemb e de 1887,
Mad id, 1891-92. Ci ado en Mo ales Muñoz 2005, 215, n. 2.
13 Véase Rome o 1999, 282, y los abajos ecogidos en López Ba ahona y Nie o 1996.
24
Jesús de Felipe Redondo
ol comuni a io adicional sob e la p oducción e impone nue as o mas
de o ganización labo al basadas en c i e ios de mayo p oduc i idad pa a
esponde al aumen o de la compe encia que compo aba el lib e me cado.
Sin emba go, en é minos gene ales los dueños no unda on alle es más
g andes, ni con a a on más o iciales ni ans o ma on de o ma adical
los p ocesos labo ales. En de e minadas ciudades y p o esiones, un sec o
signi ica i o de ellos p ocu ó aumen a la p oducción median e la con a-
ación de ope a ios a domicilio, aunque dicho ecu so se a aba de una
p ác ica habi ual en cie os o icios an es del siglo xix.
El p oceso y el i mo de p oducción no se ans o ma on adicalmen-
e, sino de mane a len a y paula ina. En la mayo ía de las p o esiones, el
alle de pequeñas dimensiones y de ca ác e amilia , sin mecaniza o
escasamen e mecanizado y con un núme o pequeño de empleados, ue la
unidad p oduc i a más ex endida y ue capaz de esis i la compe encia
de alle es más g andes y áb icas. Es os pequeños alle es incluso c ecie-
on en núme o pa a sa is ace la demanda gene ada po el aumen o de la
población u bana. Así, en Ba celona, la ciudad ab il más impo an e del
país, el núme o de los pequeños alle es de o icio pasó de 1500 en 1823
a 2000 en 186014.
Es a si uación se explica en pa e po el compo amien o y las aspi a-
ciones de los p opios p opie a ios, que no se ajus an al modelo ideal del
capi alis a emp endedo . Los más icos dueños de alle de Ba celona,
po ejemplo, no in e ían sus capi ales en el eng andecimien o de sus es-
ablecimien os, la comp a de nue a maquina ia o la con a ación de más
empleados. En luga de in en a aumen a la p oduc i idad de sus alle es,
des inaban sus bene icios a ope aciones especula i as como la comp a de
bienes inmuebles u banos, los pequeños p és amos, las compañías asegu-
ado as y el negocio del e oca il15. Ello explica, en pa e, hechos como
que la mecanización de los o icios u banos adicionales se desa ollase de
14 Rome o 2005, 44, 62-63 y 206. El c ecimien o de alle es de a esanos se dio en o as
ciudades del país que expe imen a on un no able c ecimien o. Véase Ruza a 1998, 46-50
y 248; Buisiné 2001, 508.
15 Rome o 2005, 91, 206-07 y 284-92.
25
Capí ulo 1. T ans o maciones ma e iales y lenguaje co po a i o
o ma muy len a has a la llegada de la ene gía eléc ica a inales del siglo
xix16.
Pa a algunos his o iado es, es a conduc a se explica po el man eni-
mien o y la ec eación en el nue o con ex o libe al de los an iguos meca-
nismos de egulación comuni a ia del o icio, y po an o, po la impo -
ancia que man u o es a concepción en los sec o es labo ales17. Asimismo,
en la medida en que la des eza manual siguió siendo esencial pa a la
o ganización p oduc i a, los ope a ios conse a on una impo an e cuo a
de con ol del p oceso p oduc i o, lo que les pe mi ió opone se con éxi o
a algunos de los cambios que p e endían ealiza di e sos pa onos.
Como consecuencia, la o ganización labo al adicional y el ca ác e
especializado y manual del abajo con inua on siendo undamen ales en
es os o icios. A mediados del siglo xix, el p oceso de indus ialización solo
se había desa ollado con cie a ue za en el sec o de la p oducción ex il,
pa icula men e en la indus ia algodone a de Ca aluña. En la segunda
mi ad del siglo x iii, el isaje y la hila u a del algodón se consolida on
en a ias poblaciones ca alanas y la p oducción ue aumen ando p og e-
si amen e, llegando a ep esen a ap oximadamen e una sex a pa e de la
p oducción algodone a inglesa de esos años18. La abolición de la egula-
ción g emial en el sec o , la consolidación de un débil me cado in e no,
la compe encia en es e y la legislación p o eccionis a ue on ac o es que
espolea on el aumen o del núme o de alle es y áb icas. El c ecimien o
p oduc i o se enó con la in asión ancesa a p incipios del siglo xix, se
ecupe ó en la década de 1830 y aumen ó a un i mo del 8% anual que
se man u o, jalonado po pequeñas c isis pe iódicas, has a la dep esión de
la década de 186019.
16 Pa a la mecanización de los sec o es de imp en a y zapa e ía éase Elo za 1898, 39
y Nie o 1998, 413. Pa a el uso de la elec icidad, Rome o 1999, 282 y Smi h 2007,
28-29.
17 Sob e es as cues iones éase Rome o 2005.
18 Nadal 1975, 189 y Vila 1974, 15.
19 Ca e as y Ta unell 2004, 27, 172 y 181-83; Fon ana 1988, 384-98.
32
Jesús de Felipe Redondo
medio de un ope a io u bano de Ba celona oscilaba en e los 7 y 10 eales
a mediados del siglo xix, los ejedo es a ones ganaban en e 7 y 15 y
los hilado es a ones de 10,50 a 15. Pocos ob e os ecibían un jo nal más
ele ado, como los cala a es y ca pin e os de ibe a, los g abado es, los
escul o es de má mol y los músicos. Las ope a ias ex iles, po su pa e,
ganaban de dos a es eces más sala io que o as como las zapa e as o las
cos u e as46.
Los da os sob e los sala ios deben analiza se en elación con la e olu-
ción de los p ecios de los a ículos de consumo en el siglo xix. Has a hace
poco se pensaba que en ese pe iodo se había p oducido una p og esi a
paupe ización de la si uación económica de los ob e os españoles. Sin
emba go, abajos ecien es han pues o en cues ión esa idea al mos a la
es abilidad de p ecios que p edominó en e 1830 y 1913, con la excepción
de co os pe iodos de ecesión económica como la Gue a de C imea
(1853-54) o la c isis de la década de 1860. Es os nue os es udios se basan
en análisis de nue as uen es empí icas ela i as a los p ecios de me cado,
y no en los esc i os de obse ado es del siglo xix. Como a i ma Maluque ,
la sensibilidad de la opinión pública an e cualquie alza de p ecios ha
podido con undi a los his o iado es que «die on po segu a la exis encia
de impo an es mo imien os in lacionis as en España du an e las décadas
de mayo es abilidad de p ecios» de la his o ia con empo ánea española.
En es a con ex o, y en é minos gene ales, los sala ios se man u ie on
es ables e incluso c ecie on mode adamen e en elación a los p ecios47. A
es e espec o, nue os es udios sob e la economía de las amilias ob e as
indus iales han señalado que aunque es as e an pob es, sus condiciones
de ida no e an an mise ables como se había pensado. El pe iodo i al
de dichas amilias pasaba po dis in as ases, y en algunas de ellas exis ía
46 Ce dá 1867, 629 y 640. T abajos ecien es han mos ado que la cuan ía de los sala ios de
los abajado es (especialmen e de los a ones) ambién dependía de o os ac o es, como
el núme o de años de pe manencia en una misma áb ica. Véase Camps 1995.
47 Maluque 2005; Maluque y Llonch 2005.

33
Capí ulo 1. T ans o maciones ma e iales y lenguaje co po a i o
una mode ada capacidad de aho o g acias al abajo simul áneo de los
cónyuges y los hijos en edad de abaja 48.
Incluso eniendo en cuen a las di icul ades pa a el cálculo sala ial men-
cionadas an e io men e, algunos abajos han señalado que en cie os
o icios se cons a a una endencia a la disminución sala ial a la go plazo,
como en el isaje algodone o. No obs an e, es a endencia no solo se
ompió en algunos pe iodos, sino que, pa adójicamen e, se in i ió en
momen os de ele ada con lic i idad labo al en los que su gie on las aso-
ciaciones de esis encia. Así, pa ece que en los años que discu en en e
1835 y 1840, los ejedo es ba celoneses que comenza on a c ea dichas
o ganizaciones ie on aumen a sus sala ios. Si es os da os son co ec os,
con ibui ían a consolida la imp esión de que es as asociaciones no ue-
on una espues a al empob ecimien o de los abajado es y, po an o, se
debie on a o as causas49.
La si uación desc i a se e lejaba en las o mas de ida de los ope a ios
ab iles. Un obse ado de la época, el economis a José Ma ía San omá,
desc ibió al ejedo ca alán, «de sob enomb e pinxo o chulo de áb ica»,
como un ope a io que se dis inguía «a la legua de o os abajado es de
más humilde es o a» po su o ma de es i y su conduc a50. Los ob e os
indus iales se conside aban ope a ios especializados con la capacidad de
con ola sus condiciones labo ales y de gana unos sala ios es ables y ela-
i amen e ele ados. Fue on es os ope a ios, jun o a los o iciales de o icios
u banos, quienes p o agoniza on las luchas labo ales más impo an es del
pe iodo, y no los ob e os más pob es y menos especializados51. De ahí
que pueda compa i se la ase e ación de Maluque de que el mo imien o
ob e o «no nació en un ambien e de sob eexplo ación y de mise ia, sino de
48 Bo de ías 2002, 278-80.
49 Ba nosell 1997, 185-86.
50 San omá 1887, ol. I, 232. Tes imonios simila es de inales del siglo xix en En ech
2000, 321-22.
51 Así se ha cons a ado ambién en países como F ancia. Sewell 1992b; Jones 1989, 24-71.
34
Jesús de Felipe Redondo
cie a en aja compa a i a en elación con la mayo pa e de los es a os
popula es»52.
De las cues iones señaladas se deduce que la indus ialización y la p o-
le a ización no c ea on una clase ob e a p ole a izada y homogénea en la
España del siglo xix. Pe o es que, además, es os p ocesos no p o oca on la
apa ición de una clase de es as ca ac e ís icas en ningún si io, ni siquie a
en los países más indus ializados del siglo xix53. Si los his o iado es han
man enido lo con a io se debe a que, como a gumen a William Sewell,
han empleado de mane a habi ual los concep os «indus ialización» y
«p ole a ización» pa a designa un conjun o de p ocesos que u ie on un
ca ác e más he e ogéneo y unas consecuencias más di e sas e incluso
opues as a lo que se había pensado54.
De odo ello puede deduci se que el mo imien o ob e o no se de i a de
la p ole a ización ni la indus ialización. De hecho, no pa ece exis i un
ínculo causal en e ellos, y así lo han demos ado in es igaciones ecien-
es ealizadas en o os países. Como señala Ma ga e Some s, en algunos
si ios el mo imien o ob e o p ecede a esos p ocesos o su ge cuando no han
enido e ec os no o ios, como en el caso ancés55. En luga es en los que la
indus ialización ue casi inexis en e, como Egip o, se consolida on ede-
aciones sindicales a p incipios del siglo xx, mien as que en o os donde
las ans o maciones económicas ue on muy ápidas y adicales, como
Japón a inales del siglo xix, el mo imien o ob e o des acó po su ausencia
y po su ca ác e a dío y su aqui ismo56. Tampoco puede es ablece se
una co espondencia en e la «na u aleza ob e a» obje i a y la «conciencia
ob e a» de las que hablaba Tuñón. En países donde la indus ialización
se desa olló de o ma más p ema u a y con mayo p o undidad, como
52 Maluque 1981, 778.
53 Pa a el caso de Ingla e a éase Thompson 1968, 210-13.
54 Sewell 1995, 174-80. Pa a una econside ación gene al del impac o de la e olución
indus ial en los países occiden ales éase Be g y Hudson 1992.
55 Some s 1996, 196-97.
56 Pa a el caso egipcio éase las ob as de Lockman 1994a y 1994b. Pa a una in oducción
al caso japonés éase Allison 1999, 169-76.
35
Capí ulo 1. T ans o maciones ma e iales y lenguaje co po a i o
Ingla e a o Es ados Unidos, el mo imien o ob e o se o ien ó hacia ob-
je i os e o mis as, mien as que en o os donde la indus ialización ue
más a día y paula ina, como F ancia, el mo imien o ob e o adop ó un
p og ama e oluciona io.
An e es a si uación, a ios his o iado es han o mulado hipó esis
ad hoc pa a man ene la explicación basada en la causalidad ma e ial.
En la medida en que la e olución his ó ica de ningún mo imien o
ob e o nacional se ajus a a la no ma es ablecida po la eo ía de la clase,
es os his o iado es han in e p e ado cada caso como «des iaciones»
mo i adas po la in luencia de ac o es di e sos de índole polí ico y
cul u al57. Algunos in es igado es han hecho hincapié en la composición
he e ogénea y de abajado es cuali icados de la clase ob e a pa a a i ma el
ca ác e «a esano» del mo imien o ob e o del siglo xix, ca ác e que i ía
desapa eciendo a medida que se consolidase la clase ob e a58. O os han
ein oducido la in e p e ación e isionis a de que la mayo consolidación
de la clase ob e a po el desa ollo indus ial no conlle ó unas luchas
adicales y e oluciona ias, sino mode adas y de ca ác e e o mis a59.
Un e ce g upo de his o iado es ha a i mado que la clase ob e a es,
po na u aleza, conse ado a, y que son los ideólogos socialis as los que
«inoculan» en ella las ideas de lucha y en en amien o social60.
Es as di e sas pe spec i as de análisis siguen pa iendo de la misma
p emisa de que el mo imien o ob e o es el esul ado de la o mación de
la clase ob e a. Po es a azón, la clase sigue siendo un elemen o eó ico
cen al en sus análisis. Como señala Some s, la cons a ación de la ausencia
de la clase no ha pues o en cues ión la p emisa eó ica de que exis e un
ínculo causal en e los cambios sociales y económicos y la eme gencia de
una «conciencia ob e a». De hecho, dicha ausencia, en ez de con e i se
57 Pa a un análisis de es as in e p e aciones éase Some s 1989 y 1992.
58 Rule 1985; P o he o 1997; Lenge 1991; Mag aw, 1999. Pa a el caso español,
Pique as y Sanz 2005.
59 Véase la ob a clásica de Calhoun (1982). Pa a una in e p e ación e isionis a del caso
español éase Pa amio, 1988.
60 Véase especialmen e Olába i 1978.
36
Jesús de Felipe Redondo
en mo i o de e lexión eó ica sob e la u ilidad de la clase como ca ego ía
analí ica cen al, ha sido empleada po los his o iado es pa a ea i ma su
supues o papel explica i o. Así, la ausencia de una clase ob e a homogénea
y p ole a izada, esul ado del len o y escaso desa ollo del capi alismo en
España explica ía las supues as mues as de «inmadu ez» del mo imien o
ob e o español del siglo. La clase, po su p esencia o su ausencia, sigue
de e minando la explicación61. Pe o, como señala Some s, es as in e p e-
aciones siguen sin demos a empí icamen e el ínculo causal obje i is a,
y, po an o, han acasado en su in en o de da una de inición más analí-
ica que no ma i a de los o ígenes del mo imien o ob e o. Ello hace que
los pelig os del esencialismo y el eleologismo de clase sigan p esen es en
es as explicaciones62.
Una explicación que aspi e a supe a dichas di icul ades y ab i nue os
campos de in es igación y deba e no puede da po supues o es a p e-
misa eó ica, pues o que es p ecisamen e la que necesi a se explicada en
p ime luga . Pa a ello, es necesa io eexamina el p oceso his ó ico de
o mación del mo imien o ob e o. Es o ae consigo una p ime a cues-
ión undamen al: po qué unos suje os se con i ie on en o os, o, dicho
de o a mane a, po qué unos indi iduos que concebían el mundo y a sí
mismos de una de e minada mane a empeza on a hace lo de o a o ma.
Es e análisis, que se i á desg anando en los capí ulos siguien es, iene un
pun o de pa ida undamen al: los indi iduos que abajaban y que no se
concebían como « abajado es» en el An iguo Régimen.
II. La concepcIón de abajo y eL Lenguaje co po a I o en eL an Iguo
égImen
La exis encia de indi iduos que ealizan una ac i idad labo al no es
algo nue o de la sociedad con empo ánea. La no edad del siglo xix ue
que una pa e de ellos se iden i icó como « abajado es» y dedujo de es o
61 Es o es lo que Some s [1992, 594-96] denomina «epis emología de la ausencia».
62 Some s 1997.
37
Capí ulo 1. T ans o maciones ma e iales y lenguaje co po a i o
una se ie de in e eses y aspi aciones que los lle ó a ealiza nue as accio-
nes. La cla e pa a explica es e cambio adica en las o mas his ó icamen e
especí icas de concebi la ac i idad labo al y las pe sonas que se dedicaban
a ella. En el An iguo Régimen, quienes ealizaban un abajo en el ámbi o
u bano se conside aban miemb os de comunidades de o icios de inidas de
una o ma his ó icamen e singula : como cue pos.
An es de que a p incipios del siglo xix se popula iza an las palab as
« abajado » y «jo nale o», los é minos más habi uales pa a e e i se a
es os indi iduos e an «o icial», «mancebo» y los e e idos a ocupaciones
labo ales especí icas (« ejedo », «zapa e o», «albañil», e cé e a)63. Es e he-
cho, que en apa iencia puede esul a una me a di e encia de ocabula io
pa a aludi a unos mismos suje os, cons i uye la exp esión de una dis in-
ción mucho más p o unda en e o mas adicalmen e dis in as de concebi
el abajo y su p ác ica. En p ime luga , po que los é minos o icial y
mancebo e ie en a la si uación que un indi iduo ocupa en una comunidad
co po a i a y je a quizada en la que se es ablecen di e encias de índole
ju ídica en e sus miemb os. Como se e á a con inuación, la condición
de o icial no se de i aba de la me a p ác ica labo al, sino del es a us pa -
icula de un indi iduo den o del cue po de o icio. En segundo luga , y
como esul ado de lo an e io , po que el hecho de que los indi iduos que
abajaban ue an designados po sus o icios y que no hubie a un concep-
o común pa a de ini los a odos e ela que el abajo no e a concebido
como una ac i idad gene al de la que pudie a ex ae se un p incipio de
di e enciación y de iden idad. En ez de ello, la ac i idad labo al e a una
p ác ica que esul aba indis inguible e insepa able de una p o esión o «a e
mecánica» pa icula .
Los ecien es es udios de his o iado es medie alis as y mode nis as
eu opeos y españoles han acla ado el uncionamien o y las elaciones que
63 Molas 1970, 128. Según Ga cia Balañà [2004, 331 y 337], el egis o ci il de Ca-
aluña a p incipios de 1840 « oda ía» dis inguía a los indi iduos que abajaban po el
nomb e de sus o icios, siendo es a denominación sus i uida en los años siguien es po
ocablos como « abajado », «jo nale o» u «ope a io».

38
Jesús de Felipe Redondo
se es ablecían den o de las comunidades de o icio64. Los miemb os de
un o icio, con independencia de la si uación que ocupa an en el mismo
( egen ando un alle , abajando pa a o os, ap endiendo la p o esión),
se sen ían pe enecien es a una misma comunidad he mé ica, do ada de
no mas de uncionamien o, conocimien os («mis e ios») y o mas p opias
de en ende su p o esión. Es o no quie e deci que las elaciones en e sus
componen es ue an a mónicas, lo que no ocu ió, sino que conside aban
ene un ho izon e de in e eses comunes.
Es a idea se e lejaba en sus luchas in es inas y con los o os o icios. En
los con lic os labo ales, los a esanos de un o icio no se iden i ica on ni
ealiza on acciones jun o a indi iduos de o as p o esiones, a pesa de que
sus luchas enían ca ac e ís icas y obje i os simila es o idén icos, como la
de ensa del ap endizaje, de las no mas g emiales espec o al abajo de los
o iciales, del acceso a la maes ía, e cé e a65. De hecho, las elaciones en e
miemb os de o icios di e en es podían se muy con lic i as, ya que cada
comunidad luchaba po man ene y, a eces, ex ende sus p e oga i as
pa a con ola de mane a exclusi a su ámbi o p oduc i o a cos a de o as.
Se ha documen ado cómo a ias comunidades p e endie on o log a on
monopoliza el acceso a las ma e ias p imas u ilizadas en o os o icios,
como el cue o, la piel o la made a, e incluso pugna on po con ola el
abajo y el p ecio de los a ículos p oducidos po o os cue pos. Algunos
o icios log a on impone limi aciones a los p i ilegios de o os, y, a eces,
engulle on o as comunidades de o icio66.
Cada cue po de o icio se es uc u aba de o ma je á quica en unción
de la especialización labo al. Sus in eg an es se di idían en ap endices,
o iciales o mancebos y maes os, cada uno con de echos y obligaciones
p opias y dis in as. Los ap endices i ían en las casas de los maes os y pa-
64 Kaplan 2002; Sonensche 1987; López y Nie o 1993. O as ob as ele an es se i án
ci ando a con inuación.
65 Sánchez León e Izquie do 2002, 23-34; Díez 1990, 131 y 161-69; Elo za 1968;
Sewell 1992a, 37-68 y 97-135.
66 Collan es 1993, 120; Nie o 2006, 196, n. 2; Molas 1970, 61; To as 1996a, 1996b
y 2001, 321-24. Véase ambién Sewell 1992a, 53.
39
Capí ulo 1. T ans o maciones ma e iales y lenguaje co po a i o
saban en ellas abajando a ios años has a se econocidos como o iciales.
Los o iciales o maban el g ueso de la mano de ob a y enían sus p opios
de echos y obligaciones con espec o a los maes os. E a habi ual que ue-
an mo iéndose de alle en alle pa a ap ende nue as écnicas labo ales
y adqui i expe iencia labo al67. T as un pe iodo de abajo en condiciones
labo ales y de emune ación a iables según el o icio y el luga , los o iciales
podían con e i se en maes os, obje i o inal de la ida del a esano, si
supe aban un examen de maes ía e aluado po los maes os de su o icio
de una localidad conc e a.
Los maes os e an econocidos como los ep esen an es y di igen es
de la comunidad labo al en endida como un cue po más de la sociedad
co po a i a del An iguo Régimen. Ellos e an la «cabeza del o icio» y
enían p i ilegios como ins ala y egen a alle p opio o pa icipa en
la o denación del p oceso p oduc i o y ela po su cumplimien o. Es
el caso de los maes os sas es mad ileños de mediados del siglo x iii,
que se p esen aban an e las au o idades como las «cabezas que compo-
nen el g emio» po que habían demos ado su dominio de las écnicas
de su p o esión68. Es a condición los con e ía en los ep esen an es
legales de los ap endices y o iciales suje os a su au o idad, lo que ue
sancionado po las au o idades que los econocie on como «cabezas de
amilia»69.
Los maes os no solo ocupaban la cúspide del cue po de o icio, sino
que e an los miemb os de pleno de echo de los g emios de o icio70.
El g emio cons i uía la p oyección ins i ucional de una co po ación
67 Sob e los o iciales éase T uan 1996.
68 Capí ulo 1.º de las O denanzas del G emio de Sas es de Mad id. A chi o His ó ico Nacio-
nal (AHN). Consejos, leg. 490, exp. 2.
69 A los maes os se les concedie on p i ilegios de los «cabezas de amilia», como es a
exen os del se icio mili a . Véase Rod íguez de Campomanes 1978 [1775], 146. Sob e
la au o idad del maes o en o as egiones eu opeas éase T uan 1996, 206 y Sewell,
1992a, 57-58.
70 Sob e la apa ición del é mino «g emio» y su elación con el de «co adía» en los einos
hispánicos éase I adiel 1993, 258-59; Sesma 1993, 24-26; Rie a 1993, 293; Molas
1970, 50-53.
40
Jesús de Felipe Redondo
de o icio a escala local e implicaba el econocimien o ju ídico, bajo la
o ma de p e oga i as, del conjun o de no mas consue udina ias que
egía su uncionamien o71. Es as p e oga i as se plasmaban en las o -
denanzas g emiales, que es ablecían y egulaban el acceso p i ilegiado
de la comunidad de o icio a las ma e ias p imas y las condiciones de
ab icación y come cialización de los p oduc os. Las o denanzas ijaban
el núme o de ap endices y o iciales en cada alle , las ca ac e ís icas del
ap endizaje y las condiciones de acceso a la o icialía y la maes ía, lo
que pe mi ía al g emio man ene bajo con ol el me cado de abajo.
Las o denanzas ambién asegu aban la supe i encia de los miemb os
más des a o ecidos del o icio, como los maes os pob es (a quienes
se les pe mi ía un acceso p i ilegiado a los ecu sos comuni a ios del
g emio) o los o iciales (es ableciéndose un jo nal su icien e pa a su
supe i encia)72. Po an o, las o denanzas e an el a ma ju ídica con
que con aban las comunidades de o icio pa a de ende su modo de ida
y su independencia económica73.
La idea de que la comunidad de o icio e a un cue po ue acep ada
como algo na u al po odos los a esanos, pe o es o no signi ica que no
exis iesen con lic os in e nos en cada comunidad, con a iamen e a como
han in e p e ado algunos his o iado es. Michael Sonensche , po ejemplo,
echaza la imagen a mónica que pa ece desp ende se del lenguaje co po-
a i o po que, según él, las elaciones de maes os y o iciales «no e an ni
au omá icamen e a moniosas ni pa icula men e ín imas». Según dicho
au o , es e lenguaje co po a i o e a un lenguaje público que no gua daba
elación con la o ganización labo al conc e a, y maes os y o iciales lo
hab ían pe cibido y u ilizado de mane as dis in as en unción de sus di-
e en es in e eses74.
71 Díez 1990, 13 y 35; Nie o y López Ba ahona 2001, 344.
72 So o 1995, 699-700.
73 Nie o 1998, 258.
74 Sonensche 1984, 312-13.
41
Capí ulo 1. T ans o maciones ma e iales y lenguaje co po a i o
Desde mi pun o de is a, es a in e p e ación se en en a a una doble
di icul ad. En p ime luga , Sonensche (y o os au o es que lo siguen) da
po supues o que las o mas «a mónicas» de concebi las elaciones labo a-
les niegan el con lic o, pe o es a esis es el esul ado de una in e p e ación
inco ec a. La concepción co po a i a del o icio como comunidad de in-
e eses no impidió la con on ación en e sus miemb os, sino que es ableció
los cauces po los que es a se p odujo. De hecho, los con lic os ue on el esul-
ado de la aplicación del lenguaje co po a i o, es deci , ue es e lenguaje
el que los cons i uyó como ales con lic os. Como se e á más adelan e,
los miemb os de un o icio es aban dispues os a lucha con o os cuando
pe cibían que es os úl imos habían al e ado el o den del o icio al incumpli
con sus obligaciones co po a i as. De es a mane a, ue la aspi ación de
man ene el o den comuni a io que se c eía ul ajado lo que dio luga a la
apa ición de luchas labo ales en las comunidades de o icio.
En segundo luga , Sonensche no se in e oga ace ca del o igen de
los in e eses di e gen es de maes os y o iciales. Pa a él, esos in e eses
seo iginan en el dis in o luga que unos y o os ocupan en las elaciones
de p oducción. Pe o los in e eses de maes os y o iciales son el esul ado
de la aplicación de es e mismo lenguaje co po a i o en la que medida en
que do a de un sen ido especí ico a las si uaciones de unos y o os. Es
deci , ue es e lenguaje el que o mó las aspi aciones e iden idades de los
a esanos en unción de la posición que ocupaban en el seno del cue po de
o icio. El lenguaje co po a i o cons i uyó a esos suje os, sus aspi aciones y
sus expec a i as en el mundo g emial.
Es as dos ci cuns ancias explican po qué maes os, o iciales y
ap endices nunca pusie on en cues ión las esponsabilidades co po a-
i as que cada uno de ellos enía den o o den je á quico. El con lic o
sob e enía cuando se pensaba que algún miemb o de la comunidad
no es aba cumpliendo sus unciones co po a i as. Así, en las luchas
en e o iciales y maes os, los p ime os no echaza on que los segun-
dos ue an las «cabezas di igen es» de su comunidad, sino la mane a
en que cumplían con sus esponsabilidades. Desde la Edad Media,
o iciales de di e sos o icios (sas es, ca pin e os, zapa e os, peluque-
48
Jesús de Felipe Redondo
españolas puede en ende se como o a mues a del man enimien o de es a
concepción comuni a ia.
Todo ello implica una cues ión undamen al: la apa ición del suje o
abajado a mediados del siglo xix, que mo ilizó a ope a ios de comu-
nidades p o esionales dis in as bajo una misma iden idad en una lucha
po unos obje i os comunes, conlle ó una p o unda ans o mación en
la mane a his ó ica de concebi la ac i idad labo al y el mundo —si bien
las nue as concepciones con i ie on y se elaciona on y mezcla on con la
an iguas de di e sas mane as que han de in es iga se—. Los siguien es
capí ulos se dedican a analiza cómo se p odujo y cuáles ue on las con-
secuencias de es e cambio.

49
Capí ulo 2
Los ciudadanos del abajo
A pa i de 1840 se cons a a una ans o mación esencial en el ca ác e
de los con lic os labo ales en España. En la p o incia de Ba celona, a ios
g upos de ope a ios u banos comenza on a o mula nue as demandas y a
ealiza nue as acciones, en e ellas la c eación de las p ime as sociedades
de esis encia labo al en e 1840 y 1843, coincidiendo con el pe iodo del
T ienio P og esis a. Su obje i o undamen al e a lucha con a las dis-
minuciones sala iales. Sin emba go, es os descensos habían exis ido con
an e io idad y, aunque habían o iginado con lic os, no habían mo i ado
es as espues as de los ope a ios. Los capí ulos que quedan de es a p i-
me a pa e se cen an en analiza es e cambio. En es e segundo capí ulo
es udia é con mayo de alle el caso de los ejedo es de algodón de Ba ce-
lona, que unda on las p ime as y más impo an es de es as asociaciones,
mien as que en los capí ulos siguien es abo da é la ex ensión de es a
ans o mación en o os o icios y luga es.
I. Los súbdI os p oduc o es
A inales del An iguo Régimen, la mayo pa e de los ejedo es de
algodón labo aba en sus casas, en alle es de dimensiones amilia es y
en áb icas de amaño pequeño o mediano. Sus pa onos, come cian es
y ejedo es en iquecidos, les pagaban po el núme o y las dimensiones de
las piezas que ejían semanalmen e. Pa a inc emen a la p oduc i idad,
50
Jesús de Felipe Redondo
algunos ab ican es exigie on a sus empleados la elabo ación de piezas de
mayo longi ud (o i o) sin aumen a el p ecio que pagaban po ellas al
menos desde inales del siglo x iii, cuando la indus ia algodone a es aba
ya consolidada.
Es a p ác ica e a mo i o de dispu a con sus empleados, aunque no e a
nue a en el mundo labo al ni exclusi a del sec o algodone o. En los siglos
x ii y x iii, los ejedo es de lana y los pelai es ca alanes se en en a on
po una cues ión simila . Los pelai es, que p opo cionaban la ma e ia p i-
ma a los g emios de ejedo es y se enca gaban de las labo es p elimina es
y de acabado de los p oduc os (como el in e), p e endie on disminui el
p ecio de las elas manu ac u adas po los ejedo es. Es o se oponía a las
o denanzas de los g emios de ejedo es, y ue de endiéndolas como los e-
jedo es log a on que las au o idades obliga an a los pelai es a espe a las1.
Sin emba go, a inales del siglo x iii las e o mas ilus adas deja on
sin alidez la egulación g emial en el sec o ex il. En 1789, una eal
cédula p oclamó la «absolu a libe ad» de los ab ican es pa a decidi el
ancho y núme o de hilos de los ejidos, pudiendo «in en a los, imi a los y
a ia los lib emen e sin sujeción a cuen a, ma ca ni peso». Los ab ican es
algodone os ap o echa on es a nue a legislación pa a amplia la longi ud
de las elas, lo que se ap ecia de mane a indi ec a en las nue as medidas
adop adas po las au o idades pa a e i a el empob ecimien o de la calidad
de los a ículos ex iles. A es e espec o, los ejedo es, pa a man ene su
ni el de ing esos, se ie on obligados a abaja más ápido y, po an o,
con menos cuidado, lo que epe cu ía en el p oduc o inal. Pa a e i a el
descenso en la calidad de las elas, en 1795 la Jun a Gene al de Come cio
hizo sabe a los ab ican es que no es aban au o izados a engaña a los
comp ado es ebajando la excelencia de los ejidos y u gió a las au o idades
locales a e i a «los pe judiciales excesos de i o, y demás icios subs an-
ciales y opues os a la bondad esencial de las opas»2.
1 Molas 1970, 375; Vicen e 1994, 81. No obs an e, en el siglo x iii los g emios de
pelai es de Ca aluña consiguie on in lui en la o ganización in e na de los g emios de e-
jedo es de lana. Véase To as 1996.
2 No ísima Recopilación de las Leyes de España, 1805, Lib o VIII, Tí ulo XXIV, Ley X y n. 9.
51
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
Es o no enó a los ab ican es, que en los años siguien es con inua on
ampliando la longi ud de las elas. Sus empleados siguie on p o es ando
y c ea on comisiones de ep esen an es pa a pedi a las au o idades la
egulación de los p ecios de los p oduc os que ealizaban. En 1820, as
el pa én esis p oduc i o de la gue a con a los anceses, un g upo de
ejedo es pidió a la Jun a de Fáb icas (que ag upaba a odos los ab ican es
ba celoneses, pos e io men e llamada Comisión de Fáb icas) y la Dipu a-
ción de Ba celona que media an en e ellos y sus pa onos pa a consegui
un acue do en los p ecios y la longi ud de las piezas ejidas. Las p o es as
se eanuda on en 1827, epi iéndose casi anualmen e en e 1830 y 18403.
En es as p o es as, los ejedo es se quejaban de que los ab ican es
es aban ompiendo las cos umb es y pac os que habían egido en el o icio
has a ese momen o. El c onis a de la Comisión de Fáb icas, Guille mo
G aell, econoció que los ejedo es enían «una pa e de azón», pues la
longi ud de las elas empesas, el p incipal a ículo come cializado, había
sido adicionalmen e de 30 canas, pe o los ab ican es es aban aumen-
ándolo a 35 o más canas. Los dueños in en aban ap o echa el desa ollo
écnico de las p ime as décadas del siglo xix, que había aba a ado el cos e
de las ope aciones de blanqueo y in e de las piezas de 35 o más canas al
ni el de las de 30. Pa a ap o echa al máximo es a ebaja, los ab ican es
pidie on a sus ejedo es elas mayo es sin aumen a su e ibución4.
Todo ello implica una cues ión undamen al: pa a los ab ican es al-
godone os de p incipios del siglo xix, la disminución de los cos es y la
in ensi icación de la p oduc i idad e an asun os más impo an es que el
man enimien o de los iejos acue dos que egían la e ibución sala ial.
Ello se debe, en buena medida, a las condiciones pa icula es de desa ollo
de la indus ia algodone a. La anulación de las disposiciones g emiales,
3 Ba nosell 1999, 67; Ca e a Pujal 1957, ol. III, 32.
4 G aell 1911, 81-83. G aell ue sec e a io de la o ganización pa onal ba celonesa
Fomen o del T abajo Nacional, he ede a de la Comisión de Fáb icas de Ba celona que
ep esen aba los in e eses de los ab ican es ex iles. Po o o lado, las empesas e an sen-
cillas piezas lisas de algodón c udo que enían una amplia demanda y la cana ca alana
equi alía a 0,835 me os (Say ó 1842, 33).
52
Jesús de Felipe Redondo
el c ecimien o de la demanda y el desa ollo p oduc i o a inales del siglo
x iii habían conlle ado el inc emen o de la compe encia en e los alle es
ex iles. Es a mayo compe encia lle ó a los dueños a aumen a la p oduc-
i idad in ensi icando el abajo de sus empleados.
Los ejedo es pe cibie on es e cambio como una amenaza di ec a a su
modo adicional de abajo. Pe o no solo eso. Desde su pun o de is a,
los ab ican es a en aban con a la acionalidad que egulaba las elaciones
labo ales. De hecho, pa a ellos la acción de los ab ican es esul aba, sen-
cillamen e, i acional. En 1833, una comisión de ejedo es de Ba celona
expuso a las au o idades que e a imposible «hace les [a los ab ican es]
en a en la más mínima e lexión», pues sus imposiciones en ma e ia sa-
la ial no se ajus aban a las o mas adicionales de es ablece los sala ios5.
La conduc a de los ab ican es esul aba incomp ensible pa a los ejedo es
y, en odo caso, la conside aban un a en ado a los p incipios que egían la
comunidad labo al.
Es a acionalidad a la que apelaban los ejedo es se basaba, en buena
medida, en los supues os co po a i os analizados en el capí ulo an e io .
En e ellos, des acaba, como se e á, la noción del pac o en e el mona ca
y sus súbdi os po el que el p ime o ga an izaba a los segundos la posi-
bilidad de i i de su abajo. Aho a bien, los é minos de es e pac o se
habían ede inido pa cialmen e en el úl imos siglo de la Edad Mode na
como esul ado de un p oceso que au o es como F ancisco Vázquez han
de inido como el nacimien o de la población como obje o de gobie no.
Resul a, pues, esencial conoce las cla es de es e p oceso pa a en ende
las demandas de los ejedo es.
En la Edad Media, el conjun o de los súbdi os de un eino se había
conside ado un don o o gado po Dios al sobe ano pa a ap o echa los
ecu sos de sus dominios. La polí ica in e na de los einos medie ales
se explica, en buena medida, po es a concepción. Con la i upción del
me can ilismo en el siglo x ii, la población comenzó a pe cibi se como
un ecu so en sí mismo que el sobe ano debía amplia median e polí icas
5 Ace ca [de] un ecu so de a ios jó enes ab ican es, 1833. BNC. Jun a de Come ç, leg.
LVIII, exp. 26.
53
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
di igidas a aumen a la o aleza económica y la po encia mili a del eino.
Pe o en el siglo x iii, los pensado es y polí icos ilus ados a i ma on que
la cues ión ele an e pa a el buen gobie no no e a la can idad de poblado-
es, sino su calidad. Pa a los ilus ados, las au o idades debían ga an iza
las condiciones necesa ias pa a que una población ue a « obus a», i ie a
más y mejo y, como consecuencia, pudie a ambién abaja más y mejo
y con ibui , así, a la « elicidad pública». De ahí que habla an de la « e-
licidad de los súbdi os» como el obje i o p imo dial de la adminis ación
polí ica de la población. Una elicidad concebida en é minos de una aspi-
ación gene al de odos los indi iduos a busca el place y la sa is acción de
sus necesidades i ales. Es a elicidad indi idual se ins i uyó en el obje i o
undamen al del buen gobie no a inales del siglo x iii y es p ecisamen e
la que pe mi e en ende las quejas y acciones de los ejedo es ba celoneses
an e las ins i uciones6.
Desde la pe spec i a de los ejedo es, la disminución de los sala ios
cons i uía un a en ado con a la ida y la elicidad de los súbdi os p oduc-
o es que las au o idades debían a aja . Como exp esa on an e el capi án
gene al de Ca aluña en 1833, el descenso de sus jo nales y los despidos
signi icaban la imposición de una ca ga «injus a» que les impedía i i
« elizmen e»:
[…] algunos amos ab ican es han a ado de op imi a sus abajado es ya
despachándoles de sus alle es, ya mandando ala ga las piezas[,] sellando
odas es as ejaciones con baja el jo nal en é minos de deja lo a ce o.
Semejan e compo amien o aca ea la in elicidad de nume osas amilias
y obus os jó enes expues os po sus mise ias a odos los ho o es de la
desespe ación […]7.
6 Pa a un análisis más p o undo de es as cues iones éase Vázquez 2009, 21-22 y 31-35.
Pa a la noción ilus ada de elicidad éase Roge 1998.
7 Ace ca [de] un ecu so de a ios jó enes ab ican es. Sub ayado en el o iginal. «Fab ican e» y
«amo» ue on los apela i os empleados pa a e e i se a los dueños de los alle es y áb icas
algodone as desde, al menos, p incipios del siglo xix (Molas 1970, 128).

54
Jesús de Felipe Redondo
Al iden i ica se como « obus os jó enes», los ejedo es se p esen aban
como los súbdi os p oduc o es que man enían el eino y que espe aban, a
cambio, que su ida (su elicidad indi idual) les ue a ga an izada. Si las
au o idades a endie on las súplicas de los ejedo es se debió a que susc ibían
es e pac o en e mona ca y súbdi os. Has a p incipios de la década de 1830,
las ins i uciones ac ua on según el modelo co po a i o del An iguo Régi-
men. An e las p o es as de los ejedo es, o za on a los ab ican es a aco da
y ija con ellos las dimensiones y la e ibución de las elas. En 1831, el
egen e de la Real Audiencia y subdelegado de Policía en Ba celona obligó
a la Comisión de Fáb icas a es ablece los p ecios y las medidas de los a -
ículos ex iles que debían espe a se en odos los alle es y áb icas8. Así,
la abolición de las o denanzas g emiales a inales del siglo x iii no había
conlle ado la implan ación de la libe ad de indus ia has a sus úl imas con-
secuencias, ya que las au o idades con inuaban egulando las condiciones
labo ales y a endían las quejas de los ejedo es cuando conside aban que sus
de echos como súbdi os p oduc o es es aban siendo a ec ados.
II. Las consecuencIas de La ansIcIón aL égImen LIbe aL
Es a si uación cambió con las p ime as medidas de ca ác e libe al que
se ap oba on en los úl imos años del einado de Fe nando VII y, sob e
odo, con el pe iodo e oluciona io que se ab ió as la mue e del mona ca
absolu is a a inales de 1833. La consolidación del égimen libe al aca eó
la implan ación de un nue o ma co legal asen ado en los p incipios de
libe ad e igualdad de de echos en e los indi iduos, lo que ajo consigo
dos p o undas consecuencias pa a las elaciones labo ales9.
8 G aell 1911, 81-3.
9 En es a ob a uso el é mino «libe al» como gube men alidad, es deci , con él no me
e ie o a una ideología polí ica pa icula , sino a la ma iz concep ual a pa i de la que
se es ablecie on las dis in as ideologías y p oyec os polí icos de la época con empo ánea.
En palab as de Colin Go don [1991, 14], el libe alismo así en endido es una « o ma de
acionalidad», «no es una simple doc ina o conjun o de doc inas de eo ía económica y
polí ica, sino un es ilo de pensamien o p eocupado con el a e de gobe na ».
55
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
En p ime luga , el con a o labo al ue de inido como un con a o
lib e en e indi iduos ju ídicamen e iguales sin la mediación de ninguna
ins i ución. Así quedó dispues o en el Código de Come cio de 1829, en
el que el con a o labo al se eguló como un in e cambio de se icios
en e indi iduos lib es e iguales10. Es a nue a concepción lle ó a muchos
ab ican es a segui disminuyendo los sala ios. En e 1831 y 1834, la Co-
misión de Fáb icas echazó las demandas de los ejedo es y la in e ención
de la au o idad en los con lic os labo ales escudándose en el p incipio de
la libe ad indi idual11. Pa a la Comisión, las au o idades p ac icaban una
injus i icable «in e ención» en el ámbi o de las elaciones p i adas en e
indi iduos iguales. Si las condiciones de abajo e an el esul ado de un
lib e «ajus e o con enio» en e el abajado y el ab ican e, en onces es os
podían «pone se mu uamen e las condiciones que gus en, las que si no
acomodan a alguna de las pa es, no puede obliga se a ninguna de ellas
a e i ica el con a o, quedando así lib e el ab ican e pa a da el abajo
como el ob e o pa a acep a lo»12. De modo que lo que ocu ía no e a que
los ab ican es ac ua an de o ma i acional, como a i maban los ejedo es,
sino que es aban aplicando unos p incipios de acionalidad labo al di e-
en es a los del mundo co po a i o.
La segunda consecuencia ue que a pa i de 1833 las ins i uciones
empeza on a de ende los nue os p incipios libe ales, lo que las lle ó a
adop a una nue a pos u a an e las pe iciones de los ope a ios. En 1835,
el je e polí ico de Ba celona ijó en un bando el lími e de 33 canas pa a la
longi ud de las elas, una solución in e media en e las 30 canas solici adas
po los ob e os y las 35 demandadas po la mayo ía de los ab ican es. Sin
emba go, ambién es ableció que las empesas, el a ículo p incipal de las
10 El Código de Come cio de 1829 eguló las elaciones labo ales en la indus ia ex il
desde su p omulgación, y en los o icios ag emiados desde la abolición de las o denanzas
g emiales en 1834-36, has a inales del siglo xix. Ba nosell 1997a, 179; Ca e as
y Ta unell 2004, 112; Maluque y Llonch 2005, 1159; Ma ín Val e de 1987,
x iii-xix; Velasco 2004.
11 G aell 1911, 81-83.
12 Re en ós 1987 [1925], 28-29.
56
Jesús de Felipe Redondo
dispu as labo ales, end ían «el i o que mejo con enga al ab ican e».
Es e cambio ue a i icado y ampliado en 1840, cuando un nue o bando
p oclamó que odos los ejidos se ían de la longi ud «que más acomode
al di ec o o dueño de la áb ica». Las dos medidas es ablecie on que el
p ecio de cada a ículo debía ija se po esc i o «a azón de an o po cana,
p e io pa icula ajus e» en e el ab ican e y el ope a io13. Según es as
nue as condiciones, ab ican es y abajado es negociaban sus con a os
labo ales de mane a lib e e indi idual, mien as que el Es ado se limi aba
a p opo ciona les ue za legal y pena su incumplimien o. En 1835 el je e
polí ico de Ba celona c eó la Comisión Inspec o a de Fáb icas, enca gada
de igila el man enimien o de los con a os14.
Como esul ado de es as dos consecuencias, las an e io es o mas de
abo da y esol e los con lic os labo ales queda on públicamen e desle-
gi imadas y, como co ola io, las demandas de los ejedo es pe die on su
e ec i idad. Las comisiones de los ejedo es se con i ie on en sospechosas
de se «coaliciones» o «coligaciones» de indi iduos que p e endían limi a
el lib e me cado al impone condiciones colec i as a los con a os labo ales
indi iduales. Desde la pe spec i a libe al, esas o ganizaciones enca naban
la amenaza del e o no de los monopolios, los p i ilegios y las desigualda-
des del An iguo Régimen. Po eso las au o idades las p ohibie on en 1835,
es ableciendo que los ob e os podían expone sus quejas indi idualmen e
an e la Comisión Inspec o a de Fáb icas15.
An e es a si uación, las eacciones de los ejedo es ue on di e sas. Una
pa e de ellos siguió insis iendo en las an iguas soluciones, conside ando
la nue a ac i ud de las au o idades como una i esponsable dejadez en sus
obligaciones. Desde su pe spec i a, el an iguo pac o es ablecido en e los
13 Ibíd., 26-27 y «Bando de D. José Ma ía de Gispe », Dia io de Ba celona, 149, 28/V/1840.
14 La Comisión Inspec o a de Fáb icas enía a ibuciones simila es a los Conseils des P ud-
hommes c eados en los dis i os algodone os anceses a p incipios del siglo xix. Ambos
o ganismos cons i uye on los p ime os in en os de egulación de las elaciones labo ales
en el ma co de la lib e concu encia. Véase Reddy 1984, 72 y 121.
15 El Ba ón de Mee , je e polí ico de Ba celona en e 1837 y 1839, p ohibió a los ejedo es
c ea comisiones. Ca e a Pujal 1957, ol. III, 188-89; Iza d 1973, 93-94.
57
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
súbdi os y el Es ado se es aba esqueb ajando, y la p ueba de ello e a que
las nue as medidas no esol ían sus p oblemas. En la segunda mi ad de
la década de 1830, y a pesa de las p ohibiciones legales, es os ejedo es
siguie on o mando comisiones pa a p o es a an e las au o idades16. Al-
gunos de ellos mos a on públicamen e su ecelo en e al nue o o den
libe al e insis ie on en la necesidad de que se cumplie an las mode adas
limi aciones del bando de 1835, que muchos ab ican es igno aban. En
1836, un au o iden i icado como «F. V. Tejedo » publicó un esc i o en el
Dia io Me can il de Ba celona en el que se p egun aba, con descon ianza,
si la cons i ución que se es aba negociando en aquel momen o (la u u a
Cons i ución de 1837) anula ía la o den del capi án gene al de 1835, po -
que algunos ab ican es «no la cumplen, y bien lejos es án de cumpli la;
po que p ospe an con la sang e del abajado »17. La Comisión de Fáb icas
espondió en el mismo pe iódico indicando a F. V. Tejedo que si enía
alguna queja, debía expone la an e la Comisión Inspec o a de Fáb icas,
pues se a aba de un asun o p i ado que solo les conce nía a él y su pa-
ono18. Pe o F. V. Tejedo eplicó que esa acción podía «comp ome e le»,
es deci , expone lo a la enganza de su pa ono19. Pa a los ejedo es la
Comisión Inspec o a de Fáb icas no e i aba que los ab ican es siguie an
disminuyendo sus jo nales y que sus de echos como súbdi os p oduc o es
siguie an siendo lesionados.
Es as quejas suponen una con inuación de las luchas an e io es, si
bien la exposición de las quejas en un pe iódico an e la opinión pública es
ya una no edad. Los ejedo es seguían espe ando la in e ención decisi a
de la au o idad pa a impone el «buen o den» en sus o icios. Siguien-
do es a lógica, cuando las au o idades enunciaban a cumpli con es a
obligación, a los ejedo es no les quedaba o a solución que acep a las
condiciones de los ab ican es —lo que no excluía el man enimien o del
16 Gi al , Balcells y Te mes 1967, 48.
17 F. V. Tejedo , Dia io Me can il, 20/IX/1836. Ci ado en Ollé 1994, 30-31.
18 Dia io Me can il, 26/IX/1836. Ci ado en Ollé 1994, 31-2.
19 Dia io Me can il, 28/IX/1836. Ci ado en Ollé 1994, 31-2.
64
Jesús de Felipe Redondo
Es a iden idad ambién se exp esó en la nue a demanda de «indepen-
dencia» y «emancipación» que comenza on a o mula los ejedo es aso-
ciados en 1840 y que más a de se ía ei indicada po odas las sociedades
ob e as. En 1841, el di ec o de la ATB p oclamó an e los ejedo es que
del abajo de los ope a ios dependían «el bienes a de ues as amilias» y
«la independencia o la se idumb e de ues as exis encias»30. La indepen-
dencia del ejedo e a su capacidad de sos ene a sus amilia es31. De ahí
que pueda habla se de la apa ición de un nue o in e és en e los ejedo es
asociados: que su sala io ue a su icien e pa a man ene a sus amilias.
Po es a azón, los di igen es de la ATB denuncia on que la «desg acia»
de los ejedo es se debía a que los ab ican es, al educi les sus sala ios,
les impedían eje ce su capacidad (na u al) de man ene dignamen e a sus
amilias32.
Po o o lado, la a i mación de la exis encia de es as necesidades y
capacidades conlle aba una p o unda ede inición del signi icado que se
había o o gado a si uaciones exis en es, como la pob eza de los ope a ios y
las disminuciones sala iales. La denuncia de que el jo nal «apenas bas aba
pa a sa is ace las necesidades de la ida», que no e a nue a en las luchas
de los ejedo es, adqui ió en onces un nue o signi icado33. Si los ejedo es
que se asocia on se eían in es idos del de echo na u al a i i del u o
de su abajo y el sala io que ecibían no e a su icien e pa a sa is ace sus
necesidades, en onces los bajos sala ios cons i uían un a en ado con a
sus supues as capacidades na u ales. Es os ope a ios empeza on a expe-
imen a una si uación que había exis ido con an e io idad (los descensos
sala iales y las bajas e ibuciones) como una expe iencia de negación de
sus a ibuidos de echos na u ales, a la cual denomina on «op esión» y
«explo ación».
30 «Con inúan las ges iones», El Hu acán, 322, 25/II/1841.
31 Sucedió igual en países como G an B e aña y F ancia. Véase McClelland 1987, 206 y
Sco 1999, 93-112. Sob e el signi icado de la «independencia» y la «emancipación» de
los ob e os éase el capí ulo siguien e.
32 «Mani ies o que el di ec o de la Asociación».
33 Ibíd.

65
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
Pa a en ende la apa ición de es a nue a mane a de expe imen a el
mundo, es necesa io analiza más de enidamen e o as implicaciones de la
noción de na u aleza humana. En p ime luga , el de echo a i i del u o
de su abajo se con i ió en un ac o esencial pa a el cálculo sala ial.
Según los ejedo es, el sala io no podía se una simple «compensación del
abajo calculada a an o po ho a», como se desp endía de las decla a-
ciones de algunos ab ican es y economis as, pues el sala io e a «la en a
del pob e» con la que «hemos de i i , hemos de goza , con él hemos de
pasa los días de descanso y los que en las en e medades o el con abando
nos obliguen a una inacción o zada»34. Desde es e pun o de is a, el sa-
la io no e a una e ibución cualquie a po que su abajo ampoco e a un
p oduc o cualquie a que pudie a in e cambia se en el me cado como los
demás p oduc os. El abajo e a el eje cicio de la capacidad na u al que
les pe mi ía sa is ace sus necesidades y los con e ía en «homb es», po
lo que su comp a y en a debía basa se en el espe o de esa «condición
humana».
Es a idea condujo a los ejedo es a echaza la pos u a que los ab i-
can es y las au o idades man enían espec o a las disminuciones sala ia-
les desde el decenio de 1830. En 1834, la Comisión de Fáb icas había
in ocado el p incipio de la lib e concu encia pa a explica la educción
de los jo nales. Según la lógica del lib e me cado, «la al a o baja de odo
sala io depende de la mayo o meno can idad del consumo», po lo que
cuando el ab ican e «busca mayo núme o de b azos pa a la c eación de
p oduc os», los ob e os p ocu an «le an a el p ecio de su jo nal», obligan-
do a los ab ican es a sa is ace las demandas ob e as «so pena de queda
ociosos sus alle es». De la misma mane a, según la Comisión, los ob e os
debían acep a los eco es sala iales «cuando la disminución del me cado
no pudiendo da salida a los p oduc os sino con baja conside able de su
p ecio na u al» lle a a al ab ican e a «ni ela en lo posible el alo de
34 Ibíd. La e e encia al con abando se debe a que es e se conside aba una de las causas
p incipales del aumen o de la compe encia que, a su ez, p o ocaba la disminución de los
sala ios.
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Jesús de Felipe Redondo
sus manu ac u as ebajando el cos e de la mano de ob a»35. En 1840, los
ejedo es espondie on a ese a gumen o a guyendo que las leyes del me -
cado enían un lími e: la subsis encia del abajado , es deci , el de echo
na u al de odo homb e a la ida. Po eso decla a on que sus sala ios y
sus idas e an sus p incipales «p opiedades» de las que los ab ican es no
podía ap opia se en ningún caso36.
Todo es o ae consigo una cues ión que no debe pasa desape cibida:
es os ejedo es, al con a io de lo que había ocu ido en los años an e io es,
acep aban la ley de la lib e concu encia, pe o que ían que es a u ie a en
cuen a sus de echos na u ales, y, po an o, econocie a su abajo como un
p oduc o no suje o a las leyes del me cado de la misma mane a que o os,
pues e a una capacidad na u al humana. Como esc ibió pos e io men e
el líde coope a i is a y demóc a a ba celonés An onio Gusa , había que
acaba con la idea de que el p ecio de la mano de ob a es aba suje o «a
los ai enes de la concu encia». Según Gusa , los ope a ios «no p e en-
demos pone abas a la con a ación; pe o ampoco podemos consen i
que el abajado sea conside ado como una me cancía cualquie a», pues
la e ibución del abajo esul aba undamen al pa a eje ce el de echo a
la ida37. Ello pe mi e en ende po qué consegui un «sala io digno», es
deci , su icien e pa a cub i las necesidades i ales, se con i ió en obje i o
p incipal de las luchas de las asociaciones de esis encia desde 184038.
Es o ambién explica que los ejedo es comenza an a denuncia una
si uación que ambién exis ía p e iamen e, pe o que en esos años comenzó
a conside a se un hecho con adic o io: que los abajado es ue an pob es,
es o es, es u ie an en una si uación de «dependencia» que hicie a pelig a
35 Al Excmo. S . Capi án Gene al… Biblio eca Nacional de Ca alunya (BNC). Jun a de Co-
me ç, leg. LVIII, exp. 26.
36 «Mani ies o que el di ec o de la Asociación».
37 Gusa , An onio, «La asociación p oduc i a», El Ob e o, 17, 25/XII/1864.
38 El man enimien o de los sala ios ue el obje i o p incipal de las luchas de los ejedo es
du an e el T ienio P og esis a. De los 27 con lic os documen ados en ese pe iodo, 20
es u ie on di ec amen e elacionados con la cuan ía de los sala ios. De los 7 es an es,
3 se debían a despidos de abajado es, 1 al boico con a los ejedo es no asociados y 3
esul an desconocidos. Véase Ba nosell 1999, 260-61.
67
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
sus idas en cada momen o de c isis. ¿Cómo e a posible, comenza on a
plan ea se es os ope a ios, que quienes abajaban du amen e du an e la -
gas jo nadas no pudie an apa a a sus amilias y a sí mismos de la mise ia,
o en sus p opias palab as, «emancipa se»? En una copla popula de 1841,
dedicada a los ejedo es asociados, se decía que «el jo nale o/ abaja odo
el día,/ sin eposo ni po ía/ po log a un buen jo nal», y sin emba go
«e an anos sus es ue zos, pues lo que el pob e cob aba,/ ¡in eliz!, aún no
bas aba./ Y mo ía… ¡[en el] hospi al!»39.
La pob eza se con i ió así en una si uación p oblemá ica y, en el caso
de los abajado es, enigmá ica. ¿Cómo explica que quien abajaba dia-
iamen e pa a cub i sus necesidades na u ales u ie a es as insa is echas
y pe manecie a en una si uación sumamen e p eca ia? Nue amen e, se
ap ecia aquí el su gimien o de un p oblema que no exis ía con an e io-
idad. En el An iguo Régimen, los a esanos u banos y los campesinos
sub ayaban su condición de «pob es» en sus pe iciones a las au o idades
no pa a denuncia la, sino pa a eco da al mona ca que debía ela po
la supe i encia de sus súbdi os40. En ese pe iodo, la pob eza no e a una
ci cuns ancia nega i a, sino inhe en e a de e minados cue pos sociales,
y po es a azón los ope a ios, incluidos los ejedo es ba celoneses, no se
queja on de su pob eza. Pe o a pa i de 1840, i i en la mise ia se ans-
o mó en una si uación nega i a po que no co espondía a la nue a mane-
a de concebi el mundo de los ejedo es. Si el ejedo abajaba, en onces
se suponía que eje cía su capacidad na u al pa a sa is ace sus necesidades
ambién na u ales. Pe o la pob eza implicaba que es as necesidades no
es aban sa is echas, y que, po an o, exis ía un obs áculo que impedía a
los ejedo es eje ce sus capacidades na u ales.
39 «Sociedad de Tejedo es, o sea, la Asociación…», El Co esponsal, 25/IV/1841. Rep odu-
cido en Elo za 1972, 213.
40 Pa a las comunidades campesinas éase Sánchez Mo ales 2005; pa a las he manda-
des de ayuda mu ua, Sánchez de Mada iaga 1996, 281, y pa a la p o ección de los
súbdi os pob es con la asación del p ecio del g ano y la c eación de pósi os, Díez 1990,
170-71.
68
Jesús de Felipe Redondo
De ahí el signi icado polí ico que adqui ió el é mino «p ole a io». La
iden i icación del ope a io como pob e o p ole a io que apa ece en los
esc i os de los ob e os asociados a pa i de es a echa no co esponde a
una oma de conciencia de una si uación ma e ial de e minada (la pob eza
de los p oduc o es), sino a una nue a mane a de concebi dicha si uación.
Cuando los ejedo es se iden i ica on de es a mane a, lo hicie on pa a de-
nuncia lo que comenza on a pe cibi como una injus icia. En es e sen ido,
pa a ellos un p ole a io e a un abajado pob e que no debe ía se lo, y que
debía lucha pa a e i a lo. No e a un é mino que desc ibie a simplemen e
la ealidad al y como e a, sino que la cons i uía polí icamen e basándose
en es a noción de la pob eza del abajado como si uación p oblemá ica.
La de inición de es a nue a cues ión adqui ía una mayo ele ancia
en la medida en que los ejedo es ambién a i ma on que los abajado es
e an los que p oducían oda la iqueza social, incluida la que poseían los
pa onos. Aunque los ejedo es admi ie on que el ab ican e ponía los
medios necesa ios pa a o ganiza la p oducción a mayo escala, es e no
podía «p oduci sus iquezas» sin el es ue zo de los ope a ios41. Según los
ejedo es asociados de Badalona, « odo el o o» de los ab ican es esul aba
«in uc uoso sin el sudo de nues os os os»42. En 1841, los di igen es
de la ATV decla a on que el abajo de los ope a ios pe mi ía a los due-
ños acumula sus o unas43. Los ejedo es asociados de Olo (Ge ona)
decla a on que e an «sus b azos» los que «sacaban de la mise ia» a los
pa onos, y no a la in e sa44. Según los ejedo es ba celoneses, e a nece-
sa io demos a «a los que apa en an c ee y que ían hace nos en ende
que dispensaban a o p opo cionando abajo, que somos algo en la cadena
social, que ellos ienen oda ía más que ag adece nos a noso os»45.
41 «Sociedad de P o ección Mu ua», El Cons i ucional, 770, 10/V/1841.
42 «Sociedad de P o ección Mu ua de Tejedo es de Algodón de Badalona», El Cons i ucio-
nal, 20/X/1842. Rep oducido en Ollé 1973, 264-66.
43 «Sociedad de P o ección Mu ua», El Cons i ucional, 964, 31/X/1841.
44 Jun a di ec i a, Olo , 7/IX/1842. AMV. Documen os i pape s de l’ATV.
45 «Sociedad de p o ección mu ua », Dia io de Ba celona, 9/V/1842. Sub ayado mío.
69
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
Po odo ello, los ejedo es que c ea on asociaciones de esis encia
empeza on a deci que el sala io no e a una simple «ayuda» o «limosna»
concedida po los ab ican es a los ob e os pa a sob e i i , como a i ma-
ban algunos de ellos que eían en el pago del sala io una o ma de da
segu idad económica a los abajado es46. Pa a es os ope a ios, el sala io
e a el jus o pago de sus es ue zos, los mismos que pe mi ían a los ob e os
emancipa se y gene a la iqueza social, y un pago jus o no e a lo mismo
que una limosna. Desde es e pun o de is a, y como se e á en el siguien-
e apa ado, e a posible pensa que el sala io debía ele a se más allá del
lími e es ic o de la subsis encia pa a es a en consonancia con el abajo
ealizado.
Cuando los ejedo es y o os ope a ios se plan ea on es as cues iones
en 1840, llega on a la conclusión de que si no podían emancipa se me-
dian e su abajo y, po an o, pe manecían pob es, se debía a que alguien
les impedía dis u a de sus de echos na u ales y se ap o echaba de sus
capacidades pa a en iquece se a su cos a. Fue así como las di e encias
de iqueza en e los ab ican es y los ope a ios apa ecie on, po p ime a
ez, como la e idencia de una injus icia social. Aunque pa a en ende
mejo es a si uación, es necesa io ene en cuen a o a nue a demanda
que los ejedo es o mula on en es os años y que se combinó con su de-
echo na u al a la ida: su a ibuido de echo na u al a la p opiedad del
u o del abajo.
III.2. El de echo na u al a la p opiedad
En 1840, los síndicos del Ayun amien o de Ba celona, ala mados an e
la inminen e o mación de la ATB, se en e is a on con una delegación
de ejedo es pa a conoce sus mo i os e in enciones. Los ejedo es les
46 «Compañe os. Una o den…», Dia io de Ba celona, 20, 20/I/1842. El di ec o de la ATB
decla ó que, an es de c ea la asociación, «el sala io se nos daba como po limosnas» («Ma-
ni ies o que el di ec o de la Asociación». Sub ayado en el o iginal). Según la Comisión
de Fáb icas, los ab ican es «ayudaban» a los ope a ios adelan ándoles una can idad de
su dine o en concep o de sala io y pe mi iéndoles sob e i i (Al Excmo. S . Capi án Ge-
ne al). Es a pe spec i a p edominó en los a ados de economía polí ica. Véase Fló ez
Es ada 1980 [18354], 431-22; del Valle 1842, 95; Ma ín 1875, 30.

70
Jesús de Felipe Redondo
explica on que su asociación p e endía esol e una cues ión c ucial: la
de que mien as ellos abajaban y pe manecían en la mise ia, «algunos
ab ican es hacían en poco iempo o unas colosales». Pa a ellos, es a
desigualdad económica e a una exp esión del deso den que einaba en
la sociedad y que de i aba del escaso espe o a sus de echos47. Ope a ios
de o as p o esiones ealiza on la misma c í ica casi simul áneamen e. A
inales de ese año, una comisión de hilado es ba celoneses expuso a las
au o idades que no solo e a «muy du o y sensible» que los ope a ios «con el
sudo de su en e no puedan aún sus en a se pa camen e con sus desg a-
ciadas amilias», sino que esul aba «aún más ho endo» que «a ue za de
su mise ia y ex enuación, nu an, p ospe en, luc en y p og esen sus amos
an ex ao dina iamen e que es emece a la ley y a la azón»48.
Nunca an es los ope a ios habían denunciado las di e encias económi-
cas en e ellos y los ab ican es. Quienes o mula on esa queja en 1840
concebían de una mane a di e en e la elación que exis ía en e su ac i i-
dad labo al y los p oduc os que ab icaban. Según dicha concepción, en e
abajo y p oduc o se es ablecía una elación de p opiedad: un p oduc o
c eado e a p opiedad de quien lo p oducía median e su abajo. De ahí
que los ejedo es comenza an a e e i se a su «jus o sala io» como la «p o-
piedad del pob e»49.
A pa i de es a idea, es os ob e os pidie on que sus sala ios se calcu-
la an con o me a su pa icipación en el p oceso p oduc i o. Su aspi ación
undamen al e a «que cada uno sea pagado a [sic] p opo ción de su abajo»,
es deci , en unción de su con ibución a la elabo ación del p oduc o y, po
an o, de su alo inal50. Desde es a pe spec i a, el abajo se conside aba
una o ma de «capi al» que los ob e os in e ían en el p oceso p oduc i o,
de mane a simila al capi al de los p opie a ios. Como a cada in e sión de
47 «Con es a echa…», Dia io de Ba celona, 363, 28/XII/1840.
48 Los in asc i os comisionados de los jo nale os de hilados…, Ba celona, 14/X/1840. Ci ado en
Ollé 1973, 203.
49 «Compañe os. Una o den».
50 «B e e eseña», El Hu acán, 316, 18/VI/1841.
71
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
capi al co espondía luego un bene icio, los ejedo es solici a on que los
ab ican es espe a an sus «ganancias» que cob aban o ma en sus sala ios.
En o as palab as: el sala io se con i ió, pa a es os abajado es, en el
esul ado de la in e sión de su abajo en an o que capi al indi idual. En
1841, los ep esen an es de la ATB p oclama on que los ejedo es habían
demos ado a los pa onos que «noso os ambién poseemos un capi al,
que [es] el sudo de nues os b azos, […] y es e capi al que emos que lo
econozcan [los ab ican es]». Con ello sub ayaban que el abajo e a an
impo an e pa a la p oducción como el capi al, lo que debía e leja se en
sus sala ios como si es os exp esa an un epa o equi a i o y p opo cional
de bene icios. De ahí que empeza an a pedi a los pa onos el pago del
«in e és que le compe e» a su abajo51.
Puede e se que los ejedo es se conside aban los únicos p opie a ios
del p oduc o que ealizaban. Según ellos, los ab ican es ambién enían
de echo a la pa e del alo o al del p oduc o de i aba de la in e sión de
su capi al, pe o es a se calculaba a pa i de los bene icios esul an es de la
en a del p oduc o. En 1841, el di ec o de la ATB a i mó que los dueños
de los alle es desempeñaban un papel igual de esencial que el abajado
en el p oceso p oduc i o, y de ahí que pudie an en iquece se «con las
ganancias que le indan sus p oduc os» en el me cado52. De es e modo,
conside aba al ab ican e un in e media io en e el p oduc o di ec o (el
abajado ) y el me cado, po lo que el bene icio emp esa ial se e i icaba
en la es e a del in e cambio come cial y no en la ex acción de plus alo en
el p oceso p oduc i o53. Pa a los ejedo es, el ab ican e podía en iquece se
de mane a legí ima en el me cado, pe o no imponiendo descensos sala ia-
les que a en a an con a sus supues os de echos na u ales54.
51 «Sociedad de P o ección Mu ua de ejedo es», El Cons i ucional, 770, 10/V/1841.
52 «Mani ies o que el di ec o de la Asociación».
53 Pé ez Ledesma 1991, 82-83.
54 En una copla popula sob e los ejedo es y sus asociaciones se decía: «que el amo haga
o una/ cosa es de desea / pe o los jo nale os/ no han de i al hospi al». Coplas del Bueno
a, sin echa (p incipios de la década de 1840). Ci ado en Ba nosell 1999, 183.
72
Jesús de Felipe Redondo
El esul ado de odo es o ue que los ejedo es empeza on a expe i-
men a los descensos sala iales y el aumen o de las di e encias de iqueza
en e ellos y sus pa onos como un obo de su legí ima p opiedad. En 1841,
el di ec o de la ATB decla ó que los ab ican es «no debían aumen a »
sus ganancias «con lo que pe día el jo nale o», es o es, «con lo que le
esca imaban de su jus o sala io»55. Los ope a ios asociados comenza on
en onces a llama a los ab ican es que educían sus sala ios «especulado-
es» y «monopolizado es» de su abajo, es deci , pe sonas que es ingían
y limi aban injus amen e los de echos de los empleados56. Es os ob e os
es aban expe imen ando la elación sala ial a a és de los supues os libe-
ales sob e los que undamen aba el lib e me cado.
Téngase en cuen a que es a elación en e el abajo y la p opiedad del
p oduc o no exis ía o uncionaba de mane a di e en e en pe iodos an e io-
es. Du an e el An iguo Régimen, el abajo no en añaba necesa iamen e
el es ablecimien o de un ínculo de p opiedad con lo p oducido. En los
o icios u banos, los maes os a esanos ecibían el pago del comp ado y
luego lo epa ían en e sus o iciales de acue do a c i e ios que no enían
elación necesa ia con el alo del p oduc o ni con su p ecio inal. Las
o denanzas g emiales es ablecían la cuan ía de los jo nales en unción de
dos c i e ios di e en es. El p ime c i e io se guiaba po los p ecios de los
alimen os, como se es ipuló en una ley cas ellana de 1373 que se man-
u o igen e has a p incipios del siglo xix57. La asación de los sala ios
median e las o denanzas ga an izaba la ida a los súbdi os p oduc o es,
siguiendo una lógica simila a la asa del g ano58.
55 «Mani ies o que el di ec o de la Asociación».
56 Po ejemplo, los di igen es de la ATB a i ma on que su in ención e a en en a se a «los
desmanes de los especulado es que nos op imían» («Sociedad de P o ección Mu ua», El
Cons i ucional, 770, 10/V/1841).
57 No ísima Recopilación, Lib o VIII, Tí ulo XXVI, Ley IV. En el siglo x ii, las au o idades
mad ileñas ijaban los sala ios de los o iciales. Véase Nie o 2006, 174-76.
58 Po lo gene al, las o denanzas g emiales ijaban el sala io de los abajado es desde la
Edad Media. Véase Sesma 1993, 26 y Nie o 2006, 175.
73
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
El segundo c i e io es ablecía que los o iciales podían ecibi una can-
idad del p ecio inal del p oduc o, o bien, si a aban di ec amen e con el
comp ado , debían en ega una pa e de sus ing esos a sus maes os. Los
o iciales ejedo es de lana de Za agoza en el siglo x i cob aban una cua a
pa e de los p oduc os que manu ac u aban y que los maes os endían.
Los maes os ci ujanos de la misma ciudad en egaban a sus o iciales
la mi ad de sus ing esos po sang a y a ei a ba bas en el siglo x iii59.
El p opie a io legal de la ob a no e a el o icial que la p oducía, sino su
maes o (cabeza y ep esen an e del cue po de o icio) o, di ec amen e, el
comp ado . Según una P agmá ica de 1511 e e ida a las o denanzas de
los ab ican es de paños de lana, si los ob e os dañaban «alguna ob a de
las que son a su ca go de hace », enían la obligación «de paga el daño
que hicie en en las dichas ob as a sus amos», es deci , a los maes os que
supe isaban su labo , «y sus amos a [los] dueños de las ales ob as», es o
es, a los comp ado es60. A mediados del siglo x iii, los maes os y los o i-
ciales sas es mad ileños se e e ían a los comp ado es como los «dueños
de las ob as»61.
Es e hecho se debe a la concepción co po a i a del o icio que egía la
ab icación de la ob a en odas sus ases, sus ca ac e ís icas y su p ecio.
John Rule ha mos ado que, en el mundo a esano del An iguo Régimen,
la p opiedad del abajo no e a un de echo indi idual, sino uno adsc i o a
la comunidad de o icio62. E a a los maes os a quienes co espondía es a-
blece el p ecio de los p oduc os en el me cado de acue do a de e minadas
adiciones. Los maes os dis ibuían los jo nales (cuando pagaban en me-
álico) en unción del es a us que cada abajado enía den o del o icio.
Es o implica que el jo nal de los o iciales no dependía o zosamen e de
su pa icipación en la p oducción, sino de su ni el de des eza econocido
59 Pei ó 2002, 130-31.
60 No ísima Recopilación, Lib o VIII, Tí ulo XXIII, Ley II.
61 AHN. Consejos, leg. 490, exp. 2.
62 Rule 1987, 111 Es o se aplicaba ambién a los alle es y los medios de p oducción. Véase
Sewell 1992a, 196-201; Rome o 2007, 44.
80
Jesús de Felipe Redondo
sociedades de esis encia, los ejedo es negocia ían lib emen e los con a os
labo ales con los pa onos en condición de igualdad. Cuando la ATB apa-
eció en 1840, una comisión de ejedo es expuso an e el Ayun amien o de
Ba celona que su p incipal obje i o e a ga an iza «la conse ación del o -
den público y de la anquilidad» impidiendo los a en ados con a los de-
echos na u ales de los abajado es que come ían los ab ican es79. Desde
su pe spec i a, los con lic os labo ales cesa ían solo cuando los pa onos
les p opo ciona an un a o aco de a su condición de ciudadanos lib es e
iguales. P ecisamen e, el obje i o esencial de la ATB e a ga an iza que
«no sean en lo sucesi o enidos como has a aquí los abajado es a mane a
de escla os, y sí como ciudadanos iguales a [los pa onos]»80.
Aho a bien, los ob e os se iden i ica on como ciudadanos no solo en
i ud de sus de echos na u ales. Exis ía pa a ellos o a azón undamen-
al: sus ocupaciones y acciones co espondían a lo que se espe aba de los
ciudadanos en la sociedad libe al. Ello se ap ecia de o ma especí ica en
dos ci cuns ancias: el abajo y la de ensa de la sociedad. En lo que e ie e
a la p ime a, los ope a ios abajaban, es deci , e an miemb os p oduc i os
de la comunidad que la man enían median e su es ue zo. Se ha is o que
los ejedo es en 1840 empeza on a decla a que el abajo e a la uen e de
oda iqueza social. El hecho de abaja e a lo que los con e ía en «algo
[esencial] en la cadena social»81. En la medida en que la ac i idad labo al
se había con e ido en la base del p og eso social, podía deduci se que
quienes abajaban e an los «miemb os ú iles» o pe enecían a las «clases
ú iles» de la sociedad. E a es a u ilidad la que los con e ía en ciudadanos
de pleno de echo. Los ejedo es asociados de Vich decla a on en 1841
que «la clase de ejedo es po lo mismo de se menes e osa» es aba in e-
g ada po indi iduos « an ciudadanos como los capi alis as que a an de
79 «Con es a echa».
80 Reglamen o de la Sociedad de Mu ua P o ección, eimp eso en Vich po Felipe Tolosa.
AMV. Documen os i pape s de l’ATV.
81 «Sociedad de p o ección mu ua», Dia io de Ba celona, 9/V/1842.

81
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
op imi les»82. De la misma mane a, los pelai es de Olo a i ma on que,
al o ma pa e de una clase «menes e osa y abajado a», los abajado es
pe enecían al «ne io del Es ado»83.
En segundo luga , los abajado es pa icipa on en la de ensa de la
sociedad en e a quienes que ían des ui los de echos y libe ades indi-
iduales. A pa i de 1840, los ejedo es asociados die on una nue a in e -
p e ación de sus acciones an e io es en de ensa de la «causa de la libe ad»
du an e la P ime a Gue a Ca lis a (1833-39), en la que muchos de ellos
apoya on el bando libe al con a los de enso es del An iguo Régimen. Los
ope a ios pudie on ing esa en las ilas de la Milicia Nacional cuando es a
ab ió sus pue as a los es a os más pob es de la población en 1834-35. El
inc emen o en el núme o de e ec i os pe mi ió al ejé ci o libe al de o a
a los de enso es del absolu ismo y consolida el nue o égimen polí ico84.
El bando ca lis a ambién ecibió el apoyo de g upos abajado es, si bien
es e hecho quedó ocul o en la ein e p e ación de la his o ia ealizada po
los ob e os asociados —si bien no pa a los enemigos de sus sociedades,
que denuncia on la p esencia de ob e os ca lis as en ellas como p ueba de
su ca ác e eacciona io—.
Aunque dicha gue a du ó en e 1833 y 1839, solo ue más a de, a
pa i de 1840, cuando los abajado es que o ma on las asociaciones
a i ma on que su pa icipación en la Milicia cons i uía la p ueba i e u-
able de su condición de «ciudadanos» comp ome idos con la «causa de
la libe ad»85. Señala on en onces con o gullo que al «p ime g i o de la
pa ia abandona on cajas, lanzade as y he amien as, p esen a on sus pe-
chos allí donde la de ensa de la libe ad los necesi aba»86. Así lo expusie on
82 Exposición de la Asociación de Tejedo es de Vich, 3/VII/1841.
83 «Sociedad de p o ección mu ua de pelai es», El Cons i ucional, 1020, 26/XII/1841.
84 Ollé 1973, 16, 70, 76 y 84; Ollé 1994, 174-76 y 282-84; Ga cía i Ro i a 1989, 62-63,
79 y 370. Sob e la Milicia Nacional éase Pé ez Ga zón 1977, 369-425.
85 Pa a p og esis as y demóc a as, la Milicia Nacional e a la enca nación de la ciudadanía
de enso a de sus libe ades y de echos. Véase Ri e a 2006, 22 y 148-51.
86 Las clases abajado as asociadas 1841.
82
Jesús de Felipe Redondo
los miemb os de la Asociación de Tejedo es de Igualada an e el gene al
Espa e o, egen e y je e del gobie no, en 1841:
Cuando la pasada gue a ci il casi odos [los abajado es] olamos al
comba e pa a sella con nues a sang e el amo a la sac osan a causa de la
libe ad: íbamos a la angua dia de ues os soldados […]. Po noso os
eina Isabel II, con nues o es ue zo se le an a ondoso al pie del ono
el á bol de la libe ad egado con sang e p ole a ia87.
Es os abajado es pe cibie on sus en en amien os p e ios con a el
ca lismo como o a dimensión de su lucha con a el p i ilegio y la des-
igualdad en la sociedad. De ahí que es ablecie an ínculos en e aquellos y
sus acciones en los alle es, pues pa a ellos se a aba de una misma lucha
desa ollada en en es dis in os. Así, los ejedo es asociados de Ba celona
se eunían en los locales de la Milicia88, y los ba allones popula es de
la Milicia ( o mados po ob e os) hon aban y p o egían las asociaciones
ob e as. En 1841, los ejedo es asociados de Vich ecibie on a los di igen-
es de la ATB con la música del ba allón miliciano (in eg ado mayo i a-
iamen e po ellos), y, al son del libe al (y p og esis a) Himno de Riego,
i o ea on la libe ad, la independencia, al ayun amien o, las Co es y el
«pueblo sobe ano»89. A los ejedo es les pa eció incluso de sen ido común
que los ope a ios milicianos apoya an en las elecciones a o icial de milicia
a los candida os que se econocie an po se «libe ales» comp ome idos
y que de endie an los de echos ciudadanos y, como pa e de ellos, las
asociaciones ob e as. En 1841, los di igen es de la ATB ecomenda on
a los socios milicianos que eligie an como o iciales a «homb es de bien,
87 «La asociación de ejedo es de algodón de la illa de Igualada», El Cons i ucional, 1000,
6/XII/1841.
88 En diciemb e de 1840, los comisionados de la ATB se eunie on en un local de la Milicia
Nacional. Ó denes p opues as y aco dadas en la eunión gene al de comisionados de la
Sociedad de P o ección Mu ua de Tejedo es de Ba celona, celeb ada en el ex Con en o
de T ini a ios, si o en la Rambla, el 8 de diciemb e de 1840. Rep oducido en Ollé 1973,
166-67.
89 Te adas 1841.
83
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
hon ados ciudadanos que engan dadas p uebas de amo a la libe ad, que
engan comp omisos pa a ella; que sean ancos, in eligen es y que no sean
con a ios a nues a sociedad»90.
En suma, los ejedo es que se asocia on no solo deja on de in oca
a las au o idades pa a que in e iniesen en los con lic os labo ales, sino
que echaza on oda posible uel a al An iguo Régimen y, po an o, los
undamen os en que se habían basado sus luchas labo ales en los años an e io es.
Ello implica que los ejedo es y o os ope a ios que decidie on asocia se
en 1840 podían se las mismas pe sonas que lucha on con a los descensos
sala iales en los años an e io es y i i y abaja en condiciones idén icas
o muy simila es, y, sin emba go, expe imen aban es as mismas si uaciones
de una o ma dis in a, enían nue os in e eses, luchaban po obje i os que
nunca an es habían demandado, ealizaban acciones di e en es y c eaban
o ganizaciones nue as pa a consegui los. E an los mismos indi iduos,
pe o las nue as concepciones que enían de su abajo y su papel en la
sociedad los ans o ma on en suje os dis in os, con nue os in e eses y
o mas de expe imen a sus si uaciones labo ales y i ales.
I . La expLIcacIón de Los cambIos
Los his o iado es han explicado las ans o maciones desc i as an e-
io men e de dos mane as dis in as. La p ime a explicación, que es la
p edominan e, las in e p e a como el esul ado de una p og esi a oma de
conciencia ob e a de la ealidad obje i a. Desde es a pe spec i a, los a-
bajado es pidie on espe o a sus de echos na u ales po que se die on cuen a
de que enían una na u aleza humana. A pa i de es e descub imien o,
los ob e os hab ían deducido que e an indi iduos lib es y do ados de los
mismos de echos que o os indi iduos; que, como no dis u aban de esos
90 Ca a de la ATB a los di ec o es de la Sociedad de Vich, 25/VIII/1841. Un año después, los
di igen es de la ATB insis ie on en es a cues ión: «lo que al a deci os es que de un modo
muy p uden e y ese ado in e enís [sic] en el nomb amien o de o iciales de la M[ilicia]
N[acional], escoged homb es adic os y a o ables a la libe ad y la sociedad» (Ca a de
la ATB a los di ec o es de la ATV, 16/VIII/1842). Ambas ca as en AMV. Documen os i
pape s de l’ATV.
84
Jesús de Felipe Redondo
de echos, enían que lucha po ellos; que, al hace es o, comp ende ían
que o maban una clase social explo ada po o a, la clase p opie a ia,
cuyos in e eses e an con a ios a los suyos, y, po úl imo, que cuando en-
cie an la oposición de la clase p opie a ia (y las ins i uciones del Es ado
con oladas po ella), pod ían dis u a de sus ansiadas libe ades.
La segunda explicación a i ma que los ope a ios, pa iendo de sus
adiciones labo ales an e io es, u iliza on las ca ego ías libe ales de libe -
ad, igualdad, de echo, ciudadanía, e cé e a pa a exp esa sus in e eses y
expe iencias de clase. La apa ición de las nue as iden idades y conduc as
no hab ía sido la consecuencia de una oma de conciencia, sino el esul-
ado de una cons ucción simbólica de las expe iencias de explo ación y
los in e eses de la clase ob e a median e el ocabula io p opo cionado po
las adiciones labo ales y polí icas. En es a in e p e ación, el lenguaje se
conside a un medio en el que se plasman los in e eses y las aspi aciones
o jadas en las elaciones sociales de p oducción. De ahí que se a i me
que los ope a ios emplea on el ocabula io libe al pa a «c ea » e «ima-
gina » un lenguaje p opio (un lenguaje de clase), en el que se e leja ían
sus in e eses y expe iencias de clase, u ilizando pa a ello el ocabula io
de sus op eso es —una e sión de la conocida esis de la eu ilización de
la ideología dominan e po los dominados—. Desde es a pe spec i a se
asume que la clase es un suje o his ó ico que exis e obje i amen e y que
de e mina, aunque en úl ima ins ancia, el uso de los ecu sos cul u ales
(como el ocabula io disponible) que hacen los ob e os91.
No obs an e, los acon ecimien os que he desc i o no pueden explica se
po es as in e p e aciones. Y no solo po que la si uación ma e ial y labo al
de los ope a ios no había cambiado signi ica i amen e (la clase en sí no
su gió en es os años), sino ambién po que los ob e os se asocia on pa a
de ende in e eses dis in os y, a eces, incompa ibles con los que habían
de endido con an e io idad. De modo que las nue as acciones no com-
po a on una con inuación de las luchas sala iales an e io es, sino una
ans o mación p o unda del signi icado de los sala ios. Dichas acciones
91 Los p incipales y, po o a pa e, excelen es abajos en los que se ha aplicado es a in e -
p e ación son los de Pé ez Ledesma 1997 y Ba nosell 1999 y 2002.
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Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
no e an una nue a ep esen ación his ó ica del pe manen e con lic o en-
e p opie a ios y p ole a ios, pues los p o agonis as de es a lucha (sus
in e eses, sus expe iencias, sus ác icas y acciones) ue on ede inidos po
comple o. No es que las adiciones labo ales y las luchas p e ias deja an
de in lui en la conduc a de los ob e os o desapa ecie an, pe o se ea i-
cula on en o no a nue os elemen os y su impo ancia e in luencia en la
concepción del mundo de los ope a ios cambia on.
Los ejedo es que se asocia on es aban concibiendo y expe imen ando
su mundo y sus posibilidades de ac ua en él de una o ma dis in a a las
an e io es. Y, siguiendo el análisis que engo ealizando, la cla e de es a
ans o mación adica en la u ilización de una se ie de nue as ca ego ías
pa a do a de sen ido a sus si uaciones conc e as. No se a a de me os
« é minos» o de un simple « ocabula io» median e el que los ope a ios
exp esa on sus in e eses y expe iencias, pues, de se así, no se en ende ía
el su gimien o de nue as demandas y expe iencias y la desapa ición de
o as an iguas. En es e sen ido, lo que ocu ió no ue que los ope a ios se
con i ie an en ciudadanos pa a ene oz pública (algo que nunca an es
habían pedido). Más bien, ue el hecho de do a de un nue o signi ica-
do las acciones co idianas que enían ealizando en los años an e io es,
como el abajo en an o que debe social y undamen o de la iqueza, lo
que los con i ió en suje os legi imados pa a expone sus públicamen e
sus demandas. Po eso, más que é minos, es as ca ego ías son concep os,
ap ehensiones signi ica i as del mundo que lo do an de signi icado y, al
hace lo, se con ie en en los supues os undamen ales que cons i uyen las
expe iencias, las expec a i as, los in e eses y las iden idades de los indi i-
duos que abajan92.
Es o se ap ecia con cla idad en una cues ión cla e: la ans o mación de
una si uación pa icula que exis ía p e iamen e, los descensos sala iales,
en una expe iencia de op esión o explo ación. Es a cues ión es esencial si
92 O os his o iado es han islumb ado y a iculado en sus análisis una concepción simila
del lenguaje como ac o his ó ico cons i u i o. Véase Sco 1989, 82; Cab e a 2004,
43-60; Taylo 2006, 37-45 y 212; Poo ey 2006, 146-55; Some s y Gibson 1994; Joyce
1994, 10-14.

86
Jesús de Felipe Redondo
se iene en cuen a que ue el hecho de sen i se op imidos lo que lle ó a
los ejedo es y o os ope a ios a c ea asociaciones de esis encia. De ahí
que a con inuación cen e mi análisis en ella.
Como se señaló an e io men e, a pa i de 1840 los ejedo es empe-
za on a a i ma que los ab ican es a en aban con a su dignidad humana
cuando educían sus jo nales, some iéndolos a la « i anía», la «op esión»
y la «escla i ud», si uación que juzga on in ole able93. La u ilización
de es os é minos no e a nue a en las demandas de los ope a ios. Los
o iciales del An iguo Régimen las empleaban habi ualmen e pa a de-
nuncia los a aques a su es a us g emial, que solían es a causados po
el incumplimien o de las o denanzas. Así, en 1753 los o iciales sas es
mad ileños se queja on de que sus maes os p e endían «escla iza los»
cuando les obligaban a paga una nue a con ibución g emial y les impe-
dían segui con la adición de lle a se el abajo a sus casas94. En 1808,
un cen ena de o iciales ebanis as mad ileños p o es a on an e la Jun a
de Come cio y Moneda de que sus maes os a aban de «op imi les,
y escla iza les has a lo sumo» po que les impedían abaja como e a
cos umb e y ele aban los equisi os pa a accede a la maes ía95. En
ambos casos, la expe iencia de sen i se «escla izados» y «op imidos» e a
la consecuencia de pe cibi esas si uaciones labo ales como un a en ado
a su posición en el cue po del o icio y a las p e oga i as pa icula es
de i adas de ella.
A es e espec o, en el An iguo Régimen el é mino «op esión» se usaba
pa a designa un ac o de «ag a io, ejación y moles ia» que alguien con
au o idad come ía sob e los que gobe naba pa a ob ene un bene icio pe -
sonal96. El e bo «op imi » y sus de i ados enían el signi icado del con-
93 «Mani ies o que el di ec o de la Asociación»; «Compañe os. Una o den», y «Sociedad de
P o ección Mu ua», El Cons i ucional, 979, 15/XI/1843.
94 AHN. Consejos, leg. 490, exp. 2.
95 A chi o Gene al de Simancas. CSH, JC y M, leg. 322, exp. 35. Ci ado en Nie o 2006,
449.
96 RAE 1991 [1780], 666. Es e ue el signi icado que comenza on a usa se é minos como
«op eso », «op imido» y «op esión», apa ecidos en el siglo x iii. En los dicciona ios cas-
87
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
cep o polí ico de « i anía» u ilizado en los a ados sob e el buen gobie no
de la Edad Mode na. Pa a el a adis a jesui a Juan de Ma iana, un « ey
i ano» e a el que dominaba a sus súbdi os «como a escla os» en su bene-
icio, sin espe a las an iguas leyes y cos umb es: «in e i a su a bi io
las leyes y e e i odo lo que hicie a a su p o echo y olun ad, sin espe a
las insinuaciones y cos umb es pa ias, es p opio de odos los i anos»97.
La expe iencia de «op esión» enía el mismo signi icado pa a los o iciales
en la medida en que en añaba la imposibilidad de eje ce sus p e oga i-
as po culpa de la acción de los maes os. Dicho signi icado ambién se
ap ecia en la denuncia de la comisión de ejedo es ba celoneses en 1833
en e a los ab ican es que habían « a ado de op imi a sus abajado es»
educiendo sus jo nales. Al dis ancia se de las cos umb es y adiciones
que egían la cuan ía de sus sala ios, es os ab ican es se habían con e ido
en «op eso es»98.
Los ejedo es que se asocia on en 1840 se e i ie on a su op esión
de una mane a dis in a. Pa a ellos, la op esión no de i aba an o de
la up u a de los an iguos pac os y adiciones como de la des ucción
de su condición humana. La disminución sala ial, po ejemplo, ue
expe imen ada como un ac o « iolen o» con a la «humanidad» de los
empleados, pues signi icaba la negación de los de echos uni e sales que
se deduje on de la condición humana. De ahí que los ejedo es asociados
pe cibie an como con adic o io la p oclamación de los de echos indi-
iduales po los gobie nos libe ales al mismo iempo que sus jo nales
disminuían, y po es a azón se decidie an a ac ua pa a esol e es a
con adicción:
ellanos, la acción de op imi se ilus ó con ejemplos de mal gobie no de las au o idades
sob e los súbdi os o asallos. Véase RAE 1969 [1737], ol. V, 43-44; Alonso 1958, 3052.
97 Ma iana, Juan de, Del ey y de la ins i ución de la dignidad eal, 1845 [1598], Mad id,
Imp en a de la Sociedad Li e a ia y Tipog á ica, lib o I, caps. V y IX, 58 y 101. Ci ado
en Mackay 2008, 31-32.
98 Ace ca [de] un ecu so de a ios jó enes ab ican es.
88
Jesús de Felipe Redondo
Escla as desde hace mucho iempo de la i anía de los amos, las
clases jo nale as yacían abyec as y deg adadas […]. En ano los pueblos,
sacudiendo su se idumb e, se daban códigos dis in os pa a mejo a su
posición; la luz de las ins i uciones no pene aba en los alle es de los
p ole a ios, y es os pe manecían como ilo as en medio de una sociedad
que se c eía emancipada […]. Los p ole a ios conocie on el igo de su
si uación, sin ie on el peso de su se idumb e a medida que c ecía la li-
be ad y se desa ollaba en las demás clases, po que el con as e e a cada
ez más mani ies o e i i an e, la dis ancia que les sepa aba del es o de
los homb es e a cada ez mayo . Ellos echa on de e , compa ándose con
los demás, que la posición que ocupaban e a iolen a, que no e a la suya
p opia: conocie on que e an ellos los únicos que no gozaban de ningún
de echo99.
En la medida en que es os ope a ios o o ga on un nue o sen ido a
las disminuciones sala iales, las expe imen a on de una o ma dis in a.
A pa i de 1840, los ejedo es asociados decla a on que un « abajado
op imido» no e a un homb e lib e e igual en de echos a los demás homb es,
sino un «escla o», un «ilo a», un «sie o» o un «pa ia», es deci , un hom-
b e demediado, incomple o, sin libe ades ni de echos100. Es os ob e os
no sen ían lesionados sus in e eses co po a i os, a los que no ol ie on
a e e i se jamás. Más bien, se quejaban po sen i la iolación de sus
de echos humanos. Po es a azón expe imen a on la disminución sala-
ial como la imposición de una desigualdad in ole able en e indi iduos
lib es e iguales. De ahí ambién que comenza an a denomina « i anos»
y «déspo as» a los pa onos que disminuían los sala ios, empleando la
misma c í ica que los libe ales de p incipios del siglo xix hacían a los
egímenes absolu is as que no econocían los de echos del homb e, pe o
99 «Sociedad P o ec o a de los Tejedo es».
100 Los ope a ios asociados emplea on con ecuencia es os é minos desde 1840 pa a e e-
i se a la si uación del abajado op imido. Po ci a algunos ejemplos, pa a «escla o»
éase «Mani ies o que el di ec o de la Asociación»; pa a «ilo a», «Sociedad de P o ección
Mu ua de Tejedo es de Algodón de Badalona»; pa a «sie o», «Sociedad de p o ección
mu ua», Dia io de Ba celona, 9/V/1842, y pa a «pa ia», Exposición de la clase jo nale a
española a las Co es, 1855. A chi o de las Co es Españolas (ACE). Leg. 106, exp. 3.
89
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
di igiéndola con a los ab ican es que no espe aban dichos de echos en
sus empleados101.
Aunque los ejedo es se e e ían habi ualmen e a es as expe iencias
como «op esión», ambién habla on de ellas como «explo ación». Al hace
es o, es aban adap ando un concep o p eexis en e pa a do a de signi ica-
do su si uación labo al. A p incipios del siglo xix, el ocablo «explo ación»
se empleaba pa a habla del ap o echamien o humano de los ecu sos
na u ales con ines p oduc i os102. A pa i de 1840, los ejedo es lo u ili-
za on pa a denuncia lo que conside a on un « a o deshumanizado » dis-
pensado po los ab ican es. Según es os ope a ios, los ab ican es que no
espe aban la condición humana de los ope a ios los a aban exac amen e
igual que a las máquinas, los animales y o os obje os y ecu sos que los
indi iduos podían «explo a » (ap o echa se de ellos) en su bene icio. Pa a
los ejedo es asociados ba celoneses, los pa onos que disminuían los sala-
ios les « a aban con la misma indi e encia que a las bes ias de abajo»103.
En 1841, los di ec o es de la ATB pidie on a sus socios que no se deja an
amenaza po los ab ican es que p e endían «con inua la explo ación del
homb e po el homb e, pa a se i se de oso os como una bes ia de ca ga,
pa a a a os peo que al pe o que ecoge las migajas caídas de la mesa
del po en ado»104.
Desde es a pe spec i a, un abajado explo ado e a un homb e cuya
na u aleza humana no e a econocida po el pa ono. Es a e a la cues ión
c ucial pa a los ejedo es asociados: ellos se concebían como «homb es y
ciudadanos lib es e iguales», y, sin emba go, no ecibían un a o aco de
a es a condición debido al «egoísmo» de los pa onos que se conside aban
101 «Sociedad P o ec o a de los Tejedo es».
102 Pé ez Ledesma 1997, 221. Sob e el signi icado del é mino explo ación en los siglos
x iii y xix éase Alonso 1958, ol. II, 1935. En países como F ancia dicho concep o
comenzó a emplea se pocos años an es, po lo que es posible que ue a di undido en
España po los esc i os anceses. Véase Sewell 1992a, 279.
103 «Sociedad de P o ección Mu ua», El Cons i ucional, 770, 10/V/1841 y «Sociedad de
P o ección Mu ua», El Cons i ucional, 964, 31/X/1841.
104 «Sociedad P o ec o a de los Tejedo es». Sub ayado mío.
96
Jesús de Felipe Redondo
«se icios» con o os. Es as acul ades ue on econocidas como «de echos
na u ales»117.
La impo ancia de es a cues ión eside en que la de ensa de los «de e-
chos na u ales» ealizada po los abajado es solo puede e ec ua se cuan-
do se pa e de es a concepción de la na u aleza. De es e modo, el suje o
que ei indica sus de echos na u ales es, necesa iamen e, un suje o libe al,
es deci , un suje o que pa e del supues o libe al de na u aleza humana. Si
los abajado es se asocia on pa a de ende dichos de echos y concibie on
su asociación como el eje cicio de sus libe ades ue po que habían inco -
po ado a su concepción del mundo dicho supues o y lo es aban aplicando
pa a do a de sen ido las elaciones que en ablaban con los pa onos en
los cen os de abajo. Sin es a noción, el mo imien o ob e o no hubie a
exis ido.
An es de pasa a analiza la elación exis en e en e es a concepción
del suje o de de echos na u ales y el abajo, es necesa io explo a una
cues ión es echamen e elacionada con es e asun o: la «di e encia sexual»
como componen e esencial de dicha idea de na u aleza. Aunque es o im-
plica des ia nos un poco del análisis que iene lle ándose a cabo, esul a
imp escindible abo da la aho a, incluso de mane a sucin a, pa a en ende
po qué los abajado es asociados conside a on como uno de sus de echos
na u ales la capacidad de man ene a sus amilia es a a és de su abajo.
El nacimien o de la noción libe al de na u aleza humana ino acom-
pañado de una nue a mane a de concebi el cue po humano, plasmada en
los es udios médicos que se desa olla on en los siglos x iii y xix. Es a
nue a concepción se basó en el supues o de que odos los se es humanos
se di idían en dos sexos dis in os e i educ ibles en e sí, di e enciados
po sus espec i as unciones en el p oceso ep oduc i o. Dicho de o a
mane a, la na u aleza humana e a doble: masculina y la emenina118.
117 Ri e a 2006, 36-37 y 52.
118 No p e endo ealiza un análisis de la apa ición de la mode na di e encia sexual, sino de
las consecuencias que es a conlle ó cuando ue inco po ada a la concepción del mundo de
los indi iduos. De ahí que las e e encias a su génesis his ó ica sean o zosamen e b e es
e, incluso, simpli icado as.

97
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
Es a concepción se dis inguía de la an e io concepción de un único
sexo, el masculino, c eado a imagen y semejanza del Dios c is iano. Como
se ha mos ado en di e sos es udios, en el An iguo Régimen, el suje o
«muje » e a conside ado un «homb e impe ec o», y e a es e g ado de im-
pe ección lo que la con e ía en un suje o subo dinado a o os en la con-
cepción je á quica co po a i a. No obs an e, en los siglos x ii y x iii, los
es udios médicos basados en la idea de una na u aleza humana o denada
y egulada que se plasmaba en el cue po humano y que podía obse a se
y analiza se es ablecie on la dis inción en e dos sexos cen ándose en las
di e encias isiológicas, de mane a especial (aunque no exclusi a) en los
ó ganos ep oduc i os119. Es as di e encias ísicas ue on con i iéndose en
la e idencia de la exis encia de dos sexos dis in os, los cuales se supuso que
de e minaban la iden idad y las disposiciones sociales de los indi iduos120.
Como consecuencia, los é minos «homb e» y «muje » y la elación que
se es ablecía en e ambos adqui ie on un nue o signi icado. «Homb es» y
«muje es» se cons i uye on como indi iduos con necesidades y capacidades
dis in as «po na u aleza» que les p edisponían a lle a a cabo ac i idades
sociales di e en es. A la muje , a aíz del papel que desempeñaba el cue po
emenino en la ges ación de la ida y pa iendo de la dis inción an e io
que la conside aba como miemb o del «sexo débil», se le asigna on las
unciones de la c ianza de los hijos y el cuidado del hoga . Mien as an o,
el homb e ue conside ado como el suje o sexualmen e ac i o —la muje ,
desde es a pe spec i a, e a el suje o pasi o en cuyo cue po ge minaba la
semilla del a ón— y, a pa i ambién de su conside ación an e io como
miemb o del «sexo ue e», se le conside ó el indi iduo p oduc i o po
excelencia, a di e encia de la muje —a la que aunque se le econocía su
capacidad pa a abaja , e a conside ada «imp oduc i a» po na u aleza—.
119 Es o es lo que se ha denominado «modelo ana ómico» de la di e encia sexual. Sob e la
«sexualización» de los cue pos y la con igu ación de los modelos biológicos de masculi-
nidad y eminidad éase Cleminson y Vázquez 2009.
120 Foucaul 1992; Laqueu 1994, 257-266; Da idson 2005, 77-129; desde una pe spec-
i a ilosó ica, Bu le 2007. Pa a los deba es en o no a la di e encia sexual en el siglo
x iii éase Bolu e 2003, 33-38. Pa a la a iculación polí ica de la di e encia sexual en
los inicios de la e olución libe al española éase Bu gue a 2008, 128-29.
98
Jesús de Felipe Redondo
De ahí que el abajo (especialmen e el que se ealizaba ue a del hoga )
y la pa icipación en el ámbi o público se concibie an como ac i idades
inhe en es al «sexo masculino».
Ello explica, asimismo, que al homb e se le a ibuye a la necesidad na-
u al de man ene a sus amilia es (muje e hijos) median e su abajo y de
ep esen a los an e la sociedad. Dicha a ibución de e minó los supues os
sob e los que se ealiza on los es udios sociales en el siglo xix. A media-
dos del siglo xix, Ilde onso Ce dá, au o de un es udio es adís ico sob e
la población ob e a ba celonesa, esc ibió que el ob e o casado adqui ía
la obligación de «cuida y a ende a su esposa e hijos, que o man con él
una sola amilia, una misma en idad mo al y social». Mien as an o, la
muje , aunque abajaba, no enía las mismas esponsabilidades, pues «los
emba azos y pa os y los consiguien es cuidados domés icos impiden que
la muje del ob e o pueda coadyu a le en el sos én de la amilia»121.
En es e sen ido, comenzó a pensa se que las «muje es» enían esponsa-
bilidades amilia es p opias y que, aunque podían abaja , su abajo e a de
una calidad in e io o bien una ac i idad que no gene aba alo económi-
co122. El abajo emenino e a más una «ayuda» al «pad e de amilia». Ello se
e lejó en la p opia o ganización indus ial y en las decla aciones y polí icas
de las ins i uciones del siglo xix. Como mani es ó la Jun a de Come cio de
Ba celona en 1832, la «clase menes e osa» es aba siemp e «auxiliada con la
labo de [las] muje es». Es deci , la clase menes e osa (ob e a, abajado a)
es aba implíci amen e compues a po a ones adul os ayudados po muje-
es (esposas, he manas, hijas) que ealizaban labo es «compa ibles con las
ue zas y el deco o de su sexo»123. De ahí que los sala ios emeninos ue an
in e io es a los masculinos y que las ac i idades labo ales emeninas se aso-
cia an a la conside ación de abajo no cuali icado.
Solo el homb e, po su supues a na u aleza masculina, e a el indi iduo
p oduc o y solo él ep esen aba a su amilia an e la sociedad. Es deci ,
121 Ce dá 1867, 581-83.
122 Sco 1999, 144-46.
123 Jun a de Come cio. Legajo s/n, caja 38. Ci ado en Rome o 2007, 55.
99
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
e a el suje o público po excelencia, y de ahí que ue a a él a quien se di i-
gie on los esc i os de la p ensa libe al. En e las necesidades na u ales del
homb e enume adas en dicha p ensa es aba la de es ablece elaciones con
los demás y unda una amilia: «el homb e no puede i i aislado; necesi-
a ene una compañe a, una amilia, unos amigos»124. El obje i o i al del
homb e e a con e i se en «pad e de amilia» po que así lo de e minaba
su na u aleza sexual. De es e modo, la iden i icación en e « abajado »
y «homb es» que hacían los ob e os o ganizados no e a una cons a ación
empí ica —que esul a ía engañosa eniendo en cuen a que el núme o
de ob e as e a simila al de los ob e os a ones—, sino el esul ado de la
u ilización de la noción de di e encia sexual.
Los p ime os llamamien os libe ales a los ope a ios ue on los p i-
me os que se basa on en es a concepción de los abajado es como se es
sexuados ( a ones). En 1837, el pe iódico ba celonés El Vapo ale ó a los
«jo nale os» que se mani es aban en las calles de Ba celona de que, si no
espe aban el o den, «el hacendado o capi alis a» deja ía de da les aba-
jo, sumiéndolos «con ues os pad es, esposa e hijos en la más ho o osa
mise ia y oso os mismos end íais la culpa po habe dado oídos a los
especulado es de asonadas»125. Ello quie e deci que en la medida en que
los ob e os a ones ue on concebidos como los esponsables del bienes a
de sus amilias, pudie on se culpados de las di icul ades que es as enían
pa a sob e i i . Aho a bien, ambién podía deci se que si los pa onos
bajaban el sala io a los abajado es, les p i aban del de echo a man ene
a sus amilia es median e su abajo. P ecisamen e es e ue uno de los a -
gumen os que dio luga a la o mación de las asociaciones de esis encia,
como se e á en el capí ulo 3.
Todo ello pe mi e en ende que el ob e o a ón ue a el suje o po exce-
lencia de las luchas ob e as. La pa icipación de ob e as en las asociaciones
no pone en cues ión es a idea, pues es a se basaba en la concepción de di-
chas abajado as como «ayudan es» de los a ones, y de ahí que ocupa an
124 «Legislación de los de echos del homb e».
125 «A los jo nale os», El Vapo , 89, 23/I/1837.
100
Jesús de Felipe Redondo
siemp e una posición subo dinada. Es o implica, asimismo, que las ob e as
que pa icipa on en el mo imien o ob e o lo hicie on en de ensa de los
de echos de los abajado es a ones, pues suponían que la emancipación
de es os aía consigo la suya como sus amilia es.
Re omando el análisis an e io , la noción libe al de na u aleza humana
es aba es echamen e inculada con una nue a mane a de do a de sen ido
a la ac i idad labo al. Es a su gió en los mismos deba es eu opeos sob e la
na u aleza humana que se p oduje on en el anscu so de los siglos x ii
y x iii126. Como se ha señalado, la concepción dualis a del mundo del
An iguo Régimen ue siendo sus i uida po o a en la que la ealidad se
componía po un único eino na u al do ado de un o den in ínseco. En
es a concepción, el indi iduo pasaba a conside a se como un «se sensible»
capaz de cap a las leyes de uncionamien o de la na u aleza y e lexiona
sob e ellas pa a ap o echa las en su bene icio127. Asimismo, la ac i idad
labo al dejó de signi ica un mecanismo de imposición de o den a la
na u aleza, como se io en el capí ulo 1. Aho a el abajo debía basa se
en el conocimien o del o den na u al pa a cumpli un nue o obje i o:
ans o ma los ecu sos na u ales en «bienes ú iles» que sa is icie an las
necesidades humanas y en iquecie an a los indi iduos128.
En el siglo xix, los dicciona ios cas ellanos ecogie on una nue a
acepción de abajo como «es ue zo humano aplicado a la p oducción de
iqueza»129. Es a noción es aba muy p esen e en los esc i os libe ales. En
la Re is a Indus ial, una de las p incipales publicaciones emp esa iales
españolas de esa cen u ia, se sub ayaba que el abajo, al «pone las cosas
[na u ales] en es ado de sa is ace las necesidades del homb e, c ea su
alo ». Las «cosas con alo » enían la cualidad de se «demandadas» y de
126 Pa a su génesis éase Díez 2001.
127 Pa a la impo ancia de es a idea de na u aleza o denada en el pensamien o ilus ado éase
S a obinski 1998, 101-02. La concepción de indi iduo como se sensible se encuen a
p esen e en las ob as de ilus ados españoles como Jo ellanos 1952 [1782-92], ol. 46,
102-03.
128 Sewell 1992a, 108.
129 Alonso 1958, ol. III, 4000.
101
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
pode «pe mu a se po o as equi alen es»130. El abajo se con i ió en la
uen e de oda iqueza y alo . Según economis as españoles comoEuse-
bio Ma ía del Valle, la « e dade a medida del alo » de un p oduc o
dependía de «la can idad de abajo» necesa ia pa a su ab icación, po lo
que el « abajo ma e ial del homb e» e a el « undamen o p imo dial» de
la p ospe idad de la sociedad131. Como esc ibió Ál a o Fló ez Es ada, «el
abajo humano es el único o igen de la iqueza»132.
Todo ello explica po qué la ac i idad labo al se con i ió en el eje de
la o ganización social con la implan ación del égimen libe al133. Desde
la década de 1820, los libe ales españoles habla on del abajo como el
único ecu so «que puede saca nos de la mise ia», «pone nos al ni el de
las ins i uciones que hemos adop ado», « epa a las pé didas de nues as
icas colonias» y «hace nos sociables, ole an es, pací icos, ilus ados, in-
dependien es y e dade amen e lib es»134. El abajo ue econocido como
la p incipal capacidad na u al del homb e y se ins i uyó en el ac o aglu-
inan e de la unión social de los indi iduos, o, en palab as del economis a
social Ramón de la Sag a, en el «ge men de la asociación»135. El abajo
se con i ió en onces en el «de echo sup emo» y «debe absolu o» de odo
indi iduo, pues «nada subsis e sin el abajo»: « odo lo p oduce la mano del
homb e, y la na u aleza misma os en a su ecundidad a a o de la acción
y de los es ue zos combinados de la ciencia y de la mecánica, ob a odo y
esul ado del abajo humano»136.
130 «El abajo», Re is a Indus ial, 77, 25/VI/1857.
131 Valle 1842, 35-36. Valle seguía en es e pun o a Adam Smi h.
132 Fló ez Es ada 1980 [18354], 313-14, no a *.
133 Díez 2001, 25-27 y 2006, 77.
134 «El abajo conside ado como manan ial de las ciencias, de las a es y de odos los amos
de la indus ia», El Censo , XV, 1822. Ci ado en Fe nández y Fuen es 2002, 671-72.
135 Sag a 1842, 261-62. Ace ca de la elación en e las nociones mode nas de abajo y
sociedad éase Fe nández y Fuen es 2002, 671.
136 «El abajo», La T ibuna del Pueblo, 26, 1/X/1851.

102
Jesús de Felipe Redondo
Ello ajo consigo dos consecuencias. En p ime luga , la concepción
habi ual del An iguo Régimen de la ac i idad labo al como una p ác ica
il quedó deslegi imada. En 1857, la Re is a Indus ial publicó que quien
«desdeñaba» al abajo se oponía «a los designios de Dios y no cumple
su des ino en la ie a», pues ningún homb e podía deja de abaja y
«con ibui con su pa e» a la p oducción sin «peca » con a «la ley del
p og eso, a que es á suje a la humanidad»137.
En segundo luga , y debido a lo an e io , quienes se dedicaban al abajo
pasa on a conside a se miemb os ú iles de la sociedad, inicialmen e no po
ellos mismos138. Comenzó a habla se de las «clases ú iles» y «p oduc i as»,
in eg adas po los que in e enían en el p oceso p oduc i o —incluyendo
an o a abajado es como a p opie a ios de capi al—139. A p incipios del
siglo xix, Fló ez Es ada englobó den o de una misma «clase p oduc i-
a» a odos los indi iduos que pa icipaban en el p oceso de p oducción
con su capi al o abajo, oponiéndola a la «clase imp oduc i a» que i ía
a expensas de los p oduc o es. Medio siglo más a de, el indus ial y
economis a Joan Güell y Fe e a i mó que las clases «del capi al» y «del
abajo» o maban pa e de la misma «clase p oduc o a» de la sociedad140.
Puede ap ecia se que es e uso del é mino «clase» no e a un e lejo de la
apa ición de la es uc u a social de clases, sino de la aplicación de la nue a
noción de abajo. Fue es a ca ego ía y las o as nociones a las que de inía
y po las que e a de inida, como la de na u aleza humana, las que lle a on
a sus i ui los c i e ios co po a i os de clasi icación social po los basados
en la u ilidad p oduc i a141. De es e modo, la apa ición del ocablo «clase»
como ca ego ía de clasi icación social de los indi iduos en azón de su
137 «El abajo», Re is a Indus ial, 77, 25/VI/1857. Pa a la denuncia libe al de la conside a-
ción del abajo como una ocupación il éase Abad de San illán 19744, 15 y 26.
138 Valle 1842, 35-36.
139 Sob e la elación de la noción de «clases p oduc o as» con los concep os libe ales de
« abajo» y «u ilidad» éase Díez 2001, 49-50.
140 Fló ez Es ada 1980 [18354], 313-14; Güell y Fe e 1880 [1856], 276.
141 Poo ey 1994.
103
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
ac i idad p oduc i a —que luego se ans o ma ía en una iden idad— ue
consecuencia del nue o signi icado o o gado a la p ác ica labo al142.
Ello implica que si los ope a ios españoles se p esen a on e in e pela-
on como miemb os de las «clases p oduc i as y ú iles» no se debió a que
cob a an conciencia de su si uación obje i a, o a que c ea an o idea an
una iden idad aco de a sus in e eses y expe iencias de clase, como de en-
de ía una in e p e ación subje i is a. Más bien, ue el hecho de empeza
a u iliza la nue a noción de abajo lo que los lle ó a concebi se como
indi iduos ú iles de la sociedad. En la medida en que dicha noción hacía
del abajo la ac i idad más ú il y la uen e de la iqueza, comenza on
a a i ma que los ob e os e an los indi iduos más ú iles de la sociedad y
que es e hecho debía se econocido po pa onos y au o idades143. Si es e
análisis es co ec o, la apa ición del « abajado » (y de la «clase abaja-
do a») como suje o de acción colec i a en 1840 ue una consecuencia de
la inco po ación de la ca ego ía mode na de abajo a la concepción del
mundo de los indi iduos que abajaban.
IV.2. La apa ición del abajado
De lo an e io se deduce que los ejedo es ca alanes emp endie on
nue as acciones po que es aban aplicando las nociones libe ales na u a-
leza humana y abajo pa a do a de sen ido a sus si uaciones conc e as.
Has a aquí he in en ado econs ui el con ex o de signi icados en el que
es os ope a ios es aba inme so. Sin emba go, al a explica una cues ión
undamen al: la de po qué lo hicie on.
No pa ece que la espues a a es a cues ión adique en las ans o ma-
ciones que pudie on p oduci se en las condiciones labo ales en el sec o
142 Téngase en cuen a que el é mino «clase» se había empleado en el siglo x iii como
sinómino de es amen o. Así, An onio de Capmany [1949 (1778), 13-15] se e i ió al
es amen o del pueblo llano como una «clase».
143 De ahí que Sewell [1992a, 200] a i me que la ca ego ía libe al de p opiedad no com-
po ó una me a « ede inición bu guesa» de la elación de p opiedad, pues, al es a unda-
men ada en la noción de « abajo», con enía una ambigüedad que hacía posible el a aque
al o den basado en la p opiedad que quisie on impone los ab ican es.
104
Jesús de Felipe Redondo
ex il, pues es as seguían siendo esencialmen e las mismas que en las
décadas an e io es. Sin emba go, en la década de 1830 se había p oducido
un cambio ascenden al: como se io an e io men e, a pa i de 1834 las
au o idades econocie on los descensos sala iales y los despidos que los
pa onos comenzaban a ealiza en nomb e del lib e me cado. Has a ese
momen o, los ejedo es habían conside ado «i acional» es a conduc a y
habían conseguido el espaldo de las ins i uciones y de una pa e de los
ab ican es. Cuando las ins i uciones deja on de a ende sus demandas y
empeza on a pe segui a sus comisiones, los ejedo es comp oba on que
sus ei indicaciones dejaban de se e ec i as.
Es a pé dida de e ec i idad conlle ó que la concepción del mundo que
engend aba dichas demandas pe die a pa e de su capacidad pa a explica
con incen emen e el uncionamien o de las elaciones labo ales. Al pe -
de es a capacidad, algunos ejedo es se mos a on abie os a econside a
sus supues os de pa ida, a busca una nue a explicación de lo que es aba
ocu iendo, o, al menos, a inco po a nue os elemen os a su in e p e ación
de la ealidad.
An es de con inua , es necesa io acla a dos cues iones sob e es e p o-
ceso. La p ime a es que la nue a concepción libe al de las elaciones labo-
ales que ab aza on esos ejedo es no compo aba una ep esen ación más
iel de la supues a ealidad obje i a. Si se ue ex iendo en un sec o de los
abajado es se debe a que se basaba en el mismo conjun o de nociones y
p incipios que guiaba la conduc a de pa onos e ins i uciones, y, po an o,
pe mi ía a los ope a ios explica las pos u as y acciones de aquellos en
é minos de una nue a acionalidad, no como sucedía con an e io idad.
Elloab ía ambién la posibilidad de que los ope a ios ealiza an nue as
acciones basadas en esa misma acionalidad. Es o no signi ica que los
ejedo es es u ie an eu ilizando el ocabula io libe al pa a de ende sus
in e eses, pues, como se ha is o en los p ime os apa ados, es os in e eses
se ans o ma on desde el momen o en que empeza on a u iliza es e len-
guaje. La nue a acionalidad implíci a en las ca ego ías libe ales ees uc-
u ó p o undamen e sus in e eses, obje i os, expec a i as y expe iencias y
los ans o mó en nue os suje os.
105
Capí ulo 2. Los ciudadanos del abajo
La segunda cues ión es que la concepción an e io pudo se desplaza-
da po la gene ada po las nue as ca ego ías, pe o no desapa eció. Ello
explica que los ejedo es lucha an po man ene algunas cos umb es y
adiciones labo ales p e ias144. Pa a muchos ope a ios es as cos umb es
no pe die on su igencia y siguie on do ando de sen ido a sus idas.
Ellopod ía explica si uaciones como que la mayo ía de los ejedo es no
o ma a pa e de las asociaciones de esis encia, o incluso que una pequeña
pa e de ellos de endie a al An iguo Régimen, alis ándose a las pa idas
ca lis as que deambulaban po Ca aluña en las décadas de 1830 y 1840145.
Desde es a pe spec i a, la no a iliación de una pa e impo an e de los
ope a ios en las nue as o ganizaciones no es el e lejo de su «incul u a» o
su «i esponsabilidad», como denuncia on los ejedo es asociados, sino de
la exis encia de una o ma dis in a de concebi las elaciones y con lic os
labo ales.
Los ejedo es que c ea on las asociaciones de esis encia habían pe ci-
bido los cambios implan ados desde 1834 como una c isis de legi imidad
de su concepción del mundo an e io . Es a c isis los condujo a u iliza las
ca ego ías y supues os libe ales sob e los que se undamen aba el nue o
égimen libe al. Es a explicación es simila a la plan eada po Laclau pa a
in e p e a el su gimien o de nue os suje os his ó icos. Según Laclau, la
al a de con icción de una explicación o ecida po una concepción del
mundo es la que pe mi e a o as ocupa su luga . Dicha al a de con icción
no es la exp esión de una escasa adecuación en e la ealidad omada como
en idad obje i a y un lenguaje, conside ado como ocabula io, que aspi a a
ep esen a dicha ealidad. Más bien, se a a de la elación de signi icado
144 Pa a la pe i encia de adiciones labo ales an e io es en la o ganización p oduc i a
ex il éase el capí ulo 1 y Ba nosell 2002. No obs an e, el signi icado de es as p ác icas
an e io es se ans o mó al en a en con ac o con las nue as nociones. Véase el capí ulo 4.
145 La pa icipación de abajado es ca alanes en el bando ca lis a ue denunciada y empleada
como un a ma polí ica con a las asociaciones ob e as po los polí icos que las conside-
aban o ganizaciones de enso as de p i ilegios del An iguo Régimen. Es as asociaciones
echaza on exp esamen e odo ínculo con los de enso es del absolu ismo. Véase Ga cia
Balañà 2004, 447; Ma ínez de P esno 1993, 47. Pa a abajado es de o as egiones,
especialmen e el País Vasco, éase Ruza a 1998, 44 y 85-91 y Sesme o, 2000.
112
Jesús de Felipe Redondo
de los in e eses de los ue es sob e los de echos de los débiles y aía,
como consecuencia, la desigualdad. Se a aba de «un sis ema que, con
muy a as excepciones, nunca mejo a la condición, ni siquie a domés ica
de los ope a ios» al mismo iempo que «po ías mágicas se ep oducen
con cele idad asomb osa las can idades en me álico, se ensanchan y en-
g andecen los es ablecimien os de odas las clases de indus ia»7.
Los ope a ios asociados p opusie on abandona esos «p incipios e ó-
neos», pa a implan a un sis ema en el que odos los indi iduos pudie an
eje ce sus libe ades. Ello hizo que dichos ob e os en a an de lleno en
el deba e de cues iones que apa ecie on con la consolidación del nue o
égimen, en pa icula la de cómo es ablece una o ganización social que
ga an iza a la libe ad y los de echos a odos los indi iduos. En especial,
se plan ea on el p oblema que discu ían los in elec uales libe ales de es e
pe iodo: cómo de ende las libe ades de un indi iduo sin op imi las de
o o. Las soluciones que p opusie on a es a cues ión lle ada el ámbi o de
las elaciones labo ales se basa on en los p incipios acionales emanados
del ma co concep ual libe al. En conc e o, se basa on en un aspec o un-
damen al de la noción libe al de libe ad: la de que el único lími e legí imo
de la libe ad de un indi iduo e a la libe ad de o o. Se a a del p incipio
de que la libe ad se limi a a sí misma, sub ayado en di e sos mani ies os
libe ales: «cada homb e no debe encon a en el eje cicio de sus de echos
o os lími es que los que asegu en a sus socios el goce de es os mismos
de echos»8. Cuando es os lími es se aspasaban, la igualdad se des i -
uaba y la op esión se mani es aba.
Pa iendo de es e supues o, los ejedo es que se asocia on en 1840
comenza on a denuncia que los de echos y libe ades de los ab ican es
«no llegaban has a escla iza a sus ope a ios», es deci , que las libe ades
de unos no podían impone se a las de los demás9. Una década más a de,
7 Las clases abajado as asociadas 1841.
8 «Legislación de los de echos del homb e y del ciudadano», El P opagado de la Libe ad,
1835, . 1.
9 «Mani ies o que el di ec o de la Asociación».

113
Capí ulo 3. Resis encia
los ep esen an es ob e os de Ca aluña a i ma on que «la libe ad no ne-
cesi a de limi aciones[,] se limi a a sí misma. Halla lími e la del uno en
la libe ad del o o; la del ob e o en la del ab ican e, y la del ab ican e
en la del ob e o»10.
Las o mas de esis encia colec i a que es os abajado es emp endie on
en esos años son una consecuencia di ec a de es a concepción. Su unda-
men o se deducía de su iden idad como ciudadanos lib es: si la depen-
dencia de los ope a ios les impedía hace ale sus libe ades indi iduales
en e a los emp esa ios, cada ez que «ob aban aisladamen e, sin conexión
ecíp oca» en la negociación indi idual con los pa onos, sus acciones e-
sul aban «in uc uosas». Pa a no gas a «inú ilmen e [la] e icacia» de sus
es ue zos, los ejedo es p opusie on concen a los en una acción «con e -
gen e» median e el eje cicio colec i o de sus libe ades indi iduales11. Es e
ue el o igen de las huelgas y las asociaciones de esis encia.
II. Los abandonos coLec I os de Las áb Icas
Las p ime as e e encias conc e as de abandonos colec i os de los a-
lle es ex iles algodone os son de mediados de la década de 1830. La
Comisión de Fáb icas de Ba celona desc ibió dichas acciones como una
«especie de complo pa a pedi alza de jo nal u o a cosa [...] po medio
de una especie de asonada»12. Aho a bien, es as acciones no e a algo nue-
o en el mundo labo al p e io. En el An iguo Régimen se p oduje on en
nume osas ocasiones, aunque enían un signi icado dis in o. Los o iciales
abandonaban los alle es de los maes os que incumplían las o denanzas
g emiales o los pac os colec i os que egían las elaciones labo ales. En
los siglos x ii y x iii, los o iciales zapa e os mad ileños demanda on a sus
maes os que les paga an una can idad ija po cada pa de zapa os que
hicie an. Cuando algún maes o se negaba, los o iciales se «conju aban
10 Mola y Alsina 1855, 5.
11 «Sociedad P o ec o a de los Tejedo es».
12 Ci ado sin e e encia de uen e en Maluque 1981, 781.
114
Jesús de Felipe Redondo
con a ellos» abandonando su alle po o o o ma chándose de la ciudad13.
La nega i a a abaja e a un cas igo hacia los maes os que incumplían
las o denanzas g emiales, lo que ha sido documen ado en o os luga es
de Eu opa14.
Los abandonos del abajo que emp endie on los ejedo es asociados de
o ma ecu en e y sis emá ica desde 1840 u ie on un ca ác e dis in o.
En p ime luga , po que su in ención no e a hace cumpli a sus pa onos
unos pac os p e ios (los ejedo es incluso deja on de ei indica el bando
de 1835 que limi aba la longi ud de las piezas ejidas), sino de ende sus
de echos na u ales. Cuando en es os años se p oduje on huelgas de e-
jedo es asociados en Ba celona, los di igen es de la ATB explica on que
la desocupación colec i a de las áb icas e a el «único medio que hemos
conside ado ú il pa a acalla el o gullo de nues os amos» y obliga les a
espe a su condición «humana»15. En segundo luga , po que las nue as
acciones se concibie on como una capacidad «na u al». Si un ope a io po-
día deja un abajo cuando no con enía sus in e eses, podía hace lo jun o
a o os. Es o e a econocido e incluso acep ado po algunos in elec uales
libe ales, pues esul aba una acción basada en los p incipios que es uc u-
aban el lib e me cado. En 1842, el economis a social Ramón de la Sag a
esc ibió que los abajado es enían an o de echo a «p es a sus ue zas en
cambio de un jo nal, más o menos c ecido según les pa ezca», como «pa a
in e umpi su abajo en una áb ica, pa a eje ce le en o a, pa a educi el
iempo de su du ación, pa a nega se absolu amen e a eje ce le»16. Lo que
13 Nie o 2006, 238. En o as ocasiones, g emios en e os se negaban a abaja pa a co-
me cian es o indi iduos de o os g emios. En 1626 y 1684-89, los ejedo es de lana de
Ba celona se nega on a abaja pa a los pelai es debido a que es os no espe aban las
o denanzas de su g emio, pagándoles las ob as a un p ecio meno del es ipulado en las
mismas (Molas 1970, 375-76).
14 Reddy [1984, 128-29] ha mos ado que los o iciales que abandonaban los alle es en la
F ancia del An iguo Régimen lo hacían pa a es ablece una p ohibición o condena sob e
uno o a ios maes os que no espe aban las no mas comuni a ias, ma chando a abaja
a o o luga .
15 Ca a de los di ec o es de la ATB a los di ec o es de la ATV, 3/XI/1841. AMV. Documen os
i pape s de l’ATB.
16 Sag a 1842, 215-16.
115
Capí ulo 3. Resis encia
hicie on los abajado es asociados ue p ac ica es e de echo de mane a
colec i a.
En e ce luga , po que e a una acción legí ima en el ma co del lib e
me cado. Si el p ecio de los sala ios de i aba de la elación en e la o e a y
demanda de abajo, en onces los ope a ios podían ac ecen a sus jo nales
limi ando la demanda (es deci , dejando de abaja ). En el anscu so de
un con lic o labo al en 1841, los miemb os de la Asociación de Tejedo es
de Ma a ó (Ba celona) abandona on las áb icas pa a obliga a los amos
a «blandi se a las azones na u ales pa a la salida que ienen odos los
géne os», es deci , es ingie on la o e a de mano de ob a pa a obliga a
los ab ican es a paga les unos sala ios más ele ados siguiendo las «leyes
na u ales» del me cado (a menos demanda y más o e a de abajo, mayo
sala io)17.
Los ejedo es se e i ie on a es as acciones como « e i a se», «sepa-
a se», «deja », «desocupa » o «abandona » los alle es, y, a pa i de la
década de 1860, como «huelga»18. No se a aba de medidas de cas igo
g emial, sino ins umen os de p esión en el ma co de una negociación
labo al egida po las eglas del lib e me cado. De ahí que es as acciones
solo apa ecie an cuando los ope a ios comenza on a iden i ica se como in-
di iduos que pa icipaban lib emen e en dicho me cado. Así, la apa ición
de las mode nas huelgas no ue la espues a más lógica o na u al de los
ope a ios en e a los cambios en el sis ema p oduc i o, sino el esul ado
de la ans o mación de su concepción del mundo19.
17 Ca a de la Asociación de P o ección Mu ua de Ma a ó a los di ec o es de la ATV, 7/IV/1841.
AMV. Documen os i pape s de l’ATV.
18 Ca a de la Sociedad de P o ección Mu ua de la Sociedad de Tejedo es de Manlleu a los di ec-
o es de la ATV, 2/XII/1841; Ca a de la Asociación de P o ección Mu ua de Ma a ó a los
di ec o es de la ATV, 7/IV/1841, y Ca a de la ATB a los di ec o es de la ATV, 21/IV/1841,
odas en AMV. Documen os i pape s de l’ATV. Véase ambién «Es a u os de la Sociedad
de mu ua p o ección…», El Cons i ucional, 331, 19/V/1840 y «Con es a echa…», Dia io
de Ba celona, 363, 28/XII/1840. Los abajado es asociados denomina on es as acciones
«huelgas» o «pa os» desde la década de 1860, como ocu ió en Alemania o Ingla e a.
Véase Bie nacki 1995 445-46; Reddy 1984, 28-29 y 128-29.
19 En es e sen ido, las huelgas no son an e io es al concep o de huelga. Pé ez Ledesma
1988-89, 13.
116
Jesús de Felipe Redondo
III. eL nacImIen o de Las socIedades de esIs encIa
III. 1. Las implicaciones del ínculo socie a io
Las acciones huelguís icas e an la exp esión p ác ica de la nue a iden-
idad. Es aban do adas de un ca ác e , unas mane as de ealiza las y unos
obje i os p opios y di e en es a o as acciones y eque ían, a su ez, nue-
as o mas de o ganización. Las asociaciones de esis encia nacie on pa a
o ganiza las y do a las de sopo e económico. Po eso ambos enómenos
su gie on de o ma simul ánea en 1840-4320.
Desde 1840, los comisionados ejedo es de Ba celona de endie on
abie amen e la unión de los abajado es pa a c ea una «masa compac-
a» que les pe mi ie a « esis i la i anía de los amos» median e acciones
do adas de una o ganización y una es a egia nue as21. Los eglamen os
de las sociedades de ejedo es especi icaban con de alle la conduc a que
debían segui los socios en caso de con lic o. Los ope a ios deja ían el a-
bajo en el mismo momen o en el que el ab ican e disminuye a sus jo na-
les22. Un ep esen an e de la asociación, «con humildad y sin albo o os»,
comunica ía al ab ican e la decisión de los ejedo es, y es os abandona ían
la áb ica de mane a pací ica, o denada y sin a en a con a la pe sona o
las p opiedades de los dueños. Pa a asegu a su éxi o, los ejedo es ha ían
« odos sus es ue zos (sin iolencia) pa a que el ela desocupado po un
socio […] no sea ocupado po ningún abajado »23.
Es as ins ucciones son ele an es po que implican el in en o cons-
cien e de moldea la iden idad de los abajado es a a és de sus ac os.
Es o quie e deci que lo que se ha analizado has a aquí no cons i uye la
20 Ba nosell 1999, 260-61.
21 «Sociedad P o ec o a de los Tejedo es».
22 El eglamen o de la ATB decía que los socios debían deja el abajo an e el in en o del
ab ican e de educi sus sala ios, «aunque solo sea un ocha o» («Es a u os de la Sociedad
de mu ua p o ección»). Los es a u os de la ATV es ipula on que los socios ha ían sabe a
los dueños su disposición a «abandona el alle si se ebajase un solo ma a edí» (Ca ne
1971, 14).
23 «Es a u os de la Sociedad de mu ua p o ección».
117
Capí ulo 3. Resis encia
«es e a men al» o la «men alidad» de los ob e os, más o menos au ónoma
de sus p ác icas. Más bien, la concepción del mundo y la iden idad de
quienes se iden i ica on como « abajado es» con o mó su conduc a de
mane a ac i a y conscien e. Las huelgas e an una o ma de demos a el
ca ác e eminen emen e ciudadano de las p o es as ob e as, y po eso e-
sul aba c ucial que los ope a ios se compo a an en ellas como e dade os
ciudadanos. Así, el én asis pues o en el o den co espondía al in en o de
los abajado es de mos a se como ciudadanos esponsables y hon ados
que luchaban pací icamen e po sus de echos. Resis encia e iden idad
es án indisolublemen e unidas, siendo la p ime a la pues a en p ác ica de
la segunda. Los ejedo es conside a on la c eación de las asociaciones de
esis encia como la exp esión de la « oma de conciencia» de la op esión de
su condición humana y ciudadana:
Aquella época de op esión y i anía [los años an e io es a la c eación
de las asociaciones] no podía se du ade a, po que e a iolen a. Apenas
pudimos demos a nues os queb an os y conside a cuan o habíamos
padecido, […] nos asociamos. En la mu ua p o ección de nues as idas e
in e eses encon amos la abla de sal ación que no pudimos espe a de
los que nos op imie an ni de un Gobie no que en ado a las cues iones
polí icas apenas pone a ención en las sociales24.
De es a mane a, el complejo p oceso de cons i ución del suje o a-
bajado quedaba ocul ado po es a apa iencia de na u alidad con que se
desc ibe odo ac o de descub imien o. Pa a los abajado es asociados,
asocia se e a descub i la condición humana que lle aban den o. Hacien-
do un guiño a de e minadas explicaciones his ó icas que siguen el mismo
esquema explica i o (solo que en ez de la na u aleza humana hablan de
la clase ob e a), pod ía deci se que lo que es os ope a ios conside aban
«obje i o» e a su condición de homb es lib es e iguales, y la ea i mación
de dicha iden idad e a una o ma de des ela ( oma consciencia de) es a
ealidad ocul a. Dicho de o a mane a: el uso las nociones libe ales de
24 «Mani ies o que el di ec o de la Asociación». Sub ayado en el o iginal.

118
Jesús de Felipe Redondo
na u aleza humana y abajo había conlle ado la obje i ización de las
condiciones de abajo de los ope a ios en es a ía his ó ica conc e a. Po
es a azón, pa a es os ope a ios la asociación e a el esul ado isible de la
oma de conciencia de una ealidad p eexis en e, más que la consecuencia
de la u ilización de unas de e minadas nociones his ó icas pa a concebi
sus si uaciones eales.
Cab ía p egun a se po qué eligie on p ecisamen e la asociación y no
o a o ma de o ganización. Veamos cómo la jus i ica on. Pa a los eje-
do es, la en aja p incipal de la asociación e a que les pe mi ía de ende
los «de echos que la misma na u aleza» les o o gaba sin lesiona los de los
demás indi iduos, pa onos incluidos25:
Solamen e pa a el soco o y [la] mu ua p o ección se han asociado los
ejedo es […]. No se han jun ado pa a eja a pe sona ni clase alguna; no
pa a impone una ley a bi a ia y cap ichosa, no pa a p es a se a se cie-
gos ins umen os de ambiciones ajenas, sino pa a ob ene una equi a i a
epa ación en la pa e ma e ial de los abajo de su o icio. Es un insul o
que echazamos con indignación el de que los asociados sean capaces de
ab iga p oyec os dis in os […]26.
Es o signi ica que los ejedo es se asociaban pa a de ende sus de e-
chos, no pa a limi a los de o os. Al se la p opia asociación la exp esión
de un de echo indi idual, los ejedo es la islumb a on como un medio lí-
ci o de ena las p e ensiones de los ab ican es sin educi a i icialmen e
las libe ades de es os, limi ando la libe ad con la libe ad. La legi imidad
de la asociación adicaba en que los mismos ab ican es ambién se asocia-
ban pa a de ende sus in e eses. Todos los indi iduos, po an o, podían
asocia se con el mismo mo i o sin lesiona los de echos de los demás.
Como se expuso en 1855 en un mani ies o i mado po decenas de miles
25 La ci a es de los ejedo es asociados de Vich en 1842 (En in, ha llegado el día…, Vich,
10/VIII/1842. AMV. Documen os i pape s de l’ATV).
26 «Al público. Con es ación…», El Popula , 250, 6/II/1841.
119
Capí ulo 3. Resis encia
de abajado es, la libe ad de asociación de los ob e os «no queda, a buen
segu o, iolada po que o os la eje zan, no. Ni la suya ni la de nadie»27.
El econocimien o del de echo a la asociación pasó a cons i ui se en
el eje undamen al de las luchas ob e as desde 1840, es echamen e in-
culado con la lucha po la libe ad28. A es e espec o, el signi icado de
la asociación se cimen aba en el supues o libe al de na u aleza humana,
pues el ínculo asocia i o implicaba la unión de indi iduos lib es e iguales
pa a consegui su elicidad. De hecho, es e e a el undamen o de la p opia
concepción libe al de sociedad. De ahí que el nue o égimen econocie a,
aunque pa cialmen e, la libe ad de asociación en la Real O den de 1839
pa a que los indi iduos pudie an «auxilia se mu uamen e en sus des-
g acias». Dicha disposición solo au o izaba las asociaciones des inadas a
p opo ciona una asis encia económica en casos de en e medad, c isis eco-
nómica y mue e, no pa a de ende demandas sala iales —po las azones
que se expond án más adelan e—29. Pe o los ejedo es in e p e a on es a
capacidad de ayuda se de una mane a más amplia. Pues si la asociación
pe mi ía a los indi iduos ayuda se «en sus desg acias», en onces podía
u iliza se pa a esol e odas sus di icul ades, incluyendo las labo ales,
lo que debía econoce el Gobie no: «desde nues a egene ación polí ica
[desde la implan ación del égimen libe al] ha e i ido la libe ad na u al
de jun a se pa a soco e se; libe ad que no ha econocido explíci amen e
el Gobie no»30.
27 Exposición de la clase jo nale a española a las Co es, 1855. ACE. Leg. 106, exp. 3.
28 Los ejedo es asociados aclama on al mismo iempo la asociación y la libe ad, pues pa a
ellos ambas se implicaban mu uamen e: «[¡]Compañe os! [¡V]i a la unión, i a la libe ad
[…]!» («Con inúan las ges iones», El Hu acán, 322, 25/II/1841).
29 La lib e asociación se consolidó ambién en o os ámbi os, como el de las elaciones co-
me ciales y emp esa iales. Véase Ollé 1973, 369; Ba nosell 1999, 26; Ala cón 1975,
41 y 79-80; Elo za 1972, 125-26; Maza 1997, 85; Gómez Ochoa 2004, 607.
30 «Se mo. S . Los in asc i os…», Dia io de Ba celona, 21/I/1842. Rep oducido en Ollé
1973, 258-60.
120
Jesús de Felipe Redondo
Las asociaciones de esis encia se di e enciaban cla amen e en su o -
ganización y uncionamien o de las sociedades de soco o mu uo31. Sin
emba go, ambos ipos de o ganización pa ían de un mismo supues o: la
libe ad de odo indi iduo de uni se a o os pa a alcanza su bien común.
La acep ación de dicho p incipio lle ó a los abajado es a echaza la dis-
inción hecha po las au o idades en e asociaciones de ayuda mu ua y de
esis encia (denominadas «coligaciones» o «coaliciones» en el ocabula io
ju ídico)32. Pa a ellos, ambas o ganizaciones se es uc u aban a pa i del
mismo ínculo socie a io, y, po an o, e an igualmen e legí imas. Po
es a azón, cuando a i ma on que el in que «jamás han desmen ido» de
sus sociedades de esis encia e a «auxilia se mu uamen e», no lo hicie on
pa a ocul a dichas o ganizaciones bajo la o ma asis encial, sino pa a
ei indica que los dos ipos de asociaciones e an legí imos y no podían
p ohibi se ni limi a se:
El p ohibi asociaciones pa a soco e se mu uamen e en las desg acias
o en las necesidades u u as, sob e se con a io a odo sen imien o de
humanidad, se ía come e un a en ado con a los in e eses de los socios;
se ía p i a a es os de hace uso de su p opiedad pa a el noble y piadoso
in de soco e a sus semejan es y a sí mismos; se ía nega les la libe ad
de hace bien y lo que no p ohíbe la ley […]33.
Pa a los ope a ios asociados, los dos ipos de ayuda mu ua cons i uían
o mas dis in as y compa ibles de eje ce un mismo de echo, lo que ex-
plica la habi ual combinación de asis encia y esis encia en las sociedades
ob e as españolas del siglo xix34. La Sociedad de Bene icencia Mu ua de
la Villa de Igualada, in eg ada po ejedo es, es ableció en sus es a u os de
31 Ba nosell 2005b, 3-4. En e es as di e encias des acaban el pe il de los a iliados (las
asociaciones de esis encia es aban in eg adas po ope a ios de un mismo o icio mien as
que las de soco o podían inclui a ob e os de a ias p o esiones) y la meno a ención
p es ada a los soco os po en e medad en el caso de las sociedades de esis encia.
32 Ba nosell 1999, 75.
33 «Se mo. S . Los in asc i os».
34 Así ocu ió ambién en Ingla e a y F ancia. Chase 2000, 2 y 107; Reddy 1984, 193.
121
Capí ulo 3. Resis encia
1842 que sus ayudas se dedica ían an o a los ob e os en e mos como a los
que se e i aban de las áb icas po opone se a los descensos sala iales35.
La sociedad que los ejedo es de Olo que ían eo ganiza ese año se ocu-
pa ía de la «p o ección y soco o a los socios que engan al a de abajo
po cualquie a causa de que no se hayan hecho culpables»36. Po la o ma
en que es aba edac ado, es e pun o e e ía an o a los pe iodos de in a-
lidez de los asociados como al abandono de las áb icas. Años más a de,
en 1856, el eglamen o de la ATB seguía es ableciendo ambiguamen e el
soco o a los socios que «po causas independien es a su olun ad queden
sin abajo»37.
Jun o a odo ello, los ejedo es empeza on a c i ica como una mues a
in ole able de desigualdad ju ídica el que la au o idad pe siguie a sus so-
ciedades de esis encia y ole a a, en cambio, las o ganizaciones de ab i-
can es. Según ellos, mien as los españoles más icos, es deci , los «menos
necesi ados de soco os, y menos suje os a la p epo encia de o os», podían
asocia se, a los más pob es se les p i aba de los «de echos comunes a los
es an es ciudadanos»38. Los comisionados ejedo es expusie on en 1840
que mien as los ab ican es podían «mancomuna se en un con i e en la
onda de G acia u o a pa e po azón de su educido núme o, a as ando
su opinión la de los demás», los ejedo es eían sus euniones p ohibidas y
sus o ganizaciones pe seguidas. Los ejedo es no pidie on la p ohibición
de las euniones de ab ican es, pues las conside aban legí imas. En ez de
ello, solici a on pode euni se y o ganiza se al igual que los ab ican es39.
35 Ca ne 1971, 14.
36 «Compañe os», El Cons i ucional, 1226, 7/IX/1842.
37 El Eco de la Clase Ob e a, 23, 13/I/1856, a s. 13.º y 14.º De igual mane a sucedió en o os
sec o es p o esionales a lo la go del siglo xix. Véase Ralle 1984, 16.
38 «Se mo. S . Los in asc i os».
39 «Con es a echa». Los ejedo es se queja on de que los ab ican es se unían sec e amen e
pa a impone sus condiciones (Ca a de los di ec o es de la Sociedad de Mu ua P o ección
de Cane de Ma a los di ec o es de la ATV, 27/XI/1841. AMV. Documen os i pape s de
l’ATV).
128
Jesús de Felipe Redondo
Asociándose […] [los abajado es] han eje cido un de echo que les
concedió la na u aleza; han usado de la acul ad i ualmen e consignada
en la Cons i ución polí ica de la mona quía; han hecho lo que ienen li-
be ad de hace , po que no hay ley igen e que se lo p ohíba; han ob ado
con o me a las ci cula es y decla aciones mismas del Gobie no; y han
ob enido de es e, aunque sin necesidad, la sanción de un ac o consumado
y que les e a acul a i o. ¿Cómo pudie an po consiguien e enuncia los
ejedo es unos de echos an p eciosos? ¿Cómo consen i una esolución
que es un p i ilegio odioso con a ellos?
Po an o, los ejedo es asociados expe imen a on la ilegalización de
sus asociaciones de la misma mane a que los pa onos y las au o idades
habían concebido la apa ición de dichas o ganizaciones, es deci : como
la consag ación de la desigualdad y del «p i ilegio». La p ohibición de la
ATB esul aba se un «p ecep o a bi a io» que a en aba con a «la libe -
ad ci il que es án obligados a espe a gobe nan es y gobe nados» y, po
an o, e a una medida ilegí ima. Así se lo hicie on sabe los ejedo es al
p opio je e de Gobie no, Espa e o:
V[ues a] A[al eza] conoce á oda la ama gu a de que deben halla se
poseídos odos los ejedo es asociados: […] se pe suadi á de que no es ácil
da les una azón con incen e de no se ilegal la o den de disolución que
les p i a de de echos comunes a los es an es ciudadanos. No es posible
disuadi les de que dicha medida es con a ia a la libe ad na u al y ci il, ni
de que es un abuso de pode […]. Quí ese de sus o denanzas [de la ATB]
lo que pueda se con a io a las leyes; […] pe o p i a un ac o legí imo y
no p ohibido po la ley, po emo de que se abuse del mismo, no es á en
el cí culo de las a ibuciones del Gobie no59.
Los ejedo es habían eo ien ado hacia el Gobie no la c í ica que los li-
be ales di igían al An iguo Régimen como un « i anía» basada en la «des-
igualdad». En la p ensa libe al ba celonesa de la década de 1830 se a i mó
con o undidad que si los Gobie nos e an «odiosos y i ánicos» se debía a
59 Pa a es a ci a y la an e io éase «Se mo. S . Los in asc i os».

129
Capí ulo 3. Resis encia
que habían «menosp eciado y pisado» los de echos indi iduales. De es e
modo, «cuando la ley es gene al y no excep úa ni p e ie e a nadie[,] el o o
de la igualdad es á ealizado»; pe o cuando la libe ad es a acada po la
ley, es deci , «cuando la ley dice al ciudadano: “yo impongo ales lími es a
us de echos”», en onces «el ciudadano e es ido de la dignidad de homb e
dice a la ley: “he aquí los lími es que mis de echos e p ohíben pasa ”»60.
En la medida en que los ejedo es expe imen a on la ilegalización de la
ATB como una op esión de sus de echos na u ales, se ie on legí ima-
men e impulsados a opone se, e, incluso, a eco da a las ins i uciones sus
unciones en un égimen libe al. Los ejedo es asociados ad i ie on a Es-
pa e o que, «si que ía se obedecido», debía «manda den o del cí culo de
sus p opias a ibuciones», es deci , p o ege los de echos de los ciudadanos,
no nega los61. Los abajado es asociados eco da on opo unamen e a las
au o idades que ya habían luchado po las libe ades en la gue a con a
los ca lis as y que ol e ían a hace lo si e a necesa io:
noso os y el pueblo en e o han [sic] cali icado la al o den [la «que manda
disol e las asociaciones de soco os mu uos»] de capciosa y a bi a ia,
siendo así que el de echo de soco e se es un debe na u al que po más
que se oponga el Gobie no no pod á des ui jamás. Conside ándonos,
pues, en el eje cicio de nues os de echos po los cuales hemos comba ido
y iun ado después de sie e años de gue a, nos p oponemos de nue o
a os a odos cuan os pelig os nos odeen en de ensa de nues a ilan ó-
pica sociedad, único consuelo de los pob es jo nale os […]62.
En es os con lic os puede ap ecia se que la idea de que poseían de echos
na u ales se había con e ido en una ealidad incon o e ible pa a los a-
bajado es. Po es a azón, pa a ellos la ac uación de las au o idades solo
podía explica se bien po que los gobe nan es no e an conscien es de dicha
60 «Legislación de los de echos del homb e». Sub ayado en el o iginal.
61 «Se mo. S . Los in asc i os».
62 «Asociación de Tejedo es», El Popula , 289, 4/I/1842. Sub ayado mío. Los «sie e años de
gue a» co esponden a la P ime a Gue a Ca lis a (1833-39).
130
Jesús de Felipe Redondo
ealidad, bien po que no e an e dade amen e libe ales. Inicialmen e, los
ope a ios asociados siguie on la p ime a explicación y se empeña on en
«demos a » al Gobie no el «g a e e o » que había come ido al aboli sus
asociaciones, causado po el engaño de los ab ican es63. En una ci cula
de la ATB de 1841, la Jun a Di ec i a in o mó a sus socios que «nues os
ad e sa ios [los pa onos], sin ene alo de echa nos sus i os inicuos po
medio de la p ensa pe iódica de es a capi al [Ba celona], se han di igido
as e amen e a la de la Co e», e a ando las asociaciones ob e as como
«la uina de la indus ia ca alana y de noso os mismos»64. Los ejedo es de
la ATB pensa on que, pa a e i a su ilegalización, debían, simplemen e,
descub i es e engaño. De ahí que en ia an una comisión de ep esen an-
es a Mad id con el obje o de expone al Gobie no « odo lo que pasa en
gene al, y des anece le las ideas que al ez le hayan imbuido»65.
Pod ía pensa se que los abajado es asociados ehuían el con lic o y
adop aban una pos u a ingenua. Sin emba go, es a in e p e ación es del
odo insa is ac o ia. En p ime luga , po su ca ác e eleológico: des-
de el p esen e, pa ece ácil demos a que los abajado es se hallaban
equi ocados. Pe o los ejedo es c ea on sus asociaciones en un pe iodo
e oluciona io en el que los libe ales (incluidos los p opios abajado es)
luchaban en e sí po es ablece un nue o égimen oda ía ines able y en
el que pa ecía posible que el Gobie no p og esis a de Espa e o (1840-43)
acep a a sus demandas, pues eían en él la enca nación del « e dade o
égimen libe al». En segundo luga , po que la pos u a de los ejedo es e a
un a ma de doble ilo. Si el Gobie no no a endía las demandas ob e as,
63 «La conduc a que hemos gua dado nos au o iza pa a que podamos acudi al p ime je e
del Es ado, al Regen e del eino, y demos a le el g a e e o que come ió su gabine e»
(«Compañe os. Una o den…», Dia io de Ba celona, 20, 20/I/1842).
64 Esos «ad e sa ios» e an «los mismos que con el sudo de nues a en e han ele ado sus
o unas». Véase «Comunicación de la Jun a Di ec i a de la Sociedad de P o ección Mu-
ua de los Tejedo es de Algodón», El Co esponsal, 17/III/1841. Rep oducido en Elo za
1972, 211-12.
65 Ca a de la ATB a los di ec o es de la ATV, 2/VI/1841. AMV. Documen os i pape s de
l’ATV. He cambiado la da a del documen o siguiendo a Ollé 1973, 311.
131
Capí ulo 3. Resis encia
en onces los ejedo es asociados las de ende ían ellos mismos y con a el
p opio Gobie no:
Nues a oz pene a á, si es posible, has a el palacio de la Reina, y es-
pe amos e apoyados nues os de echos po los ep esen an es del pueblo.
[…] Empe o si desg aciadamen e nues os gobe nan es desconocie an la
impo ancia y ascendencia de la cues ión social que amos a some e les,
en onces, Compañe os, is e se ía el po eni indus ial de nues a pa ia,
y más que en el Gobie no debíamos con ia en el p incipio de a e nidad,
de unión y de asociación mo al que es indes uc ible, que no pueden de i-
ba los emba es de odos los Gobie nos posibles, y que nos ha ía ue es,
po que en onces b illa ía más adian e la jus icia de nues a causa66.
De es e modo, la iden idad ciudadana había gene ado en e los ejedo es
una nue a expec a i a median e la que in e p e aban los acon ecimien os:
la de que el Gobie no, en an o que ins i ución libe al, debía econoce sus
sociedades. Si no ac uaba así, en onces no e a e dade amen e libe al, y, en
al caso, no había azones pa a obedece sus leyes. Es a expec a i a ma có
las espues as y acciones de los ejedo es asociados en los meses siguien es
a la ilegalización de la ATB a inales de 1841. Cuando la comisión que
los ejedo es en ia on a Mad id ob u o el éxi o y la o den de p ohibición
ue suspendida en ma zo de 1842, los ejedo es lo in e p e a on como si
el Gobie no hubie a sa is echo sus « undadas espe anzas»: «la oz de la
azón y la jus icia» había sido «escuchada» y las au o idades endían a los
abajado es la «mano de p o ección» que espe aban. Algo que, desde su
pun o de is a, pa ecía comple amen e lógico, pues o que el obje i o «hu-
mani a io y ilan ópico» de la sociedad ob e a «no podía menos de halla
acogida en los homb es enca gados de egi los des inos de la Nación»67.
Cuando las au o idades ilegaliza on nue amen e la ATB en 1843 y de
o ma más du a en los años siguien es, los ejedo es, e ando las leyes del
Gobie no, decidie on man ene clandes inamen e sus asociaciones po -
66 «Compañe os. Una o den».
67 «Con mucho gus o inse amos…», El Cons i ucional, 1131, 17/IV/1842.
132
Jesús de Felipe Redondo
que, pa a ellos, sus asociaciones no e an an ilibe ales, a di e encia de las
leyes que las p ohibían.
I . Las aLIanzas poLí Icas e Ins I ucIonaLes de La a b
A pesa de lo dicho an e io men e, la pos u a de las au o idades no ue
homogénea ni uní oca. Siemp e igila on a en amen e la ATB, pe o es a
ambién se g anjeó un cie o espaldo de algunas ins i uciones y g upos
polí icos. Así, los ejedo es asociados consiguió el apoyo del capi án gene-
al, el je e polí ico y los alcaldes cons i ucionales de Ba celona en algunos
con lic os labo ales68. La sociedad de ejedo es incluso ecibió dine o del
Ayun amien o de Ba celona pa a la c eación de una áb ica p opia pa a
da abajo a los ob e os pa ados69.
F en e a su ilegalización, la ATB ecibió el espaldo del Ayun amien-
o de Ba celona, los dipu ados y los senado es ca alanes, que cali ica-
on la p ohibición como «injus a y a bi a ia en lo que oca a los soco-
os mu uos»70. La p ime a o den de ilegalización del gobie no dic ada a
p incipios de 1841 no ue aca ada inmedia amen e po el gobe nado
ci il de Ba celona, a pesa de las p o es as de los ab ican es, y cuando
inalmen e ue ejecu ada, no conlle ó la disolución de la ATB. Da la
imp esión de que el gobe nado ci il daba iempo a la asociación ob e a
pa a esol e los con lic os negociando con los pa onos, como ha señalado
68 Ca a de la ATB al Alcalde 1.º cons i ucional de la ciudad de Vich, 22/V/1841. AMV. Docu-
men os i pape s de l’ATV. También el Gene al Zu bano apoyó a los ope a ios asociados
de Olo en 1842 (Ca a de Juan Muns a los di ec o es de la ATV, 2/IX/1842. AMV. Docu-
men os i pape s de l’ATV).
69 El Ayun amien o de Ba celona concedió un p és amo de 140 000 eales que si ió a la
ATB pa a c ea una áb ica p opia y que nunca ue de uel o. La áb ica de la ATB, deno-
minada «Compañía Fab il», enía capacidad pa a da abajo a ce ca de 200 abajado es
y sob e i ió has a 1848. Véase Iza d 1973, 99; Fon ana y Maluque 1972, 468; Ollé
1973, 97; Re en ós 1960, 54.
70 «No icia impo an e», El Cons i ucional, 1043 (po e o igu a 1042), 18/I/1842; «Co-
espondencia de la Co e», El Cons i ucional, 1103, 19/III/1842 y 1105, 21/III/1842.
Los ep esen an es de la ATB ag adecie on dichas ges iones («Con mucho gus o inse -
amos»; «Ilus es seño es dipu ados…» e «Ilus es seño es senado es…», ambos en El
Cons i ucional, 1137, 23/IV/1842).
133
Capí ulo 3. Resis encia
José M.ª Ollé. Asimismo, a ios capi anes gene ales de Ca aluña, que
supues amen e pe seguían las sociedades ob e as, pusie on a disposición
de la ATB pa e de las opas de la Milicia Nacional pa a que pa icipa a
en los ac os conmemo a i os del ani e sa io de su undación. En 1843, los
p opios alcaldes cons i ucionales o ma on pa e de es os ac os a pesa de
que la ATB es aba en onces o icialmen e disuel a. En julio de ese año, la
ATB ue econocida como o ganización legí ima po la Jun a Sup ema de
Ba celona en un in en o de dicha ins i ución de a ae se el apoyo popula
du an e la allida e olución p og esis a de la Jamancia71.
La p ensa demóc a a mad ileña y ba celonesa apoyó sin ese as la
legalidad de la ATB, como ambién algunos pe iódicos p og esis as de
Ba celona. En el p og esis a El Cons i ucional se u iliza on exac amen e
los mismos a gumen os empleados po los ejedo es: el Gobie no no
enía «ninguna acul ad pa a p i a a una masa de ciudadanos el que
se soco an mu uamen e en sus necesidades más pe en o ias, y el que
se e i en […] con el sudo de su os o los igo es y abyección de la
mise ia». La ATB ue de endida como una o ganización «pací ica» de
«ciudadanos benemé i os que han p es ado g andes se icios a la pa ia»
que no mi a ían «con indi e encia como se les a eba a de una mane a
iolen a el único ecu so que enían pa a no pe ece de hamb e el día en
que sus b azos queden ociosos po al a de ma e ial que elabo a , o po
cap icho de un amo»72.
En ocasiones, es e espaldo a la ATB ino acompañado de un in en o
de con ola las acciones de esis encia y con e i la en una o ganización
pu amen e asis encial. La p ensa p og esis a ba celonesa y las au o idades
sub aya on la ace a asis encial de la sociedad ob e a y p ocu a on con-
ence a los ejedo es asociados de que eliminasen de su eglamen o las
p e ensiones de impedi las educciones de jo nal, pa a que «ninguno de
ellos a opelle con ías de hecho, o exigencias simul aneas, a ningún o o
71 Ollé 1973, 78 y 92-93 y Elo za 1972, 144-48.
72 «Sociedad de Tejedo es», El Cons i ucional, 1041, 16/I/1842. Las « ein e mil pe sonas»
incluían los miemb os de las amilias de los asociados a la ATB.

134
Jesús de Felipe Redondo
abajado asociado o no asociado y a ningún amo»73. No obs an e, la
esis encia no ue echazada de mane a unánime. En ocasiones la p ensa
p og esis a ambién a i mó que la ayuda mu ua aba caba el desempleo
mo i ado po el «cap icho de un amo», coincidiendo con la noción amplia
de ayuda mu ua de los ope a ios74. En 1843, los p og esis as ba celoneses
a i ma on que la ATB asegu aba el «na u al equilib io en e el sala io de
los ob e os y las ganancias de los ab ican es»75.
Es e apoyo a la ATB se debía a que los supues os libe ales sob e los que
se ele aban las aspi aciones ob e as o o gaban a es as un ca ác e legí imo.
El hecho de que acudie an a los mismos a gumen os y ei indicaciones
o muladas po los ob e os asociados indica que los comp endían y que,
a pa i de dicha comp ensión, podían llega a acep a los o al o pa cial-
men e. La p ohibición de la asociación pa a la esis encia causaba dudas
en e sec o es de polí icos y pensado es libe ales, pues, en la medida en
que los a gumen os de los ejedo es se basaban en los supues os libe ales
y adqui ían sen ido en el deba e sob e la ins i ucionalización del égimen
libe al, no podían ob ia los. No había ocu ido así a mediados de la dé-
cada de 1830, cuando las pe iciones de los ejedo es de la in e ención
del Es ado ecibie on an solo ep oches, co ecciones y amenazas. Pe o
en 1840, los abajado es undamen aban sus o ganizaciones y ei indica-
ciones en los mismos supues os libe ales en los que se asen aba el nue o
égimen, y es o es lo que explica el apoyo, pa cial o decidido, de una
pa e de las au o idades y la opinión pública. La undamen ación libe al
de las demandas ob e as les o o gó una cie a au o idad y e icacia, pues
es as ue on o muladas en el discu so común en el que se undamen aba
la concepción del mundo de sus oponen es. Y, como señala Joan Sco ,
en la medida en que los supues os en que se basan sus ei indicaciones
73 «Toda ía hay espe anzas», El Cons i ucional, 1043 (po e o igu a 1042), 18/I/1842.
74 «Sociedad de Tejedo es», El Cons i ucional, 1041, 16/I/1842.
75 «Sociedad de Tejedo es de Algodón. (Con inuación)», El Cons i ucional, 1352,
21/I/1843.
135
Capí ulo 3. Resis encia
son compa idos po sus oponen es, es os no pueden deja de oma las en
conside ación, incluso aunque sea pa a echaza las76.
Ello con ibuye a co obo a la in e p e ación undamen al que se ha
expues o con an e io idad: en la medida en que los ejedo es se cons i u-
ye on como suje os libe ales, sus obje i os y o mas de lucha (lo que e a
posible y legí imo hace y lo que no) se de inie on y es uc u a on en el
ma co concep ual libe al. Al se sus ei indicaciones una consecuencia de
la aplicación de los concep os libe ales pa a do a de sen ido sus si uacio-
nes, se con i ie on en una con ibución di ec a a los deba es libe ales que
podía se en endida po los que pa icipaban en ellos, en pa icula en la
discusión sob e la de inición, el econocimien o y el alcance legal de las
libe ades indi iduales en el nue o égimen.
76 Sco 1996, X; Cab e a 2006, 253-54.
137
Capí ulo 4
La ex ensión de las asociaciones
de esis encia
Además de las sociedades de ejedo es, desde 1840 apa ecie on aso-
ciaciones ob e as de esis encia de o os o icios en Ba celona y di e sas
poblaciones ca alanas (y, más a díamen e, en o as ciudades españolas
España). Los ope a ios que las c ea on abajaban en condiciones muy
di e en es. En algunos casos se a aba de p o esionales de amas in-
dus ializadas, en o os de o icios en los que la indus ialización había
enido un escaso o nulo impac o. Es e capí ulo a a de explica el p o-
ceso que dio luga a la apa ición de una misma conduc a en e ob e os
an di e en es y de una iden idad que aspi aba a engloba los a odos y
uni los en la acción colec i a.
I. Las asocIacIones de esIs encIa en ba ceLona
I.1. La apa ición de sociedades de esis encia en o os o icios
indus ializados
Di e sos his o iado es, an o en España como o os países, han in e -
p e ado la apa ición de las sociedades de esis encia como una con inua-
ción his ó ica de las luchas an e io es de los o iciales a esanos. Desde es e
pun o de is a, las nue as sociedades se ían el esul ado de la adap ación
de las o ganizaciones p e ias (he mandades o g emios de o iciales) al
144
Jesús de Felipe Redondo
pa a es e in en el T ienio P og esis a89. Po o o lado, hay o os g emios
de o iciales que pa icipa on ac i amen e en los con lic os labo ales de la
década de 1830, como el de los sas es, y, sin emba go, se disol ie on y no
se ans o ma on en asociaciones en el T ienio.
De es e modo, algunos de los más comba i os g emios de o iciales no
c ea on nue as asociaciones y o os, aunque las c ea on, no con inua on
con las luchas p e ias. Pe o es que incluso en el único caso de o iciales
con g emio p opio que c ea on una asociación pa a la lucha labo al, el de
los zapa e os (y alpa ga e os), no se puede habla de con inuidad, pues la
inalidad que es os die on a su nue a o ganización di e ía de sus an e io es
luchas. La asociación que unda on se enca gaba de ges iona dos alle es
colec i os que empleaban a los o iciales que se negaban a abaja pa a los
maes os que disminuían sus jo nales90. Es deci , no o ganizaba huelgas,
sino que daba cobe u a a los zapa e os que abandonaban los alle es de los
maes os que no acep aban negocia las condiciones sala iales y labo ales.
Es e ipo de asociación no ue exclusi o de los zapa e os: ambién ue
adop ado po ope a ios que ca ecían de o ganizaciones an e io es, como
los ces e os91.
Pod ía pensa se que la asociación de los zapa e os e a una adap ación
de an e io es o mas de lucha (el cas igo con a los maes os que no
espe aban las no mas comuni a ias). Sin emba go, es a in e p e ación
ocul a que su obje i o e a nue o, pues a aba de negocia colec i amen e
la cuan ía de sus sala ios con los maes os en el ma co del lib e me -
cado. Po o o lado, es e ipo de o ganización (el alle colec i o) e an
impensable en el An iguo Régimen, cuando ene un alle e a una
p e oga i a de los maes os —algo que los o iciales nunca pusie on en
cues ión—. Su c eación en añaba, po an o, un cambio p o undo en
89 Véase el capí ulo 1. La Sociedad de P o ección Mu ua de Mancebos Ca pin e os legalizó
su eglamen o en 1842, aunque se desconocen sus ac i idades (si las u o) en el T ienio
P og esis a.
90 «Sociedad p o ec o a de o iciales zapa e os», El Cons i ucional, 648, 17/I/1841 y «Socie-
dad de o iciales zapa e os», El Cons i ucional, 1019, 25/XII/1841.
91 El Májico [sic], «Los ces e os», El Cons i ucional, 358, 15/VI/1840.

145
Capí ulo 4. La ex ensión de las asociaciones de esis encia
la concepción p e ia del o icio en la medida en que econocía a maes-
os y o iciales como indi iduos iguales. Pa a los zapa e os asociados,
los maes os habían dejado de se la «cabeza» del o icio y, de hecho, se
habían con e ido en igu as p escindibles, pues los o iciales a i maban
ene el mismo de echo que ellos a egen a sus p opios alle es. La
p ensa p og esis a ba celonesa así lo cons a ó en 1840, e i iéndose a las
asociaciones de zapa e os:
la asociación indus ial puede mejo a la sue e de las clases p oduc o as, o a lo
menos acili a g adualmen e su hon osa independencia. Supues o que el ca-
pi al ha de segui eniendo un p edominio injus o, eúnanse unos cuan os
capi ales pequeños y ó mese uno egula . Po es a simple ope ación gana
ambién la indus ia, po que hay más es ímulo pa a el abajo, y mayo
pe ección de los a e ac os92.
De odo ello se desp ende que las asociaciones de esis encia no e an
las con inuado as de los g emios de o iciales, pues, aunque pudie an es-
a compues as po los mismos ope a ios, implicaban una o ma dis in a
de concebi las elaciones y los con lic os labo ales, a los indi iduos que
abajaban y las acciones que podían lle a a cabo. La asociación conlle-
aba la ans o mación y el desplazamien o de la concepción co po a i a
y je á quica del o icio po la noción libe al de la comunidad de indi iduos
lib es e iguales en de echos.
Con ello no p e endo nega la pe sis encia de algunas demandas an-
iguas en e los ope a ios asociados, aunque, como señalé an es, es as
adqui ie on nue os signi icados al en a en con ac o con el nue o ma co
signi ica i o que es aba ea iculando la concepción del mundo de los ope-
a ios. Así se ap ecia en el caso de los in o e os de algodón ba celoneses,
un o icio a esano inculado al desa ollo de la indus ia ex il. A p inci-
pios de la década de 1840, los in o e os, que no habían enido g emio de
o iciales, unda on una asociación de esis encia. Dicha sociedad de endió
que cada dueño u ie a un único ap endiz po alle , una condición que,
92 Ibíd. Sub ayado en el o iginal.
146
Jesús de Felipe Redondo
según Ba nosell, apa ecía en las an iguas o denanzas del G emio de Tin-
o e os (aunque no de algodón, sino de lana)93.
Así expues o, da la imp esión de que es os ope a ios p ocu a on man-
ene algunas no mas que habían egulado el me cado labo al en el An-
iguo Régimen. Aho a bien, el sen ido de es a an igua demanda su ió
una impo an e al e ación al en a en elación con las ca ego ías libe ales
que los in o e os comenza on a emplea . Los in o e os eclama on que
su asociación ue a econocida como una o ganización legí ima de aba-
jado es, excluyendo po p ime a ez a los maes os. Ello quie e deci que
los an iguos lazos co po a i os del o icio (los mismos que legi imaban el
sen ido o iginal de las o denanzas de endidas po los ope a ios) habían
desapa ecido o se habían e o mulado en é minos di e en es. Los in o-
e os, como los zapa e os (y al igual que abajado es indus iales como los
ejedo es y los hilado es), demanda on la negociación colec i a de las con-
diciones labo ales con los dueños de alle . Según ellos, es a negociación
esul aba imp escindible pa a alcanza «la buena a monía que pa a u ili-
dad de odos debe eina en e los amos de los in es y sus mancebos»94.
Una a monía basada no en el espe o al cue po del o icio, sino a la libe ad
y los de echos na u ales de los in o e os.
Es o hizo que an iguas demandas como la limi ación del núme o de
ap endices adqui ie an un sen ido di e en e al incula se a una nue a lu-
cha: la de ensa de la «dignidad humana» de los in o e os. Lo que signi ica
que, aunque an o los o iciales de los g emios como los « abajado es» de
las asociaciones que ían con ola el me cado labo al limi ando el núme o
de ap endices, pa a los segundos es e con ol ya no se di igía a ga an iza
93 Ba nosell 2005a, 41, n. 65. Aunque no exis ió un g emio de in o e os de algodón,
algunos de es os habían sido in o e os de lana a p incipios del siglo xix (Molas 1970,
530). La limi ación del núme o de ap endices en es e o icio se man u o en las décadas
siguien es. En el cong eso ob e o de 1870, el ep esen an e de la Sociedad de Tin o e os
de Reus in o mó de que exis ía un máximo de dos ap endices po dueño de alle . Véase
«Discu so de An onio Ga iga» en A beloa 1972, 158.
94 A chi o Adminis a i o de Ba celona. Sec e a ía, G-1-D-1 (1010); 23-93-34 (11); 23-92-
37 (508). Ci ado en Ba nosell 2005a, 27.
147
Capí ulo 4. La ex ensión de las asociaciones de esis encia
la au onomía y el con ol del cue po del o icio, sino su independencia
como «homb es lib es e iguales».
A es e espec o, los in o e os expusie on que es aban pe cibiendo su
si uación labo al como «op esión», es deci , como un «míse o es ado» im-
pues o po los amos de los in es que los a aban «con g an igo poseídos
de la ambición que les domina». En un llamamien o a los in o e os de
be mejo en 1843 se a i mó que «el único medio» pa a acaba con esa op e-
sión e a «asocia nos odos; así pues, cuando un amo nos a e con igo o
nos ebaje el jo nal, nos pod emos e i a soco iéndonos unos a o os y
hui de la i anía»95. Dichos ope a ios se inspi a on en los eglamen os de
la ATB pa a c ea su asociación y es ablecie on la misma o ma o denada
y ap opiada de los «ciudadanos esponsables» de abandona los alle es
cuando los pa onos ebajaban los sala ios96.
Si es a in e p e ación es co ec a, en onces los miemb os de los g emios
de o iciales y de las asociaciones de esis encia podían se los mismos
indi iduos, pe o concebían su mundo, sus in e eses y sus aspi aciones de
mane as adicalmen e dis in as. E an suje os his ó icos dis in os. Y po
an o, la c eación de asociaciones ob e as no ue una adap ación del nue o
lenguaje libe al a los in e eses p e ios de los ope a ios, pues conlle ó la
ans o mación de la iden idad y los in e eses de esos indi iduos.
Po es a misma azón, esul a p oblemá ico a i ma que la pa icipación
en los g emios de o iciales ue una expe iencia que acili ó a los abaja-
do es la c eación de asociaciones de esis encia97. En la medida en que el
signi icado de pe enece a una o ganización u o a e a di e en e, ambién
e a dis in a la expe iencia que gene aba. De ahí que ninguna sociedad de
95 «A la clase de in o e os de be mejo», El Cons i ucional, 1480, 5/VI/1843.
96 «Cuando el amo de cualquie in e quisiese ebaja el jo nal a los mancebos, es os lo ha án
p esen e al comisionado de su espec i o in e, quien se p esen a á al amo haciéndole las
e lexiones que c ea opo unas pa a consegui que no se e i ique la ebaja». Si es o no
disuadía al pa ono, en onces el comisionado debía in o ma al di ec o de la sociedad
y, p e io pe miso de es e, «los mancebos abandona án el alle ». Ci ado en Ba nosell
2005a, 26-27.
97 El alo de las «expe iencias p e ias» es de endido, en e o os, en Ba nosell 2005a, 45
y 1997, 303-18.
148
Jesús de Felipe Redondo
esis encia que u ie a su o igen en un g emio de o iciales p esen a a sus
an eceden es o ganiza i os como algo ele an e pa a sus luchas. Ninguna
se iden i icó con las acciones de los g emios de o icio. Los obje i os y
mé odos de las luchas an e io es habían pe dido su an iguo sen ido. Y po
es a azón, la cons a ación de una misma ei indicación en dos pe iodos
his ó icos, como un núme o máximo de ap endices, no implica nece-
sa iamen e una con inuidad his ó ica, pues dicha demanda puede ene
signi icados y obje i os dis in os.
I.3. La ex ensión del suje o abajado
A pesa de que la mayo ía de las asociaciones undadas po o icia-
les ba celoneses en 1840-43 no in e ino en las luchas labo ales, sí que
pa icipó ac i amen e en la de ensa del de echo de asociación jun o a la
ATB. De hecho, es a lucha desempeñó un papel undamen al pa a la ex-
ensión de las nociones libe ales en e la población ob e a y, en especial,
si ió pa a di undi el ejemplo de la ATB como un caso p ác ico de lo
que compo aban dichos concep os. En la medida en que los ejedo es
log a on consolida su asociación y coo dina se con éxi o pa a la de ensa
de sus sala ios, su concepción libe al del mundo se ol ió cada ez más
con incen e pa a explica la si uación de odos los indi iduos que a-
bajaban en el nue o égimen. Es o no quie e deci que la ex ensión de
las asociaciones se undamen a a en un p oceso de elección acional po
pa e de suje os acionales au ónomos. Simplemen e, a i mo que la nue a
concepción podía se asumida po más ope a ios po que mos aba su ca-
pacidad de explica si uaciones que las an iguas adiciones de o icio no
podían explica de o ma plenamen e sa is ac o ia.
Los ejedo es asociados encabeza on una se ie de inicia i as que se ba-
saban en la in e pelación de odos los indi iduos que abajaban como po-
enciales compañe os de lucha. Es as inicia i as se o ien a on a la de ensa
de los supues os de echos na u ales de odos los ope a ios y conlle aban
el omen o de la c eación de asociaciones ob e as y el es ablecimien o de
ínculos en e ellas. Es e llamamien o gene al se debe a que, como se io
en el capí ulo 2, la iden idad de « abajado » se desp endía de la noción de
149
Capí ulo 4. La ex ensión de las asociaciones de esis encia
na u aleza humana, la cual a ec aba a odos los indi iduos que abajaban
con independencia de su o icio. Los ejedo es asociados conside a on la
pa icipación de los ope a ios en es a lucha como una oma de conciencia
de es a ealidad pa a ellos e iden e (u obje i a). Los di igen es de la ATB
con iaban en que la ex ensión de las asociaciones ha ía «despe a » a «los
pueblos […] del p o undo le a go, que se le an en en masa con a oda
especie de opelías»98. Los abajado es que no se unían a es a lucha
enunciaban «pa a siemp e a la dignidad de homb es lib es» y a ex ae
de dicha dignidad « odas las consecuencias». Desde es a pe spec i a, los
ob e os que no se asociaban quedaban «emb u ecidos», condenados a « e-
cibi como po limosna el mise able jo nal que al ab ican e le plazca
da os» y a i i bajo «el peso de las cadenas de la más odiosa escla i ud»
pa a mo i «en la mise ia». Así se di igie on los ejedo es asociados de
Olo a los no asociados en 1842:
Si es áis dispues os a pasa po an as humillaciones: si enéis an poco
amo de oso os mismos: si ampoco es imáis a ues as amilias; si en
nada enéis el se lib es después de habe me ecido el nomb e de muy
leales [ í ulo de la illa de Olo ] de endiendo, con las a mas en la mano,
la sac osan a libe ad que nos conceden nues as ins i uciones, si en in y
en una palab a, sois an coba des pa a aguan a an o ul aje; no hay más
que deci lo ancamen e99.
De es e modo, se llegó a supone que el abajado que no se asociaba lo
hacía po «desconoce » sus de echos. Pues, según los ope a ios asociados,
la esis encia su gía del conocimien o de la « e dad» de su condición hu-
mana que se adqui ía a pesa de (o p ecisamen e po ) la op esión labo al.
El di ec o de la ATB a i mó en 1841 que «nues os enemigos c een que
es as e dades [la condición humana de los ope a ios], cuya demos ación
es siemp e e ible pa a noso os, no han llegado a nues o alcance po -
98 Ca a de la ATB a los di ec o es de la ATV, 16/VIII/1842.
99 Pa a es a ci a y las an e io es «Compañe os», El Cons i ucional, 1226, 7/IX/1842. El
comen a io de la de ensa de la libe ad «con las a mas en la mano» e a una alusión a la
pa icipación de los abajado es en la milicia nacional en la gue a con a los ca lis as.

150
Jesús de Felipe Redondo
que a ándonos como escla os, nos han negado la ins ucción que podía
da las a conoce »100.
La idea de que odos los homb es que abajaban e an ciudadanos
p oduc i os do ados de de echos y libe ades na u ales se con i ió así
en un supues o incues ionable, en una e dad na u al y ahis ó ica de la
que se podía deduci que odos los que abajaban manualmen e enían
los mismos in e eses, con independencia del o icio que eje cie an. Como
consecuencia, las di isiones co po a i as que habían dis inguido a los
ope a ios en dis in as comunidades de o icio du an e siglos, haciendo que
su mo ilización colec i a esul a a impensable, se esqueb aja on. Todos
los ope a ios esul aban se « abajado es», homb es p oduc i os do ados
de de echos na u ales, y odos enían el debe de conoce dichos de echos
y lucha pa a p ese a los.
Ello no quie e deci que las di e encias en e o icios (y las iden idades
de o icio) desapa ecie an. Simplemen e, pasa on a un plano secunda io
con espec o a es e nue o supues o undamen al. El análisis de un conoci-
do documen o pos e io si e pa a acla a es a cues ión. En 1856, los hila-
do es asociados de Ba celona a i ma on que an o ellos como los o iciales
e an igualmen e «ob e os» do ados de de echos. Lo que los dis inguía no
e an sus di e en es p o esiones, sino el g ado de op esión en el que i ían
según el dis in o a o que ecibían de los pa onos:
El ob e o a esano, en gene al, compa e su abajo con el maes o;
hay en e ellos elaciones de igualdad, algunas eces, son amigos; su a-
bajo, al ez de más di ícil ejecución que el nues o, iene el alicien e de
la a iedad y el a ac i o de la ap obación de los demás. Nues o abajo
se e i ica bajo opues as condiciones. […] Pa a noso os lejos de se el
ab ican e nues o igual, es el ojo igilan e y espía de nues as acciones:
nunca abajamos bas an e; siemp e descon en o de noso os, no podemos
menos de e en él nues o i ano101.
100 «Mani ies o que el di ec o de la Asociación…», El Cons i ucional, 878, 6/VIII/1841.
101 Con es ación a los ab ican es dada po los ob e os hilado es de algodón como mo i o del emi ido
inse o en el pe iódico «El Cen o Pa lamen a io» del 23 del ac ual, 26/VII/1856. Inse o
en la ca a del cónsul ancés Ba adè e al minis o ancés de asun os ex anje os del
151
Capí ulo 4. La ex ensión de las asociaciones de esis encia
Es e agmen o ha sido ci ado habi ualmen e pa a des aca la di e en-
ciación en e los abajado es ab iles y los ob e os de o icio, así como pa a
sub aya la apa ición de una conciencia de clase que hab ía dis inguido a
los ob e os ab iles de los demás a esanos102. Sin emba go, en él pueden
ap ecia se o as cosas. En p ime luga , que los hilado es es aban ideali-
zando las elaciones en los alle es a esanos, donde las elaciones en e
pa onos y empleados no e an iguali a ias ni lo habían sido nunca. En
segundo luga , si se analiza cuidadosamen e la dis inción que hacen los
hilado es asociados, puede comp oba se que es a se basaba en un supues o
subyacen e undamen al: el de que o iciales y ope a ios indus iales e an
«ob e os». Así, se e i ie on a los abajado es de o icio como «ob e os a -
esanos». En lo que se dis inguían e a en la in ensidad de la explo ación
que expe imen aban. Pe o se a aba de una di e encia de g ado, no de
cualidad. Los hilado es denuncia on que, a di e encia de lo que (ellos
c eían que) ocu ía en los o icios u banos, en las áb icas ex iles el espe o
mu uo que debía o ien a las elaciones en e pa onos y abajado es e a
inexis en e. Pe o si imagina on las elaciones labo ales en los alle es a -
esanos como mejo es que las suyas ue po que supusie on que en ellas se
espe aba la «igualdad» en e ciudadanos. De ahí que su aspi ación ue a
log a que es a igualdad se di undie a ambién en las áb icas ex iles.
Po an o, aunque los ope a ios abajasen en condiciones dis in as,
desde es a pe spec i a e an concebidos como « abajado es» iguales. La
p ensa ob e a de la década de 1850 negó que hubie a di e encias sus ancia-
les en e los ope a ios de di e en es o icios. Si exis ían dis in as p o esiones
e a po que la necesidad social del abajo había di idido a «los homb es en
g upos y en clases» con el único in de acili a la p oducción. Pe o «es as
clases no di ie en en e sí más que en el obje o a que aplican sus ue zas;
y de ninguna mane a exis en en e ellas di e encias esenciales, po que no
28/VI/1855. A chi es du Minis è e des A ai es É angè es (Pa ís). Co espondance
poli ique des consuls: Espagne, ol. 52, olios 263-4 . Rep oducido en Bene y Ma í
1976, ol. II, 403-11.
102 Rome o 2005, 59-60.
152
Jesús de Felipe Redondo
puede se esencial lo que es p oduc o de un acciden e»103. La p o esión se
había con e ido en lo acciden al; el se « abajado » e a lo esencial.
Es o ue lo que condujo a los ejedo es asociados del T ienio P og esis-
a a explica los con lic os en o as amas labo ales po las mismas causas
que a ibuían a los suyos. Pa a ellos, odos los ope a ios, po el me o hecho
de abaja , o maban pa e de las clases ú iles y p oduc i as del Es ado,
y, po an o, debían alia se con a su común op esión de su dignidad hu-
mana. En un mani ies o di igido a la opinión pública, los di igen es de la
ATB a i ma on que los abajado es o maban «una pa e muy esencial del
Es ado». Todos ellos debían conside a se pa e de «una misma amilia»,
y de ahí que debie an uni « odas sus ue zas» pa a echaza «las incul-
paciones e injus icias que les di ijan» y mos a que su «posición social
no es an débil como en o o iempo en que po ue za habían de calla
y suje a se a la ley del cap icho» de los pa onos104. Es o implica que los
ejedo es, al do a de sen ido a las di e en es si uaciones en que i ían y
abajaban los ope a ios a a és de las ca ego ías de na u aleza humana
y abajo, concibie on dichas condiciones como expe iencias equi alen es,
es deci , si uaciones con el mismo signi icado105. De ahí que en 1840 in-
e pela an a odos los abajado es del país pa a que lucha an codo a codo
pa a pone in a dichas expe iencias median e la c eación de asociaciones
que log a ían la de ensa de la condición ciudadana que les a ibuye on de
o ma gene al:
nues o anhelo es que se p opaguen ápidamen e las ideas sociales [de
c eación de asociaciones] po odos los ángulos de la p o incia [de Ba -
celona] y si puede se po oda España, a in de que odos los ciudadanos
puedan de es a sue e hace se ale sus de echos como la ley los concede,
como igualmen e ambién cumpli con sus debe es106.
103 G. M., «De las desigualdades sociales», El Eco de la Clase Ob e a, 11, 14/X/1855.
104 «Al público», El Cons i ucional, 13/VII/1842.
105 Pa a la noción de la equi alencia éase Laclau y Mou e 1987 y Laclau 2007, 53-55.
106 Ca a de la ATB a los di ec o es de la ATV, 1/IV/1842. AMV. Documen os i pape s de
l’ATV.
153
Capí ulo 4. La ex ensión de las asociaciones de esis encia
En la medida en que la iden idad de « abajado » enía un ca ác e uni-
e sal, la lucha po la emancipación de odos los que podían iden i ica se
y se iden i icados de es a mane a a iculó un nue o mo imien o social
cuyo obje i o e a consegui la igualdad en el dis u e de los de echos y
libe ades na u ales. Dicha igualdad solo se log a ía cuando ningún ope-
a io es u ie a some ido a la op esión. Los di ec o es de la ATB a i ma on
que los ejedo es no es aban «con en os con se ellos elices» po habe se
asociado, pues además «quie en que los demás pueblos ambién lo sean
y has a log a lo no es a án con en os»107. Po es a azón, los ejedo es de
la ATB pensa on que ellos y los demás abajado es enían los mismos
de echos e in e eses (aunque no odos los hubie an «descubie o») y no
i ubea on en in oca los pa a que de endie an la libe ad de asociación,
amenazada po las p ohibiciones gube namen ales dic adas con a las so-
ciedades de esis encia ca alanas:
noso os […] es amos apoyados en el de echo na u al [a la asociación] que
nos bas a […]. Espe amos que nues os he manos de la Capi al [Mad id]
y demás pueblos [de España] se án de igual sen ido, y que de ende án
la asociación como de endie on a su iempo la Cons i ución del Es ado;
o eciéndonos noso os unánimemen e a ocupa el si io más pelig oso
[…]108.
Los ejedo es asociados hicie on p opaganda y espalda on la c eación
de asociaciones en o as p o esiones y de o as poblaciones e in en a on
uni las en e sí. Esas campañas se in ensi ica on cuando las au o idades
in en a on p ohibi la ATB. F en e a las ó denes de ilegalización, los
ejedo es edobla on sus es ue zos po incula en un único en e a las
asociaciones que es aban su giendo en Ba celona y Ca aluña. A inales
de 1840 se documen an los p ime os in en os de c ea una «asociación de
abajado es» que ag upa ía odas las sociedades ob e as. El di ec o de la
107 Ca a de la ATB a los di ec o es de la ATV, 16/VIII/1842. AMV. Documen os i pape s de
l’ATV.
108 «Asociación de Tejedo es», El Popula , 278, 3/I/1842.
256
Jesús de Felipe Redondo
muje es», algunos ab ican es comenza on a sus i ui a los hilado es a o-
nes po hilado as y niños y a disminui los sala ios de mane a que es os
co espondie an a las necesidades de indi iduos que no e an «pad es de
amilia». Es a es la azón que explica el es ancamien o de los jo nales de
los hilado es a ones en el decenio de 185027.
Los hilado es asociados se opusie on a es os cambios, pe o de una
o ma que solo se comp ende si se pa e de su iden idad y concepción
del mundo. Dichos ope a ios no nega on las en ajas p oduc i as de la
nue a máquina. Así, no pusie on en cues ión la idea de endida po los
ab ican es y los pe iódicos libe ales de que la sel ac ina bene iciaba el
desa ollo indus ial y, po an o, la p ospe idad de la nación. En julio de
1854, los comisionados de las sociedades de hilado es de Ba celona eco-
nocie on que la sel ac ina cons i uía «un adelan o pa en e pa a la indus ia
algodone a po el aho o de iempo y ue za del homb e». En agos o, los
hilado es asociados de Sallen decla a on es a «bien con encidos» de que
«los adelan os en maquina ia son ú iles y debemos conse a los»28.
Pa a es os abajado es, la cues ión esencial e a o a: adicaba en de-
e mina si una mejo a écnica bene iciaba a odos los indi iduos que
pa icipaban en el desa ollo indus ial o se ía pa a e o za la op esión
de sus de echos. Los hilado es expusie on que el a gumen o de los a-
b ican es de que las sel ac inas p oducían una ob a «más pe ec a» e a
also, pues es as se empleaban pa a p oduci el mismo ipo de hilo que se
ealizaba con las jennies29. Los hilado es asociados de Sallen decla a on
que las sel ac inas hilaban «la misma clase de hilo que ya se hilaba, en
las máquinas mogenis [mule jennies]» con las que «el abajado ganaba
su sus en o y el de su amilia»30. La Sociedad de Hilado es de Ba celona
señaló que es a p ác ica hacía que las supues as en ajas económicas de la
27 La e olución de los sala ios de los hilado es en es e pe iodo en Ga cia Balañà, 320-23.
28 El Cons i ucional, 23, 13/VIII/1854.
29 Dia io de Ba celona, 211, 30/VII/1854. Rep oducido en Bene y Ma í 1976, ol. I,
375-77.
30 El Cons i ucional, 23, 13/VIII/1854. El esc i o es aba i mado po 103 ope a ios a ones
y 8 muje es. Véase Ga cia Balañà, 353.

257
Capí ulo 7. Los con lic os labo ales y las nue as ei indicaciones ob e as
sel ac ina no «compensa an» los «pe juicios e iden es y palpables que de
p on o i ogan a la nume osa clase de hilado es que an es de su es ableci-
mien o se ocupaban en las o as máquinas mogenis», pues la p oducción
del mismo ipo de hilo se saldaba con el despedido de hilado es a ones
y la disminución gene alizada de sus sala ios. Po an o, los hilado es e-
chaza on la nue a máquina po que sus p esun as en ajas no jus i icaban
que los « abajado es» ( a ones) y sus amilias ue an condenados a «un
unes o y neg o po eni »31.
Desde es a pe spec i a, la in oducción de la sel ac ina no se explica-
ba po azones p oduc i as, sino po la «ambición» y el «egoísmo» de los
ab ican es que p e endían consegui mayo es ganancias a cos a de los
de echos de los ob e os. Ya en 1848 los abajado es ex iles de Igualada
denuncia on que «la maquina ia no ha sido buena sino pa a el ab ican e,
cuya iqueza ha ap esu ado, sin que de ello esul ase pa a el abajado
o a cosa que condena sus b azos al ocio»32. Es as p o es as ue on escasas
has a el Bienio, cuando se mul iplica on. En 1854, los hilado es ba ce-
loneses se queja on de que los ab ican es que comp aban las sel ac inas
p e endían aho a se «los b azos del abajado » al iempo que «gana el
99 po cien o al capi al del ab ican e», «haciendo es as o unas ápidas
que Ba celona y la nación en e a han is o ho o izados» y «lanzando a
la mise ia a los pad es de amilia»33. Los hilado es asociados des aca on
que la sel ac ina había pe mi ido iun a al «egoísmo de la mayo pa e
de los ab ican es» que habían despedido a nume osos «pad es de amilia»,
poniendo en su luga niños y muje es que con una mezquindad de sa-
la io les sa is acen, y que [los niños] […] llegando a mayo edad, como
se án mayo es sus necesidades [pues se con e i án en pad es de amilia],
no se á ex año que sean despedidos al pedi aumen o de p ecio, pa a
eemplaza los po o os de meno edad, que con menos sala io pod án
abaja po se menos sus necesidades, quedando en la mise ia y en la
31 Dia io de Ba celona, 211, 30/VII/1854.
32 «Condición de nues os abajado es», La O ganización del T abajo, 9, 29/III/1848.
33 Dia io de Ba celona, 216, 4/VIII/1854.
258
Jesús de Felipe Redondo
desespe ación los que an es ocupaban sus pues os, como ya han quedado
aho a la mayo pa e de los hilado es que abajaban en las máquinas
mogenis […]34.
Pa a los abajado es asociados, había que asegu a que la in oducción
de la nue a máquina no condenaba al abajado a la «nue a se idum-
b e» del «homb e explo ado po el homb e»35. En un esc i o di igido al
gobe nado ci il en ma zo de 1855, los hilado es ba celoneses a i maban
que si bien las sel ac inas e an «un adelan o pa a la indus ia», no podían
«conside a jus o que con él se pe judique a los más [a la mayo ía ob e a]
has a el ex emo de no deja les subsis i , y que odo el adelan o, odo el
bene icio ceda a a o de los dueños, po que u ie on la o una de llega
a se icos»36. Los hilado es concibie on la in oducción de las sel ac inas
como un e ec o del «egoísmo an pa en e» de «esas inmensas o unas
le an adas en cua o años po homb es que la mayo pa e e an unos mise-
ables, y que no emen en sac i ica al abajado a su mayo ganancia». Po
eso ac ua on con a los ab ican es que adqui ían las sel ac inas «mien as
los guíe ese espí i u de egoísmo y ambición de iquezas, sin a ende a la
cosa más sag ada, como es el sala io bien e ibuido del abajado »37.
El obje i o p incipal de sus quejas no e a la in oducción de las sel ac-
inas, sino cómo lle a la a cabo de una mane a que no pe judica a a los
ciudadanos pob es de la nación. La nue a maquina ia debía inco po a se
median e un sis ema que ga an iza a la «a monía» de in e eses de ab i-
can es y abajado es:
La cues ión, pues, […] no es ya sob e la exis encia de las mencionadas
máquinas: uncionen enho abuena, pe o concíliense al p opio iempo los
ecíp ocos in e eses de ab ican es y abajado es; íjese al abajo una
e ibución modes a pe o que alcance a cub i nues as absolu as necesi-
34 El Cons i ucional, 23, 13/VIII/1854.
35 M. G. M., «De la asociación, II», El Eco de la Clase Ob e a, 19, 16/XII/1855.
36 «Excmo. S .: Pablo Balague …», El Cons i ucional, 237, 16/III/1855.
37 Pa a es a ci a y la an e io , El Cons i ucional, 23, 13/VIII/1854.
259
Capí ulo 7. Los con lic os labo ales y las nue as ei indicaciones ob e as
dades sin de imen o de las ganancias que exigen los capi ales in e idos;
con én ese los ab ican es con un luc o azonable, ya que los ob e os se
con o man con lo más p eciso; y he aquí el solo medio a p opósi o pa a
que bo ando in e e adas eye as, o memos odos una g an amilia38.
De odo ello se deduce que los hilado es expe imen a on la u ilización
de las nue as máquinas como una nue a si uación de explo ación de sus
de echos na u ales. Fue su iden idad de ciudadanos y homb es lib es e
iguales en de echos la que los condujo a in e p e a de es a o ma conc e a
los cambios en las elaciones de p oducción, y ambién a ac ua en conse-
cuencia. En el con ex o de las e uel as u banas en apoyo a la Re olución
de 1854, las asociaciones de hilado es ba celoneses pidie on la limi ación
del uso de las sel ac inas a pa onos y au o idades. Lo solici a on a los
pa onos po que, en la medida en que pe cibían las elaciones labo ales
como elaciones en e ciudadanos cuyos in e eses pa icula es debían su-
bo dina se al bien de la comunidad, pensaban que los ab ican es enían
la obligación de espe a sus de echos y deja de u iliza sus sel ac inas o
econ e i las en mule jennies. Los abajado es a i maban econoce que la
limi ación o ans o mación de las sel ac inas pe judicaba el in e és de los
ab ican es de ob ene más ganancias, pe o, pa a aquellos, es e pe juicio
e a líci o po que e i aba un mal mayo . Al inu iliza las sel ac inas, los
pa onos acili a ían «el alimen o a los pad es de amilia, cuyos b azos
habían dejado inac i os, y sin ninguna espe anza po de p on o pa a se
debidamen e empleados en o as indus ias análogas». Los hilado es con-
side a on la sa is acción de es a demanda como el c i e io pa a di e encia
a los ab ican es «egoís as» y «explo ado es» de los «hon ados» que se
in e esaban po el bienes a de sus conciudadanos, y en sus esc i os conde-
na on a los p ime os y ensalza on a los segundos, ci ando sus nomb es39.
Asimismo, los hilado es pidie on a las au o idades la inu ilización de
las sel ac inas po que, desde su pun o de is a, es as debían hace compa-
ibles los «adelan os indus iales» con el bienes a de odos los ciudadanos,
38 Ibíd.
39 Dia io de Ba celona, 211, 30/VII/1854.
260
Jesús de Felipe Redondo
pe mi iendo «asegu a el sus en o de la clase» de hilado es40. Po ello,
demanda on al capi án gene al «la p ohibición de las in e nales máquinas
sel ac inas que ya les ha dejado sin o icio y sin medios pa a pode gana
hon adamen e su subsis encia y la de su amilia»41. Acompañando a es as
pe iciones, desde el 14 de julio de 1854 se p oduje on ocasionales ac os de
des ucción de máquinas e ins alaciones y los hilado es asociados ealiza-
on un abandono colec i o de áb icas de a ias semanas42.
Los hilado es no e an los p ime os ope a ios que se en en aban al
pelig o de despidos masi os y su sus i ución po ope a ias y niños, pe o
su conduc a se di e encia adicalmen e de o os casos acon ecidos en años
an e io es. Véase, a es e espec o, el ejemplo de los ciga e os se illanos
en e las décadas de 1810 y 1830. En el An iguo Régimen, los ciga e os
a ones se habían ocupado de la manu ac u a del abaco en la Fáb ica Real
de Se illa. Cuando dicha áb ica eab ió sus pue as en 1813, as la gue a
con a los anceses, se con a a on las p ime as ciga e as. El Gobie no
lo jus i icó con el a gumen o ilus ado de que e a necesa io acionaliza el
uso de la mano de ob a pa a ecupe a la economía del país, des inando
a las muje es a los abajos más sencillos y seden a ios y a los homb es a
labo es más complejas y du as.
Las con a aciones de ciga e as aumen a on en los años pos e io es.
En el decenio de 1830, la mayo ía de los ope a ios es aba compues a po
muje es. Miles de an iguos ciga e os a ones, que no ol ie on a se
con a ados, p o agoniza on en onces di e sas e uel as. Los ciga e os
ele a on una exposición al ey a gumen ando que el obje i o de con a a
a muje es pa a «deja los b azos obus os de los homb es expedi os pa a la
Ag icul u a y o as A es» había enido sen ido en el con ex o de la «de-
as ación que había su ido la Península po la in asión de las opas de
Buonapa e [sic]». Sin emba go, en la década de 1830 «aquellas ci cuns-
40 Ibíd.
41 Dia io de Ba celona, 216, 4/VIII/1854.
42 Los ejedo es de ela es mecánicos ol ie on al abajo poco después del 14 de julio as
log a el aumen o de sus sala ios y la o mación de comisiones mix as. Véase Bene y
Ma í 1976, ol. I, 374.
261
Capí ulo 7. Los con lic os labo ales y las nue as ei indicaciones ob e as
ancias han desapa ecido, y es segu o que hoy abundan más los homb es
ap os pa a el abajo, que el abajo mismo». Además, a i ma on que si las
ciga e as ealizaban una labo «más bien acabada y pe ec a que la de los
homb es», como de endía el Gobie no, se debía a que se les p opo cionaba
las mejo es ma e ias p imas, «p incipalmen e de los Tabacos supe io es»,
mien as que «de odo se p i a a los homb es»43.
La noción que undamen aba las p o es as de los ciga e os a ones
e a su iden i icación como indi iduos del «sexo ue e». Es deci , pa ían
de la noción ilus ada que elacionaba al abajo con el es ue zo ísico y
a es e con una capacidad masculina. Desde su pun o de is a, las ob e as
debían ocupa se «del a eglo domés ico» y «las labo es a que pa ece es as
des inada an a delicadeza de su sexo», mien as que los homb es enían
que ocupa se en «aquellas o as clases de abajo en que deben emplea su
sudo », en e las que incluían la manu ac u a del abaco44.
Pa ece, po an o, que los hilado es asociados compa ían con los ci-
ga e os la idea de que el abajo in enso en é minos de ue za ísica e a
una ac i idad masculina. A es e espec o, en las décadas cen ales del siglo
xix los hilado es a ones se negaban a enseña a las muje es a abaja con
las sel ac inas, a gumen ando que el empleo de la mano de ob a emenina
conlle a ía el empob ecimien o de la calidad del p oduc o inal y la uina
de la indus ia45. Aunque, po o o lado, en es e pun o se cons a a una
di e encia c ucial: los ciga e os admi ían que el abajo de las ciga e as
podía se de igual calidad que el de ellos si se les p opo cionaba la ma e ia
p ima adecuada. Desde la pe spec i a de la di e encia sexual po la o a-
leza ísica, los ciga e os llega on a acep a que la elabo ación de ciga os
podía se ealizada po muje es. Los hilado es, po su pa e, a i maban
o a cosa: que la ac i idad labo al en sí misma e a una ac i idad masculina.
Pa a ellos, no se a aba de que exis ie an o icios de muje es y de homb es,
sino de que el abajo e a esencialmen e una p ác ica masculina. Y que,
43 Documen o ep oducido sin e e encia de uen e en Gál ez 2000, 72-73.
44 Ibíd.
45 Iza d 1973, 79; Ga cia Balañà 2004, 41 y ss.

262
Jesús de Felipe Redondo
po an o, los hilado es a ones abajaban mejo que las hilado as po el
me o hecho de se «homb es».
En es echa elación con es a cues ión se cons a a o a di e encia con
los ciga e os: los hilado es se concebían como «pad es de amilia» do a-
dos del de echo na u al de abaja pa a sa is ace las necesidades p opias
y de sus amilia es, y los ciga e os no. Ello explica sus dis in os compo -
amien os. Cuando las e uel as de los ciga e os acasa on y sus pe icio-
nes a la Co ona no ob u ie on esul ado, la mayo ía de ellos abandonó el
o icio o se dedicó a abaja pa a el con abando46. El in de su abajo
no los condujo a c ea asociaciones de esis encia, sino a emig a , abaja
clandes inamen e o ap ende un nue o o icio. Pe o en la medida en que
los hilado es concibie on sus despidos como a en ados a sus de echos na-
u ales, no cesa on de lucha y c ea on asociaciones. Los hilado es es aban
« i memen e pe suadidos» de que «el público de es a capi al [Ba celona] y
la nación en e a» se con ence ían de
las azones, undamen o y jus icia que nos han asis ido y nos asis en pa a
se ampa ados y p o egidos en nues os de echos que son p incipalmen e
el se a endidos en nues o abajo, que es el único pa imonio con que
con amos pa a alimen a nos hones amen e con nues as amilias47.
Los hilado es asociados, en e los que se incluían hilado as que com-
pa ían el obje i o de las luchas de los ope a ios a ones, consiguie on
ena la in oducción de sel ac inas y obliga a los ab ican es a ne-
gocia con ellos. En julio de 1854 cons a a on que algunos dueños se
habían ap esu ado «a inu iliza el mo imien o p opio y mecánico de las
[sel ac inas] pa a que quedasen así con e idas en mogenis y pudiesen
ene empleo en sus unciones los mismos b azos que an es les daban
46 Algunos ciga e os se einco po a on a la áb ica, pe o cob ando los mismos sala ios que
las ciga e as (que e an in e io es a los que ellos habían cob ado con an e io idad). A
pa i de la década de 1830 no se con a a on más ciga e os. Gál ez 2000, 74.
47 «S . edac o …», Dia io de Ba celona, 30/VII/1854.
263
Capí ulo 7. Los con lic os labo ales y las nue as ei indicaciones ob e as
mo imien o»48. A inales de ese mes consiguie on que el capi án gene al
de Ca aluña p ohibie a las sel ac inas, quien jus i icó la medida a gu-
yendo que « a ios ab ican es, conociendo los pe juicios y calamidades»
que conlle aba la sel ac ina pa a la clase ob e a, «de p opia olun ad y
sin exci ación alguna, se decidie on a oma es e pa ido»49. Pa ece que
muchos ab ican es es aban dispues os a cede a las demandas ob e as
a cambio de una mayo es abilidad labo al. En agos o de 1854, los a-
b ican es aco da on con los ob e os no emplea sel ac inas y aumen a
el sala io50.
Poco después, las sel ac inas ol ie on a emplea se, pe o es a ez su
in oducción y uso se eguló median e acue dos en e ab ican es y aso-
ciaciones ob e as. En no iemb e de 1854 ab ican es y sociedades de hila-
do es pac a on la u ilización de las nue as máquinas an es incluso de que
el Gobie no e oca a la p ohibición del capi án gene al en 1855. Los ope-
a ios asociados consiguie on que la sel ac ina se dedica a a la p oducción
exclusi a de de e minados hilos que no podían ealiza se con las jennies
e, incluso, consiguie on que los abajado es a ones ue an con a ados
pa a abaja con las sel ac inas cob ando sala ios supe io es51. En los años
siguien es, los hilado es a ones con inua on abajando con sel ac inasy
su abajo adqui ió un cie o alo de cuali icación labo al. A inales del
siglo xix es as máquinas se ese aban pa a los hilado es a ones que
ganaban sala ios más ele ados que las hilado as de máquinas con inuas
( ing ames)52.
Los his o iado es han explicado la p ohibición de las sel ac inas como
un in en o del capi án gene al La Rocha de sua iza los con lic os labo-
48 Ibíd.
49 Dia io de Ba celona, 211, 30/VII/1854.
50 Bene y Ma í 1976, ol. I, 358-59, 487-93.
51 Uno de los acue dos colec i os i mados en 1855 limi ó el uso de las sel ac inas a la p o-
ducción de los hilos más inos (y mejo pagados) sin que ello conlle a a el despido de los
hilado es a ones. Véase «Excmo. S .: Pablo Balague ».
52 Balcells 1972, 156.
264
Jesús de Felipe Redondo
ales que debili aban su au o idad as la Re olución de 185453. Aunque
es o hubie a sido así, La Rocha no hubie a a endido las demandas ob e as
si es as no es u ie an basadas en la noción libe al de que las ins i uciones
públicas debían ga an iza el bienes a y los de echos de los ciudadanos.
Los hilado es log a on el espaldo de las au o idades y de una pa e de
los ab ican es no solo po una cues ión coyun u al, sino po que sus de-
mandas se undamen aban en los mismos supues os que legi imaban la
o ganización polí ica y labo al en el égimen libe al. Es o hizo que sus
ei indicaciones ue an enidas en cuen a, deba idas e incluso acep adas
po au o idades y ab ican es como cohe en es y compa ibles con dicho
égimen. Po an o, abajado es, au o idades y ab ican es no hablaban
«lenguajes dis in os» que «co espondían a las espec i as men alidades
e in e eses» de las dis in as clases sociales, como in e p e a on Bene y
Ma í, sino que compa ían un mismo discu so, es deci , unos mismos
supues os ace ca del mundo y la o ganización de las elaciones humanas54.
Es e discu so compa ido explica ambién que los hilado es asociados,
jun o a o os ob e os, se di igie an a la opinión pública a a és de la p en-
sa, con inuando con una p ác ica que habían comenzado con el su gimien-
o de las asociaciones de esis encia quince años an es. Los in es igado es
han señalado como un asgo de a caísmo (cuando no de ingenuidad) el
que los ob e os c eye an que podían in lui en la opinión pública pa a que
es a obliga a a las au o idades a esol e sus di icul ades, aunque no han
explicado qué los lle ó a sus en a al c eencia55. La apelación a la opinión
pública e a o a consecuencia de la aplicación de la concepción libe al del
mundo de es os abajado es, según la cual dicha opinión pública desem-
peñaba un papel esencial como exp esión de los in e eses de la nación,
conside ados el undamen o úl imo de la o ganización polí ica. Como se
ha is o en o os capí ulos, el que los de echos indi iduales no es u ie an
ga an izados en los cen os de abajo po las ins i uciones sociales se
53 Bene y Ma í 1976, ol. I, 374-77.
54 Ibíd., 418. Pa a la noción de discu so compa ido éase Cab e a 2008.
55 Véase, po ejemplo, Bene y Ma í 1976, ol. I, 375, 381, 406 y 493.
265
Capí ulo 7. Los con lic os labo ales y las nue as ei indicaciones ob e as
con i ió pa a los ope a ios en un asun o de in e és público que obligaba
a las au o idades a ac ua . Es e ue el supues o que lle ó a las asociaciones
ob e as ca alanas a publica mani ies os di igidos «al público» pa a que
econocie a la «injus icia» de su si uación56.
III. La Lucha po La IjacIón y La LImI acIón de La jo nada Labo aL
En la década de 1850, las asociaciones de hilado es y ejedo es de e-
la es mecánicos o mula on una nue a demanda: la ijación y la educción
de la jo nada labo al. Habi ualmen e, es a ei indicación se ha in e p e-
ado como la espues a más lógica an e la in ensi icación del abajo y el
ala gamien o de la jo nada labo al que se p oduje on en las p o esiones
indus iales a aíz de la p og esi a inco po ación de las máquinas a a-
po 57. Desde 1840, los hilado es asociados se habían quejado de que «las
máquinas de apo apenas dejan iempo in e medio pa a el descanso,
con o me lo acili an las demás»58. Sin emba go, es os abajado es no pi-
die on que se eduje a su jo nada labo al, solo que se espe a an sus ho as
de ecupe ación y alimen o.
La demanda ob e a de ija , p ime o, y educi , después, las la gas (de
más de 12 ho as) e in ensas jo nadas labo ales solo apa eció en la década
de 1850 y se e lejó en las negociaciones colec i as con los pa onos59. En
oc ub e de 1854, los ep esen an es de ab ican es e hilado es de Ba celona
aco da on la jo nada de 12 ho as y es ablecie on las ho as de comida y
56 Po ci a un caso en e muchos, éase «La clase de hilado es de algodón al público»,
LaAsociación, 96, 25/VI/1856. Los p ime os esc i os de ob e os en la p ensa denunciando
sus di icul ades y con lic os labo ales da an de 1836, mul iplicándose desde 1840.
57 Pa a es as cues iones éase Ga cia Balañà 2004 y Reddy 1984.
58 Ca a de B. Bel an y Ramón Me cade , comisionados hilado es, 14/X/1840. A chi o Muni-
cipal Adminis a i o de Ba celona. Comisión especial pa a a ende a las eclamaciones de
los jo nale os de las áb icas. Go e nació, sè ie A, exp. 1115. Ci ado en Ga cia Balañà
2004, 275.
59 Véase, po ejemplo, «Discu so p onunciado…», El Eco de la Clase Ob e a, 18, 9/XII/1855;
«Apun es pa a el p oyec o de ley…», El Eco de la Clase Ob e a, 3, 19/VIII/1855; «A los
ope a ios»; S., «A monía en e el capi al y el abajo, II», El Eco de la Clase Ob e a, 2,
12/VIII/1855.
272
Jesús de Felipe Redondo
17 ab ican es de hilo ba celoneses exigie on a sus ob e os abaja media
ho a más el sábado de las semanas en las que había algún día es i o,
dejando las labo es de limpieza de la maquina ia (que ambién ocupaban
ap oximadamen e media ho a) pa a después del abajo. Los hilado es
asociados denuncia on es a exigencia como una up u a de los comp omi-
sos alcanzados en las negociaciones colec i as de inales de 1854, en donde
se había ijado 69 ho as de abajo semanal. Los abajado es se queja on
de que los pa onos les imponían es a nue a condición po que que ían
en abiliza el sala io que pagaban a o os ob e os que, a di e encia de los
hilado es, e an con a ados a jo nal:
[…] los 17 ab ican es quie en que en las semanas que po azón de una
ies a no hay más que cinco días labo ales se abaje media ho a más en el
día del sábado; mas ¿po qué no las 12 ho as que al an, si el comp omiso
es de 69? Ya que po azón de un día es i o de más en la semana no
pueden abaja se las 69 ho as ¿po qué 57 y ½ en luga de 57? El po qué
es á en que pa a los ab ican es media ho a más de abajo equi ale a un
aumen o de iqueza, p oducida po la ganancia que le da la explo ación
del hilado a des ajo, y del bene icio que le esul a de pe cibi sin cos a le
nada el p oduc o de los ope a ios y demás empleados que es án a jo nal
po un sala io es ipulado. Al in de año es os g anos o man un mon ón80.
La Sociedad de Hilado es de Ba celona denunció, además, que algunos
ab ican es se habían ap o echado de la abolición de los con enios colec i-
os a mediados de 1855 pa a obliga a los ope a ios a abaja 3 ho as más
de las con enidas. En espues a a es a si uación, los hilado es asociados
abandona on los alle es y se inició un inédi o in e cambio de decla a-
ciones y con es aciones en e ob e os y ab ican es a a és de la p ensa.
Ambos bandos pugnaban po a ae se el apoyo de la opinión pública. Los
ab ican es llama on « agos» a los hilado es que no que ían abaja más
ho as. Según ellos, los «a esanos» de o os o icios se cong a ulaban po
ene abajo du an e el in de semana con el que gana un sala io supe-
80 Con es ación a los ab ican es.

273
Capí ulo 7. Los con lic os labo ales y las nue as ei indicaciones ob e as
io 81. Los hilado es a guye on que su nega i a a abaja no se debía a su
agancia, sino a que el abajo acababa con ellos « ísica y mo almen e»:
No compa éis nues o abajo con el de la gene alidad de los a esanos,
po que [el de es os] ni es an monó ono, ni an pesado, ni se e i ica bajo
unas condiciones an poco higiénicas y an epugnan es como el nues o.
Nues o abajo nos acaba ísica y mo almen e. […] Me idos en g andes
cuad as donde impe a una se e a disciplina, pa ecemos un ebaño de es-
cla os suje os a la a a del seño ; colocados jun o a las máquinas, somos
se ido es de es as; desde las cinco de la mañana has a las sie e y ½ de la
a de siemp e hacemos lo mismo82.
Los hilado es asociados se e i ie on a los ab ican es que imponían
jo nadas la gas de la misma mane a como lo hacían de los que educían
el jo nal o imponían el uso de las sel ac inas sin negocia con los abaja-
do es, es deci , como indi iduos «codiciosos» y sin conciencia, «sedien os
de luc o» y « al os de odo sen imien o humano». Según es os ob e os, el
único obje i o de es os ab ican es e a «en iquece se en pocos años» a cos-
a de los de echos y la salud de los abajado es. De es e modo, el aumen o
de la jo nada labo al se equipa ó a la educción sala ial como expe iencia
de explo ación83. De ahí que la lucha po limi a la jo nada se incula a a
la de ensa de la «dignidad humana» de los abajado es:
Nos esis imos a esa exigencia, po que conocemos a los ab ican es:
po que a es a media ho a segui ía o a media, y o a; y se end ían des-
pués exigencias de o o géne o, has a educi nos a la is e condición de
los ob e os de cie os pun os de Ca aluña en que se abaja de 14 a 15
ho as dia ias y se due me en los mismos alle es […]. El ab ican e es
insaciable, lo de o a odo, pasa po encima de lo más sag ado: poco le im-
81 «¡Cuán os y cuán os son los a esanos en sus dis in os o icios que se ienen po muy elices
cuando el abajo del sábado les alcanza has a la mi ad de la noche, y al ez has a la ma-
ñana del domingo! Po que saben que cuan o más abajan más ganan» («A con inuación
inse amos…», Re is a Indus ial, 27, 3/VII/1856).
82 Con es ación a los ab ican es.
83 «La clase de hilado es de algodón al público».
274
Jesús de Felipe Redondo
po a que los ob e os mue an a igados, ¡siemp e encuen a desg aciados
que ocupan las acan es de los que mue en abajando!
Desde es a pe spec i a, media ho a más de abajo suponía un in o-
le able desgas e de las « acul ades na u ales» del ope a io del que solo se
bene iciaba el ab ican e:
doce ho as abajamos po día, sin egua, ni descanso, gas ando en de-
masía nues as ue zas, y en la pe spec i a de una ejez p ema u a. Doce
ho as la gas como el ma i io, y po eso nos esis imos a media ho a de
abajo, siquie a se nos pague. Nos esis imos, po que sen imos en el alma
que a cos a de nues as a igas se en iquezca el ab ican e84.
Po an o, la expe imen ación de las la gas jo nadas labo ales como
«explo ación» no de i ó de su du ación en sí, sino que ue el p oduc o de
una cons ucción discu si a e his ó ica. Los abajado es que concibie on
el mundo y a sí mismos a pa i de la ca ego ía de na u aleza humana
comenza on a en en a se a los mismos p oblemas que deba ían los in-
elec uales libe ales de di e sa índole, a segui sus discusiones y a aplica
los a gumen os que se gene aban en ellos a sus p opias si uaciones, lo que
p odujo nue as luchas. Es as luchas no e an un esul ado no p e is o ni
que ido po los higienis as y economis as sociales, pe o, a pesa de ello, se
desp endía de los concep os que ellos mismos u ilizaban en sus deba es y
se ab ía cuando los ope a ios los empleaban pa a concebi sus si uaciones.
I . La hIgIene en Los aLLe es y eL abajo In an IL
La inco po ación de es a noción de salud ajo consigo la apa ición de
o as dos demandas ob e as que, aunque u ie on una impo ancia secun-
da ia en su p og ama ei indica i o, es necesa io explica , pues adqui ie on
una mayo impo ancia en las décadas siguien es: la p ese ación de las
condiciones higiénicas y la limi ación del abajo in an il en las áb icas.
84 Pa a es a ci a y la an e io , Con es ación a los ab ican es.
275
Capí ulo 7. Los con lic os labo ales y las nue as ei indicaciones ob e as
De mane a simila a como ocu ió con la jo nada labo al, donde p i-
me o se solici a on es as cues iones ue en los esc i os higienis as de
inales de la década de 1840. Los higienis as p e endían mo aliza a los
abajado es ac uando sob e el en o no labo al, p ohibiendo o modi i-
cando las condiciones de abajo que podían po encia sus icios y malos
hábi os. Al explica la pob eza de los abajado es como una consecuencia
del icio y la inmo alidad, es os analis as se cen a on en sus condiciones
de ida y abajo pa a e adica las «insanas» cos umb es. Así, comenza on
a pedi a los ab ican es que dispusie an de un luga de abajo limpio y
en ilado que pe mi ie a e i a los e ec os noci os pa a la salud de i ados
de las condiciones de abajo, como las al as empe a u as, los apo esy
la impu eza del ai e. Además, les pidie on que ela an po que sus em-
pleados no u iliza an un lenguaje soez, po sepa a a los abajado es
po sexos, po e i a que los niños empleados es u iesen en con ac o con
adul os que no ue an de su amilia, e cé e a85. Pa a algunos higienis as,
como Monlau, el Es ado podía inspecciona los alle es y ga an iza sus
óp imas condiciones higiénicas86. Las p opues as higienis as eje cie on
una cie a in luencia en el Gobie no del Bienio P og esis a. El a ículo
12.º del P oyec o de Ley sob e indus ia manu ac u e a dispuso que los
es ablecimien os indus iales u ie an la obligación de espe a unas «con-
diciones de capacidad y salub idad» mínimas.
Las sociedades ob e as ca alanas ap oba on con sa is acción dicho
a ículo. De hecho, ue de las pocas cosas que alaba on del P oyec o87.
Ello se debe a que a mediados de 1855 es as o ganizaciones habían
comenzado a queja se de las condiciones «insalub es» de abajo po
conside a las pe judiciales pa a sus idas. Aho a bien, y como ocu ió
85 Sala ich 1858, 209. En 1856, el pe iodis a conse ado Juan Mañé y Flaque esc ibió
que pa a acaba con la «cues ión ob e a» e a necesa io e i a «amon ona sexos y edades
en las áb icas», con ibuyendo así su «mo alización». Mañé y Flaque , Juan, Colección
de A ículos, Ba celona, a ículo de no iemb e de 1856 publicado en El C i e io, 452-53.
Ci ado en Bene y Ma í 1976, ol. I, 201-02.
86 Monlau 1858, 71.
87 Mola y Alsina 1855, 15.
276
Jesús de Felipe Redondo
con la disminución de la jo nada, los abajado es inco po a on las ideas
higienis as pa iendo de su iden idad e in e eses de ciudadanos hon a-
dos, cuya pob eza no e a el esul ado de su inmo alidad (como de endían
los higienis as), sino de su op esión a manos de los ab ican es. Po es a
azón, los abajado es expe imen a on la insalub idad como una si ua-
ción de explo ación causada po el desin e és de los pa onos en p o-
po ciona les un abajo digno. En El Eco de la Clase Ob e a se denunció
a los pa onos con alle es en malas condiciones po a en a con a la
«condición humana» de los ob e os88.
Los abajado es asociados ag ega on es a demanda a su p og ama
con a la op esión, el cual se iba ampliando a medida que más si uaciones
iban concibiéndose de es a mane a. En el mani ies o de mayo de 1855 que
di igie on las asociaciones ob e as ca alanas al Gobie no en de ensa de su
de echo a la asociación pidie on ambién «salud pa a el cue po y anqui-
lidad pa a el e ible mañana inmedia o, con la ijación de un máximo de
ho as de abajo [e] inspección higiénica de los locales de los alle es»89.
Jun o a odo ello, los abajado es asociados comenza on a pedi «más
salud y más in eligencia pa a el u u o abajo en los hijos de los ob e os»
median e la «p ohibición de que abajen en los alle es an es de los diez
años de edad»90. En asun os como es e se ap ecia la g an ans o mación
que es aba p oduciéndose en la concepción del mundo de es os abaja-
do es. El abajo de jó enes y niños no e a nue o a mediados del siglo
xix. En las áb icas ex iles del siglo x iii, los niños cons i uían el 25%
de los ope a ios, una p opo ción que no disminuyó en el siglo siguien e91.
Los pa onos no e an los únicos esponsables de es a si uación. Téngase
en cuen a que, en los alle es y las áb icas ex iles, los niños e an con a-
ados en calidad de ayudan es y peones po los p opios ope a ios adul os
88 Los edac o es del pe iódico ob e o con iaban en que caye a «el igo de la ley y la mal-
dición de la humanidad en e a» sob e los ab ican es que a en aban de es a mane a con a
la salud de sus ope a ios («Apun es pa a el p oyec o de ley»).
89 T esse a 1855, 30-33.
90 Ibíd.
91 Thomson 1990, 175-76.
277
Capí ulo 7. Los con lic os labo ales y las nue as ei indicaciones ob e as
que, en muchas ocasiones, e an sus p opios pad es o amilia es. En 1869,
Pi y Ma gall esc ibió que la causa del abajo in an il adicaba an o en
el egoísmo de los ab ican es como en el de muchos abajado es que
e an «pad es an desna u alizados, an al amen e c iminales, que po el
egoísmo de unos cuan os eales a la semana especulan con su amilia»92.
En 1897, el médico Emili Bo é i Piqué denunció que, en e las «malas
cos umb es» de los hilado es de Sallen , des acaba la de da abajo a sus
hijos y o os niños como meche os y anudado es93.
Es a p ác ica se explica po que el abajo de los niños se concebía de
o ma posi i a has a mediados del siglo xix. En 1841, el Ins i u o Indus-
ial de España es imaba el abajo de los niños de 5 a 15 años como muy
«p o echoso» y «p oduc i o» pa a «el es ado en gene al y pa a el indi iduo
en pa icula », pues pe mi ía a es os con ibui al man enimien o de su
amilia y o ma se en los buenos alo es del abajo. En su in o me, el Ins-
i u o sub ayaba con sa is acción que, en los pueblos indus iales, los niños
comenza an a adies a se en un o icio a una edad emp ana, con lo que se
e i aba que los pad es los abandona an o los obliga an a eje ce la mendi-
cidad94. Recué dese que la p ác ica del abajo e a concebida en es os años
como la mejo ga an ía con a la inmo alidad pública. De ahí que ue a
conside ada bene iciosa pa a los niños, a quienes ampoco se concebía des-
de una pe spec i a simila a la ac ual, es deci , como humanos en p oceso
de c ecimien o y o mación que necesi an de un a amien o pa icula .
A inales del decenio de 1840, en di e sas ob as in luidas po las nue as
esis higienis as comenzó a denuncia se el abajo in an il como uno de
los ac o es causan es de la «degene ación» de la sociedad95. En 1848, un
92 P[i] M[a gall] 1869, 9-10.
93 Bo é i Piqué, Emili, «Topog a ía médica de Sallen », L’Espa e , 83, 1989 [Ba celona,
1897]. Ci ado en Ga cia Balañà 2004, 414.
94 «Dic amen de la Comisión del Ins i u o Indus ial de España» al P oyec o de p opagación
1841, 6.
95 La pe ición de limi ación del abajo in an il apa eció en los esc i os de los higienis as
y los economis as sociales españoles an es que en los esc i os ob e os, como ocu ió en
F ancia. Véase Reddy 1984, 169-71.

278
Jesús de Felipe Redondo
desconocido «J. G. B.» esc ibió que e a necesa io pone a los niños «bajo
el ampa o de las leyes y de los magis ados pa a lib a les de un exceso de
a iga y de abajo». Según el au o , la legislación sob e el abajo in an il
había sido echazada en el pasado, pues en onces los niños abajaban en
del en o no amilia , «a la is a de los pad es». Pe o con la «in oducción
de cie as a es y sob e odo desde la in ención de las máquinas en que
hay an os niños empleados» y alejados de la supe isión de sus pad es,
se hacía necesa io ga an iza la salud y el desa ollo mo al de las jó enes
gene aciones. Es a idea e a la base de la p opues a higienis a de que el Go-
bie no debía limi a el abajo in an il (y, po an o, in e eni en las ela-
ciones amilia es, ámbi o p i ado po excelencia) en in e és de la sociedad:
La imp e isión de los pad es y la a idez de los amos no ienen de e-
cho a condena le [al niño] a una comple a igno ancia comp ome iendo su
po eni . Si la pa e nidad iene de echo sob e los hijos, la sociedad lo iene
ambién; es e de echo es p ese a al homb e del más c uel azo e que le
puede a ligi : el emb u ecimien o in elec ual y mo al96.
De mane a simila a como se ha is o en el caso de o as demandas,
pa a la mayo ía de los higienis as el abajo in an il e a el esul ado de
la desmo alización de los ope a ios adul os. Según Monlau, la «codicia»
de los abajado es pob es hacía que es os se ap o echa an de sus p opios
hijos, imponiéndoles un abajo «desp opo cionado» pa a sus ue zas. Los
higienis as se di igie on a los ab ican es y las au o idades (no a los ob e-
os, obje os pasi os de sus planes de e o ma) pa a que pusie an in a es a
conduc a inmo al y p opo ciona an una ins ucción mínima a las nue as
gene aciones97.
Nue amen e, los abajado es compa ie on la c í ica al abajo in an il,
pe o la explica on de o a mane a. En la medida en que se concibie on
como ciudadanos hon ados, los ope a ios asociados conside a on que si
sus hijos abajaban e a po que los ab ican es que ían con a a los po ba-
96 J. G. B. 1848, 58-59.
97 Monlau 1856, 91-92 y 100-01.
279
Capí ulo 7. Los con lic os labo ales y las nue as ei indicaciones ob e as
jos sala ios pa a ealiza labo es de adul os y aho a se así una pa e de su
dine o, aunque eso conlle a a la de o mación ísica y mo al de las u u as
gene aciones de p oduc o es. Desde es a pe spec i a, la culpa no e a de los
ope a ios, sino de los ab ican es inmo ales. De es a mane a lo expusie on
los comisionados ob e os ca alanes en sus Obse aciones al P oyec o de ley
sob e indus ia manu ac u e a:
Se abusa de los niños, se los sac i ica a abajos p ema u os. Se impide
el desa ollo de sus ue zas y el de su in eligencia. Apa ecen así en el
ea o de la ida social gene aciones cada ez más emb u ecidas y aquí-
icas. Con es o los in e eses del abajo su en. Su e la mo alidad. Su e
el p og eso ma e ial e in elec ual de las naciones. […] ¿Cuándo es án, sin
emba go, más asediados po en e medades de mue e? ¿Cuándo son más
suscep ibles de adqui i esos conocimien os que hacen del homb e un
ciudadano ú il pa a el Es ado, un pad e ú il pa a su amilia y un agen e
ú il pa a los adelan os de las a es?98
Puede obse a se que es a denuncia conlle aba una di icul ad pa a la
imagen de ciudadanos hon ados con la que se p esen aban los abajado es
asociados, pues e an muchos de es os ciudadanos los que en iaban a sus
hijos a los alle es. De ahí que empeza an a plan ea se que no bas aba
con p ohibi a los ab ican es con a a a los jó enes. E a p eciso, además,
e i a que los abajado es los manda an a abaja o incluso los con a-
a an en las áb icas. En mayo de 1855, las sociedades ob e as ca alanas
solici a on al Gobie no que p ohibie a a los pad es de los niños que
les pongan a abaja an es de la edad de diez años, ya que se e i a ían de
es e modo las ha o ecuen es desg acias de su debilidad e inexpe iencia
en sus alle es, log a ían mejo desa ollo ísico, y pod ían ap o echa las
escuelas indus iales, o eciendo pa a el po eni más y mejo p oduc o
en igualdad de iempo99.
98 Mola y Alsina 1855, 10.
99 T esse a 1855, 30-33.
280
Jesús de Felipe Redondo
Los abajado es asociados explica on es e compo amien o no an o
po su a ibuida «a a icia», sino po su explo ación. Si los abajado es
en iaban a sus hijos a abaja en las áb icas se debía a que sus sala ios
e an insu icien es pa a man ene los en sus casas. Como esc ibie on los
comisionados ob e os ca alanes en Mad id en 1855, si había «pad es que
ma e ialmen e inmolan a sus niños» no solo lo hacían «en a as de la codi-
cia», sino ambién, y sob e odo, «de la necesidad»100. Pa a es os ob e os,
la explo ación les impedía eje ce su papel de «pad es de amilia». Los e-
p esen an es de las asociaciones ob e as de Ba celona expusie on en mayo
de 1855 que los ob e os pasaban oda la jo nada ocupados en un abajo
abso ben e, iéndose «en la necesidad de ene los [a los hijos] casi odo el
día abandonados a los pelig os ísicos y mo ales de su poca edad»; unos
pelig os a los que se exponían en las p opias áb icas cuando debían a-
baja a las ó denes de pe sonas ajenas a sus amilias101. El abajo in an il
se con i ió e a así en o a expe iencia más de la op esión de los ob e os
adul os.
Pa a los abajado es asociados, como pa a los higienis as, la única
mane a de esol e es a si uación e a que el Gobie no limi a a po ley
el abajo in an il. Sus ep esen an es demanda on que se ampliasen las
medidas p e is as en el P oyec o de ley sob e indus ia manu ac u e a,
según las que se es ipulaba que los jó enes de 10 a 18 años pod ían aba-
ja has a un máximo de 10 ho as (los meno es de 10 años podían abaja
has a 8 ho as). Los ep esen an es ob e os p opusie on ija la jo nada de
los meno es de 10 años en 4 ho as con inuas, pa a que u ie an iempo
pa a su educación; de los meno es de 18 años en 8 ho as, y de los adul os
en 10 ho as y media102.
Aho a bien, la limi ación del abajo in an il dependía de o os ac-
o es, pues implicaba un cambio undamen al en la o ganización labo al
de las amilias ob e as. La mayo pa e de los ope a ios ex iles con inuó
100 Mola y Alsina 1855, 10.
101 T esse a 1855, 30-33.
102 Mola y Alsina 1855, 12.
281
Capí ulo 7. Los con lic os labo ales y las nue as ei indicaciones ob e as
empleando a sus hijos en la segunda mi ad del siglo xix, pues su abajo
esul aba undamen al pa a man ene la economía amilia . Pe o si es o
e a así, cab ía p egun a se po qué las asociaciones ob e as de endían su
es icción. La espues a a es a cues ión eside en que los ope a ios que
a inales del siglo xix demanda on con más insis encia la p ohibición del
abajo in an il ambién ei indica on sala ios más ele ados pa a man ene
a sus hijos en sus casas. Limi ación del abajo in an il y ascenso sala ial de
los adul os son dos ei indicaciones elacionadas. Po an o, es a demanda
es indisociable de la apa ición, a inales del siglo xix, de la noción del
llamado «sala io amilia » del abajado a ón que se concebía como «ga-
napán» o único man enedo de oda la amilia103. Aunque es a demanda se
inició ímidamen e en la década de 1850, no alcanzó su mayo desa ollo
has a inales del siglo xix. Ello pone de mani ies o que, al menos has a las
décadas cen ales del siglo, la iden idad de «pad e de amilia» e a compa-
ible con el abajo de los hijos, aunque ue a mode ado.
Lo analizado en es e úl imo apa ado iene una implicación unda-
men al pa a la explicación de la apa ición de los nue os in e eses ob e-
os. Dichos in e eses no nacie on como consecuencia de una oma de
conciencia del ca ác e in ínsecamen e «injus o» de las la gas jo nadas
de abajo, de las insalub es condiciones de abajo o del abajo in an il.
Esas si uaciones exis ían con an e io idad, pe o los abajado es nunca las
habían expe imen ado como un a en ado a su «dignidad humana». Si co-
menza on a hace lo, ue en la medida en que inco po a on a sus demandas
las nue as pe iciones higienis as. Y si pudie on inco po a las se debió a
que su iden idad se basaba en los mismos supues os libe ales de los que
pa ían los análisis higienis as. En lo que se di e encia on ue, en odo
caso, en la explicación de es as si uaciones. Ello se debe a que los ope a-
ios asociados, en la medida en que se iden i ica on como ciudadanos, se
pe cibie on como suje os ac i os de cambio, mien as que los higienis as
y o os analis as los pe cibían como indi iduos pasi os debido a que no
habían escapado de la pob eza.
103 A baiza 2003.
288
Jesús de Felipe Redondo
abajado es con el obje i o de «la consag ación de un de echo, la libe ad
de asociación; demanda genuina de la ilus ación y cul u a de la clase
p ole a ia, y me ecida hon a de la nación española»13.
Desde es e pun o de is a, las in e p e aciones que asumen que el
su gimien o de una es uc u a o ganiza i a ob e a es un sín oma del de-
sa ollo de la conciencia de clase son insa is ac o ias. His o iado es como
An onio Elo za explica on el nacimien o de la ede ación mencionada
an e io men e pa iendo de la p emisa eó ica de que la o ganización
ob e a e a un e lejo de la conciencia de clase. Es e au o habló del choque
en e «la inalidad a monis a y de subo dinación en el plano es ic amen e
ideológico» y «las pe spec i as e oluciona ias de clase, apun adas solo
po el momen o y po un cauce u ópico, desde la es e a o ganiza i a».
El en en amien o en e es os ni eles o ganiza i o e ideológico se hab ía
esuel o en 1869 con la apa ición del in e nacionalismo, iden i icado con
la conciencia de clase14.
Sin emba go, no exis e ningún documen o que demues e es a in e -
p e ación. De hecho, las uen es exis en es indican que lo que mo i ó la
c eación de es a ede ación ue la misma concepción del mundo que había
lle ado a los abajado es a unda asociaciones de esis encia en las déca-
das an e io es. Lo que ocu ía no e a que la lucha de clases plasmada en
el ámbi o de la o ganización ob e a se ue a imponiendo a una ideología
«anclada» en una iden idad ciudadana p e ia. Más bien, ue es a iden idad
ciudadana la que dio luga al ensayo de nue as o mas o ganiza i as. Así,
la c eación de ede aciones ob e as ue un in en o de hace más e icaz la
esis encia labo al y la coope ación de los ciudadanos abajado es. De
es a mane a lo jus i icó Gusa , uno de los p incipales o ganizado es del
cong eso de 1865:
13 «Publicamos hoy la exposición...», El Ob e o, 71, 7/I/1866. La pos u a de las au o ida-
des mode adas ue cambiando paula inamen e. A mediados de la década de 1860, el
Gobie no elabo ó un p oyec o de ley en el que se p e eía la legalización del de echo de
asociación, aunque no se ap obó. Ala cón 1975, 335.
14 T ías y Elo za 1975, 320 y 326-27. Po lo que conozco, es e asun o conc e o no ha sido
obje o de ninguna econside ación c í ica desde la década de 1970.

289
Capí ulo 8. Las luchas ob e as desde 1857 has a el Sexenio
Pa a log a la esolución del p oblema social, es indispensable que
odas las sociedades ob e as se [sic] hagan mu uamen e solida ios sus
in e eses po un lazo mo al que las una, pues si an aisladas, si cada una
p e ende cumpli su misión egene ado a sin el apoyo de las demás, odas
sucumbi án en la impo encia, pues impo en es son po ue za y pode que
enga cada una, pa a opone se a la ma cha p og esi a de los siglos15.
La ex ensión de la iden idad ciudadana en e los ope a ios y la conse-
cuen e p oli e ación de asociaciones ob e as pe mi ió a es os abajado es
lle a a cabo p oyec os socie a ios más ambiciosos pa a consegui los
mismos obje i os po los que habían luchado en las décadas an e io es.
Los años siguien es ue on es igos de los in en os de plasmación eal de
dichos p oyec os.
II. La e oLucIón de 1868 y La esIs encIa ob e a
La Re olución p og esis a-demóc a a de 1868 conlle ó una se ie de
ans o maciones polí icas que sa is icie on algunas de las p incipales de-
mandas de los ob e os asociados, como la p oclamación de las libe ades
de eunión y asociación. Asimismo, puso de mani ies o la in luencia al-
canzada po el mo imien o demóc a a en e los ob e os asociados.
Desde inales de la década de 1850, un nu ido y c ecien e núme o de
abajado es se había ap oximado a es a co ien e polí ica con la con ianza
de que su iun o pond ía las condiciones legales y polí icas necesa ias pa a
lle a a cabo la o ganización del abajo. Po es a azón, la Re olución de
1868 p odujo en es os abajado es un e ec o simila al de la Re olución
de 1854. La Re olución de 1868 lle ó a muchos abajado es a compa -
i las espe anzas de o ganización del abajo de los ob e os que habían
man enido con ida la llama de la asociación en los años an e io es. Ello
se exp esó en la pa icipación masi a de abajado es en el le an amien o
y en di e sos ac os después de es e. T as el iun o e oluciona io en sep-
iemb e de 1868, una mul i ud de ope a ios u banos se mani es a on pa a
15 Gusa , «El P ole a iado, II».
290
Jesús de Felipe Redondo
ei indica sus de echos na u ales a la asociación, la ida y la p opiedad de
su abajo. Muchos de ellos se alis a on en los ba allones de Volun a ios
de la Libe ad (he ede os de la an e io Milicia Nacional) o encabeza on
e uel as popula es en apoyo al nue o sis ema polí ico, como ocu ió en
Alcoy (Valencia)16.
No obs an e, la p oclamación de las libe ades indi iduales que habían
demandado en los años an e io es no les hizo baja la gua dia. Conocien-
do lo que había ocu ido en la Re olución de 1854, los ob e os asociados
se mos a on dispues os a de ende sus libe ades incluso con a el p opio
Gobie no. Más nume osos y o ganizados que nunca, es os abajado es
p esiona on a las au o idades y los pa onos pa a que sus libe ades indi-
iduales ue an asegu adas desde el p incipio:
Desde la Re olución de se iemb e [de 1868] iene e ec uándose en Es-
paña un no able mo imien o en e los ob e os odos; pues anse [sic] o -
mando asociaciones nume osas en las p incipales poblaciones. Los ob e os
necesi amos pa a ello el ene asegu adas las libe ades indi iduales, de las
que somos los p ime os pa ida ios; y po lo an o p o es a emos siemp e
de odo a en ado que iende a me ma los, ya sea de pa e del Gobie no,
ya sea de pa e de aquellos indi iduos que, has a pe eneciendo a la misma
clase ob e a, se in oducen en e ella pa a di undi la pe u bación y el
escándalo17.
Lo an e io explica que en el Sexenio se p oduje a un aumen o sin
p eceden es del núme o de sociedades ob e as y de con lic os labo ales,
pudiéndose habla de la p ime a ola huelguís ica a escala nacional, cuyas
dimensiones solo ue on supe adas más a de po la que hubo en e 1898
y 1902. En Ca aluña, las asociaciones clandes inas salie on a la luz pública
y se c ea on nue as sociedades. Según los ep esen an es ob e os, en 1868
16 «El alzamien o de Alcoy», La Discusión, 3, 8/X/1868. En poblaciones como Mad id, más
del 70% de los olun a ios alis ados e an jo nale os y a esanos. Véase Pé ez Ga zón
1977, 511.
17 «Desde la Re olución de Sep iemb e…», La Fede ación, 3, 15/VIII/1869.
291
Capí ulo 8. Las luchas ob e as desde 1857 has a el Sexenio
había 195 sociedades con más de 25 000 miemb os solo en esa egión18.
En las que exis ían p e iamen e se de ec ó un aumen o no able en el
núme o de sus a iliados19. El ep esen an e del Cen o Fede al de Asocia-
ciones Ob e as de Ba celona, que ag upaba a la mayo ía de las sociedades
ob e as de dicha localidad, expuso en el Cong eso de Basilea de la AIT
(sep iemb e de 1869) «los e ec os bienhecho es de la libe ad han dado una
g an solida idad y una g an ue za a las sociedades poco nume osas, que
han sabido esis i a es e la go pe íodo de op esión»20.
Desde 1868, las asociaciones ob e as de esis encia, las eclamaciones
de negociación colec i a y el abandono del abajo como p incipal ins-
umen o de p esión labo al se ex endie on po poblaciones en las que
habían sido inexis en es o se o alecie on en las que el mo imien o aso-
cia i o e a pequeño o minúsculo, como Mad id, Se illa, Valencia, Ali-
can e, Málaga, Alme ía, Cádiz, Palma de Mallo ca, La Co uña, Béja ,
Se illa, Toledo, Valladolid o Za agoza, en e o as. Los p o agonis as
de los con lic os labo ales ue on ob e os de amas p o esionales muy
di e sas: ope a ios de la indus ia ex il, papele os, imp eso es, ipóg a-
os, po ua ios, ca pin e os, onele os, cu ido es, ce aje os, albañiles,
undido es, he ado es y abajado es del hie o y el cob e, lampis as y
hojala e os, gua nicione os, ase ado es, somb e e os, can e os, con i e-
os, panade os, zapa e os, alpa ga e os, o ado es de id io, naipe os,
ca e os, cons uc o es del e oca il, maquinis as y ogone os e o ia-
ios, e cé e a.
La p ensa ob e a in o mó que ce ca de 20 000 ob e os pa icipa on en
los con lic os labo ales en e 1870 y 1873, aunque p obablemen e ue an
18 In o me de los delegados del Cen o Fede al de Sociedades Ob e as al Cong eso de la AIT en
B uselas, 1868. Ci ado en Tuñón de La a 1977, 165-66.
19 La Sociedad de Tejedo es de Velos de Ba celona pasó de 80 a 800 socios en los meses que
siguie on a la e olución, según ela a on sus ep esen an es. La Asociación de Tejedo es
de Lana de Sabadell con aba en 1870 con 600 socios y sus di ec o es espe aban que es a
ci a c ecie a en los meses siguien es. Véase «Discu so de An onio Illa», y «Discu so de
Pablo Sampe e», ambos en A beloa 1972, 141 y 152.
20 In o me de los delegados del Cen o Fede al.
292
Jesús de Felipe Redondo
más21. El Consejo Fede al de la Fede ación Regional Española (FRE) de
la AIT egis ó 115 huelgas en e sep iemb e de 1872 y agos o de 1873
en Ba celona, Cádiz y Valencia, muchas de ellas ic o iosas. Todas es as
acciones enían, en gene al, los mismos obje i os: el econocimien o de las
asociaciones ob e as po los ab ican es, la negociación colec i a de a i as
y el espe o a la «dignidad humana» de los ope a ios. Los abajado es
ex iles de Ca aluña ue on los que más huelgas ealiza on, incluyendo
algunas de las más la gas y con mayo núme o de huelguis as, llegando a
mo iliza a a ios miles de ob e os22. También des aca on los imp eso es
mad ileños po sus pa os en demanda de subidas sala iales, a pesa de
que sus sala ios ya es aban c eciendo a causa del auge de la p oducción
imp esa23. O os ope a ios ealiza on huelgas de la gas du ación, como los
abajado es ex iles malagueños o los ob e os me alú gicos de San Ma í
de P o ençals. Asimismo, abajado es de dis in os o icios pa icipa on
en dis u bios públicos en Málaga, G anada y, sob e odo, Alcoy, donde
p o agoniza on una impo an e e uel a en 187324.
El pe iodo más con lic i o de odo el Sexenio coincidió con su ase
más adical: la implan ación de la I República. En las semanas siguien es
a su ins au ación en eb e o de 1873, asociaciones y ede aciones ob e as
exp esa on su apoyo al égimen epublicano al iempo que in ensi ica on
sus luchas labo ales, en las que se incluía la jo nada de 10 ho as, las condi-
ciones higiénicas mínimas en los alle es, la limi ación del abajo in an il
y el es ablecimien o de la enseñanza obliga o ia y g a ui a pa a odos
los ciudadanos pob es25. A es e espec o, éngase en cuen a que muchos
abajado es asociados, en buena medida debido a su p oximidad o a su
mili ancia en el Pa ido Demóc a a Republicano, iden i ica on el obje i o
21 En es as uen es no se incluyen las huelgas ealizadas du an e los años 1868-69 y es
posible que du an e los años 1870-73 hubie a muchas más. Véase Flaque 1977, 77.
22 Tuñón de La a 1977, 210-11. Véase ambién Te mes 2000 [19651], 188-251.
23 Nie o 1988, 418-19; Bahamonde 1980, 172; F ías 1992, 145-46.
24 Pa a el caso de Alcoy éase A acil y Ga cía Bona é 1978; Ce dà 1980.
25 Tuñón de La a 1977, 193-204.
293
Capí ulo 8. Las luchas ob e as desde 1857 has a el Sexenio
de la Re olución de 1868 con la implan ación de la igualdad ju ídica en e
los indi iduos, la cual se ep esen aba simbólicamen e en el in de la mo-
na quía bo bónica que habían sos enido mode ados y p og esis as: «ap o-
echando un mo imien o mili a , el pueblo ha de ibado el ono, que
siemp e op ime las ue zas i as del abajo»26. Muchos de es os ope a ios
pa icipa on o ie on con buenos ojos el in en o de e olución epublicana
que acasó en 1869, as la p oclamación de la mona quía cons i ucional
en la nue a cons i ución, y saluda on la pos e io implan ación del égi-
men epublicano en 1873.
Asimismo, apa ecie on ede aciones que coo dinaban las acciones de
las asociaciones ob e as a escala egional e incluso nacional. Un mes
después de la Re olución se c eó en Ba celona el Cen o Fede al de So-
ciedades Ob e as27. Dicha o ganización man u o elaciones con asocia-
ciones ob e as de Mad id, Se illa o Málaga, consolidando los con ac os
egionales que se habían iniciado en el Bienio P og esis a e impulsando
la c eación de nue as asociaciones con la colabo ación de los g upos de-
móc a as locales, de cuyo seno su gie on los undado es de muchas de
es as o ganizaciones y cuyos pe iódicos ep oduje on los mani ies os del
Cen o Fede al ba celonés. Apa ecie on así ede aciones ob e as que si-
guie on el modelo ba celonés y adop a on el nomb e de «cen o ede al»,
como ocu ió en Sabadell, Palma de Mallo ca, Se illa, Cádiz, Valencia o
Ca agena28.
La pa icipación de los demóc a as (muchos de ellos abajado es) en
la c eación de es as asociaciones esul ó c ucial, incluso en las que pod ía
pensa se que u ie on más impo ancia los g upos socialis as in e na-
cionalis as, como las a iliadas a la AIT. El Cen o Fede al de Palma de
26 In o me de los delegados del Cen o Fede al.
27 O iginalmen e llamado Di ección Cen al de Sociedades Ob e as, cambió su nomb e en
1869. Con aba ap oximadamen e con 34 sociedades y con 7000 socios a p incipios de
1869. Véase Tuñón de La a 1977, 162.
28 «Discu so de José Rosell» en A beloa 1972, 116; «El Cen o Fede al de las Sociedades
de Tejedo es…», La Fede ación, 1, 1/VIII/1869; Vila 1986, 370; Gab iel 1975, 96-99;
Fe nández-Co de o 1994, 331-35; Mo ales Muñoz 2001, 340-41.

294
Jesús de Felipe Redondo
Mallo ca, según sus delegados en el cong eso ob e o de 1870, pa eció
su gi «po ob a de encan amien o», po que «apenas hace sie e meses que
en Mallo ca no había ningún in e nacional»: «apenas imos sus Es a u os
[los de la AIT] en La Fede ación de [Ba celona], odos los que é amos epu-
blicanos ede ales comp endimos los g andes bene icios, las g andes ideas
que ence aba la Asociación In e nacional de T abajado es»29. En o as
ciudades, como San a C uz de Tene i e, ue on di ec amen e los g upos
de epublicanos los que unda on secciones locales de la AIT30.
La o mación de es e en amado de ede aciones ob e as locales y egio-
nales pe mi ió a los abajado es asociados plan ea y o ganiza la p ime a
ede ación ob e a a escala nacional en 1870, la Fede ación Regional Espa-
ñola (FRE). En su momen o de mayo auge, dicha o ganización ag upaba
a ce ca de 30 000 a iliados en 162 ede aciones locales, 454 secciones de
o icio y 77 de o icios a ios31. La mayo pa e de los a iliados abajaba
en la indus ia ex il, la cons ucción, el calzado, la indus ia papele a y
la ab icación de oneles32. La FRE acili ó y po enció el in e cambio de
in o mación, la solida idad y la coo dinación en e las asociaciones a i-
liadas33. Además, apa ecie on las p ime as ede aciones de esis encia de
abajado es de un mismo amo indus ial, como las T es Clases de Vapo
(que ag upaba a ejedo es, hilado es y jo nale os de áb ica que abajaban
con máquinas a apo ), el Cen o Fede al de Sociedades de ejedo es a la
29 «Discu so de F ancisco Tomás» en A beloa 1972, 134. Sub ayado mío. Véase ambién
Gab iel 1975.
30 Felipe 2004, 250-52. En Cádiz, los ob e os que se a ilia on a la AIT es aban es e-
chamen e inculados al epublicanismo y así lo decla a on. Véase «Discu so de An onio
González Ga cía Meneses» en A beloa 1972, 118-19. En o as egiones el peso del e-
publicanismo ue undamen al, como ocu ió en Galicia (Mo eno 1980). Como se e á
más adelan e, la mayo pa e de los ob e os de la FRE e a pa ida ia del epublicanismo,
aunque sepa a an la o ganización ob e a de la lucha polí ica.
31 Abad de San illán 19744, 125.
32 Pique as 1999, 174.
33 Así, la huelga de los ce aje os de Ba celona en 1870 ue sos enida g acias a la ayuda de
los ce aje os de Sabadell y de Valencia (La Solida idad, 43, 5/XI/1870). A pa i de es a
colabo ación, los ce aje os de Ba celona in en a on c ea una ede ación de su o icio a
escala nacional.
295
Capí ulo 8. Las luchas ob e as desde 1857 has a el Sexenio
mano y de elos de Ca aluña y la Unión Manu ac u e a de Ca aluña (que
eunía a odos los abajado es ex iles)34.
La in e p e ación his o iog á ica dominan e sos iene que el nacimien o
de es as o ganizaciones ue el esul ado de la apa ición de la conciencia
de clase en e los abajado es españoles. Sin emba go, los abajado es
c ea on ede aciones pa a consegui los mismos obje i os que habían de-
endido con an e io idad. El Cen o Fede al comunicó a la AIT que las
asociaciones que se habían c eado y coo dinado en oda España lo habían
hecho «pa a coope a al mismo p opósi o»: acaba con la op esión de las
libe ades de los ob e os35. En 1869, es a ede ación p opuso la unión de
odas las sociedades ob e as, nacionales y de o os países, pa a hace des-
apa ece «los p i ilegios y monopolios de es a co ompida sociedad». Los
abajado es asociados concebían el desigual econocimien o de los de e-
chos indi iduales como la causa undamen al de que no pudie a alcanza se
la a monía de in e eses en e los miemb os de la sociedad:
He aquí, pues, que la a monía de in e eses no exigida sino pedida
po los ob e os, con iene a ambas pa es [a abajado es y pa onos] […].
P ocú ese p on o una a monía de in e eses, en e los ob e os y ab ican es;
mien as que noso os ampa ados po la ciencia, demos a emos al mundo
cuán injus a es la o ganización de lo que hoy ella c ee sag ado, in iolable
y has a ilegislable, ha emos en a a la Sociedad po la ue za de la azón
en el g ande y ecundo campo de la iguales y de la jus icia36.
Es a «ciencia» de la que hablaban los ope a ios e a la ya conocida
«o ganización del abajo», basada en la negociación colec i a y lib e de
las condiciones labo ales po pa e de sus asociaciones y las de los ab i-
can es37.
34 Abad de San illán 1974, 132; Iza d 1973, 55, 111-17 y 145-51; Lida 1973, 216.
35 In o me de los delegados del Cen o Fede al.
36 Pa a es a ci a y la an e io , «Nues a conduc a an e el pa o», La Fede ación, 4, 22/VIII/1869.
Mayúsculas en el o iginal. Sub ayado mío.
37 Véase el capí ulo 3.
296
Jesús de Felipe Redondo
O a de las con inuidades con los años an e io es es que los abaja-
do es asociados siguie on p oponiendo la c eación de ju ados mix os pa a
esol e los con lic os labo ales. En el amo ex il algodone o ca alán se
iene cons ancia de negociaciones colec i as en e ep esen an es ob e os
y ab ican es desde inales de 1868, los cuales se p olonga on en los años
siguien es y se o maliza on en ju ados mix os pa a «a moniza los in e-
eses de ambas pa es». Pa a los di igen es del Cen o Fede al de Ba ce-
lona, la implan ación de ju ados mix os e a el mejo medio de de ende
sus de echos y es ablece la «p o ección al abajo»38. En 1873, la Unión
Manu ac u e a, en nomb e de 40 000 ope a ios a iliados (aunque con la
aspi ación de ep esen a los in e eses de odos los abajado es del país),
demandó al Gobie no epublicano una ley de ju ados mix os pa a «ni ela
los p ecios de los di e sos géne os que se elabo an, como igualmen e pa a
g adua la a iga y el sala io a los a ios abajos que se e ec úan en odo
el ámbi o de la Península Ibé ica»39.
Como había ocu ido an e io men e, los ju ados mix os implicaban
an o el supues o de que pa onos y empleados e an ciudadanos iguales y,
po an o, enían un ho izon e de in e eses comunes, como la no in e en-
ción del Gobie no en las negociaciones p i adas en e dichos ciudadanos,
sino la ga an ía de que es as podían desa olla se lib emen e. Así, los
ejedo es manuales y de elos de Ca aluña decla a on que no deseaban
que las au o idades les concedie an «un p i ilegio de p o ección», sino que
es as, «haciendo lo que sea ac ible den o de la ley, sepan y en iendan, que
deben asegu a , espe a y omen a nues a p opiedad que es el abajo,
lib ándolo de odo a aque aná quico como es el del capi al desalmado»40.
Asimismo, si los abajado es asociados mos a on in e és po di undi
la asociación en e los no asociados ue po que los pe cibían como com-
38 «Las Sociedades ob e as…», La Fede ación, 3, 15/VIII/1869. Las negociaciones colec i-
as desde inales de 1868 son mencionadas en «El Cen o Fede al de las Sociedades de
Tejedo es».
39 A las Co es de la nación española, 27/II/1873. ACE, leg. 173, exp. 12.
40 «Memo ia que di ige al Excmo. S . P esiden e», La Fede ación, 8, 19/IX/1869.
297
Capí ulo 8. Las luchas ob e as desde 1857 has a el Sexenio
pañe os de una misma lucha41. Los abajado es asociados concebían los
con lic os labo ales en odos los o icios como la consecuencia de una mis-
ma causa: la negación de la supues a dignidad humana de los ob e os. De
ahí que debie an uni se pa a lucha po el obje i o común de acaba con
dicha negación. Así in e p e ó la p ensa ob e a las luchas de los ope a ios
ex iles malagueños en 1871:
Pe suádanse po comple o [los ob e os de] que, si que emos se hom-
b es, sos ene nues a dignidad y nues os de echos y llega al día de
nues a emancipación, debemos o ma apa e de nues os e dugos. El
capi al es el que nos iene sumidos en la igno ancia y en la mise ia, po que
así con iene a su in e és, de pe pe ua la explo ación del homb e po el
homb e42.
III. Las Luchas ob e as du an e eL sexenIo democ á Ico
La ex ensión de las asociaciones ob e as de esis encia compo ó una
ans o mación del signi icado de las si uaciones labo ales en las que a-
bajaban ob e os de muy di e sos o icios. Dichas si uaciones adqui ie on
en onces el signi icado de «explo ación», con i iéndose en expe iencias
equi alen es que lle aban a los ob e os a eng osa un o ma un en e
común de lucha. Po ejemplo, los papele os ca alanes denuncia on que
los pa onos que imponían educciones sala iales come ían una «injus icia
mo al y ma e ial»:
Mo al[,] po que desdice de la al a misión del abajado ; po que nos
oba las dulces a ecciones de la amilia; po que nos sos iene en la is e
si uación de pa ias, cuando debié amos mani es a nos al cual somos,
es deci , […] agen es ac i os e in eligen es del abajo y del p og eso;
ma e ial[,] po que mise ablemen e nos esca iman el u o de nues os
41 Es el caso de los 2000 abajado es del hie o de Mad id que hicie on una huelga en
1872-73 y ue on in e pelados po la p ensa ob e a pa a c ea una asociación de esis en-
cia. Véase «Huelga de los ob e os en hie o de Mad id», El Condenado, 34, 19/XII/1872,
2 y 36, 2/I/1873.
42 «En el núme o an e io …», La Fede ación, 79, 19/II/1871.
304
Jesús de Felipe Redondo
el abajo emenino se con i ió en un p oblema social. Más aun, desde
en onces abajado es a ones de o os o icios que no es aban amenazados
po la con a ación de ob e as ambién exigie on a pa onos y au o idades
que adop a an las medidas pa a que las muje es, especialmen e las casadas,
pasa an el meno iempo posible en las áb icas pa a ocupa se de sus casas.
Así, en la década de 1880 el ep esen an e de la Sociedad de Can e os
de Mad id, una p o esión eminen emen e masculina, decla ó an e una
comisión de in es igación de los con lic os labo ales (la u u a Comisión
de Re o mas Sociales) que «la muje casada debe es a pe enne [sic] en su
casa pa a a ende a las necesidades de su amilia, po que en o o caso iene
uno que lle a el pan alón o o»3.
Con es o p e endo mos a que la sus i ución de abajado es a ones
po ob e as no ue una azón su icien e pa a explica el su gimien o de es a
ei indicación. Es o no quie e deci que dicho p oceso no ue a impo -
an e, pe o po sí mismo no explica la nue a pos u a de las asociaciones.
Cen émonos en el caso del isaje. De mane a simila a como ocu ía
en la hila u a algodone a, los ab ican es ca alanes empeza on a con a a
a más ejedo as debido a que el isaje empezó a concebi se como una ocu-
pación «ap a pa a muje es», ya que no eque ía de un g an es ue zo ísico
(condición que se conside aba necesa ia pa a el abajo emenino) y a que
el g ado de especialización labo al eque ido, que nunca había sido muy
ele ado, ue pe diéndose a medida que apa ecie on nue os ela es me-
cánicos a mediados del siglo xix. En consecuencia, muchos p opie a ios
comenza on a educi los sala ios de los ejedo es pa a ajus a los a lo que
pensaban que e a una labo emenina.
Los ejedo es a ones echaza on es e p oceso empleando los mismos
a gumen os u ilizados po los hilado es de la década de 1850. En 1868, la
Sociedad de Tejedo es de Igualada culpó al sis ema de la lib e concu en-
cia po ole a el compo amien o «egoís a» de los ab ican es que que ían
en iquece se a cos a de los de echos de los ope a ios. Pa a es os ejedo es
3 Cas illo 1985, ol. I, 107.

305
Capí ulo 9. Las luchas ob e as y la cues ión del abajo emenino
asociados, la inmo alidad de los ab ican es pe judicaba la calidad del
p oduc o inal:
[…] la compe encia y i alidad en e los ab ican es mismos, en e los
ab ican es que se alen de ope a ios y de los que se alen de muje es pa a
los ejidos con espec o al p ecio y alo de los mismos, incon enien es que
deben apa a y sol en a los p opios seño es ab ican es si no quie en sali
pe judicados en la elabo ación y salida de sus géne os4.
Es a queja se basaba en el supues o de que las «muje es» (nó ese que
no las denominaban « abajado as») podían eje an bien como los «ope-
a ios» (es deci , los ejedo es a ones), pe o no e an « ejedo as», es deci ,
no e an e dade os indi iduos p oduc i os. De ahí que se pensa a que el
p oduc o que ealizaban no e a de la misma calidad que el de los ob e os
a ones, o di ec amen e «ob e os», pues, como se io en el capí ulo 2, un
ob e o e a, po de inición, un «homb e», es deci , un indi iduo p oduc i o
po su na u aleza sexual. Es o lle ó a los ejedo es asociados a in e p e a
su sus i ución po muje es como una suplan ación ilíci a hecha po el a-
b ican e que es aba dispues o a a eba a les «sus» pues os de abajo pa a
aho a su dine o y aumen a sus bene icios. En 1870, la Sociedad de
Tejedo es de Velos de Ba celona denunció a los ab ican es po con a a
a «c ia u as, niñas, muje es, odo lo que se les p esen a» —es deci , indi-
iduos que apa ecían e a ados como «débiles», incapaces de negocia sus
con a os con los ab ican es en pie de igualdad— pa a ocupa «los alle es
que noso os debe íamos ocupa »5.
No obs an e, y he aquí la no edad, los ejedo es comenza on a combi-
na es os a gumen os con una se ie de nue as nociones ace ca de la un-
ción amilia que se suponía adsc i a a la «na u aleza sexual» de homb es
y muje es. Pa a los ejedo es asociados de Igualada, los descensos sala iales
4 Esc i o di igido po los abajado es igualadinos al p esiden e de la Jun a P o isional Re o-
luciona ia de Igualada. AHMI. Leg. 1868, le a A, ca pe a 4, «Clase ob e a». Ci ado en
Ma ínez de P esno 1993, 250-52.
5 «Discu so de An onio Illa» en A beloa 1972, 141. Sub ayado mío.
306
Jesús de Felipe Redondo
y su sus i ución po muje es p o ocaban es g a es incon enien es. Los
dos p ime os e an habi uales en las quejas an e io es de las asociaciones de
abajado es. En p ime luga , la peo enume ación del abajo obliga ía
a los ope a ios a p oduci más ápido y con menos cuidado pa a gana lo
su icien e pa a i i , pe judicando así la calidad del p oduc o que elabo a-
ban. En segundo luga , y como habían denunciado los hilado es de mule
jennies en 1854, los ejedo es se queja on de que su sus i ución po muje es
dejaba en la mise ia a nume osos «pad es de amilia», pues «habiéndose
es os dedicado desde la niñez a ap ende es a clase de o icio o abajo y
no a o o, y en el que habían ijado la espe anza de su po eni , se en
aho a p i ados de ella» y, po an o, obligados a ap ende un nue o o icio
o a mendiga 6.
La e ce a consecuencia cons i uía una no edad en la e lexión de los
abajado es asociados. Los ejedo es igualadinos pe cibie on «o o in-
con enien e aún más ma cado y más deplo able» que los an e io es que
de i aba de una supues a deso ganización de las amilias ob e as, en pa -
icula de la pues a en cues ión de la au o idad del «pad e de amilia» que
no podía cumpli con su obligación de man ene a sus amilia es:
[…] que es as muje es pues as y p e e idas en el luga de los ope a ios,
bien se las conside e esposas, he manas o hijas, es ácil e desde luego
su o gullo y p edominio con espec o a sus pad es, ma idos o he manos y
de aquí los insul os, las inju ias, los desp ecios, los dic ados de gandules y
agos con a las pe sonas que en o o caso ama ían y espe a ían, imposi-
bili ando a es os, en an is e si uación, de pode ep ende a aquellas sus
de ec os y deslices, y dando es e incon enien e la p ecisa consecuencia de
la disco dia e inmo alidad de las amilias de los ope a ios, que insensible-
men e se ha á ascenden al a las demás de es a población.
La sus i ución de las ejedo as p oducía la deso ganización de sus ami-
lias y, como a al consecuencia, su «desmo alización». Los ejedo es sub a-
ya on que dicha desmo alización amenazaba al conjun o de la sociedad, ya
6 Esc i o di igido po los abajado es igualadinos. Sob e es as demandas, éase el capí ulo 7.
307
Capí ulo 9. Las luchas ob e as y la cues ión del abajo emenino
que se ansmi ía a la siguien e gene ación ob e a. Ello se debía a que las
muje es que abajaban no podían eje ce su unción «na u al» de cuida
y educa a los hijos, pues el abajo las a igaba y les impedía pe manece
en sus hoga es. Como consecuencia, los hijos de los ob e os caían en el
icio y la co upción que les impedían emancipa se.
Po an o, la causa p incipal de es a desmo alización se de i aba del he-
cho de que la muje abajado a no podía cumpli con su debe de «mad e
de amilia» y p i aba al abajado a ón de ealiza el suyo. Los ejedo es
asociados comenza on a p oclama que el abajo
las [sic] pe judica [a las muje es] su salud y las de sus hijos po que se em-
peñan y se las obliga a aenas que son p opias de la na u aleza y ue za
de a ones y no de hemb as y a es as se las ha conside ado siemp e mo al
y ísicamen e po un sexo débil y como a ales exen as y excluidas de los
ca gos, o icios, aenas y abajos p opios de los homb es. Es a anomalía
[es] an denig an e y desp ecia i a al sexo a onil y an pe judicial al sexo
emenino pues a cie o núme o de años lo con ie e de débil a aquí ico y
hace an es pa ícipe de ello a sus suceso es […]7.
En es e mani ies o la di e enciación ilus ada en e «sexo débil» y «sexo
ue e» ha adqui ido un nue o ma iz. En los años an e io es, es a dis in-
ción no signi icaba que la muje no pudie a abaja , sino que exis ían
abajos p opios de su sexo. Pe o aho a se es aba a i mando que el abajo
des i uaba la supues a na u aleza de la muje , lo que a ec aba a las un-
ciones sociales que se le a ibuían a es e suje o, es deci : el cuidado del ho-
ga y los hijos. Aunque en el ex o se especi ica que es o ocu ía cuando las
muje es se ocupaban en « abajos p opios de los homb es», no debe ob ia -
se que, como se acla ó más a iba, muchas muje es lle aban labo ando en
el isaje en las décadas an e io es sin que ello se conside a a un p oblema.
Los hilado es de la década de 1850 ya habían basado sus ei indicaciones
en es a idea, pe o los ejedo es del decenio de 1860 es aban yendo un paso
más allá y pidiendo la exclusión o limi ación del abajo emenino pa a
7 Pa a es a ci a y la an e io , éase Ibíd.
308
Jesús de Felipe Redondo
p o ege la «na u aleza emenina» y, con ello, oda la sociedad. En es e
sen ido, la ei indicación de es os ejedo es enía un ca ác e di e en e a las
an e io es. Po p ime a ez se es ablecía un ínculo causal en e la p ác ica
del abajo y la co upción de la «na u aleza sexual» emenina, el cual se
elacionaba con o as demandas como la limi ación del abajo in an il y
el aumen o de los sala ios de los a ones pa a man ene a sus amilias en
sus casas. Analiza é es as cues iones con mayo de alle a con inuación.
II. eL abajo emenIno como p obLema socIaL
Es os abajado es asociados es aban empleando un nue o a gumen o
que había su gido en el deba e de la cues ión social a inales de la déca-
da de 1850. An es de explica po qué lo man u ie on, expond é dónde
apa eció.
En la segunda mi ad del siglo xix se p odujo un cambio undamen al
en el deba e de la cues ión social, que se cen aba en explica las causas
y pone emedio a la mise ia en que i ía la mayo pa e de la población
abajado a. En la medida en que dicho p oblema se man enía en el iem-
po y a pesa de las soluciones que comenzaban a adop a se, apa ecían
nue os es udios que iden i icaban nue os obje os de análisis y p oponían
nue as soluciones. Como se io en el capí ulo 7, los dis in os abajos de
los higienis as y los economis as sociales de las décadas de 1830 y 1850 se
basaban en la idea de que la inmo alidad impedía a los abajado es esca-
pa de la pob eza. Algunos au o es conside a on que la indus ialización
ag a aba el es ado de co upción que einaba en las clases abajado as.
Desde es a pe spec i a, la indus ialización causaba la deses uc u ación
de las amilias ob e as y su descomposición mo al.
A p incipios de la década de 1840, Ramón de la Sag a in e p e ó en la
eminización de la mano de ob a indus ial en Eu opa como una up u a
de la o ganización amilia ob e a. Es e economis a social pa ió de la idea
de que el homb e, en an o que indi iduo p oduc o po na u aleza, enía
el debe de abaja pa a man ene a su amilia, mien as que la muje e a
una «consumido a» na u al con la esponsabilidad de cuida de los hijos
309
Capí ulo 9. Las luchas ob e as y la cues ión del abajo emenino
y del ámbi o domés ico. Pa a Sag a, la con a ación de muje es en las
áb icas al e aba d amá icamen e los p incipios del o den mo al sob e los
que se basaba es a o ganización «na u al», pues la muje que abajaba no
solo dejaba sin abajo al homb e, sino que, además, es aba expues a a los
pelig os mo ales de i ados de es a en con ac o con y bajo la supe isión
de o os homb es que no e an de su amilia8.
Ello ue lo que lle ó a es e y o os au o es a desc ibi a la abajado a
como una p os i u a, la imagen opues a a la hon osa «mad e». Según
Sag a, el con ac o ecuen e de la abajado a con ob e os a ones en las
áb icas, su p esun o « icio na u al» de des aca acudiendo a odo ipo de
medios, la al a de educación y la igno ancia e an si uaciones que la em-
pujaban a ende su cue po y, con ello, su dignidad9. Los in elec uales
que en esos años esc ibían sob e la cues ión social pensaban que la com-
binación de abajo y pob eza gene aba icios pa icula es según el sexo
del ope a io. En 1855, Monlau esc ibió que el exceso de abajo, la al a
de higiene y la mezcla de homb es y muje es en los alle es po enciaba en
los homb es la emb iaguez, la gula, la pasión po el juego, el libe inaje y
la pe eza, y en las muje es la es a a y la p os i ución10. La p os i ución e a
la úl ima consecuencia de la libe ación de las «pasiones» emeninas cuando
las muje es i ían y abajaban ue a de casa11.
Aho a bien, en las décadas de 1840 y 1850 la ob e a desmo alizada
e a solo un símbolo en e los muchos con los que los economis as sociales
iden i ica on la deg adación mo al de las clases abajado as, como el a-
bajado bo acho, el ob e o que pe día en el juego su sala io, el niño sucio
y demac ado sin educación ni ansias de juga a juegos in an iles, e cé e a.
No ue has a la década de 1860 que la cues ión del abajo emenino en-
8 Sag a, Ramón de la, Lecciones de Economía Social, Mad id, Imp en a de Fe e y Compa-
ñía, 1840, 118-25 e «Ideas gene ales sob e la bene icencia pública», en Discu sos p onun-
ciados en el A eneo Cien í ico y Li e a io de Mad id, Pa ís, Imp en a de Maulde y Renou,
1838. Ci ados en Bu gue a 2008, 102-04.
9 Sag a, Lecciones de Economía social, 139-40 y 171-2.
10 Monlau 1856, 68-70.
11 Sco 1999, 142-43 y 113-38; Bu gue a 2008, 114-15 y 133-34.

310
Jesús de Felipe Redondo
cauzó el deba e sob e la cues ión social. A pa i de en onces, se cons a a
una c ecien e p eocupación en los medios in elec uales sob e los e ec os
nega i os del abajo pa a la muje .
Con an e io idad, la mayo ía de las ob as sob e la cues ión social se
cen aban en los incon enien es ísicos y mo ales que las malas condicio-
nes de abajo enían en los adul os y, sob e odo, los niños. Pe o se decía
poco ace ca del papel ma e nal de la muje y de cómo el abajo epe cu ía
nega i amen e en él. En 1855, Monlau p opuso la p ohibición o limi ación
del abajo in an il sin hace e e encia a la a ibuida unción «na u al» de
la muje en la educación de sus hijos12. En 1857, de un ex enso es udio
sob e la cues ión social Sala ich dedicó solo unos escasos pá a os a los
e ec os de la desmo alización sob e las muje es con espec o al cuidado de
los hijos. Sus p opues as se limi a on a pedi a los ab ican es que man-
u ie an ocupadas a las muje es en momen os de c isis pa a impedi que
ecu ie an a la p os i ución, así como que e i a an en lo posible la mezcla
con los a ones13. Aunque Sala ich denunció el abandono de los hijos de
las amilias ob e as po sus p ogeni o es, no plan eó adop a medidas pa a
que es os u ie an más iempo pa a dedica se a la c ianza14.
Todo es o cambió en la década de 1860. A pa i de en onces, los
higienis as, los economis as sociales y los socialis as empeza on a hace
hincapié en la idea de que el abajo de la muje cons i uía una amenaza a
la salud pública y a la ep oducción de la sociedad. Los au o es españoles
se inspi aban en los análisis que se es aban ealizando en o os países,
sob e odo en F ancia, desde inales del decenio de 1850. En ellos se
hacía hincapié en la «misión na u al» de la muje en la sociedad en an o
que «mad e» y educado a de las jó enes gene aciones15. Asimismo, se
p oponían medidas pa a acili a la egene ación mo al de los abajado es
12 Monlau 1856, 91-92.
13 Sala ich 1858, 210-11. Los economis as sociales anceses p opusie on medidas simi-
la es. Véase Sco 1999, 150.
14 Sala ich 1858, 251.
15 Sco 1999, 140. Pa a un análisis de la economía social ancesa éase P ocacci 1993.
Pa a el impac o de es a he e ogénea co ien e en el pensamien o español sob e la cues ión
311
Capí ulo 9. Las luchas ob e as y la cues ión del abajo emenino
basadas en la ea i mación de la di isión sexual de las unciones sociales
en las amilias ob e as.
Como ha mos ado Sco , es a ans o mación se desa olló a pa i
de los es udios p e ios. En dichas ob as, la ausencia de dis inción en-
e los sexos en los alle es se pe cibió como uno más de los múl iples
ac o es que causaban los desó denes mo ales y sociales. En los años
siguien es, los es udiosos con i ie on es a si uación en la cues ión cla e
y planea on e o mas que e o za an la di isión sexual de a eas16. En
es e cambio u o un peso decisi o el in e és higienis a de busca medios
pa a e i a que los icios de los abajado es se ansmi ie an a las nue as
gene aciones. La muje se cons i uyó en el obje o de las e o mas, pues a
ella se le a ibuía el papel cla e en la educación de los hijos, y, po an o,
e a ella quien podía ena la ex ensión de la co upción mo al en las
masas de abajado es.
Así, el conocido p oblema de la «deg adación de la aza» plan eado po
los higienis as de mediados del siglo xix se inculó a la imposibilidad de
las ope a ias de eje ce como «mad es» po culpa de un abajo ex enuan e
y a igoso y de las co up o as in luencias que ecibían en los alle es. En
1864, el demóc a a socialis a Ramón Ca añá esc ibió que la explo ación
labo al de las muje es las incapaci aba pa a ac ua como mad es: «ence a-
das po espacio de ca o ce ho as al día, ago ando po ins an es su ue za
ísica, ¡cómo es posible que comp endan el alo que ep esen a, lo g ande
que es, po ley supe io a la de los homb es, cada uno de los se es que
componen la aza humana!»17. «J. E.», o o demóc a a que esc ibía en un
pe iódico ob e o, señalaba que «las mad es de nues os suceso es, de cuya
educación pende el po eni de la pa ia» e an «esas pob es muchachas
que en ejecen p ema u amen e en los ela es y en los abajos del campo».
Es e au o se p egun aba «cuál se á la educación si la mad e que la lega a
social y una mues a de las ob as que se publica on en la década de 1860 éase Bu gue a
2008, 87 y ss. y 144, n. 97.
16 Sco 1999, 149 y 151-52.
17 Ca añá, Ramón, «Las hijas del abajo», El Ob e o, 6, 9/X/1864.
312
Jesús de Felipe Redondo
sus hijos no la iene, y como pod án ene amo a sus semejan es, si su ma-
d e solo ha conocido el peso de un azadón o las e oluciones de una ueda,
que más de una ez ha mu ilado sus miemb os»18. Años más a de, en la
década de 1880, en un esc i o del A eneo de la Clase Ob e a de Igualada
se expuso que si la muje se hubie a dedicado «únicamen e a los abajos
p opios de su sexo», el «ángel del hoga » no se hab ía con e ido en un
«mons uoso se , sin educación y sin conciencia», y, como consecuencia,
«la mo al no su i ía ecuen es y ho ibles decepciones, la higiene no se ía
an a menudo una palab a ana en el hoga del ob e o y la es adís ica no
egis a ía una espan osa mo alidad de niños»:
En con ac o siemp e con el homb e, la niña pie de su ubo , se acos-
umb a a las exp esiones poco cul as de sus compañe os de alle y acaba
po iden i ica se con es os, esul ando al poco iempo un se in o me
con odos los de ec os del homb e y con la debilidad p opia de la muje ,
mucho más pelig osa en una pe sona sin educación. Y si la muje es [sic]
casada en onces los e ec os de semejan e ida son mucho más ho ibles,
mucho más ascenden ales; po que a ec an a oda una amilia. Debiendo
pe manece cons an emen e en el alle , no puede de mane a alguna des-
empeña su delicado come ido en el hoga , del que desapa ecen el o den y
la limpieza y no eina la salud. Po o a pa e la mala condición de los ali-
men os, p epa ados siemp e con demasiada p ecipi ación a causa del poco
iempo que a la muje le queda, y la a mós e a malsana del alle in luye
ambién en la salud de los ie nos niños que la ope a ia debe amaman a ,
y de aquí la desp opo cionada mo alidad de es os in elices19.
En es os ex os no se abogaba po la exclusión de la muje de oda
ac i idad labo al. Se suponía que, aunque la muje no e a un indi iduo
p oduc i o po na u aleza, e a un indi iduo, y, po an o, enía el de echo
de abaja pa a sa is ace sus necesidades i ales. Quienes de endie on
que el luga na u al de espa cimien o y ac i idad de la muje e a el hoga
18 J. E., «El amo », El Ob e o, 15, 11/XII/1864.
19 La Democ acia [Igualada], 18, 26/X/1884. Ci ado en Ma ínez de P esno 1993,
224-26.
313
Capí ulo 9. Las luchas ob e as y la cues ión del abajo emenino
ambién a i ma on que abaja e a un de echo de odos los indi iduos,
con independencia de su sexo. Así, en 1876 el economis a San omá esc i-
bió que el de echo y el debe de abaja cons i uían «leyes na u ales de la
humanidad, y no [un] a ibu o especial del sexo masculino»20.
No obs an e, incluso es os au o es coincidie on en que la ac i idad
p oduc i a en sí misma no e a p opia de la na u aleza emenina y que, po
an o, aca eaba consecuencias nega i as sob e las muje es y sus amilias.
Según San omá, e a gene almen e acep ado que el abajo ex adomés ico
de la muje suponía una se ie de incon enien es an o pa a ella como pa a
su amilia. En p ime luga , su compe encia con los abajado es a ones
hacía que los sala ios de es os disminuye an, y, en segundo luga , su au-
sencia del hoga a ec aba nega i amen e a la economía amilia :
Dicen que la compe encia que [la abajado a] hace al abajo del hom-
b e acaba po en ilece el sala io de es e: que el abajo de las ope a ias
en las áb icas hace menos p oduc i o el de las que abajan aisladamen-
e, y que mien as la muje gana sala io en una ab ica, pie de un alo
igual o supe io al que ob end ía cuidando a su amilia. Es o no necesi a
mucha demos ación. […] Con engo con un doc o economis a en que el
des ino económico de la muje en la sociedad, no an o consis e en p o-
po ciona di ec amen e un abajo p oduc i o, cuan o en sabe u iliza
ace adamen e el p oduc o del abajo de su ma ido. Si po gana sala io
en una áb ica iene que abandona los debe es de la amilia y expone se
además a que el jo nal del ma ido se dis aiga de su obje o, ¿cuán o más
no ap o echa á quedándose a gobe na la casa, p epa ando la educación
mo al y ísica de los hijos, y jun ando a es o, si es posible, alguna pequeña
ocupación luc a i a en su p opio domicilio?
Desde es a pe spec i a, la muje enía de echo a abaja , pe o cuando
lo hacía ue a del ámbi o domés ico al que es aba des inada po su p opia
«na u aleza», el eje cicio de es e de echo aía consecuencias ne as as pa a
su amilia. Según San omá, pa a e i a dichos incon enien es e a nece-
sa io que los ab ican es y las ins i uciones ealiza an e o mas higiénicas
20 San omá 1876, 74.
320
Jesús de Felipe Redondo
amilia es pudie an pe manece en sus casas. En 1869, el pe iódico ob e o
La Fede ación jus i icó el aumen o sala ial solici ado po los ope a ios ex-
iles ca alanes como un medio esencial de e i a «en su amilia el penoso
abajo de su débil muje y de sus ie nos hijos»35.
De es a mane a, la demanda de la egulación del abajo emenino
ino acompañada de o a nue a ei indicación: la de que el ob e o a ón
pudie a man ene po sí solo a oda su amilia. Es e es el undamen o de
la idea del «sala io amilia » que se con i ió en obje i o de las luchas
sindicales a inales del siglo xix36. Ello implica que en España la concep-
ción del abajado como «ganado del pan» (el denominado b eadwinne )
apa eció en las décadas de 1860 y 1870, de o ma pa alela al su gimien o
de la ob e a como «mad e de amilia» y «ángel del hoga ». Po an o, es-
as iden idades y demandas no se o igina on en las adiciones a esanas
p e ias ni es aban p esen es en las luchas ob e as de la p ime a mi ad del
siglo xix, como a eces se ha in e p e ado37. En luga de ello, se a a de
un enómeno his ó ico nue o que ue causado, a su ez, po los cambios
en la ma iz discu si a median e la que los ope a ios asociados do aban de
sen ido su ealidad. De lo que se deduce que no ue la sus i ución de los
a ones po las ope a ias, en sí misma, la que lle ó a aquellos a in en a
exclui a es as del mundo labo al, sino la mane a his ó ica conc e a de
do a de sen ido esa si uación.
I . La eI IndIcacIón de La IguaLdad saLa IaL
A pa i de es a nue a demanda de egulación del abajo de las mu-
je es, las asociaciones ob e as se en en a on a una nue a cues ión. Se ha
is o que, pa a los abajado es asociados, las esposas e hijas dependían de
35 «Nues a conduc a an e el pa o».
36 En ech 2007, 127-62.
37 En muchos abajos se asume la idea de que el «sala io amilia » y la igu a del «gana-
pán» exis ían desde las décadas de 1830 y 1840, cuando en es a asunción se ex apolan
enómenos de inales de es e siglo a los decenios an e io es. Véase, po ejemplo, Nash
1993. Pa a la apa ición de es a iden idad en o os países a pa i de mediados del siglo
xix éase Cla k 1995, 267-68.

321
Capí ulo 9. Las luchas ob e as y la cues ión del abajo emenino
los ob e os a ones. Pe o ambién había iudas y jó enes hué anas o sin
casa se que necesi aban abaja pa a i i po su cuen a, o incluso pa a
man ene sus hijos. El po a oz de la Sociedad de Can e os de Mad id
que en el decenio de 1880 a i mó que las muje es casadas debían es a
en sus casas pa a cuida de sus hoga es dijo ambién que admi ía «que la
muje sol e a abaje», pues es a enía sus necesidades que a ende 38.
De es e modo, los abajado es asociados no negaban el de echo in-
di idual de las muje es a man ene se median e su abajo. Pe o, si es o
e a así, en onces la egulación del abajo emenino podía cons i ui un
a en ado con a sus de echos. Además, en los sec o es labo ales donde el
abajo emenino es aba muy ex endido, como en el ex il, la p ohibición
o al del abajo emenino e a imposible de consegui . Aunque algunos
ab ican es accedían a negocia con las sociedades ob e as las condicio-
nes de los con a os labo ales de las ope a ias, no podían p escindi de
es as pa a man ene sus áb icas. Ello lle ó a algunos ob e os asociados,
especialmen e de la ama ex il, a segui acep ando a las ope a ias como
compañe as de abajo y de lucha. Aho a bien, es o no signi ica que enun-
cia an a su p e ensión de «de ol e » a la muje al hoga , pues p opusie on
nue as ías pa a egula el abajo emenino sin p ohibi lo. Es el caso de
la demanda de la igualdad sala ial en e homb es y muje es, que analiza é
a con inuación.
Los ejedo es asociados ca alanes exigie on en el Sexenio que en las
labo es que ealizaban con las muje es, como la p oducción de los ejidos
de calidad media o baja, la e ibución sala ial ue a la misma que pa a
los a ones. En la a i a de 1868, po la que los ejedo es asociados de
Igualada obliga on a los ab ican es a exclui a las ob e as de las áb icas,
se es ableció que cuando las muje es abaja an en sus casas lo hicie an
«al p ecio de la a i a», es o es, cob ando el mismo sala io de los ob e os
a ones39.
38 Cas illo 1985, ol. I, 107.
39 AHMI. Leg. 1868, le a A, ca pe a 4, «O den público».
322
Jesús de Felipe Redondo
Po pa adójico que pueda pa ece , es a pe ición de la igualdad sala ial
implicaba el econocimien o del de echo de la muje a abaja pa a i i ,
pe o ambién de la necesidad de concilia su abajo con sus unciones
domés icas «na u ales». Así se puso de mani ies o cuando dicha demanda
apa eció en la década de 186040. En 1865, en el ma co de los con lic os po
la con a ación masi a de ope a ias en el sec o ex il, Gusa denunció en
El Ob e o las di e encias sala iales en e ob e os y ob e as ex iles: «es el
p u i o de los ab ican es ocupa [a] la muje en los abajos indus iales,
muy pa icula men e en la ab icación de ejidos, y es e deseo sube de
pun o, po que a ella se le obliga a abaja a más educido p ecio que al
homb e». Según él, es a si uación e a injus a po que homb es y muje es
hacían el mismo abajo y, en úl ima ins ancia, los homb es inalmen e
eían educidos sus sala ios al ni el de los de las muje es.
Pa a soluciona es a si uación, Gusa demandó la igualación del sala-
io emenino con el masculino basándose en dos a gumen os. En p ime
luga , comba ió la idea asumida de que el homb e ecibía un mayo sala io
po que sus necesidades ísicas e an mayo es que las de la muje . Según el
líde ob e o y demóc a a, si la abajado a pe enecía al «sexo débil» enía
en onces necesidades an o o más ap emian es que las del homb e, po
lo que su e ibución debía se supe io a la que pe cibía habi ualmen e:
«las mismas necesidades co po ales sen i án es a [la muje ] que aquel [el
homb e], y aun pod íamos añadi , que siendo la muje de más endeble
na u aleza, end á necesidad de mejo es alimen os y po consiguien e de
más c ecido jo nal»41.
Gusa es aba conside ando a la abajado a como un suje o con nece-
sidades «na u ales» p opias y do ado del de echo a abaja pa a sa is ace -
las. Asimismo, negaba habe encon ado «ningún p ecep o en la ciencia
40 Pa ece que es a demanda se o muló po p ime a ez en los esc i os de Ma ga i a Pé ez
de Celis, una ou ie is a gadi ana de inales de la década de 1850, aunque su epe cusión
en los medios ob e os ue nula. Véase Elo za 1975b, 59.
41 Pa a es a ci a y las an e io es, Gusa , «La muje y la indus ia», El Ob e o, 50,
13/VIII/1865.
323
Capí ulo 9. Las luchas ob e as y la cues ión del abajo emenino
económica» que ue a con a io a es a a i mación42. A es e espec o, los
economis as polí icos habían a i mado que las necesidades del homb e
e an supe io es a las de la muje po dos azones. En p ime luga , el
homb e enía mayo es necesidades po que se suponía que e a «pad e de
amilia» y, po an o, debía sos ene a su esposa e hijos. Como se io en
el capí ulo2, es a noción jus i icaba las di e encias sala iales. En segundo
luga , en la medida en que el homb e pe enecía al «sexo ue e», el man-
enimien o de su obus ez necesi aba más ecu sos. Como señaló San o-
má, exis ía un «equilib io» p opo cional a los gas os «en e los jo nales de
ambos sexos», pues «si la muje gana menos, gas a menos ambién»43. Al
de ende Gusa la igualación de necesidades, la o aleza o debilidad del
sexo pasaba a un segundo plano, deduciéndose así la igualdad de sala ios.
Aho a bien, es o no signi icaba pa a Gusa que homb es y muje es se
con i ie an en indi iduos p oduc o es iguales. Podían ecibi el mismo
sala io po el mismo abajo y ene el mismo de echo a sa is ace sus
necesidades abajando, pe o ello no con e ía a las ob e as en se es p o-
duc o es «po na u aleza». De hecho, la demanda de la igualdad sala ial
seguía basándose en es a supues a desigualdad «na u al» po azones de
la noción de di e encia sexual. An es de e cómo se ecogió es o en la
ei indicación de Gusa , eamos cómo ue plasmado en las ob as de o os
in elec uales que apoya on dicha ei indicación, incluso desde ue a del
mo imien o ob e o. Es el caso de la eminis a Concepción A enal.
En 1891, A enal, que no e a abajado a manual ni es aba inculada
a las asociaciones ob e as, de endió la igualdad sala ial como solución
a la «cues ión del abajo emenino». Dicha au o a a gumen ó que las
necesidades de las muje es e an mayo es que las econocidas po los eco-
nomis as libe ales po que el se «mad es» las con e ía en esponsables
de sus amilias, en especial cuando el «pad e de amilia» no exis ía o no
ganaba un sala io su icien e. Pa a A enal, la «mad e» de amilia enía
unciones dis in as a las del «pad e», elacionadas con la educación de los
42 Ibíd.
43 San omá 1876, 66-67.
324
Jesús de Felipe Redondo
hijos y el cuidado del hoga , pe o en momen os de necesidad a iesgaba
sus « i udes na u ales» abajando ue a del hoga . A enal se cen ó en
es as si uaciones de necesidad en que la muje no podía ocupa se de sus
supues as unciones domés icas: «pa a que [la muje ] no necesi ase sali de
[la casa] con el obje o de allega ecu sos», que se ía la si uación idónea
según es a au o a, «se ía menes e que el homb e le die a los su icien es
pa a el sos enimien o de la amilia y que hubie a homb e que los allega a:
condiciones que no se cumplen en muchos casos». La ob e a (la muje obli-
gada a abaja ) e a la exp esión de es a necesidad, y en ella se mezclaban
«las ci cuns ancias especiales de la muje abajado a y mad e»44.
Desde es a pe spec i a, el aumen o del sala io de la ob e a enía el
obje i o de que es a pudie a pasa más iempo en casa pa a cumpli con sus
supues as esponsabilidades domés icas. Ganando más sala io en menos
iempo pod ía abaja menos y, así, dedica se a sus labo es:
La muje ha abajado siemp e ue a del hoga ; abaja á, es p eciso
que abaje, y pa a que es é el meno iempo posible ue a de él, no hay
más medio que mejo a su educación y las condiciones de ese abajo: si
gana a en seis ho as lo que gana en doce, pod ía es a dieciocho en casa.
En es e sen ido, a inales del siglo xix la igualdad sala ial e a un ele-
men o cla e en la conciliación del abajo de las ob e as «con los cuidados
de la ma e nidad y de la casa»45. Es a e a la misma pe spec i a de Gusa
y las sociedades ob e as. Gusa habló de las abajado as como suje os con
iguales necesidades que los «pad es de amilia» po que las concibió como
«mad es» que, en si uaciones conc e as, enían la necesidad de sos ene a sus
amilias y a sí mismas con su abajo. La apa ición de es a concepción de
44 Según A enal, es e e a el caso de las muje es casadas cuyos ma idos no enían jo nales
ele ados, las abandonadas po sus ma idos o iudas y las sol e as. Pa a las ci as de es e
pá a o éase A enal 1974 [1891], 86-87 y 90.
45 Pa a es a ci a y la an e io éase Ibíd., 86-87 y 90. Sub ayado mío. Es e ue el a gumen-
o empleado po las o ganizaciones ob e as impulsadas po los e o mis as ca ólicos de
inales del siglo xix pa a ei indica la igualdad sala ial, como el Sindica o de la Aguja
de Valencia. Véase Nash 1983, 56-57 y 367-68.
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Capí ulo 9. Las luchas ob e as y la cues ión del abajo emenino
la ob e a como «mad e» es la cla e pa a en ende po qué los abajado es
no demanda an la igualdad sala ial con an e io idad46.
Po o o lado, la demanda de la igualdad sala ial no solo se basaba en la
equipa ación de necesidades «na u ales» en e las «mad es» y los «pad es»
de amilia. También lo hacía en el alo de lo p oducido. Desde es a pe s-
pec i a, el abajo e a una sus ancia abs ac a que gene aba un alo que
no dependía de las ca ac e ís icas sexuales del suje o que lo ealizaba. Aquí
el de echo a la p opiedad de lo p oducido se imponía al de echo a i i
del abajo. Gusa llegó a a i ma que el sala io dependía únicamen e del
ipo y la can idad de abajo ealizado, no de las necesidades de los suje-
os: «como los abajos se e ibuyen según la impo ancia de los mismos,
jamás po las mayo es o meno es necesidades del ope a io, c eemos […]
que no hay azón alguna en e ibui menos la mano de ob a cuando es
una muje la que se ocupa en ella»47.
Es a idea ambién e a nue a. Como se ha is o, la economía polí ica
había jus i icado, áci a o explíci amen e, las di e encias sala iales en a-
zón del sexo, y aunque había sos enido la noción expues a en el pá a o
an e io , undamen o de la idea de abajo como me cancía, no la había
aplicado de la misma mane a a homb es y a muje es48. Sin emba go, en la
medida en que es e concep o libe al hacía del abajo una ac i idad inde-
pendien e del suje o que lo p ac icaba y solo calib ada po el alo de lo
que p oducía, podía aplica se po igual a la ac i idad labo al de homb es
y muje es.
Aho a bien, di e sos his o iado es han sub ayado una cues ión que
ampoco se les escapaba a los abajado es asociados: que, a igual sala io,
los pa onos p e e ían con a a homb es po que es os disponían de más
iempo pa a el abajo al no ene que a ende las labo es domés icas. Es o
ha lle ado a pensa que la igualdad sala ial e a solo una o ma de man-
46 En o os países, la ei indicación de la igualdad sala ial apa eció acompañando a la exal-
ación de la ob e a como «mad e de amilia». Así ocu ió en G an B e aña en e 1820-40.
Véase Cla k 1995, 197-219.
47 Gusa , «La muje y la indus ia».
48 Sob e es a cues ión éase Sco 1999, 139-63; Domínguez 2000.

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Jesús de Felipe Redondo
ene a las muje es en una si uación dependien e que se añadía a las que
ya exis ían desde el An iguo Régimen49. No obs an e, es a in e p e ación
no explica po qué los ope a ios no la ei indica on con an e io idad. Es
deci , es a demanda, más que un ecu so masculino en la lucha po subyu-
ga a las muje es, pa ece se la e idencia de que las iden idades «homb e»
y «muje » no son ijas ni na u ales, sino his ó icas y es án en pe manen e
ans o mación.
Po lo que se ha is o, la ei indicación de la igualdad sala ial pue-
de conside a se una mane a de ea i ma la di e enciación en e suje os
sexuados en la o ganización in e na de las amilias ob e as y en la di isión
del abajo. De ahí la con ianza de Gusa en que dicha igualdad asegu-
a ía el empleo de los abajado es a ones y pod ía «de ol e a la muje
sus ocupaciones na u ales, pues hay di e en es abajos p opios pa a ella»,
es deci , ocupaciones en las que las muje es no compe ían con los «pad es
de amilia» po los mismos pues os de abajo. Aunque Gusa compa -
ie a ambién la noción ilus ada de que la muje que sin iese «inclinación
a abajos más ue es, que eciba la misma e ibución que los abajado es
del sexo ue e», conside aba que es e caso e a una excepción a la egla50.
Los a gumen os de Gusa ue on los mismos que undamen a on las
demandas de los abajado es asociados. En 1870, la Sociedad de Tejedo-
es de Velos de Ba celona denunció de es e modo a un ab ican e (el «S .
Reig») que con a aba muje es:
El S . Reig no epa a en explo a al abajado an o como puede, sin ene
conside ación alguna a las ci cuns ancias, a la edad y al sexo, supues o que
[…] hace una e dade a gue a al sala io del ob e o con la in oducción
en g ande escala de ob e as al o icio, a las cuales paga el mismo abajo
que hacen los homb es con excesi a ebaja51.
49 En ech 2007, 129.
50 Gusa , «La muge y la indus ia».
51 «Sociedad de Tejedo es de Velos», La Solida idad, 41, 22/X/1870. Sub ayado en el o i-
ginal.
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Capí ulo 9. Las luchas ob e as y la cues ión del abajo emenino
Es a queja se e e ía a los supues os e ec os nega i os que el abajo
p oducía en las muje es —se decía que el pa ono no enía conside ación
con el sexo de sus empleados, una ad e encia que no enía sen ido en el
caso de los ope a ios a ones— y a lo injus o de la di e encia sala ial en e
ellas y los homb es. A es e espec o, los ejedo es de elos denuncia on
como un símbolo de su explo ación la con a ación de muje es: «pa a
explo a nos […] han ido aumen ando el núme o de muje es, mien as
que an es en el o icio de ele ía no se con aba ninguna». La espues a de
la asociación ob e a no ue la exclusión de las ejedo as, sino la pe ición
de una a i a igual pa a los abajos de homb es y muje es. Si homb es
y muje es abajaban po el mismo sala io «no hab ía compe encia, pues
odos ende ían el géne o igual»52. O o ejemplo es el de los hilado es de
lana de Sallen , que en 1870 p opusie on negocia una a i a en la que se
obliga a a los ab ican es a paga a las ope a ias y a los jó enes el mismo
jo nal que ecibían los homb es: «hemos conside ado opo uno p escindi
de la dis inción en e homb es y muje es, de g andes y pequeños, y solo
aspi amos a que odos puedan gana deco osamen e la subsis encia»53.
Pa a las sociedades ob e as, la a i a común enía una impo ancia
esencial pa a e i a la explo ación an o de homb es como de muje es.
Es o en aña que, po p ime a ez, los miemb os (homb es y muje es) de
las asociaciones de abajado es concebían a las ope a ias como suje os dis-
in os a los « abajado es pad es de amilia», con in e eses p opios (de i a-
dos de su condición de «compañe as del homb e») pe o ambién comunes
a los de los ope a ios a ones. En es e sen ido, la «ob e a» se cons i uyó
como suje o ac i o que podía con ibui con sus p opias ue zas a la lucha
ob e a con a la explo ación. De ahí que apa ecie an los p ime os llama-
mien os especí icamen e di igidos a las ope a ias pa a que se a iliasen a
52 «Discu so de An onio Illa».
53 «Discu so de José Rosell» en A beloa 1972, 116. Asimismo, la Unión Manu ac u e a
pidió al Gobie no la igualdad sala ial en e ope a ios a ones y ope a ias en 1873 (La
Re is a Social, 48, 10/VII/1873. Ci ado en Iza d 1973, 119). Los delegados de las
asociaciones ob e as ca alanas a iliadas a la AIT p esen a on a la FRE la p opues a de
alcanza dicha igualdad. Véase Te mes 2000 [19651], 161; López González y Ga cía
Lasaosa 1982, 245-46.
328
Jesús de Felipe Redondo
las asociaciones de esis encia. En 1865, Gusa a i mó que la desigual-
dad sala ial ocasionaba «un mal que las sociedades abajado as han de
p e eni con iempo p ocu ando asocia a las abajado as lo mismo que
asocia al ope a io»54. Como se dijo en el capí ulo 2, en es as sociedades
ya había ob e as a iliadas, pe o nunca an es se las había in i ado a o ma
pa e de ellas de o ma especí ica en an o que «muje es ob e as» —ni, po
lo que he in es igado, ampoco es as habían demandado es e a amien o
pa icula —. En la década de 1860, la «ob e a» apa eció como un suje o
con olun ad y libe ad p opias a la que había que mos a sus in e eses
comunes con los abajado es a ones.
A inales de la década de 1860, los ejedo es de elos de Ba celona
con oca on a ias euniones «de muje es pa a que se adhi iesen a la socie-
dad», y a ias decenas de ejedo as die on es e paso. Pe o los ab ican es
se nega on a acep a una a i a común y la mayo ía de las ejedo as acabó
abandonando la asociación55. En 1870, los ejedo es de elos emp endie-
on una nue a campaña de p opaganda di igida a las ope a ias. Da la
imp esión de que un g upo de ejedo as se mos aba eacio a o ma pa e
de es as o ganizaciones po miedo a se sus i uidas en sus abajos po
homb es. Un miedo que enía undamen o si se iene en cuen a lo que
había pasado en Igualada en 1868, cuando los ope a ios asociados habían
log ado p ohibi a las ope a ias abaja en los alle es. Sin emba go, los
ejedo es ba celoneses aduje on que no p e endían nega el de echo al
abajo de las muje es en an o que indi iduos lib es y con de echos:
Una de las insinuaciones que os hacen pa a aleja os de la Sociedad,
es la de que los homb es quie en in adi el pues o de las muje es has a
a oja las de sus ela es; alsa suposición que negamos o malmen e; supo-
sición con a la cual hay el amo de he manos que os debemos y el de echo
que odo se i ien e iene a la ida y al abajo56.
54 Gusa , «La muje y la indus ia».
55 «Discu so de An onio Illa», 141-42.
56 «La sociedad de ejedo es de elos a sus he manas de abajo y a los pad es, u o es,
supe io es y ma idos de las mismas», La Fede ación, 55, 4/IX/1870.
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Capí ulo 9. Las luchas ob e as y la cues ión del abajo emenino
En ez de p ohibi el abajo emenino, es os ejedo es asociados p e-
endían c ea un en e común pa a e i a la explo ación de odos. Una
explo ación que, según ellos, pe judicaba g a emen e a las ejedo as po -
que a en aba con a su «dignidad de mad es», su «ca iño de hijas» y «amo
de he manas», a gumen o que emplea on pa a in en a con ence a las
ejedo as indecisas o con a ias a la asociación:
Asociaos, po que en la Sociedad es á ues a sal ación: si os negáis a
ello, con inua éis siendo indignamen e explo adas: e éis me ma ues as
pocas ue zas an e el egoísmo co up o que os ama a a su olun ad ini-
cua pa a de o a os, […] y end éis que dobla , desespe adas, ues a en e
a la iolencia que hacéis a ues o sexo, a ues a dignidad de mad es, a
ues o ca iño de hijas y a ues o amo de he manas; obligadas po una
paga mezquina que i á disminuyendo cada día y se anula á po comple o,
cuando ues o amo haya ealizado sus maquia élicas in enciones.
Po an o, es a in e pelación a las « abajado as» se basaba en su con-
cepción de «compañe as del homb e». De ahí que la consecución de la
igualdad sala ial es u ie a es echamen e elacionada con su a ibuido
papel amilia . Los ejedo es asociados señala on que de la misma mane a
que los abajado es a ones aspi aban a se espe ados po los capi alis as
po su condición de homb es, las ob e as e an «ac eedo as» del mismo
« espe o» y las mismas «conside aciones» que las muje es de los ab ican es:
«la Sociedad es la ga an ía de ues o espe o y de ues as conside aciones
a las que sois an ac eedo as como la muje del más pode oso capi alis a»57.
En úl ima ins ancia, los abajado es asociados con iaban en que la aso-
ciación pe mi i ía a las muje es eje ce su supues a unción den o de la
amilia:
[…] la Sociedad [de ejedo es de elos] lo que quie e de oso as, he -
manas nues as, es que dejéis de en iquece a quien ya de sob as iene lo
su icien e pa a bu la se de ues a desg acia […] y que, además de odo,
57 Pa a es as ci as y la del pá a o an e io éase «La sociedad de ejedo es de elos a sus
he manas de abajo, no asociadas», La Fede ación, 33, 13/III/1870.
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Jesús de Felipe Redondo
Las coope a i as ob e as habían se ido de e e en e o ganiza i o pa a
pensado es socialis as, pe o el coope a i ismo puede conside a se una co-
ien e pa cialmen e au ónoma. El pun o común que unía a los coope a-
i is as e a la idea socialis a de que los abajado es e an los únicos indi-
iduos p oduc i os de la sociedad. Es a idea no implicaba necesa iamen e
que el capi al ue a innecesa io pa a la p oducción. Según los coope a i-
is as, una cosa e a el capi al que hacía posible y mejo aba la p oducción
median e su in e sión en ins alaciones, máquinas y ma e ias p imas, y o a
el capi alis a, es deci , la pe sona ísica o ju ídica que in e ía el capi al
acumulado y adminis aba su emp esa pa a en abiliza su in e sión —un
obje i o que le impulsaba a «explo a » a sus empleados—. Pa a los coo-
pe a i is as, el capi al e a imp escindible, pe o el capi alis a no, pues el
capi al podía se ges ionado po las asociaciones ob e as.
Los coope a i is as iden i ica on el sis ema sala ial como el ins umen-
o del que se alían los capi alis as pa a ap opia se del u o del abajo del
ob e o. Po ello, no c i ica on los descensos sala iales ni lucha on con a
ellos como hacían las sociedades de esis encia, sino el sala io en sí mismo.
Pensaban que la ex ensión de las coope a i as ob e as elimina ía paula i-
namen e el con a o sala ial que negaba los de echos de los abajado es y
acaba con la explo ación y los capi alis as. Así lo expusie on en 1869 los
coope a i is as ba celoneses de La Fede ación:
noso os c eemos que el sala io es una in amia social, una e e na injus icia
que se hace al digno, al hon ado abajo, noso os que emos que el abajo
es é muy po encima del e inado egoísmo, de la usu a de esos pa ási os
[los capi alis as], mejo dicho de esos [i]nep os pa a el bien, que no se
ocupan en o a cosa que en calcula como más pod án en iquece se, como
mejo pod án explo a desoyendo comple amen e a su conciencia, si la
ienen. Noso os es amos i memen e con encidos que no hab á equidad
y bienes a has a que en el mundo no se cumpla el g an p incipio social
de que El T abajo ha de se p opiedad de los abajado es… Po es o noso os
somos con a ios al sala io; […] po es o noso os somos pa ida ios del
sis ema coope a i o, po que […] iende a he mana el abajo y el capi al,
no haciendo como hoy que el mal llamado o den social se di ida en una
clase de capi alis as y en o a de asala iados[,] sino haciendo que el ob e o,

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