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La última muerte antes del Imperio: historiografía castellana y providencialismo en torno al príncipe Miguel y al nacimiento del futuro Carlos V

Abstract

Con la muerte del príncipe don Juan en 1497, Isabel de Castilla y Aragón, reina de Portugal por su matrimonio con Manuel I, pasa a ser la sucesora de sus padres, los Reyes Católicos. Fallecida en el parto de su hijo Miguel, el recién nacido se convierte en el heredero de Castilla, Aragón y Portugal. Este príncipe, que podría haber cambiado el curso de la historia de la península ibérica, murió antes de cumplir los dos años, por lo que los derechos sucesorios recayeron en Juana, tercera hija de Isabel y Fernando. A través de su matrimonio con Felipe el Hermoso, la dinastía extranjera de los Habsburgo llegará a ser titular de la monarquía española. En este trabajo se analiza el tratamiento providencialista dado por los cronistas castellanos tanto a la muerte del príncipe Miguel como al nacimiento del futuro emperador Carlos V

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La última muerte antes del Imperio: historiografía castellana y providencialismo en torno al príncipe Miguel y al nacimiento del futuro Carlos V

Author: Moya García, Cristina
Publisher: Universidad de Alcalá de Henares
Year: 2021
DOI: 10.37536/RLM.2021.33.0.89306
Source: https://idus.us.es/bitstreams/4832142a-990e-4afb-96d0-b4e020848c66/download
RLM, xxxiii (2021), pp. 163-188, ISSN: 1130-3611 | e-ISSN: 2660-4574
La úl ima mue e an es del Impe io:
his o iog a ía cas ellana y p o idencialismo en o no
al p íncipe Miguel y al nacimien o del u u o Ca los V*
C is ina Moya Ga cía
Uni e sidad de Se illa
[email p o ec ed]
In oducción
Isabel de Cas illa y Fe nando de A agón, los Reyes Ca ólicos, u ie on
un único hijo a ón, el p íncipe don Juan (nacido en 1478), y cua o
hijas, las in an as Isabel (1470), Juana (1479), Ma ía (1482) y Ca alina
(1485). Sus ma imonios si ie on pa a es ablece una se ie de alianzas
polí icas con o os einos. El he ede o, el p íncipe don Juan, con ajo
ma imonio con Ma ga i a de Aus ia, hija del empe ado Maximiliano
I y de Ma ía de Bo goña. La alianza con el impe io se io e o zada con
el ma imonio de la segunda de sus hijas, Juana –que pasa á a la his o ia
con el sob enomb e de «Juana la Loca»– con Felipe el He moso, hijo y
he ede o de Maximiliano y duque de Bo goña. De es e modo, se cele-
b a on dobles bodas, dos hijos de los Reyes Ca ólicos con dos hijos del
empe ado 1.
La hija p imogéni a, Isabel, casó en 1490 en p ime as nupcias con el
p íncipe don Al onso, he ede o de Juan II de Po ugal; un enlace dicho-
so pe o co o en el iempo, ya que el p íncipe mu ió a los pocos meses de
* Es e abajo se insc ibe en el p oyec o La esc i u a elabo ada en español de la Baja Edad
Media al siglo x ii: Lengua epis ola y cambio lingüís ico (PID2020-113146GB-I00).
1 También se a a denomina a es os enlaces «ma imonios c uzados». A pa i de las bodas
de los hijos de los Reyes Ca ólicos y los del empe ado Maximiliano I, los ma imonios c uza-
dos se con i ie on en una cos umb e en la casa de Aus ia, con la que se o alecía doblemen e
la alianza de los Habsbu go con o as casas eales. Así, Fe nando de Aus ia, u u o empe ado ,
y su he mana Ma ía de Aus ia, hijos de Juana y Felipe, se casa án espec i amen e con Ana y
Luis II Jagellón; sus he manos Ca los V y Ca alina con ae án ma imonio con Isabel de Po -
ugal y Juan III de Po ugal; el u u o Felipe II y su he mana Juana se uni án a Ma ía Manuela
de Po ugal y a su he mano, el p íncipe Juan de Po ugal, hijos ambos de Juan III de Po ugal;
y la cos umb e con inua á con sus suceso es. El empe ado Maximiliano ue quien puso en
p ác ica es e sis ema (Bennassa 2007: 52-60). Un conocido dís ico la ino e leja el in e és de
la casa de Aus ia po es ablece alianzas a a és de los ma imonios: «Bella ge an o es, u,
elix Aus ia, nube / Nam quae Ma s aliis da ibi egna Venus» («Deja gue ea a los ue es;
ú, eliz Aus ia, cása e, / pues los einos que Ma e da a o os, a i e los da Venus») (Rumeu
de A mas 2001: 72).
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la boda as cae de un caballo. Al en iuda , la in an a Isabel ol ió con
sus pad es, con los que pe maneció has a la celeb ación de su segundo
ma imonio, que la con i ió en esposa de Manuel I de Po ugal y en ei-
na del país ecino. Las in an as meno es, Ma ía y Ca alina, con ae án
ma imonio años después; Ma ía en 1500 con el iudo de su he mana
Isabel, Manuel I de Po ugal, y Ca alina con el p íncipe A u o, he ede o
de En ique VII de Ingla e a, en 1501 y, años después, en 1509, se con-
e i á en eina de Ingla e a po su unión con En ique VIII2.
Todas las espe anzas de los einos y de los Reyes Ca ólicos ecaían
en el p íncipe don Juan, el anhelado he ede o que ino al mundo en Se-
illa el 30 de junio de 1478 (Be náldez 1962: 73). A mado caballe o po
su pad e en la ega de G anada en 1490 (Be náldez 1962: 217), cuan-
do oda ía no se había encido a los naza íes, el p íncipe ecibió una
esme ada o mación (Alcalá y Sanz 1998: 53-85). Puede conside a se
que su boda con Ma ga i a de Aus ia en la p ima e a de 1497 ma ca
el momen o ceni al del einado de sus pad es. Anexionada G anada en
1492, los einos i ían un momen o de esplendo y el peso en la polí ica
in e nacional de Cas illa y A agón e a cada ez mayo . Sin emba go, la
his o ia es cap ichosa y los es ejos po las bodas del he ede o se o -
na on en lu o cuando el p íncipe alleció en Salamanca el 4 de oc ub e
de 1497 a la edad de 19 años (Alcalá y Sanz 1998: 190-191). Es a es la
p ime a de una se ie de mue es que se sucede án an es de que los de-
echos dinás icos ecaigan, con a odo p onós ico, en Juana – e ce a de
los hijos de los Reyes Ca ólicos–, y, a a és de ella, en su hijo Ca los,
que se á I de España y V de Alemania.
La mue e del p íncipe don Juan sumió a los mona cas y a odos sus
einos en la más p o unda de las is ezas, pues Isabel y Fe nando no
enían más hijos a ones. La iuda del p íncipe, la jo en Ma ga i a de
Aus ia, quedaba encin a, pe o el emba azo se malog ó3. La p imogéni a
de Isabel y Fe nando, la in an a Isabel, que acababa de con e i se en ei-
na de Po ugal po su ma imonio con Manuel I, pasaba a se la p incesa
de As u ias. Fue, p ecisamen e, cuando se es aban celeb ando sus bodas
en Valencia de Alcán a a, cuando llegó a iso de la g a edad del es ado
del p íncipe don Juan, po lo que el ey Fe nando pa ió elozmen e a
Salamanca, adonde llegó pa a e expi a a su hijo (Angle ía 1953: 344).
2 Las alianzas ma imoniales es ablecidas con las bodas de los hijos de los Reyes Ca ólicos
han sido p o usamen e es udiadas. La bibliog a ía que pod ía ci a se es muy amplia, emi o a
dos abajos muy escla ecedo es (Pé ez 2002: 53-82; Al a Ezque a 2002: 131-165).
3 En una ca a di igida al a zobispo de B aga y echada el 5 de junio de 1498, Ped o Má i
de Angle ía (1953: 365) esc ibe: «¡Ay de noso os! Cuando aquella desna u alizada mad as a
empieza a pone se u iosa, ¡ aya a ugas que se le amon onan! En luga de la deseada p ole,
[Ma ga i a] ha enido un abo o; en ez de la ape ecida descendencia, nos ha o ecido una
in o me masa de ca ne digna de lás ima. Po an o, al al a la deseada p ole po pa e del
P íncipe, son llamados a es a ingen e mole de an os einos sus u u os poseso es –si Dios no
dispone o a cosa– u Rey Manuel y su esposa Isabel».
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Con e ida en he ede a de sus pad es, Isabel enía que se ju ada
po las co es de Cas illa y A agón, mo i o po el que la nue a eina de
Po ugal –«a iendo sólos çinco meses que es aua en Po ugal», como
señala Ped o Mexía, c onis a de Ca los V (Angle ía 1945: 17)– y su
esposo c uza on la aya y se aden a on en ie as cas ellanas. La ju a
po las co es de Cas illa u o luga en Toledo y discu ió sin inciden es.
Sal ado es e ámi e, ocaba la ju a en A agón, eino en el que es aba
igen e la ley sálica y en el que el suceso del ey Fe nando no podía se
una muje . Como la eina de Po ugal y p incesa de Cas illa y de A agón
se encon aba emba azada, se decidió espe a al alumb amien o pa a e
si nacía un a ón (San a C uz 1951: 180; Zu i a 1991: 119-120).
Miguel, «he ida de Dios»
En Za agoza, los eyes y la co e espe aban en agos o de 1498 el alum-
b amien o de la p incesa y eina de Po ugal. Pa a aleg ía de los mona -
cas, Isabel dio a luz a un a ón. En la His o ia del ey don He nando
el Ca ólico, Je ónimo Zu i a apo a de alles p ecisos sob e el día del
pa o. Así, in o ma de que «nació el p íncipe un jue es íspe a de San
Ba olomé a las doce ho as del mediodía» (Zu i a 1991: 120); es deci ,
el nacimien o u o luga el 23 de agos o. Aquel día, sin emba go, la
elicidad po la llegada del nue o he ede o ápidamen e dio paso a la
más absolu a desolación cuando una ho a después del alumb amien o,
la p incesa y eina de Po ugal allecía en b azos de sus pad es (Zu i a
1991: 120)4. Una ez más la mue e o cía las espe anzas de los Reyes
Ca ólicos y con e ía a un ecién nacido en el he ede o de los einos de
Cas illa, A agón y Po ugal.
En su His o ia del Empe ado Ca los V, una c ónica muy in e e-
san e den o de la his o iog a ía del empe ado , Ped o Mexía ela a el
nacimien o del p íncipe Miguel –e ando, po cie o, en la echa del mis-
mo– y o ece una se ie de explicaciones en las que compa a la enida
al mundo de es e nie o de los Reyes Ca ólicos con un episodio bíblico:
4 Los pa os suponían un g a e pelig o pa a la ida de las mad es. Lamen ablemen e, la
mue e de las muje es al da a luz o en los días pos e io es e a ecuen e. Di e en es einas y
p incesas peninsula es allecie on en el ance de pa i . Solo po ceñi nos a iempos ela i a-
men e p óximos al nacimien o del p íncipe Miguel, de las cua o hijas de los Reyes Ca ólicos
dos allecie on de pa o: la ya mencionada p incesa Isabel al ene a su hijo Miguel y, años
después, en 1517, Ma ía, eina de Po ugal desde 1500, pe dió su ida en 1517 al da a luz a
su hijo meno , An onio (Á ila Seoane 2016: 140). La empe a iz Isabel, esposa de Ca los V e
hija de la an e io , mu ió en 1539 como consecuencia de un pa o que se adelan ó (Fe nández
Ál a ez 1999: 593). De las cua o esposas de Felipe II, hijo de Ca los V y de la empe a iz
Isabel, dos allecie on de pa o: Ma ía Manuela de Po ugal, en 1545 sin habe cumplido aún
los 18 años, al da a luz al p íncipe don Ca los (Pa ke 2010: 85-86); e Isabel de Valois, en
1568 con 23 años, al su i un pa o p ema u o de una niña, Juana, que, al igual que su mad e,
no log ó sob e i i (Pa ke 2010: 452).
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Y es ando en ellos [los einos de A agón], en el mes de o ub e del año
de no en a y ocho, n año después que mu ió el p ínçipe don Juan, pa ió
la dicha doña Ysabel, eyna de Po ugal y p inçesa de Cas illa y A agón,
n hijo, el qual llama on don Miguel. Y pudié asele pone el nomb e
de Benoni, que puso Rachel quando pa ió a Benjamín su hijo, que se
in e p e a hijo de mi dolo , po la misma azón po que del dolo y auaxo
mu ió la eyna su mad e, como Rachel del suyo (Mexía 1945: 17).
La his o ia de la mue e de Raquel es na ada po el Génesis (35: 17-
20)5. Hay que ene en cuen a que an o los esc i o es del einado de los
Reyes Ca ólicos como los de épocas pos e io es es ablecie on pa alelis-
mos en e dis in os pe sonajes o episodios de la amilia eal y di e en es
pe sonajes o pasajes bíblicos. Así, po ejemplo, con mo i o del naci-
mien o del p íncipe don Juan después de nue e años de ma imonio, el
bachille Palma compa ó en su Di ina e ibución de España a la eina
Isabel y al p íncipe don Juan con san a Isabel y su hijo san Juan6. En el
caso del nacimien o del p íncipe Miguel, la compa ación en e la mue e
de su mad e con el allecimien o de Raquel as pa i a Benjamín se in-
se a en la misma línea p o idencialis a que impe aba en la época y que
con inua á du an e los einados siguien es7. De hecho, en la li e a u a de
su iempo, se alo a á con ecuencia al empe ado Ca los V desde el
p o idencialismo y el mesianismo8.
La compa ación que es ablece Mexía en e Isabel de Cas illa y A a-
gón y la Raquel del An iguo Tes amen o es pe inen e no solo po que
ambas mue en al da a luz, sino po que es a úl ima se conside a modelo
de muje «buena», «cas a» y «sie a de Dios», como la de ine Diego de
Vale a en su a ado De ensa de i uosas muje es (2009: 282), donde
5 Ci a é los pasajes bíblicos a pa i de la aducción de Luis Alonso Schökel y Juan Ma eos
(Nue a Biblia Española 1975). En el einado de los Reyes Ca ólicos la his o ia de la mue e
de Raquel e a bien conocida no solo po la Biblia sino ambién po una se ie de ex os que e-
cogie on cómo es a dio a su hijo el nomb e de Benoni an es de mo i as pa i lo. Así, Palencia
e ie e es a his o ia en su Uni e sal ocabula io en la ín y en omance (1967: ol xxxxiiii ); al
igual que Rod igo Fe nández de San aella, quien ambién alude al nomb e de Benoni que Ra-
quel dio a su hijo pequeño en su Vocabula ium Eclesias icum (1499). Remi iendo al Génesis,
explica que Benjamín ue «nomb e que Iacob, su pad e, le puso quando lo ci cuncidó siendo
in an e de ocho días, pe o cuando su mad e, Rachel, mu ió de su pa o, lo llamó Benoni: hijo
de mi dolo (Gene. xxx .)» (1549: h. B 7 ).
6 En es a ob a, leemos: «Nasçió el bien a en u ado san Juan, de san a Elisabed; nasció
el deseado p íncipe don Juan, de la Reyna, nues a senno a, donna Ysabel: a ales mad es,
ales ijos; deseado el no, deseado el o o» (1879:78). Bal asa Cua Mone , hablando del
p o idencialismo en el einado de los Reyes Ca ólicos, señala que a la eina Isabel se la llegó
a compa a con la Vi gen Ma ía, po lo que «la igu a de la eina cob aba in es casi di inos, y
casi blas emos» (2004: 85).
7 Sob e el p o idencialismo en el einado de los Reyes Ca ólicos, éase José Cepeda Adán
(2010: 85-99).
8 Se ha señalado la conexión de Ca los V con las co ien es mesiánicas eu opeas. Sob e
es a cues ión pueden consul a se desde el es udio ya clásico de Ree es (1969: 361) has a el
más ecien e de Po es à (2018: 156, 176, 236), pasando po el imp escindible abajo de Milhou
(1983: 301, 331).
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la inse a en la nómina de muje es bíblicas i uosas. Ál a o de Luna,
po su pa e, au o de o a ob a –con empo ánea a la de Vale a– que
igualmen e ensalza a las muje es i uosas, Vi uosas e cla as muge es,
menciona a Raquel jun o a su he mana Lía y se e ie e a ellas como: «las
muy sabias e i uosas Raquel e Lía, muge es del g and pa ia ca Jacob
lo escien es po ma a illosos do es de sus co açones» (2008: 227).
Sabemos que la eina de Po ugal y p incesa de Cas illa y A agón,
conocedo a de los pelig os del pa o, emía el momen o del alumb a-
mien o y quiso p epa a se, como buena c is iana, pa a una posible mue -
e que, según Alonso de San a C uz, de alguna o ma, ella in uía. Así lo
ecoge San a C uz en su C ónica de los Reyes Ca ólicos, donde esc ibe
al espec o: «Y la eina doña Ysabel de Po ugal, como emiese mucho
su mue e en aquel pa o, como sabia y buena c is iana p ocu ó an es de
eni aquel pun o de con esa se y ecebi los sanc os sac amen os, con
muy g an de oción y muchas lág imas» (1951: 180). Un es igo de los
hechos, Ped o Má i de Angle ía, con i ma que San a C uz es á en lo
cie o, pues según el i aliano: «ella p e ió su mue e, la mue e que an-
as eces anunció end ía con el pa o», po lo que «an es que llega a el
día del pue pe io, se hizo p epa a cuidadosamen e el iá ico y hacía e-
ni a cada momen o a eligiosos pa a con esa se con ellos». Ped o Ma í
de Angle ía o ece odos es os da os en una ca a esc i a en Za agoza,
donde se encon aba la co e, echada el 1 de sep iemb e, días después
del óbi o, y di igida al a zobispo de B aga donde, en e o as in o ma-
ciones, explica a su in e locu o que la eina y p incesa «si casualmen e
incu ía en algún e o , de odillas y con lág imas pedía, ogaba e insis ía
en que se le die a la absolución» (1953: 374).
Los emo es de la eina y p incesa se con i ma on y el pa o u o un
a al desenlace. San a C uz ela a que « enida la ho a, pa ió un hijo; el
qual aun del odo no he a salido a luz, quando la mad e, con el g an do-
lo que sin ió, quedó mue a. Po que como uese muy delicada, no ubo
ue ça pa a su i los g andes dolo es que en el pa o le die on» (1951:
180).
Su allecimien o causó a los pad es y al ma ido un eno me dolo ,
« an o que mo ía a conpasión de ellos y de oí lo que decían»9. No
obs an e, «como pe sonas an sabias, se consola on, con o mándose con
la olun ad de Dios Nues o Seño , que a ía enido po bien el lle á sela
pa a sí» (San a C uz 1951: 180). Es a esignación c is iana en el mo-
men o sup emo de la mue e de un hijo ya la había mos ado an e io -
men e la eina Ca ólica cuando, al ecibi la no icia del allecimien o del
p íncipe don Juan, supues amen e p onunció, según la adición: «Dios
nos lo dio, Dios nos lo ha qui ado, sea su nomb e bendi o» (Clemencín
9 Zu i a, po su pa e, señala que «Fue su mue e con g an dolo y sen imien o del ey y de
la eyna que la amaban sumamen e» (1991: 121).

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1820: 42), ememo ando la conocida ase bíblica de Job (1: 21)10. An e
la mue e de la p incesa Isabel, an o la eina Ca ólica como el ey Fe -
nando y el ey Manuel, su ye no, en endie on que Dios «a ía enido po
bien el lle á sela pa a sí» po que, además de se «c is ianísima, he a
sabia y hones a y ca ólica eina» (San a C uz 1951: 180).
El ecién nacido, he ede o de los einos de sus abuelos y de Po ugal
po pa e de su pad e, ue bau izado con el nomb e de Miguel. No es á
cla a la azón po la que el p íncipe ecibió es e nomb e, que an e io -
men e no había lle ado ningún ey de Cas illa, A agón o Po ugal11. De-
pendiendo de la uen e que consul emos la explicación del mo i o de la
elección se á una u o a. Las c ónicas nos o ecen di e en es e siones.
And és Be náldez, el cu a de Los Palacios, señala en sus Memo ias del
einado de los Reyes Ca ólicos que ue su mad e, la eina de Po ugal, la
que omó es a decisión –«a quien ella mandó llama don Miguel» (1962:
380)–, pe o no p ecisa la azón de su elección. San a C uz, po su pa e,
indica que el nue o p íncipe « ue bau içado, aunque no con el place
que se pensa a», po la mue e de su mad e, y comen a que «le pusie on
po nomb e don Miguel, po a e nacido día de San Miguel» (1951:
180-181), lo cual no se ajus a a la e dad po que el p íncipe no nació el
29 de sep iemb e; es más, ni siquie a nació en el mes de sep iemb e. En
es e sen ido, debe señala se que las c ónicas no coinciden en la echa del
nacimien o del niño y, dependiendo del ex o consul ado, el alumb a-
mien o se si úa en agos o, sep iemb e e, incluso, oc ub e de 1498.
Sob e el bau izo del p íncipe, es Zu i a, una ez más, el c onis a que
p opo ciona los da os más p ecisos. Además, apo a una e sión di e en-
e del mo i o de la elección del nomb e de Miguel:
El p íncipe ue bap izado un ma es a cua o del mes de sep iemb e, en
la iglesia me opoli ana de San Sal ado en la capilla pa oquial de San
Miguel, que undó el a zobispo don Lope He nández de Luna, de ico y
sump uoso edi icio; y la dedicación de ella y eligión de aquel sag ado
luga pa ece que ue causa que al p íncipe se puso nomb e de Miguel
(1991: 121).
10 Son muchos los bióg a os mode nos de Isabel la Ca ólica que, sin emi i a uen e algu-
na, e ie en que la sobe ana p onunció es a ase bíblica (Job 1:21) –con a ian es, undamen-
almen e po que a eces se ci a «nos lo dio» y o as «me lo dio»– al ene conocimien o de la
mue e del p íncipe Juan. No obs an e, no he log ado encon a ninguna uen e más o menos
con empo ánea a la eina que la e ie a. Tampoco, ya en el siglo XVIII, la ecoge el pad e
En ique Fló ez en sus Memo ias de las einas ca ólicas (1761). La uen e más an igua que he
podido as ea es Clemencín (1820), po lo que c eo que pod ía se una in ención del siglo
XIX con la que se quiso sub aya el espí i u c is iano de la sobe ana y su esignación an e los
designios di inos. De hecho, Ta sicio de Azcona señala que no sabemos «cómo eaccionó la
eina an e la a e ado a no icia» de la mue e de su hijo (1964: 714).
11 Cues ión ambién esal ada po Ru h Ma ínez Alco lo (2021: 241). El lib o de Ma ínez
Alco lo sob e Isabel de Cas illa y A agón es ya un abajo imp escindible sob e es a hija de
los Reyes Ca ólicos.
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Desca ado el azonamien o de que se eligió el nomb e de Miguel
po habe nacido el p íncipe en la es i idad de es e a cángel, enemos
las e siones de Zu i a, de que se debió a la ad ocación de la capilla en
la que ue bau izado, y la de Be náldez –cuya c ónica se compuso en una
echa mucho más p óxima a los acon ecimien os– que indica que ue de-
seo de su mad e, la p incesa y eina de Po ugal, que se llama a así; una
in o mación que coincide con la con enida en el Ca o de la Donas: «E
como ella he a an ch is ianíssima dexó su es amen o hecho y mandó
que lo que pa iesse, si uesse hijo, le pusiessen Miguel, e si uesse hija
Ana» (2001: 106)12. Cu iosamen e, en su Ja dín de nobles doncellas, un
speculum eginae compues o po ay Ma ín de Có doba pa a Isabel la
Ca ólica an es de que es a se con i iese en eina, el agus ino aconsejaba
a una jo en y oda ía sol e a Isabel que
a los hijos, si los o ie e, es obligada de los se i , c iándolos o
haciéndolos c ia a buenas y hones as amas y sob e odo ca ólicas, que
cuando les die en la e a nomb en a Jesú y a la Vi gen Ma ía y a San
Miguel, po que con la leche beban de oción des e nomb e Jesús y de los
o os (1953: 53-54).
No sabemos si la eina Isabel cumplió es a ecomendación de ay
Ma ín de Có doba, pe o pa ece cie o que su hija mayo , la p incesa y
eina de Po ugal ue muy de o a de san Miguel.
Siguiendo con la elección del nomb e del nue o p íncipe, Ped o
Mexía o ece en su His o ia del empe ado Ca los V la siguien e ap e-
ciación: «no ino ue a de p opósi o el nonb e de Micael, que signi ica
he ida de Dios. De mane a que al aleg ía g ande de su naçimien o se
mezcló luego g an dolo y is eza, y ue o o nue o cuchillo y he ida
pa a los eyes sus pad es» (1945: 17).
Lo cie o es que no sabemos cuál ue la azón po la que se eligió
el nomb e de Miguel pa a el nue o p íncipe. No obs an e, en ando en
el e eno de las hipó esis, sí podemos a en u a nos a o ece algunas
conje u as. Indudablemen e, el nomb e de Miguel –a pesa de la nula
adición en las mona quías ibé icas– es á ca gado de simbolismo en el
mundo c is iano. Quizá una p incesa an eligiosa como lo ue Isabel de
Cas illa y A agón quisie a que su hijo lle a a el mismo nomb e de san
Miguel pa a c ia se bajo su p o ección y, al ez, pa a que le si ie a de
inspi ación y modelo en su u u a ida de p íncipe c is iano.
Gu ie e Díaz de Games decla a en El Vic o ial que Dios iene « es
ó denes de ca alle os», siendo la p ime a «la o den de los ángeles que
pelea on con Luci e , de la que san Miguel es su «caudillo» (2014: 53).
12 Ma ínez Alco lo ambién ecoge es a in o mación del Ca o de las Donas (2021: 241)
y señala que has a aho a no se ha encon ado el es amen o de la p incesa y eina, que ie on
en su momen o Góis y Resende (2021: 231).
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El Apocalipsis (12: 7-12) cuen a cómo, e ec i amen e, ue san Miguel
el enca gado de lucha con a Luci e . Díaz de Games explica a con-
inuación que la segunda o den es la in eg ada po «los má i es que
mu ie on po la ee san a ca ólica» (2014: 53). La e ce a, que implica
di ec amen e al nue o p íncipe, es á cons i uida po los «buenos eyes
de la ie a, jus os e de echu e os e enien es a Dios», además de po los
buenos caballe os «que punan po de ende e mampa a la mad e san a
Iglesia, e la ee ca ólica, e la e dad de su ey e su eino» (Díaz de Ga-
mes 2014: 54). De acue do con lo ecogido en El Vic o ial, como u u o
gobe nan e, el hijo de los eyes de Po ugal es á llamado a o ma pa e
–igual que su pad e, abuelos y demás an epasados– de es a e ce a o den
de la caballe ía celes ial, po lo que ene como pa ón a san Miguel, que
es el «de enso de la iglesia de Dios» (Díaz de Games 2014: 53), es oda
una decla ación de in enciones de lo que se espe a de es e p íncipe.
San Miguel, además, iene o as decisi as encomiendas de Dios. De
ellas nos in o man dis in as ob as li e a ias, an o medie ales como de
los siglos pos e io es, y, po supues o, la Biblia, en la que el a cángel
apa ece en di e en es pasajes, como en la «Epís ola Uni e sal de san Ju-
das Após ol», donde se cuen a cómo san Miguel u o que lucha con el
demonio po el cue po de Moisés (Judas 1, 9). Y es que san Miguel e a el
enca gado de ecoge el alma de los di un os y lle a la al cielo13. Quizá
es a sea la azón po la que la eina Isabel la Ca ólica, después de in oca
a Dios y la Vi gen al comienzo de su es amen o, menciona a san Miguel:
En el nomb e de Dios odopode oso, Pad e e Fijo e Spí i u Sanc o, es
pe sonas e una essençia di inal, C iado e Go e nado uni e sal del
Cielo e de la Tie a e de odas las cosas isibles e yn isibles, e de la
glo iosa Vi gen Ma ía, su mad e, Reyna de los Çielos e Seño a de los
Angeles, nues a Seño a e abogada, e de aquel muy exçelen e P ínçipe
de la Iglesia e Ca alle ía angelical sanc Miguel (To e 1974: 61).
Igualmen e, el p íncipe don Juan encomienda su alma a san Miguel
as hace lo p opio con Dios y la Vi gen en su es amen o. Rep oduzco
el pasaje en cues ión po que es muy e elado :
E p ime amen e, po que la anima es mas noble e p eciosa que el cue po,
encomiendo mi anima a nues o Seño e Sal ado Ihesuc is o que la
comp ó e edimió po su p eciosa sang e, pa a que la lle e a su sanc a
glo ia; e luego a la i gen san a Ma ia, su mad e, que enga po bien
de oga a su glo ioso hijo que quie a pe dona odas mis culpas e
pecados, e me dé g açia pa a bi i en a epen imien o e ca idad e acaba
13 En di e en es ex os li e a ios se alude a es a misión de san Miguel. Mues a de ello son
los dos e sos iniciales del omance «Quejas de U aca», donde la in an a le dice a su pad e, el
ey Fe nando I, en su lecho de mue e: «—Mo i os que edes, pad e; / San Miguel os haya
el alma» (Díaz-Mas 1994: 76).
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en e dade a peni encia; e a seño san Miguel, angel, que dé camino
saludable a mi anima despues que des as pecado as ca nes salie e, pa a
que sin ympedimen o del enemigo pueda y al deseado luga (Alcalá y
Sanz 1999: 186-187).
Di e en es ob as li e a ias medie ales a an la igu a de san Miguel.
Especialmen e ele an e en es e sen ido es el Lib e dels àngels de Eixi-
menis, donde el anciscano le dedica odo el a ado quin o, i ulado De
San Miquel A càngel14. P ecisamen e, Elisa Ruiz iden i ica dos lib os
en cas ellano que pe enecie on a Isabel la Ca ólica, i ulados Na u a
angélica, con dos aducciones de es a ob a de Eiximenis (2004: 434).
No obs an e, hay que ene en cuen a que no odos los c í icos conside-
an ace ado iden i ica el Na u a angélica con una aducción del Lib e
dels àngels de Eiximenis15.
Tex o muy conocido y que gozó de una no able di usión, con dis-
in as e siones, ue la ob a Epís olas y e angelios po odo el año, a-
dicionalmen e a ibuida a ay Amb osio de Mon esino16. En una e -
sión imp esa en Se illa en 1549 po Domenico Robe is leemos que san
Miguel a cángel « iene o icio de pesa los mé i os y demé i os de las
almas» (1549: ccxx ), po lo que «la Iglesia can a: “¡O a chángel san
Miguel, yo e he es ablecido po p íncipe pa a escebi odas las almas”»
(1549: ccxx ). Al igual que san Miguel es el enca gado de conduci a
los que han ganado la ida e e na al cielo, el p íncipe c is iano iene que
ela po la sal ación de sus súbdi os, po lo que debe lib a los de los
pelig os y malas in luencias que les pudie an acecha . Tal ez es a idea
pesó en Isabel de Cas illa y A agón cuando eligió el nomb e de Miguel
pa a su hijo –si es que acep amos la eo ía de que ue ella la que decidió
que se llama a así–. Con iene eco da que an es de con ae ma imo-
nio con Manuel I de Po ugal, la en onces in an a Isabel –no e a p incesa
pues aún i ía en ese momen o el p íncipe don Juan– pidió a Manuel I
como condición pa a que se celeb ase su ma imonio la expulsión de los
judíos de Po ugal17. Con es a demanda, la en onces in an a dejó aslu-
14 Es e a ado quin o, De San Miquel A càngel, ha sido edi ado po Cu Wi lin
(1983). Del Lib e dels àngels puede consul a se una e sión manusc i a echada en e
1401 y 1460 en la Biblio eca Digi al Hispánica de la BNE (<h p://bdh- d.bne.es/ iewe .
m?id=0000040690&page=1>)
15 Así lo mani ies a Manuel José Ped aza G acia, quien esc ibe sob e el De na u a angelica
que «con muchas ese as pod ía iden i ica se con alguna aducción del Llib e des Angels del
anciscano F ancesc Eiximenis» (1998: 76). Sob e las aducciones cas ellanas de la ob a de
Eiximenis, éase And és I a s (1923).
16 Ma ía Ma esanz del Ba io –especialis a en es a ob a, pues ealizó como esis doc o al
una edición c í ica de ella (de endida en la UCM en 1995)– explica que se a a de una a ibu-
ción e ónea, a pesa de que así se ha ansmi ido y así ha sido ecogido es e ex o en di e en es
ca álogos (1997: 215-230).
17 T a a es e asun o y hace un esume de la cues ión Ma ínez Alco lo (2021: 195-202).
Es a in es igado a ecoge una ca a de la hija de los Reyes Ca ólicos a Manuel I en la que
insis e en la necesidad de la expulsión de los judíos de Po ugal (2021: 196-197).
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La Casa de Aus ia buscó incula se con Julio Césa siglos a ás.
Pa a a a es a cues ión, debemos emon a nos al momen o en que el
conde Rodol o de Habsbu go ue elegido Rey de Romanos en la segun-
da mi ad del siglo xiii. En onces, la Casa de Aus ia se encon ó con el
p oblema de que e a una amilia que no enía g an an igüedad –desde
luego no como la que enían o as amilias nobles del Sac o Impe io–
po lo que busca on empa en a con una es i pe omana ilus e, de la
que se an a p esen a como he ede os (Edelmaye 2004: 18). En el
siglo xi se con inuó alimen ando y pe eccionando es a eo ía, aunque
sin menciona exac amen e de qué es i pe se a aba. Es a mediados del
siglo x cuando se mues an como descendien es de los Colonna, im-
po an e amilia omana a pa i de la cual log aban empa en a con el
mismísimo Julio Césa . Todo es e p oceso es esumido po Edelmaye
(2004: 18-19), quien señala que, como había o as amilias nobles del
Sac o Impe io que igualmen e aducían es a empa en adas con los Co-
lonna, llega un momen o en que esul a más adecuado en onca con
o a es i pe omana cuya iliación no pudie a se eclamada po o as
casas nobilia ias. De ahí que, a inales del siglo x , los Habsbu go se
mues en como suceso es de los Pie leoni, que ambién se conside aban
empa en ados con Julio Césa . Edelmaye conside a que al ez Ca los
V c eyó en es a e sión, pues es ando en Roma se in e esó po posibles
supe i ien es de es a ilus e amilia (2004: 19).
El nomb e con el que ue bau izado el p imogéni o de Juana y Felipe,
Ca los, no enía adición en las casas eales cas ellana y a agonesa, pe o
sí e a un nomb e muy impo an e en Bo goña, pues el abuelo ma e no
de Felipe el He moso e a el amoso Ca los el Teme a io, al y como
ecue da ay P udencio de Sando al (1955: 18). El nomb e de Ca los
se i á a Ca los V pa a ei indica la «he encia p o é ica» que p o iene
de Ca lomagno y que, po cie o, ambién eclamó pa a sí o o mona ca
que lle aba es e mismo nomb e, Ca los VIII de F ancia (Ree es 1969:
358-359; Milhou 1983: 331).
Sob e el í ulo que había de lle a el ecién nacido Ca los, Zu i a
explica que «hubo alguna al e cación cómo se llama ía po nomb e de
dignidad». Finalmen e, su pad e, Felipe el He moso, decidió concede le
el de «duque de Lucenbu g» (1991: 193); un í ulo que pa a Sando al
anunciaba la g andeza que espe aba al niño, ya que lo «habían enido los
Césa es, sus pasados, el empe ado Sigismundo, el empe ado Ca los,
cua o de es e nomb e, y Wincislao, eyes de Bohemia y Césa es amosí-
simos»; po lo que Sando al esc ibe: «De donde comenza on a adi ina
y echa juicios, que no se engaña on, que el nue o duque de Lucembu g
había de se un p íncipe no able en el mundo» (1955: 18).
Di e en es c onis as –y según Zu i a el imagina io popula – achaca-
on a la eina Ca ólica una eacción muy e elado a cuando u o no icia
del día en que había enido al mundo es e nie o. Galíndez de Ca ajal,

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en sus Anales b e es del einado de los Reyes Ca ólicos, apun a que en
el año 1500, a 25 de eb e o «nasció el P íncipe D. Ca los en Flandes,
hijo del A chiduque don Felipe, P íncipe de Cas illa, y de la P incesa
Doña Juana» (1953: 550). Galíndez de Ca ajal o o ga una in i ulación
a Felipe y a Juana que no les co espondía en ese momen o, pues en es a
echa i ía aún el p íncipe Miguel y Felipe y Juana no e an p íncipes
de Cas illa. No obs an e, a pesa del e o , lo sus ancial es lo que esc i-
be a con inuación: «y dijo la eina cuando lo supo: Cecidi so s supe
Ma hiam» (1953: 550), la sue e ha caído en Ma ías, a ibuyendo es a
ci a bíblica de los Hechos de los Após oles (1: 26) a la eina Ca ólica
sin en a en mayo es explicaciones29. Más da os apo a San a C uz en
su C ónica del empe ado Ca los V, pues in o ma de que los Reyes
Ca ólicos se encon aban en Medina del Campo cuando supie on del
nacimien o de su nie o Ca los en Gan e, lo que les p odujo «muy g an
place ». Además, San a C uz ambién ecoge las p emoni o ias palab as
de la eina Ca ólica y ec ea el con ex o en el que las p onunció:
y la Reina dijo al Rey Don Fe nando, su ma ido, sabiendo que su nie o
había nacido el día del Após ol San Ma ías: «C eedme, seño , y no
dudéis, que así como sob e aquel Após ol cayó la sue e pa a se en el
núme o con los o os Após oles, así ha caído en sue e sob e es e nues o
nie o pa a he eda nues os einos» (1920: 2).
Las palab as de la eina, que pod íamos de ini como p o é icas
– eniendo en cuen a la dimensión que les o o gan los c onis as–, son
especialmen e ele an es po que en el momen o en que nació Ca los
i ía oda ía el p íncipe Miguel y él e a el he ede o de sus abuelos. No
obs an e, más allá de la magni ud que conceden an o San a C uz como
o os c onis as a es e episodio, lo cie o es que el juicio emi ido po la
eina Isabel es a ía undamen ado en la poca con ianza que inspi aba la
salud del p íncipe Miguel, del que sabemos, po una ca a an e io men e
ci ada de Ped o Má i de Angle ía (1953: 376), que nació muy débil.
Años después, Sando al esc ibi á en su His o ia de Ca los V que del
p íncipe Miguel se enían «pocas espe anzas de la ga ida» (1955: 17).
Je ónimo Zu i a, po su pa e, ecoge igualmen e las palab as p o-
nunciadas po la eina Ca ólica sob e su nie o Ca los indicando que «es
cosa muy pública y que la oímos a nues os pad es y digna de conside-
a se», y emi e además a los Anales del «doc o Lo enzo Galíndez de
Ca ajal au o de aquellos iempos y del consejo del ey y de la eyna»
(1991: 193). El episodio, po an o, es á a alado, según Zu i a, po una
au o idad cul a –la de Galíndez de Ca ajal, pe sona, además, p óxima a
los Reyes Ca ólicos– y po la adición o al, pues es de dominio público
29 Sob e es a ase bíblica p onunciada po la eina Ca ólica, éase Ca e e o Zamo a
(2005: 36-41).
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y bien conocido po el pueblo, que lo ha ansmi ido de pad es a hijos30.
Zu i a lo ela a así:
cuando la eina doña Isabel su abuela supo su nacimien o, aco dándose
de lo que en la Sag ada Esc i u a se hace mención que ue elegido
po sue e al apos olado de C is o San Ma ías, en endiendo en cuán a
espe anza a ía nacido su nie o de pode sucede en an os y an g andes
einos y seño íos, dijo que había caído la sue e sob e Ma ías (1991:
193).
Y apos illa Zu i a a con inuación: «y no pasa on muchos días que
salió an e dade a su p o ecía que pa eció después habe lo dicho po
inspi ación di ina» (1991: 193). El p o idencialismo y el mesianismo
en o no al nacimien o del u u o empe ado ambién es án p esen es
en la His o ia del ey don He nando el Ca ólico de Zu i a, en la que el
c onis a a agonés señala: «y así cuan o más en mi memo ia e uel o las
cosas an iguas y de nues os iempos, an o más se me ep esen a la a-
iedad de los casos humanos en odos los sucesos», y con inúa: «po que
en la espe anza de odos se enía po muy cie a y undada la sucesión
del p íncipe don Miguel con la unión del eino de Po ugal con los einos
y seño íos de Cas illa y A agón» y sin emba go « ue p e e ido pa a la
sucesión de ellos el que es aba ese ado po juicio del Cielo en la p o-
idencia di ina que había de sucede en an a glo ia y ensalzamien o de
sus einos con aumen o de an di e sos es ados y seño íos» (1991: 193).
Una ez más el p o idencialismo se asocia a un miemb o de la ami-
lia eal, en es e caso, en ealidad, a dos, pues la eina Ca ólica p o e iza
lo que a a pasa y es capaz de in e p e a los designios di inos, y su
nie o, el u u o Ca los V, nace acompañado de una se ie de señales que
lo ma can como el elegido po Dios pa a hace se ca go de los des inos
de las co onas de Cas illa y de A agón. An es de su nacimien o, ambién
la enida al mundo de su abuelo Fe nando el Ca ólico ue p esen ada po
algunos au o es –en e los que sob esale Lucio Ma ineo Sículo (1943:
18-19)– como ex ao dina ia, pues es u o acompañada de una sucesión
de enómenos que anunciaban la g andeza del des ino que le enía de-
pa ado Dios31.
30 Es o demues a que en el momen o en el que Zu i a edac ó la His o ia del ey don He -
nando el Ca ólico, di e en es capí ulos de la biog a ía de los Reyes Ca ólicos o maban pa e
del imagina io popula a pesa del iempo anscu ido desde que sucedie on los hechos. La
edición p íncipe de es a ob a de Zu i a io la luz en Za agoza, en 1580, y salió de las p ensas
de Domingo de Po ona iis y U sino (Sa asa Sánchez 2014: 107).
31 Sob e es e asun o, éase el abajo de Nicasio Sal ado Miguel (2012). Lucio Ma ineo
Sículo, po cie o, ue au o de unos poemas la inos dedicados al p íncipe Miguel que se publi-
ca on jun o a o as de sus composiciones en una ob a i ulada Ca mina e epis olae, que io la
luz en Se illa en el alle de Meina do Ungu y Es anislao Polono después de agos o de 1498 (el
p íncipe nació el 23 de es e mes) (Solís de los San os 2012: 22 y n. 33). Ag adezco al p o eso
Solís, admi ado compañe o y amigo, el habe me acili ado su abajo muy gene osamen e.
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Pa a ilus a cómo Dios eligió a Ca los pa a se el he ede o de los
Reyes Ca ólicos, Ped o Mexía ecu e, nue amen e, en su His o ia del
empe ado Ca los V a un episodio bíblico, conc e amen e a la his o ia
de cómo Da id ue elegido po el p o e a Samuel pa a se ey de Is ael
an e la so p esa de su pad e, ya que no e a de los hijos mayo es. La
compa ación con la his o ia de Ca los e a ácil de es ablece pa a Mexía,
quien hace un epaso de odas las pe sonas que han allecido an es de
que los de echos suceso ios ecaigan en Ca los a a és de su mad e:
Ansí pa eçe, como se á uis o, que es os Ca ólicos Reyes pusie on delan e
su hijo y su hija, y después su nie o pe o po sec e os juyzios de Dios
no ue on admi idos pa a el eyno, po que és e o o e a el Dauid que
Él enía escoxido pa a ello, a nque chiqui o y apa ado, y oluidado po
en u a pa a es o (1945: 18-19).
Mexía desc ibe al empe ado Ca los como un nue o ey Da id no
solo po la o ma inespe ada en la que llega on a él los einos, ambién
po que «en odo á sido ymi ado de Dauid, en la eligión y de ensión de
sus eynos y ac ecen amien o dellos» (1945: 19)32. Con es a compa a-
ción, Mexía incula al empe ado Ca los con uno de los eyes más im-
po an es del An iguo Tes amen o –a cuya casa pe enece á siglos des-
pués José, ma ido de la Vi gen–; un ey bíblico que, además, end á un
papel des acado en las co ien es esca ológicas del iempo de los Reyes
Ca ólicos y del empe ado . Igual que se había iden i icado al ey Fe -
nando con el Encubie o, ambién se p esen ó al ey Ca ólico –con ines
polí icos, pa a o alece el pode moná quico– como un nue o Da id
(Milhou 1983: 236, 302). En su nie o Ca los con inua á es a iden i ica-
ción. Las compa aciones en e Ca los V y el ey Da id ascienden el
discu so his o iog á ico y son isibles en o os e enos a ís icos, como
po ejemplo la pin u a o la escul u a (Checa C emades 1988), ya que
en la iconog a ía bíblica del Césa se ep esen ó en dis in as ocasiones
al empe ado como al encedo de Golia . Además, el empe ado ue
un g an admi ado del ey Da id y sabemos que, al inal su ida, leía
con ecuencia los Salmos de es e ey de la Biblia (Gonzalo Sánchez-
Mole o 2000: 931), con el que an o se le iden i icó; una iden i icación
que con inuó después de su mue e. De hecho, es muy in e esan e que,
en el se món úneb e que p edicó F ançois Richa do en B uselas an e
Felipe II con mo i o de la mue e de Ca los V, se compa a a al di un o
empe ado con el ey Da id y a su hijo y suceso , Felipe II, con Salomón
(Janssens 2001: 353-354); se en onca po an o a es os dos eyes de la
32 Vemos que Mexía elaciona a Ca los V po su nacimien o con Julio Césa y con el ey
Da id, po lo que el c onis a lo en onca con un hé oe de la an igüedad y con un pe sonaje
bíblico. Además, el nacimien o ex ao dina io –acompañado de señales– que a ibuye al u u o
empe ado lo incula con los dioses g ecola inos, los san os y los hé oes caballe escos.
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casa de Aus ia con dos eyes bíblicos que des aca on po su sabidu ía.
Richa do de endió que el gobie no de Ca los V se pa ecía al del ey
Da id y que el empe ado había igualado al ey bíblico «en su celo,
de oción, magnanimidad y éxi o». El nue o ey, Felipe, se asemejaba a
Salomón po que ambos con inua on y inaliza on la ob a de sus pad es.
Además, igual que Salomón había cons uido el emplo a la mue e de
su pad e, se espe aba que Felipe hicie a lo mismo en su einado (Jans-
sens 2001: 354), algo que inalmen e ealiza á con la cons ucción del
monas e io de El Esco ial, nue o Templum Dei (Checa C emades 1989;
Sánchez Rubio 2019: 46-50).
Los Reyes Ca ólicos y su nie o Ca los se si ie on de una concepción
p o idencialis a de la his o ia pa a e o za su pode egio, pues mos-
ando los hechos his ó icos –bien uesen elices o ad e sos– como de-
signios di inos o o gaban a los acon ecimien os, y a sus p opias pe so-
nas, una dimensión y magni ud que escapaba del con ol de los homb es.
Es o es lo que encon amos en las c ónicas cas ellanas de Ca los V, base
de es e abajo, cuando explican cómo ecaye on los de echos dinás icos
de las co onas de Cas illa y A agón en manos del empe ado a a és de
su mad e as la mue e de los hijos mayo es de Isabel y Fe nando, el
abo o de Ma ga i a de Aus ia y el allecimien o del p íncipe Miguel.
Desde esa concepción p o idencialis a de la his o ia y, po an o, de los
mona cas, las di e en es co ien es p o é icas que señalaban al ey Fe -
nando como quien hab ía de lucha con a el an ic is o, y que después
señala án ambién a su nie o Ca los, no hacían más que eng andece la
igu a del mona ca al p esen a lo como un elegido de Dios.
Re e encias bibliog á icas
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