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¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara

Abstract

Este trabajo parte del análisis de determinados rasgos morfosintácticos presentes en la versión española de Irene y Clara, cuya traducción del francés es obra de los gramáticos decimonónicos Vicente Salvá y José Mamerto Gómez Hermosilla, para comprobar en qué medida el uso escrito que revela la novela se corresponde con el uso prescrito en las obras gramaticales y retóricas de ambos autores, y en qué medida podemos considerar esta novela como un modelo práctico de prosa de la distancia comunicativa. El uso en la novela del doblado de los pronombres átonos, el leísmo y laísmo, la enclisis y la proclisis, el doblado de la negación con los indefinidos ningún o nada o la distribución del uso de las formas verbales en –ra y –se obedecen a regularidades que parecen encarnar unas determinadas elecciones normativas, de las que sin embargo no siempre hallamos eco en la producción metalingüística de nuestros dos gramáticos. Los datos contribuyen, por otro lado, a matizar la idea de una extraordinaria continuidad y estabilidad entre el primer español moderno y el actual, a la vez que ponen de manifiesto la heterogeneidad de las formas no ya solo diatópica, diastrática o diafásicamente marcadas, sino incluso ejemplares vigentes en ese primer español moderno.

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¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara

Author: Octavio de Toledo y Huerta, Álvaro Sebastián; López Serena, Araceli
Year: 2015
Source: https://idus.us.es/bitstreams/b24b5634-1deb-4cb1-90d1-45fbd19c6a57/download
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¿U g amma ica poesis? Sal á y la lengua
de su no ela I ene y Cla a
U g amma ica poesis? The Spanish g amma ian Vicen e Sal á
and he language o his no el I ene y Cla a1
Ál a o S. Oc a io de Toledo y Hue a [Al a o.Oc a io@ omanis ik.uni-muenchen.de]
Ludwig-Maximilians-Uni e si ä München, Alemania
A aceli López Se ena [c[email p o ec ed]]
Uni e sidad de Se illa, España
Resumen:
Es e abajo pa e del análisis de de e minados asgos mo osin ác icos p esen es en la e sión
española de I ene y Cla a, cuya aducción del ancés es ob a de los g amá icos decimonónicos
Vicen e Sal á y José Mame o Gómez He mosilla, pa a comp oba en qué medida el uso esc i o
que e ela la no ela se co esponde con el uso p esc i o en las ob as g ama icales y e ó icas de
ambos au o es, y en qué medida podemos conside a es a no ela como un modelo p ác ico de
p osa de la dis ancia comunica i a. El uso en la no ela del doblado de los p onomb es á onos,
el leísmo y laísmo, la enclisis y la p oclisis, el doblado de la negación con los inde inidos ningún
o nada o la dis ibución del uso de las o mas e bales en – a y –se obedecen a egula idades que
pa ecen enca na unas de e minadas elecciones no ma i as, de las que sin emba go no siemp e
hallamos eco en la p oducción me alingüís ica de nues os dos g amá icos. Los da os con ibuyen,
po o o lado, a ma iza la idea de una ex ao dina ia con inuidad y es abilidad en e el p ime
español mode no y el ac ual, a la ez que ponen de mani ies o la he e ogeneidad de las o mas no
ya solo dia ópica, dias á ica o dia ásicamen e ma cadas, sino incluso ejempla es igen es en ese
p ime español mode no.
Palab as cla e:
Vicen e Sal á; José Mame o Gómez He mosilla; p ime español mode no; no ma lingüís ica;
uso p esc i o y uso esc i o; cambio lingüís ico; mo osin axis; siglo XIX; his o ia de la lengua
española
1 Es e a ículo ha sido posible g acias al abajo de los p oyec os de in es igación “P ocesos de G ama ica-
lización en la His o ia del Español (P og ames) IV” (FFI2012–31427) y “La esc i u a his o iog á ica en español
de la Baja Edad Media al siglo XVI: a ian es y a iación” (FFI2013–45222), den o de los que desa olla su
labo in es igado a Ál a o Oc a io de Toledo y Hue a; y “Va iación y adap ación en la in e acción lingüís ica
en español” (FFI2011–23573) y “T adiciones discu si as, adiciones idiomá icas y unidades de analisis del
discu so en la his o ia del español mode no” (FFI2014–51826-P), en los que abaja A aceli López Se ena,
odos ellos inanciados con ondos FEDER.
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Abs ac :
Vicen e Sal á and José Mame o Gómez He mosilla, wo o he mos amous Spanish g amma -
ians in he ea ly 19 h cen u y, also co-au ho ed an adap a ion o a F ench no el which hey i led
I ene and Cla a. In his pape we o e a de ailed analysis o a bundle o key mo phosin ac ic
phenomena (among which hi d pe son cli ic-objec ag eemen , cli ic posi ion wi h ega d o he
main e b, cli ic objec doubling, nega i e ag eemen , selec ion o ela i e subo dina o s, selec-
ion o he subjunc i e in lec ional endings - a / -se) as hey appea in he no el, compa ing his
w i en usage wi h he p esc ip i e and desc ip i e judgmen s hese wo schola s o e in hei
espec i e g amma ical wo ks. Thus, we can check o which ex en I ene and Cla a’s linguis ic
o m se ed as a model o educa ed, s anda dized, high- egis e p ose abiding by he no ma i e
p oposals o Sal á and He mosilla. In a e e se mo e, he da a also allow o asce ain o p o ile
ules o eccomenda ions which a e jus uzzily ske ched in he g amma ical wo ks. All in all, he
da a e eal ha e en s anda d Eu opean Spanish (as seen and de ined by educa ed linguis s) by
1830 was s ill a long way om coinciding wi h he cu en no m.
Key wo ds:
Vicen e Sal á; José Mame o Gómez He mosilla; Ea ly Mode n Spanish; s anda diza ion; g am-
ma ical p esc ip ion and w i en usage; language change; mo phosyn ax; 19 h cen u y
RECIBIDO 2015–02–03; ACEpTADO 2015–03–19.
1. In oducción
El in e és po la his o ia de las cons ucciones sin ác icas igen es o en ans o mación
en la lengua española en e el in del español clásico (puede oma se como echa simbó-
lica la mue e de Calde ón en 1681; c . Gi ón 2004a) y la lengua inmedia amen e p ecu -
so a de la ac ual (la de La a, Bécque o, más adelan e, Galdós, pongamos po caso) ha
sido adicionalmen e de ici a io, si bien es á en auge desde hace ce ca de una década2,
y hoy en día con amos ya con una pequeña pléyade de monog a ías y olúmenes co-
lec i os3 en o no a la e olución lingüís ica de es e pe iodo, que pod íamos denomina
2 Es cie o que “[h]as a hace poco e a gene al el lamen o de que la his o ia de la lengua es aba po hace ”
pa a es e lapso empo al (Gi ón 2012: 30), y aún no hace an o que una des acada es udiosa del pe iodo se
lamen aba de que “[s]olo unos pocos es udios sob e de e minados asgos mo osin ác icos de las modalidades
ame icanas cons i uyen é iles pa celi as de ese g an e ial que, oda ía hoy, es el español de los siglos XVIII y
XIX” (Ga cía Godoy 2008: 33), mien as o o in i aba a in es iga una época que “ esul a in e esan ísima pa a
la his o ia del español po dos azones: suponemos que es el ge men de la mode nidad lingüís ica y esul a una
casi absolu a zona ciega de da os y es udios” (Sáez Ri e a 2003: 327).
3 C . po ejemplo Company (2007), Ga cía Godoy (ed.) (2012), Gi ón (2004b, 2012), Guzmán/Sáez (eds.)
(2012 y en p ensa), Melis/Flo es/Boga d (2003), Ramí ez (ed.) (2012), e c.; especialmen e en lo que a añe al de-
sa ollo en es e pe iodo de algunos g andes p ocesos sin ác icos, c . ya Company (2002a) o Gi ón (2002) y, más
ecien emen e, Melis/Flo es (2009), así como a ios de los abajos en los olúmenes colec i os ci ados. Hace
iempo que se a iende, po o a pa e, a la ca ac e ización de (aspec os de) la sin axis de au o es conc e os —c .,
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—“a al a de un nomb e mejo ” (Gi ón 2008: 2248)— p ime español mode no (c . Oc a-
io de Toledo 2007; Ga cía Godoy 2012: 357). Es igualmen e c ecien e el econocimien o
de que en es a época siguie on p oduciéndose cambios c uciales en la his o ia del idio-
ma, especialmen e si con enimos en que las al e aciones his ó icas undamen ales no
se ci cunsc iben a aquellas que a ec an al sis ema lingüís ico, sino que incluyen ambién
las ela i as a la e olución an o de las no mas idiomá icas (en el sen ido cose iano del
é mino; c . Cose iu 1952 [1967]; La a 1976; Koch 1988; Méndez Ga cía de Pa edes 1999;
López Se ena 2015) como de las no mas o adiciones discu si as (c . Koch 1988, 1997;
ambién Oes e eiche 1997; Kaba ek 2004, 2005, 2011, 2015, ed. 2008; López Se ena
2011; Ebe enz 2009)4.
En pos de la iden i icación de ales cambios ( a ea aún en buena medida pendien-
e), es e es udio a a de saca p o echo de la siguien e eliz coincidencia: en 1830, un
año an es de que se publica a, en Pa ís, la p ime a edición de su amosa G amá ica de
la lengua cas ellana según aho a se habla5, Vicen e Sal á (1786–1849) dio a la luz una
no ela, I ene y Cla a o la mad e impe iosa, adap ación de un o iginal ancés (aún po
iden i ica y localiza ) que e ió al español con la colabo ación del más conocido
p ecep is a de su iempo, José Mame o Gómez He mosilla (A e de habla en p osa y
e so, 1826; P incipios de g amá ica gene al, 1835). El hecho de que dispongamos an o
del ex o de es a no ela como de los abajos g ama icales y e ó icos de Sal á y de
He mosilla nos ha se ido de acica e pa a emp ende un co ejo en e los usos lingüís-
icos de la no ela —usos esc i os, de acue do con la p opues a e minológica de Gi ón
(1996: 301, 304; c . ambién Swigge s y Van olsem 1987; Díez de Re enga 1994)— y los
usos an o desc i os como p esc i os (o p osc i os) de ec ados en la p osa de la G amá-
ica de Sal á y de los P incipios y el A e de habla de Gómez He mosilla, según la idea
de que “una cosa es lo que el g amá ico dice que se debe deci , o a lo que dice que se
dice y o a muy dis in a lo que ealmen e dice el p opio g amá ico” (Gi ón 1996: 304;
c . ambién Díez de Re enga 1994). Nos p oponemos, pues, a e igua , median e unas
pocas calas sin ác icas, en qué medida podemos conside a es a no ela como un mo-
delo p ác ico de p osa de la dis ancia comunica i a, es o es, has a qué pun o la lengua
no elesca imi a al a e g ama ical.
po ci a solo unos pocos ejemplos, los abajos de A iza (1981), Ramí ez (2002), Sáez (2003), Gi ón (2004c,
2008), Oc a io de Toledo (en p ensa)— mien as es más ecien e la a ención a la sin axis de cie as adiciones
discu si as o conjun os de p oducción ex ual (c . po ejemplo Oc a io de Toledo/Pons 2009; Ga cía Godoy
2012; Sáez 2014a).
4 En endemos, pues, que es p eciso ma iza la idea adicional de que “[c]on el siglo XVIII puede deci se
que concluyen los g andes p ocesos his ó icos cons i u i os de la lengua española” (Cano 1988: 255) (c .
in a §4).
5 Aunque lle aba echa de 1830 y es aba compues a ya en ese año, no pa ece habe salido de la imp en a
has a agos o de 1831 (c . Lli e as 1988).
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2. La no ela I ene y Cla a: ¿ aducción o adap ación?
Has a donde sabemos, la no ela I ene y Cla a no había me ecido po aho a la a ención de
los lingüis as. Su edi o a mode na des aca que “a pesa de las dis in as manos que con-
igu a on su esc i u a, la no ela pa ece es a hecha de una sola pieza” (Rueda 2003: 11)6.
No se ha conseguido di imi si Sal á y Gómez He mosilla se limi a on a aduci una
ob a p eexis en e en ancés o si más bien p oduje on una no ela en e amen e nue a,
inspi ándose, eso sí, en algún modelo ancés an e io 7. A nues o modo de e , el análi-
sis de la mo osin axis de la no ela pod ía a oja alguna luz sob e si nos encon amos,
e ec i amen e, an e una aducción de un o iginal ancés, po aho a sin localiza , o si
se a a, como sospecha es a edi o a, de una c eación inspi ada en ob as ancesas p e-
ceden es que no cons i uye aducción de ninguna en conc e o. Con odo, en el p esen e
abajo, es a cues ión, que p e endemos abo da en un es udio ul e io , no desempeña á
un papel c ucial.
3. I ene y Cla a como pied a de oque de la no ma cul a
El co ejo de los usos g ama icales desc i os y p esc i os po Sal á y He mosilla en sus
espec i as ob as me alingüís icas con el uso esc i o p esen e en I ene y Cla a nos o ece
una opo unidad inmejo able de comp oba has a qué pun o es os au o es p e endie on
aplica a un ex o alejado del ámbi o de la enseñanza de la lengua sus obse aciones y
ecomendaciones ace ca de los asgos lingüís icos de p es igio que podían adop a se y
debían p omo e se en la p osa de la dis ancia8. Po azones de espacio, nos ceñi emos
6 La doble au o ía es econocida po Sal á, en el p ólogo de la p ime a edición, en los siguien es é minos:
“Bajo el plan que me había p opues o, que e a algo mas que o ma una aduccion lib e, enia ya concluido
como un é cio de la p esen e, cuando con la e acuación de las opas napoleónicas ecob ó en 1814 alguna
ac i idad el come cio español, y yo u e que ol e á mis ocupaciones que la gue a habia in e umpido.
Es o me obligó á con ia el enca go de e e mi abajo y de conclui lo á Don José Gómez He mosilla, cuya
ap i ud pa a desempeña lo po sus p o undos conocimien os de las buenas le as, me cons aba muchos años
hacia, cuando aun no se habia dado á conoce en el o be li é a io. […] [L]a elicidad con que lle ó al cabo es a
aduccion, haciendo en ella odos los e oques y a iaciones que e an de ape ece , jus i ican el acie o de mi
eleccion” (Sal á 1830: xii-xiii).
7 En su co espondencia pe sonal, Sal á dice a su hijo Ped o, en una ca a echada en Pa ís el 22 de junio
de 1830, habe “empezado la imp esión […] de la no ela que adujimos Gómez He mosilla y yo, in i ulada
I ene y Cla a” (Reig Sal á 1972: 127, apud Rueda 2003: 20; la cu si a es nues a), y en el p ólogo de la ob a se
decla a sa is echo “si no se ad ie e á cada línea, como en mil o as, que es una aduccion” (Sal á 1830: xiii;
la cu si a es nues a). No obs an e, Rueda (2003: 25) conside a que es a decla ación “puede ene un alo
me amen e e ó ico, que se usaba en la época pa a ac edi a ob as de en e enimien o”, po lo que concluye
que “[n]o se ía descabellado pensa que Sal á ni adujo ni adap ó su I ene y Cla a, sino que después de lee
alguna de es as ob as [las no elas ancesas que Rueda elaciona, po su con enido y ono, con I ene y Cla a]
—u o as— se le ocu ió esc ibi algo sob e el mismo ema” (Rueda 2003: 27).
8 En endemos dis ancia (comunica i a) en el sen ido de Koch/Oes e eiche (1985, 1990 [2007], 22011), es
deci , como el conjun o de si uaciones en que con e gen pa áme os comunica i os como el ca ác e público
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aquí, po un lado, a algunos ejemplos e e idos a la doc ina sob e los p onomb es á o-
nos que ilus en la obediencia de la aducción al c i e io no ma i o explíci o de sus au-
o es9, y, po o o, a la eme gencia en la no ela de cie os pa ones sin ác icos egula es
que sin duda ep esen an opciones no ma i as, pe o que apenas eciben comen a io, sin
emba go, en las ob as me alingüís icas.
3.1. El sis ema p onominal á ono de e ce a pe sona
Sal á es conocido como p omo edo del “sis ema de comp omiso” (acep ado luego po
la RAE) po el que los clí icos lo y le son admisibles pa a los obje os di ec os singula es,
si bien no indis in amen e (1):
(1) lo gene al es ob a con ince idumb e, pues los esc i o es más co ec os que dicen
ado a le, e i iéndose a Dios, ponen publica lo, hablando de un lib o. Pudie a conci-
lia se es a especie de con adicción es ableciendo po egla in a iable usa del le pa a
el acusa i o si se e ie e a los espí i us u obje os inco pó eos y a los indi iduos del
géne o animal, y del lo, cuando se a a de cosas que ca ecen de sexo y de las que lo
ienen, pe o pe enecen al eino ege al. Así di é examina le si se a a de un espí i u,
un homb e o un animal masculino, y examina lo, si de un hecho (Sal á 1830–1847
[1988]: 382–383)
de la in e acción, la ijación emá ica, la posibilidad de plani icación del discu so, el ca ác e monológico, la
au onomía ex ual, e c., p o o ípicos de las in e acciones más o males. Según An onio Capmany, cuyo A e de
aduci el idioma ancés al cas ellano eedi ó Sal á en Pa ís en 1835 (c . La a ga 2002), “[l]as ob as aducidas
no deben des ina se an o pa a enseña nos á habla , cuan o pa a mos a nos cómo hablan los demas” (Cap-
many 1776 [1835]: 18). En la ad e encia p elimina a esa ob a, Sal á añade que el que e ap ende la lengua
a pa i de al clase de ex os se ía ano e incluso con ap oducen e, pues “[e]n gene al son malas odas las a-
ducciones; ni hai quien aya á es udia en ellas su idioma na i o” (Capmany 1776 [1835]: 18). No cabe pensa ,
pues, que Sal á o He mosilla concibiesen I ene y Cla a como un ex o ejempla en que e e a un molde más
ameno sus con icciones no ma i as. Ello no supone, na u almen e, que Sal á, en pa icula , se desp eocupase
del aspec o lingüís ico de la e sión cas ellana; de ahí que, como ya des acamos en la no a an e io , en el “P ó-
logo” de la no ela hicie a cons a lo siguien e: “si no se ad ie e a cada línea, como en mil o as, que es una
aducción, el lec o siemp e me ag adece á que le p opo cione un lib o que le en e enga y que no es ague ni
sus buenas cos umb e ni su lengua” (Sal á 1830 [2003]: 80). Así, I ene y Cla a no puede en ende se como una
he amien a suplemen a ia de las ob as p esc ip i as que o ezca un modelo delibe ado de lengua cul a a la
imi ación de los lec o es; pe o sí p e ende se un ejemplo de aducción elegan e y no se il, y en ese empeño
e leja, como es na u al, los asgos de la lengua que sus aduc o es conside aban p es igiosa y cas iza.
9 Pues o que en algún pun o exis e disc epancia en e Sal á y He mosilla (como ocu e, según es sabi-
do, con la doc ina ace ca del leísmo y laísmo, e dade a manzana de la disco dia en la g ama icog a ía del
momen o: c . Gómez Asencio 1989 y, pa a los an eceden es dieciochescos, Sáez 2008), el uso p esen e en I ene
y Cla a puede asimismo ayuda a di imi igualmen e la cues ión ex ual de si en la e sión inal pesó más la
p ime a aducción de He mosilla o la pos e io e isión de Sal á: ol e emos inmedia amen e sob e es a
cues ión.
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El análisis de los da os de I ene y Cla a e ela que la egla no sepa a simplemen e a los
e e en es animados (humanos o animales) de los inanimados. Cie amen e, pa a los
p ime os, en los 240 casos que hemos encon ado (2a), la no ela emplea exclusi amen e
le, nunca lo10, mien as lo es la única solución con “cosas que ca ecen de sexo”, es o es, con
los inanimados conc e os (2b), sal o en un único ejemplo (2c)11. Pe o se da una in e e-
san e al e nancia con los abs ac os, es o es, los “obje os inco pó eos” de la de inición,
an o cuando el obje o p onominalizado puede en ende se me onímicamen e como co-
e e en e de una en idad humana (así, “ espe a mi sec e o” ale ap oximadamen e ‘ es-
pé ame’ en 3c) como cuando no es así (en 3a, po ejemplo); la a iación, además, puede
p oduci se con un mismo e e en e (3a, b) e incluso en un mismo en o no sin ác ico
(3c)12. En la p ác ica, pues, la egla de Sal á es menos ní ida de lo que pa ece a p ime a
10 La solución sis emá ica le pa a los animados masculinos se ex iende a los en o nos causa i os, en los
que el uso es oda ía hoy al e nan e según la egión, el ipo conc e o de cons ucción y o os ac o es (c .
Fe nández-O dóñez 1999): “le echó algunas pullas que le hicie on muda de colo ” (I, 86); “las úl imas palab as
que se me escapa on le hicie on de ene ” (II, 201). Con e e en e emenino, la y le al e nan en es os con ex os:
“Po Dios, seño a, uel a us ed en sí y ea si el exceso de su a licción no la ha hecho equi oca se” (II, 201);
“Us ed iene un excelen e co azón, que ida mía, y eo que es á padeciendo […] po las al as que la lige eza de
su poca edad le ha hecho come e ” (I, 91). La al e nancia no es deso denada, sin emba go, sino que p esen a un
cu ioso pa ón dis ibucional, pues le solo apa ece en la p ime a pa e de la ob a (6 casos, po o os an os con
la), mien as la es la o ma única en la segunda pa e, lo que quizá sugie a que cada pa e se e isó en un mo-
men o dis in o y con un c i e io no ma i o le emen e di e en e. Con un complemen o p edica i o del obje o,
la es la solución única en oda la ob a: “mi p opues a no se di igía a aja la, pues o que la hacía pa icipan e de
unos bienes a que en ambas eníamos igual de echo” (I, 93); “me end ía po culpable si no emplease odos
los momen os en hace la dichosa” (I, 122).
11 Es e ejemplo, aunque con a iene la doc ina de Sal á y coincide con la de He mosilla, debe a ibui se
sin duda al g amá ico alenciano, pues se in odujo en la segunda edición, en la que solo él u o pa icipación.
El ex o de la p inceps lee aquí: “Tomó el cuade no, eco ió ápidamen e algunas páginas sal eadas, y[…]”. El
ejemplo de (2c) puede compa a se con o o análogo de la segunda pa e en que igu a el uso habi ual con lo:
“con la is a cla ada en el papel de Cla a, aunque no lo hojeaba ni leía” (II, 200). Es posible que es e único le de
obje o inanimado co esponda a la p ime a e sión de He mosilla y escapase a los ojos de Sal á en la e isión.
Po lo demás, la di isión en e animados e inanimados conc e os es lo bas an e es ic a como pa a que, a pesa
de su ca ác e humano, el é mino cadá e p o oque la conco dancia con lo: “Se aco dó […] que […] se ans-
po ase el cadá e a Mad id […]. El ma qués y algunos o os lo acompaña on” (II, 230).
12 Solo en la p ime a pa e de la no ela hemos de ec ado un o al de 21 casos (10 de le, 11 de lo) en 19 con-
ex os, con 16 e e en es abs ac os dis in os. He aquí los ejemplos que comple an esa nómina: “Como yo no
es aba bas an e dies a en disimula mi pesa , mis lág imas lo publica on” (I, 87); “yo me hallaba an o pe en el
desempeño de mi nue o papel, que lo hubie a abandonado in aliblemen e” (I, 93); “¿Ha e lexionado us ed […]
sob e lo necesa io que le es es e desahogo y cuán a c ueldad se ía de audá sele?” (I, 91); “La al ane ía de es e
p ocedimien o, lejos de incomoda me, me llenó de complacencia, epu ándolo una p ueba de ca iño” (I, 93); “La
compasión obligaba al conde a […] p ocu a me algún consuelo, y de nadie le hubie a ecibido mejo ” (I, 103);
“no con aba con que es u iese segu o mi co azón, si no se a icionaba a algún o o obje o. Soy an delicado, que
no e a ácil lo encon ase” (I, 108); “El amo es la inclinación más dulce de nues a na u aleza y és a la mejo
maes a pa a enseña le” (I, 120); “La ce eza de que e a amada o alece ía mi ánimo y le ha ía supe io a cuan-
as desg acias sob e inie an” (I, 120); “Es e co azón [...] es de su hijo de us ed, y no puedo ni debo consen i en
que se lo oben” (I, 131); “esc ibí una [ca a] muy la ga en que desahogaba mi co azón, sin disimula ninguno
de los a ec os que en aquel momen o le agi aban” (I, 132); “yo in e p e aba a o ablemen e su silencio, pe o me
engañé y hubie a debido no a ibui lo más que a su polí ica” (I, 134); “Si yo no hubie a enido o o enemigo
que el edio, nada me hubie a sido más ú il pa a ence lo que una eunión de gen es” (I, 144); “¿Y qué medio
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¿U g amma ica poesis? Sal á y la lengua de su no ela I ene y Cla a
is a y opieza con di icul ades de aplicación en su p opio uso esc i o, dando luga a en-
o nos de a iación en que la no ma es insegu a13.
(2) a. Tenía buena p esencia [...]. Y su ono [...] pa ecía siemp e el de un seño de al a
je a quía. Le pin o cual le he obse ado después, po que en onces pa a mí solo e a
un en e odioso y de es able (I, 86)
La indi e encia habi ual del conde solo me le había dado a conoce bajo un aspec o
(I, 101)
b. Un día pe dí po la mañana un abanico muy boni o, y habiéndolo buscado inú il-
men e [...], con inué mi pesquisa después de come [...]. El conde me siguió sin
malicia pa a ayuda me a busca lo, pe o al le an a el almohadón de una silla, mi
mano opezó con un lib o, que había yo is o aquel mismo día en las de mi mad e.
Lo ab í […]. Me p opuso que lo leyésemos jun os (I, 84)
c. Tomó el pliego, le eco ió ápidamen e, y sin pasa adelan e en la lec u a, exclamó
[…] (II, 191)
(3) a. Mi men o , a quien comuniqué el p oyec o, le desap obó (I, 142)
Luego pasé a delibe a sob e el modo de comunica mi plan al conde y de hace que
lo ap obase (I, 161)
b. que ía e amo en odas sus acciones, y en ninguna lo encon aba (I, 158)
y en e an o el amo se a aigaba en el ondo de mi co azón, sin que yo quisiese
e le, pa a no es a obligada a lanza le de allí (I, 120)
c . ¿ Mi sec e o? Es á en mi co azón, y no sald á de él has a que yo haya… Respé ale. Tú
e a epen i ías de habé melo a ancado (I, 151)
También en el obje o di ec o plu al, según Sal á, con i en les y los, aunque la segunda
o ma le pa ece p e e ible14. En la no ela, los es solución única pa a odos los inanimados
pa a sali de un es ado an penoso? Mucho iempo andu e buscándolo y, al cabo de mucho discu i [...]” (I,
160); “- […] ¿es posible que no ha de habe emedio? -No le hay” (I, 166).
13 No lo es, en cambio, con el único ejemplo en que se p onominaliza un nomb e p opio sin a ículo con
e e en e no animado: “Es menes e que salgas inmedia amen e de Mad id y que dejes de escandaliza le con u
desa eglada conduc a” (II, 220). Aunque el uso es dis in o del ac ual, se co esponde con el empleo sis emá-
ico de la p eposición a an e es as en idades que Sal á p econiza en su g amá ica (con los conocido ejemplos
Desean e Pa ís, que condena, y Asal ó a An ioquía, que ap ueba: c . Sal á 1830–1847 [1988]: 449–451) y pone
en p ác ica igualmen e en I ene y Cla a: “La izcondesa dejó a Salamanca” (II, 266). Es e caso sub aya el pa-
alelismo e iden e que pa a Sal á exis e en e el uso p onominal á ono y el ma cado p eposicional del obje o
di ec o.
14 Las dos o mas igu an en el pa adigma ab e iado de los p onomb es (Sal á 1830–1847 [1988]: 203).
Más adelan e se p ecisa:“Los pa ece el acusa i o más p opio del plu al: Los aniquila on, amábalos, aunque
no se ía ni una g an al a, ni cosa que ca ezca de buenas au o idades deci Les aniquila on, amábales” (Sal á
1830–1847 [1988]: 384). Aún más explíci o es Sal á en el Compendio (ci o po la e ce a edición): “le y les son
el caso da i o [...], pe o en el plu al emplean algunos la misma e minación en el caso obje i o, diciendo pe se-
gui les, si bien casi odos los buenos esc i o es dicen pe segui los” (Sal á 1838 [31844]: 66). De la misma opinión
pa ece He mosilla (“es una a iedad p eciosa que haya los pa a acusa i o, y les pa a da i o”: Gómez He mosilla
1826: 198), quien sigue en es o la es ela de las g amá icas académicas (c . Gómez Asencio 1989: 377–379).
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¿U g amma ica poesis? Sal á y la lengua de su no ela I ene y Cla a
(4a), mien as con animados apa ece gene almen e los (4b) y en algún caso les (4c). Con
el da i o no hay loísmo, ni en singula ni en plu al, de nue o con o me al uso p esc i o
(Sal á 1830–1847 [1988]: 384).
(4) a. se c eían inú iles odos los emedios, y […] ella misma se negaba obs inadamen e
a oma los (I, 16)
conoce los pelig os que e odean y los medios de p eca e los (I, 155)
b. como si mi modo de a a los [= a los c iados] debiese ene los siemp e aleg es,
[…] y llegué has a abo ece los (I, 160)
c. Mi mad e había con ocado aquel día a mis pa ien es […] pa a in o ma les de la
necesidad en que ella y su ma ido se habían is o (II, 227)
El laísmo le pa ece a Sal á escasamen e acep able, si bien econoce su p esencia en
buenos esc i o es15. En I ene y Cla a es p ác icamen e gene al le(s), de acue do con la
doc ina del g amá ico alenciano y no, en cambio, con la de He mosilla, laís a decla-
ado, lo que demues a que se debe a aquel el aspec o úl imo de la aducción en lo
lingüís ico. No pueden conside a se, cla o es á, casos de laísmo los que apa ecen con
e bos psicológicos que hoy suelen cons ui se con un da i o expe imen an e, pe o que
en la época aún e an ecuen es como ansi i os (5a)16; ampoco los a ios ejemplos
con habla que ae el ex o (5b), pues la cons ucción ansi i a de es e e bo con obje o
15 Pa a Sal á “es lo más segu o usa del le y les [...]. Es con odo muy ecuen e en el lenguaje amilia deci
la y las, pa icula men e en Cas illa la Vieja y en la p o incia de Mad id [...]. Esc i o es an cul os como don
Tomás de I ia e y don Leand o Mo a ín no adop a on cie amen e po casualidad es e modismo que se halla
ambién en la Ley ag a ia de Jo ellanos [...]. Sin emba go, yo no los imi a é sino cuando de lo con a io esul e
ambiguo el sen ido [...]. Nó ase es o en los ejemplos siguien es: Encon é a Ped o con su he mana y la di el ecado;
Cuando la isi é, es aba allí su p imo y nada la dije” (Sal á 1830–1847 [1988]: 381). El mad ileño He mosilla, en
cambio, se p onuncia po la(s) como solución exclusi a, en una senda acionalis a (las o mas emeninas de-
ben ene una mo ología anspa en e y uní ocamen e emenina) que, en úl imo é mino, emon a a Co eas
(c . Gi ón 1996: 301) y se p olonga en con empo áneos de Sal á como Noboa o Saqueniza (c . Gómez Asencio
1989: 376): “si aliese mi o o, me a e e ia á p opone que espec o del p onomb e de e ce a pe sona se usase
pa a el da i o emenino de singula la y pa a plu al las, y no le y les [...].Y es o no es un cap icho ó descuido del
que habla ó esc ibe, es que la analogía le ue za en cie o modo á explica se así. Po que, si se dice: el juez p en-
dió á un gi ano, le omó decla acion, y le condenó á mue e, ¿no es á pidiendo la analogía que se diga, p endió
á una gi ana, la omó decla ación, y la condenó á la gale a?” (He mosilla 1826: 193). Po el mismo camino,
na u almen e, He mosilla solo admi e le pa a el masculino, ya sea da i o o acusa i o, al menos en singula : “No
sé si me engaño, pe o me pa ece e iden e que el lo nunca puede se masculino” (Gómez He mosilla 1826: 198).
Ya se e que en ambos pun os I ene y Cla a sigue a Sal á, no a He mosilla.
16 O os ejemplos: “me sepa é de ella pa a busca a la ba onesa y da le pa e de la boda de mi mad e. La
so p endió sob emane a” (I, 96); “ odo la asus a a us ed” (I, 123). A Sal á, de hecho, le pa ecía in ole able el
uso de le con p edicados como consola o aqueja : “no iene disculpa que Meléndez haya dicho [...] Un beso le
(la) consuela, y A iaza, La a igada cie a, si le (la) aqueja, sin que si a de excusa el p incipia la oz siguien e
po a, pues en ningún caso es pe mi ido a los poe as usa el le pa a el caso obje i o del p onomb e emenino”
(Sal á 1830–1847 [1988]: 381). Son semejan es a es as o as cons ucciones que hoy suelen p e e i el da i o:
“yo ap o echo la ocasión pa a a isa a us ed del pelig o que la amenaza” (II, 221); “¿Puedo desea u uel a, si
pienso en lo que necesa iamen e debe segui la?” (II, 231); “¡Qué indi e encia en odo lo que no la oca pe so-
nalmen e!” (II, 256).
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¿U g amma ica poesis? Sal á y la lengua de su no ela I ene y Cla a
animado (al modo, po ejemplo, del clásico la comunicó jun o a (se) comunicó con ella)
e a y es usual en muchas zonas no laís as, y pa icula men e, desde an iguo, en el o ien e
peninsula que io nace a Sal á, lo mismo que con suplica (5c)17; inalmen e, dos casos
con pe dona y asegu a (5d) posiblemen e encuen en su mo i ación en el hecho de
que ambos p edicados conocen igualmen e la cons ucción mono ansi i a con obje o
animado18. No exis en, al ma gen de es os, o os casos en que la(s) desempeñe el papel
de da i o.
(5) a. una debilidad que la i i ó y puso ale a (I, 92)
b. La ba onesa se sepa ó de noso as pa a pode p egun a a Ma cela an es que yo
la hablase (I, 113–14)
c. ine a queda en e amen e pos ada a sus pies […] y la supliqué con las más i as
ins ancias que no me abandonase (I, 135)
d. po que su pob e he mana de us ed iene mil cosas que pe dona la (I, 92)
se despidió de la p io a, asegu ándola que mi indisposición no end ía ninguna
consecuencia (I, 125)
17 Bas en es os pocos ejemplos, ob enidos del CORDE. Con habla : “E po es o dezía san Ihe ónimo
[…]: Mi ijo, si ú quie es se de o o, si sabes que alguna mugie es de o a e san a, ámala en u co açón, mas
non abla la” (San Vicen e Fe e , Se mones, siglo XV); “O iana le p egun ó po qué le embia a a dezi que
con enía mucho abla la” (Amadís de Gaula, ed. de Za agoza, 1508); “Aquella me pa esce la commad e, nues a
Ma celia [...]. Quie o habla la” (Juan Rod íguez Flo ián, Flo inea, ed. de Valencia, 1554); “In o móse muy po
menudo de quién e a A emia, dónde y cómo eyna a, y concibió al pun o que en habla la consis ía su e-
medio” (Bal asa G acián, El c i icón. P ime a pa e, ed. de Za agoza, 1651). Con suplica : “ abla on con donya
Leono , suplicandola que suplicasse al ey que no quisiesse c eye maluados in o mado es” (Juan Fe nández
de He edia, G an c ónica de España. Te ce a pa e, 1376–1391); “comenzó a suplicalla cuan o más blandamen e
pudo que quisiesse dole se dél” (Juan Boscán, ad. El co esano, 1534); “ an o la supliqué, que hubo de acep a
el i a mi casa con su he mana” (Vicen e Blasco Ibáñez, ad. Las mil y una noches, 1916). No al an en I ene y
Cla a, sin emba go, ejemplos de la cons ucción al e na i a de habla , con da i o y obje o implíci o, que a es i-
guamos al menos en dos casos: “el p ime o en que opecé ue el conde sen ado en un so á al lado de la Te esi a.
[…] El conde le hablaba con an o calo y ahínco, que […]” (I, 101); “se son ió, hizo a la o a seño a que nos
mi ase y le es u o hablando la go a o” (II, 213). Del esquema con obje o animado documen amos o os es
ejemplos con habla y uno más con suplica : “¿no es cie o que […] e puse en un e ible apu o, cuando dije
a u mad e que enia que habla la a solas?” (II, 209); “siemp e que yo la hablaba de es e asun o, había un nue o
obs áculo” (II, 240); “La íspe a del día en que nues os aledo es se habían p opues o habla la” (II, 241); “la he
suplicado -me dijo la p io a- que uese a da un ecado allá den o” (I, 112).
18 C . de nue o Fe nández-O dóñez (1999) pa a la al e nancia de soluciones p onominales con es a clase de
p edicados en zonas po lo demás dis inguido as del caso. Es de no a que pa a Sal á el c i e io de de ección
del caso que ep esen a el p onomb e es el as ase a la oz pasi a; así, en la p ime a edición de la G amá ica
ad e ía: “Di emos La aconsejé que se a opase y Le aconsejé al cosa, po que es as o aciones uel as po pasi-
a di ían Ella ue aconsejada po mí que se a opase y Tal cosa ue aconsejada po mí a ella” (Sal á 1830–1847
[1988]: 381). El ejemplo mismo ilus a po qué pa a Sal á e a posible el acusa i o con un e bo andi como
habla o suplica (que, dicho sea de paso, es de égimen acilan e ambién en ancés, po ejemplo), y al mismo
iempo la endencia, con e bos de ac o de habla, a in e p e a los p edicados biac anciales en é minos de los
co espondien es monoac anciales con obje os animados, como ocu e con aconseja en el ejemplo g ama ical
o con pe dona o asegu a en la no ela (c . ella ue {asegu ada [= ‘ econ o ada’] / pe donada} po mí).
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(14) a. Púseme pálida y des igu ada (I, 86)
Pasábanse los días y semanas sin que el conde mudase de conduc a (I, 99)
-Yo amo. -C éolo sin que lo ju es. Y ¿a quién? (I, 110)
b. Como empezábamos a baila , me ap e ó la mano y diome a en ende con cie a
son isa que no me c eía (I, 101)
Su aspec o e a […] se io y desdeñoso cuando que ía, y que íalo muy a menudo
(I, 89)
Tabla I: colocación del p onomb e á ono espec o del e bo ini o en unción del iempo e bal
PROCLISIS ENCLISIS
PRETÉRITO SIMPLE (can é) 45 (76%) 14 (24%)
IMPERFECTO (can aba) 7 (70%) 3 (30%)
PRESENTE (can o) 38 (97%) 1 (3%)
FUTURO / CONDICIONAL (can a é / can a ía) 7 / 2 (100%) 0
PERFECTO COMPUESTO (he can ado) 12 (100%) 0
3.4. Los inde inidos nega i os: compe encia de los esquemas
nada sé y no sé nada
Sal á ecoge el ca ác e asimé ico de la conco dancia en e la negación y los inde-
inidos nega i os en español, pe o no se inclina po ninguno de los dos esquemas que
p esc ibe como co ec os (N pasa en e a no pasa N, donde N es cualquie a de los inde-
inidos nega i os).
(15) si se pospone nada o ningún al e bo, solo puede deci se No hab emos hecho nada;
No hay aquí ningún lad ón [...], y se ía sumamen e o zado imi a a Alemán, que
pone en su Guzmán de Al a ache: Hab emos hecho nada; No hay aquí algún lad ón
[...]. Cuando las oces nada, nadie, ninguno [...] p incipian sen encia, ya no puede
ene luga la pa ícula no, ni an es ni después del e bo. Así decimos Nada ha ocu -
ido de nue o; Nadie ino; Ninguno de ellos habló [...] y no puede deci se Nada no ha
ocu ido; Nadie no ino; Ninguno de ellos no habló (Sal á 1830–1847 [1988]: 472)31
pa a el que I ene y Cla a o ece ejemplos de al e nancia inmedia a p oclisis / enclisis (además del de 14b), lo que
sugie e que no exis en o os ac o es adicionales que condicionen el empleo de es os enómenos: “Desplegó de
nue o sus labios, ol iolos a ce a , se los mo dió y odo su semblan e daba indicios de que que ía con es a ” (I, 86);
“Le dije que las en anas daban a la hue a, desc ibile pun ualmen e su posición y le di odas las señas necesa ias
[…]. Se in o mó cuidadaosamen e de odo” (I, 175).
31 Sob e ninguno se p ecisa en o o pasaje: “Ninguno se pospone al e bo en las ases que lle an la pa ícula
no y en onces puede halla se an es o después del sus an i o: No hay ningún soldado o No hay soldado ninguno.
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En I ene y Cla a, sin emba go, su ge un in e esan e con as e: mien as con ningún
domina la conco dancia con posposición del inde inido al e bo (po 8 casos como 16a
hay 13 como 16b, es deci , el p ime o supone un 38% de los casos), con nada es muy
mayo i a ia, en cambio, la an eposición sin doblado nega i o (po 49 casos como 16c
hay an solo 12 como 16d, es o es, el esquema del ipo nada sé alcanza una ecuencia del
80% en e a no sé nada)32.
(16) a. y ningún sac i icio se me ha á cos oso (I, 108)
que ía e amo en odas sus acciones, y en ninguna lo encon aba (I, 158)
b. no me dio ningún cuidado la no icia (II, 248)
la ma quesa iene sin duda mo i os […], y us ed no iene ninguno (I, 112)
c. Nada signi ica ía es o (I, 129)
según mi p oyec o, a nada me exponía (II, 245)
d . Yo no exijo ni he exigido nada de u he mana (I, 147)
El conde no se me oponía en nada (II, 243)
Al p omo e la an eposición de nada al e bo, Sal á y He mosilla adop an un asgo
de la lengua de la dis ancia comunica i a especialmen e en boga en e mediados del
siglo XVII y mediados del Ochocien os (c . Oc a io de Toledo 2014b). Pe o, además, se
con o man en ello con la doc ina aduc ológica de Capmany, que p oponía aleja se de-
libe adamen e del ancés en es e aspec o de la g amá ica (17a). La ob a de Capmany ue
eedi ada, con p o undas modi icaciones, po Sal á y An onio Alcalá Galiano en 1835,
y supuso el ge men econocido de la G amá ica pa a los españoles que desean ap ende la
lengua ancesa pe geñada po Sal á hacia el inal de su ida, en 1847. En esa g amá ica,
Sal á uelca al español una ein ena de ases ancesas con ne… ien (17b), y lo hace en
odos los casos (menos uno) an eponiendo nada al e bo, mues a de uso desc i o que
no deja dudas sob e la i meza del uso esc i o que I ene y Cla a mani ies a.
(17) a. El ad e bio NE. Su p ime uso es eca ga po una especie de edundancia las
palab as nega i as, como ien, nul. En la aduccion se sup ime (Capmany 1776
[1835]: 80)
En las o as p ecede po necesidad an o al nomb e como al e bo, . g. Ninguna espues a he enido” (Sal á
1830–1847 [1988]: 330).
32 No hemos enido en cuen a los da os de la o ma nadie, pues su ca ác e o zosamen e animado la hace
pa icula men e ecuen e en posición inicial (especialmen e en e a nada, que suele desempeña papel de obje-
o), lo que puede dis o siona los da os, exage ando la ecuencia del esquema con an eposición al e bo. Pod ía
esul a in e esan e, sin emba go, que en los es ejemplos de la ob a en que nadie se encuen a den o de un
sin agma p eposicional se p e ie a ambién la an eposición, que esul a en es os casos mucho menos espe able:
“ i udes c is ianas y ac os de eligion, que a nadie de mi casa eía p ac ica ” (I, 83); “La compasión obligaba al
conde a […] p ocu a me algún consuelo, y de nadie le hubie a ecibido mejo ” (I, 103); “y, sin emba go, a nadie
come e ía el enca go de cuida la” (I, 106). En el uso esc i o de He mosilla, po o a pa e, ambién domina cla a-
men e la an eposición de nada al e bo: “ usle ías escolás icas que nada enseñan” (A e, Ad e encias, 1); “Sob e
semejan e e a o nada hay que deci ” (II, 1, 1, 73); “Es e as idioso epe i una misma idea con an as exp esiones
di e en es, en nada se pa ece á la sencilla y b e ísima a iacion de Home o” (II, 2, 95).
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b. Malheu eusemen ils n’en endi en ien. Po desg acia nada oye on
(Sal á 1847: 82)
Cela ne p ou e ien. Es o nada p ueba (Sal á 1847: 115)
Les i es ne on ien ici. Aquí nada suponen los í ulos (Sal á 1847: 204)
Au ond elle ne au ien. En lo sus ancial nada ale (Sal á 1847: 208)
Il ne se mêle de ien. En nada se me e (Sal á 1847: 230)
Il ne se plai à ien. Nada le di ie e (Sal á 1847: 257)
Il n’exis e ien de el à Rome. Nada de eso exis e en Roma (Sal á 1847: 300)
3.5. No mas encubie as: p onomb es ela i os y compe encia de o mas
en - a / -se
Según la doc ina de Sal á, las o mas en - a y -se son es ic amen e equi alen es
en odos los en o nos subo dinados, como ilus an los ejemplos de la G amá ica (en
o aciones condicionales, 18a; en comple i as o ela i as, 18b)33. Sin emba go, es e apa-
en e ca ác e de “ a ian e in isible” (Ba a 2011) de la dis ibución - a / -se se quieb a
cuando uno acude al uso de es as o mas en I ene y Cla a, que se an oja pe ec amen e
conscien e en los “idiolec os” de Sal á y He mosilla. La Tabla II mues a a las cla as la
asociación casi uní oca de -se con la subo dinación comple i a, inal y empo al34; con
ela i as y concesi as, el dominio de -se es muy amplio (80% en ambos casos), pe o
- a iene una p esencia signi ica i a; en las consecu i as, las p opo ciones se in ie en
y domina cla amen e - a. En las elaciones condicionales (Tabla III), el dominio de
-se es muy amplio en la p ó asis cuando en es a apa ecen o mas simples (38 casos
en e a solo 9 de - a), y en al caso es cons an e el condicional - ía en la apódosis35;
las o mas compues as en la p ó asis son, a pa es iguales, en - a y en -se, pe o en la
apódosis es casi exclusi o el compues o en - a36. Se p i ilegian, pues, con cla idad los
33 En la p ime a edición de la G amá ica ambas se in eg an bajo el ma be e de p e é i o de subjun i o.
A pa i de la segunda edición, sin emba go, se sepa an en los pa adigmas: pues o que - a puede igu a en
o aciones no subo dinadas (po ejemplo, apódosis condicionales), pasa a denomina se inde inido absolu o,
mien as que -se, que en las condicionales apa ece o zosamen e en la p ó asis, se denomina inde inido con-
dicional (c . Sal á 1830–1847 [1988]: 211). El ca ác e “inde inido” de ambos iempos alude a su capacidad de
o ien a se empo almen e an o hacia el pasado como hacia el u u o. Es a di e enciación no obs a pa a que
Sal á las conside e pe ec amen e in e cambiables en o aciones dependien es: así, - a “puede supli al o o
inde inido en odos los casos” (Sal á 1830–1847 [1988]: 429), y -se “halla cabida en odas las ases en que la
iene el inde inido absolu o, si excep uamos aquellas en que hace es e las eces del condicional de indica i o”
(Sal á 1830–1847 [1988]: 429).
34 Exis e un solo caso de elación causal, con el esquema bien que A, bien que B ‘o a po que A, o a po que B,
lo cie o es que C’, que p esen a en sus dos miemb os o mas en -se.
35 Apa ece, en e ec o, en 43 casos (pues es de los esquema con si u iese y o os es con si u ie a ca ecen
de apódosis exp esa), en e a an solo dos ejemplos de o mas en - a (uno de ellos con el modal pudie a): “de
o o modo habla as, he mana, si e inclinases a alguno” (I, 120).
36 En es casos, que no incluimos en los cómpu os, apa ece un iempo compues o en la apódosis y una
o ma simple co espondien e a una p edicación de es ado en la p ó asis: “y ya hab ías mue o si es u ie as en
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esquemas si u iese, da ía y si {hubie a / hubiese} enido, hubie a dado, mien as que las
demás opciones ienen ca ác e ma ginal.
(18) a. Te engaña ías o engaña as si le c eyeses o c eye as homb e hon ado (Sal á 1830–
1847 [1988]: 429)
b. Deseabas que e acili ase o acili a a la en ada (Sal á 1830–1847 [1988]: 429)
Es aba p epa ada la mesa pa a odos los que llegasen o llega an (Sal á 1830–1847
[1988]: 429)
Tabla II: dis ibución de las o mas en -se / - a según el ipo de elación subo dinada
-SE -RA
COMPLETIVAS* 234 (96%) 8 (4%)
FINALES** 55 (97%) 2 (3%)
RELATIVAS 59 (80%) 15 (20%)
CONCESIVAS 17 (81%) 4 (19%)
TEMPORALES 16 (100%) 0 (0%)
CONSECUTIVAS 2 (25%) 6 (75%)
* Incluyen el esquema especializado sin que, con 27 ejemplos en la ob a.
** Incluyen las co elaciones cuan i a i as del ipo E a muy jo en pa a que la casasen (aunque somos conscien-
es de su na u aleza más bien concesi a: c . Sánchez 1995), con 5 ejemplos en la ob a.
luga mío” (I, 120); “Quizá hubie a acilado mi cons ancia si se me pe mi iese i i sol e a” (I, 188); “Si así uese,
hubie a yo espi ado” (I, 178). Al g upo de las co elaciones condicionales de o mas compues as hab ía que
añadi un puñado de esquemas semán icamen e condicionales, pe o o malmen e compa a i os (“Menos e-
o hubie a sen ido a la is a de un espec o que a la de mi mad e”, I, 85), ela i os (“cualquie p ecio que us ed
hubiese pues o a es e a o hubie a sido siemp e muy in e io a lo que ale”, I, 137; “Un ayo que me hubiese e-
ducido a cenizas hubie a sido pa a mí en aquel momen o el mayo bene icio del cielo”, I, 183), comple i os (“El
sac i icio es aba ya hecho y hubie a sido mejo que yo no la hubie a is o”, II, 270) o empo ales (“A la e dad
que hubie as podido en a cuando hubie as que ido”, II, 206), según la idea del p opio Sal á de que “o as mu-
chas locuciones […] pueden esol e se po el si” (Sal á 1830–1847 [1988]: 421, con ejemplos como Se ía una
desg acia que llo iese); odos ellos mues an de nue o la p e e encia uni o me po la o ma - a en la p incipal.
En I ene y Cla a solo la o ma modal debie a se o ien a en alguna ocasión al pasado, es o es, ale ‘hubie a de-
bido’: “no me había acalo ado demasiado en mis econ enciones, ni es as e an ales que debie an a ae me una
espues a an seca” (I, 151); “Repi o que hice mal y que debie a habe p ocedido con menos p ecipi acion” (II,
276). Aunque Sal á desc ibe es a posibilidad en la G amá ica (Sal á 1830–1847 [1988]: 211: “Tiene [la o ma
en - a] la signi icación de p e é i o: […] Bien pudie a habe enido an es”; c . más adelan e el ejemplo Acudie an
las opas si les hubiese llegado la o den: Sal á1830–1847 [1988]: 414), no esul a p oduc i a, pues, en la no ela.
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Tabla III: esquemas condicionales en I ene y Cla a: o ien ados
al pasado, o ien ados al u u o y compa a i os
SI HUBIESE TENIDO, HUBIERA DADO: 16
SI HUBIERA TENIDO, HUBIERA DADO: 17
A (NO) TENER, HUBIERA DADO: 6
SI HUBIESE TENIDO, HABRÍA DADO: 1
SI HUBIERA TENIDO, DABA: 2
SI TUVIESE, DARÍA: 36
SI TUVIERA, DARÍA: 9
SI TENÍA, DARÍA: 2 / DE TENER, DARÍA: 2
SI TUVIESE, DIERA: 2
SI TUVIERA, DIERA / DABA: 0
DE TENER, DABA: 1
COMO SI TUVIESE: 12
COMO SI HUBIESE TENIDO: 1
COMO SI TUVIERA: 7
COMO SI HUBIERA TENIDO: 3
Los da os de la Tabla II con ibuyen a acla a , a su ez, los de la Tabla I. Las concesi as
gua dan un pa en esco e iden e con las condicionales: en I ene y Cla a, p e ie en, como
aquellas, o mas en -se cuando se elacionan con o mas simples (19a), pe o o mas en
- a cuando se elacionan con iempos compues os (19b)37. Las compa a i as condiciona-
les de la Tabla II ambién p e ie en -se con las o mas simples y - a con las compues as, y
esa si uación se epi e con las consecu i as (19c), que mayo i a iamen e o ecen iempos
compues os (6 casos de 8)38; o o an o ocu e, en in, con las ela i as: en 14 de los 15
casos en que p e ie en la o ma en - a, es a es un pluscuampe ec o (19d)39. En de ini i a,
en I ene y Cla a se p omue e la subo dinación exclusi a con -se en comple i as, empo-
ales y inales40, y en el es o de subo dinadas se p e ie en ní idamen e los impe ec os
en -se y los pluscuampe ec os en - a, posiblemen e po que la única o ma compues a
ole ada en o aciones p incipales de con enido hipo é ico como (19e) es, p ecisamen e,
hubie a can ado, en nada menos que 35 casos41. La selección de la a iación - a/-se, pues,
37 En un caso, la o ación p incipal se o ien a al u u o y la hipó esis al pasado (“aun cuando me lo hubie a
con iado, no e lo di ía”, I, 127), pe o la o ma compues a elegida sigue siendo en - a, como en es os o os ejem-
plos: “aunque ya hubie a podido ajus a la boda con la pe sona que me hubie a pa ecido, y no deci e quien e a,
bas a habe me obligado en u nomb e a ecibi la” (I, 130); “Aunque hubie a enido ein icinco, no e a posible
que yo le acep ase po ma ido” (I, 135). Encon amos solo una concesi a con pluscuampe ec o en -se: “Po
más que hubiese que ido e es i me de i meza […], no pude ya con ene me” (I, 202).
38 Lo mismo se obse a en las dos únicas compa a i as con subjun i o de la no ela: “La iolencia que de
consiguien e u e que hace me […] me ue, no obs an e, más saludable de lo que yo hubie a podido espe a ” (I,
144); “mi aleg ía no ue an pu a y comple a como lo hubie a sido en o as ci cuns ancias” (II, 246).
39 He aquí la única excepción: “La ce eza de que e a amada o alece ía mi ánimo y le ha ía supe io
a cuan as desg acias sob e inie an” (I, 120).
40 De hecho, es de las ocho comple i as en - a son esquemas con pluscuampe ec o que, si o malmen e
se inse an en una o ación comple i a, en ealidad cons i uyen más bien casos de hipo axis o “subo dinación
débil” en que una o ación iene in oducida po una exp esión epis émica: “Bien segu o es ás […] de que e
hubie a seguido a lo ul imo del mundo” (I, 181); “Sepa us ed […] que no se me hubie a sacado de es a casa, sino
pa a con ina me en un luga cillo de las mon añas de Jaca”; (II, 232); “y con ieso que así hubie a sido en o o
iempo” (II, 272). Es os en o nos son en ealidad asimilables a los ilus ados en (19e).
41 A ellos cabe suma las es deside a i as con ojalá y un iempo compues o del ex o: “¡Ojalá que la mue -
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dis a mucho de se casual, y e ela c i e ios de p e e encia encubie os omi idos po la
desc ipción g ama ical, que si úa las dos o mas en pie de igualdad.
(19) a. aunque mi pe sona es u iese a sal o, la sola idea de la condenación judicial se ía
un e dugo que me a o men a ía sin cesa (I, 179)
jamás ha conocido, ni lo conoce ía aun cuando yo i iese oda ía la gos años, el
ex emo con que la he que ido (II, 281)
b. Una indignidad semejan e debe so p ende me […], po que, dado que la hubie a
me ecido, us ed hab ía sido la pe sona de quien menos la hubiese emido (I, 163)
c. me e a necesa io un amigo […] an hábil que adi inase lo que pasaba en mi
co azón (I, 160)
yo es aba an con en a que en aquel ins an e no hubie a consen ido en se muje
de ningún o o (I, 146)
d. una ese a que muy bien se hubie a podido cali ica de epugnancia (I, 153)
e. Y ¿cómo hubie a podido in en a lo? (I, 91)
Quizá hubie a hecho mejo en di e i lo has a o o día (II, 207)
En es a si uación el pa ido más deco oso hubie a sido el e i a me a un con en o
(II, 258)
Un caso semejan e lo o ecen las o aciones de ela i o. Sal á apenas se de iene en
menciona que pueden o ma se con que, con quien o con los ela i os compues os el
que y el cual, además de con ad e bios ela i os como donde42. Pe o los da os de I ene
y Cla a e elan una selección cuidadosa en el empleo de es as di e en es o mas, como
e leja la Tabla IV43. Mien as el cual puede igu a en cualquie con ex o, ni quien ni
e me hubie a asal ado en aquel ins an e!” (I, 174); “¡Ojalá hubie a log ado ella lo que deseaba!” (II, 199); “quiso
que uese su nue a. ¡Ojalá lo hubie a sido!” (II, 232). Una cua a o ación con ojalá lle a la o ma pudie a. El
echazo de las o mas en -se en es as deside a i as es cons an e du an e el Siglo de O o y se ex iende al p ime
español mode no.
42 “Cual lle a delan e de sí el a ículo el siemp e que es ela i o y lo p ecede el sus an i o con que gua da
elación: Despe ó a su c iado, el cual oda ía es aba du miendo” (Sal á 1830–1847 [1988]: 333–334). “El adje-
i o que es indeclinable […]. Es e ela i o lle a algunas eces an epues o el a ículo de inido, el cual se ajus a
a las eglas de la conco dancia: [...] Mal a ó de palab a a mis he manos, los que iéndose inju iados, e c.” (Sal á
1830–1847 [1988]: 333–334). “En luga del ela i o que suele usa se el ad e bio donde: […] La ob a donde (en
que) mani ies a más su sabe ” (Sal á 1830–1847 [1988]: 335–336). “Quien solo puede e e i se a pe sonas, y no
a cosas” (Sal á 1830–1847 [1988]: 336).
43 Con an eceden e o acional se dan solo, na u almen e, las o mas compues as lo que / lo cual. No hemos
compu ado los casos no oblicuos de que, pues esul a i ial su p esencia nume osa en cualquie época y ex o.
Los casos oblicuos se dan con solo cua o p eposiciones: a (36 casos), con (40 casos), de (48 casos) y en (100
casos); como e a de espe a (c . Gi ón 2009), las p eposiciones bisílabas p e ie en un ela i o compues o, en
es e caso el cual: “¿De dónde e iene aho a es e emo con a el cual me habías asegu ado an as eces?” (I, 177);
“una son isa po en e la cual se aslucía sin emba go su con usión” (II, 214). Po su in e és his ó ico (a me-
diados del XIX siguen siendo ela i amen e poco nume osos) o ecemos a con inuación odos los casos de el
que con an eceden e no o acional: “Me es aba p ohibida oda con e sación pa icula con Cla a, a la que nunca
isi aba sola” (I, 128); “el ibunal de mi anidad ajada, en el que la malicia ocupaba el luga de juez” (I, 86);
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el que se emplean sin p eposición. Sal á econoció es a p e e encia no ma i a en un
comen a io añadido en la e ce a edición de la G amá ica (1837) y sup imido después
(20a), posiblemen e po que en aba en con adicción con ejemplos de el que no oblicuo
que él mismo aducía (20b) y que aún no e an in ecuen es en aquellos años, aunque es-
aban pe diendo p esencia ápidamen e en la p osa cul a44. Lo que Sal á en ningún caso
dice, pe o los da os de la no ela p egonan, es que el g amá ico alenciano y He mosilla,
siguiendo la no ma de p es igio de su iempo, p e e ían usa el ela i o compues o con
que sob e odo con an eceden e o acional (es o es, en la o ma lo que, p ecedida o no de
p eposición: 20c) y, en cambio, lo e i aban gene almen e con an eceden e animado.
Tabla IV: selección de los ela i os según su unción (oblicuos / no oblicuos)
y la na u aleza del an eceden e
ANTECEDENTE ANIMADO ANTEC. INANIMADO ANTEC. ORACIONAL
oblicuos no oblicuos oblicuos no oblicuos oblicuos no oblicuos
quien 48 0 0 0 0 __
el cual 12 10 17 7 5 1
el que 1 0 6 0 9 5
que 0 NC 224 NC 2 __
(20) a. Nó ese que el ela i o quien y su equi alen e el que ienen que usa se después de
p eposición (Sal á 1830–1847 [1988]: 336)
b. Mal a ó de palab a a mis he manos, los que iéndose inju iados, e c. (Sal á 1830–
1847 [1988]: 335)
c. Me p opuso que lo leyésemos jun os, a lo que accedí (I, 84)
Seguí con mis sollozos y silencio, lo que impacien ó a a ma quesa (I, 125)
“se hacían con inuos nues os al e cados, en los que po desg acia siemp e se me daba la azón” (I, 90); “había
ci ado a mi mad e la mañana an e io pa a una con e encia pa icula , en la que no se me había dejado hueso
sano” (I, 114); “¿Te lo p ome es acaso del ca ác e de mi hijo, del cual no puedes juzga y del que sé de posi i o
no ienes ni la más le e idea?” (I, 127); “¿Cuál se á el bien p ecioso po el que oda ía suspi aba?” (I, 170); “po
la amabilidad de su genio y po sus i udes, en las que es un modelo de su excelen e pad e” (II, 282).
44 Pa a el ue e descenso de el que no oblicuo en e el siglo XVIII y el XIX, c . de nue o Gi ón (2009). Po lo
demás, Sal á no dis ingue cla amen e el ela i o compues o de la secuencia el que en o aciones como Vino con
el que quiso acompaña lo, donde el unciona como an eceden e de que. Lo mues a a las cla as la con inuación
del pasaje añadido de (20a): “o del e bo se , […] y que ambos solo pueden e e i se a pe sonas, y no a cosas”.
Es e iden e que la alusión al e bo se se e ie e a o aciones como Él es el que manda. Quizá la eliminación del
pasaje esponda, pues, al deseo de e i a un e eno pan anoso: éase, po ejemplo, que el uso de I ene y Cla a
desmien e ácilmen e que el que no pueda usa se con a eceden e inanimado; es os son, de hecho, mucho más
nume osos que los animados.
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4. Conclusiones
En es e p ime abajo de la se ie de es udios que enemos p oyec ado dedica a los
usos g ama icales esc i os, desc i os y p esc i os po Sal á y Gómez He mosilla, hemos
que ido cen a nos únicamen e en dos ámbi os de análisis. Po una pa e, hemos exa-
minado con de alle las con e gencias y di e gencias que se pe ciben en e las di e en-
es doc inas g ama icales de ambos au o es, así como en e es as y el ambién di e so
g ado de aca amien o de ales doc inas que se obse a, en elación con el sis ema de
p onomb es á onos, en la no ela I ene y Cla a. Po o a pa e, hemos p es ado ambién
a ención a cie os pa ones sin ác icos, obedien es en la no ela a egula idades que pa-
ecen enca na unas de e minadas elecciones no ma i as de las que, sin emba go, no
siemp e hallamos eco en la p oducción me alingüís ica de nues os dos g amá icos. En
ambos sen idos, los esul ados de nues as indagaciones —que ecapi ulamos, a modo
de sín esis inal, a con inuación— nos han pe mi ido de ec a zonas de ensión en e la
no ma codi icada po Sal á y Gómez He mosilla en sus p esc ipciones y desc ipciones
g ama icales y la no ma consue udina ia a la que sus usos esc i os e elan a ene se, que
se suman a los pun os de disensión ya ad e idos en e las no mas p esc ip i as aban-
de adas po uno y o o. Tales hallazgos no solo con ibuyen a debili a la c eencia en
la exis encia de una ex ao dina ia con inuidad y es abilidad en e el p ime español
mode no y el ac ual, sino que ambién ponen de mani ies o la he e ogeneidad de las o -
mas no ya solo dia ópica, dias á ica o dia ásicamen e ma cadas, sino incluso ejempla es
igen es en ese p ime español mode no.
Así, po lo que se e ie e a la no ma y al uso de los p onomb es á onos, el examen
de las pos u as disc epan es de Sal á —de enso de un sis ema de comp omiso en que
con i en lo pa a obje os di ec os inanimados y ege ales y le pa a obje os di ec os ani-
mados y sus an i os abs ac os que designen a “espí i us u obje os inco pó eos” (que
cuando no son p onominales se in oducen median e la p eposición a)— y de Gómez
He mosilla —paladín de un sis ema acionalis a de casos, idén ico al p omo ido po
Co eas, “adecuado co ela o de o os pa adigmas p onominales en los que es ele an e
la exp esión de los es géne os (es e/es a/es o)” (Gi ón 1996: 301) (c . Gómez He mosilla
1826: 193–195)— a la luz de los da os o ecidos po I ene y Cla a apun a al mayo peso,
en la e sión inal de la no ela, del pensamien o lingüís ico de Sal á. Es coinciden e con
su pa ece y con a ia al de Gómez He mosilla la ausencia de laísmo. En el plu al, aun-
que ambos a adis as se mos aban de acue do en p e e i los pa a acusa i o y les pa a
da i o, Sal á admi ía ambién es e úl imo pa a acusa i os animados; no ex aña, pues,
que, aunque escasas, se documen en en I ene y Cla a algunas ocu encias de les en ales
con ex os.
En odos es os espec os, la lengua de la no ela no pa ece e leja ningún uso dia ó-
pico peninsula , sino que más bien mani ies a la no ma codi icada po el lib e o alen-
ciano en su g amá ica, una no ma que nues os da os nos han pe mi ido comple a en
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algunos pun os que Sal á no p ecisó, po ejemplo los e e idos a obje os inco po éos
o cons ucciones ac i i as, o los ela i os al doblado p onominal de obje os, ámbi o en
el que los usos desc i os en la g amá ica y los usos esc i os en I ene y Cla a nos ayu-
dan a pos ula egula idades no explici adas en las o mulaciones p esc ip i as de Sal á.
O o an o ocu e con la doc ina ace ca de la enclisis con o mas e bales ini as, que
pa ece egulada po su asociación a los iempos del mundo na ado.
Po lo que espec a a los esquemas nada sé s. no sé nada, ambos desc i os po Sal á
sin p onuncia se a a o o en con a de ninguno de ellos, los da os de la no ela e elan
una p e e encia po el uso de no + e bo + ningún que con as a con la an eposición
p ác icamen e sis emá ica de nada, p e e encia que no encuen a a al exp eso en la G a-
má ica, pe o sí en o as ob as me alingüís icas, como el A e de aduci de Campany
edi ado igualmen e po Sal á.
En cuan o al análisis del compo amien o de los e bos en – a y –se en la no ela, el
examen de los usos esc i os pone en en edicho que se a e de o mas es ic amen e
equi alen es en odas las es uc u as subo dinadas, al como a i ma Sal á en su g amá-
ica. La e minación –se es la opción casi exclusi a en comple i as, inales y empo ales,
y la mayo i a ia en ela i as y concesi as, en e a – a, dominan e en las consecu i as.
Po lo que espec a a los esquemas condicionales, –se se impone en los iempos simples
y – a en los compues os.
Y, ya po úl imo, ambién en el caso de los ela i os el despojo de los da os ex aídos
de I ene y Cla a nos au o iza a pos ula la exis encia de de e minadas no mas “encubie -
as”: mien as que el uso de el cual es á ex endido en odos los con ex os, quien y el que
exigen p eposición, y es e úl imo se ehúye con an eceden es animados.
A la luz de lo expues o, no queda sino co obo a la necesidad de e isa la idea (que,
como se ha ad e ido ya en alguna ocasión, pa ece e leja se áci amen e en las his o ias
del idioma: c . Melis/Flo es/Boga d 2003: 2) de que el español, como sis ema lingüís ico,
hubie a alcanzado ya hacia ines del español clásico un al o g ado de es abilidad y ija-
ción pe du able en su mo osin axis. Po una pa e, si con enimos en que las “al e acio-
nes undamen ales” (c . Cano 1988: 255) en la his o ia de un idioma no se ci cunsc iben
a aquellas que a ec an al sis ema lingüís ico, sino que incluyen ambién las ela i as a la
e olución an o de las no mas idiomá icas como de las no mas o adiciones discu si as,
no es posible acep a sin más que no haya habido “ninguna al e ación undamen al”
desde el español clásico a nues os días. De hecho, aun ciñéndonos a la conside ación de
los cambios a ingen es al sis ema, c eemos que, pese al al ísimo g ado de in eligibilidad
que pa a un lec o con empo áneo mani ies an las es uc u as lingüís icas de los docu-
men os del p ime español mode no —como bien dice Na bona (2004: 1023), “al lec o
ac ual no ex aña p ác icamen e nada de los ex os del siglo XVIII”—, en absolu o es po-
sible adsc ibi única y exclusi amen e al ni el de la no ma odas las di e gencias que se
a es iguan en e el español ac ual y el decimonónico. Incluso si nos limi amos a las pocas
ob as que han cons i uido nues o co pus de es udio, la nómina de usos lingüís icos
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DOSSIER héma ique
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Ál a o S. Oc a io de Toledo y Hue a / A aceli López Se ena
¿U g amma ica poesis? Sal á y la lengua de su no ela I ene y Cla a
llama i os (en el sen ido de Kaba ek 2014) que albe ga, po ejemplo, la p osa de Gómez
He mosilla —la que, sin emba go, po azones de espacio, menos hemos a endido en
es e abajo— comp ende empleos (que nos ocupa án en u u os es udios) que a odas
luces han supues o modi icaciones del sis ema, y no me as e isiones de la no ma45.
En es as páginas, nos hemos ceñido al análisis de un elenco aco ado de asgos mo -
osin ác icos ca ac e ís icos de I ene y Cla a pa a comp oba en qué medida sus au o es
asladan ealmen e a la lengua de la icción no elesca las cons ucciones que sancionan
en sus ob as g ama icales y e ó icas, es o es, has a dónde el uso esc i o que e ela I ene
y Cla a se co esponde con el uso p esc i o en esos abajos de índole me alingüís ica
y en qué medida podemos conside a es a no ela como un modelo p ác ico de p osa
de la dis ancia comunica i a. A pa i de es a p ime a incu sión en la ob a de Sal á y
Gómez He mosilla, c eemos posible comp oba , en explo aciones pos e io es, has a qué
pun o la lengua de I ene y Cla a puede segui elacionándose con la del “p ime español
mode no” (ca. 1675–1825) o bien se inse a ya de lleno en una ase ul e io que en onca
con la p osa del Roman icismo, pe iodos ambos cuya lengua hemos abo dado ya con al-
gún de alle en abajos an e io es46. Deseamos, con ello, con ibui al aumen o del in e és
an o po el p ime español mode no como po “el español de las g amá icas” y de o os
a ados me alingüís icos, cuyo “despojo exhaus i o y igu oso […] con is as a es able-
ce la his o ia de la lengua codi icada y usada po los g amá icos de nues o pasado es á
oda ía muy lejos de se una ealidad”, en opinión de Gi ón (1996: 285; c . aho a Sáez
2007), pa a quien “los ex os g ama icales —y, en gene al, lingüís icos— […] u ilizados
como documen os de la mo ología y sin axis his ó icas del español, se nos p esen an
como la g an posibilidad de ela a una his o ia de la lengua que no sea necesa iamen e
la his o ia de la lengua li e a ia” (Gi ón 1996: 286).
45 Solo en unas pocas páginas del A e de habla en p osa y e so de Gómez He mosilla (1826), po ejemplo,
su gen ejemplos como los siguien es que con i man las no ables di e gencias espec o del es ánda ac ual en
la ansi i idad y el égimen e bales, como po o a pa e ya mos ó hace iempo Cano (1981, 1985): “Los que
quie an p o undiza es as cues iones pueden lee á Blai y á Bu ke” (A e, I, 6, 47); “Mas Calipso, en su éplica,
pa a enuncia la misma idea, usa de es a o a exp esion igu ada” (A e, III, 2, 5, 310); “nues as onadillas
abundaban de equí ocos” (III, 1, 8, 259); “Pa a p ese a pues á los jó enes de que acaso los imi en en lo que
ienen de malo, les p e end emos que la licencia de ingi concedida á los poe as no se ex iende mas que á los
hechos y sus ci cuns ancias” (I, 1, 11), e c. En o os casos, los con as es son más bien cuan i a i os: la p opo -
ción de o aciones de in ini i o p ecedidas de a ículo (especialmen e en unción de obje o) es, po ejemplo,
mucho mayo en es e iempo que en ningún o o de la his o ia del idioma (c . Oc a io de Toledo 2014a): así
lo a es iguan has a 32 ejemplos en I ene y Cla a, no ela ela i amen e b e e, y muchos o os en las ob as de
He mosilla: “Mucho se ha dicho del amo , bajo mil o mas se le ha pe soni icado; pe o á nadie sino á Valbuena
se le ha ocu ido el hace le cocine o” (A e III, 1, 10, 264).
46 C . Oc a io de Toledo (2007, 2008, 2014a, 2014b, en p ensa), así como Oc a io de Toledo/Pons (2009).
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