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¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara

Octavio de Toledo y Huerta, Álvaro Sebastián; López Serena, Araceli

Abstract

Este trabajo parte del análisis de determinados rasgos morfosintácticos presentes en la versión española de Irene y Clara, cuya traducción del francés es obra de los gramáticos decimonónicos Vicente Salvá y José Mamerto Gómez Hermosilla, para comprobar en qué medida el uso escrito que revela la novela se corresponde con el uso prescrito en las obras gramaticales y retóricas de ambos autores, y en qué medida podemos considerar esta novela como un modelo práctico de prosa de la distancia comunicativa. El uso en la novela del doblado de los pronombres átonos, el leísmo y laísmo, la enclisis y la proclisis, el doblado de la negación con los indefinidos ningún o nada o la distribución del uso de las formas verbales en –ra y –se obedecen a regularidades que parecen encarnar unas determinadas elecciones normativas, de las que sin embargo no siempre hallamos eco en la producción metalingüística de nuestros dos gramáticos. Los datos contribuyen, por otro lado, a matizar la idea de una extraordinaria continuidad y estabilidad entre el primer español moderno y el actual, a la vez que ponen de manifiesto la heterogeneidad de las formas no ya solo diatópica, diastrática o diafásicamente marcadas, sino incluso ejemplares vigentes en ese primer español moderno.

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149 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara Ut grammatica poesis? The Spanish grammarian Vicente Salvá and the language of his novel Irene y Clara1 Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta [[email protected]] Ludwig-Maximilians-Universität München, Alemania Araceli López Serena [c[email protected]] Universidad de Sevilla, España Resumen: Este trabajo parte del análisis de determinados rasgos morfosintácticos presentes en la versión española de Irene y Clara, cuya traducción del francés es obra de los gramáticos decimonónicos Vicente Salvá y José Mamerto Gómez Hermosilla, para comprobar en qué medida el uso escrito que revela la novela se corresponde con el uso prescrito en las obras gramaticales y retóricas de ambos autores, y en qué medida podemos considerar esta novela como un modelo práctico de prosa de la distancia comunicativa. El uso en la novela del doblado de los pronombres átonos, el leísmo y laísmo, la enclisis y la proclisis, el doblado de la negación con los indefinidos ningún o nada o la distribución del uso de las formas verbales en –ra y –se obedecen a regularidades que parecen encarnar unas determinadas elecciones normativas, de las que sin embargo no siempre hallamos eco en la producción metalingüística de nuestros dos gramáticos. Los datos contribuyen, por otro lado, a matizar la idea de una extraordinaria continuidad y estabilidad entre el primer español moderno y el actual, a la vez que ponen de manifiesto la heterogeneidad de las formas no ya solo diatópica, diastrática o diafásicamente marcadas, sino incluso ejemplares vigentes en ese primer español moderno. Palabras clave: Vicente Salvá; José Mamerto Gómez Hermosilla; primer español moderno; norma lingüística; uso prescrito y uso escrito; cambio lingüístico; morfosintaxis; siglo XIX; historia de la lengua española 1 Este artículo ha sido posible gracias al trabajo de los proyectos de investigación “Procesos de Gramaticalización en la Historia del Español (Programes) IV” (FFI2012–31427) y “La escritura historiográfica en español de la Baja Edad Media al siglo XVI: variantes y variación” (FFI2013–45222), dentro de los que desarrolla su labor investigadora Álvaro Octavio de Toledo y Huerta; y “Variación y adaptación en la interacción lingüística en español” (FFI2011–23573) y “Tradiciones discursivas, tradiciones idiomáticas y unidades de analisis del discurso en la historia del español moderno” (FFI2014–51826-P), en los que trabaja Araceli López Serena, todos ellos financiados con fondos FEDER. text_ERDB_01_2015.indd 149 3.7.2015 0:34:18 150 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara Abstract: Vicente Salvá and José Mamerto Gómez Hermosilla, two of the most famous Spanish grammarians in the early 19th century, also co-authored an adaptation of a French novel which they titled Irene and Clara. In this paper we offer a detailed analysis of a bundle of key morphosintactic phenomena (among which third person clitic-object agreement, clitic position with regard to the main verb, clitic object doubling, negative agreement, selection of relative subordinators, selection of the subjunctive inflectional endings -ra / -se) as they appear in the novel, comparing this written usage with the prescriptive and descriptive judgments these two scholars offer in their respective grammatical works. Thus, we can check to which extent Irene and Clara’s linguistic form served as a model for educated, standardized, high-register prose abiding by the normative proposals of Salvá and Hermosilla. In a reverse move, the data also allow to ascertain or profile rules or reccomendations which are just fuzzily sketched in the grammatical works. All in all, the data reveal that even standard European Spanish (as seen and defined by educated linguists) by 1830 was still a long way from coinciding with the current norm. Key words: Vicente Salvá; José Mamerto Gómez Hermosilla; Early Modern Spanish; standardization; grammatical prescription and written usage; language change; morphosyntax; 19th century RECIBIDO 2015–02–03; ACEpTADO 2015–03–19. 1. Introducción El interés por la historia de las construcciones sintácticas vigentes o en transformación en la lengua española entre el fin del español clásico (puede tomarse como fecha simbólica la muerte de Calderón en 1681; cf. Girón 2004a) y la lengua inmediatamente precursora de la actual (la de Larra, Bécquer o, más adelante, Galdós, pongamos por caso) ha sido tradicionalmente deficitario, si bien está en auge desde hace cerca de una década2, y hoy en día contamos ya con una pequeña pléyade de monografías y volúmenes colectivos3 en torno a la evolución lingüística de este periodo, que podríamos denominar 2 Es cierto que “[h]asta hace poco era general el lamento de que la historia de la lengua estaba por hacer” para este lapso temporal (Girón 2012: 30), y aún no hace tanto que una destacada estudiosa del periodo se lamentaba de que “[s]olo unos pocos estudios sobre determinados rasgos morfosintácticos de las modalidades americanas constituyen fértiles parcelitas de ese gran erial que, todavía hoy, es el español de los siglos XVIII y XIX” (García Godoy 2008: 33), mientras otro invitaba a investigar una época que “resulta interesantísima para la historia del español por dos razones: suponemos que es el germen de la modernidad lingüística y resulta una casi absoluta zona ciega de datos y estudios” (Sáez Rivera 2003: 327). 3 Cf. por ejemplo Company (2007), García Godoy (ed.) (2012), Girón (2004b, 2012), Guzmán/Sáez (eds.) (2012 y en prensa), Melis/Flores/Bogard (2003), Ramírez (ed.) (2012), etc.; especialmente en lo que atañe al desarrollo en este periodo de algunos grandes procesos sintácticos, cf. ya Company (2002a) o Girón (2002) y, más recientemente, Melis/Flores (2009), así como varios de los trabajos en los volúmenes colectivos citados. Hace tiempo que se atiende, por otra parte, a la caracterización de (aspectos de) la sintaxis de autores concretos —cf., text_ERDB_01_2015.indd 150 3.7.2015 0:34:18 151 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara —“a falta de un nombre mejor” (Girón 2008: 2248)— primer español moderno (cf. Octavio de Toledo 2007; García Godoy 2012: 357). Es igualmente creciente el reconocimiento de que en esta época siguieron produciéndose cambios cruciales en la historia del idioma, especialmente si convenimos en que las alteraciones históricas fundamentales no se circunscriben a aquellas que afectan al sistema lingüístico, sino que incluyen también las relativas a la evolución tanto de las normas idiomáticas (en el sentido coseriano del término; cf. Coseriu 1952 [1967]; Lara 1976; Koch 1988; Méndez García de Paredes 1999; López Serena 2015) como de las normas o tradiciones discursivas (cf. Koch 1988, 1997; también Oesterreicher 1997; Kabatek 2004, 2005, 2011, 2015, ed. 2008; López Serena 2011; Eberenz 2009)4. En pos de la identificación de tales cambios (tarea aún en buena medida pendiente), este estudio trata de sacar provecho de la siguiente feliz coincidencia: en 1830, un año antes de que se publicara, en París, la primera edición de su famosa Gramática de la lengua castellana según ahora se habla5, Vicente Salvá (1786–1849) dio a la luz una novela, Irene y Clara o la madre imperiosa, adaptación de un original francés (aún por identificar y localizar) que vertió al español con la colaboración del más conocido preceptista de su tiempo, José Mamerto Gómez Hermosilla (Arte de hablar en prosa y verso, 1826; Principios de gramática general, 1835). El hecho de que dispongamos tanto del texto de esta novela como de los trabajos gramaticales y retóricos de Salvá y de Hermosilla nos ha servido de acicate para emprender un cotejo entre los usos lingüísticos de la novela —usos escritos, de acuerdo con la propuesta terminológica de Girón (1996: 301, 304; cf. también Swiggers y Vanvolsem 1987; Díez de Revenga 1994)— y los usos tanto descritos como prescritos (o proscritos) detectados en la prosa de la Gramática de Salvá y de los Principios y el Arte de hablar de Gómez Hermosilla, según la idea de que “una cosa es lo que el gramático dice que se debe decir, otra lo que dice que se dice y otra muy distinta lo que realmente dice el propio gramático” (Girón 1996: 304; cf. también Díez de Revenga 1994). Nos proponemos, pues, averiguar, mediante unas pocas calas sintácticas, en qué medida podemos considerar esta novela como un modelo práctico de prosa de la distancia comunicativa, esto es, hasta qué punto la lengua novelesca imita al arte gramatical. por citar solo unos pocos ejemplos, los trabajos de Ariza (1981), Ramírez (2002), Sáez (2003), Girón (2004c, 2008), Octavio de Toledo (en prensa)— mientras es más reciente la atención a la sintaxis de ciertas tradiciones discursivas o conjuntos de producción textual (cf. por ejemplo Octavio de Toledo/Pons 2009; García Godoy 2012; Sáez 2014a). 4 Entendemos, pues, que es preciso matizar la idea tradicional de que “[c]on el siglo XVIII puede decirse que concluyen los grandes procesos históricos constitutivos de la lengua española” (Cano 1988: 255) (cf. infra §4). 5 Aunque llevaba fecha de 1830 y estaba compuesta ya en ese año, no parece haber salido de la imprenta hasta agosto de 1831 (cf. Lliteras 1988). text_ERDB_01_2015.indd 151 3.7.2015 0:34:18 152 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara 2. La novela Irene y Clara: ¿traducción o adaptación? Hasta donde sabemos, la novela Irene y Clara no había merecido por ahora la atención de los lingüistas. Su editora moderna destaca que “a pesar de las distintas manos que configuraron su escritura, la novela parece estar hecha de una sola pieza” (Rueda 2003: 11)6. No se ha conseguido dirimir si Salvá y Gómez Hermosilla se limitaron a traducir una obra preexistente en francés o si más bien produjeron una novela enteramente nueva, inspirándose, eso sí, en algún modelo francés anterior7. A nuestro modo de ver, el análisis de la morfosintaxis de la novela podría arrojar alguna luz sobre si nos encontramos, efectivamente, ante una traducción de un original francés, por ahora sin localizar, o si se trata, como sospecha esta editora, de una creación inspirada en obras francesas precedentes que no constituye traducción de ninguna en concreto. Con todo, en el presente trabajo, esta cuestión, que pretendemos abordar en un estudio ulterior, no desempeñará un papel crucial. 3. Irene y Clara como piedra de toque de la norma culta El cotejo de los usos gramaticales descritos y prescritos por Salvá y Hermosilla en sus respectivas obras metalingüísticas con el uso escrito presente en Irene y Clara nos ofrece una oportunidad inmejorable de comprobar hasta qué punto estos autores pretendieron aplicar a un texto alejado del ámbito de la enseñanza de la lengua sus observaciones y recomendaciones acerca de los rasgos lingüísticos de prestigio que podían adoptarse y debían promoverse en la prosa de la distancia8. Por razones de espacio, nos ceñiremos 6 La doble autoría es reconocida por Salvá, en el prólogo de la primera edición, en los siguientes términos: “Bajo el plan que me había propuesto, que era algo mas que formar una traduccion libre, tenia ya concluido como un tércio de la presente, cuando con la evacuación de las tropas napoleónicas recobró en 1814 alguna actividad el comercio español, y yo tuve que volver á mis ocupaciones que la guerra habia interrumpido. Esto me obligó á confiar el encargo de rever mi trabajo y de concluirlo á Don José Gómez Hermosilla, cuya aptitud para desempeñarlo por sus profundos conocimientos de las buenas letras, me constaba muchos años hacia, cuando aun no se habia dado á conocer en el orbe litérario. […] [L]a felicidad con que llevó al cabo esta traduccion, haciendo en ella todos los retoques y variaciones que eran de apetecer, justifican el acierto de mi eleccion” (Salvá 1830: xii-xiii). 7 En su correspondencia personal, Salvá dice a su hijo Pedro, en una carta fechada en París el 22 de junio de 1830, haber “empezado la impresión […] de la novela que tradujimos Gómez Hermosilla y yo, intitulada Irene y Clara” (Reig Salvá 1972: 127, apud Rueda 2003: 20; la cursiva es nuestra), y en el prólogo de la obra se declara satisfecho “si no se advierte á cada línea, como en mil otras, que es una traduccion” (Salvá 1830: xiii; la cursiva es nuestra). No obstante, Rueda (2003: 25) considera que esta declaración “puede tener un valor meramente retórico, que se usaba en la época para acreditar obras de entretenimiento”, por lo que concluye que “[n]o sería descabellado pensar que Salvá ni tradujo ni adaptó su Irene y Clara, sino que después de leer alguna de estas obras [las novelas francesas que Rueda relaciona, por su contenido y tono, con Irene y Clara] —u otras— se le ocurrió escribir algo sobre el mismo tema” (Rueda 2003: 27). 8 Entendemos distancia (comunicativa) en el sentido de Koch/Oesterreicher (1985, 1990 [2007], 22011), es decir, como el conjunto de situaciones en que convergen parámetros comunicativos como el carácter público text_ERDB_01_2015.indd 152 3.7.2015 0:34:18 153 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara aquí, por un lado, a algunos ejemplos referidos a la doctrina sobre los pronombres átonos que ilustren la obediencia de la traducción al criterio normativo explícito de sus autores9, y, por otro, a la emergencia en la novela de ciertos patrones sintácticos regulares que sin duda representan opciones normativas, pero que apenas reciben comentario, sin embargo, en las obras metalingüísticas. 3.1. El sistema pronominal átono de tercera persona Salvá es conocido como promovedor del “sistema de compromiso” (aceptado luego por la RAE) por el que los clíticos lo y le son admisibles para los objetos directos singulares, si bien no indistintamente (1): (1) lo general es obrar con incertidumbre, pues los escritores más correctos que dicen adorarle, refiriéndose a Dios, ponen publicarlo, hablando de un libro. Pudiera conciliarse esta especie de contradicción estableciendo por regla invariable usar del le para el acusativo si se refiere a los espíritus u objetos incorpóreos y a los individuos del género animal, y del lo, cuando se trata de cosas que carecen de sexo y de las que lo tienen, pero pertenecen al reino vegetal. Así diré examinarle si se trata de un espíritu, un hombre o un animal masculino, y examinarlo, si de un hecho (Salvá 1830–1847 [1988]: 382–383) de la interacción, la fijación temática, la posibilidad de planificación del discurso, el carácter monológico, la autonomía textual, etc., prototípicos de las interacciones más formales. Según Antonio Capmany, cuyo Arte de traducir el idioma francés al castellano reeditó Salvá en París en 1835 (cf. Lafarga 2002), “[l]as obras traducidas no deben destinarse tanto para enseñarnos á hablar, cuanto para mostrarnos cómo hablan los demas” (Capmany 1776 [1835]: 18). En la advertencia preliminar a esa obra, Salvá añade que el querer aprender la lengua a partir de tal clase de textos sería vano e incluso contraproducente, pues “[e]n general son malas todas las traducciones; ni hai quien vaya á estudiar en ellas su idioma nativo” (Capmany 1776 [1835]: 18). No cabe pensar, pues, que Salvá o Hermosilla concibiesen Irene y Clara como un texto ejemplar en que verter a un molde más ameno sus convicciones normativas. Ello no supone, naturalmente, que Salvá, en particular, se despreocupase del aspecto lingüístico de la versión castellana; de ahí que, como ya destacamos en la nota anterior, en el “Prólogo” de la novela hiciera constar lo siguiente: “si no se advierte a cada línea, como en mil otras, que es una traducción, el lector siempre me agradecerá que le proporcione un libro que le entretenga y que no estrague ni sus buenas costumbre ni su lengua” (Salvá 1830 [2003]: 80). Así, Irene y Clara no puede entenderse como una herramienta suplementaria de las obras prescriptivas que ofrezca un modelo deliberado de lengua culta a la imitación de los lectores; pero sí pretende ser un ejemplo de traducción elegante y no servil, y en ese empeño refleja, como es natural, los rasgos de la lengua que sus traductores consideraban prestigiosa y castiza. 9 Puesto que en algún punto existe discrepancia entre Salvá y Hermosilla (como ocurre, según es sabido, con la doctrina acerca del leísmo y laísmo, verdadera manzana de la discordia en la gramaticografía del momento: cf. Gómez Asencio 1989 y, para los antecedentes dieciochescos, Sáez 2008), el uso presente en Irene y Clara puede asimismo ayudar a dirimir igualmente la cuestión textual de si en la versión final pesó más la primera traducción de Hermosilla o la posterior revisión de Salvá: volveremos inmediatamente sobre esta cuestión. text_ERDB_01_2015.indd 153 3.7.2015 0:34:18 154 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara El análisis de los datos de Irene y Clara revela que la regla no separa simplemente a los referentes animados (humanos o animales) de los inanimados. Ciertamente, para los primeros, en los 240 casos que hemos encontrado (2a), la novela emplea exclusivamente le, nunca lo10, mientras lo es la única solución con “cosas que carecen de sexo”, esto es, con los inanimados concretos (2b), salvo en un único ejemplo (2c)11. Pero se da una interesante alternancia con los abstractos, esto es, los “objetos incorpóreos” de la definición, tanto cuando el objeto pronominalizado puede entenderse metonímicamente como correferente de una entidad humana (así, “respeta mi secreto” vale aproximadamente ‘respétame’ en 3c) como cuando no es así (en 3a, por ejemplo); la variación, además, puede producirse con un mismo referente (3a, b) e incluso en un mismo entorno sintáctico (3c)12. En la práctica, pues, la regla de Salvá es menos nítida de lo que parece a primera 10 La solución sistemática le para los animados masculinos se extiende a los entornos causativos, en los que el uso es todavía hoy alternante según la región, el tipo concreto de construcción y otros factores (cf. Fernández-Ordóñez 1999): “le echó algunas pullas que le hicieron mudar de color” (I, 86); “las últimas palabras que se me escaparon le hicieron detener” (II, 201). Con referente femenino, la y le alternan en estos contextos: “Por Dios, señora, vuelva usted en sí y vea si el exceso de su aflicción no la ha hecho equivocarse” (II, 201); “Usted tiene un excelente corazón, querida mía, y veo que está padeciendo […] por las faltas que la ligereza de su poca edad le ha hecho cometer” (I, 91). La alternancia no es desordenada, sin embargo, sino que presenta un curioso patrón distribucional, pues le solo aparece en la primera parte de la obra (6 casos, por otros tantos con la), mientras la es la forma única en la segunda parte, lo que quizá sugiera que cada parte se revisó en un momento distinto y con un criterio normativo levemente diferente. Con un complemento predicativo del objeto, la es la solución única en toda la obra: “mi propuesta no se dirigía a ajarla, puesto que la hacía participante de unos bienes a que entrambas teníamos igual derecho” (I, 93); “me tendría por culpable si no emplease todos los momentos en hacerla dichosa” (I, 122). 11 Este ejemplo, aunque contraviene la doctrina de Salvá y coincide con la de Hermosilla, debe atribuirse sin duda al gramático valenciano, pues se introdujo en la segunda edición, en la que solo él tuvo participación. El texto de la princeps lee aquí: “Tomó el cuaderno, recorrió rápidamente algunas páginas salteadas, y[…]”. El ejemplo de (2c) puede compararse con otro análogo de la segunda parte en que figura el uso habitual con lo: “con la vista clavada en el papel de Clara, aunque no lo hojeaba ni leía” (II, 200). Es posible que este único le de objeto inanimado corresponda a la primera versión de Hermosilla y escapase a los ojos de Salvá en la revisión. Por lo demás, la división entre animados e inanimados concretos es lo bastante estricta como para que, a pesar de su carácter humano, el término cadáver provoque la concordancia con lo: “Se acordó […] que […] se transportase el cadáver a Madrid […]. El marqués y algunos otros lo acompañaron” (II, 230). 12 Solo en la primera parte de la novela hemos detectado un total de 21 casos (10 de le, 11 de lo) en 19 contextos, con 16 referentes abstractos distintos. He aquí los ejemplos que completan esa nómina: “Como yo no estaba bastante diestra en disimular mi pesar, mis lágrimas lo publicaron” (I, 87); “yo me hallaba tan torpe en el desempeño de mi nuevo papel, que lo hubiera abandonado infaliblemente” (I, 93); “¿Ha reflexionado usted […] sobre lo necesario que le es este desahogo y cuánta crueldad sería defraudársele?” (I, 91); “La altanería de este procedimiento, lejos de incomodarme, me llenó de complacencia, reputándolo una prueba de cariño” (I, 93); “La compasión obligaba al conde a […] procurarme algún consuelo, y de nadie le hubiera recibido mejor” (I, 103); “no contaba con que estuviese seguro mi corazón, si no se aficionaba a algún otro objeto. Soy tan delicado, que no era fácil lo encontrase” (I, 108); “El amor es la inclinación más dulce de nuestra naturaleza y ésta la mejor maestra para enseñarle” (I, 120); “La certeza de que era amada fortalecería mi ánimo y le haría superior a cuantas desgracias sobrevinieran” (I, 120); “Este corazón [...] es de su hijo de usted, y no puedo ni debo consentir en que se lo roben” (I, 131); “escribí una [carta] muy larga en que desahogaba mi corazón, sin disimular ninguno de los afectos que en aquel momento le agitaban” (I, 132); “yo interpretaba favorablemente su silencio, pero me engañé y hubiera debido no atribuirlo más que a su política” (I, 134); “Si yo no hubiera tenido otro enemigo que el tedio, nada me hubiera sido más útil para vencerlo que una reunión de gentes” (I, 144); “¿Y qué medio text_ERDB_01_2015.indd 154 3.7.2015 0:34:18 155 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara vista y tropieza con dificultades de aplicación en su propio uso escrito, dando lugar a entornos de variación en que la norma es insegura13. (2) a. Tenía buena presencia [...]. Y su tono [...] parecía siempre el de un señor de alta jerarquía. Le pinto cual le he observado después, porque entonces para mí solo era un ente odioso y detestable (I, 86) La indiferencia habitual del conde solo me le había dado a conocer bajo un aspecto (I, 101) b. Un día perdí por la mañana un abanico muy bonito, y habiéndolo buscado inútilmente [...], continué mi pesquisa después de comer [...]. El conde me siguió sin malicia para ayudarme a buscarlo, pero al levantar el almohadón de una silla, mi mano tropezó con un libro, que había yo visto aquel mismo día en las de mi madre. Lo abrí […]. Me propuso que lo leyésemos juntos (I, 84) c. Tomó el pliego, le recorrió rápidamente, y sin pasar adelante en la lectura, exclamó […] (II, 191) (3) a. Mi mentor, a quien comuniqué el proyecto, le desaprobó (I, 142) Luego pasé a deliberar sobre el modo de comunicar mi plan al conde y de hacer que lo aprobase (I, 161) b. quería ver amor en todas sus acciones, y en ninguna lo encontraba (I, 158) y entre tanto el amor se arraigaba en el fondo de mi corazón, sin que yo quisiese verle, para no estar obligada a lanzarle de allí (I, 120) c . ¿ Mi secreto? Está en mi corazón, y no saldrá de él hasta que yo haya… Respétale. Tú te arrepentirías de habérmelo arrancado (I, 151) También en el objeto directo plural, según Salvá, conviven les y los, aunque la segunda forma le parece preferible14. En la novela, los es solución única para todos los inanimados para salir de un estado tan penoso? Mucho tiempo anduve buscándolo y, al cabo de mucho discurrir [...]” (I, 160); “- […] ¿es posible que no ha de haber remedio? -No le hay” (I, 166). 13 No lo es, en cambio, con el único ejemplo en que se pronominaliza un nombre propio sin artículo con referente no animado: “Es menester que salgas inmediatamente de Madrid y que dejes de escandalizarle con tu desarreglada conducta” (II, 220). Aunque el uso es distinto del actual, se corresponde con el empleo sistemático de la preposición a ante estas entidades que Salvá preconiza en su gramática (con los conocido ejemplos Desean ver París, que condena, y Asaltó a Antioquía, que aprueba: cf. Salvá 1830–1847 [1988]: 449–451) y pone en práctica igualmente en Irene y Clara: “La vizcondesa dejó a Salamanca” (II, 266). Este caso subraya el paralelismo evidente que para Salvá existe entre el uso pronominal átono y el marcado preposicional del objeto directo. 14 Las dos formas figuran en el paradigma abreviado de los pronombres (Salvá 1830–1847 [1988]: 203). Más adelante se precisa:“Los parece el acusativo más propio del plural: Los aniquilaron, amábalos, aunque no sería ni una gran falta, ni cosa que carezca de buenas autoridades decir Les aniquilaron, amábales” (Salvá 1830–1847 [1988]: 384). Aún más explícito es Salvá en el Compendio (cito por la tercera edición): “le y les son el caso dativo [...], pero en el plural emplean algunos la misma terminación en el caso objetivo, diciendo perseguirles, si bien casi todos los buenos escritores dicen perseguirlos” (Salvá 1838 [31844]: 66). De la misma opinión parece Hermosilla (“es una variedad preciosa que haya los para acusativo, y les para dativo”: Gómez Hermosilla 1826: 198), quien sigue en esto la estela de las gramáticas académicas (cf. Gómez Asencio 1989: 377–379). text_ERDB_01_2015.indd 155 3.7.2015 0:34:18 156 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara (4a), mientras con animados aparece generalmente los (4b) y en algún caso les (4c). Con el dativo no hay loísmo, ni en singular ni en plural, de nuevo conforme al uso prescrito (Salvá 1830–1847 [1988]: 384). (4) a. se creían inútiles todos los remedios, y […] ella misma se negaba obstinadamente a tomarlos (I, 16) conoce los peligros que te rodean y los medios de precaverlos (I, 155) b. como si mi modo de tratarlos [= a los criados] debiese tenerlos siempre alegres, […] y llegué hasta aborrecerlos (I, 160) c. Mi madre había convocado aquel día a mis parientes […] para informarles de la necesidad en que ella y su marido se habían visto (II, 227) El laísmo le parece a Salvá escasamente aceptable, si bien reconoce su presencia en buenos escritores15. En Irene y Clara es prácticamente general le(s), de acuerdo con la doctrina del gramático valenciano y no, en cambio, con la de Hermosilla, laísta declarado, lo que demuestra que se debe a aquel el aspecto último de la traducción en lo lingüístico. No pueden considerarse, claro está, casos de laísmo los que aparecen con verbos psicológicos que hoy suelen construirse con un dativo experimentante, pero que en la época aún eran frecuentes como transitivos (5a)16; tampoco los varios ejemplos con hablar que trae el texto (5b), pues la construcción transitiva de este verbo con objeto 15 Para Salvá “es lo más seguro usar del le y les [...]. Es con todo muy frecuente en el lenguaje familiar decir la y las, particularmente en Castilla la Vieja y en la provincia de Madrid [...]. Escritores tan cultos como don Tomás de Iriarte y don Leandro Moratín no adoptaron ciertamente por casualidad este modismo que se halla también en la Ley agraria de Jovellanos [...]. Sin embargo, yo no los imitaré sino cuando de lo contrario resulte ambiguo el sentido [...]. Nótase esto en los ejemplos siguientes: Encontré a Pedro con su hermana y la di el recado; Cuando la visité, estaba allí su primo y nada la dije” (Salvá 1830–1847 [1988]: 381). El madrileño Hermosilla, en cambio, se pronuncia por la(s) como solución exclusiva, en una senda racionalista (las formas femeninas deben tener una morfología transparente y unívocamente femenina) que, en último término, remonta a Correas (cf. Girón 1996: 301) y se prolonga en contemporáneos de Salvá como Noboa o Saqueniza (cf. Gómez Asencio 1989: 376): “si valiese mi voto, me atreveria á proponer que respecto del pronombre de tercera persona se usase para el dativo femenino de singular la y para plural las, y no le y les [...].Y esto no es un capricho ó descuido del que habla ó escribe, es que la analogía le fuerza en cierto modo á explicarse así. Porque, si se dice: el juez prendió á un gitano, le tomó declaracion, y le condenó á muerte, ¿no está pidiendo la analogía que se diga, prendió á una gitana, la tomó declaración, y la condenó á la galera?” (Hermosilla 1826: 193). Por el mismo camino, naturalmente, Hermosilla solo admite le para el masculino, ya sea dativo o acusativo, al menos en singular: “No sé si me engaño, pero me parece evidente que el lo nunca puede ser masculino” (Gómez Hermosilla 1826: 198). Ya se ve que en ambos puntos Irene y Clara sigue a Salvá, no a Hermosilla. 16 Otros ejemplos: “me separé de ella para buscar a la baronesa y darle parte de la boda de mi madre. La sorprendió sobremanera” (I, 96); “todo la asusta a usted” (I, 123). A Salvá, de hecho, le parecía intolerable el uso de le con predicados como consolar o aquejar: “no tiene disculpa que Meléndez haya dicho [...] Un beso le (la) consuela, y Arriaza, La fatigada cierva, si le (la) aqueja, sin que sirva de excusa el principiar la voz siguiente por a, pues en ningún caso es permitido a los poetas usar el le para el caso objetivo del pronombre femenino” (Salvá 1830–1847 [1988]: 381). Son semejantes a estas otras construcciones que hoy suelen preferir el dativo: “yo aprovecho la ocasión para avisar a usted del peligro que la amenaza” (II, 221); “¿Puedo desear tu vuelta, si pienso en lo que necesariamente debe seguirla?” (II, 231); “¡Qué indiferencia en todo lo que no la toca personalmente!” (II, 256). text_ERDB_01_2015.indd 156 3.7.2015 0:34:18 157 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara animado (al modo, por ejemplo, del clásico la comunicó junto a (se) comunicó con ella) era y es usual en muchas zonas no laístas, y particularmente, desde antiguo, en el oriente peninsular que vio nacer a Salvá, lo mismo que con suplicar (5c)17; finalmente, dos casos con perdonar y asegurar (5d) posiblemente encuentren su motivación en el hecho de que ambos predicados conocen igualmente la construcción monotransitiva con objeto animado18. No existen, al margen de estos, otros casos en que la(s) desempeñe el papel de dativo. (5) a. una debilidad que la irritó y puso alerta (I, 92) b. La baronesa se separó de nosotras para poder preguntar a Marcela antes que yo la hablase (I, 113–14) c. vine a quedar enteramente postrada a sus pies […] y la supliqué con las más vivas instancias que no me abandonase (I, 135) d. porque su pobre hermana de usted tiene mil cosas que perdonarla (I, 92) se despidió de la priora, asegurándola que mi indisposición no tendría ninguna consecuencia (I, 125) 17 Basten estos pocos ejemplos, obtenidos del CORDE. Con hablar: “E por esto dezía sant Iherónimo […]: Mi fijo, si tú quieres ser devoto, si sabes que alguna mugier es devota e santa, ámala en tu coraçón, mas non fablarla” (San Vicente Ferrer, Sermones, siglo XV); “Oriana le preguntó por qué le embiara a dezir que convenía mucho fablarla” (Amadís de Gaula, ed. de Zaragoza, 1508); “Aquella me paresce la commadre, nuestra Marcelia [...]. Quiero hablarla” (Juan Rodríguez Florián, Florinea, ed. de Valencia, 1554); “Informóse muy por menudo de quién era Artemia, dónde y cómo reynava, y concibió al punto que en hablarla consistía su remedio” (Baltasar Gracián, El criticón. Primera parte, ed. de Zaragoza, 1651). Con suplicar: “fablaron con donya Leonor, suplicandola que suplicasse al rey que no quisiesse creyer maluados informadores” (Juan Fernández de Heredia, Gran crónica de España. Tercera parte, 1376–1391); “comenzó a suplicalla cuanto más blandamente pudo que quisiesse dolerse dél” (Juan Boscán, trad. El cortesano, 1534); “tanto la supliqué, que hubo de aceptar el ir a mi casa con su hermana” (Vicente Blasco Ibáñez, trad. Las mil y una noches, 1916). No faltan en Irene y Clara, sin embargo, ejemplos de la construcción alternativa de hablar, con dativo y objeto implícito, que atestiguamos al menos en dos casos: “el primero en que tropecé fue el conde sentado en un sofá al lado de la Teresita. […] El conde le hablaba con tanto calor y ahínco, que […]” (I, 101); “se sonrió, hizo a la otra señora que nos mirase y le estuvo hablando largo rato” (II, 213). Del esquema con objeto animado documentamos otros tres ejemplos con hablar y uno más con suplicar: “¿no es cierto que […] te puse en un terrible apuro, cuando dije a tu madre que tenia que hablarla a solas?” (II, 209); “siempre que yo la hablaba de este asunto, había un nuevo obstáculo” (II, 240); “La víspera del día en que nuestros valedores se habían propuesto hablarla” (II, 241); “la he suplicado -me dijo la prioraque fuese a dar un recado allá dentro” (I, 112). 18 Cf. de nuevo Fernández-Ordóñez (1999) para la alternancia de soluciones pronominales con esta clase de predicados en zonas por lo demás distinguidoras del caso. Es de notar que para Salvá el criterio de detección del caso que representa el pronombre es el trasvase a la voz pasiva; así, en la primera edición de la Gramática advertía: “Diremos La aconsejé que se arropase y Le aconsejé tal cosa, porque estas oraciones vueltas por pasiva dirían Ella fue aconsejada por mí que se arropase y Tal cosa fue aconsejada por mí a ella” (Salvá 1830–1847 [1988]: 381). El ejemplo mismo ilustra por qué para Salvá era posible el acusativo con un verbo fandi como hablar o suplicar (que, dicho sea de paso, es de régimen vacilante también en francés, por ejemplo), y al mismo tiempo la tendencia, con verbos de acto de habla, a interpretar los predicados biactanciales en términos de los correspondientes monoactanciales con objetos animados, como ocurre con aconsejar en el ejemplo gramatical o con perdonar o asegurar en la novela (cf. ella fue {asegurada [= ‘reconfortada’] / perdonada} por mí). text_ERDB_01_2015.indd 157 3.7.2015 0:34:18 164 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara (14) a. Púseme pálida y desfigurada (I, 86) Pasábanse los días y semanas sin que el conde mudase de conducta (I, 99) -Yo amo. -Créolo sin que lo jures. Y ¿a quién? (I, 110) b. Como empezábamos a bailar, me apretó la mano y diome a entender con cierta sonrisa que no me creía (I, 101) Su aspecto era […] serio y desdeñoso cuando quería, y queríalo muy a menudo (I, 89) Tabla I: colocación del pronombre átono respecto del verbo finito en función del tiempo verbal PROCLISIS ENCLISIS PRETÉRITO SIMPLE (canté) 45 (76%) 14 (24%) IMPERFECTO (cantaba) 7 (70%) 3 (30%) PRESENTE (canto) 38 (97%) 1 (3%) FUTURO / CONDICIONAL (cantaré / cantaría) 7 / 2 (100%) 0 PERFECTO COMPUESTO (he cantado) 12 (100%) 0 3.4. Los indefinidos negativos: competencia de los esquemas nada sé y no sé nada Salvá recoge el carácter asimétrico de la concordancia entre la negación y los indefinidos negativos en español, pero no se inclina por ninguno de los dos esquemas que prescribe como correctos (N pasa frente a no pasa N, donde N es cualquiera de los indefinidos negativos). (15) si se pospone nada o ningún al verbo, solo puede decirse No habremos hecho nada; No hay aquí ningún ladrón [...], y sería sumamente forzado imitar a Alemán, que pone en su Guzmán de Alfarache: Habremos hecho nada; No hay aquí algún ladrón [...]. Cuando las voces nada, nadie, ninguno [...] principian sentencia, ya no puede tener lugar la partícula no, ni antes ni después del verbo. Así decimos Nada ha ocurrido de nuevo; Nadie vino; Ninguno de ellos habló [...] y no puede decirse Nada no ha ocurrido; Nadie no vino; Ninguno de ellos no habló (Salvá 1830–1847 [1988]: 472)31 para el que Irene y Clara ofrece ejemplos de alternancia inmediata proclisis / enclisis (además del de 14b), lo que sugiere que no existen otros factores adicionales que condicionen el empleo de estos fenómenos: “Desplegó de nuevo sus labios, volviolos a cerrar, se los mordió y todo su semblante daba indicios de que quería contestar” (I, 86); “Le dije que las ventanas daban a la huerta, describile puntualmente su posición y le di todas las señas necesarias […]. Se informó cuidadaosamente de todo” (I, 175). 31 Sobre ninguno se precisa en otro pasaje: “Ninguno se pospone al verbo en las frases que llevan la partícula no y entonces puede hallarse antes o después del sustantivo: No hay ningún soldado o No hay soldado ninguno. text_ERDB_01_2015.indd 164 3.7.2015 0:34:19 165 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara En Irene y Clara, sin embargo, surge un interesante contraste: mientras con ningún domina la concordancia con posposición del indefinido al verbo (por 8 casos como 16a hay 13 como 16b, es decir, el primero supone un 38% de los casos), con nada es muy mayoritaria, en cambio, la anteposición sin doblado negativo (por 49 casos como 16c hay tan solo 12 como 16d, esto es, el esquema del tipo nada sé alcanza una frecuencia del 80% frente a no sé nada)32. (16) a. y ningún sacrificio se me hará costoso (I, 108) quería ver amor en todas sus acciones, y en ninguna lo encontraba (I, 158) b. no me dio ningún cuidado la noticia (II, 248) la marquesa tiene sin duda motivos […], y usted no tiene ninguno (I, 112) c. Nada significaría esto (I, 129) según mi proyecto, a nada me exponía (II, 245) d . Yo no exijo ni he exigido nada de tu hermana (I, 147) El conde no se me oponía en nada (II, 243) Al promover la anteposición de nada al verbo, Salvá y Hermosilla adoptan un rasgo de la lengua de la distancia comunicativa especialmente en boga entre mediados del siglo XVII y mediados del Ochocientos (cf. Octavio de Toledo 2014b). Pero, además, se conforman en ello con la doctrina traductológica de Capmany, que proponía alejarse deliberadamente del francés en este aspecto de la gramática (17a). La obra de Capmany fue reeditada, con profundas modificaciones, por Salvá y Antonio Alcalá Galiano en 1835, y supuso el germen reconocido de la Gramática para los españoles que desean aprender la lengua francesa pergeñada por Salvá hacia el final de su vida, en 1847. En esa gramática, Salvá vuelca al español una treintena de frases francesas con ne…rien (17b), y lo hace en todos los casos (menos uno) anteponiendo nada al verbo, muestra de uso descrito que no deja dudas sobre la firmeza del uso escrito que Irene y Clara manifiesta. (17) a. El adverbio NE. Su primer uso es recargar por una especie de redundancia las palabras negativas, como rien, nul. En la traduccion se suprime (Capmany 1776 [1835]: 80) En las otras precede por necesidad tanto al nombre como al verbo, v. g. Ninguna respuesta he tenido” (Salvá 1830–1847 [1988]: 330). 32 No hemos tenido en cuenta los datos de la forma nadie, pues su carácter forzosamente animado la hace particularmente frecuente en posición inicial (especialmente frente a nada, que suele desempeñar papel de objeto), lo que puede distorsionar los datos, exagerando la frecuencia del esquema con anteposición al verbo. Podría resultar interesante, sin embargo, que en los tres ejemplos de la obra en que nadie se encuentra dentro de un sintagma preposicional se prefiera también la anteposición, que resulta en estos casos mucho menos esperable: “virtudes cristianas y actos de religion, que a nadie de mi casa veía practicar” (I, 83); “La compasión obligaba al conde a […] procurarme algún consuelo, y de nadie le hubiera recibido mejor” (I, 103); “y, sin embargo, a nadie cometería el encargo de cuidarla” (I, 106). En el uso escrito de Hermosilla, por otra parte, también domina claramente la anteposición de nada al verbo: “fruslerías escolásticas que nada enseñan” (Arte, Advertencias, 1); “Sobre semejante retrato nada hay que decir” (II, 1, 1, 73); “Este fastidioso repetir una misma idea con tantas expresiones diferentes, en nada se parece á la sencilla y brevísima variacion de Homero” (II, 2, 95). text_ERDB_01_2015.indd 165 3.7.2015 0:34:19 166 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara b. Malheureusement ils n’entendirent rien. Por desgracia nada oyeron (Salvá 1847: 82) Cela ne prouve rien. Esto nada prueba (Salvá 1847: 115) Les titres ne font rien ici. Aquí nada suponen los títulos (Salvá 1847: 204) Au fond elle ne vaut rien. En lo sustancial nada vale (Salvá 1847: 208) Il ne se mêle de rien. En nada se mete (Salvá 1847: 230) Il ne se plait à rien. Nada le divierte (Salvá 1847: 257) Il n’existe rien de tel à Rome. Nada de eso existe en Roma (Salvá 1847: 300) 3.5. Normas encubiertas: pronombres relativos y competencia de formas en -ra / -se Según la doctrina de Salvá, las formas en -ra y -se son estrictamente equivalentes en todos los entornos subordinados, como ilustran los ejemplos de la Gramática (en oraciones condicionales, 18a; en completivas o relativas, 18b)33. Sin embargo, este aparente carácter de “variante invisible” (Barra 2011) de la distribución -ra / -se se quiebra cuando uno acude al uso de estas formas en Irene y Clara, que se antoja perfectamente consciente en los “idiolectos” de Salvá y Hermosilla. La Tabla II muestra a las claras la asociación casi unívoca de -se con la subordinación completiva, final y temporal34; con relativas y concesivas, el dominio de -se es muy amplio (80% en ambos casos), pero -ra tiene una presencia significativa; en las consecutivas, las proporciones se invierten y domina claramente -ra. En las relaciones condicionales (Tabla III), el dominio de -se es muy amplio en la prótasis cuando en esta aparecen formas simples (38 casos frente a solo 9 de -ra), y en tal caso es constante el condicional -ría en la apódosis35; las formas compuestas en la prótasis son, a partes iguales, en -ra y en -se, pero en la apódosis es casi exclusivo el compuesto en -ra36. Se privilegian, pues, con claridad los 33 En la primera edición de la Gramática ambas se integran bajo el marbete de pretérito de subjuntivo. A partir de la segunda edición, sin embargo, se separan en los paradigmas: puesto que -ra puede figurar en oraciones no subordinadas (por ejemplo, apódosis condicionales), pasa a denominarse indefinido absoluto, mientras que -se, que en las condicionales aparece forzosamente en la prótasis, se denomina indefinido condicional (cf. Salvá 1830–1847 [1988]: 211). El carácter “indefinido” de ambos tiempos alude a su capacidad de orientarse temporalmente tanto hacia el pasado como hacia el futuro. Esta diferenciación no obsta para que Salvá las considere perfectamente intercambiables en oraciones dependientes: así, -ra “puede suplir al otro indefinido en todos los casos” (Salvá 1830–1847 [1988]: 429), y -se “halla cabida en todas las frases en que la tiene el indefinido absoluto, si exceptuamos aquellas en que hace este las veces del condicional de indicativo” (Salvá 1830–1847 [1988]: 429). 34 Existe un solo caso de relación causal, con el esquema bien que A, bien que B ‘ora porque A, ora porque B, lo cierto es que C’, que presenta en sus dos miembros formas en -se. 35 Aparece, en efecto, en 43 casos (pues tres de los esquema con si tuviese y otros tres con si tuviera carecen de apódosis expresa), frente a tan solo dos ejemplos de formas en -ra (uno de ellos con el modal pudiera): “de otro modo hablaras, hermana, si te inclinases a alguno” (I, 120). 36 En tres casos, que no incluimos en los cómputos, aparece un tiempo compuesto en la apódosis y una forma simple correspondiente a una predicación de estado en la prótasis: “y ya habrías muerto si estuvieras en text_ERDB_01_2015.indd 166 3.7.2015 0:34:19 167 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara esquemas si tuviese, daría y si {hubiera / hubiese} tenido, hubiera dado, mientras que las demás opciones tienen carácter marginal. (18) a. Te engañarías o engañaras si le creyeses o creyeras hombre honrado (Salvá 1830– 1847 [1988]: 429) b. Deseabas que te facilitase o facilitara la entrada (Salvá 1830–1847 [1988]: 429) Estaba preparada la mesa para todos los que llegasen o llegaran (Salvá 1830–1847 [1988]: 429) Tabla II: distribución de las formas en -se / -ra según el tipo de relación subordinada -SE -RA COMPLETIVAS* 234 (96%) 8 (4%) FINALES** 55 (97%) 2 (3%) RELATIVAS 59 (80%) 15 (20%) CONCESIVAS 17 (81%) 4 (19%) TEMPORALES 16 (100%) 0 (0%) CONSECUTIVAS 2 (25%) 6 (75%) * Incluyen el esquema especializado sin que, con 27 ejemplos en la obra. ** Incluyen las correlaciones cuantitativas del tipo Era muy joven para que la casasen (aunque somos conscientes de su naturaleza más bien concesiva: cf. Sánchez 1995), con 5 ejemplos en la obra. lugar mío” (I, 120); “Quizá hubiera vacilado mi constancia si se me permitiese vivir soltera” (I, 188); “Si así fuese, hubiera yo espirado” (I, 178). Al grupo de las correlaciones condicionales de formas compuestas habría que añadir un puñado de esquemas semánticamente condicionales, pero formalmente comparativos (“Menos terror hubiera sentido a la vista de un espectro que a la de mi madre”, I, 85), relativos (“cualquier precio que usted hubiese puesto a este favor hubiera sido siempre muy inferior a lo que vale”, I, 137; “Un rayo que me hubiese reducido a cenizas hubiera sido para mí en aquel momento el mayor beneficio del cielo”, I, 183), completivos (“El sacrificio estaba ya hecho y hubiera sido mejor que yo no la hubiera visto”, II, 270) o temporales (“A la verdad que hubieras podido entrar cuando hubieras querido”, II, 206), según la idea del propio Salvá de que “otras muchas locuciones […] pueden resolverse por el si” (Salvá 1830–1847 [1988]: 421, con ejemplos como Sería una desgracia que lloviese); todos ellos muestran de nuevo la preferencia uniforme por la forma -ra en la principal. En Irene y Clara solo la forma modal debiera se orienta en alguna ocasión al pasado, esto es, vale ‘hubiera debido’: “no me había acalorado demasiado en mis reconvenciones, ni estas eran tales que debieran atraerme una respuesta tan seca” (I, 151); “Repito que hice mal y que debiera haber procedido con menos precipitacion” (II, 276). Aunque Salvá describe esta posibilidad en la Gramática (Salvá 1830–1847 [1988]: 211: “Tiene [la forma en -ra] la significación de pretérito: […] Bien pudiera haber venido antes”; cf. más adelante el ejemplo Acudieran las tropas si les hubiese llegado la orden: Salvá1830–1847 [1988]: 414), no resulta productiva, pues, en la novela. text_ERDB_01_2015.indd 167 3.7.2015 0:34:19 168 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara Tabla III: esquemas condicionales en Irene y Clara: orientados al pasado, orientados al futuro y comparativos SI HUBIESE TENIDO, HUBIERA DADO: 16 SI HUBIERA TENIDO, HUBIERA DADO: 17 A (NO) TENER, HUBIERA DADO: 6 SI HUBIESE TENIDO, HABRÍA DADO: 1 SI HUBIERA TENIDO, DABA: 2 SI TUVIESE, DARÍA: 36 SI TUVIERA, DARÍA: 9 SI TENÍA, DARÍA: 2 / DE TENER, DARÍA: 2 SI TUVIESE, DIERA: 2 SI TUVIERA, DIERA / DABA: 0 DE TENER, DABA: 1 COMO SI TUVIESE: 12 COMO SI HUBIESE TENIDO: 1 COMO SI TUVIERA: 7 COMO SI HUBIERA TENIDO: 3 Los datos de la Tabla II contribuyen a aclarar, a su vez, los de la Tabla I. Las concesivas guardan un parentesco evidente con las condicionales: en Irene y Clara, prefieren, como aquellas, formas en -se cuando se relacionan con formas simples (19a), pero formas en -ra cuando se relacionan con tiempos compuestos (19b)37. Las comparativas condicionales de la Tabla II también prefieren -se con las formas simples y -ra con las compuestas, y esa situación se repite con las consecutivas (19c), que mayoritariamente ofrecen tiempos compuestos (6 casos de 8)38; otro tanto ocurre, en fin, con las relativas: en 14 de los 15 casos en que prefieren la forma en -ra, esta es un pluscuamperfecto (19d)39. En definitiva, en Irene y Clara se promueve la subordinación exclusiva con -se en completivas, temporales y finales40, y en el resto de subordinadas se prefieren nítidamente los imperfectos en -se y los pluscuamperfectos en -ra, posiblemente porque la única forma compuesta tolerada en oraciones principales de contenido hipotético como (19e) es, precisamente, hubiera cantado, en nada menos que 35 casos41. La selección de la variación -ra/-se, pues, 37 En un caso, la oración principal se orienta al futuro y la hipótesis al pasado (“aun cuando me lo hubiera confiado, no te lo diría”, I, 127), pero la forma compuesta elegida sigue siendo en -ra, como en estos otros ejemplos: “aunque ya hubiera podido ajustar la boda con la persona que me hubiera parecido, y no decirte quien era, basta haberme obligado en tu nombre a recibirla” (I, 130); “Aunque hubiera tenido veinticinco, no era posible que yo le aceptase por marido” (I, 135). Encontramos solo una concesiva con pluscuamperfecto en -se: “Por más que hubiese querido revestirme de firmeza […], no pude ya contenerme” (I, 202). 38 Lo mismo se observa en las dos únicas comparativas con subjuntivo de la novela: “La violencia que de consiguiente tuve que hacerme […] me fue, no obstante, más saludable de lo que yo hubiera podido esperar” (I, 144); “mi alegría no fue tan pura y completa como lo hubiera sido en otras circunstancias” (II, 246). 39 He aquí la única excepción: “La certeza de que era amada fortalecería mi ánimo y le haría superior a cuantas desgracias sobrevinieran” (I, 120). 40 De hecho, tres de las ocho completivas en -ra son esquemas con pluscuamperfecto que, si formalmente se insertan en una oración completiva, en realidad constituyen más bien casos de hipotaxis o “subordinación débil” en que una oración viene introducida por una expresión epistémica: “Bien seguro estás […] de que te hubiera seguido a lo ultimo del mundo” (I, 181); “Sepa usted […] que no se me hubiera sacado de esta casa, sino para confinarme en un lugarcillo de las montañas de Jaca”; (II, 232); “y confieso que así hubiera sido en otro tiempo” (II, 272). Estos entornos son en realidad asimilables a los ilustrados en (19e). 41 A ellos cabe sumar las tres desiderativas con ojalá y un tiempo compuesto del texto: “¡Ojalá que la muertext_ERDB_01_2015.indd 168 3.7.2015 0:34:19 169 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara dista mucho de ser casual, y revela criterios de preferencia encubiertos omitidos por la descripción gramatical, que sitúa las dos formas en pie de igualdad. (19) a. aunque mi persona estuviese a salvo, la sola idea de la condenación judicial sería un verdugo que me atormentaría sin cesar (I, 179) jamás ha conocido, ni lo conocería aun cuando yo viviese todavía largos años, el extremo con que la he querido (II, 281) b. Una indignidad semejante debe sorprenderme […], porque, dado que la hubiera merecido, usted habría sido la persona de quien menos la hubiese temido (I, 163) c. me era necesario un amigo […] tan hábil que adivinase lo que pasaba en mi corazón (I, 160) yo estaba tan contenta que en aquel instante no hubiera consentido en ser mujer de ningún otro (I, 146) d. una reserva que muy bien se hubiera podido calificar de repugnancia (I, 153) e. Y ¿cómo hubiera podido intentarlo? (I, 91) Quizá hubiera hecho mejor en diferirlo hasta otro día (II, 207) En esta situación el partido más decoroso hubiera sido el retirarme a un convento (II, 258) Un caso semejante lo ofrecen las oraciones de relativo. Salvá apenas se detiene en mencionar que pueden formarse con que, con quien o con los relativos compuestos el que y el cual, además de con adverbios relativos como donde42. Pero los datos de Irene y Clara revelan una selección cuidadosa en el empleo de estas diferentes formas, como refleja la Tabla IV43. Mientras el cual puede figurar en cualquier contexto, ni quien ni te me hubiera asaltado en aquel instante!” (I, 174); “¡Ojalá hubiera logrado ella lo que deseaba!” (II, 199); “quiso que fuese su nuera. ¡Ojalá lo hubiera sido!” (II, 232). Una cuarta oración con ojalá lleva la forma pudiera. El rechazo de las formas en -se en estas desiderativas es constante durante el Siglo de Oro y se extiende al primer español moderno. 42 “Cual lleva delante de sí el artículo el siempre que es relativo y lo precede el sustantivo con que guarda relación: Despertó a su criado, el cual todavía estaba durmiendo” (Salvá 1830–1847 [1988]: 333–334). “El adjetivo que es indeclinable […]. Este relativo lleva algunas veces antepuesto el artículo definido, el cual se ajusta a las reglas de la concordancia: [...] Maltrató de palabra a mis hermanos, los que viéndose injuriados, etc.” (Salvá 1830–1847 [1988]: 333–334). “En lugar del relativo que suele usarse el adverbio donde: […] La obra donde (en que) manifiesta más su saber” (Salvá 1830–1847 [1988]: 335–336). “Quien solo puede referirse a personas, y no a cosas” (Salvá 1830–1847 [1988]: 336). 43 Con antecedente oracional se dan solo, naturalmente, las formas compuestas lo que / lo cual. No hemos computado los casos no oblicuos de que, pues resulta trivial su presencia numerosa en cualquier época y texto. Los casos oblicuos se dan con solo cuatro preposiciones: a (36 casos), con (40 casos), de (48 casos) y en (100 casos); como era de esperar (cf. Girón 2009), las preposiciones bisílabas prefieren un relativo compuesto, en este caso el cual: “¿De dónde te viene ahora este temor contra el cual me habías asegurado tantas veces?” (I, 177); “una sonrisa por entre la cual se traslucía sin embargo su confusión” (II, 214). Por su interés histórico (a mediados del XIX siguen siendo relativamente poco numerosos) ofrecemos a continuación todos los casos de el que con antecedente no oracional: “Me estaba prohibida toda conversación particular con Clara, a la que nunca visitaba sola” (I, 128); “el tribunal de mi vanidad ajada, en el que la malicia ocupaba el lugar de juez” (I, 86); text_ERDB_01_2015.indd 169 3.7.2015 0:34:19 170 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara el que se emplean sin preposición. Salvá reconoció esta preferencia normativa en un comentario añadido en la tercera edición de la Gramática (1837) y suprimido después (20a), posiblemente porque entraba en contradicción con ejemplos de el que no oblicuo que él mismo aducía (20b) y que aún no eran infrecuentes en aquellos años, aunque estaban perdiendo presencia rápidamente en la prosa culta44. Lo que Salvá en ningún caso dice, pero los datos de la novela pregonan, es que el gramático valenciano y Hermosilla, siguiendo la norma de prestigio de su tiempo, preferían usar el relativo compuesto con que sobre todo con antecedente oracional (esto es, en la forma lo que, precedida o no de preposición: 20c) y, en cambio, lo evitaban generalmente con antecedente animado. Tabla IV: selección de los relativos según su función (oblicuos / no oblicuos) y la naturaleza del antecedente ANTECEDENTE ANIMADO ANTEC. INANIMADO ANTEC. ORACIONAL oblicuos no oblicuos oblicuos no oblicuos oblicuos no oblicuos quien 48 0 0 0 0 __ el cual 12 10 17 7 5 1 el que 1 0 6 0 9 5 que 0 NC 224 NC 2 __ (20) a. Nótese que el relativo quien y su equivalente el que tienen que usarse después de preposición (Salvá 1830–1847 [1988]: 336) b. Maltrató de palabra a mis hermanos, los que viéndose injuriados, etc. (Salvá 1830– 1847 [1988]: 335) c. Me propuso que lo leyésemos juntos, a lo que accedí (I, 84) Seguí con mis sollozos y silencio, lo que impacientó a a marquesa (I, 125) “se hacían continuos nuestros altercados, en los que por desgracia siempre se me daba la razón” (I, 90); “había citado a mi madre la mañana anterior para una conferencia particular, en la que no se me había dejado hueso sano” (I, 114); “¿Te lo prometes acaso del carácter de mi hijo, del cual no puedes juzgar y del que sé de positivo no tienes ni la más leve idea?” (I, 127); “¿Cuál será el bien precioso por el que todavía suspiraba?” (I, 170); “por la amabilidad de su genio y por sus virtudes, en las que es un modelo de su excelente padre” (II, 282). 44 Para el fuerte descenso de el que no oblicuo entre el siglo XVIII y el XIX, cf. de nuevo Girón (2009). Por lo demás, Salvá no distingue claramente el relativo compuesto de la secuencia el que en oraciones como Vino con el que quiso acompañarlo, donde el funciona como antecedente de que. Lo muestra a las claras la continuación del pasaje añadido de (20a): “o del verbo ser, […] y que ambos solo pueden referirse a personas, y no a cosas”. Es evidente que la alusión al verbo ser se refiere a oraciones como Él es el que manda. Quizá la eliminación del pasaje responda, pues, al deseo de evitar un terreno pantanoso: véase, por ejemplo, que el uso de Irene y Clara desmiente fácilmente que el que no pueda usarse con atecedente inanimado; estos son, de hecho, mucho más numerosos que los animados. text_ERDB_01_2015.indd 170 3.7.2015 0:34:19 171 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara 4. Conclusiones En este primer trabajo de la serie de estudios que tenemos proyectado dedicar a los usos gramaticales escritos, descritos y prescritos por Salvá y Gómez Hermosilla, hemos querido centrarnos únicamente en dos ámbitos de análisis. Por una parte, hemos examinado con detalle las convergencias y divergencias que se perciben entre las diferentes doctrinas gramaticales de ambos autores, así como entre estas y el también diverso grado de acatamiento de tales doctrinas que se observa, en relación con el sistema de pronombres átonos, en la novela Irene y Clara. Por otra parte, hemos prestado también atención a ciertos patrones sintácticos, obedientes en la novela a regularidades que parecen encarnar unas determinadas elecciones normativas de las que, sin embargo, no siempre hallamos eco en la producción metalingüística de nuestros dos gramáticos. En ambos sentidos, los resultados de nuestras indagaciones —que recapitulamos, a modo de síntesis final, a continuación— nos han permitido detectar zonas de tensión entre la norma codificada por Salvá y Gómez Hermosilla en sus prescripciones y descripciones gramaticales y la norma consuetudinaria a la que sus usos escritos revelan atenerse, que se suman a los puntos de disensión ya advertidos entre las normas prescriptivas abanderadas por uno y otro. Tales hallazgos no solo contribuyen a debilitar la creencia en la existencia de una extraordinaria continuidad y estabilidad entre el primer español moderno y el actual, sino que también ponen de manifiesto la heterogeneidad de las formas no ya solo diatópica, diastrática o diafásicamente marcadas, sino incluso ejemplares vigentes en ese primer español moderno. Así, por lo que se refiere a la norma y al uso de los pronombres átonos, el examen de las posturas discrepantes de Salvá —defensor de un sistema de compromiso en que conviven lo para objetos directos inanimados y vegetales y le para objetos directos animados y sustantivos abstractos que designen a “espíritus u objetos incorpóreos” (que cuando no son pronominales se introducen mediante la preposición a)— y de Gómez Hermosilla —paladín de un sistema racionalista de casos, idéntico al promovido por Correas, “adecuado correlato de otros paradigmas pronominales en los que es relevante la expresión de los tres géneros (este/esta/esto)” (Girón 1996: 301) (cf. Gómez Hermosilla 1826: 193–195)— a la luz de los datos ofrecidos por Irene y Clara apunta al mayor peso, en la versión final de la novela, del pensamiento lingüístico de Salvá. Es coincidente con su parecer y contraria al de Gómez Hermosilla la ausencia de laísmo. En el plural, aunque ambos tratadistas se mostraban de acuerdo en preferir los para acusativo y les para dativo, Salvá admitía también este último para acusativos animados; no extraña, pues, que, aunque escasas, se documenten en Irene y Clara algunas ocurrencias de les en tales contextos. En todos estos respectos, la lengua de la novela no parece reflejar ningún uso diatópico peninsular, sino que más bien manifiesta la norma codificada por el librero valenciano en su gramática, una norma que nuestros datos nos han permitido completar en text_ERDB_01_2015.indd 171 3.7.2015 0:34:19 172 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara algunos puntos que Salvá no precisó, por ejemplo los referidos a objetos incorporéos o construcciones factitivas, o los relativos al doblado pronominal de objetos, ámbito en el que los usos descritos en la gramática y los usos escritos en Irene y Clara nos ayudan a postular regularidades no explicitadas en las formulaciones prescriptivas de Salvá. Otro tanto ocurre con la doctrina acerca de la enclisis con formas verbales finitas, que parece regulada por su asociación a los tiempos del mundo narrado. Por lo que respecta a los esquemas nada sé vs. no sé nada, ambos descritos por Salvá sin pronunciarse a favor o en contra de ninguno de ellos, los datos de la novela revelan una preferencia por el uso de no + verbo + ningún que contrasta con la anteposición prácticamente sistemática de nada, preferencia que no encuentra aval expreso en la Gramática, pero sí en otras obras metalingüísticas, como el Arte de traducir de Campany editado igualmente por Salvá. En cuanto al análisis del comportamiento de los verbos en –ra y –se en la novela, el examen de los usos escritos pone en entredicho que se trate de formas estrictamente equivalentes en todas las estructuras subordinadas, tal como afirma Salvá en su gramática. La terminación –se es la opción casi exclusiva en completivas, finales y temporales, y la mayoritaria en relativas y concesivas, frente a –ra, dominante en las consecutivas. Por lo que respecta a los esquemas condicionales, –se se impone en los tiempos simples y –ra en los compuestos. Y, ya por último, también en el caso de los relativos el despojo de los datos extraídos de Irene y Clara nos autoriza a postular la existencia de determinadas normas “encubiertas”: mientras que el uso de el cual está extendido en todos los contextos, quien y el que exigen preposición, y este último se rehúye con antecedentes animados. A la luz de lo expuesto, no queda sino corroborar la necesidad de revisar la idea (que, como se ha advertido ya en alguna ocasión, parece reflejarse tácitamente en las historias del idioma: cf. Melis/Flores/Bogard 2003: 2) de que el español, como sistema lingüístico, hubiera alcanzado ya hacia fines del español clásico un alto grado de estabilidad y fijación perdurable en su morfosintaxis. Por una parte, si convenimos en que las “alteraciones fundamentales” (cf. Cano 1988: 255) en la historia de un idioma no se circunscriben a aquellas que afectan al sistema lingüístico, sino que incluyen también las relativas a la evolución tanto de las normas idiomáticas como de las normas o tradiciones discursivas, no es posible aceptar sin más que no haya habido “ninguna alteración fundamental” desde el español clásico a nuestros días. De hecho, aun ciñéndonos a la consideración de los cambios atingentes al sistema, creemos que, pese al altísimo grado de inteligibilidad que para un lector contemporáneo manifiestan las estructuras lingüísticas de los documentos del primer español moderno —como bien dice Narbona (2004: 1023), “al lector actual no extraña prácticamente nada de los textos del siglo XVIII”—, en absoluto es posible adscribir única y exclusivamente al nivel de la norma todas las divergencias que se atestiguan entre el español actual y el decimonónico. Incluso si nos limitamos a las pocas obras que han constituido nuestro corpus de estudio, la nómina de usos lingüísticos text_ERDB_01_2015.indd 172 3.7.2015 0:34:19 173 DOSSIER thématique 36 / 2015 / 1 ( 149—178 ) Álvaro S. Octavio de Toledo y Huerta / Araceli López Serena ¿Ut grammatica poesis? Salvá y la lengua de su novela Irene y Clara llamativos (en el sentido de Kabatek 2014) que alberga, por ejemplo, la prosa de Gómez Hermosilla —la que, sin embargo, por razones de espacio, menos hemos atendido en este trabajo— comprende empleos (que nos ocuparán en futuros estudios) que a todas luces han supuesto modificaciones del sistema, y no meras revisiones de la norma45. En estas páginas, nos hemos ceñido al análisis de un elenco acotado de rasgos morfosintácticos característicos de Irene y Clara para comprobar en qué medida sus autores trasladan realmente a la lengua de la ficción novelesca las construcciones que sancionan en sus obras gramaticales y retóricas, esto es, hasta dónde el uso escrito que revela Irene y Clara se corresponde con el uso prescrito en esos trabajos de índole metalingüística y en qué medida podemos considerar esta novela como un modelo práctico de prosa de la distancia comunicativa. A partir de esta primera incursión en la obra de Salvá y Gómez Hermosilla, creemos posible comprobar, en exploraciones posteriores, hasta qué punto la lengua de Irene y Clara puede seguir relacionándose con la del “primer español moderno” (ca. 1675–1825) o bien se inserta ya de lleno en una fase ulterior que entronca con la prosa del Romanticismo, periodos ambos cuya lengua hemos abordado ya con algún detalle en trabajos anteriores46. Deseamos, con ello, contribuir al aumento del interés tanto por el primer español moderno como por “el español de las gramáticas” y de otros tratados metalingüísticos, cuyo “despojo exhaustivo y riguroso […] con vistas a establecer la historia de la lengua codificada y usada por los gramáticos de nuestro pasado está todavía muy lejos de ser una realidad”, en opinión de Girón (1996: 285; cf. ahora Sáez 2007), para quien “los textos gramaticales —y, en general, lingüísticos— […] utilizados como documentos de la morfología y sintaxis históricas del español, se nos presentan como la gran posibilidad de relatar una historia de la lengua que no sea necesariamente la historia de la lengua literaria” (Girón 1996: 286). 45 Solo en unas pocas páginas del Arte de hablar en prosa y verso de Gómez Hermosilla (1826), por ejemplo, surgen ejemplos como los siguientes que confirman las notables divergencias respecto del estándar actual en la transitividad y el régimen verbales, como por otra parte ya mostró hace tiempo Cano (1981, 1985): “Los que quieran profundizar estas cuestiones pueden leer á Blair y á Burke” (Arte, I, 6, 47); “Mas Calipso, en su réplica, para enunciar la misma idea, usa de esta otra expresion figurada” (Arte, III, 2, 5, 310); “nuestras tonadillas abundaban de equívocos” (III, 1, 8, 259); “Para preservar pues á los jóvenes de que acaso los imiten en lo que tienen de malo, les prevendremos que la licencia de fingir concedida á los poetas no se extiende mas que á los hechos y sus circunstancias” (I, 1, 11), etc. En otros casos, los contrastes son más bien cuantitativos: la proporción de oraciones de infinitivo precedidas de artículo (especialmente en función de objeto) es, por ejemplo, mucho mayor en este tiempo que en ningún otro de la historia del idioma (cf. Octavio de Toledo 2014a): así lo atestiguan hasta 32 ejemplos en Irene y Clara, novela relativamente breve, y muchos otros en las obras de Hermosilla: “Mucho se ha dicho del amor, bajo mil formas se le ha personificado; pero á nadie sino á Valbuena se le ha ocurrido el hacerle cocinero” (Arte III, 1, 10, 264). 46 Cf. Octavio de Toledo (2007, 2008, 2014a, 2014b, en prensa), así como Octavio de Toledo/Pons (2009). text_ERDB_01_2015.indd 173 3.7.2015 0:34:19