No edades eó icas en la NGRAE
An onio N
ARBONA
J
IMÉNEZ
Uni e sidad de Se illa
Abs ac
In o de o gi e an answe o he many di e en no ma i e ques ions ha a ise, wo
main decla ed c i e ia ha e been he basis o he d a ing o he Nue a g amá ica de la lengua
española (2009) by he RAE and he ASALE. The i s and mo e impo an one is he
assump ion o he p inciple ha no m [in Spanish] has oday a polycen ic cha ac e , and he
second allows o he in e p e a ion o no m as a desc ip ion a iable. He e I in end o show
ha he limi ed no ma i e aspec o he wo k o igina es in he di icul y o combining hose
p inciples and he aim o being an exhaus i e desc ip ion o he language in which adi ion
and no el y a e econciled.
Resumen
Pa a “da espues a a las muy di e sas cues iones no ma i as que se susci an”, dos han
sido los c i e ios undamen ales decla ados que han guiado la elabo ación de la Nue a g amá ica
de la lengua española (2009), de la RAE y de la ASALE: “el p ime o y más impo an e es la
asunción del p incipio de que la no ma [del español] iene hoy ca ác e policén ico”, y el
segundo “pe mi e in e p e a la no ma como una a iable de la desc ipción”. Me p opongo
aquí pone de mani ies o que el limi ado ca ác e no ma i o de la ob a de i a de la di icul ad
de casa ales p incipios y de la olun ad de se una desc ipción exhaus i a del idioma en que
se conjuguen “ adición y no edad”.
1.
La Nue a g amá ica de la lengua española [NGRAE] (2009)
1
, de la RAE y la
ASALE, dos olúmenes con casi cua o mil páginas (ap oximadamen e se ecien as
dedicadas a la Mo ología y el es o a la Sin axis)
2
, apa e de no ocul a su in ención de
1
A la decisión de cali ica la de nue a -que di icul a á la u ilización en el u u o de o o adje i o
disc iminado , además de ab i expec a i as no en odos los casos cumplidas- se han e e ido bas an es
de los que han ocupado de la ob a en dis in os medios. En e las a ias siglas que se ienen u ilizando,
me inclino po NGRAE, po que en NGLE –la más ecuen e- no hay e e encia a la au o ía académica,
y NGRALE ompe innecesa iamen e la adición de la Ins i ución. No me con encen las azones pa a
p e e i es a úl ima de F. Tacke (2011: 146, n. 5), quien, además, usa GRA po GRA(má ica), no po
G( amá ica) de la R(eal) A(cademia). No end é en cuen a la e sión Manual (2010), que se limi a a
educi y simpli ica las cues iones eó icas y doc inales, ni, con mayo azón, la Básica (2011).
2
Po el no poco iempo que equie e su lec u a a en a y po que nunca esul a ácil enjuicia las ob as
que son u o del es ue zo de muchas pe sonas, pocas y escasamen e c í icas han sido has a el momen o
las eseñas publicadas de ca ác e global (Ba ane , 2010; Ce e a, 2011; Abad, 2011). Algunas se han
O illas, 2 (2013)
2
ANTONIO NARBONA JIMÉNEZ
llena el hueco que suponía no dispone “de una g amá ica que p esen a a una
desc ipción exhaus i a del idioma [español] basada en ci as ex uales”, compa able a
“la de Jespe sen pa a el inglés o las de G e isse y Damou e e y Pichon pa a el ancés,
publicadas en la p ime a mi ad del siglo XX” (pp. XL-XLI), ha apos ado decididamen e
po in e p e a la no ma “como una a iable de la desc ipción” (p. XLIII). Tal apues a
pa ece ompe con una ayec o ia g ama ical académica en la que las cues iones
eó icas debe ían es a subo dinadas a la in ención exp esada en el lema undacional
“Limpia, ija y da esplendo ”, es deci , se i de guía pa a el mejo uso de la lengua,
iden i icado en un p ime momen o con “el de las pe sonas de la Co e”, y poco
después y has a no hace an o con “el de los mejo es esc i o es”. Pe o, al p oclama la
Academia, ambién desde sus inicios, que el uso es “indispu ablemen e el dueño y
á bi o de las lenguas”, no puede deci se -al menos, du an e el siglo XVIII y buena
pa e del XIX- que su inalidad haya sido cons ui una G amá ica no ma i a (Bo ego
2008)
3
, de ahí que las c í icas no se hayan podido di igi , en gene al, a sus
“imposiciones” o “p ohibiciones”
4
.
2.
Po o a pa e, ampoco es ácil casa al c i e io con el que la NGRAE
conside a “p ime o y más impo an e” pa a “da espues a a las muy di e sas
cues iones no ma i as que se susci an en una g amá ica académica”, la asunción de
que “la no ma [del español] iene hoy ca ác e policén ico”
5
. P ueba de ello es que el
cen ado en cues iones conc e as, como el análisis que Ma ín Zo aquino (2011) ha lle ado a cabo del
a amien o de los ma cado es del discu so, al que me e e i é en más de una ocasión, o el de los ac os
e bales, ealizado po R. Jiménez (2011). Algo más abundan es ue on las no as in o ma i as, como las
de Ch. Fallas, R. Senab e, J. U u ia, e c., ecogidas en las e e encias bibliog á icas al inal.
3
Mucho menos lo es del Esbozo (1973), en cuya “ad e encia” inicial se nos dice, con le as mayúsculas,
que “POR SU CARÁCTER DE SIMPLE PROYECTO, CARECE DE TODA VALIDEZ
NORMATIVA”.
4
No han cesado, en cambio, los comen a ios c í icos a sus ac i udes ideológicas, ni, po supues o, las
disc epancias con las decisiones omadas a la ho a de elegi a sus miemb os (González Ollé, 2012). Hoy
las Academias siguen siendo obje o de censu a, pe o po mo i os que aquí no ienen al caso. A umba
abie a se lanzan, po ejemplo, casi odos los colabo ado es de los dos olúmenes (casi 1400 páginas) de
El da do en la Academia (2011), desde los í ulos mismos del P ólogo (“¿A quién engaña la RAE?”) y de la
p ime a con ibución, de L. C. Díaz Salgado (“His o ia c í ica y osa de la RAE”, una his o ia en la que
lo más des acable es el de oche de i onía), cuya edacción es an e io a la apa ición de la NGRAE, po
lo que, ue a de la alusión de pasada al ca ác e no no ma i o de la NGRAE po pa e de Mo eno
Cab e a (I, p. 271), sólo una de las edi o as, Sil ia Senz, en su ex ensa con ibución “Una, g ande y
(esencialmen e) uni o me. La RAE en la con o mación y expansión de la ´lengua común´” (II, pp. 9-
302), ha podido inco po a algunas conside aciones (casi odas basadas en in o maciones de p ensa),
ambién pa a des aca que la NGRAE “se desp ende de muchos de sus pe echos p esc ip i os” y “es
del odo inadecuada como ob a no ma i a”. Po o o lado, la encomiable labo de análisis de la labo
g ama ical académica que iene ealizando J. J. Gómez Asencio (2011a, 2011b) no ha llegado has a el
momen o más que has a 1835.
5
Del concep o de policen ismo -que, según López Ga cía (2010), no debe en ende se como sinónimo de
plu icen ismo, y que se ha u ilizado a eces (Mongen hale Ga cía, 2008) pa a llega a conclusiones no
muy a inadas- se a ó ex ensamen e en la 17.Hispanin ag, celeb ada an es de la publicación de la
NGRAE, pese a lo cual alguno de los pa icipan es, como E. Méndez Ga cía de Pa edes (2012), pudo
inclui en las Ac as co espondien es (edi adas más a de po F. Lebsan , W. Miha sch y C. Polzin-
NOVEDADES TEÓRICAS EN LA NGRAE
3
enga ce en e las pau as de ca ác e no ma i o y la desc ipción esul a casi siemp e
muy débil en la ob a, y son muchísimas las cues iones “en que no hay [ni puede habe ]
indicación no ma i a alguna” (p. XLIII)
6
. Si, en gene al, cuan o mayo sea la a ención
que se p es e a la di e sidad y he e ogeneidad de una lengua, más complicado se á
encon a undamen os obje i os indiscu ibles pa a emi i juicios alo a i os (posi i os
o nega i os) ace ca de sus usos, la NGRAE enía muy di ícil desempeña un papel
p esc ip i o
7
. No sólo la a iación geog á ica “ iene muy
abundan e p esencia”
8
–no se
ol ide que la ob a se p esen ó como la g amá ica “del español de odo el mundo”
9
-,
sino que quie e p es a a ención ambién a las cons ucciones que “poseen p es igio o
ca ecen de él”, a las que “se asocian con los discu sos o males o con el habla
coloquial”, a las que “co esponden a la lengua o al, a la esc i a o a ambas”, a aquellas
que “ o man pa e de la lengua es ánda o es án limi adas a cie o ipo de discu sos,
sea el cien í ico o el pe iodís ico, sea el lenguaje de los niños o el de los poe as”, e c.
(p. XLIII). En ocasiones los consejos ( o mulados siemp e de mane a impe sonal)
pa ecen basados p e e en emen e en c i e ios sociocul u ales, como cuando se es ima
p e e ible es á medio do mida, en e a media do mida (de “ca ác e popula ”), o cuando se
señala que la omisión de la p eposición po , que se da en la lengua u al de Chile,
México y o os países en la cons ucción “[po ] más que co a, no lo alcanzo, “no ha
pasado a la lengua cul a” (pp. 3617-3618), al igual que ampoco lo ha hecho manque,
“exp esión ca ac e ís ica de la lengua ús ica y de algunas a iedades de la popula ,
an o en el español eu opeo como en el ame icano” (p. 3627). Pe o lo habi ual es que
el juicio se incule ambién (y, a eces, sob e odo) a la ex ensión, ecuencia e
in ensidad de empleo. Si, po ejemplo, se ecomienda e i a po más
de
que e gus e, es
po que solo se oye “ocasionalmen e en el español ame icano” (p. 3617). Lo que ocu e es
que el uso, además de a ia no sólo de un si io a o o y según el ni el o ipo de
egis o, lo hace ambién en unción de cada si uación comunica i a, po lo que las
ap eciaciones alo a i as se aquila an al máximo. A p opósi o de cie as exp esiones
con sen ido concesi o
10
, se indica que así -como equi alen e de ´aunque´- “es más
Haumann con el í ulo El español ¿desde las a iedades a la lengua plu icén ica?) obse aciones de in e és
ace ca de la posición -explíci a o subyacen e- adop ada en ella. Solo quie o llama la a ención sob e el
hecho de que no al a quien la encuen a undamen ada en la “nue a polí ica panhispánica” con que la
RAE no p e ende o a cosa que “man ene su posición de supe io idad den o del mundo hispánico”
(Subi a s, 2011).
6
Ra os son los dic ámenes de ca ác e ca egó ico del ipo “debe usa se” o “no se puede usa ”. Más
ecuen es son las ecomendaciones, encaminadas a in en a e i a , po ejemplo, el laísmo, po no se
“p opio de la lengua cul a”, el loísmo, po es a “ ue emen e desp es igiado” (p. 1228), usos del ipo ¿ as
a i sin yo? o se ie on de yo, que se egis an en el habla u al de “algunas zonas de Cen oamé ica y
Venezuela” (p. 1177), e c.
7
Es algo que a nadie ha pasado inad e ido: “en la NGRAE no se pone én asis en las cues iones
no ma i as, sino en la desc ipción g ama ical” (Fallas, 2010: 82).
8
Sin llega , cla o es, al “g ado de de alle que co esponde ía a un a ado de dialec ología” (p. XLIV).
9
En ealidad, la p e ensión de desc ibi odo el español es común a casi odos los que han lle ado a cabo
la a ea de edac a una g amá ica de nues a lengua. C . Na bona, 1990b.
10
Especí icamen e a an de ellas los §§47.12 al 47.16, y se cali ican unas eces de cons ucciones, o as de
o aciones, y ambién se habla de ó mulas concesi as.
4
ANTONIO NARBONA JIMÉNEZ
ecuen e en el español ame icano que en el eu opeo” (p. 3626), que si bien es hoy “de
uso gene al en la lengua cul a” (p. 3626), que bien que “apa ece de mane a ocasional en
los egis os más ele ados, sob e odo en el español eu opeo“ (p. 3627), que “se
pe cibe en Amé ica cie o ascenso en la p opo ción de más en elación con mucho o muy
en es uc u as del ipo po más in eligen e que sea”, que y eso que “no se suele usa en los
egis os más o males” (p. 3628)
11
, e c. O simplemen e no se hacen. En e las
ex ensas y de alladas disquisiciones –no odas de ácil comp ensión pa a el lec o -
sob e la cons ucción conocida como de pa icipio absolu o (o absolu a de pa icipio),
encon amos desde las que hacen e e encia al la go deba e ace ca de “si la dis inción
en e inacusa i os e ine ga i os iene co espondencia di ec a con las clases semán icas
de e bos” (sin que engamos “ oda ía una espues a del odo sa is ac o ia”), has a las
que se ocupan de las azones po las que no es acep able *salida mucha gen e de acaciones,
y sí, en cambio, Enamo ada desde hacía mucho iempo de Rosé, Jus ine no había que ido deja solo
a Mahle (pp. 3056-3057). No hay, en cambio, ninguna alusión
12
a su cla a pe enencia
al ámbi o de la dis ancia comunica i a, es o es, el de la esc i u a, pe o no en endida, sin
más, como dico ómicamen e en en ada po el canal o medio a la o alidad, sino desde
la pe spec i a que con empla ambas ca ego ías como pe enecien es a una única escala
que es g adual y es á de e minada po un conjun o de pa áme os y condiciones
con ex uales y si uacionales que inciden en el compo amien o comunica i o (Koch /
Oes e eiche , 2000), en de ini i a, po la mayo , meno o nula complicidad y
conni encia que haya o pueda llega a p oduci se en e los in e locu o es.
Se comp ende que eluda p onuncia se sob e, po ejemplo, el cansino desdoble
de géne os en ciudadanos y ciudadanas o ascos y ascas, que se limi a a cali ica de
“ci cunloquio innecesa io”; que no pase de ilda de “inadecuada” la opción el
p o eso ado, en luga de los p o eso es (p. 87); e c. Menos se en iende que ni siquie a
echace, sino que simplemen e “ ecomiende e i a ”, algo que conside a inco ec o, como
no se la lle éis, en luga de no os la lle éis
13
. En cambio, en cie os casos cali icados
cla amen e de “no ecomendables”, como el empleo de algunas p eposiciones an e
o mas p onominales de suje o (p. 1177), no se pe ca a de que no siemp e es así, pues
11
No igu a con odo y con eso, que se oye en cie as zonas, y es común en algunas, como Andalucía.
12
Es e dad que no deja de ad e i que “suele esul a poco na u al” su uso en casos como *bien me ecido
el p emio, en que el suje o pacien e no esul a a ec ado po la acción (p. 2900), y hay una alusión de
pasada a su “cie o sabo a caizan e” con e bos como amanece y oscu ece (p. 3055). No es muy di e en e
al a amien o que de es as cons ucciones se hace en la G amá ica desc ip i a de la lengua española (GDLE),
di igida po I. Bosque y V. Demon e (1999).
13
La u ilización de us edes como o ma p onominal única de segunda pe sona de plu al -p opia de
Andalucía occiden al, no del “habla popula de algunas pa es del su es e de la Península Ibé ica”- ha
conducido a cie as disco dancias, como ¿us edes (se) ais?, que, pese a se enidas po inco ec as,
ecomienda e i a solo “en los egis os o males”. No queda cla a en la NGRAE la no coincidencia
en e el oes e andaluz, Cana ias y Amé ica en el empleo de las o mas de a amien o. En gene al, el uso
de los p onomb es no es el ámbi o más idóneo pa a la adopción de ac i udes no ma i as ígidas, de ahí
que se incu a en algunas al as de cohe encia. Y me ece ían mayo a ención de e minados p ocesos en
ma cha, como el cla o a ance del u eo en algunas zonas y es a os del dominio hispanohablan e, has a el
pun o de llega a desbanca del habla la o ma us ed.
NOVEDADES TEÓRICAS EN LA NGRAE
5
nada de anómalas ienen combinaciones como con u pad e y ú o con a ú y yo (Na bona,
1983). Y no se e po qué conside a no ecomendable
les
ayudó [a los muchachos], pese a
econoce que ese plu al p onominal “es hoy ecuen e en la lengua o al y ambién se
documen a, con ecuencia meno , en la esc i a” (p. 1216).
En algún caso la NGRAE se e o zada a ma iza e incluso ec i ica al
Dicciona io Panhispánico de Dudas (DPD), del que no puede desliga se
14
. Así, no es á de
acue do con la p osc ipción del empleo conco dan e o exis encial de habe (los pocos que
habemos, hubie on a ios ac o es), “ enómeno en expansión, con in ensidad algo mayo en
Amé ica que en España”, especialmen e “en la lengua pe iodís ica” (p. 3063)
15
, algo
sob e lo que ya llamó la a ención Kany (1969: 259-260): “En Hispanoamé ica, a
despecho de la censu a cons an e, y a las eces iolen a, de g amá icos y p ecep is as,
se halla muy ex endido no sólo en e el bajo pueblo, sino ambién en e pe sonas
cul as”.
3.
Pe o el escaso ca ác e no ma i o de es a NGRAE no de i a sólo, ni
p incipalmen e, de su aspi ación a con e i se en g amá ica de odos los
hispanohablan es, sino que iene que e ambién con su olun ad ei e adamen e
decla ada de se una desc ipción exhaus i a del idioma en que se conjuguen “ adición y
no edad”, a sabiendas de que “cualquie línea di iso ia que se in en e aza en e ambas
esul a discu ible”. Más que discu ible, al on e a se á imposible de ija si p e iamen e
no se acla a qué se en iende po adición (que no se co esponde, ni mucho menos,
con un conjun o doc inal único ni homogéneo) y qué se conside a no edoso
16
. Es su
in ención, eso sí, lle a a cabo la usión de o ma selec i a: “desde el pun o de is a
DOCTRINAL y TEÓRICO [las mayúsculas no son mías], la p esen e g amá ica
p e ende combina las mejo es apo aciones de la adición g ama ical hispánica con
algunos de los log os que gene almen e se econocen a la g amá ica con empo ánea de
los úl imos cincuen a años, sea de o ien ación uncional o o mal, an o si se ocupa del
análisis de la o ación como si es á cen ada en el es udio del discu so” (p. 9). Nada se
dice ace ca de cuáles sean esas mejo es con ibuciones adicionales, que pa ecen es a
sepa adas de la “mode nidad” po una línea si uada en o no a 1960
17
, p ecisamen e la
echa a la que aludía, hace casi ein e años, Ángel López Ga cía (1994: 5): “el núme o
de en adas bibliog á icas sob e g amá ica española que se ha publicado desde 1960
cons i uye el no en a po cien o” de lo que enemos, po cen aje que hoy hab ía que
ele a . Y en cuan o a los log os con empo áneos, habla de aquellas inno aciones que
14
Aunque se des aque que los obje i os de las dos ob as, “solo pueden coincidi en pa e, pues o que en
la G amá ica las cues iones se es udian de mane a más po meno izada” y muchas de ellas “ca ecen de
una e ien e es ic amen e no ma i a”, son muy escasas las cons ucciones “en cuya alo ación
no ma i a se pe cibe alguna di e encia” (p. XLIII).
15
C . Cas illo (en p ensa).
16
En algunos casos se ha hablado de “ eno ación de cien o ochen a g ados” (Ma ín Zo aquino, 2011), o de
“ eno ación comple a” (Tacke, 2011).
17
No en a ían, po an o, A. Bello, R. J. Cue o, A. Alonso o P. Hen íquez U eña, ni las p ime as
ediciones del Cu so supe io de sin axis española (1943), de S. Gili Gaya, o el olumen de la G amá ica
española publicado po S. Fe nández Ramí ez en 1951.
6
ANTONIO NARBONA JIMÉNEZ
se encuen en “asen adas” y “asumidas po un núme o ep esen a i o de g amá icos”
(XLII), sin p ecisa más. Se supone que la combinación del iejo sabe g ama ical con el
nue o a eso ado en la inmensa bibliog a ía acumulada du an e el úl imo medio siglo no
debe en ende se como simple suma, sino como una e dade a sín esis, a ea nada ácil
de cumpli . Y di ícil, si no imposible, esul a la conjunción de las dos o ien aciones
eó icas mode nas a que hace e e encia explíci a, las uncionalis as y las o malis as, po
sus muy dispa es pun os de pa ida y obje i os. Á. Alonso-Co és (2011) llega a
conside a las “incompa ibles”, y c ee que una p e endida “neu alidad eó ica”
conduci ía necesa iamen e “a a i maciones con apues as”, pe o las azones que aduce
pa a a i ma que “es la g amá ica gene a i a la que más ing edien es ha p opo cionado
a es a Nue a g amá ica” no son de g an peso, y, de hecho, e mina po deci
sencillamen e que es amos an e una ob a “de sesgo o malis a”.
No puede so p ende la ex ao dina ia cau ela con que en odo momen o se
expone en la NGRAE su modo de p ocede : “en los casos más p oblemá icos, o
suje os en la ac ualidad a mayo deba e, se expond án esumidamen e los a gumen os
más alo ados po los p oponen es de cada opción, unas eces sugi iendo alguna de
ellas como más plausible, y o as sin es ablece p e e encia alguna” (p. 10)
18
.
4.
Aunque la NGRAE es, y así se hace cons a en el P ólogo, una ob a colec i a,
u o del “denodado es ue zo y la gene osa colabo ación de un g an núme o de
pe sonas e ins i uciones a lo la go de once años”
19
, la esponsabilidad úl ima
co esponde al Ponen e, Ignacio Bosque, que ambién ue codi ec o de la GDLE. Es a
pa icula idad hace ine i able la búsqueda de coincidencias y disc epancias en e una y
o a. No ables son las di e gencias en lo que concie ne a la p opo ción en que se
combinan las dos clases de da os de que se si en habi ualmen e los g amá icos, los
a es iguados y obse ables, po un lado, y los ob enidos po in ospección o in uición,
po o o. En la GDLE, pese a que se ins ó a los colabo ado es a “hace uso del mayo
núme o posible de uen es”, se mues a una cla a p edilección po la segunda ía, que
pe mi e “usa da os nega i os, es o es, secuencias ag ama icales cuya inexis encia
mues a alguna pau a consis en e en el sis ema”, una p e e encia que no odos los
18
Machaconamen e, con ó mulas gene alizado as, inde inidas o/e impe sonales (“en ienden {opinan,
piensan, han c i icado} los {algunos, cie os} g amá icos {au o es} ac uales…”, “no hay acue do en e
los especialis as en…”, “en los es udios g ama icales mode nos {con empo áneos} se a i ma {suele
esal a }…”, “en las g amá icas se usa el é mino […] con a ios sen idos {acepciones}”, “se ha dicho
{p opues o, discu ido}…”, e c.) se a a de supli la ausencia de e e encias bibliog á icas (los p oponen es
a que agamen e alude), una ausencia que únicamen e se jus i icada po la olun ad de con inua con “la
adición de las g amá icas académicas” (p. 10), algo que muchos conside an inadmisible. No ex aña
que se haya denunciado es e hecho ei e adamen e, e incluso se haya pues o en ma cha una “Campaña
po la de ensa de la é ica cien í ica en la lingüís ica hispánica” (h p://www.causes.com/causes/599973-
que emos-que-la- ae-incluya-la-bibliog a -a-de-las- uen es-de-sus-ob as) pa a exigi que se ci en las
uen es bibliog á icas u ilizadas en la elabo ación de la NGRAE.
19
Ap oximadamen e escien as pe sonas igu an, con dis in o g ado de esponsabilidad, en e la
Comisión In e académica, las Comisiones de G amá ica de las 22 Academias, la Comisión de a monización de la
NGRAE con o as ob as académicas y los Colabo ado es.
NOVEDADES TEÓRICAS EN LA NGRAE
7
colabo ado es espe a on
20
. En cambio, en la NGRAE, aunque no se desca a la
u ilización de ejemplos “cons uidos po los edac o es” (“siemp e que es én
debidamen e con alidados po un núme o su icien e de hablan es na i os y
e endados po las Academias”), se ha p e e ido pa i de “uno de los [co pus] más
ex ensos de cuan os hayan sido u ilizados nunca en un es udio lingüís ico del español”,
que con iene “ ex os li e a ios, ensayís icos, cien í icos, pe iodís icos y, en p opo ción
meno , ambién o os de p ocedencia o al”
21
, aba cado es de “ odas las épocas y odos
los países hispanohablan es”, aunque, “como es lógico, son mucho más nume osos los
p oceden es de ob as publicadas en el siglo XX” (p. XLIV).
5.
Se espe a ía que al disc epancia se e leja a en los (p e)supues os eó icos,
explíci os o subyacen es, pues, po más que la elación en e las eo ías y los da os sea
una cues ión no esuel a y no al en quienes opinen que las p ime as de e minan el
alo de los segundos
22
, son las desc ipciones y explicaciones las que se hallan
media izadas po los da os. Sin emba go, y a pesa de la olun ad exp esa de los
coo dinado es de la GDLE de p i ilegia el gene a i ismo (lo que no siemp e, ni
mucho menos, se plasma en la p ác ica), no se obse a una dis ancia abismal en e
ambas ob as en el análisis de muchas de las o mas y cons ucciones g ama icales.
Con iene ad e i , pa a empeza , que, si bien no iene po qué habe elación
di ec a en e la ex ensión (lige amen e supe io la de la NGRAE) y la calidad de la
desc ipción, el po meno con que se examinan las cues iones en uno y o o ex o es,
en gene al, cuan i a i amen e simila
23
. En algunos casos la GDLE supe a cla amen e a
la ob a académica, como en el a amien o de las “Cons ucciones consecu i as”; en
o os, como en los capí ulos 29 (“La p eposición y el g upo p eposicional”) y 30 (“El
ad e bio y el g upo ad e bial”), los análisis de la NGRAE son más de allados, y más
ac ualizados, que los co espondien es de la GDLE (el 10, i ulado “Las
20
Las decisiones ue on muy dispa es, y al lado de capí ulos en que se ecu e a ob as li e a ias de
épocas muy di e sas (caso del 27, que a a de las “Cons ucciones impe sonales no e lejas”), en o os
(como el 34, que se ocupa del “dequeísmo” y del “queísmo”) sólo son u ilizados cie os pe iódicos
ac uales, y son muchos aquellos en que odos o casi odos los ejemplos son acuñados ad hoc, incluido
alguno, como el 64 (“Las unciones in o ma i as: Tema y oco”), en el que ello esul a del odo
imp oceden e.
21
No choca po ello que en muy pequeña medida se cumpla el segundo obje i o de la NGRAE:
“ egis a aquellas
a ian es con e sacionales
de la lengua no es ánda a es iguadas en el mundo
hispánico, siemp e que es én bien documen adas y engan in e és pa a la desc ipción de las es uc u as
mo ológicas y sin ác icas”. El p ime o, cla o es, sigue siendo “desc ibi las cons ucciones g ama icales
p opias del español gene al
, así como e leja adecuadamen e las a ian es ónicas, mo ológicas y
sin ác icas que una de e minada comunidad puede conside a p opias de la lengua cul a”.
22
C . Anula, 2000. Recué dese que el p opio F. de Saussu e sos u o que, a di e encia de lo que sucede
en las ciencias que “opè en su des obje s donnés d´a ance e qu´on peu considé e ensui e à
di e en s poin s de ue”, en lingüís ica “c´es le poin de ue qui c ée l´obje ” ([1916] 1985: 23).
23
Llama la a ención igualmen e la coincidencia en los í ulos de bas an es capí ulos y epíg a es, y
ampoco pa ece habe g andes di e encias po lo que espec a a la dis ibución y o denación de los
con enidos en uno y o o caso.
8
ANTONIO NARBONA JIMÉNEZ
p eposiciones”, y el 11, sob e “El ad e bio”); pe o en la mayo ía puede habla se de
equilib io en e ambas.
6.
No odos los hechos si en po igual pa a calib a las a inidades y
disc epancias doc inales. La con on ación esul a cla a cuando se abo da lo que en a
como “no edad” en el análisis g ama ical. Así, no son pocas las “ e icencias” eó icas
que Mª A. Ma ín Zo aquino (2011), que siemp e se ha des acado po medi sus
palab as y a quien no le cabe la meno duda de que la ob a di igida po I. Bosque y V.
Demon e “ha enido que se de eno me u ilidad” pa a la NGRAE, expone en su
mencionado análisis del a amien o que en es a úl ima se hace de los ma cado es del
discu so. Lamen a que su concepción de ma cado sea excesi amen e (“la más”)
es ic i a, al cen a se casi exclusi amen e en los conec o es. Opina igualmen e que
debe ía “guia algo más al lec o , p opo cionándole una de inición explíci a de clase
ans e sal y o ien ándole sob e el ma be e o ma be es u ilizados” pa a los di e sos
ipos de ma cado es
24
. Y no compa e -aunque la disculpa- la decisión académica de
es ablece una clasi icación semán ica de los mismos, pues o que los doce g upos
di e enciados deben en ende se como subclases de una clase única
25
. En la 19.
Hispanis en ag, XIX Cong eso de la Asociación Alemana de Hispanis as, celeb ado en
la Uni e sidad de Müns e del 20 al 23 de ma zo de 2013, M. Bo egue o y Ó.
Lou eda p esen a on una Ponencia i ulada “Los ma cado es del discu so en la Nue a
g amá ica de la lengua española: ¿un capí ulo inexis en e?”.
7.
Es lógico que la GDLE enga especial empeño en p ecisa lo que en iende
po desc ip i a, que –se dice- no debe con undi se con eó ica (“casi equi alen e a
cien í ica”). Pe o su es ue zo no llega a con ence . Si desc ibi es “una mane a de abaja
[…] o ien ada desde alguna eo ía del lenguaje”, si “desc ipción y desa ollo de la eo ía
c ecen de o ma pa eja y pa alela” y la p ime a “es en pa e el esul ado indi ec o del
abajo eó ico de o os”, si una ob a desc ip i a “es en buena medida posible po que el
abajo eó ico cons i uye una de las uen es más icas de la desc ipción”, e c., no cabe
conclui que g amá ica desc ip i a y g amá ica eó ica simplemen e “se complemen an”.
De hecho, se acaba po econoce que “la elación en e desc ipción y eo ía es sumamen e
24
¿En qué lec o piensa Ma ín Zo aquino? No es p obable, como dice L. F. La a (2011), que
consul en la g amá ica quienes “no engan una ocupación p o esional con la lengua”. O con la
lingüís ica, hab ía que añadi . Es más bien a o que alguien ajeno a ales in e eses enga la cu iosidad de
e lexiona ace ca de si la desc ipción que es a ob a hace de los ma cado es –que empieza po plan ea la
duda ace ca de si es amos o no an e “un g upo especí ico de ad e bios”- puede conside a se más o
menos bien encaminada.
25
Mª A. Ma ín Zo aquino es, jun o con J. Po olés, au o a del cap. 63 (“Los ma cado es del discu so”)
de la GDLE, de ahí que sus “p ecisiones y ma izaciones” ayan encaminadas a pone de mani ies o
especialmen e aquello en que la ob a académica “se apa a” de lo po ella de endido. Añade que la
e sión Manual empeo a las cosas, y el asun o queda en nada en la Básica. No siemp e es así en es a
úl ima, donde, po ejemplo, una dis inción como la que sepa a las cons ucciones del enunciado y de la
enunciación, no solo se aplica a las causales, sino que se ex iende a las inales, condicionales y concesi as.
NOVEDADES TEÓRICAS EN LA NGRAE
9
in incada”
26
, que “sin una eo ía implíci a, siquie a en cie nes, la desc ipción es
p ác icamen e imposible”, y que, en de ini i a, “una desc ipción a eó ica es in iable” (p.
XXII). Todo pa ece o ien ado a jus i ica la posición que inalmen e se de iende:
“como sin duda ad e i á el lec o , es a g amá ica es deudo a en impo an e p opo ción de la
g an can idad de esul ados ob enidos po la g amá ica gene a i a, an o en su e sión
más cen ada en la sin axis como en su e ien e léxico-sin ác ica” (p. XXIII). Sin
emba go, las palab as que igu an a con inuación no hacen más que acen ua la
pe plejidad del lec o , pues de una g amá ica cuyos esponsables espe an que se
con ie a en “ob a de e e encia, pe o no de doc ina g ama ical”, y de la que, no obs an e,
“pod án se i se los in es igado es que abajan en g amá ica eó ica”, se e mina
diciendo que es “a la ez desc ip i a y (pa a comple a la pa adoja) pos eó ica” (p. XXIII)
¿Puede una g amá ica se a la ez no eó ica o a eó ica y pos eó ica, y segui siendo ú il pa a
los g amá icos eó icos?
8.
De no eó ica se cali ica ambién la NGRAE: “en cuan o ob a desc ip i a y
no ma i a, pe o no eó ica, se e i a en a en la alo ación de cada uno de los a gumen os
que se han aducido en la conside able polémica susci ada en e los g amá icos
mode nos” (p. 78). Y de la decla ación p og amá ica incluida en su In oducción cabe
in e i que no se apa a demasiado del ca ác e desc ip i o de la GDLE. En cie os
casos, especialmen e en los capí ulos dedicados a la sin axis supe io , la ob a académica
la supe a en p o undidad analí ica. El hecho de que en los í ulos de los capí ulos
dedicados a las adicionalmen e conocidas como subo dinadas ad e biales (o
ci cuns anciales) el é mino o ación casi haya sido desplazado po cons ucción,
“delibe adamen e ago” (p. 78)
27
, e ela que, sin deja de conside a el esquema
o acional como unidad básica de e e encia, se cues iona una ipología man enida
du an e siglos, y elabo ada con c i e ios más onomasiológicos y e e enciales que
sin ác icos (Na bona, 1989b y 1990a), cues ionamien o al que no poco ha con ibuido
el in e és c ecien e po las ac uaciones o ales, y en pa icula las coloquiales (Na bona,
2001). Así, en el a amien o de las consecu i as (§45.14) encon amos de alladas
obse aciones sob e: a) la p og esi a pé dida de al como an eceden e; b) el uso
c ecien e en la lengua con e sacional de un o cada (me di un golpe que casi…; es á de un
humo que…; daba cada g i o que…); c) ipos como ¡qué no di ía que…! o de an o plomo que
le echa on…; d) la mayo ecuencia de de ahí que en la lengua esc i a y de conque en la
coloquial
28
; e) la i onía que se alcanza en ¡conque no lo haces!; ) el papel decisi o de los
26
Pa a el p opio Dicciona io académico, in incado es ´con uso´, además de ´en edado, complicado´.
27
“Se usa á el é mino CONSTRUCCIÓN –se dice en la misma página- sob e odo cuando las
p opiedades de esos ipos o acionales puedan desc ibi se sin p ecisa la segmen ación que les
co esponde. Es a simpli icación obedece a azones didác icas, y no implica que se igno en o se
minus alo en los p oblemas sin ác icos que subyacen a odas es as e ique as, ni ampoco las opciones
que se manejan en las eo ías g ama icales con empo áneas”.
28
No es án cla as las azones de su i alidad. Gi ón (2004) a ibuye su “co a ida” (según él, desde
mediados del siglo XVII a mediados del XX), en e o as azones, “a su emp ana conexión con la
lengua hablada”. Pe o, apa e de que no pa ece que haya decaído su empleo en el habla ac ual, es
discu ible que el desuso de una exp esión sea p opiciado po su pe enencia al habla. Que un gi o no o
16
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