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Novedades teóricas en la NGRAE

Narbona Jiménez, Antonio

Abstract

Para “dar respuesta a las muy diversas cuestiones normativas que se suscitan”, dos han sido los criterios fundamentales declarados que han guiado la elaboración de la Nueva gramática de la lengua española (2009), de la RAE y de la ASALE: “el primero y más importante es la asunción del principio de que la norma [del español] tiene hoy carácter policéntrico”, y el segundo “permite interpretar la norma como una variable de la descripción”. Me propongo aquí poner de manifiesto que el limitado carácter normativo de la obra deriva de la dificultad de casar tales principios y de la voluntad de ser una descripción exhaustiva del idioma en que se conjuguen “tradición y novedad”.

Full text

Novedades teóricas en la NGRAE Antonio N ARBONA J IMÉNEZ Universidad de Sevilla Abstract In order to give an answer to the many different normative questions that arise, two main declared criteria have been the basis of the drafting of the Nueva gramática de la lengua española (2009) by the RAE and the ASALE. The first and more important one is the assumption of the principle that norm [in Spanish] has today a polycentric character, and the second allows for the interpretation of norm as a description variable. Here I intend to show that the limited normative aspect of the work originates in the difficulty of combining those principles and the aim of being an exhaustive description of the language in which tradition and novelty are reconciled. Resumen Para “dar respuesta a las muy diversas cuestiones normativas que se suscitan”, dos han sido los criterios fundamentales declarados que han guiado la elaboración de la Nueva gramática de la lengua española (2009), de la RAE y de la ASALE: “el primero y más importante es la asunción del principio de que la norma [del español] tiene hoy carácter policéntrico”, y el segundo “permite interpretar la norma como una variable de la descripción”. Me propongo aquí poner de manifiesto que el limitado carácter normativo de la obra deriva de la dificultad de casar tales principios y de la voluntad de ser una descripción exhaustiva del idioma en que se conjuguen “tradición y novedad”. 1. La Nueva gramática de la lengua española [NGRAE] (2009) 1 , de la RAE y la ASALE, dos volúmenes con casi cuatro mil páginas (aproximadamente setecientas dedicadas a la Morfología y el resto a la Sintaxis) 2 , aparte de no ocultar su intención de 1 A la decisión de calificarla de nueva -que dificultará la utilización en el futuro de otro adjetivo discriminador, además de abrir expectativas no en todos los casos cumplidasse han referido bastantes de los que han ocupado de la obra en distintos medios. Entre las varias siglas que se vienen utilizando, me inclino por NGRAE, porque en NGLE –la más frecuenteno hay referencia a la autoría académica, y NGRALE rompe innecesariamente la tradición de la Institución. No me convencen las razones para preferir esta última de F. Tacke (2011: 146, n. 5), quien, además, usa GRA por GRA(mática), no por G(ramática) de la R(eal) A(cademia). No tendré en cuenta la versión Manual (2010), que se limita a reducir y simplificar las cuestiones teóricas y doctrinales, ni, con mayor razón, la Básica (2011). 2 Por el no poco tiempo que requiere su lectura atenta y porque nunca resulta fácil enjuiciar las obras que son fruto del esfuerzo de muchas personas, pocas y escasamente críticas han sido hasta el momento las reseñas publicadas de carácter global (Battaner, 2010; Cervera, 2011; Abad, 2011). Algunas se han Orillas, 2 (2013) 2 ANTONIO NARBONA JIMÉNEZ llenar el hueco que suponía no disponer “de una gramática que presentara una descripción exhaustiva del idioma [español] basada en citas textuales”, comparable a “la de Jespersen para el inglés o las de Grevisse y Damourette y Pichon para el francés, publicadas en la primera mitad del siglo XX” (pp. XL-XLI), ha apostado decididamente por interpretar la norma “como una variable de la descripción” (p. XLIII). Tal apuesta parece romper con una trayectoria gramatical académica en la que las cuestiones teóricas deberían estar subordinadas a la intención expresada en el lema fundacional “Limpia, fija y da esplendor”, es decir, servir de guía para el mejor uso de la lengua, identificado en un primer momento con “el de las personas de la Corte”, y poco después y hasta no hace tanto con “el de los mejores escritores”. Pero, al proclamar la Academia, también desde sus inicios, que el uso es “indisputablemente el dueño y árbitro de las lenguas”, no puede decirse -al menos, durante el siglo XVIII y buena parte del XIXque su finalidad haya sido construir una Gramática normativa (Borrego 2008) 3 , de ahí que las críticas no se hayan podido dirigir, en general, a sus “imposiciones” o “prohibiciones” 4 . 2. Por otra parte, tampoco es fácil casar tal criterio con el que la NGRAE considera “primero y más importante” para “dar respuesta a las muy diversas cuestiones normativas que se suscitan en una gramática académica”, la asunción de que “la norma [del español] tiene hoy carácter policéntrico” 5 . Prueba de ello es que el centrado en cuestiones concretas, como el análisis que Martín Zorraquino (2011) ha llevado a cabo del tratamiento de los marcadores del discurso, al que me referiré en más de una ocasión, o el de los actos verbales, realizado por R. Jiménez (2011). Algo más abundantes fueron las notas informativas, como las de Ch. Fallas, R. Senabre, J. Urrutia, etc., recogidas en las referencias bibliográficas al final. 3 Mucho menos lo es del Esbozo (1973), en cuya “advertencia” inicial se nos dice, con letras mayúsculas, que “POR SU CARÁCTER DE SIMPLE PROYECTO, CARECE DE TODA VALIDEZ NORMATIVA”. 4 No han cesado, en cambio, los comentarios críticos a sus actitudes ideológicas, ni, por supuesto, las discrepancias con las decisiones tomadas a la hora de elegir a sus miembros (González Ollé, 2012). Hoy las Academias siguen siendo objeto de censura, pero por motivos que aquí no vienen al caso. A tumba abierta se lanzan, por ejemplo, casi todos los colaboradores de los dos volúmenes (casi 1400 páginas) de El dardo en la Academia (2011), desde los títulos mismos del Prólogo (“¿A quién engaña la RAE?”) y de la primera contribución, de L. C. Díaz Salgado (“Historia crítica y rosa de la RAE”, una historia en la que lo más destacable es el derroche de ironía), cuya redacción es anterior a la aparición de la NGRAE, por lo que, fuera de la alusión de pasada al carácter no normativo de la NGRAE por parte de Moreno Cabrera (I, p. 271), sólo una de las editoras, Silvia Senz, en su extensa contribución “Una, grande y (esencialmente) uniforme. La RAE en la conformación y expansión de la ´lengua común´” (II, pp. 9302), ha podido incorporar algunas consideraciones (casi todas basadas en informaciones de prensa), también para destacar que la NGRAE “se desprende de muchos de sus pertrechos prescriptivos” y “es del todo inadecuada como obra normativa”. Por otro lado, la encomiable labor de análisis de la labor gramatical académica que viene realizando J. J. Gómez Asencio (2011a, 2011b) no ha llegado hasta el momento más que hasta 1835. 5 Del concepto de policentrismo -que, según López García (2010), no debe entenderse como sinónimo de pluricentrismo, y que se ha utilizado a veces (Mongenthaler García, 2008) para llegar a conclusiones no muy atinadasse trató extensamente en la 17.Hispanintag, celebrada antes de la publicación de la NGRAE, pese a lo cual alguno de los participantes, como E. Méndez García de Paredes (2012), pudo incluir en las Actas correspondientes (editadas más tarde por F. Lebsanft, W. Mihatsch y C. Polzin- NOVEDADES TEÓRICAS EN LA NGRAE 3 engarce entre las pautas de carácter normativo y la descripción resulta casi siempre muy débil en la obra, y son muchísimas las cuestiones “en que no hay [ni puede haber] indicación normativa alguna” (p. XLIII) 6 . Si, en general, cuanto mayor sea la atención que se preste a la diversidad y heterogeneidad de una lengua, más complicado será encontrar fundamentos objetivos indiscutibles para emitir juicios valorativos (positivos o negativos) acerca de sus usos, la NGRAE tenía muy difícil desempeñar un papel prescriptivo 7 . No sólo la variación geográfica “tiene muy abundante presencia” 8 –no se olvide que la obra se presentó como la gramática “del español de todo el mundo” 9 -, sino que quiere prestar atención también a las construcciones que “poseen prestigio o carecen de él”, a las que “se asocian con los discursos formales o con el habla coloquial”, a las que “corresponden a la lengua oral, a la escrita o a ambas”, a aquellas que “forman parte de la lengua estándar o están limitadas a cierto tipo de discursos, sea el científico o el periodístico, sea el lenguaje de los niños o el de los poetas”, etc. (p. XLIII). En ocasiones los consejos (formulados siempre de manera impersonal) parecen basados preferentemente en criterios socioculturales, como cuando se estima preferible está medio dormida, frente a media dormida (de “carácter popular”), o cuando se señala que la omisión de la preposición por, que se da en la lengua rural de Chile, México y otros países en la construcción “[por] más que corra, no lo alcanzo, “no ha pasado a la lengua culta” (pp. 3617-3618), al igual que tampoco lo ha hecho manque, “expresión característica de la lengua rústica y de algunas variedades de la popular, tanto en el español europeo como en el americano” (p. 3627). Pero lo habitual es que el juicio se vincule también (y, a veces, sobre todo) a la extensión, frecuencia e intensidad de empleo. Si, por ejemplo, se recomienda evitar por más de que te guste, es porque solo se oye “ocasionalmente en el español americano” (p. 3617). Lo que ocurre es que el uso, además de variar no sólo de un sitio a otro y según el nivel o tipo de registro, lo hace también en función de cada situación comunicativa, por lo que las apreciaciones valorativas se aquilatan al máximo. A propósito de ciertas expresiones con sentido concesivo 10 , se indica que así -como equivalente de ´aunque´- “es más Haumann con el título El español ¿desde las variedades a la lengua pluricéntrica?) observaciones de interés acerca de la posición -explícita o subyacenteadoptada en ella. Solo quiero llamar la atención sobre el hecho de que no falta quien la encuentra fundamentada en la “nueva política panhispánica” con que la RAE no pretende otra cosa que “mantener su posición de superioridad dentro del mundo hispánico” (Subirats, 2011). 6 Raros son los dictámenes de carácter categórico del tipo “debe usarse” o “no se puede usar”. Más frecuentes son las recomendaciones, encaminadas a intentar evitar, por ejemplo, el laísmo, por no ser “propio de la lengua culta”, el loísmo, por estar “fuertemente desprestigiado” (p. 1228), usos del tipo ¿vas a ir sin yo? o se rieron de yo, que se registran en el habla rural de “algunas zonas de Centroamérica y Venezuela” (p. 1177), etc. 7 Es algo que a nadie ha pasado inadvertido: “en la NGRAE no se pone énfasis en las cuestiones normativas, sino en la descripción gramatical” (Fallas, 2010: 82). 8 Sin llegar, claro es, al “grado de detalle que correspondería a un tratado de dialectología” (p. XLIV). 9 En realidad, la pretensión de describir todo el español es común a casi todos los que han llevado a cabo la tarea de redactar una gramática de nuestra lengua. Cfr. Narbona, 1990b. 10 Específicamente tratan de ellas los §§47.12 al 47.16, y se califican unas veces de construcciones, otras de oraciones, y también se habla de fórmulas concesivas. 4 ANTONIO NARBONA JIMÉNEZ frecuente en el español americano que en el europeo” (p. 3626), que si bien es hoy “de uso general en la lengua culta” (p. 3626), que bien que “aparece de manera ocasional en los registros más elevados, sobre todo en el español europeo“ (p. 3627), que “se percibe en América cierto ascenso en la proporción de más en relación con mucho o muy en estructuras del tipo por más inteligente que sea”, que y eso que “no se suele usar en los registros más formales” (p. 3628) 11 , etc. O simplemente no se hacen. Entre las extensas y detalladas disquisiciones –no todas de fácil comprensión para el lectorsobre la construcción conocida como de participio absoluto (o absoluta de participio), encontramos desde las que hacen referencia al largo debate acerca de “si la distinción entre inacusativos e inergativos tiene correspondencia directa con las clases semánticas de verbos” (sin que tengamos “todavía una respuesta del todo satisfactoria”), hasta las que se ocupan de las razones por las que no es aceptable *salida mucha gente de vacaciones, y sí, en cambio, Enamorada desde hacía mucho tiempo de Rosé, Justine no había querido dejar solo a Mahler (pp. 3056-3057). No hay, en cambio, ninguna alusión 12 a su clara pertenencia al ámbito de la distancia comunicativa, esto es, el de la escritura, pero no entendida, sin más, como dicotómicamente enfrentada por el canal o medio a la oralidad, sino desde la perspectiva que contempla ambas categorías como pertenecientes a una única escala que es gradual y está determinada por un conjunto de parámetros y condiciones contextuales y situacionales que inciden en el comportamiento comunicativo (Koch / Oesterreicher, 2000), en definitiva, por la mayor, menor o nula complicidad y connivencia que haya o pueda llegar a producirse entre los interlocutores. Se comprende que eluda pronunciarse sobre, por ejemplo, el cansino desdoble de géneros en ciudadanos y ciudadanas o vascos y vascas, que se limita a calificar de “circunloquio innecesario”; que no pase de tildar de “inadecuada” la opción el profesorado, en lugar de los profesores (p. 87); etc. Menos se entiende que ni siquiera rechace, sino que simplemente “recomiende evitar”, algo que considera incorrecto, como no se la llevéis, en lugar de no os la llevéis 13 . En cambio, en ciertos casos calificados claramente de “no recomendables”, como el empleo de algunas preposiciones ante formas pronominales de sujeto (p. 1177), no se percata de que no siempre es así, pues 11 No figura con todo y con eso, que se oye en ciertas zonas, y es común en algunas, como Andalucía. 12 Es verdad que no deja de advertir que “suele resultar poco natural” su uso en casos como *bien merecido el premio, en que el sujeto paciente no resulta afectado por la acción (p. 2900), y hay una alusión de pasada a su “cierto sabor arcaizante” con verbos como amanecer y oscurecer (p. 3055). No es muy diferente al tratamiento que de estas construcciones se hace en la Gramática descriptiva de la lengua española (GDLE), dirigida por I. Bosque y V. Demonte (1999). 13 La utilización de ustedes como forma pronominal única de segunda persona de plural -propia de Andalucía occidental, no del “habla popular de algunas partes del sureste de la Península Ibérica”- ha conducido a ciertas discordancias, como ¿ustedes (se) vais?, que, pese a ser tenidas por incorrectas, recomienda evitar solo “en los registros formales”. No queda clara en la NGRAE la no coincidencia entre el oeste andaluz, Canarias y América en el empleo de las formas de tratamiento. En general, el uso de los pronombres no es el ámbito más idóneo para la adopción de actitudes normativas rígidas, de ahí que se incurra en algunas faltas de coherencia. Y merecerían mayor atención determinados procesos en marcha, como el claro avance del tuteo en algunas zonas y estratos del dominio hispanohablante, hasta el punto de llegar a desbancar del habla la forma usted. NOVEDADES TEÓRICAS EN LA NGRAE 5 nada de anómalas tienen combinaciones como con tu padre y tú o contra tú y yo (Narbona, 1983). Y no se ve por qué considera no recomendable les ayudó [a los muchachos], pese a reconocer que ese plural pronominal “es hoy frecuente en la lengua oral y también se documenta, con frecuencia menor, en la escrita” (p. 1216). En algún caso la NGRAE se ve forzada a matizar e incluso rectificar al Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), del que no puede desligarse 14 . Así, no está de acuerdo con la proscripción del empleo concordante o existencial de haber (los pocos que habemos, hubieron varios factores), “fenómeno en expansión, con intensidad algo mayor en América que en España”, especialmente “en la lengua periodística” (p. 3063) 15 , algo sobre lo que ya llamó la atención Kany (1969: 259-260): “En Hispanoamérica, a despecho de la censura constante, y a las veces violenta, de gramáticos y preceptistas, se halla muy extendido no sólo entre el bajo pueblo, sino también entre personas cultas”. 3. Pero el escaso carácter normativo de esta NGRAE no deriva sólo, ni principalmente, de su aspiración a convertirse en gramática de todos los hispanohablantes, sino que tiene que ver también con su voluntad reiteradamente declarada de ser una descripción exhaustiva del idioma en que se conjuguen “tradición y novedad”, a sabiendas de que “cualquier línea divisoria que se intente trazar entre ambas resulta discutible”. Más que discutible, tal frontera será imposible de fijar si previamente no se aclara qué se entiende por tradición (que no se corresponde, ni mucho menos, con un conjunto doctrinal único ni homogéneo) y qué se considera novedoso 16 . Es su intención, eso sí, llevar a cabo la fusión de forma selectiva: “desde el punto de vista DOCTRINAL y TEÓRICO [las mayúsculas no son mías], la presente gramática pretende combinar las mejores aportaciones de la tradición gramatical hispánica con algunos de los logros que generalmente se reconocen a la gramática contemporánea de los últimos cincuenta años, sea de orientación funcional o formal, tanto si se ocupa del análisis de la oración como si está centrada en el estudio del discurso” (p. 9). Nada se dice acerca de cuáles sean esas mejores contribuciones tradicionales, que parecen estar separadas de la “modernidad” por una línea situada en torno a 1960 17 , precisamente la fecha a la que aludía, hace casi veinte años, Ángel López García (1994: 5): “el número de entradas bibliográficas sobre gramática española que se ha publicado desde 1960 constituye el noventa por ciento” de lo que tenemos, porcentaje que hoy habría que elevar. Y en cuanto a los logros contemporáneos, habla de aquellas innovaciones que 14 Aunque se destaque que los objetivos de las dos obras, “solo pueden coincidir en parte, puesto que en la Gramática las cuestiones se estudian de manera más pormenorizada” y muchas de ellas “carecen de una vertiente estrictamente normativa”, son muy escasas las construcciones “en cuya valoración normativa se percibe alguna diferencia” (p. XLIII). 15 Cfr. Castillo (en prensa). 16 En algunos casos se ha hablado de “renovación de ciento ochenta grados” (Martín Zorraquino, 2011), o de “renovación completa” (Tacke, 2011). 17 No entrarían, por tanto, A. Bello, R. J. Cuervo, A. Alonso o P. Henríquez Ureña, ni las primeras ediciones del Curso superior de sintaxis española (1943), de S. Gili Gaya, o el volumen de la Gramática española publicado por S. Fernández Ramírez en 1951. 6 ANTONIO NARBONA JIMÉNEZ se encuentren “asentadas” y “asumidas por un número representativo de gramáticos” (XLII), sin precisar más. Se supone que la combinación del viejo saber gramatical con el nuevo atesorado en la inmensa bibliografía acumulada durante el último medio siglo no debe entenderse como simple suma, sino como una verdadera síntesis, tarea nada fácil de cumplir. Y difícil, si no imposible, resulta la conjunción de las dos orientaciones teóricas modernas a que hace referencia explícita, las funcionalistas y las formalistas, por sus muy dispares puntos de partida y objetivos. Á. Alonso-Cortés (2011) llega a considerarlas “incompatibles”, y cree que una pretendida “neutralidad teórica” conduciría necesariamente “a afirmaciones contrapuestas”, pero las razones que aduce para afirmar que “es la gramática generativa la que más ingredientes ha proporcionado a esta Nueva gramática” no son de gran peso, y, de hecho, termina por decir sencillamente que estamos ante una obra “de sesgo formalista”. No puede sorprender la extraordinaria cautela con que en todo momento se expone en la NGRAE su modo de proceder: “en los casos más problemáticos, o sujetos en la actualidad a mayor debate, se expondrán resumidamente los argumentos más valorados por los proponentes de cada opción, unas veces sugiriendo alguna de ellas como más plausible, y otras sin establecer preferencia alguna” (p. 10) 18 . 4. Aunque la NGRAE es, y así se hace constar en el Prólogo, una obra colectiva, fruto del “denodado esfuerzo y la generosa colaboración de un gran número de personas e instituciones a lo largo de once años” 19 , la responsabilidad última corresponde al Ponente, Ignacio Bosque, que también fue codirector de la GDLE. Esta particularidad hace inevitable la búsqueda de coincidencias y discrepancias entre una y otra. Notables son las divergencias en lo que concierne a la proporción en que se combinan las dos clases de datos de que se sirven habitualmente los gramáticos, los atestiguados y observables, por un lado, y los obtenidos por introspección o intuición, por otro. En la GDLE, pese a que se instó a los colaboradores a “hacer uso del mayor número posible de fuentes”, se muestra una clara predilección por la segunda vía, que permite “usar datos negativos, esto es, secuencias agramaticales cuya inexistencia muestra alguna pauta consistente en el sistema”, una preferencia que no todos los 18 Machaconamente, con fórmulas generalizadoras, indefinidas o/e impersonales (“entienden {opinan, piensan, han criticado} los {algunos, ciertos} gramáticos {autores} actuales…”, “no hay acuerdo entre los especialistas en…”, “en los estudios gramaticales modernos {contemporáneos} se afirma {suele resaltar}…”, “en las gramáticas se usa el término […] con varios sentidos {acepciones}”, “se ha dicho {propuesto, discutido}…”, etc.) se trata de suplir la ausencia de referencias bibliográficas (los proponentes a que vagamente alude), una ausencia que únicamente se justificada por la voluntad de continuar con “la tradición de las gramáticas académicas” (p. 10), algo que muchos consideran inadmisible. No extraña que se haya denunciado este hecho reiteradamente, e incluso se haya puesto en marcha una “Campaña por la defensa de la ética científica en la lingüística hispánica” (http://www.causes.com/causes/599973queremos-que-la-rae-incluya-la-bibliograf-a-de-las-fuentes-de-sus-obras) para exigir que se citen las fuentes bibliográficas utilizadas en la elaboración de la NGRAE. 19 Aproximadamente trescientas personas figuran, con distinto grado de responsabilidad, entre la Comisión Interacadémica, las Comisiones de Gramática de las 22 Academias, la Comisión de armonización de la NGRAE con otras obras académicas y los Colaboradores. NOVEDADES TEÓRICAS EN LA NGRAE 7 colaboradores respetaron 20 . En cambio, en la NGRAE, aunque no se descarta la utilización de ejemplos “construidos por los redactores” (“siempre que estén debidamente convalidados por un número suficiente de hablantes nativos y refrendados por las Academias”), se ha preferido partir de “uno de los [corpus] más extensos de cuantos hayan sido utilizados nunca en un estudio lingüístico del español”, que contiene “textos literarios, ensayísticos, científicos, periodísticos y, en proporción menor, también otros de procedencia oral” 21 , abarcadores de “todas las épocas y todos los países hispanohablantes”, aunque, “como es lógico, son mucho más numerosos los procedentes de obras publicadas en el siglo XX” (p. XLIV). 5. Se esperaría que tal discrepancia se reflejara en los (pre)supuestos teóricos, explícitos o subyacentes, pues, por más que la relación entre las teorías y los datos sea una cuestión no resuelta y no falten quienes opinen que las primeras determinan el valor de los segundos 22 , son las descripciones y explicaciones las que se hallan mediatizadas por los datos. Sin embargo, y a pesar de la voluntad expresa de los coordinadores de la GDLE de privilegiar el generativismo (lo que no siempre, ni mucho menos, se plasma en la práctica), no se observa una distancia abismal entre ambas obras en el análisis de muchas de las formas y construcciones gramaticales. Conviene advertir, para empezar, que, si bien no tiene por qué haber relación directa entre la extensión (ligeramente superior la de la NGRAE) y la calidad de la descripción, el pormenor con que se examinan las cuestiones en uno y otro texto es, en general, cuantitativamente similar 23 . En algunos casos la GDLE supera claramente a la obra académica, como en el tratamiento de las “Construcciones consecutivas”; en otros, como en los capítulos 29 (“La preposición y el grupo preposicional”) y 30 (“El adverbio y el grupo adverbial”), los análisis de la NGRAE son más detallados, y más actualizados, que los correspondientes de la GDLE (el 10, titulado “Las 20 Las decisiones fueron muy dispares, y al lado de capítulos en que se recurre a obras literarias de épocas muy diversas (caso del 27, que trata de las “Construcciones impersonales no reflejas”), en otros (como el 34, que se ocupa del “dequeísmo” y del “queísmo”) sólo son utilizados ciertos periódicos actuales, y son muchos aquellos en que todos o casi todos los ejemplos son acuñados ad hoc, incluido alguno, como el 64 (“Las funciones informativas: Tema y foco”), en el que ello resulta del todo improcedente. 21 No choca por ello que en muy pequeña medida se cumpla el segundo objetivo de la NGRAE: “registrar aquellas variantes conversacionales de la lengua no estándar atestiguadas en el mundo hispánico, siempre que estén bien documentadas y tengan interés para la descripción de las estructuras morfológicas y sintácticas”. El primero, claro es, sigue siendo “describir las construcciones gramaticales propias del español general , así como reflejar adecuadamente las variantes fónicas, morfológicas y sintácticas que una determinada comunidad puede considerar propias de la lengua culta”. 22 Cf. Anula, 2000. Recuérdese que el propio F. de Saussure sostuvo que, a diferencia de lo que sucede en las ciencias que “opèrent sur des objets donnés d´avance et qu´on peut considérer ensuite à differents points de vue”, en lingüística “c´est le point de vue qui crée l´objet” ([1916] 1985: 23). 23 Llama la atención igualmente la coincidencia en los títulos de bastantes capítulos y epígrafes, y tampoco parece haber grandes diferencias por lo que respecta a la distribución y ordenación de los contenidos en uno y otro caso. 8 ANTONIO NARBONA JIMÉNEZ preposiciones”, y el 11, sobre “El adverbio”); pero en la mayoría puede hablarse de equilibrio entre ambas. 6. No todos los hechos sirven por igual para calibrar las afinidades y discrepancias doctrinales. La confrontación resulta clara cuando se aborda lo que entra como “novedad” en el análisis gramatical. Así, no son pocas las “reticencias” teóricas que Mª A. Martín Zorraquino (2011), que siempre se ha destacado por medir sus palabras y a quien no le cabe la menor duda de que la obra dirigida por I. Bosque y V. Demonte “ha tenido que ser de enorme utilidad” para la NGRAE, expone en su mencionado análisis del tratamiento que en esta última se hace de los marcadores del discurso. Lamenta que su concepción de marcador sea excesivamente (“la más”) restrictiva, al centrarse casi exclusivamente en los conectores. Opina igualmente que debería “guiar algo más al lector, proporcionándole una definición explícita de clase transversal y orientándole sobre el marbete o marbetes utilizados” para los diversos tipos de marcadores 24 . Y no comparte -aunque la disculpala decisión académica de establecer una clasificación semántica de los mismos, puesto que los doce grupos diferenciados deben entenderse como subclases de una clase única 25 . En la 19. Hispanistentag, XIX Congreso de la Asociación Alemana de Hispanistas, celebrado en la Universidad de Münster del 20 al 23 de marzo de 2013, M. Borreguero y Ó. Loureda presentaron una Ponencia titulada “Los marcadores del discurso en la Nueva gramática de la lengua española: ¿un capítulo inexistente?”. 7. Es lógico que la GDLE tenga especial empeño en precisar lo que entiende por descriptiva, que –se diceno debe confundirse con teórica (“casi equivalente a científica”). Pero su esfuerzo no llega a convencer. Si describir es “una manera de trabajar […] orientada desde alguna teoría del lenguaje”, si “descripción y desarrollo de la teoría crecen de forma pareja y paralela” y la primera “es en parte el resultado indirecto del trabajo teórico de otros”, si una obra descriptiva “es en buena medida posible porque el trabajo teórico constituye una de las fuentes más ricas de la descripción”, etc., no cabe concluir que gramática descriptiva y gramática teórica simplemente “se complementan”. De hecho, se acaba por reconocer que “la relación entre descripción y teoría es sumamente 24 ¿En qué lector piensa Martín Zorraquino? No es probable, como dice L. F. Lara (2011), que consulten la gramática quienes “no tengan una ocupación profesional con la lengua”. O con la lingüística, habría que añadir. Es más bien raro que alguien ajeno a tales intereses tenga la curiosidad de reflexionar acerca de si la descripción que esta obra hace de los marcadores –que empieza por plantear la duda acerca de si estamos o no ante “un grupo específico de adverbios”- puede considerarse más o menos bien encaminada. 25 Mª A. Martín Zorraquino es, junto con J. Portolés, autora del cap. 63 (“Los marcadores del discurso”) de la GDLE, de ahí que sus “precisiones y matizaciones” vayan encaminadas a poner de manifiesto especialmente aquello en que la obra académica “se aparta” de lo por ella defendido. Añade que la versión Manual empeora las cosas, y el asunto queda en nada en la Básica. No siempre es así en esta última, donde, por ejemplo, una distinción como la que separa las construcciones del enunciado y de la enunciación, no solo se aplica a las causales, sino que se extiende a las finales, condicionales y concesivas. NOVEDADES TEÓRICAS EN LA NGRAE 9 intrincada” 26 , que “sin una teoría implícita, siquiera en ciernes, la descripción es prácticamente imposible”, y que, en definitiva, “una descripción ateórica es inviable” (p. XXII). Todo parece orientado a justificar la posición que finalmente se defiende: “como sin duda advertirá el lector, esta gramática es deudora en importante proporción de la gran cantidad de resultados obtenidos por la gramática generativa, tanto en su versión más centrada en la sintaxis como en su vertiente léxico-sintáctica” (p. XXIII). Sin embargo, las palabras que figuran a continuación no hacen más que acentuar la perplejidad del lector, pues de una gramática cuyos responsables esperan que se convierta en “obra de referencia, pero no de doctrina gramatical”, y de la que, no obstante, “podrán servirse los investigadores que trabajan en gramática teórica”, se termina diciendo que es “a la vez descriptiva y (para completar la paradoja) posteórica” (p. XXIII) ¿Puede una gramática ser a la vez no teórica o ateórica y posteórica, y seguir siendo útil para los gramáticos teóricos? 8. De no teórica se califica también la NGRAE: “en cuanto obra descriptiva y normativa, pero no teórica, se evita entrar en la valoración de cada uno de los argumentos que se han aducido en la considerable polémica suscitada entre los gramáticos modernos” (p. 78). Y de la declaración programática incluida en su Introducción cabe inferir que no se aparta demasiado del carácter descriptivo de la GDLE. En ciertos casos, especialmente en los capítulos dedicados a la sintaxis superior, la obra académica la supera en profundidad analítica. El hecho de que en los títulos de los capítulos dedicados a las tradicionalmente conocidas como subordinadas adverbiales (o circunstanciales) el término oración casi haya sido desplazado por construcción, “deliberadamente vago” (p. 78) 27 , revela que, sin dejar de considerar el esquema oracional como unidad básica de referencia, se cuestiona una tipología mantenida durante siglos, y elaborada con criterios más onomasiológicos y referenciales que sintácticos (Narbona, 1989b y 1990a), cuestionamiento al que no poco ha contribuido el interés creciente por las actuaciones orales, y en particular las coloquiales (Narbona, 2001). Así, en el tratamiento de las consecutivas (§45.14) encontramos detalladas observaciones sobre: a) la progresiva pérdida de tal como antecedente; b) el uso creciente en la lengua conversacional de un o cada (me di un golpe que casi…; está de un humor que…; daba cada grito que…); c) tipos como ¡qué no diría que…! o de tanto plomo que le echaron…; d) la mayor frecuencia de de ahí que en la lengua escrita y de conque en la coloquial 28 ; e) la ironía que se alcanza en ¡conque no lo haces!; f) el papel decisivo de los 26 Para el propio Diccionario académico, intrincado es ´confuso´, además de ´enredado, complicado´. 27 “Se usará el término CONSTRUCCIÓN –se dice en la misma páginasobre todo cuando las propiedades de esos tipos oracionales puedan describirse sin precisar la segmentación que les corresponde. Esta simplificación obedece a razones didácticas, y no implica que se ignoren o se minusvaloren los problemas sintácticos que subyacen a todas estas etiquetas, ni tampoco las opciones que se manejan en las teorías gramaticales contemporáneas”. 28 No están claras las razones de su vitalidad. Girón (2004) atribuye su “corta vida” (según él, desde mediados del siglo XVII a mediados del XX), entre otras razones, “a su temprana conexión con la lengua hablada”. Pero, aparte de que no parece que haya decaído su empleo en el habla actual, es discutible que el desuso de una expresión sea propiciado por su pertenencia al habla. Que un giro no o 16 ANTONIO NARBONA JIMÉNEZ Filología actual, Madrid: Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, pp. 197-212. N ARBONA , A NTONIO (2012): “Fuentes escritas para el estudio de la oralidad”, en Emilio Montero; Carmen Manzano (eds.) Actas del VIII CIHLE, Santiago de Compostela: Meubook, I, pp. 343-356. 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