Cu so 2018/2019
Uni e sidad de Se illa
Facul ad de Filología
Depa amen o de Li e a u a
Española e Hispanoame icana
Tí ulo: Semiología del ablao lamenco
Alumna: Ca men Y uela Baena
Tu o : José Manuel Camacho Delgado
T abajo de in de g ado p esen ado como equisi o pa a op a al í ulo de
G aduada en Filología Hispánica
Índice
1. In oducción pág. 1
2. Ap oximación al ablao lamenco pág. 2
3. Semiología en el ablao lamenco pág. 5
3.1. Obje o de es udio y posibilidades de análisis pág. 5
3.2. Análisis pág. 7
a. La ábula pág. 7
b. Los pe sonajes pág. 10
c. El iempo pág. 13
d. El espacio pág. 16
4. Conclusión pág. 19
5. Anexo pág. 20
6. Bibliog a ía pág. 24
1. In oducción
El obje i o de es e abajo es el de hace una análisis desde una pe spec i a semiológica de
los p ocesos que se lle an a cabo en el espec áculo del ablao lamenco. El mo i o de habe
elegido es a mani es ación a ís ica po encima de o a cualquie a es que en ella se dan unas
dinámicas muy complejas en e e elación y enmasca amien o que, aunque p esen es en
gene al en oda p ác ica lamenca, se po encian aquí debido a las ci cuns ancias sociales de
es e espec áculo: el al o p ecio de su en ada, que lle a a que an solo u is as (ex anje os
pe o ambién de o as pa es de la geog a ía española) casi siemp e neó i os en el lamenco
puedan o quie an accede a él.
En p ime luga ha emos una ap oximación al concep o de ablao
, con a ención a cómo
su gió es e o ma o y cuáles son sus p edeceso es, y ambién cómo con inúa es a p ác ica hoy
en día, con el mismo o incluso más éxi o que en sus inicios, debido al auge y la alo ización
del lamenco po odo el mundo y ambién del inc emen o año a año de los u is as que nos
isi an, an o en Andalucía como en Ba celona y Mad id. Pos e io men e, comenza emos con
el análisis de lo que ocu e en el ablao
, eniendo como especial e e encia la ob a de Ma ía
del Ca men Bobes Na es, Semiología de la ob a d amá ica
, y, como en es a, es uc u a emos
el es udio en cua o pa es: la ábula, los pe sonajes, el iempo y la acción, obse ando en
cada caso las posibles di e encias y simili udes que podamos encon a en e el ablao y la
ob a d amá ica.
2. Ap oximación al ablao
lamenco
El lamenco ha sido de inido en muchas ocasiones como un es ilo musical, pe o cualquie
pe sona (a icionada o no) que se ace que a sus má genes puede comp oba ápidamen e que
es e aspec o no es el único ni quizá el más impo an e de odo lo que engloba es e é mino. El
lamenco es música, es ac uación, es i o, es p oduc o de consumo, es cá ed a uni e si a ia y
es, aún a día de hoy, en e enimien o desp eciado de “gen es de mal i i ”. Po odo eso, las
ap oximaciones que se pueden hace a es e campo an amplio de conocimien o son
abundan es y a iadas, y en el caso de la ilología, no se debe ían es ingi al ya gas ado
análisis li e a io de las coplas lamencas. En es e caso, nos in e esa una sola de odas las
mani es aciones que ha enido el lamenco a lo la go de la his o ia: el ablao
, que pe du a
has a nues os días y que, ac ualmen e, es uno de los pun os más impo an es en el ci cui o
lamenco, an o po la can idad de ablaos
que hay en las p incipales ciudades andaluzas y del
es o de España, como po el núme o de a is as que abajan en es e o ma o y la can idad
ingen e de público que lo consume. La azón de es e obje o de es udio se debe a las
ca ac e ís icas muy conc e as que eúne y que lo hacen se pun o de encuen o de di e en es
géne os a ís icos y elaciones en e el a e y su p opia me can ilización.
An es de habla del ablao p opiamen e dicho debemos menciona a su p edeceso : el ca é
can an e. Es e su ge a mediados del siglo XIX, he ede o de los ca és eu opeos en donde se
hacían espec áculos de a iedades y que, en o no a la década de los 70 y muy inculado a la
igu a del can ao Sil e io F ancone i en Se illa, o ece una o e a de ocio en la que es án
incluidos el can e, el baile, la gui a a y la bebida. Pema ín, en El can e lamenco. Guía
al abé ica nos los desc ibe como un “salón, lo más amplio posible y deco ado con espejos y
ca eles de o os, en el que además de las sillas y mesas des inadas al público se le an aba el
ablao en donde ac uaba el cuad o lamenco. En odos lados solían ins ala se palcos pa a los
concu en es adine ados y, en si ios colindan es, cua os ese ados pa a las jue gas o
comidas amilia es” . Como emos, el espacio es muy simila a lo que se ían los p ime os
1
ablaos
. Es os ca és, po o a pa e, ambién a aían a los iaje os omán icos que que ían e
el exo ismo del su de España y ambién ue on muy c i icados, en el momen o y décadas
1 Julián Pema ín, El can e lamenco. Guía al abé ica,
Mad id, A odisio Aguado, 1966, p. 23.
más a de, po saca el can e del hoga gi ano y adul e a lo y ende lo es ándole la an
consabida pu eza. De mane a simul ánea, pe o ambién an e io a es os ca és, enemos la
p ime a de las exp esiones me can ilizadas del lamenco: la ies a p i ada, en la que el
seño i o andaluz in i aba a come y a bebe a los a is as, pagándoles en ocasiones, a cambio
de una noche de can e y ies a. Podemos e así que desde los inicios más emo os e
indocumen ados del a e lamenco siemp e es á p esen e la me can ilización, el a e po
dine o y la p o esionalización aunque oda ía ela i a de es os a is as que ganaban su
sus en o yéndose de jue ga y sopo ando el humo y las bo ache as del ico de u no.
El inicio del ablao como al lo encon amos a mi ad de los años 50 y p incipios de los 60 del
siglo pasado. Es o se debe, en un p incipio, a la necesidad que exis ía en onces de un o ma o
en el que el lamenco es u ie a al alcance del público gene al, ya que du an e los años 30 y
40 en los ea os solo se p og amaba la llamada ópe a lamenca, y desde la desapa ición de
los ca és can an es en los años 20 el can e más adicional solo se podía encon a en las
abe nas o en las ies as p i adas de la gen e que enía dine o pa a paga las, es deci , los
seño i os en Andalucía y las clases al as en Mad id. Con es a in ención nace en 1954 en
Mad id el ablao Zamb a, el p ime o de muchos, al lado del Museo del P ado. Lo que pasa á,
sin emba go, nada más p oli e a es e ipo de luga es es que el obje i o con el que ue on
c eados cambió adicalmen e: con el gobie no anquis a p omo iendo ac i amen e el
u ismo, los incipien es ablaos se con i ie on en el des ino pe ec o pa a las masas de
ex anje os. El g emio de la hos ele ía supo e el negocio y en poco iempo, gas onomía,
bebida y a e lamenco se o ecían jun os en los ablaos a unos p ecios al ísimos (como sigue
sucediendo ac ualmen e, po o a pa e), lo que eliminó ápidamen e de la ecuación al público
nacional. En e los ablaos que su gie on en onces podemos des aca a To es Be mejas, en
Mad id, o el Ca é de Chini as en Málaga, lle ados exclusi amen e po hos ele os, u o os en
los que empeza ían algunos a is as a con e i se en emp esa ios como en el caso de Los
Canas e os, abie o po Ca acol en 1963 o El Duende, po Pas o a Impe io y Gi anillo de
T iana en 1956. El éxi o que u ie on hizo que el ablao llega a has a la p opia Nue a Yo k,
cuando el Ca é de Chini as malagueño ab ió una sucu sal en Manha an llamada Spanish
Pa ilion. Sin emba go, es a o ien ación que adqui ie on los ablaos no supuso una mala
calidad de las ac uaciones ni mucho menos. Desde es e momen o, odos los a is as que han
sido algo en el mundo del lamenco pasa on po los ablaos
, o mándose ambién g acias a
ellos, y las ac uaciones que se daban allí e an lo más pun e o del momen o. Es o no ha
e i ado que la lamencología haya enido siemp e una isión desdeñosa de es e ipo de
espec áculos, aludiendo a una impu eza y a una adul e ación del géne o debido a su
me can ilización. C í ica, po o a pa e, que exis e desde que a Sil e io F ancone i se le
ocu ie a mon a su ca é can an e en Se illa allá po el año 1870 y que pa ece no en ende un
asgo ascenden al del lamenco que es la compleja elación que es e iene con su p opia
en a y consumo.
Lo que p esen aban es os espec áculos en los años 60 nos lo cuen a José Manuel Gamboa en
su ob a Una his o ia del lamenco
:
“un cuad o gene al, con nume osas bailao as que an desg anando en el pequeño
escena io sus mayo es o meno es capacidades. En e un núme o y o o, odos a
co o in e p e an jaleos, piezas es e as b e es que an desde an iguas can iñas
lamencas has a canciones de moda a lamencadas. T as el pase llega el u no de las
igu as, que pueden se can ao es/as, bailao es/as incluso gui a is as. Finalmen e
uel e el cuad o pa a da un segundo pase” .
2
Es a es uc u a, aunque no mucho, ha ido a iando, y en la ac ualidad emos como la g an
mayo ía de los ablaos cuen an en ocasiones con un p ime núme o in oduc o io en el que se
p esen an odos los a is as y, luego dos bailes sepa ados po solos del can ao y el gui a is a.
Pa a inaliza se hace el adicional in de ies a po bule ías, en el que uel en a pa icipa
odos los a is as.
Es e o ma o del ablao lamenco con i e a día de hoy con o as mani es aciones como los
es i ales y las peñas lamencas, ambas pensadas pa a un público más local y con menos
ecu sos económicos que aquel que acude a los ablaos
. Las dos su gie on ambién en o no a
la década de los 60, p incipalmen e pa a o ece , es a ez sí, el espec áculo lamenco
adicional que el a icionado eclamaba, con una mayo p eeminencia del can e. Po ellos han
pasado ambién las g andes igu as de cada momen o, y han sido, en especial las peñas
lamencas de los ba ios y pueblos andaluces, las que han se ido de ca apul a p o esional a
2 José Manuel Gamboa, Una his o ia del lamenco,
Mad id, Espasa Calpe, 2005, p. 155.
muchos a is as. Po o a pa e, la elación que se da en es os luga es en e público y a is as
es sensiblemen e di e en e, pues en es e caso el espec ado es un a icionado y no un u is a y
po es e mo i o, la comunicación que emos en e ambas pa es es mayo , abundando las
alabanzas cuando gus a y las quejas cuando no.
3. Semiología en el ablao
lamenco
3. 1. Obje o de es udio y posibilidades de análisis
La p ime a cues ión que nos debemos plan ea an es de abo da cualquie in en o de análisis
del espec áculo que se da en un ablao lamenco es si los mé odos de análisis semiológico
que se p ac ican en el ea o son uc í e os o aplicables en es e caso, es deci , de qué mane a
podemos hace de es e ipo de espec áculo un obje o de es udio ap opiado. Pa a es o,
ol emos la is a a las ob as d amá icas pa a e cómo se ha supe ado es e obs áculo según
las di e en es endencias.
Una isión muy popula es la que es ablece en su ob a Ma ía del Ca men Bobes Na es. Ella,
a pa i de la sepa ación den o del conjun o del p oceso comunica i o en e ex o esc i o (que
con iene ex o li e a io y espec acula ) y ep esen ación, a i ma que “se p esen a dudosa la
exis encia de un ex o de la ep esen ación que pueda conside a se “obje o cien í ico” pa a
una in es igación semiológica” . Desde es a pe spec i a, el único obje o de es udio posible es
3
el ex o esc i o, ya sea a ni el semán ico, sin ác ico o p agmá ico, pe o nunca la
ep esen ación. Pa a es o se alegan di e en es mo i os. Ya en el siglo XIX, simbolis as e
idealis as de endían que oda ep esen ación de un ex o li e a io coa aba y limi aba la
imaginación del lec o , pues educía odos los alo es po enciales de la ob a esc i a a una sola
lec u a impues a po el di ec o de la ep esen ación a odos los espec ado es. Desde una
pos u a menos adical, o os eó icos aducen o os mo i os como la di icul ad de es udia algo
que se desa olla en el iempo y que es i epe ible, pues incluso un mismo mon aje con los
3 Mª Ca men Bobes Na es, Semiología de la ob a d amá ica,
Mad id, A co, 1997, p. 97.
mismos ac o es y el mismo di ec o nunca es igual de una ep esen ación pa a o a. Apa e, su
g abación se ía imposible pues es a íamos con i iendo un espec áculo idimensional en un
ideo digi al con las limi aciones écnicas que eso implica y ambién eliminando odas las
pe spec i as posibles que se pudie an ene de esa ep esen ación menos la de la cáma a.
Es as isiones con as an, po o o lado, con la pos u a de o os au o es como el ancés
An onin A aud, cuya isión deja pe ec amen e cla a en El ea o y su doble
: “el au o hab á
de descub i y asumi lo que pe enece a la pues a en escena, an o como lo que pe enece al
au o , pe o ans o mándose a la ez en di ec o , de mane a que cese es a absu da dualidad
ac ual de di ec o y au o ” y “a mi en ende , sólo iene de echo a llama se au o , es deci
4
c eado , quien iene a su ca go el manejo di ec o de la escena” .
5
Todos es os ac o es nos lle an a aco a el obje o de es udio con el in de pode ealiza un
análisis mínimamen e p oduc i o, y es e se á no una ep esen ación conc e a en un ablao
,
sino las ca ac e ís icas que el conjun o de ellas ienen en común como géne o espec acula .
Así, abaja emos con las es uc u as gene ales de es e ipo de ep esen ación especi icando
las a ian es posibles cuando sea el caso y haciendo algunas compa aciones con o os ipos
de p ocesos comunica i os lamencos como los que se dan en las peñas o las ies as p i adas.
Po o o lado no que emos ce a es a in oducción me odológica sin menciona un ema que
ambién apa ece en el lib o de Bobes Na es. Es a, en un p ime momen o e in oduciendo los
elemen os que o man el ex o li e a io, a i ma que “no hay pa alelismo en e ex o y
ep esen ación, sino en e Tex o Li e a io y Tex o Espec acula , o en e lec u a y
ep esen ación” , en endiendo como ex o espec acula la pa e del ex o li e a io que alude a
6
las cues iones elacionadas con la ep esen ación escénica. Es o se debe a que Bobes
iden i ica ambos ex os con el plano de la c eación a ís ica y encasilla an o a la lec u a como
a la ep esen ación en el plano de la ecepción (“si uadas la lec u a y la ep esen ación como
hechos de ecepción del p oceso comunica i o de la ob a d amá ica en su aspec o de Tex o
Li e a io y de Tex o Espec acula espec i amen e, sus posibilidades de con e i se en
“obje o pa a la in es igación” cien í ica son las mismas que iene la ecepción de los demás
4 An onin A aud, El ea o y su doble,
Ba celona, Edhasa, 1978, p. 127.
5 An onin A aud, Op. ci .,
p. 133.
6 Mª Ca men Bobes Na es, Semiología de la ob a d amá ica,
Mad id, A co, 1997, p. 106.
obje os li e a ios” ). Desde nues o pun o de is a, es o no puede nunca se así, po que la
7
ep esen ación de la ob a d amá ica no es me a ecepción como la lec u a, sino c eación
ac i a de una ob a a ís ica au ónoma aunque p o enien e del ex o li e a io. En o o
momen o uel e a incidi la au o a en que “se ha p e endido sac aliza una ep esen ación,
que se ía an o como p i ilegia no ya al Tex o Espec acula , sino una lec u a de es e ex o” .
8
De nue o, pa ece un e o opone y de ende el es udio de una sola de las e apas del p oceso
comunica i o del ea o, y op amos po el análisis de la ase de la ep esen ación que a ienda
a sus pa icula idades écnicas, comp endiéndola como un p oceso c ea i o con unos
emiso es que an más allá del au o de la ob a li e a ia, y analizando cómo es a se p oyec a y
se ma e ializa en la escena. Po ue za, es e análisis debe u iliza unas he amien as y ene
una isión muy di e en e al del ex o esc i o, pe o no po eso debe conside a se la
ep esen ación como una me a p olongación incomple a.
3.2. Análisis
Siguiendo de nue o la Semiología de la ob a d amá ica
, amos a dis ingui en nues o
análisis cua o ca ego ías pe enecien es a la ob a d amá ica y que, po lo an o, amos a ene
que ma iza . Es as se án la ábula, los pe sonajes, el iempo y el espacio.
a. La ábula
Aquí nos encon amos la p ime a di icul ad en nues o análisis. La ábula es una ca ego ía
que ya A is ó eles en su Poé ica es ableció como una de las seis pa es del d ama y que son la
“ ábula, ca ac e es, elocución, pensamien o, espec áculo y melopeya” . Es e de ine la ábula
9
como “la combinación de los inciden es, o sucesos acaecidos en la his o ia” , y la conside a
10
como el elemen o más impo an e a la ho a de cons ui la agedia (“lo p ime o y esencial, la
7 Mª Ca men Bobes Na es, Semiología de la ob a d amá ica,
Mad id, A co, 1997, p. 96.
8 Mª Ca men Bobes Na es, Op. ci .,
p. 107.
9 A is ó eles, Poé ica de A is ó eles,
ed. de V. Ga cía Yeb a, Mad id, G edos, 1988, p. 243.
10 A is ó eles, Op. ci .
, p. 211.
sob e los acon ecimien os que el ex o menciona ( iempo de la his o ia), de mane a sepa ada
de la o ganización que hace el ex o de es os acon ecimien os, que se ía ya el iempo del
discu so. Es po eso que noso os amos a u iliza una dis inción más adicional, la que se
es ablece en e dos empo alidades, la de la ep esen ación y la de la acción ep esen ada y
que desa olla Anne Ube s eld en su Semió ica ea al
. La de inición que Ube s eld da de
es os dos iempos es, po un lado, “un iempo i ido po los espec ado es, [...] una up u a del
o den del iempo, un iempo de ies a, sea cual ue e el modo y la na u aleza de la ies a, [algo
que] de iene el iempo o dina io y lo con ie e en o o iempo
” pa a el iempo de la
23
ep esen ación y, “un iempo es i uido,
un desplazamien o del aquí y aho a, un iempo
imagina io y sincopado” , pa a el iempo de la acción ep esen ada. Es as dos empo alidades
24
son las que, en la concepción clasicis a y con la egla de la unidad de iempo, se exigían se lo
más equi alen es posible con el in de p ese a la e osimili ud de la ob a, sin emba go, es o
no se conseguía ni siquie a en las épocas en las que más se alo ó esa obediencia a las
di ec ices a is o élicas. Es o se puede explica po que es p ecisamen e en la conjugación de
las dos empo alidades, en la mane a de p esen a una acción comple a en el iempo de la
ep esen ación, donde eside la ea alidad de la ob a d amá ica. Po eso se p egun a
Ube s eld si el hecho ea al se a a de la ep oducción mimé ica de una acción eal o si se
a a po el con a io de “una ce emonia cuya du ación p opia es singula men e más
impo an e que la de los acon ecimien os que ella ep esen a” . También sob e es e ema,
25
a i ma que oda d ama u gia de dila ación empo al (aquella en la que es as dos
empo alidades sean o almen e di e en es) se opone “al espec áculo como celeb ación
ce emonial ma cada po el sello de la unidad empo al y como imi ación de una acción que
iene en sí misma un ca ác e a empo al, ahis ó ico” .
26
Es o úl imo nos lle a de nue o al caso del ablao lamenco. Pa a abo da aquí el análisis del
iempo, lo p ime o que se nos iene a la men e es man ene la sepa ación en e iempo de la
acción y iempo de la ep esen ación y analiza ambos de mane a sepa ada. Es o se pod ía
hace sin ningún p oblema, y encon a íamos cosas in e esan es que apun a , pe o se nos
escapa ía la p incipal p oblemá ica que hace del ablao
un luga que pa icipa y que se escapa
23 Anne Ube s eld, Semió ica ea al
, Mad id, G edos, 1993, p. 153.
24 Anne Ube s eld, Íbidem
.
25 Anne Ube s eld, Op. ci .
, pág. 144.
26 Anne Ube s eld, Op. ci .
, pág. 149.
a la ez de la ea alidad, y a la que apun a Ube s eld cuando habla de esa celeb ación
ce emonial, a empo al e his ó ica que se opone a la “d ama u gia de dila ación empo al”.
Dice Bobes Na es que “nunca son simul áneos los p esen es de la ep esen ación y del
espec ado [...] Esa simul aneidad es an con encional como la con igüidad espacial de la sala
y el escena io, que se ompe en cuan o se le an a el elón. El p esen e del espec ado es un
p esen e i encial y no ienen nada que e con el p esen e d amá ico” . Es o no se e i ica
27
en ningún caso en el ablao lamenco, pues p ecisamen e el juego que se hace, al igual que en
el caso de los pe sonajes, es el de iden i ica ambos iempos, el del espec ado y el del a is a,
p e endiendo que lo que es á ocu iendo es an o una imi ación, o un ecue do si se p e ie e,
de la ies a lamenca p i ada como una ac ualización de esa ies a en es e nue o en o no, el
del ablao
, con esos a is as como pa icipan es y ese público como obse ado casi oyeu
.
Po o o lado, ambién den o ya del iempo de la acción pod íamos señala en el ablao
é minos que se aplican al d ama, como la ci cula idad en el caso de algunos bailes po
a an os
, en los que encon amos un inicio más du o y pausado que se a aleg ando y
acele ando a medida que se desa olla el baile pe o que, en muchas ocasiones se ecupe a al
inal, e minando el baile con el mismo ayeo con el que se empieza, dando la imp esión de un
iempo cíclico, que e o na, e incluso al no iempo. También apun a Ube s eld que “el sis ema
ea al del iempo no se comp ende sin el in en a io de signos que conno an la deg adación o
el cambio posi i o, la es au ación o el ad enimien o de un nue o o den” . Es os é minos
28
ambién nos pueden se i pa a explica el desa ollo que iene luga en los bailes en el
ablao
, pues son p ecisamen e ese ipo de cambios los que se dan en los cambios de palo, en
el paso de soleá
abule ías
, de a an os
a angos
, y los que po an o ma can el iempo in e no
de las ac uaciones, y así, uncionan como los elemen os que p opone Ube s eld (la mue e, la
ce emonia ma imonial, la gue a, el ad enimien o de la paz, e c.) que “suponen un gi o en el
sen ido del iempo” .
29
27 Mª Ca men Bobes Na es, Semiología de la ob a d amá ica,
Mad id, A co, 1997, p. 384.
28 Anne Ube s eld, Semió ica ea al
, Mad id, G edos, 1993, p. 358.
29 Anne Ube s eld, Op. ci .
, p.359.
d. El espacio
He aquí la g an ca ac e ís ica ea al. Casi el único asgo en el que es án de acue do odos los
es udios sob e la ob a d amá ica es que el ac o undamen al que hace único al ea o y lo
sepa a del es o de géne os li e a ios es que es e es á hecho pa a se ep esen ado.
Es deci ,
en su misma c eación, el au o es á ya siemp e pensando en que la ob a a a se lle ada a un
escena io y que la ep esen ación se á is a po unos espec ado es. Es e simple hecho iene
una g an can idad de implicaciones y da á luga , a su ez, o a g an can idad de posibles
soluciones o di e en es mane as de e i ica se, su giendo así muchas o mas de elación en e
ex o y espec áculo, ac o es y espec ado es, ac o es y espacio de la ep esen ación, e c. Cada
ipología ea al se ca ac e iza á po la mane a de esol e es as elaciones.
Anne Ube s eld p opone en su ob a una se ie de ca ac e ís icas del espacio ea al. Habla en
p ime luga de que es e es limi ado ma e ialmen e (ca ac e ís ica obse able a simple is a)
en con aposición al espacio donde ienen luga las acciones de una no ela o de un cuen o,
que es la imaginación del lec o . Luego, señala su duplicidad. El espacio ea al, y debido a la
esencia de la ep esen ación (mos a algo a alguien) iene que ene dos pa es: el luga
donde se colocan los que ac úan, los que o ecen algo (la ob a d amá ica en el caso ea al,
pe o muchas o as cosas en o o ipo de espec áculos) y el luga donde se colocan los que
obse an y eciben. La o ma en que es os dos luga es se elacionen se á c ucial pa a el
signi icado de la ep esen ación, y en la adición emos cómo la a qui ec u a de es os
espacios ha ido cambiando y adap ándose a las di e en es mane as de en ende el hecho
ea al. A pa i de aquí, Ube s eld obse a dos asgos complemen a ios que nos pa ecen muy
in e esan e pa a en ende el caso del ablao lamenco. Po un lado, el espacio donde se
desa olle la ob a se á la imi ación de algo. Es a imi ación no se á siemp e, ni mucho menos,
a la mane a ealis a (“como si se a ase de un agmen o del mundo anspo ado de
imp o iso sob e el escena io” ) pe o sí una “simbolización de los espacios socio-cul u ales”
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de la sociedad que p oduce ese ea o, mane a de en ende y en en a se a las condiciones
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de ida de los homb es. Po o o lado, señala Ube s eld que el espacio ea al es a su ez
“á ea de juego (o luga de ce emonia) donde ocu e algo que no iene po qué posee ,
30 Anne Ube s eld, Semió ica ea al
, Mad id, G edos, 1993, p. 110.
31 Anne Ube s eld, Op. ci .
, p. 111.
o zosamen e, su e e encia en o a pa e, sino que ocupa el espacio con las elaciones
co po ales de los comedian es” , de o ma que posee una cohe encia in e na p opia,
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independien e de odas las e e encias ex e nas y mo i ada exclusi amen e po lo que en él
suceda. Es as dos ca ac e ís icas, mímesis e independencia, con i en en odo d ama.
En los ablaos lamencos podemos e cla amen e la in ención mimé ica. Si pensamos en la
mayo ía de ablaos que mencionamos en apa ados an e io es (Los Gallos, El Pa io Se illano,
El A enal en Se illa, To es Be mejas y El Co al de la Mo e ía en Mad id, El Co dobés en
Ba celona), an o en la ac ualidad como en sus inicios po los años 60 la es é ica es muy
simila . Pa edes encaladas o alica adas, con a cos (a eces, imi ando el es ilo andalusí, como
el caso de To es Be mejas), a eces cuad os que ilus an jue gas lamencas (El Co al de la
Mo e ía, El Pa io Se illano) y, siemp e, las clásicas sillas de made a y mimb e pin adas de
colo es. Es e es ilo an adicional, olkló ico has a el ex emo iene una unción muy cla a:
imi a y eco da al espec ado (y al u is a sob e odo) los luga es donde se celeb a ían esas
ies as de mane a no me can ilizada, en los pa ios y las casas pa icula es. Po o o lado,
además de esa imi ación y supe pues o a ella, camu lada po odo ese ado no exó ico y
exage ado, se da el espacio de juego (o luga de ce emonia) en el que ocu e la magia, se
comunican en e sí los a is as y se ac ualiza la ies a lamenca al como se p e ende imi a .
Si in en amos encuad a la escena de los ablaos en la clasi icación que es ablece B eye
sob e los ámbi os escénico emos que el que más se ap oxima a la ealidad es el ámbi o en T,
en el que los espec ado es se colocan en en ados a la escena. Es e ipo de disposición
apa ece en el ea o omano, y p opicia la di e enciación cla a en e público y a is as,
colocando a los p ime os como me os ecep o es pasi os que no pa icipan en ningún
momen o de la acción que se es á lle ando a cabo en la escena. Podemos incula es e asgo
al ipo de público de los ablaos
, po egla gene al ajena al mundo lamenco y que con as a
con o os o ma os como las peñas o las ies as p i adas. En el caso de las ies as, pod íamos
habla de un ámbi o en O, “ámbi o p opio del i o, [...] p edispone a los espec ado es a la
pa icipación y po encia el ca ác e y el ono i ual del espec áculo, que se ealiza en é minos
de c eencia más que de discu so” . ámbi o en el que el espec ado y el a is a es án
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32 Anne Ube s eld, Semió ica ea al
, Mad id, Cá ed a, 1993, p. 112.
33 Mª Ca men Bobes Na es, Semiología de la ob a d amá ica
, Mad id, A co, 1997, p. 390.
o almen e mezclados y se in e cambian los papeles en ocasiones. En el caso de las peñas,
encon amos el ámbi o en U, mo i ado po que en es e caso los oles de espec ado es y a is as
son más ijos y es ables y en el que se man iene “una ensión media en e el en en amien o
p opio del ámbi o en T y la pa icipación del ámbi o en O” .
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34 Mª Ca men Bobes Na es, Op. ci
., p. 391.
4. Conclusión
T as es e in en o de hace un análisis del ablao lamenco desde el pun o de is a semiológico
y omando como modelo el es udio de la ob a d amá ica, podemos deci que debido a las
di e encias en e ea o y ablao
, las es uc u as de es e análisis se nos quedan en ocasiones
limi adas y es é iles a la ho a de aplica las a es e úl imo. Sob e odo con el elemen o de la
ábula, es necesa io e o mula lo y ensancha lo pa a que nos sea mínimamen e é il al
aplica lo al caso del ablao
, que ca ece de his o ia con ada a la mane a de la ob a d amá ica.
Sin emba go, y pese a es as limi aciones, sí nos si en es as es uc u as pa a ace ca nos
eó icamen e a una ealidad que no ha sido muy es udiada desde es e pun o de is a y,
ambién, pa a explica algunos asgos p opios del lamenco que se en ienden mejo al
con as a los con el d ama.
Los o os es elemen os de es e es udio, pe sonajes, iempo y espacio, uncionan mejo que
la ábula si los conside amos de mane a supe icial (nos ayudan a e la elación en e
ac an es, los di e sos iempos de la ep esen ación y el espacio en el que es a iene luga ). No
obs an e, lo más in e esan e en es os casos es que odos nos lle an p on o a la complejidad de
la dualidad en e ealidad- icción que se da en el ablao
: los pe sonajes se con ie en en las
pe sonas que son ue a de escena a la ez que siguen siendo abajado es pagados imi ando
una ealidad inaccesible pa a ese público, el iempo del espec ado y el del a is a son a la ez
el mismo y o o, y el espacio es á codi icado de una mane a muy a i iciosa que da e acidad
(al público neó i o) a la ez que e idencia la impos u a. Todas es as cues iones, que no son
p opias ni del ea o de o ma gene al ni de los espec áculos musicales, e elan una
ca ac e ís ica no solo del ablao
, sino que podemos e de mane a más o menos pa en e en
odas las mani es aciones lamencas y que iene que e con la elación en e ágica e i ónica
que iene es e a e con su me can ilización y en a a un público ácilmen e imp esionable y
que iene acompañándolo du an e oda su exis encia has a se pa e insepa able de su esencia
más p o unda.
5. Anexo
Imágenes de los ablaos To es Be mejas y Los Canas e o sob e los años 70, ambos en
Mad id. Se pueden ap ecia los cuad os g andes, con es y cua o gui a is as
espec i amen e y las es é icas de ambos ablaos, di e en es en es ilo, pe o que aluden al
exo ismo mencionado y a la exal ación del olklo e mencionados.
Ca eles de los ablaos a iba mencionados.
Ejemplos de ablaos lamencos en la ac ualidad (El Co dobés. en Ba celona y El Pa io
Andaluz y Los Gallos, en Se illa). Podemos comp oba que la es é ica es muy pa ecida a la
de los inicios, con g andes cuad os de a is as pa a imp esiona al público y una es é ica que,
aunque más mode nizada, nos sigue emi iendo a la que enía en su o igen.
A iba podemos e ejemplos de los ablaos en los que el lamenco se combina con la
gas onomía pa a esul a un negocio aún más en able. La p ime a imagen es del se illano El
Palacio Andaluz, donde un espec áculo con cena puede llega a cos a unos 80 eu os (cabe
deci que los sueldos de los a is as suelen se bas an e bajos). La segunda, del Ca é de
Chini as en Mad id.
A iba, imágenes de peñas lamencas de Se illa (To es Maca ena, La agua y El Chozas).
Podemos obse a que aquí la es é ica es mucho menos eca gada, aunque sigue eniendo los
elemen os adicionales que se asocian al lamenco. También emos que el núme o de a is as
es meno , ya que el a icionado acude a es os luga es a aído po la calidad y no la can idad y
que, en la mayo ía de las ocasiones, se p omue e más el can e que el baile. Además, es as
peñas es án en luga es más pe i é icos de la ciudad, en es e caso, en los ba ios de la
Maca ena, Rochelambe y Bella is a, espec i amen e).
Po úl imo, imágenes de los es i ales lamencos (La Ca acolá leb ijana, el Po aje de U e a,
el es i al de Ogíja es en G anada y el ca el del Po aje de U e a de es e año). Aquí podemos
e a un público mucho más mul i udina io, unos p ecios de en ada más popula es y, igual
que en las peñas, el can e no malmen e po encima del baile (aunque en las imágenes
apa ezca baile, emos en el ca el que el eclamo pa a el a icionado es no malmen e el can e,
y es e ocupa los luga es más impo an es en su publicidad)