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EL MOTIVO DE LA MUERTE APARENTE EN LA NOVELA GRIEGA ANTIGUA
Habis 39 (2008) 245-266
EL MOTiVO DE La MUERTE aPaRENTE
EN La NOVELa GRiEGa aNTiGUa (ii)1
Máximo B ioso Sánchez
Uni e sidad de Se illa
En un es udio p e io (Habis 38 [2007] 249-269) el au o ha analizado
el mo i o li e a io de la mue e apa en e en Qué eas y Calí oe de Ca i ón y
en los ex os exclusi amen e agmen a ios. aquí se comen an las no elas
de Jeno on e de É eso, an onio Diógenes, Jámblico, aquiles Tacio y
Heliodo o, con insis encia en el p oceso que lle a desde el simple engaño
in e no has a el engaño ex e no y o as c ecien es complicaciones en el
empleo del mo i o.
in a p e ious pape (Habis 38 [2007] 249-269) he au ho has
analysed he li e a y mo i o he appa en dea h in Cha i on’s Chae eas
and Challi hoe and he exclusi ely agmen a y ex s. He e he no els by
Xenophon o Ephesus, an onius Diogenes, iamblichus, achilles Ta ius
and Heliodo us a e commen ed, wi h special emphasis on he e olu ion o
decei om he simple and in e nal o he ex e nal one, and o he g owing
complica ions in he use o he mo i .
1. si hay una no ela g iega, en e las que cabe lee comple as, en la que la
mue e es é p esen e con una densidad llama i a, és a es la de Jeno on e de É eso.
Y en conc e o ambién en cuan o a la elación en e el amo y la mue e. Ya el
p opio o áculo que en los inicios aza las g andes, pe o aún enigmá icas, líneas
del a gumen o, empa eja la umba y el álamo ( a o~/qa lamo~: 1.6.2)2. Y no son
1 se emi i á a la p ime a pa e simplemen e con i y § o indicación de no a al pie. La
bibliog a ía se á ambién ci ada de modo con inuo, de sue e que aquí no se epe i án las e e encias ya
o ecidas en esa p ime a pa e.
2 si quisié amos indaga alguna in luencia debe íamos emon a nos al ez a un modelo
como s. An . 891.
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MáxIMO BRIOsO sáNchEz
a os los ju amen os en los que la disyun i a se da en e el amo y la mue e ni los
deseos explíci os de mo i en de e minadas y angus iosas si uaciones, y la c een-
cia de que el o o cónyuge puede es a mue o, ya is a en Ca i ón y que en a en
nues o ema, alcanza una ex ensión muy dila ada. Es más, esa c eencia puede
a ec a a o os pe sonajes y da luga incluso a alguna apa en e con adicción: así,
en 2.8.2 Hab ócomes sueña con su pad e es ido de neg o (ejn ejsqh` i melai nh/),
pe o pe sis iendo en su búsqueda y libe ándolo3.
Pe o son dos episodios los que nos impo an más. En el p ime o, Lampón,
el cab e o al que, en si ia, le ha sido en egada la he oína po su ama Man o, an e
la o den de és a de que ma e a la cau i a decide al in ende la, engañando po
an o a su seño a y, de paso, al esposo de és a, Me is, que la desea (2.11). Pe o
Jeno on e desap o echa las posibilidades de es e engaño: ni Man o ni Me is apa-
ecen ni siquie a in o mados de él ni iene o a consecuencia, lo que es no mal en
el eloz encadenamien o de sucesos ípico de es e au o , que p o oca un nue o
desplazamien o y una nue a pe ipecia. En cambio, al hé oe sí le es e elada la
e dad, lo que es imula la con inuación de la búsqueda (2.12.2).
El segundo episodio, cons uido ya como un cuad o d amá ico, sucede en
Ta so y iene una cla a dependencia del analizado en Ca i ón, pe o con una di e-
encia esencial en el hecho de que an ía misma es la que p e ende mo i . El ema
de la mue e eal como solución de un p oblema i al y sob e odo el suicidio
como pa e del desenlace de una his o ia de amo es cie amen e iejo en la li e a-
u a g iega. Pe o lo que ya no lo es an o es el suicidio us ado y que puede da
luga al mo i o, así como a las consecuencias, de la alsa mue e. Lógicamen e la
no ela acogió con gus o es a a ian e, que encajaba bien con su endencia al inal
eliz en e a los desenlaces unes os, que, como hemos eco dado (i, § 6), son
an ecuen es en la adición de las his o ias e ó icas. El in en o de suicidio podía
se un ecu so ex emo al que apela an o en una si uación de acoso como en la
c eencia en la mue e del se amado: en es e caso que nos ocupa es la p ime a la
azón dominan e, si bien no al an emo es espec o a la segunda4. El comp omiso
de boda con Pe ilao, al que an ía ha accedido con la idea ya de mo i , si bien con la
solici ud de un aplazamien o, da luga a unos pasajes en los que el deseo de mue e
es á muy p esen e (3.5-8). En un monólogo se an icipa, pa a el lec o , aquella de-
cisión (“me i é, pe maneciendo u esposa incluso has a la mue e”: 3.5.4), que es á
3 En ealidad se á el anciano Licomedes el que mo i á an es de ol e a e a su hijo y eso es
lo que deben signi ica sus opajes neg os, es deci , el suda io de un di un o, pues las opas de duelo
pe mi ían una a iedad de colo es y onos. Pe o pa adójicamen e opas neg as, según un au o como
a emido o (2.3.26 ss.), pueden indica en los sueños buenos augu ios. Y e ec i amen e en el sueño
no sólo Licomedes libe a a su hijo, sino que és e, como un caballo, log a ecupe a a la yegua an ía.
Debemos eco da que ambién en una his o ia con ada po Flegón (136 s., ed. ci ada de Giannini [c .
i, n. 6], 178) un pad e di un o se apa ece con opajes neg os.
4 En las no elas se da en gene al una acilidad pa a pasa de la igno ancia del des ino del se
amado a la duda de si no es a á mue o: c . aquí 3.5.3, pe o aun con mayo ce idumb e en 3.5.7, 6.3 y 6.5.
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desde luego e o zada po el con encimien o de que Hab ócomes posiblemen e ya
no exis e. así, se suceden mue e apa en e y p e ensión de suicidio, como ocu i á
en muchos o os casos que e emos. El medio se á un eneno pedido al médico
Eudoxo (un auxilia e en ual, sólo p esen e pa a es e papel, como an os o os en
las no elas), el cual le p opo ciona á “una pócima, no mo al, sino somní e a”, lo
que signi ica una pun ual in o mación pa a el lec o . En es e episodio se p oducen
in iga y engaño desde di e sas pe spec i as: an ía c ee mue o a su esposo y es-
capa de su nue a boda con un p e endido suicidio, y po an o engaña a su enamo-
ado Pe ilao; a la ez, el médico Eudoxo la engaña a ella, bené icamen e, dándole
un somní e o en luga de un eneno, lo que e emos epe ido en alguna o a no-
ela (c . aquí § 3). Como en Ca i ón, hab á une ales sun uosos y una ica umba,
lo que lógicamen e despe a á la codicia de unos lad ones. También el engaño del
médico lle a a una si uación compa able a la ya is a en Ca i ón, al despe a se la
he oína en su sepulc o y luego se de nue o endida po los saqueado es, lo que, al
igual que en aquél, ac úa como un mo o de la acción. a su ez, la es a agema de
Eudoxo iene un cie o pa alelismo con la del ci ado cab e o, con la en a de an ía
en luga de su mue e, y ambién en que es amos an e dos engaños bené icos.
O os componen es son en su mayo pa e igualmen e comunes en los dos
episodios de ambos au o es. Hab ócomes, como Qué eas, desconoce la si uación
de su amada, al como an ía, que c ee lo peo , la sue e de Hab ócomes. El lec o
sigue paso a paso en ambos ex os los a a a es y pe eg inajes de los p o agonis as,
siendo apa en es las mue es pa a él en odo momen o, a di e encia de lo que les
sucede a los compañe os amo osos. así, Hab ócomes sab á po la anciana C isio
la “mue e” de an ía (3.9.6 ss.). Hay, pues, una doble alsa c eencia en la mue e
del o o: an ía c ee mue o a Hab ócomes (en ocasiones, como hemos señala-
do, hab á unas cie as dudas) y desea uni se a él en la mue e; Hab ócomes c ee
mue a a an ía y p e ende busca su cadá e pa a uni se con ella en la mue e. Del
mismo modo hay una doble in o mación sob e el suceso, p ime o como episodio
ep esen ado, luego como no icia. El deseo de an ía eapa ece en el episodio co-
men ado del lib o iii incluso cuando ya ha despe ado en la umba. Pa a ella con
su supues a uel a a la ida nada ha cambiado y po ello uega a los saqueado es
que la dejen allí, lo que exp esa con la imagen de su consag ación, como di ini-
dades, a j[E w~ y Qa na o~ (3.8.5); asimismo, luego se nega á a oma alimen o y
su único y pe sis en e anhelo se á el de encon a la umba de su esposo (3.8.7). El
con as e con Calí oe en una si uación en pa e semejan e es muy acusado: és a
desea sali de su umba y i i , lo que espe a que signi ique sin duda el e o no a
un ma imonio eliz5. Y es e con as e se ac ecien a con la absolu a al a de pe s-
pec i a humo ís ica en Jeno on e.
5 No obs an e, Ca i ón, siemp e a en o a la di e sidad de posibilidades de los mo i os,
ambién hace que su he oína desee, pe o sólo después, habe quedado mue a de e dad en su umba
(1.11.3). E igualmen e compa a á aquella umba con su cau i e io ya en Mile o (1.14.6).
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La alsa mue e no es, pues, sólo un mo i o en sí epe i i o, sino que es ge-
ne ado de no icias y c eencias, así como de un episodio en el que se in oducen,
si no un mayo g ado de ealismo, sí algunos ing edien es que no se daban en Ca-
i ón. En odos es os casos el lec o end á plena cons ancia del e o , además de
pe cibi que Jeno on e apu a aun más las posibilidades d amá icas y la implicación
en la ama. La mue e apa en e de Calí oe e a el mo o de los acon ecimien os
que le sucede án a ella misma: su secues o, la llegada a Mile o, su elación con
Dionisio... En cambio, no es p opiamen e el mo o de los iajes de Qué eas, po
ejemplo, pues o que és e pa e de si acusa p ecisamen e po que la c ee i a. Es a-
mos, po an o, en un momen o del géne o en el que, más allá del in lujo del a a-
mien o de un e iden e an eceso , el mo i o adquie e isos ya de ópico complejo.
2. Pasamos a examina aho a los es os de los dos ela os cuyo conocimien o
básico se de i a de los esúmenes de Focio, los [Apis a de an onio Diógenes y
Babiloníacas de Jámblico, sepa ados posiblemen e po un cie o plazo, pe o que
co esponden en sen ido amplio a una e apa en cuyos inicios debió esc ibi Jeno-
on e de É eso y que incluye a aquiles Tacio6. Hemos sos enido en o o luga que
la conexión esencial en e aquellas es p ime as na aciones, an apa en emen e
dis in as, eside en un nue o plan eamien o no elesco, con una mayo endencia a
un d ama ismo exace bado, a uculencias y sucesos sang ien os y ex ao dina ios,
odo ello quizás des inado a una p e endida ampliación del público lec o o po
la supedi ación a los gus os de un nue o iempo7. La ei e ación y acumulación
de mo i os y episodios se ía un indicio de es a p opensión. Y en algunos casos la
p opia mayo ex ensión de las no elas i ía en esa misma línea, como pa ece cie o
en los de es os dos au o es conc e os, al como en el XiX ic o iano la ex ensión
de los ex os acompañó con g an asiduidad a esa misma inclinación a una supe io
densidad na a i a, a eces a la en ación d ama izan e y desde luego a o mas de
publicación como ue on el olle ín y la en ega que aba a aban el acceso al géne-
o. Unos excesos a los que se e ie e humo ís icamen e An hony T ollope cuando
esc ibe en The Eus ace Diamonds: “…The so ows o he poo es he oine ha
e e saw he lo e mu de ed be o e he eyes, and hen come o li e again wi h
en housand pounds a yea …”8, palab as en las que se ejempli ican p ecisamen e
6 “i seems app op ia e o da e achilles Ta ius and his no el oughly o he second hal
o he 2nd cen u y o … somewha mo e p ecisely o he hi d qua e o he 2nd cen u y”: así K.
Plepeli s, “achilles Ta ius”, en schmeling, op. ci . [c . i, n. 33], 390. No obs an e, p e e imos po
azones me odológicas ag upa a an onio Diógenes y a Jámblico y ce a el es udio de es a ase con
aquiles Tacio: es su no ela la única que podemos lee comple a y de es e modo se acili a además la
compa ación con Heliodo o. se ía muy di ícil en odo caso decidi si ue aquiles Tacio o Jámblico
quien clausu ó es a e apa no elesca.
7 C . nues o a ículo “¿O alidad y li e a u a de consumo en la no ela g iega an igua: Ca i ón
y Jeno on e de É eso? (i)”, Habis 31 (2000) 177-217, y (ii), Habis 32 (2001) 425-461.
8 Ci amos po la edición de Ox o d Wo ld’s Classics (1998) 201.
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con nues o mo i o los es a os ín imos del géne o en su época. Pe o ampoco
es á de más ad e i de que esa sensación acumula i a e incluso p ecipi ada que
nos p oducen los esúmenes de Focio pudo queda un an o a enuada en los ex os
o iginales, sob e odo dada p ecisamen e su g an ex ensión, lo que no sucede po
supues o en Jeno on e de É eso.
según una opinión basada en algunos da os y que hoy es á bas an e asen ada,
an onio Diógenes hab ía p ecedido al ez en una gene ación a Jámblico, pudien-
do si ua se la edacción del ela o del p ime o “no la e han ca. a.D. 160”9, y po
an o ce cana a la de la no ela de aquiles Tacio, y la del de Jámblico en o no al
160-180. En el complejo ex o de [Apis a exis e no un solo momen o ele an e,
sino lo que pod íamos llama un episodio doble, pues o que en e los sucesos de
Tule, donde la jo en De cílide y su he mano Man inias, some idos a un encan-
amien o, i en de noche pe o es án mue os du an e el día, y lo que, po ob a
ambién de la magia, les había ocu ido a sus pad es en Ti o hay un pa alelismo
e iden e y cla amen e buscado. Una no a común es la p olongación en el iempo
de esos dos pa es de alsas mue es, aunque su cómpu o no sea idén ico, de acue -
do con la in e p e ación que hoy suele hace se de las enigmá icas insc ipciones de
las umbas, en an o que se da un asgo di e enciado : mien as las de los pad es
pa ecen se lo en el sen ido adicional en el géne o, de unos indi iduos que du an-
e un plazo de e minado pasan po mue os, las de Tule nos emon an a un mo i o
olcló ico que ya hemos mencionado (i, § 1) y que aquí adop a esa o ma de una
mue e apa en e du an e el día y una al e nada ecupe ación de la ida du an e la
noche. El iempo que du an es as si uaciones (se ecien os sesen a días la de Tule,
cinco años la de Ti o) pa ece que e compe i con esas iejas no icias sob e indi i-
duos amosos que ol ie on a la ida as un la go plazo y se apa a adicalmen e
de lo que sucede en odos los demás ela os del géne o de los que enemos conoci-
mien o, en los que un es ado semejan e es siemp e b e e, aunque sus consecuen-
cias en cambio puedan se de más amplio alcance. Lo du ade o es en odo caso la
c eencia en que un pe sonaje es á mue o, no el es ado de alsa mue e.
El mo o de es os sucesos pa alelos, en los que la magia y el engaño son de-
e minan es, es el mago Paapis. És e incluso log a que los dos he manos se c ean
culpables de la alsa mue e de sus pad es y que la suya p opia en Tule apa ezca
como expiación de aquélla. Tenemos, pues, unas mue es ic icias que, en p ime
luga y como o a di e encia espec o a las p ác icas más usuales del géne o, son
esul ado de a es mágicas, al como lo se á luego su emedio y solución: la acción
de Paapis en Tule p ecipi a la eacción de un enamo ado de De cílide llamado
T uscano, que ejecu a al mago y pe mi e así el descub imien o, po el igualmen e
do ado de a es mágicas azulis, del mé odo pa a anula el e ec o y de ol e a la
9 así bowie, a . ci . [c . i, n. 27], 59. Véanse o as opiniones p e ias en la edición ci ada
de Fusillo [c . i, n. 12], 15, n. 9. bowie si úa a aquiles Tacio en “a da e some ime be o e a.D. 160”
(61).
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MáxIMO BRIOsO sáNchEz
ida a los dos he manos y después a los pad es. En segundo luga , es án ligadas a
un eneb oso y engañoso p ocede en bene icio (o como enganza) del pe sonaje
acosado , de sue e que ni se co esponden con hechos de aza ni son buscados
po las íc imas en o ma de p e endido suicidio, como ocu e en o os ela os. Y,
además, las cua o supues as mue es, aunque con la señalada sime ía, hallan su
acomodo y elación sólo en la pe sona y en la in encionalidad del mago, sin una
obligada inculación en e ellas. sabemos que en Tule se e ige una umba pa a los
alsos di un os, de la cual és os sin duda salen pa a lle a a cabo alguna ac i idad
du an e las noches, con lo que enemos ya dos elemen os, umbas y noc u nidad,
que hemos is o (c . i, § 7) que, aunque no cons an es, sí pueden asocia se al
mo i o, y la p ueba de que ese es ado de supues os mue os e a plenamen e con-
incen e. De hecho, induce al ci ado T uscano al suicidio, es a ez eal, pues o
que, al no a a se del p o agonis a sino de un enamo ado secunda io, la secuencia
mue e apa en e-suicidio puede es a ez inclui es a ealidad. Hay, desde luego,
cie as incógni as pe inaces en lo que se e ie e a es os acon ecimien os, pe o las
dejamos pa a o o luga .
O a cues ión ele an e es la de la pe cepción de es os sucesos po pa e del
lec o de la no ela. Es muy posible que uese seducido po el ela o de modo que
hubiese un g ado de suspense y, po an o, al menos de ela i a igno ancia. Es más,
ales es ados de alsas mue es pueden habe sido aludidos en o ma de enigmá ica
an icipación en la p o ecía escuchada en 110a. ¿Podía el lec o , po el con a io,
conoce lo que no conocen algunos pe sonajes muy in e esados: que se a a de
alsas mue es? así un T uscano en Tule y los hijos espec o a los pad es en Ti o.
Pe o es muy dudoso que el a i icio de los engaños de Paapis y en pa icula es e
al que some e a los he manos espec o a las supues as mue es de sus pad es uese
des elado al lec o desde un p incipio, es ándose así al ela o al alicien e. El
ca ác e de sinies o Ta u o, seduc o y c iminal, que debió ene Paapis en su
es ancia en Ti o bien pudo es a acompañado, en sus engaños y ac os, de una co -
ina enigmá ica, engañosa pa a el p opio lec o . La echa p obable de es a no ela,
ce cana ya a la de aquiles Tacio, nos induce ambién a admi i es a posibilidad,
sob e odo si se es ablece una lógica elación con la p ác ica del engaño ex e no
po pa e de és e.
3. De Babiloníacas de Jámblico enemos ambién, además del esumen, una
se ie de agmen os, lo cual, en lo que aho a nos impo a, es ela i amen e su i-
cien e pa a conoce su ac i ud an e el mo i o de la mue e supues a, con e ida ya
de modo decidido en es a no ela en un ópico. su ei e ación debe in e p e a se
den o de la ue e endencia del au o al equí oco, que puede an ojá senos casi
iciosa, al como lo es el mo i o elacionable de la ecuen e con usión de pe so-
nalidades, sob e la base en pa icula de la exis encia de “dobles” y que a ec a a los
p o agonis as. Respec o a lo segundo, los edi o es s. a. s ephens y J. J. Winkle
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ecue dan dos posibles ejemplos pa alelos que son con incen es en di e so g a-
do: el pa Ca iclea-Tisbe, con el que e ec i amen e Heliodo o some e su ela o a
cie os equí ocos, y, en aquiles Tacio, la pa eja o mada po Calígone y Leucipa,
en que la con usión es mucho más limi ada y a ec a sólo angencialmen e a la
na ación10, y desde luego, debemos añadi , la que se da en la mue e apa en e
en el episodio de Fa o. Po lo demás, la iolencia y la mue e son elemen os que
acompañan de modo con inuo la pe secución a que son some idos los hé oes po
el ey Ga mo, cen o en su acoso y maldades, como Paapis, del ela o, si bien en
su caso con una ac uación gene almen e a a és de e ce os y a dis ancia. Y desde
luego hay in en os de suicidio y, po una ez, incluso conjun amen e de los dos
p o agonis as.
Si clasi icamos los da os o ecidos po Focio, encon amos en e ec o, en p i-
me luga , como una no a o iginal de Babiloníacas y un a gumen o con adic o io
con la esis ya ci ada de Billaul (c . I, § 2 y ci a bibliog á ica en n. 13), dos epi-
sodios que a ec an a ambos p o agonis as y que, al menos en el ex ac o, pa ecen
ene una excesi a semejanza: uno en el que son íc imas de la miel emponzoñada
(74a40-74b5)11 y o o cuando yacen como mue os en una umba (75a13 ss.). En
es os dos episodios la mue e apa en e es un ac o in olun a io, pe o e icaz con a
la pe secución, y se dan los elemen os ya conocidos de la ca e na y la umba12.
O o que ambién hemos encon ado y que e o na á en Heliodo o es el eneno, el
cual, cambiado opo unamen e po un somní e o, como en Jeno on e, lle a á a una
e ce a si uación de supues a mue e de los p o agonis as (75a24 ss.) y en la que
sí hay olun a iedad en el p e endido suicidio, pe o no pa icipación en el engaño
que lle a, po la acción del iejo So eco, a la bené ica sus i ución del eneno po
el somní e o. La olun a iedad pe o a la ez el deseo exi oso de engaña a o os se
dan en cambio en o o episodio, en el que haciéndose pasa po di un os los dos
hé oes a e o izan en una escena noc u na a sus pe seguido es (74b38 s.), lo que
nos ecue da un sucedido en Loliano que ya hemos ci ado (i, § 10) y esponde a
una de las adiciones de las his o ias de an asmas.
a es os cua o momen os que a ec an a los dos hé oes se añade o o en el que
ya es sólo sinónide el suje o de la mue e apa en e y se da un caso de suplan ación
de pe sonalidad, como en el de Fa o en aquiles Tacio y el de la pa eja Ca iclea-
Tisbe en Heliodo o: sinónide es c eída mue a en su es ancia en una posada al
10 Ancien G eek No els. The F agmen s (P ince on, N. J., 1995) 184.
11 seguimos la edición de R. Hen y de la Biblio eca de Focio en Les belles Le es, ii (Pa is
1960).
12 En el p ime pasaje el muy opo uno . 19 Hab ich especi ica que el engaño a cos a de los
pe seguido es se p oduce en la oscu idad noc u na (sko ai'oi), lo que nos da un e ce elemen o. Po
lo que se e ie e a la umba, los s. 24-26 acla an que se a a de una cons ucción con una pue a: los
pe seguido es po espe o a los supues os di un os no aspasan esa pue a, lo que acili a la con usión.
No es á cla o, po an o, que el . 27 pe enezca al mismo episodio, po cuan o se a a de un a o"
que no debe se pisado.
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MáxIMO BRIOsO sáNchEz
halla se un cadá e emenino medio de o ado po un pe o (77a29-b1 ss.). La
pe ipecia, basada en el equí oco y que, caso único conocido en el géne o, ecue -
da el pasaje o idiano de Pí amo y Tisbe, se amplía con su secuela de suicidios,
p e endidos o log ados. Un de alle ambién no edoso es el de la insc ipción del
sepulc o en la que Ródanes añade al de su amada su p opio nomb e de acue do con
su olun ad de suicida se.
El mo i o en Jámblico se da incluso con pe sonajes secunda ios, lo que
signi ica su desbo damien o, en e a la exclusi idad ípica po pa e de los hé oes
y sob e odo de la he oína en el géne o: en 74b42-75a1 ss. una doncella es lle ada
a en e a , pe o un “ iejo Caldeo”, es deci , un mago, e ela que es á ealmen e
i a. En odo caso, es e episodio, en apa iencia ma ginal, iene sus consecuencias
pa a los hé oes: la p o ecía del iejo sob e su des ino y el ap o echamien o de la
umba, ya acía y como hemos is o, po los esposos pe seguidos. Pe o aún pod ía
menciona se o o suceso muy pa icula y como in e sión de nues o mo i o: la
mad e del ya ci ado Tig is c ee que su hijo ha uel o a la ida, engañada po el
ex emado pa ecido con Ródanes (76a4 s.). El ecu so de los “dobles” es aquí la
azón de es e equí oco.
Jámblico hab ía, pues, plan eado una a iedad de si uaciones, lo que no pue-
de so p ende en el gene oso despliegue de pe ipecias de su no ela. Como ya
hicie a no a a. bo gogno13, en e al peso en la acción, con amplio alcance, que
suelen ene los episodios de mue e apa en e, siguiendo el modelo de Ca i ón, en
Jámblico es amos an e e ec os limi ados, como me os expedien es episódicos, lo
que es á en consonancia con el ipo de ela o en su conjun o. Y la p egun a que
aho a cabe hace nos es si al menos en alguno de es os casos el lec o e a seducido
engañosamen e po la alsa mue e. Nues a espues a, siemp e condicionada po
el p eca io conocimien o del ex o, es que casi odo lle a a pensa que no y que el
a amien o de los episodios se asemejaba más al de Jeno on e que al de un mu-
cho más a i icioso Aquiles Tacio. A esa suposición con ibuye un hecho que sin
emba go di e encia a Jámblico de Jeno on e: los a os dis anciamien os de sus dos
hé oes, lo que hace que a ios de los episodios de mue e apa en e a ec en a ambos
y ni siquie a den luga a o o engaño in e no que no sea a cos a de pe sonajes dis-
in os de los p o agonis as. sólo el del cadá e de o ado po un pe o o ece odos
los ing edien es pa a que pudie a da se ambién al engaño ex e no, pe o esa mis-
ma excepcionalidad nos pe mi e sospecha que no e a así. La linealidad del ela o
con ibui ía decisi amen e, po lo demás y como en Jeno on e, a esa simplicidad
in encional del au o , y con oda e idencia Jámblico ha supedi ado una posible
es a egia engañosa al e ec ismo de los sucesi os acon ecimien os. su p opensión
a ei e a el uso de los mo i os denuncia una inclinación olle inesca, poco aco de
con una sabia manipulación del lec o po medios menos supe iciales.
13 “sui Babyloniaca di Giamblico”, He mes 103 (1975) 101-126.
253
EL MOTIVO DE LA MUERTE APARENTE EN LA NOVELA GRIEGA ANTIGUA
4. Las posibilidades en la p esen ación del mo i o se amplían en los ela os
de aquiles Tacio y Heliodo o, que suponen sin luga a dudas los mayo es es ue -
zos pa a digni ica el géne o. Mue es apa en es como las de las he oínas de es os
dos au o es se espe a po supues o que se esuel an ambién elizmen e. Po con-
siguien e, las p egun as, pa a el lec o , aho a ya some ido al engaño ex e no, no
pueden se : ¿ eencon a emos a Leucipa o a Ca iclea con ida?, sino, de acue do
con el consabido ho izon e de las expec a i as del géne o14, ¿cuándo y cómo ol-
e emos a encon a a Leucipa o a Ca iclea po supues o i as? Pe o el g ado de
so p esa y de in iga, así como de posible espec acula idad, es mucho mayo que
en el “ ealismo” del ejemplo modélico de Ca i ón. Pe o no se a a sólo de que,
en e a lo que sucedía en és e, el lec o no pueda ya segui paso a paso el p oceso
de mue e ic icia a que se some e a un pe sonaje. En las dos alsas mue es que
e emos esceni icadas de Leucipa y en la de Ca iclea asis imos como lec o es a
una p esen ación amposa, des inada e ec i amen e a con undi ambién al lec o
y en e o os medios po unas opo unas lagunas na a i as que hacen que su in o -
mación sea con ecuencia muy in e io a la de cie os pe sonajes implicados. si
no exis ie an las leyes del géne o, según las cuales ni Leucipa ni Ca iclea pueden
mo i , el engaño pod ía se comple o, y quizás un lec o ex emadamen e ingenuo
sea en e ec o engañado y luego, cuando la he oína e o na a la ida no elesca, se
encuen e an ali iado como los pe sonajes amigos. sea como sea, mien as que
en un Ca i ón, en el que el ela o es á obje i izado, con una cabal explici ación y
en o den c onológico, el ni el de la so p esa es mínimo, casi ce o, en es as o as
dos no elas se nos so p ende y no in ecuen emen e con si uaciones inespe adas,
con una madu a ea alidad. a la elemen al p e ensión de emociona , de cau i a al
lec o con los sucesos que se p ecipi an a su encuen o de un modo lineal y ans-
pa en e ha enido a sus i ui la el a e basado en el manejo no ya del a gumen o
sino de la ama. incluso cuando la acción, al como en Jeno on e de É eso, pasa
de un p o agonis a al o o, el au o cuidaba que el episodio quedase ce ado y, así,
an ía, libe ada de la umba, a iba al pue o de alejand ía pa a se endida (3.9.1).
Y oda ía en un Jámblico aquella p e ensión podía lle a a la búsqueda de a ian-
es en un empleo epe i i o del mo i o. aho a el camino es di e en e: el de unos
episodios selec os que apa ecen ex ao dina iamen e bien in eg ados en los a i i-
cios de esa ama y a ec an al lec o de un modo no edoso. Es cie o que aquiles
Tacio en conc e o y a di e encia de Heliodo o pod á aún, como Jámblico, ei e a
el mo i o, pe o su elabo ación es siemp e mucho mayo . Y uno de los ing edien es
que con ibui á a es a nue a si uación es jus amen e su capacidad pa a en ol e
el mo i o en el humo , que se suma a esa e ien e engañosa que comen amos. El
14 Con a de lec u e es el exp esi o é mino que a.-M. boye (La pa ali é a u e [Pa is
1992], sob e odo 109 ss.) aplica a las expec a i as ípicas de las colecciones de no ela popula , pe o
que ienen, qué duda cabe, un alcance li e a io mayo .
260
MáxIMO BRIOsO sáNchEz
qui mène à la comédie” (203), ol ida que el mo i o en echas a días puede da -
se ambién sin isos de humo , según suponemos que ocu i ía en Jámblico y
sucede, po ejemplo, en el episodio de Fa o en aquiles Tacio, siendo oda ía así
has a cie o pun o en Heliodo o si nos limi amos en es e caso al hecho es ic o y
dejamos de lado sus secuelas. Y, po o a pa e y como hemos eco dado, el humo
como acompañan e del mo i o es aba ya en Ca i ón, si bien como una adhe encia
secunda ia, po lo que la dis inción es ablecida po billaul no ale como egla.
En ealidad, exis e una pe ec a compa ibilidad en e humo y pa e ismo. Y es
que o o asgo des acable y ambién po se común a los demás episodios más
d amá icos en aquiles Tacio es su g ado de iolencia, que a odas luces en a iza
la apa en e ealidad de la mue e y que a más allá de la asociación gené ica con
la mue e y la iolencia. Tal én asis equie e la pos e gación del iejo a amien o
ea al del mo i o como no icia, sin ep esen ación. Po ello no es un aza que los
casos p incipales se den como un ac o esceni icado y con una ex emada y po me-
no izada c ueldad que concen a aho a la igo osa ea alidad del espec áculo, al
da se en los dos casos más llama i os una con emplación o pe spec i a -na a i a
y isual- sólo a cie a dis ancia, con un oso o el ma como ba e as.
Esa c ueldad na a i a, que compa e con Jámblico y es muy posible que
igualmen e si ua a a aquiles Tacio en la línea de Loliano, con as a a su ez con
esa ena humo ís ica que ambién despliega, en plena cohe encia con la ónica
usual de su ela o. insis imos po ello en que es os di e sos ac o es deben oma se
siemp e en su no able mezcla, sin ol ida ninguno de ellos o des aca alguno des-
p opo cionadamen e sob e los demás. Y, sin emba go, no han al ado, como sabe-
mos, quienes hayan expues o una lec u a de la ob a de aquiles Tacio básicamen e
en cla e de pa odia, lo que signi ica ampu a o os aspec os igualmen e ele an es.
así, po ejemplo, en un lib o bien conocido de G. ande son22, en el que se leen
algunas e e encias a nues o ema, pe o muy diluidas en el ex o, mezcladas con
e lexiones sob e la i onía au o ial, la ea alidad, e c., y donde, po lo demás, se
apun a, como e a de espe a en un a amien o an selec i o, a aquellas si uaciones
que son más llama i as, se compa a el dis in o a o del mo i o de la mue e apa-
en e en Jeno on e de É eso y en Aquiles Tacio y, e i iéndose conc e amen e al
episodio del sac i icio i ual de Leucipa y su pos e io des elamien o, se nos dice:
“achilles howe e goes h ough wi h he whole business o dismembe men , o
he ex en o playing a c uel ick on he eade and ano he on he he oe, when
Menelaus p e ends o eassemble and sew up he co pse...” (24)23. Y billaul llega
a habla de “g and-guignol” y, una ez más, de “pa odie”, incluso de la exp esión
de “une concep ion amiliè e, sou ian e e op imis e de la mo e de son uni e s”
22 E os Sophis es. Ancien No elis s a Play (Chico, Ca., 1982). C . ambién M. Fusillo (que
u iliza el é mino “pas iche”), Il omanzo g eco. Poli onia ed e os (Venezia 1989) 98 ss.
23 C . ambién p. 27, sob e el mismo episodio.
261
EL MOTIVO DE LA MUERTE APARENTE EN LA NOVELA GRIEGA ANTIGUA
(203)24, lo que no nos pa ece con incen e y desde luego a más allá de los lími es
de nues o in e és aquí. Y ambién insis e en es e pun o Rea don en su ob a ci ada
(c . i, n. 13; 38). Pa a noso os el ing edien e de la humo ada ea al es muy des-
acado, y, en ello, es e au o o ma una pa eja con Heliodo o, pe o no hay duda
de que en ambos au o es se da una conciencia del géne o y una isión ya muy
madu a de és e que les pe mi en a amien os no elescos que pueden eco da el
que emplea Ce an es en muchos momen os de Don Quijo e. Es más, los episo-
dios de aquiles Tacio en que se da suplan ación son un an eceden e indudable del
que desa olla á Heliodo o con la con usión en e Tisbe y Ca iclea, si bien con
aspec os muy dis in os.
Po su pa e, Fusillo, que en su lib o ci ado pasa e is a al uso del mo i o en
aquiles Tacio (103 ss.), sub aya la elación en e esa se ialización de las mue es
apa en es y el humo con un p e endido apoyo en el peso que iene el au oma ismo,
aquí como epe ición, en la pe spec i a humo ís ica, como ue a p econizado ya
po H. be gson. Has a cie o pun o es o es cie o y las alusiones a las múl iples
mue es en el ex o pa ecen da le la azón. Pe o el no elis a se ha cuidado mucho
de da la sensación de al au oma ismo. Cada episodio es á pe ec amen e di e en-
ciado de los demás y al se ialización es sólo cues ión de can idad, no de calidad.
También en Jámblico exis e una se ialización en ese sen ido, pe o, según cabe de-
duci , sin el ing edien e humo ís ico. Y a la ez el humo se ei e a á en Heliodo o,
en el que no hay en cambio se ialización alguna.
aquiles Tacio, pues, se e ela en el a amien o de nues o mo i o, al igual
que en an os o os, como un no elis a ex emadamen e o iginal, los lími es de
cuyas inno aciones sólo pod íamos p ecisa con un mejo conocimien o de su
más o menos con empo áneo Jámblico. El hecho mismo de que no ecu a al ó-
pico del o áculo es una apues a a iesgada y que se des ía de una ieja adición
den o del géne o: es a ausencia y la pesimis a ac i ud del p o agonis a-na ado
an es de p ocede a su ela o (1.2.1) pod ían induci a algún lec o ingenuo a que,
con a las leyes del p opio géne o y como hemos comen ado ya (§ 4), imaginase
un desenlace nega i o. Lo que pod ía supone , po ejemplo, el emo de que alguna
de las mue es apa en es de Leucipa, como en los iejos ela os amo osos, y sob e
odo po anscu i un la go plazo has a su solución, pudie a con e i se en un in
eal. Pe o el humo y la au oc í ica ci ada, así como la exis encia de cie os sueños
(4.1) que de algún modo pa ecen sus i ui al posible o áculo al e e i se al menos
al u u o ma imonio de ambos p o agonis as, ha ían in e osímil ese desenlace
nega i o.
24 El au o emi e ahí en n. a su lib o Mo e écondi é dans les my hologies (Pa is, Les belles
Le es, 1986) 109-116.
262
MáxIMO BRIOsO sáNchEz
8. Po su pa e, Heliodo o, a di e encia de aquiles Tacio y al como hemos
eco dado, ecu e a la an igua guía ep esen ada po una p o ecía y que la no ela
he eda de géne os an ene ables como la épica o la agedia, y luego la ememo a
pa cialmen e en a ias ocasiones; sólo que, al con a io que un Jeno on e, la de-
mo a has a bien a anzada la na ación (2.35.5). También esca ima el núme o de
episodios ca alogables en elación con nues o mo i o, lo que esponde a la p opia
es uc u a de su ela o, menos ei e a i o y dado a amplios desa ollos. Po o o
lado, p esen a un episodio de apa ecidos (6.14 s.) que ya hemos eco dado (i, § 1)
y en el que segu amen e enemos el despliegue más lucido y a la ez más sinies-
o de la emá ica de los espec os cuando nos hace asis i a una escena de magia
neg a con la e ocación de un di un o25. Es a e ocación, que esul a alidada po la
inco po ación del cadá e y su don de palab a, nos impo a aquí sob e odo po que
si e de con i mación del eliz desenlace ya anunciado po el o áculo y epe ido
cada ez que la le a de la p o ecía se ei e a en el ex o, pe o, como episodio de
somb íos onos y como ejemplo didác ico, se acompaña de la adecuada admoni-
ción sob e las ías e adas del sabe . De nue o el con as e con aquiles Tacio, pe o
a la ez con su p opio episodio de la alsa mue e de Ca iclea, se hace pa en e al no
pe mi i se aquí el meno asgo de humo .
Episodios de mue e apa en e como ales en Heliodo o sólo hay, e ec i a-
men e, uno y és e a ec a de modo exclusi o a la he oína. Pe o es e único episodio
posee unas cualidades que lo ponen po lo menos a la al u a de los mejo es y
más complejos de aquiles Tacio. Ya el ma co espacial en que iene luga a ae la
a ención. Y es que la ca e na como escena io, que ya imos en Jámblico como
elemen o, iene es a ez una elación mucho más es echa con la mue e apa en e.
No es sólo un e en ual e ugio, sino la escena básica del mo i o, además de es a
do ada de la o iginal no a de a a se de una ob a a i icial, ab icada pa a ocul a
el bo ín de la banda de Tíamis (1.28.2). Es e espacio es compa ado ya po an i-
cipado con un sepulc o en el que la p o agonis a pa ece en e ada i a (1.29.4),
una compa ación que se á epe ida en boca de Teágenes: la cue a es una “ umba
imp o isada” (auj osce dion mnh'ma: 2.4.4) pa a Ca iclea y pa a él. Y no anscu e
mucho iempo has a que se p oduce en la oscu idad la con usión que lle a a que
Tíamis, con la p e ensión de p ese a de algo peo a su amada y guiado po su
p opia in e p e ación de un sueño, c ea habe ma ado a Ca iclea (1.30.7). En es a
si uación ambién se nos in o ma de que el p opio Tíamis e a obje o del umo
de que pod ía habe sido asesinado po su he mano (1.33.2), lo que supone un
ap o echamien o secunda io del mo i o. Po o a pa e, du an e un iempo se á
Tíamis el único en c ee en es a mue e de Ca iclea, pues o que pa a Teágenes, al
menos empo almen e, su in puede habe sido o o, con su cadá e consumido po
el uego en medio del campo de ba alla, lo que pe mi e el juego e ó ico en e las
25 C . ecien emen e C. Ruiz Mon e o, “Magic in he ancien No el”, en M. Machalis e al.
(eds.), The G eek and he Roman No el. Pa allel Readings (G oningen 2007) 38-56, especialmen e p.
43, con ci as bibliog á icas opo unas.
263
EL MOTIVO DE LA MUERTE APARENTE EN LA NOVELA GRIEGA ANTIGUA
an o chas nupciales y el incendio del campamen o de los bandidos (2.1.3). Cuando
Teágenes y Cnemón bajan a la cue a encon a án, en la oscu idad ( e o zada po la
an o cha apagada), a la supues a Ca iclea y end án una nue a y e ada c eencia:
la jo en ha sido asesinada, posiblemen e en la de ensa de su cas idad (2.3.3 s. y
4.2). La con usión p o ocada po es a suplan ación in olun a ia (no se a a de
Ca iclea sino de la secunda ia Tisbe) se en iquece así con es as di e sas pe spec i-
as sicológicas y mo ales. Esa in olun a iedad en la suplan ación no puede menos
de eco da a su ez a la de la anónima muje asesinada en el episodio de Fa o en
aquiles Tacio. se siguen po supues o los amagos de suicidio de Teágenes, p e i-
so amen e impedidos po Cnemón. Y, en cuan o a la eapa ición de Ca iclea i a,
se p oduce ambién de un modo en que la in iga iene su peso e incluso da paso al
ema de la (aquí alsa) apa ición de un mue o: p ime o desde las p o undidades de
la cue a se oi á su oz ( eco demos que una oz ambién guió la mano ejecu o a
de Tíamis), que Teágenes c ee ingenuamen e que es la de la mue a que le llama
desde Ul a umba, pa a descub i se de inmedia o que la di un a es la e an e Tisbe
y apa ece ya la p o agonis a en pe sona (2.5.2-6.3). sólo el aho a más p agmá ico
Cnemón se an icipa en adi ina que Ca iclea seguía con ida.
Heliodo o ha eliminado en es e episodio, si seguimos compa ándolo con los
de aquiles Tacio, el elemen o del plan engañoso, que enía en és e an o elie e:
del engaño sólo pe sis e la suplan ación, y és a, como en el suceso de la posada
en Jámblico, es un p oduc o de unas ci cuns ancias que conducen al equí oco.
a su ez, la suplan ación, apa e de in olun a ia y de no o ma pa e de un plan
amposo, es á acompañada, en e esas ci cuns ancias, de dos elemen os decisi os:
la oscu idad (en la cue a el que sea de noche pasa a se i ele an e) y el hecho de
que Tisbe hablase en g iego en el momen o en que Tíamis buscaba a Ca iclea. He-
liodo o ha sido cuidadoso en es os de alles, has a o ece un cuad o con incen e
en el que el único mis e io que pe du a es el de la so p enden e p esencia de Tisbe
en es e escena io, pa a la que sólo Cnemón posee una ela i a jus i icación, com-
plemen ada luego con los da os de la ablilla hallada sob e el cadá e (2.10) y con
la in o mación que más a de se nos da á sob e las andanzas de o o secunda io,
Te mu is (2.12.)26. Hay, pues, a la ez, una plena cohe encia en los po meno es,
que p opo cionan una cie a complejidad al episodio, así como una dosis de in iga
a cos a de pe sonajes y lec o es. Pe o la solución del equí oco no se demo a espe-
cialmen e, a di e encia ambién de lo que sucede en los episodios más señalados
de aquiles Tacio, y a la ez y pa alelamen e el episodio de Heliodo o equie e un
escena io muy limi ado, ambién a di e encia de lo que sucede en aquél.
Pe o Heliodo o ha eplan eado nues o mo i o añadiendo nue as posibilida-
des sicológicas. así, la con usión con Tisbe no se limi a a es e episodio. Más a de,
en 5.1.7, unas palab as de Nausicles la ein oduci án e en ualmen e pa a so p esa
26 El o o mis e io, el de la mo i ación de Tíamis pa a come e semejan e ac o, es á
pe ec amen e esuel o pa a el lec o , no así pa a los pe sonajes eunidos en la cue a (2.11.5).
264
MáxIMO BRIOsO sáNchEz
de Cnemón, que se sumi á en un ma de dudas: él la io mue a y aho a pa ece
que pueda es a i a. Unas palab as de Ca iclea con ibui án a e o za le esa idea
(5.3) y el na ado se e á obligado a da una la ga explicación sob e es e nue o
equí oco (5.8). sea como sea, el mo i o eapa ece, aunque sea subsidia iamen e,
pe o sin el d ama ismo del episodio p e io, y así, como ocu e en aquiles Tacio,
adquie e una densa capacidad de in luencia en la ama. Pe o, dis anciándose de
él en un caso como el del episodio de Fa o, Heliodo o ha dado un paso más en
esa in eg ación del mo i o en la ama al sus i ui a aquella anónima íc ima de
los secues ado es de Leucipa po un pe sonaje de elie e y de la ga ayec o ia
y p esencia en el ela o: la in igan e Tisbe. así, un indi iduo de apa ición me a-
men e ins umen al como es la p os i u a de aquiles Tacio pasa a se un ac o con
un papel p opio, con no escaso peso en la acción, y que además iene el in e és de
se as asado desde una dig esión (la del p ime ela o de Cnemón) al a gumen o
p incipal y con di e sas unciones: como e e en e con inuo de los p oblemas del
p opio Cnemón, como aman e de o os pe sonajes y, en in, como esa íc ima en
la suplan ación de la he oína. De es e modo y po di e sas ías el único empleo
p opiamen e dicho del mo i o en Heliodo o esul a sumamen e ico en sus de alles
y en su desa ollo.
9. En adelan e, en cambio, lo más usual es que el mo i o quede limi ado a
los emo es que se exp esan espec o a una posible pé dida del se amado. así, en
6.5.2, Ca iclea albe ga es os emo es espec o a un Teágenes que el lec o sabe que
es á solamen e cau i o. Del mismo modo, en 6.8.4, la jo en se cali ica de “ iuda”
con la exp esión de dudas semejan es (“si es que Teágenes es á i o” o, luego,
“si has mue o” ), con la p omesa de euni se con el amado, lo que na u almen e
signi ica en la mue e (6.8.6), a lo que Calasi is, en su deseo de con o a la, eplica
que piense en Teágenes, “que no que á i i si no es con igo” (6.9.3), odo ello de
acue do con p eceden es ya conocidos, y en especial de Jeno on e. Y oda ía una
a ian e del mo i o e o na cuando los dos enamo ados se p ome en mu uamen e
acep a la mue e (8.9.8).
Pe o aún debemos e e i nos a dos aspec os que, aunque en ono meno , no
dejan de ene algún elie e en el ela o. Uno se da en un episodio a dío (8.7 s.),
cuando la ieja Cíbele p e ende en enena a Ca iclea, pe o, po un cambio a o u-
nado y ya mencionado aquí de las copas, esul a se la des ina a ia del eneno27. En
ningún momen o se pasa más allá del emo de que Ca iclea sea la íc ima, pe o
Heliodo o ha e asado la explicación de la inespe ada mue e de Cíbele (8.9.3): en
cie o modo y sal adas las dis ancias, es amos an e una ei e ación de lo que ue el
episodio del inal de Tisbe, con una mue e in encionada que ye a su camino y po
27 Como nos ecue da opo unamen e M. Jones (“The Wisdom o Egyp : base and Hea enly
Magic in Heliodo us’ Ai hiopika”, Ancien Na a i e 4 [2005] 79-98), la con usión de pócimas, con
ecuencia como il os amo osos, no es a a en la li e a u a, incluida la g iega an igua (84, n. 29)
265
EL MOTIVO DE LA MUERTE APARENTE EN LA NOVELA GRIEGA ANTIGUA
an o con la ce canía a la a ian e de la mue e ic icia con suplan ación. En cuan-
o al o o aspec o, iene ambién el añadido del e aso en su solución, pe o que
a ec a al pe sonaje secunda io que es el ey Hidaspes y sólo muy ma ginalmen e
a la he oína, y po ello ampoco a añe apenas al desa ollo de la no ela. El ey ha
es ado con encido du an e la gos años de que la c ia u a que die a a luz su esposa
nació mue a, lo que na u almen e se á eco dado ce ca del desenlace (10.13.4:
c . 4.8.6). En es e caso el lec o no se e po supues o a ec ado po esa c eencia.
Pe o és a con ibuye, en e o os ing edien es, a que el desenlace se demo e en
un episodio de econocimien o de Ca iclea po pa e de sus pad es que Ca e ha
es udiado de enidamen e (c . i, n. 25; 17 ss.). La ex ensión de es e episodio de
econocimien o con as a a su ez con la b e edad del que se da en el eencuen o
de los p o agonis as an e los mu os de Men is (7.7.6 s.): pe o ahí no exis e emo
alguno ni c eencia en la mue e de ninguno de los dos. sólo el dis az de Ca iclea
plan ea la necesidad de al anagnó isis.
Es e iden e, pues, que en Heliodo o es amos an e una olun a ia es icción
del uso del mo i o, sob e odo si lo compa amos con sus inmedia os an eceso es
aquiles Tacio y Jámblico. Y no es sólo cues ión del núme o de episodios. Po
ejemplo, si no ol ida o ece nos la ípica asociación del amo obs aculizado y la
mue e, sí e i a en un pasaje como 4.11.3, donde Ca iclea exp esa su p e e en-
cia (an es que una boda con un p e endien e impues o la umba se ía deseable)
y pod ía habe se p oducido una dependencia mayo espec o a un Jeno on e, el
desa ollo de un episodio compa able al de és e. Y, po o o lado, al de ol e el
ela o a la oz en e ce a pe sona o na ado omniscien e, es és e y no un na ado
in oluc ado como lo e a Cli o on e el que puede ocul a nos la in o mación y po
an o el que p ocede a engaña nos como lec o es. Heliodo o ha uel o a una adi-
ción menos comp ome ida, en e al audaz paso dado po aquiles Tacio.
10. Pa a e mina , si quisié amos ex ae b e emen e algunas conclusiones
ele an es de nues o análisis, debié amos comenza po sub aya que, más allá
de de e minadas excepciones, son las he oínas las que, de acue do con la obse -
ación de billaul , desempeñan el papel decisi o en la p ác ica de es e mo i o y
sis emá icamen e como suje os pacien es. Pe o, mien as que en Ca i ón y oda ía
en un Jeno on e de É eso es amos an e ac uaciones inocen es, en el sen ido de que
p o agonis as como Calí oe o an ía nunca p e enden pasa po mue as ni menos
colabo an en un plan engañoso, lo que oda ía se epi e en an onio Diógenes y
Heliodo o, ya en Jámblico y en aquiles Tacio se combinan los casos en que la in-
olun a iedad es pa en e con o os, desde luego mino i a ios, en los que la mue e
apa en e es un ac o de ensi o olun a io y po an o pa e de un plan en el que la
supues a íc ima es una e icaz colabo ado a. Y, si dejamos de lado el papel de la
he oína, podemos habla de un plan engañoso sólo a pa i ambién de Jámblico y,
en cuan o a aquiles Tacio, ya en dos casos, que son jus amen e los más elabo ados
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MáxIMO BRIOsO sáNchEz
y espec acula es de su no ela, en an o que en el episodio de la cue a en Heliodo o
sólo puede habla se de una con usión, de un equí oco, pe o no de un plan p eme-
di ado, lo que no es obs áculo pa a que se dé igualmen e el engaño ex e no.
Tampoco en los au o es más an iguos se da una suplan ación, olun a ia o
no, en an o que és a sí se p oduce ya en Jámblico, como luego en aquiles Tacio y
en Heliodo o. Po o o lado, pe sis en los casos en que la alsa mue e es sólo ima-
ginada o depende de alguna no icia, po an o sin esceni icación, pe o es e iden e
que, en e a cie os episodios densamen e elabo ados y con ese ca ác e escénico,
aquéllos o os ienen un signi icado más me amen e uncional y secunda io. Pe o
es a di e sa ipología puede se u ilizada po un mismo au o , como se e pe ec-
amen e en el muy lexible Aquiles Tacio, en el que ambién, como en Jámblico, se
da un cie o abuso del mo i o, sin que y en la medida en que podemos juzga en el
segundo se caiga en un empleo o mula io. Un uso abusi o en e al que Heliodo o
eacciona con una posición mucho más conse ado a, con el e o no a un único
episodio p opiamen e dicho.
O o asgo di e encial es la p esencia o no del humo , que puede sua iza
el d ama ismo, al como emos sob e odo en aquiles Tacio y en Heliodo o, es
deci , en los no elis as que coinciden con la plena madu ez del géne o. aquiles
Tacio mues a, po su pa e, una g an maes ía en la a iedad de las si uaciones que
a on a y que p ác icamen e aba can casi odas las opciones posibles del mo i o:
no icia, suposición, ep esen ación de la p esun a mue e, y las do a de una capa-
cidad de in luencia en la ama nunca is a has a su momen o.
En in, es amos an e un mo i o que, es udiado en sus de alles y en su e olu-
ción, pa ece un pe ec o e lejo del p oceso po el que ha pasado el géne o no eles-
co en G ecia. No se a a sólo de que las mue es apa en es, como esc ibió billaul ,
“il s’en au qu’elles se essemblen ou es” (203). Dejada de lado la calidad de los
dis in os no elis as y el p oduc o que, con mayo o meno o iginalidad, han sabido
saca le a es e iejo mo i o de ascendencia básicamen e ea al, con su guía cabe
dis ingui e apas bas an e bien delimi adas en la his o ia del géne o, en pa alelo
con o os aspec os e olu i os has a aho a mejo es udiados. Una dis inción en que,
a al a de una mayo in o mación, el papel del au o de Babiloníacas y de aquiles
Tacio apa ece como decisi o. Y, en cuan o a Heliodo o, en pa e e o na a la sen-
cillez del a amien o de Ca i ón, con un único episodio, pe o a la ez desa olla,
jun o con el elemen o del humo , una densidad mayo en ese a amien o, en línea
con los episodios p incipales de aquiles Tacio.