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Es e ensayo a guye que a pesa de la opinión
ecnoc á ica que gene almen e niega su impo -
ancia, la a qui ec u a –en un sen ido his ó i-
co que in en a é de ini aquí b e emen e– es
c ucial pa a el bienes a humano. Un en o no
cons i uido únicamen e po p oduc os de con-
sumo a la moda, que hable simplemen e de p o-
cesos ecnológicos e icien es o de ideologías,
iene consecuencias ne as as pues con ibuye a
inculca un nihilismo que esul a en psicopa o-
logías colec i as: la ansiedad de no pe enece
a nada, de sen i que no podemos sen i y la
pe cepción de que el en o no es hos il y odos
nues os ac os son ú iles.
Es mi in ención es ablece algunos c i-
e ios pa a concebi una a qui ec u a capaz de
cons ui un mundo emo i o y con signi icados
ap opiados pa a esponde a los alo es cul u-
ARQUITECTURA Y MULTICULTURALISMO
HACIA UN ENTORNO SIGNIFICATIVO MÁS ALLÁ DE LA
GLOBALIZACIÓN Y LA FRAGMENTACIÓN CULTURAL*
Albe o Pé ez-Gómez
ales eales que exis en en el mundo co idiano,
donde con i en cul u as di e sas, un mundo
in e cul u al que pa ece homogeneizado po las
elecomunicaciones, pe o donde las di e encias
llegan a acen ua se como esul ado, pa adójico
pa a algunos, de la supues a anspa encia de
los medios.
Las conclusiones más in e esan es
en la neu obiología y las ciencias cogni i as
con empo áneas, apoyándose du an e los úl-
imos diez años en los descub imien os de la
enomenología de Edmund Husse l y Mau ice
Me leau-Pon y, han demos ado la impo ancia
del en o no pa a nues a conciencia.1 Nues a
men e no e mina en el c áneo: nues a cons-
1 E an Thompson, Mind in Li e (Camb idge MA: Ha a d
Uni e si y P ess, 2010); Al a Noë, Ac ion in Pe cep ion
(Camb idge, MA: MIT P ess, 2004).
*Esc i o como Ponencia Magis al pa a el 3e Fo o In e nacional de Mul icul u alidad en el Ins i u o Poli écnico Nacional,
Ciudad de México, 2013.
ASTRAGALO, 24 (2018)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 2469-0503
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.2018.i24.12
Doc o en A qui ec u a e His o ia P o eso McGill Canadá
ARQUITECTURA Y MULTICULTURALISMO. HACIA UN ENTORNO SIGNIFICATIVO ...
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ciencia es enca nada, dis ibuida en odo nues-
o o ganismo y és e es á, in a iablemen e
ubicado en un luga . En o as palab as, el sen-
ido de pe sonalidad con que nos iden i icamos
cada mañana al despe a , la p ime a pe sona
que somos como complejo de concep os y emo-
ciones –el se que p ime amen e sien e y luego
piensa– no sob e i i ía si nues o ce eb o uese
sepa ado de nues o cue po con sus sensacio-
nes sines ésicas y su kines esia o mo ilidad p i-
mo dial, conec ado con su ambien e a a és de
di e sas modalidades pe cep i as: la isión de
o igen ca esiano que nos o ecen las películas
de ciencia icción donde supues amen e la pe -
sonalidad de algún genio maligno sob e i e en
su ce eb o man enido a i icialmen e en una
bo ella de o mol es una o al alacia.
Es impo an ísimo po lo an o, ponde-
a la in luencia de los en o nos u banos y a -
qui ec ónicos, de su capacidad pa a da luga a
a mos e as ap opiadas, a mónicas o disonan es
pa a las acciones humanas, ya que son los am-
bien es u banos, en sus di e sas enca naciones,
en donde i e más del cincuen a po cien o de
la humanidad, o mando un sis ema donde las
dis inciones adicionales en e obje i idad y
subje i idad, cul u a y na u aleza, pie den su
sen ido. La conciencia explicada a a és de la
dualidad ca esiana que a guye una sepa ación
en e cue po (como en idad ísica ex e na) y
men e (como en idad espi i ual in e na) ha
sido ampliamen e cues ionada en la iloso ía
del siglo XX y más ecien emen e, en múl iples
abajos cien í icos.
La men e, como sensibilidad p imo -
dial, iene su o igen en la biología de la bac-
e ia unicelula , el p ime sis ema me abólico
au onómico, y en cuan o conciencia humana es
insepa able del en o no cul u al que la modi ica
e incluso con ibuye a la de e minación de su
des ino he edi a io (que no es ya a ibuible úni-
camen e a la bioquímica gené ica). El en o no
no sólo nos debe con i ma el signi icado que
nues o se biológico pe cibe como p opósi o
en o ma inmanen e, sino que, al unciona
co ec amen e, la elación con los lenguajes
que ca ac e izan nues as icas cul u as hu-
manas, nos debe e ela a a és de la emoción
y la azón, la iqueza de nues as idas, nues-
as espec i as iden idades y di e encias que
hacen posible la comunicación y nues o luga
como indi iduos en la sociedad. Es a simple
e lexión pone inmedia amen e en e idencia
la impo ancia de las p o esiones del diseño a
oda escala y e ela su c ucial dimensión é ica,
imposible de sepa a , como se piensa habi ual-
men e, de las cues iones es é icas.
En endida así, la a qui ec u a es c u-
cial. Un en o no banal cons i uido únicamen-
e po p oduc os de consumo a la moda, que
hable simplemen e de p ocesos ecnológicos
e icien es o de ideologías, iene consecuencias
ne as as pues con ibuye a inculca un nihilis-
mo que esul a en pelig osas psicopa ologías
colec i as: la ansiedad de no pe enece a nada,
de pe cibi incluso que no podemos sen i –que
nos es di ícil ama o lamen a la ausencia o la
pe dida de algún se que ido–; de que el en o -
no es hos il y nues os ac os son insubs ancia-
les, incluso i iales pa a noso os mismos y
nues as sociedades.
Sin p e ende se p esc ip i o, es posi-
ble es ablece algunos c i e ios pa a concebi
una a qui ec u a capaz de cons ui un mun-
do emo i o y dado con signi icados ap opiados
pa a esponde a alo es cul u ales eales que
ienen aún aíces en el mundo co idiano donde
con i en cul u as di e sas, un mundo in e cul-
Albe o Pé ez-Gómez
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u al que pa ece homogeneizado po las eleco-
municaciones, pe o donde, pa adójicamen e,
las di e encias llegan a acen ua se más como
esul ado de la supues a anspa encia de los
medios masi os de comunicación.2
La p oducción a qui ec ónica ecien e,
sob e odo aquella supues amen e de angua -
dia, gene almen e celeb a el uso de compu-
ado as pa a gene a o mas in e osímiles y
espacios inusi ados. Es a aplicación de la ec-
nología in o má ica en el diseño ha dejado a ás
su p ime a jus i icación u ili a ia como he a-
mien a pa a mejo a la e iciencia de la p oduc-
ción a qui ec ónica, y aho a se e legi imada
po la capacidad de las compu ado as pa a ge-
ne a o mas no edosas a pa i de algo i mos.
El esul ado, en cie o sen ido admi-
able, son edi icios con o mas nunca is as y
o almen e dis in as de nues as edi icacio-
nes o ogonales. Tales p oyec os a menudo se
alo an como me cancías po su capacidad de
a ae los dóla es del u ismo y consecuen e-
men e b o an como hongos en los cua o in-
cones del plane a. Es a inusi ada capacidad de
expe imen alismo o mal, siemp e en busca de
lo no edoso como obje o de consumo, capaz de
p oduci o mas o ogénicas gene almen e aso-
ciadas con algún supues o au o genial que ad-
quie e el es a us de es ella cinema og á ica, ha
con ibuido a deja de lado oda conside ación
é ica en el p oyec o a qui ec ónico.
La a ención hacia p eceden es his ó icos
y a las condiciones opog á icas y cuali a i as
del luga donde echa é aíces el u u o edi i-
cio, c uciales pa a log a a a és del p oyec o
un en o no signi ica i o, pa icula men e en
lo que concie ne a la dimensión espacial de la
2 Gianni Va imo, The T anspa en Socie y (Bal imo e MA:
John Hopkins Uni e si y P ess, 1992).
conciencia enca nada c is alizada en los hábi-
os cul u ales y las na a i as locales, no jue-
ga ningún papel en es e ipo de p ác icas que
hacen gala de su manipulación de los medios
de comunicación, y p ecisamen e po esa azón
se dan ecuen emen e como modelos a segui
pa a las nue as gene aciones de a qui ec os.
Algunas de las jus i icaciones ilosó icas
más so is icadas que se a guyen pa a es e ipo de
p ác ica in ocan su o igen en la obje i idad de
las ma emá icas y el ins umen alismo ecnoló-
gico. Es absolu amen e pa adójico, incluso con-
adic o io, que la jus i icación de es os p ocesos
de diseño se apoye en el supues o deseo de e i a
la subje i idad del a qui ec o: las asociaciones de
la a qui ec u a con el pode , la au o-indulgencia
en azón del a e y el con ol polí ico.
El esul ado se ía en p incipio equi a-
len e a un idioma uni e sal, a un espe an o a -
qui ec ónico capaz de habla elocuen emen e
a odo se humano y de o ece nos luga es í-
idos pa a nues o habi a , sin impo a nues-
o di e so o igen cul u al. En nues o mundo
pos -colonial es a posición se p esen a como
una posibilidad é ica que se ía ap eciada po
cualquie a. Sin emba go, como a a é de ha-
ce e iden e a lo la go de es e ensayo y en is a
de o as al e na i as, es impo an e econoce
que se a a aquí del mismo ideal allido que su-
b aya odo el mode nismo a qui ec ónico y sus
p esuposiciones eó icas desde sus inicios en el
siglo XIX. La supues a obje i idad de los p oce-
sos, ya sea el uncionalismo o el pa ame icismo,
excluyendo a la imaginación he menéu ica: el
a qui ec o o ien ado a a és del lenguaje his ó-
ico y na a i o, no es sino una ó mula pa a la
exclusión de una e dade a posición é ica.
Hoy en día las di e sidades cul u ales y
egionales se pe ciben más cla amen e que du-
ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503
ARQUITECTURA Y MULTICULTURALISMO. HACIA UN ENTORNO SIGNIFICATIVO ...
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an e la p ime a mi ad del siglo XX. El esul ado
en cie o modo inusi ado de la p oli e ación de
los medios globales de elecomunicación, es que
en ez de p omo e una simple homogeneiza-
ción, han con ibuido a e ela la p esencia de
múl iples y di e sas cul u as cuyos alo es se
conse an y que esul an más genuinos incluso
que las ideologías de las es uc u as polí icas
nacionales que las incluyen.
Hoy, po ejemplo, comp endemos con
cla idad y alo izamos la complejidad de las
múl iples cul u as mesoame icanas en el o i-
gen de México, una si uación muy di e en e a la
que impe o du an e la mayo pa e del siglo XX,
después de la Re olución. La imposición del cas-
ellano en p og amas de educación uni e sal es
un caso bien documen ado. En la escuela se im-
pa ía una his o ia polí ica pa cial y simplis a,
si no dis o sionada, a guyendo, po ejemplo,
que el o igen de México e a un supues o impe-
io Az eca: pa adójicamen e una ab icación de
los españoles que impusie on su óp ica a lo que
encon a on en el Nue o Mundo.
Además de la impo an e alo ización
de las di e sidades cul u ales, hoy día las ins i-
uciones p opias de la mode nidad –como el Es-
ado-Nación que ue esul ado del pensamien o
de la ilus ación y de la Re olución F ancesa–
es án en c isis. Gio gio Agamben explica cómo,
en azón de la alo ación de los de echos hu-
manos uni e sales p omulgados a p incipios
del siglo XIX, pa adójicamen e es as naciones
nues as, incluso las más democ á icas, uncio-
nan con écnicas ep esi as no dis in as unda-
men almen e de un campo de concen ación.3
Es con es a conciencia que debemos con-
on a las p egun as más esenciales en cuan o
3 Gio gio Agamben, Homo Sace : So e eign Powe and Ba e
Li e (S an o d CA: S an o d Uni e si y P ess, 1998).
que cons i uye una p axis a qui ec ónica ap o-
piada pa a nues as complejas cons elaciones
cul u ales. Es as cues iones no pueden se ne-
gociadas po una a qui ec u a esul an e de la
me a inno ación o mal gene ada po algún
sis ema pa amé ico. En o as palab as, no po-
demos ni debemos da po hecho que la mul-
icul u alidad esul e necesa iamen e en una
homogeneización y que és a sea mejo se ida
po la ins umen alización ecnológica.
Es incues ionable que el mundo globa-
lizado del In e ne sugie e nue as o mas y
p og amas pa a el habi a . Sin emba go, es as
o mas y p og amas nunca apa ecen emancipa-
das de algún con ex o polí ico donde ingie e la
conciencia enca nada, siemp e con aíces his ó-
icas locales. Aun cuando el uso de pa áme os
digi ales puede concebi se como una posibi-
lidad pa a supe a los iejos deba es es ilís i-
cos, las ciudades sin je a quía, de e minadas
simplemen e po la ci culación, semejan es a
algún colmena con p opo ciones humanas, no
o ecen más posibilidades de mejo a nues a
condición humana que las amas o ogonales
del mode nismo he oico de 1920.
Cada día el In e ne nos o ece imágenes
de edi icaciones no edosas que apa en emen e
mani ies an una a qui ec u a en e e escencia
y que, sin emba go, más allá de la no edad y
su alo me can il, gene almen e igno an sus
espec i os con ex os ísicos y cul u ales y la
p imo dial dimensión de la expe iencia en-
ca nada. Debemos siemp e eco da que los
edi icios, en cuan o expe iencia i ida, no son
imágenes o og á icas.
Los p ocesos ins umen ales de diseño
en la a qui ec u a, desde los mecanismos de
composición uncional he edados del siglo XIX
al so wa e del ipo con a ado po la nue a
Albe o Pé ez-Gómez
- 181 -
angua dia, hoy se emplean sin ningún sen i-
do c í ico po odo el plane a, pa icipando a
menudo inconscien emen e en un mismo sis-
ema de alo es. Debemos eco da aquí que la
ecnología mode na occiden al (hoy uni e sal)
no es una ope ación lib e de alo es. Su exi-
oso con ol del medio ambien e depende de
una educción de la na u aleza –aquella pa e
undamen al de nues o en o no que los se es
humanos no hemos c eado– a me os ecu sos
ma e iales, supues amen e dados al homb e
pa a su explo ación.
Sus ope aciones, que asociamos no mal-
men e con las iun an es e oluciones indus-
iales de los úl imos dos siglos, se undan en
la c eencia de que las ma emá icas son el e -
dade o lenguaje uni e sal, la g amá ica de la
ciencia aplicada. En nues a disciplina es o se
hace e iden e en los p oduc os de una indus ia
de la cons ucción in e nacional impulsada po
alo es ecnológicos, po so wa e como Re i y
po los impe a i os de la economía.
A pesa de es as suposiciones dominan-
es, es impo an e obse a que exis e una dis-
ancia insal able en e las ma emá icas (como
supues o idioma uni e sal) y los idiomas hu-
manos que nues a especie habla en o ma co-
idiana y que cons i uyen el pun o de pa ida
de odo sis ema simbólico.4 Es a e lexión es de
g an impo ancia pa a en ende las posibles ca-
ac e ís icas de una a qui ec u a que esponda
a las cul u as y sea capaz asimismo de comuni-
cación más allá de lo local.
La inc eíble di e sidad de idiomas pa a
una humanidad única, pa a una misma especie
4 Sob e el lenguaje e Geo ge S eine , A e Babel (Chicago
IL: Uni e si y o Chicago P ess, 1989) y Mau ice Me leau-
Pon y, The P ose o he Wo ld (E ans on IL: No hwes e n
Uni e si y P ess, 1991), p. 5 .
biológica, es uno de los enigmas undamen-
ales de la cul u a humana. En es o el animal
humano es o almen e dis in o de o as espe-
cies animales que poseen di e sas capacidades
de comunicación, pe o siemp e especí icas y
gene almen e uní ocas. Exis en miles de len-
guas humanas en nues o plane a (5000 has-
a el siglo pasado– hoy como 3500), a menudo
compa iendo la misma geog a ía y algunas a
no más de unos pocos kilóme os de dis ancia
en e ellas. Es a di e sidad y cons an e plas ici-
dad de los idiomas humanos cons i uye nues a
e dade a posibilidad de comunicación.
Debemos en a iza que la di e encia es
p ecisamen e la que nos pe mi e comunica-
ción, y no la iden idad. Me leau-Pon y esu-
mió así es a apa en e pa adoja: El algo i mo, el
p oyec o de un lenguaje uni e sal, cons i uye una
e olución en con a del lenguaje na u al.5 En sólo
dos siglos, el mundo ha pe dido ce ca de 2000
idiomas y muchos más se encuen an en ías
de desapa ece . Es o ep esen a una conmo-
ción en nues o mundo cul u al de una magni-
ud a a ez sondeado.
El lenguaje, debemos eco da , es co-ex-
ensi o con el se , el lenguaje es cul u a, nues-
a humanidad es á inex icablemen e ligada
con nues o se lingüís ico, la imaginación y
la a qui ec u a no pueden ope a ue a de es e
ámbi o. Cada a iculación lingüís ica dis in a
iene la capacidad de e ela en di e sos é mi-
nos la iqueza del en o no y nues o p opósi o
como se es humanos en is a de nues as p e-
gun as más undamen ales, y oda a iculación
lingüís ica iene la capacidad de se aducida.
En e ec o, después de eco da nos la impo an-
cia de la di e sidad lingüís ica, Geo ge S eine
5 Me leau-Pon y, ibid., p.5.
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ARQUITECTURA Y MULTICULTURALISMO. HACIA UN ENTORNO SIGNIFICATIVO ...
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o ece una e lexión p o unda sob e las posibi-
lidades de la aducción.6
La aducción no sólo es posible, sino
que es de hecho cen al pa a la comunicación
humana. Incluso den o del mismo idioma que
compa imos en el habla co idiana, aducimos
las palab as de los demás en nues os p opios
é minos, lo que nos pe mi e comp ende . Sin
emba go, y es o es lo impo an e, sólo la poesía
(la me á o a) aduce emociones y concep os
uni e sales, e dade amen e anscul u ales,
aun cuando pa a aduci la poesía es menes-
e e-esc ibi la. Los idiomas humanos son, po
de inición mul i- ocales, o iginalmen e me a-
ó icos. En con as e, el lenguaje algo í mico
de la ecnología y la ecno-polí ica es uní oco,
aun cuando podamos a güi di e encias egio-
nales supe iciales.
Todo es o no signi ica que debemos
e i a las he amien as ecnológicas en la
gene ación de la o ma a qui ec ónica. Po el
con a io, debemos u iliza las plenamen e y
en ende sus posibilidades: la na u aleza de la
imagen ecnológica al y como la desc ibe Vi-
lem Flusse , pe o con un e dade o sen ido c í-
ico, comp endiendo que al se gene adas po
mecanismos (químicos o digi ales) es ablecen
una dis ancia con el mundo de la pe cepción al
que ecuen emen e p e enden educi , que en
las disciplinas del diseño es menes e econci-
lia con nues as in enciones a a és del len-
guaje co idiano.7
En nues a disciplina que nos llama a
o dena el en o no humano, a mani es a los
alo es de lo bello y lo jus o, el lenguaje debe
6 S eine , op. ci .
7 Vilem Flusse , Towa ds a Philosophy o Pho og aphy (Lon-
don: Reak ion, 2007).
man ene su p io idad. Es o signi ica que el
a qui ec o debe se capaz de a icula su posi-
ción polí ica y ilosó ica en elación al p oyec o,
pa icula men e en las si uaciones o dina ias
en las cuales las he amien as dic an de ma-
ne a implíci a sus implemen aciones de o den
ins umen al, ya sean o males o uncionales
y ienden a igno an alo es cul u ales. Es nues-
a esponsabilidad imagina cómo nues o
p oyec o es una p omesa pa a el bien común
y los alo es enca nados po las ins i uciones
son nues a esponsabilidad ¿Es jus o, po
ejemplo, diseña una p isión cuando quizás
los ca cele os son más noci os pa a la sociedad
que los supues os c iminales? Den o de un
ma co ecnológico es as p egun as pa ece ían
ilegí imas: la única posibilidad supues amen e
legí ima pa a la a qui ec u a se ía acep a la
comisión de algún gobie no c iminal o alguna
co po ación y concebi se exclusi amen e como
un medio de cons ucción e icaz. An es de con-
clui con una mayo especi icación del ca ác e
de es e lenguaje necesa io pa a una p ác ica
a qui ec ónica capaz de conjuga lo bello y lo
jus o, pe mí aseme o ece o as p ecisiones
impo an es pa a e i a malen endidos.
Es impo an e eco da que la ealidad
mani ies a de la a qui ec u a a lo la go de la
his o ia de la ci ilización es muy compleja. La
a qui ec u a no es ácil de comp ende como
si uese un p oduc o de la na u aleza, capaz de
exhibi una esencia más o menos cons an e a lo
la go de los siglos. En gene al la a qui ec u a se
ha mani es ado de di e sas mane as en di e sos
momen os his ó icos, aun cuando es posible a -
gumen a que la disciplina, en sus mejo es ejem-
plos, da sen ido a la condición humana, la cual
nos pide en en a nos siemp e a las mismas
cues iones undamen ales pa a da azón de
Albe o Pé ez-Gómez
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nues a mo alidad y a la posibilidad de ans-
cendencia cul u al que nos ab e el lenguaje.
Las soluciones, sin emba go, son siem-
p e di e sas y han cambiado en muchas cul u-
as y a a és de la his o ia. Hoy, po ejemplo,
se iende a asocia la a qui ec u a con las Be-
llas A es, pe o en e dad es a ca ego ización
da a únicamen e del siglo XVIII, y no es muy
cons uc i a a menos que se ede ina el con-
cep o mismo de a e más allá de una es é ica
o malis a. En e ec o, y es o es lo que me im-
po a en a iza : la adición más p o unda de
la a qui ec u a en nues a ci ilización huma-
na no comp ende simplemen e una colección
c onológica de edi icios cuyo signi icado uese
delei a nos po medio de alguna supues a con-
emplación es é ica.
Es a concepción mode na ue solo
acep ada a pa i del siglo XIX, conjun amen-
e con los pos ulados del uncionalismo: la
idea de que el a qui ec o debía desen ende se
de la in encionalidad exp esi a, y desacoplan-
do la a qui ec u a del lenguaje, debía esol e
simplemen e el p oblema de la dis ibución en
plan a del edi icio pa a que el esul ado e elase
au omá icamen e su ca ác e como un signo.8
Es e es el p ime momen o en que la eo-
ía se esuel e en un pu o ins umen o, en una
ece a aplicable, y la his o ia que se cons uye
pa a acompaña la se p esen a ya sea como una
colección de ipos edilicios uncionales, cuyos sis-
emas o namen ales son con ingen es y simple
cues ión de moda,9 o como una secuencia p og e-
si a de diseños es uc u ales cada ez más acio-
8 Jean-Nicolas-Louis Du and, P écis des leçons d’a chi ec u e
(Pa is, 1819).
9 Du and, Recueil e pa allèle des édi ices de ou gen e, anciens
e mode nes (Pa is, 1800)
nales y e icien es,10 ambas e siones o ien adas
hacia el u u o que es la u opía ecnológica.
Si algo podemos a i ma en gene al es
que la a qui ec u a en sus di e sas enca nacio-
nes his ó icas ha sido un hace poé ico capaz
de e ela concep os y emociones uni e sales
asociada a los o igines mismos de nues as
sociedades, pe o siemp e a a és de mani es-
aciones especí icas eme gen es de una cul u-
a pa icula . A lo la go de a ios milenios la
a qui ec u a ha sido capaz de o ece a la hu-
manidad un sen ido de o ien ación exis encial:
mucho más que algún me o place o la solución
a alguna simple necesidad de o den p ác ico
(como el ab igo de los elemen os).
Pe mí aseme, en is a del camino eco-
ido, epe i lo ob io: nues o mundo ecno-
lógico duda ecuen emen e de la impo ancia
de la a qui ec u a. Se p e ende que lo único que
impo a en el mundo cons uido es su uncio-
nalidad, su sen ido p ác ico y más ecien emen-
e, con on ando un mundo cuyos sis emas
ecológicos es án en c isis, su sus en abilidad
en endido es o, en la mayo ía de los casos, como
una simple mayo e iciencia. Es as concepcio-
nes son muy limi adas, y no lle an, como he
suge ido, sino al empob ecimien o del en o no
con consecuencias ne as as pa a nues a sensi-
bilidad colec i a.
Nues os sueños, donde apa ece e-
cuen emen e en o ma pa en e lo más signi ica-
i o en nues a expe iencia pe sonal, equie en
de luga es ca gados emo i amen e. Debemos
ap ende a alo iza ales e elaciones, como
lo han hecho ma a illosamen e los a is as,
cineas as, no elis as y poe as de múl iples
10 Jean Rondele , T ai é Théo ique e P a ique d l’A de Bâ i
3 ols. (Pa is, 1830) y Augus e Choisy, L’a de bâ i chez les
omains (Pa is, 1873).
ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503
ARQUITECTURA Y MULTICULTURALISMO. HACIA UN ENTORNO SIGNIFICATIVO ...
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cul u as. Los edi icios en nues o en o no dan
luga , li e almen e, a nues o pensamien o y a
nues a imaginación. Incluso el llamado espa-
cio digi al que apa ece en nues as pan allas
no nos esul a ía in eligible si no uésemos p i-
me amen e conciencias enca nadas, mo ales y
au onómicas, ap io i en aizadas en el mundo a
a és de la di eccionalidad e in encionalidad
mo o a del cue po negociando su peso con la
g a edad del plane a. La nue a ciencia cog-
ni i a y la neu o- enomenología demues an
cómo incluso la misma pe cepción isual no es
educible a la imagen (si en endemos po es o
una analogía con la o og a ía). Tampoco la
imaginación (las imágenes men ales) iene el
ca ác e de o og a ía, con a iamen e a los su-
pues os más adicionales sob e la pe cepción
que p e endían explica nues a isión de al a
de inición como dada simplemen e en la e ina.
La imagen e inal es en ealidad muy de ec uo-
sa. La pe cepción nunca es me a pasi idad: es
acción en el espacio i ido y odo signi icado
depende de es a condición p ime a.
Es po eso que Me leau-Pon y puede
a i ma que la p o undidad dada en nues a
pe cepción on al es p ima ia y no simple-
men e una de es dimensiones geomé icas
análogas.11 Po an o, podemos conclui que el
espacio a qui ec ónico es la p o undidad sig-
ni ica i a, econocido a a és de la his o ia
en los a e ac os p oducidos po a qui ec os y
a is as di e sos, como una pin u a china, una
minia u a pe sa o una pin u a enacen is a; un
emplo g iego o una pi ámide ol eca, an he e-
ogéneos como nues as cul u as y en los que,
sin emba go, nos es dado econoce el sen ido
de lo humano.
11 Me leau-Pon y, The P imacy o Pe cep ion (E ans on IL:
No hwes e n Uni e si y P ess, 1964).
La a qui ec u a cumple su misión cuan-
do la expe iencia espacial que enma ca esuena
con el enigma de nues a ealidad cul u al que
nos da sen ido, cuando se e ela como el espa-
cio del deseo que nos pe mi e encon a nos en
casa, al iempo que pe manecemos incomple os
y abie os a nues a mue e pe sonal. Como lo
ha dicho cla amen e Flusse , en nues o mundo
mul icul u al podemos a güi que no necesi a-
mos ya más de la casa en el sen ido alemán de
Heima que se e ie e a sus aíces en un nacio-
nalismo é nico, pe o siemp e necesi a emos de
un hoga , de un luga pa a habi a (Wohnung)
y que es in a iablemen e espacio público pa a
nues a conciencia co po al: mucho más que un
simple domicilio pe sonal o nues as coo dena-
das elec ónicas.12
La a qui ec u a e ela su p eeminencia
cul u al al hace isible un o den en o ma de
imagen poé ica en el sen ido de Oc a io Paz, lo
que implica la econciliación de los opues os y
el econocimien o y mani es ación de nues os
lími es, an o pe sonales como cul u ales, an-
o ísicos como men ales.13 Paz ha demos ado
asimismo cómo la me á o a o imagen poé ica
dondequie a que se mani ies e es el luga más
ap opiado pa a nues a necesa ia pe cepción
de lo sag ado en un mundo o almen e lib e de
dogma ismos eligiosos.
Es así que los p oduc os de una e da-
de a a qui ec u a son necesa iamen e dis in os
de las cons ucciones p oducidas po una men-
alidad ecnoc á ica, más o menos sus en ables
pe o que al inal de cuen as, como la p e endida
economía global que las engend a, nunca eco-
12 Flusse , W i ings (Minneapolis MN: Uni e si y o
Minneso a P ess, 2007).
13 Oc a io Paz, El A co y la Li a (México: FCE, 1967).
Albe o Pé ez-Gómez
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nocen lími es y se p oyec an en unción de un
c ecimien o impe u bable p esuponiendo el in-
ini o como si és e exis ie a en nues a ealidad
adical, que es la ida humana. A di e encia de
la a qui ec u a que nos hace pa en e el espacio
incomple o del deseo que enemos que negocia
con p udencia y sin a e amien o, la cons uc-
ción ecnológica p ome e la elicidad y el place
de alguna comodidad absolu a, la supues a cul-
minación del deseo a a és del consumo.
A un ni el más pe sonal, es imp escin-
dible en ende que pa a cul i a nues a i ali-
dad el deseo no debe obje i a se, que nues as
obsesiones son pelig osas y nos oban nues a
capacidad de en a en con ac o con el p opósi-
o inmanen e de la ida misma, nues a única
posibilidad de placidez en un mundo secula i-
zado que no puede depende del más allá pa a
e ela nos su sen ido úl imo.
Así, podemos a gumen a que, en p i-
me luga , la a qui ec u a no comunica un
signi icado pa icula , sino más bien da la posi-
bilidad de econoce nos comple os en nues a
ape u a exis encial, en a monía con un en o -
no emocional e in elec i o, a in de habi a poé-
icamen e sob e la ie a y ac ualiza nues as
capacidades humanas a a és de la acción. Y
como he suge ido, es a condición no se ha dado
a a és de la his o ia sólo en edi icios. En la
adición eu opea, po ejemplo, los p oduc os
de la a qui ec u a incluyen los daidala de la
an igüedad clásica, a e ac os de muy di e so
o den desde a mas de ensi as como el caballo
de T oya o el escudo de Aquiles, has a emplos
a caicos, o mados po pa es bien a iculadas
que p oducen ma a illosos e ec os luminosos
y auma ú gicos; los elojes sola es capaces de
p opo ciona o ien ación a la ciudad con es-
pec o a las inmu ables di ecciones ca dinales y
las máquinas mimé icas del cosmos nomb adas
po Vi ubio en su a ado, además de los edi i-
cios desde luego, como las es mani es aciones
de la disciplina.
Pa e de esa amplia adición son los
ja dines y la a qui ec u a e íme a de la época
ba oca, y du an e la mode nidad, además de
las ob as impo an es de g andes a qui ec os
como Le Co busie , Lewe en z, Ba agán, Sca -
pa, Shi ai, y Zum ho , en e o os, ob as que de
acue do con las de iniciones suge idas esis en
una educción a la condición de edi icios p ag-
má icos o de simple eje cicio es é ico, incluyen
asimismo los p oyec os eó icos, a la ez poé i-
cos y c í icos, en una genealogía inaugu ada po
Pi anesi que cues iona la ca ego ización ígida
sepa ando la a qui ec u a de o as disciplinas
a ís icas y que incluye a Ledoux, o más ecien-
emen e, a John Hejduk, y c ucialmen e, la ob a
de o os géne os a ís icos mono y mul idisci-
plina ios capaces de e ela una p o undidad
signi ica i a al habi a .
El sen ido comunicado po la a qui ec-
u a no es sólo de equi alencia semán ica, como
un signo, sino que se p oduce en la expe iencia,
y como odo poema e ela un signi icado inse-
pa able de la expe iencia del poema mismo. Tal
sen ido nunca es c eado po algún au o de la
nada, sino que iene sus aíces in a iablemen e
en la cul u a. Es siemp e ci cuns ancial y, como
expe iencia i ida, no es posible obje i a lo, se
da como espacio empo alizado en un p esen-
e espeso, como la pe cepción de una melodía
que incluye ambién las no as pasadas y las po
eni . Análogo a un e en o e ó ico, desbo da
cualquie pa á asis educ i a, ab uma al es-
pec ado -pa icipan e y iene la capacidad de
cambia le la ida al a ec a su sensibilidad más
ín ima (ese sen i i al y emo i o que nos hace
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