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Arquitectura y multiculturalismo: hacia un entorno significativo más allá de la globalización y la fragmentación cultural

Pérez Gómez, Alberto

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- 177 - Es e ensayo a guye que a pesa de la opinión ecnoc á ica que gene almen e niega su impo - ancia, la a qui ec u a –en un sen ido his ó i- co que in en a é de ini aquí b e emen e– es c ucial pa a el bienes a humano. Un en o no cons i uido únicamen e po p oduc os de con- sumo a la moda, que hable simplemen e de p o- cesos ecnológicos e icien es o de ideologías, iene consecuencias ne as as pues con ibuye a inculca un nihilismo que esul a en psicopa o- logías colec i as: la ansiedad de no pe enece a nada, de sen i que no podemos sen i y la pe cepción de que el en o no es hos il y odos nues os ac os son ú iles. Es mi in ención es ablece algunos c i- e ios pa a concebi una a qui ec u a capaz de cons ui un mundo emo i o y con signi icados ap opiados pa a esponde a los alo es cul u- ARQUITECTURA Y MULTICULTURALISMO HACIA UN ENTORNO SIGNIFICATIVO MÁS ALLÁ DE LA GLOBALIZACIÓN Y LA FRAGMENTACIÓN CULTURAL* Albe o Pé ez-Gómez ales eales que exis en en el mundo co idiano, donde con i en cul u as di e sas, un mundo in e cul u al que pa ece homogeneizado po las elecomunicaciones, pe o donde las di e encias llegan a acen ua se como esul ado, pa adójico pa a algunos, de la supues a anspa encia de los medios. Las conclusiones más in e esan es en la neu obiología y las ciencias cogni i as con empo áneas, apoyándose du an e los úl- imos diez años en los descub imien os de la enomenología de Edmund Husse l y Mau ice Me leau-Pon y, han demos ado la impo ancia del en o no pa a nues a conciencia.1 Nues a men e no e mina en el c áneo: nues a cons- 1 E an Thompson, Mind in Li e (Camb idge MA: Ha a d Uni e si y P ess, 2010); Al a Noë, Ac ion in Pe cep ion (Camb idge, MA: MIT P ess, 2004). *Esc i o como Ponencia Magis al pa a el 3e Fo o In e nacional de Mul icul u alidad en el Ins i u o Poli écnico Nacional, Ciudad de México, 2013. ASTRAGALO, 24 (2018) A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA A icle, ISSN 2469-0503 h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.2018.i24.12 Doc o en A qui ec u a e His o ia P o eso McGill Canadá ARQUITECTURA Y MULTICULTURALISMO. HACIA UN ENTORNO SIGNIFICATIVO ... - 178 - ciencia es enca nada, dis ibuida en odo nues- o o ganismo y és e es á, in a iablemen e ubicado en un luga . En o as palab as, el sen- ido de pe sonalidad con que nos iden i icamos cada mañana al despe a , la p ime a pe sona que somos como complejo de concep os y emo- ciones –el se que p ime amen e sien e y luego piensa– no sob e i i ía si nues o ce eb o uese sepa ado de nues o cue po con sus sensacio- nes sines ésicas y su kines esia o mo ilidad p i- mo dial, conec ado con su ambien e a a és de di e sas modalidades pe cep i as: la isión de o igen ca esiano que nos o ecen las películas de ciencia icción donde supues amen e la pe - sonalidad de algún genio maligno sob e i e en su ce eb o man enido a i icialmen e en una bo ella de o mol es una o al alacia. Es impo an ísimo po lo an o, ponde- a la in luencia de los en o nos u banos y a - qui ec ónicos, de su capacidad pa a da luga a a mos e as ap opiadas, a mónicas o disonan es pa a las acciones humanas, ya que son los am- bien es u banos, en sus di e sas enca naciones, en donde i e más del cincuen a po cien o de la humanidad, o mando un sis ema donde las dis inciones adicionales en e obje i idad y subje i idad, cul u a y na u aleza, pie den su sen ido. La conciencia explicada a a és de la dualidad ca esiana que a guye una sepa ación en e cue po (como en idad ísica ex e na) y men e (como en idad espi i ual in e na) ha sido ampliamen e cues ionada en la iloso ía del siglo XX y más ecien emen e, en múl iples abajos cien í icos. La men e, como sensibilidad p imo - dial, iene su o igen en la biología de la bac- e ia unicelula , el p ime sis ema me abólico au onómico, y en cuan o conciencia humana es insepa able del en o no cul u al que la modi ica e incluso con ibuye a la de e minación de su des ino he edi a io (que no es ya a ibuible úni- camen e a la bioquímica gené ica). El en o no no sólo nos debe con i ma el signi icado que nues o se biológico pe cibe como p opósi o en o ma inmanen e, sino que, al unciona co ec amen e, la elación con los lenguajes que ca ac e izan nues as icas cul u as hu- manas, nos debe e ela a a és de la emoción y la azón, la iqueza de nues as idas, nues- as espec i as iden idades y di e encias que hacen posible la comunicación y nues o luga como indi iduos en la sociedad. Es a simple e lexión pone inmedia amen e en e idencia la impo ancia de las p o esiones del diseño a oda escala y e ela su c ucial dimensión é ica, imposible de sepa a , como se piensa habi ual- men e, de las cues iones es é icas. En endida así, la a qui ec u a es c u- cial. Un en o no banal cons i uido únicamen- e po p oduc os de consumo a la moda, que hable simplemen e de p ocesos ecnológicos e icien es o de ideologías, iene consecuencias ne as as pues con ibuye a inculca un nihilis- mo que esul a en pelig osas psicopa ologías colec i as: la ansiedad de no pe enece a nada, de pe cibi incluso que no podemos sen i –que nos es di ícil ama o lamen a la ausencia o la pe dida de algún se que ido–; de que el en o - no es hos il y nues os ac os son insubs ancia- les, incluso i iales pa a noso os mismos y nues as sociedades. Sin p e ende se p esc ip i o, es posi- ble es ablece algunos c i e ios pa a concebi una a qui ec u a capaz de cons ui un mun- do emo i o y dado con signi icados ap opiados pa a esponde a alo es cul u ales eales que ienen aún aíces en el mundo co idiano donde con i en cul u as di e sas, un mundo in e cul- Albe o Pé ez-Gómez - 179 - u al que pa ece homogeneizado po las eleco- municaciones, pe o donde, pa adójicamen e, las di e encias llegan a acen ua se más como esul ado de la supues a anspa encia de los medios masi os de comunicación.2 La p oducción a qui ec ónica ecien e, sob e odo aquella supues amen e de angua - dia, gene almen e celeb a el uso de compu- ado as pa a gene a o mas in e osímiles y espacios inusi ados. Es a aplicación de la ec- nología in o má ica en el diseño ha dejado a ás su p ime a jus i icación u ili a ia como he a- mien a pa a mejo a la e iciencia de la p oduc- ción a qui ec ónica, y aho a se e legi imada po la capacidad de las compu ado as pa a ge- ne a o mas no edosas a pa i de algo i mos. El esul ado, en cie o sen ido admi- able, son edi icios con o mas nunca is as y o almen e dis in as de nues as edi icacio- nes o ogonales. Tales p oyec os a menudo se alo an como me cancías po su capacidad de a ae los dóla es del u ismo y consecuen e- men e b o an como hongos en los cua o in- cones del plane a. Es a inusi ada capacidad de expe imen alismo o mal, siemp e en busca de lo no edoso como obje o de consumo, capaz de p oduci o mas o ogénicas gene almen e aso- ciadas con algún supues o au o genial que ad- quie e el es a us de es ella cinema og á ica, ha con ibuido a deja de lado oda conside ación é ica en el p oyec o a qui ec ónico. La a ención hacia p eceden es his ó icos y a las condiciones opog á icas y cuali a i as del luga donde echa é aíces el u u o edi i- cio, c uciales pa a log a a a és del p oyec o un en o no signi ica i o, pa icula men e en lo que concie ne a la dimensión espacial de la 2 Gianni Va imo, The T anspa en Socie y (Bal imo e MA: John Hopkins Uni e si y P ess, 1992). conciencia enca nada c is alizada en los hábi- os cul u ales y las na a i as locales, no jue- ga ningún papel en es e ipo de p ác icas que hacen gala de su manipulación de los medios de comunicación, y p ecisamen e po esa azón se dan ecuen emen e como modelos a segui pa a las nue as gene aciones de a qui ec os. Algunas de las jus i icaciones ilosó icas más so is icadas que se a guyen pa a es e ipo de p ác ica in ocan su o igen en la obje i idad de las ma emá icas y el ins umen alismo ecnoló- gico. Es absolu amen e pa adójico, incluso con- adic o io, que la jus i icación de es os p ocesos de diseño se apoye en el supues o deseo de e i a la subje i idad del a qui ec o: las asociaciones de la a qui ec u a con el pode , la au o-indulgencia en azón del a e y el con ol polí ico. El esul ado se ía en p incipio equi a- len e a un idioma uni e sal, a un espe an o a - qui ec ónico capaz de habla elocuen emen e a odo se humano y de o ece nos luga es í- idos pa a nues o habi a , sin impo a nues- o di e so o igen cul u al. En nues o mundo pos -colonial es a posición se p esen a como una posibilidad é ica que se ía ap eciada po cualquie a. Sin emba go, como a a é de ha- ce e iden e a lo la go de es e ensayo y en is a de o as al e na i as, es impo an e econoce que se a a aquí del mismo ideal allido que su- b aya odo el mode nismo a qui ec ónico y sus p esuposiciones eó icas desde sus inicios en el siglo XIX. La supues a obje i idad de los p oce- sos, ya sea el uncionalismo o el pa ame icismo, excluyendo a la imaginación he menéu ica: el a qui ec o o ien ado a a és del lenguaje his ó- ico y na a i o, no es sino una ó mula pa a la exclusión de una e dade a posición é ica. Hoy en día las di e sidades cul u ales y egionales se pe ciben más cla amen e que du- ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503 ARQUITECTURA Y MULTICULTURALISMO. HACIA UN ENTORNO SIGNIFICATIVO ... - 180 - an e la p ime a mi ad del siglo XX. El esul ado en cie o modo inusi ado de la p oli e ación de los medios globales de elecomunicación, es que en ez de p omo e una simple homogeneiza- ción, han con ibuido a e ela la p esencia de múl iples y di e sas cul u as cuyos alo es se conse an y que esul an más genuinos incluso que las ideologías de las es uc u as polí icas nacionales que las incluyen. Hoy, po ejemplo, comp endemos con cla idad y alo izamos la complejidad de las múl iples cul u as mesoame icanas en el o i- gen de México, una si uación muy di e en e a la que impe o du an e la mayo pa e del siglo XX, después de la Re olución. La imposición del cas- ellano en p og amas de educación uni e sal es un caso bien documen ado. En la escuela se im- pa ía una his o ia polí ica pa cial y simplis a, si no dis o sionada, a guyendo, po ejemplo, que el o igen de México e a un supues o impe- io Az eca: pa adójicamen e una ab icación de los españoles que impusie on su óp ica a lo que encon a on en el Nue o Mundo. Además de la impo an e alo ización de las di e sidades cul u ales, hoy día las ins i- uciones p opias de la mode nidad –como el Es- ado-Nación que ue esul ado del pensamien o de la ilus ación y de la Re olución F ancesa– es án en c isis. Gio gio Agamben explica cómo, en azón de la alo ación de los de echos hu- manos uni e sales p omulgados a p incipios del siglo XIX, pa adójicamen e es as naciones nues as, incluso las más democ á icas, uncio- nan con écnicas ep esi as no dis in as unda- men almen e de un campo de concen ación.3 Es con es a conciencia que debemos con- on a las p egun as más esenciales en cuan o 3 Gio gio Agamben, Homo Sace : So e eign Powe and Ba e Li e (S an o d CA: S an o d Uni e si y P ess, 1998). que cons i uye una p axis a qui ec ónica ap o- piada pa a nues as complejas cons elaciones cul u ales. Es as cues iones no pueden se ne- gociadas po una a qui ec u a esul an e de la me a inno ación o mal gene ada po algún sis ema pa amé ico. En o as palab as, no po- demos ni debemos da po hecho que la mul- icul u alidad esul e necesa iamen e en una homogeneización y que és a sea mejo se ida po la ins umen alización ecnológica. Es incues ionable que el mundo globa- lizado del In e ne sugie e nue as o mas y p og amas pa a el habi a . Sin emba go, es as o mas y p og amas nunca apa ecen emancipa- das de algún con ex o polí ico donde ingie e la conciencia enca nada, siemp e con aíces his ó- icas locales. Aun cuando el uso de pa áme os digi ales puede concebi se como una posibi- lidad pa a supe a los iejos deba es es ilís i- cos, las ciudades sin je a quía, de e minadas simplemen e po la ci culación, semejan es a algún colmena con p opo ciones humanas, no o ecen más posibilidades de mejo a nues a condición humana que las amas o ogonales del mode nismo he oico de 1920. Cada día el In e ne nos o ece imágenes de edi icaciones no edosas que apa en emen e mani ies an una a qui ec u a en e e escencia y que, sin emba go, más allá de la no edad y su alo me can il, gene almen e igno an sus espec i os con ex os ísicos y cul u ales y la p imo dial dimensión de la expe iencia en- ca nada. Debemos siemp e eco da que los edi icios, en cuan o expe iencia i ida, no son imágenes o og á icas. Los p ocesos ins umen ales de diseño en la a qui ec u a, desde los mecanismos de composición uncional he edados del siglo XIX al so wa e del ipo con a ado po la nue a Albe o Pé ez-Gómez - 181 - angua dia, hoy se emplean sin ningún sen i- do c í ico po odo el plane a, pa icipando a menudo inconscien emen e en un mismo sis- ema de alo es. Debemos eco da aquí que la ecnología mode na occiden al (hoy uni e sal) no es una ope ación lib e de alo es. Su exi- oso con ol del medio ambien e depende de una educción de la na u aleza –aquella pa e undamen al de nues o en o no que los se es humanos no hemos c eado– a me os ecu sos ma e iales, supues amen e dados al homb e pa a su explo ación. Sus ope aciones, que asociamos no mal- men e con las iun an es e oluciones indus- iales de los úl imos dos siglos, se undan en la c eencia de que las ma emá icas son el e - dade o lenguaje uni e sal, la g amá ica de la ciencia aplicada. En nues a disciplina es o se hace e iden e en los p oduc os de una indus ia de la cons ucción in e nacional impulsada po alo es ecnológicos, po so wa e como Re i y po los impe a i os de la economía. A pesa de es as suposiciones dominan- es, es impo an e obse a que exis e una dis- ancia insal able en e las ma emá icas (como supues o idioma uni e sal) y los idiomas hu- manos que nues a especie habla en o ma co- idiana y que cons i uyen el pun o de pa ida de odo sis ema simbólico.4 Es a e lexión es de g an impo ancia pa a en ende las posibles ca- ac e ís icas de una a qui ec u a que esponda a las cul u as y sea capaz asimismo de comuni- cación más allá de lo local. La inc eíble di e sidad de idiomas pa a una humanidad única, pa a una misma especie 4 Sob e el lenguaje e Geo ge S eine , A e Babel (Chicago IL: Uni e si y o Chicago P ess, 1989) y Mau ice Me leau- Pon y, The P ose o he Wo ld (E ans on IL: No hwes e n Uni e si y P ess, 1991), p. 5 . biológica, es uno de los enigmas undamen- ales de la cul u a humana. En es o el animal humano es o almen e dis in o de o as espe- cies animales que poseen di e sas capacidades de comunicación, pe o siemp e especí icas y gene almen e uní ocas. Exis en miles de len- guas humanas en nues o plane a (5000 has- a el siglo pasado– hoy como 3500), a menudo compa iendo la misma geog a ía y algunas a no más de unos pocos kilóme os de dis ancia en e ellas. Es a di e sidad y cons an e plas ici- dad de los idiomas humanos cons i uye nues a e dade a posibilidad de comunicación. Debemos en a iza que la di e encia es p ecisamen e la que nos pe mi e comunica- ción, y no la iden idad. Me leau-Pon y esu- mió así es a apa en e pa adoja: El algo i mo, el p oyec o de un lenguaje uni e sal, cons i uye una e olución en con a del lenguaje na u al.5 En sólo dos siglos, el mundo ha pe dido ce ca de 2000 idiomas y muchos más se encuen an en ías de desapa ece . Es o ep esen a una conmo- ción en nues o mundo cul u al de una magni- ud a a ez sondeado. El lenguaje, debemos eco da , es co-ex- ensi o con el se , el lenguaje es cul u a, nues- a humanidad es á inex icablemen e ligada con nues o se lingüís ico, la imaginación y la a qui ec u a no pueden ope a ue a de es e ámbi o. Cada a iculación lingüís ica dis in a iene la capacidad de e ela en di e sos é mi- nos la iqueza del en o no y nues o p opósi o como se es humanos en is a de nues as p e- gun as más undamen ales, y oda a iculación lingüís ica iene la capacidad de se aducida. En e ec o, después de eco da nos la impo an- cia de la di e sidad lingüís ica, Geo ge S eine 5 Me leau-Pon y, ibid., p.5. ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503 ARQUITECTURA Y MULTICULTURALISMO. HACIA UN ENTORNO SIGNIFICATIVO ... - 182 - o ece una e lexión p o unda sob e las posibi- lidades de la aducción.6 La aducción no sólo es posible, sino que es de hecho cen al pa a la comunicación humana. Incluso den o del mismo idioma que compa imos en el habla co idiana, aducimos las palab as de los demás en nues os p opios é minos, lo que nos pe mi e comp ende . Sin emba go, y es o es lo impo an e, sólo la poesía (la me á o a) aduce emociones y concep os uni e sales, e dade amen e anscul u ales, aun cuando pa a aduci la poesía es menes- e e-esc ibi la. Los idiomas humanos son, po de inición mul i- ocales, o iginalmen e me a- ó icos. En con as e, el lenguaje algo í mico de la ecnología y la ecno-polí ica es uní oco, aun cuando podamos a güi di e encias egio- nales supe iciales. Todo es o no signi ica que debemos e i a las he amien as ecnológicas en la gene ación de la o ma a qui ec ónica. Po el con a io, debemos u iliza las plenamen e y en ende sus posibilidades: la na u aleza de la imagen ecnológica al y como la desc ibe Vi- lem Flusse , pe o con un e dade o sen ido c í- ico, comp endiendo que al se gene adas po mecanismos (químicos o digi ales) es ablecen una dis ancia con el mundo de la pe cepción al que ecuen emen e p e enden educi , que en las disciplinas del diseño es menes e econci- lia con nues as in enciones a a és del len- guaje co idiano.7 En nues a disciplina que nos llama a o dena el en o no humano, a mani es a los alo es de lo bello y lo jus o, el lenguaje debe 6 S eine , op. ci . 7 Vilem Flusse , Towa ds a Philosophy o Pho og aphy (Lon- don: Reak ion, 2007). man ene su p io idad. Es o signi ica que el a qui ec o debe se capaz de a icula su posi- ción polí ica y ilosó ica en elación al p oyec o, pa icula men e en las si uaciones o dina ias en las cuales las he amien as dic an de ma- ne a implíci a sus implemen aciones de o den ins umen al, ya sean o males o uncionales y ienden a igno an alo es cul u ales. Es nues- a esponsabilidad imagina cómo nues o p oyec o es una p omesa pa a el bien común y los alo es enca nados po las ins i uciones son nues a esponsabilidad ¿Es jus o, po ejemplo, diseña una p isión cuando quizás los ca cele os son más noci os pa a la sociedad que los supues os c iminales? Den o de un ma co ecnológico es as p egun as pa ece ían ilegí imas: la única posibilidad supues amen e legí ima pa a la a qui ec u a se ía acep a la comisión de algún gobie no c iminal o alguna co po ación y concebi se exclusi amen e como un medio de cons ucción e icaz. An es de con- clui con una mayo especi icación del ca ác e de es e lenguaje necesa io pa a una p ác ica a qui ec ónica capaz de conjuga lo bello y lo jus o, pe mí aseme o ece o as p ecisiones impo an es pa a e i a malen endidos. Es impo an e eco da que la ealidad mani ies a de la a qui ec u a a lo la go de la his o ia de la ci ilización es muy compleja. La a qui ec u a no es ácil de comp ende como si uese un p oduc o de la na u aleza, capaz de exhibi una esencia más o menos cons an e a lo la go de los siglos. En gene al la a qui ec u a se ha mani es ado de di e sas mane as en di e sos momen os his ó icos, aun cuando es posible a - gumen a que la disciplina, en sus mejo es ejem- plos, da sen ido a la condición humana, la cual nos pide en en a nos siemp e a las mismas cues iones undamen ales pa a da azón de Albe o Pé ez-Gómez - 183 - nues a mo alidad y a la posibilidad de ans- cendencia cul u al que nos ab e el lenguaje. Las soluciones, sin emba go, son siem- p e di e sas y han cambiado en muchas cul u- as y a a és de la his o ia. Hoy, po ejemplo, se iende a asocia la a qui ec u a con las Be- llas A es, pe o en e dad es a ca ego ización da a únicamen e del siglo XVIII, y no es muy cons uc i a a menos que se ede ina el con- cep o mismo de a e más allá de una es é ica o malis a. En e ec o, y es o es lo que me im- po a en a iza : la adición más p o unda de la a qui ec u a en nues a ci ilización huma- na no comp ende simplemen e una colección c onológica de edi icios cuyo signi icado uese delei a nos po medio de alguna supues a con- emplación es é ica. Es a concepción mode na ue solo acep ada a pa i del siglo XIX, conjun amen- e con los pos ulados del uncionalismo: la idea de que el a qui ec o debía desen ende se de la in encionalidad exp esi a, y desacoplan- do la a qui ec u a del lenguaje, debía esol e simplemen e el p oblema de la dis ibución en plan a del edi icio pa a que el esul ado e elase au omá icamen e su ca ác e como un signo.8 Es e es el p ime momen o en que la eo- ía se esuel e en un pu o ins umen o, en una ece a aplicable, y la his o ia que se cons uye pa a acompaña la se p esen a ya sea como una colección de ipos edilicios uncionales, cuyos sis- emas o namen ales son con ingen es y simple cues ión de moda,9 o como una secuencia p og e- si a de diseños es uc u ales cada ez más acio- 8 Jean-Nicolas-Louis Du and, P écis des leçons d’a chi ec u e (Pa is, 1819). 9 Du and, Recueil e pa allèle des édi ices de ou gen e, anciens e mode nes (Pa is, 1800) nales y e icien es,10 ambas e siones o ien adas hacia el u u o que es la u opía ecnológica. Si algo podemos a i ma en gene al es que la a qui ec u a en sus di e sas enca nacio- nes his ó icas ha sido un hace poé ico capaz de e ela concep os y emociones uni e sales asociada a los o igines mismos de nues as sociedades, pe o siemp e a a és de mani es- aciones especí icas eme gen es de una cul u- a pa icula . A lo la go de a ios milenios la a qui ec u a ha sido capaz de o ece a la hu- manidad un sen ido de o ien ación exis encial: mucho más que algún me o place o la solución a alguna simple necesidad de o den p ác ico (como el ab igo de los elemen os). Pe mí aseme, en is a del camino eco- ido, epe i lo ob io: nues o mundo ecno- lógico duda ecuen emen e de la impo ancia de la a qui ec u a. Se p e ende que lo único que impo a en el mundo cons uido es su uncio- nalidad, su sen ido p ác ico y más ecien emen- e, con on ando un mundo cuyos sis emas ecológicos es án en c isis, su sus en abilidad en endido es o, en la mayo ía de los casos, como una simple mayo e iciencia. Es as concepcio- nes son muy limi adas, y no lle an, como he suge ido, sino al empob ecimien o del en o no con consecuencias ne as as pa a nues a sensi- bilidad colec i a. Nues os sueños, donde apa ece e- cuen emen e en o ma pa en e lo más signi ica- i o en nues a expe iencia pe sonal, equie en de luga es ca gados emo i amen e. Debemos ap ende a alo iza ales e elaciones, como lo han hecho ma a illosamen e los a is as, cineas as, no elis as y poe as de múl iples 10 Jean Rondele , T ai é Théo ique e P a ique d l’A de Bâ i 3 ols. (Pa is, 1830) y Augus e Choisy, L’a de bâ i chez les omains (Pa is, 1873). ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503 ARQUITECTURA Y MULTICULTURALISMO. HACIA UN ENTORNO SIGNIFICATIVO ... - 184 - cul u as. Los edi icios en nues o en o no dan luga , li e almen e, a nues o pensamien o y a nues a imaginación. Incluso el llamado espa- cio digi al que apa ece en nues as pan allas no nos esul a ía in eligible si no uésemos p i- me amen e conciencias enca nadas, mo ales y au onómicas, ap io i en aizadas en el mundo a a és de la di eccionalidad e in encionalidad mo o a del cue po negociando su peso con la g a edad del plane a. La nue a ciencia cog- ni i a y la neu o- enomenología demues an cómo incluso la misma pe cepción isual no es educible a la imagen (si en endemos po es o una analogía con la o og a ía). Tampoco la imaginación (las imágenes men ales) iene el ca ác e de o og a ía, con a iamen e a los su- pues os más adicionales sob e la pe cepción que p e endían explica nues a isión de al a de inición como dada simplemen e en la e ina. La imagen e inal es en ealidad muy de ec uo- sa. La pe cepción nunca es me a pasi idad: es acción en el espacio i ido y odo signi icado depende de es a condición p ime a. Es po eso que Me leau-Pon y puede a i ma que la p o undidad dada en nues a pe cepción on al es p ima ia y no simple- men e una de es dimensiones geomé icas análogas.11 Po an o, podemos conclui que el espacio a qui ec ónico es la p o undidad sig- ni ica i a, econocido a a és de la his o ia en los a e ac os p oducidos po a qui ec os y a is as di e sos, como una pin u a china, una minia u a pe sa o una pin u a enacen is a; un emplo g iego o una pi ámide ol eca, an he e- ogéneos como nues as cul u as y en los que, sin emba go, nos es dado econoce el sen ido de lo humano. 11 Me leau-Pon y, The P imacy o Pe cep ion (E ans on IL: No hwes e n Uni e si y P ess, 1964). La a qui ec u a cumple su misión cuan- do la expe iencia espacial que enma ca esuena con el enigma de nues a ealidad cul u al que nos da sen ido, cuando se e ela como el espa- cio del deseo que nos pe mi e encon a nos en casa, al iempo que pe manecemos incomple os y abie os a nues a mue e pe sonal. Como lo ha dicho cla amen e Flusse , en nues o mundo mul icul u al podemos a güi que no necesi a- mos ya más de la casa en el sen ido alemán de Heima que se e ie e a sus aíces en un nacio- nalismo é nico, pe o siemp e necesi a emos de un hoga , de un luga pa a habi a (Wohnung) y que es in a iablemen e espacio público pa a nues a conciencia co po al: mucho más que un simple domicilio pe sonal o nues as coo dena- das elec ónicas.12 La a qui ec u a e ela su p eeminencia cul u al al hace isible un o den en o ma de imagen poé ica en el sen ido de Oc a io Paz, lo que implica la econciliación de los opues os y el econocimien o y mani es ación de nues os lími es, an o pe sonales como cul u ales, an- o ísicos como men ales.13 Paz ha demos ado asimismo cómo la me á o a o imagen poé ica dondequie a que se mani ies e es el luga más ap opiado pa a nues a necesa ia pe cepción de lo sag ado en un mundo o almen e lib e de dogma ismos eligiosos. Es así que los p oduc os de una e da- de a a qui ec u a son necesa iamen e dis in os de las cons ucciones p oducidas po una men- alidad ecnoc á ica, más o menos sus en ables pe o que al inal de cuen as, como la p e endida economía global que las engend a, nunca eco- 12 Flusse , W i ings (Minneapolis MN: Uni e si y o Minneso a P ess, 2007). 13 Oc a io Paz, El A co y la Li a (México: FCE, 1967). Albe o Pé ez-Gómez - 185 - nocen lími es y se p oyec an en unción de un c ecimien o impe u bable p esuponiendo el in- ini o como si és e exis ie a en nues a ealidad adical, que es la ida humana. A di e encia de la a qui ec u a que nos hace pa en e el espacio incomple o del deseo que enemos que negocia con p udencia y sin a e amien o, la cons uc- ción ecnológica p ome e la elicidad y el place de alguna comodidad absolu a, la supues a cul- minación del deseo a a és del consumo. A un ni el más pe sonal, es imp escin- dible en ende que pa a cul i a nues a i ali- dad el deseo no debe obje i a se, que nues as obsesiones son pelig osas y nos oban nues a capacidad de en a en con ac o con el p opósi- o inmanen e de la ida misma, nues a única posibilidad de placidez en un mundo secula i- zado que no puede depende del más allá pa a e ela nos su sen ido úl imo. Así, podemos a gumen a que, en p i- me luga , la a qui ec u a no comunica un signi icado pa icula , sino más bien da la posi- bilidad de econoce nos comple os en nues a ape u a exis encial, en a monía con un en o - no emocional e in elec i o, a in de habi a poé- icamen e sob e la ie a y ac ualiza nues as capacidades humanas a a és de la acción. Y como he suge ido, es a condición no se ha dado a a és de la his o ia sólo en edi icios. En la adición eu opea, po ejemplo, los p oduc os de la a qui ec u a incluyen los daidala de la an igüedad clásica, a e ac os de muy di e so o den desde a mas de ensi as como el caballo de T oya o el escudo de Aquiles, has a emplos a caicos, o mados po pa es bien a iculadas que p oducen ma a illosos e ec os luminosos y auma ú gicos; los elojes sola es capaces de p opo ciona o ien ación a la ciudad con es- pec o a las inmu ables di ecciones ca dinales y las máquinas mimé icas del cosmos nomb adas po Vi ubio en su a ado, además de los edi i- cios desde luego, como las es mani es aciones de la disciplina. Pa e de esa amplia adición son los ja dines y la a qui ec u a e íme a de la época ba oca, y du an e la mode nidad, además de las ob as impo an es de g andes a qui ec os como Le Co busie , Lewe en z, Ba agán, Sca - pa, Shi ai, y Zum ho , en e o os, ob as que de acue do con las de iniciones suge idas esis en una educción a la condición de edi icios p ag- má icos o de simple eje cicio es é ico, incluyen asimismo los p oyec os eó icos, a la ez poé i- cos y c í icos, en una genealogía inaugu ada po Pi anesi que cues iona la ca ego ización ígida sepa ando la a qui ec u a de o as disciplinas a ís icas y que incluye a Ledoux, o más ecien- emen e, a John Hejduk, y c ucialmen e, la ob a de o os géne os a ís icos mono y mul idisci- plina ios capaces de e ela una p o undidad signi ica i a al habi a . El sen ido comunicado po la a qui ec- u a no es sólo de equi alencia semán ica, como un signo, sino que se p oduce en la expe iencia, y como odo poema e ela un signi icado inse- pa able de la expe iencia del poema mismo. Tal sen ido nunca es c eado po algún au o de la nada, sino que iene sus aíces in a iablemen e en la cul u a. Es siemp e ci cuns ancial y, como expe iencia i ida, no es posible obje i a lo, se da como espacio empo alizado en un p esen- e espeso, como la pe cepción de una melodía que incluye ambién las no as pasadas y las po eni . Análogo a un e en o e ó ico, desbo da cualquie pa á asis educ i a, ab uma al es- pec ado -pa icipan e y iene la capacidad de cambia le la ida al a ec a su sensibilidad más ín ima (ese sen i i al y emo i o que nos hace ASTRAGALO, 24 (2018)ISSN:2469-0503