Uni e sidad de Se illa
Facul ad de Filoso ía
Fe, eligión y c eencia en el Dia io ín imo de Unamuno
T abajo de Fin de G ado
G ado en Filoso ía
P esen ado po Ósca Manzano Piñe o
Di igido po P o . D . Miguel Ángel Ri e o Gómez
Resumen:
La iloso ía de Miguel de Unamuno man iene una ín ima elación con su con ex o
biog á ico e in elec ual. De es e modo, se pueden obse a a ias e apas que siemp e
man ienen unos elemen os comunes, como el miedo a la mue e, la e, la eligión, Dios o la
c eencia, en e o os. La c isis de in de siglo supuso la caída de la azón ilus ada como
pináculo del conocimien o y, po ello, comenzó a se a acada desde un c ecien e pensamien o
omán ico que ei indicaba el sen imien o. En es a si uación, Unamuno su ió su g an c isis
espi i ual de 1897, la cual ue egis ada en su Dia io ín imo, donde pod emos encon a un
pensamien o único y p incipalmen e basado en los lími es de la azón y una ap oximación
desde el sen imien o a los concep os de e, eligión y c eencia.
Palab as cla e:
Unamuno, eligión, e, c eencia y c isis.
Abs ac :
The philosophy o Miguel de Unamuno main ains a close ela ionship wi h his
biog aphical and in ellec ual con ex . In his way, se e al s ages can be obse ed ha always
main ain some common elemen s, such as he ea o dea h, ai h, eligion, God, belie ,
among o he s. The c isis o he end o he cen u y led o he all o a ionalism as he pinnacle
o knowledge and, consequen ly, began o be a ached o m an inc easingly oman ic hough
ha ad oca ed o sen imen . In his si ua ion, Unamuno expe ienced his spi i ual c isis o
1897, which was ea u ed in his In ima e Dia y whe e we can ind a unique hough , mainly
based on he limi s o eason and app oach om eeling o he concep s o ai h, eligion and
belie .
Keywo ds:
Unamuno, eligion, ai h, belie and c isis.
1
Capí ulo 1: In oducción 3
1.2 Me odología y es ado de la cues ión 3
Capí ulo 2: La c isis de in de siglo: con ex o in elec ual de inales del siglo XIX 4
2.1 La pé dida de ho izon e 5
2.2 El in de siglo en España: la gene ación del 98 y Miguel de Unamuno. 7
Capí ulo 3: El camino a la c isis de e 10
3.1 In ancia (1864-1880) 11
3.2 La ju en ud 13
3.2.1 La e apa Uni e si a ia (1880-1884) 14
3.3 La an esala a la c isis (1884-1897) 16
3.3.1 Bilbao (1884-891) 17
3.3.2 Salamanca (1891-1897) 19
Capí ulo 4: Fe, c eencia y eligión en el Dia io ín imo 21
4.1 La e en el Dia io ín imo 22
4.1.1 O ación, humillación y nada como in en o de alcanza la e 23
4.2 C eencia en el Dia io ín imo 27
4.2.1 C ee y que e c ee 28
4.2.2 La humildad, el dogma y la c eencia 29
4.2.3 La igu a de C is o y La Vi gen Ma ía 30
4.3 La eligión en el Dia io ín imo 31
4.3.1 La comunidad c is iana, la Iglesia y la indi idualidad 33
4.3.2 Cambio y ace camien o al dogma 35
4.4 Conclusiones 35
Capí ulo 5: La emisión de las ideas de la c isis en ob as pos e io es 36
5.1 La p oblemá ica azón y sen imien o 36
5.2 El indi iduo y la eligión 38
5.3 Conclusiones 40
Capí ulo 6: Conclusión 41
Capí ulo 7: Bibliog a ía 44
2
Capí ulo 1: In oducción
La cons ucción del p esen e abajo se basa en la in es igación de los concep os de
e, eligión y c eencia en el Dia io ín imo que esc ibió Miguel de Unamuno en su c isis
espi i ual de 1897. Pa a ello, se debe á p ime o comp ende la impo ancia que en el pensado
asco u o su con ex o in elec ual e indi idual. En p ime luga , su con ex o in elec ual
escapa de las on e as españolas y alcanza a las p oblemá icas p opias de la Eu opa de in de
siglo. En segundo luga , el pensamien o unamuniano se e ma cado p o undamen e po el
choque en e una in ancia ín imamen e eligiosa y una adolescencia uni e si a ia
abie amen e agnós ica y, al mismo iempo, ambas son e apas donde Unamuno siemp e
e lexiona á sob e el g an p oblema de la mue e, sin log a una espues a que le calme. Las
di e encias en e ambas e apas gene a on una ensión que lle ó a Unamuno a una ue e c isis
espi i ual a sus ein i és años, en la que la desespe ación po el miedo a la mue e le lle a a
una búsqueda i acional de Dios.
Po úl imo, pa a de ende la impo ancia del Dia io ín imo como un lib o con un
pensamien o p opio, se ha op ado po compa a lo con las ob as de madu ez del au o . Se
p e ende desen aña los pensamien os que se man ienen o a ían al pasa del Dia io ín imo a
Del sen imien o ágico de la ida o La agonía del c is ianismo.
El obje i o del abajo es en onces log a dibuja una línea que mues e la elación de
Unamuno con la e, la eligión y la c eencia a lo la go de la ida del au o . Me cen a é más
en el Dia io ín imo con el obje i o de demos a que, lejos de se solo cuade nos eple os de
ases, ci as y e lexiones apa en emen e inconexas, se p esen a en sus páginas un
pensamien o único ace ca de los concep os que amos a es udia .
1.2 Me odología y es ado de la cues ión
Miguel de Unamuno es uno de los g andes au o es de la li e a u a y iloso ía española
de inales del siglo XIX y p incipios del XX. Según la pla a o ma Dialne , hay egis os
públicos de a ículos y ex os sob e Unamuno desde 1901 en e los más de es mil a ículos y
doscien as se en a y una esis doc o ales ace ca de es e. Pe o el núme o disminuye en g an
can idad cuando se p e ende busca ace ca del Dia io ín imo, apa eciendo únicamen e
cua en a a ículos si buscamos dicha ob a, de los cuales solo es son an e io es a 2015.
Unamuno en el campo de la iloso ía pe dió el in e és y aumen ó la p oducción de
in es igaciones ace ca de su li e a u a y su poesía. El p esen e abajo p e ende ecupe a el
3
es udio del au o en su dimensión ilosó ica lejos de sus ob as más es udiadas. Tiene como
obje i o encon a un modo de ap oxima se al pensamien o unamuniano del Dia io ín imo en
elación con su con ex o in elec ual y biog á ico, quedando en un segundo plano el
pensamien o que de es a ob a pudié amos encon a en las ob as de madu ez del au o .
Pa a ello, la me odología que se ha seguido ha sido el análisis de uen es p ima ias y
una plu alidad de uen es secunda ias pa a con as a la in o mación que se p e ende plasma
en el abajo. Cen ándose en los in es igado es de la ob a de Unamuno que p esen an un
amplio conocimien o de la ayec o ia an o en el pensamien o de madu ez, de ju en ud y de
la c isis. P incipalmen e, he a ado las ob as de Paolo Tanganelli, Miguel Ángel Ri e o
Gómez y Ce ezo Galán. Po medio del es udio de sus in es igaciones he podido cons ui una
an esala a la c isis cen ada en la elación unamuniana con la eligión y la e. Las uen es
p incipales como los Cuade nos de Ju en ud y las Medi aciones e angélicas han se ido pa a
ea i ma las ideas de Miguel de Unamuno en sus e apas p e ias a la c isis y sus nociones de
Dios, sen imien o, e, e cé e a.
A con inuación, el análisis del Dia io ín imo ha cons i uido el g ueso ilosó ico del
abajo. Me he cen ado en los cua o p ime os cuade nos debido a que el quin o da a de
1904. He p ocu ado cons ui un hilo a gumen al en e los cua o cuade nos que los uni ique
po medio de los concep os de e, c eencia y eligión. No como un sis ema ilosó ico
independien e, sino como una ob a que p esen a un modo de comp ende el sen imien o
eligioso y de comunidad di e en e al que se puede encon a p e io a la c isis y después de
ella.
Po úl imo, se plan ea el es udio de uen es p incipales y secunda ias elacionadas con
la madu ez del au o , con el obje i o de obse a el pensamien o que se p ese a y que a ía
con espec o al Unamuno de c isis, pudiendo a i ma así que el Unamuno de la c isis p esen a
un pensamien o di e en e al es o de sus e apas i ales.
Capí ulo 2: La c isis de in de siglo: con ex o in elec ual de inales del siglo XIX
La g an c isis que Miguel de Unamuno i ió en 1897 le lle ó a edac a los cua o
cuade nos que con o man el Dia io Ín imo (Unamuno, 2018). Es os no nacie on
espon áneamen e del espí i u del au o , es e pensamien o nace, al igual que el de odo
pensado , como espues a a un p oblema p opio de su iempo y su luga . Po es e mo i o
debemos en ende que el pensamien o de Unamuno no se dis ancia de la dinámica in elec ual
de los pensado es de la Eu opa de in de siglo. F en e a la decadencia de las p incipales
4
co ien es de pensamien o, las cuales son el posi i ismo, el hegelianismo y el libe alismo
bu gués (Ce ezo, 2006, 43), nos encon amos elemen os ales como: el echazo al
in elec ualismo, de ensa de la sensibilidad, ehabili ación de la e, apología del sen imien o,
ei indicación de la imaginación c eado a, …
El p esen e capí ulo p e ende aba ca esumidamen e la pano ámica gene al que
i ían los pensado es de es a época, lo impo an e que ue la caída de los ho izon es que las
co ien es impe an es del pensamien o p ome ie on y cómo es e en amado a ec ó en España.
Po ende, es udia emos la in luencia que es e con ex o u o en nues o pensado a la ho a de
lle a lo a su g an c isis espi i ual. Pa a ello nos cen a emos en segui p incipalmen e la
es ela de uno de los g andes au o es que es udia on an o a Miguel de Unamuno como la
p oblemá ica del mal del siglo. Me e ie o a Ped o Ce ezo Galán en sus ob as El mal del
siglo: el con lic o en e ilus ación y oman icismo en la c isis inisecula del siglo XIX
(Ce ezo, 2006) y Las másca as de lo ágico: Filoso ía y agedia en Miguel de Unamuno
(Ce ezo, 1996).
2.1 La pé dida de ho izon e
A inales del siglo XIX las co ien es que eco en oda la éli e in elec ual del
momen o es aban laqueando: “Fin de siglo signi ica, pues, ‘Fin de un o den de cosas’. Fin,
es o es, consumación de un p oyec o his ó ico, pe o a la ez, consunción, ago amien o de sus
posibilidades y cons a ación de su lími e cons i u i o” (Ce ezo, 2006, 42). T as más de un
siglo desde que la e olución indus ial aje a un nue o sis ema económico undamen ado
in elec ualmen e en un libe alismo bu gués, es e pa ecía pode mos a el camino a una
sociedad au o egulada, donde el Es ado in e inie a lo menos posible. Al mismo iempo, la
ciencia comenzaba su época do ada de a ances, donde el posi i ismo se co onaba como la
co ien e que asegu aba pode aleja se de oda noción me a ísica y ob ia odo conocimien o
que no u iese una base posi i a. Ambas co ien es, que cons i uían el g ueso del mundo
in elec ual eu opeo de in de siglo, comenzaban a mos a sus debilidades. P incipalmen e
debido a la g an can idad de indi iduos que no eían sus necesidades sol en adas en es e
nue o sis ema. Así, empezó a pe de se la espe anza en la u opía libe al y, po ello, se pe dió
el ho izon e que p opo cionaba es e sis ema. Po su pa e, la ciencia posi i a allaba en el
in en o de cons ui un conocimien o posi i o del se humano, al como dice Ce ezo Galán:
5
Lo que pa ece agoniza aho a es nada menos que el o den bu gués en su p ime a con igu ación polí ica
–el libe alismo– y en sus p incipios ideológicos cons i u i os – el in elec ualismo me odológico y el
posi i ismo– con su ingenuo op imismo acionalis a y desa o ada con ianza en el desa ollo cien í ico
cien í ico/ écnico. De es e se espe aba no sólo el dominio de la na u aleza, sino la emancipación
polí ica de oda necesidad y, po an o, el su gimien o de una sociedad paci icada (Ce ezo, 2006,
42-43).
Es e hecho a a iesa a los pensado es comunes y ex años que se sien en
decepcionados an e la desapa ición de dicho ho izon e de espe anza, ol iéndose común el
sen imien o de decepción en e al acionalismo y la ciencia, las cuales e an culpadas de
habe desencan ado al mundo. Es os nue os modos de conoce el mundo dejaban sin
espues a las g andes cues iones me a ísicas que, e an desp es igiadas pese a su impo ancia
pa a la ida. Es po es e nue o pensamien o obje i o que la eligión, el a e, la libe ad, en e
o os, e an p oblemas espondidos supe icialmen e. En o as palab as, pa ecie a que “lo
noble y lo he moso pa ece habe ido del mundo an e el a ance de lo p osaico y lo uni o me”
(Ce ezo, 20006, 49).
Así pues, el pensamien o obje i o se alejaba cons an emen e de la ida. Pa ecía que la
azón pod ía accede a odas las espues as, pe o no. No es de ex aña que, an e la laqueza
de la azón, oma án ue za eo ías con a ias, que p e endían ace ca se al sen imien o y
en ende los lími es de la azón, las cuales ie on un undamen o in elec ual en las que
p esen aban au o es como Schopenhaue y Nie zsche.
¿Po qué son es os au o es an impo an es? Schopenhaue es el enca gado de log a
a aca con unden emen e al ideal ilus ado de he encia hegeliana. An e es e pensamien o que
undamen a que odo conocimien o es accesible po la azón, Schopenhaue limi a la
in eligencia, a i mando que es a no puede da cuen a del i i en odas sus dimensiones y
ad i iendo que, de lle a el acionalismo a sus úl imas ins ancias, sin oscu ece lo o
endulza lo, solo nos queda asumi que: “el se en sí del mundo se le o ecía a la in eligencia
como un enigma insondable en que la olun ad de i i , en cuan o una po encia ciega de un
aspi a in ini o. se encuen a condenada en el iempo a la con inua us ación de sus ansias”
(Ce ezo, 2006, 48). El mundo en sí queda incognoscible, po an o, el me o in en o de
alcanza lo alla y es e allo que nos es cons i u i o, us a.
Po o o lado, en las eo ías de Nie zsche se e el pelig o que el acionalismo supone
pa a la ida. Obse a en el in elec ualismo p opio de la sociedad ilus ada la p e ensión de da
azón a oda dimensión de la ida. El ilóso o del ma illo a isaba que, si es as esis seguían
su camino, e mina ían po des ui el mundo de la ida.
6
De la in luencia de es os au o es, es ob ia la eacción de la Eu opa de in de siglo,
cansada de la decadencia de sus sis emas y ago ada del acionalismo p opio de la Ilus ación.
Si una co ien e había ya plan eado la b echa c í ica con el acionalismo ilus ado ue el
oman icismo y, po ello, es la co ien e de pensamien o a la que se ap oxima on los au o es
del in de siglo. Apa ece así una ensión en e la Ilus ación y el oman icismo. al como
emos en la siguien e ci a:
La c isis se deja, pues, econoce a la luz del con lic o endémico al mundo mode no en e la Ilus ación
y el oman icismo, aquélla esuel a a gobe na la ida desde los p incipios de la me a azón; es á
empeñado, a su ez, en sal a la ida con a odos los iesgos de la alienación exis encias p o enien es
de una cul u a obje i is a. calculado a y u ili a ia (Ce ezo, 2006, 47).
El oman icismo es la espues a al despis e de la azón posi i a, ol ía pa a pode
ei indica la ida. La de o a de la azón no ino desde la oposición, ue el ansia de la azón
y la ciencia posi i a que, as jac a se de habe expulsado a la eligión como p oduc o a de
e dad, no pudo pone eno a sus ansias y e minó po pone se a sí misma en ela de juicio.
Es en onces que, al igual que la eligión doc inal e a insu icien e pa a explica la ealidad, la
ciencia y la azón ue on las enca gadas de acaba consigo mismas y des ela se como
incapaces de log a el obje i o de do a de sen ido al mundo. En es a pano ámica inisecula ,
la e en la eligión había sido sus i uida po la e en la azón. Aho a e a desplazada, de ocada
po la p opia azón, que se había au o desmon ado como p incipio de undamen o (Ce ezo,
2006, 51). ¿Qué nos queda pues? Un pliegue a la ida, al indi iduo, a la búsqueda del
momen o y a la búsqueda de nue os ho izon es.
El in de siglo o zó a odos sus au o es a escapa de lo conocido, busca cuna en el
seno de o o pensamien o, a busca el cambio en el pano ama in elec ual. Obse aban el ideal
mode no e ilus ado como un mundo en uinas e inicia on la búsqueda de unos nue os
p incipios que les pe mi ie an encon a es abilidad.
2.2 El in de siglo en España: la gene ación del 98 y Miguel de Unamuno.
Se iene la mala cos umb e de o o ga a la gene ación li e a ia y ilosó ica de la
España de inales del siglo XIX el í ulo de “Gene ación del 98”. En ella se enma can poe as,
li e a os, ilóso os, d ama u gos, e cé e a, con algunos nomb es des acados como An onio
7
Machado, Pio Ba oja, Azo ín, Valle-Inclán, Ángel Gani e y el que más nos compe e Miguel
de Unamuno.
Fue Azo ín el que acuñó es e é mino pa a e e i se a es a gene ación de pensado es,
asegu ando que e an aquellos que, mo i ados po las pé didas de las úl imas colonias
españolas de ul ama , inician un mo imien o de c í ica adical a las ins i uciones y las
o mas de ida igen es (Ce ezo, 2006, 23). Pe o, al como hemos de endido al p incipio del
capí ulo, es a es una óp ica ce ada a la p oblemá ica in ahis ó ica del mal español, donde
pa ecie a que es a gene ación es á aislada de su en o no, cuando más bien:
Lo ca ac e ís ico, pues, del in de siglo en España ue la coincidencia de ambas c isis –la au óc ona y la
espi i ual eu opea–, e o zando así sus e ec os, pe o o iginando al mismo iempo una si uación ambigua
lo que explica una acilación a la ho a de ija su p opia iden idad gene acional (Ce ezo, 2006, 25).
La “gene ación del 98” no es únicamen e un g upo de au o es que año an la glo ia del
an iguo impe io español, sino que es án siendo a ec ados al igual que el es o de Eu opa po :
la caída del posi i ismo, del libe alismo, de la an igua e eligiosa, de la me a ísica… Son un
g upo unido más allá de las di e encias in e nas que pudiesen p esen a odos ellos, po medio
de un es ilo que, alejado de los ensayos de co e in elec ualis a, p ocu an un ace camien o
más a ís ico po medio de la no ela y la poesía. T a ando de ace ca se a una e uel a ac i a
con a lo ins au ado en un es ue zo po egene a España y, a su ez, comba i con a la
Ilus ación y sus consecuencias. Pa a ello se a en u an en una ap oximación al oman icismo:
Román icos son sus maes os –Schopenhaue , Nie zsche, Ca lyle–, sus in e eses o p eocupaciones
me a ísicas y eligiosas, su alan e de aga inquie ud y desasosiego, su ac i ud de ebelión con a lo
es ablecido y la búsqueda de nue as uen es de sen ido de la exis encia. La comunidad de asgos con el
oman icismo en las negaciones pa ece e iden e: es un abie o echazo de la ’p osa sucia y g is’ del
mundo bu gués; de su eligiosidad con encional y su mo al u ili a ia y pac a; en suma, de la alienación
exis encial de una sociedad dominada po el espí i u del luc o y del in e és y de lo que ha huido odo lo
noble bello y he oico (Ce ezo, 2006, 38)
Miguel de Unamuno es uno de los mayo es ep esen an es de la gene ación del in de
siglo y, al mismo iempo, es cla o ejemplo de cómo la u bulen a si uación del in de siglo
hizo a los au o es eplan ea se sus pos u as polí icas y ilosó icas, asegu ando la
pe meabilidad del país con su en o no geog á ico e in elec ual. El pensado asco mues a
8
En es e pun o son i ales los au o es que es udia á y conoce á en la uni e sidad,
muchos de los cuales no lee á di ec amen e, sino que conoce á g acias a la lec u a de o os
au o es, los cuales sí ha leído. Es o es con i mado po Lau eano Robles Ca cedo en su
a ículo “Unamuno y las p uebas de la exis encia de Dios” (Ca cedo, 1999), en el que, como
pa e de su in oducción al ex o Las p uebas de la exis encia de Dios, en su momen o
inédi o3, a a de explica las in luencias que lle a on a Unamuno a in es iga las p uebas del
acionalismo clásico ace ca de la exis encia de Dios, a i mando: “Los au o es que ci a no
siemp e los ha leído. En ocasiones son ex os de segunda mano, que encuen a ci ados en el
au o que es á leyendo” (Ca cedo, 1999,4). Tesis que ambién de iende Ce ezo Galán en
elación ap oximaciones de Unamuno a la iloso ía hegeliana:
No hay que ol ida , po lo demás, que buena pa e de es e hegelianismo se debe ambién, y quizá en
mayo medida que a la lec u a di ec a, al ambien e in elec ual de la ´época, y más especí icamen e a la
ob a de Cas ela y Pi y Ma gall (Ce ezo, 1996, 125).
Así es como Unamuno empieza a elaciona se con el hegelianismo, una elación que
iende a es echa se o aleja se. En es e au o encuen a una jus i icación a la econciliación de
los con a ios, pos u a que de ende á en sus momen os de calma. Po el con a io, cuando cae
en la agonía de la imposible econciliación se aleja de es as pos u as (Ce ezo, 1996, 125).
Aho a bien, si hay un au o que des aca sob e los demás en es e camino a la c isis de
Unamuno, es aquel cuya in luencia se á c ucial pa a que pase de su adolescencia de o a a su
e apa más acionalis a y agnós ica. Me e ie o a Spence , g an ep esen an e del posi i ismo.
Tal ue su in luencia en la ida del au o , que és e adujo algunas de sus ob as. Lo es udió
po más de doce años as descub i lo en 1883, du an e su segundo año de ca e a (Ca cedo,
1999, 4). Como ya dábamos a en ende an e io men e, al comienzo de es as lec u as se había
conside ado abie amen e ca ólico: “Los es imonios au obiog á icos de Unamuno nos
pe mi en sabe que has a el año 1883, es udiando segundo año de uni e sidad, en la Cen al
de Mad id, és e pe maneció c eyen e en la e ca ólica” (Ca cedo, 1999, 1). Es en onces el
pensamien o de Spence aquel en el que Unamuno c ee pode “ ellena aquel inmenso poema
abs ac o con la ma e ia de los enómenos” (Ce ezo, 1996, 126). Es as nue as co ien es
supusie on un de e io o en su e. Po ello inició una e isión de la misma, dando un gi o
acional en el modo de elaciona se con la c eencia y el dogma eligioso. Al combina se es o
con el cien i icismo posi i is a que condiciona su isión, Dios no podía es a más allá de la
3Ac ualmen e es e ex o es á publicado como pa e de Cuade nos de ju en ud (Unamuno, 2016) publicado po la
Uni e sidad de Salamanca y edi ado po Miguel Ángel Ri e o.
15
ma e ia y del mundo, lo que obligaba a que es e es u ie a necesa iamen e en el mundo
ma e ial, echazando la posibilidad de un Dios c is iano que habi a en el mundo del más allá.
Se concluye así que Unamuno de i e a pos u as pan eís as, las cuales le pe mi en se
conscien e de la g andeza absolu a que es el eino del homb e. Es un cambio len o y con uso
donde Unamuno p ocu a acionaliza la e y secula iza la c eencia. Es o desemboca en lo
que Ce ezo Galán llama “ e humanis a”, a la que se llega po medio de la an opologización
de la eligión. Como dice en el siguien e agmen o: “La educción an opológica del
con enido dogmá ico hacía su gi de él una nue a sus ancia, y has a una nue a e humanis a,
que conse a implíci amen e el au a mís ica de lo di ino” (Ce ezo, 1996, 128).
Es i al en ende que en su e apa uni e si a ia Unamuno conoció y consolidó su
elación con el pad e Lecanda, quien, en su e i o espi i ual, en el que esc ibió el Dia io
Ín imo (Unamuno, 2018), ac uó como su guía espi i ual e in elec ual (F yle, 1996, 92)
En conclusión, la e apa uni e si a ia de Unamuno se ía su pun o cla e. Su es ancia en
Mad id le supond ía el desligamien o pa cial de las doc inas eligiosas y polí icas que
du an e su niñez le acompaña on. En lo eligioso, la de oción al i o y la comunidad ca ólica
se habían disuel o en una e humanis a que se alejaba de los dogmas. En o no a lo polí ico,
como b oche a su ca e a uni e si a ia, p esen a una esis doc o al que se enca ga de
desmi i ica la leyenda asca:
Abo dado con igo , el mi o asco se desmo ona. A los ojos c i icis as de Unamuno ni la aza asca ni
el ca ác e o igina io de su lengua ni su legenda ia cul u a ienen una base cien í ica. Se a a de una
cons ucción ideológica, p opia de un pensamien o deside a i o más a en o a p eocupa se po
consolidaciones que a la búsqueda de la e dad. (Ce ezo, 1996, 132).
El aleja se de sus endencias polí icas y eligiosas sólo ac ecen a á la ensión in e na
del au o , quien du an e sus siguien es años esc ibió a ios cuade nos que e lejan las ideas
ace ca de la e y la c eencia p e ias a la c isis, los ya mencionados Cuade nos de ju en ud
(Unamuno, 2016).
3.3 La an esala a la c isis (1884-1897)
Es a e apa, que ya puede se conside ada el inicio de la madu ez del pensado ,
pod íamos di e encia la en dos pa es. Una p ime a, que a de 1884-1891, coinciden e con su
uel a a Bilbao, su ie a na al, en la que eje ce á como p o eso , c i icando ue emen e al
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sis ema educa i o. La segunda aba ca desde que oma posesión de la cá ed a de g iego en la
Uni e sidad de Salamanca en 1891 has a su mue e en diciemb e de 1936. Pe o en nues o
caso solo nos es pe inen e la e apa desde que llega a la Uni e sidad de Salamanca, has a que,
u o de su o ísima c isis, decide e i a se a un con en o y e mina po esc ibi su Dia io
ín imo.
3.3.1 Bilbao (1884-891)
Ace ca de es a e apa Miguel Ángel Ri e o de iende que:
Unamuno eg esó, pues, a Bilbao en una ci cuns ancias ín imas que lo p ecipi a on a la cons an e
polémica, an o po su gi o al «a eísmo in elec ual», que le o iginó ue es con lic os con su mad e y su
no ia, como po su nue a posición c í ica en e a los es udios de los euska is as, que lo si uó en e a
buena pa e de la sociedad asca (Ri e o, 2006, 24)
En es e agmen o se mues an dos elemen os que nos deben impo a . En p ime
luga y en meno medida, las implicaciones polí icas que supone el hecho de se una igu a
polémica en el País Vasco de la época, pues es as opiniones supusie on el echazo y la
hos ilidad de los sec o es más euska is as.
Po o a pa e, se encuen a la igu a de su mad e y de su no ia, que e mina ía po
ol e se su muje . Ambas e an ca ólicas p ac ican es, las cuales se apenaban po el i aje que
la e de Unamuno había omado du an e sus años en Mad id. Se gene ó una si uación de
choque en e un Miguel que no se eía capaz de ol e a se ca ólico y la e o osa
eligiosidad de su muje . Tal in luencia eje ce es a sob e Unamuno que, al como nos dice
Paolo Tanganelli, es uno de los mo i os que le hacen ol e a e la e como algo necesa io:
“El eje insoslayable del discu so, de odas o mas, es siemp e el amo de y po su no ia, que
le ha enseñado la inu ilidad del es udio y la necesidad de la e” (Tanganelli, 2003, 93). Es o
es á esc i o po Unamuno en uno de sus cuade nos de ju en ud. “¡Pob ecilla mía! ¡Que yo no
pueda ol e me plan a pa a ege a a su somb a! Ella iembla pensando en mi condenación
e e na y en el uego sin in que me ha de consumi ” (Unamuno, 2016, 115). Y ambién
esc ibe:
“Valen más la pena algunos a os de amo dulce, e dade o y san o que odas las glo ias del mundo.
¡Ay, alma mía! ¡Cuán o ienes que su i aun! Yo quie o pode c ee pa a empapa me en su amo
odo; es an is e engaña la” (Unamuno, 2016, 115).
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Ambos agmen os pe enecen al Cuade no XVII esc i o en 1885, en el cual se puede
obse a a un Unamuno oda ía segu o de la pé dida o al de su e, la cual se e sus i uida po
la azón. Dice en onces: “en mí no luchan la azón y la e, hace iempo que es a ue encida
po aquella, luchan el amo y la lógica” (Unamuno, 2016, 115). En onces su muje , o mejo
dicho, el amo que Unamuno p ocesa po ella, enca na el úl imo educ o de e que pudie a
queda le.
En es e cuade no ambién encon amos una ue e de ensa del alo indi idual de la
pe sona. Unamuno es con a io a oda idea elacionada con la unión o al e indisoluble de los
indi iduos en un único mo imien o o pa ido. De iende que es en la unión, la cual p ese a la
iden idad, donde se encuen a el o igen de una e dade a ue za (Unamuno, 2016, 116-117).
Es e ansia de p ese a el pensamien o indi idual, pese a con ia en la ue za que la
humanidad iene en su unidad, es la que de ine sus di e en es a iliaciones en la polí ica.
P ime o de iende el ede alismo como doc ina polí ica, dice pues: “La sociedad humana y su
o ganización debe basa se sob e el indi iduo pa icula humano, sob e la pe sonalidad
conc e a y no la abs ac a” (Unamuno, 2016, 121). Si bien p esen a una de ensa de la
pa icula idad, econoce la impo ancia de las elaciones de in e és en e los miemb os de un
mismo Es ado. Especí icamen e, asegu a que los in e eses en e ecinos son más p óximos
que en e miemb os de una nación. Lo dice de la siguien e mane a: “Pe o en e ciudadanos
hay elaciones más gene ales y menos gene ales, me unen más in e eses con mi ecino que
con mi compa io a” (Unamuno, 2016, 121). En es e momen o su pos u a polí ica se
ap oximaba al ede alismo y lo con i ma en el siguien e agmen o: “En polí ica p o eso el
ede alismo, única doc ina que concue da con mis ideas sob e las elaciones y lo ela i o”
(Unamuno, 2016, 121).
Ambas p oblemá icas se án i ales pa a su pensamien o y no pa a án de ma iza se y
a ia a lo la go del iempo. Po una pa e, el echazo de la e y el ansia po p ese a su
iden idad indi idual e mina po explo a en el momen o que comp endemos que la c isis de
1897 no es o a cosa que una c isis de e. Es Unamuno buscando un modo de c ee que se
adap e a sus pensamien os y que le aleje de su miedo a la nada. Po o a pa e, el p oblema de
la elación en e indi iduo y sociedad. La e dade a duda eside en si e dade amen e se
puede c ee de un modo indi idual y alejado de la comunidad ca ólica o si, po el con a io,
es mejo el cen a se en la comunidad con uno mismo (Unamuno, 2018, 84).
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Es as p oblemá icas siguie on al au o has a su c isis, pe o ya en Salamanca, p esen a
algunos cuade nos que pueden mos a que la e olución del pensamien o de Unamuno es
pausada pe o u bulen a.
3.3.2 Salamanca (1891-1897)
Tal como nos cuen a Miguel Ángel Ri e o en su in oducción pa a los Cuade nos de
ju en ud, Salamanca ue una egene ación men al pa a Unamuno, que log aba escapa del
hos il y ca gado ambien e in elec ual bilbaíno. Pe o no a dó en da se a conoce en su nue a
ciudad as aumen a el núme o de publicaciones en e is as como La libe ad y La
democ acia. Es e hecho hizo que se gana a cie o echazo po pa e de algunas cúpulas
in elec uales de la uni e sidad con una ideología más conse ado a y que no admi ía el
pensamien o de co e p og esis a y cada ez más socialis a4 del p o eso asco (Ri e o, 2016,
26). Aunque sí debemos des aca un hecho en elación con lo an e io ; es que la sono idad
que es os a ículos le die on a Unamuno se ía uno de los elemen os que le lle a ía a la c isis.
Lo que aho a se p esen aba como el in en o de log a que su oz llega a lo más lejos posible,
al como asegu a Miguel Ángel Ri e o: “es o supuso pa a Unamuno una ampli icación del
eco de su oz, cues ión que cada ez le p eocupaba más en es os indicios de su ayec o ia
ac ual” (Ri e o, 2016, 26). Se ol e ía una p eocupación que debemos ene en cuen a, ya
que la c isis de Unamuno no solo e a una c isis de e, sino que ambién e a p oduc o de la
imposibilidad de uni ica su yo público y su yo ín imo, al como dice Paolo Tanganelli.
Ve dade amen e, la c isis es un in en o de una eno ación in elec ual p o unda. No
únicamen e po la dualidad azón y e, sino po la imposibilidad de compagina su yo ex e io
(el cual es his ó ico y público, des acado po su a eísmo y su con lic i idad), con su nue o
yo, que se es á ges ando en es os momen os de c isis y que se aleja o almen e de su imagen
pública, dice en onces Tanganelli:
El hecho es que el paso de lo iejo a lo nue o, en Unamuno, se aduce en un in en o de eliminación de
la oposición en e homb e ín imo y pa e social, de mane a que el p ime o ya no enga que some e se al
segundo (Tanganelli, 2003, 63).
4 “Se a aba de un «Socialismo abie o», no ence ado en la dogmá ica de un pa ido o la doc ina y alejado de
los p og amas” (Unamuno, 2016, 26). Podemos obse a en es a ci a cómo Unamuno se ap oxima al socialismo,
como ya an es se ace có al ede alismo en la búsqueda de un mo imien o polí ico abie o que econocie a el
alo del indi iduo y la ue za de la coope ación. Es lo que Ce ezo Galán llama ía “Socialismo Humani a io”.
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Con inuando, es en es e iempo en el que Unamuno comienza a dis ancia se de las
pos u as p opias del spence ismo y del posi i ismo cien i icis a, e isando lo que la ciencia es
y los lími es de la misma. Del mismo modo, busca nue as o mas de elaciona se con la e y
la c eencia, incluso admi iendo se c eyen e y saliendo de esa e apa agnós ica de su ju en ud.
En los años p e ios a su ma cha a Salamanca encon amos dos ex os que pueden da pie a
unas nociones ace ca de Dios y de la e más p óximas a las que luego encon a emos en el
Dia io Ín imo (Unamuno, 2018). Ambos son pa e de sus Cuade nos de Ju en ud (Unamuno,
2016). Nos e e imos a la “Ca a a Juan Solís”, donde encon amos mues as de las c í icas a
Spence y de la ap oximación a Dios desde el sen imien o y no desde la azón. Y “Filoso ía
II”, donde pa ecie an e se c í icas a la eligión y e e encias a las ideas de comunidad que
luego oma ían impo ancia, siendo ambos ex os esc i os en o no a 1891-1892.
En la “Ca a a Juan Solís” ya da un cambio adical en compa ación con el “Cuade no
XVII”, p incipalmen e, po que es el ex o donde Unamuno se au o decla a c eyen e. Véase en
el siguien e agmen o:
¿Niego a Dios? No, y no, y mil eces no. Yo soy an c eyen e como cualquie a, soy en eo ía c eyen e y
en la p ác ica has a mís ico, y dejo de hace mil cosas no po que me pa ezcan incon enien es, sino
po que me pa ecen pecado y íase quien quie a (Unamuno, 2016, 300)
Unamuno es c eyen e, pe o no c ee con la azón, es deci , no con ía en la posibilidad
de la acionalización de la e. Asegu a que las p uebas acionales escolás icas de la exis encia
de Dios no demues an nada. La c eencia en Dios se da po medio de la e y no de la azón.
Se e alo iza así la e como un hecho que se liga di ec amen e a la c eencia, el cual es capaz
de da luz a los oscu os incones donde la azón no llega:
La e es un hecho es el pleno con encimien o de un p incipio sin necesidad de p uebas, es c ee lo que
no imos; la e es un hecho que a anca del sen imien o pa a llena el acío de la azón, la e no se
p ueba ni se discu e, el que c ee (Unamuno, 2016, 300).
Es en es e momen o, debido al caos de sus pensamien os, donde podemos encon a
los p oblemas de su imagen pública, la caída de los an iguos ideales que de endió, las
expe iencias de su niñez que en él hicie on c ece el miedo a la nada, la gue a po ecupe a
una e ya pe dida… Todo es o causa que Unamuno colapse y, cansado, decida p eocupa se
po su sal ación indi idual y busca el consuelo de la eligión, consuelo que no puede
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encon a po que su azón se lo impide. Es es e el Unamuno del Dia io ín imo, el Unamuno
de la c isis, es el Unamuno que Tanganelli desc ibe como:
El Unamuno del Dia io, con su has ío hacia el papel público, con su epulsa del se en unción de los
demás, iene a deci nos que su p oyec o exis encial obedece sólo a las más hondas mo i aciones de su
ánimo, es deci , a una ins ancia desespe ada de sal ación indi idual, y no al deseo de dis ingui se y de
sob esali (Tanganelli, 2003, 45)
Es e es “Unamuno, ca ed á ico de Salamanca, a iliado al pa ido socialis a, homb e
casado y pad e de amilia, se in e na en un con en o y hace eje cicios espi i uales de una
semana, di igidos po su an iguo di ec o y siemp e amigo” (F ayle. 1996, 93)
Capí ulo 4: Fe, c eencia y eligión en el Dia io ín imo
Los años p e ios a su e i o olun a io, Unamuno había pasado po una oscu a e apa.
Se alejó de sus conocidos y se ence ó en su casa p eso de un e o a la mue e mayo que
ningún o o du an e su ida. Las pocas eces que escapaba buscaba consuelo en el con en o
de San Es eban. Has a que el pánico le lle ó a una desespe ada e i acional búsqueda de Dios
pa a pode sal a se de la nada que le acechaba y, po ello, decidió e i a se a dicho con en o.
donde medi ó p o undamen e ace ca de los p oblemas de la eligión y la e.
“Pospón oda sabidu ía e ena, y oda humana y p opia complacencia” (Unamuno,
2018, 15). Así inicia la p ime a página del Dia io ín imo. Es a no es una ob a pensada pa a el
público, sino una compilación de cuade nos que gua dan los pensamien os que Miguel de
Unamuno u o en e medi aciones, lec u as y paseos du an e su e i o espi i ual. En o al
podemos encon a cua o cuade nos. Todos ellos son una compilación algo aje eada de
ci as, pensamien os ugaces y p o undas e lexiones ilosó icas. Pe o el hecho de se un dia io
hace que no haya una p eocupación exp esa po cuida las o mas y el con enido, sino que an
solo encon amos un in en o de e baliza una se ie de pensamien os caó icos. Debido a es o,
se pueden encon a los mismos p oblemas y concep os epe idos en di e en es cuade nos. Es
po ello que el p esen e capí ulo p e ende hace un seguimien o de los concep os de e,
c eencia y eligión a lo la go de oda la ob a e in en a conclui una idea gene al de los
mismos en e es as caó icas páginas.
An es de inicia el análisis, es i al comp ende que el concep o de e y de c eencia no
pueden desliga se. Po ello en ende emos la e como una especie de in uición que nos ab e a
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la siguien e p egun a: ¿es la e algo que se iene o que se ob iene? Po o a pa e,
en ende emos que la c eencia iene un ca iz más angible, pudiendo es udia cuáles son las
c eencias que Unamuno quie e ene y cuáles conside a acep ables o no. Po úl imo,
es udia emos la eligión en elación con el espec o público de la e, es deci , e emos cuál
debe ía se el papel de la iglesia y la comunidad c is iana pa a él. Una ez se comp ende la
es uc u a del capí ulo, podemos inicia el análisis,
4.1 La e en el Dia io ín imo
El p oblema que odea a la e a lo la go de los cuade nos es: ¿es acaso la e algo que
puede se olun a iamen e alcanzado, o, po el con a io, sólo puede ob ene se g acias a la
g acia di ina? Es a duda p oduce una agonía con inua que in en a se esuel a en modo de
plega ias a un Dios que pa ece mudo. Es as son el esul ado del ansia de una e elación que
pe mi a a Unamuno ilumina se en la e, pe o sin cae en un au oengaño: “Debo ene cuidado
con no cae en la comedia de la con e sión, y que mis lág imas no sean lág imas ea ales. A
i, Seño , nadie puede engaña e” (Unamuno, 2018, 23). Es e soliloquio no solo con i ma el
g ado de since o análisis y, po an o, conocimien o in e no que Unamuno iene de sí mismo.
Además, demues a un in en o de ace camien o a Dios de un modo pe sonal, una
con e sación con él, po medio de dichas plega ias, ales como: “De uél eme el alma,
Seño ” (Unamuno, 2018, 26).
En es e ansia de iluminación Unamuno empieza a plan ea posibles modos de
ac uación que le ace quen a la misma. Cons i ui á como p incipios de la e la humillación y la
o ación, ya que en ellas se mues a un modo de ap oxima se a Dios desde el sen imien o.
Como an e io men e eíamos, el ilóso o asco obse a en el in elec ualismo el mal que le ha
obado su alma y po la que aho a es á ezando:
Con la azón buscaba un Dios acional que iba des aneciendo po se pu a idea, y así pa aba en el Dios
Nada á que el pan eísmo conduce, y en pu o enomenismo, aíz de odo sen imien o de acío. Y no
sen ía al Dios i o, que habi a en noso os, y que se nos e ela po ac os de ca idad y no po anos
concep os de sobe bia. (Unamuno, 2018, 17)
Po el momen o, podemos asegu a que la e apa de c isis es una e apa de
an i-in elec ualismo. Po ese mo i o, es i al comp ende que el Dios que busca Unamuno no
puede se jus i icado po la azón, sino que debe se pe cibido casi de un modo na u al, como
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una especie de in uición, pues la e es un hecho y como al solo es jus i icable en su p opio
exis i . No se necesi a azón de ás de ella. Ace ca de la e como in uición dice lo siguien e:
La e es un hecho en aquellos que la poseen y dise a sob e ella los que no la ienen es como si una
sociedad de ciegos discu ie a ace ca de lo que oye an habla de la luz a los iden es.
La e es un hecho, y como un hecho hay que es udia la. (Unamuno, 2018, 124)
Y es o se complemen a al asegu a que la e se jus i ica con su p opia exis encia en
aquellos que la poseen. Dice sob e es o lo siguien e:
¿Qué mayo milag o que el que haya millones de homb es en la gas gene aciones, que c ean cosas
incomp ensibles, mis e ios que epulgan la azón? Es un milag o de humildad colec i a. ¿Po qué c een
an os homb es? ¿Cómo la azón no es más ue e?
La e dad de la e se p ueba po su exis encia, y sólo po ella. (Unamuno, 2018, 27).
Es o demues a sólo la c eencia de Unamuno en la exis encia de la e, pe o no
esponde a las p egun as an e io men e plan eadas. Que la e exis a como in uición no a i ma
que es a pueda se alcanzada po cualquie a. ¿Acaso sólo puede se alcanzada con ayuda de la
g acia di ina como an e io men e imos que a i maba Donoso Co és? ¿Es el camino de la
humillación, la o ación y el da se a C is o el modo de alcanza la? Pa ece que el g an
p oblema de la c isis de e de Unamuno, en e o os, es á en busca un modo de accede a la
e, pudiendo así palia sus dolo es espi i uales. Es e p oblema no es esuel o de o ma
sa is ac o ia ni absolu a. Unamuno pa ece es a azando su camino a la e po medio del
eencuen o consigo mismo g acias a la o ación, alejándose del in elec ualismo y dándose a
Dios po medio de la humillación y debido al anonadamien o que gene a la mue e cuando es
pensada como nada.
4.1.1 O ación, humillación y nada como in en o de alcanza la e
Es e ansia po llega a ene e iene su o igen en el g an emo a la mue e que, como
ya se ha comen ado, pe siguió a Unamuno du an e oda su ida. “Dame e Dios mío, que, si
log ó e, es que la hay” (Unamuno 2018, 29). Al se la e un hecho, ene e en la
inmo alidad es la o ma de comba i a la mue e como an asma de la nada, y al mismo
iempo, si se iene e en un pa aíso de glo ia, es e se á el que hab á en el más allá. Ace ca de
la glo ia dice lo siguien e: “Algo así debe se la glo ia: una inme sión e e na calma, y un
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e e en la e e na o ación del espí i u” (Unamuno 2018, 29). Es en el Dia io ín imo ambién
se e una búsqueda de pode ace ca se a Dios, no solo ene e en él. Unamuno quie e i i
p óximo a él, ya que solo Dios es inmo al, y i i en él es ol e se inmo al, sob e i i a la
nada de la mue e.
En es e pun o, el asco con empla la mue e como la en e medad p opia del se
humano, aquella que le pe sigue sin impo a lo lejos que uno escape. Vol iéndose la mue e
el mal, aquello que que emos ob ia , pa adójicamen e, el único modo de pode a on a la es
mi a la ca a a ca a e in en a comp ende la. No hay espacio pa a una ida si es a no mi a a la
mue e. Unamuno lo dice de la siguien e o ma:
No se debe pensa en eso –se dice– si nos pusié amos á ca ila sob e la mue e se ha ía imposible la
ida. Hay que pensa en ello, po que siendo el p incipio del emedio conoce la en e medad, y la
mue e la en e medad del homb e, conoce la es el p incipio de emedia la. (Unamuno 2018, 69)
Po ello no es iable encon a una solución al dolo y miedo que la mue e p oduce si
no se a on a. Es más, pa a Unamuno es i al log a sob epasa el anonadamien o de la
mue e, ap o echando el e o que es a gene a pa a pode ol e lo ene gía de abajo,
in i iendo es a como mo o de la e en la e e nidad de su alma, al como p esen a en la ci a
siguien e:
Cuando esa idea de la mue e, que hoy pa aliza mis abajos y me sume en is eza é impo encia, sea la
misma que me impulse a abaja po la e e nidad de mi alma, no po inmo aliza mi nomb e en e los
mo ales, en onces es a é cu ado (Unamuno 2018, 69).
La mue e no deja de ene un papel de enemiga, es aquella de la que nadie ha uel o,
aquella de la que ninguno de noso os iene o end á ce eza de si hab á algo después de ella.
Pe o es a su ez la única que puede da luz a la ida:
Pues o que la mue e es el é mino na u al de la ida, el camino na u al de es a es i á aquella, y su
na u al luz la luz de su in. Sólo se comp ende la ida a la luz de la mue e. P epa a se pa a mo i es
i i na u almen e (Unamuno, 2018, 30 )
Debido a es o, p epa a se pa a mo i es el camino de la ida. Siendo así, el p oblema
no es an o el mo i como la al a de ce eza del más allá, la cual ea i a la p eocupación po
la nada. Es a es comp endida como un modo de c ea la e, esponsable de hace nos cae en
24
jun o a su muje y su mad e, ue on siemp e los úl imos bas iones de su e. Él mismo lo
a i ma en el siguien e agmen o:
He llegado has a el a eísmo in elec ual, has a imagina un mundo sin Dios, pe o aho a eo que siemp e
conse é una e ocul a en la Vi gen Ma ía. En momen os de apu o se me escapaba maquinalmen e del
pecho es a exclamación: Mad e de Mise ico dia, a o éceme (Unamuno, 2018, 32).
Más allá de es a de oción a la Vi gen, Unamuno e en su igu a la humildad y la
sencillez. Si Jesuc is o es humano no es po su ca ne, es po que nació de la sencillez y la
humanidad de la Vi gen: “La Vi gen es la sencillez, la mad e e nu a. De muje nació el
Homb e de Dios, de la calma de la humanidad, de su sencillez” (Unamuno, 2018, 33).
Podemos conclui , que, pese a que Unamuno no pie de en ningún momen o la
in ención de llega a c ee en Dios Pad e, encuen a en la Vi gen como mad e y en C is o
como hijo, la sencillez y humildad que debe ene su c eencia. C ee en la exis encia de C is o
como una pe sona eal e his ó ica es lo que le pe mi e encon a un ejemplo a segui . Además,
le pe mi i á comp ende que el se humano no es malo y, quizá, si la maldad no es humana,
nos pod emos lib a del mal del in elec ualismo.
Pa a conclui es e pun o, podemos deci que la e es aquella que con i ma la c eencia.
Po ello la olun ad de c ee , enca nada en el concep o del “que e c ee ”, no es una c eencia
como al. A su ez, podemos in e p e a que en es a olun ad de c ee es donde se gene a el
núcleo de la expe iencia eligiosa indi idual. Unamuno, incapaz de ob ia su papel en el
mundo, e lexiona á de su luga den o de la comunidad eligiosa. En el siguien e pun o
a a emos de da espues a a la cues ión de la eligión. En ende emos es a como el plano en
el que se elacionan la expe iencia in e na de la c eencia y la e con el ámbi o social y
polí ico.
4.3 La eligión en el Dia io ín imo
En es e pun o no debemos ol ida que Unamuno, cuando se e i ó al Con en o de San
Es eban en busca de la e, se encon aba a iliado ideológicamen e a un “socialismo
humanis a”. Es más, conside a que en su al a de e el socialismo es un educ o de bondad del
que debe es a o gulloso. Pe o lo úl imo que Unamuno quie e es la disolución de su yo.
Ve dade amen e es á buscando un modo de concilia su yo ex e no y su yo in e no. Pa a
pode en ende el alo de la Iglesia en el Dia io ín imo debemos in en a esca a de es os
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cuade nos en qué consis e ese con lic o en e el yo ex e no y el yo in e no, sin ol ida que
es amos inme sos en un plano social.
Unamuno denuncia un nue o mal en la sociedad de la “ eligión del abajo”, de la que
a i ma habe se libe ado. Más ¿en qué consis e? “¡T abaja ! y pa a qué? ¿T abaja pa a más
abaja ? ¿P oduci pa a consumi y consumi pa a p oduci en el icioso cí culo de los
jumen os? He aquí de ondo una cues ión social” (Unamuno, 2018, 48). Es a ci a p esen a
esa ac i ud con es a a ia de in de siglo, p oponiendo una ecupe ación de la dimensión
espi i ual de la eligión lejos del libe alismo y su ideal de abajo, p og eso, e cé e a.
Vayamos po pa es, la nue a eligión de Unamuno se basa en un echazo a el sis ema
impe an e y a la noción del p og eso, que, pese a no men a di ec amen e, pod íamos
in e p e a lo a pa i del siguien e agmen o:
La cosa es cla a; si la humanidad p og esa en cul u a, en acilidad y c edibilidad de ida, si se hacen los
homb es más accesibles a los encan os del a e y de la ciencia, y con ello e inada la cul u a y
sensibilizada la conciencia se hacen más sensible y cla a la pe cepción de la nada, los homb es se ha án
más in elices con su in elicidad. Cuan o más g ande y dulce y encan ado a la ida más ho ible la idea
de pe de la (Unamuno, 2018, 97)
Mien as el dulzo de la ida nos es placen e o, ambién nos hace pe ca a nos del
emo a la nada. Es deci , hay una pa adoja en el p og eso: “cuan o más eliz se es más miedo
da mo i se”. Pe o Unamuno obse a que la desespe ación que gene a es e miedo a la mue e
es el único modo de que haya un ma co que posibili e la ida, pues si no hay emo no puede
habe espe anza, ni necesidad de encon a a Dios (Unamuno, 2018, 98).
En segundo luga , analicemos esa dimensión social de odo homb e y su con lic o con
la dimensión in e na. Debido a la in e acción con los o os, nues as acciones poco a poco
ejen una ed que nos a apa. Somos escla os de la imagen que nos cons uimos. Así, el
e mino escla i ud se uel e muy impo an e, al como demues a el p óximo ex o:
He aquí o a o ma de esa mo al escla i ud que hace sac i iquemos nues a ealidad á la apa iencia que
de noso os hay en las men es ajenas, que sac i iquemos nues o p opio se al concep o que de noso os
se ha o mado en el mundo. (Unamuno, 2018, 93).
Se concluye así, que pa a el asco el e o a se escla os del yo que nos han, o mejo
dicho, nos hemos cons i uido, es solo un modo de aleja se del yo in e no. Mas si Dios habi a
en nues o in e io y el modo de ap oxima se a él es en a en comunión con noso os
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mismos, debe íamos in en a ace ca nos a nues o yo espi i ual e ín imo. Ace ca del ansia de
libe a se de es a escla i ud, Unamuno di á en onces: “Quie o i i en mí, donde engo á mi
Dios, y no en ellos, quie o libe ad” (Unamuno, 2018, 94).
En conclusión, la eligión en los cuade nos ín imos debe ía posee las siguien es
ca ac e ís icas: la comunidad, enca nada en la iglesia, la p ese ación de la iden idad
indi idual y la ap oximación a los p incipios de la e de humildad.
4.3.1 La comunidad c is iana, la Iglesia y la indi idualidad
Unamuno ansía pode c ee como los demás ieles, desea c ee como si ol iese a
o ma pa e de la misma comunidad que en su niñez. Ansía obedece la ley de Dios al igual
que el es o de los c is ianos, pe o no puede obedece una ley en la que no c ee. Dice
en onces: “No debo obedece la ley has a c ee en ella como el pueblo, es una comunión de
men i a” (Unamuno, 2018, 67). Es a elación en e la comunidad y la c eencia pa ece ía
ob ia, pe o se complica cuando el c ee es “que e c ee ”, ya que el que e c ee es un que e
obedece la olun ad de Dios (Unamuno, 2018, 113).
Resul a que, si la búsqueda de Dios se debe de ealiza mi ando al in e io de uno
mismo, la comunidad debe uni ica se po una misma c eencia y, po an o, se enma ca en un
dogma conc e o que debe ela po p ese a la in imidad. Unamuno quie e pa icipa de una
comunidad en ocada a lo espi i ual y guiada po un núcleo de c eencia compa ido.
Con inuando con es o, en la siguien e ci a Unamuno pa ece a i ma que la comunidad debe
en oca sus o aciones y co azones a C is o:
Así es en la eligión del espí i u con la o ación sob e odo con la o ación común. Suben nues as
o aciones sacadas de nues os co azones po el C is o común, o man nubes espi i uales que ecogen el
calo celes ial y se bañan en su luz, y descienden luego en llu ia e escan e y i i ican e á nues as
almas (Unamuno, 2018, 31)
La comunidad es el pun o de unión de los c eyen es donde la o ación conjun a puede
o o ga al indi iduo que la con o ma un espi o, un modo de oma ue za pa a pode segui
en su ap oximación a Dios. Quizá sea es a comunidad en comunión conjun a a un mismo
Dios a lo que Unamuno se e ie e con el comunismo del espí i u: “El san o comunismo de la
comunión, pa icipa odos de un mismo Dios, comulga del espí i u” (Unamuno, 2018, 23).
En onces, si la búsqueda de Dios nos lle a a noso os mismos y, a su ez, odos
pa icipamos de un mismo Dios, en la comunidad c is iana que nomb a emos Iglesia de aho a
en adelan e, es donde uno e dade amen e puede se lib e. Así, en la Iglesia es donde uno
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puede se él mismo, pues al mos a en comunidad su yo espi i ual, que se iden i ica con su
yo ín imo, se libe a de la se idumb e de la imagen que uno mismo se ha ido o mando. Es
po ello que, a i ma á Unamuno: “hay que busca la libe ad den o de la iglesia, en su seno”
(Unamuno, 2018, 31).
Aun así, la Iglesia, en an o comunión de los ieles, debe p ese a se como una
ins i ución ue a del mundo, de lo social y de lo polí ico. Debe p eocupa se únicamen e de lo
que concie ne a la dimensión espi i ual. Unamuno e es o cla o en el agmen o de Juan 18,
ese momen o de la Biblia que dice “mi eino no es de es e mundo” (Juan 28:36), el cual se
puede encon a en el segundo cuade no ín imo. El e sículo comple o nos puede da algo
más de in o mación pe inen e con lo an e io : “Respondió Jesús: «Mi eino no es de es e
mundo. Si mi eino ue a de es e mundo mis se ido es hab ían luchado pa a que no ue a
en egado a los judíos; pe o mi eino no es de aquí» (Juan 28:36).
Si enemos en cuen a es e e sículo, ¿po qué debe ía la comunidad c is iana unida en
lo espi i ual p eocupa se po los p oblemas del mundo? Y sob e odo, ¿es acaso pe misible
usa la eligión como bande a de pa ido? En p ime luga , c eo ya habe mos ado
a gumen os su icien es pa a a i ma que pa a Miguel de Unamuno la Iglesia es solo la unión
de sus ieles, no hay una sus ancia de la Iglesia. Es a solo exis e si sus ieles exis en y es os
deben exis i en an o buscado es de Dios. En segundo luga , si a i mamos que el eino de
Dios no es de es e mundo y, al mismo iempo, a i mamos que los miemb os de la iglesia son
la cons i ución de la misma y es os solo se limi an a su espi i ualidad, es e óneo pensa que
la iglesia se deba mezcla con las dispu as en e homb es. Pe o, odo es o se esume bien en la
siguien e ci a:
In eg is as, ca lis as, mes izos, neos, e c.
Dios en egó el mundo á las dispu as de los homb es, ¡Qué poca ca idad!¡Cuán o daño hace odo es o a
las almas! O a cosa se ía si nos cuidamos de la e o ma del homb e in e io , de nues a eno ación en
C is o. // La iglesia es la cong egación de los ieles, ue a de es os no es nada sus an i o. No caigamos
en el e o de da sus ancialidad pan eís a á la sociedad c is iana y p e ende lle a algo a ella.
Todos esos que dispu an en la calle y en la p ensa y en las sociedades se unen pa a eza y se unen en
una o ación común y en común sac i icio. Recen más y dispu en menos y hallándose moñas iempo
unidos y menos dispu ando end án mejo á un acue do (Unamuno, 2018, 82)
Pa a conclui es e pun o, podemos a i ma que la Iglesia es la unión de sus ieles y
pa ece se p esen ada como un modo de he mana a la humanidad. Es en la Iglesia donde se
puede en onces escapa de la agonía del in elec ualismo, pues en ella se busca el espí i u
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den o una he mandad donde “hay que gas a más las odillas que los codos” (Unamuno,
2018, 83).
4.3.2 Cambio y ace camien o al dogma
O o de los elemen os que a Unamuno le p eocupan con elación a la eligión es el del
dogma. ¿Cómo ha de se el dogma que guíe a es a comunidad? El p ime paso pa a busca lo
se á el ace camien o a la opinión de Unamuno ace ca del ex o bíblico, del cual asegu a:
“Debemos in e oga al e angelio y acep a con sencillez sus enseñanzas (..) y no el me o
sen ido de la le a, su e dad y no su azón” (Unamuno, 2018, 42).
El ace camien o al dogma desde la sencillez, que ya ue explicado an e io men e en el
capí ulo de la e, es de un modo ín imo y desde la o ación. Pa ece que la ap oximación al
e angelio debe ealiza se desde el co azón y no desde la azón, man eniéndonos así humildes.
Es e pensamien o nos debe p esen a los dogmas como mis e ios pa a la azón, ya que no se
puede cons ui una ley di ina basada en la azón (Unamuno, 2018, 169). Pe o de lo que
Unamuno se pe ca a es que en la ap oximación a uno mismo en la búsqueda del C is o
in e io es donde se cons i uye el e dade o núcleo de la ca idad. Es deci , en la ap oximación
a Dios po medio del ace camien o a uno mismo encon amos la ca idad.
Con la ca idad Unamuno p e ende p esen a el concep o c is iano del “ama al p ójimo
como a i mismo” como al e na i a al “conóce e a i mismo”, que asegu a es un ideal
pu amen e in elec ual. La cla e es conoce se a uno mismo como un yo indi idual, que peca y
su e (Unamuno, 2018, 51). Unamuno dice en onces: “Búsca e en el seño y allí encon a ás
paz e dade a y pod ás mi a e en e á en e y ab azado á i mismo en san a ca idad”
(Unamuno, 2018, 50). Busca al Seño implica encon a se a uno mismo. Debido a es o,
encon a se y ama se a uno mismo es es a en el Seño , lo que implica que, si el Seño es lo
único e dade amen e bueno el camino de ace ca se al yo ín imo, necesa iamen e, e
ap oxima a la ca idad y, po ello, al p ójimo. Se cons i uye aquí un modo de encon a el
camino a la bondad g acias a la comunión con la c eencia, la eligión y la e.
4.4 Conclusiones
Has a el momen o se ha in en ado mos a la elación u bulen a de Unamuno con la
eligión. En la c isis del 97 los p incipales p oblemas que Unamuno p esen a son: “ansia de
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e”, la necesidad de encon a un nue o modo de c ee y de asegu a que pueda habe una
nue a Iglesia que de ienda un modo indi idual de i i la eligión. Al pensado asco le
in e esa pode a moniza es os elemen os. Un ejemplo de es e in en o es á en la humildad
como p incipio de la eligión, la e y la c eencia. O o ejemplo se ía el in en o de ap oxima se
a es os al e i a el in elec ualismo y al apela al sen imien o.
Las año anzas que Unamuno iene en sus cuade nos, po desg acia, no pod án jamás
se sol en adas, es o se á abo dado en el siguien e capí ulo. Debemos comp ende que en es e
e i o se cons i uyen los p incipales p oblemas que la iloso ía más adul a del asco a a á.
Jamás Unamuno sanó en e amen e de las he idas abie as, siemp e se quedó a las pue as de
la e, en un “que e c ee ” y un modo de c ee muy lejano al que su iempo enía.
Capí ulo 5: La emisión de las ideas de la c isis en ob as pos e io es
Pese a que Unamuno quiso du an e oda su ida pode se un c eyen e, a i ma que lo
log ó se ía al a a la e dad. Lo cie o es que Miguel de Unamuno con i ió con los
p oblemas de su e has a el día de su mue e. Po ello podemos a i ma que las p oblemá icas
encon adas en las páginas del Dia io ín imo imp egnan ob as pos e io es, es deci , que los
lib os, ya sean ensayos ilosó icos o no elas que con o man la bibliog a ía más des acada del
au o , a an los mismos p oblemas que hablábamos en el capí ulo an e io . Po an o, las
ob as más des acadas de la e apa de madu ez del asco ales como Del sen imien o ágico de
la ida, San Manuel Bueno Má i , De ida Don Quijo e y Sancho, La agonía del
C is ianismo, en e o as, a an di ec a o indi ec amen e p oblemá icas como el con lic o de
sen imien o y e, i encia agónica del c is ianismo, la indi idualidad en la eligión o la igu a
de C is o. Así pues, dedica emos es e capí ulo a busca es as p oblemá icas en las ob as ya
mencionadas, pudiendo conclui el es udio de la elación de Unamuno con la e, la c eencia y
la eligión a lo la go de odas sus e apas de pensamien o.
5.1 La p oblemá ica azón y sen imien o
Tal como eíamos en el Dia io ín imo, si algo a o men aba a Unamuno e a que la
azón le impidió pode hace caso al sen imien o, imposibili ando el alcanza una c eencia
e dade a y plena. Pe o como poco a poco i emos iendo, una de las di e encias en e el
Unamuno de la c isis y el de madu ez es la asimilación de la duda como modo de i i . Se
ex ingui á len amen e la necesidad de ce eza, pe o no desapa ece á el ansia de inmo alidad,
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el miedo a la nada o la duda sob e C is o. Te mina á po asumi la ini ud del se humano
como un p oblema que le es p opio y, a su ez, el sen imien o y su deseo de que e se
inmo ales, c ee en Dios y en el alma choca án con ello (al mismo iempo que la azón nos
uel e imposible pode log a lo). En onces, el ansia de inmo alidad y la asunción de la
ini ud pa ecen se con adic o ios. Unamuno nos lo dice así en su ob a publicada en 1912
Del sen imien o ágico de la ida:
Alguien pod á e un ondo con adic o io en odo cuan o oy diciendo, anhelando unas eces la ida
inacabable, y o as eces diciendo que esa ida no iene el alo que se le da ¿Con adicción? ¡Ya lo
c eo! ¡La de mi co azón, que dice que sí, y mi cabeza que dice que no! Con adicción, na u almen e (...)
sólo i imos de con adicciones, y po ellas; como la ida es agedia, y la agedia es pe pe ua lucha,
sin ic o ia ni espe anza de ella; es con adicción. (Unamuno 2021, 60)
Con inuando con la pos u a de que Unamuno decide asumi la ida en es e sen ido de
i acionalidad y log a ahuyen a de ini i amen e el in elec ualismo de sus esc i os, podemos
encon a nue amen e la a i mación de que la e es i acional. P esen a aho a Unamuno es a
i acionalidad como algo que se liga an o a la ida, como a la azón, dando como esul ado
una necesidad mu ua de odas. Ace ca de ello p esen a el siguien e agmen o en una ob a
pos e io La agonía del c is ianismo, de 1925:
La e en la inmo alidad es i acional. Y, sin emba go, e, ida y azón se necesi an mu uamen e. Ese
anhelo i al no es p opiamen e p oblema, no puede oma es ado lógico, no puede o mula se en
p oposiciones acionalmen e discu ibles, pe o se nos plan ea, cómo se nos plan ea el hamb e.
(Unamuno, 2021, 147).
Unamuno nos plan ea que si en endemos que el se humano es aquel que es y se
mue e en la con adicción que gene a el con lic o de la azón y la e y que, simul áneamen e,
es imposible encon a mo i o acional pa a de ende la inmo alidad que el sen imien o
quie e. Ob enemos como esul ado que, pa a el asco, debe habe una p imacía del
sen imien o pese a que a es e le es imposible log a desliga se comple amen e de la azón. Po
ello es i al comp ende que la exis encia humana es con adic o ia y agónica.
Unamuno no ha podido des e a a la azón, no ha log ado pode acia su men e y
ecibi a Dios en e o en su alma. Pa ece que la búsqueda de Dios se ha abandonado, pe o
Unamuno sólo ha asumido que el modo de elaciona se con Dios no puede pasa del “que e
c ee ” en él. Dice lo siguien e: “C eo, quie e deci ‘quie o c ee ’ o mejo ‘Tengo ganas de
c ee ’” (Unamuno, 1966, 77). Ni siquie a hay la misma in ención ac i a de busca a Dios,
sino que quedan las ganas de o adas, las cuales e mina án po mos a que la c eencia nos
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lle a a la agonía. Debemos en ende que la agonía se á concep o cla e del nue o modo de e
la eligión. Unamuno dice así: “La agonía es pues lucha” (Unamuno, 1966, 23). La agonía es
la gue a pe pe ua del que e c ee , pues uno quie e y no puede c ee cuando la azón se
in e pone.
Po an o, pa iendo de la con adicción del con lic o azón y e, se gene a la duda,
pe o es solo la duda la que en es a nue a e apa pe mi e alcanza una e e dade amen e plena.
El Unamuno de La agonía del c is ianismo pa ece habe ol idado la e como un hecho
asumido, ol iéndose la única e e dade a aquella que duda. Dice pues: “El modo de i i ,
de lucha , de lucha po la ida y i i de la lucha, de la e, es duda . (...) Fe que no duda es e
mue a” (Unamuno, 1966, 24). Po an o, la duda se uel e i al pa a su pensamien o
eligioso, al como dice Jo ge Asbun Bojail en su a ículo En o no al pensamien o eligioso
de Miguel de Unamuno: “En e ec o, la duda se ol ió base pa a pode explica se un sen ido
de es e mundo y una posible solución” (Asbun, 2018, 7-8)
Concluimos así que, pese a que la ba alla en e azón y sen imien o se man iene, los
pensamien os del asco cambian o undamen e, siendo el más des acable, bajo mi pun o de
is a, la asunción de la con adicción y la duda como p opias del se humano y de la e.
5.2 El indi iduo y la eligión
Tal como se ha is o a lo la go de los capí ulos, Unamuno siemp e alo ó la
indi idualidad y es o, de hecho, no cambió en su e apa de madu ez. Así como de iende
Ma cia C. Chá ez en su a ículo Unamuno: Exis encialis a C is iano:
Pa a Unamuno la eligión es ex emadamen e pe sonal e indi idual po que se a a de una unión ín ima
con Dios y po lo consiguien e, no puede explica se en é minos abs ac os o uni e sales. Cada homb e
lo sien e según su p opia expe iencia. (Chá ez, 1972, 74)
Al igual que en los cuade nos que esc ibió du an e la c isis, la de ensa de la in imidad
y la indi idualidad, y la impo ancia de es as en la eligión, no se pe de á con los años. El
asco p esen a así la igu a del “el homb e de ca ne y hueso, el que nace su e y mue e,
-sob e odo mue e-” (Unamuno, 2021, 49). Es a b e e ci a p esen a al homb e de ca ne y
hueso como aquel que es á mu iendo y, al no ene ce eza de una ida as la mue e, es á
condenado a la agonía y, po ello, el se humano necesa iamen e su e. La mue e en el
Unamuno de madu ez oma el papel p incipal de su iloso ía. El i i de ca a a la mue e
aho a es el núcleo de oda iloso ía, pues si “nues a iloso ía, es o es, nues o modo de
comp ende o de no comp ende el mundo y la ida, b o a de nues o sen imien o espec o la
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ida misma” (Unamuno, 2021, 50) y el “homb e de ca ne y hueso” sob e odo mue e, po
ello, nues a iloso ía debe á pa i del p oblema de la mue e.
Pe o, al igual que en el Dia io ín imo, la mue e no os en a el pues o del mayo miedo,
sino que se man iene el miedo a la nada. Unamuno dice así: “po que pa a mí, el hace me o o
ompiendo la igualdad y con inuidad de mi ida, es deja de se el que soy, es sencillamen e
deja de se . Y es o no: ¡Todo an es que es o!” (Unamuno, 2021, 58). Man ene es e miedo a
la nada ambién es debido a que se sigue dando una g an impo ancia a la indi idualidad y a
la in imidad. Po an o, man end á ambién la sepa ación en e, po una pa e, el homb e
in e no y i o que es el homb e ca nal y, po o a, el homb e que los o os en, el cual es el
homb e que i e en la his o ia. Mas quien quie a i i en la his o ia es a su ez aquel que
quie e segui i o y, po ello, aquel que desea que su nomb e sea eco dado año a ambién la
ida e e na. Dice así Unamuno en La agonía del c is ianismo:
Y es e es cue po de mue e es el homb e ca nal, isiológico la cosa humana, y el o o, el que i e en los
demás, en la his o ia, es el homb e his ó ico. Solo sé que el que quie e i i en la his o ia quie e
ambién i i en la ca ne, quie e a aiga la inmo alidad del alma en la esu ección de la ca ne
(Unamuno, 1966, 45)
Es en onces el ansia de inmo alidad e in en a p ese a la ida ín ima un p oblema
eal pa a es e Unamuno pos e io a la c isis.
Po o a pa e, ace ca de la eligión, la pos u a unamuniana puede pa ece que se
di e encia más de lo is o en el Dia io ín imo. Donde an es buscaba una in imidad y e isión
de los dogmas de la Iglesia, aho a p esen a una o al hos ilidad con los mismos. Asegu a que
el dogma es le a y que la le a es aquella que ma a al e bo cuando a a de acionaliza lo,
haciendo del dogma un elemen o que imposibili a la elación ín ima en e el c eyen e y la
palab a de Dios. Po an o, el dogma pasa a se o undamen e echazado, al como se e en el
siguien e agmen o:
Y con la le a nació el dogma, es o es, el dec e o. Y la lucha, la agonía ue den o del dogma y po el
dogma mismo, en i ud de la con adicción misma que el dogma lle a en sí po que la le a ma a. Y
ino la agonía dogmá ica, la lucha con a las he ejías, la lucha de las ideas con a los pensamien os.
Pe o el dogma i e de las he ejías como la e i e de las dudas. (Unamuno, 1966, 48)
Pese a que el dogma sea echazado, Unamuno e que la a acción en e el homb e y
Dios es necesa ia al como dice en Vida de Don Quijo e y Sancho:
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Dicen los ísicos que la ley de la caída es ley de a acción mu ua c eyéndose una a o a la pied a que
cae sob e la ie a y la i a que sob e aquella cae, en elación in e sa a su masa, y así en e Dios y el
homb e hay ambién mu ua a acción. Y si Él nos i a a Sí con in ini o i ón, ambién noso os i amos
de Él. (Unamuno, 1947, 27)
E e no i ón en e Dios y el humano, e e no ín imo i ón, no hay hueco pa a que o os
nos obliguen a c ee de uno u o o modo. Es as e lexiones no solo apa ecen en es as ob as
pos e io es a la p ime a gue a mundial, sino que ya desde 1907 Unamuno las p esen aba en
un pequeño a ículo i ulado Mi eligión, el cual se puede encon a en la ob a ecopila o ia
Mi eligión y o os ensayos b e es (Unamuno, 1964). En es e, el asco a eme e con a las
dudas sob e su c eencia y p esen a las pos u as que hemos ido iendo casi ein e años an es,
donde a a de esponde a la p egun a: “¿cuál es es a eligión del seño Unamuno?”
(Unamuno, 1964, 9). La espues a es el momen o de cla idad del nue o Unamuno g acias a la
asunción de la duda, pe o lle ada más allá, p esen ándola como agonía y lucha. Es as ya no
suponen un mo i o de c isis y aho a se uel en el e dade o sen ido de la ida. Nos dice lo
siguien e:
Y bien di ás ¿cuál es u eligión? Y yo esponde é: mi eligión es busca la e dad en la ida y la ida
en la e dad, aun a sabiendas de que no he de encon a las mien as i a; mi eligión es lucha
incesan e e incansablemen e con el mis e io; mi eligión es lucha con Dios desde el ompe del alba
has a el cae de la noche, como dicen que con é luchó Jacob. no puedo ansigi con aquello del
inconocible – o incognoscible como esc iben los pedan es— ni con aquello o o de «aquí no pasa ás».
Rechazo el e e no igno amus. Y en odo caso quie o epa lo inaccesible (Unamuno, 1964, 10)
La eligión de Unamuno es su lucha y solo suya, lejos de cualquie a que quie a deci le
cómo hace lo, ya que se conside a c is iano, pe o “sin a ene se a dogmas especiales de es a o
de aquella con esión c is iana” (Unamuno, 1964, 11). Ya pasó la e apa de que e ol e a se
niño, de busca obedece la ley de la iglesia. Aho a Unamuno a i ma que pa a su eligión lo
i al es la duda, y la duda, que es agónica po se duelo sin ic o ia, es aho a “mi alimen o y
mi consuelo” (Unamuno,1964 12).
5.3 Conclusiones
Concluyendo el capí ulo, pod emos a i ma que los elemen os que e isamos du an e
el capí ulo an e io pa ecie an habe cambiado con el paso de los años. La duda oma una
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