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Salvar corazones para rescatar cuerpos: el espacio de las comunidades evangélicas en el ámbito de las drogodependencias

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Salvar corazones para rescatar cuerpos: el espacio de las comunidades evangélicas en el ámbito de las drogodependencias

Author: Reigada Olaizola, Alicia; Florido del Corral, David; Talego Vázquez, Félix; Manjavacas Ruiz, José María
Publisher: Universidad de Sevilla, Vicerrectorado de Investigación
Year: 2007
Source: https://idus.us.es/bitstreams/64058f4d-b697-4343-bee1-b111fd911823/download
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Sal a co azones pa a esca a cue pos. El espacio de las
comunidades e angélicas en el ámbi o de las
d ogodependencias
Alicia Reigada Olaizola
Da id Flo ido del Co al
Félix Talego Vázquez
José Ma ía Manja acas Ruiz
In oducción.
El ex o que aquí se p esen a o ma pa e de un abajo de in es igación más amplio[1]
cen ado en la desc ipción, análisis y compa ación de odos los ipos de en idades p i adas,
no luc a i as, que se ocupan del cuidado, a ención y, en su caso, cu a de cualquie ipo de
pe sonas adic as, sea a sus ancias, legales o ilegales, sea a ac i idades[2]. Pa a ello pa imos
de un en oque in eg al in e esado en analiza conjun amen e es ámbi os de análisis: las
adicciones, las inicia i as coope a i as y solida ias de la sociedad ci il y el papel de las
adminis aciones públicas pa a con sec o es especialmen e necesi ados, en nues o caso las
pe sonas adic as, lo que pe mi e conoce mejo las cla es que explican la di e sidad y
posiciones espec i as de las di e sas en idades. Su singula idad eside ambién en la
pe spec i a ca ac e ís icamen e an opológica que lo p eside, cen ada en lo compa a i o y
elacional, sin limi a se a las dimensiones psicológicas o sociológicas con encionales, sino
p ocu ando la imb icación de las c eencias sob e la adicción y la ex acción social de los
consumido es con las o mas asocia i as y las c eencias y p ác icas e apéu icas.
El análisis del mapa sociológico de es as en idades nos ha e elado es condicionan es
decisi os pa a en ende la ealidad p esen e: las c eencias comúnmen e acep adas po la
mayo ía social ace ca de lo que es “uso” y lo que es “abuso” en la elación de los suje os con
cada una de las d ogas o con el juego; el g ado de acep ación o es igma ización de las
c eencias e ideologías a que se adsc iben unas y o as en idades: las hay desde más o menos
p óximas al ca olicismo, a las c eencias e angélicas, a o mas di usas de deísmo, a la e
cien i is a, has a las es ic amen e laicas; y la ex acción social de o igen de los suje os
a ec ados. La combinación de es os es ac o es con igu a un pano ama de apa iencia
di e sa y con usa, pe o que obedece en ealidad a algunas cla es que nos pe mi en en ende
la ubicación de cada ipo de en idad y la especialización del abajo a que esponden, en e las
que des acamos la co elación exis en e en e: las c eencias dominan es ace ca de lo que es
uso y abuso, las concepciones que se iene de las d ogas legales e ilegales, y las inicia i as
de ayuda al o o y ayuda mu ua. La dis inción o no de uso-abuso esponde a un doble
égimen de c eencias, según se a e del alcohol y los juegos de aza o del es o de d ogas
p ohibidas: pa a el consumo de bebidas alcohólicas y pa a los juegos de aza la amplia
mayo ía social c ee que son no males p ác icas de consumo co idianas, y no se piensa que
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quien se inicie en esos consumos enga que e mina necesa iamen e alcohólico o ludópa a,
en es as p ác icas, abusa es muy di e en e de usa ; sin emba go, signi ica i amen e, la
misma mayo ía social no piensa igual espec o del consumo de las sus ancias ilegales. Con
és as la g an mayo ía c ee que las di e encias en e uso y abuso son mínimas o inexis en es,
que con ellas odo uso es o aboca ápidamen e al abuso. Po an o, ambién hay una al a
co espondencia en e ilegalidad de es as sus ancias e ilegi imidad social de sus usos.
Es a di e en e concepción de lo que es uso y abuso en las sus ancias p ohibidas espec o de
las consen idas se ha e lejado en la con o mación de dos ipos di e en es de modelos
asocia i os, aquellos que se basan en la ayuda al o o y aquellos o os que esponden al
modelo de ayuda mu ua, dis inción que a su ez se solapa con la di e enciación en e
asociaciones o ien adas a consumido es de d ogas ilegales y aquéllas que lo hacen con
adicciones a sus ancias o ac i idades legales. En es a línea, la pe cepción del he oinómano
como “el caído”, adsc i o a un colec i o ma ginal, desin eg ado y muy de e io ado, se aduce
en un modelo asocia i o que nace con el obje i o de ayuda a ese “o o”, incapaz de sali po sí
mismo adelan e y que, po an o, necesi a ayuda desde el ex e io po pa e de pe sonas o
en idades capaci adas pa a ello. Es a ayuda ex e io puede p ocede de dis in os agen es –el
e apeu a, el psicólogo, el médico, el olun a io, el miemb o de una comunidad e angélica...- y
pe segui obje i os di e sos. Po o a pa e, el alcohólico y el ludópa a gozan de la dignidad
del en e mo y son conside ados pe sonas socialmen e más in eg adas, esponsables de su
si uación y capaci adas pa a supe a su p oblema.
En la p esen e comunicación nos cen a emos en el es udio de un ipo especí ico de en idades
de ayuda al o o, las comunidades e angélicas que o ien an su abajo al pe il pa adigmá ico
del d ogodependien e: los he oinómanos p oceden es de los es a os sociales más
des a o ecidos. El análisis de los o ígenes y lógicas de expansión de es as en idades en el
con ex o nacional e in e nacional, de la iloso ía que es á en la base del modelo de ida en
comunidad y del sis ema de o ganización que las ca ac e iza, así como de las c eencias y
e apias cu a i as que p omue en nos pe mi i á dibuja el espacio pa icula que las
comunidades e angélicas ocupan en el ámbi o de las d ogodependencias, espacio, como
e emos, condicionado po el pe il y es a o social de los consumido es que acogen, po la
concepción singula que ienen de las d ogas y las ías adecuadas pa a a a y “sal a ” a
aquellos que ing esan en sus cen os, pe o ambién po la posición que ocupan es as
comunidades inspi adas en el c edo e angélico en el ma co más amplio de nues as
sociedades, como esul ado del g ado de acep ación o es igma ización de las c eencias
eligiosas a que se adsc iben es as en idades.
O igen, e olución y lógicas de expansión de las comunidades e angélicas.
Es en un con ex o ma cado po el econocimien o de libe ades as la caída de la dic adu a
anquis a, que ino acompañada de la c isis de la Iglesia Ca ólica como p incipal ins i ución
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de e e encia, y po el su gimien o de nume osos mo imien os animados po una eno ación
c is iana, como las comunidades de base, pe o ambién de di e sas adiciones eligiosas
has a en onces casi inexis en es en España, en el que debemos si ua la apa ición de las
en idades e angélicas que abajan con consumido es de d ogas en nues o país, en e las
que sob esalen Re o, REMAR y Be el. Es as o ganizaciones ienen su o igen en iglesias
e angélicas es adounidenses y apa ecen en España en la década de los ochen a con el
obje i o de a ende y ayuda , desde la p opia expe iencia, a los consumido es más
ma ginados socialmen e. Aunque la dedicación de los mo imien os eligiosos a la a ención
social cuen a con una la ga adición his ó ica, la implicación de es e ipo de o ganizaciones
e angélicas con el “p oblema de la d oga” es especialmen e signi ica i a y debe en ende se
en elación al con ex o his ó ico en el que nacen, que nos pe mi e comp ende el ápido
c ecimien o que expe imen an.
Su apa ición en los años ochen a, animadas po el p opósi o de p ac ica y da sen ido a sus
c eencias eligiosas a a és de la ayuda a los sec o es más des a o ecidos, coincide con la
expansión de la he oinomanía y odas sus secuelas[3]: jun o a los colec i os p oceden es de la
bu guesía, que asociaban el consumo de he oína a alo es y compo amien os
con acul u ales, se ue con o mando un segundo ipo de consumido es p oceden e de los
es a os sociales más bajos, pa a los cuales las d ogas se ían un ac o más de exclusión
social. Po an o, las en idades e angélicas di igen su abajo hacia la igu a pa adigmá ica del
consumido de d ogas que domina en ese momen o, el he oinómano p oceden e de las clases
bajas, sin cues iona la concepción dominan e del he oinómano (pe sona hundida que necesi a
se ayudada pa a sali adelan e) ni la c iminalización de la sus ancia, lo que se aduce en la
exigencia de abs inencia en el consumo de odo ipo de d ogas como equisi o pa a se
acogidos en sus cen os. La impo ancia que u ie on es as p ime as gene aciones de
he oinómanos excluidos socialmen e pa a el nacimien o y con igu ación de es e ipo de
asociaciones e angélicas queda e lejada en las ase e aciones de los in o man es ace ca del
o igen de su o ganización:
“Los cen os de REMAR se iban llenando po que Bilbao e a una mina de oxicómanos. [...] No
podíamos deja a an a gen e en la calle, mu iéndose” (Responsable del cen o de REMAR de
Se illa).
La o ganización Re o de la Espe anza nace en 1986, ab iéndose su p ime cen o en
San ande a pa i de la inicia i a de un pas o e angélico no eame icano que, guiado po los
p oblemas de alcoholismo que había padecido y la mo i ación po p ac ica su e en C is o a
a és de la ayuda a pe sonas que es aban a a esando ambién p oblemas con las d ogas,
comenzó a acoge en su casa a consumido es sin ecu sos. Un esquema muy pa ecido
encon amos en el caso de REMAR (Asociación pa a la Rehabili ación del Ma ginado) que
nace en 1984 en Vi o ia, inculada a la iglesia e angélica Cue po de C is o, a pa i de la
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inicia i a de un ma imonio que endió e hipo ecó pa e de sus p opiedades pa a es au a un
case ío abandonado donde empeza on a acoge a gen e de la calle. Be el es o a de las
o ganizaciones e angélicas con mayo peso en nues o país[4]; ue undada en 1987 po un
misione o e angélico es adounidense que se ins aló en Mad id con el p opósi o de ayuda a
consumido es de d ogas en una inca de su p opiedad. En pocos años los cen os de es as
en idades ue on apa eciendo y ex endiéndose en o as ciudades, odos ellos in eg ados
undamen almen e po pe sonas que en a on como consumido es pe o que habían log ado
“sali de la d oga” y aho a op aban po es a nue a o ma de ida en comunidad. Así lo e lejan
las in e enciones de muchos de nues os in o man es: “es un poco lo que se sien e en
nues os co azones”, “yo un día es u e con p oblemas de d ogas y cuando salí mi g an deseo
e a el de ayuda a o as pe sonas” ( esponsable de un cen o de Re o). Con o me iba
aumen ando el núme o de pe sonas dispues as a abaja y ab i nue os cen os, es as
en idades ue on consolidando su modelo de o ganización, un modelo bien delimi ado y
de inido desde sus o ígenes al que se han ido ajus ando los nue os cen os an o nacionales[5]
como ex anje os.
La expansión y consolidación de las en idades e angélicas en odo el Es ado Español es
explicada po sus miemb os en azón de la e icacia de su modelo o ganiza i o y de la en ega
absolu a a la causa de la en idad. P esumen ambién de su expansión po o as la i udes
eu opeas y ex aeu opeas, e elando con ello, más allá del éxi o cie o de su ex ensión[6], una
inequí oca y e o osa olun ad p oséli a y expansionis a. Ya nos hemos e e ido an e io men e
a la con luencia de dos ac o es cla e pa a explica su apa ición en nues o país: la p ác ica de
libe ad eligiosa que se comienza a dis u a desde inales de los años se en a con la c isis de
la hegemonía que la Iglesia Ca ólica había man enido du an e el anquismo iene
acompañada del c ecimien o de g upos pen ecos ales, las iglesias de Filadel ia, las iglesias
de ipo bau is a, los es igos de Jeho á, e c., en e los que Ma ínez (1994) des aca el
inc emen o de la labo misione a de la ob a e angélica en cen os peni encia ios, con
d ogodependien es y con ancianos o pe sonas sin hoga . Jun o a ello no debemos ol ida las
consecuencias que los p ocesos de globalización ienen ambién en el ámbi o eligioso,
con ibuyendo no ablemen e al c ecimien o de es as mino ías eligiosas que encuen an en las
edes e in e conexiones globales el éxi o de su lógica expansionis a .
Sin emba go, los ac o es con ex uales expues os deben comp ende se en elación con las
ca ac e ís icas especí icas que p esen an es as en idades, las cuales son undamen ales pa a
comp ende adecuadamen e las condiciones en que se p oduce el p og eso e angélico. De un
lado cabe des aca una de sus peculia idades o ganiza i as, aquélla que se e ie e a la
pe manen e y ele ada mo ilidad de sus miemb os de unos cen os a o os a ni el nacional e
incluso in e nacional. Los desplazamien os de los esponsables y ca gos di ec i os son muy
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ecuen es y es án supedi ados a las necesidades de cada cen o[7]. Así lo e leja el que los
di ec o es de los cen os en e is ados no uesen andaluces en su mayo ía, sino p oceden es
del no e de España, y habían pasado ya po a ios cen os de dis in as comunidades
au ónomas. Es os esponsables ambién se asladan a países ex anje os, bien du an e un
pe iodo b e e de iempo, a ealiza algunas a eas en esos países e in e cambia
expe iencias, como es el caso de a ios líde es de Re o de Se illa que han iajado a Es ados
Unidos, Po ugal e I alia, o bien pa a ab i nue os cen os en el ex anje o. Po o o lado,
encon amos los desplazamien os de los p opios consumido es que ing esan (los “in e nos”),
que pueden se a una p o incia ce cana, con el obje i o de aleja los de su en o no pa a log a
así su ecupe ación, o bien a o os países, endencia muy habi ual en Re o, donde acogen a
pe sonas p oceden es de países en los que se es án ab iendo nue os cen os pa a pode
p epa a las y o ma las an es de eg esa a sus países de o igen[8].
Po o o lado esul a necesa io ene en cuen a la capacidad de inno ación y ein e p e ación
de di e sos ma e iales, de p ocedencia an o eligiosa como no eligiosa, que p esen an es as
comunidades, lo que las do a de una eno me lexibilidad a la ho a de adap a su c edo
eligioso al pe il y la expe iencia pa icula de las pe sonas que ing esan en ellas. En es a
misma línea podemos des aca su g an capacidad pa a adap a se a los cambios sociales y la
apa ición de nue os con ex os, como es el caso de REMAR, que, an e el papel secunda io que
en la ac ualidad ha pasado a ocupa el consumo de he oína y la apa ición de nue os ipos de
consumo, ha empezado a di igi su mi ada hacia o os g upos excluidos[9] como los ancianos,
las pe sonas con p oblemas de alcoholismo, mal a o, niños abandonados, pe sonas con
p oblemas emocionales y psíquicos.
De es e modo, en e a los p ejuicios con que son con empladas desde el ex e io , que han
que ido e en es a expansión el ca ác e sec a io de buena pa e del p o es an ismo, algunos
au o es especializados en el es udio de los nue os mo imien os eligiosos apun an di e sos
ac o es que explica ían es e c ecimien o. En e ellos, Manuela Can ón (1998) sub aya el
es ablecimien o con inuo, po pa e de una misma denominación, de nue as cong egaciones,
misiones y pun os de p edicación (o campos blancos), lo que a ibuye a a ias causas: la
in ensa ac i idad que p omue en es as iglesias, que acapa a la mayo pa e del iempo lib e
de sus miemb os, lo que les lle a a cons i ui se en una g an uen e de sen ido pa a sus idas;
el escaso g ado de ins i ucionalización y la adopción de cue pos doc inales sencillos que
adap an el discu so bíblico a sec o es de población con ni eles de ins ucción bajos[10].
Siguiendo a Vi gilio Zapa a, la au o a señala dos dinámicas di e en es de c ecimien o: el
c ecimien o po di isión (la di isión in e na, enómeno común en e los e angélicos, pe mi e la
apa ición de nue as iglesias y cong egaciones); y el c ecimien o po adicción (es as iglesias
son incansables e angelizado as, con lo que se expanden ápidamen e).

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El con ex o dibujado, ca ac e izado po la ápida expansión de nue os mo imien os eligiosos
como el budismo, los es igos de Jeho á, la Iglesia de la Cienciología o las iglesias
e angélicas que nos ocupan, iene a plan ea impo an es in e ogan es que ponen en ela de
juicio las esis hoy dominan es que hacen e e encia al inc emen o p og esi o de los p ocesos
de secula ización en Occiden e, con el consecuen e iun o de la azón sob e la eligión. El
c ecimien o y consolidación que han expe imen ado es as iglesias en las úl imas dos décadas
y la absolu a en ega que e lejan sus miemb os a la causa que dio o igen a es as en idades
e idencian el papel que con inúan eniendo las c eencias eligiosas pa a do a de sen ido la
ida de los indi iduos y g upos y e o za el econocimien o de un noso os colec i o, que en
es e caso queda plasmado de mane a pa adigmá ica en el modelo de ida en comunidad.
La ida en comunidad: iloso ía y modelo de o ganización.
La iloso ía que da o igen a es as o ganizaciones e angélicas pa e de es p incipios
undamen ales, que e lejan la concepción que ienen de las d ogas y la ía adecuada pa a sali
de ellas: es la p opia expe iencia en an o que ex- oxicómanos la mejo ía pa a ayuda a los
demás[11]; el encuen o con C is o es el camino pa a log a abandona las d ogas; el echazo
absolu o de cualquie ipo de d oga desde el ing eso en la comunidad es un equisi o
indispensable an o pa a supe a la adicción como pa a encon a se con la ida c is iana. Es a
iloso ía queda e lejada en el es imonio de un pas o e angélico pa icipan e en uno de los
cul os a los que asis imos, quien a i maba que “la e dad sólo es á en Dios, en el Dios de la
Biblia (...), y es ahí donde los oxicómanos pueden encon a la..., donde se encuen a el éxi o
pa a sali de las d ogas”. Como bien ilus an es as palab as, la p opia concepción de las
d ogas y de los a amien os y ías pa a sali de ellas son in e p e ados siemp e en é minos
eligiosos. Conside an que se cae en las d ogas po que la pe sona ha i ido de espaldas o en
ausencia de Dios y, po ello, no posee los alo es c is ianos que le o alecen y le pe mi en
lle a una ida es able y adecuada. En es e sen ido, como el pe il de las pe sonas con las que
abajan es muy de e io ado, asocian los p oblemas y di icul ades que han enido en su ida
con la ausencia de Dios y la pé dida consiguien e de alo es mo ales. Tal y como exp esó el
di ec o de Re o de la p o incia de Málaga du an e una con i encia: “el p oblema nues o no
es la d oga, sino que somos noso os mismos, que hemos pe dido los alo es”. En
cohe encia con ello, c een que el p oblema de la dependencia a las d ogas no puede se
esuel o de mane a humana sino po ía espi i ual: es el encuen o con C is o el que pe mi e
abandona las d ogas, de ahí que los miemb os de es as comunidades, que po se lo son
con e idos a las doc inas e angélicas, hagan con inuamen e alusión al momen o de la
con e sión, in e p e ada como un milag o, momen o en el que ecibie on la luz de Dios. Esa
necesidad de llega a “lo más p o undo”, a lo ascenden e, les aleja de o as concepciones
del “p oblema de la d oga” dominan es en di e en es asociaciones y en las Adminis aciones,
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cali icándolas de supe iciales. Es el caso de las in e p e aciones médicas y psicológicas o de
aquellas que explican la d ogodependencia a endiendo exclusi amen e a las condiciones
sociales y económicas que lle a on a es as pe sonas a cae en la dependencia. En de ini i a,
la d oga simboliza pa a ellos el pecado, el mal, con lo que se decla an in ansigen es an e
cualquie ipo de d oga, bien sea el alcohol, el abaco o la me adona.
Como ya hemos apun ado el modelo de o ganización en el que se sus en a la iloso ía de es as
en idades es la ida en comunidad, que se igen po un ipo de o ganización in e na[12] en el
que la je a quía de ca gos y esponsabilidades iende a in isibiliza se bajo la idea de una
comunidad de in eg an es donde odos los miemb os se si úan en condiciones de igualdad
(“he manos en la e en el Seño ”). Encon amos, po an o, una je a quía que se p esen a de
ca a al ex e io de mane a in o mal y que cons a de los siguien es ni eles de di e enciación: los
denominados “in e nos”, es deci , los que es án en p oceso de desin oxicación-pu i icación,
ocupan una anja on e iza en e el es a “den o” y “ ue a”. Po encima de és os se si úan las
pe sonas que ya son miemb os de la comunidad y en un escalón supe io los esponsables de
los cen os, que son a ios y se denominan “líde es”. Po encima de es os se si úa el di ec o
de p o incia (que, en los casos en los que hay iglesia, coincide con el pas o ). En la cúspide de
la je a quía des acan los undado es de las en idades, que son los p esiden es de la
comunidad en su conjun o.
Ya nos hemos e e ido al ipo de consumido que acude a es e ipo de en idades p oceden e
de los sec o es más ma ginados socialmen e: la mayo ía son he oinómanos que con el paso
del iempo se han con e ido en poli oxicómanos, con ínculos amilia es malog ados, sin
ecu sos económicos, ni abajo ni o mación p o esional, y en muchos casos con
an eceden es penales. Pe enecen a esas gene aciones de he oinómanos que p ocedían de
los ba ios ma ginales cas igados po las d ogas en la década de los 80 y p incipios de los 90,
y de amilias deses uc u adas, lo que hizo que muchos de ellos acabasen i iendo en la calle.
El descenso de consumo de he oína en los úl imos años en e las nue as gene aciones explica
el que no sean excesi amen e jó enes: suelen ene en e 27 y 45 años y se obse a un
p edominio de homb es en elación con el educido núme o de muje es. Donde sí encon amos
impo an es di e encias es en el o igen de las pe sonas que ing esan: mien as que en
REMAR y Be el la mayo ía de pe sonas son de nacionalidad española, muchos son andaluces
aunque no se illanos, Re o se ca ac e iza po ecibi cons an emen e población ex anje a
comuni a ia y ex acomuni a ia como esul ado de la lógica expansionis a de la en idad, que
cada ez que ab e nue os cen os en o os países aslada a pe sonas consumido as de los
mismos a los cen os españoles[13].
La dis in a concepción que se iene de las d ogas legales o ilegales, a la que ya hemos
aludido en la in oducción, condiciona ambién el ipo de consumido que acogen y el ipo de
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a ención que se les dispensa, en compa ación con la concepción que ienen de o o ipo de
consumido es:
“Yo me quedo con el he oinómano, no sé si po que lo conozco más o po que yo lo he sido... es
más ácil. Viene más cas igado que los demás y po eso es más ácil abaja con él” (Responsable
de Re o del cen o de Se illa).
[Es muy di ícil abaja ] “con un alcohólico po que nunca e ni econoce que iene p oblemas, deci
d ogadic o suena más eo y ue e que deci alcohólico, no c een que engan ningún p oblema”
(Responsable del cen o de Re o de Alcalá de Guadai a).
“Los hábi os de las d ogas es án cambiando. Aho a son pe sonas jó enes, ienen, y no ienen la
con icción de que ienen p oblemas. Un d ogadic o siemp e lo hemos is o como el clásico yonki,
que es á i ado en la calle y lo es po aquí y po allá” (Pas o de un cen o de Be el).
Las pe sonas que ing esan no se sien en a aídas en un p incipio po “el mensaje eligioso”
que p omulgan es as en idades, si bien, con el paso del iempo, sólo pe manecen en es as
comunidades aquellos que han dado mues as de con encimien o. El p oceso de
desin oxicación se incula a un p oceso inicial de descub imien o y en ega a la “llamada de
C is o”, aunque, du an e es e p ime pe iodo, la pe sona se halla oda ía en una si uación
on e iza en e la plena inco po ación a la comunidad y el ex e io . Sólo cuando decida
queda se a i i allí y haga suyas las i encias e in e p e aciones de la comunidad pasa á a
se un miemb o egula de la misma, a es a plenamen e in eg ado en la comunidad. Ello, po
lo gene al, es esul ado de un p oceso cie o de con e sión o enacimien o eligioso, pues la
disciplina y igo de la ida comuni a ia, a a esada de medi aciones, cul os y abúes,
desalien a a los que no la ein e p e an desde los nue os pa áme os expe ienciales y
pe cep i os a que los conduce la con e sión.
Los miemb os p opiamen e ales, a los que suelen denomina “ olun a ios”[14], ienen un ni el
de implicación más ele ado, in eg al, que se debe al modelo de comunidad en que se basan,
que in en a man ene se g acias al abajo olun a io de sus miemb os: “Re o nos man iene, nos
is e, e da comida, e paga la luz, el coche... no ienes ningún gas o” ( esponsable de Re o);
po eso se insis e cons an emen e en que “aquí no se cob a a nadie, [...] y nadie cob a dine o”
( esponsable de REMAR). Po an o, los “ olun a ios” son los que pueden se llamados
miemb os en el sen ido sociológico (y o gánico) del é mino. Como ya queda señalado, son en
su g an mayo ía ex- oxicómanos que han supe ado la p ime a ase de in eg ación en la
comunidad, han acep ado las eglas de compo amien o y la iloso ía de la en idad, y han
decidido queda se a i i allí. Son pe sonas con e idas a la iglesia e angélica que en egan
su ida a la causa que dio o igen y jus i ica la o ganización. Su misión undamen al es la de
encon ase con Dios y la ía pa a log a lo es la de ayuda a sus compañe os a deja las d ogas
y o ien a les en el camino que deben segui pa a log a una ida buena, que, en la cosmo isión
e angélica de que es án imbuidos, signi ica el cumplimien o de los p ecep os c is ianos a la
mane a pen ecos al. El p oceso de cambio que conduce a los ecién llegados en “ olun a ios”
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iene luga en dos planos que se conciben ambos inex icablemen e unidos: el paso del
consumo de d ogas a la abs inencia y la con e sión al c edo e angélico. Se a a cabalmen e
de un i o de paso que hace posible el alumb amien o de una nue a pe sona que mani ies a su
nue o se , su nue a iden idad, no an o po una p o esión de e, que ambién, sino más aun po
una ans o mación o al de su conduc a en la ida. De ahí que, po lo p on o, se e idencie –
enga que e idencia se- en un abandono o al de las d ogas, las sus ancias que, según los
pos ulados aho a asumidos, compendiaban la ida de pe dición que han dejado a ás.
En un ni el supe io se encuen an los esponsables de los cen os. Son aquellos miemb os
que han demos ado la en ega absolu a a la en idad y la mayo a inidad con los p incipios de
la misma[15]. No obs an e, con inúan conside ándose “ olun a ios”, y así se de inen, y su
econocimien o p ocede de ese don especial que se les econoce y de su ocación y
en ega[16] a lo que conside an la causa de Dios: ayuda a los más necesi ados:
“Yo no engo un sueldo, yo no abajo po dine o. Es e abajo [...] no es á pagado. Es ocacional a
ope. Si no lo i es, es imposible abaja aquí, con pe sonas an complicadas, an di íciles. Si
p ime o no ienes el amo de Dios, si no ienes ocación…, a una pe sona que iene con esas
he idas emocionales, con ese echazo y con ese odio, cómo la as a a a . Una ocación ue e, el
dine o no cambia las pe sonas” (Di ec o del cen o de REMAR).
En los cen os que son adjun os a una iglesia sob esale la igu a del pas o , que ocupa el ca go
que concen a mayo esponsabilidad y p es igio, cumpliendo a la ez las unciones de pas o
de la iglesia y di ec o del cen o.
Finalmen e debemos des aca un úl imo ipo de ac o social, los amilia es, los cuales se
man ienen siemp e en una posición ex e io . El pe il an de e io ado de la mayo ía de las
pe sonas que son acogidas en es as o ganizaciones explica, en pa e, la al a de apoyo
amilia que ienen ya an es de en a . A ello se suma el p opio modelo de con i encia de es as
en idades, que se basa en la c eación de una comunidad dis in a y al ma gen del mundo social
que le odea, lo que con ibuye a la debili ación de los lazos con la amilia. Desde el pun o de
is a de es as en idades, la comunidad es la nue a amilia del in e no, la que le a a mos a el
camino adecuado. De ahí que la ida en comunidad que p ac ican suponga a sus in eg an es
un acusado alejamien o del mundo; in en an desa olla su p opia lógica de o ganización y
uncionamien o de mane a ajena e independien e al es o de ins i uciones polí icas,
económicas y sociales, las cuales ienen poco in e és pa a los miemb os de la comunidad.
Las ins i uciones e angélicas, con las que compa en la base del c edo eligioso aunque no
muchas de las in e p e aciones y de la pues a en p ác ica de las mismas, ampoco cons i uyen
un e e en e undamen al pa a es as o ganizaciones.
En é minos de la eligiosidad que do a de sen ido a es as comunidades, el pe íodo de
desin oxicación es el iempo de la pu i icación, del desp endimien o del las e de conduc as,
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P a , J. El es igma del ex año. Un ensayo an opológico sob e sec as eligiosas, Ba celona,
A iel.1997
Rod íguez, A y González, S. De las d ogas y las sec as, Comunidad y d ogas. Cuade nos
écnicos de es udios y documen ación, 12, pp. 51-66.1989
Rod íguez, P T a ican es de espe anzas, Ba celona, Ediciones B.1991
Rod íguez, P. El e a o imposible: la e nog a ía de g upos ce ados, Agui e (Ed.), en
E nog a ía. Me odología cuali a i a de la in es igación sociocul u al, pp. 308-315, Ba celona,
Ma combo.1995
[1] Ti ulado “Es udio de las asociaciones de amilia es y d ogodependien es en la p o incia de Se illa: ac i idades,
plan eamien os y elaciones con las ins i uciones”, y di igido po los p o eso es D . Félix Talego Vázquez y D . Da id
Flo ido del Co al, miemb os del g upo de in es igación GEISA. Es e p oyec o ue seleccionado pa a su sub ención,
du an e el año 2004, en i ud de con enio i mado en e la Delegación p o incial de la Conseje ía de Igualdad y Bienes a
Social y la Uni e sidad de Se illa, y ha sido gala donado con el p emio Ciudad de Se illa (2006).
[2] Así, en sus páginas se p ocede a un es udio minucioso de las siguien es en idades: Alcohólicos Anónimos y o as
en idades especializadas en acoge a pe sonas alcohólicas como Anclaje y Despe a , asociaciones de ludópa as, P oyec o
Homb e, Cá i as Diocesana, Na conón, REMAR, Re o, Bé el, además de las nume osas asociaciones de ba io ( ede adas en
Libe ación y Enlace) especializadas en acoge , ayuda y aseso a p incipalmen e a pe sonas he oinómanas. Al se ealizado
pa a oda el á ea me opoli ana de Se illa, una de las más populosas de España, pe mi e, pa a muchos ex emos, la
ex apolación del pano ama que pe ila al es o del Es ado.
[3] Pa a un análisis de la in luencia decisi a que ha enido sob e el enómeno de las d ogas la eacción c iminalizado a del
Es ado, desde donde se ha de inido un escena io dominado po un conjun o de imágenes que elacionan el consumo de
d ogas con la c iminalidad y la des iación, éase el abajo desa ollado a inales de los años ochen a po el G upo Igia
(González e al., 1989).
[4] Debemos des aca , a su ez, el abajo con consumido es de d ogas que iene ealizando desde hace más de una década
la Iglesia de Filadel ia en Andalucía y que ha sido es udiado po Manuela Can ón e al. (2004). Como ad ie en los au o es,
“La lucha con a la d oga” ha pasado a ocupa un espacio undamen al en los mensajes y acciones de las iglesias gi anas
andaluzas, apoyadas en un código é ico y p ác ico que sub aya la pulc i ud del cue po y condena el consumo de
sus ancias noci as o óxicas que puedan con amina lo. En su di usión del “mensaje con a la d oga” la Iglesia Filadel ia ha
desa ollado un minis e io i ine an e –“el minis e io de la ca pa”, que consis e en una se ie de campañas con concie os de
música e angélica a a és de los cuales p e enden di undi el mensaje con a la d oga- y ha c eado cen os p opios de
desin oxicación que compa en muchos de sus plan eamien os y o mas de abajo con los cen os e angélicos de Re o,
REMAR y Be el.
[5] En los años en que las o ganizaciones e angélicas comienzan su expansión aun gozaba de mucho peso la o ganización
El Pa ia ca, la de mayo implan ación en los ochen a en nues o país. La iloso ía de El Pa ia ca se insc ibe en un con ex o
ca ac e izado po la eme gencia de un ipo de “mo imien o eligioso-psiquiá ico” que p e endía auna los es ue zos de
psiquia as con ideas eligiosas pa a c ea cen os que se ocupasen de p epa a p o esionales con alo es eligiosos y
humanís icos. Pa a un análisis de la p esencia y el peso que cob ó es a en idad en el con ex o español de los años ochen a
éase Comas, 1988.
[6] Como bien ilus a la expe iencia de Re o, que en an sólo ein e años ha log ado ab i cen os p ác icamen e en odas las
p o incias españolas y consolida su implan ación en nume osas egiones de Amé ica La ina, Á ica, Eu opa, Asia y
No eamé ica; o de REMAR, cuya labo misione a en el ex anje o comenzó en 1990 y en an sólo dos décadas ya se había
es ablecido en cincuen a y seis países de odo el mundo según decla an o gullosos sus miemb os y igu a en sus
documen os.
[7] Los desplazamien os se p oducen cuando, po ejemplo, necesi an más esponsables en un cen o po que ha aumen ado
el núme o de consumido es que ing esan, o si en una casa conc e a hace al a un moni o con ca ne de conduci , o un
pas o , e c.

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[8] No es así en el caso de Be el, donde se p ocu a e i a el desplazamien o pa a que la pe sona supe e la adicción en su
p opio en o no.
[9] És e es p ecisamen e uno de los aspec os que, desde el pun o de is a de los miemb os de REMAR, les di e encia de
Re o. Conside an que, mien as que es a úl ima con inúa cen ándose en el campo de las d ogas, REMAR ha ampliado su
ámbi o de ac uación hacia o os sec o es ma ginados en España.
[10] Can ón señala que an o la Iglesia Ca ólica, cuya di isión y c isis ha a o ecido el c ecimien o p o es an e, como las
iglesias p o es an es his ó icas han espondido insu icien emen e al inc emen o y di e enciación de las demandas
eligiosas.
[11] En la comunidad se conside a que sus in eg an es ienen una capacidad especial, g acias a su p opia expe iencia y a la
compañía de C is o, pa a ayuda a las pe sonas que ing esan a abandona las d ogas.
[12] A ni el gene al cuen an con una cen al desde la que ges ionan el uncionamien o de cada cen o, aunque insis en en
la au onomía que iene cada p o incia. Cada cen o no es más que una conc eción e i o ial de un único espacio uni icado
cons i uido po la suma de odas esas sedes: la comunidad e angélica.
[13] De ahí que el 80% de los homb es y muje es de los cen os de Re o de Se illa p ocedan de Bulga ia, Rusia, Po ugal,
Venezuela, Polonia, B asil, e c.
[14] Pe o cons i uyen un ipo de “ olun a iado” muy peculia espec o al pe il p edominan e en nues a sociedad: po un
lado, la olun a iedad de ine in eg almen e su pe il, es e ol es el que le da odo el sen ido al papel que desempeñan en la
comunidad, po que és a ha llegado a se su ida; y, po o o lado, la ocación eligiosa o g acia es en e ellos cen al.
[15] Los di ec o es de los cen os y los miemb os de la jun a di ec i a –a a és de un consejo- son los que deciden cuándo
una pe sona es á p epa ada pa a asumi un ca go impo an e, pa a lo que gene almen e deben pasa en e cinco y diez años
desde que ing esa en la comunidad. La elección de los pas o es de las iglesias se decide ambién en una eunión de
pas o es donde se p esen an los candida os al ca go.
[16] El pe sonal con a ado es p ác icamen e inexis en e en es as en idades, pues o que no se ajus a al modelo de
comunidad que p e enden sos ene . Puede incluso ap ecia se un cie o despego po el dine o, que encuen a jus i icación
en el peso que desde las c eencias c is ianas que han ab azado se concede a la ida espi i ual en oposición a la ida
ma e ial.
[17] Es o desmien e los umo es que a i man el aspaso de ecu sos de las iglesias e angélicas es adounidenses a los
cen os españoles. Muy al con a io, esul a signi ica i o des aca el peso que las asociaciones de Re o, REMAR y Be el
ubicadas en España -donde se encuen an sus sedes p incipales y cen os de ges ión y adminis ación de ecu sos- ienen
a ni el in e nacional, pues o que, a pesa de p ocede sus undado es del mundo e angélico no eame icano, se a a de
en idades nacidas en España, desde donde se ue on ex endiendo po el es o del mundo. Así lo ad e ía un pas o
e angélico de Be el que a i maba que “en cie a mane a, nues as comunidades son lo más sólido de la iglesia e angélica
en España”.
[18] Los cen os suelen se amplios, con buenas ins alaciones (salas de euniones, pis as de depo e, apa camien os,
comedo es, e c.), y se ca ac e izan po ene una deco ación muy aus e a.
[19] Sus es imonios se ca ac e izan po se pedagógicos, u iliza un lenguaje sencillo y ce cano a los asis en es, con una
acusada ges ualidad, y la u ilización de onos d amá icos que buscan la a ención e iden i icación de los miemb os de la
comunidad. El pas o ecu e a imágenes, me á o as y ejemplos pa a in e pela a los ieles.
[20] Los o os dos ipos de ayuda iden i icados en el análisis del es o de en idades se mani ies an como ayuda olun a ia
y desin e esada, con mo i aciones ca i a i as o solida ias (según es é o no p esen e un componen e eligioso), o omando
la o ma de se icios especializados que o ecen pe sonas a las que se econoce un sabe p i a i o e icaz pa a cu a , pa a
ehabili a . En odas las en idades especializadas en consumido es de d ogas p ohibidas es udiadas en el p oyec o de
in es igación más amplio encon amos alguno de es os ipos, aunque es ambién ecuen e encon a se con alguna
combinación de los mismos o ansiciones en e ellos.
[21] Los únicos a amien os médicos que admi en son los que se di igen a las pe sonas con SIDA, a las que se les exige el
comp omiso de cumpli con el seguimien o médico opo uno. El es o de a amien os p ocu an se sup imidos. Así po
ejemplo, en Re o se anima a los “in e nos” a deja los a amien os psiquiá icos que habían comenzado an es de llega al
cen o, pues en ienden que, debiéndose ales medicaciones a los p oblemas con las d ogas, al log a la abs inencia se
ol e ían innecesa ios. En Be el, aunque animan ambién al abandono de cualquie a amien o médico, han acep ado a
pe sonas que ya habían iniciado un a amien o de me adona, aunque el seguimien o debía se ealizado po un médico,
pues o que ellos se desen ienden de es e ipo de a amien os.
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[22] En es a misma línea se si úan muchos especialis as y p o esionales de o o ipo de en idades que no ienen empacho en
adsc ibi se al expedi i o ecu so descali icado de conside a las “sec as”. Muchos abajos sociológicos sob e el p oblema
de las d ogas ecu en, conscien es o no, a ese iejo a gumen o: es, po ejemplo, el caso de los abajos ealizados po P.
Rod íguez (1991) y A. Rod íguez y S. González (1989), en los cuales se es ablece un pa alelismo en e la si uación de
adicción a las d ogas y la condición de adep o que pasa a ocupa la pe sona una ez que es “cap ada” po la sec a. Es os
es udios conside an que el p oceso hacia la dependencia en el adic o y en el adep o es simila , en ambos casos la
dependencia se p oduce a a és de la ía emocional, y nunca de la ía acional. Según es os plan eamien os, an o las
sec as coe ci i as como las d ogas o ecen una a mós e a de al a suges ionabilidad que in i a al suje o a abandona se y
deja se con agia emocionalmen e po los nue os es ímulos que llegan a sus sen idos y p escindi de las esis encias
acionales. Una ez adqui ida la dependencia, la necesidad pasa ía a sus i ui al deseo (Rod íguez y Gónzalez, 1989). En la
misma línea se si úan las siguien es in es igaciones sob e mino ías eligiosas cali icadas igualmen e de sec a ias: And és
Can e as, Pepe Rod íguez, e al. (1992); Pepe Rod íguez (1995) y los abajos del g upo AIS/CROAS (1994).
[23] Pa a un análisis de la es igma ización de o as c eencias y o ganizaciones eligiosas po pa e de la Iglesia Ca ólica
puede consul a se P a , J. (1997).