LA CONSTRUCCIÓN.
NOTAS SOBRE EL TIEMPO
Y EL ESPACIO CUALITATIVOS
J. A. ANTÓN PACHECO
Uni e sidad de Se illa
RESUMEN: La de inición concep ual del iempo y del espacio ha p oducido di icul ades en la iloso ía
clásica. Es as di icul ades se ag andan cuando se a a del iempo, que es p esen ado como una «noción
oscu a». La aíz de es a p oblemá ica se halla en que iempo y espacio no sólo son ealidades mensu-
ables, sino ambién cuali a i as. Es e acon ecimien o epe cu e en amplios segmen os de la exis encia.
PALABRAS CLAVE: iempo cuali a i o, espacio cuali a i o, ins an e, símbolos de cons ucción.
Cons uc ion: No es on Quali a i e Time and Space
ABSTRACT: The concep ual de ini ion o ime and space has gi en ise o some di icul ies in classical
philosophy. These di icul ies wo sen wi h e e ence o ime, which is p esen ed as an «obscu e idea». The
oo o he p oblem lies in conside ing ime and space exclusi ely as measu able eali ies. Time and space
a e no only quan i a i e, bu a e also quali a i e, and his ac has epe cussions in a ious a eas o li e.
KEY WORDS: ime, space, ins an , cons uc i e symbolism.
I
Un p oblema in ínseco al in en o de de ini la esencia del iempo consis e
en que el iempo pa ece que es, p ecisamen e, aquello que no iene esencia; pues
el iempo es lo que cons an emen e es á dejando de se , aquello cuyo se es deja
de se . Todos enemos expe iencia del iempo, y sin emba go encon amos una
g an di icul ad en concep ua el iempo. Es a di icul ad no ha pasado desde
luego desape cibida pa a la his o ia del pensamien o y, en e ec o, en la an i-
güedad ha habido es luga es clásicos desde donde se ha in en ado esol e la
di icul ad del iempo. Me e ie o a A is ó eles (Física IV,10), Plo ino (Enéada
III,7) y San Agus ín (Con esiones XI). A odo ello hab ía que añadi Pla ón y
Timeo 37-38, que en cie a mane a es el desencadenan e de las especulaciones
sob e el iempo. Vamos a hace una some a ap oximación a lo plan eado en
es as ob as en elación con la de inición de la empo alidad1.
A is ó eles dice que el iempo es el núme o del mo imien o según un an es
y un después. Con ello A is ó eles p e ende con a es a la opinión de Pla ón
según la cual el iempo e a el mo imien o de la es e a ex e na que sob e ella
imp imía el Alma del mundo al imi a la e e nidad. Pa a A is ó eles con es a
de inición no se daba azón del iempo, sino del mo imien o, es o es, en úl ima
ins ancia del espacio. Y es que p ecisamen e una de los p oblemas pa a cap a
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1En odas es as e lexiones soy deudo de INCIARTE ARMIÑÁN, FERNANDO,Espacio, iempo
y a e: Concepciones y na a i as del yo, Théma a (1999) 151-161.
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concep ualmen e el iempo es iba en que cuando hablamos de iempo eal-
men e es amos hablando de espacio: el iempo se con ie e en el espacio que
eco en las agujas del eloj, o en el espacio que eco e el Sol al ededo de la
Tie a o en el espacio que eco e la Tie a al ededo del Sol, o en el anscu i
de la Luna desde su apogeo has a el siguien e, e c. Es el p oblema de la men-
su abilidad del iempo: al da una medida del iempo lo ligamos indisoluble-
men e al espacio. Y es que lo más in ínseco del iempo es lo que le pasa a uno,
pe o esuel a que necesi amos obje i a pa a en ende nos en la ida co idiana
lo que le pasa a uno y po eso ecu imos a medidas espaciales. Pe o el iempo
no se iden i ica con el mo imien o, pues las cosas cambian, pe o el iempo es
igual en odas pa es y el mo imien o es ápido o len o, pe o no el iempo. Pa a
A is ó eles, el iempo no es el mo imien o, pe o ampoco es sin el mo imien o,
po lo que podemos segui p egun ándonos: ¿qué es el iempo en sí mismo? En
el análisis que hace A is ó eles del iempo és e se p esen a como aho a (nun),
como p esen e, ya que el pasado ha dejado de se y el u u o no es (y el p esen-
e es á dejando de se ). Es o plan ea los siguien es p oblemas: el aho a en cuan-
o ins an e en un sen ido es siemp e el mismo, dado que el ins an e es indi isi-
ble y, po an o, no es acumula i o; pe o en o o sen ido el ins an e no es único,
sino un con inuo, pues no es lo mismo el pasado que el u u o. El ins an e es
uno, pe o ex á ico, ab iéndose y eniendo su se ue a de sí, ex endiéndose pues.
Pe o A is ó eles es po excelencia el ilóso o de la unidad, y aquí nos end ía-
mos que hace la p egun a: ¿cuál es la unidad del iempo que pa ece que es con-
inuo lui ? A es o A is ó eles con es a ía que la unidad de la acciden alidad del
iempo es el mo imien o de la es e a ex e na. En e ec o, la es e a ex e na es la
unidad que con igu a el espacio en su delimi ación esencial; y es la unidad del
iempo en la medida en que uni ica el con inuo de ins an es a a és del núme-
o del mo imien o de la es e a que es ci cula , siemp e igual y cons an e en su
e o no, siemp e lo mismo llegando a se lo mismo: el iempo ci cula como
medida del mo imien o de la es e a sal a aquella cie a apo ía que eíamos al
habla de que los ins an es sólo pueden se un solo ins an e y sin emba go los
ins an es o man un con inuo de ins an es. El iempo es el núme o del mo i-
mien o de la es e a y como el mo imien o de la es e a es en ealidad un solo
mo imien o, o un mo imien o uni icado y no dispe so (pues es siemp e lo
mismo), esul a que el iempo es un solo iempo. Po an o, el iempo y el mo i-
mien o sus anciales se ían un solo iempo y un solo mo imien o. La unidad del
iempo es lo ci cula que anscu e y uel e sob e sí (el G an Año, algo ya is o
po los Vedas). Se a a de encon a un mo imien o egula que pueda se i
de unidad de medida: el iempo de ine una de e minada magni ud de mo i-
mien o que llega a se medida po el mo imien o en e o, es deci , el mo imien o
ci cula , de e minado y egula , el mo imien o del cielo en de ini i a.
Se puede es ablece una legí ima analogía en e el pun o como cons i ución
del espacio y el ins an e como cons i ución del iempo (de hecho, así lo hace
A is ó eles). En ambos casos se a a de cómo lo inex enso puede compone una
ex ensión. Pe o, sin emba go, el pun o y el ins an e no son componen es de nin-
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gún con inuo, pues el pun o y el ins an e son discon inuos. Y no obs an e, la
mul iplicidad inde inida del con inuo empo al y del con inuo espacial exige la
de e minación del pun o y del ins an e como ins ancias uni icado as de la mag-
ni ud: pun o e ins an e en cuan o disc ecionalidad o lími e. Pe o en onces no
es amos hablando ya de una ealidad cuan i a i a sino de una ealidad cuali a-
i a En úl ima ins ancia la cues ión es iba en que la mensu abilidad es esen-
cialmen e inde inición cuan i a i a y el pun o y el ins an e hablan de lo cuali-
a i o. El pun o y el ins an e cons i uyen el espacio y el iempo, pe o no son el
espacio y el iempo2.
El p oblema que se plan ea con es a conside ación a is o élica consis e en
que el iempo sigue ligado al mo imien o, es deci , en úl ima ins ancia sigue
ligado al espacio. Pe o además sucede o a cosa. Dado que el iempo es la medi-
da del mo imien o según un an es y un después, A is ó eles se p egun a: ¿quién
es el que nume a? Y la espues a es: el alma. ¿Quie e deci es o que el iempo
como magni ud es una posición del alma o que el iempo se esuel e en la sus-
ancia del alma? Realmen e no podemos conje u a que A is ó eles pensa a en
una solución como esa. Pe o A is ó eles dice lo que dice de mane a inde ec i-
ble: es el alma quien nume a; además el alma indi idual, no un Alma del mundo
o una especie de suje o ascenden al. No a más allá A is ó eles, pe o dos cosas
podemos deduci de su e lexión: el iempo es á asociado al espacio en cuan o
medida del mo imien o (es o es: hay una dimensión ex e io del iempo); y el
iempo iene algo que e con el alma (es o es: hay una dimensión in e io del
iempo). Hab ía no obs an e una espues a a is o élica den o de la ó bi a del
sis ema: el iempo en cuan o medida es po encialidad y el alma lle a a ac o ese
sus a o po encial en el hecho mismo de la nume ación, de la misma mane a
que el espacio es po encialmen e magni ud inde inida, pe o jus amen e en cuan-
o po encialidad, es deci , no-se , pues en cuan o se siemp e es á disc ecional-
men e medido. Pe o cla o, es o no ha ía sino e o ae el p oblema: ¿qué es el
iempo en sí y no en cuan o medida?
Plo ino c i ica la concepción del iempo como medida del mo imien o, po -
que conside a que esa concepción no da cuen a sa is ac o iamen e del iempo,
sino que po el con a io supedi a el iempo al mo imien o, cuando no se iden-
i ica con él. El iempo se nos sus ae en la de inición a is o élica, piensa Plo i-
no. La solución de Plo ino a es e p oblema en cie a mane a depende de Pla ón,
pe o in oduce ambién in e esan es y decisi as no edades: pa a Plo ino el iem-
po es la ida del Alma uni e sal o Alma del mundo. Según el neopla ónico, al
Alma le es absolu amen e ex ínseco el hecho de nume a , pues el núme o nume-
ado no se iden i ica con el núme o nume ado (un núme o puede nume a una
g an can idad de cosas, pe o el núme o en sí mismo no es ninguna de esas cosas
y en cie o modo le son indi e en es). Además, el iempo no puede iden i ica -
se con el mo imien o de la es e a o de los as os, pues aunque no se mo ie an
és os hab ía o os mo imien os a los que emi i el iempo (es e a gumen o lo
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2C . GUÉNON, RENÉ,Les p incipes du calcul in ini ésimal, Pa ís, Gallima d, 1981.
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ol e á a epe i San Agus ín). También esul a p oblemá ica pa a Plo ino la
concepción a is o élica po que pa ece un azonamien o ci cula : el iempo mide
el mo imien o y el mo imien o en a en la de inición del iempo. P ecisamen-
e la búsqueda de una unidad de medida o alizado a (el mo imien o de la es e-
a) a a de e i a ese azonamien o ci cula .
Pa a Plo ino el iempo es el ac o del Alma que desa olla la unidad de lo e e -
no en la sucesión: es a es la dependencia de la Enéada III,7 con espec o al Timeo,
aunque lo que iene a ecalca Plo ino es que el mo imien o del cielo es el que
es á en el iempo y no al e és. Exis e, pues, una p imacía lógica y on ológica
del iempo sob e el mo imien o. El Alma iene un pensamien o discu si o (la
esquema ización de los in eligibles pu os) que signi ica dis ensión, sucesión,
desplegadu a, consecución, desa ollo. En una palab a, diás asis: el iempo es
la ida i ida del Alma, y en ese mo imien o in e no de despliegue, el Alma se
con ie e en la unidad del iempo, en la ealidad que uni ica esa dispe sión en
que consis e la empo alidad c onológica. En onces de alguna o ma el iempo
es una caída, pues se aleja de la unidad pa a accede a la mul iplicidad, aunque
sea una mul iplicad uni icada. Cie amen e sí. Pe o ambién el Alma se des-
empo aliza en la medida en que e o na sob e sí ascendiendo has a el Nus: es
el ins an e p i ilegiado, exai nes. Pe o el Alma no pe manece en lo al o y cae en
la empo alidad sensible, e elándose así la necesidad de la de iciencia sensi-
ble. Aho a bien, en la medida en que las almas indi iduales pe enecen al Alma
uni e sal les cabe la posibilidad de sus ae se a la de iciencia de la empo ali-
dad cuan i a i a (a la conciencia de esa pe enencia la llamamos la expe iencia
del ins an e). Aunque ambién hay que a i ma en onces que el alma indi idual
no pe manece en el ámbi o ascenden al: es la con adicción que e emos epe-
i se en e la necesa ia pos ulación del ins an e como empo alidad del alma y
la comp obación exis encial de la empo alidad como magni ud (los á abes
di án: el ins an e de la angus ia). No obs an e, se pod ía deci que la o ma que
ienen las almas de i i los iempos pa ciales y sensibles es una o ma de pa -
icipa de la ida del Alma (que es in ínsecamen e iempo), y cabe la posibili-
dad de ehui los iempos pa ciales y sensibles pa a i i la pu a empo alidad
del Alma. Aquí se pod ía encon a un pun o de conexión con A is ó eles, pues
si pa a és e las almas nume an el mo imien o ex e no (y eso es el iempo), la
nume ación de mo imien o de la es e a ex e na pod ía equi ale a la ida del
iempo o al y uno (el aion, el G an Año)3. Y es que la emisión a la es e a en los
pi agó icos, en Pla ón y en A is ó eles como una o ma de de ini el iempo no
es sino, de una u o a mane a, encon a un concep o uni a io pa a el iempo,
de igual o ma que el mo imien o mismo de la es e a es el concep o uni a io de
odos los mo imien os. No es amos in en ando iden i ica pu a y llanamen e las
concepciones del iempo de los pi agó icos, de Pla ón en cie o sen ido, de A is-
ó eles o de los mismos es oicos (pa a quienes el iempo es ex ensión o in e a-
lo del mo imien o); sino a i ma que odos ellos ienen algo en común: incu-
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3C . PIGLER, AGNÈS, «La héo ie a is o élicienne du emps nomb e du mou emen e sa
c i ique plo inienne», en Re ue philosophique de Lou ain, n.º 2 (2003) 282-305.
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la el iempo a la magni ud. Po el con a io, Plo ino deja cla o en su c í ica que
el iempo es in ínsecamen e ida del Alma y la magni ud del mo imien o un
acciden e del iempo i ido po el Alma. El iempo como anscu i in e io del
Alma se con ie e en Plo ino y en odos los neopla onismos en esquema diano-
é ico de odo anscu i . Pe o c eo que el mismo A is ó eles ya in uyó es o cuan-
do de ine el iempo como núme o an es que como medida, que iendo con ello
lib a a la de inición del iempo de la pu a mensu abilidad espacial, pues la esen-
cia del núme o es el anscu i y la consecución, y no odo anscu i iene po
qué se medida espacial4. En de ini i a, con esa de inición A is ó eles es a ía
pos ulando el iempo in e io y adelan ándose con ello a los neopla ónicos.
Es conocida la ase de San Agus ín sob e el iempo: «Cuando no me p e-
gun an sob e él sé lo que es, pe o cuando me p egun an no sé lo que es». Es as
palab as ecogen de una mane a muy iel las di icul ades que exis en a la ho a
de concep ua la expe iencia de la empo alidad. Desde luego, San Agus ín es
pe ec amen e conscien e de ello como e ela su análisis de la cues ión en el
lib o XI de las Con esiones5.
Pa a San Agus ín el iempo es el ins an e p esen e: el pasado ha dejado de
se , el u u o oda ía no es, luego lo único que ealmen e es es el momen o p e-
sen e. Pe o el momen o p esen e es á con inuamen e dejando de se . Según es o,
el iempo es y no es. El iempo es un ins an e, que po de inición debe se uno
y único (po los mismos a gumen os que eíamos en el caso de A is ó eles), y
sin emba go enemos expe iencia de que no i imos en un único ins an e, pues
en onces i i íamos en la e e nidad. Po o o lado, el iempo en cuan o ins an-
e inex enso no es mensu able; pe o podemos medi el pasado (que ya no es) y
podemos p e e (medi de alguna mane a) el u u o, que oda ía no es. Todos
es os análisis pa ece que nos conducen a pa alogismos de la azón: el iempo
que es no puede se medido, pues en cuan o ins an e es pun ual y no iene ex en-
sión; pe o el pasado y el u u o, que no son, pueden se medidos y con olados.
Es deci , el pasado y el u u o, que no son, son; y el p esen e, que es, no es ya
que es á con inuamen e dejando de se 6. No se a a de hace ningún juego de
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4Ace ca del cielo I, 15. C . la no a 128 de la edición de Miguel Candel en la Biblio eca Clá-
sicos G edos, Mad id, 1996.
5Pe o no sólo en las Con esiones. San Agus ín abo da en a ias ocasiones el p oblema
de la concep ualización de iempo, como en De libe o a bi io, Ena a iones in Psalmos, In
Ioannis E angelium ac a us. C . COLOMER, EUSEBIO,Tiempo e His o ia en San Agus ín: Pensa-
mien o 60 (1959) 569-587. San Agus ín no es el único que ha is o la di icul ad a la ho a de
educi a concep o la expe iencia del iempo. We ne Beie wal es nos indica una e lexión de
Husse l sob e el iempo en é minos muy pa ecidos a la de San Agus ín, según la cuál Hus-
se l hab ía mos ado el p oblema de « econduci la comp ensión ingenua a la comp ensión
ascenden al del iempo», c . E e ni à e empo. Plo ino, Enneade III 7, p. 157, Milán, 1995.
Pe o ya mucho an es Maimónides había dicho en la Guía de pe plejos que «el iempo esul a
un concep o oscu o».Y el Pseudo A qui as que «…en e dad el iempo como o alidad es algo
muy di icul oso». Y Kie kegaa d más exp esi amen e ha de inido el p oblema diciendo que
«el iempo se escinde de sí mismo».
6Pascal ha u ilizado es e mismo a gumen o, dándole un sesgo exis encial muy pa icu-
la , en el agmen o 172 de Pensamien os (edición B unsch icg).
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palab as, sino de mos a las di icul ades que en aña lle a a concep o el iem-
po. San Agus ín a i ma á que el pasado es en cuan o que es memo ia y el u u-
o es en cuan o que es expec ación. Nos queda el p esen e, lo que e dade a-
men e es. Ya hemos is o que no es ex ensión. ¿Cómo concep ua lo en onces?
San Agus ín di á que el iempo, es o es, el p esen e, es dis ensión y a ención.
Como en Plo ino, en San Agus ín el iempo es dila ación, in e io idad, in ensi-
dad. Como en A is ó eles, el iempo es ins an e, expe iencia de la conciencia
indi idual. No podemos ol ida que en la a ención o unidad del ins an e, es
deci , en la cons ancia de que a pesa del pe pe uo pasa que es nues a i idu-
a del iempo, hay que pos ula un pun o que uni ica la disolución del pu o lui ,
ci a San Agus ín la inmo alidad del alma: el alma es á inse a en un con inuo
lui empo al, pe o de alguna o ma el alma ambién oca un es ado de pe -
manencia7. Cuando hablamos de nues o iempo cab ía p egun a se qué signi-
ica ealmen e «nues o iempo», dado que no hay nada de nues o, pues odo
es pasado inap ensible, u u o inexis en e, p esen e cons an emen e luyendo;
y, sin emba go, mido el iempo: es deci , soy pu o deja de se y es oy sob e ese
pu o deja de se .
De es as b e es ap oximaciones podemos deduci lo siguien e: el iempo dice
algo que pod ía compa a se a la conciencia es igo de la me a ísica budis a. El
iempo dice siemp e elación con el mo imien o y con el espacio; el iempo es
undamen almen e in e io idad, expe iencia del alma; el iempo se p esen a
como ins an e o momen o cuali a i o an es que cuan i a i o, como in ensidad
an es que ex ensión. En es e sen ido el iempo se p esen a como éx asis, como
aquello que iene algo de su se ue a sí (es o lo io muy bien A is ó eles). Todas
es as e lexiones nos conducen a una in ínseca di icul ad pa a concep ua la
empo alidad, lo que a a posibili a la p esencia de lenguajes me a ó icos y
igu a i os de ese iempo cuali a i o que es el ins an e.
Así pues, una dimensión esencial del iempo es el ins an e. De hecho, la expe-
iencia undamen al del iempo se e ela como ins an e: es el momen o p i ile-
giado en el que se da la i upción de lo cuali a i o. Toda expe iencia ascen-
den al acaece en el ins an e pun ual que se subs ae a la mul iplicidad de lo
cuan i a i o po i ud de la ins au ación misma. Po eso, las o mas de mani-
es ación del ins an e e elan la iqueza y p o undidad de aquella i encia, con-
sis en e en la a i mación de la empo alidad in e io e in ensi a en e a la dis-
pe sión de la empo alidad c onológica. De es a o ma encon amos en las
cul u as adicionales los é minos de cai ós, exai nes, acmé, he , punc um saliens,
zamanak, waq , designando odos ellos la expe iencia cuali a i a del ins an e.
Es a expe iencia nos mues a la iqueza de las de e minaciones del ins an e. Así,
el momen o p i ilegiado puede signi ica la dimensión e ical de la empo a-
lidad en e a la dimensión ho izon al del iempo con inuo (el ins an e, el cai-
ós, es una inse ción o up u a en el iempo como magni ud); lo cuali a i o del
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7C . LAROCK, ERIC, «Tiempo, men e e iden idad pe sonal según Agus ín» ( ad. de José
Anoz), en Agus inus XLVI, 182-83 (2001) 251-270.
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iempo in e io en e al iempo de la na u aleza; lo he e ogéneo en e a lo
homogéneo. Todo es o implica pa a el momen o p i ilegiado una se ie de ca ac-
e ís icas con las que se suele iden i ica . Po ejemplo: el ins an e p i ilegiado
es el día de ies a, el momen o no ijado de an emano, el momen o de la con-
e sión, el momen o i epe ible, el momen o mís ico (y ambién ilosó ico).
Como puede e se, odas es as de e minaciones coinciden en que se p esen an
como expe iencias in e io es y pe sonalizadas; odas, pues, hacen e e encia a
una empo alidad pe sonal: es el iempo que le pasa a uno, no en cuan o mag-
ni ud, sino en cuan o i encia. Pe o las dimensiones de es a empo alidad cua-
li a i a son muchas, como decíamos an es8.
Una de ellas es la conside ación del cai ós como anápausis o eposo9. En
e ec o, la anápausis equi ale a la pleni ud del alma en e los gnós icos y su campo
semán ico (p o undamen e a aigado en el An iguo Tes amen o) es muy amplio,
pudiendo signi ica : pe ección espi i ual, in e p e ación mís ica del sábado,
es ado de o ación y humildad, eposo en la e e nidad, si uación de los ángeles,
inalidad del c is ianismo, e c. Alcanza la anápausis signi ica pa a el gnos i-
cismo alcanza la máxima ealización espi i ual: el descanso en el seno del Pad e,
la supe ación de ini i a de la de iciencia on ológica que ap isiona y escla iza al
homb e espi i ual. Al a a se la anápausis de una expe iencia ascenden al y
libe ado a, el iempo en el que acaece no puede se o o que el ins an e p i ile-
giado y cuali a i o po el que se sale del iempo c onológico y múl iple, es deci ,
no puede se o o iempo que el cai ós. Todo es o nos lle a a la idea de iempo
esca ológico. En pocos si ios e emos sin e izada an magis almen e la ela-
ción anápausis- iempo p i ilegiado como en el E angelio de Ma ía: «Desde aho a
en más log a é el eposo (anápausis) del iempo (j onos), siendo el momen o
con enien e (cai ós) del Eón (aion) en silencio»10. En e ec o, en es e b e e ag-
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8Pa a odo es o me emi o a KERKHOF, MANFRED,Kai ós. Explo aciones ocasionales en o no
a iempo y des iempo, San Juan de Pue o Rico, 1997. También del mismo au o , au én ico espe-
cialis a en «cai ología», «San Albe o Magno: comen a io sob e los Nomb es Di inos de Dioni-
sio», en Diálogos 71 (1998) 153-176; «El momen o de la libe ación ins an ánea. Obse aciones
kai osó icas sob e la noción budis a de eka ksana abhi sambodhi», en La To e, n.º 27, 75-84;
«Tolma. Sob e la audacia (en el caso del iempo)», en Diálogos 80 (2002) 205-223. Asimismo,
éase mi lib o Los es igos del ins an e. Ensayos de he menéu ica compa ada, Mad id, 2003, y
COOMARASWAMY, A. K., El iempo y la e e nidad ( e sión española de Es e e Se a), Mad id, 1980;
RICOEUR, PAUL (ed.), Las cul u as y el iempo ( ad. de A. Sánchez-B a o), Salamanca, 1979.
9El é mino anápausis p o iene de la aducción del heb eo nuah (nioho en si íaco) al
g iego (con cla a e e encia al descanso sabá ico); y en cop o la aducción da MTÔN-MTAN.
Se ía in e minable la elación de ci as de la Sep uagin a y del Nue o Tes amen o donde apa e-
ce anápausis o cualquie a de sus de i ados: Gen 8,4; 1Re 5,4; Ex 16,23; Num 11,25; Is 11,12; Dan
12,13; M 12,43; Mc 6,31; Lc 11,24; Ap 4,8: 1Co 16,18; Flm 20; 1Pe 4,14… En la li e a u a gnós-
ica se encon a án e e encias, en e o os, en Zos ianos, T a ado de la esu ección, Eugnos os
el biena en u ado y sob e odo en El e angelio de Tomás. También en las Odas de Salomón ocupa
es a noción un luga muy impo an e, c . 3, 11, 16, 20, 25, 26, 28, 30, 35, 36, 37. Maimónides en
la Guía de pe plejos hace in e esan es conside aciones sob e el nuah bíblico.
10 Sigo la aducción de GARCÍA BAZÁN, FRANCISCO,en La gnosis e e na. An ología de ex os
gnós icos, g iegos, la inos y cop os I, Mad id, 2003.
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men o la adquisición sup ema del eposo se e cali icada como una supe ación
del iempo c onológico y cuan i a i o, lo cual se e ec úa en un ins an e p i ile-
giado que a la pa que nos sus ae de la mul iplicidad, nos in oduce en la ple-
ni ud espi i ual. Así pues, apa ece aquí cla amen e la secuencia anápausis-aion-
cai ós como una sola ealidad en di e en es de e minaciones modales.
El iempo esca ológico designa como ningún o o la i upción de lo e e no en
lo empo al y, po an o, la negación misma de lo empo al en cuan o magni ud:
el iempo esca ológico es la pleni ud del ins an e como p eeminencia de lo cua-
li a i o en e a la dispe sión cuan i a i a. El iempo esca ológico es el ins an e
en el que se hace p esen e la P esencia undamen al, po eso ese ins an e puede
se epe ido: es un solo ins an e que no depende de ninguna secuencia c onoló-
gica sino de la expe iencia de la P esencia que se hace p esen e en el ins an e
mismo (Kie kegaa d di ía: odos podemos se es igos de p ime a mano, no hay
es igos his ó icamen e p i ilegiados). El p oblema se p esen a cuando hay que
desc ibi la i idu a del ins an e (algo pu amen e cuali a i o) con ca ego ías de
la magni ud empo al (algo pu amen e cuan i a i o). Llegados a es e pun o c eo
que es con enien e una b e e e lexión sob e San Pablo y la esca ología.
San Pablo es un ejemplo cla o de la expe iencia del ins an e esca ológico y de
la imposibilidad de exp esa lo como no sea a a és de la magni ud. San Pablo
dice que hay que es a en el mundo como si no se es u ie a, po que se es á (cuan-
i a i amen e) en el mundo, pe o no se es á (cuali a i amen e) en el mundo. O di -
cho de o a mane a: la Pa usía es algo ya p esen e, algo ya hecho ealidad en la
medida en que es acon ecimien o undamen al (y no depende pues de un más o
un menos, de un an es o un después); la Pa usía es el ins an e mismo y, po an o,
no es un cuándo cuan i a i o, pe o noso os sólo la pe cibimos en un cuándo cuan-
i a i o, de ahí la necesidad de los signos, de las me á o as, de las igu as (po
habla en lenguaje paulino) pa a exp esa la in ensidad del ins an e. Todo es o se
aduce en el hos me, como si no, po que de alguna mane a la con inuidad em-
po al es no (según el ins an e esca ológico), aunque de alguna mane a sea sí (según
la magni ud c onológica). B e edad, ap emio, u gencia, elámpago, u bación,
emo y emblo indican la oposición en e el iempo cai ológico y el iempo c o-
nológico, en e la in ensidad del ins an e esca ológico y la ex ensión de la magni-
ud empo al. La Pa usía (el momen o esca ológico) no es un cuándo cuan i a i-
o, es un ya p esen e, pe o noso os lo pe cibimos en el ámbi o de la magni ud y
po eso es necesa io el mundo de los igu a i os, de los signos y de las me á o as.
El momen o esca ológico es el día en que acaece la P esencia (que no iene an es
ni después), odo día que acaece la P esencia; po eso héme a y cai ós coinciden
en cuan o que son designaciones de la expe iencia cuali a i a del iempo. Hay que
con eni en onces en que la empo alidad c is iana según San Pablo no es una
línea con inua, sino p ecisamen e la up u a e in e upción de la línea con inua
del acon ece c onológico. El iempo c onológico o his ó ico se nos p esen a, así,
como el iempo p o ano y me amen e cuan i a i o; y el cai ós, el momen o esca-
ológico, se nos p esen a como el iempo cuali a i o que e mina con oda his o-
ia, con el sen ido mismo de la his o ia.
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Todo es o demues a que la expe iencia esca ológica consis e en una em-
po alidad cuali a i a, en un modo de se y exis i . La inminencia o ap emio de
la espe a esca ológica no designa mensu abilidad c onológica, sino in ensidad
y i encia11.
Es a es uc u a on ológica en San Pablo condiciona su eología. San Pablo
no puede ene conciencia his ó ica de Jesús ni uelca su in e és p io i a io
sob e el Jesús his ó ico po que eso se ía da la azón a los es igos ocula es (que
supedi an la e a la expe iencia his ó ica). San Pablo demues a en onces con
su denominación de após ol que Jesús no es un hecho his ó ico, sino sup ahis-
ó ico, álido pa a cualquie homb e y cualquie época, pa a cualquie aza,
e nia o cul u a. San Pablo es, pues, ambién un es igo de p ime a mano, po -
que no es la his o ia (la expe iencia sensible, el iempo c onológico) la ca ego-
ía de e minan e, sino la epe ición del acon ecimien o esencial (la Pa usía), en
sí mismo sup ahis ó ico. ¿Qué papel desempeña en onces la c uz? Es el signo
sup emo que mues a y hace palpable la ealidad misma del acon ecimien o no
his ó ico ni sensible (po que ale pa a odos, independien emen e de su si ua-
ción his ó ica). San Pablo ecu e a signos y igu as pa a hace e y mos a su
expe iencia de la esencia del undamen o. San Pablo no da una sola p ueba de
los hechos his ó icos de Jesús (cuando debía conoce los sin duda) po que él
sien e que no es esa la p ueba undamen al de la e dad que Jesús ep esen a.
La c uz en San Pablo es el signo que ep esen a odo abajamien o, y no sólo el
abajamien o his ó icamen e ci cunsc ibible en el Cal a io. Po eso se en iende
la es au ología gnós ica: el p ime abajamien o ocu ió en el Ple oma y es de
ca ác e me a ísico. Signi ica el desgajamien o a pa i del Se o igina io, ep e-
sen ado simbólicamen e po la caída de So ía y su pos e io ende ezamien o
po el C is o ple omá ico.
El análisis del himno de Fil 2 e ela, en elación con lo que es amos iendo,
que la quenosis es la inse ción de la sus ancia di ina en la pu a con ingencia y
delicuescencia on ológicas, es o es, en la empo alidad his ó ica que de es a mane-
a se p esen a como caída. La es uc u a on ológica de Fil 2 mos a ía de qué
mane a el ins an e unda la con inuidad, pe o ambién de qué mane a la con i-
nuidad signi ica la consecución y dispe sión c onológicas. En de ini i a, el iem-
po esca ológico es up u a de la secuencia lineal del iempo c onológico y, po
an o, no es ex ensión ni magni ud, sino in ensidad i ida de la exis encia.
Lo que hemos es ado diciendo de San Pablo pod ía deci se ambién del Apo-
calipsis de San Juan. El sucede en ájei (en b e e) no señala una inminencia en
el iempo, sino un modo cuali a i o de en ende el iempo. En ealidad no hay
ni demo a ni inminencia esca ológicas: la demo a y la inminencia son o mas
de na a la inconmensu abilidad del momen o esca ológico. De la misma mane-
a, las ca ás o es nos ienen a indica na a i amen e la up u a con la secuen-
cia c onológica que ins au a el cai ós. Aquí pod íamos aplica lo que dice Louis
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PENSAMIENTO, ol. 64 (2008), núm. 240 pp. 289-314
11 C . FADINI, GABRIELE,Necessi à del empo: no e sull’in e p e azione heigegge iana di San
Paolo, Pado a, 2003; BARTH, KART,Ca a a los Romanos ( ad. de Abela do Ma ínez de la Pe a),
Mad id, 2002.
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cen o como e e encia a un eje o espí i u del medio que ige la ida in e io es
un ema co ien e en Plo ino, San Juan de la C uz, Jacob Böhme o Swedenbo g.
En odos ellos la expe iencia del cen o a ligada a la adquisición de la ealidad
ans o mado a que nos si úa a noso os mismos en el espacio in e io . El paso
del cen o espacial al cen o del alma o al cen o me a ísico se ealiza po la ana-
logía que posibili a el signi icado que yace bajo odas esas ealidades y expe-
iencias23. En René Guénon encon amos odo un desa ollo me a ísico a pa -
i de las di e sas imágenes del cen o del mundo24.Sin emba go, Louis Masignon
habla de un descen amien o como consecuencia de la misma expe iencia mís-
ica. Se e ie e a la necesidad de desposee se de odas las e e encias que con-
o man un suelo alsamen e sólido. El descen amien o de Massignon iene algo
del desasimien o y del s’abê i de Pascal25.
Como puede e se, la expe iencia del espacio cuali a i o y de su habi a es
al mismo iempo la expe iencia del o igen, del des elamien o y del acon ece de
la p esencia. Debido a eso hay eces en que la i encia del o igen se expe imen a
como acío, hueco o abismo: es el jaos hesiódico, el jasma pa menídeo, el ja upa-
nisádico, el abissos gnós ico, la p o undidad insondable del su gimien o, el p ís-
ino a ancamien o del espacio p opiciado pa a que en él se ins alen homb es
y mundos. Se a a, pues, del luga como espacio acío. Es e a ancamien o o i-
gina io mo i a que su desc ipción aya acompañada de exp esiones que deno-
an lucha, dimensión agónica, oposición de con a ios, ya que se in en a expli-
ca el desga amien o que se p oduce en lo o iginado a pa i del o igen. El luga
sag ado ambién puede se lo e ible, así como su expe iencia. Es a lucha la
ap eciamos en la dualidad g acia-pecado: la g acia es la donación pu a de la
ape u a p ís ina, el apa ece en su espon ánea mues a; el pecado es el aleja-
mien o del o igen, la necesa ia de e minación de lo p esen e en cuan o p esen-
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PENSAMIENTO, ol. 64 (2008), núm. 240 pp. 289-314
23 El luga clásico pa a San Juan de la C uz es Llama de amo i a: ¡Oh llama de amo
i a, / qué ie namen e hie es / de mi alma en el más p o undo cen o. En Jacob Böhme el
cen um es plu al: signi ica el núcleo eme gen e de la na u aleza, del alma y del p opio Dios.
C . REGUERA, ISIDRO,Jacob Böhme, Mad id, 2003. En el caso de Emanuel Swedenbo g, encon-
amos el é mino cen um en el Dia io de sueños pa a desc ibi una isión mís ica: «(…) i
de mane a ine able cómo odo se ab ía, de mane a semejan e a un uelo y se ocul aba en algo
in ini o, como un cen um donde se encuen a amo ipse, ex endiéndose po al ededo pa a
ol e a descende , pe incomp ehensibilem ci culum, a cen o, que e a amo ». La s Be gquis
ha señalado que es e cen um mís ico es un asun o de la imagen de lo concén ico que había
apa ecido ya, en o os con ex os, en El Reino del alma y en De cul u e amo e Dei y que ol e-
á a apa ece en los A canos Celes es, la ob a cumb e de Swedenbo g. C . SWEDENBORG, E.,
D ömbk. Gläjen och s o a k ale (edición a ca go de La s Be gqui ), Es ocolmo, 1988. En cuan-
o a Plo ino, de los muchos luga es donde encon amos e e encias al quen on eseñemos
és e: «E ec i amen e, hay una especie de oco cen al y, bo deando a és e, un cí culo que e ul-
ge con luz enida de aquél (…)», IV, 3,17 ( ad. de Jesús Igal).
24 C . Le Roi du monde, Pa ís, 1927. Podemos compa a la noción de Rey del mundo con
los símbolos axiales a ados po Mi cea Eliade.
25 No obs an e, Masisgnon ambién habla de su expe iencia como una quemadu a del
co azón, en el cen o. C . DESTREMAU, CHRISTIAN - MONCELON, JEAN,Louis Massignon, le cheikh
admi able, Edi ions de Capucin, 2005.
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e. La empo alidad y espacialidad sag adas es án en el a ancamien o mismo
mien as que la empo alidad y espacialidad p o anas son la secula ización de
la caída c onológica.
Como dijimos an e io men e, la pied a undacional es una de las de i acio-
nes simbólicas más e aces de la noción de espacio cuali a i o po cuan o se nos
p esen a con una g an ampli ud de de e minaciones. El simbolismo de la pie-
d a iene dos p oyecciones esenciales, ambas de ca ác e cons uc i o: la pie-
d a de undamen o y la pied a de bó eda. La pied a de undamen o pe enece
a la dimensión más p ís ina y o igina ia que nos mues a la enomenología de
lo sag ado. En e ec o la pied a de undamen o supone el cimien o sólido sob e
el que cons ui y la inse ción de lo cons uido en el espacio abie o: allí donde
hay una pied a sólidamen e es ablecida puede e igi se la cons ucción, de al
mane a que la pied a misma se iden i ica con el espacio cuali a i o mismo. Toda
una secuencia simbólica se puede es ablece en unción del simbolismo de la
pied a. Así, la pied a de Jacob en Gen 6,11 es con la que se cons uye Be el (casa
de Dios y luga e ible a la ez)26, la que si e de pue a o escala del cielo (sím-
bolo axial), aquella sob e la que se á ele ado el emplo de Salomón, la pied a
angula de los E angelios, las doce pied as de la ciudad del Apocalipsis. Donde
apa ezca una mo ada, sea emplo, o e o casa, encon a emos la pied a como
undamen o, es deci , donde apa ezca un mundo o espacio i ido, encon a e-
mos la pied a sus en ando y en aizando, sea la Je usalén celes e, sea la o e del
Pas o de He mas, sea el o eón de Bollingen de Jung. Del mismo modo, el ono
de Dios en Co án 11,9 se le an a sob e una pied a (un za i o) en medio de las
aguas p imo diales y esa pied a del ono sus en a el mundo con i meza. Aquí
se podía inse a aho a el símbolo alquímico de la pied a iloso al, que eco-
giendo las signi icaciones an e io es añade los sen idos especí icos que posee
en la alquimia.
El ema de la casa como cons ucción y mo ada que ampa a iene g an eso-
nancia en el a amien o simbólico, pues g acias a su mo imien o ansi i o
ap eciamos cómo se con igu an como casa ámbi os muy di e sos. Po ejemplo,
cuando se dice que la To á y el Co án comienzan po la le a be (Be echi , Bis-
millá) po que con esa le a empieza la palab a casa (bayi , bai ), y el Lib o es
una mo ada pa a la Palab a. Es en el Lib o donde iene dicha y gua dada la
Palab a esencial, po eso el Lib o ac úa como una casa, desempeña la misma
misión on ológica que la casa: unda, delimi a y esgua da27.
J. A. ANTÓN, LA CONSTRUCCIÓN. NOTAS SOBRE EL TIEMPO Y EL ESPACIO CUALITATIVOS 305
PENSAMIENTO, ol. 64 (2008), núm. 240 pp. 289-314
26 En es e p o undo ela o que yo no duda ía en llama mís ico, ap eciamos el ca ác-
e de lo e ible que acompaña a la expe iencia del o igen: el su gimien o de la abe u a
on ológica es donación, pe o ambién desga adu a y é igo an e la posibilidad y la de e -
minación. Ese luga es e ible po se sag ado y sag ado po se e ible; es as y ne as al
mismo iempo.
27 Apa e de mi lib o ya ci ado, pa a odas es as cues iones de simbolismo cons uc i o
me emi o a o os abajos míos: «Casa, palab a, lib o», en Li o al, Homenaje a Ma ía Zam-
b ano, . 2, n.º 124-25-26 (1983) 55-60; «Pied a y palab a en las An igüedades Bíblicas», en
Re is a de iloso ía 1 (1985) 23-31; «Comen a io sob e el símbolo pied a en el Zoha », en Re is-
a española de eología, ol. 44 (1984) 377-383.
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Especial impo ancia iene la asociación en e la pe sona y la pied a: Jesu-
c is o mismo es la pied a undamen al28, una pied eci a blanca y un nomb e
nue o (es deci una iden idad nue a y eno ada) es lo p ome ido pa a quien lle a
acabo la con e sión (Ap 2,17). Si hemos podido habla de un espacio pe sonali-
zado, de la misma o ma podemos habla de una pied a pe sonalizada, in e io-
izada, cons uyendo la cons i ución espi i ual del se humano. En Ap 21,14 los
nomb es de los doce após oles es án esc i os sob e los doce cimien os de la mu a-
lla, con lo que los nomb es se asimilan al sen ido de solidez y a aigo de la mu a-
lla y és a se e is e del con enido logo ánico del nomb e p opio. También en las
An igüedades bíblicas apa ecen doce pied as en las que se esc ibe el nomb e de
las doce ibus de Is ael. Y es que esc ibi el nomb e p opio de una pe sona sob e
una pied a es una ga an ía de cons ucción p opia in e io y me a ísica: es amos
an e una asociación cohe en e de dos símbolos undamen ales que in e cambian
sus con enidos: el nomb e y la pied a; el nomb e adquie e consis encia en la pie-
d a, la pied a se de e mina signi ica i amen e con el nomb e. En cualquie caso,
la pied a de undamen o se pe sonaliza. Donde se pe cibe ní idamen e el sim-
bolismo de la pied a es en 1Pe 2,1-8. Aquí, en e ec o, nos apa ece la pied a pe -
sonalizada (Jesuc is o) que si e de undamen o a pied as i as, en su doble un-
ción: como pied a de cons ucción, pied a angula , undamen o y eje po an o;
pe o ambién como pied a de opiezo y pe dición: el as y el ne as que encie a
odo símbolo del o igen. Es lo p opicia o io y lo e ible del o igen, su necesa io
doble aspec o, aho a expe imen ado en la ambi alencia pied a angula -pied a
de opiezo: la abe u a o igina ia unda la posibilidad del edi icio, pe o ambién
deja al descubie o la ins ancia del abismo. El simbolismo de la cons ucción,
que e ela un espacio he e ogéneo, se p esen a aho a en pleni ud signi ica i a.
III
De odo es e ico simbolismo del espacio cuali a i o, el que sin duda consi-
gue más impo ancia y más ele ancia es el símbolo de la ciudad espi i ual. La
consecución y la ansi i idad de las igu as que hemos is o (mo ada, abe u-
a, eje, pied a, delimi ación, cen o, e c.) ienen su más cohe en e esumen en
el símbolo de la ciudad.
En e ec o, la ciudad es el mundo p opiamen e dicho (es deci , el o den, la
mo ada, el cosmos), po que su cons ucción p o iene de la imi ación de la c e-
a ción del mundo lle ada a cabo po los dioses in illo empo e: la ciudad es un
mic ocosmo. Po an o, en la ciudad es donde acaece el sen ido, o mejo , ella
misma es el sen ido haciéndose p esen e. La ciudad egula y o dena el espacio
y median e su undación on ológica cons i uye el ámbi o de habi abilidad: la
ciudad es po an onomasia mo ada pa a lo humano y lo di ino. Po es o la ciu-
dad se con ie e asimismo en modelo de la p opia cons i ución in e io del se
humano, lo cual hace ac ible la espi i ualización del pa adigma u bano.
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PENSAMIENTO, ol. 64 (2008), núm. 240 pp. 289-314
28 Sal 117,22; Luc 20,17; Mc 12,10; M 21,41; 16,18; E 2,20; Pe 2,1-8.
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Hablábamos de una sac amen ación en la cons ucción de las ciudades, ya
que la ins au ación de lo sag ado p o iene de imi a la c eación del mundo
(modelo de la ciudad misma). De la misma mane a, el iempo en el que sucede
la undación es un iempo p oceden e del ac o on ológicamen e cons i uyen e,
es la imi ación del iempo p imo dial. Luego en la ciudad con luyen ejempla -
men e un iempo y un espacio cuali a i os: el iempo y el luga de la undación
y el iempo en la i idu a misma de la ciudad como ealidad sus en ada y en ai-
zada. En esumidas cuen as, la ciudad se con ie e en el símbolo más g á ido
de sen idos co espondien es a la expe iencia del iempo y del espacio cuali a-
i os. Es a g a idez signi ica i a se ans o ma en una amplia gama de e sio-
nes o a iaciones ales como el cas illo, la o aleza, la isla, la o e, el emplo,
el palacio, e c. Veamos algunas mues as de ello.
En el p oceso de espi i ualización de las igu as de cons ucción y undación,
uno de los sen idos p incipales que adquie en es as imágenes es el de cen ali-
dad. Dado que el luga sag ado es el cen o del mundo, cuando ese luga sag a-
do se in e io iza es lo más p o undo del alma lo que desempeña el signi icado
de cen alidad: lo más hondo del alma se con ie e en un cas illo o una ciuda-
dela o i icada. No amos a hace aho a la his o ia del a amien o de es e sím-
bolo, nos limi a emos a ci a algunos de los casos más no ables.
La de e minación del hondón del alma como cas illo o ciudadela es un ema
ecuen e en la mís ica musulmana29. Desde A a Alláh de Alejand ía una amplia
nómina de espi i uales han expe imen ado el p ocede de la ealización in e io
como un i hacia un cas illo sal ando las mu allas que lo gua dan. Así, Ahmad
al Gazali, Hakim al Ti midi, Musa al Dami i, Abul Hasan al Nu i; a és os hab ía
que añadi los clásicos de la mís ica islamo-pe sa como Semnani, Kub a, Ruz-
behan de Si az, e c. La enomenología de es as cons ucciones, lo in incado de
llega a ellas y alcanza su cen o, que es el luga mismo donde el alma mo a
con la Di inidad, nos mues an de qué modo la dimensión más ascenden al
del se humano se a icula a a és de imágenes y igu as p opias del simbolis-
mo espacial: po que ealmen e la cen alidad y undamen o del espacio cuali-
a i o son el hondón del alma. Y po eso ambién el despojamien o y desasi-
mien o del p opio yo, como aciamien o necesa io pa a la cons i ución de odo
espacio.
Na u almen e, el simbolismo del cas illo in e io nos emi e a Las Mo adas
de San a Te esa. No en a emos en la deba ida cues ión de la posible in luen-
cia de la mís ica musulmana en la san a abulense, pe o hay que hace cons a
(sea cual sea la p ocedencia del simbolismo) la ejempla idad que alcanza el ema
que a amos en San a Te esa.
Como decíamos an es, la ci cunsc ipción del ondo del alma po imágenes
cons uc i as iene muchas a iaciones. Una de ellas es el cas illo odeado de
mu allas en el cen o de una isla. Un modelo idedigno de es e simbolismo lo
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PENSAMIENTO, ol. 64 (2008), núm. 240 pp. 289-314
29 Me emi o a mi a ículo «El símbolo del cas illo in e io en Suh awadi y en San a Te e-
sa», en Muje es de luz. La mís ica emenina y lo emenino en la mís ica (edición de Pablo Benei-
o), Mad id, 2001.
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hallamos en el ela o isiona io de Fazel Mazanda ani ecogido po Al Faz ibn
Yahya30. Aquí se habla de la expe iencia mís ica exp esada a a és del iaje a
una Isla Ve de31 en el cen o de la cual un cas illo gua da el acceso a lo más ín i-
mo de uno mismo, a la mo ada en la que eside el alma con la Di inidad misma.
Po esa azón es e cen o igno o es á ep esen ado po símbolos como la Fuen-
e de Vida y el Á bol del Se , es deci , símbolos de ca ác e axial que siemp e
apa ecen asociados a los símbolos de cons ucción. Ya de po sí la isla eúne
una amalgama de igu as que ipi ican anhelos me a ísicos y de pleni ud; la isla
en de ini i a pe enece a la geog a ía del espí i u: Í aca, Tule, A alon, E in, Ínsu-
la Vi idis, la ínsula Ba a a ia, las ínsulas ex añas… siemp e designando el ápex
men is, el luga donde uno mismo se encuen a a sí mismo.
Den o de es e o den de cosas posee una impo ancia sob esalien e el iló-
so o pe sa Sihab al Din Yahya Suh awa di, ya que en sus ela os isiona ios
explica la elación en e el en endimien o pacien e y el En endimien o Agen e
como el pe eg inaje del alma indi idual has a su ángel. Y odo ese acon ece se
de e mina asimismo como el acceso a la o aleza del alma (Epís ola del cas i-
llo de las al as o es, Lib o de los emplos de las luces, El ela o del Ángel de alas
a eboladas)32. Es deci , con Suh awa di se in eg a en el simbolismo espacial de
cons ucción emas, concep os y ca ego ías p opios de la iloso ía a is o élica
más las imágenes p opias de las espi i ualidades pla ónica y musulmana (Mala-
cu , Mundus imaginalis)33: el mundo de la mediación on ológica (que es el ámbi-
o especí ico del se humano) se con ie e en un mundo de cas illos, de o ale-
zas almenadas, de ciudades o i icadas: haykal (palacio) y ab og (cas illo) son
los é minos écnicos u ilizados po Suh awa di. Aquí end íamos que ae a
colación oda la li e a u a espi i ual y ilosó ica en la que las expe iencias y ca e-
go ías undamen ales son exp esadas con igu as ex aídas del simbolismo cons-
uc i o. Ejemplos se ían los palacios celes iales (Hecalo ) del ciclo de Enoc, las
isiones de Ezequiel, los mundos in e medios del Alam al mizal o Malcu y las
ciudades mís icas que lo pueblan (Hu calia, Yaba ca y Yaba sa). Y así nos colo-
camos en esa dimensión en la que el símbolo de la ciudad adquie e el mayo
exponen e signi ica i o como ep esen ación del espacio cuali a i o.
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PENSAMIENTO, ol. 64 (2008), núm. 240 pp. 289-314
30 C . CORBIN, HENRY,En Islam I anien. Aspec s spi i uels e philosophiques, ol. IV, p. 347,
Pa ís, 1972. Y ambién mi a ículo «Juan Ramón y la Isla Ve de», en Sol Neg o, año 2, n.º 2
(1996) 52-54.
31 Al Yazi a al jad a, que coincide so p enden emen e con la Insula Vi idis de la O den
Joánica de Es asbu go, al como ad ie e Co bin.
32 C . SUHRAWARDI,L’A change empou p é.Quinze ai é e éci s adui s du pe se e de l’a a-
be pa H. Co bin, Pa ís, 1976. También de Co bin es especialmen e ecomendable pa a es e
ema Co ps spi i uel e e e céles e, Pa ís, 1979. Asimismo me emi o a mi abajo an e io -
men e ci ado.
33 Tenemos ya un p eceden e en A icena en na aciones isiona ias como la Risala de
Hayy ben Yaqzan, la Risala del Pája o o la Qasida del alma. C . AVICENA,T es esc i os eso é icos
(edición de Miguel C uz He nández), Mad id, 1998. Todo es o demues a que la cues ión de
la elación en e en endimien o pacien e y el en endimien o agen e es mucho más que en un
p oblema gnoseológico: se a a de la unión del alma con su ho izon e ascenden al. Y eso
ya desde A is ó eles.
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Las ciudades espi i uales eúnen los elemen os p incipales del simbolismo
undacional y los esumen: undamen o, cen alidad, eje, delimi ación… La ciu-
dad es po excelencia la expe iencia cuali a i a del luga . Nos amos a e e i
aho a a es o mas pa adigmá icas de o denación cuali a i a del espacio. La
Je usalén celes e del Apocalipsis de San Juan, el cas illo de las isiones de Hil-
dega da de Bingen y las egiones espi i uales de Swedenbo g.
La simbología de la Je usalén celes e de Apocalipsis iene amplios an ece-
den es en la li e a u a bíblica34 y su signi icado p o undo esponde, como ya
hemos dicho, a la on ología undacional. Na u almen e, esa capacidad igu a-
i a de la ciudad espi i ual (de mane a pa adigmá ica, la Je usalén celes ial) se
di unde en di e sos ámbi os de pensamien o, y así en el gnos icismo (T a ado
sin í ulo) el mismo Ple oma o o alidad in eligible se de e mina como una g an
ciudad.
Como bien se sabe, es en Ap 21 donde apa ece en odo su esplendo el sim-
bolismo de la ciudad. Una enume ación sucin a de sus imágenes p incipales así
lo mani ies a: la ciudad se iden i ica con una pied a p eciosa que es la pied a
de undamen o de la que hablamos con an e io idad y que es asimismo la que
p es a la solidez on ológica de la undación (Ap 21,11); esgua da la ciudad una
al a mu alla, símbolo de la ci cunsc ipción y del lími e que eco a el mundo de
lo inmundo, el o den del caos (Ap 21,14); los cimien os de la mu alla es án sig-
nados con los doce nomb es de los após oles, es o es, el undamen o es el logos,
la palab a como de e minación esencial de la cosa misma (Ap 21,14), pues nom-
b e y pied a se iden i ican en su unción me a ísica esencial; la ciudad es cua-
d ada, ya que el cuad ado es signo de i meza, de asen amien o en la ie a, de
es a en aizado en lo sólido; la mu alla e a en medida de homb e y de ángel
(Ap 21,17), es una mane a de a i ma el ca ác e in e io izado y espi i ual del
símbolo: la sus ancia de la mu alla es como la sus ancia del alma, como la in e-
io idad misma (alma o ángel); el ma e ial del mu o e a de pied a de jaspe
(Ap 21,18), de la misma ma e ia que la pied a de undamen o, jaspe, pied a lumi-
nosa y ecia donde las haya35, pues o que ep esen a la o aleza del sos eni-
mien o y la ape u a a la cla idad del apa ece ; hay doce pue as (Ap 21,21): en
odo ecin o amu allado debe de habe en adas de acceso que pe mi an el es-
gua do en la mo ada. On ológicamen e hablando la pue a ab e paso y comu-
nica es ados di e en es de se ; en el cen o de la ciudad encon amos un ío de
agua de ida y un á bol de ida: los más clásicos ejemplos del simbolismo axial:
el cen o de la ciudad es al mismo iempo el cen o del mundo y el cen o del
alma, pues ahí es á el eje sob e la que se o dena y de e mina oda ealidad, po
eso se le ep esen a con imágenes que deno an la ida en su mayo y más plena
in eg idad; en esa ciudad nunca hab á noche (Ap 21,25; 22,5), ya que es amos
a ando de una geog a ía espi i ual, donde las dis ancias y las si uaciones del
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PENSAMIENTO, ol. 64 (2008), núm. 240 pp. 289-314
34 Is 65,17; 66,22; 60,1; 43,19; 54,11; 25,8; Ez 40,4; 43,2; 41,21; 45,2; 43,16; 48,16; 44,9;
Zac 2,5; 14,11; 14,7-8.
35 En la cul u a adicional china iene el mismo simbolismo que el o o en el occiden e
adicional.
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luga esponden a es ados y ealidades in e io es: dado que la Je usalén celes-
e es la luminosidad que ans o ma a oda conciencia que habi a en ella (y que
es ella en úl ima ins ancia), no exis e aquí la oscu idad. De los muchos símbo-
los asociados a la ciudad que pod íamos i as eando en el Apocalipsis, hay uno
de especial ele ancia, pues mues a cla amen e de qué modo el símbolo cons-
uc i o de la Je usalén celes ial se adecúa a o o símbolo undamen al del c is-
ianismo: el símbolo esc i u a io del lib o e elado. En e ec o, en Ap 21,27 se
dice que sólo en a án en la ciudad aquellos cuyos nomb es es én esc i os en el
lib o de la ida, con lo que homologamos el nomb e pe sonal (el logos), la ciu-
dad y el lib o como de e minaciones esenciales de la ealidad: nomb e, ciudad
y lib o se in e cambian sus signi icados pa a designa una única esencia un-
dado a.
Hildega da de Bingen con su isión mís ica de lo que ella denomina Edi i-
cio de la sal ación, es o o pa adigma de cómo una expe iencia ascenden al
se cons i uye con símbolos de cons ucción. En e ec o, en su ob a Sci ias36 Hil-
dega da nos na a de una mane a ha o de allada la isión de una o aleza con
eminiscencias de la Je usalén celes e joánica, aunque el con enido de las imá-
genes di ie a conside ablemen e en e una y o a. No obs an e, la enomenolo-
gía de la isión de Hildega da se acomoda al a amien o adicional de los sím-
bolos undacionales. Veamos alguno de és os.
Ya hemos indicado que la desc ipción del cas illo espi i ual en Hildega da
es compleja, ex aña y a eces muy en e esada. Noso os nos ija emos en aque-
llas igu as que conside amos elemen os esenciales y cons an es del espacio
cuali a i o. Y en p ime luga hay que señala de qué mane a una expe iencia
mís ica, ascenden al, se exp esa a a és de imágenes sacadas del ámbi o de
la cons ucción. La isión de la monja alemana comienza con una e e encia a
una g an pied a de un solo bloque37: es el undamen o o igina io, la base sob e
la que se e igi á oda cons ucción y, po an o, su condición de posibilidad.
Es a pied a sólida (es de hie o) sos iene al p opio ono de Dios, po eso la
odea una luz glo iosa pues es la ape u a misma del se . Dos de alles in e e-
san es acompañan al simbolismo de la pied a: és a se con empla en el o ien e,
es o es, la pied a implica la ac i idad ilumina i a an o desde un pun o de is a
on ológico (la au o a del se ) como cognosci i o y espi i ual (la pleni ud exis-
encial). La o a no a a la que nos e e íamos se a a del inmenso cí culo que
i adia del Se que es á sen ado en el ono: es e cí culo es el o be celes e den-
o del que se insc ibe el cuad ado del mundo e eno, ep esen ado ejempla -
men e po la ciudad o el cas illo. Tenemos así la imagen in eg ada de la o ali-
dad: el cielo y la ie a, lo al o y lo bajo, lo di ino y lo humano. Como puede
ap ecia se es amos (es ic amen e hablando) an e un mándala, pues o que es e
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36 Las ob as de Hildega da de Bingen se encuen an en Migne PL, ol. 197, y en el Co -
pus Ch is iano um, ol. XLIII (B epols). Hay una excelen e aducción del Sci ias al español:
Sci ias: conoce los caminos ( ad. de An onio Cas o Za a y Mónica Cas o), Mad id, 1999.
37 Recué dese una ez más la pied a de Be el, la pied a de la Caaba, la pied a del Pas o
de He mas, la pied a sob e la que descansa el ono de Dios…
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icono budis a e a ambién un diag ama en el que lo cuad ado (el mundo, la ie-
a, la ciudad, el alma) se insc ibía en el cí culo celes e, si iendo de es a mane-
a de sopo e pa a la medi ación y pa a la ins alación del alma en la ealidad.
En la segunda isión con inúa la p esencia del cí culo aba cado y aho a se deja
cons ancia de los símbolos axiales: el mon e y la oca eligando el cielo con la
ie a. Aho a comienza p opiamen e hablando la desc ipción del edi icio: una
ez cimen ado el luga y dispues a su cen alidad se a aiga en él el cas illo, que
es cuad angula po que es á sólidamen e cons uido y delimi ado. Reco demos
una ez más que lo que aquí se dice de una cons ucción ex e na en ealidad se
dice de una cons ucción in e io , espi i ual. Viene después la mención de a-
llada de los elemen os a qui ec ónicos: mu allas, o es y columnas i án apa-
eciendo pa a signi ica solidez, cen alidad, ci cunsc ipción, a aigo. Todos
es os elemen os end án como e e encia denominaciones de o den eligioso o
eológico ales como Columna de la palab a de Dios, To e de la P emonición
de la Volun ad di ina, Columna de la T inidad, Mu o de la An igua Alianza,
To e de la Iglesia, Edi icio de la Sal ación, que iendo hace e con ello la ela-
ción del con enido eológico con la signi icación sus en ado a de los símbolos
de cons ucción.
Pe o en Hildega da el simbolismo aba ca amplios ámbi os de de e minación,
y así en la isión quin a hallamos el aspec o de lo e ible que siemp e iene la
expe iencia del o igen: en un ángulo donde con e gen dos pa es de una mu a-
lla se puede con empla la imagen de una cabeza de colo de uego y con em-
pla la in undía pánico. Hildega da in e p e a es a cabeza como una igu a de la
i a de Dios. Independien emen e de los signi icados mo al y eológico que la
monja alemana a ibuye a sus isiones, nues o análisis pe cibe en es a e ible
cabeza de uego la imagen de la expe iencia del undamen o como abe u a o i-
gina ia y de la ins au ación de la p esencia en el momen o cuali a i o que ompe
con la empo alidad cuan i a i a. No ol idemos que es as isiones se inse an
en un discu so esca ológico, en el que hay que desc ibi en é minos cuan i a-
i os una dimensión que no iene magni ud y es o sólo se hace con las me á o-
as de lo e ible. Aquí, pues, lo e ible iene una doble acepción: la cabeza de
colo de uego es el desga amien o de sali a ue a que p oduce el undamen o
(la posibilidad de la posibilidad, di ía Kie kegaa d), y la cabeza de colo de uego
es ambién la aniquilación de lo cuan i a i o po la ins au ación de la p esen-
cia de lo cuali a i o. La cabeza p esen a es alas: la explicación alegó ica que
nos da Hildega da dice que esas es alas ep esen an la T inidad; pe o pa a la
explicación simbólica las es alas edundan en la e a ología de la cabeza y, po
an o, en su dimensión de lo e ible.
En la no ena isión, en la que se habla de la To e de la Iglesia y la Columna
de la Humanidad del Sal ado , se nos dice que el mu o no es aba e minado ni
la o e ema ada, alusión e iden e a la in e io ización de los elemen os a qui-
ec ónicos, o más bien a su humanización o subje i ación pues aquí lo a qui ec-
ónico es lo inacabado o incomple o del se humano. Es amos an e la ans o -
mación de la sus ancia ma e ial y ex e na en sus ancia espi i ual e in e na.
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En la décima isión encon amos g adas de blanquísimas pied as que ascien-
den has a la g an oca que sus en a el ono di ino. He aquí la combinación de
los dos sen idos de la pied a de undamen o: po un lado es neg a, opaca, basál-
ica, pues ep esen a la o aleza de la sus en ación, su es a en aizado en la ie-
a; po o o lado es blanca po que ep esen a la luminosidad del es a abie o,
la capacidad ela i a de p opicia la ascensión.
Vuel en a apa ece en es e ela o símbolos que sabemos que son ecu en-
es en es a clase de li e a u a. Así, ol emos a encon a la e e encia al sueño
de Jacob y a la pied a de Be el (Gen 28,18-19) y ambién pa a Hildega da esa
pied a de undamen o, en su ansi i idad simbólica, es á asociada al Lib o de
la Vida y a la Je usalén celes e, Templo i o de Dios. La p opia Hildega da, en
la explicación que ella misma a con inuación adelan a, alude al simbolismo de
aquella pied a de undamen o como cimen ación de oda mo ada. La p esencia
de odas es as imágenes edunda en la idea de que aquí se es á na ando la de e -
minación on ológica del espacio sag ado y su i encia misma.
En Emanuel Swedenbo g nos encon amos con uno de los ejemplos más
p ecla os de desa ollo emá ico y í ido del espacio cuali a i o. No es, desde
luego, baladí que el isiona io sueco haya esc i o un Apocalipsis explica a (que
dejó inacabado y ue publicado pós umamen e), un Apocalipsis e ela a y a ios
abajos más sob e exégesis de la ob a joánica como De ul imo judicio e de
Babylonia des uc a o De equo albo. Todo ello demues a la impo ancia con-
cedida po Swedenbo g a la esca ología, es deci , al momen o p i ilegiado en
el que acaece el acon ecimien o undamen al, y, po an o, al luga en el que
acaece ese acon ecimien o undamen al que en consecuencia, se á ambién un
luga p i ilegiado: si el momen o p i ilegiado del acon ecimien o undamen-
al es in e io y cuali a i o, el luga p i ilegiado del acon ecimien o unda-
men al se á in e io y cuali a i o. Po es o la imagen que emblema iza oda la
ealización espi i ual de Swedenbo g es la Nue a Je usalén, ciudad i ien e
que ep esen a a la ez el momen o y el luga de aquella ealización espi i ual.
Vamos a mos a es o con algunas ci as ex aídas de la inmensa ob a sweden-
bo giana38.
An e odo hay que deci que en pocos au o es como en el sueco ap ecia e-
mos una espi i ualización del espacio an comple a y consumada: aquí dis an-
cias, luga es, egiones o cons ucciones se esuel en en mo imien os y lujos
del alma. El espacio se con ae y se ala ga según sea la i idu a in e io : es la
conciencia la que de e mina al espacio y no al con a io. Swedenbo g se inse -
a en esa línea de pensado es que no disocian iloso ía de espi i ualidad, expe-
iencia mís ica de expe iencia p o é ica. Todo ello con luye en una enomeno-
logía de la conciencia isiona ia o imaginal y en una espi i ualidad igu a i a.
Bas en es as b e es palab as pa a enma ca las e e encias a lo espacial no cuan-
i a i o en Swedenbo g. Vayamos aho a con algunos ejemplos. En De coelo e
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38 Pa a Swedenbo g en gene al me emi o a mi ob a Un lib o sob e Swedenbo g, Se illa,
1991; ambién, E. Swedenbo g, el habi an e de dos mundos. Ob a cien í ica, eligiosa y isiona-
ia (edición y aducción de Ch is en Blom-Dahl y J. A. An ón Pacheco), Mad id, 2000.
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de in e no 141 se explica de qué modo en el cielo (el espacio cuali a i o pa a
Swedenbo g) odas las posiciones es án de e minadas po el o ien e, que es el
luga po donde apa ece el Seño (po an o, uno es a á an o más ce ca del
o ien e cuan o su conciencia es é más ce ca del Seño ). En el pa ág a o 176 del
mismo lib o asis imos a una desc ipción de las di e sas ep esen aciones espa-
ciales (á boles, lo es, ja dines, hue os) de p ocesos in e io es: son ep esen a-
ciones y no alego ías, pues ac úan como de e minaciones on ológicas, pe o i -
gu a i as, de la esencia espacial. El espacio y el iempo se con igu an como
ep esen aciones y apa iencias (esquema izaciones) de p ocesos espi i uales.
En el lib o Sapien ia angelica de Di ino Amo e e de Di ina sapien ia nos encon-
amos con unas e e encias palma ias a la o ma que iene Swedenbo g de a-
a la cues ión. Pe o demos la palab a al p o e a del no e, quien en el pa ág a-
o 7 dice: «(…) Sin emba go, no son espacios sino apa iencias de espacios, pues
no es án ijos ni de e minados como los de la ie a. En e ec o, pueden se ala -
gados, es echados, cambiados y a iados. De es a mane a, no pueden es a
de e minados po la medida ni se cap ados po ninguna idea na u al, sino sola-
men e po la idea espi i ual (…)». Y ecalca en el pa ág a o 10: «En el mundo
espi i ual apa ecen espacios como en el mundo e enal, y en consecuencia am-
bién dis ancias, pe o son apa iencias según las a inidades espi i uales que pe -
enecen al amo y a la sabidu ía, o al bien y a lo e dade o». En de ini i a, el
iempo y el espacio son es ados del alma, lo que demues a algo a lo que ya alu-
díamos an e io men e: posiblemen e sea Swedenbo g el au o donde se ap ecie
en su máxima pleni ud la in e io ización, la espi i ualización y la pe sonaliza-
ción del iempo y del espacio. Y odo es o se dice de mane a p i ilegiada de la
Nue a Je usalén.
Se ía in e minable ae a colación odas las ci as en las que se mues a la
concepción in e io y cuali a i a que Swedenbo g iene del espacio. A modo de
esumen y sín esis ci a emos de nue o De Caelo e de In e no 19739: «Po eso en
la Palab a los luga es y los espacios (y odo lo que implica espacio) signi ican
cues iones que implican es ados, po ejemplo, dis ancias, ce canía y lejanía,
caminos, iajes, emig aciones, medidas de longi ud, es adios, llanu as, campos,
ja dines, ciudades, calles, mo imien o, dis in os ipos de medida, longi ud, anchu-
a, al u a y p o undidad, innume ables cosas más (…)». Todo lo espacial (y am-
bién lo empo al) se esuel e, en de ini i a, en modi icaciones, ans o macio-
nes y expe iencias del alma, en cambios de es ado40. Po eso la doc ina de
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39 Es e lib o es un ex ao dina io epí ome que el mismo au o hizo de su ob a magna
A cana caeles ia. Es amos en onces an e una dimensión esencialmen e he menéu ica. En espa-
ñol exis en aducciones comple as de De caelo e de in e no: la publicada bajo el í ulo de El
cielo y sus ma a illas y el in ie no ( ad. de Ch is ian Wildne ), Buenos Ai es, 1963; la publi-
cada bajo el í ulo de Del cielo y del in ie no ( ad. de Agus ín López y Ma ía Tabuyo), Mad id,
2002. Llamamos ambién la a ención sob e el hecho de que odas es as especulaciones y isio-
nes se desa ollan a pa i de la lec u a del ex o bíblico. Po eso en De Coelo e de In e no
ano ó un complejo sis ema de co espondencias en e ambas ob as.
40 Los cambios de es ados ienen dados po las expe iencias i ales de la sabidu ía y la
in eligencia, del amo y de la e.
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