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Drogodependencias y factores de riesgo en la población inmigrante en Andalucía: Acción socioeducativa

Abstract

Acercarnos al fenómeno de la inmigración desde un enfoque tan especifico como es el mundo de las drogodependencias, constituye un paso importante en el conocimiento integral del colectivo de personas inmigrantes, que desde hace más de dos décadas, constituye parte de nuestra realidad. Este ámbito está generando toda una serie de informaciones y nuevas propuestas de acción, centradas en el trabajo e intervención conjunta de distintas entidades y colectivos en pos de conseguir un conocimiento de los factores que inciden en el consumo de sustancias estupefacientes, que es preciso estudiar y sistematizar. Este terreno es el marco en el que se desarrollan estrategias de intervención por parte de centros específicos y profesionales especializados en materia de drogodependencias, que se han visto reforzadas por el funcionamiento, organización y coordinación existentes entre los distintos servicios sociales que abordan esta temática. Por otro lado, consideramos que entre los diferentes sectores de la opinión pública, se están lanzando ataques y comentarios que no favorecen la integración de este grupo de población minoritario en nuestra sociedad. Por consiguiente, se hace necesario tener una visión más exacta y global de los elementos que condicionan a este colectivo, ya de por sí desfavorecido y desamparado en muchas ocasiones por el ordenamiento jurídico vigente, de los factores que propician el consumo de drogas y las repercusiones directas en su entorno más cercano en todos los niveles. Es éste el motivo que nos mueve a aportar de forma conceptual, los principios que fundamentan determinadas situaciones y actuaciones destinadas a estos grupos humanos, y que constituyen el eje de la intervención profesional. Inmigración y drogas no tienen por qué ser una combinación natural de hechos, el ser inmigrante no implica directamente ser drogodependiente, si bien es cierto, que se pueden dar situaciones personales o sociales que hagan adoptar en la persona conductas tendentes al consumo de sustancias adictivas. Las desventajas que se producen en este colectivo pueden deparar en el riesgo de ser excluidos socialmente, configurando un motivo justificado para acercarse a ambientes donde el uso de drogas sea habitual. Elementos, tales como: el no poseer vivienda, el desempleo, la falta de recursos económicos, etc., pueden condicionar que el inmigrante opte por un estilo de vida marcado por las drogas.

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Drogodependencias y factores de riesgo en la población inmigrante en Andalucía: Acción socioeducativa

Author: Camacho Herrera, José Manuel
Year: 2016
Source: https://idus.us.es/bitstreams/a27f7163-9b72-4c4e-9efe-4ed703b602d9/download
UNIVERSIDAD DE SEVILLA
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN
DEPARTAMENT O DE TEORÍA E HISTORIA DE LA EDUCACIÓN Y PEDAGOGÍA SOCIAL

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L

Drogodependencias y Factores de Riesgo
en la Población Inmigrante en Andalucía:
Acción Socioeducativa

JOSÉ MANUEL CAMACHO HERRERA
SEVILLA, 2015
DIRECTOR: DR. D. VICENTE LLORENT BEDMAR

A mi madre,
a mi hermano y
a mis amigo s

AGRADECIMIENTOS

- 9 -
ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

33

Justificación

34

Estructura d e la investigación

35

PRIMERA PARTE: FUNDAMENTO TEÓRICO

39

CAPÍTULO 1. El fenómeno de los movimientos migra torios

41

1.1. Diferentes conceptualiza ciones de migración

41

1.1.1. Algunas definiciones de emigración e inmigración

42

1.2. Los factores que influyen en el fenómeno migrat orio

43

1.2.1. El factor demográfico

44

1.2.2. El factor económico

44

1.2.3. El factor social

45

1.2.4. El factor cultural

46

1.2.5. El factor personal e individual

46

1.3. La evolución de los estudios sobre migració n

47

1.3.1. La evolución y las clasificaciones de la s corrientes migratorias

49

1.4. Las migracio nes a través del tiempo

52

1.4.1. Las migraciones en la antig üedad

52

1.4.1.1. El asilo

53

1.4.2. El desarrollo de las migracio nes en la Edad Moderna

54

1.4.3. Las grandes migraciones en los siglos XIX y XX

56

1.4.3.1. Las migraciones hacia Norteamérica

57

1.4.3.2. Las migraciones entre países de Europa

57

1.4.4. El éxodo del campo a la ciudad

59

1.4.5. Las migraciones de medio y co rto recorrido

60

1.4.6. Las migraciones después de la I I Guerra Mundial

60

1.4.7. Las migraciones a pa rtir de la crisis del petróleo de 1973

64

1.4.8. Las migraciones en los albores del si glo XXI

69

1.5. Situaciones y circunstancias q ue provocan las migraciones

77

1.5.1. Los factores que inciden en las migraciones

77

- 16 -
7.1.2.3. Actitudes, creencias y valores

371

7.1.2.4. Percepción del riesgo

372

7.1.2.5. Habilidades sociales

373

7.1.2.6. Autoconcepto y autoestima

374

7.1.2.7. Autocontrol

375

7.1.2.8. Experimentación y búsqueda de sensaciones

376

7.1.2.9. Personalidad disruptiva y problemas de conducta

377

7.1.2.10. Tolerancia a la frustración

378

7.1.3. Factores vinculados a l contexto social

378

7.1.3.1 La Escuela

378

7.1.3.2. El grupo de amigos

380

7.1.3.3. La familia

382

7.2. La p revención de las drogodependencias

385

7.2.1. Modalidades de prevención

387

7.2.1.1. Prevención comunitaria

389

7.2.1.2. Prevención familiar

390

7.2.1.3. Prevención educativa

391

7.2.1.4. Prevención laboral

392

7.2.2. Conceptos claves en prevención

393

7.2.3. ¿Cómo usan las drogas los a dolescentes ?

394

7.2.4. La prevención de las drogodependencias d esde la comunidad

395

7.2.4.1. La relevancia de los agentes implicados en la prevención

395

7.2.4.2. El movimiento ciudadano en el marco de la prevención

397

7.2.5. La prevención de las drogodependencias en el marco educativo

398

7.2.5.1. Aspectos formativos para la prevención

400

7.2.5.2. Los programas preventivos en los centros educativos

402

7.2.6. La prevención de las d rogodependencias en el ámbito familiar

403

7.2.6.1. La relevancia de los padres en la formación de actit udes
ante el consumo

404

7.2.6.2. La influencia del grupo de iguales ante el consumo

404

7.2.6.3. Las estrategias reforzadora s de la p ersonalidad de los
sujetos como elementos de prevención

406

7.2.6.4. Las asociaciones comunitaria s como reforzadoras de la
intervención de la familia

406

- 17 -
7.2.7. La prevención de las d rogodependencias en el ámbito laboral

408

7.2.7.1. La prevención en la empresa

408

7.2.7.2. La prevención desde la perspectiva de lo s trabajadores

410

7.2.7.3. La escasez de programas de prevención en el marco
labora l

411

CAPÍTULO 8. LA INCORPORACI ÓN SOCIAL EN EL ÁMBITO DE LAS
DROGODEPENDENCIAS

413

8.1. Los fundamentos básicos de la incorporación social

413

8.2. Los soportes sociales para la incorporación social

415

8.2.1. Las redes sociales para la incorporación social

416

8.2.2. Las condiciones sociales para la incorporación social

418

8.2.3. Pautas para intervenir en la incorporación socia l

419

8.3. Tratamiento y reinserción social

421

8.3.1. Principios de la reinserción

423

8.3.2. Metas a conseguir

424

8.4. La a cción socioeducativa ante la inserción social del
drogodependiente

428

8.4.1. La relación de ayuda para la inserción social

429

8.4.2. La acción de los profesionales ante la s situaciones de conflicto

430

8.5. La a cción comunitaria de los servicios sociales desde el modelo
socioeducativo

433

8.5.1. Los procesos de inserción desde los servicios públicos y las
iniciativas sociales

434

8.5.2. Los principios claves para la equiparación de oportunidades en
inserción social

435

8.5.3. Las áreas de acción dentro d e los programas de incorporación
social

437

8.6. Los progra mas de ins erción sociolabo ral para las p ersonas
drogodependientes

439

8.6.1. Los programas de forma ción profesional ocupacional
destinados a personas drog odependientes

440

8.7. Recursos sociales y educa tivos para las personas
drogodependientes

4 42

8.7.1. Programas de los orga nismos y entidades públicas y privadas
para la inco rporación social

443

8.7.1.1. Viviendas de apo yo a la reinserción

443

- 18 -
8.7.1.2. Centros de día

444

8.7.1.3. Empresas de inserción

445

8.7.1.4. Programa de formación en estrategia s básicas para la
incorporación labo ral

446

8.7.1.5. Programa red de artesanos

447

8.7.1.6. Programa Arquímedes

448

8.7.1.7. Formación profesional ocupacional

449

8.7.1.8. Programas de ta lleres sociosanitarios

449

8.7.1.9. Programa de apoyo jurídico

450

8.7.2. Los itinerarios personaliza dos en incorporación social para los
drogodependientes

451

8.7.2.1. La situación inicial y de llegada en el p roceso de ca mbio
del drogod ependiente

452

8.8. Los niveles de incorp oración social de los drogodependientes según
su tipología y perfiles

454

8.8.1. La variedad de perfiles de las personas d rogodependientes

455

8.8.2. Tipología de los grupos objeto de intervención

458

8.9. Funciones del equipo m ultiprofesional en el trabajo con
drogodependientes

459

8.9.1. La participación act iva del sujeto drogodependiente y de los
recursos comunitarios en la incorpo ración social

459

8.9.1.1. Área asistencial

462

8.9.1.2. Área formativo-laboral

463

8.9.1.3. Área judicial

464

8.9.1.4. Área familiar

464

8.9.1.5. Área de relaciones sociales

465

8.9.1.6. Área de ocio y t iempo libre

465

8.9.1.7. Área de desarrollo personal

466

8.9.1.8. Área de coordinac ión comarcal

466

8.9.1.9. Área de formación

467

SE G UN D A P A RT E: M ETO D OLO GÍ A

469

CA PÍT UL O 9: Pl a nt ea mi ent o d el p ro bl ema , o bj et iv o s e hip ót es is d e l a
in v est iga ció n

471

9. 1. F ina li d a d

471

- 19 -
9. 2. E le me nt o s qu e co nf ig ura n el pla nt ea mi ent o d el pro bl ema

473

9. 2. 1. G éne si s y j us t if ic ac ió n d el pr ob le ma

473

9.2.2. Criterios para la elección del prob lema

475

9.2.3. Supuestos básicos del prob lema

476

9.2.4. Planteamiento del problema

478

9. 3. O bje t ivo s

479

9.3.1. Objetivos generales

479

9.3.2. Objetivos específicos

480

9. 4. H ip ót es is

481

9.4.1. Formulación de hipótesis

482

CA PÍT UL O 10: M ODE L O DE IN VE ST I GA C I ÓN CUA LI TAT IV O

485

10.1. Metodología c ualitativa

487

10.2. Tipolog ía de métodos

490

10.2.1. Fenomenología

490

10.2.2. Interaccionismo simbólico

492

10.2.3. Etnometodología

493

10.2.4. Etnografía

495

10.2.5. Investigación-acción

498

10.2.5.1. Proceso de Investigación-Acción

500

10.3. Fases del proceso cualitativo

504

10.3.1. Fase exploratoria o de reflexión.

504

10.3.2. Fase de planificación.

505

10.3.3. Fase de entrada en el escenario.

505

10.3.4. Fase de recogida y análisis de la informa ción

506

10.3.5. Fase de retirada del escenario

507

10.3.6. Fase de elaboración d el informe

508

10.4. Caract erísticas de l pa radigma cualitativo

508

10.5. Diferentes métodos de a nálisis de la realidad según la finalidad de
la investigación

515

10.5.1. Métodos cualitativos d e investigación para el cambio social

516

10.5.2. Métodos cualitat ivos de investigación desde una orientación
interpretativa

521

10. 6. Pr es upu es t os b á s i cos de nu estr a in ves t ig a ci ón

524

- 20 -
CAPÍTULO 11. MÉTODO DE INVESTI GACIÓN: ESTUDIO DE CASOS

527

11.1. Los estudios de casos

527

11.2. Criterios de credibilidad en nuestra investigación

538

11.2.1. Elementos de consistencia de la c redibilidad

540

11.2.1.1. Credibilidad

540

11.2.1.2. Transferibilidad

542

11.2.1.3. Dependencia

543

11.2.1.4. Confirmabilidad

545

11.2.2. Triangulación

546

11.2.2.1. Aspectos generales

546

11.2.2.2. Validez de nuestra investigación

547

11.3. Diseño del estudio de ca sos

550

11.3.1. Algunos interrogantes previos

551

11.3.2. Fase preactiva

559

11.3.3. Fase interactiva

560

11.3.3.1. Instrumentos utilizado s en la investigación: observación,
cuestionario, entrevista, g rupos de discusión y análisis
de documentos

562

11.3.4. Fase posactiva

566

11.3.4.1. Los apartados que vertebran la narración del caso

567

11.3.4.1.1. La pla nificación de la investigación

567

11.3.4.1.2. Pob lación y muestra

568

11.3.4.1.3. Recogid a, ordenación y análisis de los d atos

572

11.3.4.1.4. La presentación d e los descubrimientos

573

CAPÍTULO 12. INSTRUMENTOS DE LA I NVESTIGACIÓN

575

12.1. Observación participante

575

12.1.1. Diseño del instrumento: Tabla de Observación

581

12.1.2. Proceso de validación del instrumento: Tabla d e Observación

584

12.1.3. Elaboración definitiva del instrumento : Tabla de Observación

587

12.2. El cuestionario

589

12.2.1. Diseño del instrumento: cuestionarios

594

12.2.1.1. Cuestionario general

594

12.2.1.1.1. Ela boració n de preguntas y respues tas

597

12.2.1.1.2. Proc eso de validació n del instrumento: Cuestionario

598

- 21 -
12.2.1.1.3. Ela boració n definitiva del instrumento: Cuestionario

602

12.2.1.2. Cuestionario específico

604

12.2.1.2.1. Ela boració n de preguntas y respues tas

607

12.2.1.2.2. Proceso de valida ción del instrumento: Cuestionario

608

12.2.1.2.3. Elabora ción definitiva del instrumento: Cuestionario

611

12.3. La entrevista

613

12.3.1. Diseño del instrumento: Entrevista

619

12.3.2. Proceso de validación del instrumento: Entrevista

620

12.3.3. Elaboración definitiva del instrumento : Entrevista

621

12.4. Análisis de documentos

623

12.4.1. Materiales escritos

624

12.4.1.1. Documentos oficiales o públicos

624

12.4.1.2. Documentos personales

626

12.4.1.3. Materiales censales

627

12.4.2. Materiales audiovisuales

628

TERCERA PARTE: ESTUDIO DE CAMPO

629

CAPÍTULO 13. DESCRIPCIÓN DEL ESCENARIO

631

13.1. Instituciones, asocia ciones y entidades para personas inmigrantes

631

13.1.1. Federación Andalucía Acoge

632

13.1.2. Cruz Roja Española

633

13.1.3. Cáritas

634

13.1.4. Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA)

635

13.1.5. ACCEM

637

13.1.6. CEAR

638

13.2. Instituciones para personas inmigrantes con problemas d e
drogodependencias

640

13.2.1. Centros comarcales de drogodependencias

640

13.2.1.1. Centro comarcal de drogodependencias Cuenca Minera -
Sierra (Huelva)

646

13.2.1.2. Centro coma rcal de drogodependencias de Moró n de la
Frontera (Sevilla)

646

13.2.1.3. Centro comarcal de d rogodependencias Villanueva de Córdoba

646

- 22 -
13.2.1.4. Centro coma rcal de drogodependencias de La Línea de la
Concepción (Cádiz)

64 7

13.2.1.5. Centro coma rcal de drogodependencias Palma-Palmilla
(Málaga)

64 7

13.2.1.6. Centro coma rcal de drogodependencias en Linares (Jaén)

64 7

13.2.1.7. Centro coma rcal de drogodependencias de Guadix (Granada)

64 7

13.2.1.8. Centro coma rcal de drogodependencias de El Ej ido (Almería)

648

13.3. Comunidades Terapéutica s

648

13.3.1. Comunidad t erapéutica “FADA” de Cartaya (Huelv a)

652

13.3.2. Comunidad t erapéutica “Poveda” de Mairena del Alcor (Sevilla)

653

13.3.3. Comunidad t erapéutica “Girasol” de Arcos de la Frontera (Cádiz)

653

13.3.4. Comunidad t erapéutica “Prado de Santa María” de Hornachuelos
(Córdoba)

654

13.3.5. Comunidad t erapéutica “Hacienda de Toros” de Marbella
(Málaga)

655

13.3.6. Centro Regional d e Rehabilitació n “Cortijo de Buenos Aires” de
El Fargue (Gra nada)

656

13.3.7. Comunidad t erapéutica “La Milagrosa” de Níjar (Almería)

657

13.3.8. Comunidad t erapéutica “La Fontanilla” de Rus (Jaén)

657

13.4. Centros de Día

658

13.5. Viviendas de a poyo a la reinserción al trata miento

664

13.5.1. Piso de Reinserció n Asociación “POVEDA”.

671

13.5.2. Piso de Reinserció n Fundación EMET “ARCO IRI S”.

671

13.5.3. Piso de Reinserció n Asociación “NOESSO”.

672

13.5.4. Piso de Reinserción Asocia ción “NIVEL”.

673

13.5.5. Piso de Reinserció n “ALTERNATIVA 2”.

674

13.5.6. Piso de Reinserció n "CASA DE LA ESPERANZA".

675

13.5.7. Piso de Reinserció n Asociación "ASPREATO"

676

13.5.8. Piso de Reinserció n Fundación “CRUZ ROJA ESPAÑOL A”

678

CAPÍTULO 14. ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN GENERAL DE LA
POBLACIÓN EXTRANJERA E INMI GRANTE Y EL CONSUMO DE DROGAS

681

14.1. Tiempo que llevan los inmigra ntes en nuestro país

681

14.2. Tiempo de p ermanencia de los inmigrantes en Andalucía

684

14.3. Motivo princip al por el que acudió la població n inmigrante a
Andalucía

686

- 23 -
14.4. Situación administra tiva en la que se encuentra la p oblación
inmigrante

689

14.5. Nivel de estudios a lcanz ado po r la población inmigrante

691

14.6. Edad en la que dejaron de estudiar las personas inmigrantes

694

14.7. Motivo po r el que dejaron los estudios las personas inmigrantes

695

14.8. Situación labo ral de la población inmigrante

698

14.9. Situación de convivencia de la p oblación inmigrante

705

14.10. El consumo de taba co en la población inmigrante

718

14.11. El consumo de alcohol en la población inmigrante

730

14.12. El consumo de drog as en general en la població n inmigrante

745

CAPÍTULO 15. ANÁLISIS DE LA POBLACIÓN EXT RANJERA E
INMIGRANTES ATENDIDA POR PROBLEMAS DE LAS DROGAS

757

15.1. Número de extranjeros atendidos y sexo

757

15.2. Edad de la población extranjera atendida

760

15.3. Origen y procedencia de la población extranjera atendida

761

15.3.1. Continente y país de p rocedencia

762

15.3.2. Provincia de origen y ámbito de co nvive ncia de la pob lación
extranjera en tratamiento

767

15.4. Tasa d e incidencia de la pob lación extranjera adicta a las drogas

771

15.5. Vía de acceso a los recursos asistenciales

772

15.6. Situación labo ral antes de la admisión a tratamiento

774

15.7. Incidencias legales en la pob lación extranjera en tratamiento a las
adicciones

776

15.8. Sustancia por las que acceden al tratamiento

781

15.9. Vías más usuales de consumo de las sustancias

782

15.10. Tipo de tratamiento recibido por la población extranjera

784

15.11. Tipo de demanda inicial

785

15.12. Enfermedades usuales en la población extranjera adicta a
sustancias

787

15.13. Situación general de los factores de ri esgo en la población
inmigrante drogodependiente

793

15.13.1. Aproximación al c onocimiento de los factores d e riesgo desde
los distintos recursos y dispositivos ana lizados

794

15.13.2. Análisis de los fact ores de riesgo que inciden en el consumo
de drogas en la p oblación inmigrante

797

- 24 -
15.13.3. Principales factores de riesgo en el consumo de d rogas en la
población inmigrante

808

15.13.4. Consecuencias y efectos del consumo de droga s en la
población inmigrante

811

CUARTA PARTE: CONCLUSIONES

81 5

Consideraciones finales de nuestra investigación

81 7

Revisión de los objetivos de nuestra investigació n

8 19

Revisión de las hipótesis de nuestra investiga ción

829

Futuras líneas de investiga ción en este campo

840

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS Y DOCUMENTALES

84 3

Referencias bibliográficas

854

Fuentes documentales

876

Fuentes legislativas

883

ANEXOS

8 89

Anexo I

89 1

Anexo II

89 5

Anexo III

91 3

Anexo IV

91 5

Anexo V

9 19

Anexo VI

93 5

- 25 -
ÍNDICE DE CUADROS

1. Bolsa de irregulares en Esp aña

147

2. Norma tiva a considerar e n materia de Derechos Huma nos y educa ción en España

179

3. Pobla ción extranjera re sidente en Andalu cía. Año 201 4

206

4. Pobla ción extranjera ma sculina reside nte en Andalucía por edad. Año 2014

209

5. Pobla ción extranjera femen ina residente en An dalucía por eda d. Año 2014

209

6. Pobla ción extranjera de ambos sexos res idente en And alucía por edad. Añ o 2014.

210

7. Pobla ción extranjera re sidente en Alme ría en el año 2014, según sexo

213

8. Pobla ción extranjera re sidente en Cádiz en el año 201 4, según sexo

214

9. Pobla ción extranjera re sidente en Córdoba en el año 2014, seg ún sexo.

215

10. Pobla ción extranjera reside nte en Gra nada en el año 2014, segú n sexo

215

11. Pobla ción extranjera reside nte en Huel va en el año 2014, seg ún sexo.

216

12. Pobla ción extranjera reside nte en Ja én en el año 2014, según sexo.

217

13. Pobla ción extranjera reside nte en Mála ga en el año 2014, seg ún sexo.

217

14. Pobla ción extranjera reside nte en Sevi lla en el año 201 4, según sexo.

218

15. Distribu ción porce ntual de alumnado extr anjero matric ulado por tipo de centros en
el curso 2012 -2013 en And alucía.

228

16. Distribu ción porce ntual de alumnado extr anjero matric ula do por algu nos tipos de
enseñanza en el curso 2012 -2013 en Anda lucía

229

17. Normat iva a considerar e n materia de derecho al tra bajo de los inmigrantes

302

18. Consumi dores que provo can gran rec hazo social

456

19. Consumi dores que provo can un rechazo social modera do

456

20. Consumi dores que no pro vocan rec hazo social

457

21. Consumi dores con las paut as sociales norm alizadas

457

22. Fase s de la investiga ción-ac ción

519

23. Diversas sit uaciones sig nificat ivas para diferentes est rategias de investiga ción

532

24. Término s racionalista s y naturalista s apropiados para los cuatro aspectos de
credibilidad

539

25. Dimensio nes de la tabla de observación.

582

26. Dimensio nes y categoría s utilizada s para analizar la s hojas de valoración para el
instrumento Tabla de Observació n.

587

27. Dimensio nes del cuestio nario

595

28. Dimensio nes y categoría s utilizada s para analizar la s hojas de valoración para el
instrumento Tabla de Observació n.

599

29. Dimensio nes del cuestio nario.

605

30. Dimensio nes y categoría s utilizada s para analizar la s hojas de valoración para el
instrumento Tabla de Observació n.

609

- 32 -

Introdu cción

- 33 -
INTRODUCCI ÓN

Acercarnos al fenómeno de la inmigración desde un enfoque tan especifico
como es e l mundo de las drogodependencias, constituye un paso importante en el
conocimiento integral de l colectivo de perso nas inmigrantes, que desde hace más de
dos décadas, c onstituye parte de nues tra realidad. Este ámbito e stá gene rando t oda
una serie de inf ormaciones y nu evas propue s tas de acción, centradas en el traba jo e
intervención conjunta de distintas entidades y colectivos en p os de conseguir un
conocimiento de lo s factores que inciden en el consumo de sustancias estupefacientes,
que es preciso estudiar y s istematiza r. Este terreno es el marco e n el que se
desarrollan estrategias de intervención por parte de centros específicos y profesionale s
especializados en materia de dr ogod epende ncias, que se han vist o reforzadas por e l
funcionamiento, orga nización y coordinación existentes entre los distint os servicios
sociales que abordan esta temática.

Por otro lado, consideramos que e ntre los diferentes sectores de la opinión
pública, se es tán lanzando ataques y coment arios que no favorece n la integraci ón de
este grupo de po blación minorit ario en nu estra sociedad. Por con siguiente, se hace
necesario t ener una visión má s e xacta y global de los elementos que condicionan a
este colectivo, ya de por s í desfavorecido y desamparado en mucha s ocasiones por el
ordenamiento jurídico vigente, de los factores que propician e l consumo de drogas y
las repercusiones directa s en su entorno más cercano en todos los niveles. Es é ste el
motivo que nos mueve a aportar de forma co nceptual, los principios que fu ndamentan
determinadas situacione s y actuaciones destinadas a estos grupos humanos, y que
constituyen el eje de la intervención profesional.

Inmigración y drogas no tienen por qu é ser una combinación natural de hechos,
el s er inmigrante no implica directamente ser drogodependiente, si bien es cierto, que
se puede n dar s ituaciones personales o sociales que hag an adopta r en la persona
conductas tendentes al consumo de sustancias adictivas. Las desventajas que se

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

- 34 -
producen en este colectivo pueden depara r en el riesgo de ser excluidos s ocialmente,
configurando un motivo justificado para acercarse a ambientes donde el us o de
droga s sea habitual. E lementos , tales como: el no poseer vivienda , e l desempleo, la
falta de recursos econ ómicos, etc. , pueden condicionar que el inmigrante o pte por un
estilo de vida ma rcado por las drogas.

Justificación

La realización de este estudio sobre la situación gene ral, los procesos de acción
socioeducativa y los factores de ries go en la población inmigrante con problemas de
adicción a sustancias e stupefacientes en And alucía, viene dado por nuestra implicación
en el ámbito de las drogodependencias y el incremento de la población inmigrante en
nuestro entorno más pró ximo, señalando, ademá s, que la en tidad con la que
colabo ramos, atiende desde hace a lgunos a ños, casos de persona s en la s que
concurren la doble c ondici ón de inmigra nte y drogodependien te. El conocimiento
sobre la preve nción y atención en el mundo de las drogas, gracia s a la participació n
dentro de nuestro e nt orno más inme diato en activida des destinadas a este fin, nos ha
permitido que abordemos esta temátic a des de la realidad que supone el trabajo con
personas que pres enta n unas características muy definidas. En este sentido, hemos
intentado dar un paso más en el estudio del mundo de las drogodependencias y dirigir
nuestra inv estigación al fe nómeno de las dro godependencias, pe ro dentro de un
colectivo determinado como es el inmigrante.

El escenario de nuestra investigación se ha centrado en la Comunidad
Autónoma And aluza, e fectuando contactos y estableciendo relaciones con entidades,
pertenecientes a la red de s ervicios que ofrecen diferentes instituciones públicas y
privadas. De entre todas las exis tentes a lo largo y ancho de nuestra Comunidad
Autónoma, he mos elegido las que creíamos más represe ntat ivas por su idiosincrasia y
situación geográfica, pudiendo tener acceso a los servicios e infraestructuras que éstas
ofrecen: comunidades tera péuticas, centros de día, pisos de reinserción .. .

Introdu cción

- 35 -
En otro orden de cosa s, y desde un enfoque social y pedagógico, c onsideramos
de vital importancia el papel que juegan los procesos formativos y educativos e n el
desarrollo de la persona que se encue ntra inmers a en situaciones de alto riesgo social,
que pueden derivar en el consumo de drogas. Tan importante es la prevención,
mediante la transmisión de valores y hábitos de vida saludables, como la atención a
través del tratamiento y se gu imiento del individuo. En este aspecto, puede apreciarse
como cada vez más, se l e co ncede mayor trascendencia a la forma ción en
drogodependencias viéndose traducidas en la difus ión de inform ación a través de
medios de comunicación, impartiendo curs os refe ridos a los distintos planos que se
acercan al mundo de las drogas, la organización de mes as redondas, talleres
formativos…

Es primo rdial que en el futuro los e studi os, pasados por el tamiz de la
pedagogía, s e vayan orientando, cada ve z más, hacia todos aquellos procesos,
instituciones y las propias personas, que tengan una relación directa o indirecta con e l
ámbito de las drogodependencias. Se preten de de este modo, ir creando es pacios
formativos con identidad que gene ren recursos educativos para el colectivo inmigrante
con esta pro blemática específica. Po r este motivo, es misión, principalmente de
pedagogos y educadores s ociales, el traba jar e intervenir en una realidad
socioeducativa que e stá ahí, con vistas a un compromiso y transformación desde la
comunidad.

Estructura de la investigación

Nuestro trabajo abarca tres part es fundamentales, que a su vez vertebra mos en
varios apartados y quince capítulos, además de las conclusiones finale s. Podemo s
tener presente la existencia de dos niveles di ferenciados y claramente definidos.

El primer nivel se centra en los presupuestos conceptuales. Fundamentalmente,
estimamos que existen múltiples maneras de comprender y percibir e l proceso de
investigación, sobre todo teniendo en cuenta la utilidad y credibilidad que alcancen
esos procesos y que no tienen por qué coincidir con el rigor, la validez y las exigencia s

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

- 36 -
metodológicas que asume la inve stigació n pos itivista. En e ste sentido, la investigación
es una tarea que s e ha lle vado a cabo, básicamente, por parte del investigador; sin
embargo, no hubiera p odido realizarse de no ser gracias a l a inestimable colaboración
de los distintos profesionales y us uarios que trabajan en las diferentes entidades
distribuidas por toda l a comunidad andaluza y a l a participación d esinteresada de l a
población inmigrante residente en Andalucía. H emos intentado, en todo momento,
ceñirnos a las distintas situaciones de vida que sufre el colectivo de inmigrantes en
Andalucía y los factore s de riesgo que inciden y condicionan el consumo de drogas en
esta pob lación.

Es difícil fundamentar una investigación como la que abordamos, sin tene r e n
cuenta la diversidad de esta pobla ción y su complejidad social y cultural. Por
co nsiguiente, entendemos este proceso de investigación como el estudio de la realidad
inmigrante en nu estra comunidad y las situaciones personales y sociales que se
suceden y que van a prop iciar el acercamiento al mundo de las d rogas.

Por estas razones, he mos estudiado , en primer lugar, un contex to s ocio-
histórico, en el que se hace r eferencia al fenómeno de la inmigra ción, los flujos
migratorios, marco normativo de la inmigración, la situación de los inmigrantes en
España y Andalucía. En segundo lugar, un a aproximación a la realidad de las
drogodependencias, efectos y riesgos de las drogas, co nceptualización de la
prevención e incorporación social.

El segundo nivel de f undamentación es tá r eferido al trabajo de campo y la
metodología, capítulos noveno al decimoquin to. Respecto a la pers pectiva cualitativa,
que es la que hemos ut ilizado para el desarrollo de nuestro trabajo, la explicamos más
pormenorizadamente en el capítulo décimo.

Podemos indicar que una vez señalados en los capítulos noveno, decimo,
undécimo y duodécimo cuáles s on nuestros s upuestos metodológicos, así como el
diseño de nuestro estudio, realizamos e n los capítulos trece, ca torce y quince una
descripción muy detallada sobre la experiencia de investigación. El o bjetivo esencial de

Introdu cción

- 37 -
es tos capítulos es describir la situación, los procesos de acción socioeducativa y los
factores de riesgo en la població n inmigrante drogodependiente.

Aseguramos que lo más genuino de estos capítulos estriba en la presentación
de un análisis descriptivo de las actividades co ncretas que se genera n en los ámbitos
de intervención estudia dos. Nuestra intenció n ha sido ex plicar con la mayor claridad
posible, la situación act ual en la que se encuentra esta població n de riesgo, los
recursos con los que cuentan, los procesos s ocioeducat ivos en los que participan y la
aceptación de los imp licados en este proceso transformador.

Incluimos en nuestra investigación una serie de conclusiones q ue intenta n
conferir un sentido clarificador a l a descripción g ene ral que hemos realizado de la
situación de las personas inmigrantes con pro blemas de adicción a determinadas
sustancias. A través de las mismas intentamos conocer cuáles son las situaciones por
las que atraviesan estos grupos humanos, la influencia d e l os programas
socioeducativos s obre la me jora de su calidad de vi da, los re cursos que se ponen en
liza para la incorp oración social de este colectivo, los factor es de riesgo que
determinan actuaciones en e sta población, q ué problemática se ha solucionado, q ué
espacios socioeducativos se generan e n los re cursos que hemos analizado y cu ál ha
sido el papel del investiga dor. Con estas conclusiones hemos pretendido relacionar la
primera parte, de un cla ro desarrollo teórico, con la segunda q ue nos ofrece una
marcada vertiente práctica.

Para t erminar, dedicaremos un aparta do a las fuentes bibli ográfica s y
documentales que hemos utilizado y que nos han servido para r ealizar un recorrido
por la literat ura científica relacionada con nuestro tema.

Finalmente, hemos añadido un com pleto anex o en e l que se recogen diferentes
documentos que nos permiten vislumbrar de forma más clara distintos aspectos
específicos de la realidad de las personas inmigrantes con pro blemas de
drogodependencia y c oncretamente los cuestionari os que le hemos pasado a esta
población pa ra obtener la muestra y que están redactado s en diferentes idiomas.

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

- 38 -

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 1. El Fenóm eno de los Movi mien tos Migrat orio s

- 39 -

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Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

- 40 -

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 1. El Fenóm eno de los Movi mien tos Migrat orio s

- 41 -

Capítulo 1. El f enómeno de l os movimien tos
migratorios

El fe nómeno de la inmigració n es un he cho que ha estado inscrito en todos
los pasajes de la historia de la humanidad, debido a la imperiosa neces idad de las
personas, de encontrar una calidad de v ida que satisfaga sus más vitales
necesidades. Entre las causas fundamentales que obligan a los humanos a migrar
a dife rentes lugares podrían e ncontrarse factores socio -económicos y políticos que
van a traer c omo conse cuencia situaciones de injusticia social o de conflicto entre
los individuos.

1.1. Difere ntes conceptualizaciones de migración

El término migr ación ha estado s iempre sometido a múltiples int erpretaciones
en función de diferentes criterios de diverso origen (territorial, político, cultural…),
pero se deben de establecer unas pautas determinadas para fijar que se entiende
por este f enómeno. E n este sentido, algun os autores, entre ello s Dollot (1971),
Jackson (19 86) y Blanco (2000), han marca do una serie de hechos y
circunstancias que definen con mayor exactitud que tipos de desplaza mientos de
personas han de ser considerados como mig raciones y cuales no. Por tanto, y
como argumentan un nutrido grupo de autores entre ellos los mencionados
anteriormente, para que a un des plaz amiento se le asigne la categoría de
migración ha n de concurrir tres elementos principa les:

 Espacial: el tránsito de personas ha de realizarse entre dos puntos
geográficos significativ os como pudieran ser continentes, países, regiones o
provincias.
 Temporal: el movimiento producido ha de se r duradero, no teniendo éste
un carácter oca sional o esporádico.

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

- 48 -
desplazamientos realizados. Por consiguiente, los desplazamientos de corta
distancia ocuparían el primer lugar en las migraciones, reduciéndose el
contingente de pers onas e n la medida en que los puntos de partida y
llegada fue ran mayores. A es te res p ecto, se establecía una re gla común en
los desplazamientos largo s, la mo tivación que movía a los migrantes a
emprender grandes ruta s qu edaba justificada en la atracción por los
grandes núcleos industriales y co merciales.

 Los movimie ntos migrat orios a es tos importantes nú cleos industria les y de
comercio que s e hallan a grandes distancias del punto de partida, se van a
hacer por etapas. En un a primera fase, el movimiento de personas se
dirigirá hacia los centros más próximos de absorción, par a, en una siguiente
fase, dar el salto hacia los puntos neurálgicos donde se concentra la mayor
actividad industria l y comercial.

 Los flujos migratorios van a producir un a contracorriente compensatoria,
por lo que se establecerá un fenómeno de estabilización.

 El éxodo rural se hace más patente que la s migraciones desde las urbes.

 El género masculino es el que predominará en los procesos mi gratorios,
cobrando especial protagonismo la mujer en los desplazamientos cortos.

 Correspondencia e ntre tecnología y flujos migratorios. En la medida que los
medios tecnológicos avanzan, en e ste caso traducidos principalmente en los
medios de transporte, se producir á un mejo r y mayor tránsito de grupos de
personas entre distintos puntos.

 Los factores económicos se erigirán en el principal motivo de
desplazamiento. La ne cesidad de mejorar el nivel de vida, la prosperidad
económica y aumentar el nivel adquisitivo son los mayores incentivos para
que se den los procesos migrat orios.

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 1. El Fenóm eno de los Movi mien tos Migrat orio s

- 49 -
1.3.1. La evolución y las c lasificaciones de las corrientes migrat orias

La multidimensionalidad del fenómeno mig ratorio nos indica la e xistencia de
diversos criterios para establecer distintos tipos de movimie ntos. El análisis de los
factores que determinan las corrientes migratorias se realizaba e n el pasado s obre
la base de las teorías de “
push and pull
”, o lo que es lo mismo “empuje –
atracción”, un enfoque aplicado extensamente durante un importante periodo e n
las ciencias s ociales, concretamente, en la s ociodemog rafía. Existe un impulso y
una atracción por part e de dos países e n donde uno ofrece un ex cedente y el otro
lo recibe pa ra satisfacer sus necesida des. En ot ras palabras, significa que el
impulso lo va a crear un país económicamente débil o en vía de desarrollo , como
puede se r e l caso de México, donde ex iste un excedente de mano de obra el cual
no podrá s atisfacer y tendrá que expulsarse. El caso del campo mexicano es e l
mejor ejemplo por la exis tencia de gran cantida d de trabajadores agrícolas que
carecen de empleo por las malas condiciones en que se encuentra e ste sector. La
falta de apoyo gubernamental y la distribución de re cursos pa ra el c ampo
provocan que estos trabajado res emigren a otros países que lo requieran.

Siguiendo a Achiri (20 03), e ncontramos una líne a de trabajo que considera una
serie de elementos significativos que determinan e l proceso migrat orio y los
diferentes tipos, analizados des de un abordaje histórico b asado en las difere ncias
culturales y el grado de violencia. En e ste mismo sentido, nos centramos e n las
aportacio nes de Fairchild (1 979 ) que clasifica la migración en cuatro tipos:

 la invasión, como fu e el caso de la entrada de los pueblos germánicos en
tiempos de Roma, concretamente los visigodos.

 La co nquista, donde la ini ciativa pa rte del pueblo que posee la cultura
superior.

 La colonización, d onde naciones fuertes someten a países de nu evo
descubrimiento.

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

- 50 -
 La inmigración, vista como traslado pacífico de motivación individu al entre
países aproximadamente semejantes en el nivel de civilizació n.

Bueno (2004), continua con la tónica tipológica en la conceptualización de las
migraciones y , también en esta misma línea, Pe tersen (1981) elabora una
clasificación de las mejores fundamentadas en la teoría y que ha servido de base
para o tros autores en la creación de sus propias clasificaciones, que posee la
virtud de ser una d e las pocas que c ategoriza los movimientos migratorios en
función de distintas d imens iones simultáneas . En ese marco id entifica cinco clases:

 Primitiva, esta blecida sobre la base de impulsos y controles ecológicos.

 Forzosa, donde el a gente activo es el Estado o un a determin ada institución
social.

 Impulsada, en la cual las personas poseen la facultad de decisión sobre
permanecer o no en el lugar.

 Libre, do nde la voluntad de decis ión de los migrantes es esencial, pero
reducida en cuanto a tamaño (emigrantes ais lados).

 Masiva, creada por las iniciativas de es os emigrantes aislado s llegando a
conformar rutas a seguir por p equeños y grandes grupos humanos.

Cada clase de migración e xpuesta por Petersen (1981) goza de un a doble
intencionalidad por parte del individuo, por un lado la conservadora, es decir,
mantener las mismas condiciones de vida por parte del mi grante una vez que el
entorno ha sido alterado y , por otro la do, la inn ovado ra, que tiene la pretensión de
transformar tales cond iciones mediante ese proceso migra torio.

Otro de los autores q ue algunos años más tarde e stablece una clasificación
considerando el status de movilidad, se rá Standing (1984). Va a dividir los
migrantes e n perman en tes, temporales (mig rantes circulares y migra ntes po r

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 1. El Fenóm eno de los Movi mien tos Migrat orio s

- 51 -
etapa s de ciclo vit al), conmutativos, transferidos, migrantes a largo plazo,
migrantes de vida productiva, migr antes por primera vez, migrant es de re torno,
migrantes de pa so y migrantes en cadena.

Asimismo, se hace habitual ca tegorizar el fenómeno migratorio e n fu nción de
ciertos criterios de diversa índole, como por ejemplo, en palabra s de Witol (2000 ),
en relación a la distancia recorrida (corta, m ediana o larga), de acue rdo a la toma
de decis iones (volunta ria o p asiva), en referencia a l límite q ue se traspasa
(i nterna, interregional, interprovincial o intermunicipal), según al tipo y cantidad de
individuos que están implica dos (individual, colectiva o familiar), e n re lación a la
duración e n el lugar (estacional, temp oral o definitiva), en función de un criterio
espacial (urbana-urbana, urb ana-rural, rural- urbana o rural-rural), de acuerdo a l a
historia re sidencial (directa, escalonada o de retorno) y p or o tros motivos diversos
(familiares, económicos, guerras, d esastres naturales…).

No sólo las situaciones genera das por los humanos son las que originan los
movimientos migratorios, las catástrofes naturales s on un importante factor e n el
traslado de masas de individuos de un lugar a otro, ya que s e ven privados de
recursos vitales, como por ejemplo el agu a. Son por estos motivos, entre otros,
por lo que se pueda afirmar que en la actualidad, más del 2 .5 % de la población
mundial no estén residiendo en su lugar de nacimiento según cifras de l ACNUR
(2011) y en la que coinciden también diversos organismos internaciona le s.

Si nos centr amos en nues tro e ntorno más cercano, e s decir, nue stra nación,
podemos aventurarnos a afirmar, y como constata S oriano (20 03), que en esta
última déca da España se ha convertido en uno de los p aíses europeos receptores
de inmigrantes más significativos; no obstante, las cifras no se acercan todavía en
número a los países d el centro del continente, como Alemania o Fr ancia. De Prada
(2001) , apunta la necesidad de entender los flujos migratorios de nuestros días
dentro del contex to de la globaliza ción co mo estructura de un orden s ocial y
político nuevo, poseye ndo como rasgos de identidad, l a diversidad, la

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

- 52 -
universalidad, la a celeración, la feminización y las po líticas re strict ivas de los
países receptores generando la clandestinidad de las corrientes migratorias.

De este modo, diversos auto res consideran que “
en el co ntexto de la
globalizació n neoliberal, los pa íses desar rollado s despliegan una estra tegia
imperialista de reest ructuración que a la v ez que interna cionaliza los pro cesos
productivos, comercia les y financieros, se apropian de re cursos naturales,
excedentes económicos y fuerza de traba jo barata de los países subdesarrollados.
El tipo de relaciones que tens an los países centrales con los paíse s periféricos y
poscoloniales propicia la profundización de las condiciones de s ubdesarr ollo de
estos últimos
” (Delgado y Má rquez, 2007: 16 ) .

1.4. Las migraciones a través del tiempo

Las migraciones a lo l argo de l a historia ha n tenido como e lemento común
en la mayoría de l as ocasiones, la falta d e voluntariedad de las personas que
emprendían un nue vo rumbo. Anteriormen te a la industrialización , imperaron las
migraciones forzadas como conse cuencia de las condiciones desfavora bles del
entorno, por las invasiones, por las coloniz aciones y por otros motivos de idéntica
índole.

1.4.1. Las migraciones en la antigüedad

En la antigüedad pode mos hacer refe rencia a los imperios expansionistas
como los asirios, persas y egipcios. Continuando con es te modelo ex pansionista,
griegos y romanos siguie ron haciendo historia con esta forma de adueñarse de
territorios. Tras la c aída del Imperio Romano de Occidente en el año 476 d.C.,
serán los pueblos germánicos los que tomen e l re levo en la lucha por obtener e l
dominio y someter b ajo su yugo a otras pobla ci ones. No sólo las contiendas
bélicas tuvieron efectos de movilizado res sobre los pueblos, también la religión
aportó su granito de arena e n la pe rpetuación de e ste fenómeno de

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 1. El Fenóm eno de los Movi mien tos Migrat orio s

- 53 -
desplazamientos, por ejemplo la expansión del Islam durante un period o de
tiempo que va de los siglos VII al X, pro piciando una corriente humana desde
África a Europa. Igualmente, las cruzada s e ntre los siglos XI y XIV supusieron la
implantació n de la cul tura e uropea en lugare s de oriente como Bi zancio, Siria o
Pa lestina.

1.4. 1.1. El asilo

No ob stante, en este panorama tan desolador de id as y venidas de
contingentes de personas marcados por los innumerables conflictos armados, no
podemos olvidar el he cho del
asilo
, h aciendo su aparición en tratados y acuerdos
escritos ya desde la antigüedad, asumiendo la protección de las personas que
habían hu ido de su paí s. Esta condición de c obijo al nece sitado ha sido amparada
por los dioses de la gran mayoría de las re ligiones . La Biblia y el Corán hacen
referencia en su palabra a la ne cesidad de dar protección a todos a quellos que son
perseguidos por motivos religiosos. Los templos cristianos fueron reconocidos
como lugares de asilo por el Derecho Roma no en el siglo IV , esta m áxima se
extenderá hasta la Edad Media, en el momen to que la Iglesia toma poder absoluto
de protección frente a l gobierno civil.

El florecimiento de los Estados nacionales y el fortalecimiento de los r eye s
propiciaron una reducción de la inv iolabili dad de los centros sagrado s como
lugares de asilo, cre ciendo la figura de los nuevos Estados en la concesión del
mismo. En este sentido, los Reyes Cat ólicos emprendieron una cruenta
persecución contra los moriscos que le s ll ev ó a su expulsión de la península , al
igual que ocurriría dé cada s más tarde con los calvinistas en la España del siglo
XVII. Como hemos mencionado con el surgimiento de los Es tado s, serán éstos los
que ostenten el poder en la d efensa de los refugiados.

En la E dad Moderna un claro e jemplo de supremacía estatal lo e ncontramos
en Francia, cuando tr as la deroga ción del Edicto de Nantes en 16 85, más de
200.000 hugonotes tuvieron que abandona r su nación y refugiarse en Inglaterra

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

- 54 -
donde s e había firmad o el Edict o de Postdam, por e l cual se les autorizaba a los
protestantes frances es a establecers e e n territorio inglés, reforzándose con e ste
hecho la protección ci vil e institucional hacia aquellas personas que huían de su
país por motivos políticos o religiosos. U n siglo más tarde, b ajo e l incomparable
marco de la Rev olución Francesa por su lucha en favor de los derechos civiles y
sociales, quedaría e stablecida la condición y el s entido de asilo, tal y como lo
conocemos actualmente.

1. 4.2. El d esarrollo de las migraciones en la Edad Moderna

Continuando con la cr onología his tórica, habiéndose he cho un breve inciso
en la importante contribución que tuvo el derecho de asilo en el devenir de las
migraciones, podemos se ñalar que el Descubrimiento de América supuso a partir
del siglo XVI un innumerable trasiego de cont ingentes de person as desde Europa
Occidental hacia el nuevo continente y Au s tralia. Pero esta significativa march a
hacia nuevas zonas no sólo quedó reducida a éstos destinos, sino que se inició una
era de e xpansión territorial que alcanzó a pueblos afric anos, asiáticos y
sudamericanos (etapa de la s co lonizaciones) y cuyas s ecuelas han perdurado
hasta el primer t ercio del siglo pa sado.

De los s iglos XVII al XIX, do s hechos marcarán e l des arrollo político y
económico de las potencias coloniales y con ello, y lo que más nos interesa, el
fenómeno de las migraciones. Por un lado, al establecimiento de colono s europeos
en estos nuevos territ orios, s e le añadirá por otra parte, el tráfico de es clavos
negros, calculándose q ue e n este periodo de tiempo fu e ron llevados desde África a
América un os 15 mill o nes de personas. U na ve z abolida la esclavitud a mediados
del siglo XIX, muchas de es tas personas fue ron sustituidas por traba jadores
reclutados y e nviados, en la mayoría de los casos en contra de su voluntad, a
distintas partes del mu ndo donde esas potencias tuvieran coloni as. De esta forma,
Gran Bretaña consiguió desplazar a un total de 3 0 millones de personas des de la
India hast a sus colonias e n América, África y Oceanía. Este sistema instaurado de
reclutar a personas de la esclavitud, bene fició la acumulación de capitales

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 1. El Fenóm eno de los Movi mien tos Migrat orio s

- 55 -
necesario para dar respues ta a la industrialización d e las potencias coloniales, lo
que trajo consigo la aparición de nuevas redes y formas d e migración.

En defini tiva, y an tes de pasar a abordar cronológicamente los dos últimos
siglos de nu estra era, podríamos agrupar el fenóme no de las migraciones des de
los albores de la historia hasta la industrialización en difere ntes tipos y co rrientes:

 Ecológica s: nomadismo y desplazamientos transoceánicos de la prehistoria.

 Expansión de Imperios y Grandes Civiliza ciones: Grecia, Roma, Egipto o
Persia.

 Expansiones religiosas: el Islam o la s Cruzadas.

 Huidas religiosas: los israelitas en la antigüedad de Egip to, los moriscos y
judíos entre los siglos XV y XVII de España, l os hugonotes de Francia e n el
siglo XVII o los puritanos en el mismo siglo de Inglaterra.

 Colonizacio nes: desde Europa haci a Amé rica y Oceanía estableciendo
asentamientos en estos territorios de los siglos XVI al XIX. P or otro lado, l a
instauración en los siglos XVII al XX de regí menes coloniales por parte de
potencias europeas en países de los continentes africano, asiático y
sudamericano.

 Tráfico de esclavos: desde África a América del siglo XVII a l XX.

 Tráfico de trabajadores: desde Asia a las colonias europeas ubicadas en
África y Oceanía en los siglos XIX y XX.

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1. 4.3. Las g randes migraciones en los siglos XIX y XX

Si nos re monta mos un par de siglos atrás, podemos observar que se dio un
importa nte fenómeno de movimiento de personas, causados principalmente por la
búsqueda del bienestar general y la libertad de expresión y de de rechos. Con la
consecución de las guerras napoleónicas el t ránsito de trabajadores de un lado a
otro se vio incrementado, lo que redundarí a en la economía internacional del s iglo
XIX y primeras décadas del siglo XX. En este se ntido, y c omo comenta Sánchez
Alonso (200 2), la lle gada de las primeras tecnologías e n diferentes sectores de la
producción, com o la agricultura, y las me joras en los sistemas de transporte,
propiciaron inn umerables cambios e n la forma de organizar, planificar y producir,
al igual que en la m anera de ser y actuar de las personas, lo c ual provocó un
condicionamiento que originó el análisis , conocimiento y puesta en práct ica de
otras maneras de t rabajar tendentes a dosificar los esfue rzos en las t areas.

Estas transformaciones, ocasionadas en gran parte por las re percusiones que
trajo consigo la II Revolución Industrial, c onsiguieron un a paulatina estabilidad e n
los procesos product ivos durante muchos años y supu sieron l a rampa de
lanzamiento de otras innovaciones en dife rentes ámbitos; aunque e n el marco
social supus ieron un cambio en la mentalidad y una convulsión en los estilos de
vida de tal calibre que las s ociedades s e fuer on transformando en otras form as de
ser y de e stablecer las relaciones entre las clases sociales desconocid as hasta ese
momento histórico.

Durante este periodo de indus trializa ción se va a originar una dive rsificación de
los flujos migratorios a pareciendo nue vas re des migratoria s que se s uma rán a las
ya ex istentes. En es ta época las principales corrientes migratorias serán en primer
lugar, las que parten desde Europa hacia el N uevo Continente, concretamente
hacia sus colonias; en segundo lugar, las que van de las colonias europeas en Asia
hacia otras colonias europeas, conformando e ste contingente de personas aquellas
que, en contra de su volun tad, abandonaban su lugar de origen con el fin de
trabaja r en o tra de la s colonias que conformaba l a po tencia colo nizado ra; y , por

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último, una c orriente dentr o de Europa, des de las zonas menos in dustrializadas a
la s áreas má s desarrolladas.

1. 4.3.1. Las migra ciones hacia Norteamérica

Por consiguiente, los lugares de mayor atractivo hacia donde e mprender rutas
serán principalmente EE.UU. y la Europa industrializa da. Este primero, en un
intervalo de tiempo que va desde que comenzase el siglo XIX hasta el primer
tercio del s iglo XX, recibió a unos cuarenta m illone s de europeos, ocupando mayor
número británicos y alemanes, siguié ndoles irlandeses, itali anos, es pañoles y
judíos de la Europa del Este. El motor que activ aría la intención de emigrar a estos
millones de personas, s e centraría e n evitar caer en el proletaria do y tener que
transformarse en obreros de l a industria. S u sueño pasaba por abrirse ca mino y
tener autonomía para dirigir su vida en lo personal y en lo laboral y es tos nuevos
territorios disponían de la ofe rta que ellos busca ban. No obst ante, m uchos de ellos
no lograrían su anhelado deseo de inde pendencia y autonomía en el trabajo,
convirtiéndose en tra bajado res en las líneas de ferrocarriles, en granjas o en
grandes y medianos latifundios gob ernados por tiranos terratenientes.

1. 4.3.2. Las migra ciones entre países de Europa

En lo que respecta a Europa, según Birl s y Solé (2004 ), Gran Bretaña se e rigió
en la zona que recibió mayor número de pers onas, al ser el país donde se inici ó la
Revolución Industrial. Serían los irlandeses los que alcanza rían las cotas mayores
de emigración, fruto d e la ruinosa situación en la que se encontraba su agricultura
y la caída ve rtiginosa de la pequeña in dustria e n detrimento de l monstruo
productivo que emergía en Inglaterra. A mediado s del siglo XIX eran ya unos
700.000 los irlandeses es tablecido s en Inglaterra, Escocia y Gales desarrollando
tareas en la industria textil, en la ferroviaria y en la construcción de canales. La
segunda gran oleada de personas que emigra ron hacia e ste importante centro
neurálgico, la conformaron los judíos que h uían de Rusia p ara recalar en Gran
Bretaña. En torno a 120 .000 judíos se ubicaron e n la isla entre el último cuarto del

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repercusiones sociales que las migraciones voluntarias, las forzadas s e tornan en
trágicas por la forma e n la que se des arrollan sus desplazamientos y las garantí as
posteriores de éx ito, constituyendo uno de los problemas m ás se rios de la
actualidad.

1.4.7. Las migracio nes a partir de la crisis del petróleo de 1973

Desde 1973 con la crisis del petróleo hasta mediados de la déca da de los
ochenta del pasado siglo , a nivel e conómico, la s ociedad vi vió un a fuerte
reestructuración. Los e stado s del centro de Europa m anifiestan la neces idad del
control de l os fl ujos migratorios por saturación en los sectores. Es ta crisis de los
años setenta desemboca en un periodo caracteriza do por las políticas de rechazo
a la incursión de foráneos, por lo que se originó un trasvase de las cadenas de
producción de trabajo intensivas a naciones de salarios ba jos en Europa
Occidental, llega ndo a s u término la era dorada del pleno empleo. No obstante, los
trabajadores inmi grantes que habían arribado para des arrollar s u labor por un
tiempo determinado, fijaron su residencia definitiva en e l país que le s había dado
temporalmente a cogida, truncando así las es peranzas de los g obiernos de que
éstos nue vamente regresaran a su patria. Es más, los inmigrantes traerían consigo
a sus familiares, s urgiendo de este modo minorías étnicas y sociale s se gregada s
en todos los territorios, siendo e n innumerables ocasi ones víctimas de la xenofobia
y la discriminación.

Después de una breve tregua e n las oleadas de pers onas de un luga r hacia
otro, a mediados de los años ochenta del pasado siglo se produce un nuevo
aumento de la inmigración. Lo más llamativo en es te fenómeno fue el vertiginoso
crecimiento de la g ente que demandaba asilo: en 198 5 llegaron 169 .000
solicitantes a los pa íse s europeos de la O CDE, triplicá ndose su cifra e n 199 1
(541.000 personas ) (OCDE, 19 92). También, s eñala Castles (19 93), se registraron
aumentos en los grupos de trabajado res inmigrantes, de familiares y de ilegales.

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A la par del crecimiento experimentado en las migraciones Sur -Norte, en
Europa tuvieron relie ve lo s efectos de la finalización de la guerra fría y el colapso
del bloque s oviético. De este modo, Alemania s e convirtió en la meta principal de
las migraciones Este -Oeste por su estratégica situación e n Europa Central. A este
mosaico de circunstan cias s e les van a un ir los procesos de reestr ucturación que
germinaron tras l a disolución de la U .R.S.S. y de Yugoslavia, que propiciaron flujos
de contingentes de pers onas hacia los presuntos lugares de procedencia de las
minorías étnicas de esos países. Un claro ejemplo fue el de los rusos y rumanos de
origen alemán que ret ornaron a Alemania, al igual que Hungría, Po lonia, Gre cia y
Turquía a cogiendo a grupos de este tipo en los últimos años.

Otros elementos de especial t rascendencia en el aborda je del fenómeno
migratorio Sur -Norte, serán los factores políticos y las razones históricas. A modo
de ejemplo, los acontecimientos trágicos que se produzca n en Argelia, poseerán
repercusiones ne fastas, n o sólo para la p oblación argelina que reside en Francia,
sino pa ra la política frances a en general. Por tanto, la migraci ón se convierte
continuamente en un factor determinante de las relaciones internacionales. Las
diferencias tradicionales entre las categoría s de migraciones ya no son aplica bles.
La política inmigratoria de muchas naciones está puesta en entredicho. A menudo ,
la política migra toria se basa en la premisa d e que es posible distinguir claramente
entre diferentes clases de inmigrantes, como por ejemplo trabajadores, personal
altamente cua lificado, familiares , refugiado s y solicitantes de asilo.

Las tentativas de es tablecer diferencias e ntre migraciones d e carácter
económico o político y entre migraciones transitorias y permanentes son hechos
significativos, ya que actualmente esas categorías se están des moronando. Las
corrientes migratorias se perpetúan, aun c uando se cambie o s e sus penda la
política migratoria original. Como mue stra, cuando tras la crisis del petróleo la
República Fede ral Al emana pretendió res tringir y dar marcha atrás a l a
inmigración de ciudadanos turcos, que antes había impuls ado, e l movimie nto
migratorio continuó, pero e n modalidades diferentes . La inmi gración de mano de
obra fue sustituida por la agrupación de familiares y los despl azamientos de

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refugiados. Este hecho presenta un a increíble analogía con las formas en las que
se e stablece el proceso de migración. Habitu almente cada flujo mig ratorio se inicia
con adultos rela tivamente jóvenes; una vez ubicada es a poblaci ón e n el nuevo
territorio, traen a sus familiares o constituyen familias. Según indica Riquelme
(1993), esa tenden cia a la migración permanente sólo podría evitarse con medidas
draconianas, que difícilme nte s on compatibles con el Estado de derecho y los
principios de derechos humanos de una sociedad democrática .

La década de los no venta del pasado siglo ha sido testig o de un nu evo
fenómeno de migraciones más dive rsificada en la tipolog ía de s us protagonistas,
yendo desde inmigrantes altamente cu alificados a solicitantes de asilo, pasando
por inmigrantes irre gulares, temporales y en tránsito. En estos ca sos de tanta
categorizació n, se tienen serias dificulta des a la hora de establecer distinciones en
los tipos de migrantes, vi éndose e sta circuns t ancia aumentada por la complejidad
en los modelos de migra ción y asentamiento.

Aparte de la instauración defini tiva de un importante nú cleo de inmigrantes y
minorías, como son las se gunda s y terceras gene raciones en Europ a Occidental
(procedentes de África , Asia, países latinoamericanos, zonas caribeñas , Estados
Árabes, Europa Meridi onal y, desde hace relat ivamente poco tiempo , de Europa
Central y Oriental), se continúan generando nue vas oleadas de diferente tipología
grupal: irregulares, trabajadores temporeros, s olicitantes de asilo, repatriados, etc.
Asimismo, hu bo alteraciones en el fenómeno de la migración en lo concerniente a
los lugares de lle gada de personas. Países , tales como: España, P ortugal, Grecia e
Italia, que habían asistido perplejos a la partida de remesa s de cientos de miles de
compatriotas a distint os lugares del mundo siendo re ferentes de e migración e n
décadas pasa das, ahora se convertían en grandes zonas receptoras.

Como hemos com entado anteriormente, los factores e conómicos
conjuntamente con lo s polí ticos y los tratados y convenios que se establezcan
entre diferentes países con fine s de un desarrollo global, será n determinantes en
el contexto internacional para condicionar la partida de contingentes de unos sitios

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a otros. En e ste se ntido, e l surgimie nto del Tratado de Libre Comer cio (TLC) para
la integración económica de México, EE.UU. y Canadá, del t ratado p ara la
constitución de un Mercado C omún entre Argentina, Brasil, Par aguay y U ruguay
(MERCOSUR), y, en Áfri ca, de agrupaciones e conómicas s ubregionales, como la
Comunidad E conómica de los Estados d e África Occidental ( CEDEAO) y la
Comunidad p ara el Desarrollo del África Meridional (SADC), favorec erá a que la s
naciones más prósperas se transformen e n ce ntros de atracción para los
inmigrantes: por ejemplo, N igeria, Gabón y Costa de Ma rfi l e n la CEDEAO y
Sudáfrica y Botswana en la SADC (UNESCO -MOST, 1999).

Como señalamos e n el párrafo anterior, los c ambios que se produzcan a nivel
político puede n generar flujos migra torios , como suce de con el ca so de las
economías de transición de Europa Centra l y Oriental. Asimismo , e ste tipo de
transformaciones puede disminuir las corrientes migratorias, com o ha ocurrido en
América Central donde un a gran mayoría de flujos de refugiados han cesado tras
el final de las dictaduras militares y los cambios e n los regíme nes políticos de
estas zonas. En la déca da de los noventa, el asunto de la migración forzada se ha
considerado, cada ve z más, como p arte de la cuestión más extensa en la
problemática d e la migración junto a los refu giado s y a los solicitante s de asilo.

En los primeros años de la última dé cada del siglo XX, e l volumen de
migración des de los pa íses asiáticos ascendió de forma ve rtiginos a e n Canadá ,
estos inmigrantes conforma ban c asi la mitad de la pobla ción foránea, entre un
tercio y cuatro quintos de los inmigrantes de EE.UU., y entre cuatro quintos y la
mitad de los inmigran tes de Aus tralia. En e sa é poca, cada año ll egaban a estos
tres países hasta medio millón de asiáticos, destacando prim ordialment e en ese
tránsito internacional de asiáticos, los procedentes de India y China por la
magnitud de su pobla ción de base .

En torno a 19 90, se estimaba que aproxi mada mente 30 millones de chin os
vivían fuera del país, considerando como tales los habitantes de Taiwán, Macao y
Hong Kong . Por su part e, los cálculos referidos a los indios que re siden en el

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extranjero s on algo más dudosos y oscilan entre 10 y 20 millones de los últimos
años de la década que se inicia en 1980 a los comienzos de los nove nta . En este
punto ha bría que aclara r, que una considerable mayoría de las personas de
ascendencia china o india no eran precisamente migrantes, sino que habían
nacido en co munidades establecidas en el extranjero.

No obstante, e l hecho más relevante e n es ta dé cada es el ascens o trepidante
de las comunidades asiáticas en el e xtranje ro, lo que indica la aceleración de la
migración. El porcentaje de chin os fuera de su país aumentó en más de l 40%
entre 1980 y 1 990, pasando de unos 22 a 30,7 millones. Según cálculos
moderado s, “
el número de individuos procedentes de Asia Meridio nal en el
extranjero se duplicó, pasando de unos 5 millones a principios de los años setenta
a 10 millones dos decenios más tarde. Sólo e n los E E.UU. entre 1980 y 1990, la
población de origen a siático pasó a ser más del doble, de 3,5 a 7,3 millones
”
(Brown y Foot, 1994: 95).

Desde a quel momento se han da do , en primer lugar, oscilaciones e n el
tama ño conforme desc endía el precio real del petróleo durante los años ochenta y,
sobre todo, durante e l conflicto del Golfo en 1990-1991; en segundo lugar,
variaciones de las zonas de partida , viéndose un a mayor representación de grupos
de s udorientales, especialmente filipinos e indones ios; y , en tercer lugar,
transformaciones en la composición de los migrantes, por sexo y capacitación.
Una ve z que la situación del Golfo Pérsico fue desarrollándose progresivamente
para ir pasando del proceso de construcción del país a la fase de e stabiliza ción y
mantenimiento, la soli citud de mano de obra e stuvo orien tada al personal más
técnico y con cualificación e specífica, sobre todo con dominio del inglés, lo que
beneficiaba ta nto a filipinos como a indios.

A medida que la población autóctona prosperaba, creció l a demanda de
servicios, lo que propició la ve nida de un movimiento continuado de mano de obra
no cualificada . Este fue el caso , de la demanda de se rvicio doméstico impulsando
la migraci ón de un gra n número de mujeres de Sri Lanka, al igual que de jóvene s

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musulmanas de Indones ia y e l s ur de Filipinas. Hasta me diados de 1997, las
economías que constituyen los “cuatro dragone s asiáticos” com o s on Hong Kong,
la República de Corea del Sur , Singapur y Taiwá n atravesaron un o de los períodos
más largos y continuados de desarrollo en todos los nivele s, especialmente el
económico, conocidos hasta la fecha. Los principales motivos de este s ignificativo
crecimiento están localizados tanto fuera como dentro de la región y no pueden
separarse de los factores descritos en el apart ado anterior.

En el log ro de l tr ascendental fe nómeno económico de Asi a Oriental
desempeñaron un papel importante las políticas de la guerra fría, con el fin de
mantener economías d e libre mercado dinámicas frente al comunismo de China y
Asia Sudoriental. La consecuencia d irecta de este he cho, no obst ante, fue un
cambio generalizado en las economías y las sociedades de estos países que les
permitió alcanzar cotas de prosperidad comparables a las de las naciones
occidentales. Un fac tor determinante en dich o desarrollo fue la acelerada caída de
la natalidad, lle gando al e xtremo de posee r un índice que no rebasa ba el nive l de
reposición de la población, ni tan siquie ra Japón, que décadas atrás llevaba a gala
esta estadística. A causa de ello, descendió el crecimiento de la mano de obra.

De esta manera, a l a par que los países asiático s experime ntaba n un a
transición demográfica, con cotas de fecundidad y mortandad en declive , eran
igualmente objeto de una alteración en el proceso migratorio, relacionada con un
giro de la economía, antes excedentaria e n mano de obra y ahora deficitaria
(Abella, 2007 ). La migración tendía a ser una c ara cterística de la f ase con e xceso
de mano de obra, mie ntras que las presione s para la inmigración se intensifi caron
a medida que la economía comenzaba a ser deficitaria en este sentido.

1.4.8. Las migracio nes en los albores del siglo XXI

Con el ini ci o del nuevo milenio la tendencia actual de las migraciones no ha
experimentado grandes cambios con respecto a los últimos años del fin del s iglo
XX. En e ste s iglo X XI se ha visto a umentado el t ránsito de inmigrantes

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provenientes del norte de África . Las nacionalidades de inmigrantes de terceros
países hacia la UE han mostrado como la afi nidad e n ciertos aspectos s ociales y
los vínculos culturales e his tóricos, al igual que e l dominio de la misma le ngua, ha
condicionado el establecimiento temporal o defini tivo en esta s zona s. No obstante,
en estos años e l origen de los flujos migratorios e s más heterogéneo con la
creación de nu evos itinerarios, siendo e ste el caso de China, que ha
experimentado en estos años que corren de siglo XXI importa ntes fl ujos
migratorios a distintos países de la UE.

Esta aflue ncia de inmigrantes de diferentes nacionalidades presenta una se rie
de situaciones nu evas en cuanto a modos c ulturales, costumbres, religiones , e tc.
En esta líne a, algunos autore s consideran q ue “
la sociedad receptora tiene que
encontrar el mejor modo de incorporar sus nuevos integrantes y saber manejar las
diferencias culturales, religiosas y de organiza ción s ocial que traen consigo la s
personas extranjeras ”
(Páez y Zlóbina, 2005: 4).
En nu estro ve cino continente, a pesar de la visión que se posee de avalancha
de inmigración africana, por la realidad en la que esta mos inme r sos y por la s
múltiples informaciones recibidas de los me dios de comunicación, es mayor el
tránsito de contingente humano dentro de l a pro pia Áfric a que e l ex istente hacia
Europa. Un claro e jemplo es el África s ubsahariana, la región más joven del
planeta con el 45% de la población menor de 15 años y sólo el 3 % de lo s
mayores de 6 5 años, que por sus carencias en infraestructuras y otros recursos
económicos y sociales básicos, e stán experimenta do éxodos masivos a distintas
zonas del continente, poniendo de manifies to su increíble potencial migratorio.
Desde una perspectiva a medio plazo, todo hace indicar que los flujos intra e
interregionales continuarán aumentando en l as próximas déca das t eniendo como
hecho destacable el fa ctor de feminización que sufrirán estos procesos migrat or ios
y que ya están siendo palpables en nuestros día s.
África acoge aproximadamente a unos 40 millones de migrantes, según datos
de ACNUR (2011), mayorita riamente internos , absorbiendo el Norte un substancial
porcentaje por sus políticas de inmigración definidas en función de sus

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necesidades e conómicas y demográficas. Malí, Burkina Faso y Níger se encuentran
entre los países emisores más activos, migrando e stas poblaciones
tradicio nalmente hacia la s naciones del Golfo de Guinea. Por consiguiente, exis te
una polarización de m ovimientos migratorios hacia la s zonas con altos índices de
crecimiento económico y con re gímenes políticos más estables, llegándose a dar
movimientos de retorno en los casos de conflicto armado o procesos de recesión
en estos países receptores.
La situación política y de falta de recurs os de todo tipo por l as que atraviesa el
Cuerno de África, han llevado también a g ran par te de su población a emigrar
hacia zonas más seguras, lo cual ha provocado grandes desplazamientos de
refugiados . Asimis mo , como s eñala Gutiérrez (20 11), esta coyuntura política ta n
inestable gene ra conflictos bélicos como el de S omalia que, además , se une con
las terribles sequias y, por tan to hambrunas, que esta situación conlleva. Durante
los meses de julio y agosto de 2011, estos hechos ha n generado el éxodo de miles
de somalíes hacia E tiopia y sobre todo de los habitantes de las provincias de
Bakool y Baja Shabelle hacia Kenia.
Mientras que los países perten ecientes al Magreb principalmente exportarían
sus remesas hacia Europa y EE.UU., el África Subsahariana dirigiría sus
poblaciones de las zonas rurales a las áreas industrializada s, de l as regiones en
conflicto bélico a los lugares de paz, y de los países pobres a la s naciones con
mayores recursos, es decir, des arrollaría n un tránsito dentr o del co ntinente que es
el imperante en nu estros días por encima de la migración internacional . No
obstante, e xiste un a corr iente migratoria hacia Europa primordialmente desde tres
países como son Gh ana, Nigeria y Se negal, que se e rigen en auténticos
exponentes de la em igración del África occidental hacia el Vi ejo Continente,
llegando a re presentar la mitad de los flujos migratorios s ubsaharia nos, seguidos
muy de cerca por Ca bo Verde y Malí.
En esta línea, y centrá ndonos en las migraciones de interior en este primer
periodo del siglo XXI, países como Libia, Nigeria o Gabón, enriquecidos por el
petróleo, y aquellos con más recursos como Ke nia, Costa de Marfil, Sud áfrica o

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Botswana, acogen a trabajadores de los países subsaharianos más empobrecidos ,
vecinos o procedentes de otras zonas del continente, a los que expulsan
brutalmente cada vez que se manifiesta una crisis e conómica . Por tanto, como se
puede apreciar, la em igración africana es más horizontal que v ertical alzándose
como territori os proclives de inmigración Costa de Marfil, Nigeria, la R epública
Democrática del Congo (RDC), Sudáfrica, Ke nia, Botswana y Zambia. Según
ACNUR (2011) países como Burundi, Sudán, Angola, la RDC y Somalia son
emisores de ref ugiados y generalmente acogido s e n naciones como Tanzania,
Zambia y Kenia.
Sin e mbargo , tene mos que señalar también que los movimientos sociales que
se han generado e n el Magreb durante los primeros meses de 2011 y que han
venido a denominarse como l a Primavera Ár abe, han conse guido movilizar a una
gran parte de la pobla ción de países , tales como: Marruecos, Túne z, Argelia, Libia
o Egipto. Este movimie nto se ha extendido también a países de Oriente Medio ,
en tre los cuale s podemos s eñalar: Siria, Y emen, Bahréin, Omán o Jordania. Como
caso representativo en Siria una parte relevante de su población e stá
experimentando un importante éxodo hacia países limítrofes como Líbano o
Turquía, país e ste último donde han recalado más de 24.000 s irio s des de marzo
de 2011 (Carba josa, 201 2), debido a la dura represión del gobierno sirio que ha
derivado en una guerra civil, que ya ha ocasionado más de 3 00.000 muertos.
Incluso algunos de es tos países han cambi ado de régimen político como Túnez y
Egipto y otros com o Libia se han visto envue ltos en una crue nt a guerra civil .
Concretamente, el conflicto bélico en Libia h a moviliz ado a una gran parte de la
población hacia un extremo y otro del país y, también hacia Europa, como se ñala
Mora (201 1), lo que ha pr ovocado un gran número de refugiados en otros p aíses
vecinos. Finalmente, la guerra en Libia concluyó en octubre de 2011 con la mue rte
de Muammar E l Gadafi y el triunfo de los opositores al régimen.
En muchos de los casos, como indica Kabun da (20 07), países africanos como
Sudan, RDC, Costa de Marfil, Sene gal, Nigeria o Ghana asumen las funciones de
emisor y receptor de c ontingente humano condicionados por los cambios políticos,
económicos o sociales que le s acontece en un periodo de tiempo determin ado .

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Refiriéndonos al caso particular de Costa de Marfil, e ste país recibe cuatro ve ces
más inmigrantes que Francia, estando este fenómeno en l a c úspide de sus
actuales problemas po líticos ( como dato, más de un 40% de la población de su
capital Abiyán está inte grado por los inmigrantes). De igual modo, Malawi, uno de
los países más pobres y más poblado del mundo, recibió a finales de la década de
los ochenta y co mienzos de los nove nta a unos 700.000 refugiados.
En palabras de Zirion (20 08), el Norte de África y toda su parte Occidental se
constituyen como las grandes zonas de migraciones del continente y sirve n de
etapa s h acia Europa. Las ciudades del Sahara, tales com o: Tamanrasse t, Djanet
(Argelia), Agadez (Níger), Sabha, Koufra, Misrata (Libia), El A ai un (Sahara
Occidental), Nouadhibou (Mauritania) y Saint -Louis (Senegal) se convie rten en
sitios de tránsito y de toma de contacto con las redes de migraciones entre el
África subsahariana y el Magreb, fase final antes de acometer el abo rdaje al vie jo
continente . Mue stra de ello, podemos menciona r el puerto libio de Misrata desde
el que parten miles de inmigrantes hacia la isla italiana de Lamp edusa, lo cual
provoca gr andes tragedias como la acaecida en octubre de 2013, donde más de
doscientas personas muri eron al incendiarse la barcaza en la que navegaban. Es te
hecho provocó que el propio presidente de Italia Giorgio Napolitano indicara que
“
es indis pensable luchar contra el tr áfico criminal de seres humanos en
colabo ración con los países de procedencia de los flujos de emigrantes y
solicitantes de asilo
” ( Ordaz, 2013 ). De es te modo , toma el testigo las migraciones
externas e n favor de las internas , e igualmente las naciones de ac ogida del Norte,
pasará n de migracion es laborales con carácter provisional de tiempos pasados a
migraciones de asentamiento perma nente como se dan en la actualidad.
En definitiva, s egún Dumont (19 83), las migra ciones interafricanas toman tres
formas principales que constituyen su trasfondo: la mi gración p olítica (éxodos
nacidos de conflictos, de la inse guridad y de re presalias contra una minoría en un
país), l a migr ación eco nómica (fronteras artificiales inadaptadas a los int ercambios
seculares, humanos y económicos precoloniales y nuevas movilidades hacia las
zonas mineras y petroleras) y la migración étnica (carácter tra nsfronterizo de
grupos con afinidades lingüísticas y bio culturales).

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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de la esperanza de vida o l a incorporación de la mujer al trabajo entre
otras. Estos países no puede n hacer frente a los gastos que gene ra la
seguridad social y paga r altos sue ldos a las personas del país que e xigen
salarios más que dignos para vivi r de forma acomodada, por lo que s e opta
por la contratación de personas de fuera que a bajo precio, trabaja n de
igual modo.

 La exce siva carga de la deuda e xterna, e l d eterioro de los términ os
de intercambio, la ex plosión demográfica que ca racterizó a muchos países
del hemisferio s ur, la generalización de las dictaduras militares y civiles…,
han convertido la emigración haci a Europa, en una de las alternativa s para
salir de la situación difícil que atraviesan much os de los países del
hemisferio sur.

 El imperialismo publicitario que invade nuestra cultura occidental ,
hace muy atractiva la opción de dejar atrás familias y perten encias para
emprender un duro camino hacia el para íso laboral que supuestamente
encontrarán en Europ a. Est a sociedad de consumo y bienes tar dominada
por el hedonismo y materialismo son alicientes más que suficient es, para
llamar la atención de aquellos que se encuentra n sumidos en una s ituación
de extrema pobreza.

 Otro factor preponderante y que propicia en ocasiones la salida e n
masa de la población de sus lugares de origen e s la reproducción, en los
países en vías d e de sarrollo, de los sist emas de va lores de la cultura
occidental. El desprecio, por tanto, de los valores de la población autóctona
provoca entre la s ociedad un dese o de mejora y p rogreso que no
encontrará dentro de su país y tendrá qu e salir a buscarlo fue ra. Est a
llegada masiva de inmigrantes a nuestras socie dades como se ñalan Ruiz y
Ruiz (2001), está suponiendo una verda dera t ransformación dentro del
panora ma étnico -cultural de unos e stados q ue gozaban desde s iempre de
una total homogeneidad. Las diversas inter acciones que se producen e ntre

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 1. El Fenóm eno de los Movi mien tos Migrat orio s

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culturas pueden tratarse, como dice n Abad y otros (1993), por una parte,
desde un enfoque de las prácticas reales y comportamientos efe ctivos de
los grupos, do nde se abo rdan las situaciones estructurales en que s e
organizan y funcionan las sociedades ( economía, política, cultura ...) y, por
otro lado, des de los distintos modos como simbólicamente se representan
esas práctica s reales, e s decir, las actitud es y los códigos simbólicos por
medio de los cuales l os grupos evalúan, justifican o representan dichas
condiciones reales.

 Por último, el estar viviendo e n un estado donde el co nflicto armado
sea permanente, es un motivo más que justificado para abandonar el país y
dejar atrás tanta masacre y desolación. Cada ve z son más nume rosos los
casos de violación de los Derechos Humanos e n aquellos lugares donde se
produce una guerra o con flicto de ti po bélico. A e ste re specto, De Lucas
(1994) defiende la trascendencia que cobran los derechos humanos dentro
de la formación de un territorio donde tengan cabida todas las religione s,
raza s y culturas. Para es te au tor (19 94: 37) “
los derechos humanos
constituyen hoy, si no la religión de nuestro tiempo , sí al menos la
expresión histórica de la idea de justicia que tiene una a ceptación casi
universal
”. Es esa ine st abilida d n aciona l propi ciada por los conflictos bélicos,
la que generará fuerte s mi graciones hacia otras re giones próximas. Los
gobiernos que presiden estas naciones se ven corrompidos por el poder y
serán fieles s ervidores de lo que dictaminen las potencias desarrolladas del
Norte, respaldando de e ste modo todas y cada una de sus accio n es en el
plano p olítico, e conómico, fi nanciero y militar. El trueque se ve plasmado
cuando se o torga i mpunidad a las accione s que estos gobiernos
dictatoria les realizan a cambio de materias primas, privilegio e n el control
del mercado lo cal y otras preben d as del mismo estilo.

En muchos casos, la inmigración re presenta el último recurso para aquellos
individuos que hayan agotado todas las posibilidades de hacer una vida en
condiciones de dignidad y calidad en su país de origen. La contribución de la

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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inmigración en el país de acogida está sie ndo objeto de amplia c ontroversia en
algunos círculos, suscitándose posiciones desde la extrema xenofobia que
propugna la expulsión de los inmigrantes, hasta aquellas limitaciones en las
entradas de inmigrantes , cuando e l desempleo en el país es elevado. No obstante,
se dan posicionamientos por parte de la po blación, como argumenta Contreras
(1994), en los que no ex iste una voluntad previa de excluir a aquellos que son
percibidos como distintos, ins taurándo se un clima de unidad y de talante solidario
ante e l fu turo aumento de la divers idad cultural. En esta línea, la mayoría de los
ciudada nos sigue n pensando que la inmigración puede ser beneficiosa, ya que los
inmigrantes suelen ocupar empleos no cualificado s que los nati vos sue len
rechazar.

1. 6. Contexto de los flujos migratorios en nuestr os días

En la actualidad, la tónica dominante que presentan los movimientos de
personas de un lugar a otro, es la capacidad de decisión que poseen individuos y
familias e nteras para afrontar un largo viaj e, muchas veces sin retorno, a sitios
que sólo por refe rencias conocen y en l os cuales se arriesgan a pasar penurias y
en la mayoría de las o casiones la e xclusión social. Este fe nómeno migrat orio va a
asentarse principalmente sobre cuatro pilares diferenciados, pero interaccionados
entre sí, que conformarían el hecho de los flujos de pers onas. A continuación,
pasamos a resumir estos aspectos funda mentales:

 Crecimiento de los flujos migratorios: princip almente provocado por
el fenómeno de la globalización económica. Más de la mitad de paíse s de
nuestro planeta es tán involucrados en el hecho del movimiento de
población de unos lugares a otros. De este porcentaje , 43 se considerarían
como naciones que recepcionan a contingentes de personas; 33 son países
que por diversas circ unstancias (crisis e conómicas, conflictos a rmados,
desastres naturales…) abandonan s us lugares de origen para dirigirse a las
naciones antes mencionadas; y, por últim o, los países mix tos dond e ex iste

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 1. El Fenóm eno de los Movi mien tos Migrat orio s

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un continuo tr ánsito de pers onas nacionales que salen de su país y otro alto
porcentaje que entra, de los países me nos desarrollados e n busca de mayor
calidad de vida y biene star social. Como dato significativo en nuestro país
por cada inmigrante h ay casi el doble de españoles emigrantes fuera, por lo
que eso nos demuestra, que a pesar de las percepciones que tenga la
población española s obre los inmigrantes, nue stra nación sigue siendo un
país de emigració n.

 Diversificación de las migracio nes: Com o dijimos en e l punto anterior,
son de much os lugares desde donde llegan los individuos estableciéndose
en los países más industrializados y desarroll ados, des empeñando t areas en
todos los s ectores laborales de la pobla ción. La oferta es muy variada y
cada vez más se detecta la ocupación de inmigrantes en puestos de trabajo
que van más allá de los cargos no cualificados. En e ste sentido, Cachón
(2009), indica que el perf il del inmigrante está cambiando en lo que s e
refiere a la formación personal y profes ional, son muchas las pers o nas que
se instalan en nuestro país que poseen estudios medios y s uperiores , por lo
que su aba nico de posibilida des laborales se abre un poco más. N o
obstante, los e mpresarios nacionales siguen apostando por mantener a los
foráneos en puestos de producción o ensam blaje y menor número en las
secciones de formación e investigación.

 Aceleración de los flujos a c ausa de los medios de comunicación de
masas y al desarrollo tecnológico: Este hecho lo comentábamos en un
apartado an terior, e n donde hacíamos mención a la tendencia a la
estabilizació n de los ll amados “permanentes o regulares” y el crecimiento
progresivo de los “irregulares”. Las naciones receptora s mantienen sus
fronteras cerradas a la entr ada de inmi grantes, viéndose obl igado s a
abrirlas cada cierto tie mpo para realizar procesos de re gulariz ación y
conceder a estos inmigrantes la concesión del permiso de residencia.

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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 Feminización: actualmente los flujos migra torios van a poseer la
característica de contar con un número importante de mujeres en todos los
desplazamientos. L as transformaciones acaecidas en la situ ación familiar,
sumado a la m ovilidad y flexibilidad del me rcado de trabajo h an provocado
unas demandas de trabajo que se es tán cubriendo por el grupo de mujeres .
Un buen porcentaje de féminas llegan a nue stro país en el contexto de la
reagrupació n f amiliar, aunque va crecie ndo el número de ellas que vienen
solas, mucha s de ellas indo cumentadas, que encuentran el ampa ro de
familiares, vecinos o conocidos que les ceden un h ueco en s us hogares,
hasta que cambien de condición pers onal. España ha s ufrido un incremento
en la migración femenin a debido , en gran parte, como menciona Gregorio
(1998), al desarrollo económico de la década de los ochenta del pasado
siglo; a este hecho podríamos añadirle la culminación del régimen dictatoria l
del Gene ral Franco e n 1 975, que propiciaría una permeabilidad en sus
fronteras. Además, la restricción que se produce en las nacio nes con
tradició n receptora de inmigrantes como Ale mania, Fr ancia, S uiza o Gran
Bretaña entre otra s, va a condicionar que el número de foráneos en España
se incremente. El perfil de la muje r que llega a los países receptores no está
muy definido, es muy variopinto, las hay que provienen de las ciudades, de
los pueblos; hay mujere s que poseen estudios me dios o superiores , aunque
la mayoría tiene un nivel educativo bajo; muy poca ex periencia la bora l
antes de que e mprendieran el éxodo; ningún conocimiento del idioma del
país donde se establecen; y, por último, muchas son cabe zas de familia.
Normalmente los puestos de trabajo que van a dese mpeña r es te colectivo
están centrados en el se rvicio doméstico, hostelería, empresas de limpieza ,
trabajos en el campo o la mar… Se caracterizan por malas retribuciones ,
insuficiente o inexis t ente protección social, condiciones arbitrarias de
trabajo. Por lo gene ral, s on empleos precarios y sin ninguna presencia e
intervención de tipo sindical.

La sociedad e n la que nos hayamos inme rsos e stá soportando el empuje de
una fu erte tenden cia neolib eral que está haciendo es trago s e ntre las poblaciones

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 1. El Fenóm eno de los Movi mien tos Migrat orio s

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mundiales más desfavorecidas, principalmente las del hemisferio sur. Este intento
de globalización m arcado por el car áct er ne oliberal, está prov ocando entre otras
causas la reducción de las políticas pú blicas d e apoyo social, la dualización social y
bloqueo de la integración social, duras políticas de ajuste estructural dictadas p or
el FMI a los países con deuda e xterna, etc. A todo es te cúmulo d e circuns tancias
que agrava n las situaciones personales y c olect ivas de un país, hay que unirles el
paro generalizado, el éxodo rural, el crecimiento demográfico, la corrupción de las
elites gobernantes de estos países…

Estos enormes flujos migratorios se producen generalmente desde los
lugares más desfavorecidos hacia los p aíses más des arrollad os, aunque también se
generan flujos de personas dentro de l as propi as zonas desfavorecidas. No
obstante, “
el flujo ‘ Sur-Norte ’ está motivado por los enormes desequilibrios
globales de todo tipo inducidos y/o exacerba dos por el sistema-mundo de la
‘ guerra global permanente ’ haciendo que los llamados ‘ factores de expulsión ’ s ea n
de tal magnitud que las personas prefie ran afrontar - por ejemplo- una mue rte
basta nte proba ble en e l océano antes que perma necer en sus lugares de origen
”
(Arriaga, 2007: 17 ) .

1.6.1. La regulación d el tránsito de las migraciones

Este caos que s ume a muchos de los individuos que viven en s ituaci ones de
extrema pobreza en los países subdesarrollados, provoca l a huida a otros lugares
para conse guir un porvenir más prometedor. Por este motivo, las política s de los
gobiernos receptores trabajan duramente po r controlar el paso de e xtranjeros a
través de s us fronteras y, simultáneamente, realizan iniciativas sociales que
comprometan a este nue vo grupo a integra rse e n la sociedad, donde convivirán
con otra cultura, en muchos casos diferente, por tiempo ilimit ado. A este respecto,
es conveniente adoptar medidas que regulen el paso y la e stancia de inmigrantes
hacia estos países de acogida. Podemos menc ionar algunas propuestas que recoge
Tabares (2002) en sus plantea mientos básicos:

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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 Gestionar de manera distinta los movimie ntos de personas: Es difícil
concebir que las front eras de una nación estén totalmente abiertas para la
entrada masiva de pers onas de otros lugares del mundo, pero tampoco es
positivo para el mis mo país que se cierre n y no permitan el acceso a otras
personas que fomenten el intercambio cultural y, por qué no decirlo,
comercial. En la me dida que se lleve a cabo una buena gestión de los flujos
migratorios, s e conseguirá que se equilibren aspectos, tales como: la ley de
oferta y demanda o se ataje e l tráfico clande stino de trabajadores a manos
de las mafias. Las corrientes migrat orias han de considerarse como un
punto vital a tener prese nte en la elaboración de las líneas de actuació n en
las políticas exteriores de los país es de llegada y de salida de personas. Esta
política debería co ntemplar tres aspectos fundamentales:

- Corresponsabilida d: la s naciones receptoras no han de e star
impasibles ante el increíble aumento de personas procedentes del S ur,
ya que e l descuido po r parte de los organismos y minis t erios
competentes, puede pr ovocar que las redes clandestinas campen a s us
anchas por todo e l territorio nacional, llevando a c abo actividades
ilícitas transgrediendo todo lo que concie rne a los derechos y
libertades de las personas. En este se ntido, es tos e stado s que reciben
tanto personal foráneo , han de asumir su respo nsabilidad y establecer
un plan de control de los fl ujos y, de ese mod o, orientarlos y
convertirlos en productividad material y personal para el propio país .

- Contra ctualización: Es muy complejo el poder controlar todo el
continuo trá nsito de individuos que cruzan nuestras fronteras po r
tierra, mar o aire; p or lo tanto, sería necesario acoger le galmente a
contingentes de trabajado res debidamente contratados, aunque sea
temporalmente o de fo rma permanente, pero s iempre amparados bajo
los derechos sociales que se contemplan en la legislación nacional. Por
este motivo, es conveniente dispone r de un mapa del me rcado la boral

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 1. El Fenóm eno de los Movi mien tos Migrat orio s

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y flexibilizar las leyes para favorecer el empleo de trabajadores de
otras naciones.

- Codesarrollo: Las transferencias mone taria s de los inmigrantes
sobrepasan en gran medida la ayuda al de sarrollo que reciben sus
países. Estas transferencias van a propiciar el que s e desarrolle
indirectamente su país de origen, al igual que e l progreso del lugar
donde el individuo es té desempeñ ando s us servicios. Por este hecho,
podemos afirmar que la inmigración es un fact or primordial de co -
desarrollo.

 Legalizar la situación de los inmigrantes: Todos los individuos que se
encuentran en cualquier territorio han de es tar perfectamente ide ntificados
y, por tanto, documentados, por lo que se hace necesario la responsabilidad
de los Estados de proporcionarles un a serie de “papeles” que acrediten su
estancia en dicho país des empeñando una determinada función. El no
poseer ningún tipo de documento que les ha ga constar como ciuda dano, les
imposibilita a tener acces o a los servicios de l os que dispone la comunidad y
no les permite poseer derechos de ningún tipo, es más, no existen c omo
persona. En palabras de De Sous a Saramago (1998: 46 ),
“ negar un
documento e s, de alguna forma, negar el derecho a la vida. Ningún ser
humano es humanamente ilegal, y si, aún así, hay muchos que de he cho lo
son y le galmente deberían serlo, es os son los que explotan, lo s que se
sirven de s us semejantes para crecer en poder y riqueza. Para l os otros,
para l as víctimas de las perse cuciones política s o religiosas, para los
acorralado s por el ham bre y la miseria, para quienes todo se les ha negado,
negarles un papel que los i dentifique será la última d e las humillaciones”.

 Construir una política global de integración y ciudadanía: Las distintas
raza s y etnias que habitan nue stro territorio tienen e l derecho a mantener
su idiosincrasia que los diferencia como pue blo y los ide ntifica como unidad
cultural. Por lo tanto, habrán de ser tratados por el mismo rasero que a los

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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nacionales de los distintos países. Los estados han de encontrar el punto de
equilibrio para a ctuar de igual mo do, ante l as distintas minorías que ex isten
en cualquier nación, con e l fin de que no se impongan los cánones
establecidos por la mayoría de la comunidad sin re spetar la opinión de unos
pocos. Es paradójico, pero generalmente a los distintos grupos ét nicos que
pueblan un territorio, s e les exige que se comport en c omo las mayorías,
mientras que al mismo tiempo, se les niega esa misma igualdad en el
acceso a los bienes y recursos, en los cuales los nacionales tienen
preferencia.

El panorama que se ha presentado según Ruiz y Ruiz (2001) , nos acerca una
visión global de cómo nos hallamos en una situación donde las naci ones apuestan
por una legislación centrada en orientar políticas sociales tenden tes a organizar los
flujos migratorios y la legalización por medio de contratos de residencia, a las
distintas personas que llegan a esos países receptores. Los distintos
ordenamientos jurídicos tienen la preten sión de erradicar las situacio nes de
desigualdad de derechos que se producen con las minorías a sentadas en los países
de acogida, aunque en la actua lidad lo que están lle vando a cabo es parchear
realidades a d eterminados problemas que ocurren.

1.6.2. Movimientos migratorios y ciudada nía

Los minis terios u organismos oficiales que poseen competencias en e sta área,
promueven aspectos dirigidos a conseguir la ciudadanía y una completa
integración del inmigrante e n la sociedad en la que se desenvuelve. Para conseguir
una plen a integración habremos de incidir, como dice T orres (2002), en un
aspecto tan básico como es la interacción, es decir, la es trecha relación que ha de
existir entre la sociedad y el grupo de inmigrantes. Si no partimos de esta premisa,
construiríamos una vis ión parcial de l a integración, convirtiéndola e n un proce so
simplemente de asimilación.

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 1. El Fenóm eno de los Movi mien tos Migrat orio s

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La condición de ciud adano es un requisito fundamental para desarrollar
cualquier tipo de acti vidad dentro de un t erritorio. Este he cho de conceder los
privilegios de ciudadanía, ha de generalizarse entre la pobla ción inmigra nte, ya
que este grupo, un a gran mayoría, va a permanecer e n estos países no de forma
temporal, s ino que han apostado por fi jar su residen cia definitiva e n la nación de
acogida. El no estar e n posesión de las exenciones que proporciona el se r
ciudada no de un país, no ha de se r obstáculo alguno, para qu e el inmigra nte
disfrute de todos lo s derechos y libertades como cualquier ot ro nacional.

El se r oriundo de otro lugar no ha de jus tificar, en ningún caso, l a exclus ión
social y mucho menos la exclusión legal ; por este hecho, ha de caminar toda la
comunidad hacia un estilo de vida donde impere la igualdad po r l os derechos de
los individuos e n todas las dimensiones de nues tra realidad, como s on la laboral,
social, cultural y política. En este sentido, respetar l os derechos humanos exigirá la
ampliació n y ex tensión de los dere chos ciudadanos, por lo que habrá que luchar
insistentemente por conseguir una ciudada nía trasnaciona l y desterritorializada
donde tengan cabida tod as las personas.

En este orden de co sas, ot ra de las metas que los gobiernos pretenden
alcanzar es que el inmigrante se encuentre integrado dentro de la sociedad donde
se desenvuelve. Un documento no garantiza al ex tranjero que las personas que lo
rodean le respeten y lo traten como ciudadano. El primer paso para cons iderar a
un individuo por toda la comunidad c omo ciudadano, e s superando las barreras
culturales que pudiera n existir como la dignidad personal y el respeto cultural. U na
sensibilización hacia lo ex tranjero, hacia lo de fuera, implica trabajar aspectos,
tales como: la tolerancia, la solidaridad, la libertad o la concienciación.

La integración supone algo más que s olucio nar de manera puntual, por parte
de los s ervicios sociales, situaciones concre tas que acarrea n el desequilibrio y
desajuste organizativo y de funcionamiento en una determinada comunidad. Un
hándicap con el que s e e ncuentra el inmi grante e n su carrera haci a la integración
es que le fallan, por este orden, aspectos le gales, sociales y culturales, lo que

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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pública provocó que se controlasen y limitasen la entrada a extranjeros,
llegando en ocasiones, como los casos de EE.UU. y Argentina, a seleccionar las
personas que accedían a estos países.

Las restricciones al acceso de personas en much os países originaba s egún
algunos autores “
la impleme ntación de política s restrictivas por pa rte de los
Estados rece ptores, lejos de fre nar la inmigración, motiva que los migrantes
permanezcan un mayo r tiempo en es tos paíse s, evi tando la rápida circularidad
entre origen y destino
” (Nájera, 2007: 174) .

Esta preocupación social fue causa de la inces ante mano de ob ra sin
cualificar que llegaba a estas nacio nes, s iendo una fuerte competencia, en
ciertos sectores, para la población nativa. La concentración geo gráfica de la
población inmi grante en cie rtas zonas y sectores de la producción, propició que
se desplaza ra mano de obra a los sitios en expansión dentro del país. Otro
fenómeno que se originab a, era la subida de los autóctonos a e mpleos más
cualificados dada la aglomeración de inmigr antes en los e sca lafones inferiores
del mercado labo ral.

2.1.2. Los flujos migratorios d entro del continente europeo

No sólo los grandes movimientos de personas s e producían entre Europa
y América, a mediados del siglo XIX s e empezará a gestar un tipo d e migración,
primordialmente dentro del continente euro peo, cuyo objetivo principal era el
trabaja r para otras personas e n la industria o e n el campo. Unos diez millones
de personas oriundos de naciones como Irlanda, Polonia, o Itali a emigraron
hacia paíse s con un índi ce mayor de industrialización como Francia, Alemania,
Suiza o Rei no Unido . Las dos guerras mundiales no obstaculizaron los
movimientos migratorios, es más, éstos apa r te de producirse por buscar
alternativa s laborales que no encontraban en sus países de origen, se producían
por necesidad, por huir de la cruenta guerra, y de la terrible posguerra.

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capít ulo 2. La Inmi graci ón en la Uni ón Europe a

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En la Segunda Guerra Mundial se puede apreciar mejor este f enómeno
migratorio, en el s entido que se requie re una gran cantidad de m ano de obra
para la reconstrucción del centro de Europa destruida por la guerra. Este hecho
se va a prolongar en el tiempo hasta principios de los años setenta del pasado
siglo, donde como dato significativo, son los países de acogida los que realizan
campa ñas de captación de pers onas de otros lugares, para que contribuyan al
desarrollo y progreso en todos los sectores de la sociedad, norma lmente a
través de conven ios con el país del trabajador. En e ste sentido, el
departamento de Comunicación e Información al público de la OIT (200 4: 1)
señala que “
después de la Segunda Gue rra Mundial los tra bajadores
inmigrantes contribuyeron en el crecimiento s ostenido de Europa durante más
de 3 0 años
”. Los países que fue ron artífices de levantar, e n cierta medida, las
grandes economías de las potencias de antaño, estaban encuadradas en la
Europa Meridional (España , Portugal, Tur quía, Grecia o I talia), aunque años
más t arde e st e fenómeno traspasaría l as ba rreras de Europa, llegando a l
Magreb y antigua s colon ias de estos países receptores.

Como he mos mencionado en e l pá rrafo anterior, las grandes potencias
europeas emprenden una fuerte política in migrat oria, que se ve traducida en
convenios, privilegios o concesiones con los trabajadores y los gobiernos de los
países de origen. El país que se e rige a l a cabeza de l a inmigración va a ser
Alemania, que des de mediados de los añ os cincuenta del siglo X X empieza a
realizar convenios de inmigración co n los paí ses de la ribera medit erránea.

Por o tra parte, del Caribe, de la India y del África Orie ntal van a r ecalar
muchas personas en Gran Bretaña para trabajar, teniendo la p osibilidad de
obtener la nacionalidad gracias a la Ley de Nacionalida d de 1 948. Francia
amplía su política inmigratoria cuando finaliza l a Segunda Guerra Mundial,
estableciendo en 19 45 Las Ordenanzas (normativa de inmi gració n) y creando la
Oficina Nacional de Inmigración, con estos procedimientos legislativos e n un
periodo de 30 años, Francia otorgaría a más de dos millones y m edio de
extranjeros permiso legal de trabajo y residencia.

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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La restauración de las economías en estos países receptores, el prog reso y
desarrollo tecnológico, va a provocar que la mano de obra se reduzca en favor
de la maquinaria, p or lo que la demanda de esta primera, ya no será precisa en
tanta cantidad. Este aco ntecimiento se va a producir a mediados de los años
setenta del pasado s iglo, gene rándose polí ticas de rechazo a la entrada de
personas que vengan de fuera para trabajar. Indica De la Dehe sa (200 2) que
u n suceso que repercutirá de manera decis iva en la con tratación de personal
foráneo y los convenios con los países emisores de traba jadores, se rá la crisis
del petróleo que s e produjo en 197 3 y que ocasionaría una fue rte recesión
económica, teniendo mayor re percusión en unos países más qu e en ot ros,
dependiendo de su nivel financiero e industria l.

Los emigrantes, por ta nto, se ven coarta dos por es tas circunstancias que
le s im piden trabajar f uera; aparte, a és to se le suma, que las facilidades y
prestaciones que se les ofrecían anteriorment e a los trabajadores que llegaban
de otras naciones, ya no ex ist en o se ven reducid as a su mínimo exponente. No
obstante, el flujo migratorio p or Euro pa va a continuar, aunq ue de forma
moderada; e n medio de es ta s ituación de t ránsito de personas hacia distintos
puntos del continente, s e va a producir un f enómeno muy curioso, y s erá que
los países que en un momento fueron emisores de trabajadores, Europa
Meridional, se van a convertir ahora e n receptores de personas provenie ntes de
fuera de Europa, debido a que el desarrollo ec onómico, indus trial y tecnológico
se ha equiparado, en cierta medid a, al de las grandes potencias.

Con la re activación económica a partir de 1985, va a abrirse un amplio
abanico de po sibilidades en la producción de grandes fábricas, empresas,
industrias y multinacionales y se precisará nue vamente la mano de obra barata
para cubrir la demand a en todos los sectores. La subida en pobla ción, por parte
de traba jadores e xtran jeros, no s e va a ver muy afectada s alvo en los casos de
los nu evos rece ptores de inmigr antes, como por ejemplo España o Italia. A
partir de 1989 , se producirá una avalancha de migraciones de la Europa del

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capít ulo 2. La Inmi graci ón en la Uni ón Europe a

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Este debido a la caída de los sis temas socialistas, la desmembració n de
naciones y los conflictos bélicos en los Balcanes . En este se ntido, Pellegrino
(2003: 21) indica que “
en los movimientos intrarregionales predominan los
trabajadores con men or cualificación. Por una parte, los que se limitan a las
zonas de frontera y que se insertan en activida des agrícolas en muchos casos
de carácter transitorio o esta cional
”.

A e sta crisis que se produjo e n los países d el Este, se le puede sumar la
manera como finalizó de internacionalizarse la e conomía en los últimos ve int e
años del siglo XX, es decir, poniéndose de manifiesto toda la f ilosofía del
neoliberalismo y, de este modo, s entando l as bases de un fuerte capitalismo a
nivel mu ndial. Todos estos factores socio -económicos propiciarían, en gra n
medida, en la década de los ochenta del pasado siglo, l a mayor debacle de los
sistemas económicos en los países menos desarrollados, quedando marginados
del mercado mundial y vié ndos e envueltos en unos procesos de e ndeuda miento
y empobrecimiento sin precedentes.

No obstante, aunque la crisis mun dial que sacudió bruscamente a l os países
pobres se produjese en la década de los ochenta del siglo XX, el m ayor aluvión
de flujos migrat orios se originaría a principios de la década siguiente. El número
mayor de personas procedían de la antiguas republicas que conformaban la
desmembrada Yugoslavia, ocupando todas las partes de Europa, siendo un país
receptor de este colectivo de personas Alemania. Podemos afirmar que
Alemania ha ex perimentado una subid a esp ectacula r en su demografía en l a
década de los años noventa del siglo XX, c reciendo su población fo ránea en
cifras que superan más de la mitad de todo el aumento producido, hasta
entonces, en los quince países de la Unión Europea. Los factores que han
influido en esta e scalonada s ubida de ex tranjeros en Alemania, han sido
principalmente las n ecesidades urgentes que precisan algunos sectores
económicos de mano de obra, los pro cesos socio-políticos que han sufrido
muchos de los países de la Europa del Es te y la reagrupación familiar que se
produjo en las primeras década s de inmigración.

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En relación a Alema nia, Birsl y Solé (2004: 12) indican que “
el grupo de
inmigrantes más importante en Alemania tanto numérica como
proporcionalmente es el de los Au s siedler , los inmigrantes pro cedentes de
Europa oriental <con vinculación sanguínea al pueblo alemán>, como lo s define
el artículo 1 16 de la Ley Fundamental de la República Federal. A p esar de ello,
en el discurs o político los Aussie dler re cién se clasifican como grupo migra torio
desde principios de la década d e los noventa
”.

Otro caso significativo de país que h a recibido un gran número de
inmigrantes en es tas d os últimas década s es Italia. Este país ha sido uno de los
destinos prefe ridos por los albaneses , debido a l a situación de caos que es ta
pequeña nación a orillas del Mar Adriático, e stá sop ortando a todos los niv ele s
(económicos, sociales, políticos…), aunque la razón fu ndamental de escoger
este sitio como lugar de permanencia e s su cercanía por tierra y ma r.
Marruecos también se ha sumado al c arro de los países que e ligen la opción de
la peníns ula de la bot a para abrirse camino en s u vida social y la bora l. En la
actualidad, la nación italiana acoge una cantidad de extracomunitarios que
alcanza la co ta del 85% del total de l a población extranjera. El África
Subsahariana también aporta su granito de a rena en el incremento de la
demografía; son cada vez más los casos de regulariza ci ones de contratos
labora les y de residencia de personas que proceden de países como Nigeria o
Senegal.

Por todo lo expues to, podemos sintetizar que antes de la entrada del nu evo
milenio los datos que se podían re copilar de los países que conforma ban la
Unión Europea, e n cuanto a número de ex tranjeros que residían en el conjunto
de todos ellos, e ra de un total de 17 millones de pers onas; lo que ib a a suponer
que el 5% de la población comunitaria estaría compuesta por un amplio grupo
de personas donde confluirían diversidad de culturas, raz as y religiones. A
principios del presente siglo, y en palabra s de Blanco (2000), la mayor
proporción de contingentes de personas que convive n en la zona de la Unión
Europea son de países no comunita rios.

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2.2. Refugiados e n la Unión Europea

Dentro de ese ingente grupo de personas que se lían la ma nta a la cabeza y
afrontan la aventura de recorrer miles de kilómetros en busca de bienes tar y
calidad de vida, exis ten muchos casos, en los cuales, el s alir de s u país d e
origen, no es precisamente por la causa de mejorar su s ituación personal en el
ámbito laboral, sino que su s pre tensiones van más allá, son cuestiones de
supervivencia y de salva guardar sus derechos y libertades más fu nda mentales ,
como son el derecho a la vida y la libre expresión de pensamiento. No s estamos
refiriendo a los refugiados, aquellos individuos que se ve n forzados a
abandonar sus países por motivos de ideologías políticas, religión, pertenencia a
una etnia, etc.

De e ste modo, bastantes autores consideran que “
m uchas s ociedades
tienen una profunda é tica de la hospitalidad, que a menudo es de gran ayuda
pa ra los refu giado s. Pero la mayoría cuentan con un me canismo incorporado de
desconfianza o miedo al extranjero. Si este último g ana ascendencia sobre la
primera, los refugiado s tienen problemas
” (Colville, 2006: 10) .

Las políticas de asilo e inmigración, en ciertas ocasiones, poseen elemento s
comunes que suponen un obstáculo a la ho ra de hacer una distinción exacta
entre lo que es un inmigrante y un refugiado. Si nos ce ntramos en aquella s
naciones donde las políticas de asilo tiene n un carácter muy r estric tivo, s e
aprecia como las pers onas que abandonan su país en la condición de refugiado ,
se establecen en e l país de destino como inmigrantes económicos,
principalmente por e l temor a que se le s deniegue la entrada al p aís y se les
deporte nuevamente al suyo , simpleme nt e por acreditar la condición de
emigrante po lítico. L a lucha de los gobiernos e s la de contrarrestar, en la
medida de lo posible, que los inmigrantes adopten una condición que no les
pertenezca en el lugar donde estén.

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Por eso, en este se ntido, l a legisl ación es muy específica en su articulado,
marcando cuales s on los re quisitos que han de cumplirse para con siderar a un a
persona de fu era com o refu giado político o como simplemente un individuo que
sale de su nación p or motivos l aborales. Existen casos en los que las
condiciones de búsqueda de a silo polític o y la de mejora de la situación
económica coinciden, se entrecruzan; pero, no obstante, ante est e hecho han
de darse respuestas concretas que queden recogidas en las leyes y en las
políticas s ociales. Algunas diferencias significativas del inmigrante con el
refugiado son, entre otras, que a este último le es imposible regres a r a su país,
a menos que cambie la s ituación socio -política del mismo, la comunicación con
su familia y parientes más cercanos es prácticamente una odisea, no tiene
acceso a solicitar docume ntación en su consulado…, son por es tos motivos, p or
los cuales la le gislació n debe registrar en su constitución apartados es pecíficos
que contemplen estas situaciones.

En las últimas décadas, se e stá comprobando como en la Unión Europea se
va cambiando la tenden cia en relación al acc eso y la condición que adoptan las
personas respecto a cómo acceden a los países receptores; ya no es sólo como
la de inmi grantes en busca de un empleo que le s resuelva su precaria situación
económica, sino que también existen otras vías que e mpujan a los individuos a
que se origine este, tan significativo, fenómeno de la inmigración.

Una gran mayoría de individuos que e stán llegando a Europa, son por
cuestiones de persecució n política en sus re spectivos países de origen, d e bido a
los innumerables conflictos bélicos que se es tán produciendo en tod o el mundo
por motivos territoriales, de e tnias…, la cre ciente realidad de los des plazado s
por cuestiones de con flicto armad o, s egún Madrazo (2003), e stá provocando
que en el ámbito de las Naciones Unidas y de las organizaciones que conforman
el sistema, se esté realizando un esfuerzo en pos de crear una normativa y
procedimientos de protección a e sta masa humana que e m igra a otras zonas
huyendo de la inminente muerte.

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capít ulo 2. La Inmi graci ón en la Uni ón Europe a

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Otro grupo importante de personas están ocupando estos países receptores
como familiares en procesos de re agrupa ción, por lo que se van conformando
nuevas gen eraciones de individuos nacidos en estas nacio nes de acogida,
adopta ndo y aceptando las señas de identidad propias e idiosincrasia de estos
países.

Diversos auto res consideran que las nuevas realida des multiculturales y
pluriétnicas que v iv imos en la actua lidad, como consecuencia de los flujos
migratorios hacia las sociedades occidentales, deben estar b ien reguladas desde
un punto de vis ta jurí dico, c on lo cual, “
las políticas de recepción deben estar
diseñadas para minimizar e l aislamiento y la separación de l as comun idades de
acogida, así como faci litar el des arrollo efi caz de las h abilidades li ngüísticas y
profesionales y la asistencia para c onseguir empleo ”
(Oficina Europea del
ACNUR, 2007: 62).

2.2.1. Los refugiados europeos en los últimos a ños del siglo XX

Entre los años 19 98 y 19 99 se registraron altas cifr as de migr aciones de
albano-kosovares que se dirigían hacia Gran Bretaña y Bélgica, debido al
continuo genocidio que se estaba pro duciendo e n la antigua Y ugoslavia, según
datos de ACNUR, esta fue la nación que mayor nú mero de solicitu des de asilo
aportó e n Europa, con más de cuatro millones de refugiado s y des pl azados. Le
sigue de cerca Rumanía, aunque en este país las motivaciones principales que
han provoca do la salida de individuos no han s ido consecue ncia de conflicto
bélico, no obstante, el régimen político que suf rió con Ceaucescu provocó un
fuerte flujo migratorio. Rumanía posee un alto porcentaje de población git ana
(más de dos millones de pers onas), la cual se ha visto sometida a continuas
persecuciones, provocando este hecho q ue este colectivo se a uno de los más
numerosos de los refugiado s del Este de Europa.

Otro p aís que es digno de mención es Turquía, que vive una crisis profunda
por la situación e n la que se encuentra con el pueblo kurdo. De Turquía

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procede mucha inmigración laboral, pero la población que ha migrado e n mayor
número e n esta última década, es la que huye del acoso del Estado turco a la
población kurda. A principios del otoño de 2012 se han producido
enfrentamientos bélicos en la frontera entre T urquía y Siria , entre ambos
Estados, a consecue ncia del flujo constante de refugiados sirios que entran en
Turquía. Estos combates han provocado el desplazamiento de algunos
contingentes de turcos que viven cerca de esta frontera hacia el interior del
país, a unque en un porce ntaje muy p equeño.

Otros países que sufren un a importante de manda de solicitudes de asilo
son, en proporción a su tamaño de población, Holanda y Dinamarca. La
procedencia de las pers onas e n condición de refu giado s o asilados son aquellas
que soportan e n sus naciones crisis agudas; entre 1985 y 19 94 se apreció el
número de movimientos migratorios más ele vado en e sta última década del
pasado siglo, su destino era Europ a Occidental y en su mayor parte provenían
de regiones de Europa centro-oriental.

Ante la presencia cada vez mayor de personas inmi grantes por diversos
motivos y de refugiad os en Europa, los órganos institucionales competentes en
estas materias decidier on
“ La adopción del Tr atado de Ámsterdam p or parte de
los miembros de la U nión Europea en 1997, lo cual marcó el comienzo de una
nueva era para el diseño de políticas de asilo en Europa. El Título IV, Artículo
63 del Tratado de Ámsterdam s e refiere a la adopción de estándares mínimos
para que los Estados miembros otorguen el estatus de re fugiado y al
establecimiento de reglamentación obligatoria mínima a nivel de la Unión
Europea sobre asilo e inmigració n”
(Morris, 2005: 12).

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2.3. La situación de la emigración en diferentes países de la Unión
Europea

Desde los últimos años de la década de los noventa del pa sado siglo ,
España se ha consolidado como un verdadero re ferente en las cifras que hacen
alusión al s aldo migratorio neto en la Unión Europea. Como dato que ilustra
esta panorámica internacional, e n e l año 2003, España, Italia y Portugal
aportaron l a mitad del s aldo migratorio neto de toda la U .E ., viéndo se superada
en el año siguiente Portuga l por Gran Bretaña en guarismos.

Algunos de los factore s que han determinado los patrones migrat orios en
Europa han s ido la r eactivació n económic a del continente durante los años
ochenta del s iglo XX, la desmembración de Yugoslavia y la desintegración de la
Unión S oviética. Ambos he chos se tradujeron e n un aumento de los flujos
migratorios hacia Europa occidental de inmigrantes procedentes pri ncipalmente
de la antigua Yugoslavia, la ex Unión Soviética y Turquía. Por otro lado, e n los
últimos años s e ha incrementado e l fl ujo de inmigrantes procedentes del norte
de África.

Según las es timacio nes de Eurostat (20 06), el stock de e xtranjeros e n la UE
en 200 4 ascendía a ca si 2 5 millones de personas, alrededor del 5 ,5% de la
población to tal. En c ambio, e sta misma fue nte Eurostat (2010 ), en un período
de cinco años indica que la s cifras han ascendido a casi 32 millones d e
personas, lo que supone un 6,4% de la población europea. En términ o s
absolutos, la mayor p arte res iden e n Alemania, Francia, España, Re ino Unido e
Italia. Entre los principales grupos de inmigrantes en Europ a destacan los
turcos, con una importante prese ncia en Alemania, Dinamarca y Holanda. La
tendencia actual de la s migraciones a nivel mundial, se ñala que los flujos se
caracterizan por s u gr an movilidad. Dentro d e es ta dinámica, países del sur del
mediterráneo, concretamente e l Magreb, e stán convirtién dose en el punto cero
de gran número de movimientos humanos que, procedentes del África
Subsahariana, se dirig en hacia Europa, con el impacto que esto s upone para
países como M arruecos o Argelia, l a presencia de inmigración ilegal fruto de l as

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que dan cobertur a prin cipalmente a ne cesidades domésticas y en un porcentaje
basta nte más reducido a los foráneos.
Grecia y el conjunto de is las que la rodean configuran un perfecto enclave
en e l Mediterráneo y un importa nte l ugar d e tránsito par a los des plazamientos
que s e efectúan des d e Orie nte. A modo de e jemplo, son millares los asiático s
que ayudados por traficantes t urcos, toman co mo punt o de r efere ncia las
innumerables rutas por las islas griegas y la propia peníns ula , p ara continuar
viaje y e stablecerse e n distintos puntos de Europa. La población kurda, es otro
grupo impor tante de i nmigrantes, que también e mprende viaje hacia diferentes
destinos europeos haciendo e scala en Grecia o permaneciendo en el propio
país. Aun que no siempre corren con la misma sue rte, ya que cientos de ellos
son interceptados en la s costas y e n el peor de l os casos muriendo en el intento
de vislumbrar un horizonte d e prosperidad.

2.3.7. Los flujos migratorios ha cia Italia
Los intereses de los países con ribera mediterránea coinciden en gran
medida con los intereses españoles. En e l ca so de Italia, también está siendo
muy afectada por los flujos migratorio s, esp ecialmente provenientes del Nort e
de África y de África Subsahariana. Cons idera que la inmigración no es s ólo una
cuestión nacional sino que debe ser gestionada a nivel europeo a través de una
política común. Italia coincide con España en las dificulta des para con tr olar
adecuadamente la frontera marítima meridional de la UE. En este se ntido,
señala G arcía Ballesteros (2003 : 66) que “
según el Conse jo de Europ a hay 16
millones de inmigrantes no e uropeos residentes en la Unión Europea, es decir
tan sólo el 5% de la pobl ación, pero la ONU estima que las mi graciones a
Europa con tinuarán, orie ntándose mayoritariamente hacia Alemania y Austria
las procedentes de la Europa oriental y h acia Francia, España e Italia las
llegadas d el otro lado del Mediterráneo y de Latinoamérica
”.

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Para Ita lia y Malta, Li bia, tras la caída del ré gimen de Muammar El Gadafi,
sigue representando un grave problema en materia de migraciones ilegales ,
puesto que los nuevos gobernantes elegidos en el verano de 2012, todavía no
controlan adecuadamente e l tránsito de per sonas migrantes por su territorio .
De este modo, en Mal ta, indica García Calero (2010: 5) “
los migrantes pueden
llegar a pasar hasta 1 8 meses en un centro de detención, algo que sin duda
aumenta su se nsación de des asosiego y que afecta a s u salud ment al
”. En es te
sentido, la Agencia Europea de Fronteras es vis ta como un paso en la dirección
correcta. As imismo, el gobierno italiano a poya las iniciativas europ eas pa ra
promover la es tabilización política y el des arrollo de los países de orig en de la
migración. En la mism a lín ea, se busca un re fuerzo del Proceso de Barcelona y
la Política d e Vecindad con los países árabes y del norte de África y las recientes
conferencias organiza das entre la UE y África.

En Italia se han ido endureciendo la s políticas de inmigració n en los últimos
años y las condiciones para las personas inmi grantes s on mucho más difíciles
que a finales del pasado siglo. En este sentido, el control de las personas
inmigrantes es ca da ve z más exhaustivo, tanto es así que en e l año 2009,
según indica García Calero (2010: 5) “
el gobierno italiano inte ntó que se
aprobara una le y por la cual los funcionarios podrían denu nciar a t odo
extranjero que re cibi era at ención médica y que no di spusiese de papeles”
.
Después de nume rosa s protestas y movilizaciones, la presión social hizo efecto
y, gracias a numerosas iniciativas respaldadas por la ciudadanía, e l proyecto de
ley fue retirado, ya que fue votado en contra por la mayoría d el Senado.

Sin embargo, actualmente Italia sigue siendo el punto de destino de
numerosos inmigrantes que atraviesan el Mediterráneo en frágiles
embarcacio nes con la intención de alcanzar un futuro mejor. En este s entido,
Ordaz (201 5: 17) comenta como “
un vi ejo barco ocupado por unos 700
africanos vu elca frente a las costa s de Libia y solo es posible salvar a 28 y
recuperar 24 cadáveres — e s un eslabón más de una larga cadena de
sufrimientos: un millar de mue rtos e n los últimos días, 3.200 e ntr e hombres ,

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mujeres y niños durante el pasado año
”. Como se puede apreci ar , Italia s e está
enfrentando a una situación desoladora para dar una respuesta eficaz a la
llegada masiva d e inmigrantes a sus costas.

2.3.8. La situació n migratoria en los países nórdicos

En el caso de los países nórdicos, tradicionalmente, han estado poco
receptivos y dispuestos a progresar e n mat eria de inmi gració n legal , aunque ,
por el contr ario, si lo han estado en cuestio nes de integración. Sus priorida des
son, tanto hacia el inter ior como en la acción exterior de la UE, las cuestiones
de asilo y refugio, so bre todo con l os fl ujos provenientes de África, países con
los que mantiene n una intensa política de cooperación al des arrollo. No
obstante, s on países a los que no le s están afe ctando los flujos mig ratorio s que
están lle gando masivame nte a la U E. En es t e s entido, la posición sosten ida por
Suecia es la de una Europa de fronteras abiertas, algo dispar a la actual
tendencia hacia la que la UE se está orient ando, un tanto m ás re strictiva. S e
debe tener en cuenta que su área geográfica de interés es fundamenta lmente
el este de Europa y sobre todo Rusia.

2.3.9. El acceso de lo s inmigrantes a los países de la Europa Oriental

Por otro lado, los nuevos Estados mie mbros, países situados en la frontera
exterior oriental de la UE, comparten con el resto de los países front erizos como
España las preocupaciones derivadas de ocuparse día a día de la inmigración
ilegal que mayoritariame nte busca ent rar en la UE. Su principal p reocupación es
la frontera terrestre oriental, de donde proceden los flujos irregulares de
Ucrania, Rusia y las antiguas repúblicas sovié ticas, así como solicit antes de asilo
y refugio procedentes de Chech enia y el Cáucaso e n general . “
La realidad
migratoria de la re gión aparece pres idida ante todo por un cuadro de intens a
movilidad multiforme de corta dur ación, generalmente al margen de cualquier
legislación, que puede e ntenderse más en términos de viaje, c irculación y
movilidad que d e migración en sentido clásico
” (Arango, 2003: 47).

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Países como Polonia buscan una mayor impl icación de la UE en la ges tión
de fronteras, ra zón p or la cu al han a poyado activamente FRONTEX, logr ando
que su s ede centra l se ins talara e n Varsovia. Esta d ecisión comunitaria, fu e un
éxito de su política europea, ya que Polonia, al igual que otros países de la
región temen que el drama humano de los inmigrantes ilegales llegando en
patera s a las c ostas me diterráneas, reste interé s e importancia a la frontera del
este. As imismo, apoyan que las decis iones en materia de justicia e i nterior se
tomen con ma yoría cualifica da, c omo una forma de impulsar la s política s
europeas en este ámbito.

2.4. Las migracio nes en Europa en la última década del siglo XX

El panorama actu al de migraciones que s e pres enta en la UE y que se ha
ido gestando des de las últimas década s , es muy diversificado en raza s y
culturas y variable en destinos. No hay ningún país miembro de la Comunidad
que no acoja a un importante núme ro de extranjeros entre su población, bien
sea en situación de regularida d o irregularidad.

2.4.1. Los flujos migratorios d esde el Este hacia el Oeste de Europa

En es ta línea, c on la caída del Muro de Berlín, en noviembre de 1989, lo s
países de Europa Centra l y Oriental han e xperimentado pro fundos cambios
estructurales, económicos y políticos. De un s istema cerrado y descentralizado,
caracterizado por un a baja movilida d internacional, se ha exper imentado una
transición hacia una política migratoria "de puertas abiertas" liberalizada. En
este sentido, Mérida Rodríguez (200 3) indica que l a migración e n masa Este -
Oeste, que s e temía que acaeciera a principi os de la década de los noventa del
pasado siglo no se ha llegado a producir, pero la migración inter nacional ha
aumentado de manera considerable entre los países de E uropa, así como desde
y hacia la Unión.

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Al mismo tiempo, muchos flujos migratorios internos y tradiciona les s e ha n
convertido en flujos i nternacionales debido a l a cre ac ión de nue vos Estados
independientes. Más apreciable ha s ido la vertiginosa subida que se ha
producido en los movimientos irregulares, tanto de los que acceden de forma
ilegal como de los clandestinos, al igual que la cantidad de solicitan tes de asilo
y de personas desplazada s internamente.

Las presione s en los países receptores y el flujo incesante de m igrantes
suponen dos serios problemas: por un lado, s i son aceptados nuevos
inmigrantes y/o solicitantes de asilo y a qué condiciones van a es t ar s ometidos
y, por otro lado, cómo afrontar las neces id ades, intereses y obligacio nes de
este colectivo, que e n la mayoría de los cas os s e establecen y van a formar
parte de estas nuevas sociedades de acogi da. De es te modo, c omo indi can
Checa y Arjona (2013: 7 7) los grupos de inmigrantes que van llegando “
se
enfrentan al rechazo abierto o a una integr ación s ubordinada, pue sto que las
creencias de los otros s on, c asi siempre, vis tas com o e lementos de
fundamentalismo, lo que equivale a focos d e conflicto o choque
”.

Se ha argumentado que estas nu evas formas de migración están
relacionada s con transformaciones fu nd amentales de las estructuras
económicas, s ociales y políticas e n la época posterior a la Guerra Fría, siendo
uno de es tos cambios el proceso de mundialización, que supone una
convergencia reciente de economías, mercados y culturas y qu e fomenta la
migración internacio na l.

Indica Cachón (2009) que conjuntamente a la mundialización de los
movimientos de capital y del comercio, e s posible que l a e closión de
mecanismos de cooperación económica regionales tenga importantes efectos
en los procesos migratorios a nivel mundial, aunque no que da clar o cuá les son
exactamente esas repercusiones, al tratarse de una relación un t anto compleja.

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2.4.1.1. Los nuevos tip os de migracio nes: geográficos, étnicos y otros

Durante todo e ste último decenio del s iglo X X, Europ a Cen tral y Orie ntal se
ha distinguido por las migraciones étnica s y por algunos tipos nuevos de
migración q ue Okolski (1998) señala a c ontinuación:

 La migración de tránsito p or personas de dentro y fuera de
la región que inten tan marchar p ara establecerse en Europa
Occidental.

 Las personas que abandona n sus pa íses de origen para
buscar protección por diversos motivos.

 Los movimientos susta nciales entre los estados he rederos
de la a ntigua URSS.

A e ste res pecto, ex isten flujos más s electivos desde el punto de vista
geográfico:

 El é xodo de traba jadores temporales hacia occidente ,
citando a modo de e jemplo a alb aneses que van a trabajar a Italia y
Grecia, estonios y rusos que parten a Finlandia, rumanos a Israel,
checos, búlgaros, polacos y húnga ros hacia A ustria y Alemania…

 Los flujos de traba jadores intra -regionales, sobre todo,
ucranianos, bielorrusos, rumanos y rusos h acia la Rep úblic a Che ca,
Hungría y Polonia.

 Las entradas de trabajadores, en su mayoría cualificados,
que provienen de Europa Occidental, e specialmente a la Rep ública
Checa, Hungría y Po lonia.

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 Las migraciones de retorno, com o son los cas os de polacos,
búlgaros y ruma nos.

 Las migraciones étnica s de Polonia, Rumania y la antigua
Unión Soviética, hacia Alemania, I srael y EE.UU.

De este modo, podemos indicar que
“el 8 0% de los trabajadores de los
PECO (Países de Europa Cen tra l y Oriental
)
que ha emigrado a la UE res iden en
Austria y Ale mania. Los países candidatos fronterizos con la UE son los
principales países de origen de e sta inmigración, hablamos de un 50%
procedente de Polonia, de un 17% de Ruma nía, 16% de Hungría, 1 1% de las
Repúblicas Checa y Es lovaca. Estos datos mue stran que, en las decis iones de
migración, jue ga un pa pel clave la proximidad geogr áfica, lo q ue a su vez
anima a la m igración temporal”
(He rrado r y Pampillón, 2001: 12).

Asociado a estos tipos de migra ción, encontramos un amplio abanico de
flujos de personas, más bien a corto plazo, re laciona dos con “turismo labora l” y
pequeño comercio, que va a traer consigo un significativo movimiento entre la s
fronteras internacionales. Este tránsito de personas que nunca s e ha bía incluido
dentro del fe nómeno migratorio, se está e mpezando a e rigir co mo tal por su
volumen, trascendencia económica y novedad.

Haciendo referencia a ell o , Roig Vila (2002), ha analizado estos
movimientos con suma rigurosidad clasificándolos como ‘migración incompleta’,
es decir, situación en la que los protagonistas em prenden viajes de manera
frecuente y de corta d uración, con la finalidad principal de lle gar a alcanzar un
estado de bonanza económica. En e stos casos, la persona no pierde su
referencia de origen, su país, y sigue conservando allí su casa, s u res idencia.
La s distancias que se suelen recorren son por re gla gene ral cortas , en
ocasiones tan sólo se cruza la frontera del país vecino. Aunque la permanencia
en el extranjero puede ser medida mejor en días que en s emanas , a lo largo de
un año y haciendo un cómputo global, las cifras desvelan que los migrantes

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pasan la mayor parte del tiempo fu era, en el extranjero, que en su propio
hogar.

A pesar de los múltiples movimientos de població n originados en la última
década del siglo pasado de sde zonas del este de Europa hacia el oeste, no
podemos considerarla como un a é poca marc ada por este tipo de migración. Es
más, ya des de 1990 a 19 93, el tránsito hacia los países occidentales
procedentes del es te de Europa empezó a reducirse. A modo de ejemplo,
Alemania, país que llega a engrosar entre su población a las dos terceras y tres
cuartas partes de todos los emigrantes del Este de Europa que llegan a la UE, la
inmigración neta de l os polacos descendió de manera progresiva desde 1990, lo
mismo ocurr ió con los húngaros que vieron reducido su número a partir de
1992, o como el c aso de búlgaros y rumanos que desde mediados de 1993
sufrieron las mismas consecuencias. De este modo, s eñala Ok ólski (20 08), t an
sólo las cifras de los ciuda danos provenientes de la Federación Rusa han
permanecido relativa mente estables en estos últimos a ños.

Al mismo tiempo, las migraciones permanentes se transformaron en
migraciones temporales ocasionando un descenso en el número de peticiones
de asilo. Por lo gene ral, a pes ar de la liber aliza ción de las regulaciones y de la
implantació n progresiva de libe rtad de movimiento e n los países d e origen, y de
un verdadero incremento de la movilida d d e la población en los países de la
Europa del Este, e l fl ujo hacia Occiden te había empez ado a dec recer en el
decenio de los noventa del pasado siglo, sin haber alcanzado en ningún
momento cotas espectaculares.

Señalan Blanco (2006) que e l motivo primordial de esta sig nificativa
tendencia a l a baja podría deberse a la pasividad y abandono po r parte de
Occidente de una política de trato prefe rencial a l as pers onas procedentes de
países del Este de Europa, sie ndo e stos núcleos poblacionales sometidos a una
estricta normativa en lo referido a movilidad y permanencia por parte de los
estados receptores.

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Aparte de los desplazamientos involuntarios producidos por la crue nta
limpieza étnica e n la extinta Y ugoslavia, se establecieron dos importantes
itinerarios de migraciones é tnicas: por un lado, grupos de personas de o rigen
étnico alemán de estados del Este como Polonia, Rumania , an tigua URSS , hacia
Alemania; y , por otro lado, judíos de l a antigua URSS a Israel, Ale mania y
EE.UU.

Asimismo, las corrientes migratorias gene rada s por conflict os armados que
han derivado en limpiezas étnicas, sobre todo en la antigua Yugoslavia, también
se han producido en Chechenia, Abjasia, Os etia del Sur, Nagorno Karabaj, y
otros países como M oldavia, Armenia y Georgia, que han s ufrido una convulsa
transición después de la desmembración de l a Unión S oviética. En esta lí nea, el
Colectivo IOE (2001 : 14 ) señala que “
las pr incipales

corrientes son producidas
por el desplazamiento de minorías étnicas, por los conflictos bélicos (ex-
Yugoslavia, Armenia -Georgia) y por la movilidad de mano de obra que busca
empleo en economías más desarrollada s. Existe una inmigración de tránsito que
pretende llegar a los países de Europa occi dental, pero se ve retenida por las
medidas res trictivas adoptadas por lo s países receptores. En es tas
circunstancias se incre menta la inmi gración irregular desde los países
fronterizos de Alemania (Polonia, República Checa y Eslovaquia), de Austria y
Grecia (Hungría y Bulga ria) y de Suecia (países báltico s).

Se estima que en la última déca da del siglo XX, m ás de dos millones y
medio de pers onas de origen al emán y algo más de un millón de personas, de
origen judío, e stuvieron inv olucrada s en estas corrientes de desplazamientos
anteriormente mencionadas. Otros flujos de pers onas, é stos de menos
volumen, aglutinaban en sus filas a finlandeses y griegos de la an tigua URSS y
personas de origen turco desde Bul garia . Por consiguie nte, se trata de una de
las principales ola s migratorias que se produjeron en este decenio en Europa.

En la his toria reciente, exceptuando al contingente procedente de Bosnia y
Kosovo, no se han prod ucido graves conflictos e n lo referido al tránsito étnico

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capít ulo 2. La Inmi graci ón en la Uni ón Europe a

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de es te a oes te. No obstante, los desplaza mientos en la antigua Yugoslavia
fueron enormes, teniendo en cuenta la población total del país ante s de
desmembrarse. De es te modo, Phuong (2000: 5), asevera que “
mientras un
millón de personas huyeron a otros países, principalmente a o tras r epúblicas de
la antigua Yugoslavia, al menos un millón más fu eron desplazadas
internamente
” . Asimismo, una importante mayoría de los que emigraban a
otros lugares e ran per sonas cuyos antepasados se establecie ron en los países
de origen hacía gene raciones y, por t anto, los lazos con s us patri as simbólicas
eran más bien débiles. Por cons iguiente, s e tiene n razones fund ada s para
argumentar, desde una visión global de los flujos migratorios actuales , que el
tránsito de personas provocado por conflictos étnicos puede pecar de un cierto
anacronismo.

Por otro lado, debería señalarse que la promoción, cuando no el
reclutamiento activo de migrantes, llevado a cabo por los organismos de
gobierno o p or ONG ´s que re presentan el país de destino , ha contribuido a
acelerar este movimiento . La descripción de las tendencia s recientes en las
migraciones este-oeste sería aún más incorrecta si no se hiciera mención del
flujo hacia el e xterior de re fugiados y personas que necesitaba n s er protegidos
provisionalmente.

2.4.1.2. El caso específico de la antigua Yugoslavia

Nos centra mos en la antigua Y ugoslavia, por se r un cla ro ejemplo de
variedad étnica, en la última década del siglo XX más de un millón de personas
de esta nación buscó e n los países occide ntales refugio y protección. El análisis
de este hecho ha de ser tratado d esde una perspectiva más amplia.

En total, e ntre 1991 y 1999, más de un millón de personas de la antigua
Yugoslavia buscó algún tipo de protección en Occidente (Baucic, 1999). El fl ujo
de aquellas personas tiene que analizarse des de una pers pectiva q ue vaya más
allá de sencillamente pens ar que en los antiguos países comunista s se levantó
el "telón de acero" . Incluso cuando contamos todos los tipos de movimientos de

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2.4.1.3.3. Las migraciones de trá nsito

Correspondería a la tercera de la s corrient es originadas por el tránsito
incesante de personas desde todos los punt os del centro y este de Europa a
diferentes destinos. Este flujo const ante hacia la zona oc cidental s e está viendo
favorecido por l a i ntromisión de redes internacionales per fectamente
es tructurada s y organizadas que se dedican al tráfico de personas, por lo que
estos movimientos est án a dquiriendo un cariz ilícit o e ile gal y unos tintes
dramáticos en es a tr ansición hacia la tan deseada vida de bienestar. Para evi tar
este lacerante tránsito humano, las Nacione s Unida s aprobaron mediante la
Resolución 54/212 de la Asamblea Gene ral de las Naciones U nida s , de 2 2 de
diciembre de 1999, el Protocolo contra el Tráfico Ilícito de Migrantes por Tierra,
Mar y Aire, para fortalecer la cooperación inter nacional en la esfe ra de las
migraciones y el desarrollo, con el fin de aborda r las causas fundamentales de
este fenómeno.

Como c onsecuencia de la s políticas migratorias liberalizadas recienteme nte
que posibilitan atravesar los lími tes fronterizos con rel ativa facilidad, l a
ventajosa situación geográ fica y la ine xperiencia en la lucha contra la
inmigración ile gal, los países del centro y es t e de Europa se han convertido en
la antecámara para el asalto definitivo hacia los países de des tino , alzándose,
en este caso, como e lección principal Ale mania por poseer una amplia frontera .
Son muchos los autores que traba jan sobre estos temas relacio nados con la
libre circulación de personas, como Rebollo Vargas (2009) que a nalizando la
normativa internaciona l vigente s obre e stas materias, incide en la necesidad de
que los países miembro s de la Convención de Naciones U nidas contra l a
Delincuencia Organizada Transnacional, de 1 5 de noviembre de 2000, traba jen
conjuntamente pa ra ev itar el t ráfico ilícito de personas por el territo rio de la UE.

Esta función de tránsito, antes de acometer el tramo final del viaje hacia el
lugar elegido por el migrante, s uele recaer en países como Polonia y Republica
Checa que hacen front era con la codiciada Alemania. Otras naciones de esta

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zona ejercen e l rol de centros de movilización o de eslabo nes intermedios e n las
migraciones. En este sentido, habríamos de se ñalar a los países de la
Comunidad de Estados Independie ntes (CEI) cuyos límites fronterizos s on muy
extensos y normalmente poco vigilados.

2.4.1.4. Los flujos por los p aíses del Este de personas de otros co ntinentes

A principios del presente siglo, se ñalan Delga do y Anchuelo (2002), los
movimientos migratorios hacia Occidente se convierten en una problemática
generalizada e n todas las naciones de esta gran zona. Se gún estimaciones de
los países que conforman el centro y e ste de Europa, oscilan e ntre 200.000 y
250.000 las personas procedentes de los continentes asiático y africano que se
hallan en estas regiones en un moment o determinado, con la inte nción de dar
el salto a Occidente.

Un estudio reciente revela que naciones como Rusia, Ucrania y B ielorrusia
se encuentran entre los primeros países de tránsito. Polonia es otro claro
ejemplo de lugar de transición para continuar el viaje hacia otras zona s de
Europa. Se calcula que en torno a 4 0.000 pers onas transi tan de forma ilegal
anualmente entre las fronteras de Pol onia a Ale mania. En estos guarismos se
sitúa también la República Che ca, con la s alvedad que el perfil étnico varía de
forma signif icativa, pre dominando entre es ta población los habitantes del
sureste asiático (indios, pakistaníes, afganos, esrilanqueses, bangladesíes… ) .
Otro importante núme ro lo ocupan los migrantes con pasaporte chino,
vietnamita, ira quí e iraní, que con frecuencia se encue ntran en estas listas de
personas que se establecen de manera tempora l en e stas zonas para reanudar
su marcha.

El trá fico de extranje ros en a lgunos pa íses del este de Europa es un
fenómeno muy reciente . Se re gi stran casos de tráfico de menores de s d e
Ucrania y Rumania hacia Hungría con la fi nalidad de se r empleado s para e l
negocio de la prostitu ción, o com o e l caso de ciudadanos vietnamitas que s on

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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trasladado s a Polonia para allí ilegalmente ser contratados en empresas
gestionadas por otros vietnamita s (Okólski , 2008).

Finalmente, y como hemos comentado en el párrafo anterior, ocupando un
relevante puesto en las cifras que determinan las migraciones de tránsito, e l
tráfico de personas e n nu estros días, se es tá erigie ndo en un a actividad ilegal
altamente rentable y, al mismo tiempo, bien organizada y estructura da,
dotándose de impor tantes infraestructuras y modernas tecn ologías, y
recurriendo a relaciones internacionales entre organizaciones criminales y a los
vínculos entre los delincuentes y los guardias fronterizos o la polic ía. Debido a
su r entabilida d y a la elevada demanda de los servi cios de las re d es de tráfico
por parte de los emigrantes potenciales, se puede prever que se convertirá en
un fenómeno de larga duració n.

2.5. El incremento dem ográfico en la Unión Europea

Dentro de los países que configuran la U nión Europea, Es paña ha ocupado
el primer puesto, en lo refe rido a incremento de la población, en e stos últimos
años. En el año 200 7 se celebró el 50 aniversario de la firma del Tratado de
Roma, el origen de la actual Unión Eu ropea. De sde la incorporación de las se is
naciones fu ndado ras (Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Países Bajos y
Luxemburgo) se han producido c ontinuas ampliaciones, hasta conclu ir con el
ingreso de Bulgaria y Rumania. El gra dual incremento de países a la Unión
Europea y el ve rtiginoso ascenso de los flujos migratorios han propiciado que la
población alcance los 49 5 millones de personas, s egún los da tos publicados
recientemente por Eurostat (2010) .

La causa principal de este crecimiento pobla cional se de b e
fundamentalmente al movimiento migratorio que están experimentando los
países que conforman la franja occidental, muy por encima del aumento natural
de la población. El fenómeno de la inmi gració n, es por tanto, uno de los hechos

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capít ulo 2. La Inmi graci ón en la Uni ón Europe a

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a nivel social y económi co más significativos en la sociedad e uropea en estos
últimos tiempos. La re levancia de e ste grupo poblacional s e hace prese nte en
diferentes parámetros (demográficos, l aborales, económicos, etc.), trastocando
sustancialmente los cánones tradicionales de c recimiento seguidos hasta ahora.
Las corrientes migratorias y la influencia que ejerce n sobre los países miembros
de la Unión Europea quedan perf ectamente reflejadas en las e stadística s
demográfica s publicad as por la Agencia Europea de Es tadística . En este sentido,
la migración neta aportó 1.65 millones de personas, es decir, más del 80% del
incremento total en estos últimos años.

Como hemos re señado con anterioridad, el estudio de los datos muestra
que en la mayoría de los estados miembros de la Unión Eur opea, e l incremento
en cifras de la inmi g ración es bastante superior al aumento natural de la
población. La mayor contribución de inmigrantes las registraron España, Italia y
Reino Unido, aportando un 70% del tot al de la Unión Europea. En el lado
opuesto, nos encontramos con Dinamarca, F rancia, M alta, H olanda y Finlandia,
donde su crecimiento natural positivo aú n se mantiene en el principal agente
para el increme nto demográfico. El crecimiento total de la población fu e escaso
en la mayoría de los p aíses, dándose el mayor dinamismo en Irlanda donde la
población total aumentó un 2.43%, s eguido de Chipre con un 2.30% y España
alcanzando un 1.7%; por el co ntrario, Ale mania, Est onia, Le tonia, Lituania,
Hungría y Po lonia sufri eron un desce nso e n sus cot as de población como
consecuencia principal del deterioro de su crecimie nto natural. No obstante,
Alemania sigue siendo el país con mayor número de población de t oda la Unión
Europea cerca no a los 83 millones de habitantes.

Debido a la gran afluencia de nacionales de terceros pa íses l a Unión
Europea ha intentado dot arse de ins trumentos de contro l y regulación que
abarquen todo s u territorio. En respuesta a esta situación, se a probó “
el
Tratado de Ámsterdam que pretende se r una re s puesta favorable de los
estados mie mbros a las presiones de la opinión pública y otras fue rzas políticas.
Así, se pretende lograr un a m ayor seguridad y e stabilidad dentro del espacio

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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comunitario. El Tratado es tablece e l objetivo de mantener y desarrollar un área
de libertad, seguridad y justicia con la pretensión de garantiza r la libre
movilidad de los ciudadanos comunitarios, c onjugando medid as co n respecto a
los controles de la fro ntera externa, e l asilo, la inmigraci ón, la preve nción y el
combate del crimen organizado
” (Alba y Leite, 2004: 8).

En este orden de cosa s, el perfil de la inmigración difiere dependiendo del
país mie mbro. La reag rupación familiar e s m uy significativa e n naciones como
Francia, Austria o Sue cia; por el contrario, e stado s como Irlanda, Portuga l y
Reino Unido entre otros alcanzaron cifras rele vantes en lo refe rido a
inmigración laboral. En nue stro país se efectuaron importantes regularizaciones
mientras que Francia, Ale mania y Holanda s e decantaron por regularizaciones
limitada s para determinados grupos de inmigrantes.

Los colectivos mayoritarios de terceros países en la Unión Europea son los
procedentes de Turquía ce rcanos a los dos millones y medio, los provenientes
de Marruecos que superan el millón y medio, los alban es es que rondan el millón
de personas y los argelinos con más de medio millón. No obstante, la cifra de
ciudada nos de o tros E stados miembros com o Franci a, Hol anda, R eino U nido y
Suecia nacidos en el extranjero es superior al número de nacionales de tercero s
países, puesto que muchos inmigrantes obtuvieron la ciudadanía de la nación
de acogida.

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 3. La Inm igració n en España

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Capítulo 3. La i nmigración en España

El estado español se ha conve rtido en un país receptor de pers ona s
inmigrantes, aunque en compara ción con otros países de nuestro entorno,
miembros de la Unión Europea, el número es sensiblemente menor. Actualmente,
éste es un fe nómeno muy relevante en nuestra sociedad y tiene una
trascendencia significativa, considerando to dos los ámbitos que hay que tener en
cuenta. Aun que, por otra parte, debido a la coyuntura e conómica por la que es tá
atra vesando nue stro p aís, nos e stamos convi rtiendo en emisores de personal muy
cualificado que no e ncuentran aquí, salidas profesionales acordes con sus
capacidades t écnicas y conocimientos académicos

3.1. La inmigración en e l primer lustro del siglo XXI

Entre los años 2001 y 20 06 la población es pañola dio un gran salto tomando
un primordial impulso la inmi gración. En apenas cinco años, s e duplicó e l número
de ex tranjeros: de 1.370.657 en 2001 , a más de 3.880 .000 personas en 2006,
según dat os del padrón recogidos por el INE (20 07). Buena parte de ellos, sin
embargo, todavía se encuentran en un laberinto de difícil salida. D urante el año
2003 se trabajó por es tablecer dentro del ordenamiento jur ídico un a mejora e n las
líneas de a ctuación y a exis tentes, como era el favo recer la situación de los
inmigrantes le gales, combatir la inmi gración ilegal y el tráfico con pers onas y, por
último, incorporar e n nuestra legislación los distintos compromisos qu e se derivan
de formar part e de la Unión Europea.

Según lo referido a este apartado normativo, hay que señalar dos cambio s en
la Ley Orgánica 4/20 00, sobre derechos y liberta des de los ex tranjeros en España
y su integración s ocial, a través de la Ley Orgánica 11/20 03, de 20 de septiembre,
de medidas concretas en materia de segurida d ciuda dana, violen cia doméstica e
integración socia l de los extranjeros, y la Ley Orgánica 14/2003, de 20 de
noviembre. En este sentido, tendríamos que mencionar la aprobación del Real

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Decreto 178/2003, de 14 de febrero, sobre entrada y permanencia en España de
nacionales de Estados miembros de la Unión Europea y de otros Estados , lo cual
parte del Acuerdo s obre el Espacio Económico Europeo, y el Real Decreto
1325/2003, de 24 de o ctubre, por el que se a prueba el Reglamento sobre ré gimen
de protección temporal en ca so de afluencia masiva de personas d esplazadas.

3.1.1. Programas gubernamentales para la ins erción de las personas
inmigrantes

En esta línea, se está n llevando a cabo distintas iniciativas plas mada s en
progra mas, tenden tes a interve nir con e ste colectivo de personas, que cada vez
ocupa un mayor núme ro en el se ctor de població n. El Program a GRECO (2001 -04),
fue una iniciativa que part ió de las propuest as elaboradas por los ministerios que
t en ía n competencias en materia de inmi gració n, bajo coordinación de la
Delegación del Gobierno pa ra la Extranjería y la Inmigración. Fue un programa que
orientado a l a regulación y coordinación de la ex tranjería y la inmi gració n des de
todas sus dimensiones, puso la mirada en las repercus iones que este grupo de
personas tendría en su lugar de re sidencia. Las líneas de actuación del programa
las podría mos resumir en las siguientes:
 Diseño global y coo rdinado de la inmi gración como fenómen o
deseable para E spaña, en el marco de la Unión Europea.
 Integración de los re sidentes extra njeros y de sus familias, qu e
contribuyen activa mente al crecimiento de nues tro pa ís .
 Regulación de los flujos migratorios para gar antiz ar la convivencia en
la sociedad española.
 Mantenimiento del sistema de protección para los re fugiados y
desplazados.
Entre las actuaciones que comprenden estas líneas básicas que acabamos d e
describir estarían las siguientes:

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 3. La Inm igració n en España

- 135 -
 Estudiar el hecho de las migraciones en nu estra nación y su
prospección, dotando al Observatorio Pe rmanente de la Inmigración de los
instrumentos necesarios para poseer una mayor capacidad de anális is en lo
referido a las magnitudes y características de l fenómeno migratorio y , de
ese modo, canalizar lo s flujos migratorios y garantizar que estos colectivos
de pers onas puedan integrarse en la sociedad. En este se ntido, se crea y
articula un sistema de búsqueda y recepción de la información, t omando
como ins trumentos fu entes primarias (datos de entrevis tas o cuesti onarios,
informes de los s erv icios sociales, organizaciones o asociaciones... ), y
fuentes secundarias (estadística s oficiales, estudios sectoriales...).
 Coordinar a las diferentes Administraciones Públicas (autonómicas y
locales) que trabajen con indicadores refe rido s a los flujos migratorios para
obtener un conocimiento glo bal de esta realidad. Las nu evas te cnologías
posibilitará n el que se produzca el in tercambio entre las distintas
administraciones en las informaciones s obre e ste fenómeno (caracterís ticas,
tendencias y conductas).
 Determinar el número de inmigrantes como su cualificación y
tipolog ía de cara a cubrir pues tos de trabajo según sectores y su
localización geog ráfica.
 Establecer vías de comunicación entre los distintos agentes sociales
que interactúan en el ámbito laboral, principalmente entre patronal y
sindicatos. En es te punto se analizará com o se diversif ica la mano de obr a
en el mercado de trabajo nacional y sus perspectivas de futuro.
 Ordenar la llegada de inmi grantes desde los países de origen, a
través de la firma de convenios que re coja n cada un o de los aspectos del
fenómeno migratorio. Se entablarán negociaciones con los países desde
donde lle guen masivamente mayor número de inmigrantes , e n las que se
contemplen la contrat ación de trabajadores foráneos, visados, readmisión
de nacionales propios y de terceros Es t ado s en trá nsito, ayuda al
codesarrollo, etc.

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 Formar a inmigrantes de manera integral con vistas a convertirlos e n
agentes de desarrollo cuando regresen a sus países de origen. Programas
tendentes hacia la consecución de una formación que sirva para d inamizar
los procesos de desarrollo de los países de origen y, de ese modo, construir
sistemas económicos y sociedades más igualita rias donde se pueda
absorber la mano de obra propia. En e ste sentido, se promoverá la
concesión de microcréditos para proyectos de desarrollo y cooperación
social en los pa íses de origen.
 Hacer partícipe a España en las políticas comune s de inmigración,
fronteras y asilo de la Unión Europea. Estas ac tuaciones s e materializarán
en la intervención de propuesta s para el desarrollo del Titulo IV del Tratado
de la Comunida d Europea , referido a las acciones y fin alidades de la
Comunidad en materia de inmigración y libre circulación de personas.
 Crear cauces legislativos para que los extranjeros posean la
capacidad de optar a los derechos fundamentales en igualdad de
condiciones que los na cionales (asistencia sanit aria, derecho a la e ducación,
plena integración e n la sociedad por medio , entre otras, de la reag rupación
familiar,

la constitución del Consejo S uperior de Política de Inmigra ción o e l
funcionamiento del Fo ro para la Integración Social de los Inmigra ntes,

libertad de credo desde el respeto a la diversidad, etc.).
 Avanzar en el trabajo dentro de los consulados con e l aumento de los
recursos y pues ta a punto de todas las inf raestructuras para atender las
necesidades existentes. Un elemento importante en es te cometido, será la
formación especializada de t odo el personal re lacionado con esta área. Por
otro lado, han de re fo rzarse todos los me dios para combatir la utilización
fraudulenta de documentación falsa dentro del territorio nacional. En este
sentido, se van a es t ablecer unidades organizada s en la luch a contra la
desarticulación de red es de inmigración ile g al y la detección y pers ecución
de situaciones de explot ación a extranjeros en nuestro territorio.

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Durante el año 2001 se firmaron tres convenios para con trola r los movimie ntos
migratorios con los s iguientes países: Ecuador, Colombia y Marruecos.
Posteriormente, se han e stablecido nuevos acuerdos con otros importantes países
de procedencia como son Bulga ria, Guinea Bissau y Mauritania. Una m ención
especial merece e l re la nzamiento de las relaciones bilaterales con Marruecos en
esta área, reflejadas e n las conclusiones del encuentro de alto nivel que tuvo lugar
en Marrakech, el 8 y 9 de diciembre y la firma del Memorando so bre menores el
23 de diciembre de 20 03. Las directrices de los acuerdos estaba n orientada s a
prevenir las entradas clandestinas de pers onas y la explotación e n el trabajo que
sufre este tipo de colectivo, y máxime si s e encuentran en situación de
irregularidad. Como detallan Carrasco Carpio y otros (2003), lo s puntos más
importa ntes de es tas resoluciones eran entre otros:
 Informar de las distintos ofertas laborales por medio de la Embajada,
especificando el númer o de plazas que se requieren y el perfil del puesto de
trabajo.
 Seleccionar a las personas que se pres entan con la participación de
los responsables de la contratación y evaluar las condiciones de su viaje y
estancia.
 Garantizar la igualdad de derechos en el desempeño de las tareas
como la de cua lquier nacional.
 Promulgar órdenes o dis posiciones tipificadas donde se regulen la s
actividades de los t emporeros.
 Facilitar programas orientados a la vu elta voluntaria para los
trabajadores inmigrantes.
Las acciones dirigidas a posibilitar el acces o a España de personas de otros
países, tomando como referencia las demandas del mercado laboral, se traduj eron
en un incremento en la concesión de autorizacio nes de trabajo durante el año
2003, valiéndose de la normativa recogida en el Acuerdo del Cons ejo de Ministros

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De este modo, Atienza (2007: 36), señala que “
las políticas mig ratorias de
control de flujos son cada vez m ás restricti vas, en res puesta a la pres ión de l a
oferta de potenciales migrantes. Las frontera s norte -sur se han convertido en
lugares de creciente tensión en las que opera n mafias que llevan a su de s tino a los
migrantes a c ambio de cuantiosas sumas de dinero, y en las que operan
sofisticados sistemas de vigilancia y seguridad
” .

Según los datos del Minis terio del Interior la lucha contra la inmigración
irregular e n los años 20 08 y 200 9 se tradujo en un a espectacular subida del
número de repat riaciones de extranjeros en situación ilegal. El número de
repatriaciones de este colectivo de inmigrantes ilegales sufrió un incremento de un
20.8% más que las efectuadas durante años anteriores. La procedencia de la
mayoría de los re patriado s fue , por este orden, nacionales de países como
Rumania, Marruecos, Bulgaria y Ecuador, q ue conformaron e n to rno al 77% del
total de repatriaciones. El protocolo de intervención con los repatriados comienza
con el ingreso en los distintos Centros de Int ernamiento, previa a utorización
judicial, por un e spaci o de tiempo no superior a los cuarenta días. La incesante
llegada de inmigrantes de distintas nacionalidades originó que se mejorasen todas
las inf raestructuras e instalaciones que albe rgaban a es te colectiv o; además, se
crearon dos nu evos centros para dar cabida a e sta marea humana que no cesaba ,
los puntos geográficos y estratégicos elegidos fueron Algeciras y Tenerife.

Durante todos es tos años , de sde el 2000 hasta la actualidad, se ha mantenido
la tónic a de control y s eguridad por parte de las autoridades competentes en
nuestras costas. A e ste res pecto, un paso importante se ha producido c on la
consolidación del SIVE (Sistema Integrado de Vi gilancia Exterior), que ha supuesto
el dar mayor cobertura a las costas y fronteras exteriores. De este modo, no sólo
se lucha contra l a inmigración ile gal de aquellas personas que intenta n acceder a
territorio nacional de forma irregular, s ino que se combate directame nte contra el
crimen organizado d e las mafias y la delincuencia transnacio nal.

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 3. La Inm igració n en España

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En e ste sentido, podemos señalar que a lo largo de año 20 0 9 se realizaron en
torno a 950 actuaciones por parte del Minist erio del Interior. Estas intervenciones
supu si eron la detención de ce rca de 19.200 personas, lo que significó un aumento
con respecto a años a nterior es de un 15.03%. Las ví as de acceso hacia nuestras
costas preferenteme nte escogidas p or est e grupo de personas y donde se
produjeron e l mayor número de deten ciones, fue ron la zona del Estrecho y las
Islas Canaria s.

3.2.3. Algunas cifras sobre la inmigración irregula r en es te período

Ante tal panorámica re flejada en los datos e xpuestos a lo largo del capítulo, e s
complejo el conocer la cifra actual de inmigrantes irr eg ul ares que residen en
nuestro país, debido principalmente a s u gran volumen y a las vías y formas de
acceso que los tra en a España. Normalmente , el estudio de esta población s e
realiza a tr avés del análisis compara do entre dos fuentes de i nformación, la que
nos proporciona el An uario Estadístico de E xtranjería del Minis terio del Interior,
que recoge el número de extranjeros con pe rmiso de re sidencia en vigor y, por
otro la do, los datos que el censo de població n posee so bre los re sidente s
ex tranjeros.

Según los datos facilitados por el I.N.E., del 1 de enero de 2 009, p or
nacionalidades, los ciuda danos procedentes de Ib eroamérica acapa ran ca si la
mitad de la bolsa de inmigrantes en s ituación irregular (490.750), principalmente
los ecuatorianos (104.245), los bolivianos (89.064), argentinos (67.840) y
colombianos (60.793 ). Por su parte, la bolsa de irregulares marroquíes se situaría
en 69.898 personas.

En cuanto a l os extranjeros procedentes del Áfri ca occidental (Cabo Verde,
Senegal, Guinea Bis sa u, Ghana, Guine a Ecuatoria l y Mali), el padrón de 2010 ten ía
registrados a un t otal de 84.499 personas, mientras que 60 .401 consta ba n como
titulares de un a autorización de re sidencia, d e forma que casi un tercio e staba n en
situación de irregularidad.

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Al conocer estas cifras se rompe un poco con los esquemas del perfil que
tenemos de la persona e n situación i rr eg ul a r que deambula p or nues tras calles, es
decir, el estereotipo de persona del Magreb o del Áfri ca Subsahariana que llega a
nuestras costas e mbarcado en débiles cayucos o en pateras o que entran por las
fronteras terres tres e scondid os e n camiones. Esa imagen ha de cambiar, p orque
es tan sólo una pequ eña minoría la que p ermanece e n nuestro país y que se
encuadra en este retrato robot. A m odo de ejemplo, no lle gan a 97.000 los
marroquíes que se encuentran en España des empeñando distintos trabajos, según
datos de la Dirección Gene ral de Política Migratoria (20 0 8), lo cual a todas luces se
superó ampliamente e n años p osteriores. Lo que pone de manifies to que s e ha
dado un giro copernicano en la concepción de inmigrante ilegal, e imponiéndose
cada ve z más el modelo de persona que lle ga a nue stras Comunidades Autónomas
a través de los aeropuertos en condición de falso turista proveniente de
Sudamérica o de algún país d el Este de Europa.

Las personas inmi grantes suponen también una iny ección en las finanzas de
los países de recepción y de origen. La contribución e conómica qu e supone a las
arcas del Estado, las aportaciones de las personas inmigrantes es digna de
resaltar. En e ste sentido, San d e r (2006: 5) afirma que “
en or den de maximizar l a
entrada de dinero por materia impositiva, las autoridades españolas permitieron
registrarse a aquellos que s e encontraban "sin papeles" pero que contaran con un
contrato d e trabajo y habían permanecido en e l país por más de seis meses
”.

No ob stante, los datos facilita dos po r el INE están en esta oc asión má s
depurados. Entre otra s cosas porque existe una norma que ya se aplica y que
obliga a los ex tranjeros a renovar la inscripción en e l padrón cada dos años. En
caso contrario, s on excluidos. Según los datos facilitados por e s te organismo, la
proporción de e xtranjeros e n España aument ó desde el 8,5 por ciento hasta el 9,3
por cie nto entre el 1 de ene ro de 200 8 y el 1 de enero de 200 9. Las comunidades
con mayor concentración de foráneos fu eron Baleares (16,8%), Comunidad
Valenciana (13,9% ), Murcia (13,8% ) y Madrid. Cataluña, Canarias y La Rioja
también superaron e l 10 por ciento. P or el contrario, las comunidades autónomas

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 3. La Inm igració n en España

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con menor proporción eran Extremadura (2,5%), G alicia (2,7% ), Asturias (2,8),
País Vasco (4,0% ) Ceuta (4,1% ), Cantabria (4 ,2%) y Castilla y León (4,2%). En el
resto de comunidades e l porcentaje s uperó el 5 %, pudiéndose observar , y s egún
datos estadísticos, que el núme ro de extranjeros ha bí a crecido en todas las
comunidades autó nomas.

Aquellas en las que se apreci ó un mayor incremento e n términos absolutos
fueron Cataluña, Comun idad Valenciana y Andalucía . Por e l contrario, los menores
aumentos s e produjeron en Ceuta, Melilla, Extremadura, Cantabria y Asturias. En
lo re ferido a nacionalidades, los más numerosos s e gu ía n sie ndo los marroquíes,
seguidos de los ecuatorianos, rumanos, los ciudadanos del Reino Unido,
colombianos, alemanes, argentinos y bolivianos.

El cuadro siguiente muestra los datos ofrecid os por la Asoci ación SOS Racismo
sobre la bolsa de irregulares en España a fecha 1 de enero de 200 9.
Cuadro 1 . La bolsa de irr egulares en España

Extranjeros con tarjet a o autoriza ción de
residencia en vigor, a 31 de diciembre de 2008.

Extranjeros empadrona dos al
1 de enero de 2009

Iberoamérica

1.064.916

1.214.400

Europa
comunitaria

661.004

916.100

África

709.174

741.600

Resto de E uropa

367.674

645.600

Asia

197.965

202.100

América del
Norte

18.109

162.000

Oceanía

1.919

-

. Total empadronado s (sin Europa comunitaria).......... .................................... ........... 2.965.700

. Total autoriza ciones de reside ncia (sin Europa c omunita ria) .................................... 2.35 9.657

Personas extracom unitarias empadronadas sin autori zación de reside ncia.................... 606. 043

Extranjeros no em padronados........ ....................................... .................................... 400. 000 aprox.

Total inmigrantes irregulare s ...................................... . ...................... .................... 1.000.000 aprox.

Fuente: SOS Raci smo (200 9).

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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3.3. La inmigración en e l tercer lustro del siglo XXI
Quizás una de las cara cterísticas más relevantes respecto al fenómeno de la
inmigración en e ste período y que ha m odificado l a demografía de algunas zonas
de nu estro país, es el retorno de un número s ignificativo de pers on as inmigrantes
a s us lugares de origen, debido a la fue rte crisis e conómica que a azotado de
forma la cerante a los sectores labo rales en los que ve nían des arrollando sus
actividades profesionales los colectivos de inmigrantes. Por otra parte, se es tá
produciendo una fu ga masiva de població n juve nil autóctona, altamente
cualificada , que busca una estabilidad laboral e n otros países e urop eos y en otros
continentes. De este modo, Prats Aznar (2014), afirma que casi se tecientas mil
personas han abando nado nuestro país en busca de oportunida des laborales.

Hay que des taca r que España no es el único país que acoge a personas
inmigrantes, los flujos migratorios tienen una relevancia internacional y se están
produciendo diversas s ituaciones que atañen a multitud de países, incluyendo los
de origen y destino de las personas inmigrantes. Qu izás esta sea la razón por l a
cual la Unión Europea ha decidido abordar es ta temática con interés, porque es
preciso que todos l os países europeos traba jen c onjuntamente para intentar
solucionar el fenómeno migratori o.

Los derechos humanos no son para un os pocos, sin embargo, m uchas ve ces
así lo parece, cuando s e vive en otro país distinto al propio. Nos encontramos con
muchos ca sos de racismo, discriminación y desigualdad, tanto en el terreno
labora l, como en lo qu e se refiere a la elección de los estudios de los hijos, la
cobertura s anitaria, e tc. Por estos mo tivos, Llorent (201 4: 1 7) indica que “
los
estados han de reconocer y apoyar la dive rsidad cultural, así como los dere cho s
educativos de las minorías, garantizando s u desarrollo. Dejando d e enten der que
los sistemas e ducat ivos tienen como función ins truir o transmitir un os
determinados conocimientos, s ino que además deben integrar a los estudiantes en

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capí tul o 3. La Inm igració n en España

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una cultura que tiene distintas dimension es: lengua, tradiciones, creencias,
actitud es, formas de vida...
”

En nuestro país la inmigración hay que empeza r a verla como una p o sibilidad y
no como un problema, siendo normal que se hable, s e escriba, se legisle y se
actúe considerando a las pers onas inmigr antes co mo fuente de todo ti po de
problemas. En algunos sectores se habla inclus o de “la invasión tercermun dista” y
de masas hambrientas, harapientas y desarrapadas dispuestas a saltar y as alta r el
bienestar de Europa. Pero, parece que es posible visualizar a las personas
inmigrantes desde enfoques mucho má s integrales y positivos.

3.3.1. La dimensión socioeconómica de la inmigración

La inmigración en todo el Estado se ha convertido e n un fenómeno s ocial que
actúa so bre todos los elementos que constituyen la realidad. El fenómeno
migratorio no atañe s ólo a dimensiones laborales, a los movimientos de la m ano
de obra en los diferentes sectores de la producción, o cuestiones similares.

Actualmente, la s personas inmigra ntes vienen desd e tod os los pa ís es d el
mundo y traen cualificaciones académica s y profesionales muy diversas. Tanto es
así, que determinados trata distas consideran que vienen más a nuestro país,
personas que e n sus países de origen s e encuentran e n una situació n si no
beneficiosa, bastante aceptable , que personas que se e ncuentran en situaciones
de pobreza ex trema. Desgraciadamente e stas últimas personas no tienen
capacidad e conómica, ni siquiera fuerza física, para emprender el largo viaje hacia
Europa. La acomodación e n l a sociedad de acogida es un trance complicado, por
lo que son los grupos de conocidos del recién lle gado y familiares de éste, los que
se encargan de la primera toma de contacto y adaptació n a esta nue va situación.
En palabras de Aysa-Lastra y Cachón (2013 : 3 89) “
las redes de familias y amigos
ayudan a l inmigrante recié n llegado a encont rar un empleo con rapidez
”.

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En este sentido, queremos señalar que es ta nueva s ituación en el país afecta y
repercute a toda la s ociedad y se manifiesta en todos los ámbitos: enseñanza,
vivienda, cultura, ident idad de los colectivos inmigrantes, conviv encia, concepc i ón
de la democracia, etc. Con es to, quere mos argumentar que la mera respuesta
policial o de control d e las fronteras, no va a transformar un a real idad que ya es
patente en nuestro pa ís, ni va frenar lo s flujos migratorios.

Nuestro país se está convirtiendo en un espacio deseado por p arte de muchas
personas inmigrantes que no sólo utilizan nu estro territorio como lugar de tránsito
hacia otras re giones de Europa, sino que se convie rte en un desti no final, como
indica Recolons (2005: 64) cuando señala que “
en los primeros años del S. XXI, el
primer lugar de destino de la población inmigrada de nacionalidad extranjera entre
los estados de la U nión Europea, lo es tá ocupando, coyuntur almente y con
frecuencia, Es paña , cuando durante bastantes años los primeros lugares los
habían o cupado algunos estados de la Europa Transpirenaica
”.

En el informe analizado por la C omisión de Población y Desarrollo de la ONU
( 2006) , se cita ba a España como e l país industrializado que, ju nto a EE.UU. y
Alemania, registró el mayor incre mento de inmigrantes, con un aumento de cuatro
millones entre 1990 y 2005. Sobre la inmigración ilegal, se atreve a lanzar algunas
cifras, a partir de los datos oficiales. En EE.UU ., por ejemplo, s e e mpadronó a 8,5
millones de inmigrantes indocumentados en 2000, lo que permite hacer una
estimación de inmigrantes clandestinos de 12 millones de personas.

Después de un incremento masivo de llegadas de extranjeros en la primera
mitad de la década pasada, en 2 008, como hemos mencionado en el párrafo
anterior, con la crisis, cae e n picado l a inmigración a la vez que sube la
emigración. Al menos 2.666.365 se han ido de España e ntre enero de 2 008 y julio
de 2014 según la Es tadística de Migraciones del Instituto N aciona l de Estadística
(INE) (20 15) , aunque infrarrepres enta la emigración de españoles , indicando unos
datos muy por debajo de las apreciaciones de diferentes investiga dores, tal y
como hemos mencionado en el apartado anterior .

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Se cre e que en Euro pa habrí a 8 millones de indocumenta dos, por lo que
señalar que las person as inmigrantes constituyen actualmente un a grave amenaza
para Europa, y es pecialmente para el Es tado Español, es des cono cer la realidad,
ya que la inmigración se encuentra integrada hoy en día en una globalización de la
economía que aba r ca todo el mundo. Estamos inmersos e n una gra n
contradicción, pues to que existe un s istema cerrado para el trabajo, pero
totalmente abierto para lo s flujos de capitales.

3.3.1.1. La a portación laboral de la inmigración irregular

En nuestros días , indica León Ve ga (2009 ), se e stán gene ran do nue vos
sistemas y más sofisticado s de explotación, de este modo, el propio tr abajo se
torna e n un a mercanc ía y, por tanto, es po sible obtener grandes beneficios del
mismo. La forma m ás adecuada de obtene r e normes sumas de dinero con este
sistema de ex plota ción consiste en utilizar un trabajador no declarado o
clandestino que se encuentra dentro del paraguas de la e conomía sume rgida,
espacio en el que las personas inmigra ntes tienen una gran relevancia .

Nos encontramos ante traba jadores baratos, desprotegidos y dispuestos a ir
de un lugar a otro, no importa el sitio en el que los poseedores del capital ubiquen
el centro de producción. Además, las condiciones más ventajosas en todos los
sentidos serán para lo s patronos, nunca se piens a en el beneficio de la persona
que va a generar el product o. Con lo cual, podemos aseverar que nos
encontramos ante una nueva modalidad de la esclavitud, utiliz ando a las pers onas
inmigrantes para llevar a cabo t odos aquellos trabajo s que los ciudadanos
autóctonos no quie ren realizar, debido, sobr e todo, a las condicione s tan duras
que imponen los empresarios o las empresas multinacio nales.

Las pers onas inmigrantes si bien reciben un salario por su tra bajo, los
empresarios en particular, y el país receptor en general, se benefician porq ue:

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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 Se les paga basta nte menos del salario mínimo.
 Gracias a los inmig rantes se crean empleos para los
autóctonos y la seguridad social se nutre de sus cotizaciones.
 Se esta blecen ciclos temporales en beneficio de los
empresarios (contratos basura).

En nue stro país las personas inmi grantes cada vez están más agrupadas y se
asocian a entidades sociales que intentan hacer oír la vo z de los más
desamparados. Esto e stá transcurriendo de es te modo, porque cada ve z es tamos
viviendo más en una especie de desorden económico planetario, aunque muy bien
orquestado por algunos, en el que las diferencias estructurales están apl asta das
por la imp osición de formas glob ales de organización social, econ óm ica y cultural
que se están reve land o como treme ndamente injustas. Con lo cual, no es extraño
que proliferen movimientos inter nacion ales de trabajadores, refugiados,
desplazados... , como c onsecuencia de este modelo de desarrollo que atomiza los
grupos humanos, dispers a los colectivos y trata de romper el tejido asociativo y
social.

3.4. Diversas consideraciones sobre e l fenómeno de la inmi gración en
nuestro país

Cada día aumenta el n úmero de personas que des ean s alir de su p aís y hacer
fortuna, siendo una gran mayoría la s que lo hacen par a poder vivir con más
dignidad. Hay organizaciones sin escrúpulos que, abusando de las ilusiones de las
personas que quieren emigrar, las es tafan y engañan, sacándoles grandes
cantidades de dinero que estas personas con siguen solicitando préstamos,
vendiendo sus propiedades o t raficando con drogas.

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Hoy, vuelve a ser patente que la inmigración es un fenómeno permanente con
la lle gada de persona s, tanto a las costas de las Islas Canarias, como al litoral
andaluz e inclus o, desde e l año 200 9, a la costa murciana, todos procedentes de
África. Muchas vece s se quedan en el intento, porque decenas de ellas mueren en
su travesía a la t ierra prometida de la que tanto anhelab an.

3.4.1. Los problema s para la integración de las pers onas inmigrantes

Pero los inmigrantes que al fin consiguen su objetivo, son maltratados en los
lugares de llegada , aunque este hecho no sea estrictamente físico o psicológico,
agudizándose este mal trato si tiene n la suerte de encontrar un traba jo. Por que las
condiciones salariales y labo rales son extremadamente duras.

Los movimientos migratorios que, e n los comienzos del siglo XXI, proliferan y
se i ntensifican, siguen sin tener en nu estro país y casi en ningún ot ro, las
condiciones mínimas sociales, e ducativas y l aborales que merecen es tas personas
inmigrantes, como ser es humanos que son.

Las personas inmigrantes siguen sin ser plenamente acepta das s ocialmente y
sus condiciones laborales son precarias, así como las condiciones educativas de
sus hijos e hijas, si es que les dejan entrar en el país con ellos . De tal mo do que,
en estos tiempos, s igue sie ndo válida la frase de Jean Valeri an “
sentados en los
mismos bancos, en las mismas aulas, delante de la misma pizarra y el mismo
maestro, lo s alumnos todavía no están todos en un plano de igualdad
”.

Nosotros añadimos “
trabajando en las mismas fábricas, h aciendo el mismo
trabajo, echando las mismas horas, tenie ndo los mismos e mpresario s, paga ndo los
mismos impues tos, no s e les paga lo m ismo que a un au tóctono, siguen
discriminados
”. Es dec ir, en sus condiciones labora les, los inmigrantes, suf ren las

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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para que este colecti vo se adapte a las pauta s establecidas en todos los
sectores en la mayor brevedad po sible.

 Área de Investigación: fomenta e l estudio de la realidad del fenómeno de la
inmigración, para de ese modo permitir que las políticas públicas presenten
elementos de juicio a nivel científico a la hor a de toma de decisiones.

 Área de Sensibilización Social: propicia y crea espacios en los que se
establezca un diálogo generador de compre nsión y entendimiento de pautas
culturales distintas, considerando y valorando es te hecho como la base para
hacer posible este acerca miento social. En es te sentido, se tie nen presentes
los valores solidarios y de aquellos que promueven la diversidad como factor
de cohesión social.

 Área de Cooperación al De sarrollo: fomenta e l avance e n las relaciones con
los distintos países y la mejora e n las condiciones de vida de los más
necesitados. Par a ello, s e ponen en marcha i niciativas de carácter internacional
orientada s al intercambio de experiencias y recur s os entre los países emisores
y nuestra comunidad autó noma pa ra alcanzar me tas comunes basadas en
criterios de solida ridad, equidad, e ficacia, interé s mutuo, sost enibilidad y
corresponsabilidad.

La dive rsidad de esta realidad supone que a cada un a de las acciones se les
haya de imprimir un carácter integral, donde “
el Estado del Bie nestar considera
que se es ciudadano si tienes empleo y medio s para vivir en comunidad, en tu
barrio- ciudad, por es o se le da prioridad a estas cue stiones
” ( Ballesteros ; Mata;
Espinar, 2 014: 57). Asimismo, estas accione s se ha brán de do tar de
transversalidad a la h ora de acometer las medidas dirigidas a l a población en s u
conjunto. Partiendo d e esta acción gene raliz ada a la población, se atenderá a la
especificidad, e n este caso al c olectivo inmigrante, com o aseve ran Actis y otros
(2007), puesto que este grupo no se encuentra al margen, no es una burbuja que

Primera Part e: Funda mento Teóri co Capítu lo 4. La In migraci ón en Andalucí a

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tenga movimiento por sí sola, sino que sus vaivenes van a depend er directamente
del desarrollo de la socie dad al estar inserto en ella.

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P r i m e r a P a r t e : F u n d a m e n t o T e ó r i c o C a p í t u l o 5 . M a r c o N o r m a t i v o d e l a I n m i g r a c i ó n c o m o F e n ó m e n o d e N u e s t r o T i e m p o

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Capítulo 5. Mar co norma tivo de la inmigraci ón como
fenómeno de n uestro tiempo

Los flujos migratorios s on un fenómeno complejo de regular desd e un punto
de vista jurídico, pues to que s on muchos los mat ices y condiciona ntes que s e
presentan sobre todo de índole jurisdiccional. No o bstante, existe una normativa
recogida y plasma da en tratados y acuerdos entre naciones.

Los diferentes trata dos que han ido jalonando la construcci ón d e la actual
Europa, han supue sto un esfuerzo de delicadas componendas y difíciles acuerdos
entre los diversos paí ses. Europa ha s ido siempre un mosaico de pueblos muy
diferentes, unidos en ocasiones por múl tiple s vínculos comerciales, culturales y de
diverso signo, pero, también, separados por antiquísimos res quemores producidos
por guerras, desavenencias varias, desacuerdos territoriales, bailes de alianzas que
unían o separaban a los Estados en función de interes es económicos, es trat égicos
o de otra índole y, en suma , una acumulación de hechos y s ituaciones que
impedían que los pa íses se fiaran unos de otros de una manera plena.

Después de la II Gue rra Mundial, Europa de cide tomar otro rumb o y trabajar
en pos de unir voluntades y cons tituir espacios de en cuentro entre los diferentes
países, que contribuyan a crear un continente más cohe sionado y que inicie un
camino de unidad, t an fracturado durante si glos, en el que sea l a ciudadan ía , la
que colabore y estable zca paut as de un futuro mejor. Con e ste afán diferentes
políticos de varios países europeos comenzaron un camino, que aún hoy estamos
construyendo entre todos, para conseguir una Europa m ás unida, más social, más
justa y má s solidaria.

Drogode pende ncias y fact ores de r iesgo en la pobl ación inmi grante en Andal ucía: acción socioedu cativa

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5.1. Los Tr atados que han configurado la Unión Europea
La construcción de un marco único donde qu eden recogidas unas directrices
comunes a la hora de l egislar temas en ma teria política, económica o social, e s un
proceso complicado que requiere del compromiso, el esfuerzo y la unidad de parte
de todos los Estados. Este propósito de intenciones es una idea que viene de lejos
y se empieza a ges tar a mediados del s iglo pasado, cu ando se tiene la pretensión
de crear una Europa globa l donde se integren todos los Estados.

5.1.1. Los Tratado s que vertebraron Europa
Lo s primeros pasos se ven plasma dos en París con la firma e n 1951 de l
Tratado de la C omunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), posteriormente,
el Trat ado de Roma de 1957 con la const itución de dos grandes organismos
supranacionales, la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea
de la Energía Atómica (EURATOM). Los países miembros de la firma del Tratado, el
25 de marzo de e se mismo año , fue ron Alemania, Francia, Italia, Bélgica,
Luxemburgo y Países Ba jos.

Pero e n la práctica, lo que realmente se creó fue una Unión Aduanera que
daría lugar a un ob jetivo más ambicioso: e l mercado común. El desarme
arancelario entre los países fi rmantes fue paulat ino marcándose un límite de 12
años, que se vio reducido ante el éxito d e aplica ción p or parte de los países
miembros. En este sentido se pronuncia Izquie rdo (2000: 137 -38) se ñalando que
“
la determinación del objetivo del mercado c omún comportaba la s upresión de los
controles en las fronteras internas y el consecuente refuerzo en las fronteras
exteriores para garantizar la s eguridad e n el interior del territorio comunitario.
”

El
1 de julio de 1968, todos los aranceles internos quedaba n s uprimido s e ntre los
Estados miembros ado ptá ndose un arancel aduanero común para los productos de
“terceros países” no miembros de la CEE. No obstante, todavía faltaban bastantes
pilares por edificar en la construcción de este proyecto c omún e uropeo , pues to

P r i m e r a P a r t e : F u n d a m e n t o T e ó r i c o C a p í t u l o 5 . M a r c o N o r m a t i v o d e l a I n m i g r a c i ó n c o m o F e n ó m e n o d e N u e s t r o T i e m p o

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que el libre movimiento de pers onas, capitales y s ervicios no se desarrolló como e l
de bienes. En lo relativ o a este particular, hasta la firma del Acta Única de 1 986 en
Luxemburgo no s e avanzó re almente y se dieron pasos importantes en esta
materia.

Para armonizar todos los aspectos jurídicos de los diferentes Estados
miembros e ra preciso articular una serie de normas comunes que permitieran ir
avanza ndo e n la confi guración de un mercado común europeo. De este modo,
Illamola (2001 : 35) indica que “
el Trata do d e la CEE preveía que e l Consejo, por
unanimidad, aprobase directivas para aprox imar las legislaciones estatales que
incidiesen directamente en el establecimiento o funcionamiento del me rcado
común
”. Se trataba, p or tanto, de acercar, aproximar, combinar, y si era posible
homogeneizar, la s diferentes legislaciones internas que incidía n en este mercado.

El Tratado de Roma , tal como se me nciona e n el párrafo anterior, esboza el
tema de la libre circulación de ciudada nos se ñalando en su articulado como ha bían
de regularse e stos conve nios para trabajar, y como c omenta Loc hak (2 002), se
estaban dando los primeros pasos para que este principio de libertad de tránsito
se convirtiera en piedra angular dentro de lo s convenios internacionales referidos
a los Derechos del Hombre.

Un elemento esencial acordado en el Tratado fue la adopción de una Política
Agrícola Común (PAC), cuyas lín ea s básicas se establecieron en torno a la libre
circulación de product os agrícolas entre Estados miembros y l a adopción de
políticas muy proteccionis tas, garantizando as í a los agricultores europeos un nive l
de renta s imilar al de otros se ctores, porque como indica ba L amo de Espinosa
(1998: 16) a finales del pasado siglo, “
hablamos , pues , de una de las agricul turas
más modernas y des arrolladas del mundo , que aunque supone poco, muy poco

Drogode pende ncias y fact ores de r iesgo en la pobl ación inmi grante en Andal ucía: acción socioedu cativa

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sobre su PIB, implica un alto valor de cohesión e integración social, territorial y
humana
”.

En e l mis mo Tratado se hace referencia a las ins tituciones que se van a
constituir para hacer fre nte a las distintas materias: la Comisión, el Consejo de
Ministros, la Asamblea Europea (Parlamento Europeo tal y como lo conocemos
hoy), e l Tribunal de Cuentas y e l Comité Económico y Social. El transcurrir de los
años unido a las modificaciones sufridas de los Tratado s, ha supues to que las
competencias de estas instituciones se ha ya n ido a mpliando y matizando.

5.1.2. Los Tratado s que abrieron las fronteras internas de Europa
Décadas más tarde, en 1986, se firma el Acta Única Europea de Luxemburgo,
cuyo objetivo ese ncial persigue dar una r espues ta a los retos económicos y
sociales de hoy, creando un gran bl oque económico me diante la trans formación de
la CEE en un gr an mercado i nterior que implica ría un espacio sin fronteras
internas, en el que la libre circulación de mercancías, personas, se rvicios y
capitales estaría garantizada. Tal y como dice S oto (2006 : 127), “
de las cuatro
libertades fundamentales recogida s en el Tratado fundacional de la Comunidad
Europea, la libre circulación de personas es la que mejor evidencia, por sus
repercusiones s obre los individuos, la plural vocación económica, s ocial y política
del proceso de integración europea
”. Así pues, e n un o de sus apartados s e hace
referencia a la competencia que han de tener ca da uno de los Estados en la
temática de las migrac iones y las líneas de actuació n que han de llevarse a cabo
en los países receptores. El objetivo de libre circulación ya estaba recogido en los
Tratado s iniciales, pero ante el escaso éxito alcanzado salvo en la libre circulación
de me rcancías, el Act a Única Europea se propone lograr el objeti vo en un plazo
fijo: 3 1 de diciembre de 1 992. Este Tratado se mbró las bases de un a política
económica y m onetaria que ha bría de desembocar en la m oneda única. En ese
año, 1986, España entra en la Unión Europea, y es e n este marco donde se
aprueba la a nterior Ley de Extranjería, que era muy restrictiva.

P r i m e r a P a r t e : F u n d a m e n t o T e ó r i c o C a p í t u l o 5 . M a r c o N o r m a t i v o d e l a I n m i g r a c i ó n c o m o F e n ó m e n o d e N u e s t r o T i e m p o

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Este Acta entrar ía en vigor en 1987 no siendo su ratificació n muy pacífica, ya
que hubo reticencias por parte de algunos países. Tuvo que cele brarse un
referéndum previo en Dinamarca e Irlanda y, por su parte, Alemania suf rió una
fuerte oposición de los Länder al verse afectados en sus competencias a nivel
educativo y medio ambiental. En lo que respecta a la nación gala, por la oposición
a las nu evas disposiciones sobre mayoría s. Mientras que en Grecia e Italia los
acuerdos a tomar en referencia al Acta fueron precedidos de fue rtes tensiones
parlamentarias.

En junio de 1985 en la ciudad lux emburguesa de Schengen, se firma un
acuerdo por los cinco países representantes de la Comunidad Europea (Alemania,
Bélgica, Francia, Luxemburgo y los Paíse s Bajos). El Tratado fue ratifica do en junio
de 19 90 e ntrando en vigor e n marzo de 1995. Es te acuerdo, se gún La Calle
(2002), cons tituyó un compromiso de un con junto de naciones con la finalidad de
romper con las barreras físicas s in m erma de la seguridad interna. Entre los puntos
más importa ntes de su articulado e stán: la s upresión de controles fronterizos y
libre circula ción de ciudada nos co munitarios dentro del ámbito de los paíse s
firmantes del acuerdo, la definición jurídica de las caracterís ticas de los
“extracomunitarios” y fijación de las reglas de acceso, d e los límites a la libertad de
tránsito y a la ac ogida y de las p eticiones de asilo. As í como, el establecimiento de
medidas de colaboración policial y judicial y armonización de legislaciones en
materia d e visados, estupef acientes, arma s y explosivos.

Schengen va a regular el cruce de sus fronteras interiores y la ci rculación de
personas. Las fronteras comunes podrán cruzarse e n cualquier lugar sin que se
realice control alguno de las pers onas. Las fr onteras comunes no des apa recen tan
solo el control fronterizo para circular libremente . Las fronteras siguen existiendo
como límite del espacio en el que cada E stado ejerce sus competencias y
soberanía. Por c onsiguiente, desaparecen los controles, aunque e xcepciona lmente
podrían restaurarse p or cualquier Estado por motivos de se gurid ad o de orden

Drogode pende ncias y fact ores de r iesgo en la pobl ación inmi grante en Andal ucía: acción socioedu cativa

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público, previa consulta de los demás Estados miembros. To do esto está
relacionado con los problemas que puede c ausar la inmigración irregular, porque
como señala Geddes (2000 : 134) “
existe el convencimiento cada vez más
extendido de que el éxito o el fracaso del proceso de integra ción política europea
depende de cómo se gestionará en el futuro la cuestión de la inmigración
”.

En lo re ferido al cruce de fronteras exteriores, éstas solo podrá n atravesarse
por los sitios habilitados para ello y durante las horas de apertura es tablecida s
comprobando la do cumentación de quien es preten den cruza r la frontera. Con
est as medidas se persigue prevenir amenazas para el orden público y la segurida d
nacional de los E stados participantes. Estas medidas van a disuadir a pers onas no
autorizadas a atravesar la frontera o a e ludir dichos pasos fronterizos. Por tanto,
las personas podrán cruza r las fronteras exteriores: por pasos f ronterizos, en
horarios de apertura, con documentación adecuada (p as aporte o documento de
viaje válido), con visado si es preceptivo, ju stificación del objeto y condiciones de
estancia, no figurar en listas de personas no admisibles y disponer de medios
económicos suficientes. Ref orzando e stas consideraciones Pinyol y Sánchez (2013:
2) indican que “
Schengen no sólo garantiza l a libre circulación y f acilita la vida en
un contexto en que la movilidad de las personas es clave, especialmente para el
dinamismo económico de la Unión, sino que también nos mantiene coordina dos en
el control fronterizo, en la lucha contra el terrorismo internacional y contra la
delincuencia organiza da transfronteriza
”.

En lo concerniente a la regulación de la es tancia y circulación por un país,
queda sustentada b ajo una política común de visados permitiendo al Estado
conocer la finalidad de l viaje, duración del mi smo y otras exigencias que permitan
saber las intenciones de quienes solicitan la entrada. Por t anto, e xistirán visado s
de cort a duración para estancias inferiores a tres meses, existiendo distintas
modalidades: de tránsito, c olectivo y de tr áns ito aeroportuario. O tro tipo son los
de larga duración sie ndo aquellos visados n acionales e xpedidos por cada E stado
parte. En tercer lugar , estarían los visados de validez territorial ilimitada, que

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poseen un carácter excepcional y s on e xpedido s sobre pasaporte, tit ulo de viaje u
otro documento válido para el cruce de fronteras, para los casos en que sólo se
permita la estancia exclusivamente en un E sta do miembro, debiendo efectuarse la
en trada y salida a través de ese E stado.

En definitiva, y gracia s a este Trata do, se e staría afianzando aun más ese
proyecto sólido de una Europa común sin fronteras, tomando como punto de
referencia la instauración de un régimen de libre circulación p ara toda s la s
naciones de los Estados signatarios, de los otros Es tados de la Comunidad o de
terceros países. Sin emba rgo, la regulación de los flujos migrat orios de los países
extracomunitarios sue le tener diferentes problemas de índole social, política,
económica, cultural, e tc., pero sería preciso articular todos e stos apartados ,
porque é sto beneficiaría tanto a los países de origen como a los de destino. En
este sentido, Ge ronimi (2004 : 1) indica que “
los acuerdos bilaterales de migración
de mano de obra re sponden a los intereses de los Estados de origen y de acogida,
producen benefi cios inmediatos y a l argo plaz o debido a los efe ctos de un a
gestión ordenada de las migraciones, y promueven una cultura de la regularidad
migratoria, lo que coadyuva a l a lucha c ontra las migr aciones irregulares, contra la
explotación laboral de los traba jadores migrantes y, en part icular, c ontra el tráfico
y la trata d e personas
”.

Para hacer frente, en los últimos años, a estos inconvenientes que conllevan el
flujo masivo de personas y que traen consigo, como mencionábamos
anteriormente, pro blemas a distintos niveles : sociales, políticos, económico s,
culturales, etc., en mayo de 2013 “
los miembros de la Unión Europea podrán
introducir controles fronteri zos propios en casos en que se desborde la llegada de
inmigrantes en situación ile gal al país, s egún una reforma del Tratado de
Schengen acordada por el Parlamento y la Comisión. La presidencia de t urno
irlandesa de la UE comunicó la decis ión e n Bruselas. Con esta nueva «cláusula de
emergencia» se cumple un a de las principales exigencias de Ale mania. Los

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España de ciudadanos de los Es tado s miembros de la Unión Europea y de otros
Estados part e en el Acue rdo sob re el Espacio Económico Europeo
”.

Se están dirigiendo muchos esfuerzos a la lucha contra los promotores de la
inmigración ilegal, e incorporando e n los informes del Consejo Europeo cláusulas
en e ste sentido, es decir, sanciones que penen el tráfico ilícito de personas. De sde
este marco de actuació n s e está proyectando una política penal muy e stricta,
orientada a la erradic ación de la entrada clandes tina de pers onas de terceros
países, que no presentan una documentación en regla. Un ejemplo claro es la
sanción económica que se r ealiza a todos aq uellos responsables (transportistas) de
la e ntrada en el país de forma ilegal de inmigra ntes, pudiendo acarrear, en ciertos
casos, una sa nción que va más allá de lo administrativo.

El alto índice de personas de terceros países e n el entorno de la U nión
Europea, está propiciando que se desarrollen políticas que tengan insert as
elementos interculturales, con el fin de integrar a es tas pers onas e n su realida d
más cercana. La participación ciudadana e s un pilar básico en la construcción de
una Europa plural donde se tengan en cue nta las opiniones y los d istintos puntos
de vista de colectivos minoritarios, pero que son parte importante en el progreso
de la sociedad. Se apuesta por una integración completa de los inmigrantes en los
países de acogida y una participación en los diversos sectores de la realidad soc ial.

5.2. La legislación de los organismos oficiales internacionales
Los orga nismos nacionales e internaciona les tienen establecidos marcos de
referencia a tr avés de dife rentes instrumentos para control ar y le gislar los flujos
migratorios. A la cabeza de e ste entramado de organismos que luchan por el
respeto de los derechos y libertades d e las personas, donde entraría a formar
parte la libre circulaci ón de individuos por el planeta, nos e ncontraríamos con la

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ONU, que en su Declaración Univ ersal de los Derechos Huma nos de 1 948,
contempla el e sfuerzo conjunto de pueblos y naciones por vivir en paz y armonía
en nuestro e ntorno, y disfrutar de lo que nos ofre c e la diversidad cultural,
respetando en todo momento sus peculiaridades e idiosincrasia.

Para conseguir paz y armonía, de la ún ica ar ma de la que nos debemos dotar
con el fin de construir un mundo a la medida de todos, es la educación y todos
aquellos procesos format ivos que la rodean. Ésta e s la ún ica arma que sirv e para
solucionar los problemas entre las naciones, ya que lleva intríns eca valores
absolutos muy válidos para configurar un a aldea global en donde tengan cabida,
sexos, razas, re ligiones y culturas. Dentro del articulado de esta De claración, el nº
13 recoge la garantía , el derecho y la libertad a toda persona para desplazarse de
un territorio a otro, dándo le la opció n, si lo deseara, de elegir residencia en
cualquier Estado.

5.2.1. Los derechos de la ciud adanía y los tratados internacionales más relevantes
que los regulan
Los derechos humanos o fundamentales han sido considerados por la doctrina
como inh erentes a la persona humana por el solo hecho de serlo, aceptados por
todos los pueblos y naciones y co nsagrado s e n el derecho internacional. Sin
embargo, una ve z transcurri dos más de se tenta años desde la proclamación de la
Declaración U niversal de Dere cho s Humanos (Naciones Unidas, 1948) y, a pesar
de su reconocimiento jurídico expres ado universalmente a través de ins trumentos
legales, la situación de los Derechos Humanos e n e l mundo, s obre todo e n los
países pobres o gobernados por dictaduras, es insatisfactoria, ya que las políticas
de sus gobernantes vu lneran los derechos individuales, las libe rtades públicas y
los derechos sociales y económicos de los ciudadanos. Estos i nstru mentos legales
a los que ha cemos alusión son los que señalamos a continuación:
1. Convención Internacional s obre la Eliminación de todas las Formas de
Discriminación Racial (Nacio nes Unidas, 1965).

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2. Pacto Internacional de De rechos Económicos, S ociales y Culturales (Naciones
Unidas, 1966).
3. Procla mación de Tehe rán s obre la Declaración Universal de De rechos
Humanos (Naciones Unida s, 1968) .
4. Convenio Europeo relativo al Est atuto del Trabajador Migrante (Consejo de
Europa, 1977).
5. Convención sobre los Derechos del Niño (Naciones Unidas, 1989).
6. Resolución del Conse jo y de los representantes de los go biernos de los
Estados miembros rela tiva a la lucha contra el racismo y la xenofo bia (C onsejo de
Europa, 1990).
7. Declaració n sobre los derechos de las per sonas per tene cientes a minorías
nacionales o étnica s, religiosas y lingüísticas (Naciones Unidas, 1992) .
8. Resolución de la Asamblea Ge neral sobre los derechos humanos de todos los
trabajadores y de sus familias ( Organización de Estados America nos, 1999 ) .
9. Convención Internacional s obre la Protección de todos los Traba jadores
Migrantes y de sus familiares (Nacio nes Unidas, 2001) .
10. Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (Parlamento
Europeo, Consejo y Comis ión, 2001).
11. Etcétera.

La privación de derechos, tales como: derecho a la vida, derecho a l a igualdad
ante la ley, libertad id eológica, religiosa o de culto, derecho a la libertad y a la
seguridad, libertad de residencia y de circulación, libertad de ex presión, derecho a
la tutela jurisdiccion al, derecho de voto, dere cho de petición individual y colectiva,
derecho de asociación, dere cho de reunión, derecho de sindicación, derecho a la
educación y libe rtad religiosa, derecho al trabajo, derecho a la asistencia médica y
los se rvicios s ociales, derecho de todos los sectores sociales – familia e infancia,
emigrantes, juventud, disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos, tercera edad,
consumidores – a igual protección social, etc., que constituyen la piedra angular de

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cualquier si stema democrático, ex ige a los E stados una política co mún e n materia
de derechos humanos para luch ar contra las continuas violaciones de los dere cho s
más ele menta les de las personas, velar por el cumplimiento de los dere chos y
libertades fundamentales, eliminar todo tipo de discriminación en las sociedades y
mejorar la s condiciones de vida de las pobla ciones más desfavorecidas.

5.2.2. El derecho a la educación e n el marco de los Tr atado s internacionales

Es evidente que la educación es un poderoso instrumento para e l desarrollo
de una sociedad más hu mana, más libre, más democrática, má s solidaria, más
tolerante, menos discriminadora y más justa. El desarro llo del plura lismo, la
libertad, l a justicia, el res peto mutuo, la tolerancia, l a solidaridad, e tc., requie re el
compromiso de los ense ñantes en la búsqueda de modelos educat ivos que
permitan, des de la es cuela como agente de tra nsformación social, cambiar la
sociedad e n la que nos encontramos i nmersos, ofrecie ndo un a e ducación
verdaderamente hu manista que apueste po r una escuela pública, democrática,
participat iva, s olidaria y respetuosa con las diferencias. A su vez, que permita al
alumnado interpretar el mundo en el que se desenv uelv e, comprender que e xisten
realidades diferentes , otras form as de vivir, conoce r las causas del racismo y la
intolerancia, desarroll ar ac titudes solidarias y de defensa de los Derechos
Humanos, etc. En defini tiva, convertir a los centros e ducativos en espacios de
diálogo soci al, lugares de encuentros e ntre pers onas de distintas razas , cultur as,
religiones y creencias.

La escuela pública ha de llevar al alumnado a la toma de conciencia de los
problemas de l a p az, los derechos humanos y la justicia social, pro moviendo una
enseñanza que haga c omprensible las razones de las contradicciones y tensiones
entre los países que i mpiden la comprensión y la verdadera cooperación
internacional y el des arrollo de la paz mundial, el des arrollo actual de los derechos
humanos en una sociedad neoliberal, que ant epone lo económico fr ente a lo social
y lo cultural, posibil ita la ex clusión social y la desigualdad y predica la

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competitividad como pasaporte para el des arrollo y la modernidad , así como las
causas del creciente aumento de las des igualdades e injusticias, mediante
actividades encaminadas a la introducción, des arrollo e inv estiga ci ón de la
educación para la paz, los derechos humanos y la justicia como in strumento para
conseguir la libertad y la igualdad.

La transmisión de estos valores y actitudes que aboga n por una educación
para l a p az y la igu aldad de todas las pers onas, no s ólo ha de es tanca rse en el
plano formal de la ed ucación, la c oncienciación hacia la diversidad cultural ha de
traspa sar esas fronte ras educativas y ex tenderse a otros planos de gran difusión y
divulgación com o son las nuevas tecnologías de la inform ación . En esta líne a,
Llorent (2012: 140) corrobora que, “
el papel de los medios de comun icación e n la
construcción del pensa miento en torno al inmi grante y al he c ho migratorio,
constituye un e lemento de induda ble importancia en la creación y modelación de
formas de pens ar, actitudes y opiniones de la p obla ción re ceptora, ayudando o
dificultando la integra ción de los colectivos foráneos
”.

Un importante instrumento, que aporta grandes e innovadoras ori entaciones
pedagógicas e s, sin duda, el Pacto Inter nacional de De rechos Económicos,
Sociales y Culturales, aprobado en Nue va York e l 1 0 de diciembre de 1966. En él
se afirma que:
“Los Estados Partes en e l presente Pacto reconocen el derecho de
toda persona a la educación. Convienen en que la educación debe o rientarse hacia
el pleno desarrollo de la personalida d humana y del sentido de su dignidad, y
debe fortalecer el re speto por los derechos h umanos y las libertades
fundamentales. Convienen asimismo en que la educación debe capacita r a todas
las pers onas para participar a ctivamente en una sociedad libre , favorecer la
comprensión, la tolerancia y la amistad entre toda s las naciones y entre todos los
grupos raciales, étnicos o religiosos, y promover las actividades de las N acione s
Unidas en pro

del mantenimiento de la paz”
(art. 13 .1).
La base de la educación relativa a los derechos humanos y las libertades
fundamentales debe e ncontrarse en la vida cot idiana de la escuela y e xige la

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práctica constante y la toma de conciencia de la necesidad de la enseñanza de los
derechos hu manos en las aulas, como elemento importante para conocer y
comprender e l signif ic ado y las implicaciones de la democracia mo derna y de l a
filosofía social que ha y detrás de ella.

Los instrumentos legales internacionales n o sólo aportan legitimidad a la
educación para el desarrollo de los derechos humanos y de las libertades
fundamentales, sino también un conjunto d e ideas sobre la concepción del ser
humano y de la vida que se basan en lo s principios de libertad, democracia,
justicia social, respeto de los derechos fun damenta les y el Estado de Derecho, etc.

5.3. Los instrume ntos jurídicos del Estado democrático para la
regulación de la inmigración
Estos principios constituyen la piedra angular de los países democráticos e
inspiran reformas educa tivas dirigidas a tr ansformar la sociedad y adecuarla a las
necesidades y demandas de t oda la p oblación y de todos los individuos, s in
discriminación alguna. Todo sistema educativo ha de desarrollar y generalizar en
los diferentes niveles educativos, programas que contribuyan a crear una s ociedad
basada en la coop eración y la solidaridad entre los p ueblos, la defens a de los
derechos humanos, la participación activa, l as re laciones de comunicación entre
las personas, e l respet o a la difere ncia y la r esponsabilidad, y ayude n a buscar las
vías adecuadas para la solución de los pro blemas derivados de una sociedad en la
que la ideología ne oli beral es cada vez más hegemónica, no sólo en los países
desarrollados, sino que se extiende por tod o el mundo.

Esta ideología libe ral se encuentra dominada por el poder que ostentan los
organismos internacionales como: el Fondo Monetario Internacional (FMI ), el
Banco Mundial (BM), la Asociación Europ ea de Libre Comercio (EFTA), la
Organizació n Mundia l del Comercio, e incluso, en ocasiones, hasta la propia

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Organizació n de las Naciones U nidas (ONU), etc., estructuras su pranacionales que
se ponen al se rvicio de los poderosos y permiten la implanta ción de
macroestructuras políticas y económica s qu e, a unque se presentan como una
exigencia para el bienestar s ocial, c onsolidan las democracias formales , imponen
el libre mercado, reduciendo e l gasto público y empobreciendo a la mayoría del
mundo, aumentan el control y la regulación de la clase privilegiada cada vez más
minoritaria sobre el resto de la sociedad y resta n poder a los Estados.

5.3.1. La regulación d e los derechos de la p ers ona en la C onstitución española

En el año 1978 España se convierte en Estado democrático, tras aprobarse la
Constitución Española. Su artículo 10, relativo a los derechos de la persona dice:
“1. La dignidad de la pers ona, los derechos inviol ables que le son inh erentes, el
libre des arrollo de la personalidad, el respeto a la le y y a los derechos de los
demás son fundamento d el orden político y de la p az social.

2. Las norm as re lativas a los derechos fundamentales y a las libertades que l a
Constitución reconoce, se interpretarán d e conformidad con l a Declaración
Universal de De rechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales s obre
las mismas mat erias ratificados por Espa ña.”

Transcurridos más de treinta y cinco años desde la aprobación de la
Constitución, y quince años des pués de la entrada en vigor de l a Ley Orgánica
4/2000, de 11 de e nero, sobre derechos y lib ertades de los extranjeros en España
y su integración soci al (reformada por la Le y Orgánica 8/2000 , de 22 de
diciembre ), y siendo España “un país de acogida de inmigrantes” donde está
residiendo un número e levado de personas que no tienen nacionalidad e spañola,
que no tienen permis o de tr aba jo y están trabajando, los llamados “sin papeles” –
por ejemplo, en la campaña de l a fre sa e n Huelva vienen traba jando e ntre 5.000 y
6.000 inmigrantes “ilegales” (Agencias/CANOA, 28/04/03) -, resulta pa radójico
comprobar que actualmente, la política migratoria es pañola e s una de las más
estrictas en la Unión Europea .

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5.3.2. Los derechos y libertades de los trabajadores inmigrantes en la De claració n
Universal de Derechos Humanos
Estos trabajadores inmigrantes “ilegales” s ólo han c ometido una mera
infracción administrativa, p asar en patera a España y, por ello, se ven privados de
las libertades y derechos proclamados y re conocidos en la Declaración Unive rsal
de De rechos Humanos (19 48):
“Todos los seres hu manos nacen libres e iguales
en dignidad y dere chos y, d otados c omo están de razón y con ciencia, deben
comportarse fraternalmente los unos con los otros.”
(art. 1), que vertebra e l resto
de los veintinueve artículos de la carta mag na: dere chos individuales, libertades
públicas y dere chos sociales y e conómi cos, declarada obligatoria para la
comunidad internaci onal (Proclamación de Teherán, 196 8) y ratificada por
organismos e ins tituciones inter nacionales como el Parlamento Europeo, la
Comisión Europea, el Consejo de Ministros de la Unión Europea o l a Comisión de
las Naciones Unidas sobre Derechos H umanos (UN HCR) a través de Tratados de
ámbito univers al: La D eclaración de l os derechos de las personas que pertenecen
a minorías nacionales o é tnicas, religiosas y lingüísticas, aprobada p or la As amblea
General en su resolución 47 /135 del 18 de diciembre de 1992, que reconoce de
forma expresa el derecho a la igualdad, entre otros.

En e l artículo 8.3. se señala
: “Las medidas adoptadas por los Estados a fin de
garantiza r el disfrute e fectivo de los derechos enunciados en la presente
Declaración no deberán ser consideradas prima facie contrarias al prin cipio de
igualdad e nunciado en la Declaración Universal de De rechos Humanos.”
(art. 8.3);
la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, a probada por el
Parlamento Europeo, e l Consejo y la Comisión (2000/C 364/01), que reúne en un
solo tex to los derechos civiles, po líticos, económicos, s ociales y de sociedad
enunciados en distintas fu entes internacionales, europeas o nacionales, como el
Convenio Europeo para la Protección de los Dere chos Humanos y las Libertades
Fundamentales (CPDH) firmado en Roma el 4 de noviembre de 1950, e l Informe
de la C omisión de Lib ertades y Dere chos d e los Ciudadanos, Justicia y Asun tos
Interiores, Comisión de Asuntos Exteriores , Derechos Humanos, Seguridad Común

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y Política de Defensa, de la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales de la Comisión
de Asuntos Jurídicos y Mercado In terior y de la Comisión de Derechos de la Mujer
e Igualdad de opo rtunidades (A5-006 4/2000), etc .

Estos inmi grantes, privados de sus derechos individuales, políticos,
económicos, sociales, culturale s, etc., s on personas procedentes de países
europeos del este, iberoamericanos, magrebíe s, turcos, subsaharianos, orientales
y otros, que se ven obliga das a dej ar sus hogares a conse cuencia de las guerras,
el hambre, las crisis financieras provocadas por los ajustes qu e el Fondo Monetario
Internacional (FMI) ex ige a los países con problemas e conómicos para sanear sus
finanzas y poder re cibir las ayudas de la org aniza ción, las restricciones
presupuestarias para pagar los intere ses de las deudas externas, l os desastres
ambientales, e l desempleo, e l debilitamiento de los servicios públicos, los
excesivos ga stos de defe nsa mundiales -781.000 millones de d ólares al año -
(Cara vantes, M., 2000:1), la destrucción de la s olidarida d entre los países
enriquecidos del Norte y los empobrecidos d el Sur, etc.

Toda s estas personas inmigrantes s e j uegan la vi da a bordo de pateras y otros
tipos de e mbarca ciones, ocultos en barcos pesqueros, camiones o fu rgonetas o
camuflados como turistas por las mafias que trafica n con seres humanos, tratando
de salir de situaciones insoportables y desesperadas ( Sánchez Faba 2000: 1).

Es obvio, que no se pueden poner puertas al deseo de aspirar a acceder a una
vida digna y soñar con disfrutar del “estado d e bienestar social” de los países de la
Unión Europea. Por e so el control de fronter as y la política de e xpulsiones masivas
no han logr ado que dejen de venir inmigrantes. Pero sí obliga a mil es de personas
que se ven condenadas a emigrar clandestinamente en condiciones inhumanas y a
perder, a veces, incluso la vida.

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5. 3.3. Acciones desarrolla das p or la comuni dad internacion al en el ámbito de la
inmigración

Los Estados y los ciudadanos deben defe nder y promover un mundo solidario,
social y profundamente democrático, e mprender accio nes que eviten un mayor
deterioro de los derechos humanos e n el planeta y adopta r medidas adecuadas
para luchar contra el fascismo, el racismo, la xenofobia, la intolerancia, la injusticia
social, etc. Los dere chos de las pers onas constituyen una part e ese ncial de los
regímenes democráticos, configuran los soportes de los sistemas políticos, su
protección com pete a los Estados y las ins tituciones. Di chos derec hos deben ser
garantizados por normas jurídicas, vincul antes para toda la sociedad, y de
obligado cumplimiento por parte de todos l os países, ya que son la base para
lograr avances e n favor del justo y libre acer camiento social, económico, político y
cultural entre los pueblos y pa ís es del mundo.

Las políticas económicas (de signo neoliberal, neocons e rvador,
socialdemócrata, etc.) deberían tener presentes que los valores de las personas
han de estar por encima de los valores del mercado y los valore s democrático s,
propios de una s ociedad abierta, se ve n reforzados con políticas sociales reales,
imprescindibles para e l desarrollo económico , social y cultural y la e levación del
bienestar de la población, que exigen el protagonismo de los ciudadanos e n los
asuntos públicos, la realización de acciones de interés común y beneficiosas para
toda la colectivid ad y la atención especial a l as necesidades de los se ctores menos
favorecidos.

En este se ntido, tiene e special re levancia el caso de las denominadas
minorías, promoviendo la realización de los dere chos contenidos en la Declaración
sobre los derechos de las personas pertenecientes a minorías nacionales o é tnicas,
religiosas y lingüísticas, aprobada por la Asa mblea General de las Naciones Unidas
en su resolución 47/135 del 1 8 de diciembre de 1 992, que en el artículo 4.1 dice:
“
Los Estados adoptarán las medidas ne cesar ias para garantizar que las personas
pertenecientes a minorías puedan ejerce r plena y eficazmente todos s us derechos

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2. Todo ciudadano de la Unión tiene la libertad de bus car un emple o, de trabajar,
de establecerse o de prestar servicios en cualquier Estado m iembro.
3. Los na cionales d e terceros pa íses que estén autorizado s a tra bajar en el
territorio de los Estados miembros tienen dere cho a unas condiciones labora les
equivalentes a aquellas que disfruta n l os ciudadanos de la Unión.”.

En este artículo se defiende la libertad profesional, el derecho a traba j ar y el
deber de los Estados mie mbros de garantizar a todos los ciudadan os de la Unión
el derecho de igualda d en el trabajo.

5.4.3. La discriminación laboral según la Organización Internaciona l del Trabajo

El Informe I (B) presentado por el Director General de la Oficina Internacional
del Tra bajo, con sede en Ginebra, Suiza, en la 91ª reunión (2003) de la
Conferencia Internacional del Trabajo, titu lado “La hora de la igualdad en el
trabajo”, e s el cuarto Inf orme global con arreglo al se guimiento de la De claració n
de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT ) relativa a los principios y derechos
fundamentales en el trabajo. En é l se pone de manifiesto qu e, cada día y en todo
el planeta, se dan casos de discriminación de uno u otro tipo en el mundo laboral,
y que el trabajo constituye un punto de entrada privilegiado desde e l que librar a
la sociedad de la discriminación.

En todo el mundo, millones de personas no pueden acceder a un puesto de
trabajo, se ve n obligadas a ejercer determinadas ocupaciones que no desean y
reciben un salario baj o únicamente por razón de su raza, color, s exo, religión o
cualquier ot ro mot ivo discriminatorio, sin tener en cu enta sus capacidades o
competencias profesio nales para el des empeño de su trabajo. La discriminación
que sufren algunos sectores s ociales e n el mercado l aboral (analfabetos, mujeres,
jóvenes en s ituación de desempleo, parados de larga duración, minorías étnicas,
trabajadores mayores de cincu enta y cinco años, trabajadores migrantes, etc.),

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hace que en muchos casos acepten condiciones de trabajo que limitan o
restringen sus derechos laborales (contrat o de trabajo, se guridad e higi ene,
descanso se manal, for mación y promoción, salario justo, afiliación a la Seguridad
Social, protección de l a maternidad, s eguro de accidentes, alojamiento adecuado
trabajadores a grícolas, etc.).

Los obstáculos que impiden e l acceso a puestos de trabajo dignos a los
trabajadores más desfavorecidos, sobre todo los trabajadores inmigrantes y los
que pertenecen a minorías étnicas (por e jemplo, la e tnia gitana), ob ligan a
menudo a recurrir al t raba jo de sus hijos, mayores diecis éis años o menores de
dieciséis (ni ños y adoles centes), para poder subsistir. La discriminación laboral
impide la expresión y part icipación plena de los trabajadores e n las empresas,
limitándoles o p rivándoles así de sus libertades la borales y sindicales.

La eliminación de la discri minación laboral es fundamental si se quiere que los
derechos y libertades individuales y colectivas, la jus ticia, la igualdad, el pluralismo
político y la cohesión socia l sean algo más que meras declaraciones. En el Informe
“la hora de la igualdad e n el t rabajo” de la OIT se analizan las dife rentes formas
de discriminación e n el trabajo que se han defini do y condenado oficialmente en
las es fera s nacional e internacional, ofreciendo una puesta al día de las distintas
respuestas políticas y prácticas, c on el objetivo de lograr un mayor respaldo social
para luchar contra la discriminación en e l empleo y la ocupación laboral, pues to
que la e liminación de la discriminación laboral es imprescindible “para lograr la
justicia social”, la c ual constituye un ele mento esencial del mandato de la OI T.

Se trata de un o de los puntales del concepto de trabajo decente para todos
los hombres y mujeres, que a su vez se basa en la igualdad de oportunidades pa ra
cuantos trabajan o buscan empleo y un sustento, ya sea como obrer os, como
empleadores o como trabajadores por cuenta propia, tanto en la e conomía form al
como en la informal. “
La eliminación de la discriminación forma indisolublemente

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parte de cualquier es trat egia viable de lucha contr a la pobreza y de des arrollo
económico sostenible
” (Informe I (B) (2003) de la Oficin a Int ernacional del
Trabajo, punt o 4, pág. 1).

En “la hora de la igua ldad en el trabajo” s e afirma que la eliminación de la
discriminación en el trabajo es indispensable para e l des arrollo personal, el
desarrollo económico y el ejercicio de los derechos y responsab ilidades cívicas
(participació n social): “
De no reforzarse la c apa cidad para abordar eficazmente la
discriminación en e l lu gar de trabajo, re sultará más difícil enf rentarse a los retos
que plantean el au mento de la mi gración interna y ex terna, la evolución
tecnológica sin prece dentes, la transición a las economías de mercado, c on su
cortejo incesante de ganadores y perdedor es, y la necesidad d e acomodar y
conciliar idiomas, cultu ras y valores dive rsos para que coexis tan e n armonía. Esta
tarea quizás se a la que entraña un mayor re to para la sociedad c ontemporánea, y
resulta además fundamental para la paz so cial y la democracia
” (Informe I (B)
(2003) de la Oficina Internacio nal del Trabajo, punto 12 , pág. 3).

Los trabajadores que disfrutan de igualdad de trato y de igualdad de
oportunidades mejoran sus competencias profesionales y, por e nde, su
rendimiento y productividad. Por el contrario, a los que s e les niega la igu aldad de
trato, la igu aldad de oportunidades y unas condiciones labora les dignas, están
poco o n ada m otivados y ponen un escaso empeño e interés en las tareas que le
son asignadas, dado que no pueden demostrar el valor de sus capacida des ni
desarrollarse profesionalmente. En este sen tido, hay que tener en cuenta que las
situaciones de desigualdad o ini quidad disminuye n el nivel de motivación de los
trabajadores, producen ins atisfacción en el traba jo y repercuten negat ivamente en
el rendimiento laboral. Por e so, las empresas para motiv ar a sus empleados deben
ofrecer s alarios razonables y e quitat ivos, dar posibilidades a los trabajadores de
perfeccionar su formación profesional, fomentar la participación y la dele gació n de
responsabilidades, posibilitar la formación permanente de los em pleados, lle gar a
acuerdos sobre obj etivos a lograr y el plazo de consecución de los mismos, etc.

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El lugar de trabajo, y a s ea una fábrica, una empresa, un centro educat ivo o la
calle, es un punto de partida estratégico p ara combatir la discriminación en l a
sociedad ac tual, en la que “
La des ventaja social, cultural y econ ómica es una
realidad p ara muchos grupos étnicos y cult urales. La distribución desigual de la
riqueza e conómica continúa no sólo cre ando, sino agravando s ituaciones de clara
desventaja
” (Nú ñe z, L., 200 1: 57). Las personas que s on discriminadas e n el
trabajo, también suelen recibir un trat o discriminatorio en los ámbitos social,
económico, cultural y en otros ámbi tos; la re unión de trabajadores de distinta
raza, color, lin aje u origen naciona l o étnico e n las empresas, y un tratamiento
igualitario para tod os, contrib uye a re ducir las tensiones provocadas por los
prejuicios y a demost rar que la vid a social y el tra bajo s in disc riminación s on
posibles, efe ctivos y deseables en “
una sociedad dive rsa y plural en la que hemos
de aprender a ser y convivir de forma pluralista, jus ta y democrática
” (Martínez,
M, 2001: 68).

La discriminación labor al no va a desaparecer por sí sola; tampoco el sistema
económico global basado en el pensamiento neolibera l que ha conducido a la
exclusión social de millones de traba j adores en la sociedad se va a ocupar de
eliminar el problema. La eliminación de la dis criminación re quiere e l esfuerzo de
todos y políticas que impidan la e speculación y las guerras financieras, def ienda n
una economía mundial justa y solidaria y establezcan nuevas relaciones
económicas y sociales difere ntes a las actuales que establece el Fondo Monetario
Internacional, el Banco Mundial y la Organizació n Mundial del Comercio con los
países. La lucha contr a la discriminación no sólo es deber de los Gobiernos y
organizaciones internacionales (ONU, UNESCO, Consejo de Euro pa, OEA ...): es
responsabilidad de todos. Empresas, e mpresarios, trabajadores, movimientos
sociales, asociaciones, ONGs, organizacione s, colectivos sociales, s indicatos,
escuelas, profesores, etc., tienen interés y un papel que desempeñar en el
establecimiento de un orden económico y social justo, que garantice , entre otros,
el principio de no d iscriminación e igualdad en el mundo del trabajo.

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En la parte I del Informe I (B) de la Organización Internaci onal del Trabajo se
recuerda la evolución de la s ensibilizació n cada vez mayor respecto del carácter
intolerable de la discriminación en el trabajo, en sus distintas formas. Esto res ult a
especialmente evidente en los casos de discriminación por razón de raza
“el
racismo y la s egregación fu eron las primeras formas de discriminación en s uscitar
preocupación de la co munidad inter nacional. El racismo ha fundamentado y s igue
motivando las tra gedias sociales más indignantes.”
(Informe I (B) (2003) de la
Oficina Internacional del Trabajo, punto 22 , pág. 8) o de sex o
“otra forma
destacada de discriminación que ha venido polarizando la a tención de la
comunidad internacional desde la Segunda Guerra Mundial es la discriminación por
razón de sexo, más en particular contra las muje res”
(Informe I (B) (2003) de la
Oficina Internacional del Trabajo, punto 28, pá g. 9 ), en el que e l mundo ha
pasado de ignorarlos o negarlos a reconocerlos y adoptar a cciones en las
Conferencias de las Na ciones Unidas para la pr omoción de la igualdad y la
eliminación de la discriminación en e l empleo y la ocupación, c omo en la Cuarta
Conferencia Mundial s obre la Mujer (Beijing, 1995 ), la Cumbre Mundial sobre
Desarrollo Social (Copenhague, 1995) o la Conferencia Mundial co ntra el Racismo,
la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia
(Durban, 2001).

Aunque parecen haber desaparecido algunas de las formas más flagrantes de
discriminación, muchas permanecen, y otras han adopt ado nu evas formas o son
menos visibles. Los cambio s en el s istema prod uctivo, que res ultan de procesos
centrados en e l modelo económico -social neoliberal, crean una mayor desigualdad
social y vuelven a definir los modelos de estr atificació n y movilidad sociales. Este
modelo neoliberal dominante en la mayoría de los p aíses del mundo fomenta la
subcontratación masiv a, la disminución de s alarios, la flexibilidad laboral y una
débil acción redistributiva del Estado, gene rando nuevas manifestaciones de la
discriminación que, a su vez, generan nuevas des igualda des. Por ejemplo, el
efecto combinado de l a migración glo bal, la nueva definición de las fronteras en
algunas partes del mundo, y los crecientes prob lemas y desequilibrios económic os

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han contribuido a alimentar o exacerbar los problemas de x enofob ia, el miedo al
otro, y de discriminación racia l y religiosa.

A la vis ta de lo anterior, resulta evidente la ne cesidad de e stablecer políticas
de empleo no di s criminat orias que posibiliten avanzar hacia un a sociedad más
integrada y estable, alejando los peligros de la pobreza y de la exclus ión y
precariedad laboral, es decir, que fomenten el pleno empleo, garanticen la
formación profesional continua de los trabajadores, con el fin de que é s tos sigan
siendo productivos en estos momentos de cambios constantes en el mercado
labora l, des arrollen sus competencias profesionales y favorezcan la igualdad en el
trabajo.

La discriminación en el trabajo puede manife starse en el acceso a un puesto
de trabajo, mientr as e jercen su profesión o en caso de despido. Los trabajado res
que se enfrentan a l a discriminación cu ando aspir an a un empleo, tienden a
continuar ex perimentándo la duran te e l desempeño de la actividad laboral,
generando sentimientos de ins atisfacción personal que pueden afect ar de manera
negativa al des arrollo de s us potencialidades y al desempeño de las tareas que le
son asignadas. En “La hora de la igualdad en el traba jo” se argumenta que la
discriminación en el t rabajo no se orig ina sólo com o consecuencia de actos
aislados de un empresario o de un trabajador, o de una única me dida política. Más
bien son los procedi mientos, las prácticas y las re glas del mu ndo del trabajo
impuestas por las leye s d e los Estados las que generan y refue rzan l a
discriminación, o las q ue dismi nuyen o eliminan la discriminación. Las leye s son
modificables o a nulables, y pueden cambiarse para promover la igualdad.

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5.4.4. Las desigualdades labora les por razón de géne ro, discapacidad y minorías
étnicas

En la parte II del Infor me I (B) (2003 ) de la Oficina Internacional d el Trabajo
se analizan las diferencias unidas al géne ro de las personas, que se observan en
los datos relativos a l a actividad económica en el mercado de trabajo (tasa de
empleo, población ocupada, dese mpleo, afiliaciones a la s eguridad social,
contratos de tr abajo, salarios, asignación de puestos de trabajo, etc.). Esta
información es válida para determinar si exis te discriminación en el acceso al
mercado de trabajo y en los empleos correspondien tes a los distintos sectores
económicos (a gricultura, indus tria, construcción y servicios). En e l Informe se
expone que, aunque se han producido algunos avances (la participación de la
mujer e n el empleo asalariado no agrícola ha aumentado en casi toda s pa r tes, la
gama de ocupaciones en las que se emplea ba a mujeres se ha ampliado en la
mayoría de los p aíses, las difere ncias salariales por razón de se xo han disminuido
en la mayor parte de los lugares, etc.), aún queda mucho por h acer (las t asas de
desempleo son más altas en las mujere s que en los hombres , las diferencias
salariales por razón de sexo siguen siendo importantes, etc .).

En lo que re sp ecta a la re muneració n y, al contrario de lo que se piensa
tradicio nalmente, el nivel de ins trucción y la t rayectoria profesional intermitente de
la mujer no son el mot ivo de las diferencias de sueldo por razón de sex o. Otros
factores, co mo la segregación pro fesional, estructuras de salarios arbitrarias,
sistemas de clasificació n de empleo y una negociación co lectiva des centraliza da o
débil parecen ser lo s eleme ntos más determinantes para las des igualda des
salariales. En el Infor me se plantea la cue stión de si un a política de sala rios
mínimos podría contribuir a reducir las dife rencias e n el extremo inferior de la
estructura s alaria l, p uesto que las mujeres y otros grupos – traba jadores
migrantes, minorías é tnicas, etc .- que son víctimas de la discriminación, es tán
representados de manera despropo rcionada en los emple os con ba jo salario.

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En la sociedad no dejan de producirse situaciones que ponen de manifiesto la
desigualdad entre ho mbres y mujeres en e l trabajo. Flecha (2001 : 4 0), afirma
“que si en los orígen es de la democracia hubo una clara e xclusión de las mujeres
de la ciudada nía política, en la actualidad este tipo de limi tacio nes que rodean el
trabajo femenino remunerado están conllevando su alejamiento de una plen a
ciudada nía económica ”
. Y, según la Organiza ción Internacional del Trabajo
“La
situación laboral de los hombres y de las mujere s presenta carac terís ticas
diferentes. Los hombres tienen más posibilidades de ocupar cargos clave, puestos
fijos o mejor rem unerado s, mientras que la s mujeres suelen o cupar puestos
periféricos, ins eguros y menos pres tigiosos. Las mujeres queda n e xcluidas o
<<segregadas>> de cie rtas clases de tra bajos a causa de unas prácticas de
contratación f avorables a los hombres o de obstáculos par a obtener ascens os o
progresar p rofesionalmente ”
(Informe I (B) (2003 ) de la Oficina I nternacional del
Trabajo, punt o 134, pág., 46).

La le gislación puede contribuir a la elimi nación de la discriminación y la
consecución de la igualdad laboral, tr atando directamente los problemas de
discriminación en el trabajo -en Suecia, la le y sobre la igualdad de oportunidades
exige a los empresarios con más de diez trabajadores que lleve n a c abo un plan
anual para la igualdad en e l lugar de trabajo, en e l que tambié n se tomen en
consideración las cuestiones salariales y las medidas para corregir las
desigualdades a este r especto-, o de forma indire cta, garantizando la igualdad en
otros á mbitos, como el familiar, el escolar, el político, el social o el cultural.

Para que la legis lación se a eficaz, se re quiere una aplicación efectiva de la
misma, mecanismos de control e instituciones de promoción. Los re tos que
plantea la aplicación efectiva son múltiples y van desde la f alta de medios
materiales hasta la falta de recurs os huma nos. Aparte de la legislación, las
políticas públicas t ambién son útiles para abordar el problema de la discriminación
labora l, por ejemplo , l as políticas de contratación pueden ser una medida efi caz

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para f acilitar el acc eso de miembros de grupos minoritarios o personas
discapacitadas al e mpleo – en Brasil, la ley fe deral de la Administración pública
procura paliar la dis criminación sufrida por las personas con discapacidades
reservando para ellas el 2 0% de los puestos vacantes ofert ados a concurso por la
Administración pública federal-.

Los Estados deberían t omar medidas para garantizar el dere cho de igualdad a
todas las pers onas en general y, en e special, a los más desfavorecidos – mujeres,
minorías étnicas, inmigra ntes... – de nuestra s ociedad, e stos grupos s e encuentran
en situación de margina ción por el dominio de las tesis neoliberales y el proceso
de globalización económica. La realidad es bien distinta, la única preocupación de
la mayor parte de los Estados, incluido el Estado español, es el control de la
inflación y la disminución, en lo posible, de los desequilibrios básicos de la
economía (déficit exterior y déficit públic o), para lo cual e s neces aria la
moderación salarial, la flexibilidad laboral y la austeridad presupue staria . Por ello,
difícilmente, la solución a los problemas de exclusión va a ve nir desde la polí tica o
la Administració n.

Aunque la educación es un ins trumento esencial para luchar contra la
discriminación en el a cceso y el ejercicio profesional en el traba jo decente,
definido por la Organización Internacional del Trabajo como
“el punto de
convergencia de los cuat ro o bjetivos es trat égicos: la promoción d e los derechos
en el traba jo, e l empleo, la protección social y el diálogo social”
(Informe I (B)
(2003) de la Oficina Internacional del Trabajo, pág. 2), no e s s uf iciente. De ahí
que las e strat egias a ntidiscriminación no han de ce ntrarse ún ica mente en las
actuaciones educativas, son precis as nuevas políticas socioeco nómicas y un
mercado de trabajo dif erente. En este sentido,
“la finalidad primord ial de la OIT e s
promover la igualdad de oportunida des entre hombres y mujeres para que puedan
conseguir un trabajo decente y produc tivo en condiciones de libertad, equidad,
seguridad y dignidad hu mana. ”
(Informe I (B) (200 3) de la Oficina Internacional
del Trabajo , pág. 2).

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Para la Org anización Internacional del Trabajo, la e liminación de “
los déficit de
trabajo decente se precisa un profundo conocimiento de lo que es la
discriminación en el tra bajo y un s eguimiento periódico de sus manifestaciones y
de sus consecuencias soc iales y económicas. H abida cuenta de los cambios
registrados e n todo el mun do e n los mercado s de trabajo y en la composición de
la fuerza laboral atendiendo al sex o, la edad y el origen é tnico, cualquier
estrategia de pleno empleo debe adopt ar un enfoque i ntegrador en el ámbito
labora l. La igualdad de oportunidades es la única vía para alcanzar e ste objetivo
.”
(Informe I ( B) (2003) de la Oficina Internacional del T rabajo, punto 9, págs. 2 -3).

En la parte III del Informe I (b) de la OIT se aborda su labo r y la de los
interlocutores sociales con quienes la OIT trabaja estrechamente en l o
concerniente a la eliminación de la discriminación, presentando ejemplos de
superación de la discrimi nación por parte de los interlocutores socia les, de la
negociación colectiva como ví a hacia la igual dad y de re conocimiento por parte de
las empresas del valor de la igua ldad para su negocio.

El principio de eliminación de la discriminación está presente e n gran part e del
trabajo normativo de la Organización Internaciona l de l Trabajo, e influye en el
desarrollo de marcos legislativos orientados hacia la libertad, la justicia, la
igualdad, la protección de los Derechos Humanos, la convivencia democrática y e l
bien de toda la colecti vidad. Los programas y proyectos de actividad es prácticas
para la e liminación de la discriminación de la OIT han c ontribuido a la derro ta del
apartheid
, la ins taura ción de regímenes demo cráticos, l a supres ión de las barreras
para ac ceder al empleo y a la movilidad ascendente e n el trabajo, el
reconocimiento y extensión de derechos fundamentales a los traba jadores
migrantes y los pueblos indígenas y tribales, la disminución de las desigualdades
entre hombres y mujeres, la incorporación al mundo laboral de lo s trabajadores
discapacitados, etc. No obstante, c omo re conoce la mis ma Organización
Internacional del Trabajo aún queda mucho por hacer, por ejemplo, en cuestiones

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inmigración est á sometida a un proceso tan lento, ot orgando a cada Estado
autonomía propia pa ra dar soluciones normativas reales.

No obstante, las políticas públicas de los Esta dos no son tan distintas, una vez
que el porcentaje de inmigrantes se coloca en t orno al 8% y 10%, donde suele
oscilar la media de la mayoría de naciones europ eas, con la salvedad de los países
nórdicos donde los gua rismos s on menos e levado s. Indudablemente se mantienen
ciertas dife rencias como la existencia o no de contingentes, la pa rticipación o no
en el s istema Schengen o el volumen de inmigrantes en situación irregular, pero
los fact ores básicos de la inmigración y su regulación se repiten en todas las
dimensiones.

5.5.1. El permiso de traba jo y de residencia para los inmigrantes

Si nos pa ramos a analizar esos elementos comunes que se repiten en la
realidad inmi grante de la Unión Europea, podemos comprobar co mo el referente
principal es la obtención de un permiso de tra bajo que lleve apareja do el de
residencia, a partir de la contratación en el país de origen. Esta a probación de la
residencia va a condic ionar la permane ncia legal en e l país de des tino, pero un
trabajador foráneo no puede conseguir e se permiso si no posee e l de trabajo
antes de comenza r la dura t ravesía al lugar de destino.
Como indica Ruiz de Lobera (200 4: 20), “
la ley determin a además qué puestos de
trabajo pueden desempeñar los e xtranjeros, y para qué tipo de extranjeros son
dichos puestos de traba jo. Los e xtranjeros q uedan divididos por el diferente trato
legal que reciben. No tienen los mismos derechos los extranjeros que provienen
de países de la Unión Europea que los que vienen de terceros países con los que
existen acuerdos bilaterales (como la ex ención de vis ado para ent rar) y a s u vez
que los que procede n de terceros países a l os que se les exigen todos los
requisitos
”.
El titular del permis o de res idencia tendrá l a capacidad p ara poder acceder o
salir del territorio del Estado miembro que le hubiera expedido el mismo, al igual

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que e jercer las activida des autorizadas en el país receptor. En esta lín ea, gozará
del mismo tratamiento respecto al nacional en aspectos como: condiciones
labora les (incluy endo las relativas a despidos y remuneración), reconocimiento de
títulos profesionales, se guridad social, libertad de asociación y afiliación,
incluyendo en es te apartado l a pertenencia a una organización a l os trabajadores.
Asimismo, poseen derecho a s olicitar y adquirir el reembolso de las contribuciones
satisfechas, por el tra bajador o el empresa rio, a los regí menes de pensiones
públicas en los casos en los que se cumplan determinadas condiciones y s iempre
que se retorne a un tercer Estado. Este comp lemento contributivo s e efectuaría en
los supuestos en que la pers ona le fuese imposible re cuperar su pens i ón, o no
existiese probabilidad alguna de t ransferir sus derechos al régime n del nue vo
Estado donde estableci era su res idencia. La finalidad de e ste dere cho es facilitar la
vuelta del inmigrante.

Siguiendo en esta línea, el beneficiario del permis o de t rabajo y de residencia
disfrutará de unos der echos mínimos durante el transcurso de validez del mis mo.
Por este motivo, durante el periodo del prime r permiso, el acceso y ejercicio
quedará limitado a ciertos ámbitos y actividades es pecíficas, como señalá ba mos
anteriormente, pudiéndose res tringir la activi dad por cue nta ajena o propia en un a
determinada zona , expirando estas limitaciones a los tres años.

No siempre las concesiones del permiso de residencia son algo factible solo
por el me ro hecho de per manecer en un Estado un tiempo determinado. Existen
circunstancias que propician que e ste permiso sea dene gado , como en los casos
en el que el interesado represe nte una amenaza para el orden púb lico o la
seguridad de la ciuda danía. P ara medir el niv el de esa potencial situación de
alterar el or den público, se valorará la gravedad del incidente, el tipo de infracción
cometido o el peli gr o que represente esa persona. Otra circ unstancia que
denegaría totalmente el permis o lo constituiría el re presentar el individuo una
amenaza para l a salud p ública del Estado. Pa ra llevar a efecto este hecho, la
situación del individuo debería e ncuadra rse dentro de las enfermedades que
recoge la OMS, incluyendo además aquellas e nfermedades infe cciosas o

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parasitarias de carácte r contagio so que sean objeto de disposiciones previstas en
el Estado receptor para los propios nacionales. Se contempla la posibilidad de
practicar un examen médico a la persona , con objeto de verificar que no padece
ninguna de la s enf ermeda des consignadas. La alegación de e sta causa podrá
efectuarse en el peri odo com prendido desde la entrada al terri torio hasta la
expedición del permiso de res idencia; un a ve z pasado es te plazo, s i el afectado
inicia la enfermedad, és ta no se rá causa de dene gación de la reno vación del
permiso, ni de expulsión.

Por lo e xpuesto hasta el momento, podemos adivinar como l as diferencias
entre inmi grantes y tr aba jadores nacionales va n a derivar en e se círculo vicioso
que es la inmigración irregular: un trabajador extranjero, si no ha llegado con l os
permisos des de su país, no puede optar a un trabajo al no poseer permis o de
residencia y no puede obtener permiso de residencia porque no tiene permiso de
trabajo (aunque podrí a tener un trabajo o inclus o puede que lo tenga de manera
irregular). T anto en es te s upuesto como en la reagrupación familiar, la concesión
del visado en el país de origen es el principal medio de control de la inmigració n.

Indica Tabares (200 8: 22) que “
no podemos ver la lle gada de inmigrantes
como una invasión de ile gales que amen aza n nuestro ens alzado bienestar y
equilibrio social, tema preferido de los m edio s de comunicación y de mucho s
dirigentes político s. Todo lo co ntrario: hemos de ver la inmig ración como el
amargo fruto y l a otra cara de una mundi alización mercantil y des humanizante
(esto no se dice nun ca) que va des truyendo pa íses enteros del Sur: desde el
empleo a las estructuras s ociales, e l ecosistema e inclus o países enteros. En es te
sentido «Los inmigrantes no son un peligro, sino que están en peligro» ” .

Otro factor común que conforma la realidad inmigrante en Europa e s el
proceder en la contratación imperando el criterio de preferencia hacia el
desempleado del propio país o del comunitario, o del extranjero c on permis o, de

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manera que el empresario ha brá de dotar primero sus plazas disponibles con los
potenciales trabajadores que e stán en el país y pres enten estas características ;
sólo en e l supuesto de haber comprobado que nin guna de estas pers onas
demanda el empleo o encaja en el perfil re querido, podrá co ntratarse a un
extranjero que provenga d e un país extracomunitario.

En términos generales, la valoración del merc ado laboral se encamina hacia la
concesión ini cial del permiso de trabajo, pero no para las posteriores
renovaciones, pues to que en estos casos, el inmigrante ya reside en el país. Es
otro hecho fre cuente el selectivismo en la co ncesión de los permisos iniciales para
el desempeño de una actividad laboral concr eta o para un territorio determinado,
evitando de e se modo que el i nmigrante recién llegado cambie de localidad. En lo
relativo a los s istemas de con tratación en los distintos paíse s, la dif erencia e ntre
ellos estriba en la exis tencia o ausencia de un contingente o c uota anual de
trabajadores inmigrantes.

El régimen y temporalidad de los permis os de residencia presenta similitudes
en la jurisprudencia de los distintos Estado s, estando sujeto este sistema de
permisos, e n un principio a lo temporal, seguido de renovaciones, hasta culminar
con la obtención del permis o permane nte o indefinido, en la mayoría de los casos
una vez cumplidos lo s cinco años de trabajo y residencia continuados en el país.

El amplio e spectro de posibilidades que ofrece el sistema de permisos de
residencia unido a l as singularidades de cada caso, hace aún más complicada la
tarea de hallar ana logías o elementos afines entre los diferent es países. N o
obstante, podrían ex traerse algunos factores comune s que facilitarían tener una
visión más global de cómo se desarrollan ciertos aspectos d e las políticas
migratorias en algunos países europeos. La obtención del permiso de res idencia
está estrechamente ligado a la e xistencia de recurs os y me dios suficientes, que
pueden ve nir determinados por el des empeño de una actividad laboral, o bien,
puede ser concedida en los casos d e reagrupación o por razones humanitarias.

Drogode pende ncias y fact ores de r iesgo en la pobl ación inmi grante en Andal ucía: acción socioedu cativa

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Llegados a este punto, conviene puntualizar ciertas especificidades de algunos
países como por e jemplo Franci a y Alemania, d onde la concesión del permis o de
residencia permanente pasa por el conocimie nto gene ral del sis tema le gal y de la
lengua nacional. En ot ras naciones se prevén circuns tancia s que permiten reducir
el tiempo de residencia para tene r acceso al permiso indefinido. No obstante, una
vez obtenido é ste, el traba jador ex tranjero queda equiparado con el nacional en
materia de legislación laboral. La reagrupación familiar es otro aspecto donde
existen muchas coincidencias entre los diferentes Estado s, aproximándose aún
más sus puntos en común por la reciente aprob ación de una directiva comunitaria
en esta materia.

5.5.2. Los problemas de los inmigrantes relativos a infracci ones, sanciones y
expulsiones

En el ámbit o donde se presenta n mayores diferencias es en el relativo a
infracciones y sanciones . La “expulsión” se reserva en Francia para las inf racciones
de orden público, mie ntras que e n los demás países incluye la es tancia irregular;
otras represe ntan modalidades menores como la concret a grad uación de las
sanciones, la duración de la detención en centros para asegurar l a expulsión; y
otras tienen repercusiones más teóricas que práct icas como la existencia de la
figura de la devolución -retorno para dar re spuesta a la e ntrada ilegal al margen de
la frontera o su inclus ión en la expulsión general . Pese a esto, los objetivos
generales de la política sancionadora son bas tante comunes, y en todos los países
se cons idera la expulsión como ré plica a un a inf racción de la s normas de
extranjería (especialmente la carencia de pe rmiso de residencia) e incluso en la
mayoría se configura la ex pulsión como pena alternativa o adicional a
determinados delitos cometidos por los extranjeros, pese a los problemas de
legalidad que acarrea esta inter vención del derecho penal y de lo s jueces en la
política de extranjería.

Es un hecho evident e y palpable en la s ociedad como la política de
expulsiones no es un mecanismo e fectivo para combatir l a irregularidad, debido

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principalmente a las di ficultades que entraña tanto a nivel jurídico como material.
Aun así, es un hecho constatable en l as polí ticas de inmigración d e la mayoría de
los países como este tipo de medidas se llevan a efecto pa ra subsanar las
irregularidades derivada s del fenómeno de las migra ciones; por lo tanto , las
diferencias e ntre países en este aspecto van a refe rir se al volumen de e xpulsiones
efectuadas en un periodo determina do.

Aparte de las difere ncias mencionadas en los párrafos anteriores, e xisten otras
colocadas en un rango superi or aunque posean un carácter m ás fá ctico (políticas,
sociales, etc.) que jurídico, sin des carta r este último elemento en su interve nción y
como condicionante. La principal diferencia e s la existencia o no de una vida
general para llegar c omo trabajador ex tranjero, que en algunos E stados no e xiste
y si la hay se lleva a efecto a través de la técnica del contingente. En estos últimos
años e ntre los países más des arrollad os se e stá haciendo o perativo el
pensamiento de establecer cuotas de traba jadores muy cualificados y neces ario s
en cie rtos sectores para dar c obertura a las exigencias del mercado laboral; pero
el sentido del contingente e s más gene ral, c omo vía real de inmigración pues to en
marcha por ejemplo en Suiza y en ot ros países desde hace décadas.

Siguiendo en e sta líne a, encontramos otra gran dife rencia, con cretamente
entre las primeras y la s últimas naciones receptor as de inmigr ación, en el vo lumen
de extra njeros en situació n de irregularidad y su conexión con la economía
sumergida, que posee un origen y razón de ser difere nte, pero que se nutre de la
existencia de un mercado de trab ajo ilegal. Esta correspondencia reve la otras
diferencias sustanciales del fenómeno migratorio, como la existencia o no d e
regularizaciones e xtraord inarias y masivas, que demuestran en muchos casos el
fracaso de las le yes contribuyendo a su vez a generar nu evas problemáticas en
numerosos ámbitos de la realidad.

Drogode pende ncias y fact ores de r iesgo en la pobl ación inmi grante en Andal ucía: acción socioedu cativa

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5. 5.3. La escasa normativa migratoria en las constituciones de los Estados
europeos

En la a ctualidad, las c onstituciones que están e n vigor en s u articulado poca
referencia hacen al fenómeno de la inmigración originando estas lagunas
legislativas consecuencias negativas, puesto que la Cart a Magna es la norma
suprema del ordena miento jurídico que especifica los valores democráticos
aplicables a los distintos ámbitos de la sociedad y vincula a to dos los poderes
públicos en pos de su cumplimiento. La deb ilidad de la regulaci ón constitucional
contribuirá a que quede n excesivos espacios normat ivos para la actua ción del
legislador y del g obierno del Estado, permiti endo de es te modo, que las políticas
en esta materia se conviertan en objeto de lucha electoral y de pa rti dos.

Esta a usencia de normativa en materia migratoria y que queda reflejada en la s
constituciones, ha supuesto la intervención de los Tribunales Const itucionales en
cuestiones que atañen esta problemática social c on el fin de reducir las
limitaciones de los derechos de los foráneos lle vadas a cabo por l a le y en países
como Francia, A lemania, Italia o Bélgica.

En líne as generales, se reconocen a l os foráneos los derechos esenciales de la
persona, en ocasiones haciendo alusión a los trata dos internacionale s que son los
que configuran y salvaguardan la personalidad jurídica del extranjero plasmándose
en ellos los derechos y libertades del mis mo. No obstante, se trata de derechos
mínimos de carácter civil e individual a los que se unen las limitaciones y las
trabas en igualdad de otros derechos fundamentales, dejando así, a volun tad de
los parlamentarios y de los go biernos los derechos de los i nmigra ntes. Este
colectivo, por su heterogene idad, precis a de la pues ta en funciona miento de
po líticas públicas específicas encaminadas a la integración t otal en la sociedad de
acogida com o pudieran s er la enseñanza del idioma, la f ormación profesional o la
atención cultural y religiosa entre otras.

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Señala De Sao Joao (2008: 6) que “
los traba jadores de origen e xtranjero
tienen rasgos propios que los dife rencian de los autóct onos, sobre tod o en las
primeras fases del ci clo migra torio: aspecto jurídico, edad media má s joven,
valorización de la remuneración percibida en función de su poder adquisitivo en
origen, utilización del sala rio para e l envío de remesas, desconocimiento ini cial del
marco laboral, in terés centrado en el acceso al empleo y el sueldo más que e n las
condiciones labora les y menor afiliación sindical
”.

En la le gislación de todos los Estados los derechos laborales de los extranjeros
en situación regular son idénticos que los que poseen los nacionales, prese ntando
en la mayoría de los casos igualdad de c ondiciones en las pres tacio nes sociales
correspondientes, con la salvedad de qu e en alguno de los supuestos la
consolidación de un d erecho se alcanza una vez obtenido el permiso defini tivo de
residencia. En cuest iones como sanidad, educación, vivienda, e tc. , son
beneficiarios directo s de estas garantías los inmigrantes con re sidencia lega l,
estando orientada la política de la mayorí a de los países, como se acordó en la
Cumbre de Tampere, hacia la equiparación de este tipo de inmigrantes con los
nacionales.

5.5.4. El reconocimiento de d erechos sociales para los inmigrantes

En esta lí nea de igualda d de dere chos para todos, la mayorí a de las naciones
abre un significativo a partado en sus políticas sociales al rec onocimiento de
determinados derechos míni mos a los inmigra ntes en situación irre gular,
respondiendo de este modo, a las ne cesi dades esenciales de las personas:
atención sanitaria, educación, asesoramiento jurídico… Sin emba rgo, ONG´s de
reconocido prestigio, cómo Cáritas, s eñalan a “
las pers onas no empadronadas y
los inmigrantes en situación irregular como grupos ex cluido s de la atención de los
servicios sociales públicos
” (Equipo de Estudios, Cá ritas Española, 2013 : 20).

Drogode pende ncias y fact ores de r iesgo en la pobl ación inmi grante en Andal ucía: acción socioedu cativa

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No obstante, en términos generales, podemos apreciar un paulatino avance en
la e quiparación de der echos entre nacionales y extranjeros residentes, siendo ést e
un proceso le nto y arduo en su materialización final . Este intento de igualdad para
todos h a salpicado a la esfe ra de los derechos po líticos, al ir alcanzando los
extranjeros atribuciones que hasta hace p ocos a ños no se les reconocía , tales
como: el derecho de expresión, de asociación, de reunión, etc. No obstante, aun
queda una dimensión e n la cual el inmigrante está hu érfano, y nos referimos al
derecho de sufragio. La inmensa mayoría de los países res tringe el derecho al vo to
a los for áneos, tanto en s u vertiente activa como pasiva, en todo tipo de
elecciones, por lo que un s ustancial colectivo de trabajado res residentes en el país
permanece al margen de la pa r ticipación en la política, lo que supondrá un
significativo s esgo en los indicadores democr áticos al ser c ada ve z más elevado el
porcentaje d e inmigrantes en los diferentes Estados.

Hechos como la negación del voto y la p articipación política sie mpre ha n
acompañado a la figura del extranjero, circuns tancias que hunden sus raíces e n el
pasado y que se mantienen en la actualida d. Aunque el foráneo pague
religiosamente s us impuestos como cualquier ciudadano y esté sujeto a las
mismas leyes, no goza del derecho de la participación en la vi da política. Existen
excepciones en el siglo pasado, cuand o e n la década de los sesenta se abrió el
primer re conocimiento al sufragio de los ext ranjeros en las e lecciones locales de
algunos países, s iendo este hito una puerta a la esperanza para que este derecho
de voto se hiciera ex tensible en las e leccio nes genera les. Pero este suce so fue
algo puntual en la hist oria, pues to que la ev olución que han seguido los derechos
civiles de los e xtranjer os y concretamente en lo relativo al suf ragio , no ha tenido
precisamente una línea muy ascendente quedando estos acontecimie ntos en una
mera anécdota.

La política y legislación en materia de derechos sociales van a depender
directamente del cont exto donde esté inse rto el individuo, es decir, la estru ctura
unitaria o federal de un Estado condicion ará la elaboración y ej ecución de las

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normativas en cuestió n de inmigración, al igual que ocurre en cualquier otra
esfera de la realidad político-social, d onde la presencia de un poder ún ico o de
varios po deres, como sucede en el Estado federal y descentralizado, v a a
modificar de forma notable la estructura normativa y las políticas públicas. En e ste
sentido, Europa es un mosaico de estructuras normativas que reflejan casi toda s
las variables existentes que ac abamos de mencionar, comenzando por formas
federales clásicas como son los casos de Alemania y Suiza , para concluir en
modelos como el francés donde la descentra lización a dministrativa vertebra su
estructura nacional. En este punto, no podemos olvidar otros ejemplos que
ilustran la realidad le gislativa como son los casos de l Reino Unido, que toma
formas polític as de de scentralización parcial y el italiano, cuya base político -social
se sustenta en una descentraliza ción en tránsito hacia ma yor autonomía.

En los ámbitos fundamentales de la inmigr ación como son el trabajo y la
residencia, naciones como Suiza y Ale mania ofertan alternativas di versas teniendo
como criterio análogo que la aproba ción de la ley y la gestión en los países de
origen es competencia ex clusiva de la federación, mientras que la aplicación de la
legislación en el interior corresponde a los cantones o Länder.

Un apartado es pecial merece la reagrupación familiar, en es te s entido y según
la Dire ctiva del Consejo de Europa 20 03/86, el reagr upante e s considerado al
nacional de un tercer país que reside de forma legal en territorio de un Es tado
miembro independie nt emente de los motivo s que originaron su autoriza ci ón de
residencia, siempre y cuando fuera titular de un permis o de residencia con una
validez igual o superio r a un año y tuvie ra la inten ción de a dquirir e l de re sidencia
permanente. En esta se cción se incluirán a los refugiados, con ciertas
especificidades en la aplicación del articulado y se excluirán a los nacionales
comunitarios cuando no ejerzan la libre circula ción.

Dentro de este espacio normativo, s erá cons iderado miembro de la familia del
reagrupante al conyuge y los hijos menores del reagrupante y/o su cónyuge
(incluyendo los hijos adoptivos), sie mpre que sean menores de edad (se gún la

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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En para lelo a es tas tendencias, se registra también una evolución fa vorable de
las op iniones y percepciones de los ciudada nos respecto al problema de la s
droga s. Se observa una mayor s ensibilizació n respecto de los rie sgos que
comporta para la salud el consumo de toda s las drogas, tanto en sus patrones de
uso habitual c omo menos frecuente, la reducción de la importancia que se
atribuye al problema en el entorno próximo de los ciudada nos y la e xistencia de
un e levado grado de coincidencia entre las demandas ciudadanas para res olver el
problema y las actuaciones institucionales.

Por otra parte, se ha producido también u n descens o en las admisiones a
tratamiento en los últimos años. De este modo, si e n 19 99 se registra ron 51.19 1
admisiones a tratamiento por consumo de sustancias psicoactivas, un 6% menos
que en 1 998 (Plan Nacional sobre Drogas, 20 00) . Siguiendo con esta tendencia a
la baja , “
en e l año 201 1 se produjeron 50 .281 admisiones a tratamie nto por abuso
o depen dencia de sustancias psico activas (ex cluidos alcohol y tabaco)
” , según el
último inf orme elaborado por e l Observatorio Español de l a droga y l as
toxicomanías (2013: 150) . La tasa global para el conjunto de España fue de 112.7
casos por cada cien mil habitantes (Plan Nacional s obre Dro gas. Es trategia
Nacional sobre Drog as 2009 -2016, 20 13 : 28 ). Este descenso es atribuibl e
fundamentalmente a la gene raliza ción en nuestro país de los trata mientos de larga
duración (programas de sustitutivos op iáceos), que reducen la rotación de los
potenciales usuarios por los distintos dispositivos asistenciales .

Por lo que respecta a nuestra Comunidad Autónoma, ya que va a ser nuestro
objeto de estudio, “
en 2014 se han registrado en Andalucía un total de 21.075
admisiones a tratamiento en los Centros de Tratamiento Ambulatorio de la Red
Pública p ara la Atención a l as Drog odependencias y Adicciones. De e llas, 17 .631
(83,7%) correspondieron a hombres y 3 .444 (16 ,3%) a mujeres. Esto supone un
descenso de 925 admisiones con respecto al año anterior
” ( Área de
Drogodependencias e Inclusión de la Agencia de Se rvicios Sociales y Dependencia
de Andalucía (2015: 9).

P r i m e r a P a r t e : F u n d a m e n t o T e ó r i c o C a p í t u l o 6 . U n a A p r o x i m a c i ó n a l á m b i t o d e l a s D r o g o d e p e n d e n c i a s y A d i c c i o n e s

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En re lación a las drogas que motivan e l tratamiento, la situación h a cambiado
radicalmente en los últimos años. Si la heroína re presentaba en 1 99 9 el 7 3% de
las admisiones r e gistr ada s y la cocaína sólo representaba el 17.5% y ya se
percibía una tendencia al alza del cannabis que supus o un 5.5% de las
admisiones, en el año 2005 la heroína dejó de s er por primera vez la dr oga que
motivaba un mayor número de admisiones a tratamiento, cediendo su pues to a la
cocaína que supuso el 45 .1% de las admisiones, frente al 38.2% de la heroína ,
situándose, a continua ción, el cannabis con e l 1 0.7% ( Plan Nacional sobre Drogas.
Estrategia N acional s obre Drogas 200 9-2016, 2009 : 3 8). Con lo cual, apreciamos
una tendencia al alza de sustancias como la cocaína , con el 40 .4%, y e l cannabis ,
con el 25.6%, de las admisiones a tratamiento, tal y como indica el último Informe
publicado por el Observatorio Español d e la D roga y las Toxicomanías (2013) .

Según datos de la Estrategia Nacional sobre Drogas 200 9 -2016 del Plan
Nacional sobre Drogas (2009: 38) “
en 2006 se re cogieron 7.042 e pisodios de
urgencias sanitarias directamente relacionad os con el c onsumo no terapéutico de
droga s psicoactivas. La principal sustancia me ncionada fue la co caína (59.2 por
100 de los episodios), se guida del alcohol (42.9 por 100) a pesar de que sólo se
recogió este dato cuando se asociaba a alguna otra droga (policonsumo), cannabis
(30.9 por 1 00), hipnose dantes (28.3 por 100) y he roína (21.8 por 1 00 )
”. En este
sentido, la mortalidad por reacción aguda a sustancias psicoactivas ha disminu ido
considerablemente en los últimos años, habié ndose incrementado la propo rción de
fallecidos en que se encuentra cocaína o sus metabolitos.

6.1.2. Elementos a considerar en el abordaje de las drogodependencias

Diferentes autores, e ntre ellos Ortiz de Anda (19 98:181), nos o frece n una
serie de elementos a tener en cuenta respecto a l a intervención comun itaria en las
drogodependencias.

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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- Creciente consideración del ta baco y del alcohol como d rogas .

Existe un cambio de actitud en los profes ionales de la intervención en
drogodependencias, c onsiderándose e l tabaco y e l alcohol como un elemento a
tener en cuenta en las interve nciones preventiva s. Est a variación e n las opiniones
de los profesionales, puede producir cambios, a medio plazo en la re presentación
social de a mbas sustancias.

- Irrupción de las d rogas de síntesis en el esc enario social.

El abuso del “éx tasis” ha cre cido rápidamente en Europa desde mediados de
los años oche nta del pasado siglo , junto con el resurgir del LSD. En este sentido,
durante “
el 2 013 se not ificaron al Sistema de alerta rápida de la UE , 81 nuevas
sustancias psicotrópicas, con lo que se elevó a más de 350 el número de
sustancias controladas
” (Observatorio Europ eo de las Drogas y las Toxicomanías,
2014: 13). En España se han usado es tas drogas, junto a las anfe taminas en
determinadas zonas de vi da nocturna, gene ralizándo se, poster iormente su
consumo a ambientes juveniles de fin de semana. Su nivel de dispo nibili dad y la
imposibilidad de pronosticar sus efectos han pues to de relie ve las consecuencias
graves e incluso mortales que se pueden deri var de su abuso.

- Preocupación familiar por las prácticas de ocio de sus hijos adolescentes .

Se percibe una crecient e preocupación de los padres por el modo e n que sus
hijos hacen us o del tiempo libre, específ icamente por las prácticas de ocio ligadas
al consumo ex cesivo de alcohol y otras drogas los fines de semana, especialmente
cuando se asocian con la conducción de ve hículos a motor y el establecimie nto de
precoces relaciones sexuales.

- Toma d e conciencia social sobre la proximidad del problema d e las drogas .

Se ha adquirido concie ncia por parte de la po blación de que el problema de la
drogodependencia puede afectarnos directamente, independientemente de la
situación cultural, social o económica. Sin embargo, desde el punto de vista de la
intervención comunitaria, hay que avanzar, convirtiendo dicha preocupación e n

P r i m e r a P a r t e : F u n d a m e n t o T e ó r i c o C a p í t u l o 6 . U n a A p r o x i m a c i ó n a l á m b i t o d e l a s D r o g o d e p e n d e n c i a s y A d i c c i o n e s

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actitud de intervención. Existe aun la cre en cia de la imposibilidad de cambiar la
realidad circundante en lo referente a las drogas.

- Sensibilidad socia l ante el fenómeno del narcotráfico.

Esta sensibilidad se explicita d e dos modos:

a. La repercusión social (en medios de comunica ción) y el alto grado de
aceptación por parte de la población, de las operaciones contra el
tráfico de drogas a gran escala.
b. La movilización ciudad ana frente al tráfico c allejero y ve nta “a l por
menor” de drogas.

Se producen reacciones de se nsibilida d social ante los fenómenos relacionados
con el consumo y tráfico de drogas, ya que s e considera e n el imaginario colectivo
que nos e ncontramos ante situaciones de amenaza c omunitaria. Estos hechos
provocan en muchas ocasiones una reacción de autodefensa p or parte de la
población, lo cual puede generar en determinados lugares un ambient e
inadecuado y pernicioso par a la convivencia social. Es preciso r econducir esta
energía hacia l a gene ración de propuestas constructivas alejadas de reacciones
violentas.

- Progresiva articula ción de la respuesta social .

Las redes sociales que se articulan en torno a los fenómenos de las
drogodependencias y, también, las que se gene ran en relación a la propia
vertebración de la ciudadanía, van configurando redes asociativas que contribuyen
de forma significat iva a mejorar las condiciones de vida de las personas en general
y de las afectadas por problemas de drogodependencias en particular. Se re fiere ,
en última instancia, a la im portancia cre ciente que e stán adquiriendo las
organizaciones no gubernamentales en la intervención de las drogodependencias,
ofreciendo respuestas adaptadas y rea listas.

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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- Ma ntenimiento de actitud es racistas e insolida rias tra s el fenómeno de las
droga s.

Se manifiesta en :
a. La estigmatizació n de la población gitana y de otra s minorías é tnicas,
como responsables del tráfico de drogas, con el consecuente rechazo
social de la s mismas.
b. La insolidaridad se m anifiesta en el rechazo al establecimiento de
recursos asistenciales en el núcleo urbano.

- Desplaza miento de las coordenadas en las propuestas de abordaje .

En los último s años se está produciendo un cambio en los procesos de
actuación ante e l fenó meno de las drogodependen cias, motivado por las nu evas
investigaciones que s e realizan en este ca mpo, por las aportaciones de los
profesionales que van introduciendo nue vos protocolos de a cción en sus labores
cotidia nas y por la sit uación socioeconómica por la que atraviesa nu estro país,
obteniéndose buenos resultados con la combinación de estos aspectos. En esta
misma línea el Plan de Acción sobre Drogas 2013 - 2016 (201 3: 6), s eñala que “
en
un momento como el actual se hacen especialmente ne cesarios los e sfuerzos por
racionalizar los gastos y rentabilizar los recurs os que dedicamos a la solución de
los problemas q ue plantean las drogas y las adicciones
”.

En la interve nción se pasa de “programas libres de d rogas”, a los “progra mas
de reducción de daño” . Se produce además un des plaz amiento des de el epicentro
asistencial a la apuesta por la prevenció n
.
En este s entido, adquieren más
relevancia el papel de la familia y la escuela.

- Asentamiento d e los programas preventivos en los centros escolares .

Ha existido una evolución, desde los años ochenta del pasado s iglo hasta la
actualidad, de la in terve nción ce ntrada en la información s obre sustancias ,

P r i m e r a P a r t e : F u n d a m e n t o T e ó r i c o C a p í t u l o 6 . U n a A p r o x i m a c i ó n a l á m b i t o d e l a s D r o g o d e p e n d e n c i a s y A d i c c i o n e s

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impartida por e specialistas ajenos al medio e scolar, hasta l a edu cación para la
salud y la promoción de las habilidades sociales, integradas dentro del curriculum
escolar. Por otra p arte, es muy amplia la implantació n de programas de
prevención en e l me dio escola r, impulsada por las administraciones públicas,
locales y regionales.

- Polarización de los r ecursos de la administración centr al en las estrategias de
represión frente a la reducción de la demanda de drogas.

Cada ve z más se está tomando en cuenta la opinión de los profes ionales,
técnicos e investigadores que trabajan en el ámbito de las drogodependencias , en
relación a la necesidad de transformar la s políticas d e acción respecto al fenómeno
de las toxicomanías. Sin embargo, aún s e está lejos de articular estrategias que
primen unas determinadas actuaciones más preventivas, en ve z de otras más
coercitivas. La mayor part e de los recursos de la administración central e n la lucha
contra las drogodependencias, se dedica a acciones represiv as, en detrimento de
las propuesta s preventiv as.

6. 2 . Modelos explicativos de la drogodependencia

El fenómeno de las drogodependencias, se puede explicar de múltiples
formas, tantas c omo factores implicados. Hemos seleccionado las que ex ponen
Pons y Berjano (1999). Estos autores clasifican los diferentes modelos explicativos,
según afecten a cada uno de los ele mento s que intervienen en el consumo de
droga s: l a s ustancia, l a persona y e l ambiente. Las difere ncias entre un modelo u
otro, estarán e n el gr ado de importancia que se le conceda a cad a uno de estos
elemen tos. Difer encian seis modelos.

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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6.2.1. El modelo jurídico

Este modelo contempla el abuso de drogas desde el punto de vista de su s
implicaciones legales y delictivas. El foco de interés es el propio producto y su
situación legal. Es decir, pretende proteger al individuo de los males de las dr ogas
no institucionalizadas, pero nada dice acerca de las sustancias que quedan a e ste
lado de la le gislación vigente. Esto tenie ndo en cuenta que una gran cantidad de
problemas relacionados con la justicia, los e ncontramos en el consumo de drogas
legales y su repercusión en determinadas situaciones, sobre todo e n las
relacionada s con la conducción de vehículos.

El indiv iduo consumidor de drogas no legalizadas, dependiente o no, es
contemplado como un delincue nte, o al menos como sospechoso d e poder serlo .
En este sentido, podemos co nsiderar que existen grandes capas sociales que
consumen de forma esporádica, determinadas drogas consideradas ilegales, pero
que no conllevan comportamiento deli ctivo a lguno, por p arte de las personas que
las consume n. Un e jemplo de esto podría s er el consumo de cannabis que está
muy extendido entre diferentes sectores de la juventud.

Este modelo ha sido denominado p or algunos autores como “jurídico -
represivo”, por cuanto represe nta una perspect iva de lo jurídico orientada ha ci a la
represión y e l castigo y no opta por o tros e nfoques menos punibles y que tenga n
en cuenta otro tipo de situaciones , en las que la crimin alización de las mismas no
sea lo esencial (Vega Fuente, 1992).

6. 2.2. El mo delo de la distribución d el consumo

Este modelo inci de prioritariamente en el análisis detallado de los patrones de
consumo en el seno de una pobla ción determinada o de la sociedad en su
conjunto. Des de esta pers pectiva teórica e l problema del cons umo de drogas se
reduce a una mera c uestión de disponibilidad del producto e n un me dio social
dado. Por tanto, no se tienen en cuenta otro ti po de factores que afectan
extraordinaria mente al cons umo, como los de carácter social o psicológico y que,

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desde nuestro punto de vis ta, inciden de forma di recta s obre las personas
consumidoras.

Pese a que e ntendemos que el factor de di sponibilidad es fundamental para
explicar, por ejemplo, el masivo consumo de alcohol en nue stra sociedad,
pensamos que la simple me nción a la extensa distribución comercial d e este
producto es insuficiente para comprender su uso abusivo en determinados
individuos o grupos s ociales, ya que en otros que tienen simil ar es situaciones
familiares, sociales o culturales, el consumo es moderado o incluso escaso .

De igual modo, suced e con el consumo de tabaco, aunque la red comercial
está establecida en casi todas las s ociedades y la distribución del product o llega a
los lugares más recón ditos, e sto no e s óbice para el excesivo consumo que se
genera en determinados grupos de población , con los cons iguientes problemas
que esto aca rrea desde el punto de vista familiar, social, sanitario, laboral, etc.

Por tanto, entendemo s que la me ra dispon ibilidad de l as sustancias no es
óbice para el consumo de las mis mas, porque, por ejemplo, en am bientes
carenciales encontramos a un número significativo de ciudadanos y ciudadanas
que trabaja de forma i ntensa por mejorar las condiciones de vida de los entornos
sociales en los que habitan a través de lo s movimientos vecinales y en esos
ambientes es m uy fácil el acceso a todo tipo de drogas y, sin embargo, bastantes
personas orientan s u vida y su opción de ca mbio social por mejorar las carencias
que en esos espacios sociales encontramos y no por consumir sus tancias
adictiva s.

6.2.3. El modelo médico

Considera el abuso o dependencia de sustancia s como una e nfermedad
caracterizada por una pérdida del control del individuo sob re su ingesta. Se
contempla e l problema del consumo de drogas como un pro blema médico más.
Las críticas que se pueden hacer a es te modelo son muchas, aunq ue no haya que

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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olvidar por ello sus importantes aportaciones , entre las que está el que el
drogodependiente s ea visto com o un enfermo y no como un des viado soci al. Sin
embargo, la consideración de enferme dad crónica incurable pued e tener un efecto
contrario, al acentuar aún má s el etiquetado alienador del propio consumidor
(Vega Fuente , 200 2).

Las personas que consumen determinada s sus tancia s adictivas y que no son
dependientes, constituyen un grupo significa tivo y también, en determin ada s
circunstancias, pueden originar s ituaciones de malestar o conflicto consigo mismas
o con su entorno y, sin embargo, todas es tas personas no s e conte mplan en este
modelo. Algunas conductas derivadas del consumo abusivo e n ocasiones
específicas, aunque no convierten a la pers o na en depen diente de la sus tancia, si
que puede originar un problema s ocial g rave. Esto se aprecia con claridad en el
consumo de alcohol y la conducción de v ehículos, con las cons ecuencias ta n
nefastas que esta combinación puede ocasionar.

Por otra parte, desde este modelo se olvida n aspectos tan importantes para el
conocimiento de la conducta de abus o, como son los f actores sociales y
psicológicos, por no mencionar que e ste modelo a penas contempla al sujet o
abusado r cualitativo o cuantitativo, no dependiente.

6.2.4. El modelo sociológico

Atiende fundamentalmente a las condiciones de cará cter socioec onómico y
socioambienta l e n que tiene lugar el consumo de una determinada sus tancia. Sin
embargo, lo económico es contemplado de manera parcial, pri orizando su impacto
en una clase social determinada, la clase m ás de sfavorecida. De esta manera se
sugiere que factores , tales como: la pobrez a, la discriminación o la carencia de
oportunidades, que p ueden aparecer como producto de la sociedad urbana
industrializada, se con vierten en terre no abonado para la aparición del fe nómeno
del consumo de drogas.

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Este modelo peca de ser exces ivamente s ociologicista y de reducir la
perspectiva económica a la relación pobreza -drogas. Aun que es evidente que en
las zonas más desfav orecidas de los núcleos urbanos, incluso en l os de ámbito
rural, se aprecia un notable incre mento del consumo de todo tipo de s usta ncias
adictiva s, también e s verdad que determinadas sus tancias están muy e xtendida s
entre la población en general y su consumo no obedece estricta mente a
cuestiones que conlleven un a relación directa entre s ituación económica y pobreza
en los ambientes sociales. Este es el caso del tabac o que se suele consumir en
todas las cla ses sociales.

Por otro lado, y refiriéndonos concretamente al caso del alcohol, el consumo
de es ta sus tancia entre los adolescentes s e e ncuentra relacionado con un niv el
ad quisitivo comparativamente alto, por lo qu e pensamos que las aportaciones de
este modelo no son suficientes para comprender e intervenir sobre el tema que
nos ocupa.

6.2.5. El modelo psicosocial

Pone su énfasis en el individuo, contemplando la complejidad y variabilidad de
cualquier conducta h umana. La conducta de consumo de drogas no puede
interpretarse des de e st e modelo sin atender a las actitudes, escala de valores y
estilo de vida del individu o. El consumo de d roga s es entendido co mo una forma
más de comport amiento que satisface en el individuo una s erie de nece sidades no
atendida s. Des de este modelo se tiende a difere nciar cantidades, frecuencias,
formas de consumo, a ctitudes, variedad de efe c tos, sin olvidar el medio ambiente
en que los individuos se desarrollan. Si reconocemos que el consumo de drogas es
un comportamiento humano, es te comportamiento podrá ser estudiado a tr avés
de la aplicación de los principios que rigen la c onducta humana e n general, y
podrá n s er utilizados a tal fin los conocimientos acumulados por la psicología
social y otras ciencias del comportamiento ( Ve ga Fue nte, 2 002). A partir de aquí,
y siguiendo a e ste autor, podemos enumerar una s erie de principios que ayuden a
co mprender mejor el problema:

Drogode penden cias y fact ores de ri esgo en la poblaci ón i nmigra nte en Andal ucía: acción socioedu cativa

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Su des cubrimiento fue casual, como resul tado de la putrefacción n atural de
frutas alma cenadas.

Destiladas
: res ultan de la depuración de las bebidas fermentadas para
obtener mayores conc entraciones de alcohol. S e tr ata de bebidas como e l
vodka, la ginebra o el ron y oscilan entre 4 0º y 50º. La de stilación fue
inventada en e l s iglo VII por los alquimistas árabes, de quienes procede el
nombre de la sustancia
al -kohl
. La graduación de una bebida indica el
volumen de alcohol etílico que contiene. Así, un a botella de vino de 12º
contiene un 12% de alcohol puro.

Los efectos del alcohol como se ñala Díaz (1990), dependen de diversos
factores que podemos pa sar a comentar a continuación:
 La edad: beber alcohol mientras e l organismo todavía s e encuentra
madurando, es especialmente nocivo.
 El peso: afecta de modo más severo a las personas con me nor ma sa
corporal.
 El sexo: por factores fi siológicos, la tolerancia fe menina es , en general
menor que la masculina.
 La cantidad y rapidez de la ingesta: la mayo r cantidad de alcohol e n menor
tiempo provoca una intoxicación superior.
 La ingestión simultánea de comida: el e stómago lleno, sobre t odo de
alimentos grasos, dificulta la intoxicación.
 La co mbinación con bebidas carbónicas (tónica, coca-cola, etc.) van a
acelerar la intoxicación.

En es ta mis ma línea, señala Sánche z Pardo (2002: 92 ) que “
las actitudes de
los ciudada nos ante las distintas drogas condicionan los hábitos de consumo, de
tal modo que no se ent endería la importante pene tración que el alcohol tiene en la
sociedad española sin la existencia d e una acti tud tolerante ante su consumo
”.

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A nivel psicológico el alcohol también va a producir repercusiones q ue
transcenderán en la conducta del individuo de forma n otable, entre éstas
podemos destacar la desinhibición, la euf or ia, la relajación, el aumento de la
sociabilidad, las dificul tades para habl ar y para aso ciar ideas, la d escoordinación
motora, etc. En el plano orgánico, el abuso crónico de e ste tipo de sustancia va a
estar asociado a diversos problemas de sal ud como gastritis, cirrosis hepática s,
úlceras gastrod uodenales, cardiopatías o la tolerancia y dependencia física, con un
síndrome de abstinencia caracterizado por ansiedad, temblores , ins omnio,
nauseas, taquicardia e hipertensión, que puede des embocar en un
delirium
tremens
si no se recibe t ratamiento adecuado (Leigh, 1992).

Como dijimos anteriormente, los efectos del consumo de alco hol van a
depender directamente de la cantidad que esta s ustancia presente en la sangre.
La medida se toma en función de los gr amos existentes por litro de sangre,
obteniendo con e sta regla numérica diferentes grados de conocimiento del estado
del individuo. A continuación, mostramos una escala de los efe ctos que produce
una ingesta d e alcohol determinada:
 0.5 g/l: euforia, sobrevaloración de facultades y disminu ción de reflejos.
 1 g/l: d esinhibición y dificultades para hablar y coord inar movimientos.
 1.5 g/l: embria guez, con pérdida del control de las facultades superiores .
 2 g/l: d escoordinación de habla y de la marcha y visión doble.
 3 g/l: estado de apatía y somnolencia.
 4 g/l: coma.
 5 g/l: muerte por pa rális is de los centros resp iratorio s y vasomotores.

6. 3.2. Droga s no institucionalizadas

En es te apartado vamos a intent ar aproximarnos a unas sustancias que en
nuestro entorno cultural son consideradas c omo fuera de la legalida d, aunque en

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otros lugares su consumo s e encuentra más cercano a l a realidad histórica y
cultural de la población.

6.3.2.1. Cannabis y d erivados

El ca nnabis e s una planta con cuya resina, hojas y flores se elabo ran las
sustancias psicoactiva s más conocidas (h achís y marihuana) y más utilizada s entre
las drogas ilegales. Su consumo, como el de la mayoría de las drogas de origen
botánico, ha acompañado a la humanidad desde tiempos ancestrales, siendo
usada con fines terapéuticos, re ligiosos, lúdicos y , e n ocasiones, para la
elaboració n de fibras textile s. Sus efectos psicoa ctivos son debidos a un o de sus
principios a ctivos: e l tetrahidrocannabinol, cuyas siglas son THC. El hachís se
fabrica a partir de la resina a lmacenada en las flores de la planta hembra,
prensada hasta formar una pasta compa cta de color marrón cuyo aspecto
recuerda al chocolate. S u concentración de THC es superior al de la marihuana,
por lo que su toxicidad potencial es mayor. L a marihu ana s e elabor a a partir de la
trituración de flores, hoja s y tallos secos. Ambos preparados se consumen
fumados en un ciga rrillo liado con tabaco rubio, cuyas denominaciones más
usuales son: porro, c anuto, peta… (Gamella y Jiméne z, 20 03).

Al consumirse fumado, es fácilmente absor bido por los pulmones, por lo que
llega a l cerebro con rapidez. En pocos minu tos empiezan a manifestarse sus
efectos, que pueden durar e ntre 2 y 3 horas. Las reacciones más usuales son
relajación, des inhibición, hilaridad, se nsación de lentitud en el paso del tiempo,
somnolencia, dificultad en e l ejercicio de funciones complejas (expresarse con
claridad, memoria inme diata , c apa cidad de concen tració n…). Esta sus tancia tiene
una vida media de una semana, por lo que a los sie te días de s u consumo aún se
mantiene sin eliminar el 50% del principio activo, favoreciendo su acumulación
cuando el consumo es regular. Por consiguiente, el consumo diario de hachís
puede ralentiza r el f uncionamiento psicológico del usuario, ent orpeciendo sus
funciones superi ores relacionadas con el aprendizaje, l a conce ntración y la
memoria. En es te sentido, también se pueden dar reacciones agudas de pánico y

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ansiedad, y en personas predispuestas, puede favorecer el des encadenamiento de
trastorno s psiquiátricos de tipo esquizofrénico (Laurie, 2002).

Por lo que res pecta al plano orgánico, como comentan Gamella y Jiménez
(2003), se pueden producir alteraciones de diversa naturaleza e importancia, entre
las que podemos señalar: respiratorias (tos crónica y bronquitis en cons umidores
habituales de dosis elevadas), cardiovasculare s (empeoramiento de s íntomas en
personas que padezcan hipertensión o insuficiencia cardiaca), sistema endocrino
(altera las hormonas re sponsables del sistema reproductor y de la maduración
sexual), sistema inmunitario (el us o crónico del cannabis reduce la actividad de
este sistema).

El consumo de c annabis “
en lugares, vías, establecimientos o t ransport es
públicos, así como la tene ncia ilíci ta, aunqu e no estuviera destinada al tráfico
”,
está contemplado p or la Ley s obre Protección de la Seguridad Ciudadana como
“
infracción grave
” sie ndo sancionado administrativamente. Se prevé la posibilidad
de sus pender las s anciones “
si el inf ractor s e somete a un tra tamiento de
deshabituación en un centro o s ervicio debidamente ac reditado, en la forma y por
el tiempo que reglamentariamente se determine
”. El Cód igo Penal español no ha ce
referencia al consumo de drogas, ni público ni privado. Contempla únicamente
aquellas conductas relacionadas con la comercialización de las dr oga s y con la
seguridad vial.

Los organismos int ernacionales también t raba jan sobre cuestiones
relacionada s con las d rogodependencias y, en esta línea la OMS cons idera que “
el
consumo crónico (reiterado y prolong ado) de cannabis altera la capa cidad de
organización e integración de información compleja implicando la atención,
memoria, aprendizaje verbal, ordenamiento de tarjetas/historiet as, at ención y
discriminación auditiva y filtración de infor mación irrelevante
” (Quiroga , 20 00:
120).

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6.3.2.2. Cocaína

Procede de un arbusto cuya denominación botánica es Erytroxilon coca. Se
cultiva, primordialmente, en la altiplanicie andina (Bolivia, Colombia y Perú). En las
zonas en las que se cultiva, existe des de hace siglos un consumo tradicionalmente
consistente en mascar las hojas procedentes de la planta, para liberar así su
principio activo y obte ner s us beneficios. Las cantidades absorbidas de este modo
son muy reducidas, por lo que apenas se registran consecuencias adversas
asociadas a esta forma secular de con sumo que aún hoy se mantiene. Las culturas
indígenas de los países productores usaban la coca c on c arácter ri tual y p or sus
propiedades ene rgéticas que les permitían realizar trabajos fís icos de exce pciona l
dureza sin s ucumbir al cansancio. Asimismo, las c arencias alimenticias eran
subsanadas gracias a los efe ctos inhibidore s del apetito que tiene la coca (Madge,
2002).

Las hojas de coc a como s eñalan Becoña y Vázquez (2001), sometida s a
diversos procesos de elabo ración química dan lugar a distinto s deriva dos:
a) Clorhidrato de co caína: la form a p rincipal de consumo de Europa, conocida
popularmente como cocaína.
b) Sulf ato de cocaína (pasta de coca, también c onocida como b asuko), que se
fuma mezclada c on tabaco o marihuana.
c) Cocaína base (crack), que s e fuma me zclada con tabaco. Se obtiene
calentando el hidrocloruro de cocaína con é ter, amonio o bic arbonato de
soda (baking soda). El nombre proviene del sonido que hace la mezcla al
calentarse. S e presenta e n forma de rocas blan cas. El crack qu e es un
derivado p rocesado de la cocaína, suele fumarse en pipa.

Estos dos últimos derivado s son poco frecuentes en su consumo. La vía d e
administración más común de la cocaína es esnif ada , mediante la aspiración nasal
del polvo, colocado a modo de “línea” o “raya”, a través de un billete e nrollado o
una cánula. Su uso e s, en gran medida, recre ativo. Al igual que ocurre con las

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anfetaminas, es utilizada con frecue ncia par a aguantar sin dormir las noche s de
los fines de semana.

La cocaína e s una droga psicoestimulante, consumida gene ral mente por
inhalación, osten tando el ranking de la segunda sustancia más co nsumida entre
los jóvenes españoles detrás del cannabis. Su fácil absorción hace que llegu e
rápida mente al ce rebro, provocando u nos efectos que se manifiestan a los pocos
minutos del consumo. Como menciona Sán chez Pardo (2 00 2 ), los efect os que
produce en los consumidores se traducen en e uforia, locuacidad, aumento de la
sociabilidad, aceleración mental, hiperactividad y un mayor de s eo sexual. En
consumidores crónicos, a medida que des ap arecen estos efectos sobreviene un
estado d e cansancio y apatía que puede inducir a repetir el consumo.

El consumo abusivo de cocaína según Laurie (20 02), puede provocar
importa ntes trastornos psíqu icos, s imilares a los provocados por la s anfetaminas,
tales como: ideas paranoides y depresión. La dependencia psíquica de la cocaína
es una de las más intensas entre las provocada s por las drogas. La supres ión del
consumo tra s un pe riodo pr olongado, da lu gar a un fe nómeno de rebote,
caracterizado por somnolencia, depresión, irrita bilidad, letargia, etc.

Por otra p arte, como i ndica Pascual Pastor (20 01: 16), “
la intoxicación aguda
puede aca rrear trastornos cardiorrespiratorios que pueden llevar a la muerte
súbita. Los síntomas p rincipales consisten en enfriamientos, síncopes, taquicardia,
angustias precordiales, disn ea, polipnea, avidez por el aire y ansiedad, náuseas y
vómitos, trastornos nerviosos y mentales, lo que puede lle var al s ujeto a estados
de resolución mus cular, colapso, pres entando fenóme nos de excitación
psicomotriz con sacudidas musculares
”.

En el plano orgánico, t anto por su actividad cerebral como por la v ía habitua l
de administración, el consumo crónico de cocaína puede ca usar: pérdida de
apetito, ins omnio, perforación del tabique nasal, sinusitis e irritación de la mucosa
nasal, riesgos de infartos, hemorra gias cerebrales, cardiopat ía isquémica…

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