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La ciudad como teatro poético-político

Abstract

En el seno de la ciudad, escenario de la convocatoria de las fuerzas humanas psíquicas e intelectuales y como resultado de la observación atenta del acontecimiento surge la condición intelectual y se escribe una teoría poético-política.

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La ciudad como teatro poético-político

Author: Rodríguez de la Flor, Fernando
Publisher: Editorial Universidad de Sevilla
Year: 1999
DOI: 10.12795/astragalo.1999.i12.08
Source: https://idus.us.es/bitstreams/fefee3cc-52a1-4df3-a78b-6e5e0a141b18/download
LA CIUDAD COMO TEATRO POÉTICO-POLÍTICO
Fe nando R. de la Flo
En el seno
de
la ciudad, escena io de
la
con oca o ia
de
las ue zas huma-
nas psíquicas e in elec uales y como esul ado de la obse ación a en a
del acon ecimien o su ge la condición in elec ual
y
se esc ibe una eo ía
poé ico-polí ica.
Telles ous cheminez, s oiques e sans plain es/
A a e s
le
chaos des i an s ci és
Q
uizá es Engels, quien de una mane a
más cla i iden e haya pe cibido el po-
encial somb ío que alien a en la anó-
nima masa ciudadana.
gado de señales, lleno incluso de aquellos p e-
sagios que en el ela o bíblico ma can el nue o
iempo de la mue e del Reden o . Sólo que en
el e oluciona io la ineluc abilidad de la io-
lencia amenazan e, la sob esa u ación ene gé-
ica de un dominio is e e injus o, cob aba el
sen ido in e so al que en el acon ecimien o
Las mul i udes apa ecen an e él en el espacio e ís ico ub icaba (con elloock-ou , la oscu i-
abie o de lo público como ca gas eléc icas
que se iccionan en el ca ousel del boule-
a d, con on ando sus polos posi i os y nega-
i os en la g an explosión p enuclea de la con-
cen ación y el acon ecimien o. Es un momen-
o exal a o io y único que el polí ico pe cibe,
pues el pelig o y la ensión acumulada po la
his o ia es allí máxima. Es á en juego el hom-
b e, cada homb e, que puede alza se en onces
a su condición inalcanzada o, po el con a io,
ebaja se, deshace se in ini amen e, disol ién-
dose en el «espacio
despó ico>>
que con igu a
una u be.
Si uado en el obse a o io que le p opo ciona
su sabe sociológico, Engels mi aba el Pa ís de
mediados de siglo x x, como se mi a el cielo
en la inminencia de la o men a enide a: ca -
dad del i mamen o y la asgadu a de la co ina
del cielo, ya no más p o ec o ), el inicio de una
época hué ana, sumamen e indigen e y peni-
encial pa a la humanidad oda.
No. Engels, alquimis a sociológico y agi ado
en la p ime a ho a de la polí ica o al, p ecipi-
aba en su discu so las desca gas de ene gía ne-
cesa ias de las que hab ía de su gi una e olu-
ción po in 'bienhecho a.
La
ciudad e a pa a él
el labo a o io e dade o donde hab ía de ges-
a se una e uel a en la cadena ineluc able del
de eni ; una isu a en el eslabón é eo del sen-
ido del p og eso y de la his o ia, po in some-
ido a una implosión sin p eceden es.
Puede deci se que un u o exal ado le poseía
an e el espec áculo emendo de una mul i ud,
-XCI-
91
ASTRAGALO, 12 (1999)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1999.i12.08
P o eso de Li e a u a de la Uni e sidad de Salamanca.
92
desag egada
y
hos il
pa a
consigo misma, aje-
na
po
comple o a las ue zas que
la
con oca-
ban
pa a
una
eme gencia ulgu an e
en
la
esce-
na
de
la
His o ia. Sólo
una
mono onía desespe-
anzada;
un
as o de inanidad
y
acío, deja el
des ile espec acula de
la
ciudadanía
en
una
u -
be
y
en
un
o be oda ía
no
ganados
po
la
polí-
ica ni
po
la
poé ica.
Descalzos
y
en
ha apos; a as ando los sables
o los man eos, el su co o la huella de los pasos
pe didos
de
los indi iduos
de
los que
es a
o a-
lidad,
de
momen o sin des ino, se abas ece,
no
iene
la
ene gía en onces
pa a
insc ibi se
en
el
lib o del p og eso o la ga
ma cha
de
la
huma-
nidad:
«¡Qué bién ba ido es á
su
pa imen o y cuán-
os pies han dejado
su
ma ca en
él!
La bo a
o pe y sucia del soldado e i ado, bajo cuyo
peso
el
mismo g ani o pa ece ag ie a se; laza-
pa illa diminu a, li iana como el humo,
de
la
jo en que uel e la cabeza hacia los escapa a-
es deslumb an es como el gi asol hacia
el
sol;
el
magní ico sable del con iado al é ez que
ab e
un
p o undo su co en
su
supe icie: odo
queda ma cado en él po el pode
de
la ue za
o
el
pode de la
debilidad.>>
(N.
Gogol,
Ne ski
P ospeck .)
Los
homb es sin des ino
-los
«humillados
y
o endidos»
de
Dos oiewski-,
la legión in ini a
de
las somb as, discu e disciplinada an e los
ojos
de
Engels,
el
libe ado , el homb e que in-
uye la exis encia de un pun o ígneo
en
la
masa
ía
de
la
humanidad. El homb e, ambién, que
sueña
con
que, alcanzado
ese
olcán in e io
que
habi a
odo
se
y
que se encuen a ado me-
cido
en
el
cen o sec e o de las mul i udes,
la
ida
en onces, al y
como
la
conocemos y nos
ha
sido dada,
puede
gi a al unísono, modi ica
el ea o
de
in ascendencia y sin des ino que
an es de oda e olución la ca ac e iza, y a i -
ma
así el nue o eino
de
la
emoción
del
hom-
b e
sob e
la
ie a.
Toma
la
ciudad
pa a
la polí ica
y
oma
al in-
di iduo
pa a
la
poé ica, se p esen a
así
como
el
único abajo de
una
azón p ác ica.
El
pensa-
do
-pongamos
Engels-
encuen a
en
el
modo
de
con e i lo
en
posible su espacio obsesi o,
su luga
de
e lexión pe manen e.
An es de
esa
oma
-de
esa
medicina o a ma-
con adminis able
en
el cue po
en e mo
de lo
social-,
la
desc ipción de odo lo
que
es
do-
lien e y edimible
en
al si uación
es
ce e a
en
Engels, que esc ibe:
<<El
umul o
de
las calles iene,
ya
de
po
sí,
al-
go
de
epugnan e, con a
lo
que
se
ebela la
na-
u aleza humana. Es os cien os
de
miles
de
pe -
sonas pe enecien es a odas las clases y es a-
men os sociales que pasan acosándose unos a
o os, ¿no
son
odos ellos homb es con
las
mis-
mas
ca ac e ís icas y acul ades y con
el
mismo
empeño en se elices? ¿No deben hace odos
ellos
los
mismos es ue zos pa a alcanza la
e-
licidad, u iliza
los
mismos medios y caminos?
Y pese a ello,
se
c uzan unos con o os como
si
no
u ie an nada en común, como
si
no
u ie-
an
nada que
e
unos
con o os, y
el
único
acue do en e ellos
es
el
áci o
de
man ene se a
su
de echa
en
la
ace a, pa a que las dos co ien-
es
umul uosas
no
se
es o ben
el
paso
una
a
o a;
y
a nadie
se
le
ocu e echa
una
mi ada
al
o o.
La
b u al indi e encia,
el
ío aislamien o
de
cada cual
en
sus
in e eses p i ados apa ecen
an o
más
epugnan es e hi ien es cuan o
más
jun os es án es os indi iduos
en
un
pequeño es-
pacio; y aunque sepamos
que
es e aislamien o
del indi iduo, ese só dido egoísmo
es
en odas
-XCII-
pa es
el
p incipio básico
de
la
sociedad
ac ual,
en
ningún
luga
se
mues a
de
o ma
an
e i-
den e,
e gonzada
como
aquí en e
la
mul i ud
de
la
g andes
ciudades.>>
(F.
Engels,
El p oble-
ma de la i ienda.)
Le ue assou dissan e au ou
de
moi
hu lai
Campo
poé ico; campo polí ico, cuyo ea o
e dade o es
la
ciudad cosmopoli a (y, en e
odas, ¿cuál como Pa ís?). Ciudad no dada al
modo
de
un me o escena io, sino pode osa
con igu ación opológica
que
se si e al ez
de los homb es como si ue an su lo a (y en-
onces son su lo a, su «bo ánica
de
as al o>>
y
macadam
-Baudelai e-
). Ciudad que en uel-
e
en
los con lic os que
son
his ó icamen e
suyos y que sólo los homb es c eemos equi-
ocadamen e nues os.
Así
Pa ís.
Así
el Pa ís
del 68,
que
sueña y ecue da
el
del 93 del
x m,
el
48
del XIX, el
71
comune o, de ese
mismo XIX.
Engels, ese homb e de un p emayo
del68;
ese
eó ico
de
masas y conocedo de
la
ida ín ima
de
los ba ios, sella la condición in elec ual co-
mo inexo ablemen e des inada a da se su obje-
i o
en
el seno del medio u bano. Todas las
igu as de su e ó ica se exhiben en la g an en-
ciclopedia de ecu sos humanos y cons elacio-
nes del imagina io que la ciudad eúne en sí
bajo
la
o ma
de
su sec e o y su eso o.
Son los homb es del cincuen a
en
adelan e
de
ese siglo que nos p ecede quienes, expe os,
cons uyen su eo ía poé ico/polí ica como
esul ado de
la
obse ación a en a del acon e-
cimien o, al y como és e
se
mues a
en
ella-
be in o de los caminos bi u cados
de
la
mega-
ciudad. Las do midas ue zas de
una
humani-
dad alienada, cob an sólo b illo
en
el momen-
o áu eo
en
que los cue pos y las clases que-
dan con ocados
en
la
escena múl iple del
espec áculo calleje o.
Allí, en la a de quizás de un domingo a anca-
do al abajo maquínico, el cue po se e ela co-
mo poseído de un po encial e ó ico y apa ece á
animado po una sec e a ene gía es uc o a
de
lo dado,
de
lo que es pu a banalidad alea o ia.
La aspi ación y
la
a i mación de o mas
de
i-
da
supe io es, allí en onces se ealiza. Los
cue pos se suel an. Es una expe iencia desc i a
po Cla ín que la obse ó en las masas ob e as
que desemba caban en
el
cen o anímico de
Ve us a: el co azón de los paseos a bolados pa-
a bu gueses. Los cue pos, an e odo quie en
ama y se amados. Y en onces exudan sus hu-
mo es y p oclaman sus libe alidades:
«Había comenzado aquel
paseo
años
a ás
co-
mo
una
especie de pa odia; imi aban
las
mu-
chachas
del
pueblo
los modales, la
oz,
las
con e saciones
de
las
seño i as y
los
ob e os
jó enes
se
ingían
caballe os, cogidos
del
b a-
zo
y paseando
con
a ec ada jac ancia.
Poco
a
poco
la b oma
se
con i ió
en
cos umb e y
me ced
a ella
la
ciudad soli a ia, is e
de
día,
se
animaba
al
comenza la
noche,
con
una
ale-
g ía exal ada, que pa ecía una exci ación
ne -
iosa
de
oda
la
"pob e e ía",
como
decían
los
e ulios
de
Vegallana.
E a la ue za
de
los
a-
lle es que salía
al
ai e lib e;
los
músculos
se
mo ían
po
su
cuen a, a
su
gus o, lib es
de
la
mono onía
de
la
aena
u ina ia.
Las
mucha-
chas
se
eían
sin
mo i o,
se
pellizcaban, ope-
zaban
unas
con
o as,
se
amon onaban, y
al
pa-
sa los
g upos
de
ob e os c ecía la alga aza;
había golpes
en
la
espalda, ca cajadas
de
mali-
-XCIII-
93
ASTRAGALO,12(1999)ISSN 1134-3672
94
cia, g i os de men ida indignación, de also pu-
do , no po hipoc esía, sino como si se a a a
de un paso de comedia.» (Cla ín,
La
Regen a.)
Pe o esos mismos cue pos que ían ambién,
apenas sin sabe lo
-la
ca ne es la inocencia,
siemp e-, des ui y des ui se, incendia se y
dona se en una p ima e a abie amen e e olu-
ciona ia
-¿mayo?-
a la que pa ecen ín ima-
men e con ocados po una oz sec e a que los
empuja
al
ágo a, al ci co o ea o de
su
des ino.
Po odos lados, la «desamo ización de los se-
c e os case os» (An onio Flo es, Aye , hoy,
mañana) y la exclaus ación de las amilias y
de la pequeña ida, anima la dinamo que gi a
aho a pa a la e olución y pa a la poesía. Lan-
zado
al
ea o de lo gigan esco, de lo que ya es
me a y mega polis, el homb e ha de oma el
pulso y la conciencia de lo que es la in-habi a-
ción de lo u bano, masi icado y o al.
La ibu en ese momen o (como sucede en el
cuen o de Ka ka) ha es ablecido sus i acs di-
ec amen e bajo las es ellas.
E
la somb e Pa is, en se o an les
yeux!Empoignai
ses
ou ils, ieilla d
labo ieux
En onces la ciudad ( al que Pa ís) cob a la di-
mensión me a ísica de un nue o Valle de Josa-
a . Allí el espec áculo de las azas, de las a-
iedades in ini as a que
se
e lanzado lo huma-
no, p o oca y con oca a una angus ia de la
acción, a un éx asis ei indica o io. En la espe-
a y en la inminencia del acon ecimien o que
es cósmico, ¿quién que ía, llegados a es e
pun o, e ocede , gua ece se en las an iguas,
en las iejas segu idades?
En ese momen o, la ida
se
con ie e en
un
i-
i
al
descubie o, echazando la mo ada (las
ho das es udian iles en e olución, no ol e ían
a sus hoga es los días
de
onda pa isina. Hicie-
on noche en los campus).
Es
en onces, am-
bién, cuando de la masa has a en onces oscu a e
inde e minada, su ge o debe su gi el ulgo con
que llaman las pode osas idas au ónomas y so-
li a ias. Una desca ga
de
a acción indi iduali-
zada es alla encima de la mul i ud con ocada,
con i iendo a los suje os
-a
odo suje o- en
una sue e de más iles en noche de San Telmo.
En onces oda humillación an igua cede, y ya
se hace imposible un pensamien o como el que
enuncia a Dos oiewski:
<<A
eces, en días es i os, me paseaba po la
ace a soleada de la Ne ski en e las es
y
las
cua o de la a de. Bueno, más que pasea me
expe imen aba innume ables o men os, hu-
millaciones, esen imien os. Me deslizaba co-
mo un anguila en e los iandan es de la o ma
más indeco osa, haciéndome con inuamen e a
un lado pa a deja paso a los gene ales, a los
o iciales
y
húsa es de la gua dia o a las damas.
En esos momen os sen ía una punzada con ul-
si a en
el
co azón
y
un calo que me eco ía
oda la espalda con sólo pensa en la mezquin-
dad de
mi
aje, en la ulga idad y mezquindad
de
mi
pequeña igu a deslizándose. És e e a
un
ma i io habi ual, una humillación men al con-
inua e in ole able que se con e ía en la ince-
san e
y
di ec a sensación de se , a los ojos de
odo el mundo, una mosca, una mosca desa-
g adable
y
epelen e.>>
(Dos oiewski, Memo-
ias del subsuelo.)
En el momen o augu al y e oluciona io, cada
homb e ecupe a á
su
au a (pe dida). Es á es-
c i o.
El
homb e incluso en la mul i ud (E. A.
-XCIV-
Poe: El homb e de
la
mul i ud) ecob a su des-
ino y se posesiona en e amen e de su se , y
ello en la ulgu ación de un ins an e único. B i-
lla aho a cada se como un enigma necesa io
pa a los o os.
El
equilib io e oluciona io del
odo depende, en eso que es ins an e decisi o,
de es a singula idad que cob a el uno, el hom-
b e de la masa, el an año alienado en la polí ica
baja del núme o y el paso po la u na.
A a e s les dése s cou ez comme
les loups
Pe o el suje o, el homb e de la mul i ud, es na-
da, an es de se un ayec o, una de i a. Aho a
se descub e una e dad ocul a: la his o ia y el
acon ece y la ida es el esul ado de un des-
plazamien o.
La
mo ilidad es la esc i u a se-
c e a del cue po y el alma es siemp e conquis a
y desalojo de in ini ud de opog a ías.
Me ced a la de i a y el anscu so, el homb e
co a las sucesi as capas de expe iencia, y en
ello cob a la conciencia de una his o ia pe so-
nal. El liineu es el modelo pa a una ciencia de
la ida como i e , como camino y camina , e-
co ido y posesionamien o de un locus. Pe o la
mul i ud iene ambién en la ma cha y en
lama-
ni es ación la exp esión o al que suminis a la
comunión
en
libe ad con un des ino que exce-
de al indi iduo, y que, p opiamen e, se p e-
sen a sin ho izon e y sin des ino dado p e ia-
men e.
De epen e el homb e singula , el homb ecillo
ene gías iaje as. En la his o ia ab e iada de
su anscu so, ese homb e, semen de lo enide-
o, esc ibe el je oglí ico de su se y su la encia.
W.
Benja nin ha uel o a es a idea mis e iosa,
según la cual la ín ima esencia de lo humano se
deposi a en la ca og a ía de lo que con igu a
su desplazamien o. Como en un mandala, ese
anscu so esc ibe el enigma necesa io:
«Hace ya iempo, años pa a se exac os, que le
es oy dando uel as a la posibilidad de o gani-
za biog á icamen e el espacio de mi ida en un
mapa. An es que nada se me impone la necesi-
dad de un plano-guía. Hoy me ape ece ía coge
un plano gene al mili a del in e io de la ciu-
dad si lo hubie a. Me he in en ado un sis ema
de signos, y sob e el ondo g is de al plano i án
a ios colo es has a que se dis ingan cla amen-
e oda una se ie de luga es: las casas de mis
amigos y amigas; los espacios de eunión de al-
gunos colec i os; las habi aciones de ho eles y
bu deles que conocí du an e una noche; los po-
de osos bancos del Ja dín de los Animales; el
camino de la escuela; las umbas que i ocupa ;
los luga es en que b illaban aquellos ca és cuyos
nomb es, ya desapa ecidos, nos ienen a los la-
bios odos los días; las canchas de enis en las
que hoy se le an an casas de alquile acías; las
salas do adas y ado nadas con escayola en don-
de las sacudidas en las ho as de baile casi las
con e ían en salas de gimnasia.»
(W
Benja-
min, C ónica de Be lín.)
Vieux aubou gs, ou
pou
moi
de ien allégo ie
que camina con los o os, sien e ac ecen a se De aquí el amo a la ciudad, ea o de mi ida.
in ini amen e su po encial, al pe cibi la e - Luga que ci a y con iene el sec e o que yo
dad de su capacidad. «Somos plan as», dice soy. Po eso, se hace p eciso segui a los de-
Heidegge . Pe o más bien somos semillas, más; acompaña les
en
su ayec o uni icado
-XCV-
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ASTRAGALO,12(1999)ISSN 1134-3672

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po un momen o con el nues o p opio en el
iempo
de
la insu gencia y la onda.
Y en onces, el boule a d, la a enida, las calles
y los incones, se con aminan odos del enigma
de la ida humana. Luga es de encuen o y
descub imien o
de
la iqueza que nos cons i u-
ye, y espacios donde se juega el aza y las i-
das se ponen «al able o». El e i o io es el
epicen o de una in ensidad y
su
es a al cielo
abie o es, en sí mismo, un modo de oposición
a los an iguos modos de inhabi ación humana:
la ca e na p imi i a, el es uche domés ico de
la bu guesía decimonónica.
En la poé ica del espacio abie o o
de
cielo a-
so (Bachela d), es á insc i a con le as de o o
la po encialidad mul iplicada que aquél o ece
al encuen o obligadamen e amo oso (aunque
ello deba es a seguido y co egido po la ce -
eza de lo e íme o que esul a odo descub i-
mien o, y lo ins an áneo que ca ac e iza odo
esplando e dade o, si más ue e, an o más
b e e).
El can o que así se ele a de la mul i ud u bana
es exal a o io, y
al
iempo dolo oso. Celeb a el
encuen o de una pé dida. Insc ibe el ins an e
que du a una e e nidad. Baudelai e:
«Un elámpago y ya la noche, belleza ugi i a,
cuya mi ada log ó que de nue o yo enazca,
dime:
¿ya no e e é más sino en la e e nidad?
¡En o a pa e y muy lejos, demasiado a de, y
acaso nunca!
Igno o donde uis e, y no sabe adónde oy,
¡Ay ú, a quien hubiese
amado!>>
Esa desca ga, en e ec o, oma la o ma del
amo . No puede se de o a mane a. En onces
la calle es omada pa a y po el amo . Los so-
ciólogos o ecen la cla e de es a ac i ud amo-
osa,
de
es a co ien e e oluciona ia y p o un-
da que suelda umbilicalmen e lo que se c eía
dispe so y hundido en su indi idualidad. Suce-
de que quienes son conscien es de la b e edad
y la a eza del encuen o, o ecido p ác ica-
men e sólo a la mi ada, en onces se p epa an
a do osamen e pa a esa mi ada, implemen an-
do
su
ese a po encial pa a ascina y se as-
cinados.
Se es ue zan así
-es
un e ec o de mul i ud- en
un
momen o único, ex ao dina io, en da se a
los o os como obje o pa a su deseo. Compac-
os, únicos, suge en es, llenos de ene gía mis-
e iosa ap o echable en los juegos del amo o
de la e olución.
La ciudad, el ea o u bano, es así, el ma en e-
amen e eco ido po una única onda que
es
i almen e lúb ica. Exal a o ia y a i ma i a.
Un espasmo eca ga la masa c í ica con una
sue e de pane o icidad que se mues a en los
ojos de las muje es, p ime as en se conquis a-
das po la p omesa abie a de la no edad y de
la up u a nacien e.
El «desposamien o con la mul i ud» (Baude-
lai e) se ab e en an o ac o p ime o en el com-
plejo i ual que ins umen a una c isis epocal.
Violación de la masa po sí misma, eco ida
de un e lu io calien e que ene a odo ánimo
y pone en el co azón una pasión absolu a de
en ega al o o. Ése es el clímax e oluciona-
io, cuan o poé ico. En su ápice mismo, la
ene gía libidinal se alía a una mecánica subli-
ma o ia, concebida pa a da le con inuidad,
a iculando la o ma p ecisa de un acon eci-
mien o pe o ma i o.
-XCVI-
En onces la masa e oluciona ia cae como de
golpe en la necesidad de es ablece
un
mun-
do y suelo i me donde a aigue pa a siemp e
su sueño amo oso. Nace aquí un des ino y
una a ea.
A pa i de es e pun o, odo es e lujo.
Desechando p ecipi a se ciegamen e en
el
éx-
asis consuma o io; conducida hacia adelan e
po unos líde es cas os que no desmayan, una
cons ucción nue a oma sus pe iles en el ho-
izon e imagina io. La polí ica hace
su
apa i-
ción es ela y cap a lo c ea i o amo oso alcan-
zando po cada homb e en
el
seno de la mul i-
ud la ene gía necesa ia pa a su acción colosal,
pa a la a ea ciclópea que agua da:
«Vuel o a la muchedumb e, a
la
canalla eno me
y e ible que
a olla.>>
Así can aba Rimbaud, he aldo neg o del 68,
anunciando en la e ocidad del ges o y de la
ges a que ello implica, la insc ipción de
un
des ino que ya en onces se sob eexcedía a sí
mismo.
El hedonismo, así, de i a en he oísmo. Como
la poé ica se hace polí ica. El place p on o
abandona sus desmayados ges os pa a adop a
el adus o ademán gue e o de una iolencia
he oica; es deci : sin espe anza. Es el iempo
de las a mas y la época co a de la es a egia y
de la gue illa.
Pa ís change! mais íen dans ma
mélancolie
De la mañana a la noche; del alba de la Re o-
lución al a a dece que ma ca la Res au ación
de lo dado, un ciclo co o se ha cumplido. ¿A -
de Pa ís? Sólo una es ela de c is ales o os, de
edi icaciones incendiadas y de pa imen os le-
an ados
-de
nue o
el
macadam, el as al o
baudele iano que silenciaba el hecho de la pla-
ya p o undamen e p esen e-. Las mul i udes
eg esan a sus pasiones is es, haciendo en on-
ces p o é ica la isión de Tocque ille sob e la
ciudad como «espacio
despó ico>>:
«Me imagino los nue os pe iles que el despo is-
mo mode no adop a en el mundo: eo una mul i-
ud inconmensu able de homb es pa ecidos e
iguales que gi an sob e sí mismos pa a p ocu a -
se pequeños y ulga es place es con que llena
su
alma.>>
(La
democ acia en Amé ica.)
Queda sólo la ciudad. Pe o queda cie amen-
e la ciudad, suje o ac i o de la esceni icación
poé ico-polí ica ocu ida.
Cabe deci oda ía de ella, de oda ciudad ama-
da, en su a o y en nues a espe anza, lo que
esc ibie a Gogol:
¡Cuán eloz, en el cu so de un solo día, se de-
sa olla aquí la an asmago ía! ¡Cuán as me a-
mo osis expe imen a en ein icua o
ho as!>>
(Ne ski p ospeck .)
-XCVII-
97
ASTRAGALO,12(1999)ISSN 1134-3672
Lyonel
Feininge ,
A chi eklu
11.
1921.
-XCVIII-