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La ciudad como teatro poético-político

Rodríguez de la Flor, Fernando

Abstract

En el seno de la ciudad, escenario de la convocatoria de las fuerzas humanas psíquicas e intelectuales y como resultado de la observación atenta del acontecimiento surge la condición intelectual y se escribe una teoría poético-política.

Full text

LA CIUDAD COMO TEATRO POÉTICO-POLÍTICO Fe nando R. de la Flo En el seno de la ciudad, escena io de la con oca o ia de las ue zas huma- nas psíquicas e in elec uales y como esul ado de la obse ación a en a del acon ecimien o su ge la condición in elec ual y se esc ibe una eo ía poé ico-polí ica. Telles ous cheminez, s oiques e sans plain es/ A a e s le chaos des i an s ci és Q uizá es Engels, quien de una mane a más cla i iden e haya pe cibido el po- encial somb ío que alien a en la anó- nima masa ciudadana. gado de señales, lleno incluso de aquellos p e- sagios que en el ela o bíblico ma can el nue o iempo de la mue e del Reden o . Sólo que en el e oluciona io la ineluc abilidad de la io- lencia amenazan e, la sob esa u ación ene gé- ica de un dominio is e e injus o, cob aba el sen ido in e so al que en el acon ecimien o Las mul i udes apa ecen an e él en el espacio e ís ico ub icaba (con elloock-ou , la oscu i- abie o de lo público como ca gas eléc icas que se iccionan en el ca ousel del boule- a d, con on ando sus polos posi i os y nega- i os en la g an explosión p enuclea de la con- cen ación y el acon ecimien o. Es un momen- o exal a o io y único que el polí ico pe cibe, pues el pelig o y la ensión acumulada po la his o ia es allí máxima. Es á en juego el hom- b e, cada homb e, que puede alza se en onces a su condición inalcanzada o, po el con a io, ebaja se, deshace se in ini amen e, disol ién- dose en el «espacio despó ico>> que con igu a una u be. Si uado en el obse a o io que le p opo ciona su sabe sociológico, Engels mi aba el Pa ís de mediados de siglo x x, como se mi a el cielo en la inminencia de la o men a enide a: ca - dad del i mamen o y la asgadu a de la co ina del cielo, ya no más p o ec o ), el inicio de una época hué ana, sumamen e indigen e y peni- encial pa a la humanidad oda. No. Engels, alquimis a sociológico y agi ado en la p ime a ho a de la polí ica o al, p ecipi- aba en su discu so las desca gas de ene gía ne- cesa ias de las que hab ía de su gi una e olu- ción po in 'bienhecho a. La ciudad e a pa a él el labo a o io e dade o donde hab ía de ges- a se una e uel a en la cadena ineluc able del de eni ; una isu a en el eslabón é eo del sen- ido del p og eso y de la his o ia, po in some- ido a una implosión sin p eceden es. Puede deci se que un u o exal ado le poseía an e el espec áculo emendo de una mul i ud, -XCI- 91 ASTRAGALO, 12 (1999) A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA A icle, ISSN 1134-3672 h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1999.i12.08 P o eso de Li e a u a de la Uni e sidad de Salamanca. 92 desag egada y hos il pa a consigo misma, aje- na po comple o a las ue zas que la con oca- ban pa a una eme gencia ulgu an e en la esce- na de la His o ia. Sólo una mono onía desespe- anzada; un as o de inanidad y acío, deja el des ile espec acula de la ciudadanía en una u - be y en un o be oda ía no ganados po la polí- ica ni po la poé ica. Descalzos y en ha apos; a as ando los sables o los man eos, el su co o la huella de los pasos pe didos de los indi iduos de los que es a o a- lidad, de momen o sin des ino, se abas ece, no iene la ene gía en onces pa a insc ibi se en el lib o del p og eso o la ga ma cha de la huma- nidad: «¡Qué bién ba ido es á su pa imen o y cuán- os pies han dejado su ma ca en él! La bo a o pe y sucia del soldado e i ado, bajo cuyo peso el mismo g ani o pa ece ag ie a se; laza- pa illa diminu a, li iana como el humo, de la jo en que uel e la cabeza hacia los escapa a- es deslumb an es como el gi asol hacia el sol; el magní ico sable del con iado al é ez que ab e un p o undo su co en su supe icie: odo queda ma cado en él po el pode de la ue za o el pode de la debilidad.>> (N. Gogol, Ne ski P ospeck .) Los homb es sin des ino -los «humillados y o endidos» de Dos oiewski-, la legión in ini a de las somb as, discu e disciplinada an e los ojos de Engels, el libe ado , el homb e que in- uye la exis encia de un pun o ígneo en la masa ía de la humanidad. El homb e, ambién, que sueña con que, alcanzado ese olcán in e io que habi a odo se y que se encuen a ado me- cido en el cen o sec e o de las mul i udes, la ida en onces, al y como la conocemos y nos ha sido dada, puede gi a al unísono, modi ica el ea o de in ascendencia y sin des ino que an es de oda e olución la ca ac e iza, y a i - ma así el nue o eino de la emoción del hom- b e sob e la ie a. Toma la ciudad pa a la polí ica y oma al in- di iduo pa a la poé ica, se p esen a así como el único abajo de una azón p ác ica. El pensa- do -pongamos Engels- encuen a en el modo de con e i lo en posible su espacio obsesi o, su luga de e lexión pe manen e. An es de esa oma -de esa medicina o a ma- con adminis able en el cue po en e mo de lo social-, la desc ipción de odo lo que es do- lien e y edimible en al si uación es ce e a en Engels, que esc ibe: <<El umul o de las calles iene, ya de po sí, al- go de epugnan e, con a lo que se ebela la na- u aleza humana. Es os cien os de miles de pe - sonas pe enecien es a odas las clases y es a- men os sociales que pasan acosándose unos a o os, ¿no son odos ellos homb es con las mis- mas ca ac e ís icas y acul ades y con el mismo empeño en se elices? ¿No deben hace odos ellos los mismos es ue zos pa a alcanza la e- licidad, u iliza los mismos medios y caminos? Y pese a ello, se c uzan unos con o os como si no u ie an nada en común, como si no u ie- an nada que e unos con o os, y el único acue do en e ellos es el áci o de man ene se a su de echa en la ace a, pa a que las dos co ien- es umul uosas no se es o ben el paso una a o a; y a nadie se le ocu e echa una mi ada al o o. La b u al indi e encia, el ío aislamien o de cada cual en sus in e eses p i ados apa ecen an o más epugnan es e hi ien es cuan o más jun os es án es os indi iduos en un pequeño es- pacio; y aunque sepamos que es e aislamien o del indi iduo, ese só dido egoísmo es en odas -XCII- pa es el p incipio básico de la sociedad ac ual, en ningún luga se mues a de o ma an e i- den e, e gonzada como aquí en e la mul i ud de la g andes ciudades.>> (F. Engels, El p oble- ma de la i ienda.) Le ue assou dissan e au ou de moi hu lai Campo poé ico; campo polí ico, cuyo ea o e dade o es la ciudad cosmopoli a (y, en e odas, ¿cuál como Pa ís?). Ciudad no dada al modo de un me o escena io, sino pode osa con igu ación opológica que se si e al ez de los homb es como si ue an su lo a (y en- onces son su lo a, su «bo ánica de as al o>> y macadam -Baudelai e- ). Ciudad que en uel- e en los con lic os que son his ó icamen e suyos y que sólo los homb es c eemos equi- ocadamen e nues os. Así Pa ís. Así el Pa ís del 68, que sueña y ecue da el del 93 del x m, el 48 del XIX, el 71 comune o, de ese mismo XIX. Engels, ese homb e de un p emayo del68; ese eó ico de masas y conocedo de la ida ín ima de los ba ios, sella la condición in elec ual co- mo inexo ablemen e des inada a da se su obje- i o en el seno del medio u bano. Todas las igu as de su e ó ica se exhiben en la g an en- ciclopedia de ecu sos humanos y cons elacio- nes del imagina io que la ciudad eúne en sí bajo la o ma de su sec e o y su eso o. Son los homb es del cincuen a en adelan e de ese siglo que nos p ecede quienes, expe os, cons uyen su eo ía poé ico/polí ica como esul ado de la obse ación a en a del acon e- cimien o, al y como és e se mues a en ella- be in o de los caminos bi u cados de la mega- ciudad. Las do midas ue zas de una humani- dad alienada, cob an sólo b illo en el momen- o áu eo en que los cue pos y las clases que- dan con ocados en la escena múl iple del espec áculo calleje o. Allí, en la a de quizás de un domingo a anca- do al abajo maquínico, el cue po se e ela co- mo poseído de un po encial e ó ico y apa ece á animado po una sec e a ene gía es uc o a de lo dado, de lo que es pu a banalidad alea o ia. La aspi ación y la a i mación de o mas de i- da supe io es, allí en onces se ealiza. Los cue pos se suel an. Es una expe iencia desc i a po Cla ín que la obse ó en las masas ob e as que desemba caban en el cen o anímico de Ve us a: el co azón de los paseos a bolados pa- a bu gueses. Los cue pos, an e odo quie en ama y se amados. Y en onces exudan sus hu- mo es y p oclaman sus libe alidades: «Había comenzado aquel paseo años a ás co- mo una especie de pa odia; imi aban las mu- chachas del pueblo los modales, la oz, las con e saciones de las seño i as y los ob e os jó enes se ingían caballe os, cogidos del b a- zo y paseando con a ec ada jac ancia. Poco a poco la b oma se con i ió en cos umb e y me ced a ella la ciudad soli a ia, is e de día, se animaba al comenza la noche, con una ale- g ía exal ada, que pa ecía una exci ación ne - iosa de oda la "pob e e ía", como decían los e ulios de Vegallana. E a la ue za de los a- lle es que salía al ai e lib e; los músculos se mo ían po su cuen a, a su gus o, lib es de la mono onía de la aena u ina ia. Las mucha- chas se eían sin mo i o, se pellizcaban, ope- zaban unas con o as, se amon onaban, y al pa- sa los g upos de ob e os c ecía la alga aza; había golpes en la espalda, ca cajadas de mali- -XCIII- 93 ASTRAGALO,12(1999)ISSN 1134-3672 94 cia, g i os de men ida indignación, de also pu- do , no po hipoc esía, sino como si se a a a de un paso de comedia.» (Cla ín, La Regen a.) Pe o esos mismos cue pos que ían ambién, apenas sin sabe lo -la ca ne es la inocencia, siemp e-, des ui y des ui se, incendia se y dona se en una p ima e a abie amen e e olu- ciona ia -¿mayo?- a la que pa ecen ín ima- men e con ocados po una oz sec e a que los empuja al ágo a, al ci co o ea o de su des ino. Po odos lados, la «desamo ización de los se- c e os case os» (An onio Flo es, Aye , hoy, mañana) y la exclaus ación de las amilias y de la pequeña ida, anima la dinamo que gi a aho a pa a la e olución y pa a la poesía. Lan- zado al ea o de lo gigan esco, de lo que ya es me a y mega polis, el homb e ha de oma el pulso y la conciencia de lo que es la in-habi a- ción de lo u bano, masi icado y o al. La ibu en ese momen o (como sucede en el cuen o de Ka ka) ha es ablecido sus i acs di- ec amen e bajo las es ellas. E la somb e Pa is, en se o an les yeux!Empoignai ses ou ils, ieilla d labo ieux En onces la ciudad ( al que Pa ís) cob a la di- mensión me a ísica de un nue o Valle de Josa- a . Allí el espec áculo de las azas, de las a- iedades in ini as a que se e lanzado lo huma- no, p o oca y con oca a una angus ia de la acción, a un éx asis ei indica o io. En la espe- a y en la inminencia del acon ecimien o que es cósmico, ¿quién que ía, llegados a es e pun o, e ocede , gua ece se en las an iguas, en las iejas segu idades? En ese momen o, la ida se con ie e en un i- i al descubie o, echazando la mo ada (las ho das es udian iles en e olución, no ol e ían a sus hoga es los días de onda pa isina. Hicie- on noche en los campus). Es en onces, am- bién, cuando de la masa has a en onces oscu a e inde e minada, su ge o debe su gi el ulgo con que llaman las pode osas idas au ónomas y so- li a ias. Una desca ga de a acción indi iduali- zada es alla encima de la mul i ud con ocada, con i iendo a los suje os -a odo suje o- en una sue e de más iles en noche de San Telmo. En onces oda humillación an igua cede, y ya se hace imposible un pensamien o como el que enuncia a Dos oiewski: <<A eces, en días es i os, me paseaba po la ace a soleada de la Ne ski en e las es y las cua o de la a de. Bueno, más que pasea me expe imen aba innume ables o men os, hu- millaciones, esen imien os. Me deslizaba co- mo un anguila en e los iandan es de la o ma más indeco osa, haciéndome con inuamen e a un lado pa a deja paso a los gene ales, a los o iciales y húsa es de la gua dia o a las damas. En esos momen os sen ía una punzada con ul- si a en el co azón y un calo que me eco ía oda la espalda con sólo pensa en la mezquin- dad de mi aje, en la ulga idad y mezquindad de mi pequeña igu a deslizándose. És e e a un ma i io habi ual, una humillación men al con- inua e in ole able que se con e ía en la ince- san e y di ec a sensación de se , a los ojos de odo el mundo, una mosca, una mosca desa- g adable y epelen e.>> (Dos oiewski, Memo- ias del subsuelo.) En el momen o augu al y e oluciona io, cada homb e ecupe a á su au a (pe dida). Es á es- c i o. El homb e incluso en la mul i ud (E. A. -XCIV- Poe: El homb e de la mul i ud) ecob a su des- ino y se posesiona en e amen e de su se , y ello en la ulgu ación de un ins an e único. B i- lla aho a cada se como un enigma necesa io pa a los o os. El equilib io e oluciona io del odo depende, en eso que es ins an e decisi o, de es a singula idad que cob a el uno, el hom- b e de la masa, el an año alienado en la polí ica baja del núme o y el paso po la u na. A a e s les dése s cou ez comme les loups Pe o el suje o, el homb e de la mul i ud, es na- da, an es de se un ayec o, una de i a. Aho a se descub e una e dad ocul a: la his o ia y el acon ece y la ida es el esul ado de un des- plazamien o. La mo ilidad es la esc i u a se- c e a del cue po y el alma es siemp e conquis a y desalojo de in ini ud de opog a ías. Me ced a la de i a y el anscu so, el homb e co a las sucesi as capas de expe iencia, y en ello cob a la conciencia de una his o ia pe so- nal. El liineu es el modelo pa a una ciencia de la ida como i e , como camino y camina , e- co ido y posesionamien o de un locus. Pe o la mul i ud iene ambién en la ma cha y en lama- ni es ación la exp esión o al que suminis a la comunión en libe ad con un des ino que exce- de al indi iduo, y que, p opiamen e, se p e- sen a sin ho izon e y sin des ino dado p e ia- men e. De epen e el homb e singula , el homb ecillo ene gías iaje as. En la his o ia ab e iada de su anscu so, ese homb e, semen de lo enide- o, esc ibe el je oglí ico de su se y su la encia. W. Benja nin ha uel o a es a idea mis e iosa, según la cual la ín ima esencia de lo humano se deposi a en la ca og a ía de lo que con igu a su desplazamien o. Como en un mandala, ese anscu so esc ibe el enigma necesa io: «Hace ya iempo, años pa a se exac os, que le es oy dando uel as a la posibilidad de o gani- za biog á icamen e el espacio de mi ida en un mapa. An es que nada se me impone la necesi- dad de un plano-guía. Hoy me ape ece ía coge un plano gene al mili a del in e io de la ciu- dad si lo hubie a. Me he in en ado un sis ema de signos, y sob e el ondo g is de al plano i án a ios colo es has a que se dis ingan cla amen- e oda una se ie de luga es: las casas de mis amigos y amigas; los espacios de eunión de al- gunos colec i os; las habi aciones de ho eles y bu deles que conocí du an e una noche; los po- de osos bancos del Ja dín de los Animales; el camino de la escuela; las umbas que i ocupa ; los luga es en que b illaban aquellos ca és cuyos nomb es, ya desapa ecidos, nos ienen a los la- bios odos los días; las canchas de enis en las que hoy se le an an casas de alquile acías; las salas do adas y ado nadas con escayola en don- de las sacudidas en las ho as de baile casi las con e ían en salas de gimnasia.» (W Benja- min, C ónica de Be lín.) Vieux aubou gs, ou pou moi de ien allégo ie que camina con los o os, sien e ac ecen a se De aquí el amo a la ciudad, ea o de mi ida. in ini amen e su po encial, al pe cibi la e - Luga que ci a y con iene el sec e o que yo dad de su capacidad. «Somos plan as», dice soy. Po eso, se hace p eciso segui a los de- Heidegge . Pe o más bien somos semillas, más; acompaña les en su ayec o uni icado -XCV- 95 ASTRAGALO,12(1999)ISSN 1134-3672 96 po un momen o con el nues o p opio en el iempo de la insu gencia y la onda. Y en onces, el boule a d, la a enida, las calles y los incones, se con aminan odos del enigma de la ida humana. Luga es de encuen o y descub imien o de la iqueza que nos cons i u- ye, y espacios donde se juega el aza y las i- das se ponen «al able o». El e i o io es el epicen o de una in ensidad y su es a al cielo abie o es, en sí mismo, un modo de oposición a los an iguos modos de inhabi ación humana: la ca e na p imi i a, el es uche domés ico de la bu guesía decimonónica. En la poé ica del espacio abie o o de cielo a- so (Bachela d), es á insc i a con le as de o o la po encialidad mul iplicada que aquél o ece al encuen o obligadamen e amo oso (aunque ello deba es a seguido y co egido po la ce - eza de lo e íme o que esul a odo descub i- mien o, y lo ins an áneo que ca ac e iza odo esplando e dade o, si más ue e, an o más b e e). El can o que así se ele a de la mul i ud u bana es exal a o io, y al iempo dolo oso. Celeb a el encuen o de una pé dida. Insc ibe el ins an e que du a una e e nidad. Baudelai e: «Un elámpago y ya la noche, belleza ugi i a, cuya mi ada log ó que de nue o yo enazca, dime: ¿ya no e e é más sino en la e e nidad? ¡En o a pa e y muy lejos, demasiado a de, y acaso nunca! Igno o donde uis e, y no sabe adónde oy, ¡Ay ú, a quien hubiese amado!>> Esa desca ga, en e ec o, oma la o ma del amo . No puede se de o a mane a. En onces la calle es omada pa a y po el amo . Los so- ciólogos o ecen la cla e de es a ac i ud amo- osa, de es a co ien e e oluciona ia y p o un- da que suelda umbilicalmen e lo que se c eía dispe so y hundido en su indi idualidad. Suce- de que quienes son conscien es de la b e edad y la a eza del encuen o, o ecido p ác ica- men e sólo a la mi ada, en onces se p epa an a do osamen e pa a esa mi ada, implemen an- do su ese a po encial pa a ascina y se as- cinados. Se es ue zan así -es un e ec o de mul i ud- en un momen o único, ex ao dina io, en da se a los o os como obje o pa a su deseo. Compac- os, únicos, suge en es, llenos de ene gía mis- e iosa ap o echable en los juegos del amo o de la e olución. La ciudad, el ea o u bano, es así, el ma en e- amen e eco ido po una única onda que es i almen e lúb ica. Exal a o ia y a i ma i a. Un espasmo eca ga la masa c í ica con una sue e de pane o icidad que se mues a en los ojos de las muje es, p ime as en se conquis a- das po la p omesa abie a de la no edad y de la up u a nacien e. El «desposamien o con la mul i ud» (Baude- lai e) se ab e en an o ac o p ime o en el com- plejo i ual que ins umen a una c isis epocal. Violación de la masa po sí misma, eco ida de un e lu io calien e que ene a odo ánimo y pone en el co azón una pasión absolu a de en ega al o o. Ése es el clímax e oluciona- io, cuan o poé ico. En su ápice mismo, la ene gía libidinal se alía a una mecánica subli- ma o ia, concebida pa a da le con inuidad, a iculando la o ma p ecisa de un acon eci- mien o pe o ma i o. -XCVI- En onces la masa e oluciona ia cae como de golpe en la necesidad de es ablece un mun- do y suelo i me donde a aigue pa a siemp e su sueño amo oso. Nace aquí un des ino y una a ea. A pa i de es e pun o, odo es e lujo. Desechando p ecipi a se ciegamen e en el éx- asis consuma o io; conducida hacia adelan e po unos líde es cas os que no desmayan, una cons ucción nue a oma sus pe iles en el ho- izon e imagina io. La polí ica hace su apa i- ción es ela y cap a lo c ea i o amo oso alcan- zando po cada homb e en el seno de la mul i- ud la ene gía necesa ia pa a su acción colosal, pa a la a ea ciclópea que agua da: «Vuel o a la muchedumb e, a la canalla eno me y e ible que a olla.>> Así can aba Rimbaud, he aldo neg o del 68, anunciando en la e ocidad del ges o y de la ges a que ello implica, la insc ipción de un des ino que ya en onces se sob eexcedía a sí mismo. El hedonismo, así, de i a en he oísmo. Como la poé ica se hace polí ica. El place p on o abandona sus desmayados ges os pa a adop a el adus o ademán gue e o de una iolencia he oica; es deci : sin espe anza. Es el iempo de las a mas y la época co a de la es a egia y de la gue illa. Pa ís change! mais íen dans ma mélancolie De la mañana a la noche; del alba de la Re o- lución al a a dece que ma ca la Res au ación de lo dado, un ciclo co o se ha cumplido. ¿A - de Pa ís? Sólo una es ela de c is ales o os, de edi icaciones incendiadas y de pa imen os le- an ados -de nue o el macadam, el as al o baudele iano que silenciaba el hecho de la pla- ya p o undamen e p esen e-. Las mul i udes eg esan a sus pasiones is es, haciendo en on- ces p o é ica la isión de Tocque ille sob e la ciudad como «espacio despó ico>>: «Me imagino los nue os pe iles que el despo is- mo mode no adop a en el mundo: eo una mul i- ud inconmensu able de homb es pa ecidos e iguales que gi an sob e sí mismos pa a p ocu a - se pequeños y ulga es place es con que llena su alma.>> (La democ acia en Amé ica.) Queda sólo la ciudad. Pe o queda cie amen- e la ciudad, suje o ac i o de la esceni icación poé ico-polí ica ocu ida. Cabe deci oda ía de ella, de oda ciudad ama- da, en su a o y en nues a espe anza, lo que esc ibie a Gogol: ¡Cuán eloz, en el cu so de un solo día, se de- sa olla aquí la an asmago ía! ¡Cuán as me a- mo osis expe imen a en ein icua o ho as!>> (Ne ski p ospeck .) -XCVII- 97 ASTRAGALO,12(1999)ISSN 1134-3672 Lyonel Feininge , A chi eklu 11. 1921. -XCVIII-