ISSN 1390-3837, UPS-Ecuado , No. 19, julio-diciemb e 2013, pp. 17-48.
¿Democ acia islámica?
De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
Islamic democ acy? F om he a ab sp ing o he muslim win e
An onio He mosa Andúja 1
[email p o ec ed]
Resumen
Es e a ículo analiza el eco ido de las conexiones en e el islam y los p ocesos democ a izado es que se
aglu ina on en ono a la “p ima e a á abe”, o iginados po las mul i udes en las calles. Es e p oceso, aún
inconcluso, islumb a un inal menos eliz de lo espe ado en el cual juega un ol de ini o io la eligión co-
ánica, enemiga de la democ acia. F en e a ello, el au o p opone, en p ime luga , los asgos que de inen la
democ acia pa a luego elaciona los con el núcleo de la adición co ánica y, inalmen e, es ablece cómo los
mo imien os eligiosos han ob ado en elación a los p incipios democ á icos.
Palab as cla es
Democ acia, Es ado, eligión, p incipios democ á icos, p ima e a á abe, eligión co ánica
Abs ac
This a icle analyses he ex end o he connec ions be ween islam and he democ a iza ion p ocesses ha
came oge he wi h he “a ab sp ing”, o igina ed by he c owds on he s ee s. This p ocess, e en, en isages
a less happy ending han wha was expec ed, in which Co an’s eligion plays a de ini i e ole, enemy o de-
moc acy. In ace o his, he au ho p oposes, i s ly, he ea u es ha de ine democ acy o hen ela e hem
wi h he nucleus o Co an’s adi ion and, inally, es ablishes how eligious mo emen s ha e ac ed in ela ion
o democ a ic p inciples.
Keywo ds
Democ acy, S a e, eligion, democ a ic p inciples, a ab sp ing, Co an’s eligion.
Fo ma suge ida de ci a : HERMOSA ANDÚJAR, An onio (2013). “¿Democ acia islámica? De la p ima e-
a á abe al in ie no musulmán”. En: Uni e si as, XI (19), julio-diciemb e, p.
17-48. Qui o: Edi o ial Abya Yala/Uni e sidad Poli écnica Salesiana.
1 Docen e de la Uni e sidad de Se illa-España. Di ec o de la Re is a A aucanía.
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Uni e si as, Re is a de Ciencias Sociales y Humanas de la Uni e sidad Poli écnica Salesiana del Ecuado , Año XI, No. 19, 2013
In oducción
En el mundo á abe, las sociedades islámicas han ejido una poli acé ica ed
de “ esis encia y p o es a” (Bennani-Ch aïbi y Fillieule, 2004)2 desde iempos
inmemo iales, mien as las leal ades amilia es, ibales o egionales domina on
incon es ablemen e la zona (Hou ani, 1968) o ambién mien as el nacionalismo
au o i a io dominaba la escena pública; pe o has a lo que se ha dado en llama
“p ima e a á abe” nunca oza on el co azón de la democ acia. Cuando se les ha
que ido busca un cie o pedig í se ha emon ado especialmen e has a el Egip o
del siglo XIX (o has a los es ue zos con empo áneos de Tu quía3 y Líbano po
cons ui puen es hacia la mode nidad), cuando el Es ado se o dena siguiendo
el modelo o ganiza i o ancés; o bien al de las décadas de 1920 a 1950, cuan-
do se p odujo el expe imen o libe al que el nacionalismo á abe de Nasse y la
hegemonía social y cul u al de los he manos musulmanes acaba on de en e a .
Algunas de las sociedades aludidas conocie on momen os de esplendo
laico, como el p opio Egip o, I aq o Si ia, países en los que de e minados mo-
imien os sociales acaban siendo polí icamen e ep esen ados po un pa ido
único que, a imi ación de los Es ados o ali a ios ascis as o comunis as, se
adueñaba de las es uc u a del Es ado bajo un je e que se adueñaba de las es-
uc u as del pa ido, ans o mándose en un égimen.4 Del laicismo que les
inspi aba ideológicamen e man u ie on –po un iempo y de mane a in e e-
sada– los lazos que les unían a la secula ización,5 en an o segaban de un ajo
cuan o les inculaban a la democ acia.
A deci e dad, a inales del pasado siglo di e sos países á abes inco po a-
on en su seno polí ico cie os asgos cla amen e democ á icos, como son los
p ocesos elec o ales y el sis ema mul ipa idis a (opendemoc acy.ne ). A pa i
2 El lib o es á consag ado a la explicación de ales enómenos sociales en el siglo XX. (Véase ambién
Me nissi, 2003: 43-50).
3 Es la unidad cul u al de los países islámicos, po lo demás no exen a de di e encias que la a a iesan
geog á ica, social, polí ica, lingüís ica, cul u al y has a eligiosamen e, lo que nos lle a a eces a alinea a
Tu quía en el mundo á abe. (Pa a la di e encia en e á abes, u cos y pe sas éase Hou ani, 2003: 119-122).
4 Lo que explica el exceso de bu oc a ización p esen e en cada uno de ellos, ípico de la adición o ien al,
en la cual, po o o lado, el Es ado es más “ e oz” que ue e. (Véase Ayubi, 1998: 580).
5 Secula es y nacionalis as, dice Zabaida, pe o en odo caso no democ á icas, sea que se aliasen con el
cons i ucionalismo libe al, el ascismo o el socialismo (opendemoc acy.ne ).
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
de ahí su gie on algunos enómenos que deno an una mayo plu alización y li-
be alización de las sociedades islámicas, los cuales, aun cuando no se les puede
cali ica de democ á icos, despe a on ilusiones de que cie os e ec os suyos
emp endie an ese camino. Como a i ma Ayubi, algunos de esos enómenos o -
man pa e de lo que puede llama se “democ acia cosmé ica”, pe o nada impide
que ahí se ges a a de mane a insospechada alguna aíz democ a izado a. Un
uego que podía p ende a pa i de las alga adas calleje as que du an e la déca-
da de los 90 sacudie on los cimien os de a ios países como Ma uecos, Túnez,
Tu quía e I án; o bien a pa i del e ue zo en la au onomía de la adminis ación
de jus icia inspi ado po el mayo elie e adqui ido po la igu a de la ley en el
o ganig ama es a al; o bien a pa i de los in e eses que se concen aban en g u-
pos de inidos ue a del cí culo gube namen al y de las asociaciones p óximas a
él; o incluso, po úl imo, a pa i de los pac os y las ca as nacionales median e
los cuales se accedía a una nue a legi imidad y es abilidad polí icas o se aspi a-
ba a una eno ada econciliación nacional (Ayubi, 1998: 596-602).
Con odo, la conexión más p o unda jamás es ablecida en e el islam y la
democ acia se ha p oducido a a és de la llamada “p ima e a á abe”, un mo-
imien o que p obablemen e adeuda su o igen a las “ e uel as po la comida”
o las “p o es as con a la aus e idad” que an es incluíamos en las alga adas
calleje as, y que as su inicio en diciemb e de 2010 en Túnez, se ex endió
como un egue o de pól o a po o os países colindan es. Lo que al p incipio se
p esen ó en sociedad como una pe ición más de abajo y como una demanda de
mejo a de las condiciones sociales de la población, p on o añadió una exigencia
absolu amen e e oluciona ia a sus demandas habi uales: la de libe ad. E a
la democ acia lo que se buscaba jun o a la in oducción de cambios posi i os
en las condiciones labo ales y los esul ados, an ápidos como inespe ados,
al menos po la mayo ía de los nega i amen e a ec ados, p on o cambia on la
az de di e sos países de la egión. La democ acia se exigía al iempo que e a
p ac icada po las mul i udes en calles y plazas (opendemoc acy.ne ); eclamó,
con a la p opia his o ia de los países musulmanes, ins i uciones, p ác icas y
p ocedimien os inspi ados en la adición occiden al; clamó sin cesa con a
sus p opios gobe nan es en luga de hace lo, al son de una caca eada ideología,
con a sus enemigos na u ales y, en su empuje, e minó po de iba sucesi-
amen e a a ios déspo as de sus onos, in e umpiendo además esa cadena
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i ánica de pode que se con igu a an p on o como el de en ado del mismo
piensa en o ja su p opia dinas ía, según nos enseña a He odo o (2000: 96-
105) milenios a ás.
Dicho p oceso no ha concluido oda ía, pe o ya ha expe imen ado cambios
sus anciales que hacen p e e pa a el mismo un inal menos idealis a del que se
p ome ió. En ese inal no eliz, nues a con icción es que la eligión co ánica,
enemiga de la democ acia, ha jugado un papel esencial. In en a emos, en el es-
o del abajo, 1) ija algunas de las ca ac e ís icas básicas de oda democ acia
(con independencia de que muchas de ellas no se cumplan o no en los países oc-
ciden ales) y 2) elaciona las con el núcleo de la adición co ánica, es deci , ana-
liza cómo los mo imien os eligiosos que ac úan en su nomb e y son pa ida ios
de su imposición al conjun o de la sociedad, han ob ado has a aquí en elación
con los p incipios democ á icos que en la ac ualidad dicen sus en a y p ac ica .
P incipios democ á icos
El p ime o de ellos, an o his ó ica como no ma i amen e, y condición de
los demás, es la secula ización, ale deci , la sepa ación en e eligión y polí-
ica, que en su o igen a do-medie al se mani es ó como sepa ación en e la
Iglesia y el Impe io6 y más a de como sepa ación en e la Iglesia y el Es ado.
El paso supone una e olución en oda egla, an o espec o de la inmanencia
de la polí ica como pa a la cons i ución del indi iduo y su econocimien o ju í-
dico como suje o de de echos. Es ambién, en cuan o hecho, el an eceden e del
laicismo, la ca a eó ica de la medalla secula izado a.
6 Ace ca de dicha p oblemá ica la bibliog a ía es in ini a, po lo que solo eco da é aquí uno de los ex os
más b illan es que conocemos, el de Paolo P odi (2000). P odi conside a que esa sepa ación es una de
las señales dis in i as del p oceso de o mación de las libe ades y de su consolidación democ á ica en
las sociedades occiden ales (que comple a á más a de con o o ex o igualmen e excepcional dedicado a
las elaciones en e Es ado y me cado, en el que la necesa ia au onomía de uno y o o esul an decisi as
pa a la libe ad [P odi, 2009]). De ahí su lamen o en el capí ulo inal, an e el hecho más que mani ies o
de la imposición de la ley posi i a sob e la ley mo al. Con odo, la pé dida de au o idad eligiosa que es o
úl imo conlle a –la Iglesia es el pode p incipal que subyace a la alidez de la no ma mo al– no solo nos
pa ece un hecho posi i o, sino una condición indispensable pa a el man enimien o de las libe ades, en
especial la de conciencia, básica en la con igu ación de la dignidad indi idual.
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
El laicismo, que conside a el mundo humano como una ealización humana
y al Es ado como un en e sus ancialmen e au ónomo de la eligión, conside a
asimismo a la eligión como un en e sus ancialmen e au ónomo del Es ado y
la p ác ica de las c eencias eligiosas como un de echo indi idual. Solo que
aho a la eligión ha dejado de se la es ella que guía el umbo de la sociedad a
a és de sus magos o de los híb idos a los que ansus ancia, como los eyes,
y ha abandonado la es e a pública pa a ence a se en el ámbi o p i ado, donde
con inua siendo la luz de la conciencia de los ieles. Po deci lo con palab as
de Ma cel Gauche : “salida de la eligión no signi ica salida de la c eencia e-
ligiosa, sino salida de un mundo al que la eligión es uc u a, en el que o dena
la o ma polí ica de las sociedades y en el que de ine la economía del ínculo
social” (Gauche , 1998: 13).
La idea ahí implíci a es muy sencilla: es posible un Es ado eligioso, con-
esional, pe o es imposible que dicho Es ado sea democ á ico. La democ acia
implica secula ización y laicismo pa a nace y sob e i i , y si cualquie a de los
dos elemen os al a a cab ía sin duda la posibilidad de di isa en el escena io
polí ico la celeb ación de elecciones lib es y a gobe nan es emancipados del
cle o eje ciendo sus unciones, solo que no se ían sino an asmas democ á icos
paseando ocasionalmen e po la a ena pública.
Añadamos que el co ela o indi idual de la inmanencia del Es ado inhe en-
e al p oceso secula izado es la libe ad de conciencia. Cada suje o p o esa á
las c eencias que elija7 y end á de echo a su u ela es a al en iguales condicio-
nes que las de sus co eligiona ios o que las de la compe encia. Aho a bien, al
suje o le cabe op a no solo po la libe ad de c eencias, sino –como ilus a a
Spinoza–8 po la libe ad de las c eencias ( eligiosas), po libe a se del mundo
de supe s ición que las gene a y al que ep oducen, así como de la in ini a i a-
cionalidad que conlle an y de la c uel iolencia a que dan luga ; y ello con la
segu idad de que la p o esión de e laica ale an o como cualquie e eligiosa
o de que aun siendo a eo se puede se mejo ciudadano que el mili an e de
cualquie eligión. Cab ía ub ica una segu idad más: el laicismo, po enciando
7 Pod íamos, en la mayo ía de los casos, deci mejo que “le elijan”, pe o desde el momen o en que un
suje o acional las eje ce olun a iamen e las es á con alidando como suyas, es o es, legi imando.
8 El p ime o “en educi el a eísmo en sis ema”, como dijo Pie e Bayle (Is ael, 2002: 160; éase ambién
Spinoza, 1986: 61-68).
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la igualdad de odos los indi iduos al econoce su común humanidad, al con-
a io de cuan o es conna u al a los miemb os de cada sec a eligiosa, no solo
no es un aciado mo al neu o, sino un ideal de jus icia y emancipación que
ep esen a la sola opción é ica consecuen e con la mencionada igualdad.
O o p incipio democ á ico básico es el plu alismo. En dicha o ma caben
di e sos con enidos, pe o aquí nos ceñi emos a uno solo: el econocimien o
de la i educ ible singula idad indi idual y la legi imidad de las consiguien es
di e encias y posibles con lic os en los modos de ida de cada suje o. El plu a-
lismo, así, comple a el sis ema de la igualdad desde la di e encia.9 Decla ando
álidas po p incipio las dis in as cosmo isiones de los indi iduos, las di e sas
eo ías del bien a que dan luga y sus espec i as p ác icas, sal o las o iginadas
en la iolencia, y legi imando al iempo los po enciales con lic os que de ellas
pudie an de i a , decla a iguales a los suje os que las sos ienen. A pa i de aquí
ya no es posible unda sup emacías o igina ias, y ninguna e e encia al c edo,
a la aza, al géne o, a la es i pe, a la posición social, a la iqueza, e c., bas a á
pa a cimen a ninguna au o idad ingéni a de un indi iduo sob e o o: la na u a-
leza, el es a us o la eligión han pe dido odo pode sancionado .
Aho a bien, en al modo el indi iduo no solo se libe a de la dependencia
del Seño o del Amo me ced a la igualdad común, sino que po mo de la legi-
imidad de sus o mas de ida, que solo el ecu so a la iolencia anula, se libe a
asimismo de la dependencia del Es ado, o mejo , se con ie e en un debe pa a
él. El ínculo con el cons i ucionalismo, con los de echos humanos y con el
mi o nuclea de la democ acia, la sobe anía popula , queda en es e pun o ijado
con solidez; mas ambién con el libe alismo en el aspec o, esencial, que e ela
la esencia del plu alismo como un lími e al eje cicio del pode del Es ado, di-
mensión es a que, po ejemplo, el plu alismo social, al cons i ui la sociedad en
g upos de in e eses y na u aliza su p esencia en la misma más allá de la olun-
ad es a al –es deci , al concebi la ida social y polí ica como un sis ema po-
liá quico, con a io po na u aleza al absolu ismo polí ico– no ha á sino apun-
ala . Añadamos que el plu alismo se acompaña además de una epis emología
9 Jocelyn Maclu e y Cha les Taylo (2011: cap. 1) mues an con e idencias la con inuidad exis en e en e
libe ad de conciencia y plu alismo mo al.
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
escép ica y de una é ica ela i is a,10 que en conexión con la doc ina ju ídica
de los de echos humanos gene a una eo ía social cen ada desde y pun o de
is a axiológico sob e el indi iduo en luga de sob e la comunidad; sob e un se
cuya conciencia asa los alo es que adop a pa a egi g an pa e de su ida y
ca gado de de echos y obligaciones en elación con los demás y con el Es ado.
El p edominio de la comunidad sob e sus in eg an es, los alo es adsc ip i os,
de ma iz ascenden e o no, y el absolu ismo polí ico quedan abolidos po an o
de un plumazo, o bien el ego ismo indi idualis a de quien igno a la necesidad,
con sus co espondien es leyes, de la exis encia del o o jun o a él.
El e ce asgo, en conexión sis émica, que no his ó ica, con el an e io es
la sobe anía popula . La igualdad de odos los ciudadanos implica ans e i a la
mayo ía aquello de lo que se p i ó a uno o a la inmensa mino ía: la condición
de ciudadanos que los lle a de inmedia o an e las pue as de la sobe anía asen-
ándolos de ini i amen e en el ono del pode social. Del que en lo sucesi o ya
no se les desaloja á sino median e el uso de la iolencia, una mancha que cuan-
do cae sob e la a ena pública ans o ma el escena io en un e ial po que nunca
desapa ece, dado que, como exp esa án de mane a áu ea Maquia elo p ime o
y luego Kan –en con ex os, po azones y con ines di e sos– el ecue do de la
libe ad no se cancela de la memo ia de los ciudadanos. Hoy, ningún i ano es ya
legí imo, po mucho consenso social que le sos enga (y ello a pesa del c ecien e
desc édi o que puebla el mundo democ á ico). Y, desde luego, ha anscu ido ya
una e e nidad desde que se ie a a Dios lle ando de la mano al Rey o una co -
dille a de p i ilegios sepa a al noble de sus c iados. Incluso el dine o ha dejado
de p i ilegia , como lo hacía incluso en los p ime os egímenes libe ales, a sus
nue as deidades en e a quienes su en la eno ada p epo encia. Todo ello es
lógicamen e inhe en e a la p oclamación del pueblo como suje o polí ico único
y al econocimien o del conjun o de sus miemb os en cuan o iguales.
Ese e ce asgo se mezcla en las democ acias con empo áneas con los
p incipios libe ales del cons i ucionalismo y del Es ado de De echo, y abso be
asimismo el ímpe u e oluciona io consag ado en los De echos del Homb e y
10 Po pa adójico que pudie a pa ece , es esa é ica ela i is a la que ha con e ido espe abilidad a oda esa
ca e a de c eencias absolu is as que, de impone se alguna, con e i ía la ida de quienes no la p o e-
sa an en ie a quemada, ale deci , en algo quizá peo , caso de se posible, de lo que ya ha de enido la
men e de sus acóli os (laicismo.o g).
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del Ciudadano en F ancia y en la segunda enmienda a la Cons i ución de los
Es ados Unidos –bien que, en ealidad, una no able pa e de azón asis ie a al
ede alis a Hamil on cuando se esis ía a su Decla ación cons i ucional al e -
los ya pues os en p ác ica en la di isión de pode es y en la o denación ede al
del e i o io. Po que, cie amen e, el e ec o común de ales elemen os es la
di isión y limi ación de los pode es del Es ado, así como el con ol de su eje -
cicio median e el p incipio de legalidad; lo cual se suma a la consag ación del
suje o indi idual econociéndolo lib e además de igual, e incluso a un elemen o
cla e en el nue o sis ema de jus icia es ablecido: la eliminación de la iolencia
del ámbi o de la jus icia. Idea ésa cuyo desa ollo exige un p oceso de o ma-
lización y obje i ación que, en e o os muchos esul ados, aba que a odos los
ciudadanos y no solo a los hé oes, y ase a odos con la misma egla; que sepa e
el daño de su éplica po la o a pa e y conside e la en idad del mismo como
medida de la sanción, según sos iene la bíblica y no bíblica Ley del Talión; o, en
in, que despoli ice el cas igo desligándolo del a bi io del gobe nan e.
El cua o y úl imo asgo lo cons i uye el p imado de la polí ica. Una ez
p oducido el desencan amien o del mundo, con las ue zas na u ales des e adas
de la acionalidad y los sabe es, undados en su inmanencia, es uc u ados de
acue do con su lógica in e na, la polí ica debe cumpli su unción única en la
sociedad: ga an iza su segu idad y su paz, p ime o, y omen a la libe ad y el
bienes a después. Los enemigos son, en po encia, las demás, aunque en ac o
acue dos y a ados pueden desac i a ese bélico po encial. Mas lo son ambién
las sociedades mismas, po cuan o sus miemb os, a as ados po pulsiones in-
solida ias, no a amen e malin e p e an o eniegan de los ínculos de solida idad
con los que el indi idualismo, que concibe al suje o como un se social po na-
u aleza, los en elaza. Además, los g andes g upos de in e és, au o-legi imados
pa a de eni g upos de p esión, ue zan con ecuencia las eglas a in de a ima
el ascua a la sa dina cada cual del suyo a cos a del de los o os si es necesa io.
En es e sen ido la polí ica, que desde su esu gimien o en el mundo mode -
no había sol ado su las e eligioso y ma caba su e i o io en e al me cado, e
cómo poco a poco, a a és del libe alismo p ime o y de la democ acia luego,
se le añaden, en cuan o sabe , una eo ía que explica su na u aleza y e ue za
su au onomía, y como p ác ica el mundo de la libe ad y de los de echos jun o
a la ga an ía de la Cons i ución, al obje o de p ese a a ambos y que p o eja la
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unidad y coo dinación de su pode sin su i los e ec os de su ue za; que medie
en e los con lic os que odos esos elemen os, jun os o po sepa ado, p oducen
po su misma na u aleza sin e se des uida po ellos. Fines esos a los que la
ealidad colo ea a menudo con el in e he oico de los ideales.
En a as de la sa is acción de su unción u ela de la sociedad y la libe ad
indi idual, la democ acia po an o p o ege a la polí ica de los demonios de la
eligión y de la i anía del me cado: de ia su eje cicio a los bu óc a as di inos
po medio de los cuales el dios de u no impe a en la sociedad y de que el me -
cado, me ced a las di e sas po encias su gidas del cul o a la sup ema deidad
del dine o, la con o me a su imagen y semejanza cons uyendo una sociedad
de me cado habi ada po lobos en pe manen e acecho de su in e és egoís a.
La consecuencia más de e minan e de ese p oceso de a i mación de la polí ica
democ á ica es la cons ucción social del u u o, una a ea siemp e inacabada a
la que el escul o debe in en a modela ex ayendo sucesi amen e o mas del
má mol del iempo, en unción de las ci cuns ancias, de su olun ad y de su
pode ; siemp e en conexión con o os ac o es del en o no, cada ez más plane-
a io, y siemp e con la libe ad y la paz como elos. Ideas, écnica, negociacio-
nes, pac os con inua án p o eyendo de los medios más ecuen es con los que
lle a la a cabo, y con o man jun o a esa somb a de aza que odea odo lo hu-
mano los ing edien es undamen ales de la acción con la que la sociedad se ab e
paso en e la maleza de posibilidades pa a elegi la suya. Un úl imo ing edien e
acili a á su e icacia: que la acción que cons uye la a qui ec u a del u u o se
ea cada ez más adelgazada en su ob a del peso del pasado.
Hemos sin e izado en cua o los asgos que, en p incipio, de inen a una
democ acia. Si aho a di igiésemos la mi ada a cualquie democ acia eal, in-
cluidas las de mayo pedig í his ó ico o sociológico, a in de medi su alcance
y calib a su pleno endimien o en los hechos, ad e i íamos sin so p esa que
posiblemen e ninguna ep oduce cabalmen e el modelo, ale deci , comp o-
ba íamos una ez más la a eces side al dis ancia, y aun con adic o ia, que
sepa a la eo ía de su p ác ica. Si iajá amos, po ejemplo, al Reino Unido oi-
íamos a su ac ual p ime minis o a i ma que Ingla e a es c is iana, al iempo
que leemos los esul ados de una encues a que ebajan el núme o de los que
así se decla an, en e o as azones a causa del aumen o no able de quienes se
p o esan a eos (laicismo.o g); en odo caso, lo que nunca halla íamos es una
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as las causas del incendio. ¿Y con qué se opa? Pues, simplemen e, con un
suje o inespe ado: una mul i ud que c ece y se enue a a sí misma con o me
a cambiando su g i o, que pasa de se una dolo ida consigna con a el subde-
sa ollo y el au o i a ismo, es o es, con a el hamb e, la pob eza, el desempleo,
la desigualdad y la co upción, a con e i se en un ena decido p og ama de
ei indicación polí ica en el que la ma ea c ece desde la pe ición de dimisión
de cie as au o idades a la exigencia de un cambio de égimen. Mul i ud sin
duda enloquecida, pensa á nues o ole an e mul icul u alis a, po que, a e ,
¿qué hace una mayo ía de á abes islámicos eclamando e o mas polí icas que,
de pone se en p ác ica, lle a ían incluso a con undi les con los sis emas po-
lí icos del enemigo? Y, po si ue a poco, odo eso como si nada. To al, llega
uno, se quema a lo bonzo, ¡que mi a que es poco musulmán eso!, además, y la
chispa que ahí sal a quema el palacio. ¡Ni que ue a es a la p ime a ez en su
his o ia que pasan hamb e o es án some idos, ni que no ue a ésa su o ma de
se ! ¡Aquí hay ga o ence ado!, clama á pa a sus aden os, mien as umia ya
cómo desmon a el complo .
Y es que, en e ec o, una pa e de lo que había ocu ido, y o a cada ez
mayo de cuan o ocu ía, no es aba esc i o en el guión de la his o ia local, sal o
como no a a pie de página a lo sumo, ni ampoco en las su as co ánicas. Pase
que una sociedad pa ida en dos po a ios cos ados ea ebela se a la pa e
mayo i a ia demandando una cu a pa a sus u gencias: mejo es sala ios con a el
hamb e, empleos que ilusionen con un ho izon e a su u u o, incluso algo más
de jus icia que diluya un an o la ignominia en las desigualdades c eadas po
los p i ilegios, e c.; pase asimismo que esa ebelión ome cue po as un hecho
an i espe uoso como es que a alguien le dé po inmola se, en sí un eje cicio
de anidad que no iene en cuen a la adición eligiosa de lle a se po medio a
algún enemigo del islam, pe o que en es a ocasión ha lle ado, en su sobe bia,
has a a o ganiza , aunque sea algo in o malmen e, la abia y saca la a pasea en
público, en con a de la an p obada adición polí ica; pase, al a ía más, que
sob e los ebeldes las ue zas del o den eje zan su iolencia habi ual, pues po
qué deja les hace lo que quie en, an en con a de lo que deben.
Aho a bien, lo que no puede pasa es que una ez empiezan a disipa se las
b umas de los p ime os en en amien os en e ambos bandos –es o es, la es ela
de mue e, de sang e, de dolo , de miedo y de abia eno ada que el choque
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
de la iolencia con a los ebeldes p odujo en sus ilas, inci ándoles a la es-
pues a–, el mayo i a io, el de los en agés, comience asimismo a islumb a los
asgos del que, con mayo o meno azón, conside aba en onces esponsable
úl imo de la si uación, que le ponga el nomb e y el os o de su p esiden e, y el
de sus allegados, y a la pe ición de pan sume la exigencia de libe ad. O sea: lo
que no debía pasa , según las cuen as de cuan os conside an la eclamación de
libe ad una mues a más del impe ialis a idea io occiden al, es que una mul i-
ud que sal a a la calle con una de e minada idea en la cabeza, po no deci en el
es ómago, mu e mien as la eco e y llegue a la plaza con e ida en dueña del
palacio: en un nue o suje o polí ico que, p ime o, eclama di e sas libe ades,
pa a ac o seguido a ibui se la sobe anía y eje ce la de inmedia o, o zando la
deposición de los miemb os a ines al an e io au óc a a p esen es en el Gobie -
no ecién o mado as su huída. Pues sí, lo que les quedaba po e : ¡una an i-
gua masa á abe in o me que ha embocado po el momen o su ans o mación
en pueblo sobe ano a la occiden al!
Tal ue a g andes azos el cuad o de lo sucedido en Túnez, el pa ón en cie -
o sen ido de cuan o ino después, incluidos los acon ecimien os egipcios, pese
a la impo ancia conside ablemen e mayo de es os po se Egip o el país que
es. Pe o ya se sabe que a los imi ado es no les gus a la i ginidad de la his o ia:
como, ecibido el empujón –éxi o oblige– suelen ene p isa po abandona el
Ancien Règime, mejo op an po quema e apas an es que po segui la pau a
del modelo o iginal en oda su pu eza, y en luga de imi a los pasos uno a uno
les a más lo de empeza donde e mina on los pione os: eclamando el cambio
del gobe nan e a la pa que el del égimen, y si se acue dan has a eclaman am-
bién pan y abajo. Se a a pues de un ac o que, como se e, implica un juicio
comple o, condena incluida, al sis ema an e io . Po eso, al “dic ado sau io”
yemení, que pensaba que po habe e undado el país es e se ía suyo pa a siem-
p e, ya no le bas a á pa a e ene lo suyo con egala los alimen os o in oduci
la me i oc acia en el país; y po eso, a Muba ak e minó po uncá sele el deseo
de ins au a en Egip o la dinas ía an es de que le sucedie a su p ime he ede o.
No ha de ol ida se que las exigencias de las plazas á abes e an de libe -
ad. Cie amen e, en ese es ado de cosas, en absolu o cabía desca a que el
an iguo égimen eaccionase con éxi o en busca de su e mido , sob e odo en
Egip o, donde Muba ak sí einaba sob e el ejé ci o. Pe o e a mucho más ácil
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Uni e si as, Re is a de Ciencias Sociales y Humanas de la Uni e sidad Poli écnica Salesiana del Ecuado , Año XI, No. 19, 2013
pensa que la mecha p endida inicialmen e en I án con a el obo en las u nas
del iun o de la oposición po pa e del Gobie no ac ual siga gene ando más
incendios. Como ambién lo e a que cuando lo que p ende la mecha es la libe -
ad, odo lo que la e ena, an es o después, co e á pelig o si no eju enece. Y
en e ese odo igu a, y de mane a solemne, el p opio islam. Ya en Egip o, los
o ganizado es de las mani es aciones acep a on la pos e io inco po ación de
los he manos musulmanes a condición de que enuncia an a su lema sac osan o
de que “el islam es la solución”, un lema ahis ó ico y au o i a io además de
also y coba de. Y en Túnez, aunque aquí la his o ia cuen a, las ue zas laicas
p e alecie on desde el inicio.
Pe o po o o lado, si algo ap endie on de inmedia o los mani es an es es
que la libe ad de mani es ación y exp esión que en onces exigían es aba siendo
un hecho con su p o es a aun an es de que el cambio acabe po ans o ma la en
de echo; que son ellos los que la es án conquis ando mien as la eje cen; y que
el éxi o del eje cicio exige la ga an ía de que pod á epe i se en el u u o cuando
se juzgue opo uno. Con la misma cele idad han ap endido que en el nue o é-
gimen ellos deben se el sobe ano. Y que ambas cosas an o pueden i jun as…
A pa i de ahí el camino es an ácil de imagina cómo di ícil de eco e ,
máxime cuando pa a la adición cul u al impe an e ep esen a una no edad
absolu a. Pe o las no edades no asus an a quienes exigen libe ad mien as la
eje cen, que p on o pod án ap ende con Tocque ille que el p ecio de los males
de la libe ad es más libe ad. Lo que es cie o es que si las e oluciones hubie-
an p ospe ado odo se hab ía cues ionado, incluido el papel a juga po la p o-
pia eligión musulmana en el u u o. De se así, es a íamos en los comienzos de
un p oceso ex ao dina iamen e complejo y du ade o del que en absolu o podía
e se ni p e e se el inal; pe o la calle á abe llegó a sen i ese calo que espa ce
“l’al a c émo /del oc de llibe a ” (Sal ado Esp íu), y ambién po eso desde
en onces ya sabemos que en e las posibilidades aquí abie as po los pueblos
á abes a sí mismos se incluye la de que el p opio islam empiece a expe imen a
en sus ca nes su enacimien o y su ilus ación, algo imp escindible si quie e
con i i con la democ acia en Occiden e, en e o as azones.
La p ima e a á abe hizo nace la lo de la democ acia en aquel mundo, po
lo gene al hos il a la misma, casi po gene ación espon ánea, pe o en cuan o
b o ó no a da on en pe cibi se los ínculos que la enga zaban con o os epi-
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
sodios del pasado. Vale la pena eco da aquí, en e ec o, que a lo la go de su
his o ia se ha ci ado en a ias ocasiones con el laicismo, algunas de ellas desde
el nacionalismo au o i a io. En los siglos IX y X, po ejemplo, un conjun o de
lib epensado es, en e los que descuella Abu Bak al-Razi, había esuel o la
dico omía e/ azón ele ando a la úl ima a los al a es, mien as con inaban la
p ime a en los a abales de la p o eica debilidad humana. Un pensamien o hu-
manis a y a eo des e aba la sumisión a dios y a cualquie o a au o idad unda-
da en él, emplazando en el co azón del pa aíso a un suje o indi idual en g ado
de dis ingui acionalmen e lo bueno de lo malo, lo necesa io de lo inú il, una
capacidad al alcance de odos los indi iduos, que enían así a se decla ados
iguales (gua dian.co).15
O ien e P óximo i ió en los siglos XIX y XX un la go pe iodo de e o -
mas, que in adie on los ámbi os de la cul u a, la polí ica y los modos de ida.
La nahda, el “ enacimien o cul u al” á abe, uc í e o sob e odo en Líbano y
Egip o, si bien a ec ó al conjun o de los pueblos á abes; supuso en pleno do-
minio o omano la ei indicación de “las glo ias de su pasado p eo omano”, y
cons i uyó p e alen emen e desde la li e a u a la p ime a g an ci a mode na de
las sociedades islámicas con el laicismo, aun cuando sus e ec os se ha ían sen i
igualmen e en el ámbi o polí ico (Rogan: 12-13, 217ss.).
La o mación de los p ime os Es ados á abes, con Egip o a la cabeza, si-
guiendo el modelo básicamen e ancés; la apa ición de los pa idos polí icos de
co e mode no, el su gimien o de ideologías p o enien es asimismo de Eu opa,
como el nacionalismo, el libe alismo, el ascismo, el socialismo o el pana abis-
mo cons i uye on o as an as e o mas polí icas que se ue on sucediendo en
ie as musulmanas, p ime o du an e el impe io o omano y más a de bajo el
pa aguas del Es ado nacional. Si a ellas añadimos los g andes cambios habidos
en los modos de ida; en la o ma de es i ; en las elaciones de géne o, donde
15 Hou ani (2003: 107-111) ci a a un alasi a, es o es, a un ilóso o, Al-Fa abí, en e los g andes in elec uales
que p ese a on la unidad de esas dos ins ancias sepa adas y con adic o ias que son azón y e; a ea lle-
ada a cabo en un modo que p ecede al an as eces soco ido en la Eu opa mode na, es o es, des inando el
eje cicio de la azón a los ilóso os y dejando la Sha ía pa a las men es menos do adas (las de “igno an es”
y “ex a iados”, al deci del p opio Al-Fa abí [1985: cap. 34]). Spinoza y Locke son dos de los g andes
nomb es que apa ecen en la aludida adición y compa en con el au o islámico ambién la p e alencia
del conocimien o “apodíc ico” del ilóso o sob e cualquie o a o ma de conoce (1985: 110).
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Uni e si as, Re is a de Ciencias Sociales y Humanas de la Uni e sidad Poli écnica Salesiana del Ecuado , Año XI, No. 19, 2013
p e alecía la igualdad en e homb e y muje ; en los hábi os de ocio de la ju en-
ud, que lle a on al ex ao dina io desa ollo del cine, la ele isión y la música, y
en los que el alcohol enía cabida con na u alidad, pe cibi emos cuán hondo caló
la occiden alización en ales pagos, y en cuán as di ecciones se p opagó el lai-
cismo en las sociedades islámicas. Como dice Rogan (622): “dada la des acada
p esencia que iene en la ac ualidad el islam en la ida pública de la mayo pa e
del mundo á abe, esul a ácil ol ida que en el año 1981 el O ien e p óximo e a
no ablemen e laico”. Las sucesi as c isis po las que ue pasando el mundo á a-
be compo a on la i upción en escena de las ue zas eligiosas, que al p e alece
inalmen e en la misma se es o za on po bo a has a la meno huella occiden-
al, con undida aho a con el mal y, po ende, ana ema izada como pecado.
La b e e eseña his ó ica ace ca de las icisi udes de la i eligiosidad en el
mundo islámico des aca dicha secula ización como el elemen o compa ido en-
e libe alismo, nacionalismo y su ac ual y alicaída p ima e a, apa e de las i-
encias de libe ad así mismo comunes en e aquél y es a. Pe o hoy como aye
la isión democ á ica del u u o de la zona di isada desde ambas pe spec i as
socio-polí icas ha sido disipada po la in e ención de los he manos musulma-
nes en Egip o. Du an e la c isis de la dic adu a o ali a ia, y pese a la ep esión
su ida jun o a las ue zas de izquie da, supie on sob epone se al pode o icial
g acias a su con ol de las mezqui as y de las ins i uciones de ca idad, las bases
a pa i de las cuales suminis aban a una población cada ez más necesi ada los
bienes ma e iales, se icios y abajos que eque ían, y que an año habían cons-
i uido la con apa ida o ecida po Nasse , quien había añadido un p og ama
de e o mas de la ie a, a cambio de una obediencia absolu a. Así empezó su
dominio sob e la sociedad mien as se hallaban alejados de la polí ica, un hecho
a o ecido al comenza a g a i a en la zona de in luencia de Es ados Unidos
en luga de con inua en la de la an igua Unión So ié ica; Sada y Muba ak
ecibi ían un pingüe apoyo mili a y económico po pa e del eno ado amo a
cambio de ab i las on e as de su ce ado sis ema económico al capi al y a la
p i a ización económica, los nue os ídolos que, po su pa e, induci ían más
cambios en los sis emas social y polí ico: la adical sepa ación de las clases16 y
16 La di isión en icos y pob es se acen úa con el c ecimien o de la iqueza especialmen e pe ole a, que ie-
ga las a cas de los po en ados al iempo que acen úa la p oli e ación de pob es (Hou ani, 1968: 521-525).
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
una co upción galopan e –el pe sonalismo y au o i a ismo p ese a on cómo-
damen e su es a us.
En el Egip o ac ual, la ecien e ap obación de la nue a Cons i ución de-
mues a que la p ima e a democ á ica se ha ido y odos saben cómo ha sido.
El iempo polí ico camina al e és del a mos é ico po que el nue o dueño del
pode ha pe mi ido la cons ucción de una achada democ á ica en con apun o
a la de olución del ono legal a la Sha ía. Es e nue o suje o, que se sumó a -
díamen e al mo imien o e oluciona io que exigía e o mas sociales, labo ales
y polí icas al an iguo Gobie no, que exigía la ans o mación democ á ica del
égimen, conco daba con es e en algunos de sus eclamos, pe o emía pe de su
posición de p i ilegio en la sociedad si los deseos ai eados se hacían ealidad y
con ellos las e o mas men ales que les son inhe en es.
El eslogan “el islam es la solución” ol ió a su gi como g i o de gue a en e
sus hues es y en las sucesi as elecciones, incluidas las p esidenciales, celeb adas
as la enuncia de Muba ak, demos a on su a aigada implan ación social. Fue
el inicio de la inicua eislamización de la sociedad, anunciada p ime o en ges os
inequí ocos, como la apa ición –algo p ohibido en época de Muba ak– de una
pe iodis a en ele isión con el hiyab (elme cu iodigi al.ne ); consolidada des-
pués con medidas polí icas de cla a signi icación simbólica y a i icada aho a
con la ap obación de una Cons i ución que, como an es señalá amos, impone
la Sha ía como demiu go ju ídico y social (laicismo.o g). O po deci lo de o o
modo: que la democ acia, con sus libe ades especí icas como las de pensa-
mien o, p ensa, cul o y c eencias, end á que ol e a emig a a la egión de los
sueños, el luga donde dos años a ás ue a in ocada con singula ap emio desde
el simbólico co azón e oluciona io, la plaza Tah i de la capi al egipcia.17
Con odo, el pujan e suje o que como salido de la nada ocupó du an e me-
ses el cen o de los ocos públicos clamando jus icia social y libe ad no se ha
ola ilizado, sino que pe manece po el momen o ansioso y agazapado de ás
17 Que haya sido una plaza en luga de una mezqui a el cen o de la e uel a con a el au o i a ismo polí ico
y social egipcio cons i uye en sí mismo un hecho pleno de simbolismo, y pe mi e hace se una cabal idea
de la magni ud del cambio que el nue o suje o social y polí ico ae consigo. La mezqui a, en e ec o,
es el luga desde donde, an o his ó icamen e –asesina o de los Omeyas po los Abasíes– como en la
ac ualidad –Si ia es el mejo ejemplo ac ual, pe o ambién I án– han pa ido las e uel as en el mundo
musulmán. (Véase Ca ed a y Jana i en Bennani-Ch aïbi y Fillieule, 2004: 132).
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de la deso ien ación que ha supues o pa a él la inexpe iencia polí ica, cie os
desga os in e nos, el aplas amien o del núme o y la consiguien e oma del po-
de po sus enemigos polí icos eligiosos; pe o sus ideales pe manecen i os
e ín eg os, y su ue za de a as e, aunque me mada, casi o al. Di ícil se á
que el Egip o musulmán pueda camina hacia sus añejos obje i os de mane a
sencilla, c eyendo que la ic o ia del núme o legi ima cualquie acción, y que
la mayo ía o o gada po el c eyen e musulmán a sus di e sos ep esen an es es
azón su icien e pa a legaliza oda polí ica. Si la Cons i ución quie e enma ca
la democ acia en el es echo cí culo de la Sha ía no ha hecho sino incuba en
su seno el hue o de la se pien e, y una es ela de dis u bios ci iles cada ez más
iolen os puede se el juez que di ima el con lic o en e los pa ida ios de ales
enemigos inconciliables. Si no deseaba da alas a la con lic i idad polí ica, el
cons i uyen e debe ía habe eliminado oda e e encia democ á ica y habe san-
cionado la Sha ía sin más. Solo que en al caso hab ía desplazado el con lic o al
cen o de la sociedad, po que la democ acia se ha con e ido en Egip o, me ced
a los e oluciona ios de la p ime a ho a, en mucho más que una simple o ma-
lidad, un pasa iempo con a el abu imien o o una exposición de ges os ca a a la
gale ía occiden al. La adición, me ced a su ímpe u, y pese a su mayo a aigo
social, iene de qué p eocupa se an e lo nue o.
La p ima e a á abe pa ece habe sido sepul ada con los úl imos acon eci-
mien os. ¿Signi ica eso que la democ acia es á edada a los países islámicos?
Unas c eencias absolu is as como las que in eg an la Sha ía y unas p ác icas
au o i a ias como las del islamismo polí ico allá donde alcanza el pode , ¿au-
o izan a con i ma la desespe anza de un cambio democ á ico en la egión
gobe nada po ales c eencias y p ác icas? A i ma eso es compa i los deli ios
del pensamien o esencialis a o de las ideologías absolu is as, eluc an es a la
e idencia on ológica de que iempo signi ica cambio. Si el lema “el islam es
la solución” es ahis ó ico y also, se debe a que se niega a acep a que la his o-
ia na a las ans o maciones na u almen e p oducidas po los homb es en el
mundo de las cosas, que es ambién el suyo. Si, además, es ambién au o i a io
se debe p ecisamen e a su a án po que e congela una de e minada o ma
de en ende a un se cuya na u aleza es mu a , ale deci , que e congela una
o ma de se que ya ue. Si, po úl imo, es coba de, la azón es que ehúye el
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
econocimien o de que el p opio islam es his o ia, que él mismo ya cambió
ambién y debe cambia más.
Las azones de la espe anza en e a la desespe ación de la expe iencia ma-
nan de cie a plu alidad de uen es, que an desde la on ológica de la his o ia
humana como locus del cambio has a el p opio eje cicio del pode po los isla-
mis as, pasando po la apa ición del suje o democ á ico an e is o en las socie-
dades islámicas, el caso u co o incluso la di isión eligiosa del islamismo, que
ocasionalmen e ha lle ado a las ue zas que lo p o esan a adop a posiciones
encon adas en la a ena polí ica.
Acabamos de aludi a la p ime a uen e. La his o ia su gió en occiden e en
las palab as de He odo o (2000) al obje o de conse a la memo ia de las ges as
humanas – an o g iegas como “bá ba as”– que p ocu aban glo ia, pe o no solo
po su alo de exempla, como ija ía más a de la his o iog a ía omana con
Salus io a la cabeza, sino jus amen e pa a e i a su plena desapa ición; se a a-
ba de una emp esa en cla a ebeldía con a la ley del iempo, cuya p esc ipción
de ol ido amenazaba con deja al u u o sin pasado, o mejo , con anula la con-
inuidad del acon ece humano y po lo an o con la eliminación de uno y o o.
Los hechos encuad ados en la ca ego ía del Ubi sun ?, que en e la melancolía
y el p oseli ismo dan cuen a de la ugacidad de las c eaciones del homb e; o,
pa a el p esen e, la ola ilización de impe ios inmó iles y pé eos según oda
apa iencia, des inados a sob e i i con a na u a, como el de la an igua Unión
So ié ica, y lo que más p on o que a de e emos sucede en el con ucionismo
comunis a de la nue a China an igua cuando la suma de p ocesos en ma cha
c is alice (Fau e en Golden, 2004: 206-212), uel en a ilus a nos sob e la ce-
gue a de quienes p e enden de ene el iempo simplemen e po que hablen en
nomb e de alo es in empo ales… inexis en es an es de su empo al c eación
po los homb es.
Es o es así incluso con las ins i uciones eligiosas, es ablecidas pa a habla
en nomb e de un seño que g acias a ellas no solo exis e sino que además se le
en iende. Y ello pese a se in isible y mudo. ¿Quién, po ejemplo, en iempos
de los alibanes ca ólicos, cuando se habían in il ado po odas las capas del
ejido social manejándolo a su cínico an ojo, cuando a mando a su capo con un
concep o in elec ualmen e e o is a como el de pleni udo po es a is jaleaban
su au op oclamación como dueño y seño del mundo, hab ía podido imagina
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Uni e si as, Re is a de Ciencias Sociales y Humanas de la Uni e sidad Poli écnica Salesiana del Ecuado , Año XI, No. 19, 2013
que a semejan e a obamien o del pode , a semejan e deli io del a bi io hab ía
seguido con el iempo el su gimien o de una sociedad democ á ica? Cie o, sus
pulsiones la lle an a sali se de dicho ma co una y o a ez; de hecho, alguna
sociedad occiden al debe su dé ici democ á ico al consen imien o de sus exce-
sos más que a ninguna o a cosa, po que además de cede e i o io y sobe anía
al Va icano en i ud de la i ma de algún humillan e Conco da o; de iola
incesan emen e la egla de la igualdad cons i ucionalmen e ijada, de impone
su cosmo isión a a és de polí icos sin p incipios, dicha sumisión a la Iglesia
le si e asimismo de coa ada pa a usa el pode público en bene icio p opio en
es e as no di ec amen e ligadas al in e és eclesial. Con odo, los seño es de aye
hoy lo son solo a a os y po ma e ias, y cuando a dios se le ocu e e ela se a la
sociedad, y lo hace desde el san ua io del me cado, ese ac o de di ina impiedad
pa a con sus bu óc a as es al iempo una con esión de impo encia de los mis-
mos. Su cambio de es a us lo ha sido ambién de su pode .
El suje o democ á ico, o mado espon áneamen e en la c isálida del islam
es en sí mismo un hue o de se pien e incubado po es e, aunque po o o lado
ha sido el p ime ac o en desliga su nomb e del e o . Aho a bien, su es uc-
u a, su uncionamien o y su empeño en exigi e o mas sociales y democ a-
cia, abajo y libe ad –bienes desde luego pe ec amen e compa ibles en e sí
aunque no con o mando necesa iamen e una unidad sis emá ica– cons i uyen
o os an os ec o es con a la au o idad del islam, po lo que de p osegui su
desa ollo signi ica ía que se hab ía ag ie ado el mu o o ali a io con el que
p e ende aisla su supues a pu eza del cu so de la ida: del iempo. Ese suje o
no en aña la enuncia a las c eencias eligiosas po pa e de quienes pa icipan
en él, pe o sí una o ganización dis in a de la p o esión de e que las cen aliza,
y que a pa i de aho a debe ía coexis i en son de paz e igualdad con las de la
compe encia, y desapa ece odas de la es e a pública, so pena de hace es alla
ahí sus di e encias, de hace la es alla en consecuencia, y de ans o ma el
escena io público en una ba alla sin cua el, quizá en una gue a ci il. Laicismo
con su coho e de paz social o pe pe uación de la dic adu a eligiosa o ali a ia:
al es el se o no se democ á ico de las sociedades donde domina el islamismo.
Tu quía es el ejemplo an o de que una sociedad democ á ica puede em-
peza a o ja se polí icamen e en ie as islámicas como de que el islam no se
piensa deja seduci po la democ acia. Po el momen o gua dan un piadoso
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
equilib io lige amen e esco ado en los úl imos iempos a a o del islamismo,
que pa ece i dando i ones al cue po polí ico a a és del sen imien o eligioso
de sus líde es, eco de las in enciones dominan es en e la población. Pe o, has a
el momen o, que una sociedad an ab umado amen e islámica y con un pa ido
con esional en el pode du an e es legisla u as no se haya decan ado de una
ez po odas po la eligión iene algo de doblemen e milag oso, dado que
ebaja el pode de Alá.
La pe i encia del espí i u laico in undido po el undado de la Tu quía
mode na, aho a que se ambalea el pode de las ins i uciones en las cuales en-
ca nó, quizá sea he encia de la época kemalis a, pe o es asimismo ob a de un
o den democ á ico que enseñó a la ciudadanía que las di e encias de c edo, i-
nes, in e eses u opiniones en e sus miemb os no e an la ocasión pa a desga a -
se en e sí; un log o alioso ambién po que el laicismo de la jo en epública
ue desde su inicio el adje i o de un sus an i o nacionalis a de i ola ne amen e
au o i a ia.
La e olución de Tu quía cons i ui á siendo cla e pa a el esu gimien o y
consolidación de la democ acia en ie as islámicas, po que el o igina io papel
de modelo se ha diluido no ablemen e an e las ín ulas sul ánicas de su ac ual
p ime minis o y, sob e odo, po la incapacidad de llega a pac os con su
pasado, e elado en un eje cicio iolen o e impune del pode en el que han
undido sus esencias au o i a ias dos enemigos an es inconciliables, el ejé ci o
y el pa ido gobe nan e, y que ha p oducido más íc imas ecien es en e ku -
dos y a menios que añadi a los genocidios del pasado. Empe o, ese legado de
la his o ia u ca a la polí ica u ca es ajeno al p oblema de la democ a ización
de los egímenes islámicos como ales, bien que la compasi a elación de su
uen e con cualquie o ma de au o i a ismo en ie as mahome anas a o ezca
soluciones como las aludidas. Pe o si, a pesa de odo, la Sha ía no de iene la
sola uen e no ma i a del de echo u co, y si el pode eligioso no se unde,
como cabe p e e , con el polí ico, la ía u ca cons i ui á sin duda una posibili-
dad a ene en cuen a en la explo ación de los nue os caminos hacia un po eni
democ á ico pa a los países musulmanes que aspi en a alcanza lo. Y ello aun
con ando con los de aneos con esionales de sus ac uales líde es y con las a as
oda ía polí icamen e i esolubles p o enien es de su his o ia ecien e.
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En ío 20 de mayo/2013 - Acep ación 17 de diciemb e/2013