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¿Democracia islámica?: De la primavera árabe al invierno musulmán

Abstract

Este artículo analiza el recorrido de las conexiones entre el islam y los procesos democratizadores que se aglutinaron en tono a la “primavera árabe”, originados por las multitudes en las calles. Este proceso, aún inconcluso, vislumbra un final menos feliz de lo esperado en el cual juega un rol definitorio la religión coránica, enemiga de la democracia. Frente a ello, el autor propone, en primer lugar, los rasgos que definen la democracia para luego relacionarlos con el núcleo de la tradición coránica y, finalmente, establecer cómo los movimientos religiosos han obrado en relación a los principios democráticos.

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¿Democracia islámica?: De la primavera árabe al invierno musulmán

Author: Hermosa Andújar, Antonio
Publisher: Universidad Politécnica Salesiana (Ecuador)
Year: 2013
DOI: 10.17163/uni.n19
Source: https://idus.us.es/bitstreams/907597ff-ea6c-4c59-a380-48d2d43e7d62/download
ISSN 1390-3837, UPS-Ecuado , No. 19, julio-diciemb e 2013, pp. 17-48.
¿Democ acia islámica?
De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
Islamic democ acy? F om he a ab sp ing o he muslim win e
An onio He mosa Andúja 1
[email p o ec ed]
Resumen
Es e a ículo analiza el eco ido de las conexiones en e el islam y los p ocesos democ a izado es que se
aglu ina on en ono a la “p ima e a á abe”, o iginados po las mul i udes en las calles. Es e p oceso, aún
inconcluso, islumb a un inal menos eliz de lo espe ado en el cual juega un ol de ini o io la eligión co-
ánica, enemiga de la democ acia. F en e a ello, el au o p opone, en p ime luga , los asgos que de inen la
democ acia pa a luego elaciona los con el núcleo de la adición co ánica y, inalmen e, es ablece cómo los
mo imien os eligiosos han ob ado en elación a los p incipios democ á icos.
Palab as cla es
Democ acia, Es ado, eligión, p incipios democ á icos, p ima e a á abe, eligión co ánica
Abs ac
This a icle analyses he ex end o he connec ions be ween islam and he democ a iza ion p ocesses ha
came oge he wi h he “a ab sp ing”, o igina ed by he c owds on he s ee s. This p ocess, e en, en isages
a less happy ending han wha was expec ed, in which Co an’s eligion plays a de ini i e ole, enemy o de-
moc acy. In ace o his, he au ho p oposes, i s ly, he ea u es ha de ine democ acy o hen ela e hem
wi h he nucleus o Co an’s adi ion and, inally, es ablishes how eligious mo emen s ha e ac ed in ela ion
o democ a ic p inciples.
Keywo ds
Democ acy, S a e, eligion, democ a ic p inciples, a ab sp ing, Co an’s eligion.
Fo ma suge ida de ci a : HERMOSA ANDÚJAR, An onio (2013). “¿Democ acia islámica? De la p ima e-
a á abe al in ie no musulmán”. En: Uni e si as, XI (19), julio-diciemb e, p.
17-48. Qui o: Edi o ial Abya Yala/Uni e sidad Poli écnica Salesiana.
1 Docen e de la Uni e sidad de Se illa-España. Di ec o de la Re is a A aucanía.
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Uni e si as, Re is a de Ciencias Sociales y Humanas de la Uni e sidad Poli écnica Salesiana del Ecuado , Año XI, No. 19, 2013
In oducción
En el mundo á abe, las sociedades islámicas han ejido una poli acé ica ed
de “ esis encia y p o es a” (Bennani-Ch aïbi y Fillieule, 2004)2 desde iempos
inmemo iales, mien as las leal ades amilia es, ibales o egionales domina on
incon es ablemen e la zona (Hou ani, 1968) o ambién mien as el nacionalismo
au o i a io dominaba la escena pública; pe o has a lo que se ha dado en llama
“p ima e a á abe” nunca oza on el co azón de la democ acia. Cuando se les ha
que ido busca un cie o pedig í se ha emon ado especialmen e has a el Egip o
del siglo XIX (o has a los es ue zos con empo áneos de Tu quía3 y Líbano po
cons ui puen es hacia la mode nidad), cuando el Es ado se o dena siguiendo
el modelo o ganiza i o ancés; o bien al de las décadas de 1920 a 1950, cuan-
do se p odujo el expe imen o libe al que el nacionalismo á abe de Nasse y la
hegemonía social y cul u al de los he manos musulmanes acaba on de en e a .
Algunas de las sociedades aludidas conocie on momen os de esplendo
laico, como el p opio Egip o, I aq o Si ia, países en los que de e minados mo-
imien os sociales acaban siendo polí icamen e ep esen ados po un pa ido
único que, a imi ación de los Es ados o ali a ios ascis as o comunis as, se
adueñaba de las es uc u a del Es ado bajo un je e que se adueñaba de las es-
uc u as del pa ido, ans o mándose en un égimen.4 Del laicismo que les
inspi aba ideológicamen e man u ie on –po un iempo y de mane a in e e-
sada– los lazos que les unían a la secula ización,5 en an o segaban de un ajo
cuan o les inculaban a la democ acia.
A deci e dad, a inales del pasado siglo di e sos países á abes inco po a-
on en su seno polí ico cie os asgos cla amen e democ á icos, como son los
p ocesos elec o ales y el sis ema mul ipa idis a (opendemoc acy.ne ). A pa i
2 El lib o es á consag ado a la explicación de ales enómenos sociales en el siglo XX. (Véase ambién
Me nissi, 2003: 43-50).
3 Es la unidad cul u al de los países islámicos, po lo demás no exen a de di e encias que la a a iesan
geog á ica, social, polí ica, lingüís ica, cul u al y has a eligiosamen e, lo que nos lle a a eces a alinea a
Tu quía en el mundo á abe. (Pa a la di e encia en e á abes, u cos y pe sas éase Hou ani, 2003: 119-122).
4 Lo que explica el exceso de bu oc a ización p esen e en cada uno de ellos, ípico de la adición o ien al,
en la cual, po o o lado, el Es ado es más “ e oz” que ue e. (Véase Ayubi, 1998: 580).
5 Secula es y nacionalis as, dice Zabaida, pe o en odo caso no democ á icas, sea que se aliasen con el
cons i ucionalismo libe al, el ascismo o el socialismo (opendemoc acy.ne ).
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
de ahí su gie on algunos enómenos que deno an una mayo plu alización y li-
be alización de las sociedades islámicas, los cuales, aun cuando no se les puede
cali ica de democ á icos, despe a on ilusiones de que cie os e ec os suyos
emp endie an ese camino. Como a i ma Ayubi, algunos de esos enómenos o -
man pa e de lo que puede llama se “democ acia cosmé ica”, pe o nada impide
que ahí se ges a a de mane a insospechada alguna aíz democ a izado a. Un
uego que podía p ende a pa i de las alga adas calleje as que du an e la déca-
da de los 90 sacudie on los cimien os de a ios países como Ma uecos, Túnez,
Tu quía e I án; o bien a pa i del e ue zo en la au onomía de la adminis ación
de jus icia inspi ado po el mayo elie e adqui ido po la igu a de la ley en el
o ganig ama es a al; o bien a pa i de los in e eses que se concen aban en g u-
pos de inidos ue a del cí culo gube namen al y de las asociaciones p óximas a
él; o incluso, po úl imo, a pa i de los pac os y las ca as nacionales median e
los cuales se accedía a una nue a legi imidad y es abilidad polí icas o se aspi a-
ba a una eno ada econciliación nacional (Ayubi, 1998: 596-602).
Con odo, la conexión más p o unda jamás es ablecida en e el islam y la
democ acia se ha p oducido a a és de la llamada “p ima e a á abe”, un mo-
imien o que p obablemen e adeuda su o igen a las “ e uel as po la comida”
o las “p o es as con a la aus e idad” que an es incluíamos en las alga adas
calleje as, y que as su inicio en diciemb e de 2010 en Túnez, se ex endió
como un egue o de pól o a po o os países colindan es. Lo que al p incipio se
p esen ó en sociedad como una pe ición más de abajo y como una demanda de
mejo a de las condiciones sociales de la población, p on o añadió una exigencia
absolu amen e e oluciona ia a sus demandas habi uales: la de libe ad. E a
la democ acia lo que se buscaba jun o a la in oducción de cambios posi i os
en las condiciones labo ales y los esul ados, an ápidos como inespe ados,
al menos po la mayo ía de los nega i amen e a ec ados, p on o cambia on la
az de di e sos países de la egión. La democ acia se exigía al iempo que e a
p ac icada po las mul i udes en calles y plazas (opendemoc acy.ne ); eclamó,
con a la p opia his o ia de los países musulmanes, ins i uciones, p ác icas y
p ocedimien os inspi ados en la adición occiden al; clamó sin cesa con a
sus p opios gobe nan es en luga de hace lo, al son de una caca eada ideología,
con a sus enemigos na u ales y, en su empuje, e minó po de iba sucesi-
amen e a a ios déspo as de sus onos, in e umpiendo además esa cadena
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Uni e si as, Re is a de Ciencias Sociales y Humanas de la Uni e sidad Poli écnica Salesiana del Ecuado , Año XI, No. 19, 2013
i ánica de pode que se con igu a an p on o como el de en ado del mismo
piensa en o ja su p opia dinas ía, según nos enseña a He odo o (2000: 96-
105) milenios a ás.
Dicho p oceso no ha concluido oda ía, pe o ya ha expe imen ado cambios
sus anciales que hacen p e e pa a el mismo un inal menos idealis a del que se
p ome ió. En ese inal no eliz, nues a con icción es que la eligión co ánica,
enemiga de la democ acia, ha jugado un papel esencial. In en a emos, en el es-
o del abajo, 1) ija algunas de las ca ac e ís icas básicas de oda democ acia
(con independencia de que muchas de ellas no se cumplan o no en los países oc-
ciden ales) y 2) elaciona las con el núcleo de la adición co ánica, es deci , ana-
liza cómo los mo imien os eligiosos que ac úan en su nomb e y son pa ida ios
de su imposición al conjun o de la sociedad, han ob ado has a aquí en elación
con los p incipios democ á icos que en la ac ualidad dicen sus en a y p ac ica .
P incipios democ á icos
El p ime o de ellos, an o his ó ica como no ma i amen e, y condición de
los demás, es la secula ización, ale deci , la sepa ación en e eligión y polí-
ica, que en su o igen a do-medie al se mani es ó como sepa ación en e la
Iglesia y el Impe io6 y más a de como sepa ación en e la Iglesia y el Es ado.
El paso supone una e olución en oda egla, an o espec o de la inmanencia
de la polí ica como pa a la cons i ución del indi iduo y su econocimien o ju í-
dico como suje o de de echos. Es ambién, en cuan o hecho, el an eceden e del
laicismo, la ca a eó ica de la medalla secula izado a.
6 Ace ca de dicha p oblemá ica la bibliog a ía es in ini a, po lo que solo eco da é aquí uno de los ex os
más b illan es que conocemos, el de Paolo P odi (2000). P odi conside a que esa sepa ación es una de
las señales dis in i as del p oceso de o mación de las libe ades y de su consolidación democ á ica en
las sociedades occiden ales (que comple a á más a de con o o ex o igualmen e excepcional dedicado a
las elaciones en e Es ado y me cado, en el que la necesa ia au onomía de uno y o o esul an decisi as
pa a la libe ad [P odi, 2009]). De ahí su lamen o en el capí ulo inal, an e el hecho más que mani ies o
de la imposición de la ley posi i a sob e la ley mo al. Con odo, la pé dida de au o idad eligiosa que es o
úl imo conlle a –la Iglesia es el pode p incipal que subyace a la alidez de la no ma mo al– no solo nos
pa ece un hecho posi i o, sino una condición indispensable pa a el man enimien o de las libe ades, en
especial la de conciencia, básica en la con igu ación de la dignidad indi idual.
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
El laicismo, que conside a el mundo humano como una ealización humana
y al Es ado como un en e sus ancialmen e au ónomo de la eligión, conside a
asimismo a la eligión como un en e sus ancialmen e au ónomo del Es ado y
la p ác ica de las c eencias eligiosas como un de echo indi idual. Solo que
aho a la eligión ha dejado de se la es ella que guía el umbo de la sociedad a
a és de sus magos o de los híb idos a los que ansus ancia, como los eyes,
y ha abandonado la es e a pública pa a ence a se en el ámbi o p i ado, donde
con inua siendo la luz de la conciencia de los ieles. Po deci lo con palab as
de Ma cel Gauche : “salida de la eligión no signi ica salida de la c eencia e-
ligiosa, sino salida de un mundo al que la eligión es uc u a, en el que o dena
la o ma polí ica de las sociedades y en el que de ine la economía del ínculo
social” (Gauche , 1998: 13).
La idea ahí implíci a es muy sencilla: es posible un Es ado eligioso, con-
esional, pe o es imposible que dicho Es ado sea democ á ico. La democ acia
implica secula ización y laicismo pa a nace y sob e i i , y si cualquie a de los
dos elemen os al a a cab ía sin duda la posibilidad de di isa en el escena io
polí ico la celeb ación de elecciones lib es y a gobe nan es emancipados del
cle o eje ciendo sus unciones, solo que no se ían sino an asmas democ á icos
paseando ocasionalmen e po la a ena pública.
Añadamos que el co ela o indi idual de la inmanencia del Es ado inhe en-
e al p oceso secula izado es la libe ad de conciencia. Cada suje o p o esa á
las c eencias que elija7 y end á de echo a su u ela es a al en iguales condicio-
nes que las de sus co eligiona ios o que las de la compe encia. Aho a bien, al
suje o le cabe op a no solo po la libe ad de c eencias, sino –como ilus a a
Spinoza–8 po la libe ad de las c eencias ( eligiosas), po libe a se del mundo
de supe s ición que las gene a y al que ep oducen, así como de la in ini a i a-
cionalidad que conlle an y de la c uel iolencia a que dan luga ; y ello con la
segu idad de que la p o esión de e laica ale an o como cualquie e eligiosa
o de que aun siendo a eo se puede se mejo ciudadano que el mili an e de
cualquie eligión. Cab ía ub ica una segu idad más: el laicismo, po enciando
7 Pod íamos, en la mayo ía de los casos, deci mejo que “le elijan”, pe o desde el momen o en que un
suje o acional las eje ce olun a iamen e las es á con alidando como suyas, es o es, legi imando.
8 El p ime o “en educi el a eísmo en sis ema”, como dijo Pie e Bayle (Is ael, 2002: 160; éase ambién
Spinoza, 1986: 61-68).

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Uni e si as, Re is a de Ciencias Sociales y Humanas de la Uni e sidad Poli écnica Salesiana del Ecuado , Año XI, No. 19, 2013
la igualdad de odos los indi iduos al econoce su común humanidad, al con-
a io de cuan o es conna u al a los miemb os de cada sec a eligiosa, no solo
no es un aciado mo al neu o, sino un ideal de jus icia y emancipación que
ep esen a la sola opción é ica consecuen e con la mencionada igualdad.
O o p incipio democ á ico básico es el plu alismo. En dicha o ma caben
di e sos con enidos, pe o aquí nos ceñi emos a uno solo: el econocimien o
de la i educ ible singula idad indi idual y la legi imidad de las consiguien es
di e encias y posibles con lic os en los modos de ida de cada suje o. El plu a-
lismo, así, comple a el sis ema de la igualdad desde la di e encia.9 Decla ando
álidas po p incipio las dis in as cosmo isiones de los indi iduos, las di e sas
eo ías del bien a que dan luga y sus espec i as p ác icas, sal o las o iginadas
en la iolencia, y legi imando al iempo los po enciales con lic os que de ellas
pudie an de i a , decla a iguales a los suje os que las sos ienen. A pa i de aquí
ya no es posible unda sup emacías o igina ias, y ninguna e e encia al c edo,
a la aza, al géne o, a la es i pe, a la posición social, a la iqueza, e c., bas a á
pa a cimen a ninguna au o idad ingéni a de un indi iduo sob e o o: la na u a-
leza, el es a us o la eligión han pe dido odo pode sancionado .
Aho a bien, en al modo el indi iduo no solo se libe a de la dependencia
del Seño o del Amo me ced a la igualdad común, sino que po mo de la legi-
imidad de sus o mas de ida, que solo el ecu so a la iolencia anula, se libe a
asimismo de la dependencia del Es ado, o mejo , se con ie e en un debe pa a
él. El ínculo con el cons i ucionalismo, con los de echos humanos y con el
mi o nuclea de la democ acia, la sobe anía popula , queda en es e pun o ijado
con solidez; mas ambién con el libe alismo en el aspec o, esencial, que e ela
la esencia del plu alismo como un lími e al eje cicio del pode del Es ado, di-
mensión es a que, po ejemplo, el plu alismo social, al cons i ui la sociedad en
g upos de in e eses y na u aliza su p esencia en la misma más allá de la olun-
ad es a al –es deci , al concebi la ida social y polí ica como un sis ema po-
liá quico, con a io po na u aleza al absolu ismo polí ico– no ha á sino apun-
ala . Añadamos que el plu alismo se acompaña además de una epis emología
9 Jocelyn Maclu e y Cha les Taylo (2011: cap. 1) mues an con e idencias la con inuidad exis en e en e
libe ad de conciencia y plu alismo mo al.
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
escép ica y de una é ica ela i is a,10 que en conexión con la doc ina ju ídica
de los de echos humanos gene a una eo ía social cen ada desde y pun o de
is a axiológico sob e el indi iduo en luga de sob e la comunidad; sob e un se
cuya conciencia asa los alo es que adop a pa a egi g an pa e de su ida y
ca gado de de echos y obligaciones en elación con los demás y con el Es ado.
El p edominio de la comunidad sob e sus in eg an es, los alo es adsc ip i os,
de ma iz ascenden e o no, y el absolu ismo polí ico quedan abolidos po an o
de un plumazo, o bien el ego ismo indi idualis a de quien igno a la necesidad,
con sus co espondien es leyes, de la exis encia del o o jun o a él.
El e ce asgo, en conexión sis émica, que no his ó ica, con el an e io es
la sobe anía popula . La igualdad de odos los ciudadanos implica ans e i a la
mayo ía aquello de lo que se p i ó a uno o a la inmensa mino ía: la condición
de ciudadanos que los lle a de inmedia o an e las pue as de la sobe anía asen-
ándolos de ini i amen e en el ono del pode social. Del que en lo sucesi o ya
no se les desaloja á sino median e el uso de la iolencia, una mancha que cuan-
do cae sob e la a ena pública ans o ma el escena io en un e ial po que nunca
desapa ece, dado que, como exp esa án de mane a áu ea Maquia elo p ime o
y luego Kan –en con ex os, po azones y con ines di e sos– el ecue do de la
libe ad no se cancela de la memo ia de los ciudadanos. Hoy, ningún i ano es ya
legí imo, po mucho consenso social que le sos enga (y ello a pesa del c ecien e
desc édi o que puebla el mundo democ á ico). Y, desde luego, ha anscu ido ya
una e e nidad desde que se ie a a Dios lle ando de la mano al Rey o una co -
dille a de p i ilegios sepa a al noble de sus c iados. Incluso el dine o ha dejado
de p i ilegia , como lo hacía incluso en los p ime os egímenes libe ales, a sus
nue as deidades en e a quienes su en la eno ada p epo encia. Todo ello es
lógicamen e inhe en e a la p oclamación del pueblo como suje o polí ico único
y al econocimien o del conjun o de sus miemb os en cuan o iguales.
Ese e ce asgo se mezcla en las democ acias con empo áneas con los
p incipios libe ales del cons i ucionalismo y del Es ado de De echo, y abso be
asimismo el ímpe u e oluciona io consag ado en los De echos del Homb e y
10 Po pa adójico que pudie a pa ece , es esa é ica ela i is a la que ha con e ido espe abilidad a oda esa
ca e a de c eencias absolu is as que, de impone se alguna, con e i ía la ida de quienes no la p o e-
sa an en ie a quemada, ale deci , en algo quizá peo , caso de se posible, de lo que ya ha de enido la
men e de sus acóli os (laicismo.o g).
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del Ciudadano en F ancia y en la segunda enmienda a la Cons i ución de los
Es ados Unidos –bien que, en ealidad, una no able pa e de azón asis ie a al
ede alis a Hamil on cuando se esis ía a su Decla ación cons i ucional al e -
los ya pues os en p ác ica en la di isión de pode es y en la o denación ede al
del e i o io. Po que, cie amen e, el e ec o común de ales elemen os es la
di isión y limi ación de los pode es del Es ado, así como el con ol de su eje -
cicio median e el p incipio de legalidad; lo cual se suma a la consag ación del
suje o indi idual econociéndolo lib e además de igual, e incluso a un elemen o
cla e en el nue o sis ema de jus icia es ablecido: la eliminación de la iolencia
del ámbi o de la jus icia. Idea ésa cuyo desa ollo exige un p oceso de o ma-
lización y obje i ación que, en e o os muchos esul ados, aba que a odos los
ciudadanos y no solo a los hé oes, y ase a odos con la misma egla; que sepa e
el daño de su éplica po la o a pa e y conside e la en idad del mismo como
medida de la sanción, según sos iene la bíblica y no bíblica Ley del Talión; o, en
in, que despoli ice el cas igo desligándolo del a bi io del gobe nan e.
El cua o y úl imo asgo lo cons i uye el p imado de la polí ica. Una ez
p oducido el desencan amien o del mundo, con las ue zas na u ales des e adas
de la acionalidad y los sabe es, undados en su inmanencia, es uc u ados de
acue do con su lógica in e na, la polí ica debe cumpli su unción única en la
sociedad: ga an iza su segu idad y su paz, p ime o, y omen a la libe ad y el
bienes a después. Los enemigos son, en po encia, las demás, aunque en ac o
acue dos y a ados pueden desac i a ese bélico po encial. Mas lo son ambién
las sociedades mismas, po cuan o sus miemb os, a as ados po pulsiones in-
solida ias, no a amen e malin e p e an o eniegan de los ínculos de solida idad
con los que el indi idualismo, que concibe al suje o como un se social po na-
u aleza, los en elaza. Además, los g andes g upos de in e és, au o-legi imados
pa a de eni g upos de p esión, ue zan con ecuencia las eglas a in de a ima
el ascua a la sa dina cada cual del suyo a cos a del de los o os si es necesa io.
En es e sen ido la polí ica, que desde su esu gimien o en el mundo mode -
no había sol ado su las e eligioso y ma caba su e i o io en e al me cado, e
cómo poco a poco, a a és del libe alismo p ime o y de la democ acia luego,
se le añaden, en cuan o sabe , una eo ía que explica su na u aleza y e ue za
su au onomía, y como p ác ica el mundo de la libe ad y de los de echos jun o
a la ga an ía de la Cons i ución, al obje o de p ese a a ambos y que p o eja la
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
unidad y coo dinación de su pode sin su i los e ec os de su ue za; que medie
en e los con lic os que odos esos elemen os, jun os o po sepa ado, p oducen
po su misma na u aleza sin e se des uida po ellos. Fines esos a los que la
ealidad colo ea a menudo con el in e he oico de los ideales.
En a as de la sa is acción de su unción u ela de la sociedad y la libe ad
indi idual, la democ acia po an o p o ege a la polí ica de los demonios de la
eligión y de la i anía del me cado: de ia su eje cicio a los bu óc a as di inos
po medio de los cuales el dios de u no impe a en la sociedad y de que el me -
cado, me ced a las di e sas po encias su gidas del cul o a la sup ema deidad
del dine o, la con o me a su imagen y semejanza cons uyendo una sociedad
de me cado habi ada po lobos en pe manen e acecho de su in e és egoís a.
La consecuencia más de e minan e de ese p oceso de a i mación de la polí ica
democ á ica es la cons ucción social del u u o, una a ea siemp e inacabada a
la que el escul o debe in en a modela ex ayendo sucesi amen e o mas del
má mol del iempo, en unción de las ci cuns ancias, de su olun ad y de su
pode ; siemp e en conexión con o os ac o es del en o no, cada ez más plane-
a io, y siemp e con la libe ad y la paz como elos. Ideas, écnica, negociacio-
nes, pac os con inua án p o eyendo de los medios más ecuen es con los que
lle a la a cabo, y con o man jun o a esa somb a de aza que odea odo lo hu-
mano los ing edien es undamen ales de la acción con la que la sociedad se ab e
paso en e la maleza de posibilidades pa a elegi la suya. Un úl imo ing edien e
acili a á su e icacia: que la acción que cons uye la a qui ec u a del u u o se
ea cada ez más adelgazada en su ob a del peso del pasado.
Hemos sin e izado en cua o los asgos que, en p incipio, de inen a una
democ acia. Si aho a di igiésemos la mi ada a cualquie democ acia eal, in-
cluidas las de mayo pedig í his ó ico o sociológico, a in de medi su alcance
y calib a su pleno endimien o en los hechos, ad e i íamos sin so p esa que
posiblemen e ninguna ep oduce cabalmen e el modelo, ale deci , comp o-
ba íamos una ez más la a eces side al dis ancia, y aun con adic o ia, que
sepa a la eo ía de su p ác ica. Si iajá amos, po ejemplo, al Reino Unido oi-
íamos a su ac ual p ime minis o a i ma que Ingla e a es c is iana, al iempo
que leemos los esul ados de una encues a que ebajan el núme o de los que
así se decla an, en e o as azones a causa del aumen o no able de quienes se
p o esan a eos (laicismo.o g); en odo caso, lo que nunca halla íamos es una
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Uni e si as, Re is a de Ciencias Sociales y Humanas de la Uni e sidad Poli écnica Salesiana del Ecuado , Año XI, No. 19, 2013
as las causas del incendio. ¿Y con qué se opa? Pues, simplemen e, con un
suje o inespe ado: una mul i ud que c ece y se enue a a sí misma con o me
a cambiando su g i o, que pasa de se una dolo ida consigna con a el subde-
sa ollo y el au o i a ismo, es o es, con a el hamb e, la pob eza, el desempleo,
la desigualdad y la co upción, a con e i se en un ena decido p og ama de
ei indicación polí ica en el que la ma ea c ece desde la pe ición de dimisión
de cie as au o idades a la exigencia de un cambio de égimen. Mul i ud sin
duda enloquecida, pensa á nues o ole an e mul icul u alis a, po que, a e ,
¿qué hace una mayo ía de á abes islámicos eclamando e o mas polí icas que,
de pone se en p ác ica, lle a ían incluso a con undi les con los sis emas po-
lí icos del enemigo? Y, po si ue a poco, odo eso como si nada. To al, llega
uno, se quema a lo bonzo, ¡que mi a que es poco musulmán eso!, además, y la
chispa que ahí sal a quema el palacio. ¡Ni que ue a es a la p ime a ez en su
his o ia que pasan hamb e o es án some idos, ni que no ue a ésa su o ma de
se ! ¡Aquí hay ga o ence ado!, clama á pa a sus aden os, mien as umia ya
cómo desmon a el complo .
Y es que, en e ec o, una pa e de lo que había ocu ido, y o a cada ez
mayo de cuan o ocu ía, no es aba esc i o en el guión de la his o ia local, sal o
como no a a pie de página a lo sumo, ni ampoco en las su as co ánicas. Pase
que una sociedad pa ida en dos po a ios cos ados ea ebela se a la pa e
mayo i a ia demandando una cu a pa a sus u gencias: mejo es sala ios con a el
hamb e, empleos que ilusionen con un ho izon e a su u u o, incluso algo más
de jus icia que diluya un an o la ignominia en las desigualdades c eadas po
los p i ilegios, e c.; pase asimismo que esa ebelión ome cue po as un hecho
an i espe uoso como es que a alguien le dé po inmola se, en sí un eje cicio
de anidad que no iene en cuen a la adición eligiosa de lle a se po medio a
algún enemigo del islam, pe o que en es a ocasión ha lle ado, en su sobe bia,
has a a o ganiza , aunque sea algo in o malmen e, la abia y saca la a pasea en
público, en con a de la an p obada adición polí ica; pase, al a ía más, que
sob e los ebeldes las ue zas del o den eje zan su iolencia habi ual, pues po
qué deja les hace lo que quie en, an en con a de lo que deben.
Aho a bien, lo que no puede pasa es que una ez empiezan a disipa se las
b umas de los p ime os en en amien os en e ambos bandos –es o es, la es ela
de mue e, de sang e, de dolo , de miedo y de abia eno ada que el choque

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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
de la iolencia con a los ebeldes p odujo en sus ilas, inci ándoles a la es-
pues a–, el mayo i a io, el de los en agés, comience asimismo a islumb a los
asgos del que, con mayo o meno azón, conside aba en onces esponsable
úl imo de la si uación, que le ponga el nomb e y el os o de su p esiden e, y el
de sus allegados, y a la pe ición de pan sume la exigencia de libe ad. O sea: lo
que no debía pasa , según las cuen as de cuan os conside an la eclamación de
libe ad una mues a más del impe ialis a idea io occiden al, es que una mul i-
ud que sal a a la calle con una de e minada idea en la cabeza, po no deci en el
es ómago, mu e mien as la eco e y llegue a la plaza con e ida en dueña del
palacio: en un nue o suje o polí ico que, p ime o, eclama di e sas libe ades,
pa a ac o seguido a ibui se la sobe anía y eje ce la de inmedia o, o zando la
deposición de los miemb os a ines al an e io au óc a a p esen es en el Gobie -
no ecién o mado as su huída. Pues sí, lo que les quedaba po e : ¡una an i-
gua masa á abe in o me que ha embocado po el momen o su ans o mación
en pueblo sobe ano a la occiden al!
Tal ue a g andes azos el cuad o de lo sucedido en Túnez, el pa ón en cie -
o sen ido de cuan o ino después, incluidos los acon ecimien os egipcios, pese
a la impo ancia conside ablemen e mayo de es os po se Egip o el país que
es. Pe o ya se sabe que a los imi ado es no les gus a la i ginidad de la his o ia:
como, ecibido el empujón –éxi o oblige– suelen ene p isa po abandona el
Ancien Règime, mejo op an po quema e apas an es que po segui la pau a
del modelo o iginal en oda su pu eza, y en luga de imi a los pasos uno a uno
les a más lo de empeza donde e mina on los pione os: eclamando el cambio
del gobe nan e a la pa que el del égimen, y si se acue dan has a eclaman am-
bién pan y abajo. Se a a pues de un ac o que, como se e, implica un juicio
comple o, condena incluida, al sis ema an e io . Po eso, al “dic ado sau io”
yemení, que pensaba que po habe e undado el país es e se ía suyo pa a siem-
p e, ya no le bas a á pa a e ene lo suyo con egala los alimen os o in oduci
la me i oc acia en el país; y po eso, a Muba ak e minó po uncá sele el deseo
de ins au a en Egip o la dinas ía an es de que le sucedie a su p ime he ede o.
No ha de ol ida se que las exigencias de las plazas á abes e an de libe -
ad. Cie amen e, en ese es ado de cosas, en absolu o cabía desca a que el
an iguo égimen eaccionase con éxi o en busca de su e mido , sob e odo en
Egip o, donde Muba ak sí einaba sob e el ejé ci o. Pe o e a mucho más ácil
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Uni e si as, Re is a de Ciencias Sociales y Humanas de la Uni e sidad Poli écnica Salesiana del Ecuado , Año XI, No. 19, 2013
pensa que la mecha p endida inicialmen e en I án con a el obo en las u nas
del iun o de la oposición po pa e del Gobie no ac ual siga gene ando más
incendios. Como ambién lo e a que cuando lo que p ende la mecha es la libe -
ad, odo lo que la e ena, an es o después, co e á pelig o si no eju enece. Y
en e ese odo igu a, y de mane a solemne, el p opio islam. Ya en Egip o, los
o ganizado es de las mani es aciones acep a on la pos e io inco po ación de
los he manos musulmanes a condición de que enuncia an a su lema sac osan o
de que “el islam es la solución”, un lema ahis ó ico y au o i a io además de
also y coba de. Y en Túnez, aunque aquí la his o ia cuen a, las ue zas laicas
p e alecie on desde el inicio.
Pe o po o o lado, si algo ap endie on de inmedia o los mani es an es es
que la libe ad de mani es ación y exp esión que en onces exigían es aba siendo
un hecho con su p o es a aun an es de que el cambio acabe po ans o ma la en
de echo; que son ellos los que la es án conquis ando mien as la eje cen; y que
el éxi o del eje cicio exige la ga an ía de que pod á epe i se en el u u o cuando
se juzgue opo uno. Con la misma cele idad han ap endido que en el nue o é-
gimen ellos deben se el sobe ano. Y que ambas cosas an o pueden i jun as…
A pa i de ahí el camino es an ácil de imagina cómo di ícil de eco e ,
máxime cuando pa a la adición cul u al impe an e ep esen a una no edad
absolu a. Pe o las no edades no asus an a quienes exigen libe ad mien as la
eje cen, que p on o pod án ap ende con Tocque ille que el p ecio de los males
de la libe ad es más libe ad. Lo que es cie o es que si las e oluciones hubie-
an p ospe ado odo se hab ía cues ionado, incluido el papel a juga po la p o-
pia eligión musulmana en el u u o. De se así, es a íamos en los comienzos de
un p oceso ex ao dina iamen e complejo y du ade o del que en absolu o podía
e se ni p e e se el inal; pe o la calle á abe llegó a sen i ese calo que espa ce
“l’al a c émo /del oc de llibe a ” (Sal ado Esp íu), y ambién po eso desde
en onces ya sabemos que en e las posibilidades aquí abie as po los pueblos
á abes a sí mismos se incluye la de que el p opio islam empiece a expe imen a
en sus ca nes su enacimien o y su ilus ación, algo imp escindible si quie e
con i i con la democ acia en Occiden e, en e o as azones.
La p ima e a á abe hizo nace la lo de la democ acia en aquel mundo, po
lo gene al hos il a la misma, casi po gene ación espon ánea, pe o en cuan o
b o ó no a da on en pe cibi se los ínculos que la enga zaban con o os epi-
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
sodios del pasado. Vale la pena eco da aquí, en e ec o, que a lo la go de su
his o ia se ha ci ado en a ias ocasiones con el laicismo, algunas de ellas desde
el nacionalismo au o i a io. En los siglos IX y X, po ejemplo, un conjun o de
lib epensado es, en e los que descuella Abu Bak al-Razi, había esuel o la
dico omía e/ azón ele ando a la úl ima a los al a es, mien as con inaban la
p ime a en los a abales de la p o eica debilidad humana. Un pensamien o hu-
manis a y a eo des e aba la sumisión a dios y a cualquie o a au o idad unda-
da en él, emplazando en el co azón del pa aíso a un suje o indi idual en g ado
de dis ingui acionalmen e lo bueno de lo malo, lo necesa io de lo inú il, una
capacidad al alcance de odos los indi iduos, que enían así a se decla ados
iguales (gua dian.co).15
O ien e P óximo i ió en los siglos XIX y XX un la go pe iodo de e o -
mas, que in adie on los ámbi os de la cul u a, la polí ica y los modos de ida.
La nahda, el “ enacimien o cul u al” á abe, uc í e o sob e odo en Líbano y
Egip o, si bien a ec ó al conjun o de los pueblos á abes; supuso en pleno do-
minio o omano la ei indicación de “las glo ias de su pasado p eo omano”, y
cons i uyó p e alen emen e desde la li e a u a la p ime a g an ci a mode na de
las sociedades islámicas con el laicismo, aun cuando sus e ec os se ha ían sen i
igualmen e en el ámbi o polí ico (Rogan: 12-13, 217ss.).
La o mación de los p ime os Es ados á abes, con Egip o a la cabeza, si-
guiendo el modelo básicamen e ancés; la apa ición de los pa idos polí icos de
co e mode no, el su gimien o de ideologías p o enien es asimismo de Eu opa,
como el nacionalismo, el libe alismo, el ascismo, el socialismo o el pana abis-
mo cons i uye on o as an as e o mas polí icas que se ue on sucediendo en
ie as musulmanas, p ime o du an e el impe io o omano y más a de bajo el
pa aguas del Es ado nacional. Si a ellas añadimos los g andes cambios habidos
en los modos de ida; en la o ma de es i ; en las elaciones de géne o, donde
15 Hou ani (2003: 107-111) ci a a un alasi a, es o es, a un ilóso o, Al-Fa abí, en e los g andes in elec uales
que p ese a on la unidad de esas dos ins ancias sepa adas y con adic o ias que son azón y e; a ea lle-
ada a cabo en un modo que p ecede al an as eces soco ido en la Eu opa mode na, es o es, des inando el
eje cicio de la azón a los ilóso os y dejando la Sha ía pa a las men es menos do adas (las de “igno an es”
y “ex a iados”, al deci del p opio Al-Fa abí [1985: cap. 34]). Spinoza y Locke son dos de los g andes
nomb es que apa ecen en la aludida adición y compa en con el au o islámico ambién la p e alencia
del conocimien o “apodíc ico” del ilóso o sob e cualquie o a o ma de conoce (1985: 110).
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Uni e si as, Re is a de Ciencias Sociales y Humanas de la Uni e sidad Poli écnica Salesiana del Ecuado , Año XI, No. 19, 2013
p e alecía la igualdad en e homb e y muje ; en los hábi os de ocio de la ju en-
ud, que lle a on al ex ao dina io desa ollo del cine, la ele isión y la música, y
en los que el alcohol enía cabida con na u alidad, pe cibi emos cuán hondo caló
la occiden alización en ales pagos, y en cuán as di ecciones se p opagó el lai-
cismo en las sociedades islámicas. Como dice Rogan (622): “dada la des acada
p esencia que iene en la ac ualidad el islam en la ida pública de la mayo pa e
del mundo á abe, esul a ácil ol ida que en el año 1981 el O ien e p óximo e a
no ablemen e laico”. Las sucesi as c isis po las que ue pasando el mundo á a-
be compo a on la i upción en escena de las ue zas eligiosas, que al p e alece
inalmen e en la misma se es o za on po bo a has a la meno huella occiden-
al, con undida aho a con el mal y, po ende, ana ema izada como pecado.
La b e e eseña his ó ica ace ca de las icisi udes de la i eligiosidad en el
mundo islámico des aca dicha secula ización como el elemen o compa ido en-
e libe alismo, nacionalismo y su ac ual y alicaída p ima e a, apa e de las i-
encias de libe ad así mismo comunes en e aquél y es a. Pe o hoy como aye
la isión democ á ica del u u o de la zona di isada desde ambas pe spec i as
socio-polí icas ha sido disipada po la in e ención de los he manos musulma-
nes en Egip o. Du an e la c isis de la dic adu a o ali a ia, y pese a la ep esión
su ida jun o a las ue zas de izquie da, supie on sob epone se al pode o icial
g acias a su con ol de las mezqui as y de las ins i uciones de ca idad, las bases
a pa i de las cuales suminis aban a una población cada ez más necesi ada los
bienes ma e iales, se icios y abajos que eque ían, y que an año habían cons-
i uido la con apa ida o ecida po Nasse , quien había añadido un p og ama
de e o mas de la ie a, a cambio de una obediencia absolu a. Así empezó su
dominio sob e la sociedad mien as se hallaban alejados de la polí ica, un hecho
a o ecido al comenza a g a i a en la zona de in luencia de Es ados Unidos
en luga de con inua en la de la an igua Unión So ié ica; Sada y Muba ak
ecibi ían un pingüe apoyo mili a y económico po pa e del eno ado amo a
cambio de ab i las on e as de su ce ado sis ema económico al capi al y a la
p i a ización económica, los nue os ídolos que, po su pa e, induci ían más
cambios en los sis emas social y polí ico: la adical sepa ación de las clases16 y
16 La di isión en icos y pob es se acen úa con el c ecimien o de la iqueza especialmen e pe ole a, que ie-
ga las a cas de los po en ados al iempo que acen úa la p oli e ación de pob es (Hou ani, 1968: 521-525).
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
una co upción galopan e –el pe sonalismo y au o i a ismo p ese a on cómo-
damen e su es a us.
En el Egip o ac ual, la ecien e ap obación de la nue a Cons i ución de-
mues a que la p ima e a democ á ica se ha ido y odos saben cómo ha sido.
El iempo polí ico camina al e és del a mos é ico po que el nue o dueño del
pode ha pe mi ido la cons ucción de una achada democ á ica en con apun o
a la de olución del ono legal a la Sha ía. Es e nue o suje o, que se sumó a -
díamen e al mo imien o e oluciona io que exigía e o mas sociales, labo ales
y polí icas al an iguo Gobie no, que exigía la ans o mación democ á ica del
égimen, conco daba con es e en algunos de sus eclamos, pe o emía pe de su
posición de p i ilegio en la sociedad si los deseos ai eados se hacían ealidad y
con ellos las e o mas men ales que les son inhe en es.
El eslogan “el islam es la solución” ol ió a su gi como g i o de gue a en e
sus hues es y en las sucesi as elecciones, incluidas las p esidenciales, celeb adas
as la enuncia de Muba ak, demos a on su a aigada implan ación social. Fue
el inicio de la inicua eislamización de la sociedad, anunciada p ime o en ges os
inequí ocos, como la apa ición –algo p ohibido en época de Muba ak– de una
pe iodis a en ele isión con el hiyab (elme cu iodigi al.ne ); consolidada des-
pués con medidas polí icas de cla a signi icación simbólica y a i icada aho a
con la ap obación de una Cons i ución que, como an es señalá amos, impone
la Sha ía como demiu go ju ídico y social (laicismo.o g). O po deci lo de o o
modo: que la democ acia, con sus libe ades especí icas como las de pensa-
mien o, p ensa, cul o y c eencias, end á que ol e a emig a a la egión de los
sueños, el luga donde dos años a ás ue a in ocada con singula ap emio desde
el simbólico co azón e oluciona io, la plaza Tah i de la capi al egipcia.17
Con odo, el pujan e suje o que como salido de la nada ocupó du an e me-
ses el cen o de los ocos públicos clamando jus icia social y libe ad no se ha
ola ilizado, sino que pe manece po el momen o ansioso y agazapado de ás
17 Que haya sido una plaza en luga de una mezqui a el cen o de la e uel a con a el au o i a ismo polí ico
y social egipcio cons i uye en sí mismo un hecho pleno de simbolismo, y pe mi e hace se una cabal idea
de la magni ud del cambio que el nue o suje o social y polí ico ae consigo. La mezqui a, en e ec o,
es el luga desde donde, an o his ó icamen e –asesina o de los Omeyas po los Abasíes– como en la
ac ualidad –Si ia es el mejo ejemplo ac ual, pe o ambién I án– han pa ido las e uel as en el mundo
musulmán. (Véase Ca ed a y Jana i en Bennani-Ch aïbi y Fillieule, 2004: 132).

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de la deso ien ación que ha supues o pa a él la inexpe iencia polí ica, cie os
desga os in e nos, el aplas amien o del núme o y la consiguien e oma del po-
de po sus enemigos polí icos eligiosos; pe o sus ideales pe manecen i os
e ín eg os, y su ue za de a as e, aunque me mada, casi o al. Di ícil se á
que el Egip o musulmán pueda camina hacia sus añejos obje i os de mane a
sencilla, c eyendo que la ic o ia del núme o legi ima cualquie acción, y que
la mayo ía o o gada po el c eyen e musulmán a sus di e sos ep esen an es es
azón su icien e pa a legaliza oda polí ica. Si la Cons i ución quie e enma ca
la democ acia en el es echo cí culo de la Sha ía no ha hecho sino incuba en
su seno el hue o de la se pien e, y una es ela de dis u bios ci iles cada ez más
iolen os puede se el juez que di ima el con lic o en e los pa ida ios de ales
enemigos inconciliables. Si no deseaba da alas a la con lic i idad polí ica, el
cons i uyen e debe ía habe eliminado oda e e encia democ á ica y habe san-
cionado la Sha ía sin más. Solo que en al caso hab ía desplazado el con lic o al
cen o de la sociedad, po que la democ acia se ha con e ido en Egip o, me ced
a los e oluciona ios de la p ime a ho a, en mucho más que una simple o ma-
lidad, un pasa iempo con a el abu imien o o una exposición de ges os ca a a la
gale ía occiden al. La adición, me ced a su ímpe u, y pese a su mayo a aigo
social, iene de qué p eocupa se an e lo nue o.
La p ima e a á abe pa ece habe sido sepul ada con los úl imos acon eci-
mien os. ¿Signi ica eso que la democ acia es á edada a los países islámicos?
Unas c eencias absolu is as como las que in eg an la Sha ía y unas p ác icas
au o i a ias como las del islamismo polí ico allá donde alcanza el pode , ¿au-
o izan a con i ma la desespe anza de un cambio democ á ico en la egión
gobe nada po ales c eencias y p ác icas? A i ma eso es compa i los deli ios
del pensamien o esencialis a o de las ideologías absolu is as, eluc an es a la
e idencia on ológica de que iempo signi ica cambio. Si el lema “el islam es
la solución” es ahis ó ico y also, se debe a que se niega a acep a que la his o-
ia na a las ans o maciones na u almen e p oducidas po los homb es en el
mundo de las cosas, que es ambién el suyo. Si, además, es ambién au o i a io
se debe p ecisamen e a su a án po que e congela una de e minada o ma
de en ende a un se cuya na u aleza es mu a , ale deci , que e congela una
o ma de se que ya ue. Si, po úl imo, es coba de, la azón es que ehúye el
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
econocimien o de que el p opio islam es his o ia, que él mismo ya cambió
ambién y debe cambia más.
Las azones de la espe anza en e a la desespe ación de la expe iencia ma-
nan de cie a plu alidad de uen es, que an desde la on ológica de la his o ia
humana como locus del cambio has a el p opio eje cicio del pode po los isla-
mis as, pasando po la apa ición del suje o democ á ico an e is o en las socie-
dades islámicas, el caso u co o incluso la di isión eligiosa del islamismo, que
ocasionalmen e ha lle ado a las ue zas que lo p o esan a adop a posiciones
encon adas en la a ena polí ica.
Acabamos de aludi a la p ime a uen e. La his o ia su gió en occiden e en
las palab as de He odo o (2000) al obje o de conse a la memo ia de las ges as
humanas – an o g iegas como “bá ba as”– que p ocu aban glo ia, pe o no solo
po su alo de exempla, como ija ía más a de la his o iog a ía omana con
Salus io a la cabeza, sino jus amen e pa a e i a su plena desapa ición; se a a-
ba de una emp esa en cla a ebeldía con a la ley del iempo, cuya p esc ipción
de ol ido amenazaba con deja al u u o sin pasado, o mejo , con anula la con-
inuidad del acon ece humano y po lo an o con la eliminación de uno y o o.
Los hechos encuad ados en la ca ego ía del Ubi sun ?, que en e la melancolía
y el p oseli ismo dan cuen a de la ugacidad de las c eaciones del homb e; o,
pa a el p esen e, la ola ilización de impe ios inmó iles y pé eos según oda
apa iencia, des inados a sob e i i con a na u a, como el de la an igua Unión
So ié ica, y lo que más p on o que a de e emos sucede en el con ucionismo
comunis a de la nue a China an igua cuando la suma de p ocesos en ma cha
c is alice (Fau e en Golden, 2004: 206-212), uel en a ilus a nos sob e la ce-
gue a de quienes p e enden de ene el iempo simplemen e po que hablen en
nomb e de alo es in empo ales… inexis en es an es de su empo al c eación
po los homb es.
Es o es así incluso con las ins i uciones eligiosas, es ablecidas pa a habla
en nomb e de un seño que g acias a ellas no solo exis e sino que además se le
en iende. Y ello pese a se in isible y mudo. ¿Quién, po ejemplo, en iempos
de los alibanes ca ólicos, cuando se habían in il ado po odas las capas del
ejido social manejándolo a su cínico an ojo, cuando a mando a su capo con un
concep o in elec ualmen e e o is a como el de pleni udo po es a is jaleaban
su au op oclamación como dueño y seño del mundo, hab ía podido imagina
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Uni e si as, Re is a de Ciencias Sociales y Humanas de la Uni e sidad Poli écnica Salesiana del Ecuado , Año XI, No. 19, 2013
que a semejan e a obamien o del pode , a semejan e deli io del a bi io hab ía
seguido con el iempo el su gimien o de una sociedad democ á ica? Cie o, sus
pulsiones la lle an a sali se de dicho ma co una y o a ez; de hecho, alguna
sociedad occiden al debe su dé ici democ á ico al consen imien o de sus exce-
sos más que a ninguna o a cosa, po que además de cede e i o io y sobe anía
al Va icano en i ud de la i ma de algún humillan e Conco da o; de iola
incesan emen e la egla de la igualdad cons i ucionalmen e ijada, de impone
su cosmo isión a a és de polí icos sin p incipios, dicha sumisión a la Iglesia
le si e asimismo de coa ada pa a usa el pode público en bene icio p opio en
es e as no di ec amen e ligadas al in e és eclesial. Con odo, los seño es de aye
hoy lo son solo a a os y po ma e ias, y cuando a dios se le ocu e e ela se a la
sociedad, y lo hace desde el san ua io del me cado, ese ac o de di ina impiedad
pa a con sus bu óc a as es al iempo una con esión de impo encia de los mis-
mos. Su cambio de es a us lo ha sido ambién de su pode .
El suje o democ á ico, o mado espon áneamen e en la c isálida del islam
es en sí mismo un hue o de se pien e incubado po es e, aunque po o o lado
ha sido el p ime ac o en desliga su nomb e del e o . Aho a bien, su es uc-
u a, su uncionamien o y su empeño en exigi e o mas sociales y democ a-
cia, abajo y libe ad –bienes desde luego pe ec amen e compa ibles en e sí
aunque no con o mando necesa iamen e una unidad sis emá ica– cons i uyen
o os an os ec o es con a la au o idad del islam, po lo que de p osegui su
desa ollo signi ica ía que se hab ía ag ie ado el mu o o ali a io con el que
p e ende aisla su supues a pu eza del cu so de la ida: del iempo. Ese suje o
no en aña la enuncia a las c eencias eligiosas po pa e de quienes pa icipan
en él, pe o sí una o ganización dis in a de la p o esión de e que las cen aliza,
y que a pa i de aho a debe ía coexis i en son de paz e igualdad con las de la
compe encia, y desapa ece odas de la es e a pública, so pena de hace es alla
ahí sus di e encias, de hace la es alla en consecuencia, y de ans o ma el
escena io público en una ba alla sin cua el, quizá en una gue a ci il. Laicismo
con su coho e de paz social o pe pe uación de la dic adu a eligiosa o ali a ia:
al es el se o no se democ á ico de las sociedades donde domina el islamismo.
Tu quía es el ejemplo an o de que una sociedad democ á ica puede em-
peza a o ja se polí icamen e en ie as islámicas como de que el islam no se
piensa deja seduci po la democ acia. Po el momen o gua dan un piadoso
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An onio He mosa Andúja . ¿Democ acia islámica? De la p ima e a á abe al in ie no musulmán
equilib io lige amen e esco ado en los úl imos iempos a a o del islamismo,
que pa ece i dando i ones al cue po polí ico a a és del sen imien o eligioso
de sus líde es, eco de las in enciones dominan es en e la población. Pe o, has a
el momen o, que una sociedad an ab umado amen e islámica y con un pa ido
con esional en el pode du an e es legisla u as no se haya decan ado de una
ez po odas po la eligión iene algo de doblemen e milag oso, dado que
ebaja el pode de Alá.
La pe i encia del espí i u laico in undido po el undado de la Tu quía
mode na, aho a que se ambalea el pode de las ins i uciones en las cuales en-
ca nó, quizá sea he encia de la época kemalis a, pe o es asimismo ob a de un
o den democ á ico que enseñó a la ciudadanía que las di e encias de c edo, i-
nes, in e eses u opiniones en e sus miemb os no e an la ocasión pa a desga a -
se en e sí; un log o alioso ambién po que el laicismo de la jo en epública
ue desde su inicio el adje i o de un sus an i o nacionalis a de i ola ne amen e
au o i a ia.
La e olución de Tu quía cons i ui á siendo cla e pa a el esu gimien o y
consolidación de la democ acia en ie as islámicas, po que el o igina io papel
de modelo se ha diluido no ablemen e an e las ín ulas sul ánicas de su ac ual
p ime minis o y, sob e odo, po la incapacidad de llega a pac os con su
pasado, e elado en un eje cicio iolen o e impune del pode en el que han
undido sus esencias au o i a ias dos enemigos an es inconciliables, el ejé ci o
y el pa ido gobe nan e, y que ha p oducido más íc imas ecien es en e ku -
dos y a menios que añadi a los genocidios del pasado. Empe o, ese legado de
la his o ia u ca a la polí ica u ca es ajeno al p oblema de la democ a ización
de los egímenes islámicos como ales, bien que la compasi a elación de su
uen e con cualquie o ma de au o i a ismo en ie as mahome anas a o ezca
soluciones como las aludidas. Pe o si, a pesa de odo, la Sha ía no de iene la
sola uen e no ma i a del de echo u co, y si el pode eligioso no se unde,
como cabe p e e , con el polí ico, la ía u ca cons i ui á sin duda una posibili-
dad a ene en cuen a en la explo ación de los nue os caminos hacia un po eni
democ á ico pa a los países musulmanes que aspi en a alcanza lo. Y ello aun
con ando con los de aneos con esionales de sus ac uales líde es y con las a as
oda ía polí icamen e i esolubles p o enien es de su his o ia ecien e.
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En ío 20 de mayo/2013 - Acep ación 17 de diciemb e/2013