THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. Núm. 40, 2008.
ÉTICA DE LA COTIDIANIDAD
Ra ael Al i a. Uni e sidad de Na a a
Resumen: El a ículo pa e de la conside ación del Dasein heidegge iano como empo ali-
dad. El Dasein puede eje ce su exis i de modo au én ico o inau én ico. La inau en icidad
del exis i lo si úa en la co idinidad. La me a ísica heidegge iana anula la posibilidad de
pensa é icamen e la co idianidad. Felicidad y co idianidad son en es e plan eamien o
excluyen es. En el a ículo se a gumen a, po el con a io, que la única mane a de exis i
au én icamen e es el eje cicio de la é ica de la co idianidad. Ello equie e una in e p e a-
ción del iempo y la empo alidad di e en e de la heidegge iana.
Abs ac : The a icle begins wi h he analysis o he heidegge ian Dasein conside ed as
pu e empo ali y. I can exis as an au hen ic o as an inau hen ic one. The inau hen ici y
o he Dasein places i in he “dayliness”. The heidegge ian me aphysic disallows he
possibili y o hink he e hical iew o “dayliness”. Happyness and “dayliness” excludes
each o he in he heidegge ian iew. The a icle a gues agains ha poin o iew ha he
only way o exis au hen ically is o li e he “dayliness” e hically. Tha equi es ein e -
p e ing he ime and he empo ali y in a di e en way as Heidegge s does.
Ha sido segu amen e el uso cen al que Ma in Heidegge hizo del
concep o de co idianidad en Se y Tiempo, el ac o de e minan e de su
in eg ación en el lenguaje ilosó ico. La analí ica del Dasein -del se que
compa ece en cada homb e- heidegge iana se ace ca al es udio del exis i
con una mi ada p o unda, que quie e “eje ce ” un pensa que se p e ende
an e io a odo explica obje i o o a cualquie in ospección subje i a. El
Dasein es se -en-el-mundo y es empo alidad. No es en el iempo, ni ampoco
empo al en el sen ido de pasaje o, sino que el co azón de su exis i es
empo alidad. Pe o el Dasein puede “eje ce ” su exis i de modo au én ico
(eigen lich) o inau én ico (uneigen lich). La “caída” (das Ve allen) en lo
inau én ico lo si úa en la co idianidad en el sen ido más es ic o. Lo co idia-
no es así lo du chschni lich, lo “mediano”.
Au en icidad e inau en icidad son modos de se . Vi i inau én icamen e
no es, po an o, ninguna al a mo al, pues nada nos obliga a sali de esa
si uación. La co idianidad es el pa alelo heidegge iano del ol ido pla ónico,
sólo que sin implicación é ica alguna. En e ec o, la é ica –a di e encia de la
me a desc ipción e ológica del compo amien o- se basa en el debe , lo cual
a su ez, implica la acep ación lib e po pa e del se humano de que ha de
ap ende a hace lo y ha de hace lo. Ap ende a ob a bien, es idén ico con
la adquisición de la i ud, y se i uoso supone un sal o sob e no se lo,
sal o que nos coloca –como suele exp esa el pensamien o clásico– en la
pe ección o en la “di inización”. Con es a úl ima palab a se que ía exp esa
p ecisamen e que el i uoso había ascendido el iempo, y se había hecho
–de ese modo– dueño de él. Sólo es posible adueña se de algo desde un más
allá de ello, po lo cual el i uoso es aba ins alado en la e e nidad p opia
de los dioses.
Es á bien cla o que el concep o de debe , en el que se undamen a la
é ica, no iene sen ido más que desde la ealidad del lími e. Si no hay un
más allá en endido como lo que “es á al o o lado”, y cuyo posible alcance
implica po an o da un sal o, no iene sen ido que in en emos cambia de
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modo de se pa a pasa a ins ala nos a ese o o lado. El más allá en endido
sólo como pu a p olongación inde inida de una ealidad –lo que A is ó eles
llama ía “aquello que nunca acaba ás de eco e ” o in ini o ma e ial– no
puede undamen a ninguna é ica, pues en lo inde inido, inde e minado o
in ini o ma e ial nada me obliga, po que odo es posible: no hay lími e. Pe o,
sob e odo, al no pode aba ca , oma en su unidad, la ealidad, no puede
se lib e en e a ella. Lo que no domino no me obliga más que ma e ialmen-
e, o sea, simplemen e me condiciona. Es deci , que el se sólo es lib e en e
aquello a lo que asciende. Y es an o más lib e cuan o más lo ascienda.
El debe es, en es e sen ido, una ealidad compleja. Cae en la cuen a de
que debes hace algo implica que lo ansciendes, pe o que e des cuen a no
implica necesa iamen e que e decidas a hace lo: p ecisamen e po que
asciendes puedes decidi no hace lo, bien po debilidad del conocimien o
o de la olun ad, o de ambos. Dicho en o os é minos: es á en la mano del
se humano el i o no i más allá de donde es é, “más allá de sí mismo” en
é minos pascalianos, pa a “llega a se él mismo”. Aho a bien, de la o ma
más adical es o implica la elación con la p opia ida omada en su conjun-
o. Se plenamen e lib e supone ambién y de mane a cen al, el domina se
a sí mismo. Pe o ello sólo es posible si soy capaz de cap a y ascende mi
lími e.
El lími e de mi ida pa ece se la mue e. An e ella, se pueden adop a
a ias ac i udes. Una es ol ida la: i i en ese man (se) al que se e ie e
Heidegge , que se co esponde, a su modo, con el "ol ido de mí" agus iniano
o con la igno ancia de sí mismo soc á ico-pla ónica. Ese "ol ido" e hace
i i en la supe icialidad, en el pu o es adio es é ico kie kegaa diano, en la
exis encia como acío, a la que ambién es án abocados los que ienen una
conside ación me amen e obje i o-cien í ica del se humano. Es o úl imo,
en el ondo, es o a es a egia del ol ido. O a o ma es con ia en un Dios
c eído que me dio la ida y que me la ol e á a da ; pe o si se a a de un
"me o con ia ", no se pone nada p opio pa a supe a el lími e, y al no es u-
dia la mue e, no puedes conoce la p opia ida, y, po consiguien e, u e
es pu o empecinamien o olun a io e insegu idad adical.
Heidegge conside a que sólo quien sabe que es un se pa a la mue e y
lo sabe po que es capaz de angus ia se an e ella, puede i i au én icamen-
e. Hay aquí de nue o una ansposición en é minos enomenológico-
exis encial- empo ales del memen o mo i c is iano o de la esis pla ónica
según la cual el ilóso o (o sea, el que de e dad se conoce a sí mismo) no
deja de e lexiona sob e la mue e. Lo que la mue e p o oca al homb e
au én ico heidegge iano, es Angs (angus ia), es deci , conciencia de ini ud.
Es echez de ánimo, po an o. Como exis imos undamen almen e hacia el
u u o, –el u u o iene p eminencia, según Heidegge –, da nos cuen a de
que se nos acaba á ha de p oduci necesa iamen e sensación de es echez,
de angos u a: la ida es pequeña. Pe o es so p enden e que si el Dasein es
empo alidad se angus ie po su pequeñez. Sólo desde la conciencia de un
más allá pod íamos ene esa i encia. ¿Es que ese más allá es pu amen e
“imagina i o”? Si lo es, en onces cie amen e el Dasein es una agedia
cons i u i a: no puede hace o a cosa que su i u ol ida . Cabe aquí eco -
da , como con aposición, la esis de San Juan de la C uz: “ ue a de Dios,
odo es es echo”.
La co idanidad en endida como medianía y pé dida en lo “impe sonal”
se conec a necesa iamen e con el abu imien o. És e es en ealidad una
desespe ación encubie a. La angus ia es el es ado del que, en el ondo, no
se esigna a la desespe ación. Si se esigna a ya no su i ía, sino que queda-
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ía simplemen e in adido po la más p o unda is eza y que ía qui a se la
ida. En ese sen ido, el abu imien o es –desde el pun o de is a é ico– más
pelig oso que la angus ia, p ecisamen e po que es una es a egia de inmu-
nización pa a no desespe a se, pe o una es a egia mal plan eada, que no
puede da esul ados sa is ac o ios. Po eso, a unida a la búsqueda de
en e enimien os, de di e siones, que lo único que pueden log a es saca nos
momen áneamen e –y, en el ondo, de modo apa en e– de ese abu imien o.
Tan o és e como la di e sión, son siemp e es a egias de ol ido de la deses-
pe ación de ondo. Tomás de Aquino sos enía que la desespe ación no es el
pecado obje i amen e más g a e, pe o sí el más pelig oso. Po eso Kie ke-
gaa d –que comp endió muy bien la na u aleza de esa “p o undiad supe i-
cial” que es el abu imien o– p e e ía en e a ella la conciencia cla a de la
desespe ación: sólo ese conocimien o nos ayuda a da nos cuen a de la
inanidad de la exis encia me amen e es é ica, y nos empuja a “da el sal o”
hacia la exis encia é ica, aquella en que, po p ime a ez, más allá del pu o
deseo de di e sión y goce, omamos la p opia ida en se io.
No hay desespe ación más que mien as du a en con apun o –aunque
sea mínimamen e– la espe anza. El que se abu e lo hace po que sigue
silenciosamen e inci ado en su in e io po ella. Y lo que espe amos es
siemp e algo que nos haga e dade amen e i i . La ida es luz, paz, a en-
u a, no edad, so p esa. Vi i en sen ido pleno es se eliz, incluso aunque
la elicidad no sea buscada como in. La ó mula de la elicidad es: i i
aleg e y en paz. Paz signi ica que no hay sensación nega i a de al a. Si
u ié amos odo lo que se puede desea , no se íamos elices, po que ya no
i i íamos, no gus a íamos algo an p opio de la ida como es la no edad, la
so p esa. Es a pa adoja del deseo de elicidad, que pide ene y al ene se
pie de, y que se p esen a así como con adic o io, ha sido señalada po
Schopenhaue y, en nues os días, p o undamen e es udiada po G imaldi.
La esis clásico-c is iana al espec o es que la pa adoja se sal a, po que
exis e una si uación en la que el deseo "se sacia sin se saciado". Es deci , se
a a de una sensación de al a posi i a; no ca ecemos de nada esencial,
pe o seguimos abie os a la nue a so p esa.
Es e es el concep o de e e nidad, que ya en su aíz g iega indica la idea
de ju en ud. La e e nidad es la ju en ud que no deja de se lo, que no en e-
jece. La ejez es p opia del iempo, lo mismo que la inquie ud y la angus ia.
La ju en ud desea sin sen i se us ada, sino llena. La ida consis e en la
ene gía del c ece que se ob iene de la ape u a al o o (sin al e idad no hay
c ecimien o posible). Y sólo en esa ape u a se da la aleg ía. Se puede ene
place en soli a io, pe o sólo en la amis ad su ge la aleg ía.
Desde es a idea de elicidad como paz y aleg ía emos más cla o que ella
es lo con a io del abu imien o y de la angus ia. La elicidad es incompa i-
ble con la desespe ación y, po eso, el que la i e ansciende el iempo.
Jus amen e po ello muchos la conside an imposible, sob e odo en la
co idianidad. Felicidad y co idianidad, al se según pa ece, excluyen es,
mos a ían que no es posible una é ica de la co idianidad, al menos en el
sen ido de la é ica clásica. Algunos lo exp esan con la conocida ase: "no
hay elicidad, sino momen os de elicidad", en la cual sin duda con unden
"momen os de elicidad" con "momen os de place ". La elicidad, cie amen-
e, no se da en el momen o, sino en algo que se le pa ece, pe o que no es lo
mismo: se da en la e e nidad.
La impo ancia del momen o o el ins an e es g ande en lo que se e ie e
al ema que nos ocupa. Todos los pun os de is a empo alis as ace ca de la
ida humana han enido que ija se en él. ¿Es la co idianidad una suma de
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ins an es?
E e nidad e ins an e son concep os muy ce canos. El p ime o señala un
más allá del iempo y el segundo un más acá. Desde el pun o de is a de la
e e nidad, el iempo es un cie o "decaimien o" y empob ecimien o; desde el
pun o de is a del ins an e, el iempo es una ampliación, una p olongación
o una suma. Ni la una ni el o o son iempo en sen ido es ic o, pe o el
iempo no puede deja de pensa se en elación a ellos. Nada es pensable sin
lími e, y el lími e del iempo es la e e nidad o el ins an e. Po eso, ambos
ienen una conno ación espacial. En e ec o, el más p o undo lími e del
iempo es el espacio. El iempo es lo o o que el espacio, y el espacio lo o o
del iempo, pues no puede exis i espacio sin simul aneidad, y és a no es
iempo. Po eso pensamos la e e nidad como un luga -el luga celes e- y el
ins an e como un pun o. Lo que se piensa, po an o, en la idea de e e nidad
o de ins an e es la concen ación dinámica del exis i . En endemos el iempo
como dinamismo, y consiguien emen e la e e nidad y el ins an e como un
"dinamismo concen ado".
A is ó eles sos iene es a esis: la p o é ené geia, el ac o p ime o, es
e e no po que es "ene gía concen ada". Su oposi o Epicu o man iene la
misma esis, pe o aplicada al ins an e. En e ec o, es e concep o —cen al en
el undado del "Ja dín"— signi ica p ecisamen e la concen ación máxima
del i i , que —según él— se da en el place . ¿Qué quie e deci cuando
sos iene que el place se da en el ins an e? No se puede e e i a la du ación
c onológica, pues a eces el place du a muchos segundos o has a minu os.
Lo que quie e deci , a mí en ende , son dos cosas: que en cuan o empieza a
decae la in ensidad del place , la "pleni ud" de ida ya no es á, y se "cae en
el iempo"; que en el place se da el ol ido de la du eza del pasado, p esen e
y u u o. En es e sen ido, el ins an e de place es ex á ico, se sale del iempo
y es —si cabe habla así— el ol ido en o ma pu a. Po eso, en el place , el
p esen e —la p esencia del suje o es el p esen e— es á sólo implíci a, como
do mida.
Aquí se e bien la di e encia del ins an e con la e e nidad pues és a
úl ima no ol ida pasado, p esen e y u u o, sino que los in eg a pe ec amen-
e. La e e nidad es el iempo in eg ado -en el que el pasado no es nos algia
sino in e io idad, y el u u o no es loca imaginación sino deseo pe ec o- y
po eso ha sido siemp e in e p e ada como e dade a p esencia, o amo , que
es lo mismo. In e p e a la e e nidad como me o p esen e, po el con a io,
es lo mismo que con undi la con el ins an e.
El p opio Nie zsche se dio cuen a de que no se a a de la misma cosa.
"Todo place pide e e nidad", dice. Si pide e e nidad, es po que no la conce-
de de po sí. Pues o que, pa a él, "en cada ins an e empieza el se ", aquello
que podemos hace es i i los ins an es de pasión, pues o que la olun ad
de pode la de ine como "A ek , Leidenscha , Ge ühl". Aquí apa ece una
ce canía en e Epicu o y Nie zsche. Su di e encia es á sólo en el ca ác e
posi i o, de ene gía posi i a, que Nie zsche a ibuye a la pasión, mien as
que el place sigue eniendo un cie o ca ác e pasi o -lo que "me pasa"-
pa a Epicu o.
En ambos casos, sin emba go, lo único que se puede hace es epe i .
Pues o que el ins an e no es capaz de in eg a el iempo —es menos que
iempo, a di e encia de la e e nidad que es más— lo único que puede hace
es epe i se. La epe ición es un concep o y una ealidad di íciles, pe o sin
duda p o undamen e elacionados con la co idianidad. És a, en e ec o, se
unda p ima iamen e en la epe ición.
Repe i consis e en la i encia empo al de la semejanza, en di ección al
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u u o. Un g upo de se es semejan es colocados en el espacio o man una
mul i ud homogénea, pe o sólo cuando se cuen a uno de ás de o o, o sea,
empo almen e, se da la epe ición. Ella puede conside a se ambién en
di ección al pasado, y en onces se llama ol e . Lo que uel e es una epe i-
ción mi ada hacia a ás. En ealidad, una y o a no pueden desliga se, pues
pasado y u u o dependen el uno del o o.
La conciencia de que los p ocesos i ales y cósmicos se epi en y uel en
es á i memen e anclada en nues a ida. Vi imos en la epe ición, habi a-
mos en ella. Es la co idianidad. Vol emos una y o a ez a la misma casa;
epe imos una y o a ez las mismas acciones en la cos umb e, en los hábi-
os (habi ación y hábi o; Wohnung und Gewohnhei ). La co idianidad es la
sín esis de casa y hábi o.
El p oblema es á en que si i imos según el ins an e, el pasado se aleja
i emediablemen e. La memo ia de pasado es la nos algia de lo de ini i a-
men e pe dido, pues los ins an es pasados son i ecupe ables exis encial-
men e. Y el u u o es á ambién siemp e lejos, in ini amen e lejos, po que
no hay con inuidad en e un pun o y o o pun o. Nos gus a ía con inua con
lo que i imos en el ins an e, pe o no se puede. Tan o hacia el pasado como
hacia el u u o la ida según el ins an e implica -como bien supo e , de
nue o, Nie zsche- ca ga con la condición ágica. La única e apia es el
ol ido o la minus alo ación conscien e (o a o ma de ol ido) de pasado y
u u o. En o os é minos, la única salida es i i en un p esen e sin p esen-
cia. La exis encia momen ánea sin au én ica p esencia de uno mismo y de
la ealidad ci cundan e. No hace se con la ealidad, "pe de se en el me o
p esen e". Es deci , no oma en se io, no esponde de e dad a los eque i-
mien os de pasado y u u o. El "pe de se en una exis encia me amen e
p esen e" o " i i simplemen e al día", como se suele deci , es una exp esión
de i esponsabilidad, o iginada en el miedo a en en a se con la du eza de
la ealidad.
En e ec o, no ol ida se, sino inco po a el pasado en o ma de in e io i-
zación equie e ue za de espí i u. Lo ácil, lo débil es pe de se en nos al-
gias, en quejas y ep oches a lo su ido o en planes de enganza. Ninguna de
esas ac i udes, an comunes en la ida co idiana de muchas pe sonas, iene
sen ido. No log an nada eal, sino sólo des ui . El único modo de no pe de
la an e io idad es in e io iza la. Es ambién el único modo de ap ende : el
pasado si e sólo pa a ap ende . Es lo que supo e magis almen e Pla ón
con su eo ía del sabe como ecue do. Lo que en la disg egación p opia del
iempo es lo an e io , es en la in eg ación p opia de la e e nidad del espí i u
lo in e io .
No pe de el u u o, a su ez, es el e dade o sen ido del abajo. El que
desea sin se iedad, sin oma se en se io el u u o, po de ec o de g andeza
de ánimo, no esponde a la llamada de lo que hay que hace con un abajo
au én ico. Se pie de en la acilidad y debilidad de la pe eza, el deso den o el
ac i ismo. T abaja de e dad es esponde de e dad, con g andeza, a
aquello a lo que me sien o llamado. Eso exige es ue zo y sensa ez. Pe o
exige ambién deja de lado lo me amen e posible, pa a a e e se a lo impo-
sible.
Lo imposible es que e de e dad, lo cual es á po encima de las ue zas
humanas. Po eso, siemp e se ha conside ado como un egalo, un don, pe o
un don al que hay que a e e se. En cualquie caso, ese que e ansciende
el iempo, po que lo in eg a. Es p esencia, es e e nidad. Man ene lo en una
ida ma e ialmen e condicionada po la empo alidad es a ea di ícil, pe o
se ha de in en a log a . Responde con cada acción co idiana a esa e e ni-
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dad del espí i u es un abajo: abaja es esponde . Una co idianidad
—una ida o dina ia, se puede ambién llama — que no se apoya en el
ins an e, sino en la e e nidad, ha de esponde siemp e en é minos de
e e nidad: ha de ele a el abajo a espí i u. Ha de combina la sensa ez con
la locu a, pues locu a es in en a el imposible. La é ica de la co idianidad no
consis e en acep a esignadamen e la epe ición. Tampoco consis e en
cumpli las obligaciones cada día, median e el eje cicio de las i udes. Eso
es é ica en gene al. La é ica de la co idianidad consis e en p ime luga en
ap ende p ác icamen e el sen ido de la epe ición.
Ella no es un me o conjun o de ins an es, sino un ol e a a és del
cual poco a poco debemos in e io iza , ap ende , lo que con el ol e se nos
es á que iendo enseña . Si an as eces emos sali el sol de nue o es al
ez pa a ap ende a alo a la luz y la no edad pe manen e de la luz. Po
eso es e dad el an iguo dicho de que " odo el que no ap ende del pasado
es á condenado a epe i lo". Y, po lo mismo, es cie o que sólo el que es
capaz de in e io iza es capaz de inno a , es deci , de abaja un u u o
que no es pu a epe ición mecánica. In e io ización e inno ación se co es-
ponden y coimplican: an o más a ondo se da la p ime a, an as más posibi-
lidades se ab en pa a la segunda. Sólo el que quie e de e dad un sabe —o
sea, que lo in e io iza— da a luz no edades en él. Po el con a io, cuando
al a lo p ime o, su gen odo lo más ocu encias, an comunes aho a, pa i-
cula men e en el mundo del a e y de la llamada "cul u a". Ellas llenan
nues a co idianidad ac ual. Y cuando ni siquie a hay ocu encias, oda ía
se puede ene un buen éxi o con i iéndose en ansg eso .
Si es cie o que las dimensiones anscenden al-an opológicas de la
ealidad son lo bello, lo e dade o y lo bueno, se pueden busca en ellas las
ca ego ías de la co idianidad. Nues o día a día es á imp egnado de ellas. A
mi modo de e , se pueden menciona , al menos, las siguien es:
a) según la belleza: lo limpio y lo sucio
b) según la e dad: lo au én ico y el "pseudos"
c) según la bondad: lo o denado y lo deso denado
La belleza es esplando , que iene impedido po la suciedad; la e dad
es mediación, alseada po el engaño; la bondad es pe ección, des uida po
el deso den. En la ida co idiana, a eces se encuen a limpieza, "au en ici-
dad" y o den me amen e ex e io es, que no esponden a lo in e io . Cons i-
uyen, po deci lo así, la hipoc esía de esa ida. También se da lo con a io:
suciedad, alsedad y deso den a i mados abie amen e. Es lo que se puede
llama el cinismo de la ida co idiana. Más di ícil —imposible incluso— es
encon a limpieza, au en icidad y o den in e io es que ca ezcan de mani-
es ación ex e io , pe o es bien posible que esa mani es ación sea muchas
eces so p enden e, inusual, "o iginal", y pa ezca deso den a espí i us
hipóc i as, supe iciales o ígidos.
Co idianidad iene a se sinónimo de ida o dina ia. Lo ex ao dina io,
en e ec o, es lo que no se epi e. Po eso, ampoco las acciones ex ao dina-
ias se conside an abajo, en el sen ido común de es e é mino, aunque
sean ambién ac i idad. Vida o dina ia, como luga de la epe ición, y
abajo, como espues a a los eque imien os que se p esen an en la ida
o dina ia —donde el abajo no es sólo, po an o, el "empleo"— se implican
mu uamen e. Po eso el domingo, en cuan o día ex ao dina io, es día sin
abajo, pe o no sin ac i idad.
Una ida co idiana cons uida desde la me a epe ición, es necesa ia-
men e abu ida, y el abajo —consiguien emen e— pesado, as idioso. Po
ello, quien la i e así busca e adi se de ella siemp e que puede: acaciones,
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iajes, jubilación. Son o mas de in en a eludi lo que se expe imen a como
du eza exis encial. Pe o ni las acaciones se pueden con e i en ies a, ni
el iaje pasa de se u ismo supe icial ni la jubilación es o a cosa que
is eza encubie a. La única é ica que cabe ahí es ex e na, y puede da se en
a ios ni eles. Uno p ime o que consis e en sopo a esa ida y a ene se a
las eglas básicas de con i encia. O o, mejo , en el que se p ocu a "llena
el iempo" con ac i idades de ayuda, o cul u ales.
Pe o ni una ni o a é ica son e dade as é icas de lo co idiano. És a se
log a al ence la me a epe ición, es deci , al ele a el iempo a e e nidad.
Sólo ahí hay ies a. Y ahí no iene sen ido la jubilación. Tu e un maes o
inol idable, homb e sabio, que a i maba: "leí en la Biblia que el homb e ue
c eado pa a abaja , pe o no encon é ninguna e e encia a la jubilación".
También él mismo cuando ya es aba muy en ado en años de ju en ud, solía
deci : "cada día es mejo que el an e io , y odos son de p ima e a".
* * *
Ra ael Al i a
Depa amen o de Filoso ía
Uni e sidad de Na a a
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