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Ética de la cotidianidad

Alvira, Rafael

Abstract

El artículo parte de la consideración del Dasein heideggeriano como temporalidad. El Dasein puede ejercer su existir de modo auténtico o inauténtico. La inautenticidad del existir lo sitúa en la cotidinidad. La metafísica heideggeriana anula la posibilidad de pensar éticamente la cotidianidad. Felicidad y cotidianidad son en este planteamiento excluyentes. En el artículo se argumenta, por el contrario, que la única manera de existir auténticamente es el ejercicio de la ética de la cotidianidad. Ello requiere una interpretación del tiempo y la temporalidad diferente de la heideggeriana.

Full text

THÉMATA. REVISTA DE FILOSOFÍA. Núm. 40, 2008. ÉTICA DE LA COTIDIANIDAD Ra ael Al i a. Uni e sidad de Na a a Resumen: El a ículo pa e de la conside ación del Dasein heidegge iano como empo ali- dad. El Dasein puede eje ce su exis i de modo au én ico o inau én ico. La inau en icidad del exis i lo si úa en la co idinidad. La me a ísica heidegge iana anula la posibilidad de pensa é icamen e la co idianidad. Felicidad y co idianidad son en es e plan eamien o excluyen es. En el a ículo se a gumen a, po el con a io, que la única mane a de exis i au én icamen e es el eje cicio de la é ica de la co idianidad. Ello equie e una in e p e a- ción del iempo y la empo alidad di e en e de la heidegge iana. Abs ac : The a icle begins wi h he analysis o he heidegge ian Dasein conside ed as pu e empo ali y. I can exis as an au hen ic o as an inau hen ic one. The inau hen ici y o he Dasein places i in he “dayliness”. The heidegge ian me aphysic disallows he possibili y o hink he e hical iew o “dayliness”. Happyness and “dayliness” excludes each o he in he heidegge ian iew. The a icle a gues agains ha poin o iew ha he only way o exis au hen ically is o li e he “dayliness” e hically. Tha equi es ein e - p e ing he ime and he empo ali y in a di e en way as Heidegge s does. Ha sido segu amen e el uso cen al que Ma in Heidegge hizo del concep o de co idianidad en Se y Tiempo, el ac o de e minan e de su in eg ación en el lenguaje ilosó ico. La analí ica del Dasein -del se que compa ece en cada homb e- heidegge iana se ace ca al es udio del exis i con una mi ada p o unda, que quie e “eje ce ” un pensa que se p e ende an e io a odo explica obje i o o a cualquie in ospección subje i a. El Dasein es se -en-el-mundo y es empo alidad. No es en el iempo, ni ampoco empo al en el sen ido de pasaje o, sino que el co azón de su exis i es empo alidad. Pe o el Dasein puede “eje ce ” su exis i de modo au én ico (eigen lich) o inau én ico (uneigen lich). La “caída” (das Ve allen) en lo inau én ico lo si úa en la co idianidad en el sen ido más es ic o. Lo co idia- no es así lo du chschni lich, lo “mediano”. Au en icidad e inau en icidad son modos de se . Vi i inau én icamen e no es, po an o, ninguna al a mo al, pues nada nos obliga a sali de esa si uación. La co idianidad es el pa alelo heidegge iano del ol ido pla ónico, sólo que sin implicación é ica alguna. En e ec o, la é ica –a di e encia de la me a desc ipción e ológica del compo amien o- se basa en el debe , lo cual a su ez, implica la acep ación lib e po pa e del se humano de que ha de ap ende a hace lo y ha de hace lo. Ap ende a ob a bien, es idén ico con la adquisición de la i ud, y se i uoso supone un sal o sob e no se lo, sal o que nos coloca –como suele exp esa el pensamien o clásico– en la pe ección o en la “di inización”. Con es a úl ima palab a se que ía exp esa p ecisamen e que el i uoso había ascendido el iempo, y se había hecho –de ese modo– dueño de él. Sólo es posible adueña se de algo desde un más allá de ello, po lo cual el i uoso es aba ins alado en la e e nidad p opia de los dioses. Es á bien cla o que el concep o de debe , en el que se undamen a la é ica, no iene sen ido más que desde la ealidad del lími e. Si no hay un más allá en endido como lo que “es á al o o lado”, y cuyo posible alcance implica po an o da un sal o, no iene sen ido que in en emos cambia de 148 Théma a. Re is a de Filoso ía, 40, 2008 modo de se pa a pasa a ins ala nos a ese o o lado. El más allá en endido sólo como pu a p olongación inde inida de una ealidad –lo que A is ó eles llama ía “aquello que nunca acaba ás de eco e ” o in ini o ma e ial– no puede undamen a ninguna é ica, pues en lo inde inido, inde e minado o in ini o ma e ial nada me obliga, po que odo es posible: no hay lími e. Pe o, sob e odo, al no pode aba ca , oma en su unidad, la ealidad, no puede se lib e en e a ella. Lo que no domino no me obliga más que ma e ialmen- e, o sea, simplemen e me condiciona. Es deci , que el se sólo es lib e en e aquello a lo que asciende. Y es an o más lib e cuan o más lo ascienda. El debe es, en es e sen ido, una ealidad compleja. Cae en la cuen a de que debes hace algo implica que lo ansciendes, pe o que e des cuen a no implica necesa iamen e que e decidas a hace lo: p ecisamen e po que asciendes puedes decidi no hace lo, bien po debilidad del conocimien o o de la olun ad, o de ambos. Dicho en o os é minos: es á en la mano del se humano el i o no i más allá de donde es é, “más allá de sí mismo” en é minos pascalianos, pa a “llega a se él mismo”. Aho a bien, de la o ma más adical es o implica la elación con la p opia ida omada en su conjun- o. Se plenamen e lib e supone ambién y de mane a cen al, el domina se a sí mismo. Pe o ello sólo es posible si soy capaz de cap a y ascende mi lími e. El lími e de mi ida pa ece se la mue e. An e ella, se pueden adop a a ias ac i udes. Una es ol ida la: i i en ese man (se) al que se e ie e Heidegge , que se co esponde, a su modo, con el "ol ido de mí" agus iniano o con la igno ancia de sí mismo soc á ico-pla ónica. Ese "ol ido" e hace i i en la supe icialidad, en el pu o es adio es é ico kie kegaa diano, en la exis encia como acío, a la que ambién es án abocados los que ienen una conside ación me amen e obje i o-cien í ica del se humano. Es o úl imo, en el ondo, es o a es a egia del ol ido. O a o ma es con ia en un Dios c eído que me dio la ida y que me la ol e á a da ; pe o si se a a de un "me o con ia ", no se pone nada p opio pa a supe a el lími e, y al no es u- dia la mue e, no puedes conoce la p opia ida, y, po consiguien e, u e es pu o empecinamien o olun a io e insegu idad adical. Heidegge conside a que sólo quien sabe que es un se pa a la mue e y lo sabe po que es capaz de angus ia se an e ella, puede i i au én icamen- e. Hay aquí de nue o una ansposición en é minos enomenológico- exis encial- empo ales del memen o mo i c is iano o de la esis pla ónica según la cual el ilóso o (o sea, el que de e dad se conoce a sí mismo) no deja de e lexiona sob e la mue e. Lo que la mue e p o oca al homb e au én ico heidegge iano, es Angs (angus ia), es deci , conciencia de ini ud. Es echez de ánimo, po an o. Como exis imos undamen almen e hacia el u u o, –el u u o iene p eminencia, según Heidegge –, da nos cuen a de que se nos acaba á ha de p oduci necesa iamen e sensación de es echez, de angos u a: la ida es pequeña. Pe o es so p enden e que si el Dasein es empo alidad se angus ie po su pequeñez. Sólo desde la conciencia de un más allá pod íamos ene esa i encia. ¿Es que ese más allá es pu amen e “imagina i o”? Si lo es, en onces cie amen e el Dasein es una agedia cons i u i a: no puede hace o a cosa que su i u ol ida . Cabe aquí eco - da , como con aposición, la esis de San Juan de la C uz: “ ue a de Dios, odo es es echo”. La co idanidad en endida como medianía y pé dida en lo “impe sonal” se conec a necesa iamen e con el abu imien o. És e es en ealidad una desespe ación encubie a. La angus ia es el es ado del que, en el ondo, no se esigna a la desespe ación. Si se esigna a ya no su i ía, sino que queda- 149 Théma a. Re is a de Filoso ía, 39, 2007 ía simplemen e in adido po la más p o unda is eza y que ía qui a se la ida. En ese sen ido, el abu imien o es –desde el pun o de is a é ico– más pelig oso que la angus ia, p ecisamen e po que es una es a egia de inmu- nización pa a no desespe a se, pe o una es a egia mal plan eada, que no puede da esul ados sa is ac o ios. Po eso, a unida a la búsqueda de en e enimien os, de di e siones, que lo único que pueden log a es saca nos momen áneamen e –y, en el ondo, de modo apa en e– de ese abu imien o. Tan o és e como la di e sión, son siemp e es a egias de ol ido de la deses- pe ación de ondo. Tomás de Aquino sos enía que la desespe ación no es el pecado obje i amen e más g a e, pe o sí el más pelig oso. Po eso Kie ke- gaa d –que comp endió muy bien la na u aleza de esa “p o undiad supe i- cial” que es el abu imien o– p e e ía en e a ella la conciencia cla a de la desespe ación: sólo ese conocimien o nos ayuda a da nos cuen a de la inanidad de la exis encia me amen e es é ica, y nos empuja a “da el sal o” hacia la exis encia é ica, aquella en que, po p ime a ez, más allá del pu o deseo de di e sión y goce, omamos la p opia ida en se io. No hay desespe ación más que mien as du a en con apun o –aunque sea mínimamen e– la espe anza. El que se abu e lo hace po que sigue silenciosamen e inci ado en su in e io po ella. Y lo que espe amos es siemp e algo que nos haga e dade amen e i i . La ida es luz, paz, a en- u a, no edad, so p esa. Vi i en sen ido pleno es se eliz, incluso aunque la elicidad no sea buscada como in. La ó mula de la elicidad es: i i aleg e y en paz. Paz signi ica que no hay sensación nega i a de al a. Si u ié amos odo lo que se puede desea , no se íamos elices, po que ya no i i íamos, no gus a íamos algo an p opio de la ida como es la no edad, la so p esa. Es a pa adoja del deseo de elicidad, que pide ene y al ene se pie de, y que se p esen a así como con adic o io, ha sido señalada po Schopenhaue y, en nues os días, p o undamen e es udiada po G imaldi. La esis clásico-c is iana al espec o es que la pa adoja se sal a, po que exis e una si uación en la que el deseo "se sacia sin se saciado". Es deci , se a a de una sensación de al a posi i a; no ca ecemos de nada esencial, pe o seguimos abie os a la nue a so p esa. Es e es el concep o de e e nidad, que ya en su aíz g iega indica la idea de ju en ud. La e e nidad es la ju en ud que no deja de se lo, que no en e- jece. La ejez es p opia del iempo, lo mismo que la inquie ud y la angus ia. La ju en ud desea sin sen i se us ada, sino llena. La ida consis e en la ene gía del c ece que se ob iene de la ape u a al o o (sin al e idad no hay c ecimien o posible). Y sólo en esa ape u a se da la aleg ía. Se puede ene place en soli a io, pe o sólo en la amis ad su ge la aleg ía. Desde es a idea de elicidad como paz y aleg ía emos más cla o que ella es lo con a io del abu imien o y de la angus ia. La elicidad es incompa i- ble con la desespe ación y, po eso, el que la i e ansciende el iempo. Jus amen e po ello muchos la conside an imposible, sob e odo en la co idianidad. Felicidad y co idianidad, al se según pa ece, excluyen es, mos a ían que no es posible una é ica de la co idianidad, al menos en el sen ido de la é ica clásica. Algunos lo exp esan con la conocida ase: "no hay elicidad, sino momen os de elicidad", en la cual sin duda con unden "momen os de elicidad" con "momen os de place ". La elicidad, cie amen- e, no se da en el momen o, sino en algo que se le pa ece, pe o que no es lo mismo: se da en la e e nidad. La impo ancia del momen o o el ins an e es g ande en lo que se e ie e al ema que nos ocupa. Todos los pun os de is a empo alis as ace ca de la ida humana han enido que ija se en él. ¿Es la co idianidad una suma de 150 Théma a. Re is a de Filoso ía, 40, 2008 ins an es? E e nidad e ins an e son concep os muy ce canos. El p ime o señala un más allá del iempo y el segundo un más acá. Desde el pun o de is a de la e e nidad, el iempo es un cie o "decaimien o" y empob ecimien o; desde el pun o de is a del ins an e, el iempo es una ampliación, una p olongación o una suma. Ni la una ni el o o son iempo en sen ido es ic o, pe o el iempo no puede deja de pensa se en elación a ellos. Nada es pensable sin lími e, y el lími e del iempo es la e e nidad o el ins an e. Po eso, ambos ienen una conno ación espacial. En e ec o, el más p o undo lími e del iempo es el espacio. El iempo es lo o o que el espacio, y el espacio lo o o del iempo, pues no puede exis i espacio sin simul aneidad, y és a no es iempo. Po eso pensamos la e e nidad como un luga -el luga celes e- y el ins an e como un pun o. Lo que se piensa, po an o, en la idea de e e nidad o de ins an e es la concen ación dinámica del exis i . En endemos el iempo como dinamismo, y consiguien emen e la e e nidad y el ins an e como un "dinamismo concen ado". A is ó eles sos iene es a esis: la p o é ené geia, el ac o p ime o, es e e no po que es "ene gía concen ada". Su oposi o Epicu o man iene la misma esis, pe o aplicada al ins an e. En e ec o, es e concep o —cen al en el undado del "Ja dín"— signi ica p ecisamen e la concen ación máxima del i i , que —según él— se da en el place . ¿Qué quie e deci cuando sos iene que el place se da en el ins an e? No se puede e e i a la du ación c onológica, pues a eces el place du a muchos segundos o has a minu os. Lo que quie e deci , a mí en ende , son dos cosas: que en cuan o empieza a decae la in ensidad del place , la "pleni ud" de ida ya no es á, y se "cae en el iempo"; que en el place se da el ol ido de la du eza del pasado, p esen e y u u o. En es e sen ido, el ins an e de place es ex á ico, se sale del iempo y es —si cabe habla así— el ol ido en o ma pu a. Po eso, en el place , el p esen e —la p esencia del suje o es el p esen e— es á sólo implíci a, como do mida. Aquí se e bien la di e encia del ins an e con la e e nidad pues és a úl ima no ol ida pasado, p esen e y u u o, sino que los in eg a pe ec amen- e. La e e nidad es el iempo in eg ado -en el que el pasado no es nos algia sino in e io idad, y el u u o no es loca imaginación sino deseo pe ec o- y po eso ha sido siemp e in e p e ada como e dade a p esencia, o amo , que es lo mismo. In e p e a la e e nidad como me o p esen e, po el con a io, es lo mismo que con undi la con el ins an e. El p opio Nie zsche se dio cuen a de que no se a a de la misma cosa. "Todo place pide e e nidad", dice. Si pide e e nidad, es po que no la conce- de de po sí. Pues o que, pa a él, "en cada ins an e empieza el se ", aquello que podemos hace es i i los ins an es de pasión, pues o que la olun ad de pode la de ine como "A ek , Leidenscha , Ge ühl". Aquí apa ece una ce canía en e Epicu o y Nie zsche. Su di e encia es á sólo en el ca ác e posi i o, de ene gía posi i a, que Nie zsche a ibuye a la pasión, mien as que el place sigue eniendo un cie o ca ác e pasi o -lo que "me pasa"- pa a Epicu o. En ambos casos, sin emba go, lo único que se puede hace es epe i . Pues o que el ins an e no es capaz de in eg a el iempo —es menos que iempo, a di e encia de la e e nidad que es más— lo único que puede hace es epe i se. La epe ición es un concep o y una ealidad di íciles, pe o sin duda p o undamen e elacionados con la co idianidad. És a, en e ec o, se unda p ima iamen e en la epe ición. Repe i consis e en la i encia empo al de la semejanza, en di ección al 151 Théma a. Re is a de Filoso ía, 39, 2007 u u o. Un g upo de se es semejan es colocados en el espacio o man una mul i ud homogénea, pe o sólo cuando se cuen a uno de ás de o o, o sea, empo almen e, se da la epe ición. Ella puede conside a se ambién en di ección al pasado, y en onces se llama ol e . Lo que uel e es una epe i- ción mi ada hacia a ás. En ealidad, una y o a no pueden desliga se, pues pasado y u u o dependen el uno del o o. La conciencia de que los p ocesos i ales y cósmicos se epi en y uel en es á i memen e anclada en nues a ida. Vi imos en la epe ición, habi a- mos en ella. Es la co idianidad. Vol emos una y o a ez a la misma casa; epe imos una y o a ez las mismas acciones en la cos umb e, en los hábi- os (habi ación y hábi o; Wohnung und Gewohnhei ). La co idianidad es la sín esis de casa y hábi o. El p oblema es á en que si i imos según el ins an e, el pasado se aleja i emediablemen e. La memo ia de pasado es la nos algia de lo de ini i a- men e pe dido, pues los ins an es pasados son i ecupe ables exis encial- men e. Y el u u o es á ambién siemp e lejos, in ini amen e lejos, po que no hay con inuidad en e un pun o y o o pun o. Nos gus a ía con inua con lo que i imos en el ins an e, pe o no se puede. Tan o hacia el pasado como hacia el u u o la ida según el ins an e implica -como bien supo e , de nue o, Nie zsche- ca ga con la condición ágica. La única e apia es el ol ido o la minus alo ación conscien e (o a o ma de ol ido) de pasado y u u o. En o os é minos, la única salida es i i en un p esen e sin p esen- cia. La exis encia momen ánea sin au én ica p esencia de uno mismo y de la ealidad ci cundan e. No hace se con la ealidad, "pe de se en el me o p esen e". Es deci , no oma en se io, no esponde de e dad a los eque i- mien os de pasado y u u o. El "pe de se en una exis encia me amen e p esen e" o " i i simplemen e al día", como se suele deci , es una exp esión de i esponsabilidad, o iginada en el miedo a en en a se con la du eza de la ealidad. En e ec o, no ol ida se, sino inco po a el pasado en o ma de in e io i- zación equie e ue za de espí i u. Lo ácil, lo débil es pe de se en nos al- gias, en quejas y ep oches a lo su ido o en planes de enganza. Ninguna de esas ac i udes, an comunes en la ida co idiana de muchas pe sonas, iene sen ido. No log an nada eal, sino sólo des ui . El único modo de no pe de la an e io idad es in e io iza la. Es ambién el único modo de ap ende : el pasado si e sólo pa a ap ende . Es lo que supo e magis almen e Pla ón con su eo ía del sabe como ecue do. Lo que en la disg egación p opia del iempo es lo an e io , es en la in eg ación p opia de la e e nidad del espí i u lo in e io . No pe de el u u o, a su ez, es el e dade o sen ido del abajo. El que desea sin se iedad, sin oma se en se io el u u o, po de ec o de g andeza de ánimo, no esponde a la llamada de lo que hay que hace con un abajo au én ico. Se pie de en la acilidad y debilidad de la pe eza, el deso den o el ac i ismo. T abaja de e dad es esponde de e dad, con g andeza, a aquello a lo que me sien o llamado. Eso exige es ue zo y sensa ez. Pe o exige ambién deja de lado lo me amen e posible, pa a a e e se a lo impo- sible. Lo imposible es que e de e dad, lo cual es á po encima de las ue zas humanas. Po eso, siemp e se ha conside ado como un egalo, un don, pe o un don al que hay que a e e se. En cualquie caso, ese que e ansciende el iempo, po que lo in eg a. Es p esencia, es e e nidad. Man ene lo en una ida ma e ialmen e condicionada po la empo alidad es a ea di ícil, pe o se ha de in en a log a . Responde con cada acción co idiana a esa e e ni- 152 Théma a. Re is a de Filoso ía, 40, 2008 dad del espí i u es un abajo: abaja es esponde . Una co idianidad —una ida o dina ia, se puede ambién llama — que no se apoya en el ins an e, sino en la e e nidad, ha de esponde siemp e en é minos de e e nidad: ha de ele a el abajo a espí i u. Ha de combina la sensa ez con la locu a, pues locu a es in en a el imposible. La é ica de la co idianidad no consis e en acep a esignadamen e la epe ición. Tampoco consis e en cumpli las obligaciones cada día, median e el eje cicio de las i udes. Eso es é ica en gene al. La é ica de la co idianidad consis e en p ime luga en ap ende p ác icamen e el sen ido de la epe ición. Ella no es un me o conjun o de ins an es, sino un ol e a a és del cual poco a poco debemos in e io iza , ap ende , lo que con el ol e se nos es á que iendo enseña . Si an as eces emos sali el sol de nue o es al ez pa a ap ende a alo a la luz y la no edad pe manen e de la luz. Po eso es e dad el an iguo dicho de que " odo el que no ap ende del pasado es á condenado a epe i lo". Y, po lo mismo, es cie o que sólo el que es capaz de in e io iza es capaz de inno a , es deci , de abaja un u u o que no es pu a epe ición mecánica. In e io ización e inno ación se co es- ponden y coimplican: an o más a ondo se da la p ime a, an as más posibi- lidades se ab en pa a la segunda. Sólo el que quie e de e dad un sabe —o sea, que lo in e io iza— da a luz no edades en él. Po el con a io, cuando al a lo p ime o, su gen odo lo más ocu encias, an comunes aho a, pa i- cula men e en el mundo del a e y de la llamada "cul u a". Ellas llenan nues a co idianidad ac ual. Y cuando ni siquie a hay ocu encias, oda ía se puede ene un buen éxi o con i iéndose en ansg eso . Si es cie o que las dimensiones anscenden al-an opológicas de la ealidad son lo bello, lo e dade o y lo bueno, se pueden busca en ellas las ca ego ías de la co idianidad. Nues o día a día es á imp egnado de ellas. A mi modo de e , se pueden menciona , al menos, las siguien es: a) según la belleza: lo limpio y lo sucio b) según la e dad: lo au én ico y el "pseudos" c) según la bondad: lo o denado y lo deso denado La belleza es esplando , que iene impedido po la suciedad; la e dad es mediación, alseada po el engaño; la bondad es pe ección, des uida po el deso den. En la ida co idiana, a eces se encuen a limpieza, "au en ici- dad" y o den me amen e ex e io es, que no esponden a lo in e io . Cons i- uyen, po deci lo así, la hipoc esía de esa ida. También se da lo con a io: suciedad, alsedad y deso den a i mados abie amen e. Es lo que se puede llama el cinismo de la ida co idiana. Más di ícil —imposible incluso— es encon a limpieza, au en icidad y o den in e io es que ca ezcan de mani- es ación ex e io , pe o es bien posible que esa mani es ación sea muchas eces so p enden e, inusual, "o iginal", y pa ezca deso den a espí i us hipóc i as, supe iciales o ígidos. Co idianidad iene a se sinónimo de ida o dina ia. Lo ex ao dina io, en e ec o, es lo que no se epi e. Po eso, ampoco las acciones ex ao dina- ias se conside an abajo, en el sen ido común de es e é mino, aunque sean ambién ac i idad. Vida o dina ia, como luga de la epe ición, y abajo, como espues a a los eque imien os que se p esen an en la ida o dina ia —donde el abajo no es sólo, po an o, el "empleo"— se implican mu uamen e. Po eso el domingo, en cuan o día ex ao dina io, es día sin abajo, pe o no sin ac i idad. Una ida co idiana cons uida desde la me a epe ición, es necesa ia- men e abu ida, y el abajo —consiguien emen e— pesado, as idioso. Po ello, quien la i e así busca e adi se de ella siemp e que puede: acaciones, 153 Théma a. Re is a de Filoso ía, 39, 2007 iajes, jubilación. Son o mas de in en a eludi lo que se expe imen a como du eza exis encial. Pe o ni las acaciones se pueden con e i en ies a, ni el iaje pasa de se u ismo supe icial ni la jubilación es o a cosa que is eza encubie a. La única é ica que cabe ahí es ex e na, y puede da se en a ios ni eles. Uno p ime o que consis e en sopo a esa ida y a ene se a las eglas básicas de con i encia. O o, mejo , en el que se p ocu a "llena el iempo" con ac i idades de ayuda, o cul u ales. Pe o ni una ni o a é ica son e dade as é icas de lo co idiano. És a se log a al ence la me a epe ición, es deci , al ele a el iempo a e e nidad. Sólo ahí hay ies a. Y ahí no iene sen ido la jubilación. Tu e un maes o inol idable, homb e sabio, que a i maba: "leí en la Biblia que el homb e ue c eado pa a abaja , pe o no encon é ninguna e e encia a la jubilación". También él mismo cuando ya es aba muy en ado en años de ju en ud, solía deci : "cada día es mejo que el an e io , y odos son de p ima e a". * * * Ra ael Al i a Depa amen o de Filoso ía Uni e sidad de Na a a [email p o ec ed]