Anua io de Es udios Ame icanos, 72, 2
Se illa (España), julio-diciemb e, 2015, 661-692
ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeame .2015.2.10
Hila , eñi y eje . El abajo emenino en las
misiones jesuí icas del Chaco (siglo XVIII)/
Spinning, Dyeing and Wea ing. Women’s Wo k in
he Jesui Missions o he Chaco (18 h Cen u y)
Bea iz Vi a
Uni e sidad de Se illa
Es e abajo p esen a algunos a ances en el es udio del papel económico de las muje-
es en las misiones de las on e as del Chaco en el siglo XVIII. Pa a ello, se analizan los
asgos de la ida p oduc i a de los cazado es ecolec o es —en cie os casos ambién cul-
i ado es en pequeña escala—, la concepción jesuí ica de las muje es, de sus unciones den-
o de la economía educcional y su impac o en la población emenina, así como algunas
de sus espues as en e al eo denamien o de la p oducción comuni a ia.
PALABRAS CLAVE: Misiones de la on e a del Chaco; T abajo; Jesui as; Muje es indígenas; Siglo XVIII;
Es a egias indígenas.
This pape in ends o p esen some ad ances in he s udy o he economic ole o
women in missions Chaco on ie in he eigh een h cen u y. Fo his pu pose, a e analyzed
he ea u es o he p oduc i e li e o hun e -ga he e s —in some cases also small-scale
g owe s—, he Jesui concep ion o women and hei oles wi hin he missiona y economy
and i s impac on he emale popula ion and hei some esponses o he ea angemen o
communi y p oduc ion.
KEYWORDS: Chaco on ie missions; Wo k; Jesui s; Indian Women; 18 h Cen u y; Indigenous
S a egies.
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Pa a e i a la ociosidad de las indias les hicie on enseña a hila
y eñi , pa a que po una pa e con sus hilados ejiesen las man as
con que se cub en, y po o a se a ajasen los daños que se siguen
de no es a las muje es bien ocupadas.
Ped o Lozano, Desc ipción Co og á ica del G an Chaco Gua -
lamba, 1733.
In oducción
Du an e el pe iodo colonial, el e i o io del Chaco e a pe cibido
como un espacio sal aje y demoníaco, imagen a la que en g an medida con-
ibuye on las c ónicas «e nog á icas» de la Compañía de Jesús. Los pue-
blos chaqueños queda on así sepul ados bajo el es igma de la ba ba ie aso-
ciada a la cul u a de los cazado es ecolec o es, en con aposición a los
g upos con hábi os seden a ios y más ci ilizados, some idos emp anamen-
e al dominio español. Las cos umb es de los cazado es nómadas ue on
ambién demonizadas en an o ep esen aban una amenaza pa a el éxi o del
p og ama e angelizado /ci ilizado de la Compañía de Jesús, basado en la
seden a ización de la población na i a y en la ins au ación de la ida acio-
nal. La e adicación de las ac i idades desa olladas po los habi an es del
Chaco en a as de p ocu a su sus en o, ue o a de las ace as de ese colo-
sal «comba e» de los jesui as con a el demonio.1Incluso el c onis a
Lozano llegó a sos ene que el desapego de esos g upos hacia el abajo
ag ícola y su inclinación a la caza, la pesca y la ecolección como uen es
de ecu sos se debían al hecho de halla se «demen ados del Demonio con
la pe suasión loca de que nunca les al a ía alimen o».2
En la his o iog a ía ela i a a las misiones del Chaco, si bien se cuen-
a con apo aciones impo an es sob e la dinámica p oduc i a de las po -
blaciones indígenas del á ea as el con ac o con el mundo colonial,3aun
es a amplia los es udios conce nien es a las muje es y a sus unciones
económicas an es y después de la llegada eu opea, en e o os aspec os.4
Sumándose a con ibuciones an e io es sob e las indígenas de las educcio-
1 Vi a , 2001b.
2 Lozano, 1970, I, 58.
3 Ci o a í ulo ilus a i o: Paz, 2003; Nacuzzi, 2007; Lucaioli y Nesis, 2007, en e o os.
Aunque e e ido al siglo XIX, esul a de in e és el es udio de Te uel, 2005.
4 Pa a un epaso a la his o iog a ía sob e las muje es indígenas en la sociedad colonial, éa-
se el abajo de Díez Ma ín, 2004, que o ece un conside able lis ado de ob as, aunque en su mayo
pa e e e idas al ámbi o mesoame icano y andino.
BEATRIZ VITAR
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nes chaqueñas,5es e abajo se p opone o mula nue os plan eamien os e
in e p e aciones sob e el impac o del égimen jesuí ico en el ámbi o p o-
duc i o emenino. Pa a ello, es p eciso abo da , po un lado, las bases eco-
nómicas de las sociedades cazado as del Chaco y el papel desempeñado
po las muje es, en oposición a los pa ones occiden ales, undamen ados
en una lógica y p incipios ajenos al uni e so na i o y, po o o, expone los
asgos de la in e ención misione a a a és de sus discu sos y p ác icas,
analizando el imagina io mode no sob e el abajo pa a de e mina su inci-
dencia en la ida de las indígenas y sus eacciones an e el nue o o den, que
no signi icó, po lo demás, la o al desapa ición de las labo es que desa o-
llaban adicionalmen e. Se espe a con ello con ibui al conocimien o de la
expe iencia his ó ica de esas muje es en los má genes, no solo po su con-
dición on e iza y ca ac e ís icas cul u ales, sino ambién po la escasa
a ención que les ha p es ado la his o iog a ía.
El es udio de los aspec os enunciados aba ca la casi o alidad de los
g upos educidos en las on e as del Chaco,6p edominando las e e encias
a los abipones y moco íes en i ud del mayo olumen in o ma i o dispo-
nible sob e ambos g upos.7Las uen es u ilizadas p oceden sob e odo de
la Compañía de Jesús (c ónicas, elaciones, ca as anuas y o os es imo-
nios), cuya consul a se ha complemen ado con la de con ibuciones de los
campos his ó ico, an opológico y e nohis ó ico, an o las e e idas al á ea
chaqueña como a o as egiones de Sudamé ica. Dada la índole del ema,
ambién se han enido en cuen a apo es insc i os en el ámbi o de la
His o ia de las Muje es y la His o ia de Géne o,8que o ecen nue as
5 Vi a , 1999, 2001a, 2004, 2005. En dos de es os abajos (2001a y 2004) se abo dan dis in-
as cues iones elacionadas con las indígenas y su expe iencia en las misiones jesuí icas del Chaco, ales
como la ida ep oduc i a, la mi ada es e eo ipada de los misione os sob e el sexo emenino y la cons-
ucción cul u al de la di e encia de géne o, el espacio i ual emenino, los cambios y con inuidades en
los oles de las muje es as su educción y, de modo especí ico, las elaciones en e ancianas y jesui-
as (2005).
6 Las misiones aquí conside adas son las undadas a lo la go del siglo XVIII en las zonas
colindan es con las ju isdicciones del Tucumán (Mi a lo es y Balbuena, de indígenas lules; San José y
Macapillo, de ilelas, y Concepción, de abipones), de San a Fe (San Ja ie de moco íes y San Je ónimo
de abipones) y de Asunción (Rosa io o Timbó, ambién de abipones). Pa a más de alles sob e es e espa-
cio misione o, éase Vi a , 1997.
7 Se a a de las c ónicas de los misione os jesui as Ma in Dob izho e , 1967-1968 y Flo ian
Paucke, 1942-1944.
8 Respec o a las di e encias concep uales en e «his o ia de las muje es» e «his o ia de géne-
o», con ecuencia « esuel as en coexis encia», éase Díez Ma ín, 2004, 218. Sin ánimo de ahonda
en las con o e sias eó icas en o no a ambos en oques, lo que excede ía el obje i o de es e abajo, es
in e esan e esal a que el es udio de las muje es con ibuye a su isibilidad como agen es en los
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pe spec i as y he amien as de análisis pa a el conocimien o de las ayec-
o ias emeninas en dis in os espacios y iempos.9En lo que se e ie e al
ema aquí abo dado, es undamen al a ende a la condición é nica de las
p o agonis as y a la época en que in e ac ua on con los misione os jesui as,
conside ando el iesgo que supone obse a el pasado con los ojos del p e-
sen e y desde nues a p opia cul u a.10
Las muje es en la ida económica de
los pueblos cazado es ecolec o es
Sob e la economía en las sociedades
«p imi i as»: el caso chaqueño
El conjun o de a eas desa olladas po los g upos de cazado es eco-
lec o es —den o de las denominadas «sociedades p imi i as»— en p ocu-
a de su sus en o, ha sido adicionalmen e de inido po la an opología
como «economía de subsis encia». En con a de es a pe spec i a educcio-
nis a, Sahlins hacía hincapié en el sen ido del abajo y la elación que con
él man ienen los miemb os de es e ipo de comunidades:
Un homb e labo a, p oduce en su ap i ud como pe sona social, como esposo y pad e,
he mano y cama ada de linaje, miemb o de un clan, de un pueblo. El abajo no se
p ac ica sepa ado de es as exis encias, como si uese una exis encia di e en e.
«T abajado » no es de po sí una condición social, ni « abajo» una au én ica ca ego-
ía de economía ibal. Dicho de o o modo, el abajo es o ganizado po elaciones
«no económicas» en sen ido con encional, pe eneciendo más bien a la o ganización
gene al de la sociedad.11
p ocesos his ó icos (Ibidem, 217), mucho más necesa ia en el caso de las indígenas, que expe imen a-
on una doble disc iminación, é nica y de géne o. Sob e la impo ancia de la ca ego ía «géne o» en el
análisis his ó ico, esul a de in e és el ya clásico abajo de Sco , 1990.
9 Cabe aquí insis i en la u ilidad del en oque mul idisciplina y en la ampliación de las ías
me odológicas pa a el es udio de las muje es, den o de la di e si icación po la que se iene apos an-
do desde hace iempo. En es e sen ido, los egis os iconog á icos o la his o ia o al, en e o os, cons i-
uyen ecu sos aliosos pa a el análisis de la si uación emenina y su ol den o de las elaciones ami-
lia es y sociales a lo la go de la his o ia, And eo Ga cía, 2002, 15-17.
10 Bock, 1991, 58.
11 Sahlins, 1972, 127. En las sociedades ibales, el abajo es pa e de la ida misma, en con-
as e con el mundo capi alis a: «La e olución indus ial desgajó el abajo de la ida» (Ibidem, 128).
A juicio de Clas es, 1981, 135, las ideas de Sahlins, o muladas pa a el caso melanesio, esul an áli-
das pa a el ámbi o ame icano.
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En es a línea, Clas es ha en a izado en la imp on a dejada po los
«pad es» de la an opología económica al de ini la economía p imi i a
como «economía de subsis encia», en i ud de la insu iciencia ecnológi-
ca, de una p oducción sin exceden es y de la ausencia de ese as (s ocks).
Así, el concep o de «subsis encia» ayudó a c ea «el mi o de un homb e sal-
aje condenado a una condición casi animal po su incapacidad de explo-
a e icazmen e el medio na u al»,12 i iendo, en suma, en una «economía
de la mise ia».13 Con a es os pos ulados, Sahlins sos iene la idea de una
«economía de la abundancia», como bien pod ía con i ma lo un es imonio
colonial sob e los indígenas del Chaco: «Solo la abundancia de caza y pes-
ca, de chagua , miel, u as campes es, pudie an habe los conse ado en la
mise able cons i ución de an a pe eza como ienen».14
En con a de las in e p e aciones de la an opología clásica, Clas es
se sumaba a Sahlins en la ei indicación de los cazado es ecolec o es, des-
acando la capacidad de elabo a sus p opios ins umen os de p oducción
—equipos y u ensilios pa a la pesca, la caza y la ecolección—, y po ende
el desa ollo de una «signi ica i a ecnología» que excede a la ca ego ía de
«me os ecolec o es».15 En o den a es as cues iones y en el caso de los indí-
genas del Chaco, cabe sub aya , además, su habilidad pa a ab ica a e ac-
os de múl iples usos como, po ejemplo, una espá ula que o maba pa e
de los «u ensilios domés icos» que ca gaban las abiponas du an e sus
mudanzas:
En e los elemen os que lle aban las muje es se des acaban unas es acas en o ma de
espá ulas, cuya pa e media es aba odeada po un cilind o hecho en made a du ísi-
ma, de unos dos codos de la go. Es e ins umen o ambién lo emplean pa a ex ae las
aíces comes ibles; pa a baja los u os de los á boles o las amas ap as pa a hace
uego; cuando no la usaban pa a queb a las a mas y la cabeza de los enemigos que
encon aban en el camino.16
Po o a pa e, en lo que espec a al abajo es ingido a las necesi-
dades dia ias y no con is as al almacenamien o de ese as, Shalins lo
jus i icaba po la p odigalidad de su en o no i al: ¿po qué los nómadas
12 Clas es, 1981, 138.
13 Ibidem, 136-137.
14 Anónimo, «Desc ipción del G an Chaco», 1775, A chi o del Museo Na al de Mad id
(AMNM), Manusc i o (Mss.) 123.
15 Clas es, 1981, 137.
16 Dob izho e , 1968, II, 116.
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hab ían de empeña se en al acopio, si los s ocks se hallaban en la na u a-
leza misma?17 No obs an e, en elación al Chaco, la mayo ía de sus pue-
blos p e enía los pe iodos de escasez median e el almacenaje de u as,
en e o as la del chaña , «la cual comen esca, y ambién la gua dan seca
pa a p o isión de odo el año».18
Desde los inicios de la e angelización, el égimen de ida de los caza-
do es ecolec o es del Chaco ue conside ado como sinónimo de i aciona-
lidad y, po ende, un obs áculo pa a el p og ama e angelizado jesuí ico,
cuyo éxi o dependía de la seden a ización de la población educida y del
abandono de los hábi os nómadas, supe ando esa ines abilidad o incons-
ancia, an señaladas po los jesui as19 en sus ela os. Las excu siones indí-
genas al mon e pa a caza y ecolec a e an concep uadas como ac os no
acionales, como lo dan a en ende los comen a ios del pad e Domingo
Mu iel sob e los obas educidos: «Va ias eces pa ece que en an en azón,
y que p oceden bien, o as p oceden mal, o as medianamen e: ya es án en
el Pueblo, ya en el Mon e; […] ya abajan, ya se ponen a uma ».20
Po o o lado, lo que se cali icaba como «ines abilidad» p opia de la
idiosinc asia indígena, es deci , las salidas al mon e a ecoge miel y cie -
os u os (alga oba y chaña , en e o os), es aban ligadas a su uni e so
i ual, dado que con es os p oduc os elabo aban las bebidas que consu mían
en sus ies as y en las ce emonias —«asambleas»— que p ecedían a la gue-
a. Es as cos umb es, en aizadas en e los pueblos del Chaco, ue on com-
ba idas po los jesui as en an o malog aban los ímidos a ances del adoc-
inamien o, aunque hubo algunos que mos a on condescendencia y has a
cie a admi ación po los gue e os cazado es, como Dob izho e :
Aunque haya expues o las i udes na u ales de los abipones más allá de lo p opues-
o, me pa ece que no hab é dicho nada si no ag ego unas pocas palab as sob e los
pesados abajos que ealizaban. ¿Quién enume a ía las co idianas moles ias de la
gue a y de la caza?21
17 Ci ado en Clas es, 1981, 138. Es e au o esal a el mé i o de Sahlins en cuan o a «desen-
masca a » a quienes hacen del capi alismo (con un i mo incesan e de p oducción pa a ob ene bene i-
cios) «la medida de odas las cosas» (Ibidem, 139).
18 Lozano, 1733, 32. Pa a el caso especí ico de los abipones y sus es a egias pa a hace en-
e a los pe íodos de desabas ecimien o, éase Nacuzzi, 2007, 227.
19 El jesui a An ónio Viei a, misione o en B asil, aludía a la incons ancia como asgo común
a ambos sexos, aunque la culpa ecaía en las muje es, en cuan o dado as de la ida: «Tão incons an es
são os homens, como as mulhe es: os homens po ilho de ais mães, e as mulhe es po mães de ais il-
hos: Homo na us de mulie e» (ci ado en F anco y Mo án Cabanas, 2008, 13).
20 Ci ado en Fu long, 1955, 165.
21 Dob izho e , 1968, II, 145.
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Los jesui as juzga on como un asgo p opio de su «ba ba ie» el des-
dén de los chaqueños hacia cie os elemen os p odigados po la na u aleza
al ca ece de una u ilidad especí ica de ca a a sa is ace sus necesidades
i ales, en con as e con el alo que ence aban pa a los eu opeos. Al des-
c ibi la g an iqueza ic ícola del Be mejo —uno de los íos del Chaco— y
las «almejas muy g andes» que pescaban en abundancia los abipones,
Lozano se asomb aba de que a ojasen las pe las, «po que no es ima su
ba ba idad lo que o as Naciones, si más polí icas, a es e paso más codi -
ciosas, an o ap ecian», como e a el caso de las «seño as» de San a Fe
(gobe nación de Buenos Ai es), que las enían en g an es ima pa a ab ica
sus joyas.22
En muchos casos los pueblos cazado es se ie on o zados a una
ida i ine an e debido a la p esión colonial sob e sus e i o ios. Algunos
g upos chaqueños p ac icaban la ag icul u a en la medida necesa ia pa a
su sus en o, como ocu ía con el maíz —o « igo de Indias»—, que se
ob enía «en g andísima abundancia en las más dos cosechas, bien que lo
común de las Naciones siemb an muy poco po su lojedad inna a»,23
según Lozano, quien mencionaba ambién el cul i o de abaco en ie as
abiponas: «[…] y juzgo se ía lo mismo en odo el Chaco, si lo semb a-
an como es os in ieles».24 Po su pa e, los ma aguayos aplicaban el sis-
ema de oza, ealizando p e iamen e el co e de pas o pa a luego seca -
lo du an e ein e días (pa a qui a la humedad, po se ie a de bañados),
p ocede luego a su quema y po úl imo semb a .25 Tales ocupaciones, sin
emba go, no impidie on el ca apul a los como lojos y ociosos, de ec os
que los misione os busca on co egi median e la in oducción de nue as
ac i idades p oduc i as des inadas an o al au oconsumo como a la co -
me cialización.
En gene al, los pueblos chaqueños consumían ca ne de acuno g a-
cias a la cap u a del ganado cima ón o a las dádi as coloniales, aunque no
llega on a desa olla su c ía, una p ác ica mala enida con la dinámica p o-
duc i a de los cazado es nómadas. Los abipones opusie on una enaz esis-
encia a los hábi os pas o iles, siendo así que, as la expulsión de los jesui-
as, los educidos en la misión de Concepción asegu a on no posee acas
22 Lozano, 1733, 11.
23 Ibidem, 33.
24 Ibidem, 32.
25 Idem.
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«po que la aca es animal pe ezoso, y si algún día nos amos de aquí, no
que emos camina a su paso».26
La alusión a los icios chaqueños como impedimen os pa a el desa -
ollo del p oyec o e angelizado en las on e as, no ue p i a i o de los
jesui as: sus más acé imos enemigos compa ie on esa isión nega i a del
mundo indígena. El obispo del Tucumán, Manuel Abad Illana, c eía inú i-
les los es ue zos de educi a los indígenas chaqueños po se «holgazanes
y enemigos del abajo»,27 según el in o me de la isi a a su diócesis. Es e
es imonio pe mi e en e e , además, las es a egias indígenas en e a las
p opues as jesuí icas, acep ando la ida en misión como una ía al e na i-
a de sus en o, al no queda es e suje o a la exclusi idad de sus p ác icas
adicionales:
Acuden los indios a oí la doc ina de los Pad es; mas no siendo es o acompañado de
alguna a ición, ¿qué u ilidad se puede segui de ellos? Van a oí la doc ina y ¿qué
mucho cuando con es e casi ningún abajo, que en casi odos se á una pu a ociosi-
dad, ganan de es i y de come ? Po los e ec os de su uga y de su pe idia debemos
colegi que si oyen la doc ina solo la oyen po come y es i se.28
Las labo es emeninas
Las muje es de las di e sas e nias del Chaco cumplían un papel signi-
ica i o en o den a la p o isión de elemen os indispensables pa a la ep o-
ducción ma e ial de la comunidad; el ap o echamien o de plan as, u os y
un buen núme o de aíces comes ibles ue posible g acias a la labo eco-
lec o a emenina. El bosque chaqueño29 cons i uyó, en es e sen ido, una de
las iquezas na u ales más explo adas po los pueblos de la zona, en a as de
sa is ace sus necesidades co idianas —alimen ación, salud,30 anspo e,
26 Vi a , 2000, 47. El agmen o ci ado co esponde al In o me del obispo Manuel Abad Illana
sob e su isi a a la gobe nación del Tucumán y educciones de la on e a del Chaco (1765 y 1768),
ín eg amen e ansc i o en Vi a , 2000. Es e documen o cons i uye una uen e de g an in e és sob e las
ac i idades económicas den o de las misiones jesuí icas de la pe i e ia occiden al chaqueña.
27 Ibidem, 54.
28 Ibidem, 57.
29 Las c ónicas misione as, po lo gene al, dan cuen a po meno izada del uso de made as y
u os de di e en es especies na i as, además de o as implan adas en los p ime os in en os de coloni-
za el Chaco.
30 Ped o Lozano o ece amplios de alles sob e las p opiedades medicinales de muchas plan-
as, lo que hacía del Chaco una «bo ica na u al», compensando «la al a de médicos y medicina […] en
es a pa e de Amé ica» (Lozano, 1733, 30), comen a io es e que no ocul a una mi ada e nocén ica, al
ob ia las p ác icas cu a i as indígenas, basadas en el uso de especies de su en o no que, po lo demás,
ecolec aban las muje es.
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caza, ab icación de a mas y u ensilios, e c.— y de ob ene cie os p o -
duc os como la miel, la alga oba o el chaña que, una ez p ocesados, es -
aban des inados an o a la nu ición y al ab igo como a los usos es i os
y i uales.
El abajo se hallaba delimi ado según el géne o, aunque exis en es-
imonios sob e la pa icipación conjun a de homb es y muje es en de e mi-
nadas a eas, como la caza. Al espec o, el ela o de Paucke sob e los moco-
íes e ie e la o ma en que las muje es acomodaban su es imen a
«cuando […] es án de caza en las sel as, pa a que puedan co e más lige-
as […] en pos del animal sil es e».31 En el caso de los abipones,
Dob izho e apun aba la di isión de a eas, co espondiéndoles a los adul-
os de ambos sexos p epa a a los niños y niñas en las labo es p opias de
su géne o: «Los pad es enseñan a sus hijos desde la más ie na in ancia a
cabalga , a nada , a caza y a gue ea . Las niñas eciben de sus mad es
habi ualmen e las a eas domés icas de las muje es y se acos umb an a sus
abajos y moles ias».32
La ecolección e a desa ollada po las muje es de los di e en es sec-
o es de edad, delimi ando un campo de ac uación emenino y au ónomo,
como se obse a en el caso de los abipones:
Con ecuencia un cen ena de muje es eco e en g upo los campos más lejanos en
busca de dis in os u os, aíces, ib as pa a ex ae colo es u o os ma e iales ú i-
les. Aunque a eces a dan cua o u ocho días en eg esa del campo, no acep an a
ningún a ón como compañe o de iaje, ya sea pa a ayuda las en los abajos,
igila los caballos o pone las a sal o cuando se en en an con el enemigo o con
las ie as.33
En e los u os ecolec ados, el alga obo u o múl iples usos, ya que
—como la miel— se ía no solo como alimen o sino ambién pa a las p ác-
icas es i as y ce emoniales. En cuan o a su unción alimen icia, no solo
ue impo an e en e los pueblos del Chaco sino ambién pa a los núcleos
coloniales on e izos, donde la alga oba — ecolec ada po los indígenas
ibu a ios— ue de g an auxilio en épocas de escasez de alimen os, lo que
pe pe uó su imagen como « u o del hamb e» y alimen o del «pob e».34
En elación a los moco íes, Paucke explicaba que, al mengua la caza,
31 Paucke, 1942-1944, II, 142.
32 Dob izho e , 1968, II, 207.
33 Ibidem, 137.
34 Fa be man, 2006, 12.
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abajo».69 Sal ando las di e encias cul u ales, espaciales y empo ales con
elación a es e caso, algo simila pod ía aplica se a la pe cepción que los
misione os u ie on de las ac i idades emeninas adicionales en e los
g upos del Chaco, oscu eciendo su con ibución a la ep oducción comuni-
a ia. Bajo el in lujo del ma co ideológico eu opeo, los jesui as ue on po -
ado es de ideas es e eo ipadas sob e el ideal de muje y de las unciones
que le co espondían bajo un égimen pa ia cal, a odo lo cual deben
suma se los condicionamien os impues os po los obje i os del p oyec o
educcional en las on e as.
Un luga común en las na aciones jesuí icas es la mención del cúmu-
lo de a eas desa olladas po las muje es de los g upos cazado es del
Chaco. Una sola de es as e e encias bas a ía pa a ilus a el modelo dis-
cu si o aplicado a la desc ipción de la si uación emenina en las denomi-
nadas «sociedades p imi i as», o eciendo el po meno de sus obligaciones
co idianas:
Las muje es son como escla as pe pe uas de sus ma idos, mien as con ellos hacen
ida ma idable; po que nunca descansan las mise ables, ocupadas en el se icio y
sus en o de ellos, haciendo es e as, ollas, inajas, ejiendo, hilando, y ca gando odo
su ajua , como jumen os, cuando an caminando, sin que sus ma idos les ayuden en
cosa. De las indias moce onas an es de casa se se si en cuando an a sus gue as,
pa a que ca guen el bagaje y ayuden a ae los despojos y les busquen aíces y ca -
dos pa a come .70
La di usión de la imagen de las muje es como «bes ias de ca ga» y
«escla as» de los homb es71 dejó su huella en la li e a u a e nog á ica sob e
el Chaco, a ianzándose el uso de ales concep os pa a de ini el es a us
emenino en los pueblos «p imi i os». Con elación a es os dic ados, E ans
P i cha d a i ma que las múl iples, y en algunos casos pesadas, labo es
emeninas se debían más a las ci cuns ancias de pe enece a ese ipo de
sociedades, con una ecnología y economía «simple», que a su condición de
muje es, poniendo en ela de juicio, po o o lado, los e ec os del p og eso
social en un mejo amien o de sus condiciones de ida.72 En el caso que nos
69 Po has , 2004, 16.
70 Lozano, 1733, 70-71. Sub ayado añadido.
71 Gómez, 2010, 1. Es a au o a señala las c ónicas de Paucke (1922-1944) y Dob izho e
(1968-1970), como las e e encias más emp anas sob e la condición «escla a» de las muje es, aunque
o os au o es jesui as lo habían des acado ya con an e io idad en sus ela os, como es el caso de Ped o
Lozano (1733).
72 E ans-P i cha d, 1971, 43.
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ocupa, el modelo pa ia cal p o enien e de un mundo au oconside ado
supe io y «ci ilizado» signi icó pa a los di e en es sec o es e a ios la inco -
po ación de nue as a eas que se suma on a las adicionales, como ambién
una esigni icación de oles, pa icula men e en e las ancianas «cacicas».
Po lo gene al, en los juicios jesuí icos subyacen los pa áme os de un
modelo de e olución cul u al que cons i uyó el ma co e e encial del eu o-
peo en su pe cepción de la condición emenina en los pueblos «p imi i os».
Al espec o, y con a la ónica de muchos es udios an opológicos, E ans
P i cha d sos enía que en esas sociedades las muje es «no se en a sí mis-
mas como clase subp i ilegiada en lucha con la clase de los homb es, con
los que aspi an a iguala se socialmen e».73
La alusión al igo ísico y la obus ez de las indígenas ue o o ele-
men o ecu en e en las na aciones chaqueñas, deno ando el in lujo de los
ideales de belleza enacen is a. Lozano señala que la o aleza de las indí-
genas obas y moco íes les pe mi ía sopo a la ca ga de sus innúme as
a eas,74 al igual que Dob izho e sub aya la i alidad de las muje es abi-
ponas, u o de su incansable ac i idad. Es a ue za edundaba, po lo
demás, en o os bene icios, ya que «ocupadas día y noche en el quehace
domés ico, ienen abundan e ocasión de ac i a la espi ación y de eposa
con enien emen e. De ahí el igo de las mad es pa a p oc ea hijos an
g andes, de aquí su obus ez y longe idad».75 Sin emba go, al igual que
o os na ado es coloniales, el misione o de los abipones no omi ió el clá-
sico ela o de las múl iples labo es de las indígenas, especialmen e en las
mudanzas de si io, e o zando la imagen de bes ias de ca ga como símbo-
lo de su a aso cul u al.
Jun o a la exal ación del abajo emenino, en el discu so jesuí ico se
pe ila el señalamien o de lo domés ico como ámbi o p opio de las muje-
es, que apa ecen ado nadas, en ocasiones, con un conjun o de i udes que
componían el a que ipo de se es hacendosos y hoga eños, p opio del ima-
gina io occiden al. Dob izho e des acaba la «aleg ía» con que las abipo-
nas acome ían los quehace es co idianos, aunque la mención de las incu -
siones en la «sel a» apo a una imagen de p imi i ismo:
73 Ibidem, 50. En el siglo XVIII eu opeo, las muje es comenza on a se «obje o de especula-
ción», con i iéndose ello en el pun o de a anque de los mo imien os libe ales e iguali a ios que en la
cen u ia siguien e in oduje on los concep os de «sujeción» y «emancipación» emenina, bases del pen-
samien o eminis a (Idem).
74 Lozano, 1733, 82.
75 Dob izho e , 1968, II, 58.
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De buen g ado comen o la ac i ud de las muje es abiponas que nunca des allecen. No
hubo nadie que no admi a a conmigo su incansable labo iosidad, des eza y abajos.
A on an con buen ánimo y aleg ía las a eas domés icas que deben ealiza a dia io.
En e ellas es á el eje las opas de su ma ido y sus hijos, cocina los alimen os; ae
de las sel as las aíces comes ibles y los dis in os u os; jun a y mole la alga oba
y mezcla la con agua pa a p epa a la bebida, aca ea el agua y la leña pa a los usos
dia ios de la amilia.76
La imagen de la muje escla a ue sedimen ándose en una pe cepción
común en e los misione os ignacianos, ea i mando un es e eo ipo que
aspasó los iempos coloniales. La p oducción li e a ia de la época epu-
blicana o ece una éplica de ese modelo discu si o y una áci a condena a
las cos umb es de los cazado es, al e o za la idea de la condición mise a-
ble de las muje es y con ello la in e io idad de los pueblos bá ba os. Los
anciscanos, a ca go de la e angelización del Chaco desde la segunda
mi ad del siglo XIX, desc ibían a las muje es en é minos simila es a los
usados en las na aciones jesuí icas. El pad e se á ico Ra ael Gobelli decía
de la muje ma aca [wichí] que «no es conside ada como una compañe a
del homb e, sino como una bes ia de ca ga, un ins umen o o una cosa cual-
quie a»;77 así, en las mudanzas, comen a Gobelli,
el homb e a adelan e, lle ando solo el a co y las lechas, mien as la muje a a ás
ca gando ollas, opas, hijos pequeños, pe i os, e c. En la casa el homb e es á endido o
sen ado al lado del uego, y la muje debe hila , cocina , ae agua, busca leña, e c.78
La isión jesuí ica a lo a ambién en los ela os de iajes del siglo
XIX, en consonancia con el discu so cien i icis a que eía en el igo de las
muje es una cla a señal de «animalidad» de la condición emenina, como
señala Gómez,79 des acando cie as ecu encias discu si as, como la de
con apone a la imagen de escla a dócil la de muje es en ascadas en iñas
sang ien as, lo que sub e ía, desde la pe spec i a pa ia cal, el epa o de
oles según el géne o.80
Los misione os des acaban como mé i o de su magis e io el ap endi-
zaje «manual» de homb es y muje es, a pesa de habe demos ado es as
úl imas sus ap i udes en la ab icación de u ensilios e ins umen os a ios,
76 Ibidem, 147.
77 Gobelli, 1916, 218.
78 Idem.
79 Gómez, 2010, 4.
80 Idem.
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así como el dominio de écnicas de ejido, cocción de alimen os y p epa a-
ción de in es. Al se iden i icadas con la ida nómada, ales p ác icas no
lle aban implíci o un conjun o de habilidades que, en cambio, sí podían
adqui i se g acias a las nue as labo es in oducidas po los jesui as, según
deja en e e Paucke: «En las misiones más an iguas donde ya no i e nin-
guno de los p ime os educidos y los indios e indias ya hilan, ejen y aba-
jan, ambién son ya hábiles en odos los o icios manuales».81
En pa alelo a la «escla i ud» de las muje es, el a gumen o del «ocio»
jus i icó la ins au ación de un égimen p oduc i o cuya e icacia dependía
de una es ic a disciplina labo al, que cons i uyó una ace a más del nue o
i mo i al implan ado en las educciones, donde odo se hacía al «son de
campanas».82 En es e aspec o, cabe des aca que el p oyec o e angelizado
jesuí ico supuso la implan ación de una idea y medida del iempo p opias
del mundo occiden al, como obse a Cladellas en elación a las misiones
de la Compañía de Jesús en O ien e.83 Con espec o a las muje es, el de a-
lle de sus abundan es labo es, que alimen ó el ópico de su condición se -
il en las sociedades sal ajes,84 u o como con apa ida la obsesión po
pe segui su holgazane ía. En la educción moco í de San Ja ie , aunque
la mayo pa e de las muje es se hallaba abocada al ejido de la lana, el
misione o se quejaba de su escasa p oduc i idad así como del «ocio» de las
indígenas cazado as:
Ya habían demos ado los indios lo que ellos podían abaja pe o las muje es indias
y sus hijas no sabían o a cosa que eje lana al huso y es o ocu ía solo po una u o a
cosa que ecuen emen e que ían abaja pa a sí. Las demás no sabían o a cosa que
cabalga a la caza y cuando ol ían pasa odo el día en ocio. Yo con oqué a los caci-
ques y les hice p esen e el ocio de odas las muje es; que ellas ambién e an alimen-
adas de lo que pe enecía a la Comuna pe o no a aban de auxilia en algo a la
Comuna.85
Desde la pe spec i a jesuí ica, el abajo ex il cons i uía la ía idónea
pa a p e eni los e ec os pe niciosos del iempo lib e en e las muje es, a la
pa que se daba cumplimien o a una de las p io idades de la labo misional,
cual e a la disponibilidad de p endas pa a es i a los miemb os de la
81 Paucke, 1943-1944, II, 152.
82 Saignes, 1990, 118.
83 Cladellas, 2009, 214.
84 Vi a , 2001a, 239.
85 Paucke, 1942-1944, II, 271.
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comunidad. El es imonio de Lozano sob e la labo de los jesui as en la
educción lule de Mi a lo es es muy ilus a i o al espec o:
Pa a cub i su desnudez, ellos mismos les co aban y cosían los es idos, ap endien-
do a es e in uno de los Pad es […] el o icio de Sas e; y pa a e i a la ociosidad de
las indias les hicie on enseña a hila y eñi , pa a que po una pa e con sus hilados
ejiesen las man as con que se cub en, y po o a se a ajasen los daños que se siguen
de no es a las muje es bien ocupadas.86
En la misión moco í de San Ja ie , las indígenas «ha aganas», así
conside adas po esis i se al abajo con la lana y man ene su ac i idad
cazado a, ue on denos adas po su nula con ibución a la comunidad, ade-
más de con adeci la concepción y expec a i as misione as espec o de los
papeles di e enciales de homb es y muje es en la ida económica.87 En es e
sen ido, la caza p ac icada po las moco íes no cons i uía un abajo sino
más bien o a o ma de ocio y, po ende, un impedimen o pa a el a aigo en
las misiones. Po o a pa e, con is as al p o echo económico, el p oduc-
o ob enido en la caza e a de consumo inmedia o y no ap o pa a su alma-
cenamien o e in e cambio.
La economía educcional y su impac o en la población emenina
La plani icación económica ue uno de los pila es de la emp esa e an-
gelizado a de la Compañía y, en es e sen ido, las educciones signi ica on
la imposición de una «doc ina eligiosa y labo al»88 que en ó en con a-
dicción con las pau as cul u ales na i as. Las misiones on e izas del
Chaco poseían una g an impo ancia es a égica pa a el á ico come cial,
al dis u a de una si uación geog á ica cla e. En el caso de la on e a del
Salado, los jesui as disponían de e enos ap os pa a pas u as y cul i os y
de agua pa a iego, a o eciendo la p ospe idad de sus educciones, cuya
p oducción exceden a ia enía ácil salida po es a p óximas a la u a
come cial que unía el Tucumán con la egión mine a al ope uana.
86 Lozano, 1733, 464. Sub ayado añadido.
87 En lo que se e ie e a la di isión del abajo según el géne o, la an opología ha es udiado
cómo en algunas sociedades y en el caso conc e o de la ab icación de obje os, po ejemplo, la especia-
lización no iene de e minada po causas biológicas (posee mayo o meno o aleza), sino po el ipo
de a eas, masculinas o emeninas, a la que dichas manu ac u as es án asociadas, como ha señalado
Lamas, 1986, 174-176.
88 Col e o, 2011, 152.
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Las uen es jesuí icas demues an los ecaudos omados a la ho a de
unda nue os pueblos en cuan o a la disponibilidad de ecu sos. Es e a án
po el sus en o ma e ial de las misiones dio cebo a los de ac o es de la Com -
pañía, que c i icaban el amoso eslogan sob e el «hamb e» indígena —«la e
les en a po la boca»— como un dicho «a i icioso» de los misione os, pa a
da en ende que «solo ellos po su economía son capaces de llena les la
boca».89 La p eocupación po la al a de medios pa a a ende las necesidades
ma e iales de las educciones, queda bien ilus ada con los comen a ios del
pad e Mu iel sob e la misión de Rosa io del Timbó (de abipones):
Ruines son las espe anzas que enemos de que lo ezca […]. Hemos ehusado el
admi i la, po que el u o que lacamen e se espe a, poco y menguado, se á muy a -
dío: y en e an o es necesa io da de come a muchos que no abajan […]. Pa a man-
ene una economía an in eliz, ¿dónde hab á ondos ni medios?90
Las educciones del Chaco no escapa on a los p incipios ec o es de la
ges ión jesuí ica y, en es e aspec o, las uen es consul adas dan pe ec a
cuen a de las ac i idades económicas p omo idas po los misione os en los
pueblos undados en las on e as con el Tucumán y con o as ju isdicciones
coloniales. El es ablecimien o de misiones no implicó la up u a de cie as
p ác icas na i as, man eniéndose la ecogida de miel o de u os como la
alga oba y el chaña , labo es es acionales a las que seguía el p oceso es i-
o- i ual de los pueblos chaqueños. La ecolección y la caza complemen a-
on el sus en o ob enido en los pueblos jesuí icos, al pe mi i se exp esamen-
e en algunos casos el man enimien o de ales ac i idades,91 como mues a
del p agma ismo que acabó po impone se en la ges ión misione a.92 A su
89 Vi a , 2000, 55. En algunos encla es misione os, la labo iosidad jesuí ica pe mi ió el
desa ollo de un égimen p oduc i o gene ado de abundancia y iqueza, lo que dio sus en o a uno de
los a gumen os cla e de las acusaciones con a la Compañía y sus p opósi os « empo ales» en Amé ica
(Ibidem, 29-33).
90 Ci ado en Fu long, 1955, 181. El Pad e Mu iel ag egaba más adelan e que el gobe nado de
Asunción inalmen e asis ió a la misión, cuidando «de odo lo empo al; y es cuan o podíamos desea ,
pa a insis i en el minis e io de la di ina palab a, con an o mayo empeño y a ención, cuan o más lib es
quedamos del cuidado de se i las mesas» (Idem).
91 Las Ins ucciones del gobie no del Tucumán con espec o a los malbalaes some idos en
1710 en las on e a occiden al chaqueña, especi icaban que se p ocu ase «buenamen e» pone los a a-
baja en la cons ucción de acequias y man enimien o de semen e as pa a saca los de su «ociosidad»,
lo cual debía ejecu a se «p incipalmen e con los mozos y muchachos, aplicando los de edad pe ec a
[sic] a la gue a, caza y o as ocupaciones a las que es án habi uados, po que no encon asen no edad
ni les hiciese iolencia» (Lozano, 1733, 388).
92 Con espec o a los g upos del Chaco aus al, Nacuzzi, 2007, 226, ha des acado la al e nan-
cia de la caza y las labo es ag ícolas y ganade as den o de la economía misione a.
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ez, el es ablecimien o de educciones p opició el despliegue de es a e-
gias po pa e de los indígenas, que se acogie on al égimen educcional
como uen e de ecu sos al e na i os en épocas de escasez:
¿Que á pues V. M. que con an a cos a de su Real Hacienda […] se man engan unas
educciones que solo si en de ab igo a unos bá ba os en iempo de hamb e, y cuan-
do el e eno los a i ualla con sus u os, huyen dejándonos el miedo de sus hos ili-
dades e in asiones?93
En la o ganización económica de las misiones, los jesui as se alie on
de cie as p ác icas ecolec o as de las e nias del Chaco con mi as a ob e-
ne bene icios come ciales, al como ocu i ía con la ce a y la miel. A es os
dos p oduc os se sumó la cochinilla, con i iéndose en aliosas piezas de
in e cambio en los ci cui os locales y egionales.94 Las «meleadas» —un
a ma de doble ilo pues as la colec a de miel se p oducían las «bo ache-
as»— ue on ole adas po los jesui as en unción de su en abilidad, en el
ma co de las negociaciones den o del espacio educcional:
En ando yo en una educción, hallé a los indios bo achos de comunidad [sic]. Aun
las muje es lo es aban, según me asegu ó quien los había is o. Habían salido los
indios a melea , es o es, a coge miel que sin indus ia les anquea muy libe al la
na u aleza en los ecinos bosques, y habían hecho de ella gua apo, bebida ue e de
que no cesan de bebe has a as o na su p opio juicio.95
La comida y el es ido se hallaban en e las p io idades de la plani i-
cación jesuí ica, de ca a a ob ene p og esos en la e angelización: «Una
colonia ame icana no abunda á en habi an es c is ianos, si no abunda en
acas y o ejas, ya que la lana es necesa ia pa a el es ido, y la ca ne como
alimen o». 96 Es as necesidades jus i ica on la in oducción de a eas p o-
pias de la ida acional o seden a ia, implan ándose la siemb a de algodón
y la c ía de o ejas, con el in de p omo e la manu ac u a ex il.97
93 Vi a , 2000, 51.
94 Fa be man, 2006, 13.
95 Vi a , 2000, 63. En la uen e (in o me del obispo Abad Illana, ci ado epe idas eces en es e
abajo), no se especi ica de cuál educción se a aba.
96 Dob izho e , 1968, 133.
97 La imposición de la labo ex il a un i mo compulsi o había ya p o ocado ue es eaccio-
nes en el pasado, como la p o agonizada po «la o a nación de calchaquíes» —en la an igua ciudad de
Concepción del Be mejo—, obligada a un «no pequeño ibu o» a sus encomende os: «[…] apu ados
sob emane a del con inuo abajo de bene icia el algodón y eje lienzos, y iendo a sus muje es muy
a anadas con el pe pe uo hilado, y igo con que se les pedía la a ea aun a la más ocupada en c ia sus
hijos, les o zó la necesidad a busca el desahogo» (Lozano, 1733, 92).
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Con espec o a la ganade ía, se igiló especialmen e la exis encia de
ebaños de o inos en las di e en es misiones del Chaco,98 e i ando el epa -
o de p endas ya e minadas a los educidos. Según las ins ucciones de la
Compañía pa a la undación de la misión abipona de Concepción, los doc-
ine os no quedaban obligados a p opo ciona es idos a los educidos,
«sino que se busca án o ejas y de la lana ha án las indias es idos pa a sí
y sus ma idos».99 Simila ejemplo o ece la misión lule de Mi a lo es, pa a
la que «se p ocu ó majada g ande de o ejas», ocupándose los homb es de
asquila las y las muje es de hila la lana pa a eje man as y ponchos pa a
ellas y sus cónyuges.100
En con as e con o as zonas de Amé ica, en las que el algodón se
usó desde los iempos p ehispánicos pa a con ecciona p endas,101 la
in oducción de su cul i o en e los chaqueños ue ob a de los misione-
os, ap o echando la disponibilidad de la mano de ob a emenina pa a
hila , eñi y eje , a ea es a úl ima ambién ealizada po los homb es.
La implan ación de la lana y el algodón u o como obje o suplan a el
ecu so adicional de la ib a del chagua , que suponía su ecogida en los
mon es y, po ende, el pelig o de que se ea i asen an iguas cos umb es
en las muje es.
Den o del conjun o educcional on e izo, el pueblo moco í de San
Ja ie cons i uye un caso pa adigmá ico en cuan o al obje i o jesuí ico de
con e i la educción en una unidad p oduc i a au ónoma, un log o al que
sin duda con ibuyó el abajo emenino. La c ónica de Paucke o ece en
de alle las bases de la campaña ex il emp endida y sus e ec os: disponibi-
lidad de ganado o ino,102 o ganización de la mano de ob a comuni a ia, p o-
ducción y acumulación de exceden es, come cialización de las manu ac u-
as y ci culación de bienes. En el desa ollo ex il ue c ucial el g an
98 Con elación a la c ía de o inos en las misiones de abipones y moco íes, éase Nacuzzi,
2007.
99 Vi a , 2000, 79. De hecho, la misión de Concepción había sido abas ecida «con mucho
núme o de ganados mayo es y meno es. De és os da ían o ejas a las indias pa a que con la lana se is-
iesen a sí y sus ma idos y de aquéllos echa ían mano pa a alimen a el gen ío» (Idem).
100 Fu long, 1941, 92.
101 En el mundo az eca, el ejido ue un ac o de e minan e de la iden idad emenina, como
indica Ramos Escandón, 2000, 248-249. La expe iencia de las indígenas en la manu ac u a ex il ue
ap o echada en los ob ajes coloniales pa a la con ección de p endas de lana, aunque inalmen e el algo-
dón acaba ía imponiéndose como ma e ia p ima (Ibidem, 249).
102 De hecho, la posesión de un buen s ock de o inos, unas «mil se ecien as o ejas con buena
lana» desde los inicios de la misión San Ja ie , a o eció una óp ima p oducción de manu ac u as ex-
iles (Paucke, 1942-1944, II, 271)
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«ap endizaje» de las muje es, hecho señalado po Paucke como u o de la
ida en misión, aunque el hábi o de hila , eñi y eje o maba pa e de las
adiciones emeninas. Tampoco los homb es queda on al ma gen del p o-
ceso: los «mozos» de la educción ue on en enados en la elabo ación de
al omb as y a los adul os se les ese ó, en la cadena de p oducción, la un-
ción de p ocu a o ejas pa a que no al ase lana pa a man as.103 La expe-
iencia misione a moco í ambién apo a da os de in e és sob e el discipli-
namien o del sec o e a io compues o po las niñas,104 a in de que cub ie an
su cuo a de labo comuni a ia: «Como aho a los indios y sus muje es, jun-
o con los hijos es aban ya en algo desacos umb ados al ocio, no quedaban
o as que sus hijas».105 El en enamien o desde emp ana edad pa a hace de
és as buenas in o e as y ejedo as, pe mi ió al pueblo con a al in «con
más de cincuen a niñas c ecidas, que compa ecían diligen emen e en es e
abajo».106
Pa a el con ol del abajo in an il, el misione o de San Ja ie ecu ió
a «una ieja india, cacica en iudada […] que en odo debía es a p esen e»
como «je a de las niñas», eniendo a su ca go el «cas igo» de las meno es
e icen es a las a eas ex iles y ambién la igilancia de su asis encia a la
doc ina.107 Es a in o mación induce a pensa que al ez se hubiese in en-
ado c ea en e los moco íes un sis ema simila al de los pueblos gua a -
níes, el co yguazú o «casa de ecogidas» de iudas, sol e as, hué anas y
muje es solas (po halla se ausen es sus ma idos), las que además de sus
obligaciones eligiosas, debían ocupa se en las «labo es muje iles de hila ,
cose y de ae agua y leña pa a su ecogimien o».108 En es e o den de
cosas, o o aspec o a des aca es la inco po ación de nue os agen es indí-
genas al p oceso ex il, señalando Paucke el caso de una an igua p isione a
de los españoles, a quien «nomb ó maes a de las niñas» en el ejido.109 Po
o o lado, con espec o a la p oducción de p endas, es de esal a que en e
algunos g upos indígenas, como los mbayá guaycu ú —que conquis a on y
103 Ibidem, 273-274.
104 Sob e las ac i idades desa olladas adicionalmen e po la población in an il en gene al y
la emenina en pa icula , solo se dispone de e e encias aisladas sob e la ecolección de aíces y u-
os comes ibles.
105 Paucke, 1942-1944, II, 272.
106 Ibidem, 272-273.
107 Idem.
108 El co yguazú comenzó a cons ui se en las misiones gua aníes desde 1714, con o me a lo
dispues o po el P o incial de la Compañía (Le in on, 2004-2005).
109 Paucke, 1942-1944, II, 273-274.
BEATRIZ VITAR
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escla iza on a los ag icul o es guanás—, sus muje es es ían man as de
algodón « ejidas po ellas o po sus escla as».110
El éxi o de la c uzada ex il emp endida po Paucke llegó al pun o de
consegui « oda una áb ica de man as […], po que las muje es y niñas ya
habían e igido su ins alación de eje delan e de sus chozas»,111 un símbolo
del modelo p oduc i o ins au ado po el égimen jesuí ico así como del
ecogimien o y «domes icación» de las muje es, con o me a los ideales
pa ia cales.112 El come cio con los exceden es de la p oducción ex il pone
de elie e la con ibución de las muje es al sos én comuni a io y a las inan-
zas de la p opia Compañía. Al espec o, Paucke apo a algunos da os aun-
que sin especi ica echas,113 como el en ío de dos emesas de man as a
Asunción, una de 73 man as « e minadas y bien elabo adas», po las que se
ob u ie on «48 quin ales de ye ba pa aguaya, 15 de abaco, [y] algunas
a obas de azúca pa a el pueblo»,114 y o a de 300, ope ación en la que el
mismo misione o había ac uado de in e media io con el in de e i a que
los indígenas uesen obje o de «engaños» po pa e de los españoles.115
En las misiones abiponas, la implan ación del ejido de lana acabó
eniendo una buena acogida en e las muje es. Las p endas de lana —« es-
idos de lana en a ios colo es, cuyos ejidos se asemejan a un apiz u -
co»—116 se con i ie on en un bien p eciado den o de la do e que el no io
debía paga a su u u a esposa, sumándose a la adicional en ega de caba-
llos, bolas de id io y lanzas con pun as de hie o. Po o a pa e, ambién
el algodón u o acep ación en e las abiponas, siendo es o mo i o de
110 Mu iel, 1918, 230. En lo que concie ne a la escla i ud emenina, en e los guaycu ú (mba-
yá guaycu ú) las muje es de o as e nias cap u adas en las ope aciones bélicas —incluidas las cau i as
españolas— e an luego endidas o en egadas po los gue e os a sus esposas, pa a que les si ie an
como escla as (Lozano 1970, II, 228). Simila es p ác icas exis ían en e los obas y moco íes, ya que
den o del bo ín de gue a en egado a sus muje es, jun o con las p eciadas «cabezas [las cabelle as]
enemigas», se hallaban las p isione as, que se ían como escla as o mancebas (Lozano, 1733, 71, 82).
111 Paucke, 1942-1944, II, 274.
112 El an es mencionado es udio sob e el se mona io del pad e An onio Viei a des aca ese a án
de «domes icación» de la muje , «con inando-a aos limi es es ei os da casa, enquan o ao homem dá
como p incipio na u al o espaço ex e io da mobilidade». Desde una pos u a escolás ica, Viei a conce-
bía que las muje es «não e iam indo ao mundo pa a i ine áncia, mas pa a es abilidade» (ci ado en
F anco y Mo án Cabanas, 2008, 61, 66).
113 Si bien se a a de ci as aisladas, es as sugie en un campo de es udio de in e és, como lo es
el olumen de in e cambio in e - educcional y con los es ablecimien os coloniales.
114 Paucke, 1942-1944, II, 271.
115 Ibidem, 274.
116 Dob izho e , 1968, II, 197. Un enómeno semejan e se obse a en el México colonial,
donde las indígenas se ol ie on «á idas consumido as de elas de lana» (Ramos Escandón, 2000,
248-249).
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