Hilar, teñir y tejer: el trabajo femenino en las misiones jesuíticas del Chaco (siglo XVIII)
Abstract
Este trabajo presenta algunos avances en el estudio del papel económico de las mujeres en las misiones de las fronteras del Chaco en el siglo XVIII. Para ello, se analizan los rasgos de la vida productiva de los cazadores recolectores —en ciertos casos también cultivadores en pequeña escala—, la concepción jesuítica de las mujeres, de sus funciones dentro de la economía reduccional y su impacto en la población femenina, así como algunas de sus respuestas frente al reordenamiento de la producción comunitaria.
Full text
Anua io de Es udios Ame icanos, 72, 2
Se illa (España), julio-diciemb e, 2015, 661-692
ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeame .2015.2.10
Hila , eñi y eje . El abajo emenino en las
misiones jesuí icas del Chaco (siglo XVIII)/
Spinning, Dyeing and Wea ing. Women’s Wo k in
he Jesui Missions o he Chaco (18 h Cen u y)
Bea iz Vi a
Uni e sidad de Se illa
Es e abajo p esen a algunos a ances en el es udio del papel económico de las muje-
es en las misiones de las on e as del Chaco en el siglo XVIII. Pa a ello, se analizan los
asgos de la ida p oduc i a de los cazado es ecolec o es —en cie os casos ambién cul-
i ado es en pequeña escala—, la concepción jesuí ica de las muje es, de sus unciones den-
o de la economía educcional y su impac o en la población emenina, así como algunas
de sus espues as en e al eo denamien o de la p oducción comuni a ia.
PALABRAS CLAVE: Misiones de la on e a del Chaco; T abajo; Jesui as; Muje es indígenas; Siglo XVIII;
Es a egias indígenas.
This pape in ends o p esen some ad ances in he s udy o he economic ole o
women in missions Chaco on ie in he eigh een h cen u y. Fo his pu pose, a e analyzed
he ea u es o he p oduc i e li e o hun e -ga he e s —in some cases also small-scale
g owe s—, he Jesui concep ion o women and hei oles wi hin he missiona y economy
and i s impac on he emale popula ion and hei some esponses o he ea angemen o
communi y p oduc ion.
KEYWORDS: Chaco on ie missions; Wo k; Jesui s; Indian Women; 18 h Cen u y; Indigenous
S a egies.
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Pa a e i a la ociosidad de las indias les hicie on enseña a hila
y eñi , pa a que po una pa e con sus hilados ejiesen las man as
con que se cub en, y po o a se a ajasen los daños que se siguen
de no es a las muje es bien ocupadas.
Ped o Lozano, Desc ipción Co og á ica del G an Chaco Gua -
lamba, 1733.
In oducción
Du an e el pe iodo colonial, el e i o io del Chaco e a pe cibido
como un espacio sal aje y demoníaco, imagen a la que en g an medida con-
ibuye on las c ónicas «e nog á icas» de la Compañía de Jesús. Los pue-
blos chaqueños queda on así sepul ados bajo el es igma de la ba ba ie aso-
ciada a la cul u a de los cazado es ecolec o es, en con aposición a los
g upos con hábi os seden a ios y más ci ilizados, some idos emp anamen-
e al dominio español. Las cos umb es de los cazado es nómadas ue on
ambién demonizadas en an o ep esen aban una amenaza pa a el éxi o del
p og ama e angelizado /ci ilizado de la Compañía de Jesús, basado en la
seden a ización de la población na i a y en la ins au ación de la ida acio-
nal. La e adicación de las ac i idades desa olladas po los habi an es del
Chaco en a as de p ocu a su sus en o, ue o a de las ace as de ese colo-
sal «comba e» de los jesui as con a el demonio.1Incluso el c onis a
Lozano llegó a sos ene que el desapego de esos g upos hacia el abajo
ag ícola y su inclinación a la caza, la pesca y la ecolección como uen es
de ecu sos se debían al hecho de halla se «demen ados del Demonio con
la pe suasión loca de que nunca les al a ía alimen o».2
En la his o iog a ía ela i a a las misiones del Chaco, si bien se cuen-
a con apo aciones impo an es sob e la dinámica p oduc i a de las po -
blaciones indígenas del á ea as el con ac o con el mundo colonial,3aun
es a amplia los es udios conce nien es a las muje es y a sus unciones
económicas an es y después de la llegada eu opea, en e o os aspec os.4
Sumándose a con ibuciones an e io es sob e las indígenas de las educcio-
1 Vi a , 2001b.
2 Lozano, 1970, I, 58.
3 Ci o a í ulo ilus a i o: Paz, 2003; Nacuzzi, 2007; Lucaioli y Nesis, 2007, en e o os.
Aunque e e ido al siglo XIX, esul a de in e és el es udio de Te uel, 2005.
4 Pa a un epaso a la his o iog a ía sob e las muje es indígenas en la sociedad colonial, éa-
se el abajo de Díez Ma ín, 2004, que o ece un conside able lis ado de ob as, aunque en su mayo
pa e e e idas al ámbi o mesoame icano y andino.
BEATRIZ VITAR
Anu. es ud. am., 72, 2, julio-diciemb e, 2015, 661-692. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeame .2015.2.10
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nes chaqueñas,5es e abajo se p opone o mula nue os plan eamien os e
in e p e aciones sob e el impac o del égimen jesuí ico en el ámbi o p o-
duc i o emenino. Pa a ello, es p eciso abo da , po un lado, las bases eco-
nómicas de las sociedades cazado as del Chaco y el papel desempeñado
po las muje es, en oposición a los pa ones occiden ales, undamen ados
en una lógica y p incipios ajenos al uni e so na i o y, po o o, expone los
asgos de la in e ención misione a a a és de sus discu sos y p ác icas,
analizando el imagina io mode no sob e el abajo pa a de e mina su inci-
dencia en la ida de las indígenas y sus eacciones an e el nue o o den, que
no signi icó, po lo demás, la o al desapa ición de las labo es que desa o-
llaban adicionalmen e. Se espe a con ello con ibui al conocimien o de la
expe iencia his ó ica de esas muje es en los má genes, no solo po su con-
dición on e iza y ca ac e ís icas cul u ales, sino ambién po la escasa
a ención que les ha p es ado la his o iog a ía.
El es udio de los aspec os enunciados aba ca la casi o alidad de los
g upos educidos en las on e as del Chaco,6p edominando las e e encias
a los abipones y moco íes en i ud del mayo olumen in o ma i o dispo-
nible sob e ambos g upos.7Las uen es u ilizadas p oceden sob e odo de
la Compañía de Jesús (c ónicas, elaciones, ca as anuas y o os es imo-
nios), cuya consul a se ha complemen ado con la de con ibuciones de los
campos his ó ico, an opológico y e nohis ó ico, an o las e e idas al á ea
chaqueña como a o as egiones de Sudamé ica. Dada la índole del ema,
ambién se han enido en cuen a apo es insc i os en el ámbi o de la
His o ia de las Muje es y la His o ia de Géne o,8que o ecen nue as
5 Vi a , 1999, 2001a, 2004, 2005. En dos de es os abajos (2001a y 2004) se abo dan dis in-
as cues iones elacionadas con las indígenas y su expe iencia en las misiones jesuí icas del Chaco, ales
como la ida ep oduc i a, la mi ada es e eo ipada de los misione os sob e el sexo emenino y la cons-
ucción cul u al de la di e encia de géne o, el espacio i ual emenino, los cambios y con inuidades en
los oles de las muje es as su educción y, de modo especí ico, las elaciones en e ancianas y jesui-
as (2005).
6 Las misiones aquí conside adas son las undadas a lo la go del siglo XVIII en las zonas
colindan es con las ju isdicciones del Tucumán (Mi a lo es y Balbuena, de indígenas lules; San José y
Macapillo, de ilelas, y Concepción, de abipones), de San a Fe (San Ja ie de moco íes y San Je ónimo
de abipones) y de Asunción (Rosa io o Timbó, ambién de abipones). Pa a más de alles sob e es e espa-
cio misione o, éase Vi a , 1997.
7 Se a a de las c ónicas de los misione os jesui as Ma in Dob izho e , 1967-1968 y Flo ian
Paucke, 1942-1944.
8 Respec o a las di e encias concep uales en e «his o ia de las muje es» e «his o ia de géne-
o», con ecuencia « esuel as en coexis encia», éase Díez Ma ín, 2004, 218. Sin ánimo de ahonda
en las con o e sias eó icas en o no a ambos en oques, lo que excede ía el obje i o de es e abajo, es
in e esan e esal a que el es udio de las muje es con ibuye a su isibilidad como agen es en los
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pe spec i as y he amien as de análisis pa a el conocimien o de las ayec-
o ias emeninas en dis in os espacios y iempos.9En lo que se e ie e al
ema aquí abo dado, es undamen al a ende a la condición é nica de las
p o agonis as y a la época en que in e ac ua on con los misione os jesui as,
conside ando el iesgo que supone obse a el pasado con los ojos del p e-
sen e y desde nues a p opia cul u a.10
Las muje es en la ida económica de
los pueblos cazado es ecolec o es
Sob e la economía en las sociedades
«p imi i as»: el caso chaqueño
El conjun o de a eas desa olladas po los g upos de cazado es eco-
lec o es —den o de las denominadas «sociedades p imi i as»— en p ocu-
a de su sus en o, ha sido adicionalmen e de inido po la an opología
como «economía de subsis encia». En con a de es a pe spec i a educcio-
nis a, Sahlins hacía hincapié en el sen ido del abajo y la elación que con
él man ienen los miemb os de es e ipo de comunidades:
Un homb e labo a, p oduce en su ap i ud como pe sona social, como esposo y pad e,
he mano y cama ada de linaje, miemb o de un clan, de un pueblo. El abajo no se
p ac ica sepa ado de es as exis encias, como si uese una exis encia di e en e.
«T abajado » no es de po sí una condición social, ni « abajo» una au én ica ca ego-
ía de economía ibal. Dicho de o o modo, el abajo es o ganizado po elaciones
«no económicas» en sen ido con encional, pe eneciendo más bien a la o ganización
gene al de la sociedad.11
p ocesos his ó icos (Ibidem, 217), mucho más necesa ia en el caso de las indígenas, que expe imen a-
on una doble disc iminación, é nica y de géne o. Sob e la impo ancia de la ca ego ía «géne o» en el
análisis his ó ico, esul a de in e és el ya clásico abajo de Sco , 1990.
9 Cabe aquí insis i en la u ilidad del en oque mul idisciplina y en la ampliación de las ías
me odológicas pa a el es udio de las muje es, den o de la di e si icación po la que se iene apos an-
do desde hace iempo. En es e sen ido, los egis os iconog á icos o la his o ia o al, en e o os, cons i-
uyen ecu sos aliosos pa a el análisis de la si uación emenina y su ol den o de las elaciones ami-
lia es y sociales a lo la go de la his o ia, And eo Ga cía, 2002, 15-17.
10 Bock, 1991, 58.
11 Sahlins, 1972, 127. En las sociedades ibales, el abajo es pa e de la ida misma, en con-
as e con el mundo capi alis a: «La e olución indus ial desgajó el abajo de la ida» (Ibidem, 128).
A juicio de Clas es, 1981, 135, las ideas de Sahlins, o muladas pa a el caso melanesio, esul an áli-
das pa a el ámbi o ame icano.
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En es a línea, Clas es ha en a izado en la imp on a dejada po los
«pad es» de la an opología económica al de ini la economía p imi i a
como «economía de subsis encia», en i ud de la insu iciencia ecnológi-
ca, de una p oducción sin exceden es y de la ausencia de ese as (s ocks).
Así, el concep o de «subsis encia» ayudó a c ea «el mi o de un homb e sal-
aje condenado a una condición casi animal po su incapacidad de explo-
a e icazmen e el medio na u al»,12 i iendo, en suma, en una «economía
de la mise ia».13 Con a es os pos ulados, Sahlins sos iene la idea de una
«economía de la abundancia», como bien pod ía con i ma lo un es imonio
colonial sob e los indígenas del Chaco: «Solo la abundancia de caza y pes-
ca, de chagua , miel, u as campes es, pudie an habe los conse ado en la
mise able cons i ución de an a pe eza como ienen».14
En con a de las in e p e aciones de la an opología clásica, Clas es
se sumaba a Sahlins en la ei indicación de los cazado es ecolec o es, des-
acando la capacidad de elabo a sus p opios ins umen os de p oducción
—equipos y u ensilios pa a la pesca, la caza y la ecolección—, y po ende
el desa ollo de una «signi ica i a ecnología» que excede a la ca ego ía de
«me os ecolec o es».15 En o den a es as cues iones y en el caso de los indí-
genas del Chaco, cabe sub aya , además, su habilidad pa a ab ica a e ac-
os de múl iples usos como, po ejemplo, una espá ula que o maba pa e
de los «u ensilios domés icos» que ca gaban las abiponas du an e sus
mudanzas:
En e los elemen os que lle aban las muje es se des acaban unas es acas en o ma de
espá ulas, cuya pa e media es aba odeada po un cilind o hecho en made a du ísi-
ma, de unos dos codos de la go. Es e ins umen o ambién lo emplean pa a ex ae las
aíces comes ibles; pa a baja los u os de los á boles o las amas ap as pa a hace
uego; cuando no la usaban pa a queb a las a mas y la cabeza de los enemigos que
encon aban en el camino.16
Po o a pa e, en lo que espec a al abajo es ingido a las necesi-
dades dia ias y no con is as al almacenamien o de ese as, Shalins lo
jus i icaba po la p odigalidad de su en o no i al: ¿po qué los nómadas
12 Clas es, 1981, 138.
13 Ibidem, 136-137.
14 Anónimo, «Desc ipción del G an Chaco», 1775, A chi o del Museo Na al de Mad id
(AMNM), Manusc i o (Mss.) 123.
15 Clas es, 1981, 137.
16 Dob izho e , 1968, II, 116.
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hab ían de empeña se en al acopio, si los s ocks se hallaban en la na u a-
leza misma?17 No obs an e, en elación al Chaco, la mayo ía de sus pue-
blos p e enía los pe iodos de escasez median e el almacenaje de u as,
en e o as la del chaña , «la cual comen esca, y ambién la gua dan seca
pa a p o isión de odo el año».18
Desde los inicios de la e angelización, el égimen de ida de los caza-
do es ecolec o es del Chaco ue conside ado como sinónimo de i aciona-
lidad y, po ende, un obs áculo pa a el p og ama e angelizado jesuí ico,
cuyo éxi o dependía de la seden a ización de la población educida y del
abandono de los hábi os nómadas, supe ando esa ines abilidad o incons-
ancia, an señaladas po los jesui as19 en sus ela os. Las excu siones indí-
genas al mon e pa a caza y ecolec a e an concep uadas como ac os no
acionales, como lo dan a en ende los comen a ios del pad e Domingo
Mu iel sob e los obas educidos: «Va ias eces pa ece que en an en azón,
y que p oceden bien, o as p oceden mal, o as medianamen e: ya es án en
el Pueblo, ya en el Mon e; […] ya abajan, ya se ponen a uma ».20
Po o o lado, lo que se cali icaba como «ines abilidad» p opia de la
idiosinc asia indígena, es deci , las salidas al mon e a ecoge miel y cie -
os u os (alga oba y chaña , en e o os), es aban ligadas a su uni e so
i ual, dado que con es os p oduc os elabo aban las bebidas que consu mían
en sus ies as y en las ce emonias —«asambleas»— que p ecedían a la gue-
a. Es as cos umb es, en aizadas en e los pueblos del Chaco, ue on com-
ba idas po los jesui as en an o malog aban los ímidos a ances del adoc-
inamien o, aunque hubo algunos que mos a on condescendencia y has a
cie a admi ación po los gue e os cazado es, como Dob izho e :
Aunque haya expues o las i udes na u ales de los abipones más allá de lo p opues-
o, me pa ece que no hab é dicho nada si no ag ego unas pocas palab as sob e los
pesados abajos que ealizaban. ¿Quién enume a ía las co idianas moles ias de la
gue a y de la caza?21
17 Ci ado en Clas es, 1981, 138. Es e au o esal a el mé i o de Sahlins en cuan o a «desen-
masca a » a quienes hacen del capi alismo (con un i mo incesan e de p oducción pa a ob ene bene i-
cios) «la medida de odas las cosas» (Ibidem, 139).
18 Lozano, 1733, 32. Pa a el caso especí ico de los abipones y sus es a egias pa a hace en-
e a los pe íodos de desabas ecimien o, éase Nacuzzi, 2007, 227.
19 El jesui a An ónio Viei a, misione o en B asil, aludía a la incons ancia como asgo común
a ambos sexos, aunque la culpa ecaía en las muje es, en cuan o dado as de la ida: «Tão incons an es
são os homens, como as mulhe es: os homens po ilho de ais mães, e as mulhe es po mães de ais il-
hos: Homo na us de mulie e» (ci ado en F anco y Mo án Cabanas, 2008, 13).
20 Ci ado en Fu long, 1955, 165.
21 Dob izho e , 1968, II, 145.
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Los jesui as juzga on como un asgo p opio de su «ba ba ie» el des-
dén de los chaqueños hacia cie os elemen os p odigados po la na u aleza
al ca ece de una u ilidad especí ica de ca a a sa is ace sus necesidades
i ales, en con as e con el alo que ence aban pa a los eu opeos. Al des-
c ibi la g an iqueza ic ícola del Be mejo —uno de los íos del Chaco— y
las «almejas muy g andes» que pescaban en abundancia los abipones,
Lozano se asomb aba de que a ojasen las pe las, «po que no es ima su
ba ba idad lo que o as Naciones, si más polí icas, a es e paso más codi -
ciosas, an o ap ecian», como e a el caso de las «seño as» de San a Fe
(gobe nación de Buenos Ai es), que las enían en g an es ima pa a ab ica
sus joyas.22
En muchos casos los pueblos cazado es se ie on o zados a una
ida i ine an e debido a la p esión colonial sob e sus e i o ios. Algunos
g upos chaqueños p ac icaban la ag icul u a en la medida necesa ia pa a
su sus en o, como ocu ía con el maíz —o « igo de Indias»—, que se
ob enía «en g andísima abundancia en las más dos cosechas, bien que lo
común de las Naciones siemb an muy poco po su lojedad inna a»,23
según Lozano, quien mencionaba ambién el cul i o de abaco en ie as
abiponas: «[…] y juzgo se ía lo mismo en odo el Chaco, si lo semb a-
an como es os in ieles».24 Po su pa e, los ma aguayos aplicaban el sis-
ema de oza, ealizando p e iamen e el co e de pas o pa a luego seca -
lo du an e ein e días (pa a qui a la humedad, po se ie a de bañados),
p ocede luego a su quema y po úl imo semb a .25 Tales ocupaciones, sin
emba go, no impidie on el ca apul a los como lojos y ociosos, de ec os
que los misione os busca on co egi median e la in oducción de nue as
ac i idades p oduc i as des inadas an o al au oconsumo como a la co -
me cialización.
En gene al, los pueblos chaqueños consumían ca ne de acuno g a-
cias a la cap u a del ganado cima ón o a las dádi as coloniales, aunque no
llega on a desa olla su c ía, una p ác ica mala enida con la dinámica p o-
duc i a de los cazado es nómadas. Los abipones opusie on una enaz esis-
encia a los hábi os pas o iles, siendo así que, as la expulsión de los jesui-
as, los educidos en la misión de Concepción asegu a on no posee acas
22 Lozano, 1733, 11.
23 Ibidem, 33.
24 Ibidem, 32.
25 Idem.
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«po que la aca es animal pe ezoso, y si algún día nos amos de aquí, no
que emos camina a su paso».26
La alusión a los icios chaqueños como impedimen os pa a el desa -
ollo del p oyec o e angelizado en las on e as, no ue p i a i o de los
jesui as: sus más acé imos enemigos compa ie on esa isión nega i a del
mundo indígena. El obispo del Tucumán, Manuel Abad Illana, c eía inú i-
les los es ue zos de educi a los indígenas chaqueños po se «holgazanes
y enemigos del abajo»,27 según el in o me de la isi a a su diócesis. Es e
es imonio pe mi e en e e , además, las es a egias indígenas en e a las
p opues as jesuí icas, acep ando la ida en misión como una ía al e na i-
a de sus en o, al no queda es e suje o a la exclusi idad de sus p ác icas
adicionales:
Acuden los indios a oí la doc ina de los Pad es; mas no siendo es o acompañado de
alguna a ición, ¿qué u ilidad se puede segui de ellos? Van a oí la doc ina y ¿qué
mucho cuando con es e casi ningún abajo, que en casi odos se á una pu a ociosi-
dad, ganan de es i y de come ? Po los e ec os de su uga y de su pe idia debemos
colegi que si oyen la doc ina solo la oyen po come y es i se.28
Las labo es emeninas
Las muje es de las di e sas e nias del Chaco cumplían un papel signi-
ica i o en o den a la p o isión de elemen os indispensables pa a la ep o-
ducción ma e ial de la comunidad; el ap o echamien o de plan as, u os y
un buen núme o de aíces comes ibles ue posible g acias a la labo eco-
lec o a emenina. El bosque chaqueño29 cons i uyó, en es e sen ido, una de
las iquezas na u ales más explo adas po los pueblos de la zona, en a as de
sa is ace sus necesidades co idianas —alimen ación, salud,30 anspo e,
26 Vi a , 2000, 47. El agmen o ci ado co esponde al In o me del obispo Manuel Abad Illana
sob e su isi a a la gobe nación del Tucumán y educciones de la on e a del Chaco (1765 y 1768),
ín eg amen e ansc i o en Vi a , 2000. Es e documen o cons i uye una uen e de g an in e és sob e las
ac i idades económicas den o de las misiones jesuí icas de la pe i e ia occiden al chaqueña.
27 Ibidem, 54.
28 Ibidem, 57.
29 Las c ónicas misione as, po lo gene al, dan cuen a po meno izada del uso de made as y
u os de di e en es especies na i as, además de o as implan adas en los p ime os in en os de coloni-
za el Chaco.
30 Ped o Lozano o ece amplios de alles sob e las p opiedades medicinales de muchas plan-
as, lo que hacía del Chaco una «bo ica na u al», compensando «la al a de médicos y medicina […] en
es a pa e de Amé ica» (Lozano, 1733, 30), comen a io es e que no ocul a una mi ada e nocén ica, al
ob ia las p ác icas cu a i as indígenas, basadas en el uso de especies de su en o no que, po lo demás,
ecolec aban las muje es.
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caza, ab icación de a mas y u ensilios, e c.— y de ob ene cie os p o -
duc os como la miel, la alga oba o el chaña que, una ez p ocesados, es -
aban des inados an o a la nu ición y al ab igo como a los usos es i os
y i uales.
El abajo se hallaba delimi ado según el géne o, aunque exis en es-
imonios sob e la pa icipación conjun a de homb es y muje es en de e mi-
nadas a eas, como la caza. Al espec o, el ela o de Paucke sob e los moco-
íes e ie e la o ma en que las muje es acomodaban su es imen a
«cuando […] es án de caza en las sel as, pa a que puedan co e más lige-
as […] en pos del animal sil es e».31 En el caso de los abipones,
Dob izho e apun aba la di isión de a eas, co espondiéndoles a los adul-
os de ambos sexos p epa a a los niños y niñas en las labo es p opias de
su géne o: «Los pad es enseñan a sus hijos desde la más ie na in ancia a
cabalga , a nada , a caza y a gue ea . Las niñas eciben de sus mad es
habi ualmen e las a eas domés icas de las muje es y se acos umb an a sus
abajos y moles ias».32
La ecolección e a desa ollada po las muje es de los di e en es sec-
o es de edad, delimi ando un campo de ac uación emenino y au ónomo,
como se obse a en el caso de los abipones:
Con ecuencia un cen ena de muje es eco e en g upo los campos más lejanos en
busca de dis in os u os, aíces, ib as pa a ex ae colo es u o os ma e iales ú i-
les. Aunque a eces a dan cua o u ocho días en eg esa del campo, no acep an a
ningún a ón como compañe o de iaje, ya sea pa a ayuda las en los abajos,
igila los caballos o pone las a sal o cuando se en en an con el enemigo o con
las ie as.33
En e los u os ecolec ados, el alga obo u o múl iples usos, ya que
—como la miel— se ía no solo como alimen o sino ambién pa a las p ác-
icas es i as y ce emoniales. En cuan o a su unción alimen icia, no solo
ue impo an e en e los pueblos del Chaco sino ambién pa a los núcleos
coloniales on e izos, donde la alga oba — ecolec ada po los indígenas
ibu a ios— ue de g an auxilio en épocas de escasez de alimen os, lo que
pe pe uó su imagen como « u o del hamb e» y alimen o del «pob e».34
En elación a los moco íes, Paucke explicaba que, al mengua la caza,
31 Paucke, 1942-1944, II, 142.
32 Dob izho e , 1968, II, 207.
33 Ibidem, 137.
34 Fa be man, 2006, 12.
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abajo».69 Sal ando las di e encias cul u ales, espaciales y empo ales con
elación a es e caso, algo simila pod ía aplica se a la pe cepción que los
misione os u ie on de las ac i idades emeninas adicionales en e los
g upos del Chaco, oscu eciendo su con ibución a la ep oducción comuni-
a ia. Bajo el in lujo del ma co ideológico eu opeo, los jesui as ue on po -
ado es de ideas es e eo ipadas sob e el ideal de muje y de las unciones
que le co espondían bajo un égimen pa ia cal, a odo lo cual deben
suma se los condicionamien os impues os po los obje i os del p oyec o
educcional en las on e as.
Un luga común en las na aciones jesuí icas es la mención del cúmu-
lo de a eas desa olladas po las muje es de los g upos cazado es del
Chaco. Una sola de es as e e encias bas a ía pa a ilus a el modelo dis-
cu si o aplicado a la desc ipción de la si uación emenina en las denomi-
nadas «sociedades p imi i as», o eciendo el po meno de sus obligaciones
co idianas:
Las muje es son como escla as pe pe uas de sus ma idos, mien as con ellos hacen
ida ma idable; po que nunca descansan las mise ables, ocupadas en el se icio y
sus en o de ellos, haciendo es e as, ollas, inajas, ejiendo, hilando, y ca gando odo
su ajua , como jumen os, cuando an caminando, sin que sus ma idos les ayuden en
cosa. De las indias moce onas an es de casa se se si en cuando an a sus gue as,
pa a que ca guen el bagaje y ayuden a ae los despojos y les busquen aíces y ca -
dos pa a come .70
La di usión de la imagen de las muje es como «bes ias de ca ga» y
«escla as» de los homb es71 dejó su huella en la li e a u a e nog á ica sob e
el Chaco, a ianzándose el uso de ales concep os pa a de ini el es a us
emenino en los pueblos «p imi i os». Con elación a es os dic ados, E ans
P i cha d a i ma que las múl iples, y en algunos casos pesadas, labo es
emeninas se debían más a las ci cuns ancias de pe enece a ese ipo de
sociedades, con una ecnología y economía «simple», que a su condición de
muje es, poniendo en ela de juicio, po o o lado, los e ec os del p og eso
social en un mejo amien o de sus condiciones de ida.72 En el caso que nos
69 Po has , 2004, 16.
70 Lozano, 1733, 70-71. Sub ayado añadido.
71 Gómez, 2010, 1. Es a au o a señala las c ónicas de Paucke (1922-1944) y Dob izho e
(1968-1970), como las e e encias más emp anas sob e la condición «escla a» de las muje es, aunque
o os au o es jesui as lo habían des acado ya con an e io idad en sus ela os, como es el caso de Ped o
Lozano (1733).
72 E ans-P i cha d, 1971, 43.
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ocupa, el modelo pa ia cal p o enien e de un mundo au oconside ado
supe io y «ci ilizado» signi icó pa a los di e en es sec o es e a ios la inco -
po ación de nue as a eas que se suma on a las adicionales, como ambién
una esigni icación de oles, pa icula men e en e las ancianas «cacicas».
Po lo gene al, en los juicios jesuí icos subyacen los pa áme os de un
modelo de e olución cul u al que cons i uyó el ma co e e encial del eu o-
peo en su pe cepción de la condición emenina en los pueblos «p imi i os».
Al espec o, y con a la ónica de muchos es udios an opológicos, E ans
P i cha d sos enía que en esas sociedades las muje es «no se en a sí mis-
mas como clase subp i ilegiada en lucha con la clase de los homb es, con
los que aspi an a iguala se socialmen e».73
La alusión al igo ísico y la obus ez de las indígenas ue o o ele-
men o ecu en e en las na aciones chaqueñas, deno ando el in lujo de los
ideales de belleza enacen is a. Lozano señala que la o aleza de las indí-
genas obas y moco íes les pe mi ía sopo a la ca ga de sus innúme as
a eas,74 al igual que Dob izho e sub aya la i alidad de las muje es abi-
ponas, u o de su incansable ac i idad. Es a ue za edundaba, po lo
demás, en o os bene icios, ya que «ocupadas día y noche en el quehace
domés ico, ienen abundan e ocasión de ac i a la espi ación y de eposa
con enien emen e. De ahí el igo de las mad es pa a p oc ea hijos an
g andes, de aquí su obus ez y longe idad».75 Sin emba go, al igual que
o os na ado es coloniales, el misione o de los abipones no omi ió el clá-
sico ela o de las múl iples labo es de las indígenas, especialmen e en las
mudanzas de si io, e o zando la imagen de bes ias de ca ga como símbo-
lo de su a aso cul u al.
Jun o a la exal ación del abajo emenino, en el discu so jesuí ico se
pe ila el señalamien o de lo domés ico como ámbi o p opio de las muje-
es, que apa ecen ado nadas, en ocasiones, con un conjun o de i udes que
componían el a que ipo de se es hacendosos y hoga eños, p opio del ima-
gina io occiden al. Dob izho e des acaba la «aleg ía» con que las abipo-
nas acome ían los quehace es co idianos, aunque la mención de las incu -
siones en la «sel a» apo a una imagen de p imi i ismo:
73 Ibidem, 50. En el siglo XVIII eu opeo, las muje es comenza on a se «obje o de especula-
ción», con i iéndose ello en el pun o de a anque de los mo imien os libe ales e iguali a ios que en la
cen u ia siguien e in oduje on los concep os de «sujeción» y «emancipación» emenina, bases del pen-
samien o eminis a (Idem).
74 Lozano, 1733, 82.
75 Dob izho e , 1968, II, 58.
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De buen g ado comen o la ac i ud de las muje es abiponas que nunca des allecen. No
hubo nadie que no admi a a conmigo su incansable labo iosidad, des eza y abajos.
A on an con buen ánimo y aleg ía las a eas domés icas que deben ealiza a dia io.
En e ellas es á el eje las opas de su ma ido y sus hijos, cocina los alimen os; ae
de las sel as las aíces comes ibles y los dis in os u os; jun a y mole la alga oba
y mezcla la con agua pa a p epa a la bebida, aca ea el agua y la leña pa a los usos
dia ios de la amilia.76
La imagen de la muje escla a ue sedimen ándose en una pe cepción
común en e los misione os ignacianos, ea i mando un es e eo ipo que
aspasó los iempos coloniales. La p oducción li e a ia de la época epu-
blicana o ece una éplica de ese modelo discu si o y una áci a condena a
las cos umb es de los cazado es, al e o za la idea de la condición mise a-
ble de las muje es y con ello la in e io idad de los pueblos bá ba os. Los
anciscanos, a ca go de la e angelización del Chaco desde la segunda
mi ad del siglo XIX, desc ibían a las muje es en é minos simila es a los
usados en las na aciones jesuí icas. El pad e se á ico Ra ael Gobelli decía
de la muje ma aca [wichí] que «no es conside ada como una compañe a
del homb e, sino como una bes ia de ca ga, un ins umen o o una cosa cual-
quie a»;77 así, en las mudanzas, comen a Gobelli,
el homb e a adelan e, lle ando solo el a co y las lechas, mien as la muje a a ás
ca gando ollas, opas, hijos pequeños, pe i os, e c. En la casa el homb e es á endido o
sen ado al lado del uego, y la muje debe hila , cocina , ae agua, busca leña, e c.78
La isión jesuí ica a lo a ambién en los ela os de iajes del siglo
XIX, en consonancia con el discu so cien i icis a que eía en el igo de las
muje es una cla a señal de «animalidad» de la condición emenina, como
señala Gómez,79 des acando cie as ecu encias discu si as, como la de
con apone a la imagen de escla a dócil la de muje es en ascadas en iñas
sang ien as, lo que sub e ía, desde la pe spec i a pa ia cal, el epa o de
oles según el géne o.80
Los misione os des acaban como mé i o de su magis e io el ap endi-
zaje «manual» de homb es y muje es, a pesa de habe demos ado es as
úl imas sus ap i udes en la ab icación de u ensilios e ins umen os a ios,
76 Ibidem, 147.
77 Gobelli, 1916, 218.
78 Idem.
79 Gómez, 2010, 4.
80 Idem.
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así como el dominio de écnicas de ejido, cocción de alimen os y p epa a-
ción de in es. Al se iden i icadas con la ida nómada, ales p ác icas no
lle aban implíci o un conjun o de habilidades que, en cambio, sí podían
adqui i se g acias a las nue as labo es in oducidas po los jesui as, según
deja en e e Paucke: «En las misiones más an iguas donde ya no i e nin-
guno de los p ime os educidos y los indios e indias ya hilan, ejen y aba-
jan, ambién son ya hábiles en odos los o icios manuales».81
En pa alelo a la «escla i ud» de las muje es, el a gumen o del «ocio»
jus i icó la ins au ación de un égimen p oduc i o cuya e icacia dependía
de una es ic a disciplina labo al, que cons i uyó una ace a más del nue o
i mo i al implan ado en las educciones, donde odo se hacía al «son de
campanas».82 En es e aspec o, cabe des aca que el p oyec o e angelizado
jesuí ico supuso la implan ación de una idea y medida del iempo p opias
del mundo occiden al, como obse a Cladellas en elación a las misiones
de la Compañía de Jesús en O ien e.83 Con espec o a las muje es, el de a-
lle de sus abundan es labo es, que alimen ó el ópico de su condición se -
il en las sociedades sal ajes,84 u o como con apa ida la obsesión po
pe segui su holgazane ía. En la educción moco í de San Ja ie , aunque
la mayo pa e de las muje es se hallaba abocada al ejido de la lana, el
misione o se quejaba de su escasa p oduc i idad así como del «ocio» de las
indígenas cazado as:
Ya habían demos ado los indios lo que ellos podían abaja pe o las muje es indias
y sus hijas no sabían o a cosa que eje lana al huso y es o ocu ía solo po una u o a
cosa que ecuen emen e que ían abaja pa a sí. Las demás no sabían o a cosa que
cabalga a la caza y cuando ol ían pasa odo el día en ocio. Yo con oqué a los caci-
ques y les hice p esen e el ocio de odas las muje es; que ellas ambién e an alimen-
adas de lo que pe enecía a la Comuna pe o no a aban de auxilia en algo a la
Comuna.85
Desde la pe spec i a jesuí ica, el abajo ex il cons i uía la ía idónea
pa a p e eni los e ec os pe niciosos del iempo lib e en e las muje es, a la
pa que se daba cumplimien o a una de las p io idades de la labo misional,
cual e a la disponibilidad de p endas pa a es i a los miemb os de la
81 Paucke, 1943-1944, II, 152.
82 Saignes, 1990, 118.
83 Cladellas, 2009, 214.
84 Vi a , 2001a, 239.
85 Paucke, 1942-1944, II, 271.
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comunidad. El es imonio de Lozano sob e la labo de los jesui as en la
educción lule de Mi a lo es es muy ilus a i o al espec o:
Pa a cub i su desnudez, ellos mismos les co aban y cosían los es idos, ap endien-
do a es e in uno de los Pad es […] el o icio de Sas e; y pa a e i a la ociosidad de
las indias les hicie on enseña a hila y eñi , pa a que po una pa e con sus hilados
ejiesen las man as con que se cub en, y po o a se a ajasen los daños que se siguen
de no es a las muje es bien ocupadas.86
En la misión moco í de San Ja ie , las indígenas «ha aganas», así
conside adas po esis i se al abajo con la lana y man ene su ac i idad
cazado a, ue on denos adas po su nula con ibución a la comunidad, ade-
más de con adeci la concepción y expec a i as misione as espec o de los
papeles di e enciales de homb es y muje es en la ida económica.87 En es e
sen ido, la caza p ac icada po las moco íes no cons i uía un abajo sino
más bien o a o ma de ocio y, po ende, un impedimen o pa a el a aigo en
las misiones. Po o a pa e, con is as al p o echo económico, el p oduc-
o ob enido en la caza e a de consumo inmedia o y no ap o pa a su alma-
cenamien o e in e cambio.
La economía educcional y su impac o en la población emenina
La plani icación económica ue uno de los pila es de la emp esa e an-
gelizado a de la Compañía y, en es e sen ido, las educciones signi ica on
la imposición de una «doc ina eligiosa y labo al»88 que en ó en con a-
dicción con las pau as cul u ales na i as. Las misiones on e izas del
Chaco poseían una g an impo ancia es a égica pa a el á ico come cial,
al dis u a de una si uación geog á ica cla e. En el caso de la on e a del
Salado, los jesui as disponían de e enos ap os pa a pas u as y cul i os y
de agua pa a iego, a o eciendo la p ospe idad de sus educciones, cuya
p oducción exceden a ia enía ácil salida po es a p óximas a la u a
come cial que unía el Tucumán con la egión mine a al ope uana.
86 Lozano, 1733, 464. Sub ayado añadido.
87 En lo que se e ie e a la di isión del abajo según el géne o, la an opología ha es udiado
cómo en algunas sociedades y en el caso conc e o de la ab icación de obje os, po ejemplo, la especia-
lización no iene de e minada po causas biológicas (posee mayo o meno o aleza), sino po el ipo
de a eas, masculinas o emeninas, a la que dichas manu ac u as es án asociadas, como ha señalado
Lamas, 1986, 174-176.
88 Col e o, 2011, 152.
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Las uen es jesuí icas demues an los ecaudos omados a la ho a de
unda nue os pueblos en cuan o a la disponibilidad de ecu sos. Es e a án
po el sus en o ma e ial de las misiones dio cebo a los de ac o es de la Com -
pañía, que c i icaban el amoso eslogan sob e el «hamb e» indígena —«la e
les en a po la boca»— como un dicho «a i icioso» de los misione os, pa a
da en ende que «solo ellos po su economía son capaces de llena les la
boca».89 La p eocupación po la al a de medios pa a a ende las necesidades
ma e iales de las educciones, queda bien ilus ada con los comen a ios del
pad e Mu iel sob e la misión de Rosa io del Timbó (de abipones):
Ruines son las espe anzas que enemos de que lo ezca […]. Hemos ehusado el
admi i la, po que el u o que lacamen e se espe a, poco y menguado, se á muy a -
dío: y en e an o es necesa io da de come a muchos que no abajan […]. Pa a man-
ene una economía an in eliz, ¿dónde hab á ondos ni medios?90
Las educciones del Chaco no escapa on a los p incipios ec o es de la
ges ión jesuí ica y, en es e aspec o, las uen es consul adas dan pe ec a
cuen a de las ac i idades económicas p omo idas po los misione os en los
pueblos undados en las on e as con el Tucumán y con o as ju isdicciones
coloniales. El es ablecimien o de misiones no implicó la up u a de cie as
p ác icas na i as, man eniéndose la ecogida de miel o de u os como la
alga oba y el chaña , labo es es acionales a las que seguía el p oceso es i-
o- i ual de los pueblos chaqueños. La ecolección y la caza complemen a-
on el sus en o ob enido en los pueblos jesuí icos, al pe mi i se exp esamen-
e en algunos casos el man enimien o de ales ac i idades,91 como mues a
del p agma ismo que acabó po impone se en la ges ión misione a.92 A su
89 Vi a , 2000, 55. En algunos encla es misione os, la labo iosidad jesuí ica pe mi ió el
desa ollo de un égimen p oduc i o gene ado de abundancia y iqueza, lo que dio sus en o a uno de
los a gumen os cla e de las acusaciones con a la Compañía y sus p opósi os « empo ales» en Amé ica
(Ibidem, 29-33).
90 Ci ado en Fu long, 1955, 181. El Pad e Mu iel ag egaba más adelan e que el gobe nado de
Asunción inalmen e asis ió a la misión, cuidando «de odo lo empo al; y es cuan o podíamos desea ,
pa a insis i en el minis e io de la di ina palab a, con an o mayo empeño y a ención, cuan o más lib es
quedamos del cuidado de se i las mesas» (Idem).
91 Las Ins ucciones del gobie no del Tucumán con espec o a los malbalaes some idos en
1710 en las on e a occiden al chaqueña, especi icaban que se p ocu ase «buenamen e» pone los a a-
baja en la cons ucción de acequias y man enimien o de semen e as pa a saca los de su «ociosidad»,
lo cual debía ejecu a se «p incipalmen e con los mozos y muchachos, aplicando los de edad pe ec a
[sic] a la gue a, caza y o as ocupaciones a las que es án habi uados, po que no encon asen no edad
ni les hiciese iolencia» (Lozano, 1733, 388).
92 Con espec o a los g upos del Chaco aus al, Nacuzzi, 2007, 226, ha des acado la al e nan-
cia de la caza y las labo es ag ícolas y ganade as den o de la economía misione a.
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ez, el es ablecimien o de educciones p opició el despliegue de es a e-
gias po pa e de los indígenas, que se acogie on al égimen educcional
como uen e de ecu sos al e na i os en épocas de escasez:
¿Que á pues V. M. que con an a cos a de su Real Hacienda […] se man engan unas
educciones que solo si en de ab igo a unos bá ba os en iempo de hamb e, y cuan-
do el e eno los a i ualla con sus u os, huyen dejándonos el miedo de sus hos ili-
dades e in asiones?93
En la o ganización económica de las misiones, los jesui as se alie on
de cie as p ác icas ecolec o as de las e nias del Chaco con mi as a ob e-
ne bene icios come ciales, al como ocu i ía con la ce a y la miel. A es os
dos p oduc os se sumó la cochinilla, con i iéndose en aliosas piezas de
in e cambio en los ci cui os locales y egionales.94 Las «meleadas» —un
a ma de doble ilo pues as la colec a de miel se p oducían las «bo ache-
as»— ue on ole adas po los jesui as en unción de su en abilidad, en el
ma co de las negociaciones den o del espacio educcional:
En ando yo en una educción, hallé a los indios bo achos de comunidad [sic]. Aun
las muje es lo es aban, según me asegu ó quien los había is o. Habían salido los
indios a melea , es o es, a coge miel que sin indus ia les anquea muy libe al la
na u aleza en los ecinos bosques, y habían hecho de ella gua apo, bebida ue e de
que no cesan de bebe has a as o na su p opio juicio.95
La comida y el es ido se hallaban en e las p io idades de la plani i-
cación jesuí ica, de ca a a ob ene p og esos en la e angelización: «Una
colonia ame icana no abunda á en habi an es c is ianos, si no abunda en
acas y o ejas, ya que la lana es necesa ia pa a el es ido, y la ca ne como
alimen o». 96 Es as necesidades jus i ica on la in oducción de a eas p o-
pias de la ida acional o seden a ia, implan ándose la siemb a de algodón
y la c ía de o ejas, con el in de p omo e la manu ac u a ex il.97
93 Vi a , 2000, 51.
94 Fa be man, 2006, 13.
95 Vi a , 2000, 63. En la uen e (in o me del obispo Abad Illana, ci ado epe idas eces en es e
abajo), no se especi ica de cuál educción se a aba.
96 Dob izho e , 1968, 133.
97 La imposición de la labo ex il a un i mo compulsi o había ya p o ocado ue es eaccio-
nes en el pasado, como la p o agonizada po «la o a nación de calchaquíes» —en la an igua ciudad de
Concepción del Be mejo—, obligada a un «no pequeño ibu o» a sus encomende os: «[…] apu ados
sob emane a del con inuo abajo de bene icia el algodón y eje lienzos, y iendo a sus muje es muy
a anadas con el pe pe uo hilado, y igo con que se les pedía la a ea aun a la más ocupada en c ia sus
hijos, les o zó la necesidad a busca el desahogo» (Lozano, 1733, 92).
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Con espec o a la ganade ía, se igiló especialmen e la exis encia de
ebaños de o inos en las di e en es misiones del Chaco,98 e i ando el epa -
o de p endas ya e minadas a los educidos. Según las ins ucciones de la
Compañía pa a la undación de la misión abipona de Concepción, los doc-
ine os no quedaban obligados a p opo ciona es idos a los educidos,
«sino que se busca án o ejas y de la lana ha án las indias es idos pa a sí
y sus ma idos».99 Simila ejemplo o ece la misión lule de Mi a lo es, pa a
la que «se p ocu ó majada g ande de o ejas», ocupándose los homb es de
asquila las y las muje es de hila la lana pa a eje man as y ponchos pa a
ellas y sus cónyuges.100
En con as e con o as zonas de Amé ica, en las que el algodón se
usó desde los iempos p ehispánicos pa a con ecciona p endas,101 la
in oducción de su cul i o en e los chaqueños ue ob a de los misione-
os, ap o echando la disponibilidad de la mano de ob a emenina pa a
hila , eñi y eje , a ea es a úl ima ambién ealizada po los homb es.
La implan ación de la lana y el algodón u o como obje o suplan a el
ecu so adicional de la ib a del chagua , que suponía su ecogida en los
mon es y, po ende, el pelig o de que se ea i asen an iguas cos umb es
en las muje es.
Den o del conjun o educcional on e izo, el pueblo moco í de San
Ja ie cons i uye un caso pa adigmá ico en cuan o al obje i o jesuí ico de
con e i la educción en una unidad p oduc i a au ónoma, un log o al que
sin duda con ibuyó el abajo emenino. La c ónica de Paucke o ece en
de alle las bases de la campaña ex il emp endida y sus e ec os: disponibi-
lidad de ganado o ino,102 o ganización de la mano de ob a comuni a ia, p o-
ducción y acumulación de exceden es, come cialización de las manu ac u-
as y ci culación de bienes. En el desa ollo ex il ue c ucial el g an
98 Con elación a la c ía de o inos en las misiones de abipones y moco íes, éase Nacuzzi,
2007.
99 Vi a , 2000, 79. De hecho, la misión de Concepción había sido abas ecida «con mucho
núme o de ganados mayo es y meno es. De és os da ían o ejas a las indias pa a que con la lana se is-
iesen a sí y sus ma idos y de aquéllos echa ían mano pa a alimen a el gen ío» (Idem).
100 Fu long, 1941, 92.
101 En el mundo az eca, el ejido ue un ac o de e minan e de la iden idad emenina, como
indica Ramos Escandón, 2000, 248-249. La expe iencia de las indígenas en la manu ac u a ex il ue
ap o echada en los ob ajes coloniales pa a la con ección de p endas de lana, aunque inalmen e el algo-
dón acaba ía imponiéndose como ma e ia p ima (Ibidem, 249).
102 De hecho, la posesión de un buen s ock de o inos, unas «mil se ecien as o ejas con buena
lana» desde los inicios de la misión San Ja ie , a o eció una óp ima p oducción de manu ac u as ex-
iles (Paucke, 1942-1944, II, 271)
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«ap endizaje» de las muje es, hecho señalado po Paucke como u o de la
ida en misión, aunque el hábi o de hila , eñi y eje o maba pa e de las
adiciones emeninas. Tampoco los homb es queda on al ma gen del p o-
ceso: los «mozos» de la educción ue on en enados en la elabo ación de
al omb as y a los adul os se les ese ó, en la cadena de p oducción, la un-
ción de p ocu a o ejas pa a que no al ase lana pa a man as.103 La expe-
iencia misione a moco í ambién apo a da os de in e és sob e el discipli-
namien o del sec o e a io compues o po las niñas,104 a in de que cub ie an
su cuo a de labo comuni a ia: «Como aho a los indios y sus muje es, jun-
o con los hijos es aban ya en algo desacos umb ados al ocio, no quedaban
o as que sus hijas».105 El en enamien o desde emp ana edad pa a hace de
és as buenas in o e as y ejedo as, pe mi ió al pueblo con a al in «con
más de cincuen a niñas c ecidas, que compa ecían diligen emen e en es e
abajo».106
Pa a el con ol del abajo in an il, el misione o de San Ja ie ecu ió
a «una ieja india, cacica en iudada […] que en odo debía es a p esen e»
como «je a de las niñas», eniendo a su ca go el «cas igo» de las meno es
e icen es a las a eas ex iles y ambién la igilancia de su asis encia a la
doc ina.107 Es a in o mación induce a pensa que al ez se hubiese in en-
ado c ea en e los moco íes un sis ema simila al de los pueblos gua a -
níes, el co yguazú o «casa de ecogidas» de iudas, sol e as, hué anas y
muje es solas (po halla se ausen es sus ma idos), las que además de sus
obligaciones eligiosas, debían ocupa se en las «labo es muje iles de hila ,
cose y de ae agua y leña pa a su ecogimien o».108 En es e o den de
cosas, o o aspec o a des aca es la inco po ación de nue os agen es indí-
genas al p oceso ex il, señalando Paucke el caso de una an igua p isione a
de los españoles, a quien «nomb ó maes a de las niñas» en el ejido.109 Po
o o lado, con espec o a la p oducción de p endas, es de esal a que en e
algunos g upos indígenas, como los mbayá guaycu ú —que conquis a on y
103 Ibidem, 273-274.
104 Sob e las ac i idades desa olladas adicionalmen e po la población in an il en gene al y
la emenina en pa icula , solo se dispone de e e encias aisladas sob e la ecolección de aíces y u-
os comes ibles.
105 Paucke, 1942-1944, II, 272.
106 Ibidem, 272-273.
107 Idem.
108 El co yguazú comenzó a cons ui se en las misiones gua aníes desde 1714, con o me a lo
dispues o po el P o incial de la Compañía (Le in on, 2004-2005).
109 Paucke, 1942-1944, II, 273-274.
BEATRIZ VITAR
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escla iza on a los ag icul o es guanás—, sus muje es es ían man as de
algodón « ejidas po ellas o po sus escla as».110
El éxi o de la c uzada ex il emp endida po Paucke llegó al pun o de
consegui « oda una áb ica de man as […], po que las muje es y niñas ya
habían e igido su ins alación de eje delan e de sus chozas»,111 un símbolo
del modelo p oduc i o ins au ado po el égimen jesuí ico así como del
ecogimien o y «domes icación» de las muje es, con o me a los ideales
pa ia cales.112 El come cio con los exceden es de la p oducción ex il pone
de elie e la con ibución de las muje es al sos én comuni a io y a las inan-
zas de la p opia Compañía. Al espec o, Paucke apo a algunos da os aun-
que sin especi ica echas,113 como el en ío de dos emesas de man as a
Asunción, una de 73 man as « e minadas y bien elabo adas», po las que se
ob u ie on «48 quin ales de ye ba pa aguaya, 15 de abaco, [y] algunas
a obas de azúca pa a el pueblo»,114 y o a de 300, ope ación en la que el
mismo misione o había ac uado de in e media io con el in de e i a que
los indígenas uesen obje o de «engaños» po pa e de los españoles.115
En las misiones abiponas, la implan ación del ejido de lana acabó
eniendo una buena acogida en e las muje es. Las p endas de lana —« es-
idos de lana en a ios colo es, cuyos ejidos se asemejan a un apiz u -
co»—116 se con i ie on en un bien p eciado den o de la do e que el no io
debía paga a su u u a esposa, sumándose a la adicional en ega de caba-
llos, bolas de id io y lanzas con pun as de hie o. Po o a pa e, ambién
el algodón u o acep ación en e las abiponas, siendo es o mo i o de
110 Mu iel, 1918, 230. En lo que concie ne a la escla i ud emenina, en e los guaycu ú (mba-
yá guaycu ú) las muje es de o as e nias cap u adas en las ope aciones bélicas —incluidas las cau i as
españolas— e an luego endidas o en egadas po los gue e os a sus esposas, pa a que les si ie an
como escla as (Lozano 1970, II, 228). Simila es p ác icas exis ían en e los obas y moco íes, ya que
den o del bo ín de gue a en egado a sus muje es, jun o con las p eciadas «cabezas [las cabelle as]
enemigas», se hallaban las p isione as, que se ían como escla as o mancebas (Lozano, 1733, 71, 82).
111 Paucke, 1942-1944, II, 274.
112 El an es mencionado es udio sob e el se mona io del pad e An onio Viei a des aca ese a án
de «domes icación» de la muje , «con inando-a aos limi es es ei os da casa, enquan o ao homem dá
como p incipio na u al o espaço ex e io da mobilidade». Desde una pos u a escolás ica, Viei a conce-
bía que las muje es «não e iam indo ao mundo pa a i ine áncia, mas pa a es abilidade» (ci ado en
F anco y Mo án Cabanas, 2008, 61, 66).
113 Si bien se a a de ci as aisladas, es as sugie en un campo de es udio de in e és, como lo es
el olumen de in e cambio in e - educcional y con los es ablecimien os coloniales.
114 Paucke, 1942-1944, II, 271.
115 Ibidem, 274.
116 Dob izho e , 1968, II, 197. Un enómeno semejan e se obse a en el México colonial,
donde las indígenas se ol ie on «á idas consumido as de elas de lana» (Ramos Escandón, 2000,
248-249).
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