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Casacas rojas y capas pardas: los soldados británicos y el pueblo español en la Guerra de la Independencia

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Casacas rojas y capas pardas: los soldados británicos y el pueblo español en la Guerra de la Independencia

Author: Alberich Sotomayor, José
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2013
Source: https://idus.us.es/bitstreams/b574467f-d4b5-4361-bc65-390ac920577e/download
Poco después de la ba alla de Bailén, cuando el gene al
Cas años y su es ado mayo asis ían a misa en una iglesia ma-
d ileña, una manola se sepa ó de la muchedumb e y se abalanzó
sob e el co onel Whi ingham con an a ue za que ambos oda-
on po el suelo, mien as la muchacha exclamaba a oz en g i o:
“¡Bendi o sea el inglesi o de mi alma!”1.
Casi seis años más a de, al abandona la Península, el ca-
pi án de d agones William B agge mani ies a su hos ilidad a odo
lo español al a i ma que “no hay dos naciones más opues as en
odo que la española y la inglesa, ni dos ejé ci os que se de es en
mu uamen e más que los de es os dos países”, pa a conclui que
“las amosas o ejas me inas deshon a ían el ebaño de cualquie
gen leman inglés, y que ni las muje es ni los homb es, ni los
pe os ni los caballos, ni los asnos ni las mulas de es e país son
dignos de aslada se a Ingla e a, donde espe o no e nada es-
pañol sal o algún p isione o, un du o o un bole o”2.
¿Cómo se compaginan es os sen imien os an opues os en e
las clases popula es españolas y los mili a es ingleses que inie on
1. Anécdo a p oceden e de Fe dinand WhiTTingham, A Memoi o he Se ices
o Lieu .Gen. Si Samuel Fo d Whi ingham (Lond es, 1868) y ci ada po Ronald
FRaseR, La maldi a gue a de España, C í ica, Ba celona, 2006, p. 283.
2. William BRagge, Peninsula Po ai , Ox o d Uni e si y P ess, London,
1963, pp. 120 y 122. Las aducciones al español siemp e son mías, mien as no se
indique lo con a io.
CASACAS ROJAS Y CAPAS PARDAS: LOS
SOLDADOS BRITÁNICOS Y EL PUEBLO ESPAÑOL
en la GueRRa de la indePendencia
Po JOSÉ ALBERICH SOTOMAYOR
Mine ae Bae icae. Bole ín de la Real Academia Se illana de Buenas Le as, 2ª
época, 41, 2013, pp. 259-292.
a ayuda en la ebelión con a la in asión napoleónica? El con as-
e en e los dos casos que acabo de ci a puede debe se simple-
men e a di e encias pe sonales, pe o el lec o amilia izado con
muchos de los dia ios, epis ola ios o memo ias legados a la pos e-
idad po los mili a es b i ánicos, an o o iciales como simples sol-
dados o subo iciales, es a ía legi imado pa a e los ambién como
epí omes de ac i udes y sen imien os muy gene alizados en e los
na i os, de una pa e, y los aliados ex anje os, de o a.
Sabido es que las nue as au o idades españolas, imp o isa-
das y au o-nomb adas como e an, solici a on auxilio a G an B e-
aña, sob e odo de a mas y dine o, y al mismo iempo mos a on
g an descon ianza cuando se a aba de admi i opas inglesas en
plazas ue es ácilmen e de endibles. Esa descon ianza e a com-
p ensible en un país que había conside ado a Ingla e a su enemigo
adicional y que, en e ec o, siguió o icialmen e en gue a con ella
has a julio de 18083. Pe o el españoli o de a pie no compa ía esos
ecelos, ni siquie a sabía de ellos, y hay muchos es imonios de
cómo los casacas ojas ue on ecibidos con en usiasmo en oda
España, desde los pueblos más emo os de la cos a gallega4 has a
Don Beni o, en el su de Ex emadu a5, así como po Salamanca,
an o en la expedición de Moo e6 como en la de Welling on cami-
no de los A apiles7 y, po supues o, a su en ada en Mad id en el
e ano de 1812. Es e econocimien o popula se acen úa, como es
lógico, cuando el a ance de las opas aliadas hace islumb a el i-
nal de la gue a, y así nos lo ela a, po ejemplo, el capi án Kincaid
al en a en el alle del Eb o: “Po odas las ciudades y pueblos
que c uzábamos salían a ecibi nos las muchachas campesinas,
que solían ado na nos con gui naldas de lo es y que bailaban an e
noso os sus peculia es danzas”8. No poseo es imonios di ec os
3. Tales desacue dos ue on es udiados en de alle po el ma qués de
illauRRuTia en su ex ensa ob a Relaciones en e España e Ingla e a du an e
la gue a de la Independencia, 3 ols., Lib e ía de Bel án, Mad id, 1911-1914,
y son bien conocidas de oda la his o iog a ía española del siglo XX.
4. Cap . Basil hall, Co cubión, Uni e si y o Exe e , Exe e , 1975, p. 6.
5. Wal e henRy, Su geon Hen y’s T i les, Cha o & Windus, London, 1970, p. 54.
6. Ca ole oman, Si John Moo e, Hodde & S ough on, London 1943, p. 548.
7. John aiTchison, An Ensign in he Peninsula Wa , Michael Joseph,
London, 1981, p. 170.
8. Ci . po W.H. FiTcheTT, Welling on’s Men, Smi h, Elde & Co., London,
1900, p. 60.
JOSÉ ALBERICH SOTOMAYOR260
sob e las cos as de Le an e, pe o la his o iog a ía mode na egis a
la anglo ilia de plazas como Alican e y Ca agena, nunca ocupadas
po los anceses y de endidas en pa e po opas b i ánicas.
De es e en usiasmo se hace eco don Beni o Pé ez Galdós,
como siemp e bien in o mado, en sus Episodios Nacionales, co-
menzando po Cádiz, donde el inglés lo d G ay es admi ido de
buena gana en la e ulia de doña Ma ía del Rumbla :
“Tal ez ex aña á alguno de los que me oyen o me leen
que con an buena amis ad ue a ecibido un ex anje o p o es an-
e en casa donde impe aban cie as ideas con absolu o dominio;
pe o a es o les con es a é que en aquel iempo e an los ingleses
obje o de las más ca iñosas a enciones, a causa del auxilio que la
nación b i ánica nos daba en la gue a; y como e a opinión, o si
no opinión, deseo de muchos que los ingleses, y mayo men e los
he manos Wellesley, no eían con buenos ojos la no edad de la
p oyec ada Cons i ución, de aquí que los pa ida ios del égimen
absolu o aje an y lle a an con palio a nues os aliados”9.
Y luego, en La ba alla de los A apiles, nos desc ibe el es ado
mayo de Welling on como o mado po “mul i ud de o iciales de
odas las g aduaciones, españoles, ingleses y lusi anos que en a-
ban y salían, o maban co illos, dispu ando y b omeando unos con
o os en amis osa in imidad, cual si odos pe eneciesen a una mis-
ma amilia”. A englón seguido. Gab iel A aceli se decla a dispues o
a “mo i po la G an B e aña” mandando una opa escocesa que
asal a á el A apil G ande, mando que le concede Welling on bas-
an e in e osímilmen e, dada la pob e opinión que enía el Duque
de Hie o de los mili a es españoles10. Galdós, además de exage a
el espí i u de coope ación en e ingleses y españoles, que ía pone
a A aceli en plena ba alla, cosa que no hubiese sucedido si hubie-
9. Beni o PéRez galdós, Cádiz, La Gui nalda, Mad id, 1883. p.263. Sabido
es que el duque de Welling on no sen ía ninguna simpa ía po los libe ales
españoles, a los que conside aba demasiado jacobinos pa a sus p e e encias
polí icas, muy conse ado as.
10. B. PéRez galdós, La ba alla de los A apiles, La Gui nalda, Mad id, 1883,
pp. 386 y 453. Los despec i os juicios que, con poquísimas excepciones, emi ió
Welling on sob e los mili a es p o esionales españoles es án dispe sos po las
innume ables biog a ías suyas e his o ias de la gue a que p odujo el siglo XIX
en Ingla e a, pe o un buen esumen de ellos se encon a á en Pablo de Azcá a e,
Welling on y España. Espasa-Calpe, Mad id, 1960.
caSacaS RoJaS Y caPaS PaRdaS 261
a pe manecido en su unidad, mandada po el conde de España, y
que se man u o en el pueblo de To es “más bien pa a obse a al
enemigo que pa a a aca le”. A aceli, en el plan de Galdós, enía que
ac ua como un hé oe, se he ido de g a edad, a eba a un águila a
los anceses y se elici ado po el mismísimo Welling on11.
Son muchas y muy a iadas las in e enciones de opas o
je es ingleses en la España suble ada con a los Bonapa e, desde
la ocupación de Ta i a po los soldados del capi án Ske e , la e-
conquis a de Vigo con la ayuda de una aga a b i ánica, la expe-
dición del gene al G aham con a el ma iscal Víc o , que e minó
con la sang ien a ba alla de Chiclana, la misma de ensa de Cádiz
con con ingen es ingleses, el me odeo de Si Home Popham po
las cos as de Vizcaya y Guipúzcoa, e c, e c. En algún caso, los
menos, se a ó de a en u e os mejo in encionados y pin o escos
que e ec i os, como la “Legión Ex emeña” eclu ada y es ida
a la usanza española del siglo XVI po el ine able co onel John
Downie12 o las andanzas del poe a escocés Wal e Sa age Lando
con las opas de Blake13. Sin emba go, los g andes mo imien os
del ejé ci o b i ánico en España, los e dade amen e decisi os en
uno u o o sen ido, ue on de dos clases, a sabe , la expedición
de Si John Moo e po el no e de Ex emadu a, León y Galicia,
y las incu siones del duque de Welling on desde la on e a po -
uguesa y sus ce canías, p ime o has a Tala e a (1809), luego
has a Salamanca y Mad id (1812) y inalmen e a Vi o ia (1813)
y los Pi ineos, poniendo así in a la gue a. Son es as opas de
Moo e y Welling on las que nos han dejado mayo can idad de
no icias y juicios sob e los españoles que encon aban a su paso,
y al comen a las hab emos de ene en cuen a la du ación y la na-
u aleza de dichas expediciones. La his o ia mili a no es, pues,
sepa able de es os sondeos que pod íamos cali ica con el amplio
í ulo de sociología de la gue a. Lo que nos cuen an los soldados
de Si John Moo e hay que lee lo a la luz de una e i ada desas-
11. B. PéRez galdós, La ba alla..., p. 249.
12. Se opezó con ellos en las ce canías de Badajoz el capi án Moyle sheReR,
Recollec ions o he Peninsula, Longman, London, p. 230, quien a i ma no habe
is o nunca una opa an idícula, con sus jus illos acuchillados y capas co as,
empapados po el chapa ón que acababa de cae les encima. Galdós ambién los
desc ibe en Cádiz, pe o a ibuyendo su je a u a al quijo esco don Ped o del Congos o.
13. R.H. suPeR, Wal e Sa age Lando , John Calde , London, 1957, pp. 85-88.
JOSÉ ALBERICH SOTOMAYOR262
osa, sólo edimida po la he oica mue e de su je e a ex amu os
de La Co uña. Los ejé ci os de Si A hu Wellesley, en cambio,
pasa on en Po ugal la mayo pa e de su es ancia de casi cinco
años en la Península. La única pa e de España en la que in e na-
on y pudie on es ablece con ac o con inuado con la población
ue Ex emadu a y el su de Salamanca, en o no a la plaza ue e
de Ciudad Rod igo. Po la cuenca del Tajo, y luego po la del
Due o y el al o Eb o, has a los Pi ineos, a anza on a ma chas
o zadas (y así mismo se e i a on dos eces ap esu adamen e),
lo cual c eaba p oblemas de abas ecimien os y de anspo es,
que e an a su ez uen e de con lic os con unos na i os poco co-
nocidos y a los que es aban en ados de oba o causa daños pa a
asegu a se la p opia subsis encia. Welling on ue siemp e un je e
muy p eocupado po la disciplina e inclinado a cas iga , al ez
con exceso, a sus soldados, a los que aplicaba el no muy halaga-
do epí e o de “hez de la humanidad” (“scum o he ea h”), pe o
ese buen o den sólo se man enía en los la gos acan onamien os o
en las ma chas egula es, nunca en las e i adas ápidas y mucho
menos en las ciudades que acababan de su i un cos oso asedio.
Comencemos, pues, po la expedición de Si John Moo e, ge-
ne al conside ado el mejo del ejé ci o en la Ingla e a de su iempo,
encedo de los anceses en Egip o, pe o a quien algunos de sus
subo dinados encon aban pesimis a y pusilánime en exceso14. Una
ez de o ado el ejé ci o de Juno en Po ugal po Welling on, Moo e
se di ige a Salamanca con la mayo pa e de la opas inglesas, mien-
as Si John Hope y Si Edwa d Page a anzan con sendas columnas
has a el Esco ial y To o espec i amen e. Tan o en es as expedicio-
nes como en las mandadas po Welling on a pa i del año siguien e
(1809), los mili a es b i ánicos alo an a los paisanos españoles po
encima de los po ugueses, a los que conocen mucho mejo . És os
los han ecibido con júbilo y los han a ado gene osamen e, pe o los
ingleses c een que pecan de se ilismo. Los españoles, en cambio,
los a an de igual a igual, sin pe de nada de su dignidad. Así lo
esc ibe, po ejemplo, el subo icial Robe Blakeney, del ejé ci o de
Moo e: “Du an e nues a ma cha po Po ugal nos mezclamos con
gen e que en cie o modo nos admi aba y nos a aba con se ilismo.
14. Adam neale, In oduc ion o “The Spanish Campaign o 1808”, en
anónimo, Memo ials o he La e Wa , 2 ols., Cons able’s Miscellany, Edinbu gh
& London, 1828, II.
caSacaS RoJaS Y caPaS PaRdaS 263

Aho a encon amos un pueblo que no conside aba a ningún ex an-
je o supe io a ellos mismos... Los españoles, aunque an gene osos
como los po ugueses, o ecían su hospi alidad con o gullo y since-
idad, sin ninguna os en ación”15. Si Robe Ke Po e , en la misma
expedición, sien e que el co azón le la e acele adamen e al ace ca se
a esos “ alien es hijos de la libe ad, en cuyos os os espe o e el
b illo del en usiasmo”16. El al é ez Ai chison, al c uza la on e a
en julio de 1809, encuen a en las ce canías de Plasencia un país
“bien cul i ado y con casas y gen es de mucho mejo aspec o que
las po uguesas”17. She e , al isi a Badajoz po p ime a ez, halla
que “el español iene nobles acciones, al a es a u a, anda e ec o
y modales al i os; su o ma de habla a ía mucho, pe o suele se
g a e y solemne, excep o cuando se habla de emas de g an in e és.
En es os casos su os o se anima ex ao dina iamen e”18. También
William B agge, a pesa de su odio a odo lo español, nos conside a
mejo es que los lusos19. Es os juicios an a o ables no a da án en
e se in e idos, como p on o cons a a emos.
En Salamanca, Si John Moo e pasó un mes, dis u ando de la
hospi alidad del ma qués de Ce albo, que le cedió su casa-palacio, y
de la simpa ía de la población. Sus opas se compo a on ejempla -
men e, con o den y disciplina no ables. Po in, el 13 de diciemb e,
después de algunas acilaciones po pa e de su je e, a quien descon-
ce a on los acon ecimien os (Mad id se indió a Napoleón el 4 del
mismo mes), salie on de la ciudad con in ención de uni se a las opas
del ma qués de La Romana en el No e y llega on el día 15 a To o,
donde la población les ecibió con júbilo. Todos ab ie on sus casas a
los “English he oes”. Pe o es a buena disposición cambió b uscamen-
e cuando los na i os se en e a on de que Moo e y su ejé ci o, amena-
zados po Napoleón en pe sona al mando de sus mejo es opas, ini-
ciaban la e i ada. En Mayo ga “el pueblo no podía ene peo aspec o,
pues los habi an es, que se habían hecho in isibles, habían ce ado sus
con a en anas y a ancado sus pue as, no sin mo i o, al pa ece , pues
15. Robe Blakeney, A Boy in he Peninsula Wa , John Mu ay, London
1899, pp. 27-28.
16. Si Robe Ke PoRTeR, Le e s om Po ugal and Spain, Longman,
London, 1809, p. 94.
17. J. aiTchison, An Ensign..., p. 51.
18. Cap . M. sheReR, Recollec ions, p. 73.
19. W. BRagge, Peninsula Po ai , p. 45.
JOSÉ ALBERICH SOTOMAYOR264
había indicios de que los o iciales habían sido incapaces de impedi a
sus homb es que saqueasen algunas casas. Los soldados, negándose a
espe a a que llegase el bagaje pa a da les sus suminis os, se habían
apode ado de lo que podían, obando alimen os e incluso a ancando
el made amen de las casas pa a hace hogue as... En Valde as, que ue
la pa ada siguien e pa a las columnas de Hope y F ase , los paisanos
le an aban el puño ce ado a los casacas ojas, y és os les con es aban
que si e an homb es po qué no luchaban po su país”20.
He leído las na a i as de sie e mili a es, de muy di e en e g a-
duación, que ue on es igos p esenciales de esa ágica e i ada, y o-
dos coinciden en la desc ipción de sus más e ibles sucesos. Algunos
conside a on milag oso el llega con ida a La Co uña. El desmad e
comenzó, en sus peo es o mas, en las ce canías de Bena en e, donde
los soldados alojados en el palacio acío de la duquesa de Osuna (que
había huído a Se illa) des oza on sal ajemen e muebles y cuad os,
hicie on uegos en el suelo y du mie on en uel os en apices de g an
alo 21. En Sahagún se ensaña on con el palacio de los condes-duques
de Bena en e y en ambos luga es pe o a on las ba icas de ino que
pudie on encon a y se embo acha on a conciencia22. La aíz psico-
lógica de es os desmanes, apa e de las necesidades ísicas de los sol-
dados du an e un in ie no muy ío y llu ioso, es á en que las opas
de Moo e, cansadas de hui y deseosas de da ba alla a los anceses,
se desmo aliza on cuando acasó el encuen o con el ejé ci o del ma -
qués de La Romana. És e llegó a de a la ci a, con una escasa opa de
se es desa apados, hamb ien os y descalzos; los ingleses espe aban
e se e o zados po un ejé ci o español bien pe echado y dispues o,
y a ibuye on a es a desg aciada decepción la decisión de e i a se a
La Co uña, cuando en ealidad lo que mo i ó a Si John Moo e ue la
no icia de que un ejé ci o de 70.000 homb es, con Soul y Napoleón a
la cabeza, a anzaba ápidamen e po el no e de Cas illa y León pa a
co a les la e i ada. “De allí en adelan e -esc ibe Blakeney- el odio
20. c. oman, Si John Moo e, pp. 548-563.
21. anónimo, “Jou nal o a soldie o he Se en y Fi s Regimen ”, en
Memo ials o he La e Wa , 2 ols., Cons able’s Miscellany, Edinbu gh &
London, 1828, I, pp. 53-55 y p. 178. Ve ambién R. FRaseR, La maldi a gue a,
p. 368 y Ra ael FaRias, Memo ias de la gue a de la Independencia esc i as po
soldados anceses, Edi o ial Hispano-A icana, Mad id, 1919, p. 218.
22. Si R.K.PoRTeR, Le e s, pp. 243-244. Ve ambién A. BReTT-james, Li e
in Welling on’s A my, Allen & Unwin, London, 1972, pp. 58-59
caSacaS RoJaS Y caPaS PaRdaS 265
y el desp ecio po los soldados españoles llenó los pechos de odos
los mili a es b i ánicos, y es os sen imien os se eno a on en Tala e-
a y se con i ma on en La Ba osa (Chiclana), y po mo i os pa eci-
dos se pe pe ua on en e los ingleses has a el in de su es ancia en la
Península”23. Es e odio se hizo ex ensi o a los ci iles que u ie on
que sopo a el sal ajismo y la u ia de los casacas ojas, como eco-
noce uno de los más humanos en e es os úl imos, el anónimo soldado
del egimien o 71 de In an e ía Lige a: “Los pob es españoles enían
poco que espe a de es os homb es que les culpaban de inac i idad. A
odos los que encon aban en sus casas los ildaban de aido es a su
país... Los b i ánicos es án aquí pa a lucha po la libe ad de España,
y ¿po qué no es á a mado y luchando odo español? Su causa no es la
nues a, ¿ enemos que se noso os los que su imos?... Es os e an los
sen imien os más comunes en e nues os soldados, y de es os sen i-
mien os nacie on los saqueos y desmanes subsiguien es”24.
Tenemos que ol e a Blakeney, pues es e jo en o icial, al
se i en la e agua dia, iba encon ándose po donde pasaba odos
los ho o es come idos po las unidades inglesas que le habían p e-
cedido. Su ela o es ho ipilan e. En Bena en e se concen a on mu-
chas opas y se comenzó a des ui almacenes pa a que no se apode-
asen de ellos los anceses. Los paisanos se negaban a da ni ende
comes ibles, sabiendo que los ingleses iban en e i ada y que p on o
end ían los anceses exigiendo aciones, ac i ud muy c i icada po
el na ado , que la a ibuye a hos ilidad g a ui a. En As o ga se ope-
za on de nue o con las opas hamb ien as y desnudas del ma qués
de La Romana, que oba on comida y opa donde pudie on, mien-
as los ingleses se lanzaban a bebe odo el ino que encon a on25,
y, bo achos como cubas, o za on su en ada en algunas casas y
23. R. Blakeney, A Boy, p. 35.
24. anónimo, Memo ials o he La e Wa , I, p. 54. Es a ac i ud es has a cie o pun o
disculpable en el poco ins uido soldado aso que no se imagina cuál se ía su si uación
en un país in adido po el enemigo desde an es del p incipio de la gue a, pe o no así
en los o iciales que compa ían dicha animosidad. Nadie ha esumido mejo que Hans
Ju e schke (Los a ancesados en la gue a de la Independencia, Sa pe, Mad id, p. 119)
la c í ica si uación de la mayo ía de la población española en esos años: “En e los dos
ex emos, el del he oico y aná ico lidiado po la esis encia de un lado, y el del ac i o
pa ida io de José del o o, oscilaba la g an masa del pueblo español, cie amen e no
adic a al in uso, pe o esignada en g an pa e y, de hecho, o zada a doblega se an e la
du a ley del conquis ado o adap a se a ella”.
25. R. Blakeney, A Boy, p. 46.
JOSÉ ALBERICH SOTOMAYOR266
mal a a on a los habi an es, cosa que mo i ó una p o es a o icial del
ma qués26. En la misma As o ga se descub ió una de las o mas más
di e idas de oba que enía la opa: imi a con habilidad el caca eo
de los gallos y hace así sali a las gallinas que habían ocul ado sus
dueños. Bembib e p esen aba un e dade o ma emágnum de delin-
cuencia: habían pasado po allí o as unidades, que habían obado y
des uido a mansal a. No quedaba una pue a ni una en ana sana
y “ i e s o wine” salían de algunas casas y llenaban la calle, donde
se amon onaban soldados, muje es, niños, ca e e os, con un líquido
ojo que les salía po las bocas y las na ices, y que no e a sang e sino
ino. Los ezagados que no pudie on segui a los ingleses su ie on
al día siguien e el a aque de la caballe ía ancesa, que los masac ó
sin piedad, sin pe dona a iejos, muje es ni niños27. Los je es in en-
aban de ez en cuando impone la disciplina mili a . En Villa anca
del Bie zo se usiló en público a un soldado que en ó en un almacén
del ejé ci o y obó, y en Cacabelos el gene al Page , a iesgo de se
alcanzado po la caballe ía ancesa, se de u o en la plaza y o mó
un cuad o pa a aho ca a dos soldados lad ones, pe o al inal los
pe donó y les hizo da media uel a pa a en en a se al enemigo28.
Al llega a Villa anca se encon a on el pueblo en llamas, o
eso pa ecía: lo que ocu ía en ealidad e a que la in endencia enía
allí unos depósi os de í e es y los es aba quemando pa a que no
cayesen en manos del enemigo. Pusie on cen inelas que impedían
a los hamb ien os soldados coge galle a o ca ne de las hogue as,
pe o algunos log a on con sus bayone as pincha ozos chamusca-
dos de ca ne de ce do. Los o iciales que golpeaban a los soldados
pa a que no cogiesen nada se aleg a on esa noche, cuando llega on
a He e ías, de pode come algo de lo obado. En es e pueblo,
después de e po el camino innume ables ezagados mue os,
encon a on un g upo de es homb es, una muje y un niño o -
mando mon ón en medio de la calle, al ededo de una asija con
es os de on: sin duda se habían in oxicado y mue o de ío. Nu-
me osos caballos u ie on que se sac i icados po sus dueños, que
les dispa aban con los ojos llenos de lág imas; habían pe dido las
he adu as y no había cla os pa a he a los de nue o. Es o suce-
26. c. oman, Si John Moo e, p. 569.
27. R. Blakeney, A Boy , p. 46-51. El je e de esa caballe ía, Colbe , mu ió
poco después a manos de los ingleses y encon ó su me ecido.
28. R. Blakeney, A Boy, pp. 52-56.
caSacaS RoJaS Y caPaS PaRdaS 267
emos”. Hen y se mues a especialmen e ag adecido al jo en cu a,
que lo a ó con g an ole ancia y gene osidad, sob e odo si se ie-
ne en cuen a que una e ce a he mana del sace do e, abadesa de un
monas e io, había sido iolada po soldados b i ánicos as la oma
de Badajoz. El mismo médico pasó luego es meses en T ujillo,
en casa de un conde descendien e de Piza o y muy eng eído con
sus blasones, pe o cuyas dos hijas sol e as mima on al huésped, al
que despe aban odas las mañanas con un chocola e muy ico47.
A eces piensa uno que es os sen imien os de g a i ud y
bene olencia dependen más del ca ác e del suje o que los expe-
imen a que de las ci cuns ancias obje i as en que se halla, pues
en la misma si uación unos lo encuen an odo muy mal y o os
se inclinan a e el lado a o able de las cosas. Tal es el caso del
anónimo dia is a ( an sólo conocemos su nomb e de pila, Tom),
soldado del egimien o 71 de In an e ía Lige a, un escocés a en-
u e o que se alis ó en el ejé ci o po escapa de su amilia y se
encon ó de sope ón, sin sabe po qué, en el Rio de la Pla a,
donde los u u os a gen inos lo hicie on p isione o y, según él,
lo a a on muy bien. En oc ub e de 1808 en a en España po
p ime a ez, po Badajoz, con la di isión de Si John Hope, y allí
ecibió ambién un buen a o, an o po pa e de los habi an es
como de los soldados españoles, cosa es a úl ima bas an e a a
de oi en boca de un b i ánico. Lo mismo le ocu ió, al ol e
del Esco ial hacia Salamanca, en un pueblo donde acampa on
y donde los ecinos les suminis a on odo lo que necesi aban,
a más de algunos ba iles de un lico que él llama “accaden ”
[¿agua dien e?]48. Pe o donde más iempo pasó en e españoles
ue en una ciudad que él desc ibe como impo an e me cado y
c uce de caminos, en el in ie no de 1813. Debe a a se de Béja
[“Boho”, en su peculia o og a ía] , en casa de un al Gál ez y
su amilia. Había mucha u a, y lo a aban como a un hijo, dán-
dole de come lo mejo que enían. En su iempo lib e enseñaba
a lee (¿) a los niños de la casa. Aquella amilia, po su piedad,
le eco daba a las escocesas, pues an es de acos a se ezaban un
pad enues o y el salmo XXIII49. “Cuando yo les dije -esc ibe
Tom- que en Escocia hacían lo mismo, me mi a on asomb ados
47. W. henRy, Su geon Hen y’s T i les, pp. 52-55.
48. anónimo,Memo ials, I , pp. 52-53.
49. “El Seño es mi pas o , nada me al a”.
JOSÉ ALBERICH SOTOMAYOR274

y me p egun a on que po qué ezaban así los he ejes”. Todos los
soldados de esa unidad pasa on un buen in ie no, a ados con
simpa ía; incluso ap endie on a o ea . Bailaban con los beja a-
nos, que ocaban las cas añuelas; los b i ánicos se so p endían de
la sensualidad del andango. Cuando u ie on que abandona la
ciudad en el mes de mayo: “Yo nunca había sen ido pena al deja
ninguna población en España. La mañana en que nos uimos la
ciudad quedó desie a, pues sus habi an es nos acompaña on un
buen echo. Las muchachas llo aban y co ían a me e se en e
nues as ilas pa a que no les iesen sus amilias mien as se des-
pedían de sus amigos. Los pad es i aban de sus hijos y les ega-
ñaban. Los soldados y los habi an es can aban e in e cambiaban
adioses. Casi odos los homb es lle aban el pañuelo en la boca
de sus usiles. Los hijos de Don Gal es [sic] se despedían de mí
llo ando. Nunca los ol í a e . Dios les bendiga”50.
O o mili a muy di e en e, el al é ez Blakeney, cuyos juicios
du ísimos sob e los españoles hemos ansc i o más a iba, pasó ce -
ca de un año en Ta i a con las opas inglesas que, p oceden es de
Gib al a , p o egían es a ciudad, que nunca cayó en manos de los
anceses. Desde allí omó pa e en la expedición con a Víc o que
e minó con la ba alla de Chiclana y ol ió he ido a su alojamien o
de Ta i a, en la casa de un anciano sace do e, don Fabián De qui.
“Su he mana, una sol e ona mayo que i ía con él -esc ibe el al-
é ez- ambién me a aba con un ca iño y un cuidado imposibles
de desc ibi . Cuando le dije a es a seño a que la bala que me había
alcanzado había pasado an es a a és de una na anja, un bollo de
ación y un pollo asado, la buena muje se a odilló con los ojos
a asados de lág imas y eci ó una e o osa o ación de g acias a la
san ísima Vi gen po habe c iado el a e que, según ella, me había
sal ado la ida milag osamen e”. Al sali de Ta i a con su unidad,
po ba co, umbo a Lisboa, “ oda la población es aba en la playa
i ándonos besos y haciendo ondea al ien o sus pañuelos. Los co-
50. anónimo, Memo ials , I, pp. 108-112. Es e Tom e a un sen imen al.
Después de más de sie e años en el ejé ci o, y de sob e i i a la ba alla de
Wa e loo, se encon ó en Edimbu go sin dine o y eniendo que i i a cos a de
su he mana y su cuñado, has a que decidió ma cha se. Pe o an es esc ibió a un
amigo ín imo con iándole su manusc i o, y en esa ca a decía que al ez se i ía
a Buenos Ai es, donde le habían a ado muy bien, o a España, pa a i i en
“Boho”. Pa ece se que emig ó a A gen ina en 1818.
caSacaS RoJaS Y caPaS PaRdaS 275
nocíamos a odos, y el ecue do de an os días elices pasados allí,
donde an as eces ocamos y can amos y bailamos el aleg e andan-
go, nos a ancó a odos una lág ima o un suspi o”51.
Cuando las opas de Welling on ol ie on a ocupa Fuen-
es de Oño o, después de la e i ada de Massena, se encon a on
el pueblo incendiado y de as ado, un luga donde habían pasado
casi un año. “Nues a di isión -esc ibe el anónimo e e ano del
egimien o 43 de In an e ía Lige a- conocía a odas las amilias del
pueblo, y po eso nos causó p o undo pesa e que los soldados
que nos habían p ecedido habían en ado a saco, dejando sólo el
esquele o de unas casas donde, es días an es, i ía apaciblemen e
una población siemp e amis osa con noso os. Y an o lamen amos
odos es a sal aje des ucción que el ejé ci o en e o o ganizó una
colec a y en egó ocho mil du os a los in elices habi an es”52.
Es en ese incón de la p o incia de Salamanca, al no e y
al su de la sie a de Ga a, en Gallegos, Fuen es de Oño o, o más
a iba, en F eneda, donde Welling on y sus homb es pasa on los
momen os más anquilos y o denados de su es ancia en España,
donde el gene al en je e y Si Rowland Hill, su más capaz subo di-
nado, se en egaba a place es como la caza con pe os aídos espe-
cialmen e de Ingla e a, o donde el Duque de Hie o nos o ece una
insóli a es ampa de humanidad c uzando la plaza de F eneda dan-
do la mano a una niña española de cinco o seis años, can u eando,
pa a comp a le ca amelos en alguno de los pues os del me cado53.
En esos años úl imos de la inacabable gue a (1812- 1813),
cuando las ic o ias de los aliados comienzan a endi sus u os,
es ambién, lógicamen e, cuando las elaciones en e los españo-
les y las opas inglesas se uel en más dis endidas y amis osas.
Sus dia is as nos hablan de bailes, an o po pa e de los campesi-
nos como con pa icipación de los casacas ojas, y an o en luga-
es de pocos habi an es (Isa [Bu gos], Olmedo, Rueda, Ta alla)
51. R. Blakeney, A Boy, p. 209. Es e au o da como apellido de su an i ión
“Du que”, pe o iene que se De qui, nomb e de una amilia muy a aigada en
la ciudad.
52. anónimo, The S o y o a Peninsula Ve e an, p. 140 y W.F.P. naPieR,
His o y, II, p.147.
53. a. BReTT-james, Li e , p. 248 y W. henRy, Su geon Hen y’s T i les, p. 61.
Según Kincaid, Welling on salió a galope de ás de una lieb e poco an es de comenza
la ba alla de los A apiles (W.H. FiTcheTT, Welling on’s Men, p. 70).
JOSÉ ALBERICH SOTOMAYOR276
como en ciudades de mayo en idad (Isla de León, Cádiz, Ciudad
Rod igo, Medina del Campo, Salamanca, Mad id). Po esos días,
“siemp e que las opas i aqueaban ce ca de una ciudad más de
unos pocos días, los habi an es solían isi a los. En la ecindad
de Salamanca, en junio de 1812, los españoles mon a on un bien
abas ecido me cado en el mismo campamen o, y odas las a des
acudían miles de pe sonas de la ciudad pa a di e i se, can a y
baila has a que las ompe as y ambo es de los mili a es ad e -
ían a los ci iles que e a ho a de i se a la cama”. Es as escenas
debie on hace se habi uales, pues en un luga cuyo nomb e no he
podido iden i ica [¿ Leomil?] , el enien e Le Mesu ie se queja-
ba de que las seño as locales e an an agas que no que ían bai-
la , y los o iciales se eían obligados a baila unos con o os [¡]54.
El domingo 28 de junio de 1812, as la endición de los ue es
anceses de Salamanca, se celeb ó un Te Deum al que asis ie on
Welling on y odos sus gene ales. Po la a de hubo iluminacio-
nes y uegos a i iciales; las muje es hicie on hogue as en las
calles con ces as y sillas, mien as los niños pequeños, en g upos
de seis u ocho, bailaban bole os a su al ededo , acompañados de
cas añuelas. Po la noche, los salman inos die on un magní ico
baile al gene al en je e y sus o iciales, en el que ue muy g a i i-
can e e a mili a es b i ánicos, po ugueses y españoles pa ici-
pando en las mismas danzas con la más absolu a co dialidad55.
Lo cu ioso es que muchos ingleses (y aun más los pu i a-
nos escoceses) encon aban inmo ales los bailes españoles, an o
los u ales como los u banos. A Si Robe Ke Po e el bole o le
pa ecía una danza sal aje que se in en ó pa a “exp esa pasiones,
y no p ecisamen e las más ie nas”56. A Geo ge Hennell, los bailes
españoles le esul a on boni os pe o indeco osos, ya que “la muje
coge al homb e po la cin u a con un b azo y el a ón ambién
odea a la muchacha”57. Pe o los bailes seguían celeb ándose, y el
más espléndido de odos u o luga en Mad id en agos o de 1812,
como pa e de los es ejos con que la capi al ecibió al encedo de
los A apiles58. No an b illan e, pe o más sonado, ue el que le o e-
54. a. BReTT-james, Li e , pp. 103 y 168.
55. J. aiTchison, An Ensign, p. 170.
56. Si R. k. PoRTeR, Le e s, p. 111.
57. Geo ge hennell, A Gen leman Volun ee , Heinemann, London, 1979, p. 25.
58. J. aiTchison, An Ensign, pp. 186-189.
caSacaS RoJaS Y caPaS PaRdaS 277
ció la nobleza esiden e en Cádiz a inales de diciemb e del mismo
año, pues Welling on se las compuso pa a cena sólo odeado de
seño as, dejando a los a ones ue a de la sala59.
Los mili a es ingleses ambién se di e ían a eces o ga-
nizando unciones de ea o a las que in i aban a las chicas del
pueblo. Una de las que más éxi o u ie on en e la opa ue la
agedia i ulada The Re enge, de Edwa d Young, una especie de
O elo con pe sonajes p e endidamen e españoles, ep esen ada
en Fuen eguinaldo. En Gallegos algunos o iciales pusie on sob e
las ablas la comedia de She idan The Ri als. Los pueble inos,
sin emba go, no pe dían la cabeza po asis i a es as unciones,
ya que no solían en ende lo que se hablaba en el escena io, y a
las muje es les epugnaba la cos umb e inglesa de da papeles
emeninos a los a ones60. Las co idas de o os, en cambio, que
a los españoles les pa ecían el mejo espec áculo que se podía
o ece a sus aliados, no siemp e e an ap eciados po és os, a
los que les epugnaba sob e odo el e los caballos a as ando
las ipas po el uedo. La que dio el Ayun amien o de Mad id
en hono de Welling on ho o izó a Geo ge Hennell, y o as se-
mejan es que se celeb a on en T ujillo, Se illa, Cádiz y Bilbao
ampoco ue on acogidas con excesi o en usiasmo61.
En es a época que pudié amos llama de bonanza, desde
el pun o de is a de la con i encia, ocu ie on sin emba go al-
gunos hechos e ibles de odo el mundo conocidos, es deci , los
saqueos de Ciudad Rod igo (19 de ene o de 1812), Badajoz (6
de ab il de 1812) y San Sebas ián (31 de agos o de 1813) po las
opas aliadas. Se á indispensable eco da , po aho a, algunos
da os de los dos p ime os.
Según el capi án de usile os Kincaid, que acudió a la plaza
p incipal de Ciudad Rod igo, donde es aban o mados los p isione os
de la gua nición ancesa, el es o de la plaza es aba lleno de soldados
ingleses y po ugueses, odos mezclados, que empeza on a dispa a
sin on ni son a las pue as y a las en anas de las casas ci cundan es, a
los ejados, y algunos a las nubes, “y al in algunas cabezas se ie on
cae de los homb os”, has a que apa eció Si Thomas Pic on sol ando
59. Ma qués de illauRRuTia, Relaciones, II, p. 519.
60. a. BReTT-james, Li e, pp.162-163 y G. hennell, A Gen leman, p. 64.
61. G. hennell, A Gen leman, p. 47 y A. BReTT-james, Li e in Welling on’s
A my, p. 217.
JOSÉ ALBERICH SOTOMAYOR278
acos con su g an oza ón y los co oneles Ba na d y Came on, con
o os o iciales, aga a on los cañones de algunos usiles o os y se lia-
on a po azos con los soldados que dispa aban o ca gaban sus a mas.
T es casas comenza on a a de y g acias a los es ue zos del co onel
Ba na d, que es u o allí oda la noche, no se p opagó el uego a o os
edi icios62. Pa ecido es el ela o del anónimo sa gen o del egimien-
o 43 de In an e ía Lige a: “Los aliados co ie on de odas pa es a
ocupa las calles... La ciudad ue incendiada en es o cua o luga es;
los soldados amenazaban a sus o iciales y se dispa aban unos a o os;
muchos mu ie on en la plaza del me cado. Las bo ache as hicie on
que aumen ase el deso den, y, po in, en el enesí de aquella com-
ple a locu a, hubo quien p endió uego in encionadamen e a un g an
almacén, lo cual hab ía hecho a oda la ciudad sal a po los ai es a no
habe sido po la ene gía y el alo de unos pocos o iciales y soldados
que no pe die on la cabeza”63. Según J. Col ille, “Welling on, que e a
muy se e o con los saqueado es, se sin ió disgus ado, sin duda, pe o
no impuso ningún cas igo”64. Lo cu ioso es que algunos esc i o es mi-
li a es de la época a a on de embellece es as desas osas conduc as
con palab as como las de Moyle She e , quien esc ibe que as la oma
de Ciudad Rod igo “muy pocos [enemigos] ue on pasados po las a -
mas, pues los soldados ic o iosos los a a on no sólo con ole ancia,
sino con amis ad. Sin emba go, “la población su ió la is e sue e de
odas las plazas omadas po asal o”65.
Esa sue e ue aun más is e en el caso de Badajoz. Aunque
hay a ios ela os de p ime a mano de aquella o gía de sang e,
ino y pillaje, oy a esumi el de Robe Blakeney, no able como
siemp e po su i idez y de allismo. Lo p ime o que nos so p en-
de es que acudiesen paisanos de oda la coma ca pa a p esencia
el asal o, como quien a a e una exhibición de pi o ecnia: “Yo
me í odeado al momen o po una mul i ud de españoles, miles
de los cuales, de odas las edades y sexos, se habían ido eunien-
do, p oceden es de los pueblos y luga es ecinos, pa a p esencia
el asal o a la ciudad y dis u a del b illan e espec áculo en el que
milla es de homb es, muje es y niños, incluidos sus compa io-
as, iban a mo i he idos de bala, de bayone a, o hechos añicos
62. W.H. FiTcheTT, Welling on’s Men, p. 93.
63. anónimo The S o y o a Peninsula Ve e an, p. 158.
64. J. col ille, Po ai , p. 87.
65. m. sheReR, Mili a y Memoi s, II, p. 155.
caSacaS RoJaS Y caPaS PaRdaS 279

po una explosión”66. Ya en el mismo cas illo, que ue lo p ime o
en cae , escalado po los homb es de Pic on, “las escenas e an de
na u aleza deplo able y e ible: asesina os, obos y oda clase de
excesos y obscenidades se come ían po doquie , a pesa de los
es ue zos que hacían los o iciales po impedi los”.
Al día siguien e, Blakeney quedó ho o izado cuando ol ió
a la ciudad. Las muje es no es aban segu as ni en las iglesias, y odo
el que quisiese impedi los desmanes de los soldados co ía el iesgo
de mo i de un i o. A las muchachas les a ancaban los pendien es
o los anillos, a eces con los dien es67. Se dispa aban usiles en las
calles o desde las en anas, y mo ían homb es, muje es y niños sin
más azón que el cap icho de los soldados bo achos. Cuando és os
no log aban ab i una pue a, jun aban diez o doce a mas de uego
y hacían sal a el ce ojo, o seguían dispa ando has a des oza la
pue a, a eces ma ando a los de den o. Blakeney y un amigo llama-
do Huddles on e i a on que la soldadesca en ase en la casa de una
muje que es aba a pun o de da a luz des ozando muebles y obje os
pa a que pa eciese que la casa ya es aba obada.
El saqueo du ó es días sin in e upción...En la mañana
del cua o día (10 de ab il) se en ió a la ciudad al egimien o nº
9 y se le an ó un pa íbulo en la plaza p incipal y en o os pun os;
así mismo se leyó un dec e o anunciando que el p ime homb e
que uese so p endido obando se ía ejecu ado, pe o no se aho -
có a nadie. Los soldados se habían uel o ejempla es de epen e.
Los po ugueses oba on ambién, pe o menos que los ingleses.
Además, como és os ol ían al campamen o (en las a ue as de
Badajoz) bo achos como cubas, los po ugueses les obaban el
bo ín que aían y los o os ni se en e aban68.
66. R. Blakeney, A Boy, p. 267. Todo el cap. XXIV me ece lee se.
67. R. Blakeney A Boy, p. 274. Según Glo e , una de las muje es que pe die on
sus za cillos de es a o ma ue una al Juana Ma ía de los Dolo es León, que ue
sal ada de peo es ul ajes po el capi án Smi h de la “Ri le B igade”, y con el cual
se casó dos días más a de, ac uando de pad ino lo d Welling on. Años después,
cuando su ma ido, ya Si Ha y Smi h, e a gobe nado de la Colonia del Cabo, ella
dio nomb e a la ciudad de Ladysmi h, amosa po su esis encia a los a aques de los
zulúes (G. hennell, A Gen leman, p.17). Ve Au obiog aphy o Si Ha y Smi h,
John Mu ay, London, 1901 y C is ina moRaTó, Las einas de Á ica, Plaza-Janés,
Ba celona, 2003, pp. 87-106.
68. R. Blakeney, A Boy, pp. 267-278. Según Kincaid, Welling on sí mandó
aho ca a algunos delincuen es (W.H. FiTcheTT, Welling on’s Men, p. 102).
JOSÉ ALBERICH SOTOMAYOR280
Algunos na ado es de es os lamen ables sucesos a a on
de amino a su culpabilidad has a cie o pun o. John Ai chison,
po ejemplo, achaca la sal aje u ia de los ingleses a que los ha-
bi an es de Badajoz no se habían po ado muy bien con las opas
acan onadas allí en 181069. El médico Wal e Hen y echa pa e
de la culpa a “ he ascally mob”, la gen uza local que hay en las
ciudades de cie o amaño y que si ió de guía a los ingleses y
po ugueses señalándoles las casas que me ecía la pena saquea
pa a pa icipa ellos en el bo ín. Ase e a, además, que las opas
de la cua a di isión que escala on el bas ión de San Vicen e, al
dispe sa se po las calles ecibie on dispa os de anco i ado es
españoles que hacían uego desde las en anas, y ema a es as i-
dículas excusas con la más absu da de odas: que nada de aquello
hubiese ocu ido si la plaza no se hubiese endido a los ance-
ses en ma zo de 181170. Pa a Geo ge Hennell, “según las leyes
de la gue a, los encedo es pueden ma a a odas las pe sonas
que siguen en el in e io de una ciudad omada po asal o [¡], y
nues os soldados dije on que lo ha ían, pe o un inglés no puede
ma a a sang e ía, y noso os lle ábamos apenas un cua o de
ho a en la ciudadela cuando los p isione os [ anceses] salie on
anquilamen e sin se moles ados”71.
Lo so p enden e es que dichos compo amien os, que igua-
la on e incluso supe a on al del enemigo galo, no despe asen
hos ilidad alguna en e los habi an es de Ex emadu a y Sala-
manca. Po el con a io, és os demos a on buena olun ad de
coope a y ayuda cuando oda ía la pe manencia de los aliados
es aba en duda, como a es igua Ai chison: “Du an e los es días
que pasamos en las al u as de Villanes [¿Villa es de Yel es?] ,
donde no había agua ni ma o ales pa a hace un uego, los paisa-
nos obedecie on aleg emen e las ó denes de Welling on y odos,
69. j. aiTchison, An Ensign, p. 147.
70. W. henRy, Su geon Hen y’s T i les, pp. 46-47.
71. g. hennell, A Gen leman , p.17. Si Cha les Oman sos iene que en e los
soldados ingleses de la Península había mucha gen e in eligen e, hon ada, sob ia y de
buenas cos umb es que hab ía espondido mejo al en usiasmo y a la con ianza que a
la “emb u ecedo a c ueldad” del código mili a p ac icado po Welling on. También
c ee que no odos los soldados e an an sal ajes como se dice, y que e a una mino ía
inco egible de 50 o 60 homb es po ba allón los que lle aban la oz can an e en
ocasiones como las que acabamos de comen a .
caSacaS RoJaS Y caPaS PaRdaS 281
homb es y muje es, jó enes y iejos, acudie on a ae nos can idad
de agua esca y de leña seca; y cuando eg esamos a Salamanca
el día 21, al pa ece o zados po el enemigo a e i a nos -ya que
nues o hospi al y nues os almacenes se habían asladado a la
e agua dia- nadie pensó en ep ocha nos que les abandonásemos,
po el con a io, casi odos pa ecían con ia en que ha íamos lo po-
sible po p o ege los, y los que ponían pocas espe anzas en nues o
iun o se mos aban esignados con su sue e y nos a a on has a
el úl imo momen o con la misma co esía que cuando llegamos”72.
Mejo aún se po a on los salman inos después de la ic o ia de
los A apiles, cuando más se necesi aba su ayuda, acudiendo odos,
g andes y chicos, e incluso las seño as de al o cope e, al campo de
ba alla pa a aslada los he idos a sus casas [sub aya el au o ] y
p ocu a les la mayo comodidad posible, p es ando ayuda ambién
en los hospi ales. “¡Que el es o de España siga el ejemplo de Sala-
manca y es a án ambién p o egidos!”, concluye Ai chison.
“El 22 de julio de 1812 -esc ibe o o es igo- salie on mu-
chos salman inos con é, ca é y o as bebidas, mien as ca os
ca gados de u as, alimen os y asijas con agua pasaban chi-
iando hacia el campo de ba alla. En la ciudad, las muje es ha-
bían p epa ado g an can idad de endajes pa a cub i las he idas
y aquella a de se ió en el campo a muchas chicas p es ando
ayuda a los he idos que podían anda . También les lle aban las
mochilas y los usiles. Los médicos de la ciudad salie on así mis-
mo con lin e nas y con asnos ca gados de endas y medicinas a
in de cu a a los he idos -a algunos de ellos po lo menos- sob e
el e eno”73.
Se ía ocioso insis i en la co dial acogida que p es a on los
mad ileños a los encedo es de esa ba alla, los es ejos que se o -
72. j. aiTchison, An Ensign, pp. 176-178. Ve ambién A. B e -James, Li e in
Welling on’s A my, p. 115. El p ime ani e sa io de la oma de Ciudad Rod igo
ue celeb ado con un baile po los españoles de es a localidad (A. B e -James,
Li e in Welling on’s A my, p. 168).
73. A. BReTT-james, Li e in Welling on’s A my, p. 265. Es os es imonios
con as an con las malé olas insidias de algún casca abias como el Tn e. Col.
Da id RoBeRTs , au o de The Mili a y Ad en u es o Johnny Newcome, (Me huen
& Co., London, 1904 [1816]) pa odia en e so de los dia ios y memo ias que
es amos comen ando, según el cual “peasan s unconce ned, h’ensuing day/
ploughed h o’ he honou ed soil whe e/ he oes lay” (p. 79).
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ganiza on, la espon aneidad con que ingleses y españoles -y sob e
odo españolas- paseaban jun os po las o illas del Manzana es o
po el P ado, las oces que i o eaban a Welling on cuando sa-
lía de paseo o apa ecía en el ea o...74. Todo eso cuando Mad id,
como o as ciudades españolas, es aba apenas saliendo de una e-
ible hamb una75 que hace a Geo ge Hennell asomb a se inge-
nuamen e de que los mad ileños coman poca ca ne y se con en en
con ensaladas y u a, haciéndole no a así mismo el g an núme o
de po diose os medio desnudos que poblaban las ace as y los chi-
quillos esquelé icos que se e ugiaban en los po ales pa a do -
mi . Algunos casacas ojas eacciona on gene osamen e an e es e
espec áculo: “Cua o o cinco egimien os han decidido ecolec a
las pagas de un día al mes pa a cos ea un epa o de sopa pa a los
pob es y los o iciales de los egimien os 95, 43, 94 y 47 ep esen a-
on una ob a de ea o que p odujo 250 du os pa a el mismo in”76.
El op imismo de los aliados du ó poco, pues el acaso del
asedio a Bu gos obligó de nue o a e ec ua una penosa e i ada
hacia la on e a po uguesa, ag a ada po un allo muy se io de la
in endencia b i ánica, algunos de cuyos comisa ios ue on juzga-
dos en Lond es77. Con un iempo in e nal de llu ia, ien o y ío,
la mo al del ejé ci o e a muy baja, los soldados se ezagaban y o-
baban lo que podían. Los ca e e os y a ie os españoles esponsa-
bles de la impedimen a dese a on casi en masa, cansados del mal
a o que ecibían po pa e de los o iciales ingleses. Los mismos
gene ales desobedecían las ó denes de Welling on y cambiaban de
u a sin su pe miso. La e i ada de Salamanca a Ciudad Rod igo,
que u o luga a p incipios de no iemb e (de 1812), con llu ias
o enciales y una casi absolu a al a de anspo es, ue dan esca.
John Ai chison encon ó el camino lleno de cadá e es de animales
74. Véase la ex ensa desc ipción de es os sucesos que hace j. aiTchison, An
Ensign, pp. 186-190.
75. C . R. FRaseR, La maldi a gue a , cap. 26.
76. g. hennell, A Gen leman, pp. 47 y 52. Hay que eco da que la ación
eglamen a ia del soldado inglés e a una lib a de ca ne, o a de pan o de galle a
y un aso de on al día. Los o iciales, cuando podían, se daban unas comilonas
pan ag uélicas de ca ne de acuno y co de o, empanadas, pe dices, pollos, e c.
Además se bebía muchísimo. Ve el mismo hennell, A Gen leman, p. 21 o W.
henRy, Su geon Hen y’s T i les, p. 94 o j. aiTchison, An Ensign, p. 142.
77. g. hennell, A Gen leman, p. 62.
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F ancia, donde les ecibían con í o es pe o no les p opo cionaban
las p o isiones ni la ayuda mili a que ellos espe aban, pues lle-
aba meses desp o is o de sus au o idades na u ales, odo es aba
en manos de jun as locales que i alizaban en e ellas, enían un
ejé ci o que se empeñaba en da ba allas campales (inspi ados en
la alsa con ianza que les dio la ic o ia de Bailén) y pe de las,
e c, e c. E a, además, un país pob e de ecu sos na u ales, sob e
odo en las egiones que más ecuen a on los ingleses (Ex e-
madu a, León, Galicia), que había su ido una g an hamb una en
1803-1805 y la ol e ía a su i en 181292. El soldado inglés es aba
acos umb ado a es a bien alimen ado, y si allaba la in endencia
española o b i ánica se eía en ado a oba a los na i os, a menu-
do paupé imos, y a pelea con ellos si se esis ían, po lo que les
llamaban aido es y alsos. También los acusaban de coba día, po
e en los pueblos a campesinos que no empuñaban las a mas en
de ensa de su pa ia. No se les ocu ía pensa qué hab ía sido del
país, y de ellos mismos, si no hubiese quedado nadie pa a cul i a
los campos y ecoge las cosechas o cuida del ganado, amén de
eje ce las labo es a esanas indispensables.
Además de es a o gullosos po pe enece a un ejé ci o
ue e y bien disciplinado (aunque incon olable en cie as si ua-
ciones), el mili a inglés mi aba con más simpa ía a su homólogo
ancés que a los españoles que enía que de ende . El ejé ci o bo-
napa is a ambién e a admi able, sus soldados alien es y ague i-
dos, sus ma iscales compe en ísimos es a egas y su empe ado el
mayo genio de la época. Hoy no nos so p ende que los memo ia-
lis as ingleses denunciasen los epugnan es ac os de c ueldad que
se come ían con los he idos inde ensos después de las ba allas93,
pe o sí nos ex añan los episodios de a e nización en e enemi-
gos, a los que el mismo Welling on e a p ocli e, con g an escán-
dalo del ayudan e y amigo de és e, don Miguel Rica do de Ála a94.
92. R. FRaseR, La maldi a gue a, pp. 759-760 y 697-698.
93. W. henRy, Su geon Hen y’s T i les, p. 59; anónimo, The S o y o a
Peninsula Ve e an, pp. 80-81; g. hennell, A Gen leman, pp. 32 y 139.
94. Ea l o sTanhoPe, No es o Con e sa ions, p. 225. Ála a no comp endía
la admi ación de los ingleses po aquellos laman es duques y p íncipes,
os en osamen e uni o mados y g andes i ido es que, po muy buenos mili a es
que uesen, a él sólo le pa ecían bandidos apaces y e dugos inmise ico des de los
españoles (Ve P. naPieR, Re olu ion, p. 138).
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Apa e de desp ecia a los ejé ci os egula es españoles
con más o menos azón, según los casos, los mili a es ingleses
enían una opinión muy pob e de los gue ille os, aun cuando
en algunas ocasiones colabo a on es echamen e con ellos (po
ejemplo, la caballe ía de don Julián Sánchez, el Cha o). Los mi-
aban como a bandole os y c iminales, de lo cual, cie amen e,
u ie on algo, pe o no siemp e, y desconocían el apoyo popula
que solían ecibi . Napie llegó a esc ibi en su his o ia que si
los anceses hubiesen log ado elimina las pa idas se hab ían
ganado la buena olun ad de los españoles, sin más95. Y hay un
inciden e poco conocido y muy inquie an e en elación con es e
asun o: el 25 de mayo de 1811 las gue illas de Espoz y Mina
so p endie on a un con oy ancés en el pue o de A labán y lo
deshicie on casi o almen e. El con oy lle aba nume osos ca os
ca gados con el bo ín de Massena y conducía a F ancia a 1.070
p isione os españoles, ingleses y po ugueses. A los p ime os
dispa os, los p isione os españoles, después de echa se cue po a
ie a, co ie on a uni se con sus libe ado es, pe o los cincuen a
y ocho p isione os ingleses, en ez de ap o echa la ocasión pa a
escapa , se apode a on de los usiles de los anceses y dispa a-
on con a los gue ille os96. ¿Fue una con usión, o enían más
miedo a los gue ille os que a los anceses?
Las “pa idas”, como se les llamaba en onces, juga on un
papel decisi o en los úl imos años de la gue a. Llegó a habe
330 de ellas, y su o al se calcula en unos 50.000 homb es, es
deci , casi an os como los del ejé ci o egula (70.000). Napo-
león, cuando p epa aba su campaña de Rusia, donde su i ía una
espan osa de o a a manos de un ejé ci o popula semejan e al de
los españoles, las omó muy en se io; emía sob e odo que lle-
gasen a in adi e i o io ancés, y o denó a sus gene ales Reille
y Suche que o ganizasen su pe secución con un ejé ci o de cien
mil homb es, cosa que nunca se lle ó a cabo po pu a imposi-
95. W. F. P. naPieR, His o y, II, p. 143.
96. José Ma ía iRiBaRRen, Espoz y Mina el Gue ille o, Aguila , Mad id,
1965, p. 35 y R. FRaseR, La maldi a gue a, p. 643. El p ime o da como uen e
a E. maRTín, La Genda me ie F ançaise (1898) y el segundo un in o me del
gene al ancés Ca a elli.
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bilidad97. Welling on, po el con a io, nunca es imó en odo su
alo los se icios que le p es a on las gue illas como opas
de enlace y igilancia. A Mina le impidió uni se a las unidades
españolas que lucha on con él al no e de los Pi ineos. Mi aba a
los gue ille os con una mezcla de epulsión (po conside a los
un populacho indisciplinado y c uel) y admi ación po su ene gía
y sus ic o ias. Como dice Pablo de Azcá a e, “sus concepcio-
nes polí icas, an eacciona ias, incluso pa a su época, que no
es exage ado cali ica las de eudales”, le hacían descon ia de
ellos98. También le hacían descon ia de los libe ales españoles y
su laman e cons i ución, lo mismo que su he mano, el embaja-
do Hen y Wellesley, quien desde su balcón de la calle de Alcalá
i o eó a Fe nando el Deseado cuando és e hizo su en ada iun-
al en Mad id, escol ado po cua o mil soldados de caballe ía,
espléndidamen e uni o mados y mandados po el gene al Whi -
ingham99.
97. R. FRaseR, La maldi a gue a, pp. 687-688. Cu iosamen e, la palab a
“gue illa” comenzó a usa se como aducción del ancés “pe i e gue e”,
aplicada a las ebeliones de la Vendée y la Chouanne ie (R. FRaseR, La maldi a
gue a, p. 540).
98. P. azcáRaTe, Welling on y España, p. 159.
99. Rica do Blasco, Los albo es de la España Fe nandina, Tau us, Mad id,
1969, pp. 142-144. En una semblanza con empo ánea de Fe nando VII, F ancis
Gibbon ep oduce unas palab as de B ougham en los Comunes donde acusa a
Whi ingham de habe ayudado al ey absolu o en la pe secución de los libe ales
y lamen a que haya sido p omo ido a una ayudan ía del P íncipe Regen e, sin
duda po ecomendación de Welling on (F. giBBon, The Public Cha ac e s o
Eu ope, 3 ols., A. Whellie , London, s. a., [ci ca 1815], III, pp. 766-767).
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