Cahie s de linguis ique
hispanique médié ale
Los p ólogos al onsíes
Ra ael Cano Aguila
Ci e ce documen / Ci e his documen :
Cano Aguila Ra ael. Los p ólogos al onsíes. In: Cahie s de linguis ique hispanique médié ale. N°14-15, 1989. L'ac i i e
pa aph as ique en Espagne, au Moyen-Âge [Colloque o ganisé pa le Séminai e d'E udes Médié ales Hispaniques
(Pa is, 17, 18, 19 no emb e 1988) ] pp. 79-90.
doi : 10.3406/cehm.1989.1063
h p://www.pe see. /doc/cehm_0396-9045_1989_num_14_1_1063
Documen géné é le 15/10/2015
LOS
PROLOGOS
ALFONSIES
0.
Pocos
ipos
de
ex o hay
con
una
unción
an
delimi ada,
y
po
ello
con
una
es uc u a
y
disposición
o mal an
es ablecida,
como
los
p ólogos. Como es sabido,
su
o igen
es
doble:
po
una
pa e,
y
a
ello
co esponde
la
de inición
a is o élica,
el
p ólogo es
el p ime
momen o
de la
agedia
(o
la
comedia),
bien
como
comienzo
dialogado
o
como
exposición
del
a gumen o;
po
o a,
el
p ólogo
puede
iden i ica se con
el
exo dium
o
p oemium
de la
Re ó ica
clásica,
median e
el
cual
el
o ado
p e endía
gana se
la
simpa ía
del
juez
(o
del
público),
cap a io
bene olen iae
que
ambién
se
daba
en
los
«p ólogos»
ea ales
K
De
ambos
géne os, el
p ólogo
se
ex endió,
y
ya
a
p incipios
de
la
Edad
Media
su
p esencia
e a
uni e sal
en
oda
clase
de
ex os.
A
es as
al u as
el
p ólogo
no iene
o a
unción
que
la
de
jus i ica
la
esc i u a,
an o
la
del
ex o
conc e o
que
in oduce
como
el
hecho
mismo
de
esc ibi ;
pe o
en
esa
jus i icación
el
esc i o
puede
llega
a
comp ome e se
como
pe sona:
po
ello, en
el
p ólogo
el
au o
puede adop a
una
ac i ud
supues amen e
obje i a,
explicando
la
necesidad,
u ilidad,
no edad,
e c.
de
lo
esc i o
po
él,
pe o
ambién
polemiza ,
de ende se,
e c.
En
el
p ólogo
es
donde
la
ideología
del
esc i o
se
mues a
de
mane a
más
explíci a,
y
ello
an o
sob e
el
o igen
y
la
o ma
de la
esc i u a
como sob e
su(s)
con enido(s)
:
po ello
el
p ólogo
puede
e sa sob e
casi
cualquie
cosa,
pe o
los
modos
en
que
ha
de
hace lo,
po
su
misma
unción,
son
pocos,
y
muy
ijados
po
la
adición.
La
ópica
del
exo dio
y
del p ólogo
es á
ya
bas an e
bien
con igu ada
en
la
época
medie al
(a
pa i del
Renacimien o
adqui i á
ambién
la
unción
de
1)
Pa a
el
concep o
de
p ólogo
éanse:
H.
Lausbe g,
Manual
de
e ó ica
li e a ia
( ad.
de
J.
Pé ez
Riesgo),
Mad id,
G edos,
1967;
id.,
Elemen os
de
e ó ica
li e a ia,
Mad id,
G edos,
1983;
A.
Po que as
Mayo,
El
p ólogo
como
géne o
li e a io,
Mad id,
CSIC,
1957;
y
J.
L.
Lau en i
y
A.
Po que as,
Ensayo
bibliog á ico
del
p ólogo
en
la
Li e a u a,
Mad id,
CSIC,
1971.
80
RAFAEL
CANO
AGUILAR
mani ies o
de
escuelas
o
bande ías
li e a ias)
2.
Así
pues,
el
p ólogo
puede
conside a se
como
géne o,
y
los
p ólogos
analiza se
con
ela i a
independencia
de
los
ex os
que
p esen an.
Po
odo
ello,
es
muy
ácil
que
en
los
p ólogos se
p oduzca
el
in e cambio
de
ideas,
o mas
y
exp esiones,
«p és amos
en e
p ólogos
dis in os
acili ados
po
un
sen imien o
inconscien e
en
el
au o
de
que
se
encuen a
en
un
mundo
p opio
y
dis in o»
3:
un
géne o de
asgos
an
conc e os como
és e
se
p es a
a
una
in ensa
in e ex ualidad,
acen uada,
como
es
lógico,
en
las
ob as
de
un
mismo au o .
Nos hallamos
en onces an e
« a iaciones
sob e
un
mismo
ema»,
en
las
que
lo
dicho
y
el
deci
se
asladan
de
un
luga
a
o o,
con igu ando
así
el
sus a o
sob e
el
que
se
le an a án
los
ex os
en
cues ión.
1.
En
la
p oducción
al onsí
el
p ólogo
iene
una
impo ancia
di ícil
de
discu i ,
si
bien
has a
aho a
no
debidamen e
ap eciada.
En
odas
las
ob as
exis e
p ólogo,
y
en
muchas
encon amos
p ólogo
gene al
y
p ólogos
a
cada
una
de
las
pa es.
No
siemp e
se
emplea
es e
é mino
p ólogo, pe o
sí
en
la
mayo ía
de
los
casos.
Y,
sob e
odo,
Al onso
X
es
plenamen e
conscien e
de
su
sen ido
:
al
comenza
el
Lib o
P ime o
de
los
Reyes4
nos
explica
su
o igen
(«Cos unb e
ue
de
los
sabios»), aspec os
o males
(« azones
non
luengas»,
«pocas
palau as»),
unción
(jus i ica i a:
«po
que
azen
aquella
ob a»,
y
p esen a i a
:
«de
que ma e ia
ablan en odo
el
lib o»),
e imología
(de los g iegos p o os
y
logos),
equi alencia
cas ellana
(que
iene
a
se
una
de inición:
«p ime o se mon
del
lib o
con
la
p ime a
azón»,
« azón
pues a delan e
de
oda
la
ma e ia
de
lo al
que
y
ha
a
abla
el
sabio,
e
po
do se
en ienda odo
lo
que
iene
después»)
e
implicaciones
posi i as
(pa a
el
lec o ,
o,
mejo ,
oyen e:
« aze
ape çebidos
los
co açones
de
los
que
lo
oyen
pa a
en ende
mas
lige a
men e
e
mejo
las azones
que
es án
po
odo
el
lib o»)5.
Po
an o,
un
es udio
po meno izado
de
los
p ólogos
al onsíes
puede
suminis a nos
una
eo ía del p ólogo
en
la
esc i u a
medie al,
pe o sob e
odo nos
lle a
an e
el
sen ido
que
pa a
Al onso,
y
sus
colabo ado es,
enía
la
ob a
en
que
es aban
empeñados.
2)
C .
E.
R.
Cu ius,
Li e a u a
eu opea
y
Edad
Media
la ina
( ad.
de
M.
F.
Ala o e
y
A.
Ala o e),
México,
FCE,
3a
eimp.,
1981,
§4
(pp.
131-136).
3)
A.
Po que as,
El
p ólogo,
p.
27.
4)
Gene al
Es o ia,
Segunda
Pa e
(ed.
de
A.
Ga
Solalinde,
Lloyd
A.
Kas en
y
V.
R.
B.
Oelschlâge ),
Mad id,
CSIC,
1957-61,
I,
pp.
207-209.
5)
Todo
ello
le
si e
al
au o
como
p ólogo,
a
su
ez,
de
la
aducción
«pa a aseada»
que
se
hace
del
p ólogo
pues o
po
San
Je ónimo
al
Lib o
de
los
Reyes
(«Cuen a
Ge ónimo...»,
«Pe o
dize
alli
Ge ónimo...»).
LOS
PRÓLOGOS
ALFONSÍES
8
1
1.1.
Hay
una
adición inmedia a,
coe ánea
o
lige amen e
an e io
al
Rey
Sabio,
de
p ólogos
en
la
p osa
doc inal
aducida
en
el
XIII:
a
excepción
de
Bocados
de
O o
(y
del
Libe
Reguní),
su
p esencia
es
gene al,
y,
sal o
el
del Lib o
de
los
Engaños
(b e es
azones
con
que
el In an e don
Fad ique
explica
el
po qué
de
la
aducción
al
cas ellano),
son
aducidos
del
o iginal
inmedia o;
la
es uc u a
es
bas an e
simple:
se
ela a
la
búsqueda
y
hallazgo
del
lib o,
y
su
p oceso
de
aducción
(así
en
Po idad
y
en
Buenos
P o e bios),
y
alguna
supues a
his o ia
que
es é
en
la base
de
con ección
del
lib o
(así
en
Po idad
y
en
Doze
sabios,
cuyo
o igen
es
muy
p óximo:
una
asamblea
de
sabios con ocada
po
Fe nando
III
de
Cas illa).
La
jus i icación
ideológica
del
lib o
es
escasa:
sólo
Doze
sabios
alude
al
p ouecho
de
la
ob a;
en
cambio,
es
mucho
más
compleja
la
in oducción
de
Ibn al-Muqa a
aducida
en
el
ms.
B
cas ellano
de
Calila,
en
la
que
se
combinan
las
elucub aciones
sob e
el
deseo
humano
de
sabe
con
los
enxemplos
que
las
co obo an,
odo
ello
di igido
a
que
«el
que
es e
lib o leye e
sepa la
mane a
en
que
ue
conpues o,
e
quai
ue
la
en ençion
de
los
ilóso os
e
de
los
en endidos
en
sus enxenplos
de
las
cosas
que
son
ai
dichas»
6.
En
ninguno de
ellos
se
encuen a
nada
que pueda
cali ica se
como
cap ado
bene olen iae
(al e és
de lo
que
ocu e,
p.
ej.,
en
la
Disciplina
cle icalis
de
Ped o
Al onso):
al
ausencia
se
da á
ambién
en
los
p ólogos
al onsíes.
Más
inmedia a
aún
es
la
adición
de
los
p ólogos
exis en es
en
las
ob as
aducidas,
o
pa a aseadas,
po
la
Escuela
al onsí.
Son
pocos,
no
obs an e, los
casos
en
que
sólo se
da
aducción
del
p ólogo
o iginal,
como
ocu e
en
Cánones
de
Alba eni
y
en
la
2
a
pa e
del
Lib o
de
la
Lámina
(incluido
en
LSA),
donde
la
a ibución es
explíci a
(«Djxo
mahoma
ijo
de
Gebe
alba heni...»;
«Djxo
aly
el
ijo
de
hala
...»);
ambién
hallamos
al
cosa
en
el
Lib o
conplido
en
los
judizios
de
las
es ellas,
aunque
aquí
en
segundo
luga
as el
p ólogo
a
la
aducción
(«Dixo
Alyh
iio
de
Aben
Ragel...»)
P esen an
asgos
comunes,
bas an e
alejados,
según
e emos,
de
los
al onsíes
:
alabanzas
a
Dios
(po
concede
en endimien o
al
homb e),
c i icismo
cien í ico- écnico
(disc epancias
en e
los
au o es, e o es
en
mediciones
as onómicas,
e c.),
y
exposición,
po
lo
gene al
o gullosa,
de lo
ealizado
po
el au o ,
quien emplea
pa a
ello
la
p ime a
pe sona,
como
cla o
suje o
de
la
enunciación
(«yo
iz...
& ab i... &
allane...
& end ece...»
en
Cánones,
o
«E
con-
pece...
E
able...
E
pus...»
en
LConplido).
6)
Calila
e
Dimna
(ed.
de
J.
M.
Cacho
Blecua
y
Ma
J.
Laca a),
Mad id,
Cas alia,
1984.
82
RAFAEL
CANO
AGUILAR
1.2.
En
los
p ólogos
de
las
ob as
adicionalmen e
denominadas
«al onsíes»
pueden
sepa a se
los
que
son
ob a
de
los
aduc o es
o
compilado es
y
los
que
pod ían
a ibui se
al
mismo
Rey.
Hay
pa a
ello
una
azón
g ama ical:
en
los
p ime os
la
ac i idad
del
Rey
se
enuncia
en
3a
pe sona
(«es e
nues o
senno
sob edicho...
mandólo
anslada ...»
en
LC uzes,
«...
del an edicho
senno ,
el
qui
es
el
noble
Rey
do
Al onso...»,
en
LConplido,
e c.),
en e
al
«nos,
don Al onso...»
de
los o os
(o
incluso
el
«yo
don
Al onsso»
del
p ólogo
de
la
Gene al
Es o ia);
y
una
azón
de
con enido:
en
los
p ime os
se p odigan
las
alabanzas
al
Rey,
lo
que
es
p opio
de
los
aduc o es
judíos,
en
especial
Yehudá
b.
Mosé,
quien
suele
llega
al
di i ambo,
po
ejemplo
en
LConplido
o
LC uzes,
donde
la
in ocación
a
Dios,
p opia
de
los
au o es
semí icos,
se
jus i ica
po que
és e
«nos
denno da
senno
en
ie a
connocedo
de
de echu ia...»
(LConplido)
(no
ol idemos,
además,
el
hecho
de
llama
al onsíes
a
las
Tablas);
ales
alabanzas
es án
ausen es
po
comple o
en
los
segundos,
donde,
si
acaso,
sólo
hay
cali ica i o
pa a
el
pad e
de
Al onso: « ijo
del
muy
noble
Rey
don
Fe nando...».
En
es e
sen ido, hay
que
des aca
la
muy
signi ica i a
ci cuns ancia
de
que
odos
los
p ólogos al onsíes
que
no
se p esen an
di ec amen e
edac ados
po
el
Rey
pa ecen
se
ob a
exclusi a
de
sus
colabo ado es
judíos,
pues
se
hallan
en
las
ob as
cien í icas (as onómico-
-as ológicas);
a
los
aduc o es
o
compilado es
de
leyes,
his o ias
y
poemas
la inos,
e c,
en
suma, los
colabo ado es
c is ianos,
nunca
se
les con ía
la
esponsabilidad
de
un
p ólogo
( odo
lo
más,
pa ecen
habe se
limi ado
a
las
in oducciones
o
explicaciones
de pa es
conc e as
de
esas
ob as):
es
el
Rey
el
que
se
enca ga
de
p esen a nos
sus
ob as
de
alcance
más ambicioso.
1.2.1.
Si
nos
a enemos
es ic amen e
a
esa
p ime a
azón
hemos
de
a i ma
que
el
p ólogo
del
Lapida io
y
la
in oducción al
Lib o
de
las
es ellas
ixas
(an e io
al
e dade o
p ólogo,
que
se
anuncia, como
es
habi ual
en
la
ob a
al onsí,
po
«Y
el
p ologo
comiença
assi»)
son
ob a
de
alguno
de
los
colabo ado es,
no
de
Al onso
mismo:
«a
manos del
noble
ey
don
Al onso»
(única
alabanza
al
Rey
de
odo
el
p ólogo),
«el
noble
ey
don
Fe ando,
su
pad e»
(Lapida io),
«que
mando
aslada
...
el
Rey
don
Al onso
...
E
después
lo
ende eço
&
mando
compone
es e
ey
sob edicho...»
(en
Es ellas)
7.
De
es a
o ma,
la
e e encia
al
«cas ellano
de echo»
no
puede conside a se
salida
di ec amen e de
la
mano
egia
8,
lo
cual
7)
En cambio,
en
el
p ólogo
p opio
sí
apa ece
como
suje o
«nos
don
Al onso».
8)
C .
mi
a ículo
«Cas ellano
¿d echo?»,
Ve ba,
Vol.
12,
1985,
pp.
287-306.
LOS
PRÓLOGOS
ALFONSÍES
83
coincide
con
el
hecho
de
que
sólo
se
habla
de
aducciones
al
cas ellano,
de
su
sen ido
(«espaladina
los sabe es
en
que
es
in oduc o,
e
o na
los
en
lengua
cas ellana
a
laudo
e
a
glo ia
del
nomb e
de
Dios
e
a
ond a
e
en
p ez
del an edicho
senno ...»
en
LC uzes,
« aslada
de
a auigo
en
lenguaie
cas ellano
po
que
los
omnes lo
en endiessen
meio
e
se
sopiessen
del
mas
ap ouecha »
en
Lapida io),
o
de
su
e o ma
(como
en
el
Lib o
de
la
Aça eha)
en
los
p ólogos
con eccionados
po
los aduc o es
judíos
:
pa ece
como
si
sólo
ellos
sin ie an
la
necesidad
de
pone
de mani ies o
y
de
elie e
el
hecho
de
que
la
aducción
e a
al
«lenguaje cas ellano»,
jun o
con
algunos
de
los
bene icios
que
ello
pod ía
epo a .
Po
o o
lado,
Lapida io
compa e
con
las aducciones
doc inales del
XIII
la
his o ia
del
ex o
que
se
a
a
e e :
jun o
al
an eceso
inmedia o
en
la
cadena
de
aducciones
(i.e.
Abolays),
el
au o del p ólogo
es ablece
una genealogía
ideológica
que
iene
su
uen e
en
A is ó eles
(es
deci ,
en
el
seudo-A is ó eles
de
los
lapida ios).
A
es a
mayo
complicación
co esponde
una
es uc u a
sin ác ica
muy
elabo ada
y
«compleja»,
sin
nada
de
la
lige a
colo ación
semí ica
que
se
halla
en
los
p ólogos
de
LConplido
o
LC uzes.
Ello,
así
como
la
ausencia
de
apócope
ex ema,
ha
hecho
pensa
en
que
su
au o
no
se ía
Yehudá
sino
el
mismo
Rey
(Lapesa),
y,
en
odo
caso,
que
su
echa
de
composición
se ía
muy
pos e io
a
la
de
aducción
(h.
1276-79)
época
del
Lib o
de
las
o mas
&
ymagenes
:
dicho p ólogo se
edac a ía,
pues,
pa a
la
inclusión
del
Lapida io
en
es a
magna
colección
9.
También
hay
que
esal a
la
casi
o al
ausencia
de
alabanzas
al
Rey
( asgo compa ido
con
la
in oducción de
Es ellas),
lo
cual
hace
pensa
ambién
en
que
es os
p ologuis as
e an
o os
que
el
Yehudá
de
LConplido
o
LC uzes,
o
que
és e
había
cambiado
de
«es ilo»
(¿el
iejo
as ólogo
no
enía
ya
que
p odiga
ales
loo es
?),
o,
po
úl imo,
que
ambién
aquí
llegó
la
ac i idad
co ec o a
(¿o
la
au o ía?)
del
Rey, en e
a
lo
ocu ido
en
las
ob as
as ológicas
compues as
en
la
década
de
1250:
sólo
en
el
p ólogo
a
L
Fo mas uel en
a
apa ece
las
alabanzas, aunque
de
mane a
muy
o mula ia
(«el
mucho
al o
&
on ado
don
Al onso,
amado
de
sciencias &
de
sabe es»).
9)
Pa a
la
posible
echa
del
p ólogo
de
Lapida io:
R.
Lapesa,
«La
apócope
de
la
ocal
en
cas ellano
an iguo,
In en o
de
explicación
his ó ica»
y
«Con ienda
de
no mas
lingüís icas
en
el
cas ellano
al onsí»,
en
Es udios
de
his o ia
lingüís ica
española,
Mad id,
Pa anin o,
1984,
pp.
191
y
213-214;
G.
Hil y,
«El
Lib o
Conplido
en
los
iudizios
de
las
es ellas»,
Al-Andalus,
XX,
1955,
pp.
1-74
(esp.
18-25).
84
RAFAEL
CANO
AGUILAR
1.2.2.
En es os
p ólogos
«judaicos»
co en
a ios
mo i os
ecu en es
sob e
los
que
podemos
in en a
econs ui
la
ac i ud
que
an e
la
ob a
enían
sus
au o es
:
la
compa ación
con los
p ólogos
«de
Al onso
X»,
o
« egios»,
nos
pe mi i á
es ablece
semejanzas
y
di e encias,
y
si
és as
son
o
no
signi ica i as.
Es
e iden e
el
deseo
de
hace
públicos
los
conocimien os
ocul os,
lo
cual
se
exp esa
en
o mas
muy
pa ecidas
en
los
dis in os
p ólogos:
«espaladina
los
sabe es»
(LConplido
y
LC uzes),
«Po
que
es e
nues o
lib o
sea mas
paladino»
(LFo mas);
ello
es
una
de
las
causas
po
las
que
Al onso
allega
a
sí
los
sabios
y
los
ama
(LConplido),
y
po
lo
que
me ece
se
compa ado
a
Salomón
(LC uzes).
La
excelencia
de
es e
obje i o
es cla amen e
en a izada
po
LC uzes:
«dos
cosas
son
en
el
mundo
que
mien e
son
escondidas
non
p es an
nada,
e
es
la
una
seso
ence ado
que
non
se
amos a,
e
la
o a
heso o
escondido
en
ie a»,
y
d ama izada
en
la
his o ia ex ual
de
Lapida io
al
e e i se
al
judío
oledano que
enía
escondido
el
lib o
sin
pe mi i
que
nadie
lo
u iliza a.
F en e
a
ello,
no
apa ece
en
ninguno de
es os p ólogos
exp esada
con
ni idez
la
u ilidad
que
epo an
ales
«sciencias»,
«doc inas»,
«ensennamien os»
y
«sabe es». El
«p ouecho»
que
se
p e ende log a
en
el
lec o
nace
de
aspec os
muy
conc e os
de la
o ma
ex e na
del
ex o:
el
hecho
de
es a
aducida
al
cas ellano,
en
Lapida io,
el
es a
capi ulado
y
o ece el
índice
al comienzo,
en
LC uzes,
y
el
ab i se
con
las
pa es
del
lib o,
en
LFo mas.
En
es echa
elación
con
lo
an e io ,
ampoco
en
es os p ólogos
apa ece
el
des ina a io
del
ex o:
¿en
quién pensaban
es os
as ólogos
judíos,
o
el
mismo
Rey,
al
compone ales
ob as
?
Ni
hay
dedica o ia
ni
ecep o
imaginado
:
sólo
e e encias
gené icas,
como
«el
qui
leye e»
en
LConplido
o
«los
que
leye en»
en
LFo mas
10,
y,
si
acaso,
«los ladinos»
en
LC uzes.
Aho a
bien,
al
inal
del
p ólogo
de
Lapida io
se
o ece
una
exhaus i a elación
de
las
cualidades
que
debe
posee
quien
quie a
«ap ouecha se
des e lib o»: se
exigen
es
ipos
de
conocimien o
(en
as onomía,
en
pied as
y
en
« ísica»)
y
la
cualidad
gene al
del
«buen
seso»;
pa ece
cla o,
pues,
que
el
des ina a io
no
puede
se
sino
la
éli e
in elec ual
de
la
época,
en
lo
cual
coincide
con
cie os
pasajes
de
LSA
n.
EL
úl imo
de
los ópica
p esen es
en
es os
p ólogos es
el
de la
« es au ación
del
sabe ».
Los
miemb os
del
equipo
al onsí
no
10)
C .
E.
R.
Cu ius,
op.
ci .,
§4
(sob e
el
ópico
de
la
'dedica o ia').
1
1)
C .
mi
es udio
«
Amé ico
Cas o
y
la
ob a
cien í ica
al onsí
:
algunas
conside aciones
en
o no
al
Lib o
de
la
Ochaua
Espe a»,
en
Homenaje
a
Amé ico
Cas o,
Mad id,
Uni e sidad
Complu ense,
1987,
pp.
65-75
(esp.
73-74).
LOS
PRÓLOGOS
ALFONSÍES
85
o ecen
no edades,
sino
la
ecupe ación
de
una
adición
cien í ica,
ausen e
has a
ese
momen o,
si
bien
Yehudá
b.
Mosé
no
eía
ese
hueco
más
que
en
el
mundo
c is iano:
«g an
mengua
que
e a
en
los
ladinos
po
de allimien o
de
los
lib os
de
los
buenos
philosophos
e
p ouados»
(Conplidó),
«la
pe dida
e
la
mengua
que
auian
los
ladinos
en
las
sciencias
de
las
signi icaciones»
(LC uzes).
En
cambio,
Lapida io
p esen a
es a
secuencia
de
p esencias
y
ausencias
del
sabe
de
o ma
dis in a
y
más
compleja
(¿o a
azón
pa a
no
a ibui
es e
p ólogo
a Yehudá?):
ins au ación
(«A is o il»
y
«los
sabios»),
p ime a
pé dida
(gue as,
e c.),
ecupe ación
po
Abolays
(su ge
el
lib o),
nue a
pé dida
(po
desconocimien o
del
con enido
del
lib o),
y,
po
in,
la
es au ación
de ini i a
po
ob a
de
Al onso.
En
odos
los
casos
es
és e
el
p esen ado
como
impulso
de
la
es au ación;
sus
judíos
(o
c is ianos)
son
me os ins umen os.
No
cabe
duda
de
que
és a
es
la
imagen
en
que
mejo se
econocía
el
Rey.
Y
és e
es
el
mo o
de
su
p oducción esc i a:
el
acío
de
sabidu ía
que
encuen a
a
su
al ededo .
2.
En
los
p ólogos
« egios»,
una
p ime a
obse ación,
incluso
supe icial,
nos
pe mi e
sepa a
los
que
p eceden
a
la
g an
mayo ía
de
los
dis in os
lib os de
LSA
de
los
que
apa ecen
en
sus
ob as
«mayo es»
(Es o ia
de
España,
Gene al
Es o ia,
Pa idas,
e c.).
Los
p ime os
mues an
asgos
muy
semejan es
en e sí
(en
ocasiones
pa ecen co ados
po un
mismo
pa ón, se
a ian es
de
un
solo
p ólogo),
a
la
ez
que
compa en
a ios
de
los
ópica
mencionados
pa a
el
g upo
an e io .
En
cambio,
los
segundos
o ecen
ca ac e es indi iduales
más
acusados.
2.1.
Casi
odos
los
p ólogos
de
LSA p esen an
un
esquema
idén ico
:
enlace
con
el
lib o
an e io ,
lo
que
ga an iza
la
cohesión
de
se
un
solo
ex o
(«Fablado
auemos
as a
aqui...»);
en ajas
del
ins umen o
as onómico
en
cues ión;
«hueco»
an e io :
no
se
« allo»
lib o
de
él;
o den
eal
(en
gene al,
a
«Rabiçag»,
i.e.,
Ishaq
b.
Sid)
y
di ec ices
del
apa a o. Pese
a
la
au o ía
« egia»
la
ce canía
de
es as
ob as
a
sus
modelos
semí icos es
al
que
puede halla se
en
ellos
un
c i icismo
écnico
ausen e
en
el
es o
de
la
ob a
cien í ica
(así
ocu e
en
el
Lib o
del
elogio
del
agua
y
en
el del
Quad an e
senne o)
12.
12)
El
Lib o
del
Quad an e
senne o
no
o ma
pa e
del
Códice
as onómico
complu ense,
sino
del
Códice
del
A senal
(Pa ís);
no
obs an e,
iene
sus
mismas
ca ac e ís icas.
C .
J.
Ma
Millas
Vallic osa,
«Una
nue a
ob a
as onómica
al onsí:
el
T a ado
del
cuad an e
«senne o»»,
Al-Andalus,
XXI,
1956,
pp.
59-92
(incluido
en
Nue os
es udios
sob e
his o ia
de
la
ciencia
española,
Ba celona,
1960).
86
RAFAEL
CANO
AGUILAR
Po
lo
gene al,
en
es os
p ólogos
son
moneda
co ien e
los
ópica
is os
en
el
g upo
an e io
de
ex os
cien í icos
:
el
deseo
de
cla idad
(paladino
se
halla
en
el
Lib o
p ime o
del
as olabio
edondo
y
en
Qsenne o);
el
hueco
p e io
(la
« al a»
del
lib o);
el
alo
p ác ico
del
con enido,
del
obje o
de
que
se
habla,
y
no
an o del
lib o
como
al
(Qsenne o:
«po
al
que
se
non
pie dan
las
cosas
p ouechosas
del
mundo»). En cuan o
a
la
mención
de des ina a io,
ambién
ausen e
po
lo
gene al,
hallamos
dos
e e encias
en
p incipio
con a ias:
la
alusión
a
los
especialis as
es
cla a
en
LAs olabio
(«quelo
en endiesssen
aquellos
que
ouiessen
sabo délo
aze
nueua
mien e»);
pe o
en
el
Lib o
de
las
A mellas
encon amos,
quizá
po
única
ez,
ese
deseo
de
llana
ulga ización
(«que
no
calen a a
la
cabeza»)
que,
según
Amé ico Cas o,
de inía
la búsqueda
in elec ual
de
Al onso13:
«quelo
iziesse
bien
complido,
&
bien
llano
de
en ende
en
guisa
que
pueda
ob a
con
el
quai
omne
quie
que
ca e
en
es e
lib o».
Muy
di e en e
es,
sin
emba go,
el
p ólogo
del
más
conocido
de
es os
lib os,
el
de
las Es ellas
ixas,
con
el
que
se
ab e
el
códice.
En
consonancia
con
las
en adas p ológales
de
los
ex os
cien í icos
semí icos,
pe o
en
cla a
disc epancia
con
la
p ác ica
mayo i a ia
de
los
p ólogos
al onsíes,
se
ab e con
una
de inición
(más
que
in ocación)
de
Dios
como
uen e
de
oda
i ud
y
de
las
me cedes
hechas
a
los
homb es,
como
digno
de
amo
po
su
p o ección
y
de
emo
po
la
posibilidad
de
su
cas igo.
Casi
oda
la
segunda
pa e
del p ólogo se
dedica
a
la
p esen ación
esumida,
pe o
exhaus i a,
del
con enido
del
lib o.
Sólo
en
unas
pocas
líneas,
en
el
cen o,
apa ece
la
ópica
habi ual,
en emezclada
con
las
e e encias
a
la
Di inidad:
el
mo i o
de
compone
la
ob a,
que
uel e
a
se
el
deseo
de
da
a
conoce
lo
ocul o;
el
bene icio
p ác ico,
la
«ayuda»,
que
no
se
especi ica.
Po
o o
lado,
en
la
p esen ación
del
con enido
eapa ece
el
concep o
del
Uni e so
como
sis ema
abado
en
que
las
es ellas
se nos
mues an
como
uen e
de
i udes
:
esa
isión
es
la
que
se
mues a
as
la
composición
de
Lapida io
y
LC uzes,
y
la
que
nos
explica
po
qué
se
esc iben,
y
aducen,
lib os sob e
es as
cosas.
2.2
Los
p ólogos
de
las demás
g andes
compilaciones
al onsíes
mani ies an
si uaciones
muy
di e sas
en e
sí:
en
las
ob as
his ó icas,
el
de
Es o ia
de
España
es
aducción,
ampliada,
del
que
puso
Rod igo Ximénez
de
Rada,
el
Toledano,
a
su
De
ebus
13)
C .
A.
Cas o,
La
ealidad
his ó ica
de
España,
Ia
éd.,
México,
Po úa,
1954,
p.
457.