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Los prólogos alfonsíes

Cano Aguilar, Rafael

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Cahie s de linguis ique hispanique médié ale Los p ólogos al onsíes Ra ael Cano Aguila Ci e ce documen / Ci e his documen : Cano Aguila Ra ael. Los p ólogos al onsíes. In: Cahie s de linguis ique hispanique médié ale. N°14-15, 1989. L'ac i i e pa aph as ique en Espagne, au Moyen-Âge [Colloque o ganisé pa le Séminai e d'E udes Médié ales Hispaniques (Pa is, 17, 18, 19 no emb e 1988) ] pp. 79-90. doi : 10.3406/cehm.1989.1063 h p://www.pe see. /doc/cehm_0396-9045_1989_num_14_1_1063 Documen géné é le 15/10/2015 LOS PROLOGOS ALFONSIES 0. Pocos ipos de ex o hay con una unción an delimi ada, y po ello con una es uc u a y disposición o mal an es ablecida, como los p ólogos. Como es sabido, su o igen es doble: po una pa e, y a ello co esponde la de inición a is o élica, el p ólogo es el p ime momen o de la agedia (o la comedia), bien como comienzo dialogado o como exposición del a gumen o; po o a, el p ólogo puede iden i ica se con el exo dium o p oemium de la Re ó ica clásica, median e el cual el o ado p e endía gana se la simpa ía del juez (o del público), cap a io bene olen iae que ambién se daba en los «p ólogos» ea ales K De ambos géne os, el p ólogo se ex endió, y ya a p incipios de la Edad Media su p esencia e a uni e sal en oda clase de ex os. A es as al u as el p ólogo no iene o a unción que la de jus i ica la esc i u a, an o la del ex o conc e o que in oduce como el hecho mismo de esc ibi ; pe o en esa jus i icación el esc i o puede llega a comp ome e se como pe sona: po ello, en el p ólogo el au o puede adop a una ac i ud supues amen e obje i a, explicando la necesidad, u ilidad, no edad, e c. de lo esc i o po él, pe o ambién polemiza , de ende se, e c. En el p ólogo es donde la ideología del esc i o se mues a de mane a más explíci a, y ello an o sob e el o igen y la o ma de la esc i u a como sob e su(s) con enido(s) : po ello el p ólogo puede e sa sob e casi cualquie cosa, pe o los modos en que ha de hace lo, po su misma unción, son pocos, y muy ijados po la adición. La ópica del exo dio y del p ólogo es á ya bas an e bien con igu ada en la época medie al (a pa i del Renacimien o adqui i á ambién la unción de 1) Pa a el concep o de p ólogo éanse: H. Lausbe g, Manual de e ó ica li e a ia ( ad. de J. Pé ez Riesgo), Mad id, G edos, 1967; id., Elemen os de e ó ica li e a ia, Mad id, G edos, 1983; A. Po que as Mayo, El p ólogo como géne o li e a io, Mad id, CSIC, 1957; y J. L. Lau en i y A. Po que as, Ensayo bibliog á ico del p ólogo en la Li e a u a, Mad id, CSIC, 1971. 80 RAFAEL CANO AGUILAR mani ies o de escuelas o bande ías li e a ias) 2. Así pues, el p ólogo puede conside a se como géne o, y los p ólogos analiza se con ela i a independencia de los ex os que p esen an. Po odo ello, es muy ácil que en los p ólogos se p oduzca el in e cambio de ideas, o mas y exp esiones, «p és amos en e p ólogos dis in os acili ados po un sen imien o inconscien e en el au o de que se encuen a en un mundo p opio y dis in o» 3: un géne o de asgos an conc e os como és e se p es a a una in ensa in e ex ualidad, acen uada, como es lógico, en las ob as de un mismo au o . Nos hallamos en onces an e « a iaciones sob e un mismo ema», en las que lo dicho y el deci se asladan de un luga a o o, con igu ando así el sus a o sob e el que se le an a án los ex os en cues ión. 1. En la p oducción al onsí el p ólogo iene una impo ancia di ícil de discu i , si bien has a aho a no debidamen e ap eciada. En odas las ob as exis e p ólogo, y en muchas encon amos p ólogo gene al y p ólogos a cada una de las pa es. No siemp e se emplea es e é mino p ólogo, pe o sí en la mayo ía de los casos. Y, sob e odo, Al onso X es plenamen e conscien e de su sen ido : al comenza el Lib o P ime o de los Reyes4 nos explica su o igen («Cos unb e ue de los sabios»), aspec os o males (« azones non luengas», «pocas palau as»), unción (jus i ica i a: «po que azen aquella ob a», y p esen a i a : «de que ma e ia ablan en odo el lib o»), e imología (de los g iegos p o os y logos), equi alencia cas ellana (que iene a se una de inición: «p ime o se mon del lib o con la p ime a azón», « azón pues a delan e de oda la ma e ia de lo al que y ha a abla el sabio, e po do se en ienda odo lo que iene después») e implicaciones posi i as (pa a el lec o , o, mejo , oyen e: « aze ape çebidos los co açones de los que lo oyen pa a en ende mas lige a men e e mejo las azones que es án po odo el lib o»)5. Po an o, un es udio po meno izado de los p ólogos al onsíes puede suminis a nos una eo ía del p ólogo en la esc i u a medie al, pe o sob e odo nos lle a an e el sen ido que pa a Al onso, y sus colabo ado es, enía la ob a en que es aban empeñados. 2) C . E. R. Cu ius, Li e a u a eu opea y Edad Media la ina ( ad. de M. F. Ala o e y A. Ala o e), México, FCE, 3a eimp., 1981, §4 (pp. 131-136). 3) A. Po que as, El p ólogo, p. 27. 4) Gene al Es o ia, Segunda Pa e (ed. de A. Ga Solalinde, Lloyd A. Kas en y V. R. B. Oelschlâge ), Mad id, CSIC, 1957-61, I, pp. 207-209. 5) Todo ello le si e al au o como p ólogo, a su ez, de la aducción «pa a aseada» que se hace del p ólogo pues o po San Je ónimo al Lib o de los Reyes («Cuen a Ge ónimo...», «Pe o dize alli Ge ónimo...»). LOS PRÓLOGOS ALFONSÍES 8 1 1.1. Hay una adición inmedia a, coe ánea o lige amen e an e io al Rey Sabio, de p ólogos en la p osa doc inal aducida en el XIII: a excepción de Bocados de O o (y del Libe Reguní), su p esencia es gene al, y, sal o el del Lib o de los Engaños (b e es azones con que el In an e don Fad ique explica el po qué de la aducción al cas ellano), son aducidos del o iginal inmedia o; la es uc u a es bas an e simple: se ela a la búsqueda y hallazgo del lib o, y su p oceso de aducción (así en Po idad y en Buenos P o e bios), y alguna supues a his o ia que es é en la base de con ección del lib o (así en Po idad y en Doze sabios, cuyo o igen es muy p óximo: una asamblea de sabios con ocada po Fe nando III de Cas illa). La jus i icación ideológica del lib o es escasa: sólo Doze sabios alude al p ouecho de la ob a; en cambio, es mucho más compleja la in oducción de Ibn al-Muqa a aducida en el ms. B cas ellano de Calila, en la que se combinan las elucub aciones sob e el deseo humano de sabe con los enxemplos que las co obo an, odo ello di igido a que «el que es e lib o leye e sepa la mane a en que ue conpues o, e quai ue la en ençion de los ilóso os e de los en endidos en sus enxenplos de las cosas que son ai dichas» 6. En ninguno de ellos se encuen a nada que pueda cali ica se como cap ado bene olen iae (al e és de lo que ocu e, p. ej., en la Disciplina cle icalis de Ped o Al onso): al ausencia se da á ambién en los p ólogos al onsíes. Más inmedia a aún es la adición de los p ólogos exis en es en las ob as aducidas, o pa a aseadas, po la Escuela al onsí. Son pocos, no obs an e, los casos en que sólo se da aducción del p ólogo o iginal, como ocu e en Cánones de Alba eni y en la 2 a pa e del Lib o de la Lámina (incluido en LSA), donde la a ibución es explíci a («Djxo mahoma ijo de Gebe alba heni...»; «Djxo aly el ijo de hala ...»); ambién hallamos al cosa en el Lib o conplido en los judizios de las es ellas, aunque aquí en segundo luga as el p ólogo a la aducción («Dixo Alyh iio de Aben Ragel...») P esen an asgos comunes, bas an e alejados, según e emos, de los al onsíes : alabanzas a Dios (po concede en endimien o al homb e), c i icismo cien í ico- écnico (disc epancias en e los au o es, e o es en mediciones as onómicas, e c.), y exposición, po lo gene al o gullosa, de lo ealizado po el au o , quien emplea pa a ello la p ime a pe sona, como cla o suje o de la enunciación («yo iz... & ab i... & allane... & end ece...» en Cánones, o «E con- pece... E able... E pus...» en LConplido). 6) Calila e Dimna (ed. de J. M. Cacho Blecua y Ma J. Laca a), Mad id, Cas alia, 1984. 82 RAFAEL CANO AGUILAR 1.2. En los p ólogos de las ob as adicionalmen e denominadas «al onsíes» pueden sepa a se los que son ob a de los aduc o es o compilado es y los que pod ían a ibui se al mismo Rey. Hay pa a ello una azón g ama ical: en los p ime os la ac i idad del Rey se enuncia en 3a pe sona («es e nues o senno sob edicho... mandólo anslada ...» en LC uzes, «... del an edicho senno , el qui es el noble Rey do Al onso...», en LConplido, e c.), en e al «nos, don Al onso...» de los o os (o incluso el «yo don Al onsso» del p ólogo de la Gene al Es o ia); y una azón de con enido: en los p ime os se p odigan las alabanzas al Rey, lo que es p opio de los aduc o es judíos, en especial Yehudá b. Mosé, quien suele llega al di i ambo, po ejemplo en LConplido o LC uzes, donde la in ocación a Dios, p opia de los au o es semí icos, se jus i ica po que és e «nos denno da senno en ie a connocedo de de echu ia...» (LConplido) (no ol idemos, además, el hecho de llama al onsíes a las Tablas); ales alabanzas es án ausen es po comple o en los segundos, donde, si acaso, sólo hay cali ica i o pa a el pad e de Al onso: « ijo del muy noble Rey don Fe nando...». En es e sen ido, hay que des aca la muy signi ica i a ci cuns ancia de que odos los p ólogos al onsíes que no se p esen an di ec amen e edac ados po el Rey pa ecen se ob a exclusi a de sus colabo ado es judíos, pues se hallan en las ob as cien í icas (as onómico- -as ológicas); a los aduc o es o compilado es de leyes, his o ias y poemas la inos, e c, en suma, los colabo ado es c is ianos, nunca se les con ía la esponsabilidad de un p ólogo ( odo lo más, pa ecen habe se limi ado a las in oducciones o explicaciones de pa es conc e as de esas ob as): es el Rey el que se enca ga de p esen a nos sus ob as de alcance más ambicioso. 1.2.1. Si nos a enemos es ic amen e a esa p ime a azón hemos de a i ma que el p ólogo del Lapida io y la in oducción al Lib o de las es ellas ixas (an e io al e dade o p ólogo, que se anuncia, como es habi ual en la ob a al onsí, po «Y el p ologo comiença assi») son ob a de alguno de los colabo ado es, no de Al onso mismo: «a manos del noble ey don Al onso» (única alabanza al Rey de odo el p ólogo), «el noble ey don Fe ando, su pad e» (Lapida io), «que mando aslada ... el Rey don Al onso ... E después lo ende eço & mando compone es e ey sob edicho...» (en Es ellas) 7. De es a o ma, la e e encia al «cas ellano de echo» no puede conside a se salida di ec amen e de la mano egia 8, lo cual 7) En cambio, en el p ólogo p opio sí apa ece como suje o «nos don Al onso». 8) C . mi a ículo «Cas ellano ¿d echo?», Ve ba, Vol. 12, 1985, pp. 287-306. LOS PRÓLOGOS ALFONSÍES 83 coincide con el hecho de que sólo se habla de aducciones al cas ellano, de su sen ido («espaladina los sabe es en que es in oduc o, e o na los en lengua cas ellana a laudo e a glo ia del nomb e de Dios e a ond a e en p ez del an edicho senno ...» en LC uzes, « aslada de a auigo en lenguaie cas ellano po que los omnes lo en endiessen meio e se sopiessen del mas ap ouecha » en Lapida io), o de su e o ma (como en el Lib o de la Aça eha) en los p ólogos con eccionados po los aduc o es judíos : pa ece como si sólo ellos sin ie an la necesidad de pone de mani ies o y de elie e el hecho de que la aducción e a al «lenguaje cas ellano», jun o con algunos de los bene icios que ello pod ía epo a . Po o o lado, Lapida io compa e con las aducciones doc inales del XIII la his o ia del ex o que se a a e e : jun o al an eceso inmedia o en la cadena de aducciones (i.e. Abolays), el au o del p ólogo es ablece una genealogía ideológica que iene su uen e en A is ó eles (es deci , en el seudo-A is ó eles de los lapida ios). A es a mayo complicación co esponde una es uc u a sin ác ica muy elabo ada y «compleja», sin nada de la lige a colo ación semí ica que se halla en los p ólogos de LConplido o LC uzes. Ello, así como la ausencia de apócope ex ema, ha hecho pensa en que su au o no se ía Yehudá sino el mismo Rey (Lapesa), y, en odo caso, que su echa de composición se ía muy pos e io a la de aducción (h. 1276-79) época del Lib o de las o mas & ymagenes : dicho p ólogo se edac a ía, pues, pa a la inclusión del Lapida io en es a magna colección 9. También hay que esal a la casi o al ausencia de alabanzas al Rey ( asgo compa ido con la in oducción de Es ellas), lo cual hace pensa ambién en que es os p ologuis as e an o os que el Yehudá de LConplido o LC uzes, o que és e había cambiado de «es ilo» (¿el iejo as ólogo no enía ya que p odiga ales loo es ?), o, po úl imo, que ambién aquí llegó la ac i idad co ec o a (¿o la au o ía?) del Rey, en e a lo ocu ido en las ob as as ológicas compues as en la década de 1250: sólo en el p ólogo a L Fo mas uel en a apa ece las alabanzas, aunque de mane a muy o mula ia («el mucho al o & on ado don Al onso, amado de sciencias & de sabe es»). 9) Pa a la posible echa del p ólogo de Lapida io: R. Lapesa, «La apócope de la ocal en cas ellano an iguo, In en o de explicación his ó ica» y «Con ienda de no mas lingüís icas en el cas ellano al onsí», en Es udios de his o ia lingüís ica española, Mad id, Pa anin o, 1984, pp. 191 y 213-214; G. Hil y, «El Lib o Conplido en los iudizios de las es ellas», Al-Andalus, XX, 1955, pp. 1-74 (esp. 18-25). 84 RAFAEL CANO AGUILAR 1.2.2. En es os p ólogos «judaicos» co en a ios mo i os ecu en es sob e los que podemos in en a econs ui la ac i ud que an e la ob a enían sus au o es : la compa ación con los p ólogos «de Al onso X», o « egios», nos pe mi i á es ablece semejanzas y di e encias, y si és as son o no signi ica i as. Es e iden e el deseo de hace públicos los conocimien os ocul os, lo cual se exp esa en o mas muy pa ecidas en los dis in os p ólogos: «espaladina los sabe es» (LConplido y LC uzes), «Po que es e nues o lib o sea mas paladino» (LFo mas); ello es una de las causas po las que Al onso allega a sí los sabios y los ama (LConplido), y po lo que me ece se compa ado a Salomón (LC uzes). La excelencia de es e obje i o es cla amen e en a izada po LC uzes: «dos cosas son en el mundo que mien e son escondidas non p es an nada, e es la una seso ence ado que non se amos a, e la o a heso o escondido en ie a», y d ama izada en la his o ia ex ual de Lapida io al e e i se al judío oledano que enía escondido el lib o sin pe mi i que nadie lo u iliza a. F en e a ello, no apa ece en ninguno de es os p ólogos exp esada con ni idez la u ilidad que epo an ales «sciencias», «doc inas», «ensennamien os» y «sabe es». El «p ouecho» que se p e ende log a en el lec o nace de aspec os muy conc e os de la o ma ex e na del ex o: el hecho de es a aducida al cas ellano, en Lapida io, el es a capi ulado y o ece el índice al comienzo, en LC uzes, y el ab i se con las pa es del lib o, en LFo mas. En es echa elación con lo an e io , ampoco en es os p ólogos apa ece el des ina a io del ex o: ¿en quién pensaban es os as ólogos judíos, o el mismo Rey, al compone ales ob as ? Ni hay dedica o ia ni ecep o imaginado : sólo e e encias gené icas, como «el qui leye e» en LConplido o «los que leye en» en LFo mas 10, y, si acaso, «los ladinos» en LC uzes. Aho a bien, al inal del p ólogo de Lapida io se o ece una exhaus i a elación de las cualidades que debe posee quien quie a «ap ouecha se des e lib o»: se exigen es ipos de conocimien o (en as onomía, en pied as y en « ísica») y la cualidad gene al del «buen seso»; pa ece cla o, pues, que el des ina a io no puede se sino la éli e in elec ual de la época, en lo cual coincide con cie os pasajes de LSA n. EL úl imo de los ópica p esen es en es os p ólogos es el de la « es au ación del sabe ». Los miemb os del equipo al onsí no 10) C . E. R. Cu ius, op. ci ., §4 (sob e el ópico de la 'dedica o ia'). 1 1) C . mi es udio « Amé ico Cas o y la ob a cien í ica al onsí : algunas conside aciones en o no al Lib o de la Ochaua Espe a», en Homenaje a Amé ico Cas o, Mad id, Uni e sidad Complu ense, 1987, pp. 65-75 (esp. 73-74). LOS PRÓLOGOS ALFONSÍES 85 o ecen no edades, sino la ecupe ación de una adición cien í ica, ausen e has a ese momen o, si bien Yehudá b. Mosé no eía ese hueco más que en el mundo c is iano: «g an mengua que e a en los ladinos po de allimien o de los lib os de los buenos philosophos e p ouados» (Conplidó), «la pe dida e la mengua que auian los ladinos en las sciencias de las signi icaciones» (LC uzes). En cambio, Lapida io p esen a es a secuencia de p esencias y ausencias del sabe de o ma dis in a y más compleja (¿o a azón pa a no a ibui es e p ólogo a Yehudá?): ins au ación («A is o il» y «los sabios»), p ime a pé dida (gue as, e c.), ecupe ación po Abolays (su ge el lib o), nue a pé dida (po desconocimien o del con enido del lib o), y, po in, la es au ación de ini i a po ob a de Al onso. En odos los casos es és e el p esen ado como impulso de la es au ación; sus judíos (o c is ianos) son me os ins umen os. No cabe duda de que és a es la imagen en que mejo se econocía el Rey. Y és e es el mo o de su p oducción esc i a: el acío de sabidu ía que encuen a a su al ededo . 2. En los p ólogos « egios», una p ime a obse ación, incluso supe icial, nos pe mi e sepa a los que p eceden a la g an mayo ía de los dis in os lib os de LSA de los que apa ecen en sus ob as «mayo es» (Es o ia de España, Gene al Es o ia, Pa idas, e c.). Los p ime os mues an asgos muy semejan es en e sí (en ocasiones pa ecen co ados po un mismo pa ón, se a ian es de un solo p ólogo), a la ez que compa en a ios de los ópica mencionados pa a el g upo an e io . En cambio, los segundos o ecen ca ac e es indi iduales más acusados. 2.1. Casi odos los p ólogos de LSA p esen an un esquema idén ico : enlace con el lib o an e io , lo que ga an iza la cohesión de se un solo ex o («Fablado auemos as a aqui...»); en ajas del ins umen o as onómico en cues ión; «hueco» an e io : no se « allo» lib o de él; o den eal (en gene al, a «Rabiçag», i.e., Ishaq b. Sid) y di ec ices del apa a o. Pese a la au o ía « egia» la ce canía de es as ob as a sus modelos semí icos es al que puede halla se en ellos un c i icismo écnico ausen e en el es o de la ob a cien í ica (así ocu e en el Lib o del elogio del agua y en el del Quad an e senne o) 12. 12) El Lib o del Quad an e senne o no o ma pa e del Códice as onómico complu ense, sino del Códice del A senal (Pa ís); no obs an e, iene sus mismas ca ac e ís icas. C . J. Ma Millas Vallic osa, «Una nue a ob a as onómica al onsí: el T a ado del cuad an e «senne o»», Al-Andalus, XXI, 1956, pp. 59-92 (incluido en Nue os es udios sob e his o ia de la ciencia española, Ba celona, 1960). 86 RAFAEL CANO AGUILAR Po lo gene al, en es os p ólogos son moneda co ien e los ópica is os en el g upo an e io de ex os cien í icos : el deseo de cla idad (paladino se halla en el Lib o p ime o del as olabio edondo y en Qsenne o); el hueco p e io (la « al a» del lib o); el alo p ác ico del con enido, del obje o de que se habla, y no an o del lib o como al (Qsenne o: «po al que se non pie dan las cosas p ouechosas del mundo»). En cuan o a la mención de des ina a io, ambién ausen e po lo gene al, hallamos dos e e encias en p incipio con a ias: la alusión a los especialis as es cla a en LAs olabio («quelo en endiesssen aquellos que ouiessen sabo délo aze nueua mien e»); pe o en el Lib o de las A mellas encon amos, quizá po única ez, ese deseo de llana ulga ización («que no calen a a la cabeza») que, según Amé ico Cas o, de inía la búsqueda in elec ual de Al onso13: «quelo iziesse bien complido, & bien llano de en ende en guisa que pueda ob a con el quai omne quie que ca e en es e lib o». Muy di e en e es, sin emba go, el p ólogo del más conocido de es os lib os, el de las Es ellas ixas, con el que se ab e el códice. En consonancia con las en adas p ológales de los ex os cien í icos semí icos, pe o en cla a disc epancia con la p ác ica mayo i a ia de los p ólogos al onsíes, se ab e con una de inición (más que in ocación) de Dios como uen e de oda i ud y de las me cedes hechas a los homb es, como digno de amo po su p o ección y de emo po la posibilidad de su cas igo. Casi oda la segunda pa e del p ólogo se dedica a la p esen ación esumida, pe o exhaus i a, del con enido del lib o. Sólo en unas pocas líneas, en el cen o, apa ece la ópica habi ual, en emezclada con las e e encias a la Di inidad: el mo i o de compone la ob a, que uel e a se el deseo de da a conoce lo ocul o; el bene icio p ác ico, la «ayuda», que no se especi ica. Po o o lado, en la p esen ación del con enido eapa ece el concep o del Uni e so como sis ema abado en que las es ellas se nos mues an como uen e de i udes : esa isión es la que se mues a as la composición de Lapida io y LC uzes, y la que nos explica po qué se esc iben, y aducen, lib os sob e es as cosas. 2.2 Los p ólogos de las demás g andes compilaciones al onsíes mani ies an si uaciones muy di e sas en e sí: en las ob as his ó icas, el de Es o ia de España es aducción, ampliada, del que puso Rod igo Ximénez de Rada, el Toledano, a su De ebus 13) C . A. Cas o, La ealidad his ó ica de España, Ia éd., México, Po úa, 1954, p. 457.