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El significado antropológico de lo colosal del «land art» al «minimal art»

Abstract

El significado, para quienes contemplan urbanísticamente, y viven las consecuencias de lo colosal en la ciudad y en la arquitectura se percibe en términos de una exaltación estética; ante la pérdida de los valores funcional y social, la exaltación de la cualidad virtual de la urbanidad, la publicidad y la arquitectura escenográfica.

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El significado antropológico de lo colosal del «land art» al «minimal art»

Author: Battisti, Eugenio
Publisher: Editorial Universidad de Sevilla
Year: 2001
DOI: 10.12795/astragalo.2001.i17.03
Source: https://idus.us.es/bitstreams/9be40b2a-798f-4c63-9d6a-916d942723f7/download
EL
SIGNIFICADO ANTROPOLÓGICO
DE
LO
COLOSAL
Del «Land A » al «Minimal A »
Eugenio Ba is i
El signi icado, pa a quienes con emplan u banís icamen e, y i en las con-
secuencias de lo colosal en la ciudad y en la a qui ec u a se pe cibe en é -
minos de una exal ación es é ica; an e la pé dida de los alo es uncional y
social, la exal ación de la cualidad i ual de la u banidad, la publicidad
y la a qui ec u a escenog á ica.
El gigan ismo en la escul u a de hoy en
día es un ema que se nos escapa de las
manos y se acoge a un a amien o eó-
ico as u o e imagina i o. Apa en emen e,
su
inculación con la his o ia no es demasiado
ue e; cuando su ge, p e ende se un pu o
u o de la inspi ación pe sonal e, incluso,
aunque sus p ecu so es, legenda ios o in en-
ados, sean conocidos, nadie quie e ya habla
de ello. Sin emba go, si se aspa la pá ina,
b o a de p on o el meollo adicional, compli-
cando aún más el p oblema que, po o a
pa e, iene componen es comunes. Lo cie o
es que, no bien la pin u a empieza a in en a
en amados a g an escala, si iéndose de éc-
nicas y ma e iales nue os, los escul o es salen
de su escondi e y se colocan a su lado, inun-
dando más si
ca
be las mismas gale ías con
eno mes es uc u as de aglome ado, de plás-
ico o de p eciosísimos y ca ísimos me ales:
no debe habla se, en es e sen ido, de un ena-
cimien o de
la
ieja i alidad en e las a es,
que, apa e la dignidad es é ica undada en
muy amosas ca as, a ados, opúsculos, g a-
bados, alego ías y comi és públicos, signi icó
sob e odo un duelo a mue e pa a apode a se
de la mayo ajada del dine o que, en una u
o a o ma,
se
des inaba a ines públicos. El
es ue zo o ganiza i o y inancie o que em-
peña a los mejo es a is as en la búsqueda de
pa ocinado es o de opo unidades, casi siem-
p e conmemo a i as o solemnes, que les pe -
mi an ealiza sus gigan escas ob as, supone,
luego, el pa hos de un ago ado apilamien o,
bloque sob e bloque, como si de una mode na
escalada del Olimpo se a a a. Fal an, ob ia-
men e, con la excepción de Rusia, los gigan es
an opomo os, el in e io de cuya cabeza se
puede isi a , las pa as de ca acol, los ojos de
a o que desde la lejanía hacen guiños a los
na egan es, si bien no escasean, cie amen e,
los bus os de los P esiden es, esculpidos con
-XVII -
17
ASTRAGALO, 17 (2001)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.2001.i17.03
His o iado del A e
18
bulldoze s. Pe o el co pachón, alla ex a que
despie a en idia, e o ismo o e o , ha pasado
a los labo a o ios de gené ica y a las películas
de ciencia icción, mien as que g an pa e del
colosalismo mode no se dis aza de e o no a
la na u aleza (la mayo ía de las eces, pa a da-
ña la y des ui la después) o de p eciosismo
neo écnico o neocapi alis a, adueñándose del
mi o del p og eso que ha conducido, en el
plazo de unos pocos siglos, a un cambio d a-
má ico y adical de las dimensiones, ya sea en
la ciudad, en la áb ica o en los se icios, y a-
liéndose, incluso, de es a magni icación an o
como símbolo cuan o como ins umen o.
La
a qui ec u a como escul u a
Pe o el p oblema cen al es o o: ¿po qué es-
os escul o es (si es que oda ía podemos de-
nomina los así) no han abajado como inge-
nie os, cons uyendo inmensos puen es 1, o
como a qui ec os, modelando, mejo , los nue-
os ascacielos de escien os cincuen a me-
os, en ez de deba i se en una ma aña de es-
quemas que los inculan a aquéllos?
Encon amos ápidamen e la espues a, con-
cisa y ní ida, en un ex o sag ado singula
al
gus o mode no, Los undamen os del a e mo-
de no, de Ozen ane, que se inicia con unos es-
pléndidos desnudos
de
unas muje es neg as,
que incluye un poco
de
odo, desde la p ehis-
o ia a Picasso, Picabia, Lege , Mi ó,
qu
e p o-
po ciona imp esionan es es adís icas sob e la
ecuencia de de e minados colo es en los e -
sos de los poe as anceses de 1807 en ade-
lan e y que, u ilizando o og a ías, hace juegos
que encajan p ecisamen e en nues o ema,
elogiando al pequeño escul o que c ea un g
i-
gan esco soldado de C e a, copiado de
un
es-
pe able pe o no mal modelo humano, enca a-
mado sob e dos cajas de made a; o a la dama
que posa con elegancia ic o iana pa a que le
hagan
un
pequeño, pequeñísimo, e a o de
pe il, o al he oico cincelado , ocupado en
im-
p imi ca nalidad y p ocacidad a una inmensa
e impúdica nin a de má mol.
Aho a, Ozen an decla a:
<<LA
ARQUITECTURA
LIBRE,
(o mejo ,
LA
ARQUITEC
-
TURA
QUE
HA
CONQUISTADO
LA
LIBERTAD)
ES
ES-
CULTURA>>.
«Llamemos a qui ec o (au én ico)
al
que concibe edi icios con la exclusi a inalidad
esencial de c ea belleza: monumen os o i os,
emplos, a cos iun ales, umbas, e c. Ése es aquí
an lib e como el poe a, el músico, el pin o
y,
po
analogía, su p incipal
mi
sión consis e en e oca
emociones en noso os. Cualquie medio es, po
lo
an o, álido
y
legí imo,
si
log a p o oca ue -
es sen imien os.
>>
El háli o omán ico (que
nos
end á muy bien
cuando hayamos descubie o sus o ígenes) e-
sul a, sin emba go, con a es ado, a lo la go de
odo el lib o, median e de e minados mecanis-
mos co ec i os, ales como el elogio a E o e
Buga i po sus au omó iles, que se decla an
magní icamen e uncionales, la an ología de las
ob as maes as, ealizadas en cemen o a mado
según
el
mé odo Hennebique (ejemplo ac uali-
zado de
la
a qui ec u a sin a qui ec o), las is as
del in e io y del ex e io
de
la To e Obse a-
o io de Eins ein, en Poznan,
y,
con pe dón de
los escenóg a os de la penúl ima película ca as-
o is a,
un
espec acula en oque, mejo que
lo
s
de ellos, del casco me álico del Zeppelin.
¿Se á e dad que la escul u a es la al e na i a
de la a qui ec u a o, más
aú
n, su única al e na-
-XVIII -
i a posible? En is a de odo
lo
que ha p ece-
dido al a e con empo áneo, al al e na i a pa-
ece bas an e eacciona ia y conse ado a.
Pin o esco, digno de
un
Baile Excelsio
(y
an-
e io a és e, que da a de
1881
),
es el monu-
men o conmemo a i o de la inaugu ación del
únel de F éjus, en la Plaza S a u o de Tu ín,
cons uido, en 1879, po Luigi Belli y sus
alumnos de la Academia Albe ina. Aquí, en
luga de una apo eosis es ilís ica del p og eso,
nos encon amos con una especie de psicoma-
quia o, mejo aún, con el esul ado de mul i-
plica ap oximadamen e po 50, la al i ud
de
las «mon añas del in ie no» del
XVI,
en la ca-
dena del Riccio, en Padua, de o ma que, pese
a las modi icaciones iconog á icas,
se
di ía
que ep esen a la caída o el cas igo de los gi-
gan es, con las íc imas inocen es del abajo
de umbadas boca a iba. Y ¿qué deci , luego,
de esa ho ipilan e negación de los ideales sin-
c e is as del libe alismo polí ico, de las libe -
ades ciudadanas, del capi alismo p og esi o,
del desa ollo indus ial y del eu opeísmo que
ca ac e iza on pa e del Resu gimien o, que ad-
minis a, día a día, a indígenas y o áneos,
aquel condenado Sacconi que cons uye a so-
b e el Campidoglio un equi alen e me idional,
inc eíblemen e aquí ico, de las locu as de
un
Luis
II
de Ba ie a, que no pod á jamás,
ni
en
el p esen e
ni
en el u u o, con e i se en el
guión de una he mosísima película. An e es a
decadencia, pod íamos ambién lamen a nos
de que las geniales o es de la Sag ada Fami-
lia de Gaudí enmasca en, en el ho izon e
de
Ba celona, la indus ialización ca alana, ha-
de la escul u a monumen al, como a qui ec-
u a pu a, puede a ibui se sin ese as a las
a esanales o es de Wa s, pob emen e cons-
uidas en una aquí ica pa cela, jun o a las
ías del en, en
un
ghe o
a enoso, y que so-
b e i en, indemnes a los e emo os,
al
lado
de las uinas de la casa amilia , incendiada
po los ándalos. Ob iamen e, pa a Ozen an ,
la unción de la «a qui ec u a pu a» debía se
inno ado a y espi i ual, no una e asión o
un
g i o pe sonal, sino
un
eclamo, po lo que pu-
die a pasa , a la pu eza ecnológica aicionada
po los a qui ec os impu os, en
un
de e mj-
nado momen o: «El a e es el pun o culmi-
nan e del es ue zo humano», un i o cosmoló-
gico e incluso ecológico: él, en ealidad, p o-
pone que se u ilicen a modo de escul u a o de
a qui ec u a las nubes del cielo ( al y como
más a de pensa ía hace A p
),
las cimas de las
mon añas, el uego (en
su
e sión más mane-
jable de los uegos a i iciales).
Y,
en de ini-
i a, lo sublime que sob e i e eniega del
Ki sch, descub e o as adiciones y
se
oma
su
e ancha. La inalidad
de
lo
sublime, según
los eó icos del
XVIII
y según
la
ó mula más
elemen al, es la de «so p ende , gus a e ins-
ui ». Pa a que es o suceda es necesa io que
el diálogo en e la ob a a ís ica y quien la
con empla sea animado y ico en e e encias a
los elemen os emo i os ex e nos que ac úen
a modo de exage ación o de me á o a. És a es
la azón po
la
cual
lo
sublime echaza la imi-
ación de un modelo o de la na u aleza o dina-
ia, que lo obliga ía a
un
diálogo, po así de-
ci lo, p econs i uido sob e elemen os cla a-
ciéndonos ol ida la p esencia de una óp ima men e expues os, pa a una imp o isada
a qui ec u a indus ial y de
un
noble socia- incu sión en lo imagina io y en
lo
mágico, o
lismo. Mien as que
la
unción ennoblecedo a en
lo
a e ado y en lo insóli o (lo que, en el
-XIX-
19
ASTRAGALO,17(2001)ISSN 1134-3672
XVIII,
esidía en la ecién "descubie a" na u a-
leza ag es e de los Alpes), p e i iendo así «gi-
gan escas mon añas, acan ilados y o os p o-
mon o ios y obje os e o í icos», «p ecipi-
cios, o en es, cascadas, empes ades e
incendios». Ob iamen e, pa a que pueda eali-
za su unción, es a na u aleza debe se
pa cialmen e conocida
y,
en cie o modo, p e-
iamen e homologada a ni el colec i o. Lo
sublime de hoy es a á, consiguien emen e, e-
p esen ado po los desie os de A izona, o de
Nue o Méjico, po el G an Lago Salado
y,
en
de ini i a, po el exo ismo al alcance de la
mano, como podían se lo los Alpes pa a los
ingleses que iajaban a Venecia. O quizá el e-
e en e esida en esa o a na u aleza concep-
ual que es la adición his ó ica, es deci , esas
sie e o más ma a illas del mundo que ipoló-
en un e a o, es ilo Miguel Angel, de Alejan-
d o de Macedonia. La ac ualización de Fische
on E lach se ha enido lle ando a cabo
pos e io men e po los p opios a is as, basán-
dose en iajes y conocimien os e nológicos,
imi ando ob as p ehis ó icas o adop ando éc-
nicas a ni el popula . Pe o ¿po qué, hoy, un
pa icula iene que exca a un e o í ico oso
en o ma de c uz en
un
desie o, allí donde na-
die lo e á jamás, o desa a un o bellino de
pied as y ie a en un lago y p ecipi a se sob e
él con una a ione a?
Fische on E lach c eía que las ma a illas de
la An igüedad debe ían se desen e adas
pa a es ímulo del ingenio, del eclec icismo,
del in e és po la ciencia y la ecnología. Es-
amos odeados de ecnología, lo sabemos
gicamen e siguen siendo las mismas, aunque odo y es amos ha os de odo
y,
si enemos
20 cambien de nomb e o de ubicación: podemos un icio pe manen e, és e es el del his o i-
epasa las, incluso en eediciones de p ecio
módico, hojeando el En wü eine
Hi
s o is-
chen A chi ec u , de Fische on E lach, de
1725, donde apa ecen sucesi amen e el S one-
henge, los Puen es Colgan es chinos, el Tem-
plo de Salomón inspi ado en El Esco ial, los
Ja dines Colgan es
de
Babilonia con amina-
dos po las pi ámides mejicanas, nada menos
que es pi ámides egipcias, la mayo de las
cuales ue e igida con el sudo de 360.000
ob e os, la es a ua de Zeus en Olimpia, de 60
pies de al u a, el ine i able Mausoleo de Hali-
ca naso, el Coloso de Rodas, más escenog á-
ico y uncional que la Es a ua de la Libe ad,
el Fa o de P olomeo, bello y dispues o pa a se
copiado po los cons uc o es de ascacielos
come ciales, y el Mon e A hos, ans o mado,
pa a delicia de los i anos p esen es y u u os,
cismo. Fische espe aba pode esuci a , de
los es os a queológicos, gigan es llenos de
ida, pe o es amos ce cados, como an ace a-
damen e ha desc i o Cal ino, po oda una
an asía de pa alelepípedos desmesu ados,
nacidos de ue zas económicas que han e-
en ado el suelo, con la iolencia p imi i a
de la Consag ación de la P ima e a de S a-
insky, pe o sin obje i os a la go plazo, pa a-
lelepípedos que con ecuencia no son más
que cadá e es, aunque es én pin ados de co-
lo es i os
y
se e lejen en ellos las nubes del
cielo. Fische enía la in ención de hace más
denso, median e la imi ación de es os mode-
los, el ejido u bano y e i o ial, ése que a
noso os, po el con a io, nos pa ece que es á
insopo ablemen e conges ionado. Po o a
pa e, la agudeza de las ma a illas de la an i-
-
XX
-
güedad nos esul a pue il, ya que, hoy, la éc-
nica es capaz de hace cualquie cosa: la úl-
ima de odas ellas es el in en o de edi icios
que se mue en, no po que sean anspo ados,
como ocu e a inales del
XIX,
en ba e ías de
locomo o as, sino po que disponen de sus
p opias uedas y de sus p opios ca iles, e in-
cluso de b azos y músculos, de sue e que
cambian de o ma, se ensanchan y
se
es e-
chan con solemne len i ud. Lo sublime de
hoy se á inamo ible, no conmemo a i o, a
eces osco, ecnológicamen e desmañado
y,
a menudo, de lo más an iu bano e inaccesible
de oda la his o ia de la ci ilización;
y,
ade-
más, como eacción en e a una sociedad
ue emen e consumis a, ambién de lo más
inú il.
El Land A
pendien es». An e es a sublime ecología, al
igual que an e una imponen e mon aña, el
homb e pie de cualquie ipo de au o idad
«Es os p ocesos que ansmi en ene gía, ma-
e ia o in o mación, c ecen y se desa ollan
sin necesidad de ninguna pa icipación emo-
i a de quien los con empla. Sólo cuando
se
a a de ob as concebidas con ando con
la
pa -
icipación del público, puede el espec ado
c ee se uen e de ene gía o cabe la posibilidad
de que su p esencia sea necesa ia. Pe o, hay
g upos 'escul ó icos' que uncionan ambién
cuando no hay nadie delan e.
Y,
lo que es
más, la espues a emo i a, pe cep i a o in e-
lec ual del espec ado ca ece de in luencia di-
ec a sob e el compo amien o del conjun o.
Es a al a de ele ancia le impide, po an o,
asumi su papel adicional de ac o domi-
nan e (o des acado) del p og ama
de
la ob a;
Ni
siquie a los opeles de
híppíes
lo u iliza- ya no es más que
un
es igo. En e ec o, un sis-
21
án como emplo o albe gue. Has a la ca ac e-
ís ica que pa ecía se el cen o del p opio
concep o de g andiosidad y monumen alidad,
es deci , la pe du abilidad, ha sido delibe ada-
men e sup imida. Según sus au o es, las in-
cu siones del Land A y de o as endencias
han de adqui i cuan o an es el aspec o de una
uina anónima. Hans Haacke esc ibe: «Una
'escul u a' que eacciona ísicamen e a su
ambien e y/o eje ce in luencia en lo que
la
o-
dea ya no puede segui siendo conside ada
como
un
obje o. La se ie de ac o es ex e nos
que in luyen sob e ella, así como, po o a
pa e, el adio de acción de su p opia in luen-
cia, anscienden el espacio ma e ial que
ocupa. Así, se in eg a en el ambien e, en una
o ma de elación que ha de en ende se, más
que nada, como un conjun o de p ocesos inde-
ema no iene nada que e con la imagina-
ción: es un hecho eal»3•
Nue amen e nos en en amos a una pa adoja:
el
monumen o
se
in eg a de al o ma en la na-
u aleza que llega incluso a impedi
su
dis u e
mí ico o p i ilegiado, mien as que,
al
menos
a pa i de Pe a ca, noso os es amos ya habi-
uados a eco a agmen os de la na u aleza,
a enma ca los con i iéndolos en pos ales, y
manipulándolos con odo espe o (o con á ida
especulación), como
si
se
a ase de un
uní-
cum. Así, las úl imas décadas apa ecen cuaja-
das de o mas e incu siones ípicamen e mí i-
cas, es ilís icamen e idén icas a las de
la
más
exp esionis a ac ion
pain íng,
pe o g a e-
men e desna u alizadas desde un pun o de
is a semán ico, ma ginadas del diálogo, hun-
-XXI-
ASTRAGALO,17(2001)ISSN 1134-3672

22
dic as
en una e o í ica in eg ación con la na-
u aleza y consigo mismas.
T as el p og ama de la empo alidad ísica y
de la ca encia
de
cualquie ipo
de
e ó ica co-
munica i a, nos en en amos a una e ce a pa-
adoja: la ausencia
de
ges ualidad. Gene al-
men e, las ope aciones se p epa an y se desa-
ollan en la o ma más elabo ada de
o ganización neocapi alis a que a desde la
cons i ución de Fundaciones especí icas, es-
c upulosamen e egidas con a eglo a la ley, y
la con a ación de solemnes maes os especia-
lizados o de maquina ia a anzadísima, has a
una campaña publici a ia que
lo
g a quizá ma-
yo éxi o que las que sub encionan las g an-
des Co po aciones in e nacionales, y una do-
cumen ación g á ica i mada po o óg a os
de ama mundial. Es a obse ación se debe a
G.
Celan y no puede se más ace ada. Con-
secuen emen e, el sis ema ope a i o u ilizado
ep esen a, po lo que pudie a sucede , una
mejo a de la bu oc acia de los monopolios y
mues a un imp
e
é i o op imismo de
lo
s éc-
nicos, como si u ie an que cons ui o es de
o
icinas de un kilóme o o de una milla de al-
u a, o ins ala canalizaciones que
in
e cam-
bien el agua calien e de las cos as a icanas
con el agua helada del Cí culo Pola , o a apa
los icebe gs pa a ancla los en los pue os del
Su ca en es de agua, es deci , como
si
es u-
ie an expe imen ando, en e i o io neu al,
una ecnología u ópica pa a las comun
ic
acio-
nes, el come cio, las manu ac u as y las an-
sacciones in e con inen ales de los años no-
en a. Nada más elocuen e que las ci as aci-
li adas con oda exac i ud po Ch is o, quizá
el ac o que mejo ep esen a hoy es e papel.
Pa a embala la Li le Bay, en Aus alia, en
1969, u ilizó un millón de pies cuad ados de
una lona especial y más de 36 mil millas
de cue da; pa a la Valle
y
Cu ain, de 1971, en
Aspen, Colo ado, la i ma p o eedo a del nai-
lon hubo de paga de su bolsillo el segundo
expe imen o,
al
habe esul ado ecnológica-
men e insu icien e el ma e ial se ido la p i-
me a ez,
y,
en la segunda en a i a, la
eno me ca pa se desga ó. La p incipal di i-
cul ad consis ía en la exis encia de iolen as
co ien es de ai e que sólo cesaban du an e
media ho a,
al
amanece y al anochece , po
lo cual la inmensa ca pa enía que se ex en-
dida en oda su longi ud y enganchada en el
espacio de unos pocos minu os, y odo ello en
un clima de abajo en equipo bas an e ea al,
según me con ó un alumno que omó pa e en
el expe imen o, en el cu so de un Semina io
sob e
al
a e con empo áneo. Un p oyec o de
pi ámide de bidones de bencina usados e-
quie e 1.249.000 elemen os. El apa en e-
men e ino ensi o alo in lado, que luego es a-
lla ía en la Fe ia de Kassel, se ellenó con
5.600 me os cúbicos de gas
4•
El aún más
a ac i o Michael Heize i ula con ex emado
comedimien o sus ob as:
Un
e cio de una
mole de g ani o de cincuen a
y
ocho onela-
das en
un
aguje o de cemen o; Dos e cios de
una mole de g ani o de cincuen a y ocho o-
neladas en un aguje o de cemen o, e c. (am-
bas escul u as son de
196
9). La doble nega-
ción, exca ada en Ne ada, de 160 me os de
la go, JI de ancho y
15
de p o undidad, exi-
gió ocho meses de abajo y decenas de má-
quinas pa a mo e doscien as cua en a
mil
oneladas de ie
a.
La documen ación del
p oyec o, así como su p esupues o que, la-
-XXII -
men ablemen e, sólo se publicó
en
pa e,
cons i uyen,
po
lo an o, un elemen o indis-
pensable pa a la alo ación de es a sublimi-
dad,
ya
que,
como
hemos is o, el esul ado
inal
queda
pa cialmen e descali icado y, lo
que
es más, la
mayo
pa e de las eces acaba
po
se
dis u ado exclusi amen e en o og a-
ías y desc ipciones. Con i mándose así,
como
cua a
pa adoja,
que
la
elación con la
a qui ec u a,
cuya
exis encia se p e ende y so-
b e la
que
se eo iza, es ex emadamen e á-
gil y dialéc ica, si no incluso nega i a. Llega-
dos a es e pun o, la incu sión "escul ó ica"
puede limi a se a
se
ic icia o p oyec i a, es
deci ,
es a
calculada, desc i a y, quizá, ep o-
ducida median e mon ajes y collages o og á-
icos, sin
que
nunca llegue a ma e ializa se.
El asal o ciclópeo a la na u aleza, pese a la e-
cupe ación
de
la an opologíá,
de
la emá ica
de
los elemen os, del simbolismo cosmoló-
gico, pese al d ama ismo del mundo sal aje y
de
las máquinas, casi
po
una o ma
ex em
a
de solipsismo, se inde
así
al o ma o
de
la
ilus ación del lib o,
si
es que no llega incluso
a con undi se
con
el sueño.
Pe o exis e o o ipo de escul u a, ealizada en
al u a y ambién ue a de la escala no mal,
si
bien no adquie e siemp e dimensiones g an-
diosas y nunca es na u alis a.
La
e ique a que
la de ine es más aga y oscilan e que la de
Land A , que hemos colgado a los expe i-
men os que acabamos
de
desc ibi : en e ec o,
podemos elegi en e «Fo mas p ima ias» ( é -
mino e iden emen e pla ónico), «Minimal
A » (que insis e
en
el aspec o de
la
pe spica-
cia
del dis u e
de
es as ob as), o el di ícilmen-
e manejable pe o sí bas an e co ec o de la
Exposición ( 1967) que po p ime a ez las
consag ó públicamen e:
La escala como con enido
Mucho cuidado con aplica les la de inición,
al y
como
ya se
ha
hecho,
de
«
La
escul u a
como a qui ec u a».
Lo
que
ese ipo de escul-
u a quie e se lo pun ualiza en o ma insupe-
able Tony Smi h, a quien le p egun aba po
qué azón había hecho un cubo
de
seis pies, ni
más ni menos.
«¿Po
qué
no
lo
has
hecho
más
g ande,
de
modo
que domina a
al
que
lo
con empla? Po que
no
he
que ido hace
un
monumen o.
¿Po
qué
no
lo
has hecho más pequeño,
de
modo
que
se
pudie a
e
de
a iba a abajo? Po que
no
he
que ido hace
un
obje o
.>>
Y, a una dis ancia de diez años, el ensayo c í-
ico
de
Lucy Lippa d
6
(la más in eligen e y
p epa ada de los es udiosos es adounidenses
del a e con empo áneo), se man iene i me:
«Escala», así comienza su eseña de la Escala-
ion in Washing on
7
<
<COn
demasiada ecuencia
se
en iende como
si-
nónimo
de
amaño. Pe o
en
ealidad,
la
escala
se
e ie e a
la
p opo ción,
y
la
g an
escala,
en
escul-
u a, puede se ines able
en
cuan o a dimensiones,
lo
que
ep esen a
un
ac o ela i o
más
que
un
da o obje i o, dependiendo
no
sólo
de
las
p opo -
ciones in ínsecas
de
una
ob a, sino
de
las
del
es-
pacio
en
que
esa ob a es á colocada
y
de
la
dis-
ancia a
la
que
se
con empl
a.
También
el
de alle,
el
colo
y
la
supe icie, esos elemen os senso ia-
les,
pueden modi ica
las
p opo ciones. Po o a
pa e,
al
y
como ha obse ado, en e o os,
Ro-
be
Mo is, ac o es ales como
el
lib e juego
de
asociaciones, indi idual o colec i o, pueden
in-
conscien emen e disminui o aumen a
el
sen ido
-XXIII -
23
ASTRAGALO,17(2001)ISSN 1134-3672
de escala que pe cibe el espec ado . A es o se
añade, luego, la mu abilidad de las expe iencias
p i adas de quien con empla la ob a y del escul-
o . A un homb e que acaba de sali de la cá cel,
el espacio de un cua o de es a no mal se le an-
oja amplio, quien ha nacido en un palacio se
sien e allí p isione o».
Pues o que el sen ido de escala depende de
mul i ud de sensaciones, y no sólo de sensa-
ciones óp icas, quizá debe ía habla se de alo-
es de emplazamien o con olables:
«Cuando una ob a iene ue za su icien e pa a do-
mina su espacio o su ambien e, o log a c ea una
dis ancia en e ella misma y quien la con empla,
haciendo que esa pe sona se ans o me p ecisa-
men e
en
espec ado ».
La Exposición de 1967-68, en la Co ea an Ga-
lle y de Washing on, cons i uyó un buen ejem-
plo en al sen ido, con aquellos mons uos ge-
ai e lib e, que es donde, en la mayo pa e de
los casos, es án des inadas a pe manece , la
monumen alidad de es as escul u as se diluye
y pa ecen más pequeñas de lo que son. Pa a o-
og a ia las en o ma a ac i a, hay que echa
mano de a i icios, de luces e incluso de in e -
siones de posi i o a nega i o. Lo cie o es que
les al a la e i icabilidad dimensional de la es-
cul u a an opomo a. A juzga po su escala,
que es asimismo uno de sus aspec os más cal-
culados y cuyo log o ha ep esen ado, en mu-
chas ocasiones, ingen es es ue zos econó-
micos, esul an inadap adas o, mejo dicho, pa-
ecen modelos. La ipología es igualmen e
incons an e. Visi ando, a pie, o de memo ia, o
a a és de imágenes, las Exposiciones que las
han dado a conoce , pa ece como si se en a a
en una de las cajas de Duchamp
o,
mejo aún,
que se es u ie a hojeando el
Index
de Wa hol,
24 omé icos que se asomaban al inmenso in e- del que su gen olúmenes pla ónicos, globos,
io , has a el segundo piso de un pa io clásico, la as de oma e, aco deones y cas illos de nai-
p o ocando una inc eíble sensación de des-
p opo ción, pese a que el elemen o más al o de
odos no supe aba los
12
me os.
La ex ema pa adoja de es as escul u as gigan-
escas o, mejo dicho, su ca ac e ización in-
ínseca, es su ex a agancia o ines abilidad de
escala.
Son excesi amen e g andes pa a encon a su
si io en un ambien e ce ado, llenan desmesu-
adamen e una gale ía, obligando así a algunos
ma chan es amosos, de Cas elli a Sa gen ini, a
aslada se incluso a un ga aje pa a albe ga las;
una colec i a exige
un
apa camien o sub e á-
neo o ha de ecu i
al
alquile de cas illos gó i-
cos en e os o palacios enacen is as, pe o es un
desmesu ado an asma, ya que colocadas al
pes, con el le e o adecuado «We' e a acked
cons an ly». Las ambiciones simbólicas de es-
os p oyec os y modelos -que, en lo que a olu-
men se e ie e, se man ienen, sin emba go, a
un ni el mode ado en é minos come ciales-
ep esen an, cuando menos, lo que los sueños
de aquel escul o -poe a que que ía compone
aliéndose de an asiosas nubes:
«Ligh ning and hunde a e ans o med in o
loud and luminous epig aphs -
The
winds a e
co
-
lo ed and ollow a i icial and deco a i e cu-
en s.
..
The shapes
o
con inen s a e changed
in o lo al shapes. Eu ope
is
shaped like a lily -
Wellsp ings and seas a e caugh
in
eno nous
glass bowls and ol! slowly ac oss he skill ul
plains
o
mi o s -The moun ains a e u ned in o
eggs and a e hung wi h
lu
s ous and agan
skins>>
-XXIV -
(Jean A p, The Elephan S yle e sus he Bide
S yle, 1934)
8
o los del esc i o -pin o que, as
habe leído a Rabelais
y,
con un es ilo más
aco de con el sen ido
al
uso de la es é ica de
hoy en día, que ía llena odo de mie da:
<<
¡Yo soy el dios de la mie da!>>,
<<
¡Os lanza é es-
cope azos de
mie da!>>
,
<<
¡Os apa é la boca con
mie da!
>>,
<<
¡Os llena é las o ejas de mie da!
>>,
<<
¡Os cega é los ojos con mie da!>
>,
<<
¡Es ampa é
la mie da en las pa edes!
>>
,
<<
¡Os inunda é las ca-
sas de
mie da!>>
,
<<
¡Mie da, mie da, mie da!>>,
<<
¡Mie da en el cielo y mie da en la
ie a!>>
,
<<
¡Llo e án mon ones de mie da!>>,
<<
¡E uc a án
olcanes de mie da!»,
<<
¡Co e án íos de mie -
da!», <<¡Hab á ma es de mie da!
>>
, <<¡Lagos de
mie da!»,
<<
¡Cascadas de mie da!»,
<<
¡Co ien es
de
mie da!>>,
<<¡Os en e a é bajo mon añas de
mie da!
>>
,
(Os aldo Licini, La mie da humean e, agos o-
sep iemb e 1913
9.
Nadie niega, ni cab ía ne-
ga lo, el ascenden e a qui ec ónico que
se
si úa
en el o igen de es os expe imen os: pod ía in-
cluso deci se que (dejando apa e las ealiza-
ciones indus iales y las cons ucciones ecupe-
adas o og á icamen e po Beche ) la mejo
escul u a de es e ipo es el g an a co iun al s
o-
b e el Mississippi, de Ee o Saa inen (1948-67),
que, po o a pa e, copia, como ipo ya que no
como o ma, el p oyec ado po Adalbe o Li-
be a pa a la Exposición Uni e sal de Roma de
1942, como ha e elado
B.
Ze i. Y es igual-
men e cie o que los log os de es a in es iga-
ción plás ica han pasado, o pasa án, a la a qui-
ec u a. Sin emba go, sus aíces son o as
y
se
encuen an en el mani ies o u u is a de
11
de
ab il de 1912 y en la enmienda in oducida en
él po el a ículo de Boccioni, de
15
de ma zo
de 1913, sob e Lace ba, donde
se
habla de
<<
medición sensible
de
lo
que pa ece acío»
y
de in oduci en el acío
<<
odos los gé menes pode osos que esiden en
los ejemplos de los p imi i os, de los bá ba os de
odos los países y en los udimen os de la no í-
sima sensibilidad, que apa ecen en odas las ma-
ni es aciones an ia ís icas de nues a época; el
ca é-can an e, el g amó ono, el cinema óg a o,
los anuncios luminosos, la a qui ec u a mecá-
nica, la ida noc u na, la ida de las pied as y de
los c is ales, el ocul ismo, el magne ismo, la e-
locidad, e c. Supe a la c isis de
lo
udimen a io
g o esco o mons uoso que es el signo de la
ue za sin
ley.
Descub i las leyes que es án o -
mándose en nues a sensibilidad eno ada y pe-
ne a en
un
nue o mundo de alo es de ini i-
VO
S>>
.
El
11
de ma zo de 1915,
se
in odujo una nue-
a enmienda, con la Recons ucción u u is a
del uni e so, de G. Baila y
F.
Depe o, donde,
como
<<
Medios necesa ios» pa a cons ui con-
jun os plás icos odan es y gi a o ios o des-
mon ables, se enume an:
<<Hilos me álicos, de algodón, de lana y de seda,
de odos los g oso es, de colo es. C is ales de co-
lo , papel de seda, celuloide, edes me álicas,
anspa encias de odo ipo, muy colo is as. Teji-
dos, espejos, láminas me álica
s,
papel de es año
colo eado y odo ipo de ma e ias is osas y chi-
llonas. Apa a os mecánicos, elec o écnicos, mu-
sicales y bulliciosos; líquidos químicos lumino-
sos de colo ación a iable; muelles, palancas, u-
bos, e c.».
Y es, p ecisamen e, es a disponibilidad lo
que, po un lado, in i a a lo gigan esco (al
menos en el sen ido de lo ano mal y de lo
as o, iden i icando la escul u a con la esce-
nog a ía, luego con el cinema óg a o
y,
en el
u u o, con la holog a ía, especialmen e cuan-
-XXV-
25
ASTRAGALO,17(2001)ISSN 1134-3672