scieee Open visual document viewer

El significado antropológico de lo colosal del «land art» al «minimal art»

Battisti, Eugenio

Abstract

El significado, para quienes contemplan urbanísticamente, y viven las consecuencias de lo colosal en la ciudad y en la arquitectura se percibe en términos de una exaltación estética; ante la pérdida de los valores funcional y social, la exaltación de la cualidad virtual de la urbanidad, la publicidad y la arquitectura escenográfica.

Full text

EL SIGNIFICADO ANTROPOLÓGICO DE LO COLOSAL Del «Land A » al «Minimal A » Eugenio Ba is i El signi icado, pa a quienes con emplan u banís icamen e, y i en las con- secuencias de lo colosal en la ciudad y en la a qui ec u a se pe cibe en é - minos de una exal ación es é ica; an e la pé dida de los alo es uncional y social, la exal ación de la cualidad i ual de la u banidad, la publicidad y la a qui ec u a escenog á ica. El gigan ismo en la escul u a de hoy en día es un ema que se nos escapa de las manos y se acoge a un a amien o eó- ico as u o e imagina i o. Apa en emen e, su inculación con la his o ia no es demasiado ue e; cuando su ge, p e ende se un pu o u o de la inspi ación pe sonal e, incluso, aunque sus p ecu so es, legenda ios o in en- ados, sean conocidos, nadie quie e ya habla de ello. Sin emba go, si se aspa la pá ina, b o a de p on o el meollo adicional, compli- cando aún más el p oblema que, po o a pa e, iene componen es comunes. Lo cie o es que, no bien la pin u a empieza a in en a en amados a g an escala, si iéndose de éc- nicas y ma e iales nue os, los escul o es salen de su escondi e y se colocan a su lado, inun- dando más si ca be las mismas gale ías con eno mes es uc u as de aglome ado, de plás- ico o de p eciosísimos y ca ísimos me ales: no debe habla se, en es e sen ido, de un ena- cimien o de la ieja i alidad en e las a es, que, apa e la dignidad es é ica undada en muy amosas ca as, a ados, opúsculos, g a- bados, alego ías y comi és públicos, signi icó sob e odo un duelo a mue e pa a apode a se de la mayo ajada del dine o que, en una u o a o ma, se des inaba a ines públicos. El es ue zo o ganiza i o y inancie o que em- peña a los mejo es a is as en la búsqueda de pa ocinado es o de opo unidades, casi siem- p e conmemo a i as o solemnes, que les pe - mi an ealiza sus gigan escas ob as, supone, luego, el pa hos de un ago ado apilamien o, bloque sob e bloque, como si de una mode na escalada del Olimpo se a a a. Fal an, ob ia- men e, con la excepción de Rusia, los gigan es an opomo os, el in e io de cuya cabeza se puede isi a , las pa as de ca acol, los ojos de a o que desde la lejanía hacen guiños a los na egan es, si bien no escasean, cie amen e, los bus os de los P esiden es, esculpidos con -XVII - 17 ASTRAGALO, 17 (2001) A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA A icle, ISSN 1134-3672 h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.2001.i17.03 His o iado del A e 18 bulldoze s. Pe o el co pachón, alla ex a que despie a en idia, e o ismo o e o , ha pasado a los labo a o ios de gené ica y a las películas de ciencia icción, mien as que g an pa e del colosalismo mode no se dis aza de e o no a la na u aleza (la mayo ía de las eces, pa a da- ña la y des ui la después) o de p eciosismo neo écnico o neocapi alis a, adueñándose del mi o del p og eso que ha conducido, en el plazo de unos pocos siglos, a un cambio d a- má ico y adical de las dimensiones, ya sea en la ciudad, en la áb ica o en los se icios, y a- liéndose, incluso, de es a magni icación an o como símbolo cuan o como ins umen o. La a qui ec u a como escul u a Pe o el p oblema cen al es o o: ¿po qué es- os escul o es (si es que oda ía podemos de- nomina los así) no han abajado como inge- nie os, cons uyendo inmensos puen es 1, o como a qui ec os, modelando, mejo , los nue- os ascacielos de escien os cincuen a me- os, en ez de deba i se en una ma aña de es- quemas que los inculan a aquéllos? Encon amos ápidamen e la espues a, con- cisa y ní ida, en un ex o sag ado singula al gus o mode no, Los undamen os del a e mo- de no, de Ozen ane, que se inicia con unos es- pléndidos desnudos de unas muje es neg as, que incluye un poco de odo, desde la p ehis- o ia a Picasso, Picabia, Lege , Mi ó, qu e p o- po ciona imp esionan es es adís icas sob e la ecuencia de de e minados colo es en los e - sos de los poe as anceses de 1807 en ade- lan e y que, u ilizando o og a ías, hace juegos que encajan p ecisamen e en nues o ema, elogiando al pequeño escul o que c ea un g i- gan esco soldado de C e a, copiado de un es- pe able pe o no mal modelo humano, enca a- mado sob e dos cajas de made a; o a la dama que posa con elegancia ic o iana pa a que le hagan un pequeño, pequeñísimo, e a o de pe il, o al he oico cincelado , ocupado en im- p imi ca nalidad y p ocacidad a una inmensa e impúdica nin a de má mol. Aho a, Ozen an decla a: <<LA ARQUITECTURA LIBRE, (o mejo , LA ARQUITEC - TURA QUE HA CONQUISTADO LA LIBERTAD) ES ES- CULTURA>>. «Llamemos a qui ec o (au én ico) al que concibe edi icios con la exclusi a inalidad esencial de c ea belleza: monumen os o i os, emplos, a cos iun ales, umbas, e c. Ése es aquí an lib e como el poe a, el músico, el pin o y, po analogía, su p incipal mi sión consis e en e oca emociones en noso os. Cualquie medio es, po lo an o, álido y legí imo, si log a p o oca ue - es sen imien os. >> El háli o omán ico (que nos end á muy bien cuando hayamos descubie o sus o ígenes) e- sul a, sin emba go, con a es ado, a lo la go de odo el lib o, median e de e minados mecanis- mos co ec i os, ales como el elogio a E o e Buga i po sus au omó iles, que se decla an magní icamen e uncionales, la an ología de las ob as maes as, ealizadas en cemen o a mado según el mé odo Hennebique (ejemplo ac uali- zado de la a qui ec u a sin a qui ec o), las is as del in e io y del ex e io de la To e Obse a- o io de Eins ein, en Poznan, y, con pe dón de los escenóg a os de la penúl ima película ca as- o is a, un espec acula en oque, mejo que lo s de ellos, del casco me álico del Zeppelin. ¿Se á e dad que la escul u a es la al e na i a de la a qui ec u a o, más aú n, su única al e na- -XVIII - i a posible? En is a de odo lo que ha p ece- dido al a e con empo áneo, al al e na i a pa- ece bas an e eacciona ia y conse ado a. Pin o esco, digno de un Baile Excelsio (y an- e io a és e, que da a de 1881 ), es el monu- men o conmemo a i o de la inaugu ación del únel de F éjus, en la Plaza S a u o de Tu ín, cons uido, en 1879, po Luigi Belli y sus alumnos de la Academia Albe ina. Aquí, en luga de una apo eosis es ilís ica del p og eso, nos encon amos con una especie de psicoma- quia o, mejo aún, con el esul ado de mul i- plica ap oximadamen e po 50, la al i ud de las «mon añas del in ie no» del XVI, en la ca- dena del Riccio, en Padua, de o ma que, pese a las modi icaciones iconog á icas, se di ía que ep esen a la caída o el cas igo de los gi- gan es, con las íc imas inocen es del abajo de umbadas boca a iba. Y ¿qué deci , luego, de esa ho ipilan e negación de los ideales sin- c e is as del libe alismo polí ico, de las libe - ades ciudadanas, del capi alismo p og esi o, del desa ollo indus ial y del eu opeísmo que ca ac e iza on pa e del Resu gimien o, que ad- minis a, día a día, a indígenas y o áneos, aquel condenado Sacconi que cons uye a so- b e el Campidoglio un equi alen e me idional, inc eíblemen e aquí ico, de las locu as de un Luis II de Ba ie a, que no pod á jamás, ni en el p esen e ni en el u u o, con e i se en el guión de una he mosísima película. An e es a decadencia, pod íamos ambién lamen a nos de que las geniales o es de la Sag ada Fami- lia de Gaudí enmasca en, en el ho izon e de Ba celona, la indus ialización ca alana, ha- de la escul u a monumen al, como a qui ec- u a pu a, puede a ibui se sin ese as a las a esanales o es de Wa s, pob emen e cons- uidas en una aquí ica pa cela, jun o a las ías del en, en un ghe o a enoso, y que so- b e i en, indemnes a los e emo os, al lado de las uinas de la casa amilia , incendiada po los ándalos. Ob iamen e, pa a Ozen an , la unción de la «a qui ec u a pu a» debía se inno ado a y espi i ual, no una e asión o un g i o pe sonal, sino un eclamo, po lo que pu- die a pasa , a la pu eza ecnológica aicionada po los a qui ec os impu os, en un de e mj- nado momen o: «El a e es el pun o culmi- nan e del es ue zo humano», un i o cosmoló- gico e incluso ecológico: él, en ealidad, p o- pone que se u ilicen a modo de escul u a o de a qui ec u a las nubes del cielo ( al y como más a de pensa ía hace A p ), las cimas de las mon añas, el uego (en su e sión más mane- jable de los uegos a i iciales). Y, en de ini- i a, lo sublime que sob e i e eniega del Ki sch, descub e o as adiciones y se oma su e ancha. La inalidad de lo sublime, según los eó icos del XVIII y según la ó mula más elemen al, es la de «so p ende , gus a e ins- ui ». Pa a que es o suceda es necesa io que el diálogo en e la ob a a ís ica y quien la con empla sea animado y ico en e e encias a los elemen os emo i os ex e nos que ac úen a modo de exage ación o de me á o a. És a es la azón po la cual lo sublime echaza la imi- ación de un modelo o de la na u aleza o dina- ia, que lo obliga ía a un diálogo, po así de- ci lo, p econs i uido sob e elemen os cla a- ciéndonos ol ida la p esencia de una óp ima men e expues os, pa a una imp o isada a qui ec u a indus ial y de un noble socia- incu sión en lo imagina io y en lo mágico, o lismo. Mien as que la unción ennoblecedo a en lo a e ado y en lo insóli o (lo que, en el -XIX- 19 ASTRAGALO,17(2001)ISSN 1134-3672 XVIII, esidía en la ecién "descubie a" na u a- leza ag es e de los Alpes), p e i iendo así «gi- gan escas mon añas, acan ilados y o os p o- mon o ios y obje os e o í icos», «p ecipi- cios, o en es, cascadas, empes ades e incendios». Ob iamen e, pa a que pueda eali- za su unción, es a na u aleza debe se pa cialmen e conocida y, en cie o modo, p e- iamen e homologada a ni el colec i o. Lo sublime de hoy es a á, consiguien emen e, e- p esen ado po los desie os de A izona, o de Nue o Méjico, po el G an Lago Salado y, en de ini i a, po el exo ismo al alcance de la mano, como podían se lo los Alpes pa a los ingleses que iajaban a Venecia. O quizá el e- e en e esida en esa o a na u aleza concep- ual que es la adición his ó ica, es deci , esas sie e o más ma a illas del mundo que ipoló- en un e a o, es ilo Miguel Angel, de Alejan- d o de Macedonia. La ac ualización de Fische on E lach se ha enido lle ando a cabo pos e io men e po los p opios a is as, basán- dose en iajes y conocimien os e nológicos, imi ando ob as p ehis ó icas o adop ando éc- nicas a ni el popula . Pe o ¿po qué, hoy, un pa icula iene que exca a un e o í ico oso en o ma de c uz en un desie o, allí donde na- die lo e á jamás, o desa a un o bellino de pied as y ie a en un lago y p ecipi a se sob e él con una a ione a? Fische on E lach c eía que las ma a illas de la An igüedad debe ían se desen e adas pa a es ímulo del ingenio, del eclec icismo, del in e és po la ciencia y la ecnología. Es- amos odeados de ecnología, lo sabemos gicamen e siguen siendo las mismas, aunque odo y es amos ha os de odo y, si enemos 20 cambien de nomb e o de ubicación: podemos un icio pe manen e, és e es el del his o i- epasa las, incluso en eediciones de p ecio módico, hojeando el En wü eine Hi s o is- chen A chi ec u , de Fische on E lach, de 1725, donde apa ecen sucesi amen e el S one- henge, los Puen es Colgan es chinos, el Tem- plo de Salomón inspi ado en El Esco ial, los Ja dines Colgan es de Babilonia con amina- dos po las pi ámides mejicanas, nada menos que es pi ámides egipcias, la mayo de las cuales ue e igida con el sudo de 360.000 ob e os, la es a ua de Zeus en Olimpia, de 60 pies de al u a, el ine i able Mausoleo de Hali- ca naso, el Coloso de Rodas, más escenog á- ico y uncional que la Es a ua de la Libe ad, el Fa o de P olomeo, bello y dispues o pa a se copiado po los cons uc o es de ascacielos come ciales, y el Mon e A hos, ans o mado, pa a delicia de los i anos p esen es y u u os, cismo. Fische espe aba pode esuci a , de los es os a queológicos, gigan es llenos de ida, pe o es amos ce cados, como an ace a- damen e ha desc i o Cal ino, po oda una an asía de pa alelepípedos desmesu ados, nacidos de ue zas económicas que han e- en ado el suelo, con la iolencia p imi i a de la Consag ación de la P ima e a de S a- insky, pe o sin obje i os a la go plazo, pa a- lelepípedos que con ecuencia no son más que cadá e es, aunque es én pin ados de co- lo es i os y se e lejen en ellos las nubes del cielo. Fische enía la in ención de hace más denso, median e la imi ación de es os mode- los, el ejido u bano y e i o ial, ése que a noso os, po el con a io, nos pa ece que es á insopo ablemen e conges ionado. Po o a pa e, la agudeza de las ma a illas de la an i- - XX - güedad nos esul a pue il, ya que, hoy, la éc- nica es capaz de hace cualquie cosa: la úl- ima de odas ellas es el in en o de edi icios que se mue en, no po que sean anspo ados, como ocu e a inales del XIX, en ba e ías de locomo o as, sino po que disponen de sus p opias uedas y de sus p opios ca iles, e in- cluso de b azos y músculos, de sue e que cambian de o ma, se ensanchan y se es e- chan con solemne len i ud. Lo sublime de hoy se á inamo ible, no conmemo a i o, a eces osco, ecnológicamen e desmañado y, a menudo, de lo más an iu bano e inaccesible de oda la his o ia de la ci ilización; y, ade- más, como eacción en e a una sociedad ue emen e consumis a, ambién de lo más inú il. El Land A pendien es». An e es a sublime ecología, al igual que an e una imponen e mon aña, el homb e pie de cualquie ipo de au o idad «Es os p ocesos que ansmi en ene gía, ma- e ia o in o mación, c ecen y se desa ollan sin necesidad de ninguna pa icipación emo- i a de quien los con empla. Sólo cuando se a a de ob as concebidas con ando con la pa - icipación del público, puede el espec ado c ee se uen e de ene gía o cabe la posibilidad de que su p esencia sea necesa ia. Pe o, hay g upos 'escul ó icos' que uncionan ambién cuando no hay nadie delan e. Y, lo que es más, la espues a emo i a, pe cep i a o in e- lec ual del espec ado ca ece de in luencia di- ec a sob e el compo amien o del conjun o. Es a al a de ele ancia le impide, po an o, asumi su papel adicional de ac o domi- nan e (o des acado) del p og ama de la ob a; Ni siquie a los opeles de híppíes lo u iliza- ya no es más que un es igo. En e ec o, un sis- 21 án como emplo o albe gue. Has a la ca ac e- ís ica que pa ecía se el cen o del p opio concep o de g andiosidad y monumen alidad, es deci , la pe du abilidad, ha sido delibe ada- men e sup imida. Según sus au o es, las in- cu siones del Land A y de o as endencias han de adqui i cuan o an es el aspec o de una uina anónima. Hans Haacke esc ibe: «Una 'escul u a' que eacciona ísicamen e a su ambien e y/o eje ce in luencia en lo que la o- dea ya no puede segui siendo conside ada como un obje o. La se ie de ac o es ex e nos que in luyen sob e ella, así como, po o a pa e, el adio de acción de su p opia in luen- cia, anscienden el espacio ma e ial que ocupa. Así, se in eg a en el ambien e, en una o ma de elación que ha de en ende se, más que nada, como un conjun o de p ocesos inde- ema no iene nada que e con la imagina- ción: es un hecho eal»3• Nue amen e nos en en amos a una pa adoja: el monumen o se in eg a de al o ma en la na- u aleza que llega incluso a impedi su dis u e mí ico o p i ilegiado, mien as que, al menos a pa i de Pe a ca, noso os es amos ya habi- uados a eco a agmen os de la na u aleza, a enma ca los con i iéndolos en pos ales, y manipulándolos con odo espe o (o con á ida especulación), como si se a ase de un uní- cum. Así, las úl imas décadas apa ecen cuaja- das de o mas e incu siones ípicamen e mí i- cas, es ilís icamen e idén icas a las de la más exp esionis a ac ion pain íng, pe o g a e- men e desna u alizadas desde un pun o de is a semán ico, ma ginadas del diálogo, hun- -XXI- ASTRAGALO,17(2001)ISSN 1134-3672 22 dic as en una e o í ica in eg ación con la na- u aleza y consigo mismas. T as el p og ama de la empo alidad ísica y de la ca encia de cualquie ipo de e ó ica co- munica i a, nos en en amos a una e ce a pa- adoja: la ausencia de ges ualidad. Gene al- men e, las ope aciones se p epa an y se desa- ollan en la o ma más elabo ada de o ganización neocapi alis a que a desde la cons i ución de Fundaciones especí icas, es- c upulosamen e egidas con a eglo a la ley, y la con a ación de solemnes maes os especia- lizados o de maquina ia a anzadísima, has a una campaña publici a ia que lo g a quizá ma- yo éxi o que las que sub encionan las g an- des Co po aciones in e nacionales, y una do- cumen ación g á ica i mada po o óg a os de ama mundial. Es a obse ación se debe a G. Celan y no puede se más ace ada. Con- secuen emen e, el sis ema ope a i o u ilizado ep esen a, po lo que pudie a sucede , una mejo a de la bu oc acia de los monopolios y mues a un imp e é i o op imismo de lo s éc- nicos, como si u ie an que cons ui o es de o icinas de un kilóme o o de una milla de al- u a, o ins ala canalizaciones que in e cam- bien el agua calien e de las cos as a icanas con el agua helada del Cí culo Pola , o a apa los icebe gs pa a ancla los en los pue os del Su ca en es de agua, es deci , como si es u- ie an expe imen ando, en e i o io neu al, una ecnología u ópica pa a las comun ic acio- nes, el come cio, las manu ac u as y las an- sacciones in e con inen ales de los años no- en a. Nada más elocuen e que las ci as aci- li adas con oda exac i ud po Ch is o, quizá el ac o que mejo ep esen a hoy es e papel. Pa a embala la Li le Bay, en Aus alia, en 1969, u ilizó un millón de pies cuad ados de una lona especial y más de 36 mil millas de cue da; pa a la Valle y Cu ain, de 1971, en Aspen, Colo ado, la i ma p o eedo a del nai- lon hubo de paga de su bolsillo el segundo expe imen o, al habe esul ado ecnológica- men e insu icien e el ma e ial se ido la p i- me a ez, y, en la segunda en a i a, la eno me ca pa se desga ó. La p incipal di i- cul ad consis ía en la exis encia de iolen as co ien es de ai e que sólo cesaban du an e media ho a, al amanece y al anochece , po lo cual la inmensa ca pa enía que se ex en- dida en oda su longi ud y enganchada en el espacio de unos pocos minu os, y odo ello en un clima de abajo en equipo bas an e ea al, según me con ó un alumno que omó pa e en el expe imen o, en el cu so de un Semina io sob e al a e con empo áneo. Un p oyec o de pi ámide de bidones de bencina usados e- quie e 1.249.000 elemen os. El apa en e- men e ino ensi o alo in lado, que luego es a- lla ía en la Fe ia de Kassel, se ellenó con 5.600 me os cúbicos de gas 4• El aún más a ac i o Michael Heize i ula con ex emado comedimien o sus ob as: Un e cio de una mole de g ani o de cincuen a y ocho onela- das en un aguje o de cemen o; Dos e cios de una mole de g ani o de cincuen a y ocho o- neladas en un aguje o de cemen o, e c. (am- bas escul u as son de 196 9). La doble nega- ción, exca ada en Ne ada, de 160 me os de la go, JI de ancho y 15 de p o undidad, exi- gió ocho meses de abajo y decenas de má- quinas pa a mo e doscien as cua en a mil oneladas de ie a. La documen ación del p oyec o, así como su p esupues o que, la- -XXII - men ablemen e, sólo se publicó en pa e, cons i uyen, po lo an o, un elemen o indis- pensable pa a la alo ación de es a sublimi- dad, ya que, como hemos is o, el esul ado inal queda pa cialmen e descali icado y, lo que es más, la mayo pa e de las eces acaba po se dis u ado exclusi amen e en o og a- ías y desc ipciones. Con i mándose así, como cua a pa adoja, que la elación con la a qui ec u a, cuya exis encia se p e ende y so- b e la que se eo iza, es ex emadamen e á- gil y dialéc ica, si no incluso nega i a. Llega- dos a es e pun o, la incu sión "escul ó ica" puede limi a se a se ic icia o p oyec i a, es deci , es a calculada, desc i a y, quizá, ep o- ducida median e mon ajes y collages o og á- icos, sin que nunca llegue a ma e ializa se. El asal o ciclópeo a la na u aleza, pese a la e- cupe ación de la an opologíá, de la emá ica de los elemen os, del simbolismo cosmoló- gico, pese al d ama ismo del mundo sal aje y de las máquinas, casi po una o ma ex em a de solipsismo, se inde así al o ma o de la ilus ación del lib o, si es que no llega incluso a con undi se con el sueño. Pe o exis e o o ipo de escul u a, ealizada en al u a y ambién ue a de la escala no mal, si bien no adquie e siemp e dimensiones g an- diosas y nunca es na u alis a. La e ique a que la de ine es más aga y oscilan e que la de Land A , que hemos colgado a los expe i- men os que acabamos de desc ibi : en e ec o, podemos elegi en e «Fo mas p ima ias» ( é - mino e iden emen e pla ónico), «Minimal A » (que insis e en el aspec o de la pe spica- cia del dis u e de es as ob as), o el di ícilmen- e manejable pe o sí bas an e co ec o de la Exposición ( 1967) que po p ime a ez las consag ó públicamen e: La escala como con enido Mucho cuidado con aplica les la de inición, al y como ya se ha hecho, de « La escul u a como a qui ec u a». Lo que ese ipo de escul- u a quie e se lo pun ualiza en o ma insupe- able Tony Smi h, a quien le p egun aba po qué azón había hecho un cubo de seis pies, ni más ni menos. «¿Po qué no lo has hecho más g ande, de modo que domina a al que lo con empla? Po que no he que ido hace un monumen o. ¿Po qué no lo has hecho más pequeño, de modo que se pudie a e de a iba a abajo? Po que no he que ido hace un obje o .>> Y, a una dis ancia de diez años, el ensayo c í- ico de Lucy Lippa d 6 (la más in eligen e y p epa ada de los es udiosos es adounidenses del a e con empo áneo), se man iene i me: «Escala», así comienza su eseña de la Escala- ion in Washing on 7 < <COn demasiada ecuencia se en iende como si- nónimo de amaño. Pe o en ealidad, la escala se e ie e a la p opo ción, y la g an escala, en escul- u a, puede se ines able en cuan o a dimensiones, lo que ep esen a un ac o ela i o más que un da o obje i o, dependiendo no sólo de las p opo - ciones in ínsecas de una ob a, sino de las del es- pacio en que esa ob a es á colocada y de la dis- ancia a la que se con empl a. También el de alle, el colo y la supe icie, esos elemen os senso ia- les, pueden modi ica las p opo ciones. Po o a pa e, al y como ha obse ado, en e o os, Ro- be Mo is, ac o es ales como el lib e juego de asociaciones, indi idual o colec i o, pueden in- conscien emen e disminui o aumen a el sen ido -XXIII - 23 ASTRAGALO,17(2001)ISSN 1134-3672 de escala que pe cibe el espec ado . A es o se añade, luego, la mu abilidad de las expe iencias p i adas de quien con empla la ob a y del escul- o . A un homb e que acaba de sali de la cá cel, el espacio de un cua o de es a no mal se le an- oja amplio, quien ha nacido en un palacio se sien e allí p isione o». Pues o que el sen ido de escala depende de mul i ud de sensaciones, y no sólo de sensa- ciones óp icas, quizá debe ía habla se de alo- es de emplazamien o con olables: «Cuando una ob a iene ue za su icien e pa a do- mina su espacio o su ambien e, o log a c ea una dis ancia en e ella misma y quien la con empla, haciendo que esa pe sona se ans o me p ecisa- men e en espec ado ». La Exposición de 1967-68, en la Co ea an Ga- lle y de Washing on, cons i uyó un buen ejem- plo en al sen ido, con aquellos mons uos ge- ai e lib e, que es donde, en la mayo pa e de los casos, es án des inadas a pe manece , la monumen alidad de es as escul u as se diluye y pa ecen más pequeñas de lo que son. Pa a o- og a ia las en o ma a ac i a, hay que echa mano de a i icios, de luces e incluso de in e - siones de posi i o a nega i o. Lo cie o es que les al a la e i icabilidad dimensional de la es- cul u a an opomo a. A juzga po su escala, que es asimismo uno de sus aspec os más cal- culados y cuyo log o ha ep esen ado, en mu- chas ocasiones, ingen es es ue zos econó- micos, esul an inadap adas o, mejo dicho, pa- ecen modelos. La ipología es igualmen e incons an e. Visi ando, a pie, o de memo ia, o a a és de imágenes, las Exposiciones que las han dado a conoce , pa ece como si se en a a en una de las cajas de Duchamp o, mejo aún, que se es u ie a hojeando el Index de Wa hol, 24 omé icos que se asomaban al inmenso in e- del que su gen olúmenes pla ónicos, globos, io , has a el segundo piso de un pa io clásico, la as de oma e, aco deones y cas illos de nai- p o ocando una inc eíble sensación de des- p opo ción, pese a que el elemen o más al o de odos no supe aba los 12 me os. La ex ema pa adoja de es as escul u as gigan- escas o, mejo dicho, su ca ac e ización in- ínseca, es su ex a agancia o ines abilidad de escala. Son excesi amen e g andes pa a encon a su si io en un ambien e ce ado, llenan desmesu- adamen e una gale ía, obligando así a algunos ma chan es amosos, de Cas elli a Sa gen ini, a aslada se incluso a un ga aje pa a albe ga las; una colec i a exige un apa camien o sub e á- neo o ha de ecu i al alquile de cas illos gó i- cos en e os o palacios enacen is as, pe o es un desmesu ado an asma, ya que colocadas al pes, con el le e o adecuado «We' e a acked cons an ly». Las ambiciones simbólicas de es- os p oyec os y modelos -que, en lo que a olu- men se e ie e, se man ienen, sin emba go, a un ni el mode ado en é minos come ciales- ep esen an, cuando menos, lo que los sueños de aquel escul o -poe a que que ía compone aliéndose de an asiosas nubes: «Ligh ning and hunde a e ans o med in o loud and luminous epig aphs - The winds a e co - lo ed and ollow a i icial and deco a i e cu- en s. .. The shapes o con inen s a e changed in o lo al shapes. Eu ope is shaped like a lily - Wellsp ings and seas a e caugh in eno nous glass bowls and ol! slowly ac oss he skill ul plains o mi o s -The moun ains a e u ned in o eggs and a e hung wi h lu s ous and agan skins>> -XXIV - (Jean A p, The Elephan S yle e sus he Bide S yle, 1934) 8 o los del esc i o -pin o que, as habe leído a Rabelais y, con un es ilo más aco de con el sen ido al uso de la es é ica de hoy en día, que ía llena odo de mie da: << ¡Yo soy el dios de la mie da!>>, << ¡Os lanza é es- cope azos de mie da!>> , << ¡Os apa é la boca con mie da! >>, << ¡Os llena é las o ejas de mie da! >>, << ¡Os cega é los ojos con mie da!> >, << ¡Es ampa é la mie da en las pa edes! >> , << ¡Os inunda é las ca- sas de mie da!>> , << ¡Mie da, mie da, mie da!>>, << ¡Mie da en el cielo y mie da en la ie a!>> , << ¡Llo e án mon ones de mie da!>>, << ¡E uc a án olcanes de mie da!», << ¡Co e án íos de mie - da!», <<¡Hab á ma es de mie da! >> , <<¡Lagos de mie da!», << ¡Cascadas de mie da!», << ¡Co ien es de mie da!>>, <<¡Os en e a é bajo mon añas de mie da! >> , (Os aldo Licini, La mie da humean e, agos o- sep iemb e 1913 9. Nadie niega, ni cab ía ne- ga lo, el ascenden e a qui ec ónico que se si úa en el o igen de es os expe imen os: pod ía in- cluso deci se que (dejando apa e las ealiza- ciones indus iales y las cons ucciones ecupe- adas o og á icamen e po Beche ) la mejo escul u a de es e ipo es el g an a co iun al s o- b e el Mississippi, de Ee o Saa inen (1948-67), que, po o a pa e, copia, como ipo ya que no como o ma, el p oyec ado po Adalbe o Li- be a pa a la Exposición Uni e sal de Roma de 1942, como ha e elado B. Ze i. Y es igual- men e cie o que los log os de es a in es iga- ción plás ica han pasado, o pasa án, a la a qui- ec u a. Sin emba go, sus aíces son o as y se encuen an en el mani ies o u u is a de 11 de ab il de 1912 y en la enmienda in oducida en él po el a ículo de Boccioni, de 15 de ma zo de 1913, sob e Lace ba, donde se habla de << medición sensible de lo que pa ece acío» y de in oduci en el acío << odos los gé menes pode osos que esiden en los ejemplos de los p imi i os, de los bá ba os de odos los países y en los udimen os de la no í- sima sensibilidad, que apa ecen en odas las ma- ni es aciones an ia ís icas de nues a época; el ca é-can an e, el g amó ono, el cinema óg a o, los anuncios luminosos, la a qui ec u a mecá- nica, la ida noc u na, la ida de las pied as y de los c is ales, el ocul ismo, el magne ismo, la e- locidad, e c. Supe a la c isis de lo udimen a io g o esco o mons uoso que es el signo de la ue za sin ley. Descub i las leyes que es án o - mándose en nues a sensibilidad eno ada y pe- ne a en un nue o mundo de alo es de ini i- VO S>> . El 11 de ma zo de 1915, se in odujo una nue- a enmienda, con la Recons ucción u u is a del uni e so, de G. Baila y F. Depe o, donde, como << Medios necesa ios» pa a cons ui con- jun os plás icos odan es y gi a o ios o des- mon ables, se enume an: <<Hilos me álicos, de algodón, de lana y de seda, de odos los g oso es, de colo es. C is ales de co- lo , papel de seda, celuloide, edes me álicas, anspa encias de odo ipo, muy colo is as. Teji- dos, espejos, láminas me álica s, papel de es año colo eado y odo ipo de ma e ias is osas y chi- llonas. Apa a os mecánicos, elec o écnicos, mu- sicales y bulliciosos; líquidos químicos lumino- sos de colo ación a iable; muelles, palancas, u- bos, e c.». Y es, p ecisamen e, es a disponibilidad lo que, po un lado, in i a a lo gigan esco (al menos en el sen ido de lo ano mal y de lo as o, iden i icando la escul u a con la esce- nog a ía, luego con el cinema óg a o y, en el u u o, con la holog a ía, especialmen e cuan- -XXV- 25 ASTRAGALO,17(2001)ISSN 1134-3672