DISCURSO
LEIDO
EN
LA
UNIVERSIDAD
LITERARIA
DE
SEVILLA
EN
LA
SOLEMNE
INAUGURACIÓN
DEL
CURSO
ACADÉMICO
DE
1892
Á
1893
i
—
elimo.
SeF ozd
)
ada
ez
que
aquí
nos
eunimos
pa a
inaugu a
solemnemen e
m
*
a eas
del
cu so,
obsé ase
con
pena
alguna
baja
en
nues¬
as
ilas.
Un
año
há
que
oz
más
elocuen e
y
au o izada
que
la
mía
lamen aba
desde
es e
si io
la
i epa able
pé dida
de
dos
ene ados
maes os:
hoy
ócame
á
mí
eco da
que
o os
dos,
D.
C is óbal
Vidal
y
D.
F ancisco
José
Ba nés,
pagando
el
ibu o
ineludible
de
los
mo ales,
deja on
enlu ado
y
acío
el
pues o
que
ocupaban
en e
noso os.
A
la
somb a
ma e nal
y
que ida
de
nues a
Escuela,
sién ese
i o
dolo
an e
espec áculo
an
is e.
Ob e os
odos
en
la
ob a
común
de
la
ciencia,
habi uados
á
e
en
la
Uni e sidad
nues o
hoga
y
á
di igi
al
man enimien o
de
su
uego
sag ado
la
dia ia
labo
del
pensamien o
y
la
palab a,
aunque
á
eces
mili emos
en
opues os
bandos,
mi ámonos
siemp e,
sin
mengua
de
las
espec i as
doc inas,
mas
que
como
amigos,
como
he manos;
y
po
eso,
cuando
Ja
mue e
a eba a
á
alguno
de
noso os,
sien en
los
demás,
con
a lic-
—
6
-
ción
que
al
a ec o
a e nal
iguala,
el
cumplimien o
de
esa
du a
ley
á
que
es á
suje a
oda
ida.
Re lejo
iel
de
la
del
homb e,
en
que
la
aleg ía
y
el
dolo
an
siemp e
unidos,
es
el
ac o
solemne
que
ealizamos
hoy:
c eo
yo
in e p e a
ielmen e
ues os
sen imien os
y
comienzo
con
una
no a
is e;
sin
emba go,
llámasenos
aquí
no
en
señal
de
duelo,
sino
pa a
celeb a
una
ies a;
ies a
del
abajo
in elec ual,
día
de
júbilo,
lazo
de
unión
en e
los
ecue dos
y
espe anzas
de
la
Uni e sidad
española.
A dua
emp esa,
pa a
mí,
en
semejan e
día,
o ece
á
ues a
a ención
asun o
que
no
pudie a
acha se
de
inopo uno
ó
pob e,
si
no
b illa a
an e
mis
ojos
ese
acon ecimien o
inol idable
que
ac ualmen e
conmemo a
el
mundo,
ele ando
desde
las
soledades
de
la
Rábida
has a
los
más
populosos
cen os
de
la
ci ilización
no e-ame icana,
himnos
de
g a i ud
y
de
alabanza
al
genio
de
Colón
y
á
la
España
del
siglo
quince.
No
emáis,
sin
emba go,
que
os
e ie a
la
his o ia,
po
odos
sabida,
de
la
e
inqueb an able,
de
la
cons ancia
he oica,
de
las
ama gu as
y
glo ias
del
g an
ma ino
geno és;
ni
menos
he
de
ha¬
bla os
de
esa
minuciosa
in es igación,
hoy
an
en
boga,
me ced
á
la
cual
la
c í ica
mode na
a a
de
ilumina
g andes
igu as,
escasas
de
elie e
y
luz
en
la
llamada
leyenda
colombina;
ni
in en a é
ampoco,
po que
ue a
inexcusable
abuso,
deci
una
palab a
más
ace ca
de
la
asende eada
conduc a
de
los
españoles
en
el
e i o io
ame icano.
O o
es
mi
p opósi o,
po que
en
el
campo
inago able
que
o e¬
cen
á
la
e lexión
y
al
es udio
el
descub imien o
y
conquis a
de
Amé ica,
hay
si io
pa a
odos;
bas ando
hoy
á
mis
ines
el
exámen
de
las
consecuencias
p oducidas
po
aquellos
hechos
en
sólo
un
o den
de
la
ida,
en
la
es e a
p opia
del
De echo
in e nacional.
De
las
consecuencias
he
dicho
y,
sin
emba go,
no
á
odas
he
de
e e i me:
po que
aun
educiéndose
á
es e a
especial
de
las
de
un
hecho,
oda ía
la
emp esa
de
de e mina las
es
as ísima
y
ocasiona¬
da
po
ex emo
á
de iciencias
y
omisiones:
así
que,
expone
el
enea-
■
denamien o
de
los
e ec os
que,
en
el
o den
in e nacional,
o iginan
el
g an
descub imien o
de
1492
y
la
conquis a
que
le
sigue,
es
a ea
muy
supe io
á
mis
ue zas,
y
sob ado
ex ensa
ambién,
pa a
p e en¬
de
ence a la
en
los
lími es
na u ales
de
un
discu so.
Un
con inen e
que
se
o ece
á
la
explo ación
desin e esada
y
á
la
ambición
mani ies a;
inmensos
ma es
que
se
ab en
al
come cio
y
á
la
pi a e ía,
ya
exci ando
las
codicias
del
monopolio,
ó
ya
gozando
del
égimen
de
libe ad;
p oblemas,
an es
igno ados,
que
se
plan ean
an e
odos
los
países
cul os;
nue as
elaciones,
aun
en e
los
an iguos
pueblos;
comunidades
polí icas
que
nacen
y
se
desa ollan
con
ca ác¬
e
sus an i o
y
p opio;
inespe adas
pe u baciones
en
el
equilib io
de
los
Es ados,
y
la
con inua
epe cusión
en
un
mundo
de
odas
las
aspi aciones
y
c eencias,
de
odas
las
luchas
y
e oluciones
del
o o,
al
se ía,
indicada
no
más
que
á
g andes
asgos,
la
inacabable
se ie
de
hechos
y
doc inas
que
hab ía
necesidad
de
ag upa
con
sis ema
pa a
desa olla
cumplidamen e
el
ema
supues o.
La
bula
In e
cez-
íe a
de
Alejand o
VI,
las
Relec íones
de
Indis
de
Vi o ia,
la
c uzada
de
F ay
Ba olomé
de
las
Casas,
las
Con o e sias
de
Menchaca
no
se ían,
en
al
p og ama,
de
más
indispensable
es udio
que
las
misio¬
nes
del
Pa aguay,
la
decla ación
de
Mon oe,
el
a bi aje
de
Gineb a,
■
ó
el
amoso
código
de
Lie e .
Po
eso,
hab é
de
limi a me
á
es udia
las
consecuencias
p inci¬
pales,
sen idas
po
el
De echo
in e nacional,
du an e
el
pe iodo
de
'explo ación
y
de
conquis a,
abie o
desde
el
día
en
que
a iba on
las
na es
españolas
al
e i o io
ame icano.
Las
na es
españolas,
sí,
po
que
aunque
lleguen
á
disipa se,
andando
el
iempo,
las
somb as
que
hoy
se
cie nen
sob e
las
expediciones
de
los
hijos
de
E ick
el
Rojo,
la
de
Vas
Cos a
Cos e eal,
la
de
Juan
Cousin
y
o as
análogas
(1),
4
a
e dad
es
que
Amé ica
exis e
pa a
Eu opa
de
una
mane a
cie a
y,
(1)
Véase
«Amé ica:
his o ia
de
su
descub imien o»,
po
Rodol o
C onau.
Ba
•«clona,
1892,
páginas
152
y
siguien es.
po
deci lo
así,
de ini i a,
an
sólo
desde
el
ins an e
memo able
en
que
las
ca abelas
de
Palos
di isa on
las
cos as
de
la
isla
de
GuanahanL
A
pa i
de
esa
echa,
ampliada
la
acción
in e nacional
al
dupli¬
ca se
el
mundo
conocido,
hállanse
España
y,
á
su
ejemplo,
más
a de,,
o as
po encias,
en
con ac o
inmedia o
con
la
población
y
e i o io
ame icanos;
su giendo
en e
el
an iguo
y
el
nue o
con inen e
oda
esa
se ie
de
elaciones
que
la
colonización
implica
y,
en
las
cuales,
o a
descuella
el
in e és
de
dominación
ó
polí ico,
o a
el
económico
ó
me can il.
A
impulsos
del
p ime o,
hubo
de
discu i se
el
de echo
que
po¬
dían
eje ci a
los
eu opeos
pa a
ex ende
en
Amé ica
su
impe io;
y,,
á
causa
del
segundo,
la
di ec a
explo ación
del
suelo
ué
seguida
del
abajo
o zoso
impues o
á
los
indígenas,
eemplazado
después
po
el
de
neg os
a icanos;
mas
como
la
comunicación
en e
Amé ica
y
Eu opa
se
hacía
á
a és
de
ma es,
cuya
ex ensión
y
ap o echamien o
ue on
an es
desconocidos,
ep odújose
en
ellos
la
doble
aspi ación,,
económica
y
polí ica,
despe ada
po
el
nue o
con inen e
y
sus
islas,,
y,
de
ese
modo,
ino
á
cues iona se
ambién
si,
como
aquel
y
es as,
e a
el
Occéano
suscep ible
de
sobe anía
y
p opiedad
ó,
po
el
con¬
a io,
común
á
odos
los
Es ados
y
esencialmen e
lib e.
Y
es
de
ad e i
que
las
es
mencionadas
cues iones,
ligadas
odas
po
es echo
ínculo
al
descub imien o
de
Amé ica,
se
plan ean
acional
é
his ó icamen e,
á
la
ez,
en
el
o den
que
indico.
Po que
la
ex ensión
de
la
sobe anía
sob e
nue os
e i o ios
(ex ensión
sin
la
cual
el
eje cicio
del
de echo
de
p opiedad
hab ía
sido
imposible
ó
p eca io),
ué
la
p ime a
y
na u al
aspi ación
de
los
descub ido es;
así
que,
an es
de
anscu i
dos
años
después
del
p ime
iaje
de
Colón,
ienen
á
demos a lo
palpablemen e
las
bulas
de
Alejand o
VI
y
el
a ado
de
To desillas
(i);
diez
años
después*
(1)
Colón
salió
de
Palos
el
día
3
de
Agos o
de
lií)2
y
llegó
á
Guanahani,
omando
posesión
de
es a
isla
en
mm'me
de
Fe nando
é
Isabel,
el
12
de
Oc ub e
del
mismo
año;
en
3
do
Mayo
de
1
k
)
3
concede
el
Papa
á
aquellos
las
Indias,
expidiendo
la
céleb e
bula
de
pa ¬
ición
al
día
siguien e.
Un
año
más
la de,
celéb ase
el
a ado
de
To desillas,
i mado
en
7
de
Junio
de
1494.
—
9
-
la
bas a da
codicia
que
es imuló
inmedia amen e
las
a en u as
y
ex¬
plo aciones
coloniales,
se
había
e elado
ya
en
los
epa imien os,
escla i ud
é
in oducción
de
neg os
en
la
isla
Española
(i);
y,
po
in,
en
la
segunda
mi ad
del
siglo
XVI,
cuando
ya
su caban
el
Occea-
no
explo ado es
de
odos
los
países
y
la
na egación
seguía
abie a¬
men e
los
de o e os
que
el
genio
de
Colón
le
aza a,
comenza on
á
escucha se
las
p ime as
palab as
de
p o es a
con a
la
adicional
opinión
común,
a o able
á
la
p opiedad
y
sobe anía
de
los
ma es.
(2)
De
las
obse aciones
que
p eceden,
esul a
cla amen e
el
plan
que
he
de
segui
en
el
p esen e
es udio:
po que
siendo
el
de echo
de
adqui i
de
las
sobe anías
eu opeas
en
el
e i o io
ame icano,
el
come cio
neg e o
y
la
libe ad
de
los
ma es
las
es
g andes
cues io¬
nes
de
ca ác e
in e nacional
que
po
azón
del
descub imien o
y
conquis a
de
Amé ica
sucesi amen e
se
plan ean
ó,
cuando
menos,
adquie en
las
ex ao dina ias
p opo ciones
que
las
ca ac e izan
en
la
his o ia,
el
exámen
de
esos
es
pun os
en
el
o den
indicado
a iba,
cons i uye
el
asun o
odo
que
á
ues a
ilus ada
conside ación
debo
expone .
I
Comen ando
la
egla
en
que
p oclama
M.
Hall
la
ilimi ada
acul¬
ad
que
ienen
los
Es ados
sobe anos
de
ocupa
e i o ios
nullius
,
obse a
Sumne
Maine
que
el
descub imien o
del
con inen e
ame i¬
cano,
unido
al
desa ollo
de
las
a en u as
ma í imas,
comunicó
in e és
á
es e
asun o,
elegado
has a
en onces
á
una
oscu idad
ol idada.
(3)
La
e dad
de
es a
a i mación
es,
á
mi
en ende ,
indudable.
Así
(1)
De
1501
á
1503
se
in oduje on
los
p ime os
neg os
en
la
Española.
(2)
Conside o
como
p ime
p o es a,
según
se
e á
más
adelan e,
la
de
Vázquez.
Menchaca,
cuyas
«Con o e sias»,
se
publican
en
1563.
(3)
«Le
d oi
in e na ional.»
Pa ís,
1890,
pág.
81
.
3
—
16
-
ima
sólo
eía
en
ellas
la
decla ación
y
econocimien o
solemnes
de
de echos
p ees ablecidos.
De
es as
cua o
escuelas,
la
p ime a
pa ecía
esponde
en
un
odo
á
las
adiciones
de
la
Edad
media;
enca naba
ielmen e
en
la
segunda
el
espí i u
del
p o es an ismo,
que
o icialmen e
a i mó,
po
boca
de
Isabel
de
Ingla e a,
no
econoce
á
los
españoles
«ningún
*
í ulo
esul an e
de
una
donación
del
obispo
de
Roma»
(i);
mien as
que,
en
las
dos
es an es,
se
a iliaban
eólogos
y
ju is as
insignes,
cuya
doc ina
se
inclinó
á
in e p e a ,
no
li e al
y
aisladamen e
la
bula
de
Alejand o,
sino
en
is a
del
espí i u
que
palpi aba
en
ella,
y
ponién¬
dola
en
elación
ambién
con
o as
decisiones
pon i icias,
y
con
los
p incipios
eligiosos
y
ju ídicos
uni e salmen e
acep ados.
Sin
que
en e
en
mi
p opósi o
explica
las
céleb es
bulas
de
con¬
cesión
y
de
epa o,
(po que
lo
que
me
impo a
únicamen e
es
señala
los
esul ados
que
p oducen,
me ced
á
la
discusión
po
ellas
iniciada),
obse a é
que
el
pun o
de
is a
dominan e
en
las
dos
úl imas
de
las
aludidas
escuelas,
es
en e amen e
i ep ochable,
aun
mi ado
á
a és
de
las
p eocupaciones
an i eligiosas
de
nues o
siglo.
¿Quién
pod á
nega
que
el
papa
enía
la
acul ad
de
con ia
á
un
de e minado
p íncipe
ca ólico,
el
cuidado
de
la
p opaganda
y
p o¬
ección
del
c is ianismo
en
los
países
descubie os?,
y
¿quién
pod á
»gos,
a i ma.que
el
Romano
Pon í ice
iene
au o idad
sob e
odos
los
homb es,
cuan¬
a
es
necesa ia
pa a
la
p opagación
y
conse ación
de
la
é,
pe o
lm
de
usa la
de
mo-
»do
dis in o,
según
se
a e
de
ieles
ó
de
in ieles.
Po
o a
pa e,
y
pa a
cumpli
su
mi-
»sión
di ina,
puede
señala
los
minis os
idóneos
y
con enien es,
y
aun
impone
como
»obligación
ú
los
c is ianos
el
acep a
al
manda o,
siendo
es e
el
undamen o
y
ca ác e
»de
la
esolución
de
Alejand o
VI
en
su
amosa
bula;
pe o
en
ella
sólo
con i ió
á
los
» eyesde
Cas illa
el
al o
impe io
de
las
Indias
sob e
muchos
eyes
y
seño es,
en
cuan o
»e a
p eciso
pa a
la
p edicación
del
E angelio.
En
la
p oposición
diez
.y
ocho,
dice
»cxplíci amen e
Las
Casas:
con
es e
sobe ano
impe ial
y
uni e sal
p incipado
de
los
ejes
de
Cas illa
»en
las
Indias,
se
compadece
ene los
eyes
y
seño es
na u ales
del as
su
adminis ación,
p incipado,ju is¬
dicción,
de echos
y
dominio
sob e
sus
súbdi os
pueblos,
ó
que
polí ica
y
ealmen e
se
ijan,
como
se
compc-
%
decía
el
seño ío
uni e saly
sup emo
de
los
Empe ado es
que
sob e
los
Reyes
an iguamen e
enían
.»
Fabió,
«Vida
y
esc i os
de
D.
F ay
Ba olomé
de
las
Casas,
obispo
de
Chiapa.»
Mad id,
1870,
om.
I,
págs.
313-314.
(1)
Con es ación
do
Isabel
de
Ingla e a
á
Mendoza,
embajado
de
Felipe
II,
mseila
en
los
«Camden’s
Annals,»
año
de
1580,
y
ci .
po
Wesllakc,
«Re ue
de
d oi
'
1
ii e na ional
e
do
législa ion
compa ée,»
1801,
pág.
255.
—
17
—
admi a se
de
que
esa
misión
p o ec o a,
con iada
jus amen e
al
des¬
cub ido
como
p emio
na u al
de
sus
es ue zos,
le
ponga
después
en
condiciones
p i ilegiadas
pa a
adqui i
su icien es
í ulos
de
sobe anía
empo al?
Quizá
las
palab as
empleadas
en
el
documen o
pon i icio,
pala¬
b as
cuyo
li e al
sen ido
pudo
an o
en
el
ánimo
de
Bossue ,
hagan
á
p ime a
is a
inadmisible
la
in e p e ación
de
que
a o;
pe o,
si
de¬
enidamen e
se
examina
el
asun o,
sob an
azones
pa a
hace ,
cuando
menos,
la
solución
dudosa;
pa a
de ende
lo
que
de endie on
en
su
iempo
Ba olomé
de
las
Casas,
F ancisco
de
Vi o ia
y
an os
o os,
y
pa a
hace
e i i ,
po
consiguien e,
las
con a ias
doc inas
que,
si
se
ol ida on
con
el
anscu so
de
los
siglos,
pod ían
su gi
de
nue o,,
po que
mu ie on
los
comba ien es
sin
que
hubie a
en
la
lucha
ni
en¬
cedo es
ni
encidos
(i).
Aho a,
po
lo
que
oca
á
la
escuela
que
es ima
dichas
bulas
como
decla aciones
solemnes
de
los
de echos
adqui idos,
áun
es
más
ácil
mos a
lo
que
su
doc ina
encie a
de
acional
y
de
plausible.
En
al
hipó esis,
eje ci a
el
papa
aquella
sup ema
ju isdicción
que
el
consen imien o
de
pueblos
y
de
eyes
ino
a ibuyéndole
desde
los
días
de
G ego io
el
G ande
(2);
empla
con
su
al ísima
au o idad
(1)
Los
é minos
de
que
se
si ió
Alejand o
VI
pueden
in e p e a se,
sin
bolen¬
cia,
como
plena
concesión
de
la
au o idad
que
co espondiese
al
Papado
en
el
o den
pu a¬
men e
eligioso
ó
espi i ual,
y
no
como
donación
de
un
supues o
y
pleno
de echo
de
p o¬
piedad
ó
de
sobe anía.
Dícese
allí
á
los
mona cas
españoles:
«e
pa a
que
siéndoos
con¬
cedida
la
libe alidad
de
la
G acia
Apos ólica,
con
mas
libe ad
e
a e imien o
lomei»
»el
ca go
de
an
impo an e
negocio.»;
ases
que
pa ecen
indica
se
a a
mas
ien
de
una
concesión
eligiosa
que
de
una
donación
polí ica;
de
algo
que
comp
ele
y
a
me
lo
es ablecido
an e io men e,
más
que
de
un
í ulo
exclusi o
en
que,
poi
pnme a
e/,
se
apoye
una
p e ensión
ó
un
de echo.
De
o a
pa e,
p e e ida
la
in e pie
ación
que
li e almen e
explica
las
palab as
de
la
bula,
no
boy
azón
pa a
supone
que
e
p
eno
se
íío io
de
que
en
ella
se
habla
no
implique
la
concesión
del
de echo
c
p opie
ac
a
nías
del
de
sobe anía;
y,
en
al
caso,
su ge
una
nue a
di icul ad
an e
e
es imonio
e
0
*
a
bula
pon i icia
en
que
Paulo
III
decla a
que
los
indios,
aunque
uesen
in
ic
es,
n
c
bían
se
despojados
de
sus
bienes,
pues
que
enían
en
ellos
e
a
e o
ominio.
es o
se
añaden
las
a i maciones
de
los
eólogos
que
negaban
c
seiiono
empm
papa
en
las
ie as
de
los
in ieles,
y
la
doc ina
común
de
las
escuelas
(Vease
Vi o ia,
«Releclio
pos e io
de
Indis,»
n.
e
10)
que
en endía
no
habe
de echo
a
decla a
la
gue¬
a
po
la
sola
di e sidad
de
eligión,
se
econoce á
sin
duda,
que
e a
algo
mas
que
una
in e p e ación
injus i icada
y
cap ichosa
la
que
limi aba
á
la
p opaganda
de
la
e
las
concesiones
de
Alejand o
VI.
,
A
._.
(2)
Véase
Pe ln,
«El
O den
In e nacional,»
Ba celona,
1890,
pags.
30
y
s gu en e»..
-
18
-
los
impulsos
de
ambición
y
egoísmo
que,
en onces
como
hoy,
amena¬
zan
sumi
en
desolado a
ana quía
la
ida
in e nacional
de
los
Es a¬
dos;
o ece
an icipadamen e
á
Po ugal
y
España
una
solución
pací¬
ica
inspi ado a,
más
a de,
del
a ado
de
To desillas,
y
o o ga
el
más
decisi o
de
los
econocimien os
al
de echo
del
p ime
descub i¬
do
y
ocupan e.
Po
eso,
sin
duda,
no
ue on
sólo
esc i o es
ca ólicos
como
De
Mais e
(i),
Wal e
(2)
y
Roselly
de
Lo gues
(3)
las
que
mode na¬
men e
aplaudie on
con
incondicional
aplauso
la
céleb e
decisión
pon¬
i icia;
sino
que
ambién
le
ibu a on,
á
su
modo,
alabanzas,
au o i¬
dades
an
in achables
en
el
p esen e
caso
como
las
de
Sumne
Maine
y
Ben ham
(4),
quedando
sólo
pa a
la
his o ia
supe icial,
á
lo
Lau-
en
(
5
)
,
el
is e
p i ilegio
de
añadi
á
la
censu a
el
idículo
pa a
mal a a
aquella
bula
que,
mi ada
como
decla ación
ó
econocimien o
de
los
de echos
adqui idos,
iene
sob ados
í ulos
al
espe o,
ya
que
no
á
la
admi ación
de
las
edades.
Has a
qué
pun o
pueda
pa ece
undada
y
e osímil
la
in e p e¬
ación
man enida
po
la
escuela
á
que
me
e ie o,
es
ya
cues ión
dis¬
in a
y
que
aquí
no
es
necesa io
esol e :
po que
de
odo
el
an e io
es udio
sólo
me
impo a
aho a
deduci
un
hecho,
el
hecho
de
que
las
bulas
de
1493
p oducen
un
mo imien o
doc inal
ex ao dina io,
al¬
guna
de
cuyas
di ecciones
ó
escuelas
o mula
p incipios,
dignos
de
oda
conside ación
y
elogio.
Pe o
no
es
es o
sólo:
po que
si
se
excep úa,
en e
las
escuelas
e e idas,
la
que
se
limi a
á
man ene
las
adiciones
de
la
Edad
me¬
dia,
odas
las
demás,
es
deci ,
las
e dade amen e
o iginadas
po
el
descub imien o
de
Amé ica
ó,
á
lo
menos,
desa olladas
y
ex endi¬
das
á
consecuencia
de
aquel
hecho,
ienen
in luencia
g andísima
en
el
(
1
)
Ob.
y
pág.
ci .
(
2
)
«Manual
de
De echo
Eclesiás ico
de
odas
las
Con esiones
C is ianas,»
Ma¬
d id,
1845,
pág.
415,
no a.
(3)
Ob.
ci .
lib.
I,
cap.
XI.
(4)
Véase
la
ob a
del
p ime o
i ulada
«L'ancien
d oi .»
Pa ís,
1874,
pág.
235.
(5)
«Eludes
su
1‘his oi e
de
1‘humani é,»
lom.
X,
li .
II,
chap.
III,
sed.
III,
£
1.
—
19
-
conocimien o
y
p ác ica
del
De echo
in e nacional;
y
no,
cie amen e,
po
lo
que,
eunidas
ó
sepa adamen e,
des uyen,
sino
p ecisamen e
po
lo
que
le an an
ó
edi ican.
La
di icul ad
que
podía
esol e
una
bula
del
papa,
desde
el
ins¬
an e
en
que
es a
úl ima
es
o almen e
echazada,
ó
educida
al
o den
eligioso
de
la
p opagación
de
la
é,
ó
mi ada
como
decla ación
de
de echos
p eexis en es,
es
di icul ad
que
queda
en
pié,
y
que
exige
una
solución
inspi ada
en
nue as
doc inas.
Si
el
esc i o
ó
el
polí ico
que
bajan
á
la
a ena,
pa a
oma
pa e
en
el
com¬
ba e,
lle an
el
p opósi o
de
jus i ica
las
adquisiciones
españolas,
expond án
en
a o
de
aquellas,
como
expusie on
Vi o ia,
Salaza
de
Mendoza
y
Solo zano,
cuan as
azones
les
sugie an
la
azón
y
la
ciencia.
Si,
po
el
con a io,
el
ánimo
del
que
discu e
se
inclina
en
con a
del
pode
español
y
en
p ó
de
p e ensiones
i ales,
opon¬
d á
azón
á
azón
y
í ulo
á
í ulo,
como
hizo
la
eina
de
Ingla e a,
pa a
demos a
la
ine icacia
ju ídica
del
descub imien o;
y,
de
es e
modo,
los
p ime os
y
los
segundos,
apesa
de
di e sidades
y
con a¬
dicciones,
abaja án
en
la
ob a
común
de
la
ciencia,
an icipo
cons¬
an e
de
la
ida,
y
po
encima
de
las
discusiones
y
i alidades
de
los
homb es,
b o a á
el
ecundo
y
uni e sal
p og eso,
dispues o
y
condu¬
cido
po
la
mano
p o iden e
de
Dios.
Inú il
me
pa ece
ad e i
que,
en
los
lími es
de
un
discu so,
no
pueden
segui se
paso
á
paso
las
con o e sias
susci adas
pa a
llena
el
acío
que,
espec o
á
la
ex ensión
de
la
sobe anía
española
en
Amé¬
ica,
dejó
la
uina
de
las
concesiones
papales.
Quienes
ol iendo
los
ojos
al
De echo
omano,
hallan
en
la
doc ina
de
la
p opiedad
base
su icien e
pa a
aplica
á
las
adquisiciones
de
sobe anía
los
p incipios
de
ocupación
y
descub imien o;
quienes
o o gan
p e e encia
á
la
legí¬
ima
conquis a,
abo dando
ancamen e
es a
cues ión
espinosísima
de
De echo
in e nacional;
quiénes
alegan
la
ba ba ie
de
los
indios
en
en e
de
la
cul u a
española,
es ableciendo
los
undamen os
de
la
mode na
eo ía
ace ca
del
llamado
de echo
de
ci ilización
,
y
quienes,
-
20
-
po
in,
suman
á
los
í ulos
an e io es,
los
de
cesión
y
comp a,
an ici¬
pándose
al
an
encomiado
p ocede
de
los
pu i anos
ingleses
y
á
lo
que
un
au o
con empo áneo
llama
la
ocupación
cali icada
,
es
deci ,
p ecedida
y
au o izada
po
un
con a o
(i).
Pa a
da
idea
de
la
inmensa
li e a u a
ju ídica
nacida
al
con ac o
de
la
sobe anía
española
con
los
pueblos
ame icanos,
bas a án
un
nomb e
y
un
lib o:
F ancisco
de
Vi o ia
y
sus
«
R
elec iones
heologicce.>
Re léjase
en
es as,
de
mane a
an
os ensible,
la
si uación
c eada
po
el
descub imien o
de
Amé ica;
alcanzan
in luencia
an
decisi a
y
con¬
esada
en
los
p ime os
pasos
cien í icos
del
De echo
in e nacional
y
con ienen
doc ina
an
ele ada
y
luminosa,
que
hace
o a
elección
ue a
impe donable
desacie o.
Nadie
igno a
que
F ancisco
Vi o ia,
el
g an
es au ado
de
los
es udios
eológicos
en
nues a
pa ia,
dedicó
al
examen
de
los
de echos
de
España
en
los
e i o ios
á
la
sazón
ecien emen e
descubie os,
dos
de
sus
céleb es
Relec iones
,
i uladas
ambas
De
Indis
,
y
la
segunda
en
pa icula ,
De
ju e
belli
hispano um
in
ba ba os.
Comp ende
la
p ime a
Relección
dos
pa es
(2):
discú ese
en
la
una
si
los
indios
e an
e dade os
seño es,
en
el
o den
p i ado
y
en
el
público,
de
los
e i o ios
que
ocupaban,
examinándose,
á
seguida,
los
í ulos
que
el
au o
es imaba
ilegí imos
pa a
explica
las
adqui¬
siciones
españolas;
y
es á
consag ada,
la
o a,
á
la
exposición
y
de¬
ensa
de
los
í ulos
admisibles
ó
jus os.
En
la
Relección
siguien e
se
ijan
los
pun os
capi ales
de
la
doc ina
de
la
gue a,
de e minando
quien
puede
hace la,
cual
es
la
causa
que
la
jus i ica,
y
qué
conduc a
debe
en
ella
obse a
el
belige an e.
Toda
es a
in e esan ísima
y
di ícil
ma e ia,
es á
magis almen e
(1)
Debe
ad e i se
que
la
mayo ía
de
los
au o es
que
a a on
es a
ma e ia,
omo
Vi o ia,
Sepúl eda,
G ego io
López,
Salaza
de
Mendoza,
Solo zano,
Nuix,
Ol¬
meda
León,
e c.,
sumaban
cuan os
í ulos
c eían
legí imos,
no
con en ándose
con
ale¬
ga
uno
sólo.
Además,
los
mismos
que
a ibuían
plena
au o idad
en
los
ó denes
ci il
y
polí ico
á
la
concesión
pon i icio,
no
la
alega on
sola,
pa a
mejo
comba i
á
los
con¬
a ios.
(¿)
Rc ié omc
á
la
edición
bcclio
en
Salamanca
en
15 i5.
-
21
-
a ada
en
pocas
páginas:
p oposición,
objeciones,
demos ac’ón,
odo
es
allí
p eciso
y
b e e,
y
aquel
ap e ado
haz
de
silogismos
y
de
ci as
con iene,
sin
emba go,
mayo
iqueza
de
o iginalidad
y
de
doc ina
que
muchos
de
los
apa a osos
lib os
que
p ome en
soluciones
cien¬
í icas
á
los
p oblemas
siemp e
nue os
de
la
gue a
y
de
la
paz.
Los
indios,
dice
Vi o ia,
no
son
sie os
po
na u aleza,
an es
bien
eje ci aban
los
de echos
de
sobe anía
y
p opiedad
cuando
llega on
á
sus
ie as
los
españoles.
Ni
hay
azón,
aunque
sean,
pecado es
ó
in¬
ieles,
pa a
nega les
el
dominio:
po que
el
pecado
como
el
jus o
ienen
bienes,
los
ap o echan
y
disponen
de
ellos,
y
el
in iel,
aunque
a bi a iamen e
se
compa e
con
el
he eje,
nunca
pe de ía
su
pa imo¬
nio
sino
en
i ud
de
la
p e ia
condenación.
Finalmen e,
á
p e ex o
de
insensa ez,
de
imbecilidad
ó
de
demencia,
ampoco
puede
jus i i¬
ca se
el
despojo
de
las
p opiedades
ame icanas:
po que
el
imbécil,
como
el
loco
y
el
niño,
ienen
de echos
y,
po
o a
pa e,
no
son
en
ealidad
insensa os
esos
pueblos
á
quienes
no
al an
una
cie a
o ga¬
nización,
ciudades,
magis ados
y
leyes,
ma imonios,
a í ices
y
cam¬
bios,
y
has a
c eencias
eligiosas,
po
más
que
no
sean
las
e dade¬
as.
De
donde
se
sigue,
dice
el
insigne
p o eso
salman ino,
que
los
indios,
an es
de
la
llegada
de
los
españoles,
e an
seño es
e dade os
en
el
o den
p i ado
y
en
el
público
ó,
como
di íamos
hoy,
p opie¬
a ios
y
sobe anos
del
e i o io
en
que
i ían
(i).
El
econocimien o
del
de echo
de
sobe anía
en
las
ibus
indias,
an es
de
que
ue an
descubie as
po
Colón,
hé
ahí
la
consecuencia
capi al
de
los
azonamien os
de
Vi o ia,
la
p ime a
g an
e dad
que
p oclama
y
demues a.
Llega
á
ella
sacudiendo
el
pol o
de
las
p eocupaciones
que
a ai¬
gaban
en
espí i us
más
ulga es
que
el
suyo,
es echando
en
la
ed
de
sus
aciocinios
las
doc inas
con a ias,
y
empleando
en
el
cu so
de
la
a gumen ación,
o a
el
ex o
de
la
ley
omana,
o a
el
pasage
de
la
(1)
Oh.
ci .
«Relec io
p io
de
ludís,»
1.
a
pa e,
mi as.
4
á
21,
págs.
135-143.
—
22
-
Summa
,
o a
el
pu o
azonamien o,
apoyado
en
doc inas
ó
ideas
acep¬
adas
uni e salmen e.
No
le
de ienen
en
su
ma cha
eposada
y
anquila,
ni
la
opinión
común
de
las
gen es,
ni
el
mal
en endido
in e és
de
la
pa ia
española,
y
á
de echo
al
in,
sin
acilaciones
ni
odeos,
dominado
an
sólo
po
la
a acción
de
la
e dad
y
segu o
de
que
con
és a
se
ha moniza
odo
in e és
legí imo
y
oda
aspi ación
gene osa.
Así
pudo
b o a
y
b o ó
aquella
nobilísima
doc ina,
de
la
cual
an o
debie on
ap ende
la
p ác ica
y
la
eo ía
in e nacionales
desde
el
siglo
XVI
has a
el
p esen e:
po que
es
de
ad e i
que
los
coloni¬
zado es
mode nos
no
han
log ado,
po
egla
gene al,
amolda
su
con¬
duc a
á
las
no mas
que
Vi o ia
es ablece,
y
que
los
esc i o es
ol i¬
da on
con
ha a
ecuencia,
ó
con adije on
sin
epa o,
el
de echo
de
los
pueblos
incul os
á
gobe na se
po
sí
p opios,
es
deci ,
el
inmu¬
able
p incipio
de
jus icia,
o mulado
en
nomb e
de
la
eligión
y
de
la
ciencia
po
el
sabio
dominico
español.
El
ol ido
ó
con adicción
de
al
p incipio,
no
sólo
esponde
á
mezquinas
combinaciones
de
in e eses,
sino
que
pa ece
se
el
esul¬
ado
de
una
ley
his ó ica
uni e sal
é
in lexible:
in lexible
y
uni e sal,
po
lo
menos,
cuando
no
se
a a
de
indi iduos
ó
pueblos
que
espi en,
como
Vi o ia,
la
a mós e a
pu i icada
de
las
g andes
al u as.
Con
e ec o;
nadie
igno a
que
hubo
en
cada
uno
de
los
Es ados
an iguos
una
ma cadísima
endencia
á
conside a se
como
cen o
del
mundo,
ie a
p i ilegiada
que
el
cielo
bendecía,
y
sociedad
de
supe¬
io
cul u a
á
la
de
cuan as
con
ella
coexis iesen;
de
al
sue e,
que
en
las
on e as
del
país
e minaban
la
ci ilización,
las
eligiones
y
el
de echo,
y
más
allá
no
se
ex endía
ningún
ínculo
de
a e nidad,
siendo
el
ex anje o
in e io
en
na u aleza,
po
su
igno ancia,
bá ba o,
y
po
la
descon ianza
que
inspi aba,
enemigo.
Nacía
es a
mane a
es echa
y
alsa
de
conside a
la
elación
ex¬
e io
de
los
Es ados,
del
pe íodo
udimen a io
en
que
se
hallaba
la
Sociedad
uni e sal
de
las
gen es;
Sociedad
imposible
de
odo
pun o
—
28
-
•si
la
igualdad
undamen al
y
la
a e nidad
humanas
no
es án
econo¬
cidas
y,
muy
especialmen e,
si
una
ma cada
di e encia
de
ap i udes
ó
de
cul u a
dá
p e ex o
á
un
pueblo,
en
su
na u al
inclinación
á
des¬
p ecia
odo
cuan o
no
se
le
asemeja,
pa a
expedi
pa en es
de
su¬
pues a
in e io idad,
ó
deduci
de
la
in e io idad
eal
una
absu da
•desigualdad
ju ídica,
análoga
á
la
que
idea on
Pla ón
y
A is ó eles
pa a
explica
la
escla i ud.
Pues
bien;
po
in e osímil
que
pa ezca,
és as
y
no
o as
son
las
causas
de
la
negación
del
de echo
de
sobe anía,
y
de
o as
acul ades
ju ídicas,
ehusadas,
aun
en
iempos
mode nos,
á
los
pueblos
no
ci i¬
lizados.
Á
pesa
del
cosmopoli ismo
c is iano,
del
p og eso
en
las
elaciones
come ciales,
del
con ac o
cada
día
más
ex enso
y
con inuo
con
el
ex anje o;
á
pesa ,
en
una
palab a,
de
odo
cuan o
conduce
al
-es ablecimien o
de
la
e dade a
Sociedad
in e nacional,
an
dis an e
se
es á
de
la
pe ección
de
es a
úl ima,
que
en
el
siglo
quince
como
en
el
siglo
diez
y
nue e,
la
conduc a
de
los
Es ados
en
su
ida
ex e¬
io ,
se
inspi a
á
eces
oda ía
en
el
mezquino
c i e io
de
la
an i¬
güedad,
con
la
única
di e encia
de
habe
disminuido
el
núme o
de
los
p osc ip os
al
amplia se
el
cí culo
de
los
pueblos
he manes.
Sus i uye
hoy
al
Es ado
en
es a
ma e ia,
la
Comunidad
de
los
pueblos
cul os
que
i en
en
ecíp oca
elación
no mal
de
de echos
y
de
debe es;
lo
que
aye
e a
el
Es ado
es
hoy
la
ci ilización,
pe o
-és a
iene
po
on e a,
á
su
ez,
como
decía
el
poe a,
«la
línea
som¬
b ía
y
a al
en
que
comienza
la
ba ba ie»,
y
hé
ahí
que,
aspues a
esa
línea,
enacen
odos
los
exclusi ismos
y
es
eemplazada
la
jus i¬
cia
po
la
lexible
ley
del
in e és
ó
de
la
ue za:
po que,
una
ez
co¬
locado
el
bá ba o
ue a
de
la
Sociedad
de
las
Naciones,
y
mi ado,
en
su
in e io idad,
como
ex año
á
la
ley
común,
sob e iene
lógica¬
men e
la
negación
de
sus
de echos,
pues o
que,
al
in
y
al
cabo,
donde
•quie a
que
al an
las
ga an ías
no males
de
la
ida
ju ídica,
sólo
pue¬
den
impe a
las
a bi a iedades
del
despo ismo,
ó
los
desen enos
de
la
ana quía.
-
24
No
son,
pues,
mo i os
pa icula es
y
ansi o ios,
sino
una
ley
his ó ica
gene al
y
cons an e,
la
que
explica
lo
que
Ho nung
llamaba
<el
ma i ologio
de
las
azas
in e io es»
(i);
de
ella
p ocede
la
doc¬
ina
que
decla a
nullms
,
á
lo
menos
desde
el
pun o
de
is a
de
la
sobe anía,
los
e i o ios
habi ados
po
bá ba os,
y
ahí
es á
la
causa
de
esas
iejas
p eocupaciones,
deshechas
un
día
po
la
lógica
impla¬
cable
de
Vi o ia,
pe o
eno adas,
desg aciadamen e,
después,
y
es¬
idas
con
el
opaje
de
los
mode nos
sis emas
de
Filoso ía
y
de
De echo.
Hegel,
po
ejemplo,
niega
con
uda
anqueza
la
sobe anía
de
las
ag upaciones
no
ci ilizadas:
«Una
ho da,
dice,
una
amilia,
una
» ibu,
una
mul i ud,
ienen
muchos
g ados
que
eco e ,
an es
de
ele-
o a se
á
la
ase
del
Es ado;
el
pueblo,
en
ales
condiciones,
no
iene
o
aún
de echo
á
se
econocido
po
los
demás;
sus
leyes
no
han
e es-
» ido
el
ca ác e
obje i o;
su
independencia,
no
es
sobe anía.»
(2)
Pe o
obse ad,
seño es,
que
la
sobe anía
que
el
De echo
in e ¬
nacional
exige
en
una
comunidad
polí ica
pa a
o o ga le
el
econoci¬
mien o,
no
es
o a
que
aquella
de
que
hablaba
De
Mais e
de inién¬
dola
como
cualidad
del
que
gobie na
y
no
es
gobe nado,
que
manda
y
no
es
mandado;
es,
como
dice
Ma ens,
«la
exp esión
de
la
o al
»independencia
del
Es ado»
(3),
que
és e
úl imo
posée
siemp e
que
cons i uye
«en idad
ju ídica
dis in a,
mo iéndose
en
una
es e a
de
»ac i idad
mo al
y
ísica
suya
p opia»
(4).
No
se
a a,
pues,
del
alo
más
ó
menos
alambicado
ó
a bi a¬
io
que,
en
el
lenguaje
de
de e minado
sis ema
ilosó ico,
deba
ene
la
palab a
sobe anía;
á ase
del
sen ido
en
que
usualmen e
se
la
emplea,
conside ándola
como
exp esión
de
una
cualidad
compañe a
(1)
«Ci ilis a
el
ba ba es;»
a iculo
publicado
cu
la
«Re ue
de
d oi
inle na ionak
el
de
législa ion
compa ée,»
1885,
( om.
XVII),
págs.
0
y
siguien es.
^a as ,
<(
La
pbilosophie
du
d oi
de
Hegel.»
Pa ís,
1809,
3.*
pa le,
púgi—
(3)
«T ai e
de
d oi
in e nalional,»
adui
du
usse
pa
Al ed
Léo.
Pa ís,
1883,
I,
pág,
378.
1
^
Lo ime ,
«P incipios
de
De echo
in e nacional,»
ex ac ados
po
E nes o-
i
s.
Ve sión
cas ellana
de
A.
L.
López
Cole illa;
Mad id,
1888,
pág.
91.
—
33
—
Di ícil
p oblema
siemp e
el
p oblema
de
la
pa e nidad:
po que
si
es a
en
la
ida
social
se
p esume
y
no
se
p ueba,
dado
que
el
mis e¬
io
la
en uel e,
en
el
o den
cien í ico,
p es ándose
el
pensamien o
ge¬
ne ado
á
di isión
y
coope aciones,
po
i ud
de
las
que
se
o man
nue os
o ganismos
con
las
e dades
de
o igen
más
di e so,
hácese
a en u ada
y
pelig osa
oda
a i mación
que
ienda
á
p ecisa
la
pe ¬
sona
del
pad e,
los
lími es
de
la
ges ación,
ó
la
época
del
nacimien o.
Pe o,
sea
de
es o
lo
que
quie a,
en
lo
que
no
cabe
duda
es
en
que
las
Relec iones
de
Vi o ia,
supe io es,
en
opinión
uni e salmen e
admi ida,
á
los
esc i os
de
Legnano
y
Ga ia i,
de
Al a ez
Gue e a
y
López
de
Sego ia,
y
an e io es
á
los
lib os
de
Domingo
de
So o
y
de
Suá ez,
de
Bal asa
de
Ayala
y
de
Pie ino
Belli,
de
Albe ico
Gen¬
il!
y
de
G ocio,
son
el
p ime
paso
impo an e
en
la
ciencia
ju ídica
de
la
gue a
y
de
la
paz;
y
como
esas
Relec iones
ienden
á
esol e
p oblemas
que
el
descub imien o
de
Amé ica
o igina'
y
plan ea,
bas¬
a ían
ellas
solas,
de
no
exis i
o as
p uebas
y
da os,
pa a
mos a
la
bene iciosa
in luencia
que,
en
la
es e a
del
De echo
in e nacioual,
u o
aquel
acon ecimien o
inol idable.
II
Aunque
en
el
sis ema
colonial
de
España,
á
di e encia
del
segui¬
do
en
Holanda
é
Ingla e a,
sea
an
isible
como
pe sis en e
el
in e¬
és
de
dominación
ó
polí ico
(i),
no
po
eso
llega
á
bo a se
el
as¬
pec o
económico
ó
me can il
que
oda
colonización
o ece,
y
ese
es
el
mo i o
de
que,
esuel a
la
cues ión
de
sobe anía
susci ada
po
el
des¬
cub imien o
de
Amé ica,
se
plan ea a
inmedia amen e
o o
p oblema
más
di ec amen e
enlazado
con
la
elación
p i ada
ó
de
p opiedad.
(1)
Véase
Lab a,
«His o ia
polí ica
con empo ánea.
In oducción.»
Mad id,
18/9,
página
50.
9
-
40
-
decla ación
del
cong eso
de
Viena
en
1815,
y
los
nume osos
a ados-
que,
inspi ándose
en
ella,
la
siguen,
ienen
p eceden es
cien í icos
inol¬
idables,
é
inol idables
con
an o
mayo
mo i o
cuan o
que,
me ced
á
ellos,
puede
España
a enua
la
pa e
de
culpa
que
le
cabe
en
el
desa ollo
del
come cio
neg e o.
En
los
esc i os
de
F .
Ba olomé
de
Las
Casas,
y
p incipalmen e
en
su
con o e sia
con
Sepúl eda,
y
en
el
T a ado
sob e
la
escla i ud
de
los
indios
,
apa ece
la
a a
implíci amen e
condenada
po
la
nobi¬
lísima
doc ina
que
allí
campea.
Deci ,
como
decía
el
insigne
obispo
de
Chiapa,
que
odos
los
indígenas
hechos
escla os
en
las
Indias
desde
la
época
del
descub imien o,
habían
sido
escla izados
con
injus icia
(1);
y
a i ma ,
como
a i mó
solemnemen e
an e
el
empe ado
Ca los
V,
en
espues a
al
obispo
del
Da ien,
que
«nues a
eligión
c is iana
es
»igual
y
se
adap a
á
odas
las
naciones
del
mundo,
y
á
odas
igual-
emen e
ecibe,
y
á
ninguna
qui a
su
libe ad
ni
sus
seño es,
ni
me e
»debajo
de
se idumb e,
so
colo
ni
achaque
de
que
son
sie os
d
na u a
»
(2),
es,
sin
duda
alguna,
de ende
la
san a
causa
de
la
libe ¬
ad
y
dignidad
del
homb e,
y
da
a mas
con a
odo
a en ado
que
las
amenace
ó
las
niegue.
Tan
es
así
que
cuando,
disipada
la
niebla
que
obscu eció
su
espí i u,
io
Las
Casas
«se
an
injus o
el
cau i e io
de
»los
neg o»
como
el
de
los
indios»
(3),
con esó
el
e o
que
le
lle ó
un
día
á
p opone
la
explo ación
de
escla os
a icanos,
y
condena
sin
acilación
ni
ambajes,
po
exp eso
modo,
lo
que
implíci amen e
es aba
condenado
en
las
a i maciones
doc inales,
po
él
con
an o
calo
y
cons ancia
man enidas.
Mas
no
hay
necesidad,
po
o una,
de
alega
en
es a
ma e ia
es imonios
que,
aun
cuando
sólo
en
la
apa iencia,
puedan
discu i se^
ya
que
sob an
en
los
eólogos
y
ju isconsul os
españoles,
desde
el
(1)
Véase
el
e e ido
«T a ado
sob e
la
escla i ud
de
los
indios,;
LXV
de
la
«Biblio eca
de
Au o es
Españoles»
de
Ri adcne a,
pág.
208.
(2)
Ob.
y
om.
ci .
pág.
227.
(3)
Véase
Quin ana,
ob.
y
om.
ci s.
pág.
454.
en
el
lomo
siglo
XVI,
ex os
pa a
p oba
cómo
la
eligión
y
la
ciencia
p osc i¬
bían
de
consuno
aquel
come cio
que,
en
ase
de
los
diplomá icos
de
Viena,
«du an e
an o
iempo
ha
asolado
al
A ica,
deg adado
á
Eu¬
opa
y
a ligido
á
la
humanidad.»
Domingo
de
So o,
discípulo
y
suceso
de
Vi o ia,
con empo áneo
y
amigo
de
Las
Casas,
y
homb e
que
gozó
en
nues as
escuelas
de
in luencia
y
p es igio
ex ao dina ios,
esc ibe
ambién
con a
la
a a
en
su
céleb e
lib o
De
jus i ia
e
Ju e.
Si
es
e dad
lo
que
se
e ie e,
dice
So o,
ace ca
de
la
escla¬
i ud
de
los
e iopes;
si
el
aude
y
el
dolo
y
la
iolencia
los
a an¬
can
de
su
ie a
na al,
en onces
«ni
los
que
los
cap u an,
ni
los
que
íos
comp an,
ni
los
que
los
poseen,
pueden
ene
limpia
la
concien¬
cia
has a
que
esos
homb es
sean
manumi idos;
y
es o
áun
cuando
»el
p ecio
que
medió
en
la
comp a
no
pueda
ecob a se»
(i).
Con
más
ene gía
aún
que
So o
ó,
po
lo
menos,
en
o ma
mas
iolen a
y
du a,
ama gada
cons an emen e
po
la
i onía
de
la
ase,
Ba olomé
de
Albo noz
echaza
po
inmo al
é
injus o
el
ca nice o
a o,
como
él
dice,
de
escla os
a icanos
(2);
y
con a
el
mismo
es¬
c iben
igualmen e,
en e
o os,
en
el
siglo
diez
y
seis
Luís
de
Molina,
y
en
el
diez
y
sie e
el
P.
Alonso
de
Sando al
(3).
Con
azón,
pues,
un
esc i o
con empo áneo
(4)
ei indica
pa a
los
pensado es
de
nues a
pa ia
la
p imacía
en
comba i
la
escla i¬
ud
de
la
aza
a icana:
po que
an es
que
Voolman
y
Cla kson
y
Raynal
y
los
demás
nomb es
que
suelen
ci a se
de
o dina io
en
las
(1)
...«Qum
si
e a
es
his o ia,
ñeque
qui
illos
capiun
ñeque
qui
á
cap o ibus
»coemun ,
ñeque
illi
qui
possiden
Lu as
habe e
unquam
conscien ias
possun ,
quousque
»illos
manumi an ,
e iamsi
p e ium
ecupe a e
nequean .»
Lib.
IV,
quaío .
,
a
.
,
C¡ .
po
Cauchy,
II,
24.
(2)
«De
la
escla i ud.»
Es á
inse o
el
b e e
discu so
de
Albo noz
así
i ulado,
en
el
lomo
LXV
de
la
«Biblio eca
de
Au o es
Españoles,»
pág.
232
y
siguien e.
(3)
El
p ime o
en
su
a ado
«De
Conco dia
g a ioc
e
libe i
a bi a,»
y
el
se¬
gundo
en
el
suyo
«De
Ins au ando
yE hiopum
salu e.»
(4)
D.
Adol o
de
Cas o
en
el
«Discu so
p elimina ,»
del
ci .
lomo
de
la
«Biblio-
loca
de
Au o es
Españoles.»
—
42
-
lis as
de
impugnado es
de
la
a a
de
neg os,
apa ecen
his ó icamen e
los
de
Sando al
y
Molina,
los
de
So o
y
Las
Casas.
Mas
aunque
no
ue a
así,
y
nue os
da os,
ol idados
hoy,
puedan
mañana
a eba a nos
la
glo iosa
p io idad
p e endida,
poco
impo a:
no
hay
pa ia
ni
on e as
pa a
la
e dad,
que
odo
homb e
de
bue¬
na
e
acep a
y
ap o echa
sin
p eocupa se
de
la
pe sona
que
la
p o¬
paga
ó
del
idioma
en
que
se
di unde,
y
es á
ealizado
el
p og eso
y
dado
un
paso
en
el
camino
de
la
pe ección
desde
el
ins an e
en
que
b illa
la
doc ina
e dade a,
llámese
Las
Casas
ó
Cla kson
quien
enga
la
dicha
de
encende
la
an o cha
que
ilumina.
Puede
ya
o mula se,
en
is a
de
lo
dicho,
opinión
conc e a
es¬
pec o
á
la
in luencia
eje cida
po
el
descub imien o
y
conquis a
de
Amé ica
en
el
desa ollo
del
come cio
neg e o.
Po
de
p on o,
y
en
el
o den
de
los
hechos,
esa
in luencia
ué
pe niciosa,
deplo able;
el
mal,
ya
exis en e,
oma
desmesu adas
p o¬
po ciones,
po que
se
ab e
as ísimo
me cado
á
la
en a
de
escla os
y
po que
in e eses
de
odas
clases
lo
alien an
y
sos ienen;
pe o
des¬
pués,
y
en
la
es e a
de
las
ideas,
la
eacción
de
la
doc ina,
mo i ada
sin
duda
po
el
abuso
mismo
que
en
la
p ác ica
de
la
ida
impe aba,
egene a
la
u bia
co ien e
in elec ual,
cómplice
de
la
manchada
con¬
ciencia
de
la
cul a
Eu opa;
y
de
a enuación
en
a enuación
y
de
pueblo
en
pueblo,
log a
al
in
que
el
á ico
de
neg os
sea
p osc i o
en
nom¬
b e
del
De echo
in e nacional,
á
cuya
somb a
se
había
cobijado
du¬
an e
el
anscu so
de
siglos.
Y
cuen a,
seño es,
que
la
abolición
de
la
a a
dec e ada
y
lle¬
ada
á
cabo
po
acue dos
in e nacionales,
signi ica
algo
más
que
el
emedio
de
una
en e medad
dolo osa,
y
no
es,
an
sólo,
la
clausu a
de
un
ciclo
abie o
en
la
e a
del
descub imien o
ame icano.
«Las
medidas
in e nacionales
omadas
con a
la
a a
de
ne¬
b os,
dice
Blun schli,
nos
o ecen
un
ejemplo
de
in e ención
en
a o
*
de
los
de echos
na u ales
del
homb e»
(i)
y,
po
an o,
cabe
añadi .
(1)
«Le
d 'oi
¡nle nalional
codi ié»;
(pa ióme
édi ion.
Pa ís,
1886,
pág.
20.
-
43
-
p oyec an
i a
luz
sob e
el
concep o
del
De echo
in e nacional
y
de
la
misión
que
debe
cumpli
en
el
mundo.
La
abolición
de
la
a a
po
el
De echo
in e nacional
signi ica
que
la
u ela
de
és e
se
ex iende
ó,
po
lo
menos,
in en a
ex ende se
has a
asegu a
á
los
ciudadanos
délos
di e sos
países
«una
p o ec¬
ción
común,
como
dice
el
ci ado
esc i o ,
pa a
los
de echos
gene-
e ales
que
esul an
de
la
cualidad
de
homb e»
(i),
implicando,
po
lo
mismo,
la
de inición
una
de
de echos
humanos
inmu ables,
cuyo
espe o
se
ha
de
impone
á
odo
Es ado,
sin
acepción
de
azas
ni
de
climas.
Es e
concep o
del
De echo
in e nacional
que,
poniendo
plausible
lími e
al
iejo
exclusi ismo
de
las
sobe anías,
hace
lo a ,
po
encima
de
las
on e as
de
los
pueblos,
los
e e nos
p incipios
de
jus icia,
es
concep o
que
encie an
gé menes
ecundos
de
e dade o
p og eso
y
bienes a .
Me ced
á
él,
la
necesa ia
unidad
del
De echo
se
sal a
en
medio
de
la
aná quica
di e sidad
de
legislaciones
nacionales,
y
odo
Es ado,
al
ing esa
en
la
uni e sal
Sociedad
de
las
gen es,
em¬
pieza
po
econoce
los
de echos
na u ales
del
homb e
y
la
sup ema
au o idad
que,
en
el
o den
posi i o,
los
o mula
ó
de ine.
Quizá
se
diga
que
las
ci cuns ancias
concu en es
en
la
a a,
á
di e encia,
po
ejemplo,
de
la
escla i ud
de
los
indios;
que
las
no as
peculia es
de
aquella,
no as
que
la
con e ían
en
cues ión
in e nacio¬
nal
bajo
odos
aspec os,
acili a on
la
in e ención
colec i a
de
los
Es ados
pa a
p o ege
al
op imido,
sin
cons i ui
p eceden e
se io
pa a
el
caso
en
que
la
ejación
ó
el
c imen
no
u iesen
ca ác e
in¬
e nacional
an
de inido
y
e iden e.
Mucho
hay
de
e dad
en
es a
obse ación
y,
sin
emba go,
no
po
eso
se
debili an
las
conside aciones
an e io es.
Pa a
pasa
del
ciego
espe o
in undido
po
la
sobe ana
indi
i-
dualidad
de
los
Es ados,
al
p incipio
de
solida idad
que
debe
i i ica
(^1)
Ob.
ei .
a .
1,
pág.
55.
44
—
la
p ác ica
y
eo ía
in e nacionales,
necesi ábase
ocasión
p opicia;
algo
que,
sin
ompe
b uscamen e
el
hilo
de
la
adición,
hicie a,
po
in¬
sensible,
ácil
el
paso
de
lo
an iguo
á
lo
nue o.
Y
esa
ocasión
ué
la
a a.
Po
lo
que
enía
de
in e nacional,
pudie on
ácilmen e
asocia se
los
Es ados
pa a
aboli ía;
y
po
lo
que
enía
de
negación
de
un
de e¬
cho
na u al
ó
humano,
esa
abolición
ué
impo an e
paso
en
el
ca¬
mino
de
la
p o ección
in e nacional
á
los
de echos
undamen ales
del
homb e.
Así,
pues,
la
doc ina
que,
desde
el
siglo
diez
y
seis,
iene
p e¬
pa ando
la
abolición
del
come cio
neg e o,
es
el
p eceden e
inme
dia o
de
es as
mode nas
endencias
que
ya
cla amen e
se
descub en
en
la
céleb e
decla ación
del
cong eso
de
Viena;
y,
de
es a
sue e,
á
a és
de
un
lamen able
abuso
en
la
p ác ica,
y
de
una
igo osa
y
e icaz
p o es a
en
la
doc ina,
enlázanse
el
descub imien o
y
conquis a
de
Amé ica
con
el
no ísimo
sen ido
y
las
más
ecien es
aspi aciones
del
mode no
De echo
in e nacional.
III
En
medio
de
una
di e sidad
de
ap eciaciones
asomb osa,
y
de
los
pa ece es
más
abie amen e
encon ados
espec o
á
la
na u aleza
de
las
consecuencias
que
el
descub imien o
de
Amé ica
p oduce
en
o den
al
dominio
del
ma ,
con ienen
los
esc i o es
que,
más
ó
menos
inciden almen e,
a an
de
es e
pun o,
en
econoce
la
in luencia
de¬
cisi a
de
aquel
hecho
en
la
mencionada
cues ión,
in e esan e
y
g a e
como
pocas.
P adie -Fode é
y
Sumne
Maine
ep esen an
aquí
las
dos
opi¬
niones
ex emas.
«El
pensamien o
de
ap opia se
el
ma ,
dice
el
p ime o,
ha
na-
*cido
en e
los
pueblos
mode nos.
Ha
salido
del
conside able
desa-
—
45
—
» ollo
que
alcanzó
el
come cio
ma í imo
y,
po
consiguien e,
la
na-
* egación,
sob e
odo
después
del
descub imien o
de
Amé ica.
Ha-
sbiendo
llegado
á
se
las
elaciones
come ciales
con
el
Nue o
Mundo
»base
eal
de
la
iqueza
y
ue za
de
las
naciones,
los
di e en es
pue¬
blos
de
Eu opa
han
endido
á
aumen a
su
á ico
y
na egación
en
»de imen o
de
las
naciones
ecinas
ó
i ales.
Fué
po
es e
mó il
»injus o
po
lo
que
Venecia
a ó
de
ap opia se
el
ma
Ad iá ico,
»Géno a
el
Ligu io,
españoles
y
po ugueses
los
de
Amé ica,
y
po
»lo
que,
en
in,
Ingla e a
en
el
siglo
XVII
p e endió
se
sobe ana
»de
la
mayo ía
de
los
ma es
que
comunican
con
los
que
bañan
sus
»
cos as,
es
deci ,
de
odos
los
ma es
del
uni e so,
po que
odos
ellos
»se
comunican
en e
sí»
(i).
Po
el
con a io
Sumne
Maine,
después
de
hace
suya
la
doc¬
ina
que
enseña
habe
comenzado
el
De echo
in e nacional,
en
el
sen ido
mode no
de
la
ase,
po
un
égimen
gene al
de
clausu a
en
los
ma es,
señala
en e
las
causas
que
de e mina on
la
uina
del
sis¬
ema
an iguo
y
la
libe ad
del
Occéano,
el
descub imien o
de
Amé ica
y
los
iajes
en
que
los
po ugueses
dobla on
el
Cabo
de
Buena
Es¬
pe anza
(2).
No
puede
se
más
cla a
la
con adicción.
El
p opósi o
y
el
he¬
cho
de
ap opia se
el
ma
empiezan,
en
opinión
de
P adie
Fode é,p e¬
cisamen e
en
el
ins an e
en
que,
á
juicio
de
Sumne
Maine,
concluyen;
siendo
el
descub imien o
de
Amé ica,
pa a
el
uno,
comienzo
de
una
época
de
se idumb e;
p incipio,
pa a
el
o o,
de
una
e a
de
libe ad.
¡Ex aña
con adicción,
po
cie o,
cuando
uno
de
los
opues os
é minos
que
la
o iginan
es á
pe ec amen e
desmen ido
po
las
en¬
señanzas
de
la
his o ia!
En
las
más
emo as
edades
de
que
aquella
nos
habla
apa ecen
(1)
«Le
d oildc
lague e
e
de
la
a
¡
x»
pa
G olius;
nou cllo
aducüon
pa
P.
P adie -Fode é.
Pa ís,
18G7,
om.
I,
li .
II,
chap.
II,
pag.
3%,
no a.
(2)
«Le
d oi
¡nle nalional.»
Págs.
102
y
103.
—
40
-
los
ma es
lib es
(i),
pe o
con
ma cada
endencia
ya
á
en a
en
el
do¬
minio
ó
sobe anía
de
de e minados
pueblos.
La
pi a e ía,
que
ué
en onces
gene al
azo e
del
come cio
ma¬
í imo,
hizo,
como
enseña
Cauchy,
que
«el
es ablecimien o
de
un
po-
»de
egula
á
la
ez
que
despó ico,
y
p o is o
de
la
ue za
y
o¬
lun ad
necesa ias
pa a
ep imi
ese
bandole ismo
que
á
odas
pa ¬
nés
lle aba
el
e o
y
la
mue e,
uese
saludado
como
un
bene icio
»po
los
pueblos
y
aún
po
los
sabios
de
la
an igüedad»
(2).
Desde
los
iempos
de
G ecia,
el
impe io
ma í imo
iene
eje ¬
ciéndose
y
se
dispu a
de
al
modo
que,
á
c ee
un
documen o
con¬
se ado
po
Eusebio,
el
ce o
del
ma
cambió
de
manos
diez
y
seis
eces
du an e
el
anscu so
de
seis
siglos
(3),
al
mismo
iempo
que
el
de echo
de
lib e
na egación
su ía
es icciones,
pa a
el
encido
ó-
el
débil,
en
cuan os
a ados
ma í imos
de
g iegos
y
omanos
han
log ado
llega
has a
noso os
(4).
G ocio
mismo
no
ha
podido
desconoce
la
e dad
de
es os
he¬
chos,
y
con
ex os
de
Demós enes
y
Theóc i o,
de
Dionisio
de
Haly-
ca naso
y
Quin o
Cu do,
de
Appiano
y
de
Jose o,
ha
enido
á
es a¬
blece
la
exis encia
de
un
an iguo
seño ío
en
los
ma es
(5)
como,
en
mayo
escala
y
con
menos
impa cialidad,
hizo
ambién
Selden.
Es a
si uación
de
clausu a
ó
impe io
del
ma ,
desp o is a
ya
de
las
p imi i as
azones
que
la
c ea on,
si
bien
alen ada
po
ambiciosas
mi as
que
no
al an
en
época
alguna
de
la
his o ia,
p olongóse
du¬
an e
oda
la
Edad
media.
La
epública
de
Venecia
simbolizaba
desde
el
siglo
doce
en
los
desposo ios
del
Dux
con
el
Ad iá ico
la
sobe anía
que
sob e
las
(1)
Aludiendo
á
es a
p imi i a
libe ad,
dice
Sumne
Maine:
«Los
documen os
>xjue
poseemos
me
pa ecen
suge i ,
no
obs an e
su
insu iciencia,
la
idea
de
que
si
el
»ma
ué,
en
un
p incipio,
común,
ué
en
el
sen ido
de
que
es aba
abie o
á
las
dep e-
»daciones
de
odos
(qu‘
elle
s'ou ai
uni e scllemen
aux
dép éda ions.»
Ob.
ci .
pá¬
gina
101.
(2)
Ob.
ci .
1,181.
(3)
Caucb ,
Ob.
ci .
I,
95.
(i)
Id.,
id.,
id.,
182.
(5)
«Le
d oi
de
la
gue e
c
de
la
paix,»
li .
II,
clnap.
III,
§
XIII,
no a.
-
47
—
aguas
de
és e
eje ci aba
(i);
Géno a,
en
la
época
de
su
mayo
lo e¬
cimien o
y
pode ío,
eclamaba
el
sobe ano
impe io
sob e
oda
la
ex¬
ensión
del
ma
Ligu io;
Colón
llamaba
á
Fe nando
é
Isabel,
en
las
capi ulaciones
de
San a
Fé,
seño es
de
las
ma es
Occéanas
;
y
á
a és
de
la
hep a quia
anglo
sajona,
de
la
in asión
de
los
daneses
y
de
la
conquis a
no manda,
buscaba
Selden
el
abolengo
de
la
sobe anía
de
su
país
sob e
los
llamados
ma es
b i ánicos
(2).
No
in en o
yo,
ni
po
asomos,
ompe
una
lanza
en
p ó
de
las
iejas
p e ensiones
de
Ingla e a,
ni
de
la
disc eción
de
los
azona¬
mien os
de
Selden;
pe o,
sea
cual
ue e
el
juicio
que
me ezcan
es os
y
apun ándolos
más
como
es imonio
de
una
opinión
que
como
p ue¬
ba
de
un
de echo,
aunque
de
ellos
se
haga
abs acción
comple a,
los
demás
da os
que
a iba
se
mencionan
bas an
y
sob an,
á
mi
e ,
pa a
que
cla amen e
esul e
que
no
es
aspi ación
exclusi a
de
los
mode ¬
nos
iempos
la
que
in en a
con isca
en
p o echo
de
de e minado
país
el
codiciado
seño ío
sob e
los
ma es
eu opeos.
Mal
pudo,
pues,
el
descub imien o
de
Amé ica
se
causa,
como
quie e
P adie -Fode é,
de
que
su gie a
el
pensamien o
de
ap opia se
el
ma ,
cuando
esa
ap opiación
e a
ya
in e e ada
cos umb e
al
ina¬
liza
el
siglo
quince,
y
lejos
de
ep esen a ,
po
lo
an o,
una
inno¬
ación,
ué
más
bien
el
asen imien o
espe uoso
á
las
adiciones
y
á
la
his o ia.
Con
el
hallazgo
de
un
nue o
con inen e
ni
se
inaugu a
ni,
po
de
p on o,
cesa
el
dominio
sob e
los
ma es;
la
supe icie
de
las
cosas
pe manece
sin
cambios;
pe o,
á
a és
de
ex e io idades
y
apa ien¬
cias,
nó anse
ya
los
signos
p ecu so es
de
nue a
edad,
que
anuncian
p o unda
mu ación
en
el
come cio
ma í imo
de
ambos
mundos.
Nadie
igno a
cuan
ímida
é
insegu a
ué
la
na egación
an es
del
siglo
quince.
(1)
Véase
Selden,
«Ma o
clausum
seu
de
dominio•
¿na is
lib i
dúo.»
Londini,
1636,
lil».
I,
cap.
XVI,
págs.
116
y
siguien es.
(2)
Véase
el
lib o
II
de
la
ob a
ci ada.
-
48
«Los
na egan es,
dice
un
his o iado
(i),
no
podían
a en u a se
*á
la gos
iajes
sin
que
se
pe ecciona a
el
a e
de
cons ui
ba cos
>
y
de
di igi
su
ma cha
En
un
p incipio,
no
sabían
o ien a se
de
»día
sino
con
la
is a
de
las
cos as
y,
de
noche,
po
las
es ellas,»
y
las
nieblas
y
la
obscu idad
e an
pa a
el
ma ino
in encible
obs áculo-
ó,
po
lo
menos,
inminen e
pelig o.
Desde
la
duodécima
cen u ia,
la
in ención
de
la
b újula
ab ió-
ho izon es
nue os
á
la
explo ación
de
los
ma es,
y
sin
emba go
o e¬
cía
aún
an as
di icul ades
el
c uza
aquellos
que
los
ma inos
más
osados
de
Eu opa,
los
po ugueses,
en
los
p ime os
años
de
sus
des¬
cub imien os
seguían
siemp e
la
di ección
de
la
cos a
de
A ica,
sin
pe de la
nunca
de
is a
(2).
Temían
a en u a se
en
la
inmensidad
del
Ma
Teneb oso
,
cuya
ex ensión
c eían
sin
lími es;
pa ecíales
el
as o
Occéano
p eñado
de
iesgos
y
amenazas;
mi ábanlo
desde
las
aguas
li o ales
de
A ica
con
el
espe uoso
emo
que
in unden
lo
desconocido
y
mis e ioso;
y
g acias
cuando,
sin
abandona
la
di ección
de
las
cos as,
se
a ies¬
gaban
los
explo ado es
alen ados
po
el
in an e
D.
En ique,
á
as¬
pone
el
Cabo
Bojado ,
mi ado
du an e
la go
iempo
como
in an¬
queable
lími e
de
las
na egaciones
humanas
(3).
La
ocación
de
Po ugal
po
las
g andes
expediciones
ma í i¬
mas,
y
la
cons ancia
en
pe segui
el
ideal
á
cuya
ealización
consag ó
En ique
el
Na egan e
la
mejo
pa e
de
su
ida,
e an,
sin
emba go,
p enda
de
u u os
p og esos;
po que
nada
como
la
é
y
la
cons an¬
cia
pa a
ence
di icul ades
y
a olla
obs áculos,
que
el
ánimo
des¬
c eído
ó
débil
juzga
de
odo
pun o
insupe ables.
No
habían
anscu ido,
en
e ec o,
muchos
años
después
de
la
mue e
del
In an e,
cuando
Juan
II
eunía
una
jun a
de
sabios,
en
la
(1)
Césa
Canlú,
«His o ia
Uni e sal,»
lil>.
XIV,
cap.
III.
(2)
Véase
Ba os,
«Da
Asia,»
doc.
I
a
,
lib.
IV,
cap.
II,
ci .
po
Na a c e,
ob.
ci .,
lom.
I,
pág.
LUI,
no a.
(4)
Véase
Washing on
I xing,
«Vida
y
iajes
de
C is óbal
Colón,»
lib.
I,
cap.
III.
—
49
-
cual
descollaba
Ma ín
Behaim,
y
en
esa
jun a
b o aba
la
luminosa
idea
de
aplica
á
la
na egación
el
as olabio.
«Las
consecuencias
de
in en o
al
ue on,
como
I ing
dice,
in-
»
calculables.
A ancó
la
na egación
de
la
an igua
se idumb e
de
»la
ie a,
dejándola
en
libe ad
pa a
que
discu iese
á
su
place
po
»las
ondas.
En
ez
de
cos ea
las
playas,
como
los
an iguos
na¬
egan es,
en
ez
de
ol e
á
ie a
p esu osa
y
ímidamen e
cuando
»los
ien os
le
habían
sepa ado
de
ella,
podía
a en u a se
ya
el
osado
ama ino
po
igno os
ma es,
cie o
de
que
el
as olabio
y
la
b újula
>le
ab i ían
segu o
camino
á
su
uel a,
caso
de
no
encon a
pue os
aléjanos»
(i).
Aho a
bien,
po
aquellos
iempos
ya
pe eg inaba
Colón
de
co e
en
co e,
ocul ando
bajo
pob e
y
aída
capa
el
incalculable
eso o
de
sus
planes
de
descub imien o
y,
poco
después,
a ibaba
al
con i¬
nen e
ame icano,
o eciendo
demos ación
expe imen al
y
elocuen í¬
sima
de
que
e a
na egable
el
Occéano,
ácil
o ien a se
en
las
inmen¬
sas
soledades
del
ma ,
y
segu a
la
ecompensa
del
a igoso
iaje,
po que
mas
allá
del
g an
desie o
de
las
aguas
se
alzaba
la
ie a
p ome ida.
Sin
di icul ad
se
alcanza
lo
que
ue on
en
la
na egación
las
ex¬
pediciones
colombinas:
disipa on
pa a
siemp e
el
na u al
emo
que
pesaba,
en
el
iaje
de
1492,
sob e
el
ánimo
esuel o
de
los
es o za¬
dos
ma inos
españoles;
die on
an
opo una
y
decisi a
aplicación
al
as olabio,
que
Colón
pasó
po
su
in en o
á
los
ojos
de
algunas
gen¬
es
(2);
amilia iza on
al
na egan e
con
inespe ados
enómenos,
como
la
declinación
de
la
aguja
magné ica,
la
cons ancia
de
los,
ien os
ali¬
sios,
la
apidez
de
las
co ien es
occeánicas,
é
hicie on
que,
desde
en onces,
unidas
en
ha monioso
esul ado
la
eo ía
cosmog á ica
y
la
(1)
Ob.
ci .
lib.
I,
cap.
VI.
...
(2)
Véase
Na a e e,
Ob.
ci .,
om.
I,
página
Lili,
no a:
menciónense
en
es a,
espec o
al
pun o
de
que
aquí
se
a a,
las
opiniones
de
Casoni,
en
sus
«Anales
de
é-
p
o
a,»
y
de
Bossi,
en
sus
«Ilus aciones
á
la
ida
de
Colón.»
3
—
56
—
echo,
e a
pa a
los
ju isconsul os
de
la
Edad
media
la
sal ado a
solución
del
con lic o;
de
al
modo
que,
á
la
somb a
de
lo
inmemo¬
ial,
eían
esgua dado
y
segu o
el
p i ilegio
odioso
dis u ado
a¬
dicionalmen e
en
cie os
ma es
po
algunos
Es ados
de
Eu opa.
Pues
bien;
comp endido
con
en e a
cla idad
po
Menchaca
el
pun o
ulne able
de
la
ieja
componenda
que
adop aban
los
oma¬
nis as,
con a
ella
di ige
sus
i os,
ab iendo
anco
camino,
al
des ui
uno
de
los
é minos
de
la
an í esis,
pa a
que
el
o o
p oduje a
ex-
pon áneamen e
u os
de
libe ad,
quizá
no
cosechados
en
época
al¬
guna
de
la
his o ia,
incluso
aquel
pe íodo
la guísimo
en
que
de
con¬
suno
p oclamaban
el
ma
cosa
común
los
e sos
de
Pláu o
y
O idio,,
y
los
ex os
de
Ma ciano
y
Celso.
Hé
aquilas
palab as
del
ju isconsul o
español:
«aunque
á
g an
«mul i ud
de
lusi anos
haya
oido
ecuen emen e
opina
que
sus
eyes
«adqui ie on
po
p esc ipción
el
de echo
exclusi o
de
na ega
en
el
«ma
as ísimo
de
las
Indias
Occiden ales,
y
aunque
nues o
ulgo-
«hispano
pa ezca
gene almen e
pa icipa
de
opinión
análoga
con
es-
«pec o
al
Occéano
que
baña
las
egiones
índicas,
some idas
á
nues¬
os
pode osos
mona cas.sin
emba go,
odos
es os
pa ece es
«son
an
insensa os
como
los
de
aquellos
au o es
que,
en
cuan o
á
ge-
«no eses
y
enecianos
suelen
soña
po
modo
semejan e.
Cla o
apa-
«
ece
el
desacie o
de
ales
doc inas,
pues o
que
cada
una
de
esas
«naciones
no
puede
con a
sí
misma
p esc ibi .
Y
como
en
daño
«de
las
demás
la
p esc ipción
es
imposible,
po
se
ins i ución
de
me¬
o
de echo
ci il,
inexplicable
en
la
elación
mu ua
de
p íncipes
ó
«pueblos
independien es,
sólo
al
De echo
de
gen es
puede
acudi se,.
«y
cons a
según
él
que
semejan e
p esc ipción
y
usu pación
del
ma
«nunca
ué
admi ida»
(i).
Tal
ué
el
impulso
con
que
Vázquez
in en ó
es ablece
la
p i¬
mi i a
di ección
del
a co
que
lo
dobló
en
sen ido
opues o,
y
pe
quL
(1)
Vázquez
Menchaca,
Oh.
ci .,
lib.
II,
cap.
89,
§
30
y
siguien es.
-
57
-
a
el
p e ex o
de
la
p esc ipción
á
las
con iscaciones
del
ma ,
a o¬
jóla
ue a
de
los
dominios
del
De echo
de
gen es.
Exage ó
en
es o,
sin
duda,
y
se
hizo
ac eedo
al
du o
cali ica i o
que
Selden
le
aplica,
pe o
¿cómo
no
disculpa lo,
cuando
has a
nues os
días
se
p olonga
la
se ie
de
au o es
espe ables
que
desde
Cassan
y
Richelieu
has a
Ray
ne al,
Ma ens
y
Klube ,
niegan
la
acul ad
de
p esc ibi
en
las
ela¬
ciones
in e nacionales?
Las
di e encias
que
exis en
en e
el
o den
in e nacional
y
la
in¬
e na
ida
de
un
Es ado;
la
ausencia
en
el
p ime o
de
una
au o idad
y
de
una
egla
isibles
á
oda
mi ada,
y
la
misma
ecuencia
con
que
la
p esc ipción
se
unda
en
iciosas
y
deleznables
eo ías
explican,
sin
duda,
el
adicalismo
de
Vázquez
y
su
escuela;
pe o,
de
odas
sue ¬
es,
nadie
como
aquel
me ece
que
se
a enúe
su
al a,
po que
nacía
de
un
exceso
de
celo,
encaminado
á
ija
el
sen ido
de
los
ex os
o¬
manos
en
a o
de
la
e dade a
libe ad
de
los
ma es,
é
iban
sus
a¬
zones
con a
la
es é il
y
acomoda icia
in e p e ación
en onces
en
uso,,
y
el
desc édi o
que
a ojó
sob e
ella,
emedió
g a ísimo
mal,
esul¬
ando
de
es e
modo
su
e o
algo
así
como
los
e o es
de
Colón,
que
nos
die on
un
Nue o
Mundo.
Digno
de
odo
aplauso
ué
el
p opósi o
de
Henchaea
al
pone
la
libe ad
del
ma
bajo
la
p o ección
del
De echo
omano,
ce ando,
á
la
ez,
el
camino
á
las
ansacciones
en e
el
p incipio
y
el
hecho
pa ocinadas
po
los
ju is as;
más
po
si
aquel
apoyo
ue a
débil,
na
obs an e
el
espe o
que
en onces
in undía,
nues o
au o
in oca
el
De¬
echo
na u al
y
el
di ino,
deduciendo
del
p ecep o
no
hagas
a
o o'
lo
que
no
quie as
pa a
í,
que
«como
la
na egación
á
nadie
puede
»se
noci a
sino
á
los
mismos
na egan es,
es
acional
que
po
nadie
» ampoco
pueda
ó
deba
se
es o bada»
(i).
No
desdice
es e
azonamien o,
en
el
cual
palpi a
la
idea
de
que
es
inago able
el
Occéano
y
su
ap o echamien o
ino ensi o,
de
los
(I)
Ob.
y
lugn
ci s.
§
35.
i5
-
58
-
•empleados
después
po
G ocio,
Pu endo
y
Va el;
puede
deci se
que
(á
pesa
de
las
decisi as
obse aciones
de
Ba bey ac
y
S auchius)
ué,
en
una
ó
en
o a
o ma,
a o i o
a gumen o
de
los
au o es
du¬
an e
el
espacio
de
dos
siglos,
y
hay
que
con eni
en
que,
p escin¬
diendo
de
la
e dad
que
encie a,
iene
el
indiscu ible
mé i o
de
pe¬
di
á
la
na u aleza
del
ma
la
causa
de e minan e
de
su
condición
en
el
De echo.
Ce e a
ué,
pues,
la
mi ada
de
Vázquez
Menchaca
al
busca
e
o igen
de
la
libe ad
de
los
ma es,
de
un
lado
en
el
De echo
omano,
de
incompa able
p es igio
en
la
p ác ica
y,
de
o o,
en
la
na u aleza
de
las
cosas,
sólido
é
inmu able
asien o
pa a
una
doc ina
cien í ica;
y
si
es
e dad
que
hoy
ácilmen e
comp endemos
no
llegó
á
conse¬
gui
su
in en o,
en
cambio
pensa on
de
o o
modo
que
noso os
sus
con empo áneos,
y
con
es o
el
saludable
u o
de
la
enseñanza
co¬
menzó
á
ecoje se
en
seguida.
¿Y
qué
di é
yo
aho a
de
la
independencia
de
juicio
y
de
la
a¬
len ía
de
ase
que
son
de
admi a
en
el
au o
de
las
Con o e sias?
Que
un
holandés,
de endiendo
los
in e eses
come ciales
de
su
pa ia
y
siguiendo
el
camino
que
aza ón
o os,
abogue
po
la
libe ad
del
ma ,
ácilmen e
se
explica;
pe o
que
un
español
impugne
p e ensio¬
nes
de
su
p opio
país
po
pu o
amo
á
la
e dad
y,
pa a
ello,
ompa
con
oda
adición
y
p eceden e,
y
cali ique
de
insensa a
la
opinión
comba ida,
a ándola
sin
piedad
y
ehusándole
la
más
le e
a enua¬
ción
ó
disculpa,
ejemplo
es
en
que
mucho
puede
ap ende se,
ya
que,
po
desg acia,
an o
suelen
acila
las
con icciones
cuando
se
oponen
á
su
ma cha
la
u ina
y
el
also
in e és
bajo
el
noble
aspec o
de
pa¬
io ismo.
Cu ioso
po
demás
se ía
segui
paso
á
paso
la
his o ia
de
la
libe ad
y
dominio
de
los
ma es
en
la
ciencia
española,
ayendo
á
examen
las
opiniones
de
Rod igo
Suá ez
y
C espo
de
Valdau a,
de
F ey as
y
Salaza
de
Mendoza,
de
Valenzuela,
Aguado,
Olmeda
León
y
an os
o os;
pe o
aquí
me
de engo,
po que
no
es
la
p e-
—
59
-
sen e
ocasión
opo una
pa a
al
es udio
y
además,
po que
á
mis
p o¬
pósi os
de
hoy
bas a
y
sob a
lo
que
lle o
dicho.
De
ello
esul a
que
el
descub imien o
de
Amé ica
comenzó
po
o ece
campo
as ísimo
á
la
adicional
con iscación
del
ma ;
que
Po ugal
y
España,
con inuado as
de
la
cos umb e
es ablecida,
qui¬
sie on
impe a
en
el
Occéano,
á
semejanza
de
lo
que
hacían
Ingla e¬
a,
Venecia
ó
Géno a
en
sus
ma es
y
que,
an e
ambición
an
gi¬
gan esca,
conmo ié onse
los
cimien os
de
an iguas
doc inas,
se
agi ó
•en
la
men e
de
los
pensado es
nue a
idea
y,
as
la
ine i able
lucha
-que
iñe
siemp e
la
e dad
eden o a,
asomó
en
los
cielos,
iluminando
la
inmensa
egión
de
las
aguas
azules,
el
sol
explendo oso
de
una
libe ad
po
odos
bendecida.
Pe mi idme
aho a,
pa a
conclui ,
que
con emple
po
un
ins an e
la
senda
eco ida
y
p ocu e
aba ca
en
una
sola
mi ada
el
conjun o
de
hechos
y
de
ideas
con
que
he
ejido
la
pob e
ela
de
es e
es udio.
No
ué,
en
e dad,
en
las
ie as
ame icanas
donde
po
ez
p i¬
me a
hubo
de
plan ea se
el
p oblema
ace ca
de
la
ocupación
de
co¬
sas
nullius
con
ánimo
de
some e las
á
la
sobe anía
de
un
Es ado,
ni
íué
en
ellas
donde
los
de echos
de
la
ci ilización
y
la
ba bá ie
u ie¬
on
su
p ime
con ac o,
ni
su
descub imien o
ué
causa
o igina ia
de
e olución
inmedia a
y
p o unda
en
la
condición
de
los
ma es.
Nada
•de
es o:
el
g ande
acon ecimien o
cuyo
cen ena io
es eja
hoy
el
mun¬
do,
no
ae
en
igo
p oblemas
nue os
á
la
ida
in e nacional,
pe o
•eng andece
en
cambio
los
an e io men e
conocidos;
ué
su
in lujo
más
-de
can idad
y
dimensiones
que
de
o iginalidad
inno ado a,
p es o
a
lo
exis en e
p opo ciones
ex ao dina ias,
con i ió
las
pied as
del
ca¬
mino
en
ocas
gigan escas,
y
al
pié
de
ellas
de u ié onse
po
nece¬
sidad
las
mi adas
del
obse ado
y
los
pasos
del
caminan e.
-
GO
-
De u ié onse,
sí,
sin
que
en
los
p ime os
momen os
de
i e le¬
xi o
asomb o
inie an
nue os
ideales
á
desa aiga
la
iciosa
p ác ica
he edada
de
pasados
iempos,
y
ué
piso eado
el
de echo
de
las
i¬
bus
indígenas,
y
a ancado
el
neg o
de
su
hoga
pa a
explo a lo
en
come cio
in ame,
y
con iscado
el
ma
en
p o echo
de
ambiciones
bas a das,
has a
que
la
misma
incalculable
ampliación
del
mal
hizo
e ocede
á
los
más
osados,
y
lo
que
comenzó
po
se
pied a
de
es¬
cándalo
acabó
con i iéndose
en
p incipio
de
edención.
Bien
cla o
es á
que
en
el
cuad o
que
o pemen e
he
bosquejado
se
combinan
la
somb a
y
la
luz;
densas
nieblas
de
iolencia
y
e o
obscu ecie on
el
cielo
de
la
his o ia
pa ia
po
aquellos
días
en
que
no
gozaban
de
au o a
más
expléndida
ni
las
emp esas
de
Po ugal,
ni
las
a en u as
de
Ingla e a,
ni
el
decaden e
impe io
de
las
epú¬
blicas
de
I alia,
y
asi
c eimos
lo
que
odos
c eían
y
i imos
como
i ían
odos,
en
an o
que
silenciosamen e
ge minaban
en
nues o
suelo
las
egene ado as
doc inas
de
Vázquez,
Las
Casas
y
Vi o ia.
Si
de
ue a
nos
enseña on
á
encadena
pueblos
independien es
en
la
conquis a,
á
negocia
con
el
homb e
en
la
a a,
y
á
usu pa
la
na egación
del
Occéano,
uimos
noso os,
en
cambio,
los
que
pusimos
emedio
á
an o
mal:
que
sonó
en
ie a
española
la
oz
de
ala ma,
y
nació
en
las
mon añas
ascas
quien
supo
ija
en
eglas
inmo ales
el
de echo
de
gue a,
y
ió
la
luz
en
las
llanu as
de
Cas illa
quien
enseñó
á
G ocio
el
p incipio
de
la
libe ad
de
los
ma es,
y
alumb ó
el
sol
de
Andalucía
la
p ime
mañana
del
incansable
p o ec o
de
los
indios,
azo e
de
oda
se idumb e,
de enso
y
pad e
del
débil
y
del
op imido.
G acias
á
es o,
la
in luencia
del
descub imien o
y
conquis a
de
Amé ica
en
el
De echo
in e nacional,
si
apena
al
ánimo
po
sus
p í
me os
u os,
o i ícalo
después
con
saludable
ejemplo:
po que
si
de
aquellos
acon ecimien os
ue on
hijos
los
a en u e os
apaces
de
un
día,
ambién
ue on
sus
nie os
los
pensado es
del
siguien e,
que
su¬
pie on
cimen a
sob e
i me
base
la
más
ámplia
de
odas
las
amas
-
61
del
De echo,
bau izándola
al
nace
en
las
limpias
aguas
de
la
ciencia
española.
Reco demos
odos,
y
ecue den
muy
en
especial
los
alumnos
que
aho a
me
escuchan,
es a
enseñanza
que,
an
luminosa
y
cla a,
b o a
de
la
his o ia.
Remedia
la
e dade a
ciencia
los
dolo es
y
males
de
la
ida,
encauza
el
desbo dado
ío
de
las
ambiciones
humanas
y,
como
e lejo
que
es
de
la
Ve dad
Sup ema,
ennoblece,
pu i ica,
le an a.
Po
ella
uimos
g andes
en
o a
edad
y
ganamos
uni e sal
enomb e;
llo á¬
nosla
pe dida
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