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Discurso leído en la Universidad Literaria de Sevilla en la solemne inauguración del curso académico de 1892 á 1893

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DISCURSO LEIDO EN LA UNIVERSIDAD LITERARIA DE SEVILLA EN LA SOLEMNE INAUGURACIÓN DEL CURSO ACADÉMICO DE 1892 Á 1893 i — elimo. SeF ozd ) ada ez que aquí nos eunimos pa a inaugu a solemnemen e m * a eas del cu so, obsé ase con pena alguna baja en nues¬ as ilas. Un año há que oz más elocuen e y au o izada que la mía lamen aba desde es e si io la i epa able pé dida de dos ene ados maes os: hoy ócame á mí eco da que o os dos, D. C is óbal Vidal y D. F ancisco José Ba nés, pagando el ibu o ineludible de los mo ales, deja on enlu ado y acío el pues o que ocupaban en e noso os. A la somb a ma e nal y que ida de nues a Escuela, sién ese i o dolo an e espec áculo an is e. Ob e os odos en la ob a común de la ciencia, habi uados á e en la Uni e sidad nues o hoga y á di igi al man enimien o de su uego sag ado la dia ia labo del pensamien o y la palab a, aunque á eces mili emos en opues os bandos, mi ámonos siemp e, sin mengua de las espec i as doc inas, mas que como amigos, como he manos; y po eso, cuando Ja mue e a eba a á alguno de noso os, sien en los demás, con a lic- — 6 - ción que al a ec o a e nal iguala, el cumplimien o de esa du a ley á que es á suje a oda ida. Re lejo iel de la del homb e, en que la aleg ía y el dolo an siemp e unidos, es el ac o solemne que ealizamos hoy: c eo yo in e p e a ielmen e ues os sen imien os y comienzo con una no a is e; sin emba go, llámasenos aquí no en señal de duelo, sino pa a celeb a una ies a; ies a del abajo in elec ual, día de júbilo, lazo de unión en e los ecue dos y espe anzas de la Uni e sidad española. A dua emp esa, pa a mí, en semejan e día, o ece á ues a a ención asun o que no pudie a acha se de inopo uno ó pob e, si no b illa a an e mis ojos ese acon ecimien o inol idable que ac ualmen e conmemo a el mundo, ele ando desde las soledades de la Rábida has a los más populosos cen os de la ci ilización no e-ame icana, himnos de g a i ud y de alabanza al genio de Colón y á la España del siglo quince. No emáis, sin emba go, que os e ie a la his o ia, po odos sabida, de la e inqueb an able, de la cons ancia he oica, de las ama gu as y glo ias del g an ma ino geno és; ni menos he de ha¬ bla os de esa minuciosa in es igación, hoy an en boga, me ced á la cual la c í ica mode na a a de ilumina g andes igu as, escasas de elie e y luz en la llamada leyenda colombina; ni in en a é ampoco, po que ue a inexcusable abuso, deci una palab a más ace ca de la asende eada conduc a de los españoles en el e i o io ame icano. O o es mi p opósi o, po que en el campo inago able que o e¬ cen á la e lexión y al es udio el descub imien o y conquis a de Amé ica, hay si io pa a odos; bas ando hoy á mis ines el exámen de las consecuencias p oducidas po aquellos hechos en sólo un o den de la ida, en la es e a p opia del De echo in e nacional. De las consecuencias he dicho y, sin emba go, no á odas he de e e i me: po que aun educiéndose á es e a especial de las de un hecho, oda ía la emp esa de de e mina las es as ísima y ocasiona¬ da po ex emo á de iciencias y omisiones: así que, expone el enea- ■ denamien o de los e ec os que, en el o den in e nacional, o iginan el g an descub imien o de 1492 y la conquis a que le sigue, es a ea muy supe io á mis ue zas, y sob ado ex ensa ambién, pa a p e en¬ de ence a la en los lími es na u ales de un discu so. Un con inen e que se o ece á la explo ación desin e esada y á la ambición mani ies a; inmensos ma es que se ab en al come cio y á la pi a e ía, ya exci ando las codicias del monopolio, ó ya gozando del égimen de libe ad; p oblemas, an es igno ados, que se plan ean an e odos los países cul os; nue as elaciones, aun en e los an iguos pueblos; comunidades polí icas que nacen y se desa ollan con ca ác¬ e sus an i o y p opio; inespe adas pe u baciones en el equilib io de los Es ados, y la con inua epe cusión en un mundo de odas las aspi aciones y c eencias, de odas las luchas y e oluciones del o o, al se ía, indicada no más que á g andes asgos, la inacabable se ie de hechos y doc inas que hab ía necesidad de ag upa con sis ema pa a desa olla cumplidamen e el ema supues o. La bula In e cez- íe a de Alejand o VI, las Relec íones de Indis de Vi o ia, la c uzada de F ay Ba olomé de las Casas, las Con o e sias de Menchaca no se ían, en al p og ama, de más indispensable es udio que las misio¬ nes del Pa aguay, la decla ación de Mon oe, el a bi aje de Gineb a, ■ ó el amoso código de Lie e . Po eso, hab é de limi a me á es udia las consecuencias p inci¬ pales, sen idas po el De echo in e nacional, du an e el pe iodo de 'explo ación y de conquis a, abie o desde el día en que a iba on las na es españolas al e i o io ame icano. Las na es españolas, sí, po que aunque lleguen á disipa se, andando el iempo, las somb as que hoy se cie nen sob e las expediciones de los hijos de E ick el Rojo, la de Vas Cos a Cos e eal, la de Juan Cousin y o as análogas (1), 4 a e dad es que Amé ica exis e pa a Eu opa de una mane a cie a y, (1) Véase «Amé ica: his o ia de su descub imien o», po Rodol o C onau. Ba •«clona, 1892, páginas 152 y siguien es. po deci lo así, de ini i a, an sólo desde el ins an e memo able en que las ca abelas de Palos di isa on las cos as de la isla de GuanahanL A pa i de esa echa, ampliada la acción in e nacional al dupli¬ ca se el mundo conocido, hállanse España y, á su ejemplo, más a de,, o as po encias, en con ac o inmedia o con la población y e i o io ame icanos; su giendo en e el an iguo y el nue o con inen e oda esa se ie de elaciones que la colonización implica y, en las cuales, o a descuella el in e és de dominación ó polí ico, o a el económico ó me can il. A impulsos del p ime o, hubo de discu i se el de echo que po¬ dían eje ci a los eu opeos pa a ex ende en Amé ica su impe io; y,, á causa del segundo, la di ec a explo ación del suelo ué seguida del abajo o zoso impues o á los indígenas, eemplazado después po el de neg os a icanos; mas como la comunicación en e Amé ica y Eu opa se hacía á a és de ma es, cuya ex ensión y ap o echamien o ue on an es desconocidos, ep odújose en ellos la doble aspi ación,, económica y polí ica, despe ada po el nue o con inen e y sus islas,, y, de ese modo, ino á cues iona se ambién si, como aquel y es as, e a el Occéano suscep ible de sobe anía y p opiedad ó, po el con¬ a io, común á odos los Es ados y esencialmen e lib e. Y es de ad e i que las es mencionadas cues iones, ligadas odas po es echo ínculo al descub imien o de Amé ica, se plan ean acional é his ó icamen e, á la ez, en el o den que indico. Po que la ex ensión de la sobe anía sob e nue os e i o ios (ex ensión sin la cual el eje cicio del de echo de p opiedad hab ía sido imposible ó p eca io), ué la p ime a y na u al aspi ación de los descub ido es; así que, an es de anscu i dos años después del p ime iaje de Colón, ienen á demos a lo palpablemen e las bulas de Alejand o VI y el a ado de To desillas (i); diez años después* (1) Colón salió de Palos el día 3 de Agos o de lií)2 y llegó á Guanahani, omando posesión de es a isla en mm'me de Fe nando é Isabel, el 12 de Oc ub e del mismo año; en 3 do Mayo de 1 k ) 3 concede el Papa á aquellos las Indias, expidiendo la céleb e bula de pa ¬ ición al día siguien e. Un año más la de, celéb ase el a ado de To desillas, i mado en 7 de Junio de 1494. — 9 - la bas a da codicia que es imuló inmedia amen e las a en u as y ex¬ plo aciones coloniales, se había e elado ya en los epa imien os, escla i ud é in oducción de neg os en la isla Española (i); y, po in, en la segunda mi ad del siglo XVI, cuando ya su caban el Occea- no explo ado es de odos los países y la na egación seguía abie a¬ men e los de o e os que el genio de Colón le aza a, comenza on á escucha se las p ime as palab as de p o es a con a la adicional opinión común, a o able á la p opiedad y sobe anía de los ma es. (2) De las obse aciones que p eceden, esul a cla amen e el plan que he de segui en el p esen e es udio: po que siendo el de echo de adqui i de las sobe anías eu opeas en el e i o io ame icano, el come cio neg e o y la libe ad de los ma es las es g andes cues io¬ nes de ca ác e in e nacional que po azón del descub imien o y conquis a de Amé ica sucesi amen e se plan ean ó, cuando menos, adquie en las ex ao dina ias p opo ciones que las ca ac e izan en la his o ia, el exámen de esos es pun os en el o den indicado a iba, cons i uye el asun o odo que á ues a ilus ada conside ación debo expone . I Comen ando la egla en que p oclama M. Hall la ilimi ada acul¬ ad que ienen los Es ados sobe anos de ocupa e i o ios nullius , obse a Sumne Maine que el descub imien o del con inen e ame i¬ cano, unido al desa ollo de las a en u as ma í imas, comunicó in e és á es e asun o, elegado has a en onces á una oscu idad ol idada. (3) La e dad de es a a i mación es, á mi en ende , indudable. Así (1) De 1501 á 1503 se in oduje on los p ime os neg os en la Española. (2) Conside o como p ime p o es a, según se e á más adelan e, la de Vázquez. Menchaca, cuyas «Con o e sias», se publican en 1563. (3) «Le d oi in e na ional.» Pa ís, 1890, pág. 81 . 3 — 16 - ima sólo eía en ellas la decla ación y econocimien o solemnes de de echos p ees ablecidos. De es as cua o escuelas, la p ime a pa ecía esponde en un odo á las adiciones de la Edad media; enca naba ielmen e en la segunda el espí i u del p o es an ismo, que o icialmen e a i mó, po boca de Isabel de Ingla e a, no econoce á los españoles «ningún * í ulo esul an e de una donación del obispo de Roma» (i); mien as que, en las dos es an es, se a iliaban eólogos y ju is as insignes, cuya doc ina se inclinó á in e p e a , no li e al y aisladamen e la bula de Alejand o, sino en is a del espí i u que palpi aba en ella, y ponién¬ dola en elación ambién con o as decisiones pon i icias, y con los p incipios eligiosos y ju ídicos uni e salmen e acep ados. Sin que en e en mi p opósi o explica las céleb es bulas de con¬ cesión y de epa o, (po que lo que me impo a únicamen e es señala los esul ados que p oducen, me ced á la discusión po ellas iniciada), obse a é que el pun o de is a dominan e en las dos úl imas de las aludidas escuelas, es en e amen e i ep ochable, aun mi ado á a és de las p eocupaciones an i eligiosas de nues o siglo. ¿Quién pod á nega que el papa enía la acul ad de con ia á un de e minado p íncipe ca ólico, el cuidado de la p opaganda y p o¬ ección del c is ianismo en los países descubie os?, y ¿quién pod á »gos, a i ma.que el Romano Pon í ice iene au o idad sob e odos los homb es, cuan¬ a es necesa ia pa a la p opagación y conse ación de la é, pe o lm de usa la de mo- »do dis in o, según se a e de ieles ó de in ieles. Po o a pa e, y pa a cumpli su mi- »sión di ina, puede señala los minis os idóneos y con enien es, y aun impone como »obligación ú los c is ianos el acep a al manda o, siendo es e el undamen o y ca ác e »de la esolución de Alejand o VI en su amosa bula; pe o en ella sólo con i ió á los » eyesde Cas illa el al o impe io de las Indias sob e muchos eyes y seño es, en cuan o »e a p eciso pa a la p edicación del E angelio. En la p oposición diez .y ocho, dice »cxplíci amen e Las Casas: con es e sobe ano impe ial y uni e sal p incipado de los ejes de Cas illa »en las Indias, se compadece ene los eyes y seño es na u ales del as su adminis ación, p incipado,ju is¬ dicción, de echos y dominio sob e sus súbdi os pueblos, ó que polí ica y ealmen e se ijan, como se compc- % decía el seño ío uni e saly sup emo de los Empe ado es que sob e los Reyes an iguamen e enían .» Fabió, «Vida y esc i os de D. F ay Ba olomé de las Casas, obispo de Chiapa.» Mad id, 1870, om. I, págs. 313-314. (1) Con es ación do Isabel de Ingla e a á Mendoza, embajado de Felipe II, mseila en los «Camden’s Annals,» año de 1580, y ci . po Wesllakc, «Re ue de d oi ' 1 ii e na ional e do législa ion compa ée,» 1801, pág. 255. — 17 — admi a se de que esa misión p o ec o a, con iada jus amen e al des¬ cub ido como p emio na u al de sus es ue zos, le ponga después en condiciones p i ilegiadas pa a adqui i su icien es í ulos de sobe anía empo al? Quizá las palab as empleadas en el documen o pon i icio, pala¬ b as cuyo li e al sen ido pudo an o en el ánimo de Bossue , hagan á p ime a is a inadmisible la in e p e ación de que a o; pe o, si de¬ enidamen e se examina el asun o, sob an azones pa a hace , cuando menos, la solución dudosa; pa a de ende lo que de endie on en su iempo Ba olomé de las Casas, F ancisco de Vi o ia y an os o os, y pa a hace e i i , po consiguien e, las con a ias doc inas que, si se ol ida on con el anscu so de los siglos, pod ían su gi de nue o,, po que mu ie on los comba ien es sin que hubie a en la lucha ni en¬ cedo es ni encidos (i). Aho a, po lo que oca á la escuela que es ima dichas bulas como decla aciones solemnes de los de echos adqui idos, áun es más ácil mos a lo que su doc ina encie a de acional y de plausible. En al hipó esis, eje ci a el papa aquella sup ema ju isdicción que el consen imien o de pueblos y de eyes ino a ibuyéndole desde los días de G ego io el G ande (2); empla con su al ísima au o idad (1) Los é minos de que se si ió Alejand o VI pueden in e p e a se, sin bolen¬ cia, como plena concesión de la au o idad que co espondiese al Papado en el o den pu a¬ men e eligioso ó espi i ual, y no como donación de un supues o y pleno de echo de p o¬ piedad ó de sobe anía. Dícese allí á los mona cas españoles: «e pa a que siéndoos con¬ cedida la libe alidad de la G acia Apos ólica, con mas libe ad e a e imien o lomei» »el ca go de an impo an e negocio.»; ases que pa ecen indica se a a mas ien de una concesión eligiosa que de una donación polí ica; de algo que comp ele y a me lo es ablecido an e io men e, más que de un í ulo exclusi o en que, poi pnme a e/, se apoye una p e ensión ó un de echo. De o a pa e, p e e ida la in e pie ación que li e almen e explica las palab as de la bula, no boy azón pa a supone que e p eno se íío io de que en ella se habla no implique la concesión del de echo c p opie ac a nías del de sobe anía; y, en al caso, su ge una nue a di icul ad an e e es imonio e 0 * a bula pon i icia en que Paulo III decla a que los indios, aunque uesen in ic es, n c bían se despojados de sus bienes, pues que enían en ellos e a e o ominio. es o se añaden las a i maciones de los eólogos que negaban c seiiono empm papa en las ie as de los in ieles, y la doc ina común de las escuelas (Vease Vi o ia, «Releclio pos e io de Indis,» n. e 10) que en endía no habe de echo a decla a la gue¬ a po la sola di e sidad de eligión, se econoce á sin duda, que e a algo mas que una in e p e ación injus i icada y cap ichosa la que limi aba á la p opaganda de la e las concesiones de Alejand o VI. , A ._. (2) Véase Pe ln, «El O den In e nacional,» Ba celona, 1890, pags. 30 y s gu en e».. - 18 - los impulsos de ambición y egoísmo que, en onces como hoy, amena¬ zan sumi en desolado a ana quía la ida in e nacional de los Es a¬ dos; o ece an icipadamen e á Po ugal y España una solución pací¬ ica inspi ado a, más a de, del a ado de To desillas, y o o ga el más decisi o de los econocimien os al de echo del p ime descub i¬ do y ocupan e. Po eso, sin duda, no ue on sólo esc i o es ca ólicos como De Mais e (i), Wal e (2) y Roselly de Lo gues (3) las que mode na¬ men e aplaudie on con incondicional aplauso la céleb e decisión pon¬ i icia; sino que ambién le ibu a on, á su modo, alabanzas, au o i¬ dades an in achables en el p esen e caso como las de Sumne Maine y Ben ham (4), quedando sólo pa a la his o ia supe icial, á lo Lau- en ( 5 ) , el is e p i ilegio de añadi á la censu a el idículo pa a mal a a aquella bula que, mi ada como decla ación ó econocimien o de los de echos adqui idos, iene sob ados í ulos al espe o, ya que no á la admi ación de las edades. Has a qué pun o pueda pa ece undada y e osímil la in e p e¬ ación man enida po la escuela á que me e ie o, es ya cues ión dis¬ in a y que aquí no es necesa io esol e : po que de odo el an e io es udio sólo me impo a aho a deduci un hecho, el hecho de que las bulas de 1493 p oducen un mo imien o doc inal ex ao dina io, al¬ guna de cuyas di ecciones ó escuelas o mula p incipios, dignos de oda conside ación y elogio. Pe o no es es o sólo: po que si se excep úa, en e las escuelas e e idas, la que se limi a á man ene las adiciones de la Edad me¬ dia, odas las demás, es deci , las e dade amen e o iginadas po el descub imien o de Amé ica ó, á lo menos, desa olladas y ex endi¬ das á consecuencia de aquel hecho, ienen in luencia g andísima en el ( 1 ) Ob. y pág. ci . ( 2 ) «Manual de De echo Eclesiás ico de odas las Con esiones C is ianas,» Ma¬ d id, 1845, pág. 415, no a. (3) Ob. ci . lib. I, cap. XI. (4) Véase la ob a del p ime o i ulada «L'ancien d oi .» Pa ís, 1874, pág. 235. (5) «Eludes su 1‘his oi e de 1‘humani é,» lom. X, li . II, chap. III, sed. III, £ 1. — 19 - conocimien o y p ác ica del De echo in e nacional; y no, cie amen e, po lo que, eunidas ó sepa adamen e, des uyen, sino p ecisamen e po lo que le an an ó edi ican. La di icul ad que podía esol e una bula del papa, desde el ins¬ an e en que es a úl ima es o almen e echazada, ó educida al o den eligioso de la p opagación de la é, ó mi ada como decla ación de de echos p eexis en es, es di icul ad que queda en pié, y que exige una solución inspi ada en nue as doc inas. Si el esc i o ó el polí ico que bajan á la a ena, pa a oma pa e en el com¬ ba e, lle an el p opósi o de jus i ica las adquisiciones españolas, expond án en a o de aquellas, como expusie on Vi o ia, Salaza de Mendoza y Solo zano, cuan as azones les sugie an la azón y la ciencia. Si, po el con a io, el ánimo del que discu e se inclina en con a del pode español y en p ó de p e ensiones i ales, opon¬ d á azón á azón y í ulo á í ulo, como hizo la eina de Ingla e a, pa a demos a la ine icacia ju ídica del descub imien o; y, de es e modo, los p ime os y los segundos, apesa de di e sidades y con a¬ dicciones, abaja án en la ob a común de la ciencia, an icipo cons¬ an e de la ida, y po encima de las discusiones y i alidades de los homb es, b o a á el ecundo y uni e sal p og eso, dispues o y condu¬ cido po la mano p o iden e de Dios. Inú il me pa ece ad e i que, en los lími es de un discu so, no pueden segui se paso á paso las con o e sias susci adas pa a llena el acío que, espec o á la ex ensión de la sobe anía española en Amé¬ ica, dejó la uina de las concesiones papales. Quienes ol iendo los ojos al De echo omano, hallan en la doc ina de la p opiedad base su icien e pa a aplica á las adquisiciones de sobe anía los p incipios de ocupación y descub imien o; quienes o o gan p e e encia á la legí¬ ima conquis a, abo dando ancamen e es a cues ión espinosísima de De echo in e nacional; quiénes alegan la ba ba ie de los indios en en e de la cul u a española, es ableciendo los undamen os de la mode na eo ía ace ca del llamado de echo de ci ilización , y quienes, - 20 - po in, suman á los í ulos an e io es, los de cesión y comp a, an ici¬ pándose al an encomiado p ocede de los pu i anos ingleses y á lo que un au o con empo áneo llama la ocupación cali icada , es deci , p ecedida y au o izada po un con a o (i). Pa a da idea de la inmensa li e a u a ju ídica nacida al con ac o de la sobe anía española con los pueblos ame icanos, bas a án un nomb e y un lib o: F ancisco de Vi o ia y sus « R elec iones heologicce.> Re léjase en es as, de mane a an os ensible, la si uación c eada po el descub imien o de Amé ica; alcanzan in luencia an decisi a y con¬ esada en los p ime os pasos cien í icos del De echo in e nacional y con ienen doc ina an ele ada y luminosa, que hace o a elección ue a impe donable desacie o. Nadie igno a que F ancisco Vi o ia, el g an es au ado de los es udios eológicos en nues a pa ia, dedicó al examen de los de echos de España en los e i o ios á la sazón ecien emen e descubie os, dos de sus céleb es Relec iones , i uladas ambas De Indis , y la segunda en pa icula , De ju e belli hispano um in ba ba os. Comp ende la p ime a Relección dos pa es (2): discú ese en la una si los indios e an e dade os seño es, en el o den p i ado y en el público, de los e i o ios que ocupaban, examinándose, á seguida, los í ulos que el au o es imaba ilegí imos pa a explica las adqui¬ siciones españolas; y es á consag ada, la o a, á la exposición y de¬ ensa de los í ulos admisibles ó jus os. En la Relección siguien e se ijan los pun os capi ales de la doc ina de la gue a, de e minando quien puede hace la, cual es la causa que la jus i ica, y qué conduc a debe en ella obse a el belige an e. Toda es a in e esan ísima y di ícil ma e ia, es á magis almen e (1) Debe ad e i se que la mayo ía de los au o es que a a on es a ma e ia, omo Vi o ia, Sepúl eda, G ego io López, Salaza de Mendoza, Solo zano, Nuix, Ol¬ meda León, e c., sumaban cuan os í ulos c eían legí imos, no con en ándose con ale¬ ga uno sólo. Además, los mismos que a ibuían plena au o idad en los ó denes ci il y polí ico á la concesión pon i icio, no la alega on sola, pa a mejo comba i á los con¬ a ios. (¿) Rc ié omc á la edición bcclio en Salamanca en 15 i5. - 21 - a ada en pocas páginas: p oposición, objeciones, demos ac’ón, odo es allí p eciso y b e e, y aquel ap e ado haz de silogismos y de ci as con iene, sin emba go, mayo iqueza de o iginalidad y de doc ina que muchos de los apa a osos lib os que p ome en soluciones cien¬ í icas á los p oblemas siemp e nue os de la gue a y de la paz. Los indios, dice Vi o ia, no son sie os po na u aleza, an es bien eje ci aban los de echos de sobe anía y p opiedad cuando llega on á sus ie as los españoles. Ni hay azón, aunque sean, pecado es ó in¬ ieles, pa a nega les el dominio: po que el pecado como el jus o ienen bienes, los ap o echan y disponen de ellos, y el in iel, aunque a bi a iamen e se compa e con el he eje, nunca pe de ía su pa imo¬ nio sino en i ud de la p e ia condenación. Finalmen e, á p e ex o de insensa ez, de imbecilidad ó de demencia, ampoco puede jus i i¬ ca se el despojo de las p opiedades ame icanas: po que el imbécil, como el loco y el niño, ienen de echos y, po o a pa e, no son en ealidad insensa os esos pueblos á quienes no al an una cie a o ga¬ nización, ciudades, magis ados y leyes, ma imonios, a í ices y cam¬ bios, y has a c eencias eligiosas, po más que no sean las e dade¬ as. De donde se sigue, dice el insigne p o eso salman ino, que los indios, an es de la llegada de los españoles, e an seño es e dade os en el o den p i ado y en el público ó, como di íamos hoy, p opie¬ a ios y sobe anos del e i o io en que i ían (i). El econocimien o del de echo de sobe anía en las ibus indias, an es de que ue an descubie as po Colón, hé ahí la consecuencia capi al de los azonamien os de Vi o ia, la p ime a g an e dad que p oclama y demues a. Llega á ella sacudiendo el pol o de las p eocupaciones que a ai¬ gaban en espí i us más ulga es que el suyo, es echando en la ed de sus aciocinios las doc inas con a ias, y empleando en el cu so de la a gumen ación, o a el ex o de la ley omana, o a el pasage de la (1) Oh. ci . «Relec io p io de ludís,» 1. a pa e, mi as. 4 á 21, págs. 135-143. — 22 - Summa , o a el pu o azonamien o, apoyado en doc inas ó ideas acep¬ adas uni e salmen e. No le de ienen en su ma cha eposada y anquila, ni la opinión común de las gen es, ni el mal en endido in e és de la pa ia española, y á de echo al in, sin acilaciones ni odeos, dominado an sólo po la a acción de la e dad y segu o de que con és a se ha moniza odo in e és legí imo y oda aspi ación gene osa. Así pudo b o a y b o ó aquella nobilísima doc ina, de la cual an o debie on ap ende la p ác ica y la eo ía in e nacionales desde el siglo XVI has a el p esen e: po que es de ad e i que los coloni¬ zado es mode nos no han log ado, po egla gene al, amolda su con¬ duc a á las no mas que Vi o ia es ablece, y que los esc i o es ol i¬ da on con ha a ecuencia, ó con adije on sin epa o, el de echo de los pueblos incul os á gobe na se po sí p opios, es deci , el inmu¬ able p incipio de jus icia, o mulado en nomb e de la eligión y de la ciencia po el sabio dominico español. El ol ido ó con adicción de al p incipio, no sólo esponde á mezquinas combinaciones de in e eses, sino que pa ece se el esul¬ ado de una ley his ó ica uni e sal é in lexible: in lexible y uni e sal, po lo menos, cuando no se a a de indi iduos ó pueblos que espi en, como Vi o ia, la a mós e a pu i icada de las g andes al u as. Con e ec o; nadie igno a que hubo en cada uno de los Es ados an iguos una ma cadísima endencia á conside a se como cen o del mundo, ie a p i ilegiada que el cielo bendecía, y sociedad de supe¬ io cul u a á la de cuan as con ella coexis iesen; de al sue e, que en las on e as del país e minaban la ci ilización, las eligiones y el de echo, y más allá no se ex endía ningún ínculo de a e nidad, siendo el ex anje o in e io en na u aleza, po su igno ancia, bá ba o, y po la descon ianza que inspi aba, enemigo. Nacía es a mane a es echa y alsa de conside a la elación ex¬ e io de los Es ados, del pe íodo udimen a io en que se hallaba la Sociedad uni e sal de las gen es; Sociedad imposible de odo pun o — 28 - •si la igualdad undamen al y la a e nidad humanas no es án econo¬ cidas y, muy especialmen e, si una ma cada di e encia de ap i udes ó de cul u a dá p e ex o á un pueblo, en su na u al inclinación á des¬ p ecia odo cuan o no se le asemeja, pa a expedi pa en es de su¬ pues a in e io idad, ó deduci de la in e io idad eal una absu da •desigualdad ju ídica, análoga á la que idea on Pla ón y A is ó eles pa a explica la escla i ud. Pues bien; po in e osímil que pa ezca, és as y no o as son las causas de la negación del de echo de sobe anía, y de o as acul ades ju ídicas, ehusadas, aun en iempos mode nos, á los pueblos no ci i¬ lizados. Á pesa del cosmopoli ismo c is iano, del p og eso en las elaciones come ciales, del con ac o cada día más ex enso y con inuo con el ex anje o; á pesa , en una palab a, de odo cuan o conduce al -es ablecimien o de la e dade a Sociedad in e nacional, an dis an e se es á de la pe ección de es a úl ima, que en el siglo quince como en el siglo diez y nue e, la conduc a de los Es ados en su ida ex e¬ io , se inspi a á eces oda ía en el mezquino c i e io de la an i¬ güedad, con la única di e encia de habe disminuido el núme o de los p osc ip os al amplia se el cí culo de los pueblos he manes. Sus i uye hoy al Es ado en es a ma e ia, la Comunidad de los pueblos cul os que i en en ecíp oca elación no mal de de echos y de debe es; lo que aye e a el Es ado es hoy la ci ilización, pe o -és a iene po on e a, á su ez, como decía el poe a, «la línea som¬ b ía y a al en que comienza la ba ba ie», y hé ahí que, aspues a esa línea, enacen odos los exclusi ismos y es eemplazada la jus i¬ cia po la lexible ley del in e és ó de la ue za: po que, una ez co¬ locado el bá ba o ue a de la Sociedad de las Naciones, y mi ado, en su in e io idad, como ex año á la ley común, sob e iene lógica¬ men e la negación de sus de echos, pues o que, al in y al cabo, donde •quie a que al an las ga an ías no males de la ida ju ídica, sólo pue¬ den impe a las a bi a iedades del despo ismo, ó los desen enos de la ana quía. - 24 No son, pues, mo i os pa icula es y ansi o ios, sino una ley his ó ica gene al y cons an e, la que explica lo que Ho nung llamaba <el ma i ologio de las azas in e io es» (i); de ella p ocede la doc¬ ina que decla a nullms , á lo menos desde el pun o de is a de la sobe anía, los e i o ios habi ados po bá ba os, y ahí es á la causa de esas iejas p eocupaciones, deshechas un día po la lógica impla¬ cable de Vi o ia, pe o eno adas, desg aciadamen e, después, y es¬ idas con el opaje de los mode nos sis emas de Filoso ía y de De echo. Hegel, po ejemplo, niega con uda anqueza la sobe anía de las ag upaciones no ci ilizadas: «Una ho da, dice, una amilia, una » ibu, una mul i ud, ienen muchos g ados que eco e , an es de ele- o a se á la ase del Es ado; el pueblo, en ales condiciones, no iene o aún de echo á se econocido po los demás; sus leyes no han e es- » ido el ca ác e obje i o; su independencia, no es sobe anía.» (2) Pe o obse ad, seño es, que la sobe anía que el De echo in e ¬ nacional exige en una comunidad polí ica pa a o o ga le el econoci¬ mien o, no es o a que aquella de que hablaba De Mais e de inién¬ dola como cualidad del que gobie na y no es gobe nado, que manda y no es mandado; es, como dice Ma ens, «la exp esión de la o al »independencia del Es ado» (3), que és e úl imo posée siemp e que cons i uye «en idad ju ídica dis in a, mo iéndose en una es e a de »ac i idad mo al y ísica suya p opia» (4). No se a a, pues, del alo más ó menos alambicado ó a bi a¬ io que, en el lenguaje de de e minado sis ema ilosó ico, deba ene la palab a sobe anía; á ase del sen ido en que usualmen e se la emplea, conside ándola como exp esión de una cualidad compañe a (1) «Ci ilis a el ba ba es;» a iculo publicado cu la «Re ue de d oi inle na ionak el de législa ion compa ée,» 1885, ( om. XVII), págs. 0 y siguien es. ^a as , <( La pbilosophie du d oi de Hegel.» Pa ís, 1809, 3.* pa le, púgi— (3) «T ai e de d oi in e nalional,» adui du usse pa Al ed Léo. Pa ís, 1883, I, pág, 378. 1 ^ Lo ime , «P incipios de De echo in e nacional,» ex ac ados po E nes o- i s. Ve sión cas ellana de A. L. López Cole illa; Mad id, 1888, pág. 91. — 33 — Di ícil p oblema siemp e el p oblema de la pa e nidad: po que si es a en la ida social se p esume y no se p ueba, dado que el mis e¬ io la en uel e, en el o den cien í ico, p es ándose el pensamien o ge¬ ne ado á di isión y coope aciones, po i ud de las que se o man nue os o ganismos con las e dades de o igen más di e so, hácese a en u ada y pelig osa oda a i mación que ienda á p ecisa la pe ¬ sona del pad e, los lími es de la ges ación, ó la época del nacimien o. Pe o, sea de es o lo que quie a, en lo que no cabe duda es en que las Relec iones de Vi o ia, supe io es, en opinión uni e salmen e admi ida, á los esc i os de Legnano y Ga ia i, de Al a ez Gue e a y López de Sego ia, y an e io es á los lib os de Domingo de So o y de Suá ez, de Bal asa de Ayala y de Pie ino Belli, de Albe ico Gen¬ il! y de G ocio, son el p ime paso impo an e en la ciencia ju ídica de la gue a y de la paz; y como esas Relec iones ienden á esol e p oblemas que el descub imien o de Amé ica o igina' y plan ea, bas¬ a ían ellas solas, de no exis i o as p uebas y da os, pa a mos a la bene iciosa in luencia que, en la es e a del De echo in e nacioual, u o aquel acon ecimien o inol idable. II Aunque en el sis ema colonial de España, á di e encia del segui¬ do en Holanda é Ingla e a, sea an isible como pe sis en e el in e¬ és de dominación ó polí ico (i), no po eso llega á bo a se el as¬ pec o económico ó me can il que oda colonización o ece, y ese es el mo i o de que, esuel a la cues ión de sobe anía susci ada po el des¬ cub imien o de Amé ica, se plan ea a inmedia amen e o o p oblema más di ec amen e enlazado con la elación p i ada ó de p opiedad. (1) Véase Lab a, «His o ia polí ica con empo ánea. In oducción.» Mad id, 18/9, página 50. 9 - 40 - decla ación del cong eso de Viena en 1815, y los nume osos a ados- que, inspi ándose en ella, la siguen, ienen p eceden es cien í icos inol¬ idables, é inol idables con an o mayo mo i o cuan o que, me ced á ellos, puede España a enua la pa e de culpa que le cabe en el desa ollo del come cio neg e o. En los esc i os de F . Ba olomé de Las Casas, y p incipalmen e en su con o e sia con Sepúl eda, y en el T a ado sob e la escla i ud de los indios , apa ece la a a implíci amen e condenada po la nobi¬ lísima doc ina que allí campea. Deci , como decía el insigne obispo de Chiapa, que odos los indígenas hechos escla os en las Indias desde la época del descub imien o, habían sido escla izados con injus icia (1); y a i ma , como a i mó solemnemen e an e el empe ado Ca los V, en espues a al obispo del Da ien, que «nues a eligión c is iana es »igual y se adap a á odas las naciones del mundo, y á odas igual- emen e ecibe, y á ninguna qui a su libe ad ni sus seño es, ni me e »debajo de se idumb e, so colo ni achaque de que son sie os d na u a » (2), es, sin duda alguna, de ende la san a causa de la libe ¬ ad y dignidad del homb e, y da a mas con a odo a en ado que las amenace ó las niegue. Tan es así que cuando, disipada la niebla que obscu eció su espí i u, io Las Casas «se an injus o el cau i e io de »los neg o» como el de los indios» (3), con esó el e o que le lle ó un día á p opone la explo ación de escla os a icanos, y condena sin acilación ni ambajes, po exp eso modo, lo que implíci amen e es aba condenado en las a i maciones doc inales, po él con an o calo y cons ancia man enidas. Mas no hay necesidad, po o una, de alega en es a ma e ia es imonios que, aun cuando sólo en la apa iencia, puedan discu i se^ ya que sob an en los eólogos y ju isconsul os españoles, desde el (1) Véase el e e ido «T a ado sob e la escla i ud de los indios,; LXV de la «Biblio eca de Au o es Españoles» de Ri adcne a, pág. 208. (2) Ob. y om. ci . pág. 227. (3) Véase Quin ana, ob. y om. ci s. pág. 454. en el lomo siglo XVI, ex os pa a p oba cómo la eligión y la ciencia p osc i¬ bían de consuno aquel come cio que, en ase de los diplomá icos de Viena, «du an e an o iempo ha asolado al A ica, deg adado á Eu¬ opa y a ligido á la humanidad.» Domingo de So o, discípulo y suceso de Vi o ia, con empo áneo y amigo de Las Casas, y homb e que gozó en nues as escuelas de in luencia y p es igio ex ao dina ios, esc ibe ambién con a la a a en su céleb e lib o De jus i ia e Ju e. Si es e dad lo que se e ie e, dice So o, ace ca de la escla¬ i ud de los e iopes; si el aude y el dolo y la iolencia los a an¬ can de su ie a na al, en onces «ni los que los cap u an, ni los que íos comp an, ni los que los poseen, pueden ene limpia la concien¬ cia has a que esos homb es sean manumi idos; y es o áun cuando »el p ecio que medió en la comp a no pueda ecob a se» (i). Con más ene gía aún que So o ó, po lo menos, en o ma mas iolen a y du a, ama gada cons an emen e po la i onía de la ase, Ba olomé de Albo noz echaza po inmo al é injus o el ca nice o a o, como él dice, de escla os a icanos (2); y con a el mismo es¬ c iben igualmen e, en e o os, en el siglo diez y seis Luís de Molina, y en el diez y sie e el P. Alonso de Sando al (3). Con azón, pues, un esc i o con empo áneo (4) ei indica pa a los pensado es de nues a pa ia la p imacía en comba i la escla i¬ ud de la aza a icana: po que an es que Voolman y Cla kson y Raynal y los demás nomb es que suelen ci a se de o dina io en las (1) ...«Qum si e a es his o ia, ñeque qui illos capiun ñeque qui á cap o ibus »coemun , ñeque illi qui possiden Lu as habe e unquam conscien ias possun , quousque »illos manumi an , e iamsi p e ium ecupe a e nequean .» Lib. IV, quaío . , a . , C¡ . po Cauchy, II, 24. (2) «De la escla i ud.» Es á inse o el b e e discu so de Albo noz así i ulado, en el lomo LXV de la «Biblio eca de Au o es Españoles,» pág. 232 y siguien e. (3) El p ime o en su a ado «De Conco dia g a ioc e libe i a bi a,» y el se¬ gundo en el suyo «De Ins au ando yE hiopum salu e.» (4) D. Adol o de Cas o en el «Discu so p elimina ,» del ci . lomo de la «Biblio- loca de Au o es Españoles.» — 42 - lis as de impugnado es de la a a de neg os, apa ecen his ó icamen e los de Sando al y Molina, los de So o y Las Casas. Mas aunque no ue a así, y nue os da os, ol idados hoy, puedan mañana a eba a nos la glo iosa p io idad p e endida, poco impo a: no hay pa ia ni on e as pa a la e dad, que odo homb e de bue¬ na e acep a y ap o echa sin p eocupa se de la pe sona que la p o¬ paga ó del idioma en que se di unde, y es á ealizado el p og eso y dado un paso en el camino de la pe ección desde el ins an e en que b illa la doc ina e dade a, llámese Las Casas ó Cla kson quien enga la dicha de encende la an o cha que ilumina. Puede ya o mula se, en is a de lo dicho, opinión conc e a es¬ pec o á la in luencia eje cida po el descub imien o y conquis a de Amé ica en el desa ollo del come cio neg e o. Po de p on o, y en el o den de los hechos, esa in luencia ué pe niciosa, deplo able; el mal, ya exis en e, oma desmesu adas p o¬ po ciones, po que se ab e as ísimo me cado á la en a de escla os y po que in e eses de odas clases lo alien an y sos ienen; pe o des¬ pués, y en la es e a de las ideas, la eacción de la doc ina, mo i ada sin duda po el abuso mismo que en la p ác ica de la ida impe aba, egene a la u bia co ien e in elec ual, cómplice de la manchada con¬ ciencia de la cul a Eu opa; y de a enuación en a enuación y de pueblo en pueblo, log a al in que el á ico de neg os sea p osc i o en nom¬ b e del De echo in e nacional, á cuya somb a se había cobijado du¬ an e el anscu so de siglos. Y cuen a, seño es, que la abolición de la a a dec e ada y lle¬ ada á cabo po acue dos in e nacionales, signi ica algo más que el emedio de una en e medad dolo osa, y no es, an sólo, la clausu a de un ciclo abie o en la e a del descub imien o ame icano. «Las medidas in e nacionales omadas con a la a a de ne¬ b os, dice Blun schli, nos o ecen un ejemplo de in e ención en a o * de los de echos na u ales del homb e» (i) y, po an o, cabe añadi . (1) «Le d 'oi ¡nle nalional codi ié»; (pa ióme édi ion. Pa ís, 1886, pág. 20. - 43 - p oyec an i a luz sob e el concep o del De echo in e nacional y de la misión que debe cumpli en el mundo. La abolición de la a a po el De echo in e nacional signi ica que la u ela de és e se ex iende ó, po lo menos, in en a ex ende se has a asegu a á los ciudadanos délos di e sos países «una p o ec¬ ción común, como dice el ci ado esc i o , pa a los de echos gene- e ales que esul an de la cualidad de homb e» (i), implicando, po lo mismo, la de inición una de de echos humanos inmu ables, cuyo espe o se ha de impone á odo Es ado, sin acepción de azas ni de climas. Es e concep o del De echo in e nacional que, poniendo plausible lími e al iejo exclusi ismo de las sobe anías, hace lo a , po encima de las on e as de los pueblos, los e e nos p incipios de jus icia, es concep o que encie an gé menes ecundos de e dade o p og eso y bienes a . Me ced á él, la necesa ia unidad del De echo se sal a en medio de la aná quica di e sidad de legislaciones nacionales, y odo Es ado, al ing esa en la uni e sal Sociedad de las gen es, em¬ pieza po econoce los de echos na u ales del homb e y la sup ema au o idad que, en el o den posi i o, los o mula ó de ine. Quizá se diga que las ci cuns ancias concu en es en la a a, á di e encia, po ejemplo, de la escla i ud de los indios; que las no as peculia es de aquella, no as que la con e ían en cues ión in e nacio¬ nal bajo odos aspec os, acili a on la in e ención colec i a de los Es ados pa a p o ege al op imido, sin cons i ui p eceden e se io pa a el caso en que la ejación ó el c imen no u iesen ca ác e in¬ e nacional an de inido y e iden e. Mucho hay de e dad en es a obse ación y, sin emba go, no po eso se debili an las conside aciones an e io es. Pa a pasa del ciego espe o in undido po la sobe ana indi i- dualidad de los Es ados, al p incipio de solida idad que debe i i ica (^1) Ob. ei . a . 1, pág. 55. 44 — la p ác ica y eo ía in e nacionales, necesi ábase ocasión p opicia; algo que, sin ompe b uscamen e el hilo de la adición, hicie a, po in¬ sensible, ácil el paso de lo an iguo á lo nue o. Y esa ocasión ué la a a. Po lo que enía de in e nacional, pudie on ácilmen e asocia se los Es ados pa a aboli ía; y po lo que enía de negación de un de e¬ cho na u al ó humano, esa abolición ué impo an e paso en el ca¬ mino de la p o ección in e nacional á los de echos undamen ales del homb e. Así, pues, la doc ina que, desde el siglo diez y seis, iene p e¬ pa ando la abolición del come cio neg e o, es el p eceden e inme dia o de es as mode nas endencias que ya cla amen e se descub en en la céleb e decla ación del cong eso de Viena; y, de es a sue e, á a és de un lamen able abuso en la p ác ica, y de una igo osa y e icaz p o es a en la doc ina, enlázanse el descub imien o y conquis a de Amé ica con el no ísimo sen ido y las más ecien es aspi aciones del mode no De echo in e nacional. III En medio de una di e sidad de ap eciaciones asomb osa, y de los pa ece es más abie amen e encon ados espec o á la na u aleza de las consecuencias que el descub imien o de Amé ica p oduce en o den al dominio del ma , con ienen los esc i o es que, más ó menos inciden almen e, a an de es e pun o, en econoce la in luencia de¬ cisi a de aquel hecho en la mencionada cues ión, in e esan e y g a e como pocas. P adie -Fode é y Sumne Maine ep esen an aquí las dos opi¬ niones ex emas. «El pensamien o de ap opia se el ma , dice el p ime o, ha na- *cido en e los pueblos mode nos. Ha salido del conside able desa- — 45 — » ollo que alcanzó el come cio ma í imo y, po consiguien e, la na- * egación, sob e odo después del descub imien o de Amé ica. Ha- sbiendo llegado á se las elaciones come ciales con el Nue o Mundo »base eal de la iqueza y ue za de las naciones, los di e en es pue¬ blos de Eu opa han endido á aumen a su á ico y na egación en »de imen o de las naciones ecinas ó i ales. Fué po es e mó il »injus o po lo que Venecia a ó de ap opia se el ma Ad iá ico, »Géno a el Ligu io, españoles y po ugueses los de Amé ica, y po »lo que, en in, Ingla e a en el siglo XVII p e endió se sobe ana »de la mayo ía de los ma es que comunican con los que bañan sus » cos as, es deci , de odos los ma es del uni e so, po que odos ellos »se comunican en e sí» (i). Po el con a io Sumne Maine, después de hace suya la doc¬ ina que enseña habe comenzado el De echo in e nacional, en el sen ido mode no de la ase, po un égimen gene al de clausu a en los ma es, señala en e las causas que de e mina on la uina del sis¬ ema an iguo y la libe ad del Occéano, el descub imien o de Amé ica y los iajes en que los po ugueses dobla on el Cabo de Buena Es¬ pe anza (2). No puede se más cla a la con adicción. El p opósi o y el he¬ cho de ap opia se el ma empiezan, en opinión de P adie Fode é,p e¬ cisamen e en el ins an e en que, á juicio de Sumne Maine, concluyen; siendo el descub imien o de Amé ica, pa a el uno, comienzo de una época de se idumb e; p incipio, pa a el o o, de una e a de libe ad. ¡Ex aña con adicción, po cie o, cuando uno de los opues os é minos que la o iginan es á pe ec amen e desmen ido po las en¬ señanzas de la his o ia! En las más emo as edades de que aquella nos habla apa ecen (1) «Le d oildc lague e e de la a ¡ x» pa G olius; nou cllo aducüon pa P. P adie -Fode é. Pa ís, 18G7, om. I, li . II, chap. II, pag. 3%, no a. (2) «Le d oi ¡nle nalional.» Págs. 102 y 103. — 40 - los ma es lib es (i), pe o con ma cada endencia ya á en a en el do¬ minio ó sobe anía de de e minados pueblos. La pi a e ía, que ué en onces gene al azo e del come cio ma¬ í imo, hizo, como enseña Cauchy, que «el es ablecimien o de un po- »de egula á la ez que despó ico, y p o is o de la ue za y o¬ lun ad necesa ias pa a ep imi ese bandole ismo que á odas pa ¬ nés lle aba el e o y la mue e, uese saludado como un bene icio »po los pueblos y aún po los sabios de la an igüedad» (2). Desde los iempos de G ecia, el impe io ma í imo iene eje ¬ ciéndose y se dispu a de al modo que, á c ee un documen o con¬ se ado po Eusebio, el ce o del ma cambió de manos diez y seis eces du an e el anscu so de seis siglos (3), al mismo iempo que el de echo de lib e na egación su ía es icciones, pa a el encido ó- el débil, en cuan os a ados ma í imos de g iegos y omanos han log ado llega has a noso os (4). G ocio mismo no ha podido desconoce la e dad de es os he¬ chos, y con ex os de Demós enes y Theóc i o, de Dionisio de Haly- ca naso y Quin o Cu do, de Appiano y de Jose o, ha enido á es a¬ blece la exis encia de un an iguo seño ío en los ma es (5) como, en mayo escala y con menos impa cialidad, hizo ambién Selden. Es a si uación de clausu a ó impe io del ma , desp o is a ya de las p imi i as azones que la c ea on, si bien alen ada po ambiciosas mi as que no al an en época alguna de la his o ia, p olongóse du¬ an e oda la Edad media. La epública de Venecia simbolizaba desde el siglo doce en los desposo ios del Dux con el Ad iá ico la sobe anía que sob e las (1) Aludiendo á es a p imi i a libe ad, dice Sumne Maine: «Los documen os >xjue poseemos me pa ecen suge i , no obs an e su insu iciencia, la idea de que si el »ma ué, en un p incipio, común, ué en el sen ido de que es aba abie o á las dep e- »daciones de odos (qu‘ elle s'ou ai uni e scllemen aux dép éda ions.» Ob. ci . pᬠgina 101. (2) Ob. ci . 1,181. (3) Caucb , Ob. ci . I, 95. (i) Id., id., id., 182. (5) «Le d oi de la gue e c de la paix,» li . II, clnap. III, § XIII, no a. - 47 — aguas de és e eje ci aba (i); Géno a, en la época de su mayo lo e¬ cimien o y pode ío, eclamaba el sobe ano impe io sob e oda la ex¬ ensión del ma Ligu io; Colón llamaba á Fe nando é Isabel, en las capi ulaciones de San a Fé, seño es de las ma es Occéanas ; y á a és de la hep a quia anglo sajona, de la in asión de los daneses y de la conquis a no manda, buscaba Selden el abolengo de la sobe anía de su país sob e los llamados ma es b i ánicos (2). No in en o yo, ni po asomos, ompe una lanza en p ó de las iejas p e ensiones de Ingla e a, ni de la disc eción de los azona¬ mien os de Selden; pe o, sea cual ue e el juicio que me ezcan es os y apun ándolos más como es imonio de una opinión que como p ue¬ ba de un de echo, aunque de ellos se haga abs acción comple a, los demás da os que a iba se mencionan bas an y sob an, á mi e , pa a que cla amen e esul e que no es aspi ación exclusi a de los mode ¬ nos iempos la que in en a con isca en p o echo de de e minado país el codiciado seño ío sob e los ma es eu opeos. Mal pudo, pues, el descub imien o de Amé ica se causa, como quie e P adie -Fode é, de que su gie a el pensamien o de ap opia se el ma , cuando esa ap opiación e a ya in e e ada cos umb e al ina¬ liza el siglo quince, y lejos de ep esen a , po lo an o, una inno¬ ación, ué más bien el asen imien o espe uoso á las adiciones y á la his o ia. Con el hallazgo de un nue o con inen e ni se inaugu a ni, po de p on o, cesa el dominio sob e los ma es; la supe icie de las cosas pe manece sin cambios; pe o, á a és de ex e io idades y apa ien¬ cias, nó anse ya los signos p ecu so es de nue a edad, que anuncian p o unda mu ación en el come cio ma í imo de ambos mundos. Nadie igno a cuan ímida é insegu a ué la na egación an es del siglo quince. (1) Véase Selden, «Ma o clausum seu de dominio• ¿na is lib i dúo.» Londini, 1636, lil». I, cap. XVI, págs. 116 y siguien es. (2) Véase el lib o II de la ob a ci ada. - 48 «Los na egan es, dice un his o iado (i), no podían a en u a se *á la gos iajes sin que se pe ecciona a el a e de cons ui ba cos > y de di igi su ma cha En un p incipio, no sabían o ien a se de »día sino con la is a de las cos as y, de noche, po las es ellas,» y las nieblas y la obscu idad e an pa a el ma ino in encible obs áculo- ó, po lo menos, inminen e pelig o. Desde la duodécima cen u ia, la in ención de la b újula ab ió- ho izon es nue os á la explo ación de los ma es, y sin emba go o e¬ cía aún an as di icul ades el c uza aquellos que los ma inos más osados de Eu opa, los po ugueses, en los p ime os años de sus des¬ cub imien os seguían siemp e la di ección de la cos a de A ica, sin pe de la nunca de is a (2). Temían a en u a se en la inmensidad del Ma Teneb oso , cuya ex ensión c eían sin lími es; pa ecíales el as o Occéano p eñado de iesgos y amenazas; mi ábanlo desde las aguas li o ales de A ica con el espe uoso emo que in unden lo desconocido y mis e ioso; y g acias cuando, sin abandona la di ección de las cos as, se a ies¬ gaban los explo ado es alen ados po el in an e D. En ique, á as¬ pone el Cabo Bojado , mi ado du an e la go iempo como in an¬ queable lími e de las na egaciones humanas (3). La ocación de Po ugal po las g andes expediciones ma í i¬ mas, y la cons ancia en pe segui el ideal á cuya ealización consag ó En ique el Na egan e la mejo pa e de su ida, e an, sin emba go, p enda de u u os p og esos; po que nada como la é y la cons an¬ cia pa a ence di icul ades y a olla obs áculos, que el ánimo des¬ c eído ó débil juzga de odo pun o insupe ables. No habían anscu ido, en e ec o, muchos años después de la mue e del In an e, cuando Juan II eunía una jun a de sabios, en la (1) Césa Canlú, «His o ia Uni e sal,» lil>. XIV, cap. III. (2) Véase Ba os, «Da Asia,» doc. I a , lib. IV, cap. II, ci . po Na a c e, ob. ci ., lom. I, pág. LUI, no a. (4) Véase Washing on I xing, «Vida y iajes de C is óbal Colón,» lib. I, cap. III. — 49 - cual descollaba Ma ín Behaim, y en esa jun a b o aba la luminosa idea de aplica á la na egación el as olabio. «Las consecuencias de in en o al ue on, como I ing dice, in- » calculables. A ancó la na egación de la an igua se idumb e de »la ie a, dejándola en libe ad pa a que discu iese á su place po »las ondas. En ez de cos ea las playas, como los an iguos na¬ egan es, en ez de ol e á ie a p esu osa y ímidamen e cuando »los ien os le habían sepa ado de ella, podía a en u a se ya el osado ama ino po igno os ma es, cie o de que el as olabio y la b újula >le ab i ían segu o camino á su uel a, caso de no encon a pue os aléjanos» (i). Aho a bien, po aquellos iempos ya pe eg inaba Colón de co e en co e, ocul ando bajo pob e y aída capa el incalculable eso o de sus planes de descub imien o y, poco después, a ibaba al con i¬ nen e ame icano, o eciendo demos ación expe imen al y elocuen í¬ sima de que e a na egable el Occéano, ácil o ien a se en las inmen¬ sas soledades del ma , y segu a la ecompensa del a igoso iaje, po que mas allá del g an desie o de las aguas se alzaba la ie a p ome ida. Sin di icul ad se alcanza lo que ue on en la na egación las ex¬ pediciones colombinas: disipa on pa a siemp e el na u al emo que pesaba, en el iaje de 1492, sob e el ánimo esuel o de los es o za¬ dos ma inos españoles; die on an opo una y decisi a aplicación al as olabio, que Colón pasó po su in en o á los ojos de algunas gen¬ es (2); amilia iza on al na egan e con inespe ados enómenos, como la declinación de la aguja magné ica, la cons ancia de los, ien os ali¬ sios, la apidez de las co ien es occeánicas, é hicie on que, desde en onces, unidas en ha monioso esul ado la eo ía cosmog á ica y la (1) Ob. ci . lib. I, cap. VI. ... (2) Véase Na a e e, Ob. ci ., om. I, página Lili, no a: menciónense en es a, espec o al pun o de que aquí se a a, las opiniones de Casoni, en sus «Anales de é- p o a,» y de Bossi, en sus «Ilus aciones á la ida de Colón.» 3 — 56 — echo, e a pa a los ju isconsul os de la Edad media la sal ado a solución del con lic o; de al modo que, á la somb a de lo inmemo¬ ial, eían esgua dado y segu o el p i ilegio odioso dis u ado a¬ dicionalmen e en cie os ma es po algunos Es ados de Eu opa. Pues bien; comp endido con en e a cla idad po Menchaca el pun o ulne able de la ieja componenda que adop aban los oma¬ nis as, con a ella di ige sus i os, ab iendo anco camino, al des ui uno de los é minos de la an í esis, pa a que el o o p oduje a ex- pon áneamen e u os de libe ad, quizá no cosechados en época al¬ guna de la his o ia, incluso aquel pe íodo la guísimo en que de con¬ suno p oclamaban el ma cosa común los e sos de Pláu o y O idio,, y los ex os de Ma ciano y Celso. Hé aquilas palab as del ju isconsul o español: «aunque á g an «mul i ud de lusi anos haya oido ecuen emen e opina que sus eyes «adqui ie on po p esc ipción el de echo exclusi o de na ega en el «ma as ísimo de las Indias Occiden ales, y aunque nues o ulgo- «hispano pa ezca gene almen e pa icipa de opinión análoga con es- «pec o al Occéano que baña las egiones índicas, some idas á nues¬ os pode osos mona cas.sin emba go, odos es os pa ece es «son an insensa os como los de aquellos au o es que, en cuan o á ge- «no eses y enecianos suelen soña po modo semejan e. Cla o apa- « ece el desacie o de ales doc inas, pues o que cada una de esas «naciones no puede con a sí misma p esc ibi . Y como en daño «de las demás la p esc ipción es imposible, po se ins i ución de me¬ o de echo ci il, inexplicable en la elación mu ua de p íncipes ó «pueblos independien es, sólo al De echo de gen es puede acudi se,. «y cons a según él que semejan e p esc ipción y usu pación del ma «nunca ué admi ida» (i). Tal ué el impulso con que Vázquez in en ó es ablece la p i¬ mi i a di ección del a co que lo dobló en sen ido opues o, y pe quL (1) Vázquez Menchaca, Oh. ci ., lib. II, cap. 89, § 30 y siguien es. - 57 - a el p e ex o de la p esc ipción á las con iscaciones del ma , a o¬ jóla ue a de los dominios del De echo de gen es. Exage ó en es o, sin duda, y se hizo ac eedo al du o cali ica i o que Selden le aplica, pe o ¿cómo no disculpa lo, cuando has a nues os días se p olonga la se ie de au o es espe ables que desde Cassan y Richelieu has a Ray ne al, Ma ens y Klube , niegan la acul ad de p esc ibi en las ela¬ ciones in e nacionales? Las di e encias que exis en en e el o den in e nacional y la in¬ e na ida de un Es ado; la ausencia en el p ime o de una au o idad y de una egla isibles á oda mi ada, y la misma ecuencia con que la p esc ipción se unda en iciosas y deleznables eo ías explican, sin duda, el adicalismo de Vázquez y su escuela; pe o, de odas sue ¬ es, nadie como aquel me ece que se a enúe su al a, po que nacía de un exceso de celo, encaminado á ija el sen ido de los ex os o¬ manos en a o de la e dade a libe ad de los ma es, é iban sus a¬ zones con a la es é il y acomoda icia in e p e ación en onces en uso,, y el desc édi o que a ojó sob e ella, emedió g a ísimo mal, esul¬ ando de es e modo su e o algo así como los e o es de Colón, que nos die on un Nue o Mundo. Digno de odo aplauso ué el p opósi o de Henchaea al pone la libe ad del ma bajo la p o ección del De echo omano, ce ando, á la ez, el camino á las ansacciones en e el p incipio y el hecho pa ocinadas po los ju is as; más po si aquel apoyo ue a débil, na obs an e el espe o que en onces in undía, nues o au o in oca el De¬ echo na u al y el di ino, deduciendo del p ecep o no hagas a o o' lo que no quie as pa a í, que «como la na egación á nadie puede »se noci a sino á los mismos na egan es, es acional que po nadie » ampoco pueda ó deba se es o bada» (i). No desdice es e azonamien o, en el cual palpi a la idea de que es inago able el Occéano y su ap o echamien o ino ensi o, de los (I) Ob. y lugn ci s. § 35. i5 - 58 - •empleados después po G ocio, Pu endo y Va el; puede deci se que (á pesa de las decisi as obse aciones de Ba bey ac y S auchius) ué, en una ó en o a o ma, a o i o a gumen o de los au o es du¬ an e el espacio de dos siglos, y hay que con eni en que, p escin¬ diendo de la e dad que encie a, iene el indiscu ible mé i o de pe¬ di á la na u aleza del ma la causa de e minan e de su condición en el De echo. Ce e a ué, pues, la mi ada de Vázquez Menchaca al busca e o igen de la libe ad de los ma es, de un lado en el De echo omano, de incompa able p es igio en la p ác ica y, de o o, en la na u aleza de las cosas, sólido é inmu able asien o pa a una doc ina cien í ica; y si es e dad que hoy ácilmen e comp endemos no llegó á conse¬ gui su in en o, en cambio pensa on de o o modo que noso os sus con empo áneos, y con es o el saludable u o de la enseñanza co¬ menzó á ecoje se en seguida. ¿Y qué di é yo aho a de la independencia de juicio y de la a¬ len ía de ase que son de admi a en el au o de las Con o e sias? Que un holandés, de endiendo los in e eses come ciales de su pa ia y siguiendo el camino que aza ón o os, abogue po la libe ad del ma , ácilmen e se explica; pe o que un español impugne p e ensio¬ nes de su p opio país po pu o amo á la e dad y, pa a ello, ompa con oda adición y p eceden e, y cali ique de insensa a la opinión comba ida, a ándola sin piedad y ehusándole la más le e a enua¬ ción ó disculpa, ejemplo es en que mucho puede ap ende se, ya que, po desg acia, an o suelen acila las con icciones cuando se oponen á su ma cha la u ina y el also in e és bajo el noble aspec o de pa¬ io ismo. Cu ioso po demás se ía segui paso á paso la his o ia de la libe ad y dominio de los ma es en la ciencia española, ayendo á examen las opiniones de Rod igo Suá ez y C espo de Valdau a, de F ey as y Salaza de Mendoza, de Valenzuela, Aguado, Olmeda León y an os o os; pe o aquí me de engo, po que no es la p e- — 59 - sen e ocasión opo una pa a al es udio y además, po que á mis p o¬ pósi os de hoy bas a y sob a lo que lle o dicho. De ello esul a que el descub imien o de Amé ica comenzó po o ece campo as ísimo á la adicional con iscación del ma ; que Po ugal y España, con inuado as de la cos umb e es ablecida, qui¬ sie on impe a en el Occéano, á semejanza de lo que hacían Ingla e¬ a, Venecia ó Géno a en sus ma es y que, an e ambición an gi¬ gan esca, conmo ié onse los cimien os de an iguas doc inas, se agi ó •en la men e de los pensado es nue a idea y, as la ine i able lucha -que iñe siemp e la e dad eden o a, asomó en los cielos, iluminando la inmensa egión de las aguas azules, el sol explendo oso de una libe ad po odos bendecida. Pe mi idme aho a, pa a conclui , que con emple po un ins an e la senda eco ida y p ocu e aba ca en una sola mi ada el conjun o de hechos y de ideas con que he ejido la pob e ela de es e es udio. No ué, en e dad, en las ie as ame icanas donde po ez p i¬ me a hubo de plan ea se el p oblema ace ca de la ocupación de co¬ sas nullius con ánimo de some e las á la sobe anía de un Es ado, ni íué en ellas donde los de echos de la ci ilización y la ba bá ie u ie¬ on su p ime con ac o, ni su descub imien o ué causa o igina ia de e olución inmedia a y p o unda en la condición de los ma es. Nada •de es o: el g ande acon ecimien o cuyo cen ena io es eja hoy el mun¬ do, no ae en igo p oblemas nue os á la ida in e nacional, pe o •eng andece en cambio los an e io men e conocidos; ué su in lujo más -de can idad y dimensiones que de o iginalidad inno ado a, p es o a lo exis en e p opo ciones ex ao dina ias, con i ió las pied as del ca¬ mino en ocas gigan escas, y al pié de ellas de u ié onse po nece¬ sidad las mi adas del obse ado y los pasos del caminan e. - GO - De u ié onse, sí, sin que en los p ime os momen os de i e le¬ xi o asomb o inie an nue os ideales á desa aiga la iciosa p ác ica he edada de pasados iempos, y ué piso eado el de echo de las i¬ bus indígenas, y a ancado el neg o de su hoga pa a explo a lo en come cio in ame, y con iscado el ma en p o echo de ambiciones bas a das, has a que la misma incalculable ampliación del mal hizo e ocede á los más osados, y lo que comenzó po se pied a de es¬ cándalo acabó con i iéndose en p incipio de edención. Bien cla o es á que en el cuad o que o pemen e he bosquejado se combinan la somb a y la luz; densas nieblas de iolencia y e o obscu ecie on el cielo de la his o ia pa ia po aquellos días en que no gozaban de au o a más expléndida ni las emp esas de Po ugal, ni las a en u as de Ingla e a, ni el decaden e impe io de las epú¬ blicas de I alia, y asi c eimos lo que odos c eían y i imos como i ían odos, en an o que silenciosamen e ge minaban en nues o suelo las egene ado as doc inas de Vázquez, Las Casas y Vi o ia. Si de ue a nos enseña on á encadena pueblos independien es en la conquis a, á negocia con el homb e en la a a, y á usu pa la na egación del Occéano, uimos noso os, en cambio, los que pusimos emedio á an o mal: que sonó en ie a española la oz de ala ma, y nació en las mon añas ascas quien supo ija en eglas inmo ales el de echo de gue a, y ió la luz en las llanu as de Cas illa quien enseñó á G ocio el p incipio de la libe ad de los ma es, y alumb ó el sol de Andalucía la p ime mañana del incansable p o ec o de los indios, azo e de oda se idumb e, de enso y pad e del débil y del op imido. G acias á es o, la in luencia del descub imien o y conquis a de Amé ica en el De echo in e nacional, si apena al ánimo po sus p í me os u os, o i ícalo después con saludable ejemplo: po que si de aquellos acon ecimien os ue on hijos los a en u e os apaces de un día, ambién ue on sus nie os los pensado es del siguien e, que su¬ pie on cimen a sob e i me base la más ámplia de odas las amas - 61 del De echo, bau izándola al nace en las limpias aguas de la ciencia española. Reco demos odos, y ecue den muy en especial los alumnos que aho a me escuchan, es a enseñanza que, an luminosa y cla a, b o a de la his o ia. Remedia la e dade a ciencia los dolo es y males de la ida, encauza el desbo dado ío de las ambiciones humanas y, como e lejo que es de la Ve dad Sup ema, ennoblece, pu i ica, le an a. Po ella uimos g andes en o a edad y ganamos uni e sal enomb e; llo ᬠnosla pe dida después; hagamos hoy e ien es o os pa a que, ad¬ qui ida de nue o, como el sol en pasados siglos b ille sin pone se jamás en los ho izon es de la pa ia. He dicho. 16