Es un g an hono el que la Academia me haya designado
pa a in e eni en es e ac o de Homenaje al p o eso Mo ales Pa-
d ón, ac o pa a mí an is e y an en añable a la ez. Pe o debo
con esa que es un hono que nunca hubie a que ido ene . Me
en uel en sen imien os de odo ipo al ene que habla en pasado
del que ue mi maes o y mi amigo. Unos amigos que siemp e
nos hablábamos de Vd., lo que no impidió un a ec o since o y
p o undo y, po mi pa e, una admi ación hacia su g an ob a, su
amo al abajo y su magis e io pa a an os de noso os.
He pensado mucho qué deci aquí, po que he enido oca-
sión de esc ibi bas an e sob e su ayec o ia in es igado a y
docen e, así como de esal a sus muchas cualidades. Pe o hay
dos emas que no había ocado oda ía. Uno po ín imo y pe so-
nal, como es la elación discípulo-maes o que nos unió du an e
mucho iempo; el o o po demasiado especí ico y conc e o como
es su abajo en es a Academia. C eo que aho a es el momen o de
abo da los. El p ime o po que es algo que sólo podía acome e
en un luga como es e, en e amigos y compañe os suyos y míos.
El segundo, po que aunque sus log os como Di ec o du an e
es manda os seguidos, es án muy bien ecogidos en la ob a del
que ue a nues o compañe o y Sec e a io de es a Academia, D.
En ique de la Vega Vigue a, sob e la his o ia ecien e de nues a
Co po ación, no es á mal que se esuma y ealce su la ga ayec-
o ia y su incansable abajo pa a es a Casa, a la que le dedicó no
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Po ENRIQUETA VILA VILAR
pocos de sus a anes y que le pe mi ió desa olla su ena li e a ia
y cuida y mima su amo po Se illa. Ve é qué puedo deci con
el escaso iempo de que dispongo.
Conocí a D. F ancisco, allá po el año 1960, cuando llegué
a e ce o en la an igua Facul ad de Filoso ía y Le as, pa a cu sa
la especialidad de His o ia de Amé ica. D. F ancisco hacía poco
que había ganado la cá ed a de His o ia de los Descub imien os
Geog á icos y es aba en un momen o que que ía come se al mun-
do. E a jo en, a ogan e, a ac i o. Mis compañe as, que decían
que se pa ecía a Ty one Powe , odas le emían. Debo con esa
que a mi no me in imidaba an o, p obablemen e po que e a cinco
años mayo que odas ellas –siemp e lo he hecho odo con cinco
años de e aso- y po que e a la mayo de ocho he manos con un
pad e olcado a su amilia y bas an e se e o y exigen e.
Enseguida pude da me cuen a que no e a un p o eso como
los demás que había enido. Nos p egun aba cosas insóli as, de
ac ualidad, pa a e el g ado de conocimien o y cu iosidad de cada
cual. Lo mismo se p esen aba con un mapa mudo pa a que localizá-
amos las capi ales y los íos ame icanos, sin p e io a iso y en los
p ime os días de clase, que con la página de un pe iódico pa a que
comen á amos qué nos pa ecía al o cual no icia. O nos hacía en
una semana un esumen global de la colonización en Amé ica. Sus
conocimien os y sus deseos de exp esa los no le pe mi ían ceñi se
a unos descub imien os geog á icos sepa ados de odo el amplio y
complejo con ex o que los impulsaban. Alguien muy ce cano que
es udió aquel año conmigo decía, con mucha g acia, que D. F an-
cisco se “ca gaba” la especialidad en quince días.
P obablemen e odas aquellas p ime as imp esiones ue on
las que más a de, cuando ya casada quise hace mi p ime abajo
de in es igación –la Tesina de en onces- me hicie an di igi me
a él pa a que me o ien a a y me p opuso un ema in e esan e
basado en una documen ación inédi a que se encon aba en la
Sección Es ado del A chi o Gene al de Indias. Se a aba de una
se ie de ca as de diplomá icos españoles, ingleses y anceses,
que ponían al descubie o el pelig o del a ance uso po Alaska,
lo que mo i ó oda una se ie de expediciones que descub ie on
las cos as de Cali o nia. En una de ellas, cuyo Dia io hallé en e
los documen os manejados, se con aba el p ime con ac o en e
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españoles y usos y pude es udia ambién las consecuencias que
aquel encuen o u o. Don F ancisco quedó con en o con mi
abajo, que ue publicado en Anua io de Es udios Ame icanos,
di igido po él en aquellos iempos, y luego apa eció como una
monog a ía de la colección Anua io con el pomposo y llama i o
í ulo de Los Rusos en Amé ica. Como odo iene sus en ajas y
sus incon enien es, el hecho que los lib os de His o ia no lleguen
a muchos lec o es, jugó en es e caso a mi a o . Si se hubie a di-
undido un í ulo semejan e en plena Gue a ía hubie a asus ado
a más de uno.
Mi p ime a y g a a expe iencia de colabo ación con el
p o eso Mo ales me lle ó a o ma pa e de un equipo de in-
es igación que había c eado con el in de esca a la his o ia del
Ca ibe español en los siglos XVI y XVII, cuya documen ación
sólo se conse a, en su mayo pa e, en el A chi o Gene al de
Indias. E a un p oyec o amplio, ambicioso e ilusionan e y me
dediqué con empeño a escud iña en los documen os que hacían
alusión a la pequeña y bella isla de Pue o Rico en el momen o
que se con i ió en la lla e del Impe io: el siglo XVII. A pa i
de ese momen o quedó azada mi línea de in es igación en es a
época y mi inculación académica con el p o eso Mo ales Pa-
d ón. Fui beca ia de lo que en onces e a el Pa ona o de Igualdad
de Opo unidades –como en nada hay nue o bajo el sol- beca
que suponía una jo nada de ocho ho as y una e ibución de 3.000
pese as al mes, es deci , unos 20 eu os ac uales. Pe o eso e a un
g an sueldo compa ado con lo que ecibía como ayudan e de cla-
ses p ác icas de su Cá ed a, po que esos mismos 20 eu os, e an
el sueldo anual po aquel abajo.
Pa a mí ue un pe iodo cla e, po que me obligó a p epa-
a me clases p ác icas y eó icas. D. F ancisco es aba en onces
en su b illan e madu ez, solici ado en múl iples uni e sidades
ame icanas y eu opeas, lo que le obligaba a iaja al menos un
mes odos los años. Me ocaba asumi pa e de sus clases. Fue
en onces cuando comencé a alo a su capacidad. Su ac i idad
docen e la simul aneaba con sus publicaciones, o ganizaciones
de Cong esos y elación di ec a con los g andes his o iado es del
momen o, c eación de sociedades de ame icanis as, y sus muchos
iajes que p epa aba pa a él mismo y pa a sus alumnos y algunos
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compañe os que ue on po p ime a ez a Amé ica g acias a él.
Es oy hablando de la década de los sesen a, cuando oda ía sali
de España e a casi una he oicidad. En uno de esos iajes, cuando
es aba en e ce o, ealicé mi p ime a incu sión al ex anje o si así
puede llamá sele: a Po ugal, en iaje de paso de Ecuado .
E a un con encido de la o mación que los iajes p opo -
cionan y debo deci , que de los pocos disgus os que u e con él,
ue po mi nega i a a acep a una beca en Pue o Rico que había
conseguido pa a mí. Que ía que conocie a la isla an es de lee
mi Tesis y debía pe manece allí no menos de un mes. Pe o yo
acababa de ene mi p ime a hija y como nos ocu e a muchas
muje es u e cla o mi o den de p io idades. A o unadamen e
aquello no acabó con mi ca e a, po que a D. F ancisco se le pasó
el en ado y, además, poco después saqué mi plaza en el Consejo
Supe io de In es igaciones Cien í icas, que aunque me apa ó
de su u ela, nunca dejé de conside a lo mi maes o, ni él a mí
su discípula. Y consiguió que iaja a, po in a Amé ica, a un
Cong eso In e nacional sob e escla i ud que se iba a celeb a en
Nue a Yo k al que me habían in i ado. D. F ancisco me consi-
guió el pasaje y aunque ambién en onces enía una niña de seis
meses de la que me cos aba sepa a me, es aba segu a que si no
iajaba es a ez, e a capaz de ma a me.
Muchas más cosas engo que ag adece al magis e io de
D. F ancisco, pe o quisie a des aca dos que pa a mí han sido
impo an es: el amo y el empeño en el abajo y hace de Se illa,
como pla a o ma hacia el A lán ico, mi obje o de es udio. Me en-
seño la impo ancia de mi ciudad en la época en la que me había
especializado, pe o nues as mi adas hacia ella, hacia Se illa,
han sido dis in as p obablemen e po el sen imien o que a cada
uno nos inspi aba. Su mi ada ue ín ima, cu iosa, es udiando su
ca ác e y admi ando su belleza, como se hace con una no ia a
la que se desea conoce y ama . La mía es en ol en e, uni e sal,
sen ida p o undamen e, sin necesidad de conoce la, como se mi a
a una mad e a la que se sien e po que se lle a den o. Pe o sé que
con el paso del iempo, ue Se illa y nues o amo a ella lo que
nos lle ó a una amis ad que ascendió la me a elación discípula
maes o y me pe mi ió pene a en si cí culo ín imo y conoce
más p o undamen e a Helena.
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Y aquí me an a pe mi i hace un inciso, pa a endi am-
bién un pequeño homenaje a ella. Si se acep a el dicho que de ás
de odo g an homb e hay una g an muje –y yo añado, aunque no
sea polí icamen e co ec o que del mismo modo de ás de oda
g an muje hay un g an homb e- el ase o popula iene su más
cla o ejemplo en Helena. Licenciada en His o ia con su Tesina
publicada ambién sob e His o ia del Ca ibe, in eligen e y capaz,
siemp e pe maneció en segundo plano que iendo pasa desape -
cibida. Muje ímida y abnegada, ue su compañe a, su apoyo, su
complemen o, su sos én, su ayudan e en muchos de sus abajos
y su mejo discípula. Pe dona, Helena, po que sé que es o no e
hab á gus ado, pe o a D. F ancisco sí y como hoy es amos en un
homenaje a él, has enido que aguan a me.
De su mano y de la de sus amigos y compañe os, Al edo
Jiménez y Rogelio Reyes, que i ma on con él mi candida u a,
llegué a es a Academia y es o a de las muchas cosas que engo
que ag adece le, en es e caso, a los es. Y sé que quiso que o -
ma a pa e de ella po la admi ación, el ca iño y el espe o que
enía po es a Ins i ución a la que se en egó po comple o desde
su elección, con el mismo en usiasmo que ponía en odo lo que
emp endía.
En e ec o, D. F ancisco ue elegido como nume a io el 5
de Junio de 1970, p esen ado po los S es. Banda án, He nán-
dez Díaz y Peñal e y el 21 de Feb e o del siguien e año leyó
su discu so de ing eso con el Tí ulo “Es ampas de la Se illa
insóli a”, que se ía el ge men de su lib o más conocido y edi-
ado. Al año siguien e de su ing eso, en ó a o ma pa e de la
Jun a de Gobie no en el ca go de Sec e a io segundo y ya las
Ac as comienzan a e leja su eb il ac i idad que se e leja on
enseguida en lo que pa a él e a una obsesión: las publicaciones.
Ese mismo año eapa ece, de su mano, el p ime núme o de la
segunda época nues o an iguo Bole ín, que ha seguido publicán-
dose sin in e upción y es e año se ha p esen ado el Nº 38 en un
ac o memo able en la Real Maes anza de Caballe ía. En 1974,
y ya os en ando el ca go de Biblio eca io y di ec o del Bole ín,
inaugu ó una colección de Monog a ías en las que se edi aban
undamen almen e abajos sob e Se illa, po odo lo cual ue
elici ado en Jun a o dina ia de es a Academia po el en onces
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Di ec o , nues o eco dado D. Faus ino Gu ié ez-Al iz. Como
Biblio eca io encabezó la comisión, o mada po él y los S es.
González Meneses y Ruiz Cope e, que se enca gó de la di ícil y
delicada a ea del aslado de la Biblio eca desde el Museo a es a
Casa.
En 1981 ue nomb ado Di ec o , ca go que eje ció du an-
e es manda os seguidos. En onces se ab ie on su abanico de
posibilidades y se dedicó de lleno a enal ece la Academia con
dis in os p oyec os y ac i idades. P opuso la c eación de la igu a
de Académicos de Hono y se eligie on los p ime os a D. Diego
Angulo, D. Ramón Ca ande, D. Juan de Ma a Ca iazo y D. Juan
Sie a, que oma on posesión en un solemne ac o celeb ado en
el Salón del Almi an e del Alcáza , en el que la Academia había
o ganizado la conmemo ación del VII cen ena io de la mue e
de Al onso X. C eó el Aula Washing on I ing, o mada po él
mismo y los Académicos S es. Vega Vigue a, Collan es de Te án
y Bu gos Belinchón. Tomó con ac o con la Jun a de Andalucía y
la Di ección Gene al del lib o con el in de ecaba ayuda pa a la
ca alogación de la Biblio eca y consiguió de la p ime a, además
de un beca io pa a al in, un con a o pa a un adminis a i o
du an e dos ho as, y poco más a de, el p opio P esiden e, que
en onces lo e a el S . Rod íguez de la Bo bolla, le concedió una
pa ida pa a la comp a del bello ó gano que hoy ado na nues o
Salón. Aunque no apa ece en las Ac as, en su p ime manda o
se hicie on las magní icas es an e ías de la Biblio eca con una
pa ida que, al pa ece , consiguió del Minis e io de Cul u a del
que en onces e a i ula Soledad Bece il. Hizo odo lo posible
pa a que la Academia es u ie a p esen e en la comisiones pa a la
celeb ación del Quin o Cen ena io, po que el ame icanismo, bajo
su di ección, y es o es impo an e, es u o ac i o como nunca en
nues a Academia. Y an as y an as o as cosas que no puedo se-
gui comen ando, pe o que es án ecogidas en los lib os de Ac as
y en el lib o an es aludido.
La Academia ha sabido ecompensa le su es ue zo nom-
b ándolo Académico p eeminen e y econociendo siemp e su
abajo y su magis e io. El úl imo econocimien o ha sido, es-
ando ya en e mo, cu sa una pe ición al Ayun amien o pa a que
se le concedie a el í ulo de Hijo adop i o de nues a ciudad a la
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que ha en egado g an pa e de su ida y sus a anes. Se p esen ó
un expedien e que iba acompañado la i ma de los es Rec o es,
la Di ec o a del A chi o de Indias y los di ec o es del Depa a-
men o de His o ia de Amé ica y el de la Escuela de Es udios
Hispano-Ame icanos. La espues a ha sido el silencio. Ese silen-
cio imponen e, a eces casi li ú gico y a eces incomp ensible
y c uel que es a ciudad de Se illa an o p odiga. Pe o ahí queda
su ob a pa a p oclama su alía. Y aso no hay quien lo silencie y
pe du a á pa a siemp e. Muchas g acias.
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