LOS DOCTRINEROS Y LA EXTIRPACION
DE LA RELIGION INDIGENA EN EL
ARZOBISPADO DE LIMA, 1600-1620
Po An onio Acos a Rod íguez
I. Re isión de los plan eamien os
sob e el ema
El es udio de las eligiones indígenas y de los p oblemas ela-
cionados con ellas en lo que ue el á ea de in luencia incaica se
abo da hoy desde di e sas pe spec i as elacionadas en e sí. Una
de es as es la del análisis de la eligión en si misma1. Los abajos
que se ealizan cón es e obje i o ienen como ma co c onoló-
gico un pe íodo amplísimo que a desde mucho an es de la con-
quis a española has a nues os días, u ilizando uen es como la
a queología, la mi ología, los abajos de campo ac uales,
e c. . .2.
Un ma iz di e en e inco po an los es udios que conside an la
acul u ación su ida po las eligiones indígenas, an o en el pe í-
odo p ehispánico como en el colonial español y en el nacional. La
conquis a incaica, po ejemplo, modi icó las eligiones egionales
an e io es y no hace al a deci que la implan ación del ca olicis-
mo hizo lo p opio con la si uación eligiosa exis en e en los An-
des a comienzos del siglo XVI3.
1 ) Me e ie o a los p oblemas de i ados de las condiciones ma e iales y
sociales en que i e el homb e y que in luyen en el conjun o de las elacio-
nes que es ablece con lo que conside a supe io a sí mismo, con lo sob ena-
u al. C . M. M e s
1
i η, Ap oximación a una ciencia de las eligiones.
Mad id 1978, p. IS.
2) La bibliog a ía que se pod ía ci a se ía abundan ísima y a iada.
Unicamen e a í ulo de ejemplo ci a é: J. M u a, «La unción del ejido
en a ios con ex os sociales y polí icos», en: Fo maciones económicas y
polí icas del mundo andino. Lima 1975, pp. 145—170 (el abajo da a de
1958); R. Τ. Ζ u i d e a a, «Mi o e his o ia en el an iguo Pe ú», en: Allpan-
chis, no 10, Cuzco 1977, pp. 15—52; en gene al, los núme os 3 (1971) y 9
(1976) de la misma e is a; M. M a ζ a 1, Es udios sob e eligión campesina,
Lima 1977.
3) Sólo a mane a de indicación ci a é: Ideología mesiánica del mundo
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70 An onio Acos a Rod íguez
En el ma co más educido de la his o ia de la colonización
española, de mane a es echamen e unida al en oque an e io , se
encuen a el es udio de los p oblemas elacionados con las p ác-
icas eligiosas indígenas du an e dicho pe íodo. Bajo el p isma
especí ico del enómeno colonial, pa ece ob io que el es udio de
la e olución de las es uc u as men ales y eligiosas indígenas ha
de abo da se en un con ex o amplio, que englobe enómenos que
ienen luga simul áneamen e en los planos social y económico.
Sob e es a base, el p esen e abajo es á dedicado a algunos
hechos que ayudan a comp ende el a amien o que me eció po
pa e española la p ác ica eligiosa indígena y, conc e amen e, la
ac i ud que se adop ó, a comienzos del siglo XVII, en lo que ue
llamado po el p opio sec o colonizado las campañas de ex i -
pación de la idola ía. Con espec o a dicha ac i ud, mi in ención
se cen a en es udia su apa ición y sus causas4.
En elación con el comienzo de es as campañas en 1609 en
Lima, a aiz de la denuncia e ec uada po el doc ine o de San
Damián de Hua ochi í, F ancisco de A ila, hay dos cues iones
cla es que, en cie o modo, han sido ya plan eadas con an e io-
idad, aunque no con es adas: 1) ¿Qué cambió hacia 1600 en el
pano ama colonial pa a que la Iglesia se decidie a a sis ema iza ,
ex ende e in ensi ica lo que has a en onces había sido sólo una
más de sus p eocupaciones
—
aunque muy impo an e —: la ex i -
pación de la eligión indígena, ins i ucionalizándola al c ea la
igu/a de «Juez Visi ado de Idola ías» ? 2) ¿Po qué el mo i-
mien o an iidolá ico su gió en el a zobispado de Lima y no ue
seguido con la misma in ensidad, o con ninguna, en o os luga-
es? s.
andino ( ecop. Juan Μ. O s s i o), Lima 1973; F. Ρ e a s e, El dios c eado
andino, Lima 1973; L. Millones, In oducción al p oceso de acul u a-
ción eligiosa indígena. Lima 1967.
4) Las e e encias a es e momen o son ecuen es en la his o iog a ía
sob e el Pe ú colonial. Especí icamen e ha sido obje o de es udio, po ejem-
plo, po L. Millones, op. ci , y po P. D u ν i o
1
s, La lu e con e Ies
eligions au och ones dans le Pé ou colonial. «L'ex i pa ion de l'idolâ ie»
en e 1532 e 1660. Lima, s/ . (1971). En adelan e oma é es e abajo
como asiduo pun o de e e encia.
s) P. D u ν i o
1
s, op. ci . p. 174 y del mismo au o , «La ep esión del
paganismo andino y la expulsion de los mo iscos», en: Anua io de Es udios
Ame icanos, ol. XXVIII, Se illa 1971, pp. 201-207.
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Ex i pación de la eligion indígena 71
Has a el momen o no se ha a anzado mucho pa a esponde
sa is ac o iamen e a es as p egun as. Mi in ención es con ibui a
la espues a de la p ime a de ellas, al menos: po qué la ex i -
pación apa eció con una in ensidad inusi ada en la echa y zona
ci adas. En cuan o a po qué no su gió con las mismas ca ac e-
ís icas en o os luga es apa en emen e simila es, puede se a ea
pa a o o abajo. Hay que econoce , de odas o mas, que aún
al a bas an e po in es iga sob e la ealidad colonial an es de
que sepamos cuan o ha ía al a pa a pode con es a lo.
Como ya he apun ado, la p ime a de las cues iones ha sido ya
o mulada, pe o pa iendo de un plan eamien o de ec uoso, en
mi opinión, que ha hecho que su espues a no se haya en-
con ado con acilidad. Dicho plan eamien o ha consis ido exac-
amen e en p egun a se po los cambios ocu idos en el seno de la
Iglesia, con mayúsculas, se pod ía añadi , pensando en las capas
al as de.la je a quía eclesiás ica limeña, pa a que decidie a pone
en maícha un g an despliegue de ecu sos cuando p es ó a ención
a la denuncia de A ila en 1609. En oca la cues ión de es e modo
signi ica adop a una óp ica ex e io a la apa ición misma del
enómeno, que sólo en a en juego después de la denuncia de
A ila. Y aunque en cie os aspec os conside a la cues ión así
puede esul a ú il, en ningún momen o pe mi e p egun a se po
los mo i os que mo ie on a A ila a hace la denuncia de las
p ác icas eligiosas indígenas an e el a zobispado de Lima, ni po
las azones de la ue za que man u o a dicha denuncia, una ez
dado el p ime paso6.
En un abajo an e io a és e, e i iéndome a la misma cues-
ión, apun é la con eniencia de hace un eplan eamien o del
es ado de la cues ión, asladando el cen o de a ención de las
explicaciones dadas adicionalmen e al ema a o as posibles
causas que has a el momen o no han sido su icien emen e alo a-
das7 . Se pueden dis ingui di e en es pos u as en la his o iog a ía
exis en e a la ho a de explica la apa ición ins i ucionalizada de la
6) P. D u ν i o
1
s, La lu e. . p. 174.
7) A. A c o s a, «El plei o de los indios de San Damián (Hua ochi í)
con a F ancisco de A ila. 1607», en: His o iog a ía y Bibliog a ía Ame i-
canis as, ol. XXIII, Se illa 1979, pp. 3-33.
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72 An onio Acos a Rod íguez
pe secución de la eligión indígena. Quizás la p ime a que quepa
di e encia es la que ha op ado po a i ma que ello se debió a
que, a comienzos del siglo XVII, se p odujo un
«
eb o e» de las
p ác icas indígenas, an e el cual la Iglesia eaccionó in ensi ican-
do su labo median e las campañas ex i pado as8. Pe o, has a el
momen o, no se conoce documen ación que apoye la idea de que
las p ác icas eligiosas indígenas eb o a on a comienzos del siglo,
lo que conduce a la conclusion de que la esis del eb o e es más
in ui i a que undada. Pod ía habe se esg imido an es, con el
su gimien o del Taki Onkoy, po ejemplo, pe o no se hizo. Po el
con a io, en la época que es udiamos no hubo ningún mo imien-
o mesiánico de la impo ancia de aquél y, según odos los indi-
cios, las p ác icas eligiosas indígenas se man u ie on sin g andes
al ibajos has a 16099.
F en e a es a p e endida explicación que pa e del e eno de
la p opia eligión indígena exclusi amen e, po o o lado se ha
llegado a p esen a oda ima se ie de
«
ci cuns ancias» localizadas
en el ex e io del mundo indígena pa a in en a explica , no
an o la denuncia de F. de A ila, cuan o el eco que u o en los
je a cas limeños10. La p ime a de ellas p ocede del p opio F. de
A ila y se basa en la idea de que la idola ía se «descub ió» en
1608. A pesa de habe sido adop ada po algunos his o iado es,
al explicación pa ece insos enible, dada la eno me adición de
comba e a la eligión indígena que llegó has a los mismos mo-
men os an e io es al p e endido descub imien o. Po habe sido
8) Α. E g a
A
a, SJ., His o ia de la Iglesia en la Amé ica Española. Hemis-
e io Su . Mad id 1956, p. 282; F. de A mas, «La pe i encia de las
idola ías y las isi as pa a ex i pa las», en: Bole ín del Ins i u o Ri a-Agüe o,
ol. 7, Lima 1966—8, pp. 7—28 (ν. especialmen e pp. 20 y ss.); P. C a s a -
ή e d a, «Don Ba olomé Lobo Gue e o, e ce A zobispo de Lima»,en:
Anua io de Es udios Ame icanos, ol. XXXIII, Se illa 1976, pp. 57—103 ( .
esp. p. 74).
9) Así pensaba ambién Β. Lobo Gue e o: c . su ca a al Rey de 20
Ab il 1611 ep oducida en: Dioses y homb es de Hua ochi í. Na ación que-
chua ecogida po F ancisco de A ila (1598?), ed. J. M. A g u e d a s, con
es udio bio-bibliog á íco de F. Du iols. Lima 1966, p. 253. V. ambién
P. Du iols, La lu e. . ., p. 147 y no a 93 de p. 174. - Después del Taki
Onqoy con inua on, ocasionalmen e, o os in en os simila es aunque de
meno ue za, como los de An abamba (1591) o Mo o Onqoy (1616).
10) P. D u ν i o
1
s, ibid., p. 174 y ss.
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Ex i pación de la eligión indígena 73
ampliamen e eba ida en o o luga , me aho a é dedica le más
a ención11.
O a de es as «ci cuns ancias» iene un ca ác e más coyun-
u al y se e ie e a la coincidencia del comienzo de las campañas
de ex i pación y la expulsión de los mo iscos de la Península, en
1609. T as man ene se que ambos hechos « ue on decididos en
un mismo espí i u de pu i icación eligiosa», lo que ya se ía dis-
cu ible de po sí12, se pasó a a i ma la necesidad de es ablece
una elación de causa-e ec o en e ambos, lo que, de ini i a-
men e, no pa ece que se pueda de ende 13. No exis en, en absolu-
o, p uebas pa a demos a lo y las aducidas, desde luego, no
ienen alidez. No lo demues a que A iaga elaciona a en 1620,
«a pos e io i», ambos enómenos, haciéndolo p ecisamen e pa a
di e encia los. Lógicamen e la compa ación esul aba casi obliga-
da algunos años después pe o, como el mismo A iaga señalaba,
había di e encias en e los mo iscos y los indios; lo único que los
unía e a que se a aba de comunidades con aíces eligiosas
ajenas al ca olicismo14.
Igualmen e, siguiendo en la misma línea, no disponemos ni
siquie a de un ex o, p e io a las campañas de ex i pación y
gene ado en cí culos p óximos al enómeno, que haga pensa que
exis ía en el i eina o pe uano el emo de que la p oximidad de
los holandeses en el Pací icio Su podía pone en pelig o la in e-
g ación eligiosa de la población indígena del a zobispado de
Lima. El hecho de que F. de A ila, en 1645, u iliza a el a gumen-
o en uno de sus se mones a los indios no demues a, en lo más
mínimo, que ello ue a la causa que, en 1610, decidió el comien-
zo de la pe secución de la idola ía, y o os ex os que se han
manejado no añaden nada pa a p oba lo15.
11
)
En gene al man ienen es a esis los mismos au o es que hablan de
« eb o e». V. no a 8. La esis ha sido e u ada po P. D u ν i o
1
s en
ib
id.
12) P. D u ν i ol s, La lu e. . ., p. 177.
13) P. D u ν i o
1
s, «La ep esión. . . », p. 177.
14) P. Pablo Joseph de A iaga, SJ., Ex i pación de la Idola ía del
Pi ú. Lima 1621, pp. 1—2. Con aponiéndolo al caso de los mo iscos, decía
A iaga «...No es á encance ado el mal de nues os indios».
15) C . P. Du i ois, La lu e .. ,,ρ. 178 y ss. Apa e de lo débil que
esul a el a gumen o del se món de A ila, no pa ece mas consis en e la
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E iden emen e, no hay que desca a la posibilidad de que
odas es as ci cuns ancias pudie an habe in luido en algunas
pe sonas y uesen ac o es que ayuda an a anima las campañas,
pe o es a posibilidad sólo hab ía enido alidez una ez que
aquéllas hubie on comenzado y no an es.
Po o a pa e, pa ece imposible nega la impo ancia de la
Compañía de Jesús en el desa ollo de la ex i pación a pa i de
1610, desde que A ila le pidió ayuda an es de ealiza la denuncia
o icial en Lima. Los jesuí as ya se habían p eocupado, desde su
misma llegada al i eina o, po la eligión indígena, abajando
p ecisamen e en Hua ochi í en 1570. A comienzos del siglo XVII
con inuaban ealizando misiones empo ales en zonas de las
mismas doc inas de las que su gie on los cu as que se dedica on
a la ex i pación. Además, es aban econocidos como buenos con-
eso es y p edicado es, p ecisamen e algo de lo que hacía al a
pa a comba i in ensamen e las p ác icas indias. Po es as azones
y po que había es udiado con ellos, no es ex año que A ila
acudie a en su ayuda en 1609. En in, no cabe duda de que los
jesuí as cumplie on un papel impo an e en el desa ollo de las
campañas pe o, una ez más, no se puede a i ma que ex an e
in luye an en la decisión de A ila de e ec ua la denuncia16.
F en e a la insu iciencia de es as azones pa a explica el o igen
del asun o, exis e un ac o que sí ayuda a en ende la ac i ud
adop ada en Lima as la llegada de F. de A ila en 1609. A ines
del siglo XVI y comienzos del XVII se es aban p oduciendo con
cie a ecuencia nomb amien os de obispos y a zobispos en
sedes ame icanas de indi iduos an e io men e elacionados con la
e e encia a la ob a de F. de Q u e ν e d o, «La Fo una con seso y la Ho a
de odos», en: Ob as comple as, Tomo I. Ed. Aguila , Mad id 1969, pp.
226—280. Esc i a en 1635, en cie o pasaje an ás ico, sin elación con
el p oblema que nos ocupa, Q u e ν e d o hace coincidi el componen e
mo isco, holandés e indio de Chile. La ase dedicada a és e úl imo «... que
gua da belicosamen e su libe ad pa a su condenación en su idola ía..,))
ibid. p. 260 pa ece habe dado pié a D u ν i o
1
s pa a de ende su a gumen-
o.
—
Tampoco se puede deci que una p ueba de peso sea la ob a de F . José
A m i c h, Compendio his ó ico de los abajos, a igas, sudo es, y mue es
que los minis os e angélicos de la Se á ica Religión. .. Pa ís 1854, que hace
alusión a un acon ecimien o de mediados del siglo XVIII.
16) P. Du i ois, La Lu e . . ., p. 181 y ss.
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Ex i pación de la eligion indígena 75
Inquisición y uno de ellos ue Ba olomé Lobo Gue e o1"! Es a
endencia pod ía se enida en cuen a en una discusión sob e la
posible exis encia del espí i u de pu i icación eligiosa al que se
aludió más a iba. Al ma gen de su expe iencia en la Inquisición,
Ba olomé Lobo apo ó a las campañas que se inicia on en 1610
una expe iencia p e ia en el comba e de la idola ía que hay que
alo a en mayo medida que el es o de las ci cuns ancias ex e -
nas del mo imien o.
De Inquisido Gene al en México, Lobo Gue e o ue p omo-
ido, en 1595, a a zobispo de San a Fe y, una ez en su diócesis,
uno de los pad es jesuí as a los que lle ó de ayudan es desde
México cons a ó la exis encia de p ác icas idolá icas indígenas
en el Nue o Reino de G anada. A aiz de ello, el p opio a zobispo
inició una isi a de su dis i o, hacia 1600, des uyendo un g an
núme o de ídolos y p edicando, en compañía del mismo jesuí a.
No obs an e, cua o años más a de el mismo Lobo comp obaba
que aquella campaña no había sido de mucha u ilidad y que los
indios con inuaban con sus p ác icas eligiosas1®
Lobo Gue e o es aba, pues, sensibilizado an e el ema de la
eligión indígena cuando llegó de a zobispo a Lima en 1608,
además, enía expe iencia en su ex i pación y sen ía p e e encia
po los jesuí as, en gene al, pe o ambién a la ho a de hace en e
a es e p oblema. Pues bien, con odo, aún hace al a un componen-
e que ma que la di e encia en e la expe iencia colombiana de
Lobo Gue e o y las o as muchas que hubo en el mismo e i o-
io pe uano an e io men e, de la que iba a inicia se en 1610 en
Lima. Componen e que iene que es a elacionado con la denun-
cia e ec uada po A ila a la que Lobo p es é su apoyo. La hipó e-
sis que plan eo es que es e componen e hay que encon a lo en el
plano de las elaciones en e los doc ine os de indios con sus
comunidades en el a zobispado de Lima y en algunas ci cuns an-
cias de i adas de las mismas. En dicho plano se combinaba el
] 7
)
Así, po ejemplo: Alonso A alos G ane o, obispo de Cha cas en
1581; An onio de la Raya, de Cuzco en 1594; Alonso Pe al a, en Cha cas en
1610; Agus ín de Ca ajal, en Huamanga en 1614 y F. Ve dugo, en Hua-
manga en 1623. V. A.de E g a η a, op. ci ., pp. 367, 309, 370, 339 y 340.
18) J. M. Pacheco, SJ., Los jesuí as en Colombia, I, (1567-1654).
Bogo á 1959, pp. 75-77.
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76 An onio Acos a Rod íguez
eje cicio de la dominación colonial, en su mani es ación an o
económica como ideológica, y los con lic os a que daba luga
adqui ie on en Lima unas ca ac e ís icas pa icula es.
Ya en el e eno de los cu as de indios, la igu a de F. de A ila
p opo ciona un p ime aspec o in e esan e, aunque ci cuns an-
cial, que odea a su denuncia. Se a a de la ehemencia y g an
dosis de ea alidad con que la lle ó a cabo, que deja asluci su
p o undo conocimien o de la eligión indígena, di ícil de adqui i
en pocos meses y que, más bien, debía se u o de sus expe ien-
cia a lo la go de muchos años de cu a en S. Damián19.
Pe o, más impo an e que es o es la alo ación de su p opia
igu a, con lo que se comienza a en a en el núcleo del asun o.
A ila e a sólo uno más de en e muchos doc ine os de indios que
a a esaban po ci cuns ancias pa ecidas en el a zobispado de
Lima y po lo que, algunos de los cuales, se iban a mos a
dispues os a secunda le en su inicia i a cuando se pusie a en
ma cha la p ime a campaña de ex i pación, en 1610. Has a hoy el
cu a de S. Damián ha sido conside ado en sí mismo, e óneamen-
e, de una o ma quizás excesi amen e pe sonalis a. Aunque a
Fe nando de A endaño, Alonso Oso io, Rod igo He nández
P incipe, e c., se les ha enido en cuen a como isi ado es de
la idola ía, sin emba go, se ha pensado muy poco en ellos como
cu as de indios, an es del inicio de las campañas. De hecho A ila
e a uno más de los doc ine os que desde el siglo an e io se
hallaban en con lic o mani ies o con dis in os sec o es de la
sociedad colonial, aunque undamen almen e con sus p opias
comunidades de indios, po mo i os esencialmen e económicos.
En es e clima de con on ación, lle ada en abundan es casos al
ex emo de p ocesos judiciales con los cu as, es donde la igu a
de F. de A ila cob a su comple o y e dade o signi icado20.
19) V. la na ación de P. J. A i a g a, op. ci ., p. 3, y más a de, del
p opio F ancisco de A ν i
1
a en su P e ación al Lib o de los se mones o
homilías en la lengua cas ellana y la indica gene al quechua. Lima 1648,
eed. en Colección de lib os y documen os e e en es a la His o ia del Pe ú,
. XI, Lima 1918, pp. 59-98 ( . esp. pp. 74 y ss.). P. D u ν i o
1
s sc ha
hecho eco de ello en La lu e..., p. 153. Sob e la biog a ía de F. de A ν i -
1
a, . el es udio de P. D u ν i o
1
s en Dioses y homb es..., pp. 218 y ss.
20) Una mues a de plei os con a doc ine os desde 1600, donde se
incluyen los que a añen a isi ado es de idola ías, así como su alo ación,
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Ex i pación de la eligion indígena 77
Y hay que de ene se en el hecho de que muchos doc ine os
empeza an a e se en uel os en plei os an e el ibunal eclesiás i-
co po que es lo que puede explica la eacción que supone la
denuncia y pe secución de las idola ías de los indios. Con es os
plei os, en la p ime a década del siglo XVII los cu as pasa on a
encon a se en una si uación mucho más comp ome ida que an-
e io men e, cuando las quejas con a ellos exis ían pe o de
mane a más gene alizada, no pe sonalizadas an e un ibunal de
jus icia.
Los en en amien os mencionados y, sob e odo, los p ocesos
judiciales — de los que a eces sólo se sabe que exis ie on
—
p o-
po cian una dimensión nue a a la his o ia de la ex i pación de las
idola ías en el siglo XVII, educiendo el alo ela i o de o as
causas aducidas has a el momen o y cen ando la azón que la
o iginó en el ámbi o ame icano. Pe o pa a llega a explica la
agudización de esos con lic os en e los cu as de indios y o os
sec o es de la sociedad colonial, hay que p es a a ención a la
e olución de algunos aspec os de es uc u as básicas como son las
demog á icas y las sociales.
II. Los cambios demog á icos y sociales
A comienzos del siglo XVII la población indígena de Pe ú
con inuaba su p oceso de decli e que había comenzado con la
Conquis a. No había alcanzado aún el pun o más bajo al que
llega ía años más a de, pe o seguía un descenso cons an e si bien
con i mos que endían a disminui . En es a línea e olucionaban
las egiones en las que se localizaba, hacia 1610, la apa ición de la
denuncia de las idola ías y la expansión de su pe secución: la
cos a y la sie a no e, y la cos a y la sie a cen al. La población
en es as egiones descendía de acue do con las siguien es ci as21.
se encuen a en mi abajo «Doc ine os de indios y economía en Pe ú.
1600—1630», ac ualmen e en p ensa en la e is a Allpanchis, de Cuzco.
21) Noble D. Cook, The Indian Popula ion o Pe u, 1570-1620.
(Ph.D. Uni . o Texas Aus in, 1973) Ann A bo 1973, p. 304. C . la alo-
ación de los da os que hace el p opio au o en p. 239. Las ci as absolu as
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Se puede obse a que había mé odos eje cidos en azón de la
coacción ísica, como los cas igos o algunas ap opiaciones de
p oduc os, y o os en que p edominaban elaciones de con ol
eligioso, como el ap o echamien o de las co adías o las o en-
das de Todos los San os. En es e úl imo caso, po cie o, el cu a
con empo izaba con p ác icas eligiosas indígenas.
Po odos es os conduc os el cu a eludía la igu a del cäcique
como in e media io en e la comunidad y el sec o colonizado y
demos aba no necesi a de su pode , eje cido median e las ela-
ciones de pa en esco. Al mismo iempo, abso bía mayo can idad
de exceden e, pe judicando a la comunidad en sus obligaciones
es ipuladas po la legislación y al mismo cacique, en la medida en
que él mismo acumula a una pa e del mismo. Todo ello explica
la apa ición de los caciques en los plei os y, en úl ima ins ancia,
la agudización de los con lic os, si se ecue da la e olución demo-
g á ica expues a más a iba.
Con es as ans o maciones que ocu en en el mundo colonial,
apa ecen los plei os que a con inuación se exponen y que, en mi
opinión, apoyan la hipó esis que ya expuse. Al pasa a su es udio,
puede se ú il es ablece Una clasi icación de los mismos, a en-
diendo al desa ollo de la p ime a campaña ex i pado a de la
idola ía, que es la que es e a ículo cub e. Así, pueden conside-
a se: Io ) Los casos que ienen luga an es de la denuncia pública
de 1609: F ancisco de A ila y Fe nando de A endaño. 2o) Los
que a ec an a doc ine os an es de que ue an nomb ados Jueces
Visi ado es de Idola ías: además de lois dos an e io es, Rod igo
He nández P íncipe, Luis de Mo a y Aguila y Alonso Oso io.
3o) Los que ocu en después de 1614—16, con la gene alización
de la campaña.
III. Los p ocesos con a los doc ine os
El p ime o, más in e esan e y, a o unadamen e, mejo conse -
ado de los plei os que aquí in e esan es el de los indios de S.
Damián de Hua ochi í con a su doc ine o, F ancisco de A ila,
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Ex i pación de la eligion indigena 85
que da a de 160736. A ila, como ya se sabe, ue obje o de una
denuncia, p e ia a la suya de las idola ías, po pa e de sus indios
an e el Juzgado Eclesiás ico de Lima. Es e hecho con adice lo
que él mismo na a ía más a de en el sen ido de que ue él quien
p ime amen e denunció las idola ías de los indios, en Diciemb e
de 1609, y que los indígenas, después y como enganza, lo acusa-
on an e el P o iso del a zobispado37. Cues a abajo c ee que
A ila ol ida a algo an impo an e pa a él como el desa ollo
c onologico de es os hechos, máxime cuando demos aba eco -
da an bien o os de alles. Si, en luga de habe ol idado, en
1648 A ila hubie a men ido, hab ía que sospecha undadamen-
e que quizás uese él quien ac uó engándose de los indios.
En cualquie caso, el plei o de A ila esul a el pa adigma de lo
que iba a ocu i con o os doc ine os, con la en aja pa a él de
que ue quien u o la opo una ocu encia, no able en cie o
sen ido, de eacciona cuando se io apu ado po el desa ollo del
plei o plan eando an e el a zobispo de Lima la exis encia de
p ác icas idolá icas en su p opia doc ina. A ila lle aba 14 años
de cu a en Hua ochi í, había ecogido la adición o al que hoy
conocemos como «Dioses y homb es de Hua ochi í» en 1598,
donde se habla de Pa iacaca y Chaupiñamoc, cuyos i os son
p ecisamen e los que denuncia ía38, y, como se descub ió en el
plei o, pe mi ía algunas de las p ác icas eligiosas en su doc ina;
sin emba go, espe ó, apa en emen e de mane a inexplicable, a
Agos o de 1608 pa a «descub i » la idola ía y a Diciemb e de
1609 pa a denuncia la públicamen e an e el a zobispo. ¿Qué sen-
ido iene es e hecho? Si se es udia con de enimien o el desa o-
llo del plei o se obse an de e minadas coincidencias que pueden
esol e la p egun a.
36) A.A.L., Capí ulos, 1. C . mi a ículo «El plei o de los indios. . .»
op. ci .
—
Sal o que se exp ese lo con a io, el ela o de los hechos se basa
en el documen o e e ido.
37) F. de A ila, P e ación. . . , en: Colección de lib os y documen-
os. . op. ci ., pp. 64 y ss. P. D u ν i o
1
s en: La lu e. .. , op. ci . p. 148,
ecoge los da os más des acados de la na ación.
No deja de se llama i o que F. de A ν i
1
a se a e ie a a publica , con la
ap obación del a zobispo, una e sión inexac a de los hechos que podía se
ácilmen e desmen ida con el expedien e que se conse aba en el p opio
a chi o del a zobispado.
38) Dioses y homb es . . op. ci .
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F. de A ila ue acusado en Sep iemb e de 1607, an es de que
el p oblema de las p ác icas eligiosas indígenas se hubie a plan-
eado en el ni el de las doc inas, sal o pa a lle a lo como p e-
ocupación a los Concilios P o inciales y a los Sínodos. Los indios
de S. Damián, ep esen ados po sus caciques, se quejaban de que
A ila había lle ado a cabo exacciones y pe juicios di e sos a la
comunidad desde hacía a ios años. Como p ime a ins ancia
A ila ue enca celado en el a zobispado y, desde la cá cel, solici ó
es a p esen e en su doc ina cuando se e ec ua an las in o ma-
ciones sob e el caso y, además, que las in o maciones las ealiza a
el acione o Bal asa de Padilla que, al pa ece , se hallaba como
isi ado eclesiás ico en Hua ochi í. Pe o, mien as que A ila con-
seguía la ianza pa a pode sali de la cá cel39, y an es de que
Padilla llegase a la doc ina, algunos de los indios acusado es
comenza on a se isi ados po el P. And és de Te azas, doc ine-
o de Cho illo, un al don Juan dé Sangüesa y un indio llamado
C is óbal Choquecasa, en e o os, en Feb e o y Ma zo de 1608,
con obje o de ecaba de ellos decla aciones de e ac ación de
sus acusaciones, lo cual consiguie on en algunos casos. Hay que
pensa que es as isi as, al ma gen de los cauces legales p e is os,
se hacían a ins ancias del p opio F ancisco de A ila y el hecho de
que se e ac a an hace sospecha que las decla aciones pudie on
se ob enidas median e algún ipo de es ímulo ma e ial o de co-
acción. De cualquie o ma, las e ac aciones no ue on comple-
as sino a medias. En ellas los indios siguie on man eniendo que
su cu a había hecho uso de muchos ecu sos económicos de la
comunidad y que aún les debía algunas cosas, acla ando que
bas an es de los «se icios» que le habían hecho ue on sólo
como a o .
En e Ab il y Mayo de 1608 el isi ado B. de Padilla ealizó
sus ámi es en la doc ina, limi ándose básicamen e a busca la
a i icación de las decla aciones de e ac ación ob enidas en su
ausencia, búsqueda que no pudo cub i odas las que Te azas,
39) La ianza ue p esen ada po un al Juan Delgado de León, cuyo
nomb e y p ime apellido coinciden con los del doc ine o de S. Sebas ián
de Hua az que después se ía isi ado de idola ías. Más adelan e se exa-
mina á un plei o con a es e doc ine o. Cabe la duda de si se a aba de la
misma pe sona.
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Ex i pación de la eligion indigena 87
Sangüesa y Choquecasa habían log ado. En el au o inal de sus
ámi es Padilla des acaba el hecho de que los indios desis ían de
con inua el plei o y, cu iosamen e, exho aba a A ila a que:
«... sob e es e caso no los mal a e [a los indios] ... ni Ies ponga
demanda . . . a en o a que son indios incapaces y de poco en endimien-
o, so pena que se á cas igado po ello; y el dicho doc o , es ando
p esen e, dijo que así lo gua da á y cumpli á .. .»
T as es a exho ación, el isi ado emi ió los au os al P o iso
pa a que los concluye a y, sólo es meses más a de, en Agos o
de 1608, sin que se hubie a p onunciado sen encia, A ila «descu-
b ía» la idola ía de los indios, g acias a la con idencia de uno de
ellos llamado C is óbal Choquecasa, según su p opia na ación de
164840. A ila no explicó en onces nada ace ca de es e pe sonaje.
Hoy podemos supone que e a alguien en quien debía ene con-
ianza desde hacía iempo, pues se a aba p ecisamen e de una
de las pe sonas que se había dedicado a ecaba e ac aciones de
los acusado es an es de que el isi ado llegase a la doc ina.
Aún con el plei o sin sen encia, hallándose incu so en él, A ila
ue ele ado en 1608 a un bene icio de la ciudad de Huánuco,
desligándose así, al menos sob e el papel, de su doc ina; sin
emba go, con inuó en ella y, po el momen o, no pudo oma
posesión de su nue o bene icio debido a un e aso del an e io
ocupan e en abandona lo. No se sabe nada de sus ac i idades
has a Junio de 1609 en que, hallándose oda ía en Hua ochi í,
esc ibió al P. Diego Al a ez de Paz, S. J., solici ando algunos
pad es de la Compañía pa a la misión an iidolá ica en la doc ina
que ya había comenzado41.
Algún iempo después el plei o con inuaba abie o y en Sep-
iemb e del mismo año un nue o iscal eclesiás ico en Lima des-
empol ó el expedien e dándole un nue o gi o al mismo. P ime a-
men e equi ió la con esión de A ila sob e las acusaciones de los
indios, ámi e que no se había cumplimen ado aún as dos años
de plei o, y al nega A ila o undamen e uno po uno odos los
capí ulos, el iscal eno ó la acusación c iminal con a el cu a.
40) F. de A ν i
1
a, P e ación. . op. ci ., pp. 63—4.
41 ) Dioses y homb es. . ., op. ci ., pp. 245—7 y 248.
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88 An onio Acos a Rod íguez
Con su nega i a, A ila había en ado en con adicción con las
e ac aciones de los indios acusado es que habían man enido
una pa e de sus denuncias
—
aunque hubie an desis ido de segui
el plei o
—
pe o, sob e odo, con adecía el hecho de que, delan e
del isi ado Padilla, él mismo había p ocedido a compensa
económicamen e alguna de las eclamaciones de los indios, ad-
mi iendo con ello la e acidad de las quejas. A es as al u as del
plei o pod ía deci se que, en en ado ya abie amen e en Hua o-
chi í con los indios po el ema de las idola ías, A ila se hallaba
obcecado e incapaz de econoce ninguna al a suya con a aqué-
llos an e el T ibunal Eclesiás ico.
Como esul ado de la acusación del iscal se p ocedió a un
nue o in e oga o io, aho a sólo a dos indios, en el que uno de
ellos decla ó que había sido inducido po o os indios a p esen a
capí ulos con a el cu a, y el o o, cuyo nomb e en ealidad no
apa ecía en e los capi ulan es en el plei o, mani es ó que su pe -
sonalidad había sido suplan ada y que él no había acusado a
A ila. Con ello el inal del p oceso no pa ecía plan ea p oble-
mas, a menos que se siguie a buscando al es o de los indios que
en un p incipio se queja on del doc ine o y que aún no habían
decla ado.
En es as condiciones, A ila o ganizó el aslado masi o de
p uebas de las idola ías indígenas a Lima en Diciemb e de 1609,
compues as po seis ca gas de dos quin ales cada una, en las que
iban algunas momias de los an epasados de los indios, quizás las
mismas sob e las que és os deposi aban p oduc os y dine o con
conocimien o de A ila42. Me ece eco da se que, p ecisamen e en
una de las decla aciones de e ac ación que si ió de base pa a la
de ensa y inal absolución del cu a, Ma ín Puypu occi, p incipal
de San iago de Tumna, mani es aba en Ma zo de 1608:
«... y en lo que oca a ios Todos San os, ios indios e indias no
ponen sob e sus sepul u as más que dos eales cada uno y el maiz y
papas que quie en, sin que el dicho doc o lo mida, si no es es os
Todos San os pasados que dijo que pusiese cada uno de los casados y
iudas medio almud de papas pues que le le san aban [sic] que hacía
pone cua o almudes del uno y del o o. . .»
4í) F. de A ila, P e ación . .., p. 74.
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Ex i pación de la eligion indigena 89
Ya en Lima, el 13 de Diciemb e, A ila p onunció un solemne
se món en la ca ed al con a la idola ía y el 20 del mismo mes
lle ó a cabo una espec acula quema de ídolos, acompañándola
de la con esión de un sace do e indígena sob e las p ác icas eli-
giosas de los indios en la Plaza de A mas de la ciudad. El día 24
se p oducía la sen encia absolu o ia en el plei o que los indios de
su doc ina le habían pues o hacía ya más de dos años43. E a un
paso casi obligado dado el cu so que habían seguido los acon eci-
mien os.
Resul a imposible ecoge en es as páginas la g an can idad de
de alles y ma ices de in e és con enidos en el expedien e de 144
olios. Sin emba go, as econs ui la e olución de los hechos
en e 1607 y 1609, es necesa io de ene se en algunos pun os que
inculan es e juicio con o os pos e io es. El p ime o es el de la
na u aleza de las acusaciones de los indios con a A ila. Se a a
de más de cien capí ulos que a ec an p incipalmen e a ma e ias
económicas, como son: la ap opiación de g an can idad de p o-
duc os
—
papas, maiz, quina, chochoca, e c. . .
—
sin paga los; el
uso de g an can idad de mano de ob a indígena, en di e sos
abajos, sin emune a ; la u ilización de caballos de los indios
pa a ca gas de me cancías en di e en es ayec os; la ap opiación
de bienes de indios di un os; la ap opiación de ma e iales de
i iendas de indios, as una educción, pa a la cons ucción de su
casa en Lima; el impago de deudas po el man enimien o de su
mad e que i ió du an e un iempo en la doc ina, e c. . . En las
e ac aciones muchos de es os capí ulos se man u ie on, si bien
los indios que decla a on eduje on su olumen y especi ica on
que muchos de los se icios ealizados al cu a lo habían sido po
amis ad y sin espe a nada a cambio; incluso una de las deudas
eclamadas po los indios, que ascendía sólo a sie e pesos y medio
ensayados, ue cancelada en p esencia del isi ado Padilla, como
ya se mencionó.
Po o a pa e, la in e ención, a! ma gen de los au os del
isi ado , de Sangüesa, Te azas, Choquecasa y o os, las e ac-
aciones de indios que no habían acusado a A ila inicialmen e
43) Ibid., pp. 74—5. El se món se publicó en F. de A ν i
1
a, T a ado de
los E angelios que nues a mad e la Iglesia. . . Lima 1648.
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90 An onio Acos a Rod íguez
mien as que o os que sí lo capi ula on no se e ac a on nunca
y, inalmen e, la eliminación en el expedien e de pa e de los
capí ulos
—
los que hacían e e encia a las elaciones de A ila con
indias de la doc ina y a la exis encia de un hijo del cu a que i ía
con él — que hizo necesa ia la alsi icación de la i ma de los
indios que los habían p esen ado, obliga a pone se en gua dia
an e la e en ualidad del uso de es igos alsos y de decla aciones
manipuladas, an o po pa e de los indios como del doc ine o4'!
De cualquie o ma, an o en es e caso como en algunos de los
que siguen, donde es e ipo de p oblemas se uel e a p esen a ,
pa ece queda cla a la pe manencia de las acusaciones de los in-
dios po encima de ma izaciones.
De odo lo obse ado cabe deduci : Io) Que a ila no se a enía
a la e dad cuando en 1648 na ó en la «P e ación . . .» su
e sión del inicio de su denuncia y que no ue on, po an o, los
indios los que se enga on de él45. Si no cabe acusa al cu a de
habe se engado él mismo, es un hecho, al menos, que las cosas
ocu ie on al e és. 2o) Que A ila man enía ac i idades eco-
nómicas en su doc ina que sob eca gaban el peso ibu a io a los
indios, al ma gen de lo p e is o en el sis ema colonial. 3o) Que en
el desa ollo del plei o se egis a on cie as i egula idades a las
que no ue on ajenas las au o idades eclesiás icas y, desde luego,
el isi ado Padilla, quien dio po buenas las decla aciones conse-
guidas, an es de su llegada, po pe sonas p esumiblemen e p ó-
ximas al acusado.
Jun o a F. de A ila, el más conocido Juez Visi ado de Idola-
ías en las campañas del siglo XVII quizás sea Fe nando de
44) Po no ab uma con la g an can idad de nomb es indígenas que
apa ecen en el plei o, esumi é diciendo que, en e caciques, indios p incipa-
les γ o os, se con abilizan 26 nomb es de indios acusado es, mien as que
29 i ma on e ac aciones. De odos ellos, sin emba go, sólo 6 coincidían
en las dos elaciones, cua o de los cuales e an caciques. No se e ac a on,
po an o, 21 indios, en e ellos un cacique. T as las e ac aciones, los
indios no coincidían en explica las causas de las denuncias. Algunos decían
eme la ins alación de un ob aje en la doc ina po A ila y el co egido , en
colabo ación, mien as que o os es ablecían la elación en e A ila y el
encomende o. Es a al a de coincidencia no deja de se sospechosa.
4 5
)
La sospecha de es a disco dancia la u o P. D u ν i o
1
s basándose
en la e e encia que había dado del plei o. J. T. Polo en 1906. C . La
lu e. . ., op. ci ., p. 149, no a 9.
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Ex i pación de la eligion indigena 91
A endaño46. Sob e él no exis e un documen o an comple o
como el de A ila, pe o se sabe que u o un plei o simila .
Siendo doc ine o de San Ped o de Cas a, en Hua ochi í, en
1609, an es de Pascua, iba a ecibi la isi a eclesiás ica de Gil
Gue e o de Luna, isi ado pa a aquel dis i o, y con al ocasión
p esen ó un esc i o al P o iso del a zobispado de Lima po el
que se descub e la exis encia de un plei o in e pues o po los
indios de su doc ina con a él. En dicho esc i o explicaba que
había enido que i a Lima a de ende se de «los capí ulos que me
pusie on los indios de los pueblos de San Juan y San Lo enzo de
mi doc ina» y que, es ando en Lima, había en e mado, po lo
que pedía excusas de no pode es a p esen e du an e la isi a de
Gue e o. Con su esc i o, A endaño p esen aba ce i icados de
es médicos sob e su en e medad y p oponía, bien que la isi a
comenzase po o os doc ine os, bien que se iniciase después de
Pascua, echa pa a la que espe aba encon a se epues o47.
El que no se hayan conse ado los capí ulos, los au os ni la
sen encia del caso — que, si se llegó a p onuncia , debió se
a o able a A endaño, dada la ca e a que después siguió
—
no
es a impo ancia al conocimien o de su exis encia y és a si úa al
u u o Juez de Idola ías en el con ex o de los en en amien os
en e cu as e indios an es del comienzo de las campañas ex i -
pado as. La exis encia de los plei os con a A ila y A endaño,
en e o os que conocía el T ibunal Eclesiás ico de Lima desde
1600, como mínimo, con i ma sencillamen e que, an es de 1609
había g a es con on aciones en e doc ine os y las comunidades
de sus doc inas las cuales, unidas a o as condiciones a o ables,
ayudan a explica la pa icipación de és os y o os cu as en el
mo imien o que se inicia ía en al año siguien e.
En e 1610 y la di usión de la p ime a campaña, que pa ece
que u o luga hacia mediados de es a década, exis ie on o os
juicios con a algunos de los doc ine os que, con pos e io idad,
se ían nomb ados Jueces Visi ado es de Idola ías en dicha cam-
46) C . P. J. A i a g a, Ex i pación . . . , op. ci ., P ólogo y pp. 6, 7,
9, 21, 25, 62, 103, 108 y 117. Son muy conocidos sus: Se mones de los
mis e ios de nues a San a Fe Ca ólica. . . Impúgname los e o es pa icu-
la es que los indios han enido. Lima 1649.
A.A.L., Capí ulos, 1.
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paña, conc e amen e, Rod igo He nández P íncipe, Luis de Mo a
y Aguila y Alonso Oso io.
T as los dos ya mencionados, o o de los ex i pado es de idola-
ías más des acados de es os años no cabe duda que ue Rod igo
He nández P íncipe48. Con 11 años como cu a, ap oximadamen-
e, siendo doc ine o en Co ongo, Conchucos, se ió en uel o en
un plei o an e el T ibunal Eclesiás ico, como consecuencia de
unas acusaciones p esen adas p obablemen e po españoles esi-
den es en Siguas. Es o ocu ía en Agos o de 1610, cua o años
an es de que uese nomb ado po el a zobispo Lobo Gue e o
isi ado de idola ías49.
Las acusaciones se e e ían a que el cu a i ía amancebado con
una india de la doc ina y a que man enía « a os y con a os»,
poseyendo o nos y ela es pa a ab ica ejidos, co della es y
sayales, ejando y moles ando a los indios. La a e iguación del
caso ue enca gada al Ldo. He nando Maldonado, isi ado ecle-
siás ico de la p o incia de Conchucos, quien acudió a es igos
españoles, hacendados y mine os de Siguas. Los es igos con i -
ma on que He nández P íncipe daba mal ejemplo «con icio y
muje es», que man enía elaciones con una india a la que llamaba
«la india del Pad e», que enía esidiendo en su casa a amilia es
que daban abajo a los indios y, sob e odo, que enía un ob aje
en la doc ina en el que ocupaba «mucha can idad de indios
chicos y g andes». Hacía sólo dos meses y medio, como p oduc o
de es e ob aje, He nández P íncipe había mandado a Lima una
ecua ca gada de opa po medio del sob ino de imo de los decla-
an es, un al Be na dino Mon oya.
An e la a e iguación del isi ado , el a zobispo o denó al cu a
compa ece en Lima y en ió en «Ín e in» a la doc ina a F ancis-
co Rod íguez, colegial del Semina io de la ciudad. Es o debió
ocu i a inales de 1610 o a comienzos del año siguien e. A
pa i de es e momen o no se sabe qué dispuso Ba olomé Lobo
Gue e o, ni ampoco cons a que el plei o u ie a conclusión. Lo
que sí se sabe es que, hacia 1615, He nández P íncipe e a doc i-
4») Cj . P. J. A i a g a, Ex i pación. . ., op. ci ., pp. 54, 58, 62, 80 y
105.
49) P. D u ν i o
1
s, La lu e..., p. 157 no conc e a la uen e ni la echa
exac a. £1 plei o es á en A.A.L., Capí ulos, 2.
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Ex i pación de la eligion indigena 93
ne o en San o Domingo de Oc os, en Caja ambo, y desde allí ue
nomb ado Juez Visi ado de Idola ías, comenzando su pa ici-
pación en la campaña que ya es aba en ma chas0. E iden emen e,
po an o, He nández P íncipe había con inuado su ca e a como
doc ine o después del plei o enido en Conchucos.
Con elación al p oceso hay que hace no a que ue on espa-
ñoles, no indios, los que se queja on de la ac i idad económica
del cu a u ilizando mano de ob a de su comunidad y que es muy
p obable que la base de la dispu a es iba a en el acceso a su
ue za de abajo.
Menos conocido que los ya ci ados como Juez Visi ado de
Idola ías es Luis de Mo a y Aguila , uno de los p ime os en las
campañas del siglo XVII y del cual se conoce alguna de sus isi as
iniciales51. De es e doc ine o de San iago de Ca ampoma se con-
se a únicamen e la e e encia, b e e, de un con lic o que u o
hacia 1611 con el cacique del pueblo, pe o que complemen a el
conjun o de casos que es amos obse ando.
En dicha echa Mo a y Aguila ue acusado, po medio del
P o ec o de Na u ales, de da malos a os al cacique p incipal y
gobe nado de la localidad, Don Ma ín Michuy, y a su muje . La
a e iguación del caso se enca gó al isi ado eclesiás ico Gil Gue-
e o de Luna quien, una ez concluidos los au os, demo ó su
en ega al P o iso del a zobispado, Feliciano de Vega, p o ocan-
do la insis encia an e és e del P o ec o de los Na u ales sob e la
agilización del plei o. Vega pidió en onces a Gue e o de Luna la
en ega de las in o maciones, pe o, si és as llega on a e se, desde
luego no han llegado has a noso os, impidiendo conoce qué
p oblema la ía debajo de la ag esión ísica de Mo a y Aguila al
cacique52. De cualquie o ma, se a a de un caso más que añadi
SO) P.J. A iaga en: Ex i pación. . p. 54,diceque an es de ene el
í ulo de Visi ado — aunque segu amen e con pos e io idad al plei o que
aquí se p esen a —, había ob enido licencia del a zobispo pa a ausen a se de
su doc ina de S o. Domingo de Oc os γ ac ua con a las idola ías.
5 1 ) P. J. A iaga menciona en Ex i pación . . ., p. 9 a un isi ado
llamado Luis de Aguila . P. D u ν i o
1
s ha publicado «La isi e des idolâ ies
de Concepción de Chupas», en: Jou nal de la Socié é des Ame icanis es,
. LV, n° 2. Pa is 1966, pp. 497—510, ealizada po Mo a y Aguila .
S2) A.A.L., Capí ulos, 2.
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100 An onio Aco a Rod íguez
acusado de causa ag a ios a los indios «so colo de isi a las
idola ías», po el pueblo de San Luis de Ma a á65. Recibida la
acusación, al pa ece el P o iso a zobispal o denó que se iniciase
la in o mación del caso en la misma ciudad de Lima, po lo que el
P o ec o de Na u ales se di igió al a zobispado solici ando que,
dado que no había es igos de los hechos en Lima y que és os
habían enido luga en Ma a á, donde sí había «copia de ellos»,
nomb ase el P o iso pa a su a e iguación al cu a de Lampas o a
o o de la p o incia, sugi iendo el más ce cano pa a comodidad
de los indios.
A pa i de es a pe ición el plei o su ió una ami ación len-
ísima y su inal, si es que se p odujo, no se encuen a en el
expedien e, al como nos ha llegado. Dicha len i ud ue debida a
sucesi as ecusaciones, po ambas pa es, de las pe sonas a las que
se iba comisionando el caso, así como de un apode ado del
iscal. Sin en a en mucho de alle, me ece da se al menos la
elación de los implicados en es as ecusaciones pa a ene una
idea del ni el de con lic o de in e eses que exis ía en e los doc-
ine os del a zobispado.
Los p ime os enca gados po F. de Vega, el P o iso , «in soli-
dum» pa a la a e iguación del caso ue on Rod igo He nández
P íncipe, cu a de Oc os, y F ancisco de A ila, a quienes ecusó
Es ada, el cu a acusado po los indios, po se pe sonas ín i-
mas de Juan Velázquez y de su pa ia y, como consecuencia,
enemigos capi ales de él. Po su pa e, Juan Velázquez, encomen-
de o de los indios en cues ión, e a apode ado del iscal eclesiás i-
co y de enso de los dichos indios (sic); con a él se había p esen-
ado una pe ición pa a que se ausen ase del pueblo de Lampas,
po Alonso Pé ez de Vi e o, p esumiblemen e de enso de
Es ada66. Más adelan e, en 1621, el iscal ecusó a un nue o en-
ca gado del caso po el P o iso , el Ldo. Juan Sánchez Alma az,
po se amigo ín imo de Es ada67. Es e, a lo la go de odo el
6S) A.A.L. Capí ulos,4.
β6) Alonso Pé ez de Vi e o, como doc ine o de S. Ped o de Mama,
es u o en uel o en plei os con sus indios en 1605 y 1607. A.A.L., Capí u-
los, 1.
67) Juan Sánchez de Alma az, como cu a de Huacaybamba, es u o
in oluc ado en o o p oceso judicial en 1629. A.A.L., Capí ulos, 6.
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Ex i pación de la eligion indígena 101
plei o, no dejaba de a i ma que la causa había sido p omo ida
po Velázquez y en es e es ado de ma asmo se de u o, quizás
de ini i amen e, el asun o.
En el mismo año de 1621, el Maes o Julián de los Ríos, un
nue o isi ado de la p ime a campaña que aquí se comen a68,
siendo cu a de Moyobamba, en Chec as, ue acusado po la
comunidad del pueblo de Los Reyes de Chinchaycocha, donde
había sido doc ine o Alonso Oso io, po conside a que De los
Ríos los había in amado al acusa les de idóla as. Los indios
sos enían que, desde que ue on isi ados en No iemb e de 1612
po el D . Diego Ramí ez, y absuel os, después de con ence se de
sus e o es, no habían uel o a p ac ica las idola ías69.
La que ella ue p esen ada po Don Ca los Guamana oc, caci-
que p incipal de Piscapachaca de dicho pueblo, y o os indios
p incipales. En ella a i maban que Julián de los Ríos se había
in o mado que no había e o es de idola ía en e ellos y que, los
que decla ó al acusa los, los in en ó quizás pa a jus i ica los
meses que pe maneció en el pueblo gas ando las haciendas de los
indios. Como en o os muchos casos, de es e plei o ampoco se
conoce el inal.
El úl imo p oceso se e ie e a Plácido An olínez, del que ya se
ha hablado an e io men e70. En 1623, siendo cu a en Los Reyes
de Chinchaycocha, ue acusado po Don Lo enzo Puypachagua,
alcalde o dina io de San C is óbal de Pacasmayo, de habe le azo-
ado has a hace le sang a , en la sac is ía de la iglesia de San
Ped o de Cacas. El mo i o del cas igo e a que Puypachagua había
decla ado con a An olínez en o o plei o que los indios le
habían pues o con an e io idad y as el cual, ob iamen e, el cu a
había pe manecido en la doc ina.
En el desa ollo de la in o mación sob e es e nue o caso, An o-
línez, que ue p e en i amen e enca celado, negó los hechos que
se le impu aban e in en ó desp es igia al indio negándole el
«don» y llamándole «Lo encillo». Es e, po su pa e, p obó con
es igos su ca go en la comunidad y decla ó sob e los excesos
68)C . P.J. A iaga, Ex i pación p. 101.
69) A.A.L., Capí ulos, 4.
70) C . P. J. A iaga, Ex i pación .... p. 9. V. ambién sup a
no a 55. El plei o se encuen a en A.A.L., Capí ulos, 4.
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102 An onio Aco a Rod iguez
come idos po el cu a en la doc ina y, en pa icula , sob e la
mue e de Don Lucas Condo A oc, po mano del cu a
«
a coces»,
como consecuencia de las cuales es u o es días mo ibundo.
Ace ca de es e caso, según Puypachagua, nadie se a e ía a decla-
a en la doc ina.
Pe o, a pesa de la g a edad de los hechos, las pa es llega on a
un acue do an e el comisionado po el P o iso pa a el caso, el
ica io de Vico y Pasco, F ancisco A oyo Naha o71, po el que
Puypachagua desis ía de segui el plei o, pe donando cualquie
inju ia «po se icio de Dios Nues o Seño y po que [An olínez]
le ha dado y pagado 50 pesos de a ocho, los 12 en eales y los
demás que Juan López Mes anssa [? ] le ha quedado en paga po
el susodicho, de que le ha dado una cédula».
IV. Conclusión
Los casos examinados mues an que, p ác icamen e, odos los
isi ado es de idola ías que menciona A i a g a en su ob a
«
La
ex i pación de la idola ía. . . » , sal o Diego Ramí ez, los jesuí as
que los acompañaban, que no e an isi ado es p opiamen e di-
chos y o os dos cu as, es u ie on en uel os en p ocesos judicia-
les de di e so ipo, con el denominado común del «ag a io» a
los indios, exp esión de con enido económico que encie a la
u ilización de su ue za de abajo y la ap opiación de sus ecu -
72
sos".
Pa a de ende la esis de es e abajo hab ía sido de in e és
es udia el conjun o de plei os que se conocen con an e io idad a
1610, de los que los de A ila, A endaño y He nández P íncipe
o man pa e, pe o he p e e ido u iliza sólo és os úl imos, de
en e los p eceden es, y pone én asis en los que a ec aban al
g upo de isi ado es de idola ías en la década de 1610. De cual-
quie o ma, la idea de que es os p ocesos judiciales, conocidos
71 ) V. sup a no a 54.
72
)
Es os o os dos son Ped o O ega y Miguel Rubio. C . P. J. A i-
a a, Ex i pación. . pp. 63 y 109. Alsono Ga cía Cuad ado y Ba . Due-
ñas, a los que ci a en p. 53, pe enecían al obispado de La Paz.
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Ex i pación de la eligion indígena 103
desde comienzos del XVII, es imula on la ac uación de los cu as
en la ex i pación de la eligión indígena pa ece undamen ada.
En los plei os no e a siemp e el doc ine o el acusado, aunque
siemp e enía que e con la base económica de las dispu as,
pe o, de hecho, lo ue on odos los que se han examinado menos
uno. Tampoco el con lic o enía que plan ea se di ec amen e con
los indios. En una ocasión son hacendados y mine os españoles,
hay que supone que a ec ados po el uso que hacía el cu a de la
mano de ob a indígena, quienes e elan sus ac i idades. O a ez
es o o cu a, p obablemen e ansioso de ocupa la plaza de i ula
de la doc ina, el que da luga al p oceso. O as eces, los plei os
se o iginan en choques en e los p opios isi ado es. En cualquie
caso, el doc ine o apa ece in en ando amplia su cuo a de pa i-
cipación en el epa o del exceden e económico indígena.
En o o sen ido, de la a iedad de posibilidades que p oduce la
pugna de in e eses con luyen es se de i an, a eces, si uaciones
con usas p o ocadas po la manipulación de los casos, consis en-
es esencialmen e en la u ilización de los indios en bene icio de
cualquie a de los li igan es. Po un lado, se puede con e ce los
pa a p esen a capí ulos con a el cu a: capí ulos alsos, exage a-
dos o, incluso, cie os pe o buscando aumen a el núme o de
acusado es o es igos. De odas o mas, siemp e pa ece exis i ,
de ás de es as inducciones, un ondo de e dad en las acusacio-
nes que se con i ma de hecho en los casos más cla os de manipu-
lación, como pa ecen se los de A ila y Oso io en 1613. Po o a
pa e, sin emba go, las manipulaciones pueden p oduci se en
bene icio del cu a, como es el encub imien o de sus ac i idades
po la p opia comunidad in luida po sus caciques.
Todo ello sin de ene se en el aspec o judicial, en gene al, de los
plei os que me ece ía un análisis en sí mismo. Del conjun o de
los casos pa ece desp ende se una ac i ud de las au o idades a -
zobispales, pa icula men e del P o iso Feliciano de Vega, pe o
ambién del mismo a zobispo Ba olomé Lobo Gue e o, enden-
e a palia y a pasa po al o las acusaciones con a los doc ine-
os, an o en el plano de los ámi es de los p ocesos como en el
de las sen encias: nomb ando a comisionados inculados a alguna
de las pa es, ala gando o de eniendo inde inidamen e los p oce-
sos, pe mi iendo composiciones en e los li igan es, igno ando
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104 An onio Acos a Rod iguez
acusaciones p obadas, imponiendo condenas mínimas cuando
és as enían luga , man eniendo a los cu as en las mismas doc i-
nas donde habían enido k>s con lic os o, sencillamen e, asla-
dándolos a o as nue as. Todo ello ag a aba la ya de po sí desi-
gual elación en e cu as e indios.
En pa e es o no es ex año, así como ampoco que Lobo
Gue e o eligie a como p ime os Jueces de Idola ías a cu as que
habían es ado implicados en plei os po pe juicios a in e eses
indígenas y que no habían salido ai osos de ellos. No es ex año
si se ecue da que, siendo a zobispo de San a Fe, ya se había
des acado como de enso de doc ine os que enían p oblemas
con sus comunidades, aunque en aquel caso se di imie a ambién
el p incipio de la ju isdicción eclesiás ica. De aquel iempo da aba
ambién el comienzo de su in e ención en con a de las ó denes
eligiosas73. Ya en Lima, mien as que en el T ibunal Eclesiás ico
se conocían los plei os con a los clé igos doc ine os de la a chi-
diócesis a los que se a aba bené olamen e, Lobo Gue e o
elabo aba dos in o mes, en 1612 y 1614, en con a de los eligio-
sos doc ine os, en los que los es igos que se busca on acusaban
a los ailes de man ene ac i idades económicas en sus doc inas
y ecomendaban su sus i ución po clé igos «hijos de la ie a» a
los que se conside aba mucho más i uosos. Po el con a io, en
la co espondencia del a zobispo con la Co ona sólo se encuen a
alguna b e e e e encia a los nume osos p oblemas de los doc i-
ne os clé igos que conoció su T ibunal a odo lo la go de su
manda o74. Pa a en ende es a ac i ud quizás es con enien e no
73) A. de E gaña, op. ci ., p. 506.
74) V. In o maciones p omo idas, po Lobo Gue e o ci adas en no-
a 30 sup a. Sob e el uso de es a documen ación pa a el es udio del a a-
mien o del ema de las doc inas po Lobo Gue e o, . P. Cas añeda,
«Don Ba olomé Lobo ...», op. ci ., p. 66 y ss. y A. A c o s a, «Reli-
giosos, doc inas y exceden e económico indígena en Pe ú a comienzos del
siglo XVII», en p ensa en la Re is a His ó ica, Lima.
Con apone dichas in o maciones γ sus o os muchos a aques a los eli-
giosos con la b e e e e encia a los p oblemas de los clé igos doc ine os en
la ca a del a zobispo a S.M. de 20 de Ab il de 1611, en: La Iglesia de
España en el Pe ú (Colección de documen os di igida po M . Emilio Lissón
Cha es). Se illa 1946, Vol. IV, no. 22, p. 626.
Es in e esan e ene en cuen a la e e encia que daP. Du iols en: La
Lu e .. ., p. 329, ace ca de la exis encia de una «In o mación Sec e a»
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Ex i pación de la eligion indígena 105
ol ida la dispu a que po es os años se comenzaba a ag a a po
causa de los diezmos, que en en aba a los sec o es egula y
secula de la Iglesia75.
Una ez iniciada la campaña de 1610, las posibilidades eco-
nómicas de los doc ine os, en gene al, no hicie on más que
aumen a . Po un lado, los que ue on nomb ados isi ado es de
idola ías man u ie on sus pues os como i ula es de doc inas o,
incluso, ascendie on en los p ime os momen os. A ila, po ejem-
plo, ue ascendido an es de de se nomb ado Juez Visi ado .
Pe o, además, ap o echaban las posibilidades que les b indaban
las mismas isi as pa a ap opia se di ec amen e de bienes de los
indios, como en el caso de An olínez que se ha examinado; pa a
o ganiza epa os masi os de osa ios en los que algunos ya
enían expe iencia; o pa a ecoge limosnas en colec as ex a-
o dina ias, ap o echando quizás la mala conciencia de los indios
después de sus con esiones de idola ías, en las que, a eces, se
ob enían en un solo pueblo y día has a 340 pesos76.
Po su lado, el es o de los doc ine os no dejaba de ecibi
ambién un cie o bene icio, como se puede conside a el amplio
mo imien o de undación de co adías con ad ocaciones ma ia-
nas que se lle ó a cabo con ocasión de las isi as77. Aunque no se
puede peca de simplis a es ableciendo una elación di ec a de
causa e ec o en e co adía y aumen o de la can idad de exceden-
e ap opiado po el doc ine o, po que el uncionamien o de la
co adía e a bas an e complejo, exis en ejemplos que p ueban
que dicha elación se daba.
En é minos gene ales, los doc ine os conseguían una salida
en ajosa, an o en el e eno de los bene icios ma e iales di ec os
lle ada a cabo as la mue e de Ba olomé Lobo Gue e o en 1622, po la
Sede Vacan e de Lima, sob e los más conocidos isi ado es de la idola ía,
de la que, desg aciadamen e, no se conocen los esul ados, si es que se
concluyó.
7S ) V.P. Cas añeda y J. Ma chen a, «Lasó denes eligiosasen
Amé ica: P opiedades, diezmos, exenciones y p i ilegios». Anua io de Es u-
dios Ame icanos. Vol. XXXV. Se illa 1978, pp. 125-158.
76) R. He nández P íncipe en iaba dine o, segu amen e de los indios,
desde los pueblos que isi aba a A iaga, quien le comp aba y emi ía osa-
ios que aquél epa ía en e los indios, . P. J. A iaga, Ex i pación . ..,
p. 54. Ace ca de colec as de limosnas, . ibid., pp. 61 y 67.
77) Sob e undación de co adías, . ibid., pp. 55, 56, 60, 62 y 67.
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106 An onio Acos a Rod iguez
como en el del p es igio y ascenso social. Apa e de la expe iencia
de A ila y A endaño, el Rey enseguida ecomendó g a i ica a los
cu as que se des acasen en la ex i pación de las p ác icas eligio-
sas indígenas, conside ándolos p io i a iamen e a la ho a de p o-
cede a ascensos en la o ganización eclesiás ica78.
Dado el es ado po el que pasaban los doc ine os a comienzos
del siglo XVII, la inicia i a de A ila de denuncia apa a osamen e
las idola ías de sus indios signi icaba una especie de salida hacia
adelan e en su emba azosa si uación. Con ella se puso en ma cha
una eacción en la que cabe e una maniob a de dis acción con
la que conseguían hace ecae muchas de las ensiones exis en es
en e di e en es sec o es de la sociedad colonial, en medio de las
cuales se encon aban los p opios cu as, sob e el o igen de odas
ellas: la población indígena. Y ello aliéndose de un ecu so sob e
el que exis ían ga an ías sob adas de sensibilidad po pa e de las
au o idades coloniales: la pe i encia de la eligión indígena79.
Los doc ine os, con A ila a la cabeza, u iliza on in eligen e-
men e eso es sociales muy e icaces en la p esen ación de la
campaña, como la capacidad de asomb o de la sociedad blanca
limeña, una g an dosis de ea o y su g an conocimien o del ema,
apa e de la ines imable colabo ación que les b indaba el in e és
po la cues ión de Lobo Gue e o. La campaña que se inició en
1610 u o, po odas es as ca ac e ís icas, una na u aleza di e en-
e a la del es o de mo imien os an iidolá icos, que ue on p o-
mo idos mayo men e po el celo e angelizado o de colonización
en el plano eligioso. Aho a se a a ía de una eacción de una
pa e del sec o doc ine o, que había sido du an e mucho iem-
po ansigen e, en mayo o meno g ado, con las p ác icas indíge-
'8) S. M. al i ey P íncipe de Esquilache. Mad id, 28 de Ma zo de 1620.
Biblio eca Nacional de Mad id, MS. 19282, ol. 155.
79) p. D u ν i o
1
s sólo incluye un úl imo capí ulo en su ob a: La lu -
e .. . dedicado al aspec o económico de la ex i pación que denomina «Ci -
cons ances économiques de l'ex i pa ion», con un apa ado i ulado «Ex i -
pa ion e co up ion». En és e comen a la co upción de los doc ine os con
cua o casos de capí ulos con a algunos de ellos, pos e io es a 1620. En
ningún caso elaciona es e aspec o económico con la apa ición de las denun-
cias de las idola ías, sal o en la sospecha que le an ó po la e e encia del
plei o de A ila hecha po J. T. Polo, . op. ci ., pp. 297—336.
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Ex i pación de la eligión indigena 107
nas y que, po de e minadas ci cuns ancias, iba a deja de se lo
pa a u iliza con g an ue za el ema de la eligión indígena en su
bene icio.
En un mundo donde los cu as pugnaban po ene acceso a una
pa e cada ez mayo del exceden e económico de la población
india, que, po su pa e, con inuaba descendiendo numé icamen-
e, e a ine i able la apa ición de choques p ime amen e con los
indios mismos, pe o ambién con co egido es, encomende os y
con o os cu as, los cuales pe seguían obje i os simila es. De es a
mane a se en iende que el o igen y la causa p incipal del mo i-
mien o con a las idola ías de comienzos del siglo XVII es aba
en el in e io de las doc inas y e a el esul ado de cambios
habidos en las es uc u as de la sociedad colonial.
Hay que hace no a que la denuncia de A ila iene la pa i-
cula idad de que es la p ime a ez que un mo imien o con a la
eligión indígena nace den o de la doc ina de indios y llega
has a la pues a en e idencia del hecho an e la au o idad episco-
pal. Has a en onces, las inicia i as de ex i pación habían pa ido
de ue a del ámbi o de la doc ina, pe o A ila ue el p ime
doc ine o que dio ese paso. Con ello en ó en una g an con a-
dicción. Como más a de se esc ibi ía, una de las azones unda-
men ales que la Iglesia encon aba pa a explica la pe manencia
de las p ác icas indígenas e a la al a de su icien e e angelización,
al a que e a esponsabilidad de los enca gados de ella, es deci ,
de los doc ine os80. Al o ganiza la denuncia de la idola ía,
A ila quedaba en e idencia en ese sen ido, mos ando implíci a-
men e que no había sido un buen doc ine o, de acue do con los
c i e ios impe an es en la p opia Iglesia. No obs an e ello, a A ila
y a odos los demás se les econoce ía la capacidad de ex i pa la
idola ía po mé odos más expedi i os que el de la enseñanza de
la doc ina ca ólica, en sus p opias doc inas y en las de los demás
cu as.
Desde el pun o de is a de la o ganización eclesiás ica, en el
lado ex i pado hay que ma iza y dis ingui a ios componen es
que posiblemen e espondie an a di e en es mó iles:
80) P.J. A i a g a, Ex i pación . . pp. 38—9 y Ped o de Villagó-
m e z, Ca a Pas o al de exo acion a ins ucción con a las idola ías del
a zobispado de Lima. Lima 1649, ol. 16.
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108 An onio Acos a Rod iguez
1) Los doc ine os, de quienes ya se ha comen ado las ci cun-
s ancias que los odeaban.
2) Los jesuí as, a los que a isó A ila en 1609 y que, ayudados
po la con ianza que Ies p es aba Lobo Gue e o, pasa on a se
asis en es imp escindibles pa a los isi ado es81. Hacía iempo
que se habían p eocupado po el ema y, p ecisamen e, en el
mismo Hua ochi í, aunque después pa ece que pe die on in e és
o c eye on que habían acabado con las p ác icas eligiosas de los
indios82. Es cu ioso obse a que en la explicación que da A i -
a g a, jesuí a él mismo, al asomb o de pa e de la sociedad colo-
nizado a an e la denuncia de la exis encia de las idola ías, no
hace mención a la an igua p esencia jesuí a en Hua ochi í y a su
a ención al ema, sino sólo a la de To ibio Mog o ejo. A iaga
se hace eco de la p egun a de un sec o de la sociedad en el
sen ido de cómo e a posible que pe du a an las p ác icas indias si
Mog o ejo, con oda su capacidad y sabe , había isi ado pe so-
nalmen e no hacía an o su a zobispado. La espues a de A i -
a g a e a que quizás Mog o ejo es u ie a log ando más a o es
desde el cielo que lo que él pudo consegui con su p esencia en la
ie a.
3) Ba olomé Lobo Gue e o. Apa e de sus condiciones pe -
sonales, algunas ya comen adas, es necesa io insis i en el ma co
de la dispu a en e el cle o egula y el secula po mo i os muy
conc e os que se elacionan con la e olución de las es uc u as
económicas del i eina o.
Desde o o pun o de is a comple amen e di e en e, aunque
ambién con in e és en cuan o a las elaciones sociales, no se
puede deja de menciona que, en el eje cicio de la a ea de los
doc ine os, cob a especial impo ancia el g upo de pe sonas que
se cons i uye a su al ededo , si iéndole de apoyo. G upo com-
pues o po elemen os indígenas y no indígenas que, en muchas
ocasiones, con ibui án con el e i a a e osiona el pode del cacique
en la comunidad. Al acudi di ec amen e a és a ecabando de ella
81) R. Va gas Uga e, His o ia de la Iglesia en el Pe ú. Bu gos
1956-60, ol. II. pp. 309 y ss.
82) Monumen a Pe uana, Roma 1954. . ., ol. I, doc. 85, pp. 420—5,
omado de P. Du iols, La lu e..., p. Ill; y ol.11, doc. 26,
pp. 230-2, omado de: Dioses y homb es. . ., pp. 240-2.
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Ex i pación de la eligion indígena 109
dis in os ipos de se icios, el cu a y es e g upo que lo odea
es án ans o mando esencialmen e el papel del cacique en e a
los indios basado en las elaciones de pa en esco83.
Ni que deci iene que, a pesa de los é minos en que es á
concebido es e abajo, no p e endo educi la explicación de las
campañas de idola ías del siglo XVII a mo i os exclusi amen e
económicos. La complejidad de las elaciones sociales y de las
es uc u as men ales, an o del mundo colonizado como del colo-
nizado , comple an, jun o a los p oblemas económicos, un
cuad o su icien emen e complicado como pa a educi un enó-
meno como las campañas ex i pado as de la idola ía a una sola
explicación. Pe o conside o que el plan eamien o expues o es
esencial pa a en ende co ec amen e la his o ia de es e mo i-
mien o a cominezos del XVII. Si se puede p escindi de algunos
aspec os del mismo y en ende su esencia, al menos pa cialmen e,
c eo que no se puede p escindi de la pe spec i a de la domina-
ción colonial, que de e mina con lic os como los mos ados, y en
la que juega un papel undamen al la ap opiación del exceden e
económico indígena.
Nada se ha dicho aquí, po lo demás, ace ca de las consecuen-
cias de las campañas de idola ías, en sí mismas, sob e la o gani-
zación social indígena, aspec o muy impo an e que me ece un
a amien o especí ico84. En cuan o al desa ollo pos e io de la
ex i pación, ya a anzado el siglo XVII, quizás pueda se some ido
a explicaciones di e en es a las o ecidas aquí. Es un e eno
abie o a la in es igación. En p incipio, algunas de las ideas que
ci culaban en la época del a zobispo Villagómez, que exp esaban
que los cu as ansigían con las idola ías y no las denunciaban
po emo a e se capi ulados po los indios85, no pa ecen sos e-
ne se si se obse an a la luz de los hechos que hemos es udiado.
B3) C . el análisis de K. Spalding, «Los escalado es sociales ...)),
op. ci . pp. 61-87.
84) Sob e es e ema . el suge en e pá a o de K. Spalding en «La
ed...», op. ci ., pp. 121—2.
85) p. D u ν i o
1
s, La lu e ..., p. 322.
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