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APUNTES
DEL NATURAL
LEYENDAS YARTÍCULOS
José Ges oso yPe ez
APUNTES
£
DEL
NATURAL
^0ülFC;W^íi 4 ^
UNIVERSITARIA
SEVIT. L.l
SEVILLA
Es ablecimien o ipog á lco de GIRONES YORDUÑA.
Laga 3y5.
M.DCCC.LXXX.11
1
Es p opiedad de su au o .
Queda hecho el depósi o
que ma ca la ley.
#
I
0
PROLOGO
En mis a os de ocio, en los momen os en que
el espí i u se complace soñando las más in e osí-
miles his o ias ylos más absu dos ela os, poco á
poco, del con uso labe in o de mis ideas, han ido
o mándose las páginas que componen es e lib o.
Con ieso que he pe dido muchas ho as medi-
ando en lo pasado ylo p esen e; oda ía, acaso
po que no soy iejo, bullen en deso denado opel
den o de mi ce eb o, asal ándome sin cesa , las
quimé icas isiones de o os dias, jun amen e con
los cuad os que la ealidad me o ece ácada paso.
Aun la imaginación se ec ea agando, o a bajo los
med osos claus os de los emplos ománicos yen-
e los despezados sa có agos que ado nan in e mi-
nable comi i a de g o escas plañide as óex año
simbolismo he áldico, óya ab umada bajo el peso
—i—
en e aquellas oscu as pied as yaquel sal aje hue o,
ambién se la e i aba... ¡Quién sabe!... Ella e a
ica.... sus pa ien es pob es.... hué ana además....
La ida del claus o es el camino del Cielo.... Po
eso.... nó po o a cosa.... la hicie on en a de no-
icia. Nada hay más ácil yco ien e que p e ende
so oca la oz del debe , ocul ando lo que en sí es
mezquino yde o me con la másca a de un mó il ge-
ne oso ysan o.... Yálos pa ien es de Blanca sucedió
es o.
La nina, indudablemen e, no enía expe iencia
pa a conoce ese lodazal de la ida, no pudiendo ap e-
cia ampoco los esul ados de lo que con ella se ha-
cía. Nació en aquel pueblo ynunca ué ála capi al
p óxima. Pa a ella el mundo se componia de sol, de
a omas, de pája os, de bosques yde lo es.
V
Yen ó en el con en o casi aleg e; ydigo casi ale-
g e, po que, apesa de sus años, nunca u o comple a
aleg ía. Su alma e a is e, an o como su os o.
Siemp e es aba pálida, ysus neg os ojos, en o nados
yado midos, pa ecian busca quizá algo que le son-
eía en ese espacio in ini o en que agan nues os
sueños ynues as quime as.
Iba diciendo que en ó al in.
E a una a de de p ima e a, yapesa del can o de
los pája os que sal aban en las amas de los almen-
d os, de) he moso sol que aleg aba el palio, yde las
in ini as campanillas que, después de epa po la
—5—
gó ica c es e ía de los a cos, quedaban lo an es desde
su cla e como un co inaje de e du a, apesa de es-
os encan os, u o miedo cuando a a esó el claus o.
Aquellas es a uas yacen es, ígidas yama illas, di-
seminadas po él, causa on en su alma un e o des-
conocido, se es emeció lige amen e como una iole a
al soplo de la b isa, como los labios de una niña al
con ac o del p ime beso de amo , sin ió ió, y, sin
da se cuen a, sin podé selo explica , po sus mejillas
co ie on lág imas. Las monjas que la iban acompa-
ñando le p egun a on:
—¿Po qué llo as, Blanca?...
Ella con es ó:
—iMe acue do de mi mad e!
¿Ilab ia quizás comp endido lo ho ible de su ais-
lamien o? ¡Tend ía que i i ya sola! ¡Nadie se in e e-
sa ía po ella en el mundo!...
A a esa on el claus o; después, c uzando an-
gos os yoscu os pasillos, subiendo o cidas ydes en-
cijadas escale as, llega on al claus o al o.
En los mu os se eian mul i ud de pue as. La
monja que iba si iendo de guia ab ió una de aqué-
llas: e a una habi ación más bien g ande que peque-
ña, ypo muebles enía una humilde cama, una silla
de al o espaldo, un eclina o io con su c uci ijo, una
mesa con es ócua o lib os cubie os de pol o, y....
nada más.
Había lo bas an e pa a cub i las necesidades del
cue po; en cuan o álas del alma.. .ya lo hemos
is o.... las buenas mad es no se ol idaban.... Blanca
podía lee ypodía o a .
—6—
VI
E a la ho a del alba, yásu incie a luz no hay
pa a qué deci que los obje os se dis inguían con u-
samen e. Todo el con en o apa ecia en onces más
somb ío, en uel o aúnen los apo es de la noche.
Áaquella ho a despe a on áBlanca pa a que asis-
ie a al co o. Fue ábusca sus es idos yno los halló;
pe o, en cambio, opeza on sus manos con unos pa-
ños que pesaban mucho.
Ab ióla en ana de su celda, que daba al claus-
o al o, y, ála escasa ó incie a luz del alba, pudo
dis ingui que aquello e a un hábi o. Cuando concluyó
de poné selo, sus manos, como de cos umb e, ue on
ábusca la cin a de seda que enía pa a ce a su
aje; pe o en aquel hábi o no las habia. En cambio
se puso un escapula io blanco, que con as aba he -
mosamen e con el sayal que e a azul. Después p en-
dió en su cabeci a la oca y ué ámi a se al espejo....
ampoco habia espejos.
Tu o que enuncia áes e sencillo place .
Bajó las escale as con mucho miedo, a a esó po
en e los sepulc os emblando yse encon ó en el
co o.
Allí le señala on un si io en e las demás no icias.
Blanca no sabía en ona las p eces que sus com-
pañe as; el lalin le e a an desconocido como áés as,
y u o que p i a se del place de can a , aunque ue a
u ina iamen e, como lohacian las o as.
La comunidad, en cambio, ele aba áDios sus p e-
1
ces de ese modo pausado ymonó ono que nos hace
sen i un g an ió en el ondo de nues a alma.
Yasí es u ie on ce ca de dos ho as. El esquilon-
cillo del con en o empezó á oca ámisa. En a on
es ócua o iejas délas del pueblo yal poco a o
apa eció el sace do e en el al a . Una Yez concluida
aquélla, sonó de nue o o a campana con ocando al
e ec o io, ydespués ol ie on al co o; e minado
és e, o a ez al e ec o io, y.... llegó la a de. Las
monjas, unas se paseaban silenciosas po el ja din,
o as se sen a on diseminadas, ya sob e algún capi-
el abandonado, ya al pié de los sepulc os, semejando
esas mudas y is es es a uas que ado nan sus ángulos.
VII
La in ancia eme óla soledad, po eso se c éa
p on o ínculos. Algunas no icias se la ace ca on y
al poco iempo einaba en e ellas una común aleg ía.
Blanca les con ó su ida suspi ando... ellas las su-
yas son iendo, ycomo siemp e jun o ála isa es án
las lág imas, algunas de sus compañe as se eian de
sus miedos ysus emo es; o as nó llo a on en si-
lencio.... ¡E an hué anas ambién!
Pasadoslosco os momen os deexpansion, o a ez
al co o . . ..Á eza o a ez. Después cada una ásu celda.
Yal dia siguien e, yal o o.... yal o o.... ¡Lo
mismo siemp e! ¡He mosa ida pa a co azones hela-
dos.... ó.... pa a ángeles!
Pues bien, Blanca al mes sabía el la ín que las
demás.
—8—
Su oz e a deliciosa, dulcísima....
Cuando can aba, e a ácil dis ingui la en e odas.
Po una causa desconocida, sec e a, que pudié amos
llama mis e iosa, es lo cie o que sus cán icos e-
sonaban con una is e exp esión que no enian los de
sus compañe as.
Aquella melancolía de su alma se mani es aba en
odos los momen os de su ida.
Más que cán icos, e an suspi os.... Acen os de un
alma en e ma. Iban, po deci lo así, imp egnados de
un ocul o dolo ....
No e a su oz la que can aba.... E a su alma que
gemia.
VIII
Amó áDios po que enía que ama algo. Le amó
in ini amen e, como los ángeles.
Ella pensaba que no liabia nada más allá del claus-
o, que el mundo odo es aba den o de su con en o.
Ypasó iempo, yes a idea llegó áposesiona se de
su sé , esumiendo su exis encia.
Ya no habia nada lób ego, nada is e pa a ella
den o de aquellos mu os. Has a los san os de pied a
le son eian desde la penumb a de sus ho nacinas.
Se acos umb ó ámi a los; es más, se conna u a-
lizó con ellos yhas a con las es a uas délos sepulc os.
{Place es!... ¿Podían acaso exis i mayo es que
los que ella expe imen aba, bien cuidando de las llo-
es del ja din, óhaciendo amille es de ma ga i as
blancasy de pla a, pa a ado na el e ablo de la Vi gen?
—9—
Blanca oia habla del mundo ex e io , de aquel
mundo desconocido pa a ella, nó con ex añeza.
Ve dad que algunas cosas le so p endían; pe o el
odo, el conjun o, c eía adi ina lo.
«El mundo se á acaso o o con en o mayo .... Sí,
mayo ha de se , pa a que con enga an as gen es....
¡Oh, yo quisie a conoce lo!» Pe o nunca pensó más
que es o. Aquí se de enia su pensamien o, quizá e-
me oso de descub i el más allá.
T ascu ie on algunos años....
Blanca e a ya una muje .
Un dia la llamó la Supe io a ásu celda. Allí ha-
bla on las dos la go iempo. *
La habían p opues o que p o esa a: acep ó. Con
la son isa en los labios dijo que sí; pe o ¿po qué
cuando salió de la celda, Blanca llo aba?
El co azón p esien e, adi ina lo po eni .
IX
Desde que pasó es o, las monjas a a on de dis-
pone lo necesa io pa a que la p o esión ue o más
solemne.
No icióse es o álos pa ien es de Blanca; pues....
nada.
Repi ie on que el claus o es el camino del Cielo.
Les con en ó mucho es a de e minación (¡es na u-
al!...), o eciéndose su io áse i de pad ino yá
cos ea cuan os gas os se o iginasen.
Quiso que se hicie a con la mayo pompa. ¿Pen-
sa ía que de es e modo acallaba la oz de su con-
2
—10 —
ciencia? Á odo se acos umb a el homb e, ymás que
ánada áengaña se, cuando del engaño le esul a un
goce óalgún ic icio place .
Se aje on colgadu as pa a es i las al as co-
lumnas; gui naldas de lo es pa a coloca las sob e
los gó icos es ones, yal ededo de las esbel as oji-
as co ian las hied as ylas campanillas de odos co-
lo es.
A añas deslumb an es de c is al, lámpa as de pla-
a, cos osos bo dados, oda la iqueza, en in, que el
con en o gua daba pa a las g andes solemnidades,
odo sacóse á eluci en es a ocasión.
XI
Desde el dia an e io no descansaba el esquilon-
cillo del con en o; pe o al mismo iempo que los so-
nidos de és e e an aleg es ybulliciosos, una campana
añía lúgub e y is emen e, como si loca a ámue o.
Ála e dad, es o no es ex año. En el mundo son
muy ecuen es es os con as es yyaá nadie imp e-
sionan.
Recue do habe is o algunas másca as emb ia-
gadas, después de la salida de un baile, danza p ó-
ximas áuna en ana, de ás de cuyos hie os do -
mía el sueño de la mue e una niña de diez yseis
años.
Ylas gen es se pa aban, no sé si pa a di e i se
—11 —
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con el baile ópa a eza á la mue a.... Pe o ya sien-
o habe hecho es a dig esión; me he sepa ado de mi
ela o.
Amaneció el dia; en la iglesia es aba odo dispues-
o. Tapices, al omb as, lo es, ymil ymil ado nosmás
a alo aban el cuad o.
En el p esbi e io se eian colocados algunos an i-
guos sillones pá alos pad inos. Lo es an e del em-
plo e a pa a las demás pe sonas.
XII
Empezó la iglesia állena se de gen e. El pueblo
odo acudia, seño es yc iados. Aquéllos mos aban
en sus os os aleg ía ó.... indi e encia: iban.... po -
que si. Po el con a io, no e a muy di ícil escucha
de los c iados ases como és a:
—¡Qué lás ima!... ¡Pob e Blanqui a
Añadiéndolas muje es:
—¡Si su mad e i ie a!
Se comp ende es e di e so c i e io. Fo mado el
uno po gen es que.... alen y.... saben, ysi no saben,
suya es la culpa.
Pe o los o os, pob es, mise ables, juzgando sólo
po las ex e io idades ysin ene conciencia délo que
dicen; es e dad que en cambio ienen co azón que
les enseña ásen i ; mas ¿quién se acue da de és e
pa a aplica lo álos ac os de la ida?
Los pad inos ocupa on al in sus asien os. El
ó gano p o umpió en mil sono os o en es de a -
monía.
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—12 —
Las nubes de incienso se pe dian allá en la cla e
de los al ísimos a cos.
Un ma de ayos de o o pene aba á a és de las
id ie as.
Millones de luces, e lejando en las ace as de c is-
al de las a añas, las hacian apa ece como deslum-
b an es globos de uego, de o o yde colo es.
Delan e del al a mayo el P es e ysus minis os.
En una g ada más baja los pad inos, es idos con
opas neg as.
lié aquí el cuad o....
Con la cabeza inclinada, pálida como una i gen
mue a, en uel a en un ámplio aje blanco, muda y
silenciosa como el ol ido, odeada de las demás mon-
jas, eíase la igu a de Blanca, esallando en el ondo
oscu o del co o.
Concluida la misa, el P es e ysus minis os ba-
ja on ála iglesia seguidos po los pad inos, llegando
odos has a la pue a claus al.
Las monjas, o madas en dos hile as, dejaban e
en el cen o ála Abadesa, conduciendo de la mano á
Blanca.
Ambas se adelan a on has a la misma pue a.
El Sace do e llegó has a ellas eci ando una o a-
ción: hizo que Blanca se a odilla a.
Hincada en el suelo, le co a on en ónces sus ca-
bellos.
Tu o que pone se de pié yse i guió emblo osa,
insegu a como una somb a.
Fal aba algo más: llega on unas monjas sosle-
-13 —
niendo g andes bandejas de pla a cubie as de lo es.
El Sace do e ezó de nue o o as p eces éhizo que
el cue po de Blanca se endie a sob e el apiz que cu-
b ía el suelo. La comunidad en onó el esponso ycon
las lo es cub ie on su cue po como mo aja.
Le an óse Blanca, ydespués de o os cán icos y
o as ce emonias, la pue a claus al se ce ó pa a
siemp e.
Las gen es abandona on el emplo.
Todo habia concluido
¿Todo?
XIII
Las e oluciones—ha dicho no sé quién—son hi-
jas de nues o siglo; po es o se mi an ya indi e en e-
men e.
Lo mismo que en el ma , suceden as o nos en
la sociedad.
Las olas se le an an ydes uyen.
El ma ambién hace á eces el papel de A ila.
La sociedad igualmen e los iene, ó, mejo dicho,
los abo a. En ónces el ango se e uel e, se espa ce
po las aguas yllega ála supe icie. Después ¿quién
sabe?
No a o denega una e dad inconcusa; sé que
exis e la ley del p og eso humano, pe o hab á de con-
cedé seme que no siemp e se ob ienen los esul ados
ape ecidos. En el caso de que a amos, o o e a el
emedio que necesi aba aquella mo al dolencia.
—20 —
un cí culo al ededo del p esbi e io y ijan sus ojos en
la pue a, espe ando que lleguen los no ios ypad inos.
Al in apa ecen los p ime os.
Ella es elegan ísima yesbel a; 61, apues o ybiza-
o: ella iene los ojos ga zos, asgados, con he mo-
sas pes añas, el cabello de o o, los labios del colo de
las amapolas; él, neg os yg andes como su izada ca-
belle a yba ba. Sob e sus homb os cae, suel o y
ai oso, el amplio man o de la ó den de Alcán a a,
cuyas majes uosas líneas aumen a la biza ía de su
noble y a onil aspec o.
¡Qué indesc ip ibles momen os! El ó gano p o-
umpe en mil sono os o en es de a monía, las nu-
bes de incienso se ele an po las gigan escas a cadas,
audales de pu ísima ydo ada lumb e pene an á
a és de los id ios de colo es, las sedas, b ocados
y e ciopelos ulgu an en mil luminosos cambian es;
el incesan e clamo eo de las campanas, eb ias de con-
en o, hiéndelos ai es; el elincha de los caballos, las
oces de los pala ene os yla algaza a de aquella
mul i ud, que pulula como un inmenso ho migue o
po la g an plaza, odo con ibuye á ealza el indes-
c ip ible encan o de aquel cuad o, exube an e de i-
da, de sol, de pe umes ycolo es.
XIX
Pa a los que i imos en el mundo un acon eci-
mien o como es e despie a siemp e en noso os ese
espí i u de cu iosidad que es el mó il de odos nues-
os ac os.
—21 —
Un ma imonio cualquie a puede se nos indi e-
en e; pe o aho a, a ándose del de dos pode osos,
nos inspi a la misma cu iosidad, po ejemplo, que su
en ie o. Yes o se comp ende ácilmen e: an a ia-
da y ica es la pompa que se desplega en el p ime
ac o como en el segundo.
}sino hé allí álos con idados, pin o escamen e
es idos con sus uni o mes, encomiendas yc uces;
helos allí con la son isa en los labios, con en os y
sa is echos; ambién sus enes, con odo el aus o
que el ac o equie e.
Pe o decia yo que el que asis e al p ime o iene
ya is o el segundo. Nó.... dis a mucho el uno del
o o: aquí el pesa yla is eza se en e a ados iel-
men e en.... los penachos de los caballos. En óneos
ue on blancos, aho a son neg os; y, sob e odo, el
pesai, el lu o yel su imien o se en ielmen e ep e-
sen ados po un ozo de gasa al ededo de un som-
b e o, lo cual es un medio an elocuen e como o o
cualquie a pa a mani es a el dolo .
No hay pa a qué queja se de es as que algunos
llaman mise ias humanas, ni mo eja ánues a socie-
dad de cínica éindi e en e: pa a odo iene ella sus sá-
hmsy opo unas mani es aciones.
XX
Pue.-, bien; eslabonando nues o ela o, pod emos
comp ende que si el ma imonio de los Duques ué
un acon ecimien o pa a oda la ciudad ¿qué se ía
pa a Blanca?
Po ez p ime a, ió desplega se an e sus ojos
un mundo desconocido, que no había ni' soñado; hé
aquí po qué cuando comenza on állega los p ime-
os enes yse desa ollaba an e su is a aquel des-
lumb an e conjun o de ca ozas ycaballos, de damas
ycaballe os, iba y enía desde el co o ásu celda, con
e iginoso a an, andando cien eces es e mismo ca-
mino.
Toda aquella agi ación, aquel inusi ado mo imien-
o la a u día. Concluyó po con ence se de que so-
ñaba, yámedida que los elemen os componen es de
aquel cuad o se iban mos ando, más se a i maba en
su opinión.
Pe o después de odo, ella, sin sabe po qué, no
podía da se cuen a de algunas cosas ni explica se al-
gunos enómenos.
Desde la en ana de su celda ió llega el úl imo
sobe bio en, donde enían los no ios; apeá onse y
en ónces co ió p ecipi adamen e al co o: á abos a a-
esaban la na e en aquel momen o, pa a subi al
p esbi e io.
Blanca (y hé aquí el ejemplo délo dicho an e io -
men e), sin da se cuen a de lo que bacía, ab ió áun
más sus ojos; que ía e mucho. Aquel homb e mi-
aba áaquella muje ¿de qué mane a? Tenazmen e
ijos los ojos de la monja en ellos, yapesa de es o
no había is o nada. En el ondo de su alma sí ex-
pe imen ó algo ex año; c eyó que alguien, apode-
ándose de su cue po, lo hizo es emece , sacudién-
dole iolen amen e.
Si hubie an p egun ado áBlanca quiénes e an
—23 —
aquella muje de cabellos de o o yaquel homb e de
los ojos neg os, apesa de sabe quiénes e an, sólo
hubie a podido deci que ella no lo sabía, pe o sí que
se mi aban mucho, dulce, lánguida, celes ialmen e,
como dos ángeles.
Hubo un momen o, du an e la ce emonia, de p o-
undo silencio, yuna oz cla a yené gica dijo de es e
modo:—S a. Duquesa de M., ¿que éis ecibi po es-
poso al S . Duque de H.?—Sí quie o— espondió una
oz a gen ina, sono a, de dulcísima exp esión.—
Y
os, S . Duque de II.,—dijo de nue o la p ime a
oz,—¿que éis ecibi po esposa ála S a. Duquesa
de M.?—
Blanca en ónces ab ió desmesu adamen e sus
ojos, que es aban en o nados; mi ó sin sabe adón-
de, cla ándolos en el espacio con la ijeza de los de
un loco, yace cando su oido cuan o pudo ála e ja
del co o, quedóse inmó il.
—Sí quie o....—con es ó a onilmen e el homb e
de los ojos neg os.
¿Qué le sucedió áBlanca en ónces? Nada: aquello
e a sólo cu iosidad; ya es aba sa is echa, ysu os o
ecob ó ins an áneamen e su p ís ina calma.
La ce emonia liabia e minado. Un uido con u-
so, ex año, se ad i ió en el emplo al abandona
sus asien os los con idados, disponiéndose áma -
cha . El homb e de los ojos neg os conducia de la
mano ála muje de cabellos de o o: así baja on las
g adas del p esbi e io; eposados, majes uosos, y,
como siemp e, mi ándose de aquella mane a ex a-
ña. Ella eníala edad de Blanca: diez yocho años.
24
XXI
Poco iempo después de es o, la plaza se eia de-
sie a; la iglesia comenzaba áen ol e se en esa iuz
melancólica y is ísima de las a des de o oño; las
gui naldas de lo es que ado na on las columnas se
eian ue a de sus líneas, pendiendo ya, ma chi as,
incolo as, como esas lo es que, después del mes de
Di un os, emos diseminadas sob e las losas de las
sepul u as.
La luz de una lámpa a p óxima ámo i chispo-
o eaba solamen e en el p esbi e io, yel agudo chi-
llido de algunos mu ciélagos, e olo eando en o no
de su is e esplando , e an los únicos uidos que in-
e umpían la med osa calma yla soledad del emplo.
Repe i é en es e luga la p egun a que me hice al
conclui la p o esión de Blanca: «Todo pa ece que
había concluido. ¿Todo?»
XXII
Hay que con esa que la ce emonia se había ce-
leb ado as uosamen e. Las monjas es aban sa is e-
chas, con en as, ysu con e sación du an e el ec eo
de aquella a de e a e e en e álo acaecido.
Blanca bajó al ja dín como siemp e. Pe o ¿po
qué causa ni siquie a mi ó sus lo es ni ezó ampo-
co an e la Vi gen que se ene aba en el claus o?
No pudo es a mucho iempo en el ja din. Tenía
ió.... po eso quizá es aba an pálida.
—25 —
La Abadesa la mandó e i a se ádescansa .
—¡Es jus o!—decian sus compañe as,—ha aba-
jado más que odas noso as: no es ex año que es é
en e ma.
XXIII
Las empes ades, así en el ó den ísico como en el
mo al, an p ecedidas siemp e, án es de desencade-
na se, de sinies os enómenos que nos ad ie en su
ap oximación.
En el ó den ísico comienza el sol po oscu ece -
se; un elo de somb íos apo es se le an a en el ho-
izon e ylo ocul a en e sus densos pliegues; des-
pués el ien o comienza ágemi , b ama, se desen-
cadena, po ul imo; sacude con i ánica ue za los
más obus os á boles, e ue ce sus amas, las des-
gaja, las a as a yhunde en el pol o; después, a e-
ba ándolas en sus alas, las espa ce ydisemina po
los ai es. El ho izon e es ya neg o; los hu acanes
chocan yse es ellan en la inmensidad, yásu bá -
ba o ysal aje b amido, yásu pode oso impulso,
p ecipí anse las pied as desde lo al o de las mon a-
ñas, uedan los colosales aludes, los o en es se des-
bo dan, elámpagos de uego c uzan po la inmensa
bó eda, a asan, incendian, ex e minan....
Del ondo de nues as almas su gen ambién las
inieblas lo mismo que en la na u aleza: como áés a,
nos en uel en las neg as somb as, los eneb osos
apo es; hay en ónces algo den o de noso os que
lucha i ánicamen e, que se e ue ce, que pugna po
4
—26 —
desasi se de cadenas desconocidas, que o a se e-
pliega ya anza, o a e ocede 6in ade: sacudimien o
ho ible que nos conmue e, gigan esca ola que nos
ab uma, lág imas que ab asan, ecue dos que en e-
nenan, elámpagos de pasadas dichas, ensueños que
nunca se ealiza on, aspi ación cons an e hácia o-
do lo in ini o y odo lo g ande, pa iendo de un on-
do cenagoso ymezquino... Pugila o maldi o de lo
que nunca puede uni se....
Hé aquí las luchas del alma; se oscu ece, agoniza
ymue e lo mismo que la na u aleza.
Noso os, sin emba go, somos de peo condición.
Pa a ella b illa el sol de nue o, y, as una a de em-
pes uosa, emos una noche plácida yse ena. Pa a
nues as almas.... nunca.
XXIV
He embo onado algunas páginas con el ela o de
un hecho i ial, que segu amen e al común de las
gen es nada impo a. Una niña abandonada que p o-
esa en un con en o.... Vemos es o ácada paso, y
se ía un absu do compadece ála nue a monja.
¿Quién puede, humanamen e hablando, p eocupa se
con lo que al in es sólo una niñe ía, habiendo en
el mundo an as cosas sé ias yde e dade o in e és?
Un negocio us ado, una banca o a; eso sí ya es
digno de que los homb es g a es se ijen, es udien y
p opongan los medios pa a e i a ales uinas y an
ascenden ales desas es.
—27 —
Pe o, ála e dad, que una niña p o ese ó nó, que
i a como un sé animado ócomo un au óma a,
cie amen e que causa ia isa el imagina que hom-
bi es de an o ma co y alía pudie an ocupa se en es-
os insigni ican es po meno es.
Yo, que no esc ibo pa a esas lumb e as cien í i-
cas, económicas óme can iles, ni aun siquie a pa a
na íe, dejo co e ásu an ojo mi pluma, y ecue do
íec ios en cuyo exámen yes udio se ha en e enido
a eces muchos a os mi pob e cabeza, en la cual
nunca ha cabido una co ización de Bolsa.
¡Y es lás ima que no hubie a empleado el iempo
pe dido con ales de aneos en ines más al os, ano-
ando, po ejemplo, el núme o de bo ones ab icados
desde hace es siglos en Ingla e a, los kilóg amos de
especias p oceden es de la India ylas cajas de é chino
consumidas en España! iCuán os lec o es hubie a e-
nulo en ónces mi e is a, ymis si la hubie a bau izado
nada monos que con el epíg a e de Re is a come cial,
es o en p ime é mino, ag ícola, indus ial,e c., e c.!
=. e
,
s
.
a de>/ además °piezo con un obs áculo
nsupe able: mi a al o peza pa a los núme os ymi
quie a imaginación, de lo que es buena p ueba lo
qepi ecisamen e esc ibo aho a, que ánadie impon-
íalo
GS ^° demds aieno ámi in e umpido e-
XXV
¿Pod ía jo asegu a que odo lo ocu ido en el
con en o aquella mañana ue a la causa de que Blan-
—28 —
ca se e i ase del ja dín emp ano yque po la noche
no asis ie a al co o? Me limi o ádeci que es po-
sible.
Ya en su celda, ecos óse un momen o en el lecho.
Ce aba los ojos, yá a és desús mismos pá pa-
dos eia pasa una, o a ycien eces aquellos ca-
uajes con sus pala ene os, aquellos seño es y
aquellas damas, ydespués áaquel homb e de los
ojos neg os yáaquella muje de cabellos de o o.
La ine able son isa de los dos agaba aún en sus
labios ysus ojos pa ecían unidos po un luido in i-
sible.
Blanca ab ía los suyos abajosamen e, como ha-
ciendo un es ue zo; pasaba las manos po su en e
sepa ando los pliegues de su oca.
Sus labios es aban secos, sus mejillas pálidas,
muy pálidas.
Todo e a somb ío en su celda, odo neg o.
De nue o ce aba los ojos.
O a ez las isiones de la mañana acudían ásu
men e.
Su espi ación iba cada ez siendo más ap esu-
ada y a igosa.
Es aba inquie a; mo íase de un lado áo o en su
lecho, como si espe imen a a el e ec o de un peso
ab umado .
Bajo el escapula io de su hábi o se eia ele a y
dep imi se aquel seno.
De p on o pe manecía unos momen os inmó il,
ígida como un cadá e , yab ía sus secos labios pa a
aspi a ai e, abso biéndolo con ansia, con a idez.
—29 —
Aquel sosiego e a apa en e.
Comenzó ámo e se en la oscu idad como un bul-
o in o me.
Al pa ece luchaba con algo.
Sus b azos se ex endian en las somb as, como si
quisie a aba ca un obje o in isible; o a emblaba,
o a se e o cian sus miemb os ne iosamen e.
Las opas del lecho es aban desga adas.
Su oca desp endida déla cabeza.
Las manos ensang en adas.
Los ojos lí idos.
Po la en ana de su celda pene ó de p on o un
g an ayo de luz.
Sus pá pados se ab ie on ins an áneamen e ymi-
ó aquella cla idad, desencajada, como ue a de sí.
Aquel ayo e a de luna.
Sus pupilas aún seguian ijas en aquellos énues
íesplando es, pe o sin mo imien o, inal e ables como
las de un ciego.
Aquella lucha se hizo en pocos momen os más io-
len a.
Sus isiones debie on se en ónces a e ado as.
Ocul aba su os o en e las manos yhundia su
cabeza en la almohada.
Algo que no que ia e agaba sin sepa a se un
ins an e de su is a.
No e an ya sus b azos solos, e a su cue po odo
el que se agi aba con ulsamen e.
La luna pene ó de lleno en aquel aposen o, yal
iempo que sus ayos ilumina on el os o de la mon-
ja, i guióse de p on o en el lecho, mi ó en o no su-
RECUERDO
LA £>RTA. p.Ap. p. DE JK, Yy i.
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i
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J1
El T aje Blanco
é
I
Du an e mi es ancia en M. supe la is e cuan o
sencilla his o ia que oy á e e i e. No busques en
es os englones, po que de segu o no los halla ás,
asgos de b illan e es ilo, des ellos de imaginación
ni galas li e a ias; nada pond é de mi pa e pa a da
]n e és álos hechos: c eo que en sí ienen bas an e,
yQue no necesi an que yo los a a ie con impe inen-
es hoja ascas.
11
Tomé mi ca e a de apun es, yal cae una ai
6Se iemb e me puse en camino pa a isi a los
0s c^el amoso monas e io de S. Tú, que conoces i
auñones, ó, mejo dicho, el cul o que indo á o<
esas páginas de pied a en que las pasadas edades i
—40 —
lian legado esculpidos su g andeza ysus icios, sus
legenda ias adiciones ysus caballe escas emp esas,
comp ende ás el in e és que pa a mí end ia es e pa-
seo, a ándose de un monumen o cons uido en el
úl imo e cio del siglo VIII po uno de los p ecla os
es au ado es de la mona quía española. Nada he de
deci e cuán o gocé agando po sus de uidos claus-
os, sepa ando las ma as de o igas ya ena sil es e
que b o aban al pié de los sepulc os, pa a desci a
sus bo osas laudes, ódescub iendo en los capi eles,
isos ya cos el a o ma idaje de las an iguas ci iliza-
ciones de Roma yde Bizancio. Sólo e di é que ué
es a una de las inol idables a des cuyo ecue do me
se á siemp e g a ísimo.
Tu e que ol e al pueblo, y, c eyendo aco a la
dis ancia que de él me sepa aba, a a esé po un
puen ecillo o mado de añosos á boles, en ando po
una angos a senda abie a en e un bosque de noga-
les yde hayas. Sin pe de el sende o, ine áda en
una g ande explanada en cuyo cen o, odeada de
gigan escos álamos, se le an aba una casi a cons ui-
da al modo de los chale s suizos. Tenía dos pisos: en
el supe io , yá a és de los id ios, se eian co i-
nas de colo ó ola; en el al éiza de una de las en-
anas habia un g an aso de po celana, en o no del
que comian mul i ud de paja illos, que al e me o-
la on asus ados.
Ex añé aquella casa, cons uida en an ag es e pa-
aje, y, como comp ende ás, con e dade o in e és la
examiné en odas sus pa es: iba un poco cansado,
yap o echando la ocasión que se me p esen aba de
—41 —
sen a me, lo hice en un g an banco de pied a colo-
cado ála de echa déla pue a de en ada. ¿De quién
se á es o? pensaba: a o cap icho el de le an a al
casa en si io an apa ado ysel á ico: así discu ia,
Pe o más se a i ó mi cu iosidad cuando, al ija la
yis a en el suelo, i ámis pies, como esc i o en la
a ena con una a illa, es e nomb e: «Ma ía,» yde-
bajo las echas Ab il 18.... Se iemb e 18....
El de ec o mió, an inco egible, de an asea
cons an emen e, c eando de los más insigni ican es
Mo i os las más imposibles his o ias; el anhelo de
e es i los hechos na u ales con ios colo es de lo
ex ao dina io, imagína e si al e lo que e he e-
e ido me se ía posible con ene lo encauzando mi
oca imaginación, que soñaba ya ¡Dios sabe cuán as
cosas!
T ascu ió un buen a o, y, iendo que ni la me-
no señal de ida se no aba en la casa, empecé á
camina , decidido áque al hace mi segunda isi a
a monas e io pasa ia con el i me in en o de a e i-
gua quién e a po lo ménos el sé que allí habi aba.
III
Ala a de siguien e me di igí álas uinas: con-
ie a cuál se ía mi asomb o, la ag adabilísima so -
p esa que expe imen é, cuando al llega al mis e ioso
ale , en el asien o mismo donde yo habia descan-
sado el dia an e io , i áun homb e es ido de ne-
S o, leyendo ijamen e en un lib o. Al uido de mis
Pasos alzó la cabeza, y, amos, ¿quién c ees, amigo
6
—42 —
mió, que e a? Albe o, el mismo Albe o, áquien su-
poníamos nada menos que en la embajada de.... Al
pun o me econoció, acabando de lanza en mis b a-
zos su iah! de so p esa al encon a se conmigo.
¡Cuán mudado se halla! La b illan ez de sus ojos
neg os ha desapa ecido; su cabeza es á ya casi cu-
bie a de canas, ysu aspec o, que an as eces hizo
deci ánues o amigo el escul o S. que e a pa e-
cido al de un An inoo, no conse a al p esen e más
que le es es igios de lo que ué.
La imp esión que he expe imen ado ha sido dolo-
osísima: mucho abajo me cos ó epone me pa a
que no lo ad i ie a.
—En a, en a,—me dijo;—es e ha sido el p ime
dia dichoso que he enido en el espacio de más de
un año que habi o en es a casa.
—Pe o, amos,—le p egun é.—jTú, an aleg e,
an jo ial, me ido ámisán opo, i iendo en un bos-
que, odeado de mon añas ypo única compañía la
de los pája os! ¿Á qué se debe al cambio?
—Es una is e his o ia que algún dia conoce ás....
—Vamos, amos,—le dije;—me igu o lo que se-
á ello; algún desengaño, algún....
—Nó, nó,—me in e umpió;—ya la sab ás, e lo
p ome o; y, según c eo, hab á de se muy p on o.
Le he e e ido el mo i o de encon a me en es e
pueblo; hemos hablado de mis p oyec os, de nues-
as comunes a iciones; pe o Albe o no es ya el de
hace dos años.
Su alma, an imp esionable, pa ece mue a; he
p ocu ado dis ae lo hablándole de nues o p óximo
—43 —
iaje áI alia; le he pin ado aquellos cuad os, que
an o le seducian, de paseos noc u nos po los cana-
les de Yenecia, yhas a le eco dé aquel escalamien o
Que os p opuse hace nada ménos que al palacio de
los Duxes, pene ando po una en ana, al ulgo de
los elámpagos, en una noche empes uosa.... Todos
cuan os desa inos hemos soñado jun os, has a la ba-
canal que íbamos áceleb a sob e las uinas del Pa -
henon, sólo han se ido pa a que agase de ez en
cuando en e sus labios alguna le e son isa.
Albe o padece ysu e. Le he p opues o que me
ocompañe ámis expediciones, yme ha dado las más
cu iosas no icias his ó icas: conoce cuan o no able po -
meno a queológico exis e en sus escomb os.
y-Es mi única dis acción,—me dijo;—desde que
aquí i o, oy odas las a des á aga po sus silen-
ciosos pa ios.
Ya i é dándo e cuen a, mi que ido A., de nues os
Paseos.
IV
¡Albe o enía azonl P on o sab ía los mo i os
esu pe manencia en es os luga es.
Hemos pasado jun os la noche; acabamos de
^Pa a nos, ylas imp esiones que he expe imen ado
u an e ella apénas si me da án luga al eposo ne-
Cesa io pa a que odo pueda e e í elo.
Como e decia en mi an e io , uimos du an e á-
/as a des al monas e io. Hace pocos dias, al llega
su casa, lo i ex emadamen e pálido, pe o con esa
—44 —
ama illez p opia de las an iguas escul u as. Su mi-
ada e a anquila, ylas lige as in as ioladas que
o maban un cí culo al ededo de sus ojos hadan
esal a aun más la in ensa neg u a de aquéllos.
La exp esión oda de su cabeza e a eposada, de
una se enidad sob ena u al.
Ápoco de habe me sen ado jun o áél, me cogió
las manos yme dijo con un acen o más débil que el
acos umb ado:
—Voy ádebe e mi úl ima dicha. No c eí que la
log a ía.... Ha llegado ya el momen o de que hablán-
do e dé ienda suel a ámi dolo ; mis he idas se ab i-
án de nue o ymis dolo es han de exace ba se.... |No
impo a! En es e mismo padece encon a é mi úl i-
ma elicidad. jSi ie as cuán o he suspi ado po es e
momen o!
Has a aho a, que eia lejano el in de es a ama -
ga exis encia, he podido sob elle a mis dolo es sin
con ia los ánadie; pe o hoy que eo ace ca se el dia
en que mis ojos se ce a án pa a siemp e, yaho a
que sien o el helado háli o de la mue e en o no
mió, no quie o aumen a mi ma i io con el silen-
cio.... Todo.... odo as ásabe lo.
Yo, amigo A., no sabía qué con es a le; es aba
a u dido, mejo dicho, dominado.
Al conclui su úl ima ase lo i le an a se, di i-
giéndose áun pupi e que es aba en la habi ación in-
media a: sacó de él unos papeles, y ol iendo de nue-
o.á su asien o, después de o dena los yde sepa a
algunos de en e ellos, me dijo:
—Hé aquí mi alma oda.... oda. Aho a, escucha.
—45 —
Y
¿Te acue das de aquella niña que i ía en S. jun o
¿la casa de mis pad es? Como sabes, pasamos jun-
os los p ime os años de nues a in ancia yde nues-
aju en ud. Siemp e es ábamos unidos.
Jun os jugábamos; jun os salíamos al campo.
Mien as ella cogía amapolas ycampanillas blan-
cas, yo le ap isionaba las ma iposas de más b illan-
es colo es.
Es a ida inocen e éín ima, que, con undiéndolo
l°do, nos iba insensiblemen e ace cando, llegó un
día áapode a se de al modo de los dos, que ué el
^queb an able lazo de nues a unión pa a lo po -
eni .
Pasó iempo. Ma ía e a ya una muje : nada más
Pu o yco ec o que el aso que, po deci lo así, en-
ce aba su alma.
Había en ella algo de la imidez y aguedad que
elco azón sien e, pe o que los labios no pueden
exp esa jamás.
Has líneas de su con o no áun no es aban de e -
minadas: había, po deci lo así, que adi ina las.
Su cabeza eco daba las de esas Ví genes nee lan-
desas azadas po Van-Eyck óMemling; mís icas,
se enas, pu ísimas.
Comunicaba conmigo odos sus inocen es place es,
SUs pue iles deseos.
¡Cuán as eces suspi ó conmigo po es i el p i-
me aje la go! Es o, pa a ella, e a el comienzo de
—52 —
pája os sin ai e en que ola , como las almas sin el
alien o de amo que las anima; ú e es la uen e de
mi ida, la causa de mi exis encia, ycuando odo es o
me al a a ycuando yo no pudie a anega me en la
luz de us pupilas, ni aspi a el pe ume de us la-
bios, yo mo i ia como las lo es, como los pája os,
como las almas. Pe o nó, yo no me sepa o de í; es
muy co a la dis ancia de un ex emo á o o del mun-
do pa a que se ompa el ínculo que une las nues as:
al amanece espe a é álos uiseño es ylas golond i-
nas, yde sus inos yde sus agas a monías aduci é
us palab as. Cuando el sol comience áocul a se yen
el océano de su luz eas lo a las encendidas chispas
de sus ayos, en cada uno de esos b illan es á omos
pod é lee us deseos, us inquie udes y us ensue-
ños; ycuando allá, enmedio de la noche, las es-
ellas i ilen y iemblen en el ondo oscu o del cielo,
con mis ojos ijos en su incie a luz, las con empla é
ex asiado eco dando el ulgo de us pupilas. Pasa-
án algunos momen os de esos que en el mezquino
lenguaje de la ie a se llaman dias, meses, años, y
ol e é á í pa a es a siemp e como aho a, pa a i-
i como has a aquí, con undidas nues as almas,
nues as dichas ynues os place es. ¿No es cie o,
Ma ía, que ú ha ás lo mismo al amanece , du an e
el c epúsculo yen el silencio de la noche?
—No me lo p egun es, ú lo sabes,—me dijo con
is eza.
Cuando Albe o p onunció es as úl imas palab as,
un p o undo gemido se escapó de su alma, sus ojos
se ce a on, y, con la cabeza caida sob e su pecho,
—53 —
pe maneció algunos momen os: pasados és os la le-
an ó, yenjugando las lág imas que esbalaban po
sus mejillas, sepa ó los cabellos que caian sob e su
en e ycon inuó su ela o.
—Llegamos, po in, al salón al iempo de con-
clui se un wals, ynos con undimos con las pa ejas que
paseaban. Pocos momen os después oí el sonido de un
eloj.... ¡E an las cua o déla mañana! Los dos, co-
cao he idos po una misma idea, nos es emecimos.
Alas cinco enía que pa i .
Habia llegado el momen o de nues a sepa ación.
No es posible que mis palab as puedan hace e com-
p ende , con inuó Albe o, lo que pasó en aquellos
omen os en e los dos, po que el lenguaje de la
be a no ha sido nunca el medio de exp esión de las
almas. ¿Qué sen ian las nues as? No lo sé, pe o habia
algo que nos ahogaba. Los dos, asidos del b azo, c u-
zamos po aquel mundo e iginoso, sin que ni óun
su hi ien e zumbido dis aje a en lo más mínimo
nues os pensamien os.
Guando llegamos al ex emo del salón, el pad e
de Ma ía salió ánues o encuen o: no ecue do am-
poco qué me dijo, ni lo que hablamos; sólo sí que,
Pasados algunos ins an es, mis manos op imie on
°| as blancas yye as como el alabas o; después la
V1 oscila ycub i se el os o, cayendo des anecida
sob e un di an.
Después de es o, igno o lo que po mí pasó.
54 —
VII
E an las cinco de la mañana cuando salí de....
Después de muchas ho as de camino, la po e-
zuela de mi coche se ab ió: oí oces con usas, alga-
za a ex aña; somb as que pasaban po delan e de mí
iluminadas sinies amen e po las is es y emblo o-
sas lucecillas de algunos sucios a oles que p e endían
alumb a una especie de an o ió, desman elado,
lúgub e, bajo cuyo echo pa ó el en. Ilabia llegado
al é mino de mi iaje
De nue o ol ió Albe o ácalla . Su agi ación e a
c ecien e ysu pecbo se dep imía yele aba p ecipi a-
damen e. Los es ue zos que había hecho du an e su
ela o hicie on apa ece en sus mejillas unas in as
osadas que con as aban de una mane a ex aña con
la palidez de su os o. E a un cadá e , den o del
cual luchaba un alma en e ma. Sus ojos se eian hun-
didos en un cí culo ioláceo, casi neg o, en las som-
b as p oyec adas po sus pes añas, bajas en ónces.
Yo emí que pudie a sob e eni le algún acceso,
hijo de su en e medad, yle dije:
—Veo que e has exci ado mucho du aü e u is e
na ación, yc eo que debe ías descansa pa a que
mañana puedas con inua la con más calma.
—¡Oh! no lo c eas, —me con es ó,—es e es mi es-
ado habi ual.... ysi ámañana espe o.... ¡quizás sea
a de pa a conclui la, yán es e dije que es a se á mi
úl ima dicha! Has a aquí,—con inuó,— mis su imien*
os e an sopo ables, po que su ecue do me hubie a
p es ado ue zas pa a i i ; pe o ya desde el co-
mienzo de es a segunda pa le ¡es imposible!
Es a úl ima ase la p onunció<con un acen o al
de con icción y i meza, que me hizo es emece .
Después p osiguió de es a sue e:
—Pasa on algunos dias; la lec u a de sus ca as
e a mi mayo dicha; yno c eas que es o solamen e
Po algunos momen os, pues al esc ibi las me ence-
laba en mi despacho ysiemp e a dé en lee las mu-
chas ho as, bo ando á eces sus englones con mis
besos ycon mis lág imas. Su amo ya no podía pe -
manece ocul o en el pecho yse mani es aba en odos
SUs ac os, pensamien os ydeseos. ¡Qué i esis ible
encan o el de sus palab as! ¡Qué cúmulo de inocen es
1osiones yde soñado as quime as pa a lo po eni !
IQué ho izon es de elicidad los que ella descub ía
ams ojos de mi alma!
Todo lo ol idaba en onces; su igu a apa ecía á
j
1 isla des aneciendo las inieblas de mi co azón:
°s ecue dos de aquellos dias pasados no e an ya
a i izado es, pues mi amo se los imaginaba ac-
jj Q
aes>Pas ándoles odo el celes ial embeleso de las
° as en iue pasa on. La úl ima palab a de amo
(je
eJ o ó de sus labios aquella noche del baile, ánles
^nues a sepa ación, palpi aba con la misma ue za
mi]
01
]
8°^os’«eolia do a en mis ojos sus ine ables
es
a< as y* po úl imo, mis pensamien os, mis amo-
d0ensueños, enacían ásu i i icado ecue -
disi 7° ai! 0í*0s es os deli ios que en ónces
PaJan mi is eza habían de se al poco iempo
—56 —
los más ho ibles yc ueles o cedo es de mi dicha.
VIII
Todos los dias llegaban ámi pode ca as suyas;
puedes, po lo an o, imagina e cuál se ía mi dolo
cuando el oc a o de nues a sepa ación lo i mo i
sin que la ecibie a.
Aquella noche no do mí. Fal aba ámi alma ai e
que espi a . Al dia siguien e, agobiado po mi do-
lo , eia pone se el sol desde una en ana de mi ha-
bi ación, an dis aído con mis su imien os, que no
ad e í, has a e lo ámi lado, áun si ien e queme
en egó un eleg ama: lo ab í p ecipi adamen e....
e a de mi pad e: «Vén inmedia amen e, decía, u je
u p esencia.»
Cuando leí es a ase lo único que pensé e a que
iba á e áMa ía. De seguida me le an ó, ycomo ayu-
dado po ue zas desconocidas, pe o gigan es, en un
momen o quedó a eglado mi equipaje. Aquella mis-
ma noche me puse en camino .
IX
Voy áempeza el ela o de la úl ima e apa de mi
desdicha: desde es e dia el mundo ha apa ecido an e
mis ojos cubie o con un ho ible suda io de lag i-
mas y ehemen ísimos pesa es, que no me han aban-
donado, ydesde en ónces odo cuan o me odea es
an is e, lúgub e ysomb ío como mi exis encia.
—57 -
No ecue do si he dicho que es ábamos en lo
más c udo del in ie no. La noche que salí de.... no
podia se más oscu a ysomb ía; ni una es ella b i-
llaba en el cielo, ylas más densas yneg uzcas nie-
blas me odeaban.
A ancó el en y u e la sue e de que nadie me hi-
cie a compañía. Iba yo solo den o de aquel coche;
de o ma semejan e al de una c ip a, no ecibía
más luz que la desp endida de una emblo osa luce-
cdla cuyos débiles ayos se il aban á ia és de un
sucio aso de c is al. El ió e a in enso, yla oscu i-
dad que me en ol ía an p o unda, que el cielo con
sus nubes yla ie a con sus á boles e an odos del
mismo neg o colo . Yí pasa elozmen e, á a és de
l°sc is ales de mi coche, un bosque de gigan escos
Pmos, yme pa ecie on como un enjamb e de an as-
naas,de espec os neg os y a ídicos abo ados po las
inieblas.
Alas pocas ho as de camino los silbidos del en-
da al aumen aban el e o de nues a ma cha, yel
Monó ono ypesado cae de algunas g uesas go as de
aSua sob e los c is ales yel echo de mi coche anun-
Clai'°n lo p óximo de la empes ad. Caían an pesada-
men e cual si ue an go as de plomo. El ien o dejó
esilba ysus quejidos se con i ie on en ho íso-
n°syp olongados uenos....
¡Qué noche an ho ible! Cuando me i solo, en-
^nel o en e aquel o bellino o mado po el hu acán
as inieblas, aquel disco dan e himno esonaba pa-
Rosamen e en lo más ín imo de mi sé , despe ando
as más somb ías y a ídicas imágenes. Cien eces leí
8
—58 —
el eleg ama de mi pad e, yde su lec u a siemp e
su gían de mi alma los más sinies os y is es p esen-
imien os. En egado áes as e lexiones, me iba ya
ace cando al é mino de mi iaje. ‘
—Yo la e é, —pensaba;—sald á ámi encuen-
o.... goza emos o a ez de aquellos incompa ables
momen os de amo .... ecoge é sus mi adas.... aspi-
a é su alien o.... enloquece é de dicha, y.... ya no
nos sepa a emos jamás....
Así pensando, sin que un ins an e siquie a se
apa ase su ecue do de mi men e, llegamos áS. Sal-
é de mi coche, y, sin cuida me de la empes ad, me
di igí hácia la casa de Ma ía.
E a és a un an iguo case ón, cuya se e a áb i-
ca, más se e a aún po las oscu as in as que el
iempo al pasa habia dejado imp esasen sus. mu os
de g ani o, se le an aba imponen e, é ica, en una pe-
queña plaza de.... En los momen os en que yo a a e-
sé la ciudad, bien po lo empes uoso de la noche,
bien po lo a anzado de la ho a, ni un alma se eia
ansi a po sus lób egas y o cidas calles: el ien o
habia apagado las luces, yla misma oscu idad que
me acompañó du an e mi iaje con inuaba en de e-
do mió. Di is a ála plaza yno puedo deci e lo que
po mí pasó: á eces me es emecía como si una e-
licidad desconocida me espe a a; o as expe imen aba
un desalien o, una is eza an p o unda, que me e a
imposible con inua mis pasos. La achada de la casa
apa eció ámis ojos áuu más é ica. Las amas de los
á boles de su ja dín, que caian po cima de las a-
pias, ocul ábanlas ejas de sus en anas, en ol iendo
la pa e mayo del edi icio con un denso y eneb oso
elo.
La pue a se eia ce ada po lo a anzado de la
ho a. El ien o yla llu ia, chocando en ella, liacian
echina sus enmohecidos goznes, ylas made as c u-
jían como si es u ie an p óximas ásal a . De p on o
obse é una débil cla idad á a és de la en edade a
Que cub ía una de las en anas, ysen í mi alma inun-
dada de una in ini a dicha.
—iAh, es ella que me espe a!—pensé.
Yloco, ue a de mí, me di igí áaquel si io, donde
oscilaba la luz. Los hie os es aban en elazados po
una upida ed de plan as epado as: quise sepa a -
as, mejo dicho, las a anqué u iosamen e, in-
oduje mi cabeza: mis ojos ex a iados se ija on
allá léjos.... y.... en e ec o, ¡ella me espe abal...
Albe o no ué ya dueño de sus acciones y om-
P'h állo a ; pe o nó con llan o anquilo, consolado ,
Sln°como hijas sus lág imas de la más ehemen e
desespe ación: aquel ca ác e apacible y ímido se
Mani es aba en onces iolen amen e: e a su dolo
í> la nde, pe o con esa g andeza que subyuga. Sus ojos
Ciaban ené gicos, descompues os; el alien o ap e-
ciado de su boca e a ab asado , ysus manos, que
Pasaba á eces po los cabellos, se eian ígidas yye -
as c°mo las de un cadá e .
Yo me sen í dominado; que ia habla , ¡imposible!
11 golpe seco de os le hizo lle a se el pañuelo ála
ca: a*sepa a lo obse é algunas manchas ojizas,
g°m°de sang e muj cla a; lo es echó con ulsamen e
e sus manos, y, ocul ando su cabeza en e ellas,
i
—60 —
pe maneció callado algunos momen os.... ¿Qué pen-
saba?... Dios yél lo saben.
—Voy ácon inua ,—me dijo, —es o no es nada....
Al pene a mi cabeza po las plan as que ocul á-
banla en ana mi é al in e io , yuna habi ación ló-
b ega ysomb ía ué lo p ime o que i; c ucé el pa io
con la is a, yallá al en e.... lejos.... una habi a-
ción, cubie as sus pa edes de paños neg os, yalgu-
nos ci ios, cuyas llamas oscilaban al ededo de un
cadá e . j¡ ¡E a Ma ía, sí.... Ma ía que me espe aba!!!
Mis ojos se u ba on; algo que no puedo explica me
pasó an e mi is a. Así ue emen e los hie os, y
p e endía sacudi los con ue za, con mucha ue za.
Los mo día, los golpeaba, odo en ano.
Me quedé un momen o suspenso; c eí que soñaba,
yque al despe a me con encía de que odo e a hijo
de mi imaginación ylancé una ca cajada muy p olon-
gada. Después no sé lo que pasó; sol é los hie os, ca-
yendo como he ido po un ayo al pié de la en ana.
Desde es e momen o es imposible que yo pueda
coo dina mis ideas.
Al ol e en mí me encon é en un lecho: mis
pá pados se ab ie on, yaún las inieblas con inua-
ban en o no mió. Como impulsado po una ue za
desconocida yex aña, yacome ido po un ho ible
é igo, oe lancé del lecho, di igiéndome áuna
de las en anas yla ab í: una cla idad enue iluminó
de p on o el aposen o; mi é al ciqlo, ylodo él se eia
de un ono g is oscu o.... Me pa eció dis ingui un
—61 —
sonido, yun es emecimien o ápido, pe o in enso,
me hizo embla como si hubie a sen ido el con ado
de una chispa eléc ica.
Yo oia, sí; oia una campana álo léjos, cuyas i-
b aciones pesadas, monó onas, se iban pe diendo en
el espacio: quise oi mejo , ysin cuida me de nada,
ab í los c is ales: un ien o muy ió, casi de hielo,
pene ó de p on o en la es ancia, al mismo iempo
que el eco ol ía á epe i aquellos sonidos lúgub es
Yacompasados. A o unadamen e la en ana pe e-
necía al piso bajo de mi casa yno enía, como odas
las demás, ejas: de un sal o me puse en la calle.
Algunos espec os en uel os en unos man os ám-
pliosy casi cubie os po comple o pasaban po de-
lan e de mí: o os me mi a on de una mane a incons-
cien e, es úpida, ylos más ol ían la cabeza.
Los ecos de la campana se sucedían pesadamen e:
mi é en o no mió ynada i. Si iéndome de guia
aquellos sonidos, andu e una yo a calle. Ya pe cibía
las ib aciones más p óximas.... me iba ace cando....
Un edi icio gigan esco, neg o, con al ísimas o-
es, ycomo gua dado po las más ex añas igu as,
Sll gió de epen e an e mis ojos....
A a esé con e o bajo aquel mundo de g ani o,
ln naó il cáosde somb as yde espec os, yme encon é
1};ij° una ele adísima c ip a ye a, somb ía, húmeda
c°n la humedad de un sepulc o, sos enida po una
n U’iada de gigan escas columnas, en e las que se
Veianapa ece unas mons uosas igu as abo adas
P° las inieblas.
En e an o, yo pe cibía aún el lúgub e zumbido
Ing a i ud 11>
En e unos iejos papeles que inie on ámis ma-
,l0s después de la mue e de F . Miguel de los San-
0s>monje del insigne con en o de San Isido o del
a n Po, halle un legajo más an iguo que los demás
Que se daba no icia del hecho que si e de basa á
saleyenda: es imándolo cu ioso, ya que nó in e e-
^nie, he c eído, lec o bené olo, que pod ía se i e
i
£ al°solaz, yá í lo encomiendo con sólo es e ob-
°; aho a lee yjuzga.
II
i® Ao ih°S• u®"0s.Flo ales celeb ados el 6de Ab il de 1880, po
a®°0 a dn cen?la Se illana de Buenas Le as, me eció es a leyenda
^Ue Po e
,,lm P esa con las composiciones p emiadas, apesa
b**s con io- a,se esc ila en p osa ue conside ada como ue a
alciones del ce amen.—
N
o a del E.
—70 -
de 1547, un homb e ya en ado en años yse e a-
men e es ido con aje de caballe o, acababa de
llega ála en ada del puen e de ba cas, que unia en
lo an iguo la populosa Se illa con el ex enso ba io
de T iana.
Pa óse ya en es e si io, i ó sua emen e de las
iendas al caballo sob e que cabalgaba, y endiendo
su mi ada álodos lados, pa ecía con ella que e
aba ca de una ojeada el ma a illoso cuad o que an e
él se o ecía. Po una yo a pa e las gigan escas
naos su as ála sazón en el io, con sus al as y alla-
das p oas yele ados más iles; más allá las a e idas
ca abelas ondeando al ien o los blancos pendones
con las esployadas águilas; aquí el con inuo mo imien-
o de los a i icios éingenios acili ando la desca ga de
la úl ima lo a llegada de Nue a España; en es e pun-
o un g upo de soldados a en u e os que buscan pa-
saje pa a las Indias óasien o en los e cios del Em-
pe ado ; en eso o me cade es a ando la comp a
de p eciados e ec os; yes a con usión, es a alga abía?
es e mo imien o, aumen ados po los can os de la
chusma yde los ma ine os, po las oces de mando
de los cómi es, po las sal as de a ille ía: si áes o
se añade como ondo las galla das cúpulas; las in ini as
ele adas o es, én elas cuales descuella la de San a
Ma ía con sus icos ado nos mau i anos ysu gigan esca
c uz de hie o do ado; los aé eos pináculos ylas md
lechas que a ancan cual sae as colosales del ma a i'
lioso emplo; odo es e conjun o esal ando sob e n°
cielo diá ano, pu ísimo yazul, no ex aña emos cie "
amen e que aquel homb e se pa a a yde u iese-
—71 -
Sin emba go, apésa de su honda abs acción,
hubié ase podido no a cuáles obje os a aían más
enazmen e sus mi adas: no apa aba la is a de aque-
Nas gale as; quizá le eco daban.... jquién sabe!
Hubo un momen o en que hundió, po deci lo así,
sucabeza en e los homb os, yuna lág ima, odando
Po su a ezado os o, pe dióse en e los plieges de
suoscu o jubón.
La is a de aquellos obje os despe ó en su alma
una memo ia que ida; po úl ima ez mi ó en o no
Suyo anhelan e, ca iñosamen e, cual si emiese no
ol e los á e ; inclinó la cabeza sob e el pecho y,
aguijoneandola cabalgadu a, ende ezó el puen e ade-
lan e.
III
T is e, medi abundo, en egado po comple o á
sos pensamien os, ué c uzando el a abal has a lle-
^a al campo. Ya el sol se había ocul ado, yuna de
^as noches luminosas yse enas comenzaba áesmal-
ol pu o azul del cielo con una mi íada de es ellas.
°do e a silencio y eposo, yla ine able calma de la
^u aleza al ez exace baba el ín imo dolo denues-
0caminan e; al ez en lo más hondo de su pecho
una empes ad
•
Aquel homb e con aba al pa ece sesen a años: su
°j más que de colo mo eno, se eia os ado po
le
Sol>mi ada e a aún i ísima, inquie a, b illan e;
de la del águila; la ba ba
sPupilas enían algo
-72 —
g is muy pa ecida ála que emos en los e a os de
Ca los Vpin ados po Tiziano; no e a ni al o ni o-
bus o, pe o odo en él deno aba i ilidad; sus accio-
nes angulosas, sus homb os anchos. Cub ía la cabe-
za con una go a milanesa; el o so con un jubón de
b ocado e de oscu o ypasamanos de o o; g egüescos
del mismo colo ; bo a al a de an e con o ma de pico
de pa o, a mada de g uesas espuelas: del cin o pendía
una espada lisa de dos puen es.
Iba, pues, nues o iaje o a a esando la ex ensa
ega de T iana, aci u no, sin cuida se pa a nada del
camino que seguía: de ez en cuando algunas palab as
inconexas, mezcladas con o as de di ícil p onuncia-
ción, se escapaban de sus labios, ymás de una ez se
le oyó cla amen e mu mu a : «Yo e lo p ome o.... ha
dicho el Empe ado .,..»
Después con inuó callado, comenzando ásubi la
áspe a cues a del ecino pueblo de Caslilleja. Cuando
llegó al si io en que empezaban üdis ingui se las p i-
as casas del luga , ol ió las iendas de su caballo»
di igiendo la is a ála ciudad: el silencio e a p o un-
do, la noche he mosa yse ena, el momen o solemne-
Los ecos lle aban en sus alas el oque de A e-Ma ía-
Al oi lo, descub ióse la cabeza el caminan e ycomen*
zó á eci a el Angelus.
Pocos momen os después pene aba en el pueblo-
%•
IV
Cas illeja de la Cues a e a po es e iempo p°c°
más que una aldea, cie amen e un luga on. Algún05
~73 —
caballe os de conocido sola , pe o escasos de o una,
ía habían escogido po asien o, yno e a ex año se
iesen apa ece ydescolla én elas humildes mo a-
das de los lab iegos as os case ones, des a aladas
i iendas, que se ían de e i o áes os pob es, pe o
linajudos hidalgos.
Una de es as casas, sin emba go, me ece po al-
gunos concep os nues a a ención. E a, áno duda -
lo, la mayo de odas; sus mu os se eian asgados
con g andes huecos de endidos po eno mes e jas
de hie o, del gus o oji al del siglo XV, lige as, de-
licadas, lo idísimas: bajo el g an balcón cen al, sos-
enido po canecillos ambién de hie o, lucia un g an
escudo esculpido en má mol blanco, de cuyo c es ado
yelmo se espa cían po ambos lados lo an es lam-
b equines. La pue a de oble, achonada p o usa-
men e de g andes cla os yp eciosos goznes, ce a-
da ála sazón. An e ella descabalgó nues o iaje o,
ycogiendo la aldaba, hizo és a su o icio. Álos pocos
momen os oyé onse pasos de alguien que se acé ca-
la yá a és de la eja de un en anillo abie o en
amisma pue a, ióse apa ece un os o alumb a-
po un candil.
—Si po acaso no me conocéis—¡jijo el caballe o—
ecid ásu me ced del S . Ju ado, que un hidalgo
Su amigo ha de menes e habla le.
No acabó de p onuncia es as palab as, cuando
si ien e, dando mues as de conoce al que ha-
a‘Ja, ab ió al momen o las obus as pue as, y, des-
ab iendo su cabeza de un bi e illo, inclinóse an-
eel espe uosamen e, anqueándole la en ada.
10
—74 —
i
Así llegó áCas illeja el mayo de los hé oes es-
pañoles, quien dió al Césa más p o incias que pue-
blos le lega on sus abuelos.
V
Recibió el bueno del Ju ado Alonso Rod íguez
de Medina ánues o ya conocido iaje o, con esa
leal y anca hospi alidad que en e p opios yex-
años ha sido econocida muy pa icula men e en
nues os an iguos p edeceso es. Agasajólo en ex e-
mo, si bien sin iendo, muy ásu pesa , que la esl e-
cheza de su o una le a ase de al sue e, que le ue-
a imposible hon a lo en cuan o el huésped se me e-
cia. Suplía á odo, sin emba go, el buen deseo: dióle
pa a habi ación la más cumplida pieza, la más ale-
g e, la más bien alhajada; pa a ec eo de su aba ido
ánimo, muchos y aliosos lib os, así de ciencia mili-
a como de amena ydulce poesía, sin ol ida se de
o os mís icos y eligiosos, saludable apacen amien o
del alma.
Sin emba go, la quie ud yel descanso no se com-
padecían con los a anques de aquel ca ác e em-
p endedo y ale oso.
Apesa de lo mucho su ido, de las ama gas ing a-
i udes que po doquie a le odeaban, aún enía
ue zas bas an es pa a lucha con la ad e sidad, y
g andeza de alma pa a ence su des ino.
»•
VI
Empe o necesa io es deci lo: es os b íos e an hi-
jos de su espí i u; en él sólo exis ían: cansado ya el
—7o -
cue po, anamen e hubie a in en ado emplea lo en
aquellas a e idas emp esas de o os dias. Men íale
su deseo, alucinándolo el b illo de las ideas que le
Mos aban hacede o lo que ya pa a él e a imposible.
De es a sue e i ia en aquel e i o, dis u ando déla
en u a de acend ada amis ad; si anquilo al pa e-
ce , en cons an e lucha consigo mismo.
¡Cuán as eces se le ió, al cae la a de, solo en
suaposen o, sen ado en ancho sillón, la cabeza apo-
yada sob e la mano de echa, con la izquie da suje-
ando un lib o abie o, en el que no leia, ycon la is-
a ija en el inmenso ho izon e que an e sus ojos se
desplegaba!
Oleadas de ecue dos acudían ásu men e; su
g andeza ysu pode pasados, compa ábalos con su
P esen e aislamien o; sus al os se icios con la in-
g a i ud del Césa
En uno de es os a os, ab umado po sus pensa-
mien os, po sus pesa es encida aquella ene able
Ca beza cayó sob e el pecho; los pá pados se en o -
na on, yla an asía, ompiendo los enos de la ea-
1ad> espaciábase po donde el espí i u anhelaba.
Soñó aquel homb e es a ue a de su pa ia. Vas-
es
ClU ^adde ex aña cons ucción ycon ex añas gen-
Clo
0 odeaban; po albe gue enía un colosal pala-
5oí nado de mis e iosas igu as esculpidas, unas
m adas, o as de pié en iolen as ac i udes,
aob i
os de o mes.
bu °DIe cue P°shumanos, mons uosas cabezas;
sos dp n . con jas auces con aidas en una
-76 —
e e na mueca de dolo óde bu la; pe o odos gigan-
escos, semejan es al sueño de un i án.
Su in e io esplandecía; los echos e an de o o,
así como las pa edes; nume osas pin u as, con inex-
piicables£signos, espa cidas po los macizos y obus-
os pila es que sus en aban la áb ica.
Bajo ámplio pabellón, ejido con polic omas plu-
mas, en un escabel de o o, en iquecido de aliosas
ped e ías, es aba él sen ado.
Apues os gue e os, e es idos con b illan es a -
madu as; is osos pajecillos con blasonadas dalmá i-
cas; ene ables eligiosos con sus cenicien os óblan-
cos hábi os le odeaban. Todo un pueblo, con sus
ma onas y a ones, acudía, p os e nándose an e él,
pa a endi le el homenaje de su admi ación ysu es-
pe o. Yála cabeza de es a abiga ada muchedum-
b e, de es e deslumb ado conjun o, espléndidamen-
e a a iado con una pompa ylujo ex ao dina ios,
lle ando sob e los homb os pu pú eo man o yen
sus sienes la impe ial diadema, un homb e de a lé i-
co al pa que noble aspec o, llegando has a las g a-
das del sólio, ponía ásus piés el glo ioso o eo de
un nue o mundo. Él e a el á bi o, kel seño de aquel
inmenso pueblo, que había conquis ado con su ic o-
iosa espada, legando ála his o ia de su pa ia las
inmo ales páginas del G ijalba, de Tabasco yde
O umba . . .
Aquel p odigioso cuad o ué desapa eciendo len-
amen e, dando luga áo o; ambién de] halagado as
o mas.
Eno me gale a, desplegando al ien o sus gigan-
—77 —
leseas elas, hiende las aguas: en su alcáza de p oa,
en uel o en ancho aba do y ecos ado en la bo da,
con emplaba aquel homb e el g andioso conjun o que
°b’ecia la g an lo a p eñada de iquezas, que bajo
su mando seguía el de o e o de España. ...
Después populosa ciudad se mues a an e sus
°jos; las naos acele an su ma cha, las músicas de á
bo do se unen ycon unden con las de la población,
las sal as de a ille ía a uenan el espacio, odo el
pueblo p o umpe en calu osos í o es, el júbilo es
indesc ip ible, el en usiasmo ilimi ado, el cuad o
^a a illoso. La có e allí esiden e ha acudido am-
len á ibu a su homenaje de espe o al ic o ioso
conquis ado . Apiñada]mulli ud, cubie a de a mas,
ecados y e ciopelos, apa ece an e su is a. Delan-
e de lodos, en sobe bio pala én, cuyas b idas suje-
an dos pajes, ycobijado po un iquísimo palio, es á
elEmpe ado .
Seguido de sus capi anes yde a as gen es, cuyos
cazos ycuellos es án ado nados po láminas de o o,
!Us cabellos con plumas yla cin u a con is osos pa-
c*ecolo es, hácia aquél se adelan a el ilus e cau-
e|p° :*lace demos ación de hinca la odilla, pe o
besa le ecibe en sus b azos. Mon a después en
J10so caballo, yála dies a del mismo Cá los V,
suido de oda la g andeza española yde los o-
0s de su ic o ia, pene an en la ciudad. .. .
^lj ^sus ojos el ene able anciano yhuye on
Su Dleil e an halagüeñas an asías. Vióse, po el
—84 —
esc ibano público de la illa de San iponce, ex endió
es imonio de la solemne en ega, ydespués de leída
y i mada po los ci ados magna es yse ido es,
p ocedióse al sepelio en el en e amien o de los Du-
ques de Medina-Sidonia.
Llegó la noche: el silencio más p o undo einaba
en el emplo; nada pa ecía indica que aquellas ías
losas ence aban el cue po de un homb e pa a el
cual ué es echo un dia el ámbi o de la ie a, ycu-
ya memo ia se á impe ecede a en los anales de
la humanidad.
IX
#
Has a aquí, lec o bené olo, he ido ex ac ando
del manusc i o de F . Miguel de los San os aquellos
po meno es que he juzgado pod ían ya escla ece los
hechos sob e que es iba es a e dade a elación, ya
aquellos que he conside ado como de algún in e és.
Mas aho a, si no con las mismas palab as que el cu-
ioso monje, pienso con inua mi ela o, ciñéndome
al suyo más es echamen e.
La noche del 11 de No iemb e de 1548 una ho-
o osa empes ad se desencadenaba sob e el mo-
nas e io de San Isido o del Campo.
El cielo, oscu ísimo, en ol ía en densas somb as
odo el edi icio, que súbi a y ecuen emen e e a ilu-
minado po el i o ulgo de los elámpagos; las i-
d ie as de la iglesia se es emecían al u ioso choque
del ien o ydel agua, pa eciendo que las igu as de
los san os en ellas pin ados se animaban, pugnando
—85 —
po desasi se de los mismos id ios. La lámpa a que
s dia delan e del e ablo mayo , agi ada ambién po
el ien o, oscilaba cual si la impeliese el soplo de un
gigan e.
Las epidaciones de la o men a hacian embla
al os pila es del emplo; las iejas made as de los
al a es c ujían, pa eciendo á eces que iban ádes-
p ende se de los mu os. Un bul o blanco, casi in o -
ooo, sedislinguia con usamen e en medio de aquella os-
cu idacl, p óximo áuno de los e ablos: e a F . Juan
la Mise ico dia, que es aba cumpliendo una peni-
eneia ,impues a po habé sele encon I ado en su celda
Un lib o lu e ano (1), el cual ué es igo del p odigio
copiamos de F . Miguel de los San os.
En medio de aquella oscu idad, de aquella espan-
iosa lucha délos elemen os, hubo un ins an e en que
el buen monje-peni en e se a e ó. Sus ojos, ijos en el
an 'guo e ablo mayo , c eye on e que poco ápoco
ibanse animando las ígidas igu as de a zobispos,
^a ices ydemás san os que en él se eian ep esen-
°s; los ondos de o o sob e que esal aban adqui-
nun b illo ex ao dina io, al pa que sinies o:
Huellos opajes, plegados en una e e na inmo ilidad,
con le onsus angulosos con o nos; los a ibu os que
de SUsmanos suje aban iban adqui iéndola o ma
0 eal; los bu dos sayales, lo mismo que las dal-
‘cas de los diáconos; las plu iales capas, de igual
^^que las ace adas a madu as, agi ábanse len a-
/1)TT
¿eDesc ipción de la p o incia de Andalucía déla Com
‘ade Jesús
Se illa »P° el P. Ma in de Roa. MS.—Biblio eca Uni e si a-
—86 —
men e, cual si un pode oso soplo de ida los eani-
mase: has a los ángeles colocados al ededo del e a-
blo, con sus ojizas alas casi pe pendicula es, hechas
ála mane a bizan ina, las desplegaban en onces, y
las esme aldas y ubíes de sus ín ulas de o o ilumi-
na on sus ubias enso ijadas cabelle as. Todo el ábsi-
de, en in, apa ecía en uel o en una aga éinde ini-
ble luz, aumen ada áin e alos po el lí ido esplan-
do de los elámpagos. Ádesho a un uido so do, co-
mo de algo que echinase, ue pe cibiéndose p óximo
álas g adas del p esbi e io; las losas del pa imen o
sepa á onse po aquel si io has a descub i una p o-
unda ca idad, más que somb ía, neg a, de la cual
se escapaba un enue apo ió, helado, semejan e al
que exhala una umba ce ada po mucho iempo.
Aquella niebla disipóse, los silla es de la bó eda c u-
jie on con un sonido es iden e, yuna igu a en uel-
a en amplio man o blanco mos óse de epen e con
el b azode echo le an ado en ac i ud amenazado a....
Sus cabellos g ises deso denados; sus pupilas b illan-
es; los labios con aidos ne iosamen e.... En aquel
momen o ugia con más iolencia la empes ad, ylos
ulgo es eléc icos alumb a on el espec o de He nán
Co és, que súbi o despa eció déla is a del ho o i-
zado monje
X
Al siguien e dia se supo po unos caminan es,
quienes ála ho a de es a apa ición se di igían áSe-
—87 —
illa, que a eba ada po el hu acán yen uel a en
su neg o o bellino, ie on la o ma de un homb e
cubie o con un blanco man o, cuya elación ino á
co obo a lo na ado po F . Juan de la Mise ico -
dia, enido como apóc i o po los demás eligiosos.
Aquella noche e a el quin o ani e sa io de la p o-
cesa hecha po Ca los VáHe nán Co és de hace le
Jus icia, p emiándole la conquis a del impe io meji-
cano.
XI
El mismo dia yála misma ho a que ocu ía el an e-
suceso, en una cáma a del an iguo alcáza de
adnd eíase un homb e de pié p óximo áuna mesa,
611 la que apoyaba su mano izquie da, con emplando
P o undamen e las o uosas líneas de una eno me
ca a geog á ica sob e aquélla ex endida. El conjun o
'Jue o ecía la es ancia e a el más he e ogéneo. Ricos
Suadamaciles de Có doba, g andes e a os de pe so-
n^eS Pin ados sobe biamen e, piezas de a ma y
aPus de los einos de F ancia éI alia yEs ados ale-
ji^
,es5cub ían los mu os. Po el suelo oluminosos
08 espa cidos, ypo acá yallá diseminados nume-
s elojes, clepsid as y a os ins umen os de me-
Sa ,
lca ‘Muel aposen o an o pa ecía habi ado po un
ho ní
C°mo Po un P0(ie oso. Cada ez es aba el
in i-
emas abs aído en sus ca ilaciones: con el dedo
UlC lCg,! ’
quel .
su man°de echa iba á eces siguiendo las
;.^dciS llíl íí £HpI mnnn mn mn an/ln ni nn :
ini
aUas üueas del mapa, mu mu ando al pa ases
e1Sibles; o as leia en un ollo manusc i o, ol-
—88 —
iendo después la is a hácia el si io que su dedo
ma caba. Así es u o du an e algún iempo, has a un
ins an e en que uno de los elojes comenzó ásona ;
ol ióse de epen e, di igiéndose áél; pocos segundos
después, o o, señalando la ho a délas diez, epi ió los
mismos golpes que el an e io . El co lo in e alo que
había mediado en e el oque de ambos lo con a ió
sin duda, pues su semblan e, an es anquilo, demu-
dóse en una exp esión somb ía al pa que sa cás ica,
ycon la is a cla ada en las dos es e as dijo en e sí:
«¡Necio de mí! ¡Quie o que las naciones odas ma -
chen aco des, yno puedo consegui lo ni áun con dos
mise ables elojes!...»
Se di igió después hácia la mesa, yal i á oma un
lib o opeza on sus manos con un papel p o usa-
men e esc i o, que dis ajo su a ención; omólo, leyen-
do su comienzo; e a una ca a de D. Ma in Co és, en
que, después de his o ia los señalados hechos de su
pad e, pedíale las me cedes que un iempo o eció
áés e como jus o p emio, yque aún no había
cumplido el Césa . «¡Yá es la de!...» mu mu ó con
acen o desdeñoso. Sin emba go, no e a desden lo
que aquel homb e sen ía en lo más ín imo de su
sé : quizá de es e modo, engañándose ásí p opio,
c ee ía acalla el g i o de su debe , yex ingui un
emo dimien o que desde la mue e del he óico con-
quis ado lo ab umaba incesan emen e. Alguien que
en es os momen os hubie a es ado p óximo áél, ha-
b ía podido obse a cómo emblaba aquel b azo
dominado del mundo al simple con ado de un na i'
se able papel: al ez pesaba mucho lo que en é
—89 —
se con enía, acaso las glo ias de aquellas páginas
alumb aban la oscu idad de su conciencia. ..
Dejó cae el esc i o, buscando de nue o su lib o
de ho as; cuando lo u o en la mano di igióse con
a d° paso hacia un eclina o io, en que bajo ico
diesel esal aba un C is o de ma il: a odillóse, y
casi au omá icamen e comenzó á eco e sus hojas;
de p on o se de u o, pa ando la is a en el salmo
Que empieza De 'p o anáis clamad adíe Domine —
domine exhaudi ocem meam; mu mu aba so da-
men e el Empe ado
La luz de una lámpa a po á il chispo o eaba, y
ds inieblas en ol ían po comple o el aposen o. Sin
a se cuen a de lo que hacía, su oz iba al e ándose
° ins an es; ca e nosa ya, con inuó epi iendo el
Sd 'm°con ex ao dina ia apidez. Cuando hubo lie—
Sado óla es o a Suslinui anima mea in e bo ejus,
a ú ose, ycon el semblan e desencajado, emblo o-
S03pálido yye o, mi ó en o no suyo....
j
••••Allá en un ángulo de la cáma a, yen medio de
0scu idad, esal aba algo, algo que no que ía e ;
maí>apesa de sus es ue zos, allí se di igían sus mi-
aas’cualsi una a acción po en e ymis e iosa lo
encadenase. De una mane a len a comenzó ádibu-
je con más exac i ud aquella con usa somb a, alos-
ándose, po úl imo, el mismo espec o que segun-
£°sdll es abandonaba su umba en San Isido o del
l
,. La a ídica ya e ado a isión iba adelan-
°se pausadamen e has a el eclina o io, ymién-
Uc
el Empe ado oia una oz en sus oidos epi-
11 ole es as palab as: «Yo p ome o hace e jus i—
12
—90 -
cia.... e hon a é como me eces »Es as mismas
ases p onunció él mismo hacía cua o años. «Sí....
sí.... lo he dicho.... ¡Pe dón, pe dón!» mu mu aba
espan ado Cá los V
Den o de su pecho agi ábase el co azón ap e-
su adamen e; sus sienes emblaban; secos los labios,
descompues o el cabello, ab umado, en in, quiso
e ocede , al á onle las ue zas ycayó
El uido que p odujo, al desploma se, su cue po
a ajo álas pe sonas de su se idumb e que en la pie-
za inmedia a elaban.
Aún a día la lámpa a sób ela mesa; con es a dé-
bil luz dis inguie on álos piés del eclina o io la
con usa igu a del Empe ado . Le an á onlo, mi ó
en o no suyo con sob esal o, inquie a, ansiosa-
men e, como si buscase algo.
—Nó.... no ha sido nada,—decía ásus se ido-
es.— La a mós e a de es a cáma a me ahoga.... dis-
ponedlo odo.... es necesa io.... sí.... quie o espi a
o os ai es....
—¿Dónde desea i V. M.?
—A Yus e....—con es ó lúgub emen e.»
Pasó algún iempo sin que el Empe ado pudie-
se ealiza su deseo. El dia 5de Feb e o de 1555 lo
ió cumplido al in.
—91 —
Hé aquí, lec o , lo esc i o po F . Miguel de los
San os. Si po acaso dudases de su e acidad, consi-
de a que mayo es espec os su gen á eces de lo p o-
undo de la conciencia humana, oscu ecida gene al-
men e en los pode osos po las somb as de la ing a-
i ud.
¡¡A To ijosü
Todos aquellos luga es ecuen ados po ella,
yhas a los m&8 insigni ican es obje os que u ie-
on elación con noso os en' los dias en u osos
que pasa on, inie on áse después de nues a
scpa aoion mis más c ueles o cedo es....
Se illa conse a aún en e sus ies as popula es
Iade una ome ía que se celeb a anualmen e en los
cua o domingos del mes de Oc ub e, yque se di ige
áun pin o esco san ua io dis an e de la ciudad una
’egua p óximamen e.
En lo an iguo omaban pa e en es as expedicio-
lles nnedio eligiosas, medio p o anas, las clases o-
as de la sociedad; hoy el pueblo, que sabe aún con-
Sei a la en es las adiciones ylos ecue dos; que
Se apega yenca iña, llegando á o ma con ellos las
she mosas páginas de su his o ia, es el único que
acude áes as ies as, sal ándolas, pa a o una nues-
Ja’unamue e segu a. Y, en e ec o, no bien lle-
gan ales dias, ad ié ese en los ba ios ex emos de
Cl,idad una animación ymo imien o ex ao dina-
10í5 ‘^ a és de las mal echas celosías de mise ables
—100 -
—Nó,—decían o as*—unas solea es.
Espe anza seguía callada; yo no qui aba los ojos
de ella, pa eciéndome, no sé po qué sec e o mis e-
io, que los pensamien os que c uzaban po su men-
e es aban muy dis an es de aquel si io.
Po in, ol ie on odos áins a le que can ase.
Uno de los mozos, que e a conocido mió, se le
ace có, hablóle al oido no sé qué cosa, y, ol iéndo-
se álos demás, dijo con cie o ai e de iun o:
—Ya a ácan a ; Ca men, oca unas solea es.
Todo quedó en silencio; las palmas comenza on
áacompaña ála gui a a, que Cá men ocaba de una
mane a singula .
—¡Vamos allá! ¡ amos allá! ¡ay, su boca! ¡anda,
anda, ma esila!
Al cabo dejóse oi la oz de Espe anza, can ando
es a copla:
lln ma de peni as lle o
En el ondo de mi alma;
Cuando sube la ma ea,
Po los ojos sale el agua.
—¡Ole/ ¡ole!— epi ie on mil eces odos, al pa
que aplaudían ené icamen e.
—¡Venga ino, y i a la aleg ía, y i a la g asia
—g i ó uno de los gachos.
O a segunda ba ea llegó al ca o; mién as an'
o yo, a i ado po una g an cu iosidad, me ace qué
al mozo que había hecho can a áEspe anza con sólo
habla ásu oido yle dije:
—Vén, Pablo; ¿quie es deci me si esa muchacha
es á en e ma?
—101 —
—Calle us ed, seño i o; si lo que le pasa es una
his o ia como esas que salen en los ea os: la in eliz
iene muchos in undiósenla cabeza, yno quie econ-
ence se nunca de lo que se le dice.
—Pe o ¿qué le pasa?—p egun é de nue o.
—Casi nada,—me con es ó;—se le ha me ido en
la cabeza que e áun seño i o, yahí es á odo; e á
us ed,—con inuó:—Hace cua o años ol íamos de
To ijos; yo iba con ella ambién, yya de uel a de
Ve al C is o epa é en un seño i o que enía de ás
de noso os mi ando mucho hácia el ca o; en a-
dos en Se illa yél siguiéndonos; llegamos al co-
al de la C uz, donde casi odos i imos, yel hom-
b e no se sepa ó del po al has a que en amos. Á
los pocos dias, una noche enía yo de mi abajo y
V1 áEspe anza hablando con él, yasí co ie on las co-
sas>has a que ya se empezó ádeci que és a se casaba
c°n el seño i o. Todo se a egló: saca on los papeles,
yla muchacha es aba loca de con en o, po que se-
pa us ed que Espe anzilla llegó áenamo a se de aquel
omb e de una mane a a oz; pe o cuando odo es a-
adispues o, cá ese us ed ahi que de p on o desapa e-
ce aquél, ypasa on dias ydias, yla pob e muchacha
®sPe ando siemp e. Al in se a e iguó que lospa ien-
de él, cuando supie on lo que iba ápasa , lo
danda on allá áunas ie as muy lejanas ydesde
ddónces ni se aco dó más de Espe anza ni se supo
aade él. Ella comenzó áen is ece , po que hay
dUlendice que.,., amos, ya us ed me en iende. Así
nJa pasados nada ménos que cua o años, con-
udiéndose dia po dia como una pa esi a. Noso os
—102 —
al p on o c eimos que con el iempo se le bo a ía
odo es o; pe o ¡que si quie es! cada ez peo ; mién-
as más años, ella más is e, has a el pun o que
no puede us ed igu a se lo que es necesa io hace
pa a consegui que ome pa e en alguna de nues as
ies as. Ála ue za la hemos aido es a la de; po
nada del mundo que ía eni ; pe o al in lo conse-
guimos, yya us ed ha is o que no puede adelan a -
se nada con ella: ni habla, ni can a, ni se aleg a, y
lo peo es que han dicho los médicos que la pob e-
cilla no a ádu a mucho.
—Pablillo, ¿qué es ás ahí hablando? Anda ya, que
nos amos—dije on algunas oces de muje al llega
mi in e locu o áes e pun o.
—Ea, pues andando,—con es ó és e.
Despidióse de mí; agi ó ue emen e el emb eado
hachón que lle aba en la mano pa a a i a su lum-
b e; mon ó en su caballo, y, colocándose ála zaga
del ca o, se pusie on de nue o odos en ma cha,
enmedio del uido de gui a as, pande e as ycan es.
*
Pablillo es aba muy dis an e de imagina la im-
p esión que su ela o había hecho en mí. Me quedé
pensa i o sin ace a ámo e me de aquel si io, pu-
o de p on o oí álo léjos la oz casi pe dida de Es-
pe anza, que can aba:
No pie da espe anza,
No pie da espe anza,
Que en un pozi o hondi o
La sogui a alcanza.
Se illa.—Ab il-Se iemb e, 1881.
Magdalena
Mi amigo Juan conoce un sinnúme o de his o ie-
asjque yo me complazco oyéndoselas na a en los
Pocos momen os de expansión que se pe mi e ene ,
hace muchas a des me e i ió lo siguien e:
Magdalena con a ia escasamen e diez yseis años.
Pe dió Asus pad es, quedando hué ana, pe o no
sola. Tenía dos he manos: el mayo , En ique, de
el meno , Luis, de ocho. Todos los dias iba
a abaja , cosiendo en casa de los Condes de L.
‘umise able jo nal apénas e a bas an e pa a que pa-
ííase el ugu io que les se ía de i ienda; pe o Mag-
alena habia encon ado un medio po el que sus
e manos no ca ecían de alimen o: lomaba un bo-
^do (j e|acomic|aque jedaban en caSade los Con-
ylo demás pa a sus niños, que asi los llamaba,
amanece , mién as és os do mían, aseaba su hu-
1de i ienda, y odo lo disponía pa a que sus he -
—104 —
manos no u iesen necesidad de sus cuidados du an-
e el iempo de su abajo: enmedio de an a pob eza
e a eliz. En ique yLuis la espe aban po la noche
con los b azos abie os; colgábanse de su cuello, y,
colmándola de ca icias, ecompensaban los sac i icios
de su he mana, que apa aba de su boca el sus en o
pa a lle a lo álas de ellos.
Pasó iempo; aquella na u aleza débil yen e mi-
za, queb an ada po el asiduo abajo, ymás quena-
da po la mise ia, esin ióse. Las pue as de casa de
los Condes se le ce a on en ónces, po que su os
seca ycon inua incomodaba ála hija de los magna-
es, ymás oda ía desde que una ez la ie on a o-
ja algunos espu os de sang e. Aquella misma a de
ué ábusca abajo áo a casa. La Condesa in o -
mó diciendo que e a hon ada ybuena, pe o que es-
aba ísica ypa a nada se ía. Todos sus es ue zos
se es ella on con a la desg acia. Una noche llegó
ásu habi ación: En ique yLuis, al sen i la, co ie-
on áella con los b azos abie os.
—¡Cómo has a dado, Magdalena!—decían.—Ya
eníamos hamb e; hemos buscado po odos los in-
cones yno hay ni un pedazo de pan. ¿Vamos ácome ?
Magdalena quedóse inmó il, pe i icada. Po ez
p ime a sus ojos se nubla on, ysu azón se ex a ió
momen áneamen e. Reponiéndose después, les dijo
con ai e son ien e:
—¡Ah! es e dad; me ol idaba. Teneis que espe-
a un ins an e; aho a mismo uel o.
Bajó la escale a con una apidez e iginosa, yse
ué ála calle ápedi una limosna.
—105 —
El ien o yel agua azo aban su os o.
Ace cábase ácuan as pe sonas eia pasa po su
lado; unas la echazaban, o as espondían ásus sú-
plicas con ases choca e as, cuyo sen ido lee á des-
conocido.
Vió ála pue g de un ca é un seño de p esencia
bené ola y espe able; alen ada po un ayo de espe-
anza, di igióse áél.
—¿Me da us ed una limosna, caballe o? Tengo dos
he manos pequeños que no han comido nada du an-
e el dia.
Los ojos de aquel homb e adqui ie on una i a-
cidad yb illan ez ex ao dina ias; ace có su cabeza
aMagdalena, ycon mi ada esc u ado a es u o unos
omen os obse ándola.—¡Qué muje an boni a!
—
Mu mu ó en e dien es, ycomo egodeándose po el
encuen o.
Su semblan e, que se había animado con una ex-
p esión que pod íamos llama e ó ica, as o móse
lepen inamen e en se ena yapacible.
—¿Dónde i es, niña?— le in e ogó con acen o
ca iñoso.
—En una casa de ecindad en la calle de San Gil.
“-¿T abajas?
—Si, seño , he sido has a an eaye cos u e a en
casa de los Condes de L.
da nos, y e has cansado ya de cose , ¿eh?
seño , po que mi deseo es encon a o a
aen donde pode gana el pan pa a mis he manos.
de^Bien’bien, es0 me ag ada: pues mi a, yo se é
seboy en adelan e u p o ec o ; nada e ha á al-
14
—106 —
a, ysi e es buena pa a conmigo no end ás ni que
abaja .
Cada una de es as palab as habian imp esionado
áMagdalena has a el pun o de mi a ya aaquel hom-
b e como áun Dios. ¡Tenía una p esencia an noble!
—Vamos, anda,—le dijo de nue o el seño ,— oy
áacompaña e has a u casa; desde aho a empieza
mi p o ección.
Mien as an o que iban a a esando calles, escu-
chaba Magdalena ases como és a:
—Quie o que eas en mí, nó un p o ec o sino
un pad e, yque me co espondas sólo con u
ca iño.
Pasaban ála sazón jun o ála Ca ed al: la noche
e a oscu ísima, llo ía á o en es yel ió e a in en-
so. Magdalena emblaba, yde ez en cuando se es e-
mecía. El iejo lo obse ó, yal mismo iempo que
ol ían sus ojos áadqui i el b illo que á eces los
animaba, le decia:
—¡Pob eci a! ¿Tienes ió?
En ónces ya odeó su cin u a, a ayéndola hacia
sí dulcemen e.
—Sí, seño , hace mucho es a noche.
Si Magdalena hubie a mi ado en ónces el sem-
blan e de su p o ec o , hab ía is o cómo son eía
mu mu ando:—Es o a bien; la caza no se espan a.
*
**
—¡Pa a qué he de con inua ! ...—me dijo Juan.-—
Ya comp ende ás el in. El Duque de M., que no e a
o o el p o ec o , hizo en a áMagdalena en su mis-
—107 —
mo palacio. A as ándose como un ep il, consiguió
su obje o.
Cuando Magdalena llegó ásu casa, emblo osa,
anhelan e, con la comida pa a sus he manos, és os,
a ebujados en un incón, emblaban de ió. Como
siemp e, se ab aza on áMagdalena.
—Ya eneis que come ,—les dijo és a.
—¿Y ú, has comido?
-Sí.
Después que En ique yLuis sa is icie on su ham-
b e, se echa on en b azos de Magdalena. Acu ucada
en un je gón, i i aba de ió; sus opas es aban em-
papadas, yel cansancio, la humedad, ymás quenada
las ho ibles imp esiones de aquella noche, die on
Po esul ado que después de un ómi o de sang e
leen ase una ieb e al ísima. Los niños, en e an o,
do mían p o undamen e. Magdalena deli aba, ylas
calen u ien as imágenes de lo pasado bullían deso -
denadamen e en su ab asado ce eb o.
—El Duque.... sí....—decía,—(qué noble!... jqué
One oso!... Me ha dado pan pa a mis he manos....
ellos enían hamb e.... mucha hamb e.... iban ámo-
i —Yél an bueno.... [ja!... ¡ja! ... |ja!... |me ha
eshon ado!...Nó.... nó.... mil eces nó.... ¿acaso...?
Imposible!
^luego, como si se de u ie a á ecapaci a , decía
Con el os o descompues o, echinando los dien es:
—¡[Mise able!! [[Mise ablel!
Después u o un momen o de lucidez: mi ó anhe-
°le ásus dos he manos, ylos besó en la en e, al
lsm° iempo que g uesas lág imas b o aban de sus
—108 -
joos. Po ul imo, ompió en una ho ible ca cajada.
*
Amanecia. Po los in e s icios de la des encijada
en ana que daba al pa io il ábanse algunos inde-
cisos ayos de luz: Luis yEn ique habian despe ado.
—Mi a, mi a,—decía aquél áés e, —qué con en a
es á Magdalena; se ie.
En e ec o, los labios de su he mana es aban en-
eabie os, mos ando sus dien es en una son isa
que pod íamos llama muda; sus pá pados ce ados.
—Magdalena, he mana mia, ¿es ás soñando?—dijo
En ique.
Yde seguida, ápidamen e, se a ojó sob e la
en e de és a: la besó, pe o de epen e el niño que-
dóse ine e: aquella en e es aba ia como el
má mol.
*
Ála noche siguien e de los hechos que acabo de
e e i e, oí en los salones de los Condes de L. el si-
guien e diálogo:
—Condesa, ya sé que la han is o áus ed es a
mañana léjos de aquí.... allá po San Gil, ¿no es
cie o?
—Sí, Duque; como us ed sabe, soy la p esiden a de
la Asociación bené ica de San José, yen e ada de que
en dicha calle había mue o una jo en, ui ála casa
de ecindad en que habi aba pa a dispone lo nece-
sa io pa a su en ie o, y, mi e us ed qué casualidad,
me encon é con que había sido cos u e a en mi casa-
—109 —
—¿Tal ez Magdalena?
—Sí, seño .
—jBah! Puespoco se pie de con su mue e, po que,
según mis no icias, hizo us ed muy bien en despe-
di la: e a una muje cilla sin pudo ....
—E ec i amen e; pe o como los ines de nues a
cong egación son los de hace bien, sin epa a , como
dice el adagio, áquién, ya, g acias ánues os auxi-
lios, es á en e ada, ymañana se eza á una misa
po su descanso e e no.
—Pe ec amen e, Condesa; an e odo el bien de
su alma.
*
—Pocos dias después,—con inuó Juan,—es ando
una a de en el paseo, i en un sobe bio en al opu-
len o Duque de M., ya casado con la Condesi a de L.
Ella enía apénas diez yocho años; él pasaba de
los sesen a. Las gen es los saludaban con p o undo
espe o.
7de Oc ub e de 1880.
—116 —
g es no as de colo el monó ono cuad o de la ida.
Po es o encamino mis pasos álos más apa ados
a abales de la población, encon ando siemp e en
ellos, o a in e esan es asgos del ca ác e andaluz,
o a de ípicas cos umb es, óya ambién so p endo
alguna his o ia cuyos po meno es abso ben mi a en-
ción po más de un dia.
En e odos és os he p e e ido siemp e el popu-
loso de la Maca ena, ymuchas a des me encamino
áél, en e eniéndome en aga sin di ección ija po
el labe in o de es echas y o cidas callejas que lo
o man.
II
Su si uación, opog á icamen e hablando, no pue-
de se más pin o esca. Hállase limi ado po una pa -
e po el Guadalqui i con sus má genes es oneadas
de juncos y e des caña e ales; al opues o lado los
ca comidos ymusgosos o eones de las an iguas
mu allas con su inde inible colo , sus lo an es malas
de esedá ysu co ona de ja amagos yamapolas. P ó-
xima áellas, la gigan esca ysomb ía mole del insig-
ne asilo le an ado po la piedad de la ilus e ma ona
D.aCa alina de Ri e a; álo léjos pié dese la is a en
inmensa llanu a, plan ada de mil hue as de na an-
jos, sob e cuya oscu a masa apa ecen las uinas del
monas e io de San Je ónimo, los case íos y en o-
illos de odas o mas yp opo ciones, pe o odos
ambién más blancos que la nie e; y, po úl imo, e-
sal ando sob e el azul del cielo, la ieja c uz de ama-
-117 —
illen o má mol en e cuyos desunidos peldaños se
e ue cen las añosas aíces de las plan as epado as
que du an e el pasado eslío la engalana on con lo-
an es ma as de campanillas pu pú eas yde blancas
mad esel as.
Nada más is e ymelancólico que es os luga es
an apa ados del incesan e bullicio de la ciudad, en
que has a la aleg ía que en ellos se espi a pa ece
que la ahogan las iejas mu allas, el somb ío éim-
ponen e Hospi al, el con inuado ánsi o de los úne-
b es ca os que se di igen al p óximo cemen e io, y
ádonde sólo llegan álos oidos, ya la plañide a oz
eo onando uno de esos can a es que más bien pa e-
cen p olongado lamen o, de los que sólo se pe cibe
e' i mo, pe diéndose álo léjos, ya el acompasado y
c°ns an e gemido de las no ias esbalando pe ezo-
samen e con su la ga se ie de canjilones, óya el agu-
g i o de los encejos ya iones, que pasan más e-
l°ces que sae as buscando sus nidos en e las de ui-
l'as aspille as de la mu alla óen e las es echas
Un ‘°nes de sus silla es.
El eposo yla soledad de es os pa ajes con nada
Puede compa a se, ymil eces ha dis aído mican-
Sacl °espí i u cualquie a de los sencillos po meno es
(Pm componen es e cuad o.
Todo lo que lle amos dicho se e ie e álas a ue-
j'ls del a abal; pe o una ez ya en su in e io , el in-
eí !s ac ece, mos ándose, po deci lo asi, un mundo
^ año, de dis in as o mas, ca ac e es, cos umb es
ll Pos, que o ecen al cu ioso ancho campo pa a su
edación yes udio, po que ánada se pa ece, po -
—118 -
que cuan o en él exis e es peculia le es e suelo, con
ninguno puede con undi se, lleno de poesía, exu-
be an e de sen imien os y esplandecien e de luz.
III
No há muchas a des agaba yo, sin da me cuen-
a de mis pasos, po una de las más ca ac e ís icas
calles de es e a abal. Un b illan e sol de in ie no
lucia sob e el diá ano azul del cielo iluminando es-
pléndidamen e los espaciosos pa ios de las casas de
ecindad, con sus ies os de mil o mas, al os yba-
jos, es echos yanchos, azules, blancos y e des,
p oceden es odos de los al aha es de T iana, plan a-
dos de osales, sin ol ida las ejas de ba o cocido
empo adas en la pa ed, semb adas de iole as yde a-
núnculos pu pú eos yde o o; mién as que, disemi-
nadas po los mu os, eíanse á ias jaulas de caña é
de alamb e, ence ando go iones ycana ios. Álas
pue as mismas de una de es as i iendas, en cuyo za-
guau habia un cuad o de azulejos de lodos colo es con
el san o pa ono odeado de gui naldas de papel iza-
do con lo es de pla a ysu des encijado a olillo, en-
con ábanse ence ados en alcahaces de caña los
apues os gallos de pin adas plumas yca mínea c es-
a, campeones de eñidas luchas, en o no de los que
pico eaba la ie a un enjamb e de gallinas. Jun o á
ellas, g upos de chicuelos de a ezada piel, medio des-
nudos, inci ando ásal a áun pe o ó e olcándose
sob e el pol o cual si ue a mullido lecho, mién as
que álo la go del mu o, sen adas en mal echas si-
—119 —
Ijas, yála somb a que p oyec aban las opas pues as
áseca sob e cue das sos enidas po palos de odos
amaños, eíase álas mozas, casi ocul as las cabe-
zas con sus pañuelos de seda, unas cosiendo, o as
enzando sus neg os yundosos cabellos, o as, po
úl imo, ejiendo espue as ycanas illos de lexible
palma.
Animábase á eces es e abiga ado conjun o, que
>'o con emplaba con ex ao dina io in e és, po las
c°plas que en onaban las muchachas; po el lad ido
úe los pe os, que pa ecían inc epa álos chiquillos
°ual si hubiesen ya ago ado su paciencia en ue za de
as a esu as de és os; po el sono o can o de los
ga los, qae se paseaban majes uosamen e midiendo
sus es echos ecin os con g a e paso, yya, po úl-
>ni°, po el aco dado són de una guila illa que
auia un mozo de g andes ojos neg os, sen ado sob e
Una acía mace a p oceden e del co al.
^Soledad, qui a ya esa opa de ahí,— dijo una
^uje de algunos años de las que o maban el co o.
En ónces i le an a se áo a, di igiéndose alcol-
Sade o donde aquéllas es aban endidas. Púsose de
aldas ámí, le an ó los b azos pa a alcanza las,
Opinándose sob e la pun a de sus piés, yjamás he
SQ
S0lln cue po como aquél: los con o nos de su o -
’esu ciu u a yde sus cade as es aban ma a illo-
Sa Oen e dibujados.
de q
°Sena m^Ses^e^° n*más galla do el modelo
ele
1°— 6 oma on i° segipcios las líneas pa a sus
San ísimos asos canópicos.
as le es ondulaciones que p oducían és as al en-
—120 —
sancha se po las cade as, yque se iban es echando
has a llega al suelo, p oducían, con la la ga alda del
aje ecogido ásus piés, una igu a es a ua ia galla -
dísima, semejan e en un odo álas más clásicas del
paganismo g iego.
Recogió las opas, y, echándolas en sus b azos,
ol ióse hácia mi: en ónces pude e la ámi sabo ,
mien as cambiaba algunas palab as con sus compa-
ñe as.
En el pe ec o ó alo de su os o dos acciones lla-
ma on p o undamen e mi a ención: los ojos ga zos,
asgados, chispean es, yla boca pequeña, de labios
p o oca i os, un an o g uesos, pe o de un con o no
pu ísimo, ácuyas ex emidades p es aban mayo es
encan os los g aciosos hoyuelos que en ella se o -
maban al habla con apidez, haciendo ambién en-
ónces esalla sob e el b illan e ca mín una se ie de
menudos dien es, pe ec amen e iguales, blancos y
aspa en es como el alabas o. E a delgada; su ez,
mo ena cla a yalgo pálida. Po algunos momen os
yo c eí soña , yno exaje o al deci que la imp esión
de su inci an e he mosu a me dejó abso o. La i
en a en la casa con paso eposado; al anda pa e-
cía que su cin u a se cimb aba con ex aña olup-
uosidad. Después desapa eció de mi is a. Es u e
pa ado an e aquella pue a has a que las somb as del
c epúsculo, a anza on. Poco ápoco los obje os se
iban dis inguiendo más con usos. Cuando llegó la no-
che abandoné aquel si io, sin que po un momen o se
apa ase de mis ojos la imágen son ien e de Soledad-
Desde aquel día, muchas a des encaminé mis pa-
sos hacia el a abal de la Maca ena, ycie amen e
que no e a pa a de nue o mi a po cen ésima ez ni
los aleg es campos ni las somb ías mu allas. La he -
mosu a de Soledad me a aía, ysi al p incipio, en-
gañándome ámí p opio, a é de con ence me de que
«o e a áella áquien buscaba, un sec e o deseo, un
mis e ioso anhelo inexplicable, pe o enaz, me obli-
gaba ádi igi me al si io en que po ez p ime a se
mos ó ámis ojos.
En los momen os en que mi imaginación, ola su
es echa cá cel, se lanzaba áesos mil mundos ima-
gina ios, poblados sólo de halagüeñas éimpalpables
quime as, ex asiándose en admi a las inmo ales
c eaciones del ealismo pagano, como las ideales, á
Quienes dió ida el c is ianismo, an o en unas como
en o as, c eía e la siemp e, son ien e yp o oca-
ba enlas p ime as, bajo la o ma de una bacan e;
dís ica, eposada yse ena en las ca ac e ís icas es-
lillas que p odujo el a e oji al en la XIV cen u ia.
lodo cuan o hice, sin emba go, pa a log a e la
enue o ué inú il. Ypasó el in ie no. Ya se iban
o ando de mi men e aquellos pu ísimos con o nos
su cue po, aquellos singula es asgos de su os-
l0 ’su ecue do, en una palab a, apa ecía sólo como
mío de esos magis ales esbozos hechos con lápiz po
0s a is as an iguos, que al p esén ese en casi pe -
ldos>pe o en los cuales se econoce aún la mano
1C
—122 —
del genio que los azó, cuando una a de, al pasa
po delan e del pa io de su casa, bajo un empa ado
que habia allá en el ondo, la i a ancando de una
mace a los na dos odos que enía, con los cuales casi
cub ió su cabeza. Pa ecióme más pálida ymás del-
gada que la ez p ime a: acaso, me dije, hab á es a-
do en e ma, ypo eso há an o iempo que no la eo.
Sólo algunos minu os pude con empla la: cuando
e minó de ado na se con las lo es, sin ija se si-
quie a en mí, sin ad e i que yo expiaba sus mo i-
mien os odos, desapa eció de mi is a. Desde enlón-
ces no ol í á e la más. Po aquel e ano mis excu -
siones po la Maca ena ue on ménos ecuen es, y,
como odo pasa en la ida, ambién huyó de mi men-
e el ecue do de Soledad, que an imp eso habia e-
nido po espacio de algunos meses.
V•
Un dia llegué ásabe po incidencia que en mi a-
o i o a abal se habia es ablecido un cen o de e-
unión, con hono es de ca é, adonde asis ían los mozos
más e nes del ba io yadonde mos aban su habili-
dad en el can o lamenco las no abilidades a ones y
hemb as que habia en la población. Es o sólo bas ó
pa a que, a i ada mi cu iosidad, una noche me di i-
gie a al si io que me indica on. En é po uña desús
es echas callejuelas, yno habia andado mucho cuan-
do se me mos ó un medio uinoso case ón sob e
cuya pue a, debajo de un eno me escudo ycolgado
de un pescan e de hie o, i un a ol de egula a-
-423 —
maño, ácuyos c is ales in e io men e se habían
adap ado unos pliegos de papel ojo en que se leia,
esc i o con neg os ca aclé es de odas o mas y a-
caños: «.Ca é can an e de Paco el Malagueño.» En é,
no sinalgún ecelo, ydespués de a a esa el pa io,
que sólo alumb aban de echo en echo algunas
candilejas; después de subi po unas ampas con
hono es de escale a, me hallé en el piso p incipa en
que ya se pe cibía cla o ydis in o un con uso uido,
una disco dan e algaza a, como p oducida po la
ccunion de cen ena es de pe sonas. Al inal de la es-
paciosa gale ía hallábase el ca é can an e. E a un
'as ísimo salón cuya ica echumb e de al a je, más
que oscu ecida, eíase neg a po el denso humo de
las candilejas, po el no ménos de las luces de pe-
I óleo ypo las cons an es bocanadas del abaco, que
habian oscu ecido ambién las pa edes, en que aún
aPa ecian algunos ado nos del is<o que en un
lemPo las odeó: de los do ados acimos es-
lalac í icos pendían, ámane a de lámpa as, eno -
mes candilejas de a ios meche os con muy g ue-
^
os pábilos, de cada uno de los que se escapaba cons-
é nen e una espesa ypes ilen e huma eda que,
esPa ciéndose po aquel an o, enía áaumen a el
®sPeso de la a mós e a que en él se espi aba. Una
u i ud de mesas de odos amaños y igu as lo ocu-
a
.
an>al ededo de las cuales había un enjamb e de
la u as de odos sexos yedades que se eían, ha-
aan yges iculaban con iolen os ademanes, con
<j 0
en (
! eas ca cajadas, cambiando palab as de du-
b0 digni icado, en un idioma- desconocido algunas,
>
l
1
—124 -
o as, ye a lo más co ien e, en el dialec o u ianes-
co p opio de los b a os y emes, in encionadas, ma-
lean es, sa í icas, llenas de e icencias yde hipé bo-
les. Al inal del salón le an ábase un ablado de poco
más de una a a de al u a, con un ema e de ex aña
o ma, semejando áun on ón, ylos mu os ci -
cunsc i os po es e ecin o eíanse pin ados de un
azul muy ue e: unos pabellones de elas ama illas
y ojas, simé icamen e ecogidos, con amos de (lo-
es con ahechas, de colo inde inible, ado naban el
on is, yen el ondo es espejos con moldu as, que
ue on do adas, enían ácomple a el deco ado de
es o que pod emos llama escena io. Sen adas al e-
dedo de él, dando is a al público, había cinco mu-
je es jó enes y es homb es; una de las p ime as
can aba acompañada po la gui a a de un ocado .
Los ajes, las ac i udes, las mane as de aquellas
gen es apénas si pueden desc ibi se. Las muje es
ado naban sus cabezas con in ini as (lo es, con pei-
ne as no sé de qué cosa, ojas yazules. Una g an
onda de cabellos neg os cub ía casi odas las en-
es, y, bajando po las sienes de izquie da áde echa,
se ecogía en la nuca po medio de un g an moño,
o mando abul ado ode e, óya dejando suel os los
ex emos del cabello. En las o ejas lle aban eno mes
pendien es con elumb ones do ados, y odeándolas
ga gan as, g uesos colla es de odos colo es. En los
homb os, c uzados sob e el pecho y ecogidos po
*
a
espalda, las pun as de sus pañuelos, que unas lle a-
ban de seda, de Manila, ama illos, neg os óazules;
o as blancos de lana, con doble se ie de (leeos, e '
—125 —
minando en edondas bo lillas ojas que pa ecían
mad oños. Los ajes e an de pe cal, pe o an almi-
donados, an iesos, que al llega al suelo se queda-
ban en pié, como suje os po una a mazón in e io .
In ini os olan illos y a alaes ado naban algunos,
pa iendo desde abajo a iba, de mayo ámeno . Po
úl imo, desde la cin u a ála mi ad del pecho, una
aglome ación de osas ycla eles espa cidos, disemi-
nados sin a le ni concie o, como si hubie an sido
a ojados al acaso, de en e los que se eian apa e-
ce las mo enas ga gan as, po donde esbalaban á
eces las ondas de azabache de sus cabellos. Los
os os de odas ellas es aban, más que pin ados, em-
badu nados de a ebol, cuyos onos de abioso ca -
mín p oducían un e ec o ex año, especialmen e en
aquellas cuy3 ez e a más mo ena. El conjun o de
abiga ados yb illan es colo es, la con usión de o-
n°s yma ices, el c uji de las elas, el b illo de los
azabaches yde los do ados colla es, los acompasados
golpes que con sus bas ones p oducían en el ablado
,0s can ado es acompañando ála gui a a, unido al
es uendoso palmo eo de las muje es, que á eces,
como acome idas de un é igo, he ían al mismo
l| empo el piso con sus pies; las in e pelaciones, e-
quieb os yagudezas, mezclados con g ose os chis es
yPalab as de ex año sen ido; el uido de los asos
iue chocaban yo os, que caian al suelo; el ue e
jú° de las bebidas alcohólicas, jun o con el del a-
aeo yel humazo de los candiles; en una palab a, el
Mu mullo so do yel hi ien e zumbido que p odu-
Cla aquel enjamb e de c ia u as, en e lasque esal-
-132 —
cena io. Todo en ano: el Rubio ni áun siquie a ol-
ió una sola ez el os o pa a mi a la. Hubo un mo-
men o en que la i en el cen o del ablado mo e se
ja con ma cado abajo, cansada, ago adas sus ue -
zas; sus b azos no se mo ían con la sol u a que án-
es; pe o en es o la gui a a comenzó á oca con una
apidez ex ao dina ia; los golpes délos bas ones so-
b e las ablas, el es uendo de las palmas, los g i os
de la concu encia jaleándola y equeb ándola, pa e-
cie on anima la de nue o, yhaciendo un sup emo
es ue zo, concen ando oda su olun ad y odos sus
deseos, deli an e, éb ia, comenzó áda una uel a al-
ededo del ablado, ijos los ojos en el Rubio, mi án-
dolo con oda la ehemencia de su alma: pa óse de-
lan e de él; en ónces se e o ció su cin u a con ulsa
desespe adamen e, yal baja uno de sus b azos, al
mismo iempo que sacudía el suelo con a onado a
u ia, le i ó un beso con la pun a de sus dedos. La
Je oma yel Rubio se mi a on ylos idos ompie on
en una ca cajada. Vi en ónces oscila el cue po de
Soledad, p ecedido de un sacudimien o ho ible, y
cae al suelo. Toda la concu encia, como impulsada
po un eso e, se puso de pié, ysona on oces, y
g i os, ypalab o as, yg ose ías, mezclados con e-
né icos aplausos.—«Es que no ha comido hoy,» de-
cían unos.—«Es a á bo acha,» epi ie on o os.—
«Dadle agua dien e,» g i ó una oz....
Los que es aban en el ablado, homb es ymuje-
es, al e la cae se p ecipi a on hácia ella, ménos
el Rubio yla Je oma. Yo ambién me ace qué:
al a a de pone la de pié, se ió que e a im'
-133 —
posible, no podía sos ene se. Todo el a ebol se ha-
bía co ido hacia la pa le in e io de las mejillas, y
és as eíanse pálidas como la ce a: al ededo de sus
ojos co ían dos anchos cí culos iolados; sus labios,
lige amen e en eabie os, es aban eñidos de man-
chas de sang e. Hubo en ónces una con usión ho i-
ble: odos que ían llega al escena io; los asos se es-
ellaban en el suelo, las mesas ylas sillas c ujían,
ompiéndose con g an es épi o, y oces, imp eca-
ciones, blas emias ygemidos b o aban de odos los
Pun os de la sala.
El Rubio yla Je oma habían desapa ecido.
Pocos momen os después i baja del ablado, en
b azos de sus compañe os, el cadá e de Soledad, y
éPaco el Malagueño llo ando como un niño.
Ab il de 1882.
iSOL-A.T
Ni me lo han e e ido, ni es in ención de mi an-
asia lo que oy á e e i e.
Cá men e a hija del pueblo: la conocí una a de
en que, asida de las manos de sus compañe as, ju-
j>
aba ála ueda en o no de la C uz de Mayo, le an-
a(ia en el cen o de la plaza del luga . Las aleg es
Ca cajadas de aquellas loquillas esonaban es epi o-
samen e en mis oidos. Los mozos ba ían palmas al
nde la plañide a gui a a. Ellas eian ycan aban.
No he uel o á e desde en ónces unos ojos como
0s de Cá men. Me hicie on sen i de al sue e el e-
meno de la a acción, que en oda la a de no pu-
esepa a los mios de los suyos. No sé qué había en
^quellas pupilas: e an cla as, se enas, ado midas, pe-
eun modo sob ena u al, ex ao dina io, al pa
ehe mosísimas. Áun aho a, que han pasado mu-
0s años, las ecue do como si las u ie a p esen es.
—136 —
Enmedio de la gene al algaza a de aquel ju enil
co o, pa ecia es a is e. Igno o la causa del mis e-
ioso luido que agaba en sus pupilas ydel sec e o
espí i u que las animaba. Aquella noche abandoné el
pueblo, no sin cie o pesa .
*
•* *
Pocos meses después, hallándome en S., pasó á
mi lado una muje es ida, casi and ajosamen e, de
neg o: mi co azón se agi ó con iolencia; ol í la ca-
beza; e a Cá men. Aquellos ojos, que con al apidez
me mi a on, no podian se o os más que los suyos.
Pe dí la acción en mis mo imien os po algunos ins-
an es; cuando pude ‘da me cuen a co í as ella,
pe o no la encon é po ninguna pa e. Luégo supe
que aquellos and ajos e an el lu o po la mue e de
sus pad es.
*
'k
Es aba yo una noche acompañado de algunos
amigos áquienes el doc o M. e e ia la mue e de
una magni ica muje , como él la llamaba, en el hos-
pi al Cen al de S. Decíanos que en los úl imos mo-
men os los ecue dos de sus p ime os años yel amo
hacia el luga donde nació e an las únicas ideas que
enazmen e es aban ijas en el co azón de la en e ma-
—Me he pe suadido—a i maba—que ha mue o,
más que de o a cosa, de una p o unda nos algia-
Sob e odo, complacíase la in eliz en ae ála me-
mo ia los más pue iles po meno es de aquellas ies-
as de su pueblo.— «¡Ya no ol e é más áél!—decía-
—137 —
—¡Ya ampoco el día de la C uz pod é asis i al bai-
le! (Cuando llegue de nue o, no es a é con mis com-
pañe as, sino que me e é sola, abandonada de o-
dos!»—A o men ándose de es e modo, ab e iaba sin
ad e i lo los ins an es de su ida.
—¿Cómo se llamaba?—p egun é.
—Cá men.
*
Ins an es después me encon aba ála pue a del
hospi al. P egun é po o o amigo, el doc o L., con
Quien me unia ín imo a ec o.
Hicié onme en a en un as o salón húmedo,
Pes ilen e ysomb ío, en cuya densa oscu idad esal-
aban es eno mes mesas de má mol blanco: en la
ul ima de ellas, inclinado sob e un cue po humano
desnudo po comple o, sob e el que una ex aña lám-
pa a a ojaba i ísima cla idad, i áun homb e: al
seu i mis pasos alzó la cabeza; e a mi amigo, áquien
ni siquie a saludé, po que lo p ime o que a ajo mis
Guadas ué el cadá e . Quedé ho o izado, lanzando
Un g i o agudo. E a Cá men; pe o ¡en qué es ado la
encon aba!
Abie o e icalmen e su cue po desde el cuello á
cin u a, eíanse sus isce as odas: mi é su cabe-
c‘l os o, se eno como en ida, enía los ojos
l(u os. ylos cí culos lí idos que odeaban sus ó bi-
as hacían esal a aun más la in ensa palidez que po
l0(l °ase exiendia. '
''° ol ida é nunca la exp esión de aquella boca,
18
—138 —
con los labios lige amen e conl aidos en una espan-
osa son isa de desden yde ama gu a.
Al amanece del dia siguien e mi amigo el doc o
L. yyo llegábamos al cemen e io, siguiendo áun
a aúd conducido po es homb es. Con nues as ma-
nos ca amos la osa ynadie más que noso os ocó
su cadá e .
Hice una c uz de palo yla coloqué ála cabece a
de la osa.
Todos los años, el dia 3de Mayo, paso la a de en
su compañía: no quie o deja la sola.
Cuando llega la noche yme e i o, los pája os
ienen ádo mi en las amas de los osales que yo
mismo he plan ado en o no de su sepul u a.
Se iemb e, 1880.
La C uz de O o
Oí na a la siguien e his o ia hace ya algún iem-
po* Desde en ónces, pensando en ella, he pasado nau-
as ho as, ypo eso la ecue do al p esen e cual si
aye mismo me hubiese sido e e ida. En desca go
ni »o debo mani es a álos lec o es que no me he
P opueslo con ella o ece les un es udio de aplicación
gene al, pues conozco que el ipo yca ác e de la
^oje que p esen o en p ime é mino, es, po des-
hacía, hon osísima excepción de esa in o unada
2, ase que cons i uye el más ho ible cánce social.
* o,no obs an e, puedo asegu a les que los hechos
Son eales, cie ísimos, yen e noso os i en sus
P ° agonis as.
'Hace pocos meses, comenzó áhabla mi ami-
°’ yo una noche po la calle de.... medi ando
—uo —
en qué si io pod ía pasa el a o ag adablemen e,
cuando me sacó de mis ca ilaciones el uido que á
mis espaldas hacían unos pasos como de muje . Vol-
í la cabeza, y, en e ec o, no me había engañado: e a
una jo en delgada, elegan emen e es ida ycasi ocul-
a su cabeza po un elo de encajes.— ¡Ya pa eció
aquello!—dije en mi in e io :—hé aquí el en e eni-
mien o que buscaba.
Dejé que se adelan ase has a poné seme más p ó-
xima, yen onces le hablé así:
—¿Me pe mi e us ed que la acompañe? Muy boni-
a debe us ed se cuando an o se ocul a; no c eí e-
ne an buen encuen o es a noche; yo as más a-
ses de esas que, po plan illa, di igen los Teno ios ca-
lleje os álas muje es en idén icas ci cuns ancias. Á
lodo callaba; pe o yo, sin epa a en su silencio, con-
inué galan eándola.
Llegamos ála plaza de.... yen onces, con una
oz dulce y ono casi suplican e, me dijo:
—Tenga us ed la bondad de e i a se.
—No puede se ,— le con es é:—aunque mi o-
lun ad quisie a complace la le asegu o que me es
imposible.
—Yo s.e lo uego; e í ese,—insis ió.
—¿Pe o an o la moles o?
—Sí, puede se causa de un comp omiso pa a m*-
—Es oy p on o ácapi ula ; pe o hab á de se con
una condición.
—¿Cuál?
—La de deci me dónde i e ódónde pod é e -
ía; pe o con p omesa o mal de no men i ni de
—141 —
chasquea me, indicándome un si io po o o.
Después de oga le mucho, me dijo al in:
—Nó, seño ; le di é la e dad. Vi o en calle....
núme o....
—¿Á qué ho a?
—Álas sie e de la noche.
—Has a mañana, pues.
—Has a mañana.
*
Como comp ende ás, du an e nues a con e sa-
ción liabia p ocu ado ija me bien en su os o pa a
e si la a en u a me ecía la pena de se con inuada,
h a una muchacha encan ado a. Mo ena cla a, g an-
as ojos neg os, cabello ondeado, esbel a yde muy
elegan e conjun o. Tenía el aspec o de una en eleni-
^a,pe o de al a es e a.
Al dia siguien e, con anqueza e di é que in e-
nsado no sé si mi amo p opio ómi cu iosidad, me
‘di igí ásu casa ála ho a con enida. Vi ía en una de
humildísima apa iencia yáun más pob e su in e io .
Cuando es u imos en e á en e, ella ué la p i-
men que habló.
—Temía que al e el aspec o de es a casa no se
a e ie a us ed áen a .
"¿Po qué?—le p egun é.
—¡Es an mise able!
—¡Bah! El hábi o no hace al monje. Lo que sí
Puedo asegu a le es que desde aye me iene p eocu-
pado nues o encuen o, yque deseaba po momen os
e&ase la a de pa a e la de nue o. Aho a, áun á